Egon_Blumer
Rango7 Nivel 30 (1488 ptos) | Autor novel

Mi padre estudió filología y lingüística en la Kant BF Universitet. Era un hombre de grandes ideas. Para él la libertad era una de las cosas más preciadas que tenían las personas y pensaba que no debían renunciar a ella por nada del mundo.
Cuando estudió la cultura africana, se enamoró de sus idiomas y se obsesionó con la idea de recorrer África en busca de dialectos perdidos y recopilarlos en un libro para así poder rescatarlos de su olvido. Él era capaz de hacer cualquier cosa por alcanzar su sueño, incluso si eso significaba abandonar a su mujer y su hijo. Recuerdo el día que nos dejó, había empezado la primavera pero todavía nevaba en Kaliningrad, su rostro aparece borroso en mis recuerdos pero su áspera voz describiéndome la belleza del lejano continente es muy clara, lo percibo como si todavía estuviera aquí a mi lado. No puedo culparlo por abandonarnos, es una vida mucha más interesante la de seguir un sueño en vez de quedarse cuidando de una familia, viviendo de un empleo con el salario mínimo mientras se fantasea con la idea de algún día poder salir de ese maldito hueco helado.

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Ed_Venaplus
Rango6 Nivel 29
hace 3 meses

Hola Egon, somos editorial Venaplus. Una nueva editorial que publica a escritores noveles que escriben en sttorybox,y/o redes sociales. Querríamos llevar sus escritos a librerías físicas sino lo has publicado ya en librerías o te hayas autopublicado. Ya que publicamos las obras inéditas. Si nunca antes, has publicado nada y tus escritos que escribes en sttorybok son inéditas en papel nos gustaría el poder publicarte. Totalmente financiado por nosotros al 100%. Sabemos que al ser un autor no conocido, tienes muchas trabas y zancadillas a la hora de publicar. No tienes la oportunidad de que te financien en librerías, ya sea por el desinterés de las editoriales, que sólo publican a autores conocidos o consagrados en ventas, o bien, porque sólo encuentras indeseables que quieren sacarte tu dinero con la auto o coedición. Donde además de gastar su dinero, tendrás muy mala imagen de cara a los libreros y lectores. Con ediciones Venaplus, no tienes que pagar por publicar tu libro. Nosotros te financiamos. Somos una editorial convencional. Ya es hora de dar el salto en papel.
Envíame un email a @gmail.com">editorialvenaplus@gmail.com y hablamos de ver tus escritos plasmados en un libro y expuesto en las librerías, totalmente financiado por nosotros y dando una buena imagen como autor.
Ofrecemos asesoramiento gratuito, asumimos los costes de las facturas de imprenta, mensajería, gestión e inscripción de ISBN, firmas de libros, pondremos un equipo de profesionales a su servicio, diseñadores, maquetadores, contactos con librerías, asesoramiento, etc.
Sólo publicamos a escritores residentes en España. ¿Tendrías más escritos terminados?
Muchas gracias y cualquier consulta me tiene a su disposición.
Atte. Lara Gómez.
Visita nuestro twitter;
https://twitter.com/EVenaplus

Ed_Venaplus
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Como_tener_publico
Rango3 Nivel 13
hace 3 meses

Hola y mucho gusto, nosotros al igual que usted pertenecemos a la pequeña comunidad de Sttorybox siendo todos nosotros como uno solo. Nosotros que apoyamos la empresa Sttorybox y formamos parte de la comunidad le venimos a invitar unirse a nuestro nuevo sistema la cual hemos sembrado para hacer crecer el nivel de publicidad en la caja o cada (Box) de cada integrante, lo primero que tienes que hacer para tener mas información es comunicarnos en nuestro correo @gmail.com">Comotenerpublicoensttorybox@gmail.com muy largo y obvio no?.

Pronto implantaremos mas servicios para la comunidad. Te esperamos!!!


#2

Si hubiera seguido viviendo con nosotros, mi padre se hubiera convertido en un hombre desdichado y amargado como lo fue mi madre en los siguientes años, hubiera visto en mí la salvación y hubiera puesto todo su empeño en que yo siguiera los pasos de su sueño frustrado. Finalmente al chocarse con la triste realidad de que su hijo no sería el gran investigador que él alguna vez quiso ser, se hubiera hundido en el alcohol volviéndose una sombra del brillante hombre que alguna vez fue. Prefiero pensar que fue mejor para todos así, hubiéramos sido igual de desdichados o más si él se quedaba.
Mi padre me enseñó el significado de la libertad y la grabó en mí con el recuerdo de su ausencia. Mi mente adolescente la aplicó al único concepto que parece relevante a esa edad, el sexo. A mis diecisiete años ya me encontraba en una sádica relación con un integrante de la Bratvá[1] llamado Yarik. Lo que más recuerdo de él es su abusiva adicción al cigarrillo, fumaba uno tras otro y su cuarto tenía un constante olor tabaco y mentol, incluso su piel ya había adquirido ese olor.

Examiné las marcas de quemaduras en mis muñecas, eran muy oscuras y contrastaban mucho con el color de mi piel.
— Son muy notorias, debería usar una venda para taparlas —dijo una voz cerca de mi oído. Un chico de cabello y ojos negros estiró su mano alcanzándome unas banditas para que cubriera mis heridas, era bastante alto y tenía un aspecto algo tétrico.
— ¿Quién dijo que necesitaba tu opinión? —murmuré fastidiado mientras miraba a mi alrededor para ver si alguien nos estaba observando. Lo había visto en mi clase, cursaba conmigo algunas materias como matemática y educación física.
Tomé las banditas, algo me decía que no se iría hasta que las aceptara, lo único que quería era que se esfumara y me dejara en paz.

___________
[1] Bratvá — Mafia rusa

#3

Lamentablemente tuve que volver a econtrarme con el estudiante de aspecto tétrico, más pronto de lo que me imagine.

Sentía el brazo entumecido y no lo podía mover, estaba seguro de que el bruto de Yarik me había dislocado el hombro la noche anterior, realmente me dolía cuando hacía algún movimiento y tampoco podía girar mi cuello. Entré a la sala esperando encontrarme con la enfermera que siempre me atendía, pero me sorprendió ver al estudiante que me había regalado las banditas en su lugar, levantó la vista al escucharme entrar pero enseguida volvió a concentrar su atención en un libro viejo, pude deducir que era de medicina por el título de la portada «Schwartz, Principios de Cirugía, 8a Edición »
— Estaba buscando a la enfermera… — Le dije tratando de disimular mi mal humor.
— Tuvo algo urgente que hacer, estoy cuidando la enfermería mientras ella no está. —Contestó, dejando finalmente el libro en la mesa para prestarme atención.
— Ahora recuerdo… tú eres, el hijo del médico…Aleksei …Kuznetsov — dije observándolo mejor. La conversación que había surgido la otra vez en la clase de Formación ética sobre su padre y el hospital que dirigía, vino a mi mente,
— Así es, la mujer gorda pensó que era el mejor candidato para cuidar la enfermería ya que estoy acostumbrado a ayudar a mi padre en el hospital.
Casi no pude contener la risa cuando se dirigió a la enfermera con esos términos,
— Bueno, tendré que volver más tarde…— suspiré sujetándome el hombro por inercia — Realmente esperaba que pudiera ayudarme, creo que tengo el hombro dislocado.
Estaba por darme la vuelta cuando Aleksei se levantó de su asiento.
— Tal vez… Pueda ayudarte —dijo algo dubitativo, — he visto como mi padre lo hace, puedo intentar…—
Su alta figura me cohibió un poco aunque traté de mantener mi postura despreocupada. Dudé unos minutos pero finalmente acepté, el dolor se estaba volviendo insoportable y no quería tener que ir a un hospital. Me senté en la camilla, sentía su mirada examinándome, el silenció era tal que podía escuchar su respiración detrás mío. Apoyó una de sus manos en mi hombro y la otra en mi brazo y con un movimiento rápido y firme lo colocó en su lugar. El dolor que sentí en ese momento fue indescriptible, tuve que hacer un terrible esfuerzo para no largar un chillido, mis ojos se aguaron y por un minuto no pude respirar. Por suerte luego de unos segundos el dolor se calmó y noté que podía mover mi brazo por completo.
— ¡Gracias! Me estaba muriendo del dolor —reconocí.
— ¿Cómo fue que te dislocaste el hombro? Debiste haber ido a ver un médico enseguida. —dijo mientras se sentaba en un taburete frente mío. Se veía algo intranquilo, su mirada parecía fija en mis muñecas, a pesar de la camisa que llevaba puesta se notaban las marcas.
— Lo sé, los sé. —Le contesté restándole importancia— ¿Te gustan? —.
Aleksei dio un pequeño respingo apartando la mirada de mis muñecas.
— ¿Qué?
— Las quemaduras en mis muñecas, no dejas de mirarlas y pones una expresión extraña… ¿Te gustan verdad?—
El estudiante se removió incomodó y por unos segundo no me habló, parecía estar pensando cuidadosamente la respuesta.
— No solo las quemaduras… Las cicatrices y costras también.
— Eso es raro —opiné mientras me arremangaba la camisa para que pudiera observar las lastimaduras con más detalle —Tengo muchas más por todo el cuerpo si quieres ver—
Su rostro pálido enrojeció — ¿Realmente me dejarías verlas?—
— Claro. —Le dije mientras comenzaba a quitarme la camisa, dejando al descubierto mi pecho y mi espalda.
La forma en que me miró como si fuera un animal hambriento que quería devorar mi cuerpo por completo, hizo que me excitara de una forma que nunca había experimentado.

#4

Al poco tiempo de que mi padre nos abandonara, nos mudamos a Moscú y mi madre se juntó con un hombre llamado Yegor, un estafador de poca monta que tenía cierta vinculación con un grupo de la Bratva. Comprendo su frustración y su dolor, no era fácil mantenernos con lo poco que nos dejaba su trabajo de costurera, apenas nos alcanzaba para el alquiler y la comida. Tener nuevamente un hombre que le ayudara con los gastos de la casa, implicó un gran alivio para ella.
Yegor fue para mí el amor y el apoyo que mi madre nunca me dió, tal vez mi aspecto le recordaba demasiado a mi padre y por eso tenía esa aversión hacia mi persona que trataba terriblemente de ocultar con la excusa de ser una madre estricta.
El nuevo integrante de la familia se mostró comprensivo y amable conmigo y pronto nos hicimos inseparables. Me moldeó a sus gustos y deseos, una inocente y estúpida criatura como un niño es fácil de manipular y corromper. Siempre sentí que me miraba de una manera extraña, pero todavía no lo podía comprender. Pronto no sólo me miraba sino me tocaba, recuerdo las prolongadas duchas que nos dábamos y cómo jugaba con mi cuerpo. Recuerdo ver como masajeaba su miembro mientras veía como me cambiaba.
—¿Quieres probarlo? —me preguntó una vez mientras me apuntaba con su verga todavía un poco flácida, tenía un olor extraño, era muy diferente a mí todavía imberbe pene.
—Tienes que chuparlo como un caramelo. —Me animó
No pude resistirme, mi ingenua curiosidad pudo más que los nervios o el miedo. Después de todo él era mi amigo
¿No?

Sentí los ojos de los estudiantes sentados en la mesa contigua a la mía clavados en mi persona, no me sorprendía ¿Quién no observaría a alguien que tiene la mitad del rostro vendado?
No había podido evitar terminar con el labio partido y un ojo morado, cuando se juega con los Bratva es lo mínimo que puedes esperar que suceda.
— ¿Te vas a comer tu gelatina? —Me preguntó Aleksei mientras terminaba de engullir el último pedazo de carne que quedaba en su plato.
—Es toda tuya —Le respondí.
Desde aquel día en la enfermería no se había despegado de mi lado. No es que hubiera pasado gran cosa aquella vez, el mastodonte parecía solo tener interés en mis cicatrices y me había dejado con un terrible dolor de huevos. Pero por alguna razón que todavía no comprendía, había tomado nuestro pequeño encuentro como una invitación a una amistad que yo no le había ofrecido. Odiaba su forma de ser, me sacaba de quicio su falta de interés por todo, podía decirle que me gustaba tener sexo con caballos y el solo se encogería de hombros y seguiría leyendo tranquilamente sus libros de medicina. Deseaba horrorizarlo, despedazar cada rincón de certidumbre que existía dentro de él, quería hacer temblar su mundo, pero hasta ahora lo único que había logrado era hacerlo sonrojar un poco.

—Kuznetsov. —Le llamó el preceptor de turno antes de que pudiera contestarme, Aleksei se levantó algo sorprendido y se dirigió hacia donde se encontraba el hombre. Sentí como el preceptor me dirigía una mirada desaprobatoria, acababa de tener una tendida charla conmigo acerca de lo mal que podía terminar si me involucraba en peleas y que no debía usar la violencia para resolver las cosas. Traté de explicarle que no había sido una pelea ya que yo no había agredido a nadie, obvié por supuesto el pequeño detalle de que los hechos habían sucedido mientras Yarik me montaba y que mis manos se encontraban atadas al respaldo de la cama.

No volví a ver a Aleksei en toda la tarde y realmente no le di mucha importancia hasta el siguiente día, cuando tampoco apareció. Me acerqué al preceptor y con mi mejor sonrisa le pedí que por favor me dijera lo que había sucedido.
— ¿No te has enterado? —me observó sorprendido. —Su padre falleció ayer… Hoy es el funeral. —
Me quedé asombrado, no me esperaba una notica así, habría esperado algo como que estaba enfermo o que tuvo algún problema con su familia, pero esto era nefasto, sabía cuánto respetaba Aleksei a su padre y cómo deseaba llegar a ser alguna vez como él. Imaginé la pena y la tristeza que debía sentir el pobre muchacho y no pude evitar sentirme excitado ante la imagen que se formó en mi mente, la sola idea de que el tenebroso y apático estudiante expresara una sensación tan terrible en su cara me había hecho arder de deseo. Debía verlo, debía ver ese rostro atormentado cubierto de lágrimas…

Me salteé la clase de matemática y salí del instituto, mientras iba en camino había comenzado a llover, primero unas cuantas gotas pequeñas pero rápidamente la lluvia se había vuelto más intensa y molesta. Pronto me encontré frente a la entrada del cementerio, di la vuelta al gigantesco predio rodeado de una pared de ladrillo que limitaba el espacio de los muertos y los separaba de los vivos, y llegué a la entrada justo a tiempo para ver a Aleksei despidiéndose de algunos familiares. Me acerqué y apoyé mis manos sobre su hombro.
—Lo lamento… — susurré algo nervioso, me acababa de dar cuentas que no había llevado flores.
Aleksei se giró, sorprendiéndose al verme.
— Arian —
La expresión de su rostro era mejor de lo que hubiera podido imaginarme jamás, su aspecto afligido, sus ojos rojos y sus lágrimas que se mezclaban con la lluvia que caía intensamente. Se abrazó a mí con calidez, no importó la intensa lluvia cayendo sobre nosotros, sentí como su respiración se agitaba mientras lloraba y como sus manos estrujaban la camisa de mi uniforme. Pasaron unos minutos hasta que se calmó y se separó.
— Gracias por venir — dijo con una sonrisa triste y yo casi no podía respirar, mi corazón se había acelerado y mi mente apenas pudo mantener el hilo de la conversación.
Me despedí y salí corriendo hacia mi casa. Entré, me quité la ropa y me tiré en la cama mientras me masturbaba pensando en él.
En mi imaginación Aleksei no estaba arriba mío ni tampoco abajo, no gemía, ni se desnudaba, ni se tocaba, él solo lloraba.

IndigoDolphins_73
Rango10 Nivel 49
hace 3 meses

Me atrae la perversidad de tu protagonista, lo describes con bastante destreza, de manera q se vea natural, incluso algo comico


#5

— ¿Sabes en qué pienso cuando me masturbo, Lyosha?
— Como si me interesara —Me contestó Aleksei mientras daba vuelta a la página de su libro.
— Pienso en aquella vez que lloraste en el cementerio, te veías precioso con esa expresión en tu cara

No me contestó, solo se acomodó sus lentes y siguió leyendo.
Aleksei se sentía diferente al resto de las personas, por esa misma razón no le interesaba lo que los demás pensaran. Sabía que nadie normal podría entenderlo, su mente no funcionaba de la misma manera que los demás y eso se podía probar con su afición por las cicatrices y costras, nadie en su sano juicio se emocionaría o se excitaría viendo una quemadura o tocándola. Tal vez por eso se había pegado tanto a mí, él estaba tan roto como yo y eso nos mantenía unidos.

— ¡Ey! Arian, Dime… ¿Eres gay?
Levanté mi cabeza del pupitre y me encontré con un estudiante de cabello rubio que me miraba con una sonrisa soberbia en su cara. Una risa se escuchó detrás de él y otro estudiante asomó la cabeza para observarme. Acababa de terminar la clase de Literatura y la mayoría de los alumnos habían salidos al patio, solo un grupo reducido nos habíamos quedado descansando dentro
— Te vimos saliendo con un viejo de un hotel ¿Enserio eres capaz de comerte a un viejo decrepito como ese?
— No hables mal de él, debe ser su novio. —se burló el rubio
— No lo creo, te debieron pagar ¿Verdad? No podría acostarme con ese tipo aunque me pagaran un millón de dólares.
Maldije mi mala suerte. Me levanté de mi asiento llamando la atención del resto de estudiantes que estaba cotilleando alrededor, todo el mundo me observaba impaciente, esperando ver cuál sería mi reacción, Aleksei me observaba también preparado para detenernos si el asunto se salía de control. Sujeté de la camisa al estudiante rubio, que mas tarde me enteraría que se llamaba Gueorguiy, e hice algo que nadie esperaría, lo besé. Sus labios se entreabrieron sorprendidos tratando de recuperar el aire, yo aproveché y metí mi lengua en su boca; mis manos se deslizaron por el cierre del pantalón y se colaron entre sus piernas, sentí como mis dedos se hundían en sus testículos y como un chillido de dolor salía de sus labios.
— ¡Suéltame! —gritó tratando de separarse, pero yo lo sostuve bien fuerte de su cintura.
Una risa estrepitosa brotó de mi garganta, no podía dejar de reír como un desquiciado. Su cara se había puesto roja de la ira, levantó su puño preparándose para pegarme pero nos separaron.
Sentí el cálido cuerpo de Lyosha sosteniéndome y el dulce aroma de su cabello, y por un minuto quise quedarme así por siempre. Mi risa cesó y una calma silenciosa sobrevino.

IndigoDolphins_73
Rango10 Nivel 49
hace 3 meses

Reaccionar al bullying con acoso sexual!! No se me habria ocurrido nunca.


#6

Definitivamente hay algo malo en mí, desde pequeño lo supe. No sé qué fue lo que lo causo pero algo se rompió dentro mío en algún momento, tal vez fue la indiferencia de mi madre, o la ausencia de mi padre, pudo haberlo causado mi relación con el pedófilo sádico de Yegor. Tal vez no fue ninguna de esas cosas y siempre fui así. No culpo a nadie por mis malas decisiones ni por mis desagradables hábitos, no tengo resentimientos contra ninguna de las personas que fueron parte de mi vida, no creo en la culpa ni en la empatía y las cosas debieron ser así porque el mundo es así y todo es un asco. Nunca me planteé haber podido tener una vida diferente o haber sido otro tipo de persona, porque a pesar de lo torcido y jodido que esté, me gusta ser así.

Estuve una semana expulsado por haberme involucrado en una pelea dentro de esa escuela. Durante ese lapso, Aleksei había comenzado a salir con una compañera de nuestra clase y la noticia me había caído muy mal.
Algo que debo rescatar de mí es que soy un muy buen actor, no importa cuán destrozado y perdido esté por dentro puedo lucir como la persona más feliz y despreocupada que pueda existir, y eso es lo que hice. Mientras él se divertía con su puta de turno, yo me encontraba en el apartamento donde vivía haciéndome la quinta paja del día. Levanté la mirada y me encontré con unos billetes arriba de la mesa, mi madre había pasado por el lugar y me había dejado un fajo de dinero antes de desaparecer nuevamente por otro mes, no era mucho pero al menos no pasaría hambre.
Iba a morir ahogado en mi propio semen si no hacía algo, por lo que salí en busca de Yarik y su grupo de matones. Cuando llegue a su casa, el Bratva me abrió la puerta y me dedico una sonrisa burlona.
— ¿Tanto me extrañas que no puedes esperar a que te llame?
— Cállate —dije dedicándole un mirada molesta, no estaba de humor para soportar sus estupideces.
Enseguida me arrepentí, sabía que no me convenía tener esa actitud con él y que podía costarme caro mi atrevimiento. Para ellos no era más que un pedazo de carne en donde meter su pene, un agujero con el que podían jugar y desahogar sus frustraciones y sus deseos reprimidos.
Yarik se apartó y me dejó pasar. A pesar de lo que se pueda pensar de un hombre que vive una vida inmoral en los barrios bajos, la casa del Bratva se encontraba sumamente limpia y ordenada, sin embargo, era bastante precaria. Sus cañerías estaban algo oxidadas y la pintura de la pared estaba descascarada, su cocina debía tener al menos unos treinta años y sólo funcionaba una hornalla, tampoco tenía muchos muebles, unos colchones en la sala para cuando sus subordinados pasaban la noche allí y una mesa con unas sillas. Arriba había dos habitaciones, una pertenecía a Yarik y otra que estaba vacía por el momento, pero sabía que lo usaba su hermana cuando lo visitaba
Sentí como sus manos me tomaban de la cintura y me dirigían hasta un colchón que estaba en la sala, hundió mi cabeza en el colchón y sentí su peso sobre el mío. No estábamos solos, a un costado del colchón se encontraba un hombre de aspecto desarreglado fumando hierba, lo conocía de alguna otra ocasión. El hombre me sonrió mientras tomaba otra pitada de su cigarrillo, me gustaban sus ojos celestes, eran tan claros que parecían transparentes, sus pupilas dilatadas le daban un aspecto extraño, como si fuera un ser de otro planeta.
Yarik me bajó los pantalones y sentí la presión de su pene tratando de entrar en mi interior. El hombre a mi costado abrió sus piernas y se bajó la cremallera liberando su miembro, enseguida comenzó a tocárselo. Me gustaba sentir la presión de esa verga desgarrándome, era un dolor que me excitaba, me ponía a mil. Mis manos se hundieron en la tela del colchón con una fuerza tal que sentí como esta se iba rasgando de a poco, podía escuchar la respiración entrecortada del hombre a mi costado y los jadeos de Yarik y su aliento en mi nuca.
Yarik me tomó del cabello obligándome a levantar la cabeza.
— Su boca esta libre —Le ofreció al hombre a mi costado para que pudiera desahogarse
El tipo dudó por unos segundos pero luego se levantó y apagó el cigarrillo en la pared. Acercó su pene a mi boca y yo lo recibí, en un principio me dejó hacer lo que quisiera, yo lo lamí como si se tratara de una paleta, chupé la punta y luego me lo metí a la boca. Sentí como el Bratva aceleraba sus embestidas, su subordinado sonrió con complicidad tomando mi cabeza y comenzando a mover su pene de una forma brutal siguiendo el ritmo que estaba imponiendo Yarik. No podía respirar ni moverme, no pude evitar que mis ojos derramaran unas lágrimas, me agité tratando de liberarme del agarre del Bratva pero una punzada de dolor hizo que me quedara quieto. El tipo saco su pene repentinamente y yo tomé una bocanada de aire aliviado, escuché como se reían y en ese momento sentí un fuerte dolor en mi mejilla, el tipo me acababa de pegar un puñetazo en el rostro. Tardé unos segundo en recobrarme, todo daba vueltas y sentí como un hilo de sangre bajaba por mi nariz hasta mi mentón, la dureza dentro mío se sacudió y un gemido contenido me hizo saber que Yarik estaba a punto de venirse. Levanté la cabeza, el hombre frente mío se masturbaba con rudeza, tomó mi rostro y lo acercó a su verga, vi cómo comenzaba a salir semen de su punta, y el líquido blanco y espeso cayó en mi rostro.
Unas cuantas embestidas más hicieron que el Bratva se desplomara sobre mí satisfecho.


#7

No soy gay…
Me gustan las mujeres y puedo tener relaciones con ellas sin ningún problema, me gustan los senos y sus curvas, pero ninguna podría darme el placer que me provoca ser dominado por otro hombre, la fuerza, su excitación animal y agresiva, el fuerte olor de su transpiración pegándose a mi cuerpo, el vello de la barba raspando contra mi piel, son cosas que jamás obtendría estando con una mujer...
Cuando estaba en tercer año tuve mi primera vez con una compañera del instituto, tengo una ligera tendencia al sadismo y cuando estuve con ella esa faceta mía explotó liberándose completamente. Ella gritó y lloró tanto que eso hizo que perdiera todo interés en el sexo heterosexual y me metiera más y más en relaciones homosexuales.

Aleksei se encontraba caminando delante, era un día lluvioso y acabamos de salir de clase. Junto a él aquella mujer le sostenía la mano mientras caminaban cubiertos por la protección de un paraguas.
— ¿Quieres venir con nosotros a tomar algo? —me preguntó mi amigo.
— No gracias, prefiero ir a mi casa y hacerme una paja… — «Pensando en tí» —agregué en mi pensamiento
La chica hizo una mueca de disgusto y Lyosha se encogió de hombros y la abrazó dándome la espalda.

Cuando cumplí once años mi padrastro dejó de tratarme con amabilidad y se volvió violento, me golpeaba y abusaba de mí de una forma brutal, le encantaba dejarme marcas con su cigarrillo y atarme a la cama. Pero cuando crecí y mi cuerpo cambio al de un hombre, dejó de tener interés en mí, mi cuerpo ya no era el de un niño pequeño, seguramente debió haber odiado que madure.
Luego de mi padrastro, tuve varios encuentros casuales con diferentes hombres, primero fue con un amigo de Yegor, este me presentó a otros hombres con su mismo gusto. Ellos me daban dinero y me regalaban cosas, ropa, relojes, juegos que tal vez nunca hubiera podido comprar de otra forma.
Cuando conocí a Alksei deje de verme con estos hombres, ya no me apetecía hacerlo. Nunca quise admitirlo, pero era la primera vez que sentía algo así, quería lastimarlo y hacerlo llorar, pero si alguna vez me rechazaba no sabría qué hacer, me dolería tanto que no podría soportarlo. Claramente ese era un sentimiento al que no estaba acostumbrado y nunca lo había experimentado antes.
Tampoco recibí visitas de mi madre. Si bien Yegor había sido una compañía al menos en los primeros años, también había sido una mala influencia para ella, él había sido quien la había introducido en el mundo de las drogas y el alcohol, y había tratado de alejarla lo más posible de mi lado, quería que mi madre se distrajera y no prestara atención a las cosas que sucedían en su casa, como el hecho de que su hombre se acostara con su hijo pequeño. Cuando Yegor la dejó ya estaba demasiado metida en toda esa mierda como para volver atrás, cada vez se ausentaba más, casi nunca venía a dormir y sus visitas se hacían menos frecuentes.

Los últimos días de secundaria fueron una mezcla de sensaciones extrañas que traté de ignorar como pude. Por supuesto la cercanía con Lyosha no ayudaba a mi inestable estado emocional. Mi compañero se encargó de recordarme lo agradecido que estaba por ser su mejor amigo, él estaba consciente de que no era normal y agradecía la comprensión que yo había tenido con su extraña fascinación por las cicatrices. Por supuesto que tampoco era quién para juzgarlo. Con su poco tacto me recordó lo sólo que me encontraba y lo raro que era, yo me reí, me burlé de él y su cursilería y finalmente me fui a mi casa. Me senté en el borde de la ventana y lloré mientras veía como el sol se ocultaba entre los edificios. Lloré como nunca en mi vida había llorado, por todas aquellas veces que había callado mi llanto y había silenciado mis pensamientos, lloré por amor, un amor que sabía que jamás podría tener.

#8

Luego del instituto no volví a ver a Lyosha por el simple hecho de que no nos volvimos a cruzar. Ninguno de los dos tenía el teléfono ni la dirección del otro, podría haberla conseguido si me proponía pero no tenía sentido hacerlo ¿Qué podía ganar si lo volvía a ver? Sabía que solo me llenaría de frustración y sentimientos que no me interesaba tener.
Nunca aspiré a nada grande en mi vida, nunca quise ser alguien reconocido ni tener una carrera, realmente no me importaba eso. Tampoco es que tuviera muchas oportunidades de un futuro brillante, mi madre apenas me pasaba un dinero para que pudiera sobrevivir y no creo que le interesara mi futuro en absoluto. Tampoco tenía muchos deseos de vivir una vida larga y prosperar como lo quisiera la mayoría de las personas, me aterraba la idea de envejecer y tampoco me veía con un trabajo estable o con una familia.
Hice lo que mejor sabía hacer: Autodestruirme, dejarme llevar y hacer lo que se me diera la jodida gana.

Comencé a verme con Yarik con más frecuencia, el Bratva solía hacer reuniones del grupo todos los jueves, y ese jueves en especial habría una gran celebración por el cumpleaños de su jefe, Giyena, uno de los hombres que lideraba en el bajo mundo.
— ¡Arian! Hacía tiempo que no te veía por aquí. — dijo un hermoso joven colocándose a mi lado, llevaba un tapado negro y una bufanda roja cubría su boca, pero pude adivinar que una sonrisa estaba dibujada en su rostro.
Yo no le respondí, di una última pitada a mi cigarrillo y lo apague en mi bota. Ya nos conocíamos de otras reuniones de los Bratva, era la putita personal de Giyena y este lo llevaba a todas las fiestas disfrazándolo como uno de sus subordinados. Su nombre era Luka y era hermoso, esa era la palabra para describirlo. Nunca me interesó el aspecto de las personas, me acostaba con cualquier hombre, no me importaba si era gordo o flaco o calvo si podía cumplir mis expectativas en la cama —que no eran muy altas— y realmente nunca sentí atracción física por nadie en particular, excepto por él, Luka era la belleza y el deseo personificados en un solo ser.
Froté mis manos para entrar en calor, había comenzado a hacer frío y mis ropas no eran apropiadas para esa temperatura. La reunión estaba bastante aburrida, habían comenzado una partida de póquer y las apuestas habían sido grandes, los Bratva no tenían tiempo de fijarse en sus putitas cuando estaba en juego su economía.
— ¿Me regalas un cigarrillo? —me preguntó observándome con sus hermosos ojos verdes, tomó su bufanda roja y se la quitó mostrándome su rostro,
—Era el último que tenía… —le dije encogiéndome de hombros— ¿A Giyena no le molesta que fumes?
—A él solo le importa que sepa mover bien el culo y listo…— me respondió suspirando algo resignado— Realmente quería ese cigarrillo.
—Puede que Yarik tenga…
—Ya no importa… ¿No tienes frío? ¡Debes estar congelado! —opinó acercándose un poco más a mi cuerpo
—Tengo frío, pero no quiero volver a entrar todavía, hay mucho ruido allí adentro.
Luka apoyó sus manos en mi pecho subiendo hasta mi cuello
—Si quieres puedo calentarte…—dijo bajito pero insinuante.
Era muy tentador, realmente lo era, su piel blanca brillaba deliciosamente bajo la luz incandescente de los faroles que iluminaban la calle. Había entreabierto un poco sus carnosos labios y se veían muy apetecibles, llevaba un piercing en forma de aro a un costado del labio inferior, se lo lamió y luego sentí cómo su cuerpo se frotaba contra mí.
— ¿Y luego qué? ¿Nos escapamos a Luxemburgo a vivir de tus dotes artísticas? —bromeé apartándolo, sabía que acostarme con él significaba problemas.
En ese momento Yarik apareció. Había apartado a Luka, pero este todavía seguía demasiada cerca de mí como para parecer que sólo estábamos hablando. El Bratva me observó con una mirada reprobatoria y luego nos ordenó que entrásemos, la partida de póker había terminado y ahora se encontraban todos reunidos en la mesa comiendo vatrushka y tomando vodka.
Luka se acercó a Giyena y se sentó en su regazó, era un hombre canoso y corpulento, sus mejillas y su nariz tenían un tono rozado y poseía unos ojos redondos y pequeños que parecían dos círculos azules. Tomó a Luka por la cintura y lo presionó contra su cuerpo, le quitó la camisa ante la mirada de todos mientras lamía su cuello, la figura del joven irradiaba sensualidad, su piel lisa y blanca y aquellos lunares distribuidos estratégicamente en sus hombros hacían querer acariciar cada centímetro de su cuerpo. Repentinamente lo tomó del cabello y golpeó su cabeza contra la mesa de madera.
— ¿Dónde estabas? —le preguntó mientras tomaba el vaso de vodka y tiraba el líquido transparente sobre el menor.
No dio tiempo a que Luka le contestara, le bajó el pantalón y lo penetró sin vacilación. Luka se retorció bajo su cuerpo por unos instantes tratando de no pegar un alarido, pero ya estaba acostumbrado a aquel tipo de trato, sus mejillas comenzaron a sonrojarse, su cuerpo comenzó a moverse, lo estaba disfrutando igual que todos los que estábamos alrededor.
— ¿No quieres un poco? —dijo un hombre ofreciéndome la botella de vodka, era joven, alto y llevaba una barba de unos días adornando su rostro.
Sentí el inconfundible hedor a alcohol y no pude evitar fruncir mi nariz.
—No gracias —le dije apartando la bebida, sentía un fuerte rechazo al alcohol porque me hacía recordar a mi madre.
El hombre se rió grotescamente. Menospreciar la bebida a un bratva no era una decisión inteligente si quería salir con vida de ese lugar, pero nunca me caractericé por tener un fuerte sentido de supervivencia. Sentí como me tomaba de la nuca y me tumbaba en el piso, comenzó a desvestirme, su cuerpo se refregaba contra el mio con ansias.
—Maldito marica —me insultó
El ardor y el dolor se expandieron desde mi columna vertebral hasta cada rincón de mi cuerpo y no pude moverme por unos minutos mientras sentía como su pene se enterraba dentro de mí. Sentía como se movía y hacía fricción en mi entrada haciendo que me excitara más y más, todo mi interior quemaba. Fue entonces cuando el peso encima mío desapareció y su miembro salió de mi interior. Levanté mi cabeza desorientado cuando vi como Yarik sostenía a aquel hombre del cuello.
—Imbécil, lo vas a ensuciar con tu semen…—le recriminó dándole un rodillazo en el estómago que hizo que el hombre no pudiera respirar, le volvió a patear y luego lo empujó para quitarlo.
—Métemela por favor —le pedí deseoso mientras me daba vuelta, el Bratva me observó con indiferencia pero yo sabía que lo deseaba al igual que yo.
Mordió la punta de su cigarrillo mientras se desabrochaba el pantalón, su pene duro me apuntaba completamente rígido. Se arrodilló y me la metió bruscamente. Sentí su peso encima mío, el aroma de su perfume mezclado con sudor inundó mis sentidos excitándome, su miembro me llenaba por completo haciendo que quisiera explotar.
—Quémame con tu cigarrillo…—le insistí ganándome un puñetazo en mi ojo izquierdo.
Tiré la cabeza hacia atrás y pude observar a Luka todavía encima de la mesa, gemía y se movía refregándose contra el cuerpo de Giyena pero su mirada estaba fija en mí, era una invitación, un desafío, quería que lo viera disfrutar, que lo deseara.

Eyaculé pensando en él y en cómo iba a disfrutar haciéndole daño cuando lo tuviera entres mis brazos...

#9

Cuando salí de allí ya era la madrugada, una tenue luz iluminaba el calmo paisaje de aquel viernes. Luka había conseguido su cigarrillo y ahora lo fumaba con gusto.
—Te estaba esperando…—dijo con una energía que contrastaba con la tranquilidad de esas horas en la mañana.
Me tapé el rostro con las manos, esa luz hacía daño a mis ojos. No puede evitar realizar un gesto de dolor al tocar el corte en mi ceja, me lo había hecho Yarik cuando me había golpeado.
—Vaya eso parece doloroso …—opinó el rubio sonriendo.

Por más que Luka me tratara como si fuera un igual, había una gran diferencia entre nosotros, una que nos hacía sumamente distintos ante mis ojos y los de los Bratva. Luka cobraba un «sueldo» por sus servicios, especialmente por ser discreto y complaciente. Si bien dominar a un hombre y humillarlo a través del sexo no estaba mal visto entre los Bratva, tampoco era algo de lo que podía jactarse, pero Luka era tan apetecible que valía la pena arriesgar su imagen por él. Por esa razón Giyena quería que su putito estuviera limpio y bien vestido, le gustaba exhibirlo como una suculenta mercancía y que los demás lo desearan y lo quisieran, pero no lo pudieran tener.
Yo, en cambio, tenía sexo con ellos solo porque se me daba la gana, no recibía dinero de ellos, eso hubiera significado rebajarme a cumplir sus demandas y ser sumiso y obediente, pero no era así, yo era libre, estaba con quien quería, era irreverente, maleducado, audaz y eso me hacía más atractivo ante los ojos de esos hombres que buscaban por todos los medios dominarme y someterme.

El rubio tomó mi brazo con confianza ofreciéndome una sonrisa encantadora.
—No quiero volver a casa aún… ¿Y tú?
—Tampoco —le contesté algo cansado, la habitación donde vivía no era exactamente mi lugar favorito en el mundo.
—Te invito una hamburguesa… —dijo sacando un fajo de billetes, seguramente Giyena le había dado eso por su buen desempeño.
Hubiera rechazado su invitación si no fuera porque estaba muerto de hambre. Desde hacía unos meses mi madre no había vuelto a aparecer y ya me estaba quedando sin dinero. Caminamos unas cuadras y nos metimos en un McDonald’s.
— ¿Y qué vas a hacer ahora? —me interrogó
— ¿Hacer con qué?
— Con tu vida… ahora que no vas más al instituto…
—No lo sé ¿Estudiar actuación?— bromeé
El rubio me observó sorprendido sin saber muy bien que decir, pensé que se burlaría de mí pero en vez de eso sonrió y me felicitó por esa elección.

Luka era unos años más grande que yo, su madre había muerto de una enfermedad respiratoria cuando él tenía 14 años. Debido a este acontecimiento había tenido que dejar el instituto y comenzar a trabajar, primero en un taller tiñendo telas, luego en una distribuidora de hielo, y finalmente como camarero en un bar. No tardaron en lloverle ofertas de hombres buscándolo para algo más, para él era un dinero fácil, le gustaba ser el centro de atención y que la gente lo mirara, y descubrió que también le gustaba el sexo.
A pesar de su exitosa carrera como prostituto de la mafia, siempre deseó seguir sus estudios y por eso mismo se había emocionado casi hasta las lágrimas cuando se había enterado que me había graduado.

Nuestra conversación quedó en el olvido cuando un joven de cabello negro golpeó sus manos con fuerza sobre la mesa.
— ¿Fuiste de nuevo a aquel lugar? —le preguntó a Luka ignorándome por completo.
— ¡Dima!... Ven, siéntate con nosotros —le dijo el rubio mientras lo tomaba del brazo y lo obligaba a sentarse a su lado— Él es Arian, un amigo —rió nervioso señalándome.
—Un gusto —le saludé sin demostrar mucho interés, estaba entretenido devorando mi hamburguesa.
Levantó la mano en señal de saludo y luego volvió a dedicarle toda su atención a Luka.
—Te dije que no fueras allí—le reprochó en un susurró como si así pudiera evitar que yo escuchara.
Luka largó una carcajada —Te preocupas demasiado —dijo restándole importancia, para luego dirigir su mirada hacia mí — A Dima no le gusta que vaya a las reuniones de los Bratva
—No quiero que te hagan daño… Puedes encontrarte con esos tipos…
— ¿Con quiénes? —pregunté con curiosidad, todos los sujetos de los Bratva eran temibles pero no recordaba unos matones que resaltaran del resto que conformaba el grupo.
— Son dos hombres de cabello negro, gemelos idénticos, uno lleva el tatuaje de una sirena en su cuello y otro una daga en su puño izquierdo. Dima dice que ellos fueron los autores de la masacre del muelle que sucedió unos años atrás
—Nunca he visto, ni oído sobre ellos.
Luka puso los ojos en blanco y me observó con fastidio.
—¡Arian! Tú nunca te enteras de nada. La masacre del muelle fue un caso muy conocido, unos integrantes del Bratva secuestraron a un grupo de niños que salían de la escuela, abusaron de ellos y luego los mataron. Los malditos nunca fueron identificados y el caso quedó en la nada.
— ¿Eres un Bratva? —me pregunto el pelinegro con desconfianza. Su cabello largo le tapaba la mitad de su cara dejando a la vista solo un ojo de color azul, vestía de negro y tenía muchas pulseras y collares de plata que tintineaban cada vez que se movía.
—No lo soy, pero voy de vez en cuando a sus reuniones… a entretener.
La mirada del chico cambio a una más suave bajando la cabeza.
— ¡No dejes que Luka vaya más allí! Es peligroso para él y para ti. —me pidió
Limpié mis manos en una servilleta mientras terminaba de masticar el último pedazo de hamburguesa que me quedaba — ¿Ellos… te hicieron algo? — le pregunté sin mucho tacto
El rostro del joven se trasformó, fue como si por un momento la vida hubiera abandonado su cuerpo y el terror hubiera entrado en su lugar.
— Yo…
— ¡Basta ya Dimitry! No quiero que hablemos más del tema —interrumpió Luka terminando así con el asunto — ¿Sólo has venido a regañarme o se te apetece algo más? —le preguntó de una forma sugerente haciendo que el pelinegro se olvidara por completo de mi pregunta y de todo lo anterior. Sus mejillas se sonrojaron demostrando una timidez que me pareció muy dulce y buscó en el bolsillo de su chaqueta de cuero sacando unos billetes que depósito en la mesa.
Luka sonrió mientras tomaba los billetes y los contaba para luego guardarlos en un bolsillo de su pantalón. Acarició su rostro y se acercó al pelinegro uniendo sus labios en un lento y húmedo beso que hizo que un calor despertara dentro de mí. Un ahogado gemido salió de los labios de Luka mientras acercaba más a su cuerpo, las cosas se estaban volviendo bastante acaloradas cuando el rubio se apartó de Dima dando por terminado el asunto. Dima se quedó unos minutos observando la belleza de Luka, cerró los ojos tratando de contener aquel cúmulo de sensaciones que no lo dejaban pensar con claridad y se levantó de la mesa, para irse sin decir una palabra.
— ¿Te pagó solo por un beso?— le pregunté sorprendido
— Así es, siempre es lo mismo. Le he ofrecido que tengamos sexo, incluso le dije que no era necesario que me pagara, pero él no se atreve a tocarme.
No pude seguir indagando más en el asunto, comencé a sentir unas terribles náuseas y tuve que ir al baño a vomitar la hamburguesa que acababa de comer, ese alimento había sido demasiado para mi cuerpo al que apenas alimentaba. No tuve fuerzas para nada más, recuerdo la voz de Luka y luego una completa oscuridad y silencio.

#10

Desperté unas horas más tarde desorientado, unos rayos de luz todavía se colaban por la ventana iluminando el dormitorio. Me encontraba en un cuarto desconocido, pequeño y viejo, y sumamente desordenado. Las paredes de la habitación, alguna vez blanca, ahora se encontraban escritas y dibujadas, poesías y mariposas adornaban gran parte.
Levanté la cabeza y me encontré con la espalda de Luka, estaba sentado al borde de la cama, observé con detalle su silueta, unas gotas de su cabello mojado se deslizaron por su piel pasando por una hilera de lunares, debajo del omoplato se dibujaba el tatuaje de un naipe de corazones.
— ¿Ya despertaste? Estaba por irme a lo de Giyena, te iba a dejar una notita— dijo mientras se ponía unas botas negras
— ¿Qué hora es?
— Ya son las cinco de la tarde, dormiste todo el día…
— Me duele la cabeza —comenté apoyándome en mis codos.
Luka se arrodilló sobre la cama y se tiró encima mío haciendo que volviera a acostarme del todo.
—Estas débil, hay sopa de pollo si quieres comer, la preparé hoy para cuando te levantaras.
—Me estás aplastando —me removí molesto tratando de quitármelo de encima pero no tuve éxito
El rubio se corrió un poco pero dejó su brazo sobre mí pecho.
— Puedes quedarte todo el tiempo que quieras
— Gracias —suspiré.
Las caricias de Luka comenzaban a hacer efecto, el placentero y excitante cosquilleo comenzaba a esparcirse por todo mi cuerpo.
— ¿No tienes que irte? —le pregunté al ver que las caricias no cesaban.
—Mmh… A la mierda con Giyena, quiero quedarme contigo…—dijo haciendo una mueca similar a la de un niño encaprichado
—No deberías jugar con fuego —le advertí, no sabía si estaba hablando de Giyena o de mí.
—Me gusta jugar con fuego —me dijo acercando su rostro al mío.
Lo tomé de la cintura y acaricié su espalda, el lanzó una suave jadeo que me hizo vibrar.
—El tatuaje de tu espalda…
El rubio se tensó y me lanzó una mirada incomoda, acababa de abrir un tema de conversación que lo ponía nervioso, a pesar de eso no dudó en contestarme, no le apenaba su tatuaje, incluso se mostró orgulloso de él.
—Giyena me hizo tatuármelo, es un naipe de corazones, la insignia de las putas en el código del Vor V Zakones [2]
Le hice girar un poco para que me mostrara el tatuaje nuevamente
—Me gusta —le dije, lo cierto es que iba muy bien con su personalidad.
—Si quieres puedo decirle a Vadim que te haga uno…
— ¿Vadim fue quien lo hizo? ¡Vaya! No sabía que ese mastodonte fuera tan bueno con las manos,
—También se mueve bien en la cama— sonrió Luka con picardía mientras volvía a acercarse a mí, se abrazó a mi cuello y dejó un suave beso en mis labios que luego se encargó de convertir en uno fogoso y sensual.
Había imaginado varias veces ese momento, Luka era una fantasía, un deseo que se me había prohibido por ser propiedad de Giyena, que había tratado de esquivar para no meterme en problemas, y ahora lo tenía rendido ante mí, deseoso por que hiciera con él lo que se me antojase. Lamí sus labios, jugué con su lengua, violé cada rincón de su boca, pero no sentí nada, besarlo fue como besar la nada misma, un vació hueco que reflejaba mi alma. Y en lo único que pude pensar en ese momento mientras besaba esos labios, fue en aquel extraño muchacho de cabello negro que se nos había acercado en el McDonald’s y su expresión de terror cuando le pregunté sobre esos hombres, era un sentimiento que conocía muy bien, lo podía ver en sus ojos azules, Dima estaba igual de roto que yo.

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[2] Vor V Zakone —es una expresión vinculada con personas involucradas en el crimen organizado que son de origen ruso/soviético.

IndigoDolphins_73
Rango10 Nivel 49
hace 3 meses

La dejo aquí por el momento @Egon_Blumer . Una historia brutal la que te traes entre manos. Me gusta tu estilo: describes muy bien el entorno y las situaciones, en su justa medida, sin saturar, pero las mejores descripciones son las de personajes. Sabes encontrar ese perfecto detalle que hará q él lector le ponga cara al momento.
Sólo hecho en falta un poco más de desarrollo de la historia de tu protagonista. Ayuda a empatizar con él y también a digerir mejor el sexo. Y te lo digo yo que me encantan este género.
Aprovecha lo bien que escribes para llegar a más lectores

Egon_Blumer
Rango7 Nivel 30
hace 3 meses

@IndigoDolphins_73 muchas gracias por la crítica me ayuda muchísimo a crecer como escritor. Gracias por tomarte el tiempo de escribirme. Espero que te siga gustando la historia.


#11

Observé mi reflejo en la vidriera de aquel negocio, no me veía para nada bien, mi nariz no paraba de sangrar y me dolía, y mi mejilla y ojo se estaban comenzando a hinchar, las personas me miraban con desconfianza confundiéndome con un borracho o un mendigo y cruzaban a la otra vereda esquivándome.
Acababa de volver de la casa de Yarik, el Bratva no había tenido el mejor de los días y se había descargado moliéndome a golpes. La falta de sueño y hambre no ayudaban a mi aspecto, ya casi no tenía dinero y le debía la renta de tres meses a la casera, si no la conseguía para fin de mes seguramente me echaría a la calle.
— ¿Arian? —escuché una voz que me llamaba
Giré la cabeza y me sorprendí al encontrarme con Dima, tenía la cara destrozada, a pesar de eso el maldito me había reconocido. Di la vuelta tratando de hacerme el desentendido, lo que menos quería es que me viera en ese estado tan patético, pero en vez de seguir su camino, corrió hasta quedar a mi lado.
— ¿Qué te sucedió? ¿Estás bien? ¡Deberíamos ir al hospital!
— No es nada, no es la primera vez que me dejan así la cara. —le traté de tranquilizar, lo que menos quería era llamar más la atención.
— ¿Fueron esa gente del hampa[3]? Te dije que era peligroso, no quiero que le suceda lo mismo a Luka ¡Debes ayudarme a convencerlo de que lo deje!
— ¡No entiendes nada! —Le grité, no era el mejor momento para probar mi paciencia — ¡No entiendes una maldita mierda! ¡Eres un idiota!
Dima se quedó mirándome sin comprender. Giré mis ojos en señal de hastío y seguí caminando, al menos así me desharía de él de una vez por todas. Pero en contra de todo pronóstico, el pelinegro no se dio por vencido y me siguió hasta mi casa.
—No me iré de aquí hasta que me expliques las cosas… —dijo parado frente a mi puerta.
Di un portazo cerrando la puerta en su cara, me quité mi abrigo. Me observé en el espejo del baño, mi rostro estaba ensangrentado y mi mejilla había comenzado a ponerse violeta. Lavé mi cara y tomé unos cubitos de hielo del refrigerador para colocármelos en la mejilla.
— ¡Arian!— Escuché a Dima detrás de la puerta — ¡Ábreme!
No quería seguir escuchándolo, lo último que me faltaba era tener más problemas con la casera por hacer mucho ruido.
— ¡Sólo quiero que me dejes en paz! —dije al mismo tiempo que abría la puerta
—No lo haré hasta que hablemos
—Entonces hablemos de una vez
Le hice una seña para que pasara, él dio unos pasos para luego quedarse quieto en medio de la sala, esperándome en silencio.
—No debes preocuparte por tu querido Luka, está bajo la protección de un Obshchak[4], nadie se atrevería a tocar la propiedad de un cobrador ¿Contento? Ahora ya puedes irte…—le expliqué
—Ellos sí Arian, a los gemelos no les importará —. El temblor en su voz hizo que dudara.

Cerré la puerta y me acerqué, quiso apartarse pero no lo hizo. Acaricié con la yema de mis dedos su mentón y seguí el camino por su mejilla apartando su cabello negro y dejando su rostro al descubierto, una horrible cicatriz cruzaba su mejilla derecha, comenzando desde su pómulo hasta su mentón
— ¿Ellos te hicieron esto?—le pregunté
—Me hicieron mucho más que eso, ellos destruyeron mi vida. No quiero que le hagan lo mismo a Luka, no quiero que él pase por algo similar a lo que yo pasé. Se está metiendo en un terreno muy complicado, yo sé que él no lo podrá soportar.
Mi cuerpo tembló al escucharlo, él removió algo dentro de mí, hizo que las memorias que tenía dormidas despertaran.
—De verdad te importa…
Dima asintió, una sonrisa triste apareció en su rostro.
—Así es, pero sé que para él no soy más que alguien con quien pasar el tiempo. En cambio a ti te ve con otros ojos, te desea.
Volví a acariciar su mejilla.
—No debes preocuparte por mí, no te robaré a Luka, él no es quien me interesa —le dije mientras acariciaba sus labios con los míos y finalmente lo besé.
Dima no contestó mi beso pero tampoco se apartó, se había quedado petrificado. Creo que nunca se hubiera imaginado que yo le besaría.
Volví a besarlo, esta vez él me respondió, pude notar cierta ansiedad en sus movimientos, me pegué más a él acariciando su cintura con suavidad. El rostro de Dima era muy simple, no decía nada, era pálido y ojeroso, lo único rescatable eran esos ojos con ese hermoso color azul que tenía. Tampoco su cuerpo era muy interesante, demasiado flaco y pequeño y plano. A pesar de eso los besos que me di con él me llenaron de deseo. Levanté su camiseta y quise comenzar a desnudarlo pero él me frenó. No faltó que me dijera nada, enseguida supe que las cosas nos pasarían de unos cuantos besos. Lo tomé de la mano y lo llevé hasta al colchón que se encontraba en mi habitación, era una de las pocas pertenencias que todavía seguía conservando, todo lo demás lo había vendido para comprar comida. Nos tiramos encima y nos quedamos allí en silencio besándonos por horas hasta que nos quedamos dormidos.

Dima se quedó en mi casa por el resto de la semana, curó mis heridas, me cocinó, incluso me ayudó con dinero para poder pagar la renta que debía. Cualquiera podría pensar que esto significaría el comienzo de una relación, pero nada estaba más lejos de la realidad. Tanto él como yo estábamos estancados en nuestro círculo de dolor y obsesión, era imposible para nosotros concebir siquiera la idea de ser felices. Tampoco resultó buena idea vivir juntos, nos potenciábamos de una forma autodestructiva, odiaba su autocompasión, su miedo y su soledad, odiaba ver como se arrastraba con Luka por un poco de afecto, pero a la vez no podía evitar quererlo como si fuera una parte de mí. Yo hacía lo que estaba a mi alcance para hacerlo sentir miserable, lo trataba mal, le decía cosas crueles y luego me retractaba y le pedía perdón, implorándole que se quedara, prometiéndole que sería la última vez que lo trataría así, para luego unas horas más tarde, volver a menospreciarlo. Éramos dos idiotas lamentándonos por nuestra mala suerte en el amor, dándonos consuelo con besos y caricias.
Los días se pasaban entre silencios, cigarrillos y compañía, parecía que no existía nada más que nosotros, pero a la vez no aguantaba un minuto más encerrado allí.
Una tarde lo encontré revisando unos libros que tenía en un estante, un diccionario de palabras africanas que mi padre tenía de su época de universitario, lo había conseguido gracias a un amigo que había viajado al exótico continente y siempre fue una de sus más preciadas y amadas joyas literarias. Cuando nos abandonó me lo dejó como obsequio, era uno de los pocos recuerdos inocentes que poseía de mi niñez, las horas que me pasaba con mi padre buscando lo que significaban los intrincados sonidos que me enseñaba. Dentro del libro había una foto, la única que existía de esa índole, una mujer y un hombre con un niño en sus brazos.
— Tu madre era hermosa. —comentó Dima contemplando la fotografía.
— Lo sigue siendo —. A pesar de las drogas y el alcohol que la habían opacado un poco.
— ¿Ese niño eras tú? ¡Tenías el cabello tan claro! Y una carita tan dulce…
Observé la fotografía por encima de su hombro, mi cabello se había oscurecido conforme habían pasado los años, cuando era pequeño era de un brillante color anaranjado, ahora se había vuelto de un castaño caoba, el mismo color de mi padre.
— ¿Ese hombre es tu padre?
Examiné los rasgos del hombre en la fotografía, esa foto me traía muchos recuerdos, no pude contener un suspiro mezcla de anhelo y tristeza.
— No, él es Yegor, fue mi padrastro por un tiempo…
— Él fue quien te hizo como eres… —dijo Dima sin mucha duda, podía leer mis pensamientos con facilidad, eso fue lo que siempre me fascinó y sorprendió de él, siempre comprendió cómo funcionaba mi cabeza.
— Así es…
Tomó mi rostro y besó mis labios con suavidad. Lo aparté con brusquedad,
— No quiero tú lástima, no soy como tú, lamentándome por los rincones el hecho de que dos tipos me la metieran sin mi consentimiento. Eres patético.
El rostro del pelinegro se transformó por completo, esas palabras le habían hecho mucho daño.
— ¡Estás muy equivocado Arian! ¡Realmente los estás! Esos hombres no solo me violaron e hirieron, ojalá hubiera sido sólo eso. Ellos abusaron y mataron a mis amigos y me dejaron vivir para que recuerde aquel día y sus muertes, y lo débil e impotente que me sentí.
Me quedé en blanco y por un minuto sentí como mi ser entero se sacudía. no sabía qué hacer, no sabía cómo consolarlo de una forma que no fuera vana y superficial, no sabía cómo demostrarle cuanto me dolía escuchar su miseria, como me dolía no poder hacer nada para hacerlo olvidar. Lo dejé sólo y me fui, era muy bueno para escapar de mis responsabilidades, de mis sentimientos, de mí mismo, toda mi vida me la había pasado huyendo de mis recuerdos, tratando de ignorar y restándole importancia a todo.

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[3] Hampa — Conjunto de personas que viven de forma marginal cometiendo acciones delictivas de manera habitual.
[4] Obshchak— Cobrador de los jefes Bratva, controla a los Brigadier y recoge tributos, y soborna al gobierno y la policía.

#12

Decidí aparecerme en lo de Yarik.
Releyendo mis memorias, me he dado cuenta lo poco que he hablado de él, sólo lo he usado para hablar de mis experiencias sexuales. Pero por más que me gustaría pensar que solo fue eso, Yaroslav Mijáilovich Vorobiov fue un hombre muy importante en mi vida, tal vez la única persona que llegó a conocerme por completo y que amó —a su manera— la forma más verdadera y pura de mí, con toda mi oscuridad y mis demonios. Ambos nos entendíamos y comprendíamos de una forma única. En mí, el bratva encontró una persona con la que podía descargar su locura contenida de años de estar en la calle viviendo en la brutalidad de aquel mundo. A su corta edad se había convertido en un «Brigadir[5]» gracias a una estricta disciplina y gran maestría para mantener al margen a los voyeviki[6] , era un líder nato, sabía cómo manejarse dentro del círculo, cuando mostrar respeto y cuando hacerse respetar, pero aquel ambiente también lo había convertido en alguien violento y explosivo. Yo era su desahogo, podía golpearme y patearme, podía destrozarme la cara y quemarme con sus cigarrillos, y yo nunca lo vería con odio, ni con miedo. En mí, él descargaba toda su frustración y gracias a mí se había convertido en alguien capaz de convivir con los demás como lo hacía con su hermana o con sus subordinados, gracias a mí logró mantener la cordura y por eso él siempre estuvo agradecido.
— ¿Qué haces aquí? —me preguntó sorprendido cuando abrió la puerta de su casa. Se veía delicioso con su torso desnudo y un pantalón deportivo. Su cabello rubio estaba mojado, parecía que acababa de salir de la ducha.
No le contesté, solo me colgué de su cuello y empezamos a besarnos. Después de una semana de sólo caricias, lo que más quería era subirme encima de ese cuerpo y empalarme contra su miembro.
— No…— susurró mientras me separaba. —No puedes pasar, está mi hermana.
No le hice caso, volví a morder sus labios con desesperación, estaba hambriento. Sentí como Yarik dejaba de resistirse y sus manos acariciaban mi cintura apretándome contra su cuerpo.
— No haré mucho ruido, lo prometo —dije bajito y volví a besarlo antes de que pudiera comenzar a pensar y me echara. Ardía en deseo y era capaz de cualquier cosa por conseguir un poco de alivio.
— Está bien — dijo volviendo a apartarme, tomó mi mano y me arrastró dentro —Sólo… no hagas ruido…—
Me acorraló contra la pared, sentí como comenzaba a frotarse contra mí con ansias. Mis piernas se enroscaron en sus caderas quedando en el aire, sus manos enseguida se posicionaron en mi trasero manoseándolo mientras los dos nos movíamos tratando de generar el mayor contacto posible contra el cuerpo del otro.
Sentí como me bajaba los pantalones mientras yo liberaba su verga de sus pantalones, y estaba a punto de metérmela cuando un fuerte ruido de vidrió rompiéndose se escuchó desde el segundo piso. Los dos nos detuvimos y nos observamos, Yarik se apartó de mí y salió corriendo, yo me acomodé los pantalones y lo seguí.
Lo vi entrar a una de las habitaciones de arriba de donde provenían unos sollozos.
—No es nada, yo lo limpio… …—escuché que decía con una voz suave, muy diferente a la que usaba conmigo.
Quise acercarme un poco más para ver lo que pasaba en la habitación. El rubio estaba arrodillado frente a una mujer limpiando el piso mojado, si hubiera sido otra persona, me hubiera burlado de Yarik. Observé a la muchacha, llevaba su cabello rubio bien corto y su flequillo apenas le tapaba la mita de la frente, parecía uno de esos muñequitos de playmobil que tenía cuando era niño, era muy delgada y pálida y tenía todas las manos lastimadas y llenas de cortes. Levantó la mirada y la dirigió hacia mí, unos ojos verdes me examinaron con curiosidad mientras se secaba las lágrimas con la manga de su jersey púrpura.
— ¿Quién es él?— preguntó intrigada
— Nadie. Un amigo. —comentó Yarik, demasiado nervioso como para que ella le creyera.
— ¿Hemos dejado de coger por esto? —dije, estaba triste y molesto y lo único que quería era olvidarme del mundo por un rato, pero esa mujer idiota había frustrado mi momento de desahogo de una forma estúpida.
Ella me observó descolocada, parecía espantada, pero luego comenzó a reír.
— ¡Yarik! Este amigo tuyo es muy interesante —dijo la mujer con una extraña mirada en su rostro
El bratva tomó los vidrios del vaso que se había caído y el trapo, y colocó todo en un tacho, luego me tomó fuertemente del brazo y me arrastró fuera de la habitación.
— ¡Lárgate!
— ¡No! — Le confronté— Quiero quedarme contigo.
Volví a sentir su mano apretando mi brazo, arrastrándome hasta llegar a la puerta, el bratva estaba tan avergonzado que lo único que quería era que desapareciera de su vista, tal vez debí a agradecer que esa mujer estuviera presente, si no hubiera sido así, seguramente me hubiera molido a golpes. Antes de que pudiera decir algo me empujó fuera y cerró la puerta dejándome en la calle. Suspiré resignado a mi mala suerte y decidí volver a casa y dormir.

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[5] Brigadir: líder de una banda dentro del circulo Bratva.
[6] Voyeviki: soldados, integrantes de una banda dentro del círculo Bratva,

#13

Estaba a dos cuadras de casa cuando un lujoso Mercedes negro se estacionó a mi costado.
— ¡Arian! ¡Maldición Arian! Hace dos horas que estoy tratando de comunicarme contigo. —la ventana trasera del auto fue bajando y una cabecita rubia que conocía muy bien apareció.
— Si eres idiota Luka, sabes que no tengo celular.
— Por eso llamé a Dima ¿Crees que ese niño no me iba a contar que está quedándose en tu casa? Su tía está preocupada por él.
— Él ya es meyor de edad y puede hacer lo que quiera. Sólo porque nos llevas unos años más piensas que puedes tratarnos como bebés.
—¡Son unos bebés! ¡Unos malditos niños salidos!
— Y tú te estas volviendo un viejo cascarrabias, igual que Yarik ¿Tienen la misma edad cierto? ¿Cuántos eran? ¿23 años?…
— ¡Cállate! Para algunos de mis clientes todavía tengo dieciséis
— Esos tipos están ciegos.
— Deja de hablar y sube al auto imbécil. —dijo tomándome del brazo y tirándome dentro del auto a través de la ventanilla. Terminé sobre su regazo en una posición bastante extraña. El rubio se abalanzó sobre mí y quedamos acostados en el asiento con nuestros rostro muy cerca, sentí sus labios sobre los míos.
— Necesito un favor —dijo manteniéndose sobré mí.
— Dilo de una vez…
— Tengo un cliente que le gusta mirar mientras me cogen.
— Sabes que no me interesa ese tipo de cosas…
— Paga muy bien, por favor Arian, sé que necesitas el dinero.
Largué un suspiro y me levanté haciendo que el rubio se tuviera que sentar también.
— No te estarás enamorando ¿Cierto? —pregunté con ciertas dudas.
Era extraño que Luka estuviera tan interesado en un trabajo y que incluso me pidiera ayuda a mí. Si bien en muchos aspectos, el rubio era muy hábil y más perspicaz e ingenioso que yo, también era mucho más inmaduro y vulnerable, podía llegar a tratar a cualquiera con una frialdad y dureza inigualable como podía sumergirse en la melancolía y la fantasía. Veía gentileza y amor donde no lo había y solía confundirlos con el capricho y deseo de hombres que solo querían llevarlo a la cama.
Mi compañero se quedó en silencio, sus mejillas se sonrojaron y observó a otro lado tratando de restar importancia a mi comentario.
— No es así idiota, yo también necesito el dinero —dijo de una forma poco convincente. Sonrió y luego me atrajo hacia él besándome nuevamente. El auto hacía tiempo había comenzado a moverse, pero yo no me había enterado, las manos de Luka acariciaban mi miembro con una excitante lentitud. Cuando el auto volvió a pararse yo apenas podía mantener la cordura, el rubio sabía exactamente cómo moverse para enloquecerme. Tomó mi mano y me guió fuera. Nos encontramos frente a un lujoso edificio, en la entrada había dos temibles hombres con traje que nos escoltaron hasta el último piso, Luka se estaba metiendo con un «pez gordo» de la Bratva y no creía que a Giyena le hiciera mucha gracias eso, pero como ya he dicho, ninguno de los dos nos caracterizábamos por tener un alto sentido de supervivencia.
Entramos a unos vestidores, apenas nuestros escoltas nos dejaron solos Luka comenzó a desvestirse.
—Anda, tenemos que prepararnos primero. —dijo pero yo no me moví, me quede observando su deliciosa figura, su largo cabello rubio caía por sus hombros dándole un aire andrógino; su cuerpo era perfecto, varonil, algo delgado pero con suficiente músculo; era un poco más alto que yo, fue algo que siempre me fastidio de él pero yo lo compensaba con una espalda más ancha y un porte más masculino. Sus ojos verdes me observaron con picardía mientras se acercaba a mí.
— ¿Quieres que te desvista? —me preguntó. No alcancé a responderle cuando sentí como tiraba de mis pantalones y mi bóxer descubriendo mis genitales, y luego me quitaba la camiseta con un solo movimiento. Entramos a las «Banias[7]», nos quedamos unos minutos en el sauna, estábamos prácticamente solos exceptuando por unos hombres de mediana edad, la mayoría tenía tatuajes de crucifijos en sus pechos y estrellas en sus hombros señal de que eran de alto rango dentro de las esferas de la mafia. Tratamos de no llamar su atención, Luka parecía apurado por llegar a los cuartos, pero cuando uno trabaja con los Bratva, hay ciertas costumbres que se deben respetar y las Banias son una de ellas, para aquellos hombres, estar ahí no solo significaba limpiar su cuerpo sino también hacer sociales, negocios y demostrar su estatus dentro de la comunidad, era algo sagrado.
Nos enjabonamos y luego nos metimos en unas bañeras de agua fría, odiaba esa maldita costumbre rusa, pasar del calor del sauna a aquella agua helada me quitó toda la excitación pero también hizo que me despabilara, algo que necesitaba ya que eran las 3 de la mañana.
Mi compañero me vio tiritar y se pegó a mí.
— ¿Enserio Arian? Pensé que no eras un bebé.
— No me gustan las Banias, prefiero un jacuzzi caliente —comenté tratando de no temblar. Aproveché la cercanía del rubio para acariciar sus muslos y amasar su trasero con ansias, volví a entrar en calor.
Luka rió y apartó mis manos, mis dedos ya estaban comenzando a preparar el terreno.
—Deberás esperar un poco más, al menos hasta que lleguemos a la habitación. —susurró en mi oído coquetamente.
Salimos de la pileta y Luka me pasó una toalla para que la colocara alrededor de mi cintura, mi erección era sumamente notoria, igual que la de él, pero a ninguno de los dos nos importó mucho.

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[7] Bania: baños rusos

#14

El cuarto al que entramos estaba sumido en la penumbra, solo la tenue luz de una lámpara de pie iluminaba la inmensa suite. El rubio me quitó la toalla y se abrazó a mi cuerpo mientras me besaba, lo dirigí a la cama y ambos caímos encima de ella sin despegar nuestros cuerpos. Me gustaba Luka, era una belleza, pero si en ese momento me hubieran dado a elegir, hubiera preferido mil veces los besos y las caricias de Dima. Acaricié su pequeña cintura, besé su terso pecho, y pegué mi cadera a la suya, tomé el preservativo de la mesita que estaba a un costado de la cama y me lo coloqué. Levanté la cabeza encontrándome con la mirada del rubio perdida en un rincón oscuro de la habitación, giré mi cabeza hacia ese lugar y pude ver la figura de un hombre sentado en un cómodo sillón. El hombre nos observaba, estaba vestido con un elegante traje azul muy fino pero la oscuridad no me dejaba verlo bien.
Luka tomó mi rostro entre sus brazos y me besó.
— Piensa sólo en mí… —me susurró mientras comenzaba a frotar su miembro contra el mío. Sentí como las gotas de pre semen que resbalaban por su glande y comenzaban a mojar mi vientre.
Enseguida me olvidé del hombre que nos observaba, los movimientos de Luka estaban nublando mi juicio. Lo tomé de las piernas y levanté sus caderas dejando a la vistas su perfecto trasero. Me quedé observándolo, sus labios rojos entreabiertos, su cabellos salvaje sobre la almohada y sus mejillas enrojecidas por la excitación. No le di tiempo a prepararse, lo tomé con fuerza y metí mi verga dentro suyo. Pude observar como su rostros se fruncía por el dolor, pero no largó ningún quejido, lo embestí y sentí como sus manos se agarraban de mis brazos con fuerza, no lo estaba disfrutando, nadie en su sano juicio hubiera disfrutado la forma en que yo lo estaba penetrando, era violento, sádico, sentía como lo estaba desgarrando por dentro y eso me ponía a mil. Mordí sus hombros y su pecho sin clemencia dejándole unas fuertes marcas rojas.
No era justo, la belleza de Luka no era justa, en un mundo tan horrible, tan lleno de horror y violencia, Luka desencajaba completamente. Era una ilusión de pureza, una hermosura corrompida y lujuriosa que no debía existir, no tenía derecho a existir, era una mentira, y por eso debía terminar con ella. Luka siempre fue la única persona que me cautivó por su belleza, era imposible dejar de mirarlo y de asombrarme, pero eso, a la vez que me atraía también me causaba repulsión, lo odiaba de una forma retorcida. Tal vez era envidia, por que poseía un poco de la entereza que a mí me faltaba, él no estaba roto como Dima y como yo, él todavía tenía una salida pero no la aprovechaba, no le interesaba salir de ese agujero.
Coloqué mis manos sobre su cuello y apreté con fuerza mientras seguía moviéndome dentro suyo, ver su cara de horror mientras lo estrangulaba me llenó de placer, apreté su cuello con más fuerza y comencé a golpear su rostro con una de mis manos, quería borrar su belleza de este mundo. Unas gotas de sangre salpicaron mi cara, traté de limpiarme con mi brazo y lo seguí golpeando. Al tercer golpe sentí como una gran fuerza me quitaba de encima de Luka, sentí un fuerte golpe en las costillas y luego en mi cara y en mi estómago, abrí los ojos y me encontré con el hombre del traje azul encima mío, no dejaba de encajarme puñetazos y tenía su rodilla sobre mi cuerpo, no podía moverme ni defenderme. El hombre me tomó de las piernas y sentí como su verga se enterraba dentro mío, mis ojos se aguaron del dolor o tal vez era sangre que corría por mi mejilla, no lo sé, lo único que sé es que nunca me habían dado una golpiza como la que recibí ese día, si salí de ahí con unos cuantos huesos rotos, eso fue un milagro.
— ¡Lo vas a matar! — escuché los gritos de Luka.
Su rostro estaba ensangrentado y se notaba que le costaba moverse, pero a pesar de todo se colocó en medio del mastodonte y de mí.
— ¡Filipp! Déjalo, ven conmigo. —dijo mientras se colgaba de su cuello.
El hombre pareció calmarse al escuchar su nombre. Luka logró que me soltara y colocó los robustos brazos alrededor de su cintura. El bratva acarició el cuerpo esbelto empujando al rubio encima de la cama, sosteniéndolo del cuello que ya comenzaba a ponerse morado, tomó su verga y empezó a masturbase cerca del rostro de Luka, el semen blanco no tardó en salir disparado, cayendo encima de la mejilla, los labios y el cuello de mi compañero, mezclándose con la sangre roja que salía de su nariz y su boca. El hombre de traje azul se limpió con un pañuelo, luego tomó un fajo de billetes de su bolsillo y lo tiró encima de la cama, mi cuerpo ya no me respondía y estaba a punto de perder la conciencia.
— Acá tienes tú dinero —fue lo último que escuché antes de que todo se ponga negro.

#15

Desperté un día después en el hospital, a mi lado se encontraba Dima
Por un tiempo pensé que Dimitry era un alma noble que había velado por mi bienestar. Meses después me enteré que se había quedado a mi lado por su incondicional amor a Luka, el rubio había sido quien se había encargado de llevarme al hospital y de pagar el tratamiento, él había sido quien se había quedado junto a mi todo ese tiempo, pero le había sido imposible afrontar mi mirada cuando me desperté, le había implorado a Dima que me cuidara y se había marchado antes de que fuera consciente de su presencia, se sentía contrariado en todos los sentidos, culpable por haber generado todo ese caos, y sorprendido por mi violencia y mi falta de escrúpulos, me amaba y a la vez estaba dolido por lo que le acababa de hacer, y tenía mucha razón en sentirse así, si aquel hombre de traje azul no me hubiera separado de él, Luka seguramente hubiera terminado muy mal o incluso hubiera muerto.
Los días siguientes fueron dolorosos, tenía dos costillas quebradas, la nariz rota y una fuerte contusión en el cráneo que me había dejado noqueado durante todo un día, además de una grave desgarro en los meniscos de la pierna derecha. Dima se encargó de cuidarme, alimentarme y quedarse a mi lado en silencio, soportando todos mis maltratos y mi mal humor. Estar postrado en una cama no era algo a lo que estaba acostumbrado y fue muy duro para mi estar así, mirando el techo sin poder moverme por el dolor. Lo que más odiaba era el tiempo que ese estado me daba para pensar en cosas indeseadas; el abandono, mi niñez, la violencia, la culpa que sentía por lo de Luka aunque jamás lo confesara, el vacío de una vida sin aspiraciones, la necesidad de un amor que nunca llegaría...
En ese tiempo se hizo muy recurrente el nombre de Aleksei en mi cabeza, como un fantasma que me atormentaba apenas le daba la oportunidad, quería verlo, necesitaba verlo y a la vez sabía que eso lo único que haría sería destruirme.
Las cosas se mantuvieron en un silencio pactado por unos días, pero no tardaron en estallar. Comenzaron a acecharme recuerdos de cuando era niño y habían comenzado los abusos por parte de Yegor, recordé lo asqueado y miserable que me sentía, recordaba el dolor y el miedo, el placer, el pánico, pero sobre todo la suciedad, lo sucio que me sentía, era imposible quitar esa sensación que había comenzado a invadirme. Cuando pude levantarme finalmente, lo primero que hice fue meterme a la bañera y comenzar a refregar mi cuerpo con una esponja con tanta fuerza que mis brazos terminaron todos arañados.
Dima me encontró en esa situación al llegar de donde quiera que hubiera estado.
— ¡¿Qué haces!? —gritó horrorizado, el agua de la bañera se había desbordado y estaba inundando el baño de agua roja, la herida de mi nariz se había abierto y chorreaba sangre, y una parte de mis brazos estaban en carne viva, sin embargo, yo no entendía su rostro espantado. Me levanté y me acerqué a él, abrazándolo, tocándolo con mi cuerpo mojado y manchándolo de sangre.
—Déjame cogerte…—dije mientras trataba de sacarle la ropa.
Él se quedó quieto, supongo que no quería hacer movimientos bruscos para no lastimarme, pero cuando le quise sacar su camiseta me detuvo.
—Basta Arian, debes recostarte y…
No lo dejé hablar, busqué su boca y la bese, nuestras lenguas enseguida sintieron el gusto metálico de la sangre. Lo acorralé contra la pared e intenté quitarle el pantalón pero él me tomó de los brazos y me apartó.
— ¡Aléjate de mí! —. Me gritó—No quiero que me toques, no quiero que me mires, ni que me dirijas la palabra ¡Te odio! Te odio por haberle hecho lo que le hiciste a Luka, por haberlo puesto en esa situación.
— ¡Luka se puso en esa situación él solo! Lo rechacé mil veces, le dije que estaba jugando con fuego y a él no le importó. Él me arrastró hasta ese hotel, el me pidió que lo cogiera mientras ese imbécil nos observaba.
— ¡Tú casi lo matas!
Sus palabras hicieron eco en la habitación, sus hermosos ojos azules se llenaron de lágrimas, le dolía, otra herida más que le hacía, que guardaría en su colección, otra decepción. Él había confiado en mí, me había pedido que lo ayudara con Luka, que lo salvara, y yo había hecho todo lo contrario, había herido a la persona que él más amaba, y lo peor de todo era que esa persona seguía preocupándose por mí más que por él.
Me senté sobre el piso del baño, el agua seguía desbordándose de la bañera y ya comenzaba a salirse del baño hacia el pasillo. Comencé a sentir el dolor, comencé a sentir lo débil que estaba.
— Creo que estoy enamorándome de ti…— solté con un hilo de voz, mi garganta se había cerrado por completo y apenas podía respirar.
Por un momento todo fue silencio excepto por el ruido del agua cayendo. Sabía que lo que esta confesión causaría, Dima se alejaría y eso era exactamente lo que quería lograr.

Los siguientes días no los recuerdo bien, fueron confusos. Dima me dio de tomar un coctel de calmantes y analgésicos que me dejó noqueado, solo escuchaba voces y veía sombras, me pareció incluso escuchar la voz de Luka, pero no estoy seguro. Además, me había atado a la cama para que no pudiera lastimarme así que tampoco podía moverme.
Cuando me desperté ya no había nadie, mi brazo y mi pecho, estaban vendados, noté que podía desplazarme con más facilidad, sin que cada movimiento fuera una agonía. Tenía hambre así que fui a la cocina, por suerte Dima me había dejado comida. Quise comer algo, pero apenas puse un bocado de comida en mi boca sentí arcadas y no pude comer más. Me quedé un rato mirando el techo en mi habitación, revisé algunas fotos viejas, me bañé y volví a intentar comer algo pero tampoco pude. Finalmente decidí que debía salir de ahí o me volvería loco, tomé unos calmantes, me coloqué mi abrigo y salí al exterior. Mis pasos me llevaron al único lugar al que sabía que podría dejar de pensar por un momento, puro sexo sin ningún tipo de preguntas o preocupaciones, sin tener que actuar o fingir algo que no era y ese era la casa de Yarik.

— ¿Luego de lo de la otra vez te atreves a aparecer en mi puerta? Debería abrirte el estómago y sacarte las tripas mientras te desangras. —fue lo primero que dijo.
— No sabía que tenías tanto miedo de lo que tu hermana pensara de ti. —le contesté, si creía que con esa amenaza podría deshacerse de mi estaba muy equivocado, no le tenía miedo, me necesitaba igual que yo a él.
El bratva me observó sorprendido por mi desfachatez y largó una carcajada.
— ¿Quién es? ¿Es el chico de la otra vez? — La voz de una mujer se escuchó y una cabecita rubia asomó detrás del cuerpo de Yarik, sus ojos brillaron cuando me vió, como si fuera una niña delante de un juguete nuevo —Estaba a punto de servir la cena ¿Te quedas a comer?
Acepté la invitación por el solo hecho de incomodar a Yarik y molestarlo. El bratva se sentó frente a mí con cara de poco amigos, no le gustaba esa situación, no le agradaba que su hermana se hubiera interesado en mi, tampoco le gustaba que yo estuviera cenando con ellos, a pesar de eso dejó que hiciera lo que quisiera sin ninguna protesta, me parecía cómico ver al gran Brigadir ser sometido a los caprichos de una joven apenas un par de años mayor que yo.
Anya, como le llamaba Yarik, era una joven muy inteligente y astuta, con una curiosidad insaciable. Apenas nos sentamos a comer comenzó a bombardearme con miles de preguntas sobre mi vida, mi familia, mi origen étnico, la escuela donde había estudiado, mi comida favorita. A cada una de las preguntas yo le contestaba con una mentira ingeniosa y algo pomposa, siempre fui bueno para esas cosas. Le hablé sobre como mis padres se habían conocidos en el teatro, mi madre una famosa actriz africana de películas independientes y mi padre un pobre director de cine ucraniano con mala suerte, ambos se habían mudado al campo cuando nací y yo había sido criado entre los cerdos hasta los 12 años cuando nos mudamos a Moscú. La mujer me observó sorprendida incluso comenzó a preguntarme cosas sobre mi madre africana, yo me las arreglé para decir unas palabras de algun dialecto africano que recordaba de mi infancia y ella quedó fascinada.
— Idiota ¿No vez que lo está inventando todo? ¡Es todo mentira! —dijo Yarik soltando una carcajada
Anya me observó incrédula, tratando de descifrar si era cierto que todo era mentira. Yo no afirmé ni negué nada dejando la duda en el aire.
— Seguro vive en una caja en la estación de tren —volvió a escupir Yarik riéndose nuevamente, la cerveza que había tomado estaba comenzando a hacer efecto y ya empezaba a arrastrar las palabras.
— ¿Es todo mentira? — preguntó la joven finalmente
Le respondí con otra pregunta — ¿Enserio quieres escuchar la verdad? —
Entonces ella calló, seguramente al darse cuenta que la verdad sería mucho más aburrida y ordinaria.

IndigoDolphins_73
Rango10 Nivel 49
hace 2 meses

Estas partes me resultan poco creíbles, un poco por la extraordinaria capacidad q tiene tu protagonista para propinar o aceptar golpes y recuperarse, y sobre todo porque no comprendo su motivación para actuar. Lo entendería si se hundiese cada vez más pero parece como si se limitase a volver sobre sus pasos. En fin, esperaré a ver cómo sigue

Egon_Blumer
Rango7 Nivel 30
hace 2 meses

@IndigoDolphins_73 el lapso que Arian estuvo en cama fue mas de un mes, lo que tarda en sanar mas o menos un hueso roto. Él no se recupera, pero no le importa su estado, tan perdido esta que prefiere soportar el dolor que quedarse solo en su casa pensando en su pasado. Arian es masoquista, le gusta el dolor y esta tan acostumbrado a este que no puede vivir sin el, es la única forma que encuentra para sentirse vivo. El tema con este personaje es que vuelve una y otra vez a hacer lo mismo, no tiene intenciones de salir de su bucle, mas bien son la gente que lo rodea la que trata de romper y sacarlo de ese estado.

IndigoDolphins_73
Rango10 Nivel 49
hace 2 meses

A lo que me refería @Egon_Blumer es que eso no se ve claro en la historia. No me parece reprochable que, como lectora, me obliguen a completar los huecos, es una señal de respeto y confianza, pero el escritor debe poner unas bases. Pero el relato no ha concluido, por eso decía que esperaría a ver como seguías desarrollando.

Egon_Blumer
Rango7 Nivel 30
hace 2 meses

@IndigoDolphins_73 anotado, voy a tenerlo en cuenta, gracias! Veremos que te parecen los siguientes capítulos. Espero que cumplan tus espectativas!


#16

Unos minutos más tarde Anya ya se encontraba dormida con su cabeza sobre el colchón que se encontraba en la sala.
El bratva se levantó con suavidad para no despertarla y me tomó del brazo.
— Ven…—me indicó mientras nos dirigíamos arriba.
Me soltó cuando llegamos a la entrada de su habitación. Se detuvo en frente de la cama y comenzó a desvestirse con tranquilidad, yo lo examiné de arriba a abajo comiéndolo con la mirada, ese hombre tenía un cuerpo espectacular, unos amplios y bien marcados pectorales y unos fuertes abductores, sus bíceps también estaban bastante desarrollados haciendo su presencia sumamente intimidante. Cuando terminó de quitarse toda la ropa se acostó en la cama boca arriba, con su verga dura apuntando el techo, me observó con aquellos ojos azules, desafiándome, esperándome. Esto era muy diferente a nuestros encuentros casi bestiales llenos de violencia y desenfreno, esto era calmo, calculado, tranquilo, medido, no estaba acostumbrado a eso, no era lo que había venido a buscar. Sin embargo, me desnudé, me subí sobre él y me introduje su miembro moviéndome con tortuosa lentitud mientras nos besábamos, quería que enloqueciera, que se descontrolara. Acaricié el vello rubio que crecía cerca de su ombligo, sus abdominales eran los únicos músculos que no estaban perfectamente definidos, subí mis manos hasta su pectorales observando los lunares que se marcaban en su cuello, estaba tratando de no dejarme llevar por el placer antes que él, hasta que Yarik me tomara de la cintura con desesperación y comenzara a embestirme deliciosamente.
Siempre fui un romántico, me gustaba coleccionar artículos del periódico sobre crímenes pasionales, me interesaba el extremo al que dos personas que supuestamente se aman pueden llegar. Cuando Yegor estaba en mi vida, imaginé muchas veces acabar con él con mis propias manos y luego matarme como una especie de retorcido ritual de pasión y romance. Cuando conocí a Yarik, él ocupó su lugar, muchas veces imaginé nuestro final como un final de película de bajo presupuesto. Mientras lo montaba como estaba haciendo en ese momento, tomaría el arma que tenía guardada en el cajón de su mesa de luz y le dispararía en la cabeza volándole los sesos para luego hacer los mismo conmigo. Eyaculé imaginándome su cabeza desparramada por toda la habitación pintándola de rojo y la satisfacción que eso me provocaría.


Me levanté en la madrugada, apenas pude llegar al baño antes de vomitar todo lo que había cenado. No me atreví a observarme al espejo, mi cuerpo de complexión equilibrada y aspecto fuerte se estaba deteriorando rápidamente, había aumentado un poco de peso ahora que había estado viviendo con Dima, pero esa mejora ya había vuelto a desaparecer casi por completo. Bajé a la cocina por agua, necesitaba sacarme ese gusto horrible de mi boca, me sorprendió encontrarme a Anya allí, la rubia me examinó mientras tomaba un poco de agua de una botella.
— ¿Qué te paso en la nariz? ¿Por qué tienes el pecho vendado? — me preguntó sin ningún reparo
Parecía que la rubia había estado reprimiendo esa pregunta toda la cena. Todavía mi aspecto daba bastante lastima, Yarik ya me había viso así varias veces debido a las golpizas que recibía o que él mismo me proporcionaba, por eso no se había ni molestado en preguntarme, sabía lo problemático que era, pero para Anya seguramente verme así le debió haber llamado la atención desde el inicio, aunque no había dicho nada por miedo a meterse en un tema que pudiera generar tensión con su hermano.

— Me dieron una golpiza —le contesté acercándome un poco, ella enseguida retrocedió
— ¿Qué hiciste? —
— Me cogí a la putita de un Bratva y lo golpee hasta casi matarlo
Anya se encogió sobre sí misma y me observó con miedo, como si se hubiera dado cuenta por primera vez que yo no era un niño idiota que le gustaba jugar a la mafia, sino que era parte de esos hombres peligrosos y retorcidos con lo que su hermano se juntaba y que ella detestaba.
— No estás diciendo la verdad ¿Cierto?
— Me da lo mismo lo que pienses.
Tomé la botella de sus manos y bebí de su pico.
— ¿Por qué tus manos están todas lastimadas? —le pregunté, ahora era mi turno de hacer las preguntas incomodas
— Porque sufro de misofobia…
— ¿Qué?
— Es el miedo a la suciedad y los gérmenes. Es un trastorno obsesivo-compulsivo, los que la padecemos tendemos a lavarnos las manos constantemente y eso hace que se me lastimen mucho las manos, especialmente con este frió. Tampoco nos gusta que invadan nuestro espacio personal… —dijo esto último haciendo énfasis en la poca distancia que nos separaba.
Yo la observé con una sonrisa burlona, aunque en el fondo me sentí identificado con esa sensación de pánico a la suciedad, lo había vivido no hacía más de unos días cuando me había lastimado los brazos tratando de quitarme esa sensación de encima. Volví a tomar del pico de la botella tratando de deshacer el nudo que se había creado en mi garganta.
— ¿Siempre te quedas a dormir cuando vienes? —me preguntó Anya cambiando de tema.
— No, es la primera vez, creo que a Yarik se le subió el alcohol a la cabeza esta noche.
— No lo sé, él no es así. Pero tú… contigo es diferente.
Su comentario me enfureció, no quería pensar en lo que aquel cambio en la actitud de Yarik significaba, abría puertas que prefería que se mantuvieran cerradas.
— ¿Sabes por qué es diferente conmigo? Por qué yo soy con quien libera todas sus frustraciones ¿Cómo piensas que tu hermano puede ser una persona decente después de toda la mierda que pasó? ¿Cómo crees que él es capaz de relacionarse contigo de una forma tan normal y coherente? ¡Todo es por mí, yo recibo toda su mierda!

Anya me dirigió una mirada de terror, y comenzó a temblar como un animal atemorizado, quiso esquivarme y salir corriendo pero yo le cerré el paso. Ella retrocedió antes de chocar contra mi cuerpo observándome suplicante.
— Si piensas que te tengo pena por tu estúpida enfermedad estás muy equivocada niña idiota. No te conviene jugar conmigo o te vas a quemar.

Los ojos verdes me observaron con una mezcla de temor y admiración.
— Yo tampoco te tengo pena ni miedo —dijo con seguridad a pesar de que su cuerpo frágil le daba el aspecto de una ramita a punto de quebrarse — Si te acercas un paso más gritaré, Yarik vendrá y te desollará vivo.

La miré sorprendido, sus ojos mostraban una fiereza similar a la de Yarik. No pude evitar reír, Anya había demostrado ser digna hermana del Bratva. Una sonrisa siniestra apareció en sus labios, enseguida supe que esa mujer era igual de temible que él.

#17

A partir de ese momento, Anya y yo desarrollamos una particular amistad. Yo la veía como una compañía singular, nunca dejaba de sorprenderme sus extravagancias y era una forma también, de ir a ver a Yarik las veces que quisiera sin tener que depender del humor o disponibilidad del Bratva, también una forma de no volver a la pocilga que era mi apartamento, y de no ver a Luka o a Dima o a la casera que ya comenzaba a fastidiarme para que le pague los meses que le debía. Para Anya, en cambio, resulté ser un campo de estudio, un animal de laboratorio al que podía investigar para su proyecto de ciencia, algo que no me molestaba en absoluto.
A pesar de que ya llevo varias páginas escribiendo sobre ella, nunca mencioné su historia. Ella y Yarik provenían ambos de una familia trabajadora de los suburbios, su madre conoció a su esposo en una fábrica textil dónde ambos trabajaban, ella enseguida quedó embarazada y la familia exigió que se casaran. El hombre resultó ser un patán, mujeriego y apostador, y no tardó en dejar a su familia en la ruina y marcharse con una mujer, una prostituta de San Petesburgo. Apenas tuvo la suficiente edad, Yarik se convirtió en el sostén de su familia, debido a la presión y hostigamiento que recibía por parte de los acreedores, no le quedó más remedio que convertirse en el Brigadir de un Bratva al que su padre le debía dinero, Giyena Záitsev. A cambio de su lealtad, el hombre pagó todas las deudas de su familia y las cosas se mantuvieron calmas por un tiempo.
Anna Mijáilovicha Vorobiov fue una niña problemática desde pequeña, detestaba a su madre, una mujer ignorante y sin estudios que no podía consigo misma. Se había propuesto ser todo lo opuesto a esa mujer infeliz y desgraciada, y desde chica le hizo la vida imposible. Había desarrollado una pasión enferma por la las novelas, la poesía, el cine y las artes, era una soñadora, todo el día metida en su música y sus libros, por esa razón le costaba diferenciar la realidad de una mala película de terror. Yarik se encargó de darle los mejores estudios que podía costear cuando ella le comentó que quería estudiar cine y todo pareció tomar un rumbo, hasta que Anya tuvo que dejar la universidad por problemas de salud, era imposible para ella estar en un ambiente con muchas personas sin que tuviera ataques de pánico y pensara que se estaba por morir. Las cosas con su madre tampoco estaban bien, Anya y ella peleaban constantemente y su humor se había vuelto inestable e impredecible, habían llegado a tal punto el malestar, que había decidido escaparse e irse a vivir con su hermano. Yarik por supuesto, intervino dispuesto a devolver a su hermana a la casa de su madre, el lugar donde estaban no era adecuado para tener a una joven como ella, pero luego de una extensa charla con su madre que ya no sabía qué hacer con la niña, y las suplicas de Anya, no tuvo más remedio que aceptar que viviera con él.
Anya fue quien me hizo conocer el cine de culto y el underground, amaba esa clase de películas, especialmente si estaban grabadas en blanco y negro. Recuerdo terminar de ver “Pink Flamingos" de John Watrts y pensar que no podría vovler a comer en todo lo que restaba de mi existencia. Le gustaba escribir guiones y novelas, y le encantaba usarme a mí de inspiración, me describía como el inmejorable protagonista de una película de género trash debido a mi compleja personalidad libertina, inmoral y ególatra, el perfecto antihéroe. Estaba deseosa por escribir el guión de una pelicula usándome a mí como perfil para su protagonista y por eso tenía tanto interés en comprenderme y absorber cualquier información sobre mi personalidad. Lamentablemente su estado mental era frágil y cambiante, y como había momentos en los que brillaba como una luz radiante con sus extravagantes atuendos, ideando tramas para sus novelas y contándome mil ideas sobre películas que quería realizar, también había momentos de oscuridad, donde ella se apagaba y sus únicas palabras se reducían a monosílabos, se encerraba en su cuarto y no salía por semanas.
Yarik al principio pareció reacio a aceptar mi amistad con Anya, no me veía como una buena influencia e incluso parecía tener miedo de mi temperamento tan impredecible, pero su hermana se veía tan feliz cuando me veía que terminó aceptándolo y las noches en que me quedaba a dormir con él se hicieron más frecuentes. Seguía siendo igual de bruto y violento que siempre, pero algo diferente había en su trato, un sutil cambio cuando creía que no lo observaba, una caricia con ternura, un beso demasiado suave, una mirada dulce. No me gustaba, no me gustaba en absolutos, quise mirar para otro lado, quise realmente no verlo pero llego el día en que esa tensa línea se hizo imposible de ignorar.
Ese día aparecí en lo de Yarik por la medianoche, Anya estaba de un humor sombrío y se había encerrado en su cuarto desde temprano, y el Bratva se encontraba en la sala hablando con uno de sus subordinados que enseguida reconocí, era el exótico hombre de ojos celestes casi transparentes, me sonrió con interés apenas me vió, me senté a su lado y no tardó en pegarse a mí, rodeándome con sus brazos.
Cuando nos comenzamos a besar Yarik intervino.
— Sasha, no me gusta que comiences tu asunto aquí.
El hombre lo observó sorprendido, Yarik no era de incomodarse por ese tipo de cosas, habían sido incontables las veces que habían hecho reuniones con prostitutas en ese lugar. Hacía unos meses habíamos compartido una interesante sesión de sexo los tres y eso no pareció importarle. Aunque también era entendible que no hubiera querido comenzar algo así con Anya durmiendo en el cuarto del piso superior.
— Entiendo —dijo Sasha volviendo a mirarme — ¿Vienes conmigo?
Yo asentí, quería alejarme de Yarik, quería dejar en claro hasta qué punto yo le pertenecía, quería probar que yo estaba en un error y que lo único que sentía el Bratva hacia mí persona, era deseo. Pero Yarik no me dejó.
— Hoy se queda conmigo…— dijo colocando su mano sobre mi hombro, estaba serio y sus ojos tenían una mirada que daba miedo.
Sasha sonrió aunque se notaba que estaba intimidado por el brigadir.
—Bien, me voy entonces.
Yarik lo acompañó a la salida, escuché que hablaban pero no pude escuchar más que murmullos. El rubio volvió enseguida, se acercó y comenzó a besarme, proclamándome como suyo, tratando de borrar la esencia de Sasha de mi cuerpo. Me tomó de la cintura y me llevó hasta la habitación, dejó la sombra de sus dedos sobre mi piel y mordió mi cuerpo dejándome marcas que harían saber al resto que yo le pertenecía. Me desnudó y me subió arriba suyo dirigiéndome, presionándome contra su verga, yo seguí su jueguito besándolo y gimiendo teatralmente, y mientras él parecía perder el control por el deseo, yo le apunté con el arma que guardaba en el cajón del velador a un costado de su cama. Yarik abrió los ojos al sentir la boca del cañón sobre su sien, una mueca parecida a una sonrisa apareció en su rostro.
— ¿Quieres matarme? — fue una pregunta pero parecía ya saber la respuesta
— Solo quiero que me respondas algo ¿Qué es lo que sientes por mí?
El rubio me observó incrédulo antes de largar una carcajada
— ¿Enserio piensas que estoy enamorado de ti? ¿Crees que me importas? Eres solo un putita con la que cojo y la mascota de mi hermana. No eres más que mierda con la que me gusta jugar.
Era cruel, demasiado cruel como para que no le interesara, estaba esforzándose por parecer un hombre frío y calculador, un vano esfuerzo para ocultar algo que ambos sabíamos. Para él era absurdo estar enamorado de un hombre, de solo pensarlo le daba nauseas.
Dejé de apuntarlo con el arma, en vez de eso, dirigí el cañón hacia mi sien. El rostro de Yarik se desfiguró.
— ¿Qué haces?
Quité el seguro del arma y cerré los ojos, y no pensé más, mi mente se anuló por completo. Se escuchó el sonido del disparo pero no sentí nada hasta que unas gotas de sangre comenzaron a deslizarse por mi cuello. Abrí los ojos, Yarik sostenía mis brazos sobre mi cabeza, había logrado mover mis manos en el instante justo y la bala solo había rozado una parte de mi oreja lastimándola. El rubio me observaba con los ojos bien abiertos, su respiración estaba agitada, me tomó entre sus brazos, era como si una revelación hubiera surgido en su interior, sus ojos brillaban fascinados. Sentí sus labios sobre los míos, acariciándolos con una dulzura impropia en él. Su verga todavía seguía en mi interior, sentí como se volvía a agrandar y me llenaba por completo moviéndose dentro mío con lentitud.
La puerta se abrió repentinamente, Anya apareció con expresión atemorizada.
— ¡Yarik! ¡¿Qué sucedió?!—
Enseguida sus mejillas se sonrojaron al vernos a los dos desnudos y en una situación tan comprometedora. Yo seguía manteniendo el arma en mi mano, apuntando al pecho del bratva. Solté la pistola y me quité de arriba del rubio. Tomé mi ropa y salí de la habitación pasando por delante de mi amiga. Me coloqué mis pantalones y salí de allí lo más rápido que pude. Estaba huyendo, huía de esos ojos, de esos besos que habían hablado con una verdad que no queríamos reconocer.

#18

Una mano me detuvo en la puerta, era Anya, me había seguido.
—Arian… vayamos a tomar algo.
Yo no le respondí, me quedé observándola sin saber qué hacer, hasta que finalmente la seguí. Terminamos en un bar cerca de la zona roja. Llegamos a la barra y nos sentamos
— ¿Qué sucedió? —me preguntó la rubia mientras colocaba un pañuelo encima del taburete para poder sentarse
— No quiero hablar de eso —le contesté mientras llamaba al camarero para que nos sirviera unos tragos.
Fue una sorpresa encontrar un rostro conocido, no había duda de que era él, lo recordaba por que casi le había arrancado los testículos cuando todavía íbamos juntos al instituto, sus rasgos eran un poco más maduros y claramente su cuerpo era más atlético de lo que recordaba. Supe enseguida que me había reconocido porque sus ojos me esquivaron y se acomodó el cuello de su camisa nervioso.
— ¿Qué quieren tomar?
— Dos cervezas —dije sonriéndole.
Enseguida el muchacho colocó dos vasos y dos botellas delante de nosotros y se fue a hacer sus cosas.
— ¿Lo conoces? — me preguntó Anya al notar mi interés. Tomó una toallita desinfectante y limpió su vaso dejándolo reluciente.
— Si, estudiábamos juntos. — le dije mientras servía la cerveza en nuestros vasos.
— ¿Te lo vas a tirar?
— Creo que ya estas entendiendo como funciona mi cabeza…
— Pero… ¿Y mi hermano?
Me volví a mirarla — ¿Qué pasa con él? — le pregunté mientras tomaba un poco de mi bebida
— ¡Arian! ¿Piensas que no me he dado cuenta todavía? Yarik te quiere…
Por primera vez la miré a los ojos.
— Escucha niña, no hay forma de que lo mío con tu hermano pase a algo más serio que lo que tenemos. Una cosas es acostarse con un puto de vez en cuando, y otra muy diferente es tener una relación con alguien como yo. No tengo, digamos, la mejor reputación dentro del círculo de los Bratva, si Yarik comenzara a salir conmigo, si alguien se enterara de eso, sería el fin, nadie tendría respeto por él, se convertiría en un naipe de corazones como lo soy yo. Por más fuerte que sea, un rumor así podría destrozarlo, incluso Giyena tiene cuidado de no mezclar las cosas a pesar de todo el poder que posee.

Anya me observó sorprendida, creo que nunca me vió como una persona con una mentalidad fría, más bien parecía alguien que hacía y decía lo primero que se le ocurría. A pesar de mis apariencias, yo pensaba muy bien las cosas, tal vez demasiado.
Vi pasar a mi ex compañero por mi costado, acababa de salir de la barra y se dirigía a los baños con un bolso, seguramente había terminado su turno. Saqué unos billetes de mi pantalón y los coloqué encima de la barra.
— Tendrás que irte sola — le dije.
Vi como el ceño de Anya se fruncía y algunos insultos salían de su boca, yo la ignoré y salí de allí con pasos rápidos. Di la vuelta y entré al callejón que se encontraba al lado del bar, llegué justo a tiempo para ver como el barman se despedía de sus compañeros de trabajo. Sus ojos me observaron sorprendidos cuando me encontró esperándolo apoyado contra la pared del callejón, pero pasó a mi lado ignorándome por completo.
— ¡Gosha! —le dije como si fuéramos amigo íntimos. — Soy Arian ¿No te acuerdas de mí?
Se hizo el desentendido, pero giró para observarme nuevamente —No sé quién eres…
— Fuimos compañeros del instituto, casi te arranco las pelotas cuando te burlaste de mi —le dije esas palabras como si hubiera sido un acontecimiento más en cualquier día de un estudiante.
Su rostro dejó de tener esa expresión desinteresada, su ceño se frunció y su mirada se fijó finalmente en mí.
— Ah… ¿Qué quieres? —me dijo extrañado, observó para todos lados, como buscando ver si estaba acompañado de Anya.
— Quiero que me cojas
Sus ojos marrones se abrieron por completo, nunca debió esperarse que le dijera algo así.
— No me gusta chupar pijas —me respondió con una mueca de asco.
— Si pruebas la mía seguramente te gustará…
Su ceño se frunció nuevamente mostrando una expresión furiosa, me tomó del cuello y golpeó mi cuerpo contra la pared.
— Aléjate de mí idiota
Apretó un poco más mi cuello y finalmente me soltó, saliendo con pasos rápidos del callejón.

Una sonrisa se formó en mis labios, no era la primera vez que trataba con un hetero homofóbico como él, la mayorías de los Bratva con los que me juntaba eran así, sabía cómo pensaban y sabía qué hacer para que se interesaran en mí. Lo principal era ser paciente, en algún momento su máscara de macho alfa se caería, era cuestión de tiempo para que sus falsos preceptos construidos sobre pilares frágiles de ideología barata comenzaran a desmoronarse.

#19

Comencé a ir al bar todos los días a la hora en que era su turno, algunas veces solo me quedaba ahí y trataba de darle charla, siempre me contestaba cortante y me esquivaba. Un par de veces terminé ligando con un tipo que frecuentaba el bar, trataba de besarlo en algún lugar donde Gueorguiy pudiera verme, lo sorprendí observándome con disimulo mientras las manos de un desconocido acariciaban mis muslos o tocaba disimuladamente mi miembro. No era un lugar que pudiera hacer mucho tampoco, no concurría mucha gente del ambiente gay, más bien era el típico bar hetero donde te ibas a tomar una buena cerveza con tus amigos y a escuchar música, algo que hacer en una previa antes de ir a la discoteca o cuando salías de estar con alguna prostituta de la zona. En esos momentos agradecí mis dotes actorales, y mi facilidad para persuadir y lograr lo que quería, también debía agradecer mi masculinidad, no era el típico perfil de gay afeminado, por lo que era más fácil acercarme y hablar con desconocidos, luego de un par de copas la hombría de cualquier hombre comenzaba desquebrajarse y la lujuria tomaba su lugar, tal vez luego en la mañana, si se acordaban lo que había pasado, terminarían arrepintiéndose, pero ya ese no era problema mío.
Una noche lo esperé en el callejón, su rostro se transformó cuando me vio, estaba furioso.
— ¡Deja de molestarme enfermo de mierda! ¿No vez que no quiero nada contigo? —.
Se acercó hasta donde me encontraba, su mano golpeó la pared tratando de atemorizarme, pobre idiota si pensaba que eso me iba a dar miedo, en comparación con las golpizas que recibía por parte de Yarik y sus subordinados, lo que este imbécil quería hacer era una juego de niños. Lo tomé de su nuca empujando su rostro contra el mío, robándole un beso.
— ¡Hijo de puta! —gritó para luego encajarme su puñetazo en mi mejilla.
Levanté la mirada nuevamente, se veía hermoso con su rostro enrojecido, una mezcla de furia, frustración y vergüenza, y tal vez algo de excitación…
Lo volví a tomar del cuello abalanzándome sobre él, le comí la boca mientras me abrazaba a su cuerpo, sentí la dureza debajo de su pantalón, estaba igual de excitado que yo. Sentí como sus brazos me empujaban queriendo deshacerse de mi agarre, pero poco a poco fue perdiendo fuerza, fue cansándose, una de mis manos bajó por su cintura y acarició su miembro por encima de su pantalón, largó un jadeó. Yo aproveché para profundizar nuestro beso, y de a poco comenzó a responderme. Cuando nuestros labios se separaron yo ya había desabotonado su jean y había comenzado a masturbarlo.
— No… —fue lo único que alcanzó a decir entre jadeos.
Yo sonreí y dejé de masturbarlo, lo volví a besar y acerqué mi cuerpo nuevamente frotando nuestras entrepiernas.
—No… —volvió a decir, entonces me separé de él por completo. Mi ex compañero me observó desconcertado, tuve que contenerme para no largar una carcajada, todo en su rostro decía que quería continuar.
Me di vuelta y me desabotoné los pantalones dejando mis muslos al aire, me levanté un poco el suéter que llevaba puesto para que pudiera ver una parte de mi cintura. Eran las 4 de la mañana y había comenzado a nevar, no había nadie en la calle, solo nosotros y la luz de un farol que iluminaba tenuemente el callejón. Era el momento de decidir de Gosha, podía cerrarse los pantalones y dejarme ahí en el callejón con un terrible dolor de huevos o podía terminar lo que habíamos comenzado.
—Cógeme… — salió de mis labios, hubiera querido que saliera con un tono imperativo y demandante, pero a mi pesar sonó más como una súplica, quería sentir su calor, quería tenerlo dentro mío, mi cuerpo comenzaba a padecer el frio a mi alrededor.
Por unos segundos no hubo respuesta, casi me giro a ver si todavía seguía detrás mío, pero entonces sentí el calor de sus manos en mi cintura y su verga comenzó a refregarse contra mis muslos.
—Métemela… métemela ya…—le pedí moviéndome contra él.
Gosha no se hizo rogar y enseguida sentí su glande en mi entrada, el familiar ardor y esa sensación electrizante no tardaron en aparecer. Brusco, doloroso y violento, sentía el agarre de sus manos en mi cabello que tiraban mi cabeza hacia atrás, sus dientes comiendo mi cuello, sus dedos arañando mi vientre.
— Más… quiero más — le demandé.
Dos embestidas más fueron lo que faltó para sentir como su semen comenzaba a llenar mi interior, sentí como su miembro salía de mí y el líquido comenzaba a chorrear por mis piernas. Me lamenté unos segundo no tener algo con que limpiarme, mi pantalón y mi ropa interior seguramente terminarían manchados. Tampoco habíamos usado preservativo.
— Me gustas…— le susurré a Gosha al oído para luego dejarle un beso en la mejilla e irme rápidamente, era conveniente dejarlo solo antes de que se recuperara y quisiera matarme.

Finalmente había logrado lo que quería, resquebrajar el ego y la confianza de Gosha y convertirlo en un cachorrito indefenso y perdido. Pero había una última cosa que hacer antes de que lo tuviera comiendo de mi mano y eso era hacer crecer sus dudas e impacientarlo. Si el pobre mesero pensaba que yo estaba muerto por él, se equivocaba por completo, y se lo demostraría de una forma muy simple, desapareciendo de su vida. Quería que se sintiera usado y sucio, que sufriera mi ausencia y lo carcomieran las dudas.
Dejé de ir al bar y borré mis rastros por completo. Para no aburrirme en esos días y cometer el error de volver al bar, invité a Anya a quedarse en mi casa. No contaba con nadie más, Dima no me hablaba y las cosas habían quedado demasiado raras con Yarik para presentarme así como si nada en su casa, y con Luka, bueno, no lo hubiera culpado si el rubio me odiaba por el resto de su vida, tendría varias razones para hacerlo.
Anya aceptó sin dudarlo, era una estupenda oportunidad para poder estudiar a su ratón de laboratorio, o sea yo, en su hábitat natural. Llegó ese mismo día con una especie de traje de neopreno, unos guantes de goma y un barbijo, llevaba un balde repleto de productos de limpieza y mucha legía y se encargó de dejar el lugar impecable. Por supuesto que no opuse resistencia, mi casa era un asco y la limpieza que había hecho me había significado un gran beneficio.
Dentro de todo nos llevábamos bien, Anya era sumamente organizada y mandataria, siempre se hacía lo que quería y yo la dejaba ser, no me importaba mientras me mantuviera ocupado. Había traído su computadora portatil y me había obligado a ver películas con ella, creo que nunca vi tantas películas de bajo presupuesto en un fin de semana, mi amiga era capaz de ver diez seguidas sin parar, una tras otra. Mientras las veía tenía a su lado un cuaderno donde apuntaba sus opiniones y comentarios sobre la película, e ideas, técnicas y narrativas que podía utilizas más adelante.

En esos días tuve una visita inesperada, estábamos sentado en el piso (ya que en mi casa no había muebles, solo una cocina vieja y un colchón) comiendo pasta que Anya había preparado, cuando la puerta se abrió. La figura de Dima se hizo presente ante mí, llevaba sus acostumbradas cadenas colgadas en su cuello y sus pulseras de tachas, una polera negra ajustada que dejaba entrever su delgadez y unos pantalones también negros, bien pegados al cuerpo, se veía precioso. Acomodó su cabello negro que tapaba la cicatriz de su rostro y fijó sus hermosos ojos azules en mí.
—Hola —dijo con timidez, una actitud que se esfumó apenas se dio cuenta de la presencia de una tercera persona, una rubia muy linda que me acompañaba.
—Lo siento, no sabía que estabas ocupado… —dijo con una voz un poco más agresiva mientras entraba a la sala.
—No lo estoy, estamos comiendo ¿Quieres? —le ofrecí acercándole mi plato.
—No gracias, ya me iba, solo vine a traerte la llave de tu casa. Tendría que haberlas dejado en un sobre y haberlo pasado debajo de la puerta, no pensé que te fuera a interrumpir.
— ¿Qué? ¿Estás celoso? —Le pregunté tratando de contener una risa burlona mientras veía como el pelinegro dejaba las llaves encima de la cocina —No es lo que tú crees…
— No me importan tus asuntos Arian… —el tono que usó demostraba todo lo contrario —Puedes hacer lo que quieras y acostarte con quien quieras…—
Me levanté antes de que llegara a la puerta —No te vayas… quédate —le pedí
Dima me observó sorprendido, incluso yo estaba sorprendido por mi reacción ¿Por qué me interesaba tanto que Dima no se fuera? Imaginé a Anya detrás de mí tratando de no largar una carcajada al verme tan desesperado.
El pelinegro dudó por un instante, pero luego me apartó y siguió su camino
— ¿Cómo esta Luka? — dije sin pensarlo, no sabía si de verdad quería saber algo de Luka pero al menos Dima se había detenido y había girado a verme, su rostro se tornó todavía más triste de lo que era normalmente. Esas palabras había sido lo único que habían logrado romper su escudo, Luka seguía siendo lo más importante en la vida del pelinegro.
— No lo sé, hace varias semanas que no lo veo… —pudo pronunciar tratando de contener el llanto
Lo hice sentarse en el piso y le traje agua.
— Ella es Anya, la hermana de Yarik. —le presenté a mi amiga que lo volvió a saludar con gusto.
Si Dima había sentido rechazo por mi compañera, ahora estaba completamente disgustado, la mirada de odio que le dirigió no paso desapercibida para ninguno de nosotros, no le había hecho ninguna gracia tener al familiar de un Bratva frente suyo, Dima odiaba a los Bratva y no era para menos, él y sus amigos habían sido torturados por dos de ellos.

#20

— Arian y yo no tenemos un romance ni nada por el estilo — aclaró Anya al ver el rostro de disgusto de Dima —No podría… tengo fobia a los microbios y esas cosas, vomitaría del asco si llegara a tocarlo. —dijo la rubia largando una risita nerviosa
— Dime… ¿Qué sucedió con Luka? ¿Por qué desapareció? —dije dando por terminada la explicación de Anya, no quería que la charla derivara en algún malentendido que hiciera que Dima quisiera irse.
— Todo es por Filipp, el mastodonte que te mando al hospital aquella vez, parece que ha enredado a Luka de alguna manera y el idiota ha caído a sus pies como un perrito herido. Se lo llevó a vivir con él a su hotel y hace lo que quiere con él, no lo deja hablar con nadie y lo tiene como su «asistente personal ». Si al menos supiera que está con alguien que realmente le aprecia lo dejaría en paz, pero no confío en ese hombre, es un… Bratva.
Instintivamente observé a Anya, no le había hecho gracia ese comentario pero no podía desmentir que los Bratva eran «gente complicada».
Tomé un trago de la botella de cerveza que tenía delante mío y examiné los hermosos ojos de Dima. El pelinegro me observaba esperando mi reacción ¿Qué esperaba? ¿Acaso pensaba que arriesgaría mi trasero para rescatar a Luka? Ni siquiera sabía si Luka quería ser rescatado, apenas podía conmigo mismo como para lidiar con los problemas de ese puto idiota.
— Luka eligió su destino, no hay nada que podamos hacer… —dije finalmente
Los ojos de Dima me miraron con odio, su frente se frunció y sus labios se torcieron en un una mueca reprobatoria.
— Debí haberme imaginado una respuesta así de tu parte —dijo mientras se levantaba —soy un idiota.
Enseguida me levanté y lo tomé entre mis brazos abrazándolo contra mi cuerpo.
—Suéltame— me gritó tratando de apartarme.
— Quédate conmigo —le pedí —Luka no vale la pena, puedes quedarte conmigo, yo te daré mucho más de lo que Luka puede ofrecerte.
Tome su rostro entre mis manos y acaricié sus labios con los míos, el me respondió con ansias ¡Cómo había extrañado sus besos! Mi cuerpo se estremeció por completo con esas solas caricias. Inmediatamente sentí sus manos empujándome, nuestros labios se separaron, levante la mirada y me encontré con sus ojos azules que parecían a punto de llorar, me observaba con una mirada acusatoria.
— Eres de lo peor Arian.
— Tú eres quien me está pidiendo que me enfrente al hombre que me fracturó las costillas y me rompió la nariz, para «rescatar» al putito del que estás enamorado.
— ¡¿Crees que para mí es fácil pedirte esto?! ¡Luka te adora con locura! Para mi es una tortura pensar en ustedes dos juntos.
— ¡Me matarían Dimitry! ¿Ese es tu plan? ¿Qué me muera para así no tener competir conmigo por Luka?
Dima negó con la cabeza y me mi miró con desilusión.
— Siempre te ves tan confiado Arian, no tienes dudas, eres directo e impetuoso… ¡Cómo desearía tener un mínimo de tu confianza, de tu fuerza! Lamentablemente solo la usas para autodestruirte, es una triste fachada que esconde tu estupidez y tus deseos de morir lentamente.

Yo me quedé mudo, no había nada que pudiera decir, todo lo que había dicho era cierto, pero eso no me comprometía a arriesgar mi vida para «salvar» a Luka, no importaba si le debía algo, el rubio se había buscado su suerte.
— Si no tienes nada que decir, me voy… —dijo Dima luego de unos segundos
— Sabes… deberías dejar de ser tan patético e inútil y tratar de hacer algo por ti mismo alguna vez en tu vida. Luka no quieren que lo rescaten, tú eres el del problema, tú eres un maldito loco acosador que no lo deja en paz y me quieres arrastrar a mí en tu locura.

Fui cruel e injusto con él, a pesar de todo Dima me había estado cuidando todo el tiempo que estuve herido e incluso había puesto dinero de su bolsillo para evitar que me desalojaran de mi hogar. Él se había portado realmente bien conmigo y yo lo único que había hecho era insultarlo y menospreciarlo y darle la espalda cuando él me necesitaba.

Cuando se fue giré para ver a Anya, había olvidado la presencia de mi querida amiga por un momento, ella se encontraba todavía en el mismo lugar, sus ojos estaban bien abiertos y me observaba con una sonrisa en sus labios.
— Vaya… ¿En serio? ¿Ese flacucho te gusta más que mi hermano? Realmente tienes mal gusto para los hombres.
Yo la miré con cara de pocos amigos y no le contesté.
— ¿Y quién es ese tal Luka? —dijo tratando de esconder una sonrisita pícara —Parece que es el causante de sus problemas amorosos.
— Luka es la putita de Giyena, te hablé de él. Es la putita que me cogí y casi mato a golpes…
— ¿Fue por celos? —me preguntó Anya con extrema curiosidad, si hubiera podido en ese momento hubiera sacado su libreta y su pluma y hubiera anotado todo lo que estaba diciendo en papel, como si fuera una psicóloga atendiendo un paciente.
Yo largué una carcajada
—Fue algo mucho más complejo que celos…
La rubia volvió a preguntarme por mis razones, pero sin obtener una respuesta concreta de mi parte.
— ¿Y qué harás ahora? ¿Enserio dejarás que se vaya?
— Es lo mejor por ahora. —contesté sin mucha seguridad
No dije nada más y me fui a dormir, no quería involucrarme en la locura de Dimitry, tenía cosas más importantes que hacer, como por ejemplo, destrozar la vida de Gosha.


Levanté la mirada cuando escuché la puerta del bar que daba al callejón abrirse, ahí estaban esos ojos marrones observándome desconcertados, no parecía feliz de verme.
— Maldito imbécil
— Yo también te extrañé —le contesté de forma irónica
Gueorguiy se abalanzó sobre mí acorralándome contra la pared.
— ¿Te gusta jugar conmigo pedazo de mierda? ¡Te voy a matar! —me gritó, sus ojos eran amenazantes, realmente estaba furioso.
Yo tomé su mentón y lo acerqué para encajarle un beso.
—Te gusta que juegue contigo —le contesté mientras mis manos se metían debajo de su camiseta, enseguida sentí la calidez de su cuerpo que contrastaba con el frío de mi piel. Gosha largó un pequeño quejido pero el brillo en sus ojos demostraba que le excitaba esa diferencia de temperatura.
Volví a acariciar mis labios con los suyos, esta vez me respondió con más ansias de las que pensé. Unos minutos más tarde nuestros cuerpos se encontraban enredados, sus manos manoseaban mi trasero sin timidez, mientras las mías acariciaban su miembro.
— Vamos a mi casa… —dije en un jadeo, esa noche Anya había ido a cenar a lo de Yarik, tenía el cuarto para mí solo.
Gosha me observó, parecía a punto de llorar, pero a pesar de todo asintió. Lo tomé de la mano y pedí un taxi, por supuesto él lo pagaría, yo no tenía dinero.
En todo el viaje no nos quitamos las manos de encima, tratando de explorar cada rincón de nuestro cuerpo que la ropa nos permitía, el taxista pareció disgustado por nuestro espectáculo pero no dijo nada, a esa hora de la noche debía ver cosas peores. Apenas cerré la puerta de mi apartamento, me saqué la ropa y ayude a mi ex compañero a liberarse de las suyas. Enseguida nos tiramos al colchón fundiéndonos el uno con el otro.
La puerta se abrió un rato después, y un grito de sorpresa resonó en la habitación cuando la luz del pasillo se filtró dentro.
—¡Arian! ¡Por Dios!— grito Anya completamente avergonzada. —¡¿Por qué siempre te tengo que ver en estos momentos tan vergonzosos?!— dijo para luego taparse los ojos, nos encontrábamos Gosha y yo, ambos desnudos en una posición bastante comprometedora.
Yo le sonreí.
—¿Quieres unírtenos?— le pregunte para luego besar los labios de Gosha, quien estaba igual de avergonzado que Anya.
— No, gracias. Voy a ir al baño a refregarme los ojos y todo mi cuerpo con legía —me contestó para luego desaparecer detrás de la puerta del baño.


Si tuviera que elegir las palabras para describir el sexo con Gueorguiy los describiría como soso y desabrido. Salvo la primera vez que estuvimos, el sexo con él siempre fue lento y suave, algo que odiaba. A pesar de eso, cada vez que estábamos juntos, jadiaba y gemía como si se me fuera la vida en ello. Siempre supe fingir bien.
El pareció conforme cuando se marchó y al día siguiente ya lo tenía en mi casa nuevamente para seguir lo de la noche anterior. Lo invité a tomar unas cuantas cervezas, luego abrí sus pantalones y lamí su verga hasta que se puso completamente dura.
—Voy a terminar —dijo, pero antes de que lo hiciera saqué el miembro de mi boca.
—¿Qué carajo haces? —me preguntó pero no se movió. Estaba lo suficientemente borracho como para perder la noción de su cuerpo.
Lo tomé de los hombros e hice que se diera vuelta, aprisionándolo contra mi cuerpo de una forma que le era imposible escaparse.
— Haré que te sientas bien —le susurré al oído, mientras bajaba sus pantalones y posicionaba mi miembro entre sus nalgas.
La presión se hizo insoportable cuando entre dentro suyo, trataba de apartarse pero yo no lo deje, no iba a perder esa oportunidad de divertirme. Me gustaba sentir su cuerpo retorciéndose debajo mío, gimiendo de dolor y placer al mismo tiempo.
— No, por favor... —me pidió, pero yo seguí sin hacerle caso.
Poco a poco su cuerpo se fue acostumbrando hasta que esos gemidos de dolor se volvieron jadeos de placer.
Me odió por un tiempo, un par de días y luego volvió a mi como un perrito herido buscando amor. Poco a poco lo fui amoldando a mis gustos, empezó a disfrutar del sexo duro, del dolor, le gustaba que yo lo sometiera y lo torturara, lloraba y se quejaba pero volvía por más.

#21

A pesar de tener un nuevo entretenimiento, extrañaba la violencia del mundo Bratva, quería volver a ser parte de ese mundo, pero a la vez no deseaba ver a Yarik todavía. Por ese mismo motivo necesitaba moverme en otros círculos.
Decidí pasar mi tarde en el sauna, con un dinero que había "tomado prestado" de Gosha. Entré a la habitación y el vapor enseguida chocó contra mi cuerpo haciéndome entrar en calor, entrecerré los ojos tratando de acostumbrar mi visión al nuevo entorno, y cuando pude divisar el banco de madera, me acerque a él y me senté allí. Pronto la habitación comenzó a tomar forma hasta que finalmente pude verla con claridad, las paredes estaban cubiertas de madera y unos bancos escalonados permitían sentarse alrededor de una especie de brasero con piedras calientes, al que de vez en cuando alguien agregaba agua haciendo que más vapor se creara. Estuve un rato allí sentado, rechacé algunas propuestas subidas de tono y no hice caso a las miradas indecentes hasta que vi aparecer frente a mi a la persona que estaba buscando. Un hombre ya entrado en los treinta, algo robusto que llevaba unas estrellas en los hombros junto con unas calaveras y diamantes tatuados. Se trataba del brigadir de una banda de la mafia Bratva que hacía negocios con Gyena. Lo había visto un par de veces en unas reuniones pero no era alguien muy cercano a Yarik ni a Gyena. Apena su mirada se posó en mi, le dirigí una sonrisa seductora y me moví para que mi toalla se resbalara un poco tapando solo lo indispensable. Él me correspondió la sonrisa y se sentó al lado mío.
— ¿Tú no eres la puta de Yarik?
— Yo no soy la puta de nadie. — le volví a sonreír dejando que mi toalla finalmente se resbalara del todo y dejara mi cuerpo completamente desnudo.
Sentí como su brazo se aferraba a mi cintura y me atraía hacia él, sus labios se unieron a los míos.
— Hoy haremos una reunión en nuestro lugar ¿Vienes?
Asentí para luego estremecerme al sentir sus dientes hundirse en la piel de mi hombro.

El lugar era un galpón abandonado que los Bratva habían acondicionado como su sala de reuniones. Realmente no había quedado tan mal, era mucho mas espacioso y cómodo que la casa de Yarik, aunque se veía que estos hombres no eran tan limpios como él. Era oscuro al no poseer ventanas, pero mas privado, seguramente un buen lugar a la hora de interrogar o torturar a alguien... o ideal también para tener una orgía.
Para la ocasión habían colocado una mesa larga repleta de licores y vinos. Varios colchones y colchonetas viejas y sucias se encontraban desperdigadas por el piso y un par de Bratva se encontraban tirados en ellas fumando hierba, uno de ellos era un chico pelirrojo con el que parecíamos compartir la misma edad. Nikolay, el Bratva con el que me había encontrado en el sauna, se adelantó y comenzó a hablar animadamente con uno de sus camaradas, volvió a mirarme con sus ojos grises y me señaló las colchonetas para que me acostara allí. Me senté a una distancia prudente de los dos hombres que fumaban y observé el lugar. Frente mío, en una pequeña mesita, otros cuatro hombres habían dejado de jugar su partida de póker y me observaban con interés. En total pude contar 8 bratva dentro de la habitación, el sentir sus miradas observándome hizo que mi sangre hirviera de deseo.
—Así que tú eres la putita de Yarik —afirmó el hombre que había estado hablando con Nikolay, no era un tipo muy interesante, lo cierto es que su cara y su cuerpo eran bastante común, y no destacaba absolutamente en nada.
—No soy de Yarik... —le aclaré. El hombre me sonrió
Sentí un brazo sobre mis hombros, se trataba del chico pelirrojo que había estado fumando en la colchoneta, se había acercado y ahora me observaba con curiosidad.
—¿Quieres?— me preguntó, mostrándome el cigarrillo de marihuana.
No tuve tiempo de responder cuando sentí su lengua en mi cuello. Levanté la vista para encontrarme con los ojos grises de Nikolay, mientras tanto sentía una manos que se colaba debajo de mi camiseta. Unos dientes se clavaron en mi hombro, en un momento alguien me quitó los pantalones con rapidez, luego unos labios violaron mi boca sin compasión. Uno de los cuatro hombres que estaban jugando al póker se acercó a observar lo que sucedía, los otros tres se quedaron en la mesa, haciéndose los ciegos y vigilando por si llegaba alguien inesperado. Nikolay me había comentado durante el corto viaje hasta aquel lugar, que su Obshchak era completamente homofóbico y si los encontraba haciendo algo así, podía llegar a matarlos. Debía gustarle bastante, o al menos lo suficiente como para poner su vida en juego por un rato de diversión conmigo.
Cuando me di cuenta me encontré completamente desnudo, de rodillas y con el rostro hundido en el colchón, mi labio estaba destrozado. Alguien me dio vuelta y sentí como una verga se abría paso dentro de mi interior. No tuve tiempo de fijarme quien era el que estaba delante mío ya que una mano me tomó del cabello y me metió su miembro dentro mi boca.
—¡Espera tu turno! —gritó una voz que parecía la de Nikolay
—¿Por qué ? Era mi turno primero... —dijo el hombre que me sostenía del cabello, un jadeo se escapó de su boca, mientras volvía a hundir su pene dentro de mi boca —¡Mmh! Si, así... me gusta como lo chupa.

Fue en ese instante que la puerta se abrió, todos estaban tan entretenidos que ni siquiera los vigilantes se habían percatado del intruso. Al ver de quien se trataba todos se quedaron quietos, logré zafarme del agarre y levanté un poco la cabeza para poder observar al recién llegado, era un hombre que debía estar rondando los 40 años, llevaba un traje sobrio y negro, y su cabello prolijamente arreglado hacia atrás, tenía unas oscuras bolsas alrededor de sus ojos que marcaban unos tristes ojos negros y su rostro denotaba bastante cansancio.
—¡Señor Irah! No lo esperábamos por aquí. Pensábamos que estaría en el funeral.
— Los funerales son deprimentes, ya he ido a demasiados y ya no quiero presenciar más ¡Pero no escuchen las quejas de este viejo! —dijo la voz, y resonó en la habitación él ruido de una silla siendo arrastrada, el hombre se sentó y prendió su cigarrillo mientras observaba la escena.—Continúen, continúen ¡Ah! La Juventud, tan llena de vitalidad. No le diré nada a su Obshchak, no se preocupen, a cambio tendrán que jugar conmigo una partida de póker cuando terminen, últimamente la suerte me esta favoreciendo.
Los Bratva dejaron de prestarle atención y volvieron a lo que estábamos haciendo, el miembro de Nikolay todavía seguía duro dentro mío. Dio un par de embestidas mas y salió de mi interior.
—Todo tuyo... —dijo al pelirrojo quien enseguida se posicionó entre mis piernas y metió su verga dentro mío. Comenzó a jadear y a moverse. Todas las miradas se centraban en mi, mientras sus manos rodeaban sus vergas, acariciándoselas.
—¿Debería ahorcarlo? Tal vez así su culito se apretaría más— dijo el chico pelirrojo que todavía llevaba el cigarrillos en su boca, lo mordía con fuerza mientras se movía con violencia dentro mío. Sus manos acariciaron mi abdomen , se deslizaron por mi pecho y se aferraron a mi cuello con firmeza, sentí como cada vez me costaba más respirar.
—No...— le dije apartando sus manos, aplicando un poco de fuerza para que me soltara —Quémame con tu cigarrillo ¡Hazlo! — grité enceguecido por el deseo, pero el pelirrojo ignoró mi petición y siguió embistiéndome con ganas, parecía que en cualquier momento terminaría.
—Muévete —escuché que alguien decía
Levanté el rostro y encontré al hombre llamado Irah observándome con desprecio.
—¿No escuchaste? Dije que te apartaras — volvió a repetir.
El pelirrojo se detuvo y giró para observar a Irah, en su rostro una expresión de desconcierto apareció, se tomó unos segundo para tranquilizarse y salió de mi interior dejando el paso libre al hombre para que hiciera lo que quisiera conmigo.
—No hay ningún cenicero por aquí — dijo el jefe mientras tomaba su cigarrillo y lo presionaba contra mi pecho, yo me sentí en la gloria, extrañé en esos momentos tener una verga dentro mío.
—¿Cómo se atreve una putita como tú a reclamar y pedir favores? —dijo mientras me encajaba un puñetazo, luego se enderezo y comenzó a patearme. —¿Te gusta? ¿Eso se siente bien putita?
—Sí —le conteste con un hilo de voz, apenas tenía aliento para hablar —se siente tan bien que no puedo evitar tenerla dura como una roca.
Por primera vez observé al hombre a los ojos, su mirada era tranquila, pero sus gestos mostraban lo furioso que estaba.
—¿Qué quieres viejo? ¿Eres un impotente frustrado? o ¿Un sádico pervertido? ¿Tal vez? En ese caso serías la pareja ideal para mí, me gusta el dolor.
Una sonrisa sádica se formo en el rostro del viejo, vi como los Bratva se alejaban instintivamente.
—¿Te gusta el dolor? —dijo mientras comenzaba a arremangarse la camisa. —Guarda esas palabras para cuando estés al borde de la muerte—.
Terminó la frase mientras volvía a patearme una y otra vez, sentí el taco de su zapato hundirse en mi cráneo y luego pisoteando mi brazo, volvió a patearme un par de veces mas hasta que casi pierdo el conocimiento.
Finalmente se sentó.
—Lo siento chicos, lamento haber arruinado su diversión — dijo mientras sacaba un fajo de billetes de su pantalón y se lo daba a Nikolay —Vayan y cómprense un par de cervezas con esto, y no se olviden de tirar la basura afuera.

#22

Sentí como me tomaban de los brazos y de los pies, cada parte de mi cuerpo dolía cada vez que me movían. Sentí el ruido de una puerta abrirse y luego el piso frío golpeando mi espalda, la luz de un farol hizo que tuviera que cerrar los ojos hasta que me acostumbré a su brillo. Estaba nevando, enseguida comencé a sentir el horrendo frío trepando por mis extremidades. La puerta se cerró y quede allí acostado, no podía moverme, mi cuerpo se encontraba destrozado, pero me sentía bien, no me importaba lo que sucediera después, si moría de hipotermia o de una hemorragia interna, sentía paz, tranquilidad, el mundo se veía tan pequeño, tan poco interesante. Una canción comenzó a sonar en mi cabeza, me hacía acordar a mi infancia.
—¿Cuál es esa canción que estas silbando?
Levanté un poco la cabeza encontrándome con el hombre llamado Irah, me observaba desde las esquina del callejón, tomó su cigarrillo entre sus dedos y exhaló el humo de sus pulmones.
—¿Qué quieres viejo? ¿No te bastó con la golpiza que me acabas de dar? ¿Quieres más?— le pregunté para luego largar algo similar a una risa que me dejó sin aire y me llenó de dolor, recordándome que seguramente debía tener algún hueso roto.
Irah sonrió. —Tiene agallas, mocoso idiota...
—Si solo vas a hablar, preferiría que te vayas a tomar tu siesta y dejes de molestarme anciano....
El hombre se quedó unos minutos observándome mientras le daba una pitada a su cigarrillo, luego largó una carcajada y llamó a uno de sus subordinado. Un hombre de cabello castaño y gafas apareció detrás de él, llevaba un traje igual de fino que el de Irah.
— Sergey lleva a este idiota al auto...
— Pero... Irah...
—Ya tendrás tiempo para reprochármelo, ahora haz lo que te digo.
El joven bratva desapareció unos momentos y luego volvió con una manta con la que cubrió mi cuerpo, me tomó entre sus brazos y me metió al auto, un hermoso Porsche 911 negro. Sentí las puertas cerrándose y el balanceo del auto por el peso de los cuerpos, finalmente el motor encendiéndose y luego arrancando, y poco a poco fui perdiendo la conciencia.

Me desperté horas mas tarde, habían curado mis heridas y llevaba mi ropa puesta. Levanté la cabeza tratando de recordar lo que había sucedido, la habitación que era un oficina estaba en penumbras. Yo me encontraba acostado en un hermoso sillón Chesterfield de cuero marrón oscuro, detrás del sillón había una gigante biblioteca repleta de carpetas y documentos adornaba la pared
—Al fin despertaste, — dijo una voz, giré mi cabeza para encontrar la sombra de Irah sentado sobre un elegante escritorio de madera rojiza.
—Viejo.. ¿Por qué me trajiste aquí?
Irah dio una pitada a su cigarrillo y luego me sonrió, su rostro transmitía cansancio.
—Pagué el dinero que le debías a la casera que te alquilaba —dijo mientras largaba todos el humo, formando figuras ondulantes en el aire
— ¡No quiero nada tuyo viejo decrepito! —le grité.
Irah se acercó y me pegó un puñetazo en el rosto que hizo que mi nariz comenzara a sangrar.
—Ahora estas en deuda conmigo, tendrás que pagarme con intereses, y como no tienes dinero, de ahora en más trabajarás para mi. Esto no se trata de lo que tú quieras, no tiene otra opción ¿Me entiendes?
Sergey se acercó y dejó un bolso delante mío.
—Te traje un poco de ropa. Si quieres rescatar algo más, todavía estas a tiempo. La casera dijo que mañana tiraría todo lo que esta dentro de la habitación.

#23

Estaba ya anocheciendo cuando llegue al edificio donde hasta hacía un día atrás, vivía. Me sorprendí al encontrar sentado en la puerta a Gosha,
—¡Arian! ¿Dónde estabas?
—Tuve unos asuntos que arreglar...—le contesté secamente,
—Estaba preocupado por ti... la casera me dijo que unos hombres habían venido a buscar tus cosas.
Gosha se levantó y se acercó, pareció asustarse cuando vio mi estado, tenía el rostro golpeado y apenas podía caminar.
—¡¿Qué te sucedió?! ¿Quién te hizo esto?
Yo ignoré sus preguntas y me dedique a abrir la puerta del departamento
—Ya no vivo más aquí...
— ¿Qué quieres decir? ¿Dónde vas a ir? ¿Por qué no me avisaste nada?
Me agarré la cabeza, tantas preguntas me hacía doler la sien. Lo ignoré y entré a la habitación, él me siguió dentro como un perrito callejero esperando un poco de afecto.
No había mucho que rescatar en esa vieja habitación, realmente no había nada que valiera la pena llevarme, lo único que había ido a buscar era el viejo libro que mi padre me había regalado y la fotografía en la que aparecían mi Madre y Yegor junto a mí, se podía decir que esos habían sido los únicos momentos verdaderos de felicidad que puedo recordar de mi infancia, las tardes que disfrutaba leyendo con mi padre y aquel momento con Yegor y mi madre. En esa fotografía, mi madre y Yegor se acababan de conocer y ella irradiaba felicidad, Yegor se portaba muy bien conmigo y nos había llevado a tomar un helado a los dos, fue un rayo de luz en el medio de la tormenta, una bocanada de aire fresco entre tanta pestilencia, y a pesar de toda la mierda que surgió después, todo lo que tuve que pasar, siempre recuerdo con agradecimiento ese momento.
Tomé el libro en mis manos y me di la vuelta para poder salir del departamento, Sergey me esperaba en el auto a unos metros de allí.
Gosha se colocó delante mío con determinación en sus ojos.
—Arian, por favor, háblame —me suplicó, sus ojos estaban aguados de la frustración y la tristeza.
—Tú y yo no somos nada, no tengo por que darte explicaciones de ningún tipo.
Su rostro se desencajó, estaba furioso, me agarró de los brazos y me besó mientras sentía como sus lágrimas caían por sus mejillas, su boca atrapó la mía con desesperación, enseguida sentí el ardor en mis labios lastimados y dolor en cada centímetro de mi cuerpo que sus manos tocaban, apenas podía mantenerme en pie sin ayuda. Su mano tomo la mía y la dirigió a su miembro, haciendo que lo acariciara por encima de la tela de su pantalón, estaba completamente erecto.
—Tú me hiciste así, me hiciste desearte, me convertiste en tu puta, y ahora debes hacerte cargo de eso, no puedes dejarme.
Yo tomé sus rostro y mordí su labio inferior hasta que sentí que de este comenzaban a emanar sangre, Gosha se apartó.
—Me gustas, pero no me puedes seguirme a donde voy... Estaré un tiempo lejos.— le dije sin muchos ánimos, realmente estaba cansado.
Gueorguiy suspiró frustrado pero finalmente se apartó y me dejó pasar.
—Sabes donde encontrarme.

Volví al auto, Sergey estaba esperándome impaciente, pareció desilusionado al verme llegar con el libro entre mis manos.
—¿Vinimos hasta acá solo por eso?
Yo lo miré con cara de pocos amigos y subí al auto.

Sergey me llevo a una habitación en el edificio en el que se encontraba la oficina de Irah, una especie de salón V.I.P que contaba con un jacuzzi y una cama de agua muy cómoda. Lamentablemente el gusto estético de los bratva era bastante anticuado, terciopelo por toda la habitación, candelabros dorados, un espejo que parecía sacado de una feria de antigüedades, un jarrón repleto de rosas rojas y blancas, parecía la suite de un albergue transitorio o el cuarto de algún conde salido de mediados del siglo 20. En un rincón, apiladas, se encontraban mis pocas pertenencias, un bolso con ropa. Allí se suponía que debía quedarme, al menos hasta que Irah me acomodara con alguno de los grupos que él manejaba.
Tal vez las cosas pudieron haber sido mucho más fácil para mi en ese lugar, a pesar de lo que podía pensar, había causado una buena impresión en Irah. Mi carácter rebelde y feroz, mis gustos extravagantes, especialmente en lo concerniente al sexo, y mi misantropía resultado de mi infancia en un ambiente tan hostil, le resultaron atractivos. Lamentablemente mi rebeldía ante cualquier signo de autoridad y mi imposibilidad para mantener mis pantalones en su lugar por más de un día, hicieron difícil la convivencia allí. Apenas pasó una semana para que cometiera mi primer error, acostarme con los seguridad del edificio.

—¿Qué es lo que te atrae tanto de los Bratva? —me preguntó con cansancio Irah
Cuando se había enterado de mi desliz con los de seguridad, me había mandado a llamar. Para mi sorpresa estaba bastante calmado, pero pronto aprendería que la calma de Irah era solo un disfraz para esconder sus intenciones.
—Los Bratva ven a los hombres con los que se acuestan como una forma de desahogo sexual, no conciben en ello nada mas que alguien mas débil al que pueden someter y humillar. Y eso es lo único que me interesa de ellos, me encantan los hombres como tú, Irah, cuanto más homofóbicos y violentos mejor.
Irah me sonrió —¿Quieres acostarte conmigo?
—¿Por qué no? Con Sergey también. —dije mientras le observaba por encima del hombro de Irah.
—¿Escuchaste Sergey? Arian te esta entregando su culito en bandeja de plata —dijo conteniéndose para no largar una carcajada.
Observé como el rostro de Sergey se tornaba rojo de la vergüenza, a pesar de eso trataba de mantener su expresión seria.
Irah prendió un cigarrillo y se relajó hundiéndose en el sillón.
—El grupo con el que estabas el otro día ¿Cual es tu relación con ellos?
—¿El de Nikolay? Sólo me reuní con ellos para tener sexo nada más. —le contesté sin más.
Irah dio otra pitada de su cigarrillo y luego exhalo el humo en un gesto pensativo.
—Sergey, dile que pase.... —le pidió a su subordinado
Enseguida Sergey abrió la puerta y un hombre alto y algo robusto apareció detrás, llevaba un prolijo traje gris y el cabello elegantemente peinado con gel, tenía mas aspecto de líder que Irah con su cabello desarreglado y esa mueca desganada en su rostro. Enseguida lo reconocí, se trataba nada mas ni nada menos de la persona que del "noviecito" de Luka. Aquel que me había golpeado de tal manera que había terminado en el hospital.
—¿Me llamaste? —le preguntó a Irah con un gesto de hastío mal disimulado.
—Arian, desde este momento estarás bajo el cuidado de Filipp Smirnov, el es mi mano derecha, sé que él podrá hacerse cargo de ti sin ningún problema, especialmente en relación con esa necesidad tuya de encamarte con mi personal a toda hora.

#24

Filipp Smirnov era realmente un hombre temerario, cruel, violento y egoísta, y tenía una especial odio hacia mí que dejaba ver sin contenerse ni un mínimo. Al parecer, mantenía en completo secreto lo suyo con Luka, porque para el resto del mundo era el rey de los homofóbicos y sus subordinados eran igual de crueles y desagradables. Mis días en la habitación V.I.P habían terminado, Filipp me acomodó en la casa de unos de sus subordinados mas leales que se apodaba Vova, un hombre calvo, igual de alto y robusto que Filipp, pero más viejo, con un ojo de vidrio y una horrenda cicatriz que recorría en vertical su labio y llegaba hasta el principio de su cuello. A mi pesar, el hombre era un asqueroso pedófilo que solo estaba interesado en niñitas, por lo que yo no despertaba ningún interés en él. Su casa era una pocilga, un monoambiente en el que vivía con otros dos hombres, un chico joven y muy delgado del que nunca supe su nombre y otro hombre de ascendencia china llamado Wang. A ninguno de ellos parecía importarle la horrenda habitación que se estaba cayendo a pedazos, el horrible olor a humedad y el piso de madera que chillaba con cada paso o movimiento que dábamos. Más tarde descubrí que para ellos, aquel lugar era un paraíso en comparación a los lugares en los que habían estado anteriormente. Vova había pasado 20 años en la cárcel y Wang había viajado desde su país natal huyendo de una pobreza extrema, el muchacho delgado había estado casi toda su infancia durmiendo en el interior de un armario.

No tardé en cruzarme con Luka, me costó un poco reconocerlo ya que se había cortado el cabello muy cortito y no llevaba sus ropas habituales sino un sobrio traje gris oscuro. Apareció detrás de Filipp unos días más tarde cuando volvíamos de cobrar unas deudas. Pasábamos a dejarle un dinero cuando lo ví, precioso, brillando como la flor de loto en el pantano. Yo lo ignoré por completo, no lo miré ni una vez, fue él quien se acercó.
—¿Qué haces aquí? —me preguntó cuando Filipp y Vova se fueron dentro del estudio.
— Estoy trabajando para Filipp
El rubio me observó con desconfianza —¿A qué estas jugando Arian? ¿Esto no será...—
—No sé que estupidez estará pasando por tu cabecita rubia, pero esto no tiene nada que ver contigo...
Los ojos verdes me observaron sin creerme una palabra. —Mira, no se que tramas, pero no quiero problemas con Filipp...
Levanté mi mano y la posé suavemente en la mejilla de Luka —Eso sólo depende de tí — le dije mientras me acercaba y le robaba un beso.
Nos separamos en el mismo instante en que se abrió la puerta. Pensé que Filipp no nos había visto, o al menos eso fue lo que creí hasta el día siguiente cuando me los crucé nuevamente, Acababa de llevarle un café a Sergey y estaba esperando que Vova terminara unos asuntos para volver a salir a la calle, cuando este me llamó y me hizo pasar a una habitación, Filipp se encontraba sentado allí en un cómodo sillón, fumaba un puro mientras sostenía en una de sus manos un vaso de whisky con hielo. Apenas me vió, una sonrisa siniestra apareció en su rostro.
—Déjanos solos —le ordenó a Vova.
Ni bien el viejo desapareció detrás de la puerta, Filipp colocó su puro en el cenicero y el vaso en una mesita auxiliar que se encontraba a un costado del sillón, se levantó y pasó sus manos por la chaqueta de su traje para librarse de las arrugas.
—¿Acaso pensaste que me había olvidado de ti? —preguntó el hombre con un tono amenazante.
Mi yo interior se debatía entre la excitación y el terror que ese hombre me producía.
—Yo me acuerdo muy bien de ti —le dije mientras colocaba de forma casual mis manos dentro de los bolsillos de mi pantalón.
—Debo reconocer que tienes agallas Arian, cualquier otro se estaría meando en sus pantalones del miedo de solo tenerme frente suyo. Tal vez eres demasiado ignorante de tu posición en este lugar o tal vez estas demasiado confiado de la protección que Irah te proporciona. —habló mientras se acercaba hasta donde me encontraba, su altura y porte intimidaban a cualquiera. —Pero te diré algo, estas muy equivocado si piensas que seré más piadoso contigo solo por Irah. No me caes bien Arian, odio a los tipo idiotas como tú y tampoco me gusta que toquen mis cosas, si sabes a lo que me refiero, espero que te abstengas de cualquier actividad que tengas en la mente que no tenga relación con tu trabajo dentro del grupo, como lo es hacer la cobranzas y servir café. Espero que lo entiendas bien.
Yo solo asentí.
—Muy bien, entonces puedes retirarte. — me dijo dándome la espalda.

#25

La vida en el mundo Bratva estaba reglamentada bajo cierto código llamado Vor v zakone, eran diecisiete reglas que debían seguirse estrictamente, y aquel que incumpliera alguna de estas reglas era automáticamente castigado por las autoridades que reglamentaban y controlaban la mafia.
El Bratva debía renegar de sus familiares y no establecer su propia familia, aunque sí se les permitían tener amantes. Tampoco podían trabajar, sólo se podía vivir de las ganancias obtenidas por el crimen. El Bratva tenía el deber de ayudar a otros ladrones moral y materialmente, y debía mantener secreto absoluto sobre la información y paradero de los cómplices, incluso debía asumir la culpabilidad del crimen de otro compañero si hacía falta para que pudiera escapar. No podía jugar ni apostar si no era capaz de cubrir sus perdidas y era su deber enseñar el negocio a los jóvenes iniciados, especialmente era muy importante que conociese la jerga de los ladrones llamada Fehnay. No debía perder la capacidad de pensar con claridad debido al alcohol, y no podía servir al ejercito ni a las fuerzas y cuerpos de seguridad del estado, tampoco podía estar relacionado con las autoridades.
Y siempre, siempre debía respetar las promesas hechas entre ladrones...
Esa era la vida en la mafia, tus superiores y tus colegas eran tu familia y tu hogar, no había nada más fuera de eso.
Al principio me costó integrarme en el grupo, estaba acostumbrado a vivir en la soledad y ahora estaba rodeado todo el tiempo de personas, siempre estábamos yendo y viniendo de un lado a otro, a veces dormíamos todos apilados, cambiábamos de lugares constantemente y pocas veces teníamos privacidad. Por supuesto Filipp se encargó de dejar en claro a todos los miembros del grupo que acostarse conmigo implicaba la inmediata expulsión junto con un terrible castigo impartido por él mismo, los demás miembros debían de temerle como si se tratara de un demonio que llevaría sus almas al infierno, ya que nadie se atrevía a dirigirme la mirada y apenas me hablaban. Al mismo tiempo trataba de darme los trabajos mas molestos y degradantes como comprar comida, hacer las guardias nocturnas, limpiar los baños, cocinar, llevar recados y cosas por el estilo, aunque tampoco había mucho más que pudiera hacer, solo observar y aprender. Acompañaba a los demás miembros a cobrar deudas o sobornar, realizábamos tareas como lavado de dinero, venta de drogas, armas y antigüedades, y todo lo que fuera ilegal. Luego de cada trabajo se repartía una comisión entre los miembros como una especie de salario, dinero que yo guardaba con recelo, debía ahorrar para poder pagarle mi deuda a Irah.
Mi vida giraba entorno al trabajo y a ahorrar lo poco que podía. Lo que realmente me molestaba era la abstinencia sexual que estaba viviendo, de pasar a tener sexo varias veces por día, ahora hacía semanas que no pasaba nada. Podía entender porque los Bratva siempre estaban tan necesitados de "afecto", era la abstinencia que tenían que soportar durante tanto tiempo. Cualquier contacto con mis compañeros, cada roce, incluso sentir su calor hacía que se me parara. Me masturbaba a diario sin falta, no me importaba quien se encontrara a mi lado, a veces podía ver en la penumbra como me observaban y acariciaban su miembro mientras yo sacudía mi pene. Otras veces, cuando Vova me pescaba exhibiéndome, me pateaba hasta que ya no podía moverme, no podía decir que no disfrutaba de esas golpizas, eso hacía que el calvo se frustrara más y me golpeara con más fuerzas. Si bien la mayoría de los hombres de Filipp me trataban como si fuera un saco de boxeo, hice buenas migas con un par de bratva dentro de grupo, Wang era uno de ellos, a pesar de que casi no hablaba ruso, entendía todo lo que decía y se las arreglaba para hacerse entender, era un chino flaco y desgarbado, llevaba un proyecto de barba que contaba con máximo 5 pelos y un bigote que parecía más una sombra negra, su corte de cabello no tenía forma alguna, en algún momento debió haberse rapado y ahora había crecido en forma pareja para todas las direcciones dándole un aspecto de puerco espín. Tenía sus brazos y su espalda completamente cubierta de tatuajes señal de que había sido miembro de la mafia china, demonios y dioses se esparcían por su cuerpo rodeados de fuego, girando entorno a un enorme dragón cuya cola se extendía con movimientos ondulantes desde su codo izquierdo, pasaba por su hombro y bajaba por la parte izquierda de su columna hasta su final, para luego dar paso al cuerpo y las garras y finalmente a la cabeza terminando el dibujo en el hombro derecho. A pesar de su delgadez, tenía un cuerpo sumamente atlético y era un experto en las artes marciales, había aprendido los secretos del Wing Chun en las calles de Foshan cuando apenas era un adolescente. Gracias a él aprendí algunos trucos de defensa personal que me sirvieron en muchas ocasiones mas adelante, Wang era muy celoso de sus conocimientos en las artes marciales, a pesar de eso se había preocupado por enseñarme. Tal vez fue la empatía que sentía hacia mí debido a que era un marginado, tal vez fue pena por verme tan frágil o mi fortaleza para recibir tantos golpes y mantenerme de pie, no lo sé, nunca lo supe.
Para mi fortuna mis días de abstinencia acabaron pronto. Hubo una gran movilización dentro de la corporación ya que una embarcación de armamento ilegal estaba por llegar y había que realizar un gran despliegue de hombres que llevarían a cabo la extracción del cargamento y las debidas transacciones. Debido a esto, nuestro grupo se unió a otros para llevar a cabo el plan.

Antes de seguir contando más de los sucedido, es necesario hacer una pausa para explicar como estaban organizados los miembros de la Vor V Zakone. En primer lugar, en el rango más bajo del estatus Bratva, se encontraban los voyeviki, en ese rango entraba yo, eramos meros soldados, parias, muertos de hambre, jóvenes que veníamos de casas humildes, de familias disfuncionales, con conductas problemáticas y violentas, niños que habían empezado como pequeños ladrones de tiendas, adolescentes que habían escapado de sus casas hartos que los trataran como basura, que los golpearan, que los violaran, hombres que había perdido sus familias, sus hogares, su vida, todos reunidos éramos la base de la comunidad Bratva. Los Voyeviki eran divididos en grupos de entre siete y doce personas y cada grupo estaba controlado por un Brigadir (como lo eran Yarik, Vova o Nikolay) que no era mas que un Voyeviki veterano que se encargaba de entrenar y mantener al margen a los demás miembros. Mas arriba se encontraban los Obschak o recaudaores, en este caso se trataba de Filipp y Gyena, y eran quienes se encargaban de controlar el poder de los Brigadir y recaudaban las ganancias de cada grupo luego de cumplir las misiones que se les era encomendada. A diferencia de los demás, los Obschak generalmente eran hijos de bratvas que se habían enriquecido con negocios ilegales y que habían nacido dentro de la corporación criminal, eran hombres que habían estudiado y se habían preparado y que conocían el manejo de la mafia por completo.
Finalmente en la cima de la pirámide se encontraba el Pakhan, el líder de la corporación, era quien manejaba toda la célula criminal, todos los bratva lo respetaban y lo seguían incondicionalmente. Para diferenciarse y como muestra de total devoción a la organización criminal y al código Vory V Zakone, el Pakhan tenía tatuado una enorme cruz que cubría su pecho. Irah era el pakhan en esos momentos, y no había nadie que dudara de su excelente liderazgo, era curioso que un hombre con un aspecto tan ordinario pudiera despertar tal admiración y miedo como lo hacía él.
A su vez el Pakhan contaba una mano derecha, generalmente abogados o contadores, que lo aconsejaban en momentos críticos llamados Sovetnik, yo solo conocía a alguien así, su nombre era Sergey. También contaba con espías que se infiltraban en los grupos y les iban informando de movimientos o conductas fuera de lo establecido por el reglamento de conducta Bratva.

#26

La vida en el mundo Bratva estaba reglamentada bajo cierto código llamado Vor v zakone, eran diecisiete reglas que debían seguirse estrictamente, y aquel que incumpliera alguna de estas reglas era automáticamente castigado por las autoridades que reglamentaban y controlaban la mafia.
El Bratva debía renegar de sus familiares y no establecer su propia familia, aunque sí se les permitían tener amantes. Tampoco podían trabajar, sólo se podía vivir de las ganancias obtenidas por el crimen. El Bratva tenía el deber de ayudar a otros ladrones moral y materialmente, y debía mantener secreto absoluto sobre la información y paradero de los cómplices, incluso debía asumir la culpabilidad del crimen de otro compañero si hacía falta para que pudiera escapar. No podía jugar ni apostar si no era capaz de cubrir sus perdidas y era su deber enseñar el negocio a los jóvenes iniciados, especialmente era muy importante que conociese la jerga de los ladrones llamada Fehnay. No debía perder la capacidad de pensar con claridad debido al alcohol, y no podía servir al ejercito ni a las fuerzas y cuerpos de seguridad del estado, tampoco podía estar relacionado con las autoridades.
Y siempre, siempre debía respetar las promesas hechas entre ladrones...
Esa era la vida en la mafia, tus superiores y tus colegas eran tu familia y tu hogar, no había nada más fuera de eso.
Al principio me costó integrarme en el grupo, estaba acostumbrado a vivir en la soledad y ahora estaba rodeado todo el tiempo de personas, siempre estábamos yendo y viniendo de un lado a otro, a veces dormíamos todos apilados, cambiábamos de lugares constantemente y pocas veces teníamos privacidad. Por supuesto Filipp se encargó de dejar en claro a todos los miembros del grupo que acostarse conmigo implicaba la inmediata expulsión junto con un terrible castigo impartido por él mismo, los demás miembros debían de temerle como si se tratara de un demonio que llevaría sus almas al infierno, ya que nadie se atrevía a dirigirme la mirada y apenas me hablaban. Al mismo tiempo trataba de darme los trabajos mas molestos y degradantes como comprar comida, hacer las guardias nocturnas, limpiar los baños, cocinar, llevar recados y cosas por el estilo, aunque tampoco había mucho más que pudiera hacer, solo observar y aprender. Acompañaba a los demás miembros a cobrar deudas o sobornar, realizábamos tareas como lavado de dinero, venta de drogas, armas y antigüedades, y todo lo que fuera ilegal. Luego de cada trabajo se repartía una comisión entre los miembros como una especie de salario, dinero que yo guardaba con recelo, debía ahorrar para poder pagarle mi deuda a Irah.
Mi vida giraba entorno al trabajo y a ahorrar lo poco que podía. Lo que realmente me molestaba era la abstinencia sexual que estaba viviendo, de pasar a tener sexo varias veces por día, ahora hacía semanas que no pasaba nada. Podía entender porque los Bratva siempre estaban tan necesitados de "afecto", era la abstinencia que tenían que soportar durante tanto tiempo. Cualquier contacto con mis compañeros, cada roce, incluso sentir su calor hacía que se me parara. Me masturbaba a diario sin falta, no me importaba quien se encontrara a mi lado, a veces podía ver en la penumbra como me observaban y acariciaban su miembro mientras yo sacudía mi pene. Otras veces, cuando Vova me pescaba exhibiéndome, me pateaba hasta que ya no podía moverme, no podía decir que no disfrutaba de esas golpizas, eso hacía que el calvo se frustrara más y me golpeara con más fuerzas. Si bien la mayoría de los hombres de Filipp me trataban como si fuera un saco de boxeo, hice buenas migas con un par de bratva dentro de grupo, Wang era uno de ellos, a pesar de que casi no hablaba ruso, entendía todo lo que decía y se las arreglaba para hacerse entender, era un chino flaco y desgarbado, llevaba un proyecto de barba que contaba con máximo 5 pelos y un bigote que parecía más una sombra negra, su corte de cabello no tenía forma alguna, en algún momento debió haberse rapado y ahora había crecido en forma pareja para todas las direcciones dándole un aspecto de puerco espín. Tenía sus brazos y su espalda completamente cubierta de tatuajes señal de que había sido miembro de la mafia china, demonios y dioses se esparcían por su cuerpo rodeados de fuego, girando entorno a un enorme dragón cuya cola se extendía con movimientos ondulantes desde su codo izquierdo, pasaba por su hombro y bajaba por la parte izquierda de su columna hasta su final, para luego dar paso al cuerpo y las garras y finalmente a la cabeza terminando el dibujo en el hombro derecho. A pesar de su delgadez, tenía un cuerpo sumamente atlético y era un experto en las artes marciales, había aprendido los secretos del Wing Chun en las calles de Foshan cuando apenas era un adolescente. Gracias a él aprendí algunos trucos de defensa personal que me sirvieron en muchas ocasiones mas adelante, Wang era muy celoso de sus conocimientos en las artes marciales, a pesar de eso se había preocupado por enseñarme. Tal vez fue la empatía que sentía hacia mí debido a que era un marginado, tal vez fue pena por verme tan frágil o mi fortaleza para recibir tantos golpes y mantenerme de pie, no lo sé, nunca lo supe.
Para mi fortuna mis días de abstinencia acabaron pronto. Hubo una gran movilización dentro de la corporación ya que una embarcación de armamento ilegal estaba por llegar y había que realizar un gran despliegue de hombres que llevarían a cabo la extracción del cargamento y las debidas transacciones. Debido a esto, nuestro grupo se unió a otros para llevar a cabo el plan.

Antes de seguir contando más de los sucedido, es necesario hacer una pausa para explicar como estaban organizados los miembros de la Vor V Zakone. En primer lugar, en el rango más bajo del estatus Bratva, se encontraban los voyeviki, en ese rango entraba yo, eramos meros soldados, parias, muertos de hambre, jóvenes que veníamos de casas humildes, de familias disfuncionales, con conductas problemáticas y violentas, niños que habían empezado como pequeños ladrones de tiendas, adolescentes que habían escapado de sus casas hartos que los trataran como basura, que los golpearan, que los violaran, hombres que había perdido sus familias, sus hogares, su vida, todos reunidos éramos la base de la comunidad Bratva. Los Voyeviki eran divididos en grupos de entre siete y doce personas y cada grupo estaba controlado por un Brigadir (como lo eran Yarik, Vova o Nikolay) que no era mas que un Voyeviki veterano que se encargaba de entrenar y mantener al margen a los demás miembros. Mas arriba se encontraban los Obschak o recaudaores, en este caso se trataba de Filipp y Gyena, y eran quienes se encargaban de controlar el poder de los Brigadir y recaudaban las ganancias de cada grupo luego de cumplir las misiones que se les era encomendada. A diferencia de los demás, los Obschak generalmente eran hijos de bratvas que se habían enriquecido con negocios ilegales y que habían nacido dentro de la corporación criminal, eran hombres que habían estudiado y se habían preparado y que conocían el manejo de la mafia por completo.
Finalmente en la cima de la pirámide se encontraba el Pakhan, el líder de la corporación, era quien manejaba toda la célula criminal, todos los bratva lo respetaban y lo seguían incondicionalmente. Para diferenciarse y como muestra de total devoción a la organización criminal y al código Vory V Zakone, el Pakhan tenía tatuado una enorme cruz que cubría su pecho. Irah era el pakhan en esos momentos, y no había nadie que dudara de su excelente liderazgo, era curioso que un hombre con un aspecto tan ordinario pudiera despertar tal admiración y miedo como lo hacía él.
A su vez el Pakhan contaba una mano derecha, generalmente abogados o contadores, que lo aconsejaban en momentos críticos llamados Sovetnik, yo solo conocía a alguien así, su nombre era Sergey. También contaba con espías que se infiltraban en los grupos y les iban informando de movimientos o conductas fuera de lo establecido por el reglamento de conducta Bratva.

#27

Nos llevaron a un galpón abandonado, allí nos reunimos varios grupos liderados por Brigadir, entre ellos se encontraba el grupo de Nikolay, quien también era controlado por Filipp, nuestro Obschak. Me pareció curioso ver a Yarik allí, ya que su Obschak era Giyena y no era habitual que los recaudadores se prestaran hombres, había mucha rivalidad entre ellos y eran muy celosos de sus soldados. A pesar de eso, allí lo tenía delante mío, apenas nuestras miradas se cruzaron una electricidad recorrió mi cuerpo, quería que me hiciera suyo, lo deseaba.
Una pequeña presentación, un saludo cordial entre los Brigadir, discusiones sobres los puestos que ocuparían el día del operativo, el despliegue del plan, más charla, discusiones, unos cuantos puñetazos, y luego un poco de vodka para alegrar el ambiente. Cuando ya las cosas se habían relajado y la asamblea comenzaba a tener tintes de reunión social, me acerque con cautela a Yarik y rocé nuestras manos de forma casual, en ese momento acababa de prender su cigarrillo y fumaba tranquilamente mientras hablaba con un par de sus compañeros que yo ya conocía de otras reuniones. Al sentir mi roce, dirigió sus ojos celestes hacía mi, una sonrisa prepotente se dibujó en su rostro, sabía que me estaba rebajando por un poco de sexo, pero sabía que a pesar de su fachada de superioridad él lo deseaba igual o más que yo. Se disculpó con sus compañero y salió afuera con la excusa de mear, yo esperé unos instantes y salí detrás de él, di una vuelta por el lugar, el galpón se encontraba en un gran baldío abandonado en las afueras de la ciudad. Había varios edificios abandonados dentro del predio y mucha maleza alta. Finalmente dí con él, se encontraba fumando con la espalda recostada en una de las edificaciones, una especie de granero que parecía que se vendría abajo en cualquier momento. Apenas me vió, se metió en el granero, yo lo seguí, el lugar estaba en penumbras, me costó acostumbrarme a la oscuridad, enseguida sentí como las manos de Yarik comenzaban a recorrer mi cuerpo, el olor a tabaco inundo el ambiente. Me dí vuelta, quedamos enfrentados, sus manos se deslizaron por mi espalda hasta mi cuello, me empujó hacia él y nos empezamos a besar. Apoyé mis manos en sus fuertes pectorales, y fui bajando hasta que mis dedos tocaron el tiro de su pantalón, comencé a desabotonarlo mientras me arrodillaba y mi cabeza quedaba frente a su miembro, lo acaricié por encima del boxer, estaba completamente duro, no esperé y enseguida bajé sus bóxer haciendo que su miembro saltara delante mío balanceándose frente a mi rostro, el olor a verga golpeó mis sentidos excitándome todavía más. Abrí mi boca decidido a metermela toda de una, pero no tuve oportunidad, el puño de Yarik se enterró en mi mandíbula haciendo que terminara tirado en el piso.
—Crees que dejaría pasar lo que me hiciste con tanta facilidad —dijo mientras se colocaba arriba mío y me tomaba del cuello apretándolo con fuerza —te burlaste de mi confianza, me amenazaste con un arma, te atreviste a jugar conmigo, a reírte de mí, y ahora apareces como si nada. Debería matarte, debería golpearte hasta deformare tu preciosa carita de nena para siempre.
Conforme pasaban los segundo sentía como todo se iba desvaneciendo, el aire apenas llegaba a mis pulmones.
—Pero no puedes —le dije con las pocas fuerzas que me quedaban. —No puedes, porque me amas.
El rostro de Yarik se llenó de odio, me levantó del cuello y me azotó contra el piso haciéndome sentir un horrible dolor que se esparció por mi nuca hasta mi sien y luego todo empezó a dar vueltas, al menos Yarik había dejado de apretar mi cuello y ya podía respirar con normalidad.
Sentí como me agarraba del cabello.
—La próxima vez que vuelvas a decir una idiotez como lo que acabas de decir, juro que te haré algo peor que la muerte.
A continuación metió su enorme y gruesa verga dentro de mi boca, presionando contra ella con desesperación, sentía como su miembro bajaba por mi garganta y luego salía completamente de mi boca para volver a entrar, una y otra vez hasta eyacular en mi boca, ahogándome con su semen.
Apenas me soltó me levanté y comencé a toser, el semen incluso había empezado a salir por mi nariz, quise pararme pero sentí algo extraño entre mis piernas, estaba completamente mojado, me había excitado tanto que había eyaculado. Yarik se paró frente mío y me observó con una mirada fría.
—Maldito degenerado, estás enfermo.
Yo solo largué una carcajada, era gracioso que un tipo como él me juzgara de esa manera. Sí, podía ser que estuviera enfermo pero el no tenía la capacidad moral para juzgarme, él estaba igual de enfermo que yo.
El bratva gruñó furioso, pero no dijo nada más, se acomodó los pantalones y salió de allí dejándome ahí tirado.
Me quité los pantalones y los bóxers, traté de limpiarme con estos lo más que pude mientras mis pantalones se aireaban.
Escuché un ruido proveniente de una esquina del granero, levanté la vista y enfoque la mirada tratando de distinguir la figura que se encontraba en el rincón, era Nikolay, se encontraba observándome. Al verse descubierto se acerco a mí, yo tenía mis piernas y mi miembro al descubierto y en una mano mi bóxer manchado de semen, lo único que me detenía de estar completamente desnudo era una camisa de manga larga que tenía también varias salpicaduras de semen. No tuvo que decir nada, me quitó la camisa, me dio la vuelta y me acorraló contra la pared, sentí su pene frotando mis nalgas y luego hundiéndose en estas desesperadamente, eran embestidas salvajes y violentas que hacían que me retorciera debajo suyo, se fue moviendo con mayor rapidez y su miembro se iba poniendo cada vez mas duro y grande dentro mío. De un momento a otro el joven bratva me dio vuelta y comenzó a refregar su miembro contra el mío mientras me besaba el cuello. Su mano se cerró sobre nuestras erecciones comenzando una bestial paja que nos hizo terminar en unos cuantos minutos. Su semen y el mío ambos salpicaron mi pecho y mi vientre volviendo a mancharme. Nikolay me tomó del mentón y colocó dos dedos llenos de semen en mi boca mientras me observaba con esos ojos grises, yo no me corté y aproveche para lamerlos hasta dejarlos limpios.
— Eres insaciable, Yarik acaba de llenar tu boca de semen pero todavía quieres más.
— ¿Lo viste? —le pregunté sin mucha sorpresa mientras me relamía los labios.
Me tomó del cuello y me besó
—Me gustas Arian, quiero que seas mío.
—Nunca seré tuyo... —le conteste con una sonrisa burlona.
—Lo serás —dijo volviendo a besarme
—No sabes con quien te estas metiendo —le advertí, ese idiota pensaba que me tendría comiendo de su manos, pero lo que no sabía es que yo lo podía aplastar como un insecto insignificante en cualquier momento
—Ya lo veremos —dijo, se acomodó los pantalones y salió del granero.
Terminé de limpiarme como pude, me coloque mis ropas y volví al edificio donde se llevaba a cabo la reunión.

#28

Filipp llegó media hora después seguido por su grupo de matones personales, entre ellos una cabecita rubia que conocía muy bien. Enseguida Nikolay, Vova y Yarik rodearon a Filipp y comenzaron a ponerle al tanto de los preparativos y la planificación del operativo. Wang me llamó para que le ayudara a repartir unas bebidas y cuando volví la vista hacia donde se encontraba Filipp, Luka había desaparecido. Comencé a buscarlo con la mirada pero no había rastros de él, salí afuera y aproveché para fumarme un cigarrillo. Estaba por entrar al edificio cuando una mano salió de las sombras y me sujeto. Sentí como sus brazos se colgaban de mi cuello y aquella mirada verde se clavaba en mí. Sus labios enseguida se apoderaron de los míos.
—Hueles a sexo...—dijo para luego largar una risita y volver a besarme —¿Estuviste con Yarik? Hace tiempo no te veo en sus reuniones.
—No es de tu interés.
Luka se encogió de hombros y volvió a besarme.
—Te extrañaba...— dijo en un susurró
—Pensé que no me hablarías nunca más, después de lo que te hice.
—No hablemos de eso. Mejor no hablemos, solo quiero sentirte.
Yo me aparté, por más que la idea de tener a Luka nuevamente no me era indiferente, en lo único que podía pensar en ese momento era en no dañar a Dima más de lo que ya lo había hecho.
—¿No quieres? —preguntó el rubio algo decepcionado
—No quiero hacerte daño...
—No lo harás —dijo e intentó besarme pero yo corrí mi rostro. —Arian ....
— ¿Sabes algo de Dima? —le pregunté
Luka no disimuló el descontento que le produjo que le hablara de Dima pero enseguida se dibujo en su rostro una sonrisa triunfante.
— Si quieres saber algo más de Dima, tendrás que aceptar una cita conmigo...
Yo lo observé no muy convencido, lo único que me traería asociarme con él sería solo dolor de cabeza. A pesar de eso acepte.
—Genial, te espero mañana a las ocho en el McDonald's

#29

Generalmente existían uno o dos Pakhan por ciudad, pero al ser Moscú la capital, un enorme y vasto territorio, el reinado Bratva se dividía en tres grandes jefes que se disputaban el territorio y el poder. Uno de ellos era Irah quien lideraba el Este, el otro Igor Kozlov el norte y Artur Pavlov el Sur. Siempre había disputas territoriales, y cada tanto algún conflicto hacía explosión, no era ninguna novedad. En esos momentos había conflicto en una de las zonas limítrofes con un hospital cuyo director había muerto hacía más o menos un año, el lugar había estado acumulando deuda debido a un mal manejo administrativo y estaba por quebrar. Los Bratva había aprovechado esa oportunidad para ofrecer una cantidad muy debajo del precio verdadero del inmueble, pero presionando un poco a la familia con algunas amenazas pensaban que estos cederían a vendérselos. Lamentablemente la Viuda era testaruda y no había cedido a las amenazas, y Irah temía que alguno de los otros Pakhan aprovechara la oportunidad para quedarse con el territorio. Me había enterado de todo aquel asunto de casualidad en una reunión, pero cuando escuché el nombre del hospital, no dudé en meter mis narices en el tema, el director del hospital que había muerto, se trataba nada más y nada menos que del padre de Aleksei Kuznetsov.
Me subí al auto con Vova, suplicándole que me llevara, el Brigadir tomó mis ganas de ir como verdadero interés en los negocios de los Bratva y aplaudió mi iniciativa, era la primera vez que me veía tan motivado. Llegamos al lugar y Vova y Wang se bajaron mientras yo me quedaba unos pasos atrás, no quería que Aleksei me reconociera. Entramos a un edificio pasando por la recepción, el hombre de seguridad pareció reconocernos porque nos dejó pasar sin decir nada. Subimos por la escalera hasta el segundo piso, Vova fue quien toco una de las cinco puertas azules que había en el corredor, mientras Wang prendía un cigarrillo, una señora de cabello negro les abrió, se paró frente a Vova con aire prepotente y se cruzó de brazos, supe que se trataba de la madre de Aleksei porque tenía los mismos ojos que él. Enseguida una figura alta e imponente apareció detrás de la mujer, se trataba del mismísimo Lyosha, mi corazón pegó un vuelco cuando lo vi, se había cortado su cabello y tenía una barba de algunos días que lo hacían ver mayor, había aumentado algunos kilos por lo que ya no se veía como aquel adolescente desgarbado que había conocido.
—¿Qué quieren? —preguntó la mujer cortante
—Señora ¿Ya ha decidido aceptar nuestra oferta? Le recuerdo que falta poco para la fecha pactada.—le preguntó Vova tratando de ser lo mas cordial que podía.
—¡Déjenos en paz! Ya les dijimos que no queremos saber nada con ustedes.
—Deberías aceptar su oferta Lyosha, estos tipos son capaz de cualquier cosa con tal de obtener lo que han venido a buscar—les interrumpí
Aleksei me observó desconcertado —¿Arian? ¿Qué haces aquí? —
—¿Lo conoces? —me preguntó Vova sorprendido tomándome con fuerza del brazo.
Yo lo ignoré y volví a dirigirme a Lyosha —Por favor, toma el dinero...
El pelinegro lo pensó unos segundos y luego colocó su mano en el hombro de su madre de forma protectora, la mujer parecía bastante confundida.
—No lo haré, no cederemos ante sus amenazas. No sé que haces con ellos Arian, pero ni siquiera tú serás capaz de hacer que cambie de opinión.
A continuación el joven, cerró la puerta de un portazo.
—¿De donde lo conoces? —volvió a preguntarme Vova
—No es de tu incumbencia viejo.
Esa contestación hizo que Vova me encajara un puñetazo.
—Ya veras niño imbécil, cuando Filipp y Irah se enteren de esto...
—No te preocupes, yo mismo se lo diré...
Me llevaron a la casa de Irah en Lyubushkin khutor, era un palacete de un burgués del siglo XVIII restaurado y modernizado con el típico y tedioso estilo Bratva, tan recargado y ostentoso que daba ganas de vomitar. Terciopelo morado, arañas de cristal de murano, apliques dorados, sillones de estilo rococó y papel tapiz con estampado combinando con los sillones. Cuando llegamos al lugar una mujer de unos treinta años estaba sentada en el regazo de Irah, tenía el cabello negro y largo y unos ojos celestes preciosos, llevaba un vestido de color rojo muy corto y ajustado al cuerpo, no era la primera vez que la veía, conocía bastante bien a las putas que frecuentaban a los Bratva, incluso había tenido sexo con alguna de ellas en algún que otro evento social de la mafia. Para mi desagrado, esta chica Lena me odiaba, en algún momento ella y Yarik se veían muy seguido pero cuando aparecí yo, Yarik dejó de prestarle atención.
Vova se plantó frente a Irah y dio una breve explicación de lo que había sucedido a sus superiores, estoy seguro de que estaba desilusionado, el maldito calvo hubiera querido acusarme con su jefe, Filipp me hubiera despellejado vivo y Vova hubiera disfrutando viendo como me torturaba. Lamentablemente para su desgracia, el novio de Luka se encontraba ocupado con otros negocios fuera de la ciudad.
—Déjenme solo con él. —pidió Irah
Todos, incluso Sergey, se marcharon y quedamos solos en aquel gigantesco salón. Irah se levantó y caminó por el lugar mientras me observaba con su cara de póquer,
—¿Por qué siempre tienes que traerme algún tipo de problema Arian?— dijo con cansancio en su voz
Yo ignoré su pregunta.
—¿Lena es tu nueva putita? ¿Te la chupa bien?— Le dije mientras me acercaba a él — Me odia por que yo la chupo mejor que ella... podría darte una demostración...
Irah me observó con hastío mientras prendía un cigarrillo.
—¿Es todo lo que tienes que decir? Estoy cansado y no tengo ganas de escuchar tus estupideces, ve al grano.

Enseguida me arrodillé ante él y junté mis manos en forma de suplica.
—Doscientos mil rublos.
—¿Que?
—Doscientos mil rublos, es todo lo que tengo, es todo lo que he podido juntar, pero te juro que obtendré el resto. Haré lo que quieras, lo que me pidas, pero por favor perdona la deuda del hospital, déjalos en paz.
Lo único que hicieron mis suplicas fue lograr que Irah me pegara un patada en la cabeza, pero no debía titubear ni por un segundo, si lo hacía perdería toda esperanza.
—¡¿Tantas golpizas han logrado atrofiar tu cerebro por completo?! ¿Enserio piensas que doscientos mil rublos alcanzan?— el pakhan se agachó y me tomó del cabello haciendo que mis ojos y los suyos se encontraran —¡Idiota! ¿Sabes lo que ganaría si logró obtener el hospital? ¡3.5 millones! ¿Puedes pagarme eso Arian? ¿Tu suplica vale 3,5 millones?
—Por favor Irah, haré lo que sea...
—¿Por qué te importa tanto? ¿De donde conoces a Aleksei Kuznetsov? ¿Era compañero tuyo? ¿Tu novio?
—Por favor...
Irah golpeó mi rostro contra el piso y luego volvió a levantar mi cabeza y me miró a los ojos con interés, una sonrisa cínica apareció en su rostro.
—Estas enamorado de él. —dijo mientras apretaba el cigarrillo con sus dientes—Que curiosos eres Arian, siempre pasas de todo el mundo, te importa una mierda lo que te pueda suceder a ti y a los demás, pero cuando se trata de Aleksei Kuznetsov eres capaz de poner en riesgo tu propia vida.
Me soltó y comenzando a caminar por la sala, fue hasta la ventana y se quedo un tiempo observando el exterior. Mi cuerpo temblaba, estaba a punto de orinarme del miedo, sabía lo que Irah era capaz de hacerme, pero también sabía que si aparecía un atisbo de duda en mí, perdería todo.
—¿Como conseguiste el dinero con el que me quieres pagar?
—Hice trampa en el póquer, además de obtener un poco de dinero de las comisiones por mi trabajo en la hampa.
La expresión cansada de Irah dio paso a una leve sonrisa cómplice, dio una pitada de su cigarrillo y luego exhaló el humo.
—Muy bien, haré lo que me pides —contestó Irah —Lamentablemente tengo una debilidad por ti Arian, incluso te enredé con esa maldita deuda para que te quedaras en el grupo. Sé que esto me traerá muchos problemas, especialmente con Filipp, así que tendrás que esforzarte por saldar tu deuda conmigo.
El hombre caminó hacia donde me encontraba mientras comenzaba a quitarse el cinturón y luego a desabotonarse el pantalón.
—De ahora en más serás miembro oficial de la Bratva
Una oscura y bien proporcionada verga apareció delante mío, estiré mi lengua y lamí el tronco, el olor inundó mi nariz, del glande comenzó a salir un liquido transparente, envolví mis labios alrededor y succioné el liquido para luego volver a lamer el tronco y finalmente metérmela por completo en la boca.
Irah jadeó al sentir el calor de mi boca en su miembro.
— ... y serás mi putita.

#30

Cuando aquella cabecita rubia entró al despacho, supe que ese día no sería fácil. Esa sonrisa falsa en su rostro lo decía todo.
—¿Por qué no fuiste a nuestra cita?
—Sabes que Filipp me molerá a golpes por tener esta conversación contigo.
—Te lo mereces por idiota, si hubieras ido ayer como habíamos quedado, esto no estaría pasando ¿Por qué no fuiste?
—Me olvidé —me sinceré, lo cierto es que con lo que había sucedido con Lyosha, mi cita con Luka había quedado en el olvido
Pase de él y tomé unas tazas de la alacena y las coloque en una bandeja.

—Pensé que Dima era importante para ti.
—No saques conclusiones precipitadas, es cierto que tengo cierta simpatía por Dima, pero nada más.
Tome la cafetera de su base y me dediqué a llenar las tazas con el líquido oscuro, Irah, Giyena y Filipp esperaban mi regreso con café en la habitación contigua.
Una sonrisa pícara apareció en ese hermoso rostro.
—Entonces no te interesará lo que sé de él.
Sí me interesaba pero más odiaba que Luka tuviera poder sobre mí.
—Haz lo que quieras, si quieres decirme hazlo, sino... no me importa...
Estaba por levantar la bandeja con el café y largarme de la habitación, cuando la mano de Luka tomó mi muñeca, su rostro se había puesto serio y se veía sumamente preocupado.
—Dima está muy mal Arian, no quiere salir de su cuarto y anda consumiendo drogas . Por lo que supe de su tía, parece que unos hombres lo estaban buscando, temo que puedan ser los Bratva que mataron a sus amigos.
—¿Y por qué me dice todo esto? Dile a Filipp que se encargue de ellos, ayuda tú a Dima. Él te ama con locura Luka, eres el único que puede ayudarlo, que puedes darle un poco de calma a su corazón atormentado.
—Yo soy solo un pedazo de carne para Filipp, nunca me haría caso. Ya lo sabes. Además, no quiero que Dima se ilusione conmigo, puede ser que sea peor que yo lo ayude, terminaré lastimándolo más. Es por eso que tú debes ayudarlo.
—No veo cómo puedes querer a una persona como Filipp—dije con un poco de asco, pensar en ese hombre me revolvía el estómago —Además Dima no me quiere.
—Yo no entiendo como tienes la cara para criticarme Arian....
—No te estoy criticando, solo digo lo que pienso. Te estas equivocando conmigo y Dima ¿Enserio quieres que le ayude? Yo soy la persona que más detesta porque tú estás enamorado de mí. Verme es una tortura para él, es el recuerdo de que tú estás enamorado de otra persona ¡Estoy harto de estar en medio de todo esto! Dima se preocupa por ti y me pide que te cuide y tú haces lo mismo con Dima ¿Por qué no me sacan del medio?.
Las mejillas de Luka se enrojecieron como si lo hubiese pillado diciendo alguna mentira.
—¡Arian! ¿Tú quieres que Filipp me mate? ¡No puedo! Me encantaría poder ayudarlo pero no puedo, si Filipp se llega a enterar es mi fin.
—No puedes vivir así Luka, debes irte y dejarlo...
—¿Y dónde iría? No hay nada para mi fuera de esto. Además .... yo lo quiero...
—Tú no lo quieres.... solo te engañas...
Los ojos verdes me observaron con tristeza, de pronto sentí el rostro del rubio a unos pocos centímetros del mío.
—Vayámonos, escápate conmigo Arian. Sería capaz de hacer cualquier cosa por ti... —sus ojos brillaban como pocas veces había visto.
Yo solo reí.
—Estás loco...
Tomé la bandeja con las tazas de café y me dirigí al despacho de Filipp.

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Una sonrisa de satisfacción apareció en el rostro de Vova cuando me agaché a recoger la última pila de hojas del jardín. Filipp me había castigado por mi pequeña charla con Luka, obligándome a hacer aquel tipo de diligencias. Lamentablemente para él, ahora que pertenecía formalmente a la hampa y estaba bajo la tutela y cuidado de Irah, él ya no podía imponerme castigos tan severos a menos de que tuviera una razón válida, y tampoco era su plan que todo el mundo se enterara de que Luka era su amante.

—Espero que con esto se te pase ese aire de superioridad que siempre llevas encima, ya que no aprendes con los golpes.— dijo el calvo mientras se cruzaba de brazos
Yo solo le dirigí una mirada burlona y volví a mi trabajo.
—Nunca pensé que Irah te haría parte del grupo, solo eres un dolor de cabeza. No solo eso, sino que gracias a ti perdimos el dinero del hospital. Realmente debes chuparla muy bien...
—No tienes ni idea, te la chuparía a ti también pero sé que solo te gustan las niñitas.
Vova me observó con disgusto pero no dijo nada más. Barrí el último poco de hojas secas que quedaban en el piso y lo coloque dentro de una bolsa de basura, la cerré y luego la coloque en un contenedor. Todo esto bajo la supervisión del Bigadir.
—¿No tienes nada más productivo que hacer que quedarte observándome? ¿Porque no vas a masturbarte con uno de tus videos de niñas de primaria o algo así?
El calvo me observó con odio, pero enseguida volvió a sonreír con ese aire de superioridad.
—Irah me pidió que te llevara directamente a Lyubushkin khutor
Mi rostro se transformó, si había algo que odiaba era que me dijeran lo que tenía que hacer, que me quitaran mi libertad. No iba a hacer lo que él me dijera, prefería morir a vivir una vida así.
—La próxima comisión será toda tuya...
—¿Qué? —me preguntó Vova sin entender bien.
—Si me dejas irme hoy te daré mi paga...
—¿Estás loco? Si Irah se entera me desollará vivo...
—El doble, te daré mis dos próximas comisiones, con eso podrás comprarte todos los videos porno y ropa de niña que quieras. Diles que te distraje y me escape, yo me encargaré de complacer a Irah después...
El calvo dudó unos minutos.
—Te complaceré a ti si quieres, me vestiré de niña y dejaré que me cojas.
Vova largó una carcajada.
—Realmente quisiera verte vestido de niña, sería todo un espectáculo... Muy bien, haré lo que quieres, pero a cambio quiero tu dos próximas comisiones y me dejarás fotografiarte vestido de niña, podré hacer lo que quieras con esas fotos, incluso publicarlas.
—Bien... si... haz lo que quieras...

#31

Dejé el maldito rastrillo a un costado y salí corriendo, mientras le mostraba el dedo del medio y le sacaba la lengua a Vova. Estaba anocheciendo, el día era húmedo y el frío me calaba los huesos. Tenía un sinfín de posibilidades, podía disfrutar esa noche con quien quisiera, podía intentar arreglar las cosas con Yarik, ir a pasar una noche genial con Nikolay, atormentar al pobre de Gosha, quedar con Luka o ir a ver a Dima, pero ninguna de esas opciones pasaron por mi cabeza, yo solo quería verlo, aunque sea una sola vez quería volver a ver a Aleksei. Caminé desde Levoberezhny hasta Voykovsky, lo que me tomó más de una hora, cuando llegue allí no sentía mis extremidades. Me detu en frente a la casa de Aleksei, la luz de una de las habitaciones estaba prendida, tiré una piedrita y rogué que fuera la habitación de Lyosha, lamentablemente la madre de mi ex compañero fue quien se acercó a la ventana. Enseguida me escondí entre los arbustos deseando que no me hubiera visto y hubiera llamado a la policía. Me quedé quieto en la oscuridad hasta que su figura desapareció. Rodeé el edificio y probé con otra de las ventanas, por suerte Lyosha vivía en el segundo piso. Enseguida vi como mi compañero abría la ventana y se asomaba.
—¡Lyosha!
Vi como buscaba sus anteojos y se los colocaba para poder observar quien era el idiota que lo estaba llamando.
—¿Arian? ¿Qué haces aquí?

¿Qué hacía ahí? Muy buena pregunta, ojala hubiera podido contestármela en ese momento ¿Qué era exactamente lo que quería yendo ahí? ¿Qué era lo que ganaba? Estaba muerto de frío, con la nieve humedeciéndome la ropa, buscando algo que sabía que no obtendría y que tampoco quería realmente. Podía estar en una cama caliente con alguno de los hombres más preciosos de Moscú, disfrutando de buen sexo y una comida caliente, en vez de eso estaba allí viendo como Lyosha me observaba confundido.
¿Que ganaba si le confesaba a Lyosha que lo amaba? ¿Acaso el me correspondería? Y si era así ¿Acaso yo quería ser correspondido? ¿Quería tener una relación amorosa con él? No me imaginaba teniendo una relación de ese estilo con nadie...

—Quería verte—. Fue la única idiotez que salió de mi boca.
—Ah...bien—. Fue la contestación del pelinegro, tampoco es que me sorprendía su respuesta.
Nos quedamos observándonos unos instantes, parecía que Aleksei no sabía muy bien que hacer.
—Espera, ya bajo —dijo finalmente, luego de unos segundos eternos.
La espera debajo de la nieve fue eterna, cuando Lyosha salió por la puerta una corriente eléctrica recorrió mi espina dorsal, muy poco del adolescente encorvado que recordaba quedaba en ese hombre que ahora aparecía ante mí, seguía manteniendo esa mirada sombría pero su cabello corto y aquellas gafas de marco negro le daba un aire más adulto.

—Hola.
—¿Qué haces aquí?
—Quería ver como estabas. Los Bratva ya no volverán a hostigarlos más..
—¿Por qué estás con ellos? ¿Tuviste algo que ver en todo esto?
—Tengo una deuda con ellos que todavía no termino de pagar. Con respecto al hospital, conozco a alguien importante de la organización que me ha hecho un favor, así que ya no intentaran quedarse con el lugar.
—Debe ser alguien realmente importante como para hacerte ese favor, el hospital les hubiera dejados al menos 3 millones.
Yo giré mis ojos en señal de hastío ¿Era necesario que todo el mundo me recordara que acababa de pedirle a Irah que no concretara un negocio multimillonario solo porque a mí se me ocurría? Además había sobornado a Vova para que me dejara escapar y así no volver con Irah. El Pakhan estaría furioso.
—No importan los detalles ¿No estás contento con que te salvara el trasero?
Los fríos ojos de Lyosha se suavizaron.
—Tiene razón Arian, no hay palabras que describan la gratitud que siento.
Se acercó y me abrazó, sentir el aroma de su piel hizo que se me parara por completo, me hizo recordar todas esas veces que sus dedos recorrieron mis cicatrices, la expresión mezcla de lujuria y admiración en su rostro, y el silencio cómplice que nos acompañaba en nuestra soledad.
Se apartó y me observó con preocupación.
—Estás helado. Ven, pasa. Estábamos por sentarnos a cenar.
Yo asentí y lo seguí.
La casa de Aleksei era modesta y elegante, contaba con una sala comedor ,con una mesa y sillones muy elegantes, una cocina algo pequeña y simple comparado con la elegante sala; la habitación de la madre, un escritorio y el cuarto de Lyosha; Dos baños completos y un balcón algo pequeño e incómodo pero con una hermosa vista a la ciudad.
Aleksei me dejó esperando en la sala unos minutos y apareció nuevamente con una ropa.
—Cámbiate, sino seguramente te resfriaras. Puedes bañarte si quieres, hay toallas limpias.
Seguí su consejo y me encerré en el baño, salí un rato más tarde no sin antes hacerme una paja mientras olía su ropa.
Lyosha me observó de arriba abajo cuando salí, los hombros de la remera me quedaban bastante más abajo de lo que tendría que quedarme y también me había tenido que arremangar los pantalones.
—Te queda algo grande, pero no encontré nada más pequeño que pudiera irte mejor.
—No importa...
Al escuchar las voces, la madre de Aleksei salió de la cocina, me observó a mí y luego a su hijo con curiosidad.
—Mamá, él es Arian. No sé si te acuerdas de él. Fue compañero mío del instituto, estuvo en el funeral de papá y ahora nos ha ayudado con el tema del hospital, ya no nos molestarán más esos malditos, él se ha encargado de ponerlos en su lugar.
El rostro de alivio de la mujer era conmovedor, abrazó a su hijo con alegría y luego me abrazó a mí, agradeciéndome con lágrimas en sus ojos el milagro que había realizado.
Nos sentamos a la mesa a comer, la mujer había preparado Shashlyk con una ensalada de papa y zanahoria. Conversamos un rato largo, recordando al padre de Lyosha y sus obras caritativas como director del hospital, luego la mujer contó cómo había abandonado su carrera de cantante para criar a su hijo y ocuparse de la casa. Yo esquivé el tema de mi vida privada lo mejor posible, lo cual hice con mucho éxito. Finalmente la mujer se retiró a su habitación y nos dejó a Lyosha y a mi solos.
—Y... ¿Cómo te va en la facultad? —fue lo único que se me ocurrió preguntar.
El rostro de Aleksei se volvió algo triste.
—Bien, realmente no me cuesta mucho estudiar, aunque no sé si estoy hecho para esto, sabes... por mi condición.
—¿Por tu gusto por la cicatrices?
—Así es, pero supongo que el tiempo lo dirá, hay muchas especialización dentro de la carrera y puedo elegir la que mejor se amolde a mí. Aunque me gustaría ser cirujano como mi padre.
Yo asentí y tomé un sorbo de agua —No deberías comerte mucho la cabeza con eso.
Lyosha me sonrió y se quedó observándome.
—Deberías quedarte a dormir. —dijo
Yo me quedé paralizado, nunca una propuesta como esa me había hecho sentir tan expuesto.
Se ve que Lyosha capto mi incomodidad ya que agregó —Hace mucho frío y ya es tarde...
—Bien.. —fue lo único que salió de mi boca, el nudo que tenía en mi garganta apenas me dejaba hablar. Tanto tiempo pensando en él, tanto tiempo esperando para volver a verlo, con tanto miedo de ser rechazado, y ahora lo tenía delante mío invitándome a que me quedara a dormir. No pueden culparme por sentirme de esa manera.
Entramos a su habitación, una cama y un escritorio con un montón de libros y hojas apiladas, una montaña de ropa a un costado, un póster de System of a Down y una taza de café al lado de una computadora portátil. Me senté en la cama y observé el lugar mientras esperaba a que Lyosha trajera la ropa de cama y el colchón inflable. Examiné su mesa de luz, en ella había un tomo de uno de los libros del señor de los anillos junto con un cráneo que debía pertenecer a una de esos esqueletos falsos que pueden encontrarse en alguna parte de un hospital.
—Muy bien... ayúdame a inflar el colchón... — dijo Aleksei mientras dejaba la ropa de cama a un costado.
Yo me reí y me tumbé en la cama.
—Durmamos juntos —le propuse con un tono seductor.
Lyosha se rió y luego comenzó a inflar el colchón, a mitad de la acción noté como se comenzaba a poner rojo del esfuerzo, lo aparté y comencé a inflarlo yo, aproveche para degustar su saliva y mezclarla con la mía, esta idea me excitó de sobremanera, me sentía como un adolescente virgen frente a su primer amor. Cuando finalmente el colchón estuvo tan firme como nuestro pulmones lo permitieron, lo colocamos en el suelo y yo le ayudé a tender la ropa de cama encima.

#32

Aleksei se quitó la camiseta y yo pude observar su cuerpo, había pasado de ser delgado a tener un pequeña pancita que le sobresalía un poco, siempre había sido de contextura fuerte, pero ahora que había engordado era todavía más imponente. Se quitó los pantalones dejando ver sus piernas peludas y se colocó un pantalón más cómodo, de esos para hacer gimnasia. Cuando se acostó en la cama, yo aproveché y comencé a desvestirme, me quité la camiseta y el pantalón que Lyosha me había prestado y quedé solo en mi ropa interior, un bóxer negro bastante ajustado que marcaba mi culo y mis piernas de una forma muy provocativa. Me di vuelta y encontré a Lyosha observándome, tenía mucha más quemadura de cigarrillos desde que él me había visto por última vez, iban desde mi hombro por mi espalda como una constelación de estrellas, también tenía un par de cicatrices de cortes debajo de las costillas y cerca de mi vientre, sin contar las marcas de quemaduras en mis muñecas, tobillos y cuello, causados por la fricción de la soga que muchas veces usaban para atarme durante el sexo.
—Me quite la ropa para no arrugarla, si te molesta que duerma así, yo puedo ponerme la camiseta....
—No, está bien... —dijo el pelinegro con un hilo de voz.
Yo le sonreí y coloqué la ropa en la única silla en la habitación.
—¿Te gustan mi nuevas cicatrices? ¿Quieres verlas más en detalle?
Lyosha asintió, mientras tragaba en seco. Yo me senté en el borde de la cama de espaldas a él para que pudiera observarlas en detalle. Enseguida sentí sus dedos recorriendo mi piel y no pude evitar que mi miembro se pusiera duro nuevamente. Me di vuelta y encontré a Aleksei igual de empalmado que yo.
—Estas duro... —dijo el pelinegro con su voz monótona.
—Tú también...—le susurré mientras deslizaba mi manos hasta su entrepierna. Acaricié sus bolas y subí por el duro tronco de su pene, era grande y grueso, se me hizo agua la boca, quería metérmelo y engullirlo completamente.
Al ver que mi mano seguía allí y Lyosha no la había apartado, comencé a masajear su miembro por encima de la ropa, me gustaba sentir como este se contraía cuando imprimía fuerza en el tronco, acaricié su glande y sentí que se estaba mojando. No me atrevía a mirarle a la cara, pensaba que si lo hacía, la magia pasaría y Aleksei me pediría que parara. Un jadeo hizo que me decidiera a bajarle los pantalones, su enorme verga apareció frente a mis ojos como un delicioso manjar, acerqué mi rostro a su miembro y lamí su tronco con lentitud. Sentí como su mano acariciaba mi cabello y luego me empujaba para que profundizara mis caricias, abrí mi boca y me metí la verga lentamente, quería que entrara por completo, pero fue imposible. Comencé una lenta felación apretando mis labios contra el tronco y lamiendo el húmedo glande. Sentí como Lyosha volvía a imprimir fuerza, empujando mi cabeza contra su miembro, traté de metérmela toda y eso me generó arcadas, a pesar de eso, se la seguí chupando. Sentí como los dedos de Lyosha tocaban mi espalda, acariciando las quemaduras, su miembro comenzó a contraerse anunciando el inminente orgasmo, yo metí mi mano dentro de mi bóxer y comencé a tocarme, masturbándome con velocidad.
—Arian —susurró Lyosha entre jadeos mientras comenzaba a venirse dentro de mi garganta, el semen inundó mi boca, traté de tragármelo por completo pero el líquido blanco comenzó a resbalarse por mi mentón cayendo en el pantalón de mi compañero.
Me senté en la cama mientras seguía masturbándome, estaba a mil, haciéndome la mejor paja de mi vida, mientras veía como esos ojo me observaban. Acerqué mi rostro al de Lyosha y lo besé, enseguida nuestras lenguas se acariciaron y el beso se hizo intenso. Me alejé cuando sentí el orgasmo cerca, el semen se disparó ensuciando mi vientre y mi pecho.

Lyosha me dio unas servilletas de papel que tenía en el cajón de su mesita de luz y me limpie con eso. Él se acomodó el pantalón y se quedó observándome, yo me acerqué a él y quise besarle pero él se apartó.
—Mi madre....
—No haremos ruido... ella no tiene por qué enterarse.
Volví a sentir su mano contra mi pecho, empujándome.
—Esto no es lo que quiero.
Cerré los ojos y suspiré con resignación.
—Está bien, entiendo ¿Quieres que me vaya?
—No, solo.... Mejor durmamos.
—Bien.
Me acosté en el colchón inflable y me quede allí quieto, cerré los ojos y esperé, pero no pude dormir en toda la noche.

Apenas escuché ruidos en el comedor, salí del dormitorio, no sin antes tomar el celular de Lyosha y anotarme su número en un papel, no quería volver a perderle el rastro. Me coloqué mi ropa que había secado y le pedí a la madre de Aleksei que me abriera la puerta. Salí de allí feliz y triste, todavía sentía el olor de Lyosha impregnado en mi cuerpo. Me gustaba mucho, Lyosha me gustaba mucho y no podía enredarlo en mi vida, era demasiado preciado para mí.

Caminé de regreso a Levoberezhny, allí me esperaban Vova y Wang con un auto.
—Irah quiere verte....
Subí al auto y me llevaron a su casa. El Bratva se encontraba desayunando unos huevos revueltos con pan y un café. Terminó de tomar su café y prendió un cigarrillo. Su rostro, como siempre, denotaba aburrimiento y desinterés, como si no le hubiera cambiado en nada el hecho de que me hubiera escapado.
—¿Piensas que es gracioso Arian? ¿Qué estás jugando a las escondidas con tus amiguito? ¿Acaso tienes idea de con quién te estas metiendo?
Yo sonreí,
—Irah, yo te gusto por mi carácter ¿No es cierto?
El hombre sonrió, pero algo en esa sonrisa me dio escalofríos, era una sonrisa triste, pensativa, como si estuviera pensando en la muerte con nostalgia. Lamentablemente mis torpes deducciones no estaban del todo incorrectas.
—Es cierto, pero esta vez has ido demasiado lejos.— Hizo una pausa, paladeando sus palabras con tranquilidad, tratando de ser lo más claro posible. —Tengo mucho poder, Arian, y eso me da bastante libertad como para actuar como se me dé la gana sin tener que responder a nadie, me gusta el poder porque no necesito depender de nadie, puedo ser todo lo extravagante que quiera, puedo tener todas las mujeres que quiera, puedo demandar de mis hombres lo que se me canten los cojones, nadie se atrevería a contradecirme. Pero la única forma de mantener mi poder, es que mis hombres me respeten, y para que me respeten no puedo dejar que cualquier niño idiota, ninfómano, sádico, con problemas emocionales, me maneje como se le cante las reverendas pelotas y me deje en evidencia ante todos luego del ridículo favor que le acabo de hacer con el hospital.
—Yo no...
Quise decir algo pero Irah no me dejó hablar.

—Me dijiste que serías mi putita Arian, y al primer momento que requiero tu servicio, desapareces y te vas dejándome esperando, nunca nadie ha tenido las agallas de hacer algo así.
Los ojos negros se volvieron amenazadores, el Pakhan se levantó y entró en la cocinas. Mi mente estaba en blanco pero mi cuerpo comenzó a temblar instintivamente. Irah volvió al comedor con un hacha de cocina, tomó mi mano de la muñeca y la colocó sobre la mesa
—Hace poco estuve reunido con un Mafioso japonés, hicimos un par de negocios interesantes y estuvimos hablando de como disciplinar a nuestros jóvenes ¿Sabes lo que hacen ellos cuando alguno se sus subordinados comete algún acto "deshonroso"? Le cortan una parte de su dedo, la primera falange, la segunda, la tercera y así con cada acto de desobediencia o inmoralidad que se cometió. Contigo Arian, debería cortarte la mano entera.
Observé como el Pakhan posicionaba el cuchillo encima de mi muñeca.
— ¡No! ¡Por favor Irah! —le rogué, retorciéndome, tratando de zafarme del agarre.
—Si te mueves, juro que te rebanaré la garganta.
La frialdad y seguridad en su voz me heló la sangre. Me quedé quieto, sentí el sudor frío resbalar por mi frente mientras sentía el filo del cuchillo rozar mi piel.
—Para tu suerte, esto será solo una advertencia Arian, pero no te irás completo de aquí.
Vi cómo me sostenía el dedo meñique separándolo del resto lo más posible, luego posicionaba el cuchillo sobre la falange y se preparaba para hacer presión. Yo cerré los ojos antes de que la hoja rebanara mi dedo, recién cuando la cuchilla se separó de mi dedo y Irah comenzó a limpiarla con un repasador, comencé a sentir el punzante dolor, mis ojos se aguaron y traté como pude de no gritar. El Pakhan me agarró la mano y la envolvió con el repasador haciendo presión en la herida.
—Mantén presionado. —Me ordenó —Espero que entiendas Arian que esto es solo una advertencia de lo que te puede ocurrir si vuelves a desobedecerme ¿Comprendes?
Yo asentí, mis lágrimas caían sin poder detenerlas.
—Ahora vete... no tengo ganas de tenerte cerca mío. Vova te llevara a que te vea un doctor.
Yo asentí y salí de la habitación, si había algo que tenía claro ahora, era que con Irah no podía jugar.

#33

La sonrisa de satisfacción que Luka tenía en su rostro hacía que quisiera golpearlo.
— ¿Te duele?
Yo lo observé con cara de pocos amigos.
—Ya sabes la respuesta.
Observé mi mano, estaba vendada desde hacía dos días, y todavía me dolía muchísimo. El rubio se acercó y se sentó descaradamente en mi regazó, y agachó la cabeza haciendo que nuestros labios se acariciaran.
—Siempre sé cómo hacerte sentir mejor
Volvimos a besarnos y luego lo aparte.
—Sabes que lo único que me traería tus atenciones sería un terrible dolor de cabeza con Filipp, paso.
Luka se quitó de arriba mío algo frustrado,
— ¿Por qué eres así conmigo Arian? —dijo con tristeza mientras se sentaba encima del escritorio de Irah.
Nos encontrábamos en el despacho de Irah, el Bratva me había mandado a llamar pero todavía no había llegado. Luka que también estaba esperando que Filipp regresara de una reunión, me había visto entrar al despacho y se había encerrado conmigo en este.
—Si Irah te ve sentado arriba de su escritorio te matará...
El rubio me dirigió una sonrisa desafiante aunque algo triste, yo no pude ignorar más su hermosura, y me levanté del sillón. Caminé hacia él con pasos relajados y lo besé con deseo.
—Soy así contigo porque eres demasiado para este mundo, y este mundo no merece a alguien tan hermoso como tú.
Sus ojos verdes brillaron emocionados, claramente Luka no se esperaba esa respuesta. Lo que no sabía es que esas palabras distaban mucho de ser un halago. Volvimos a besarnos y las cosas se volvieron algo intensas, sus piernas rodearon mi cintura y yo empecé a frotarme contra él.

—Siento interrumpir... —escuché la voz de Irah
No separamos los dos en un sobresalto.
—Lo siento Pakhan, esto... yo...
Irah suspiró algo fastidiado.
—No te preocupes Luka, no le diré nada a Filipp si esa es tu preocupación. Ahora vete, quiero estar a solas con Arian.
Los colores volvieron al cuerpo de Luka y este asintió para luego salir por la puerta lo más rápido posible. Apenas escuchó la puerta cerrarse, Irah sacó un cigarrillo del bolsillo de su traje y lo encendió, luego se tiró en el sillón, estaba exhausto. Dio una pitada a su cigarrillo mientras observaba el vendaje mi mano.
—¿Te duele?
—Bastante —le respondí tratando de verme los más relajado posible delante de él.
Me acerqué a él y me acomodé a su lado, él me sonrió y se abrió la bragueta del pantalón mostrándome su verga.
—Haz tu trabajo putita...
No me hice rogar, me abalance sobre su verga con un hambre voraz, se la chupe unos minutos hasta que su miembro estuvo completamente erecto, pero yo quería algo más. Desde hacía tiempo tenía ganas de estar con Irah, me excitaba su carácter tranquilo y temperamental, su actitud relajada pero a la vez imponente. Me gustaban las arrugas que adornaban sus ojos, le daban esos aires de hombre experimentado. Tenía una picardía en sus ojos negros muy sensual y unos hoyuelos encantadores que se hacían en sus mejillas cada vez que se reía. A pesar de tener la misma edad que mi padre, su aspecto lo hacía parecer menor, tenía una nariz recta y algo grande, unos labios finos y pálidos y unos ojos rasgados que siempre se veían cansados, debajo de ellos siempre había bolsas por el cansancio y la mala vida que llevaba.
Me subí a su regazo y comencé a besarlo, ya le había chupado la verga anteriormente pero era la primera vez que nos besábamos, su perfume me embriagó, sus fuertes manos me tomaron de la cintura, acariciaron mi espalda, para luego desabotonarme la camisa y quitármela.
—Me gustas Arian —susurró en mi oído para luego volver a besarme, el sonido de su voz hizo que se erizara toda mi piel.
Contuve un quejido cuando la manga de la camisa rozo el vendaje de mi mano, me levanté y le hice una seña para que me ayudara a quitarme los pantalones. Sentí como sus manos me acariciaban la cintura y me tomaban de las nalgas dirigiéndome hasta el escritorio, me di vuelta apoyando mis codos en el escritorio esperando ansiosamente que me penetrara con su miembro. No tardé en sentir su verga haciéndose paso entre mis muslos.
—Quémame con tu cigarrillo —le pedí
El hombre se inclinó sobre mí, sentí la piel de su pecho rozando mi espalda.
—No voy a hacerte daño —me susurró al oído
Contrariamente de lo que acababa de decir, deslizó su mano hasta donde se encontraba mi mano vendada y la apretó. El dolor que me produjo me hizo ver luces.
—Maldito
Irah me embistió con más fuerza, me gustaba su forma de ser, me gustaba que juegue conmigo de esa manera. Me aterraba y a la vez me fascinaba. Su cuerpo se tensó y supe que había llegado al orgasmo cuando se desplomó sobre mí, sentí su respiración jadeante en mi cuello y su manos acariciando mi cuerpo mientras la ola de placer se esfumaba. Salió de encima mío y se quitó el preservativo en silencio, su expresión era seria y pensativa, yo me acerqué, quería seguir pero Irah me observó algo ofuscado y me apartó.
—Quiero que te vayas....
No me atreví a decir nada, tal vez con otra persona me hubiera burlado de la situación y de él, pero Irah me daba demasiado miedo. Me cambié en silencio y salí de la habitación.

#34

Los días siguientes fueron bastante movidos, todos se preparaban para la llegada de la embarcación que hacía unas semanas estaban esperando, se trataba de armamento ilegal cuya extracción se haría en la noche. Esa misma tarde nos reunieron a todos en el galpón nuevamente, yo me encontraba junto a Wang riéndonos y fumando, cuando Nikolay se acercó a hablarme, tenía una chaqueta de cuero negra que le quedaba muy bonita y se había cortado su cabello largo, ahora tenía un corte al estilo militar, rapado a los costado y un poco más largo arriba.
—Había oído rumores, pero nunca pensé que fuera cierto... —dijo con una sonrisa mientras observaba fijamente el vendaje en mi mano —El Pakhan es un maldito loco — anunció con un tono de admiración en su voz mientras se reía.
—Imbécil
—Debes haberlo jodido bastante para enfurecerlo de esa manera, aunque ahora estas bajo su mando ¿No es cierto?
—¿Y?... —le contesté tras pitar mi cigarrillo
—Es raro que te haya cortado un dedo y que luego te haya dado su protección ¿Acaso se la chupaste luego de que te cortara el dedo y se dio cuenta que era un lastima perder a alguien como tú, con esas habilidades?
—¿Y qué si fue así? ¿Te pone celoso porque ahora va a ser más difícil tenerme para tú solo?
Nikolay se rió y me rodeo con sus brazos.
—Como me pones Arian....
—Será mejor que no te me acerques así, Irah podría verte y tal vez quiera castigarte de la misma forma que lo hizo conmigo, no le gusta que toquen su propiedad.
Nikolay largó una carcajada pero se apartó.
—Ya lo verás, algún día serás mío —dijo y se perdió entre el grupo de gente.

Un rato más tarde llego el grupo de Yarik, no hubo mucho tiempo para nada, porque enseguida nos subieron a unos camiones y nos llevaron al puerto.
El plan era simple, el barco estaría custodiado por otros Bratva, si todo salía bien, se mostraba una falsificación falsa, en el peor de los casos se sobornaba a un par de gente, entrabamos, cargábamos los camiones y nos íbamos. Si las cosas salían mal y nos encontrábamos con la policía o había una redada, ahí todo se complicaban. Lo más importante era sacar la mercadería del lugar, y tratar de irnos con las menos bajas posibles, para lograr ese cometido, nos habíamos organizados en grupos pequeños. La mayoría entraría al puerto para ayudar a cargar el camión, los demás nos colocaríamos en lugares estratégicos y en caso de algún encuentro no deseado, trataríamos de llamar la atención hacia nosotros para que así el cargamento pudiera ser trasladado con el menor inconveniente posible. Vova, Wang, Nikolay, el joven pelirrojo subordinado de Nikolay y Sasha, el hombre de ojos celestes casi transparentes que estaba bajo el mando de Yarik, esperaríamos detrás de uno de los depósitos, hasta recibir la llamada de Yarik de que todo estaba bien, si la llamada no llegaba entonces eso significaría que algo malo había sucedido y debíamos socorrer al grupo y tratar de emboscar a la policía.
Nos sentamos ahí y esperamos en silencio, no paso mucho tiempo cuando pudimos divisar unas sombras a unos metros nuestros. Antes de que pudiéramos hacer algo, el sonido de unos disparos a la distancia nos alertaron. Nikolay logró dispararle a dos policías que nos rodeaban y salimos corriendo hacia la embarcación. Para mi mala suerte, todavía nos venían siguiendo, sentía los disparos rozándome, si seguíamos así nos atraparían a todos, por lo que decidí apartarme del grupo. Sentí los pasos detrás mío, di la vuelta a un edificio, me tropecé con unos caño que estaba apoyados en la pared, rápidamente me puse de pie, tomé uno y con su punta rompí el vidrio de una ventana y me metí adentro del edificio. Enseguida escuché al hombre entrar detrás de mí, me di vuelta y le pegué con el caño en la cabeza. El policía cayó a mis pies pero enseguida sentí como me tomaba de la pierna y me tiraba al piso, sentí su cuerpo encima mío. Hundí mi rodilla en sus costillas pero el hombre no se movió, volví a pegarle y sentí como salía de arriba mío. Quise moverme y salir corriendo pero algo me detuvo, enfoque mi vista en mi mano derecha y pude observar como unas esposas se aferraban a mi muñeca, y estas al brazo del policía.

#35

—Cálmate o te dispararé en la pierna —me advirtió el policía mientras me apuntaba con el arma, estaba a apenas medio metro de distancia, todo lo lejos que me dejaban las esposas.
Cerré los ojos y respiré profundo tratando de calmarme.
—¿Quiénes son ustedes?
—¿Por qué no me la chupas?
Ese comentario hizo que me ganara un golpe con la culata de la pistola. Terminé en el piso boca abajo con mi brazo izquierdo abajo de su rodilla y el arma apuntando mi cabeza.
—Vuelves a hablar en ese tono, y saldrás de aquí con una bala en la pierna
Mordí mi lengua para no hacer ningún comentario más, asentí y el hombre se levantó de encima mío y me giró. Volvió a apuntarme con el arma, esta vez dirigida a mi hombro.
—¿Para quién trabajas?
—Trabajo para Irah.
—¡Idiota! No te burles de mí ¿Un niño como tú? ¿Subordinado de Irah? ¡Ja!
—Piensa lo que quieras... —le dije, tenía ganas de escupirle en la cara.
El hombre tiró de la esposa para que me parara y comenzó a palparme
—¿Dónde está tu arma? No puedo creer que esos hijos de puta te enviaran desarmado.
—No tengo arma, ni siquiera sé usar una.
Me volvió a examinar y se detuvo en el vendaje de mi mano, me tomó de la muñeca y lo observó con detalle
—¿Ellos te hicieron esto?
Yo solo asentí, la expresión que tenía el policía hizo que me sintiera como un niño frente a un adulto responsable que acababa de salvarlo de unos acosadores.
El hombre tomó el radio que llevaba en su cintura y comenzó a hablar con sus compañeros, por lo que pude entender, los Bratva se habían escapado con el cargamento y solo habían dejado un par de policías heridos. Parecía ser que habían reforzado la seguridad hacía unos días debido a la gran cantidad de cargamentos que acababa de llegar, pero no se esperaban que la hampa se movilizara como lo hizo por lo que la cantidad de policías y la preparación era poca en relación con la del grupo. Lamentablemente eso no había impedido que hubiera varias bajas, había tres Bratva muertos y cinco policías heridos, esa era una de las ventaja de poseer chaleco de bala, cosa que no todos los Bratva poseíamos...
El policía me tomó del brazo y me hizo caminar hasta una patrulla, abrió la puerta y me empujó para que me subiera, se quitó la esposa que nos mantenía unidos y la colocó alrededor de un caño que pasaba transversalmente de un lado a otro del patrullero.
—Te quedarás aquí unos minutos. —me avisó antes de cerrar la puerta del automóvil y desaparecer corriendo
Un rato más tarde, volvió con uno de sus compañeros herido y otro más que lo había ayudado a traerlo hasta ahí. Subieron al hombre herido al auto y lo sentaron a mi costado, luego subieron ellos y fuimos directo al hospital.
El policía dejó a sus compañeros allí y siguió viaje conmigo a la comisaría, me sacó del auto y me llevó hasta una celda donde me esposó a una silla.
Esperé media hora sentado allí, una mujer policía me alcanzó un vaso de agua, tomé el agua desesperado, no sabía que tenía tanta sed hasta que mi lengua tocó el líquido. Un rato más tarde apareció el policía con una carpeta en la mano. Ahora que lo veía a la luz podía apreciar bien su apariencia, de unos cuarenta años, alto, robusto, de cabello rojizo y ojos marrones, tenía una expresión algo tonta en su rostro por sus ojos oscuros y sus cejas casi invisibles, parecía una caricatura, era pecoso y padecía de una leve rosácea en sus mejillas.
—Soy el detective Palev Bogdánov— dijo con cansancio, dejó la carpeta en la mesa, se quitó el abrigo y se arremangó la camisa. Tomó de nuevo la carpeta que estaba en la mesa y comenzó a leer la documentación que estaba dentro.
— "Arian Gólubev, 19 años, oriundo de Kaliningrad", ingresaste un par de veces a la cárcel por exhibicionismo y disturbios, fuiste dado en libertad rápidamente por ser menor de edad... "Padre de descendencia cosaca".... Te mudas a Moscú luego de que tus padres se separaran. Madre, drogadicta y prostituta, se casa con Yegor Gólubev, ladrón de poca monta, estafador, drogadicto. ¡Vaya! Terminaste el secundario, que sorpresa. Tienes una historia bastante interesante, aunque no me sorprende, es el perfil de persona que se uniría a la hampa.
Lo observé con odio, no me gustaba que se burlasen de mí, no me gustaba que expusieran mi vida de esa forma.
—¿A qué quieres llegar con todo esto? No me gusta que me hagan perder el tiempo.
—Tienes un pico bastante filoso para ser solo un perro de la hampa ¿Es por eso que te cortaron el dedo? —me preguntó señalando mi mano vendada. Yo no le contesté. —Muy bien, iré al grano, los Bratva no tardarán en venir por ti, seguramente querrán sacarte de aquí antes de que yo pueda obtener información, así que tengo muy poco tiempo y quiero que hables. Tienes dos opciones, la primera es cooperar y decirme todo lo que sabes y responder todas mis preguntas. Si te niegas a cooperar tendré que recurrir a la segunda opción, pegarte un balazo en la pierna y golpearte hasta que hables ¿Qué dices?

Toda mi vida había sufrido feroces golpizas, asfixias, quemaduras, cortes, mordeduras, violaciones, me había tratado como escoria, me había sentido usado y ultrajado de todas la formas posibles hasta convertirse en la única forma de vida que conocía. Si alguien conocía lo que significaba el dolor físico, ese era yo, no era momento de echarme para atrás y llorar como niñita por clemencia. Estaba preparado para resistir aquello, o al menos era lo que creía en ese instante, no lo hacía por la hampa, lo hacía por mi orgullo. Quise escupirle en la cara pero mi saliva solo llegó a su zapato.
—No esperaba menos de un Bratva, son tan leales a ese código que tienen y tienen tanto miedo al Pakhan y a los Obschak como si fueran demonios. Lo que no saben es que yo soy mucho pero que todos ellos ....—dijo el inspector antes de sacar la pistola de la funda que colgaba en su cintura y dispararme a la pierna.

#36

Sentí como el metal caliente atravesaba mi carne, el ardor era insoportable y el dolor mil veces más horrible de lo que me había imaginado.
—¿Te duele? Ya no eres tan feroz ¿Cierto? Solo eres un niño asustado.... ¿Dime donde llevaron el cargamento?
—No lo sé ¡Maldito hijo de puta!
Era una verdad a medias, no sabía exactamente dónde tenían el cargamento, porque no había prestado atención en las reuniones que habíamos tenido ya que no me interesaba, pero sabía que era por Levoberezhny, aunque nunca se lo diría al detective.
Grité del dolor y empecé a ver cómo mi pantalón se teñía de rojo, mis ojos se aguaron pero trate de contener el llanto.
—Te lo preguntaré de nuevo ¿Dónde llevaron el maldito cargamento?
— No te lo diría aunque lo supiera
El hombre se acercó a mí y se agacho para poder mirarme a los ojos, levantó el arma y la colocó encima de mi rodilla.
—¿Quieres otro tiro en la pierna? En la rodilla es mil veces más doloroso
—Haz lo que quieras —dije aunque mi cuerpo no estaba del todo de acuerdo con mis palabras y un sudor frío había comenzado a correr por mi piel.
—¿Por qué te empecinas por ser fiel a esos hijos de puta? Si hablas puedo protegerte, puedo mantenerte lejos de ellos, podemos llegar a un acuerdo que nos beneficie a ambos.
—No lo hago por ellos y tampoco necesito tu protección.
El hombre gruño y me pegó un culatazo en la cabeza.
—¡Habla! —gritó, dejó el arma y comenzó a pegarme puñetazos en el rostro.

Una voz hizo que se detuviera.
—¡Ya llegaron! —dijo un hombre en uniforme que desapareció tan rápido como había aparecido.
—Maldición...
El detective se levantó y se limpió la sangre en un pañuelo que llevaba en el bolsillo de su pantalón.
— Atiende la herida de su pierna... —dijo Palev a alguien que estaba a su costado, recién en ese momento me di cuenta de que la mujer policía que había alcanzado el vaso con agua, había estado en la celda todo ese tiempo. La señorita, que debía tener veinte años y parecía bastante nerviosa, tomó una toalla y la presionó contra mi pierna.
Unos pasos se escucharon por el pasillo y pronto pude ver la figura de Irah aparecer frente mío, iba acompañado de Yarik y Sergey. El detective se acomodó su cabello rojizo y abrió la celda.
— Detective Bogdánov, sabe lo que significa que esté aquí. —le saludó Irah
—No pensé que este mocoso fuera tan importante para que usted viniera en persona. Aunque por sus agallas, no dudo que tiene cierto mérito.
Irah sonrió con orgullo ante ese comentario.
—No te guíes por su edad, este niño es un perro loco.
Yarik se acercó a donde me encontraba, la mujer policía retrocedió, acababa de atarme la toalla a la pierna, sentía mi extremidad entumecida y mi cuerpo había comenzado a temblar.
—¿Puedes moverte?— me preguntó mientras me agarraba de la cintura y pasaba mi brazo sobre sus hombros.
Yo asentí, caminé unos cuantos pasos con mucha dificultad, sosteniéndome por supuesto de Yarik, y luego me derrumbé.

Volví a recobrar la conciencia en el auto.
—Se desangrará antes de que lleguemos —dijo Yarik a los demás mientras apretaba la toalla de mi pierna que estaba empapada de sangre.
—¿Dónde estamos ? —pregunté.
—Por Voykovsky
—Llama a este número —le dije mientras sacaba un papel de mi bolsillo y se lo alcanzaba.—Es un estudiante de medicina
—Esto es una broma —comentó Sergey quien manejaba el automóvil
—No nos queda otra opción sino se desangrará
—¡Mierda!
Irah marcó el número y me pasó su celular.
—¿Hola? —me saludó una voz del otro lado del teléfono
—Lyosha, necesito verte... Me acaban de disparar en la pierna
—¿Arian? ¿Cómo es que tienes mi número? ¿Qué pasó?
—Te lo explicaré después ¿Puedes curar ese tipo de herida? ¡Me estoy desangrando Maldición!
—Sí, creo que sí.... pero necesito material, debes venir al hospital, allí tengo todo el material
—No puedo ir a un hospital, tenemos unos problemitas con la policía —le comenté con ironía
—No te preocupes, ven y te haré pasar por la puerta de atrás, nadie se enterará.

Corté y les comuniqué a los demás lo que acababa de decirme mi amigo, luego me desmayé. Volví a recobrar la conciencia cuando Yarik me alzó y me llevó como pudo hasta la puerta trasera del edificio, nevaba y yo iba dejando un rastro de sangre en la nieve conforme avanzaba a la puerta, fueron los minutos más largos de mi vida hasta que llegue allí. En la puerta se encontraba Lyosha, con una camisa y un pantalón de vestir y el cabello peinado hacia atrás, estaba precioso. Volví a tener algo de lucidez ya acostado en la camilla, para mi suerte mi amigo me suministró anestesia y no sentí cuando me sacó la bala ni cuando me cosió, una mujer con uniforme de enfermera lo ayudó en todo el procedimiento.
—Necesita una transfusión de sangre, perdió mucha —escuché la voz de Lyosha lejana, luego volví a perder la conciencia.

#37

Cuando volví a recobrar la conciencia ya estaba conectado a un suero en una camilla.
—Al fin despiertas
Me giré para ver quien me hablaba, costó enfocar pero finalmente la figura se fue haciendo cada vez más nítida. Lyosha se había desabotonado los primeros botones de la camisa, un poco de sangre había salpicado la tela creando pequeños círculos rojos en esta, su cabello ahora estaba algo despeinado y se había quitado las gafas.
—Lyosha...
—¿Cómo te sientes?
—Siento todo el cuerpo entumecido
—Es por la anestesia, ya se te pasará.
Me quise incorporar cuando sentí nauseas, pero apenas pude girar la cabeza un poco para no vomitarme encima. Aleksei pareció averiguar mi intensión ya que enseguida colocó un balde debajo de mi rostro justo antes de que arrojara todo lo que tenía en el estómago.
—No te preocupes, es normal que vomites por la anestesia. —me calmó mientras sentía como me acariciaba la cabeza para tranquilizarme. Levanté la cabeza y encontré su rostro muy cerca del mío, si no hubiera sido por la situación, no hubiera dudado en darle un beso.
Volví a acostarme y tomé un poco de agua que mi ex compañero me alcanzó.
Comencé a prestarle atención a la habitación en la que me encontraba, estaba llena de objetos sillas apiladas una arriba de otra, una par de estantes rotos, un guardarropas, una escoba y un trampeador, una computadora rota y varios delantales apilados juntando polvo.
—¿Dónde estamos?
—Es un depósito del hospital, no podía llevarte a otro lugar si querías que esto fuera secreto.
—Entiendo... Gracias, me has salvado la vida.
—Para eso son los amigos...

La puerta se abrió y apareció Yarik junto con Irah.
—Muy bien, Sergey ya está hablando con la enfermera, podemos quedarnos tranquilos, no dirá nada. Le he dado un dinero por sus servicios. —dijo Irah con esa expresión de cansancio que tenía siempre. —Espero contar son su discreción también señor Kuznetsov.
Lyosha asintió mostrando ese rostro tan poco expresivo.
—Arian ya despertó....
Irah me observó y sonrió.
—Déjenos solos por favor. — dijo el Pakhan. Yarik y Aleksei se retiraron sin decir una palabra, y quedamos solos en la lúgubre habitación.
El hombre se sentó en una silla y prendió su cigarrillo.
—Hablé con Nikolay, él me contó lo que sucedió—dijo mientras pitaba el cilindro blanco. —Fue muy valiente de tu parte desviar la atención de la policía para que los demás pudieran escapar. También aguantaste la golpiza de la policía hasta que nosotros llegamos como un verdadero Bratva, eres mucho más feroz que la mayoría de los Brigadir que conozco.... Tienes pasta para esto Arian, tienes un futuro, parece que mi instinto no se equivocó contigo.
—No hice esto por el hampa.... —dije honestamente
—Nadie lo hace... pero eso no importa...
El hombre se levantó y apagó el cigarrillo en la madera de la silla dejando un circulo negro.
—Tengo que volver a Lyubushkin khutor, Yarik se quedará contigo. Apenas puedas levantarte, te llevará a mi casa, de ahora en más vivirás ahí.

Abrió la puerta del depósito y desapareció.

#38

Pasé todo el día durmiendo en aquel frío y oscuro lugar, no tenía más fuerzas para hacer otra cosa. Lyosha volvió a revisarme una vez más luego de que Irah se marchase y finalmente se fue a su casa para cambiarse y descansar, había pasado toda la noche en vela gracias a mí.
Yarik se acomodó en unas sillas y descansó un rato, luego se levantó para traerme algo de comer. La pierna comenzó a dolerme horrores y tuvo que darme los calmantes que Lyosha le había dejado, antes de lo previsto. El Bratva estaba verdaderamente ocupándose de mí, estaba seguro que él se había ofrecido a venir con Irah cuando se enteró que la policía me había llevado. No había dormido en toda la noche, había liderado todo el operativo y seguramente había sido parte de la logística, debía estar cansado, agotado, y a pesar de eso estaba ahí cuidándome.
—¿Cómo está Anya? —le pregunté como para romper el hielo, no habíamos hablado desde la vez que nos habíamos encontrado en el granero.
—Bien, tú sabes cómo es, su ánimo es cambiante e inestable. Te extraña, se había acostumbrado a ti, pero entiende que ahora que estas metido en el grupo no puedes pasar mucho tiempo con ella.
—Es cierto, espero pronto poder verla, yo también la extraño.
—Puedes venir a casa cuando quieras...— dijo el rubio luego de una pausa.—Lo que pase entre nosotros no tiene por qué influenciar su amistad. Me guste o no, sé que a ella le hace bien estar cerca tuyo.
Yo suspiré y traté de incorporarme, sentía mi pierna muy pesada y mi cara había comenzado a hincharse.
—Creo que nos debemos una charla. Te lo debo después de todo lo que estás haciendo por mí.
Yarik se rió y me observó incrédulo
—¿Tú y yo una charla? ¿Desde cuándo te has vuelto un imbécil?
—¿Enserio vas a ponerte en ese papel de matón conmigo? Nos conocemos hace años y sabes que no me voy a intimidar por ti, nunca lo he hecho.
Yarik chasqueó la lengua con disgusto y se prendió un cigarrillo.
—No necesito una estúpida charla, lo que necesito es...
—Entiendes porque me alejé—. Le interrumpí —Las cosas se complicaría si tú y yo...
Esas palabras hicieron que su última coraza se desarmara, aflojó los hombros y suspiró, se sentía bien ser unas de las pocas personas que podían lograr que Yarik dejara su postura de hombre duro por al menos unos segundos.
—Lo sé, yo más que nadie lo sé Arian. Ojalá todo fuera diferente...
—Pero no lo es.
Volvimos a quedarnos en silencio.
—Te he hecho mucho daño —dijo de repente
Lo observé sorprendido, no esperaba que me dijera algo así, ahora era yo el que se estaba desarmando, era la primera vez en la vida que alguien mostraba un poco de arrepentimiento por lastimarme, era una sensación nueva para mí, por un lado quería golpearlo, pero también quería besarle y olvidar lo que acababa de decir.
—Yo elegí que me hagas daño.
—Lo sé, pero aunque digas los contrario, aunque digas que no te afecta. Ese día estabas por quitarte la vida, y si lo hubieras hecho yo...
—Yarik...
El rubio se levantó, sus ojos celestes me observaban con intensidad, se acercó a la camilla y se sentó a un costado, su rostro quedó muy cerca del mío, pude observar sus pequeñas pecas naranjas que se esparcían por su nariz.
—¿Cómo puede ser que te veas precioso a pesar de tener la cara toda golpeada?
—Estás ciego —le dije, no pude dejar de sonreír.
El Bratva me tomó del mentón y juntó nuestros labios, sentí el ardor de una herida en mi labio pero en vez de parar, hice que el beso se hiciera más hambriento. El chirrido de la puerta al abrirse hizo que nos separáramos, pero ya era tarde, Aleksei nos observaba desde la entrada sin saber muy bien que hacer.

—Lo siento, yo solo quería revisar tu herida —dijo entrando a la habitación y cerrando la puerta detrás de él.
Lyosha se había cambiado de ropa y ahora llevaba unos jeans claros y un suéter gris con el logo de una marca, su cabello estaba despeinado dándole un aspectos descuidado, el elegante hombre de la noche había desaparecido dando paso al ordinario estudiante de medicina que conocía.
—No hay problema. —le dije.
Yarik se alejó y le dio espacio para que el estudiante pudiera revisarme. Enseguida el Bratva dejó de existir para mí, Yarik era muy importante pero Lyosha era mi mundo en ese momento y no podía evitar prestarle toda mi atención. El pelinegro me destapó y revisó mi pierna.
—Está cicatrizando bien, ya mañana a primera hora podrás volver a tu casa. —anunció.
—¿Quedará una cicatriz?— Le pregunté con picardía
Los ojos negros me observaron divertidos —Por supuesto que quedará, sería una pena que no —me dijo
Yo le sonreí de una forma muy provocativa.
Yarik se debió haber dado cuenta porque dijo algo como que salía a fumar y desapareció detrás de la puerta.
Lyosha me limpió la herida y luego me cambió el vendaje.
—Tú y ese Bratva....
—¿Te acuerdas del hombre con el que me acostaba cuando íbamos todavía al insti, ese que me quemaba con cigarrillos, el que me hizo esas marcas en las muñecas?
Aleksei asintió.
—Pensé que sería...
—¿Más feo, viejo, gordo?
—Sí, pero no es mucho más mayor que nosotros.
—Yarik es un buen chico, sólo tuvo una vida demasiado dura.
—Eres muy comprensivo Arian.
—Y tú estás opinando de algo que no entiendes y no sabes—. Le contesté
Lyosha suspiró y bajó la mirada observando mi herida.
—Lo siento, tienes razón.
No pude evitar acariciar su rostro, levanté su mentón e hice que me volviera a mirar a los ojos.
—¿Que sentiste cuando estabas cociendo mi pierna? ¿Te excitaste?
—Si —me contestó luego de unos segundos en silencio
Estiré mi mano y toqué su miembro, lo sentía duro debajo de la tela.
—Arian... —jadeó Lyosha
Yo moví mi mano acariciando su enorme verga, no podía esperar para meterme esa verga nuevamente en la boca. Acerqué mi rostro al suyo pero él se apartó y se levantó de la silla.
—Esto no está bien— dijo y se dio la vuelta para salir de la habitación
—Aleksei, tú fetiche no es un problema para mí, me gustas así, conmigo no tendrías que cambiar nada.
El pelinegro se quedó quieto.
—Arian, lo que tú quieres de mí, no te lo puedo dar —dijo antes de salir de la habitación

Enseguida entró Yarik
—¿Y?¿Qué sucedió?¿Tan rápido te lo cogiste?
—No pasó nada.
—No puedo creer que alguien no quiera coger contigo, con lo mucho que me pones —bromeó Yarik y quiso besarme cuando se percató que estaba llorando. El rostro del rubio se transformó por completo, parecía estar conteniéndose para no salir a buscar a Aleksei y darle un par de golpes. —No sabía que te gustaba tanto.
—Él fue mi primer amigo. —Me sinceré —Es... especial.
Yarik me agarró del cuello y me besó, yo lo aparte, le abrí la bragueta y empecé a lamer su gruesa verga mientras me masturbaba. Cuando su miembro ya estaba del todo duro me acostó por completo en la camilla y se subió arriba mío haciendo que nuestros miembros se rozaran, con una de sus manos tomó ambas y comenzó una salvaje paja que culmino con mi vientre empapado de nuestro semen. El rubio tomó una sábana vieja que había por ahí y con eso me limpió, luego se acomodó en la camilla al lado mío.
—¿Te importa si duermo aquí contigo?— me preguntó acomodándose
—Claro que no —le contesté y me acomodé entre sus brazos. Si alguien me hubiera descrito unos mese atrás una escena así donde Yarik y yo compartíamos una cama abrazados, me hubiera reído en su cara.
—Nunca pensé que podría estar así con alguien... —dijo el rubio luego de unos minutos mientras comenzaba a acariciar mi mejilla y mi cabello.
Levanté la mirada y lo observé algo nervioso, no podía negar que me gustaba estar así con él, me gustaba que sus fuertes brazos me rodearan, me gustaba sentir su perfume, su calor ¿Hubiera querido algo más con Yarik que sexo? Nunca, ni por un segundo me lo plantee porque era algo imposible.
—Arian yo....
Logré tapar su boca con mi mano antes de que siguiera hablando.
—A partir de mañana viviré con Irah, él no quiere que me acueste con nadie dentro del grupo, ha sido muy claro en eso.
Para Yarik eso fue como un balde de agua fría, la pared que había derrumbado esa tarde volvió a colocarse entre nosotros y pareció más grande y fría que nunca.
—Bien... —dijo con voz ronca, y se dio vuelta dándome la espalda —mejor durmamos.