Egon_Blumer
Rango7 Nivel 30 (1567 ptos) | Autor novel

En su corta vida había sido testigo de la oscuridad que se escondía en el alma de los hombres, pero también de su bondad y la dulzura que podía desprenderse de sus corazones. Había visto el amor en su máxima pureza y la pasión en su más salvaje expresión. Había conocido las acciones devastadoras del odio y la avaricia, y había percibido la belleza de un alma inocente rebosante de esas ansias de conocer el mundo. Era capaz de leer el alma a través de los ojos, podía desnudar las intenciones de los hombres con un breve vistazo, y poner a sus pies al más poderoso. Pero no podía dejar de temblar ante aquella mirada azul, era la visión de un tormentoso mar que arrasaba con cualquier cuerpo que se atravesaba en su camino, el caos de aquella alma era tal que era imposible vislumbrar cualquier atisbo de entereza, era como caminar en una tormenta de nieve sin tener noción de su magnitud ni del camino que debía seguir.

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hace 6 meses

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#2

El joven de cabello negro levantó su mentón que estaba apoyando en el violín y su brazo que sostenía el arco quedó laxo al costado de su cuerpo, su mirada azul volvió a posarse en la figura del pianista.
— ¿No deberías comenzar a tocar?—
Alexis asintió volviendo a la realidad, y acarició las teclas con la yema de sus dedos. Una dulce melodía de piano no tardó en resonar por todo el salón. El trino del violín acompañó al piano envolviendo la melodía con una atmósfera más viva e intensa y por un instante ambos sonidos se volvieron uno solo fusionándose en un completo equilibrio de contrastes. Pero poco duró su armonía cuando fueron interrumpidos por el chirrido de la puerta abriéndose y los pasos de unos alumnos ingresando al salón. Un muchacho se colocó frente al violinista, llevaba una sotana negra con una cruz roja bordada en la zona izquierda de su pecho; su piel era tan blanca como el marfil y apenas podía distinguirse una pequeña diferencia de tonalidades con su cabello casi igual de blanco. Se trataba de Eliel Lewitts, el hijo de un importante funcionario de la iglesia católica. Alexis sólo lo había visto un par de veces, pero nunca habían intercambiado más que un cortés saludo.
— Perdonen la interrupción, pero el salón fue reservado hasta las tres de la tarde y ya hace unos minutos se cumplió la hora estimada. — dijo mientras se arremangaba la sotana
— Lo lamento, enseguida nos iremos. — se disculpó Alexis tomando su morral y dirigiéndose hacia la puerta.
El violinista dueño de aquellos ojos azules, cuyo nombre era Gabriel Gëber, también tomó sus cosas y salió del salón junto a Alexis, su rostro no expresaba mucho pero sus movimientos bruscos delataban su enojo. No le había gustado nada el tono que el albino había usado con él, ni la forma en la que los había echado del lugar.
Alexis observó la elegante figura de su compañero, su fino traje de terciopelo delataba su alto estatus como hijo de uno de los hombres más influyentes del Heiliges Römisches Reich[1],Viktor Gëber. Se comentaba por debajo, que la gran mayoría de los nobles le debían favores y que tenía una muy estrecha relación con los altos mandos que gobernaban el Gran Ducado del Bajo Rhein. No solo era conocido por la tiranía y crueldad con la que trataba a cualquiera que se atreviera a desafiarlo, sino también por su amor al arte y sus generosas donaciones a la Staatliche Kunstakademie Düsseldorf[2], que en retribución había aceptado su petición de destinar un considerable espacio de su institución al estudio de la música. Alexis había tenido el privilegio de conocer al viejo Viktor Gëber cuando era niño, todavía podía recordar su imponente figura sentada en un Bergère[3]rojo, acariciando el mango de plata de su bastón mientras observaba a Gabriel con aquella mirada fría.
En medio de ese desfile de nombres pródigos y nobles bochornosamente ricos, se encontraba Alexis Novak. Un joven campesino de descendencia persa, que había llegado a aquel lugar por un poco de suerte y una habilidad nata para la música. Su historia era bastante trágica, su madre había muerto al dar a luz y su padre le siguió unos años más tarde debilitado por una extraña enfermedad en la sangre. Aquellos acontecimientos lo llevaron a vivir con su tío, un conocido boticario de la zona. El hombre había tratado desesperadamente de inculcarle su amor por la medicina a su sobrino, pero sus esfuerzos habían sido en vano.
Alexis había decidido convertirse en músico desde muy pequeño, cuando había ido al palacio Gëber acompañando a su tío. El hermano menor de Gabriel Gëber estaba muy enfermo y necesitaba cuidados médicos que sólo podía proporcionarle un boticario. Mientras esperaba a que su tío terminara su trabajo, no había tenido mejor idea que deambular sin permiso por la formidable residencia. No tardó en perderse entre el laberinto de pasillos y habitaciones hasta terminar en el enorme salón donde un hombre tocaba un piano de cola con gran maestría. Quedó pasmado por la abrumadora corriente de sensaciones que le provocaba aquella melodía, era como leer una hermosa historia de amor. Su madre sonriéndole cuando lo levantaba con un beso en las mañanas, la figura de sus padres caminando a orillas del Rhein[4] mientras el sol se escondía en el horizonte, la suave respiración de su perro Tobías dormitando al lado de su cama, la cómplice mirada de su tío cuando le traía fresas, su fruta favorita; eso había sido el amor para el pequeño Alexis, y todos aquellos momentos se encontraban contenidos en esa suave melodía de piano.

#3

Observó cómo los rizos negros desaparecían debajo de la mesada.
— Debe estar aquí… — escuchó la grave y dulce voz retumbar en la habitación junto con el ruido de frascos y utensilios metálicos.
— ¿Por qué debo acompañarte? — protestó Alexis mientras acomodaba algunos brebajes dentro de una caja de madera — Debería estar ensayando con Gabriel, dentro de poco será el concierto. Dicen que el mismísimo Herr Friedrich Wilhelm vendrá.
La figura del hombre resurgió debajo de la mesada, en su mano sostenía un pequeño frasco que guardó en un maletín de cuero — Es deber de todo joven complacer los mandatos de los adultos mayores — le respondió con aire autoritario — ¿Harás el concierto con Gabriel Gëber? No me sorprende que venga el emperador, ya sabes lo cercanos que son con la familia Gëber. Después de todo, gracias a ellos pudieron recuperar Prusia de las garras de Napoleón. —.
— Gabriel fue el único que aceptó compartir el escenario conmigo, todos los demás se negaron. No ven con buenos ojos que un campesino estudie en la prestigiosa Staatliche Kunstakademie Düsseldorf.
— Pensé que se había marchado a Viena el mes pasado... Sabes que debes hacer oídos sordos a aquellos comentarios, tú tienes el triple de talento que cualquiera de esos imbéciles.
— Lo sé — sonrió Alexis, se sentía bien recibir halagos. —Ese era el plan, pero la enfermedad de su hermano menor parece haber retrasado la partida. Si el concierto sale bien posiblemente viajemos juntos. Podré conocer finalmente a Meister[5] Van Beethoven, le rogaré para que me acepte como su estudiante.
— Es demasiado audaz para mi gusto, prefiero la claridad y simpleza del viejo Mozart. Si aún estuviera vivo te acompañaría a Viena para poder escuchar alguno de sus conciertos—. El hombre le dedicó una mirada dramática — Sería muy triste que te fueras y dejaras sólo a tu pobre tío. Deberías casarte con una hermosa mujer y tener hijos, yo podría heredarte mi negocio… —.
— No deberías dar consejos que no has implementado en tu juventud, Zafiro, todavía no te has casado, ni tienes hijos ¡Eres un viejo perro solitario!— le reprochó el pianista. — Puedes quedarte con tu negocio, yo iré a Viena y me convertiré en el mejor pianista de todos los tiempos.
— ¡Ah! ¡Qué cruel eres! ¡Moriré sólo y las ratas se comerán mis restos! En mis años de juventud hubiera dado lo que sea porque que mi amor me correspondiera, pero lo nuestro era imposible.
Alexis suspiró irritado mientras envolvía unas hierbas con una tela.
— Deberías cortejar a la costurera, es linda, amable y siempre tiene pequeños detalles contigo, debe estar esperando a que le pidas matrimonio.
— Que observador eres mi entrometido sobrino, pero lo que menos necesito en estos momentos es otro infante deambulando por la casa, esa niña apenas te lleva unos años. Podría ser un buen partido para ti. —

Tomaron todas sus cosas y se dirigieron a la campiña. El día estaba hermoso, el sol del mediodía brillaba sobre sus cabezas dándole calor a sus cuerpos. Los rizos negros de Zafiro bailaban con el viento. Tuvo que levantar la cabeza para observarlo bien, era al menos unos 10 centímetros más alto que él, rogó por que pronto creciera y lo alcanzara así no tendría que avergonzarse cada vez que caminaba a su lado.
El hombre lo observó con sus ojos grises y le sonrió, su tez morena brillaba bajo el sol dándole una tonalidad rojiza. Lo admiraba, era un hombre fascinante y hermoso, cualquier mujer hubiera estado encantada de tenerlo como esposo, pero él nunca se había casado ni había tenido hijos. Desde que el padre de Alexis había fallecido, había dedicado su vida a su sobrino; le había criado como si fuera su propio hijo y lo adoraba con locura. Había hecho hasta lo imposible para que Alexis siguiera su sueño de convertirse en músico, a pesar de lo decepcionado que se encontraba por que el muchacho no tuviera la misma pasión por la medicina que él.

Antes de llegar a la pequeña choza, una niña los alcanzó, sus lágrimas recorrían sus mejillas con insistencia. Se aferró a la camisa de Zafiro apenas lo alcanzó, su cuerpo temblaba y su voz se escuchaba muy agitada.
— ¡Está muriendo! ¡Ayúdalo por favor! ¡Por favor!

Corrieron hasta el lugar, un hombre se retorcía de dolor acostado sobre una frágil cama de madera. Zafiro abrió su maletín y tomó un frasco con un líquido, se acercó al enfermo y le hizo beber. El hombre lentamente se fue tranquilizando hasta quedarse dormido.
— Debemos apresurarnos, el sedante no durara mucho. — dijo mientras Alexis lo ayudaba a quitarle la ropa y a revisarlo.
— Hizo algunas preguntas a su familia sobre los hábitos del hombre, el color de su orina y sobre los dolores que sentía. Finalmente se sentó en una silla y prendió su pipa. La esposa y la niña lo observaban aterradas.
Zafiro les dedico una sonrisa. —Vivirá. — Las tranquilizó, lanzando el humo contenido de sus pulmones — Tendrá mucho dolor y le saldrá sangre junto con su orina por unos días, pero se pondrá bien. Deben darle mucha agua y estas hierbas que les daré. — Les aconsejó mientras tomaba unas hierbas de la caja que Alexis había preparado. — Mézclenlas y hagan un té con ellas, son anestésicas, y estas otras son diuréticas. —

El hombre despertó cuando Alexis y Zafiro se estaban despidiendo. Al ver a Alexis no pudo ocultar su sorpresa; su cabello rojizo, el color de su piel, sus ojos almendrados, sus rasgos eran iguales a los de un viejo amigo que había conocido hacía tiempo. Pero lo que hizo convencerse de que ese niño era su familiar, fue el delicado relicario de plata que colgaba de su cuello. Alzó la mano temblorosa y acarició el objeto, era real.
— Debes deshacerte de él antes de que sea tarde para ti y todos los que te rodean— dijo con un hilo de voz, tratando de mantener la conciencia, los efectos del sedante no habían desaparecido del todo.
— No sé de qué habla. No lo entiendo…— le contestó Alexis alejándose del hombre.
— ¡Señor! Seguramente debió haber confundido a mi sobrino con otra persona. — intercedió Zafiro
— ¡No! Lo reconocería en cualquier lado. Tú debes ser familiar de Cyan Novak, peleé junto a él en la última guerra.
El rostro de Zafiro se puso pálido por unos minutos y luego rojo de ira. Tomó del brazo a su sobrino y lo arrastró hasta fuera de la casa para luego volver a entrar cerrando la puerta detrás de él. Alexis corrió hasta la puerta de madera y golpeó queriendo abrirla pero no pudo, apoyó su oído contra esta, tratando de escuchar lo que sucedía adentro pero lo único que oía eran suaves murmullos inentendibles. Luego de un tiempo bastante prolongado, Zafiro volvió a salir
— No quiero que me preguntes nada más acerca de este tema. — Declaró empezando a caminar en dirección a su casa. — No hablaré de lo que ocurrió allí adentro, ese hombre claramente está loco. La medicina debió afectarle. —
— Pero conocía al abuelo ¿No es cierto? — Le interrogó Alexis
— Ya te dije, ese hombre está loco.
El pelirrojo se detuvo y lo encaró, sus ojos brillaban con furia contenida.
— Tú más que nadie, sabes que no puedes mentirme, puedo leer tu alma como un pedazo de papel. Puedo ver las prosas más hermosas en ella, pero también sombras negras que las deforman y las convierte en manchas con formas aterradoras. Sé que me ocultas cosas…—
— Las cosas que te oculto son por tu bien, ya hemos hablado de esto.
— ¡Lo sé! Lo entiendo, y no te pido que me las digas, pero no me mientas ¡Nunca me mientas Zafiro!
Los ojos del hombre mostraron desconcierto pero luego se volvieron dulces, se acercó a Alexis y lo abrazó.
— Lo único que quiero es protegerte…

#4

El palacio Gëber estaba rodeado de un frondoso bosque, las rejas se abrían mostrando un camino de tierra delimitado por dos hileras de sauces que llevaban a la increíble construcción de estilo rococó. Tenía un frente zigzagueante lleno de entradas y salientes, y grandes ventanales decorados por columnas corintias con hermosas hojas doradas de acanto. La entrada contaba con tres arcos abovedados por donde entraban los sirvientes, y encima dos escaleras convergían en un hermoso balcón rodeado de balaustradas. Allí fue donde lo vio por primera vez, aquel joven vestido con un traje verde apareció en el balcón, era muy alto, casi debía medir lo mismo que Zafiro. El muchacho buscó en su bolsillo un cigarro y lo encendió mientras observaba el paisaje, sus ojos dorados se veía melancólicos.
— No hemos terminado de hablar. — Se escuchó la voz de una mujer detrás de él, era muy bella, tenía el cabello largo y negro y los ojos azules igual que Gabriel, no había duda que eran parientes.
— Sí lo hemos hecho Violeta. Me llevaré a Joan conmigo, no permitiré que esté un minuto más en este lugar.
— ¡¿Y nos dejarás a mí y a Gabriel aquí para recibir el castigo?! —Gritó la mujer colérica.
— Gabriel se irá a Viena el próximo mes.
— ¿Crees que nuestro padre lo permitirá? Eso nunca pasará, Gabriel nunca dejará este lugar.
— ¡Entonces me los llevaré a los dos! Me los llevaré lejos donde no puedan hacerles daño.
Una expresión de sorpresa apareció en el rostro de la mujer, no tardó en reaccionar abofeteando al joven con una fuerza que hizo que el imponente cuerpo se tambaleara.
— ¡Atrévete a desafiarme Oliver! Hazlo y tendrás que sufrir las consecuencias, sabes que no puedes escaparte de mí. No puedes escapar de tu destino.

La mujer entró furiosa al salón sin esperar que el joven le respondiera. El muchacho se acercó nuevamente al borde del balcón y siguió fumando su cigarro tranquilamente.
— Puedes acercarte…— dijo mientras observaba en la dirección en la que Alexis estaba escondido.
El pianista dudó por unos segundos pero finalmente se separó de aquellos arbustos que los escondían y subió las escaleras. El hombre pareció sorprendido, no era común ver a una persona de ese color de piel ni de esos rasgos por esa zona, tampoco su vestimenta era acorde a la majestuosidad de la residencia, era bastante simplona y ordinaria, muy diferente a como se acostumbraba a vestir la nobleza.
— ¿Quién eres?
— Soy estudiante de la Staatliche Kunstakademie Düsseldorf… Gabriel me citó aquí para ensayar en el salón de música del palacio.
— ¡Ah! Gabriel es tan impaciente, seguramente debe estar cansado de tener que reservar el salón del instituto, mi padre le ha malcriado demasiado dejándole usar el Salón espejado a sus anchas… —dijo mientras examinaba su ropa — Pero… no pareces un estudiante ¿Cuál es tu nombre?—
— Lamento presentarme con este aspecto, solo soy un joven de origen humilde que ha sido bendecido con la suerte de poder pertenecer a tal noble institución como la Staatliche Kunstakademie Düsseldorf —Se disculpó el pianista algo avergonzado, no pensaba que desentonaría tanto en aquel lugar tan ostentoso— Mi nombre es Alexis Novak.
Los ojos de Oliver se iluminaron.
—Recuerdo haberte visto corriendo por los pasillos en más de una ocasión ¡Tú eres el kleiner Junge[6] que venía con Zafiro a atender a mi hermano Joan! —El joven apagó su cigarro y le extendió la mano. —Soy Oliver Gëber el hermano mayor de Gabriel y Joan, seguramente no me recuerdas, todavía eras un pequeño niño travieso cuando nos vimos por última vez.
— Un gusto.
Oliver colocó su mano sobre su hombro dirigiéndole hacia el interior del palacio.
— ¡Vaya! No me extraña que hayas entrado a la academia, desde pequeño siempre has sido un niño extraordinario…— Comentó mientras lo guiaba por los pasillos del palacio. — Mi padre siempre se encuentra buscando jóvenes talentosos, podría hablar con él si te interesa una cómoda y bien paga posición dentro de nuestro círculo, haría cualquier cosa por el sobrino del hombre que salvo a mi pequeño hermano de la muerte…
— Gracias, pero pronto me iré a Viena, quiero estudiar con Meister Van Beethoven si me acepta como su discípulo. —.
Alexis pudo notar como el rostro de Oliver se ensombrecía, seguramente las palabras de aquella mujer seguían resonando en su cabeza ¿Sería cierto lo que había escuchado? ¿Su padre no permitiría que Gabriel viajara a Viena? Hubiera querido preguntarle, pero no tenía el valor para hacerlo ni la confianza.
El sonido del violín resonó en la distancia. Detrás de una de las puertas se encontraba un hermoso salón de música con sus paredes cubiertas de espejos, en el medio de ese lugar un impresionante piano de cola se mostraba en toda su belleza debajo de una elegante araña de cristal de Murano. A su costado Gabriel tocaba el violín con maestría.
— Te he esperado toda la mañana. —Habló Gabriel apenas vio al pelirrojo entrar al salón.
— No le reprendas hermanito, fue mi culpa. —Le sonrió Oliver con complicidad —Me entretuve preguntándole sobre su familia, hace mucho que no sé nada de Zafiro, él fue mi superior en la batalla en Schwarzenberg, gracias a él nuestras filas resistieron el avance de las tropas con pocas bajas…
— ¡No te metas Oliver! —Le gritó Gabriel.
El mayor le dirigió una mirada amenazante. —Es injusto que me hables así.
— Muchas cosas son injustas, pero a ti nunca pareció importarte. —Le recriminó
Oliver cerró los puños con fuerza conteniendo las ganas de abofetear a Gabriel. Iba a decir algo pero recordó la presencia de Alexis y se contuvo.
— Tú y yo tendremos una charla luego, y vas a tener que escucharme. —Le advirtió — Lamento que tuvieras que ser testigo de esto. —Se disculpó con Alexis antes de salir de salón con pasos enérgicos.

El pianista observó a Gabriel sorprendido, tan frío y distante siempre, parecía no importarle nada, sólo su desagradable sentimiento de superioridad destacaba siempre en su apagada personalidad. Si no fuera por la intensidad de sus ojos, hubiera pensado que se trataba de otro noble aburrido que gozaba exhibir su falsa grandeza, pero sabía que en su interior había un fuego, una pasión que quemaría a cualquiera que se acercara demasiado, poseía una motivación y una certeza que jamás había percibido en otra persona. Gabriel era un enigma muy difícil de resolver, y eso era lo que le hacía tan interesante.
— ¡¿Qué estas mirando imbécil?! —le gritó, sus ojos brillaban. Alexis no sabía si aplaudir emocionado por al fin poder ver un rasgo humano en él o golpearlo por haberlo llamado imbécil. No optó por ninguna de las dos opciones, prefería quedarse ahí observando aquella extraña criatura.
— Escuché a Herr Oliver hablando con una mujer, ella dijo que tu padre no te dejará viajar a Viena…—Le comentó mientras se acercaba al hermoso piano y lo estudiaba con tranquilidad.
— No pueden obligarme a nada, me escaparé e iré a Viena contigo.
El pelirrojo sintió como su corazón se detenía expectante. Tenía miedo de no ver a Gabriel nunca más, podía ser odioso y muchas veces era difícil lidiar con su personalidad, pero no podía negar que lo había ayudado más de lo que le gustaba admitir. Se había acostumbrado a su compañía.
— Tú hermano dijo que te llevaría con él…
— Deberías dejar de meterte en mis asuntos Alexis —.
— No pude evitar escucharlo…— se disculpó el pelirrojo
El violinista dio por terminada la charla y volvió a tocar su violín. Alexis suspiró rendido, sabía que sería imposible tratar de dialogar con él. Se sentó en su piano, y decidió dedicar su tarde a la práctica.

#5

Una mueca de incomodidad apareció en el rostro de Gabriel cuando Oliver entró a la habitación. Alexis ya hacía unas horas que se había marchado y había pasado toda la tarde tratando de demorar ese momento.
— ¿Pensaste qué ibas a libarte de esto? Te dije que tú y yo tendríamos una charla. —El mayor parecía haberse calmado y ya su presencia no era tan inquietante, estaba haciendo un gran esfuerzo por que su plática fuera lo más amena posible.
— ¿No deberías estar en Múnich ocupándote de los asuntos de nuestro padre?— le preguntó Gabriel con un tono irónico, deseaba herirlo, quería que sintiera el mismo dolor que él había experimentado desde que se había ido.
— ¡Ya te dije! ¡Tenía que irme de esta casa Gabriel! Las cosas son mucho más complicadas de lo que crees. — dijo con un tono exasperado que hizo que el menor pegara un respingo. Oliver suspiró tratando de calmarse y bajó la voz mientras se acercaba a su hermano. —Lo que me hicieron… Lo que nos hicieron… —Se corrigió, no sabía cómo expresar todo lo que había pasado, cómo explicarle a su hermano el horror que habían vivido de una forma que no pareciera que no existía salida. —Sé por todo lo que tuviste que pasar. Pero tenía que irme, necesitaba encontrar un sentido a todo este dolor, necesitaba encontrar una forma de terminar con toda esta locura. —
Gabriel se levantó y lo confrontó, sus ojos azules lo observaron con intensidad.
— ¿Y lo has conseguido Oliver? ¿Has hallado la manera de sacarnos de este lugar? ¡¿Abandonarnos en este maldito lugar ha valido algo?! —Le interrogó Gabriel, deseaba con todas sus fuerzas que Oliver lo abrazara y le dijera que había una salida, pero su hermano sólo pudo responder con un decepcionante silencio.

— ¿Qué sucede? —Una voz suave y dulce habló. En el marco de la puerta apareció la figura menuda de un joven de cabello largo y negro y de tez muy pálida, tenía rasgos similares a los de Gabriel pero sus ojos eran de un extraño color violeta. Llevaba puesto una bata de seda de color rojo con flores blancas adornando toda su extensión. Sus brazos se encontraban vendados al igual que su cuello, su aspecto era muy frágil y las oscuras sombras debajo de sus ojos manifestaban la falta de sueño y el cansancio de días sin poder dormir.
La expresión turbada que Oliver tenía en su rostro cambio rápidamente a una más calma, su hermano mayor era bueno en eso de aparentar tranquilidad cuando su interior estaba hecho añicos. Se sentó en el sillón cerca a la ventana tratando de mantener una postura relajada.
— ¿Qué haces levantado Joan? Deberías estar descansando.
— Estoy cansado de estar encerrado todo el día en ese cuarto. Ahora que estas aquí quiero pasar tiempo contigo.
— Déjalo Oliver, no está bien que este encerrado como un maldito condenado a muerte. — Le habló Gabriel con despreció, odiaba que trataran a Joan como un niño frágil y enfermo, podía ser que fuera el menor de los hermanos pero había demostrado una entereza y una fuerza increíble ante las adversidades que habían tenido que enfrentar.
— ¿Podrían dejar de pelear? Les juró que terminaré matándolos si no se callan. —Les advirtió el joven mientras entraba en la habitación sentándose al lado de Oliver.
Ambos Gabriel y Oliver se miraron nerviosos.
—Háblame de Múnich ¿Es cierto que sus Dampfnudel[7] son los mejores de toda Prusia?
— Son deliciosos, eso no los dudes. Tal vez podamos ir a Múnich juntos, les podría mostrar el hermoso paisaje de los Alpes nevados desde Salzburg y podríamos nadar en el Wolfgangsee en verano.
— ¡Sería increíble!— dijo Joan tratando de no saltar de la emoción
— Voy a tratar de convencer a mi padre, sería lindo pasar una temporada lejos de Düsseldorf…
— Me iré a Viena — le interrumpió secamente Gabriel
— Sabes que nuestro padre no te dejará ir …
El violinista observó a Oliver con una sonrisa ladina —Sabes que tampoco permitirá que Joan abandone esta casa —.
Oliver se levantó cansado de la actitud prepotente de Gabriel, era difícil mantener la amabilidad con una persona tan odiosa como él, y con un temperamento tan fuerte como el suyo era complicado no querer abofetearlo hasta dejarlo inconsciente.
— No me busques Gabriel, no querrás hacerme enojar… —le advirtió— Convenceré a mi padre y tú y Joan vendrán conmigo a Munich, te guste o no.
El menor sintió como su cuerpo comenzaba a temblar ante la figura amenazante de Oliver, pero trató de mantenerse inmutable.
La puerta se abrió nuevamente y Viktor Gëber apareció seguido por su hermosa hija Violeta, la mayor de los hermanos Gëber.
— ¡Oliver! Pensé que no regresarías a Düsseldorf hasta las fiestas.
— Las cosas en Múnich han mermado, no hay tanta tensión luego de la derrota de Napoleón y poco a poco todo está volviendo a la normalidad. Me pareció buen momento para volver con mi familia y estar junto a ellos.
El hombre lo observó con frialdad —Que sentimental te has vuelto en este último tiempo — le señaló acomodándose en su Berger, una sirvienta le alcanzó una copa de vino y se retiró cerrando la puerta del salón.
— Me han llegado rumores padre ¿Es cierto que un Cazador ha entrado a la academia de música? No creo que sea prudente tener a alguien así cerca de los nuestros.
— Tampoco es prudente rechazar a alguien con ese título. Los ojos de la iglesia se posarían sobre nosotros como un animal feroz esperando para atacar. Sabes que nuestro acuerdo con ellos está sostenido sobre cimientos muy frágiles, cualquier conmoción haría que la guerra comenzara de nuevo.
— No me gusta esto, algo no está bien y no quiero estar aquí para averiguarlo. Quiero llevarme a Joan y Gabriel conmigo para Múnich hasta que las cosas se calmen.
— ¿De qué estás hablando Oliver? Todavía no ha pasado nada y ya quieres huir. Nunca pensé que fueras tan cobarde. — Le atacó Violeta
— Sólo creo que sería bueno para Joan cambiar de aire y Gabriel…
— Yo me iré a Viena, ya te lo dije…— Les interrumpió el violinista dispuesto a pelear por su decisión.
El puño de Viktor golpeó su mejilla antes de que terminara de hablar. La fuerza del golpe lo hizo retroceder unos pasos, ni siquiera había podido ver el momento en que su padre se había levantado, pero ahí estaba frente a él observándole con sus ojos feroces.
— ¿Cómo te atreves a hablar así niño idiota? Tú no irás a ningún lado y si te atreves a desobedecerme te seguiré hasta Viena y te traeré arrastrando.
Viktor volvió a sentarse y tomo un sorbo de la copa de vino que sostenía en su mano. — No es momento para idioteces. Tienes razón Oliver, la iglesia se está movilizando y eso significa que algo grande está por venir. Muy pronto las cosas van a cambiar y necesito que ustedes estén aquí.

Un silencio sombrío se apoderó del salón, incluso Violeta pareció abrumada ante tal declaración.
La delicada silueta de Joan se hizo presente apoyando su cabeza en la pierna de su padre mostrando una completa sumisión, era la única persona que parecía mantener la calma ante aquella discusión tan tensa.
— No se preocupe padre, me quedaré a su lado. No permitiré que nada le suceda.
Viktor acarició su sedoso y brillante cabello y una sonrisa de satisfacción apareció en su rostro.

Hiarbas
Rango11 Nivel 52
hace 8 meses

Me gusta mucho la facilidad que tienes para crear textos agradables de leer. Va muy bien la historia, he tenido algún problema pues los "me gusta" que di a algunos han desaparecido, incluidos los tuyos, aquí los tienes de nuevo, te sigo leyendo.

Egon_Blumer
Rango7 Nivel 30
hace 8 meses

Gracias, lo que sucedio fue que tuve que crear otra cuenta porque no puedo ingresar a la que tenia :( @Hiarbas

Hiarbas
Rango11 Nivel 52
hace 8 meses

Ya me di cuenta de que tenias dos.


#6

Oliver se revolvió en su cama al escuchar los suaves golpes, la puerta se abrió y una delgada figura apareció.
— ¿Estabas durmiendo? No quería despertarte. — Se disculpó Joan acercándose a la cama.
El mayor se movió a un costado del colchón, dejándole espacio.
— No estaba durmiendo, tengo muchas cosas que pensar. — le contestó mientras sentía como la cabeza de Joan se apoyaba en su hombro
— ¿Estas preocupado por la discusión con Viktor? Creo que te estás alarmando demasiado, nadie nunca ha podido hacer frente a la familia Gëber, nos tienen miedo.
— Viktor ha estado muy tranquilo en este último tiempo, él me da más miedo que la Iglesia y su estúpida burocracia. Me ha llegado la noticia de que Adam volverá a Düsseldorf, eso todavía me tiene aterrado.
No pudo seguir hablando cuando observó el rostro horrorizado de Joan, era difícil ver al menor tan perturbado por algo, hacía unas horas había demostrado la templanza que poseía y ahora temblaba entre sus brazos como una animal herido. Adam tendía a ocasionar eso en las personas, incluso a él le costaba mantener la entereza al pensar que dentro de poco tendría que verlo y estar en la misma habitación que él.
— No te preocupes Joan, no dejaré que te hagan daño. Ya no somos los niños tontos y débiles que fuimos alguna vez.
— Lo siento, ya lo sé, pero no puedo evitar que mi cuerpo tiemble al pensar en él —Su voz estaba cargada de odio.
La mano de Oliver acarició la pálida mejilla— No quiero que pienses en eso ahora…—
Los ojos violetas observaron a su hermano, Oliver no pudo evitar sentir un calor que se apoderaba de su cuerpo. Joan era precioso, su suave y delicada piel, su largas y tupidas pestañas que rodeaban esos hermosos irises violetas, y esos suaves y gruesos labios de un tono casi rojizo. Era imposible no adorarlo de la manera tan devota con la que lo hacía.
— Sabes que no tiene que preocuparte por mí… Sé manejar a Viktor y a Adam
— Siempre me preocupare por ti, eres mi hermano pequeño. —Estrechó el delgado cuerpo entre sus brazos mientras hundía su nariz en las hebras negras de su cabeza, el dulce perfume a jazmín inundó su nariz. — Estás más delgado que la última vez que te vi, debes cuidarte más.
Joan asintió, se sentía bien sentir ese cálido cuerpo contra el suyo arropándolo en el silencio de la noche
— Extrañaba esto ¿Hace cuánto que no dormíamos así?
— Desde aquel cumpleaños en el que Violeta nos regañó diciendo que ya estabas muy grande para eso, ¿Recuerdas?
Joan sonrió — Es cierto, pero tú me dejaste quedarme esa vez.
—Era tu cumpleaños, podíamos hacer una excepción…
Los parpados de Joan se sintieron pesados, hacía días que no dormía, las pesadillas azotaban su mente cuando cerraba sus ojos y el hambre lo devoraba por dentro manteniéndolo alerta como un animal desesperado, era un hambre que no podía calmar con comida, un vacío que no podía llenar y que lo estaba consumiendo. Pero sentirse así de protegido lo alentaba a intentar descansar una vez más. De pronto ya no se encontraba más en esa cama sino en aquel pasillo oscuro, unos débiles rayos de luz entraban por las pequeñas ventilaciones haciendo visible el camino, escuchaba los pasos de su padre delante suyo, lo sostenía fuertemente del brazo forzándolo a caminar a su ritmo hasta que se tropezó y entonces Viktor lo llevó arrastrando hasta el final del corredor. Tardó en reconocer el lugar, era el viejo laboratorio de Adam ¿Qué hacían ahí? ¿Por qué su padre lo había llevado hasta ese lugar?
— ¡Finalmente! Ya no podía esperar más. —Dijo una voz. Movió su cabeza para poder ver al hombre que hablaba, vestía una bata blanca y llevaba su largo cabello castaño atado, aquellos anteojos que tenía puesto deslucían por completo sus hermosos ojos verdes.
—No quiero que te sobrepases…— le advirtió Viktor
— No lo haré —Le contestó, restándole importancia al asunto. Se acercó a Joan tomándolo fuertemente del rostro apretando sus mejillas con sus dedos y lo examinó.
—Pero que hermoso te has vuelto con los años.
— Déjate de idioteces Adam y haz tu trabajo, quiero terminar con esto cuanto antes
— ¿Tanto te incomoda la presencia de tu hermano pequeño? — le preguntó acercándose a Viktor, sus rostros quedaron apenas a unos pocos centímetros de distancia.
Viktor lo apartó, y tiró con brusquedad del brazo de Joan colocándolo en medio de ellos dos. Otro hombre entró al laboratorio con una caja llena de frascos y otros utensilios.
— ¡Justo a tiempo Bluma! —. Habló Adam —Ayúdame —
Ambos tomaron a Joan de los brazos y lo colocaron encima de una camilla, el niño observó como el hombre tomaba unas correas de cuero sujetándolo contra la camilla, inmovilizando su cuerpo por completo
— Sabes pequeño, eres muy especial —. Comentó Adam mientras tomaba algunos frascos con diferentes sustancias, abrió los frascos y comenzó a mezclarlos— Tienes un defecto genético que solo se ha visto en cinco individuos en toda la historia de la humanidad ¡Ah! Recuerdo aquel día hace un año atrás cuando viniste corriendo asustado porque tu conejo, el que tu tanto querías, estaba muy débil, fue entonces cuando notamos que todo lo que tocabas se marchitaba y se debilitaba ¡Fue una sorpresa para todos!
El hombre se quitó sus anteojos dejando ver sus ojos verdes, era un verde muy claro. Se acercó a aquel niño aterrado y lo tomó del mentón apretándole la mandíbula para que abriera su boca. Joan sintió como una mano le sostenía su cabeza, era la mano del asistente.
— Yo también tengo un poder peculiar, soy capaz de separar el alma de un ser humano de su cuerpo.
Los labios de Adam rozaban los suyos haciéndole cosquillas.
— Tranquilo, esto no dolerá… mucho…—dijo el hombre en un susurro.
Un fuerte dolor en forma similar a una corriente eléctrica comenzó a recorrer todo su cuerpo, no podía respirar, ni moverse, ni gritar. Un vapor azul salió del pequeño cuerpo, el científico aspiró ese vapor y luego lo escupió en el frasco donde había colocado todas esas otras sustancias. Joan comenzó a sentirse débil, su cuerpo estaba entumecido y sentía el mundo alrededor cada vez más vago y lejano.
—Tu poder es bastante débil e inútil en estos momentos, es dañino solo a largo plazo y no puedes controlarlo. Pero… para tu suerte me tienes a mí. — dijo.
El científico tomó una jaulita pequeña, dentro había unas maripossa con alas violetas que se movía enérgicamente tratando de escapar, abrió la jaula y tomó una de las mariposas de las alas.
—Sabes… en ciertas culturas, se teme a las mariposas porque son mensajeras de la muerte. En parte esta idea no es tan errónea, cierto tipo de mariposas, como esta, son capaces de absorber energía de las personas para mantener su vida por un poco más de tiempo, como tú Joan —. Cubrió al insecto con sus dos manos y cuando las abrió este ya se había convertido en un polvo violáceo que el hombre mezclo en el frasco junto con los demás elementos. Finalmente se lo dio de beber al niño. Las mejillas pálidas volvieron a cubrirse de color y sus hermosos ojos azules se tornaron violáceos para siempre.

Sintió unas manos en su rostro
— ¡Joan! Despierta por favor, es solo un sueño.
Los ojos dorados de Oliver lo observaban preocupados, se había despertado al escuchar los gritos de terror de Joan.
— Lo siento…— se disculpó, sintió como las lágrima comenzaban a brotar de sus ojos sin poder evitarlo. No quería llorar, no enfrente de Oliver.
— Lo lamento… —

#7

— Creo que debería pensar seriamente en seguir los pasos de tu padre— dijo Zafiro mientras machacaba unas hojas volviéndolas una pasta.
Alexis apartó la vista de las partituras que tenía en su mano y observó a Zafiro sorprendido —Tú nunca has querido que siga ese oficio.
— He cambiado de parecer — respondió, su voz era calma pero su cuerpo estaba tenso y sus movimientos se habían vuelto más bruscos
— ¿A qué viene este cambio repentino?… No se deberá a lo que sucedió el otro día con aquel hombre enfermo… tú mismo dijiste que ese hombre estaba loco.
Zafiro dejó lo que estaba haciendo y observó a su sobrino con extrema seriedad —Estoy hablando en serio…—
— Yo también lo hago Zafiro. Ya te lo he dicho, me iré a Viena. No me interesa ser un alquimista como lo fue mi padre, es una profesión ridícula que ya ha caído en desuso. Esas historias fantásticas que contaba, no son más que mitos, como lo son la piedra filosofal y la fuente de la vida eterna. Nunca nadie ha tenido pruebas de que tales cosas existan, son solo fantasías que ha inventado el hombre para dar esperanza a la humanidad.
— Es gracioso que una persona como tú, que ha experimentado el poder de la alquimia, niegue su existencia ¿Acaso tus ojos no perciben el alma? ¿Vas a negar tu verdad?
— Eso es solo una habilidad que he desarrollado, es una peculiaridad, pero no se debe a la alquimia.
— ¿Y mis manos? ¿Vas a negar el poder que poseo? Si no fuera gracias a los años de práctica a los que me he sometido no podría curar a las personas como lo hago.

Alexis se levantó fastidiado, guardando las hojas en su bolso. — No lo voy a hacer… ¡La iglesia llama hechiceros a los alquimistas! ¡Es una práctica prohibida!—Insistió.
La mano de Zafiro golpeó con fuerza la pared de ladrillo haciendo que Alexis pegara un respingo.
— ¡Es porque tienen recelo de su poder! ¡Un poder que ellos nunca tendrán! —
Alexis lo observó sorprendido.
El hombre suspiró tratando de tranquilizarse y se acercó al menor
— Quiero ser condescendiente contigo, de verdad. Nada me gustaría más que poder satisfacer todos tus caprichos, pequeño. —Su mano acarició el cabello rojizo con cariño. — Hubiera querido extender este tiempo un poco más, pero este momento de paz parece extinguirse rápidamente y debes estar preparado para la adversidad.
El menor observó los ojos grises, no había en ellos duda ni vacilación, pero pudo sentir su miedo, lo que estaba haciendo era un acto desesperado por protegerlo.
Zafiro se sentó y le hizo una seña a Alexis para que hiciera lo mismo. Siempre había mantenido a su preciado sobrino al margen de toda la situación, pero las noticias que había recibido de la capital eran sumamente preocupante y debía actuar de inmediato.
— ¿Qué sabes de la relación de nuestra familia con la alquimia?
Alexis suspiró bastante desanimado pero finalmente contestó.
— Mi padre siempre me contaba la historia de un alquimista llamado Elahm que había descubierto la fuente de la vida eterna.
— Así es, Elahm era mi bisabuelo, viajó desde Persia oriental hasta aquí en busca de un pergamino antiguo que había sido robado. Pudo recuperar una parte del pergamino y con ese conocimiento comenzó a experimentar. Lamentablemente su hijo menor murió en uno de sus experimentos, esto hizo que se obsesionara con encontrar la forma de devolverle la vida. Desarrolló una técnica sumamente peligrosa llamada Cambio de almas, es un método que solo pueden utilizar cierta clase de alquimistas y que implica un gran riesgo para cada uno de los partícipes.
— No estarás hablando enserio. —Le interrumpió el menor indignado, no podía creer la sarta de incoherencias que estaba diciendo Zafiro—. No estarás insinuando que algo así como la resurrección realmente existe.
— No Alex, no existe algo así, pero si existe un método para vivir más tiempo que el de un vida humana, a través del cambio del alma de un individuo a otro cuerpo más joven, más fuerte y saludable.
El pelirrojo largó una carcajada— ¡No puedo creer lo que me estás diciendo, es insólito, es… es ridículo!—
Pero los ojos de Zafiro mostraban solo verdad y aquello le heló la sangre
—Sabes que no miento, siempre has querido saber las cosas que te ocultaba, y ahora tienes la oportunidad de conocer la verdad, de pertenecer a algo mucho más grande.
El menor se quedó quieto fijando toda su atención en la figura de Zafiro.
— Debes entender —Prosiguió el mayor— que los alquimistas son diferentes a los humanos normales. Tenemos ciertas percepciones de la realidad que las personas comunes no poseen, provenimos de una casta que se ha especializado en su arte por miles de años, así que ya eres un alquimista de nacimiento aunque no quieras serlo, es algo que está en tu sangre y no puedes deshacerte de ello.
Aquella revelación hizo estremecer a Alexis, eso significaba que no tenía elección, que no podía escapar a su sangre. No quería escuchar la verdad, no ahora que estaba a punto de dejar su vida y sus recuerdos atrás y comenzar una nueva etapa lejos de allí.
Zafiro ajeno a sus pensamientos siguió con la interesante explicación.
— Existen diferentes tipos de alquimistas, entre ellos se encuentran los alquimistas que manejan el N’ame, como yo, poseen la habilidad de pasar la energía vital del cuerpo a otro individuo, es por eso que puedo curar a las personas heridas acelerando el proceso de cicatrización entre otras cosas. Luego están los alquimistas capaces de modificar su cuerpo físico de diferentes formas y aquellos que manipulan la energía mental. Finalmente se encuentran unos pocos elegidos como tú Alex, que pueden manipular la Etoile o el alma.
Zafiro se levantó, tomo unos frascos de un estante y volvió al lugar.
— Empezaremos tu primera clase de alquimia.
— ¡¿Ahora?! Debo alistar mis partituras, en tres días será el concierto—. Protestó el menor pero la mirada de advertencia que le dedicó su tío, hizo que se silenciara.
El boticario tomó un poco de yeso y lo usó para pintar un triángulo sobre la mesa.
— La forma principal de la alquimia es el triángulo, representa los tres elementos fundamentales, la sal, el azufre y el mercurio; en otras palabras, el cuerpo, la mente y el alma. Estas a su vez son alteradas por diferente tipo de energías que provienen de los elementos naturales como el agua, el fuego, la tierra y el aire. La diferencia entre los alquimistas y el hombre común, es la posibilidad de manejar la energía del mundo, transformarla y deformarla a nuestro gusto.

Alexis le observaba incrédulo, lo único que le detenía de reírse y salir indignado de aquel lugar era la mirada de Zafiro, él realmente estaba hablando con la más pura verdad, sus ojos grises no podían estar mintiéndole, lo veía claramente en ellos. Un fuego incendiaba su interior cuando hablaba de la alquimia, hablaba con el mismo amor que lo hacía cuando recordaba a su hermano Dion.
Tomó una flor marchita y la colocó en el centro del triángulo, luego colocó una pequeña cantidad de azufre, prendió un cerillo y lo dejó caer sobre el azufre. Una llama azul se hizo visible antes de que Zafiro la tapara con sus dos manos. El hombre cerró sus ojos por unos minutos concentrando su energía en las palmas de sus manos, cuando quitó sus manos de encima del fuego, una hermosa rosa roja ocupaba su lugar.
— Este es el poder de la alquimia.

Hiarbas
Rango11 Nivel 52
hace 8 meses

Me encanta como va la historia, el universo que estas creando, los personajes tan complejos. Al principio creí que iría por otro lado, el inicio no daba pistas de que fuera a ser el relato como ahora va evolucionando, pero me encanta, sigo con el.


#8

Gabriel pudo distinguir la figura del pelirrojo a la distancia, estaba pensativo y recién se percató de su presencia cuando el violinista se sentó a su lado.
— ¿Qué sucede? — le preguntó dándole un mordisco a una manzana.
— Sólo estoy nervioso por el concierto—. Mintió Alexis, no podía contarle que no iría a Viena porque a Zafiro se le había metido en la cabeza la estúpida idea de enseñarle alquimia.
— No deberías estarlo, tenemos mucho más talento que cualquiera de esos idiotas que se presentarán mañana, seguramente el rey quedará asombrado con nosotros
— Tienes razón. —Su compañero tampoco parecía muy descansado. — ¿Hablaste con Oliver?—.
— Te dije que dejaras de meterte en mis asuntos —. Le recordó Gabriel levantándose— Algún día me iré de ese maldito lugar para siempre.
— No creo que sea tan terrible vivir allí —. Comentó Alex, no le parecía que vivir en un ostentoso palacio rodeado de lujos y mimado por sirvientes fuera muy atroz. Pero la sombría mirada que le dirigió Gabriel le hizo dudar sobre sus palabras, por un momento había bajado la guardia y había podido observar con más claridad lo que había detrás de su frialdad, y lo único que había sentido era miedo y una terrible y desgarradora tristeza.
Gabriel observó su reloj y lo guardó en su bolsillo nuevamente— ¿Todavía siguen ahí adentro? Ya es nuestro turno —. Suspiró con hastío— Por eso odio practicar en el salón del instituto —.
Abrió la puerta encontrándose con dos estudiantes dentro del salón. Enseguida reconoció al albino y su compañero, realmente detestaba a ese tipo, no solo por su desagradable forma de ser sino también porque era un Cazador.
— Oigan imbéciles, ya terminó su turno.
Los dos lo observaron sorprendidos. Nadie le hablaba así a un cazador, era una terrible ofensa, especialmente si se trataba del hijo de Eren Lewitts, el Paladín que dirigía el ejército de cazadores con los que la iglesia amenazaba a cualquier insecto que osara desafiarlos.
Eliel avanzó quedando frente a Gabriel, tuvo que levantar un poco el rostro para poder observarlo a los ojos. Que el violinista fuera más alto que él le molestó terriblemente.
— Déjalo Eliel, si lo lastimas mucho y algún profesor se entera, no podremos tocar mañana en el concierto—. Le recordó su compañero que todavía seguía sentado en la banqueta frente al piano.
— Discúlpalo, no quiso ser tan descortés—. Intervino Alexis tratando de calmar las aguas.
Los ojos rojos se posaron sobre Alexis y su mirada se suavizó. Gabriel pasó a segundo plano, Eliel pareció olvidar por completo su presencia.
— ¡No me ignores Eliel Lewitts!— Gritó Gabriel indignado, sujetándolo con fuerza del brazo.
Una mano apareció de la nada agarrando a Gabriel del cuello.
— Suéltalo — La voz se escuchó fuerte y clara. De las sombras, apareció un hombre alto de aspecto lúgubre, llevaba una sotana parecida a la de Eliel, tenía el cabello negro rapado en los costados y una imponente cruz de plata colgaba de su cuello.
— Sabía que alguno de tus matones aparecería —. Sonrió Gabriel, soltando el brazo de Eliel.
— Te pisaré como la pequeña cucaracha que eres. —Le amenazó el hombre, apretando su mano contra el cuello haciendo que Gabriel apenas pudiera respirar.
— Detente Egon — le ordenó Eliel a su subordinado.
El hombre observó contrariado al albino, no quería soltarlo pero sabía que las órdenes de su señor eran absolutas.
— Sí, mi señor — asintió soltándolo finalmente y desapareció de la misma forma que llegó, sin dejar rastro.
Gabriel tomó una bocanada de aire tratando de mantener su elegancia, no podía negar que ese maldito gigante era aterrador.
— No tomaré represalias contra ti Gabriel, deberías agradecer la cortesía y la buena educación de tu compañero. Él conoce su lugar, no como tú. —Le aclaró Eliel mientras señalaba a Alexis
Gabriel le dedicó una sonrisa soberbia y se quitó de su camino permitiendo que el albino y su pareja salieran del salón.

Alexis expulsó el aire que había acumulado en sus pulmones desde que ese hombre había aparecido de la nada.
— ¡Eso era alquimia!
— Así es… por eso odio a los cazadores, repudian la alquimia pero la usan para obtener más poder. Esclavizan a los alquimistas y los hacen sus subordinados, a cambio les perdonan la vida y permiten que sus familias vivan cómodamente.
— Nunca había visto algo así.
— Me sorprende que estés tan asombrado cuando tú mismo usas la alquimia constantemente.
Alexis lo observó aterrado — ¿Cómo sabes…
— ¿Qué eres un alquimista? —. El violinistas sonrió divertido mientas tomaba su violín y comenzaba a afinarlo. — Porque yo también soy uno. Usas tus poderes con demasiada soltura, no me sorprendería que el cazador ya estuviera al tanto de tu extraña habilidad.
El pelirrojo tardo unos minutos en reaccionar, si un cazador sabía que él era un alquimista entonces eso significaba que…
— Tranquilo, no creo que intenten nada, nos tienen miedo. No somos iguales a esos alquimistas inútiles con lo que están acostumbrados a lidiar. Nuestras familias provienen de linajes muy superiores.
— ¿De que estas hablando?… No soy alquimista. Mi padre lo era, pero él ya está muerto.
Gabriel dejó su violín a un costado y se acercó al pelirrojo. Tomo su barbilla con su manos derecha y lo obligó a levantar la mirada.
— Hay algo que no entiendes. No importa lo que creas, eres un Novak… un alquimista. Está en tu sangre.
Su corazón dejó de palpitar por un instante, tenerlo tan cerca le abrumaba, aturdía sus sentidos y ahogaba su mente.
— ¿Por qué hay tanta tristeza dentro tuyo? —Preguntó sin poder evitarlo, sus ojos azules lo atraían y lo envolvían con una fuerza desmedida.
El violinista se apartó — Ya te dije que dejaras de hacer eso—.
— Sin embargo tú pareces querer que lo haga, te mantienes cerca mío a pesar de que sabes lo que eso significa ¿Qué es lo que verdaderamente quieres?
Gabriel tardó unos segundo en responder ¿Realmente sabía porque estaba haciendo todo esto?
—Quiero protegerte, no voy a permitir que esos imbéciles se apropien de alguien como tú.
— ¿Alguien como yo?
El violinista se alejó y tomó su violín —Eres alguien muy especial, tienes un poder único dormido dentro tuyo.
— Si es cierto lo que dices ¿Por qué no lo han hecho ya? No hay nada que los detenga.
— Tienes más aliados de los que crees. Hay muchas personas interesadas en que tu poder no caiga en manos de los Cazadores.
— ¿Por qué me dices esto ahora?
— Porque las cosas están comenzando a agitarse. Lo mejor es que viajes a Viena y te alejes de este lugar.
— Zafiro me ha prohibido viajar —susurró Alexis apenado.
Gabriel lo observó sorprendido.
— ¡Es muy peligroso que te quedes! ¡Debes convencerlo!
Es imposible, él no lo permitirá…—dijo el pianista colocando las manos sobre las teclas del piano ¿Por qué todo era tan frustrante? ¿Por qué todo era tan complicado? Fue en ese mismo instante cuando una idea cruzó por su mente, una idea estúpida pero que no dejaba de repetirse como un eco que lo aturdía.

—Escapemos… —
Su voz apenas se oyó, el nudo en su garganta no le permitía hablar con más fuerza.

Gabriel lo observó aterrorizado pero luego de unos instantes asintió ¿Acaso no era eso lo que quería? ¿Escapar de ese maldito lugar? No sabía que consecuencias tendrían sus acciones y eso lo aterraba, pero estaba más decidido que nunca, tal vez esta sería su última oportunidad para salir de aquella ciudad maldita. Lo lamentaba por Joan, su pobre hermanito. Lamentaba no poder ayudarlo, no poder llevarlo con él, pero él siempre tendría a Oliver para protegerlo, Oliver se encargaría de él.

#9

— Alexis ¿Me oyes?
El pelirrojo levantó la cabeza y parpadeo tratando de concentrarse en la voz del violinista, su compañero le dedicó una mirada reprobatoria al darse cuenta que no le había escuchado una palabra de lo que acababa de decir.
— Te decía… —Comenzó nuevamente, reuniendo la poca paciencia que poseía— Debemos irnos cuando comience la gala. Todos estarán demasiado ocupados adulando al rey como para darse cuenta que no estamos.

Dos figuras se ubicaron a un costado suyo interrumpiendo su conversación. Gabriel levantó la vista encontrándose con el estudiante que era pareja de Eliel en los ensayos para el concierto. Era la primera vez que lo observaba en detalle, tenía una cara común y el cabello negro, pero la picardía en sus ojos oscuros y aquella sonrisa juguetona que siempre mantenía en su rostro, lo hacían un sujeto interesante. A su lado se encontraba otro estudiante de cabello castaño corto y unos hermosos ojos verdes que resaltaban de su pálido rostro, a pesar de querer ocultarlos detrás de unas horrendas gafas.
— ¿Él es Gabriel Gëber? Pensé que sería más alto. No se parece en nada a su hermano Oliver —dijo el estudiante de cabello castaño
Su compañero se dio un golpecito en la frente— ¡Cierto! Tú conoces a su hermano.
— Así es, fue mi profesor el año pasado.
— ¿Quiénes son ustedes y qué quieren? —Les preguntó Gabriel cortante.
— Lamento interrumpir su conversación. Mi nombre es Kris Müller y él es Dominic Adler. Sólo quería mostrarle a mi amigo al idiota que desafió a Eliel Lewitts. Realmente tienes agallas Gabriel
— Hay que ser una persona sumamente valiente o sumamente estúpida para hacerse enemigo de un Cazador— comentó Dominic
— Hay que ser alguien sumamente imbécil para insultar a un Gëber —Habló Gabriel levantándose, no estaba dispuesta a dejar que alguien le tomara el pelo.
Kris se interpuso —Tranquilo Gabriel, solo hemos venido a desearles buena suerte mañana, en serio—. El estudiante le sonrió de una forma sincera y levantó las manos en son de paz. Esto hizo que Gabriel retrocediera, sabía que una pelea con ellos podría significar más problemas.

— Ya recuerdo sus nombres, ustedes son alquimistas también… perros de los Cazadores. Müller, leí sobre tu linaje, manipulas mediocremente el N’ame al igual que todos los que llevan tu apellido. —comentó Gabriel queriendo injuriarlo

Kris no le respondió, esa estúpida sonrisa seguía instalada en su rostro. Se acercó a Gabriel anulando la distancia entre ellos, pero su mirada estaba dirigida a Alexis que seguía sentado observando la escena expectante.
— Por cierto, Alexis Novak …
Alexis lo observó sorprendido pegando un respingo al escuchar su nombre.
—Eres un extranjero ¿Cierto? Un huérfano, tus padres murieron y ahora vives de la caridad de tu tío ¿Cómo hiciste para entrar a la academia? ¿Le hiciste algún favor al rector?— dijo Kris con cizaña

El pelirrojo no podía creer lo que le acababa de decir ¿Acaso lo estaba tratando como una puta barata? Lo quería matar, quería tomarlo de la nuca y aplastar su rostro contra la mesa, pero antes de que pudiera reaccionar Gabriel le pegó un puñetazo.
Enseguida Dominic descubrió una pequeña daga que llevaba escondida en la manga de su saco, estaba dispuesto a sacarle las entrañas a Gabriel Gëber por su atrevimiento, pero Kris sujetó su mano antes de que hiciera cualquier movimiento.
— Te recomiendo que te vayas antes de que te desfigure el rostro. — Le amenazó Gabriel.
Kris se limpió la sangre en su boca y le volvió a dirigir otra de sus galantes sonrisas. Les dedicó un cortés saludo y se alejó, arrastrando a Dominic con él.

Alexis no podía mirar a Gabriel a los ojos, realmente el comentario de Kris había hecho hervir su sangre y la impotencia y odio que sentía hacía que su cuerpo temblara y sus ojos se aguaran. A pesar de ser de origen humilde, siempre había sido orgulloso y había tenido alta estima de su persona. Nunca se había inmutado ante los comentarios de desprecio de sus compañeros y colegas y este no sería un caso diferente.
Gabriel todavía se encontraba en el mismo lugar, parecía estar tratando de calmarse, todavía respiraba agitadamente y se agarraba la mano derecha con fuerza.
—Tú mano… ¿Te lastimaste?—
Gabriel los observó, pero su mirada era distante como si no estuviera del todo allí sino en algún recuerdo lejano. No le respondió, solo se sentó a su lado, mirando como el sol se escondía detrás de las casas en el horizonte.

#10

Observó cómo los mechones blancos se deslizaban por sus hombros y caían en el piso dibujando formas ondulantes.
— Sé que odias esto… pero es necesario…—Se justificó Egon mientras cortaba otro mechón blanco.
Una de las sirvientas entró a la lúgubre habitación y dejó una palangana de agua sobre una mesita. Odiaba aquella mirada que le dirigía, sabía lo que pensaban de él. Había sido así desde que había nacido, pero todavía no se acostumbraba al desprecio y a las miradas llenas de terror.
«Eras tan blanco como la nieve que caía afuera de la capilla y tus ojos estaban abiertos, eran rojos como la sangre, como una rosa.»
Esas habían sido las palabras de Egon al describir su nacimiento, el hombre había tenido el privilegio de estar presente en aquel terrible momento, un instante que había llenado de desgracia a su familia.
Eliel Lewitts había sido producto del desesperado intento de la iglesia por mantenerse poderosa e inmutable en su trono de oro. Cuando los sabios descubrieron el pergamino de Lilith en una de sus cruzadas en el este, nunca hubieran imaginado que había una forma de traer al mundo terrenal a un ángel, pero el manuscrito lo decía claro y detallado. Enseguida su ambición los encegueció, traerían a un ser poderoso que les diera gloria y poder, que luchara con ellos contra el mal y hundiera a los enemigos que trataran de sabotear la voluntad del Señor.
Primeramente debían conseguir un alma pura, libre de mal y con gran fortaleza. Encontraron lo que buscaban en la mujer de Eren Lewitts —el Paladín de los Cazadores—, poseedora de una fe inquebrantable, había dedicado a servir a la iglesia con una devoción incorruptible. Fueron años de detallada examinación, de minuciosa investigación los que sucedieron hasta poder reconocerla como la persona más indicada para aquel experimento. Por supuesto fue un gran honor para Eren y toda su comunidad, todos estaban muy complacidos ante tal noticia, especialmente cuando se les informó del embarazo de su mujer.
El proceso fue llevado a cabo por Caleb Darzi, un científico muy prestigioso. Él había sido el creador de las armas que actualmente usaban los Cazadores, —Una mezcla de metales santos muy útiles contra el poder de los alquimistas—. No fue tarea fácil, se debía quitar gran cantidad de sangre de Diana, la joven elegida, esa sangre se mezclaba con diferentes soluciones salinas compuestas de azufre y mercurio y finalmente se volvía a introducir ese compuesto en su cuerpo. Fue difícil encontrar los niveles de elementos correspondientes que debía poseer su sangre, Diana casi muere en más de una oportunidad envenenada por el mercurio, sólo la habilidad de Caleb y su fortaleza la habían vuelto a la vida. Pronto su cabello oscuro comenzó a perder pigmentación al igual que su piel, incluso sus ojos azules se volvieron casi blancos. Por demás, la mujer debía seguir una dieta a base de carne cruda, era muy importante la ingesta de ojos de pescados y aves. A todo esto se debía agregar la demandante actividad sexual que debía mantener con Eren a diario para asegurar un embarazo, ella sería el contenedor que daría a luz al tan esperado Ángel. Al cabo de ocho meses, Diana estaba tan exhausta y su cuerpo tan debilitado que apenas podía mantenerse en pie, a pesar de eso, el tratamiento no se interrumpió.
Poco después se anunció su embarazo, lo cual complicó su salud terriblemente. El embarazo se desarrollaba a pasos acelerados, era un ritmo que su cuerpo no podía seguir, estaba siendo destrozada por dentro y no había nada que pudieran hacer más que esperar impasibles.
Cinco meses más tarde aconteció el nacimiento de Eliel. El cuerpo de Diana había dejado de responder, su respiración se volvió casi imperceptible y sus ojos se cerraron para siempre. Diana Lewitts no volvería a abrir los ojos, su cuerpo quedaría atrapado en un letargo infinito.

Lamentablemente Eliel no había cumplido las expectativas de los Sabios y rápidamente había sido etiquetado como un experimento fallido. Ningún ángel podía tener su frágil figura o su pobre salud. Nunca había logrado tener alguna habilidad especial y tampoco se había destacado en nada ¿Su madre se había sacrificado para eso? Pobre mujer, confinada a vivir encerrada en una habitación, sin poder morir o escapar de aquel bucle atemporal. Ese era el castigo por traer un ángel al mundo terrenal, el infierno eterno.

— Listo— le indicó Egon quitándole la toalla con la que había cubierto su túnica para que no se ensuciara.
Eliel pasó sus manos por su mejilla tratando de detener las lágrimas. Se levantó pero Egon le sujetó su brazo antes de que pudiera alejarse, sus ojos negros los observaban suplicándole silenciosamente su perdón.
— Por favor Eliel…
— Tú y yo no tenemos nada de qué hablar. Siempre ha sido así, siempre has priorizados las ordenes de mi padre ante las mías, sin importar las consecuencias, y así será siempre.
— Sabes que no tengo elección.
— Siempre existe una elección, están aquellos valientes capaces de aceptarla, y están los cobardes como nosotros incapaces de cambiar nuestro destino.

Egon quiso contestarle pero la puerta se abrió y un hombre canoso entró al lugar, llevaba una sotana negra similar a la de Eliel y Egon pero la suya no tenía la cruz roja.
— Señor Eliel… Meister Eren le quiere ver a usted y a Egon
El albino sacudió su brazo liberándose del agarre de Egon y salió de la habitación sin mirarlo. El siervo salió detrás de él a toda prisa tratando de no perderlo de vista. Ahora que su cabello estaba corto, su largo y pálido cuello era visible, ese corte le hacía ver más alto y más grande y sus rasgos delicados tomaban un poco más de carácter.
Ambos entraron al salón, un cura se encontraba presidiendo la misa matutina. A un costado en primera fila Eren destacaba entre el grupo de personas que se acercaban a recibir la bendición, era un hombre de una apariencia intimidante, muy alto y de contextura fornida, su fuerte mandíbula era soportada por un cuello grueso y anchos hombros. Eliel observó cómo abría sus labios para recibir la hostia, sus ojos azules miraron al cristo en la cruz con suma compasión. No pasó desapercibido para el albino como su padre fruncía su ceño mientras se sujetaba el brazo adolorido, unas gotas de sangre se deslizaron por el dorso de su mano dejando unas pequeñas manchas en el piso. Era común entre los cazadores devotos el castigo corporal, seguramente Eren había estado impartiendo aquella práctica antes de la misa.
— Padre —lo saludó Eliel cuando el hombre pasó por su lado.
Eren no le contestó, le dirigió una breve mirada y siguió su camino, Eliel junto a Egon lo siguieron hasta llegar a una amplia pero austera habitación con unos pocos elementos, una cama, un escritor y un baúl para guardar sus pertenencias, era el cuarto del paladín. El hombre se sentó en la cama y se desabotonó la sotana quitándose la parte de arriba, llevaba su pecho y su brazo izquierdo vendados, y una aureola de sangre comenzaba a cubrir la venda.
— Egon, necesito que cambies el vendaje.
— Si mi señor. — dijo el siervo y salió de la habitación trayendo luego de unos minutos, todos los elementos necesario para la curación.
Eliel se había sentado en una silla y observaba pacientemente como Egon cambiaba el vendaje cuando dos hombres entraron a la habitación. Los reconoció enseguida, el primero era un joven de cabello rubio llamado Alaric, era relativamente nuevo en el grupo de cazadores, pero sus habilidades habían deslumbrado al mismísimo Eren y rápidamente había ganado su confianza. El segundo hombre tenía el cabello canoso, sus ojos cansados delataban sus años ya vividos y su vasta experiencia, su nombre era Alphonse y era el concejero de Eren, el paladín le tenía una suma confianza y respeto y buscaba su sabiduría cada vez que debía tomar una decisión relevante.
— Ahora que estamos todos, debo hacer un anuncio importante… —habló Eren mientras se acomodaba la sotana— Los sabios llegarán a Düsseldorf mañana —.
— ¿Los doce vendrán? ¿A qué se debe tan inesperada visita? — comentó Alphonse sorprendido, era muy extraño que los sabios se reunieran a menos de que fuera un asunto de suma importancia.
— Ahora que hemos acabado con los alquimistas devotos al Clan Novak, que se resistían en el Norte, podemos avanzar y poner fin a esta estúpida tregua a la que hemos sido sometidos. Ya nada nos impide apoderarnos de la fuente de la vida eterna que tanto rumores ha despertado en estos últimos años. Sólo hace falta corroborar la información que hemos recolectado y ya nada nos detendrá.
Un silencio tenso se instaló en la habitación ¿Hacía cuánto tiempo esperaban una noticia así? Tener ese poder bajo su control significaba un terrible golpe hacia los alquimistas, a través de él podrían descifrar los secretos más trascendentales del mundo y la materia, podían tener un poder más allá del que algunas vez pensaron posible. Pero eso también significaba un terrible riesgo.
— Eliel, necesito saber cómo están las cosas en Staatliche Kunstakademie
— No ha habido ninguna anomalía. Desde que Oliver Gëber dejó la institución todo está sumamente calmo. Aunque Gabriel Gëber sospecha que algo extraño está sucediendo.
— ¿A qué te refieres?
— Tuve un altercado con él ayer, creo que intentaba medir mi fuerza. Egon es testigo.
El siervo asintió dándole la razón a Eliel, la forma de actuar de Gabriel distaba mucho de su cautela habitual.
El cuerpo de Eren se tensó— Debemos tener mucho cuidado con el linaje Gëber, son alquimistas muy peligrosos. No debes levantar sospechas Eliel, pero tienes que vigilarlos y mantenerme al tanto ante cualquier movimiento extraño que notes.
— Sí, mi señor —dijo e hizo una reverencia en señal de respeto.
— Ya puedes marcharte. Tú, Egon, quédate, hay algo más que debo hablar contigo. —Detuvo al cazador que ya estaba dirigiéndose hacia la puerta.
Los ojos rojos del albino le observaron curiosos, pero finalmente se resignó a salir de la habitación y dirigirse al comedor.

Hiarbas
Rango11 Nivel 52
hace 8 meses

Sigo disfrutando el relato, es muy bueno, realmente me gusta lo que estas creando, quedo a la espera de nuevas entregas.


#11

El hombre esperó a que Eliel saliera y se levantó.
— Egon, tú eres uno de mis hombres más fuertes y preparados, tengo suma confianza y fe en ti, y creo que eres la persona más indicada para la tarea que te daré.
El siervo asintió, por alguna razón la voz de su maestro era grave y severa, no pudo evitar jugar nervioso con el anillo que llevaba en su mano derecha, un hermoso anillo de plata con incrustaciones de rubí que había pertenecido a su hermano.
— Quiero que seas el encargado de traer la fuente de la vida eterna ante el consejo de los sabios. La última información que nos ha llegado es que Alexis Novak y el amuleto que lleva en su pecho es la clave para conseguir lo que Elahm y Dion Novak persiguieron durante toda su vida, La Inmortalidad.
Irás con Alaric, él te cubrirá la espalda, confío en que su habilidad en el campo de batalla sea la suficiente para poder protegerte. Recuerda, debemos ser cautelosos, todavía no somos los suficientemente fuertes como para terminar de una vez por todas con los alquimistas, no queremos que esos malditos se enteren de nuestras intenciones hasta no tener en nuestro poder el tesoro que ellos protegieron con tanto recelo todos estos años, los alquimistas en el Este todavía siguen siendo una gran amenaza para la iglesia.

El siervo se arrodilló y besó la mano de su señor.
—Será un honor poder cumplir con esta misión, estoy agradecido de que me dé esta oportunidad mi señor.
—El plan se llevará a cabo la próxima noche sin luna.

Egon salió de la habitación temblando, apenas podía respirar y un sudor frío recorría su cuerpo. Desde pequeño lo habían preparado para ese momento, daría la vida por su señor y sería recordado por toda la eternidad por su hazaña, su hermano lo había hecho y su padre antes que él. Debía sentirse orgulloso de poder tener tal honor y que su señor confiara tanto en él como para darle una tarea tan delicada. Sabía que esa misión era suicida, no regresaría con vida de allí, no lo haría, estaba seguro de ello. Nadie que se hubiera enfrentado a la familia Novak había sobrevivido, todos ellos eran hombres excepcionales, Cyan y Dion Novak lo habían sido, y ahora Zafiro, las cosas que había escuchado de él hacían honor a su apellido. Pensar que alguna vez sus familias habían luchado juntas como grandes alquimistas, cuán perdidos habían estado sus antepasados lejos del camino de Dios, pero su Señor Eren les había abierto los ojos, y ahora peleaba y daba su vida para librarse de sus pecados, de los pecados de su familia.
Pero a pesar del amor y la devoción que tenía a su Señor y a la causa, había algo que nublaba la claridad de sus pensamientos, que lo hacía retroceder y temer la muerte, la imagen de Eliel apareció en su memoria, su sonrisa, su dulzura, su dolor; lo amaba, lo había amado desde hacía ya mucho tiempo, no sabía cuándo exactamente había comenzado a sentir eso, vivir con él le había mostrado aspectos de Eliel que lo habían maravillado ¿Quién cuidaría de él cuando no estuviera? ¿Quién estaría allí para él? Temía por su suerte, temía por todo lo que podría pasar. Un pensamiento más egoísta cruzó por su mente, imaginó sus labios rosados, su piel blanca, sus ojos rojos lo observaban solo a él mientras sonreía con una inocencia infantil, quería tocarlo, quería besarlo aunque sea una sola vez antes de morir. Jugó con el anilló de plata y rubíes, le recordaba a Eliel, sus ojos carmesí, su cabello de plata blanca, era hermoso. Quiso por una vez en su vida ser egoísta y pensar en él, no le importaba la muerte si podía amar a Eliel con libertad, se prometió a si mismo que daría rienda suelta a sus impulsos y no volvería a reprimirse hasta el momento de su fin. Era imposible volver atrás, era imposible contener todo lo que sentía por él, lo estaba envenenando y no podía permitir que algo así sucediera, que un sentimiento tan hermoso y puro se volviera culpa y remordimiento.

#12

El momento había llegado, faltaban solo unos minutos para exhibir su talento ante todas esas personas que se encontraban en el público. Sus dedos jugaron con los botones de su camisa, realmente no sentía nervios por su presentación, tenía mucha confianza en sus dotes musicales, pero lo que sí le tenía sumamente preocupado era lo que sucedería luego del concierto, escaparía con Gabriel y se irían a Viena a vivir de la música. Si el rey quedaba complacido con su actuación podrían pedirle amparo una vez que llegasen allí.
Una mano golpeó la pared sacándolo de sus pensamientos.
— ¿Nervioso? — escuchó la voz susurrándole en el oído
Giró la cabeza y se encontró con los ojos negros de Kris Müller, aquella sonrisa soberbia que lo caracterizaba apareció en su rostro.
— ¿Qué quieres?
Kris se pegó más a su cuerpo, encerrando a Alex contra la pared— Te quiero a ti…—dijo en un tono sombrío
El pelirrojo miro a su alrededor tratando de encontrar la figura de Gabriel, pero el violinista todavía no aparecía.
— Déjame en paz Müller — habló con dureza.
— ¿Me estas amenazando? — Le preguntó el mayor —Sabes que no tiene chances contra mí…
— ¿Quieres probar?
— Me gusta que tengas agallas —contestó relamiéndose
Una mano se posó sobre el hombro del más alto, la figura de Dominic Adler se hizo presente.
—Basta Kris ¿Quieres que Eliel nos mate? Si te ve así con él, no le gustará.
El pelinegro suspiró y luego se apartó —Tienes razón —dijo acercándose a Dominic y pasando su brazo por sobre sus hombros, pero sus ojos siguieron posados en Alexis y no se despegaron hasta que ya se encontró a unos cuantos pasos de distancia
Alexis cerró los puños con fuerza, no podía soportar como ese imbécil lo trataba, quería matarlo. Trató de tranquilizarse, pronto se iría y se olvidaría de Kris Müller, de los alquimistas, los cazadores. No volvería nunca más a ese pueblo maldito.

— ¿Estás bien?— preguntó una voz cerca suyo haciendo que se asustara, se calmó al darse cuenta de que se trataba de Gabriel
— Estoy bien… ya casi es hora.


Oliver sonrió al escuchar lo que acaba de decirle Joan y luego dirigió la mirada al escenario, dos violinistas tocaban un hermoso dueto de cuerdas, la canción era muy bonita y tocaban bastante bien, por supuesto no se comparaba con la maestría de Gabriel. Apenas faltaban unos minutos para que él y Alexis Novak subieran al escenario y deslumbraran a todos. A su lado Violeta observaba la actuación con algo de aburrimiento, los aplausos se escucharon dando por terminado el fin del dueto de cuerdas, los dos músicos se retiraron y por unos minutos el murmullo y cotilleo de los invitados fue lo único que se escuchó. A un costado, en el palco, Friedrich Wilhelm III besaba la mano de su hija Alejandrina, mientras esperaba impaciente la siguiente actuación, era un hombre muy imponente y llevaba siempre vestido su uniforme militar. Oliver admiraba su fortaleza y su grandeza gobernando un país que había pasado por tanta guerra y desastre.
El primero en salir fue Gabriel, con su cabello del negro más puro y aquellos ojos azules poseedores de una belleza fría y temible. Se veía muy elegante vestido con un traje azul de terciopelo, cuando se detuvo en medió del escenario, la audiencia no podía despegar los ojos de él. Eso no hizo que Alexis Novak pasara desapercibido, con un traje gris que Gabriel le había prestado, su aspecto exótico llamaba mucho la atención, su piel aceitunada contrastaba con sus claros ojos grises y aquel cabello rojizo. La multitud se quedó en silenció observando al pelirrojo, algunos obnubilados por su belleza, otros escandalizados. El pianista pareció no darse cuenta de las miradas, se sentó frente al piano posicionándose para comenzar a tocar y no tardó en iniciar una suave y delicada melodía que poco a poco fue acompañada por el rozagante sonido del violín de Gabriel.
¿Cómo describir la unión de aquellos dos instrumentos? Era mágico. Oliver nunca había escuchado una interpretación como esa, estaba más allá de la perfección, era sublime, encantadora. Cada nota era un abrumador cúmulo de sensaciones que dejaban sin respiración a los espectadores, pero también era amarga, y cruda y algunas partes sumamente disonantes. Sintió como Joan tomaba su mano y giró a observarlo, sus ojos estaban al borde de las lágrimas, pero había una hermosa sonrisa en su rostro.
— ¿Escuchas la melodía Oliver? Solo un tipo de sentimiento puede lograr un sonido tan puro y hermoso.
Un silencio tenso cubrió el auditorio cuando la música cesó, nadie podía creer lo que acababa de vivir, era como si hubieran despertado de un sueño. Fue entonces que un aplauso rompió el silencio, todos giraron a ver a la persona que se había atrevido, Herr Friedrich Wilhelm se encontraba de pie y observaba maravillado a los dos jóvenes frente suyo. El auditorio se llenó de aplausos y ovaciones, las rosas caían a los pies de Alexis y Gabriel mientras ellos saludaban al público.

Las siguientes presentaciones se vieron bastante mediocres luego de la sublime actuación, y claramente hubieran sido los preferidos si no se hubieran presentados Kris Müller y Eliel Lewitts.
El salón se llenó de murmullos cuando apareció Eliel, era extraño ver a un cazador en la academia, generalmente se mantenían apartados del resto de la sociedad y rara vez salían de su comunidad para cumplir con sus trabajos. Por demás, el instituto de música había sido fundado por Viktor Gëber, un alquimista, y a pesar de que se había restaurado la paz entre los Gëber y los cazadores, distaban mucho de tener una buena relación. Se había cortado su cabello blanco, eso le había quitado un poco de gracia, pero sus ojos rojos todavía seguían manteniendo esa fiereza encantadora de un niño encaprichado.
Kris, a pesar de poseer una maestría excepcional, quedó opacado por el vibrante sonido del Violín de Eliel, una melodía llena de altos y bajos, apasionante y sumamente triste, su interpretación conmovió al hombre más fuerte hasta las lágrimas y dejó a los espectadores completamente atónitos ante tal estremecedora presentación. Nuevamente Herr Friedrich se levantó e invitó al público a aplaudir y alabar al joven cazador.

Cuando terminó el concierto, se realizó una breve pero elegantes recepción en el salón contiguo al auditorio, nadie perdió oportunidad de alabar a los preferidos, las mujeres no paraban de llenar de halagos a Gabriel y Eliel y observaban con curiosidad a Alexis. Pero cuando el rey se dignó a aparecer todo dejaron de prestarles atención, el hombre dio un breve discurso felicitando a los músicos que se habían destacado y luego se dedicó a bailar unas piezas con su preciosa hija, con apena 15 años y su hermana mayor recién casada con el Zar Nicolás I, la niña había tenido que tomar el puesto de su difunta madre manteniéndose al lado de su padre y acompañándolo a ese tipo de festividades.
Oliver bailó una canción con Violeta y tuvo que aceptar la invitación de varias damas que se habían acercado a él. Apenas le fue permitido, volvió al lado de Joan, el menor se había quedado rezagado en una esquina.
— ¿Te encuentras bien? —le preguntó el mayor apoyando su espalda contra la pared
— Sí, solo algo aburrido.
— Deberías bailar con alguna jovencita de tu edad, hay muchas chicas bonitas en este lugar.
— No creo que sea apropiado, ni siquiera debería estar aquí
— No digas eso, estoy feliz de que vinieras. Gabriel tiene razón, no es bueno que estés encerrado en casa todo el tiempo
— Me siento intranquilo
El menor levantó la mirada observando a la multitud, cuando veía la marea de gente moviéndose al ritmo de la música, sentía náuseas, era como una masa uniforme que se abalanzaba sobre él y luego retrocedía. Unos ojos llamaron su atención, la mirada estaba clavada en su persona, observándolo con suma atención, palideció al reconocer esos ojos verdes y su cuerpo comenzó a temblar.
— ¿Qué sucede? —le preguntó Oliver al ver a Joan con aquella expresión de terror
— ¡Adam está aquí! ¡Estoy seguro que lo vi! —dijo tratando de contener las ganas de salir corriendo.
Oliver se puso en alerta, hubiera deseado que el día que tendría que ver a ese maldito de nuevo nunca llegara.
La música se detuvo y los invitados se reunieron en una punta del salón. Los sabios se encontraban allí, llevaban unas sotanas blancas con una cruz dorada bordada en el lado izquierdo de su pecho. Ocho hombres y dos mujeres desfilaron con un elegante porte y se arrodillaron ante el rey Friedrich Wilhelm III.
— Mi rey, acabamos de llegar a la ciudad, pero queríamos pasar por aquí a hacerle honores a usted Herr Friedrich. —habló un hombre que se destacaba del resto por una cinta dorada que estaba cocida en su brazo derecho, tenía una mirada muy intensa, su cabello era castaño tirando al grisáceo y su rostro estaba adornado por una prolija barba.
— Me alegra verte de nuevo Abel, hacía tiempo que no nos cruzábamos —le respondió Friedrich— Aunque debería agradecerlo, cada vez que me encuentro con los sabios recibo malas noticias.
— Espero que esta vez no sea así mi señor.
— Eso esperamos todos.

#13

Gabriel tanteó con la mano hasta encontrar el tronco del árbol más cercano, sintió como las ramas y hojas crujía debajo de sus pies y esperó no tener la mala suerte de pisar alguna serpiente dormitando debajo de ese colchón de vegetación. Con la otra mano tomó el brazo de Alexis y lo jaló dirigiendo al pelirrojo por el camino correcto.
— No veo nada Gabriel, debimos haber traído unas velas para alumbrarnos.
— No hubiera sido buena idea, debemos llamar la atención lo menos posible.
— A este paso tardaremos toda la noche en llegar a Neuss
— Prefiero eso a que nos encuentren. —Le remarcó Gabriel, sabía que nada bueno le esperaba si le llegaban a descubrir— Cuando lleguemos a Neuss, compraremos unos caballos e iremos hasta Colonia y allí nos tomaremos el barco a Viena.
El pelirrojo se apoyó en Gabriel y trató de seguir el camino que este le indicaba pero tropezó y calló de bruces en el piso lodoso.
— ¡Maldición!
— Baja la voz idiota…
— Lo siento —se disculpó Alexis tratando de incorporarse, sus ojos lagrimearon un poco cuando su talón se apoyó en el piso, parecía habérselo torcido.
— ¿Te lastimaste?
— No, eso creo…
Fue entonces cuando el ruido de unas ramas crujiendo entre los arboles le alertaron, sus sentidos se agudizaron y ambos guardaron un silencio absoluto. El corazón de Alexis latía con fuerza y su respiración aceleró, forzó la vista tratando de concentrarse en el manchón negro que se acercaba a ellos, unos ojos dorados brillaron con la poca luz que entraba entre las ramas de los árboles, era una bestia enorme, un animal que jamás había visto.
— Oliver…— murmuró Gabriel con voz temblorosa, un suave bufido salió de la criatura.
Apretó con fuerza la mano de Alexis y lo observó, a pesar de la poca luz el pelirrojo pudo percibir la desesperación y el terror en su mirada. — ¡Corre con tu vida!— gritó.
Ambos se echaron a correr, Alexis trataba de esquivar las ramas pero sintió varias cortar su piel, trataba de seguir el paso de Gabriel pero le era casi imposible, su pie le dolía y estaba muy oscuro. No pudo evitar chocar contra algo, fue un golpe fuerte que hizo que cayera al suelo.
— ¡Alexis! —gritó Gabriel al dejar de sentir al pelirrojo detrás suyo.
— Aquí estoy…
Una risa estrepitosa hizo eco en el silencioso bosque, un hombre con una túnica blanca se encontraba frente suyo.
— Debes tener cuidado por donde caminas —habló el hombre observándolo con interés.
— ¿Quién eres tú? —le preguntó Alexis tratando de levantarse pero el golpe que Adam le acababa de asestar en el estómago apenas lo dejaba respirar.
— ¡Aléjate de él Adam! —gritó Gabriel apareciendo de entre unos arbustos
— ¡Ah! ¡Gabriel! ¡Cuánto tiempo!
El violinista se plantó frente al hombre protegiendo a AlexIS detrás suyo —No dejaré que te acerques a él —
—Mi amado sobrino, cuanto has crecido —habló acercándose al menor, otra risa volvió a brotar de sus labios — ¿Realmente crees que puedes hacerme frente? —le preguntó, pero antes de que Gabriel pudiera reaccionar levantó el puño y le pegó con una fuerza tal que hizo que el pelinegro terminara tirado a varios metros de distancia.
Adam se acercó a Alexis, lo sujetó del brazo y lo levantó — He esperado tanto tiempo Alexis Novak… y ahora te tengo frente mío —dijo mientras acariciaba su rostro cubierto de lodo — Su mano bajó despacio y siguió la cadena de plata que colgaba de su cuello hasta que sus dedos rozaron el delicado relicario de plata— Me llevaré esto, me pertenece…
Fue entonces cuando una mano más parecida a una garra sujetó su brazo con fuerza.
— Déjalos en paz —demandó Oliver mostrando unos colmillos que distaban de parecer humanos.
El hombre le dirigió una mirada llena de furia, pero enseguida su expresión se relajó y una sonrisa amable apareció en su rostro.
— ¡Oliver! Que desagradable sorpresa.
— Aléjate de ellos
—No deberías hablarle así a tus mayores —dijo desafiante pero se apartó —Parece que se te perdieron estos dos pilluelos, es peligroso que anden sueltos por ahí.
Un gruñido escapó de los labios de Oliver — ¡Gabriel! ¡Alexis! Vámonos —gritó mientras ayudaba a Alexis a levantarse y caminar. Gabriel se levantó con un poco de dificultad y siguió a su hermano mayor mientras Adam los seguía unos pasos más atrás


No podía despegar su mirada de sus manos llenas de barro y sus brazos arañados por las ramas y las espinas. Las cosas no habían podido salir peor, no sólo no habían logrado salir de Düsseldorf sino que se había encontrado con Adam.
Oliver entró a la habitación junto con Joan,
— ¿Qué sucedió con Alexis?
— Oliver lo acompañó hasta su casa, no era seguro traerlo hasta aquí...— le comentó Joan
— ¡Maldición Gabriel! ¡¿Por qué has hecho esto?! — Gritó Oliver completamente ofuscados — ¡Te lo advertí! Te dije que no lo hicieras…
— ¡Por favor Oliver cálmate! —pidió el menor.
— ¿Por qué todo es tan difícil contigo? ¡¿Por qué siempre tienes que hacer los que se te da la jodida gana?!
— ¡Déjame en paz! No tienes derecho a juzgarme —le gritó Gabriel al borde de las lágrimas
— ¿¡Y si yo no hubiera estado allí!? ¡Piensa en lo que podría haber hecho Adam!
Gabriel se levantó y lo enfrentó, su mirada estaba llena de remordimiento y culpa
— ¡Debía intentarlo! ¡No soporto este lugar! No puedo más Oliver…—le respondió temblando

Oliver lo observó unos segundos, hubiera querido abrazarle y decirle que pronto todo terminaría, pero eso sería una horrible mentira. Se sentó a su lado sin poder decir algo que llevara un poco de tranquilidad a sus hermanos, él también estaba aterrado y decepcionado, la poca serenidad y esperanza que tenía se estaba desquebrajando poco a poco.

#14

Zafiro se encontraba fumando su pipa mientras observaba la lluvia caer por la ventana. Le preocupaba Alexis, todavía no llegaba del concierto y eso lo tenía intranquilo.
En ese instante la puerta se abrió y la figura del pelirrojo apareció.
— ¡Alexis! ¿Qué sucedió? —le preguntó Zafiro al ver que sus ropas se encontraban cubiertas de lodo.
El menor no le respondió, se quitó el relicario de plata y lo dejó en la mesa.
— Quiero que me digas todo lo que sabes sobre este objeto
— ¿Por qué? ¿Qué pasó? ¿Por qué estas cubierto de barro?
— Eso no importa ahora. Necesito saber qué es este objeto, debo saberlo y no te atrevas a mentirme.
El hombre observó a su sobrino indeciso, pero finalmente se sentó en la mesa e invitó a Alexis a que haga lo mismo. Apagó su pipa y la dejó en una cajita, luego tomó el relicario y lo examinó.
— Supongo que sabes lo importantes que son los metales en el mundo alquímico. Dependiendo de su composición y materiales pueden ser utilizados de diferentes formas; el cobre, por ejemplo, se utiliza para la sanación por su facilidad para pasar las corrientes de energía, también se utiliza como fertilizante para las plantas. El mercurio, es un poco más complejo, es un metal conectado con el alma, dependiendo las cantidades ingeridas, puede alargar la vida o acortarla. Luego está la plata, sus propiedades varían dependiendo el metal o las gemas que lo acompañen, pero en gran parte se puede utilizar como escudo o una protección con los tratamientos adecuados. En este caso, el relicario es una protección —Zafiro exhaló un aire pesado, un nudo había aparecido en su garganta y apenas le dejaba hablar— Alexis, este objeto te protege de las personas que quieren hacerte daño. El alma de tus antepasados está dentro de esta pequeña pieza de metal, ellos te protegen y te guían por el buen camino. No debes quitártelo nunca, no debes hacerlo ¿Entiendes?
El pelirrojo asintió, estaba cansado de tanto misterio alrededor suyo ¿Por qué Zafiro no le decía de una vez lo que sucedía? Era agotador luchar contra algo que no sabía que era ¿Por qué todo el mundo tenía tanto interés en él? ¿Qué era lo que lo hacía tan diferente?

— Un hombre vestido con una túnica blanca se acercó a mi hoy, él parecía conocerme. Tomó el relicario entre sus manos y dijo que se lo llevaría, que le pertenecía.
Los ojos grises los observaron aterrorizados.
— Es un sabio, has oído hablar de ellos ¿Verdad?
— ¿Qué es lo que quieren Zafiro? ¡Debes decirme la verdad, debes decírmela!
Zafiro no dijo nada, no podía decirle la verdad, lo destrozaría. Lo amaba más que nada en el mundo, Alexis era su mundo, había vivido por y para él todos estos años, no podía destruirlo de esa manera.
— No puedo, yo… no puedo hacerte eso.
— ¡Vayámonos! ¡Escapemos de este maldito lugar! Viajemos a Viena y empecemos de nuevo, yo podría seguir mi carrera de músico allí y tú podrías poner tu Botica… —le pidió el menor desesperado.
— ¡Nos seguirían, no nos dejarán en paz! Pero mientras tú tengas el relicario no podrán hacerte daño.
— ¿Y qué hay de ti? ¿Y si te lastiman? —El sólo pensamiento de que algo malo le pasara a Zafiro hizo que su mundo se derrumbara, no podía permitir eso.
— ¿Piensas que pueden vencerme así como si nada? ¿Quién piensas que te ha mantenido a salvo todo este tiempo? Tengo varias guerras encima, tengo mi poder y soy listo. No debes preocuparte por mí.

#15

Oliver entró al invernadero con pasos firmes, allí se encontraba Violeta con un sencillo vestido blanco de verano y un delantal azul encima, estaba hermosa.
Violeta, a diferencia de los demás miembros de la familia, no había nacido con ningún don. Generalmente los alquimistas tendían a poseer mayor afinidad con algún tipo de energía y por lo tanto desarrollaban sus poderes en base a esa afinidad. Oliver, por ejemplo, había nacido con la habilidad de controlar el Ti bon Ange, la energía mental, era capaz de leer la mente, borrar recuerdos, también podía doblegar la voluntad de las personas y controlarlas. Violeta, en cambio, había nacido sin ninguna especialidad, debido a eso, ella se había esforzado en demostrar lo buen alquimista que era, tanto era su potencial que era capaz de hacer crecer plantas de la tierra con el solo movimiento de su mano y controlarlas a su gusto y placer. Oliver la admiraba, era hermosa y fuerte y tenía mucha determinación, realmente era todo lo que hubiera querido ser, pero para su desgracia él nunca había tenido su talento.
Odiaba su habilidad, le parecía cobarde y denigrante leer la mente y controlar a una persona, generalmente su padre lo utilizaba para torturar y sacarles información a sus enemigos, era terrible ver sus expresiones de desesperación y pánico, leer sus historias, impregnarse de sus vidas y sus objetivos para finalmente ser testigo de sus muertes. Odiaba hacerlo pero no tenía otra opción, Viktor siempre había utilizado amenazas y violencia para obligarlo a hacer todo lo que quería.
Siempre fue un niño débil y frágil hasta que conoció a Adam, gracias a él había encontrado una forma de volverse más fuerte, él le había enseñado una nueva fortaleza, le había dado un poder que nunca hubiera imaginado tener, pero lo que tuvo que dar a cambio fue demasiado, todo lo que tuvo que sufrir, todo lo que perdió a cambio de ese poder no lo podría recuperar nunca más.

—Sabía que te encontraría aquí…
— También sabes que cuando vengo aquí no me gusta que me interrumpan ¿Qué quieres?
— Violeta, debes hablar con nuestro padre, no puede dejar que le hagan algo a Gabriel. No dejes que Adam se encargue de su castigo.
La mujer dejó una pequeña raíz que estaba diseccionando y levantó la mirada para observar a Oliver.
— Son órdenes de mi padre. Lo que hizo Gabriel fue muy grave. Tienes suerte de que Adam, se haya apiadad de él y lo haya encubierto.
El menor se mordió el labio nervioso, lo sabía, sabía lo grave de la situación pero debía hacer algo, no quería que su hermanito sufriera más.
Unos pasos hicieron eco en la habitación.
— Que fácil de leer eres Oliver, estaba seguro que vendrías a pedirle ayuda a tu hermana. Siempre has dependido de ella cuando te encuentras en aprietos. —dijo una voz y la figura de Adam Gëber apareció detrás suyo
— ¡Adam! Justo a tiempo —hablo Violeta con el ceño algo fruncido, no le hacía gracias tener que interrumpir su investigación—Creo que debería dejarlos solos para que hablen —dijo mientras se sacaba el delantal.
— Gracias por tu amabilidad — le respondió el sabio mientras observaba como Violeta desaparecía entre las plantas.

—No lastimes a Gabriel —le pidió Oliver cuando la figura de Violeta desapareció— puedes hacer lo que quieras conmigo pero no lo toques, no le hagas más daño del que ya le hiciste…

El hombre lo observó con una sonrisa cínica, había olvidado lo hermoso que era Adam, nadie competía con su belleza, pero lo que tenía de belleza lo tenía también de maldad y locura. Su cabello largo de un hermoso color castaño caía libremente por sus hombros hasta su cintura, sus encantadores ojos verde agua lo observaban con una falsa inocencia. Aunque tenía casi la misma edad de Viktor, Adam parecía mucho más joven, sus expresiones infantiles y su rostro inocente ayudaban a ocultar su verdadera edad, nadie le daría más que veinte años cuando la realidad era que estaba casi por los cincuenta.

— Eso sería muy fácil, puedo tenerte a ti cuando quiera, pero Gabriel… tú sabes que siempre ha sido uno de mis juguetes favoritos
Sí, lo sabía, Adam tenía una especial fijación en Gabriel, le encantaba torturarlo y había sido él quien más había sufrido en manos de aquel científico loco.
— ¿Sabes lo terrible que es lo que acaba de hacer? Tiene suerte de que no lo haya llevado ante el concejo de sabios, podrían haberlo acusado por conspiración, podría haber metido a todos en un grave aprieto.
— ¡Por favor! Haré lo que quieras, todo lo que me pidas. Cualquier cosa.
— No, el necesita aprender, necesita ser castigado.
— Entonces lo haré yo, lo castigaré—. Prefería hacerlo él a dejar que Adam lo tocase otra vez.
El mayor sonrió de una forma siniestra y finalmente asintió
—Muy bien, tú lo harás. Tú castigarás a tu querido Gabriel.

Aventador_SVJ
Rango6 Nivel 28
hace 8 meses

Eh, está cajita aún no la leí... Mhh...
¡Bueno! Por los otros corazones en golpe fueron porque ya las leí con anterioridad pero no les di corazón eh.

Hiarbas
Rango11 Nivel 52
hace 8 meses

Parece que se pone fea la historia. A esperar a ver como progresa


#16

Despertó y se encontró con las miradas preocupadas de sus hermanos ¿Acaso era un sueño?
— ¿Qué sucedió?
— Te caíste desde el segundo piso…—le respondió un joven que lo observaba perplejo
— ¡Lo siento! ¡Fue mi culpa! — gritó un pequeño niño al lado suyo.
— No fue tu culpa Joan—dijo Violeta abrazando al pequeño y mirando de forma reprobatoria al mayor —Oliver no debió descuidarlos así —
Oliver bajó el cabeza avergonzado.

La puerta se abrió y Viktor seguido por Adam entraron a la habitación..
— Salgan todos —ordenó Viktor.
Violeta tomó la mano de Joan y lo llevó fuera, pero Oliver no se movió.
—Yo me quedaré —dijo de forma desafiante, no quería dejar a Gabriel sólo con ellos.
— ¡Te dije que salgas! —le gritó el hombre tomándolo del brazo con fuerza —Harás lo que yo te diga
— ¡No! —dijo tratando de zafarse del agarre, pero su padre era mucho más fuerte y grande que él y lo terminó empujando hasta llevarlo fuera
Adam cerró la puerta tras de sí con llave y sus ojos verdes observaron con interés al niño.
—Hola Gabriel…
—Hola…—saludó el pelinegro con curiosidad, no tenía idea quien era ese hombre.
— Mi nombre es Adam y técnicamente soy tu tío.
El hombre se acercó a la cama y se sentó al lado del joven — ¿Puedes contarme lo que sucedió?— le pidió cortésmente, tenía una dulce sonrisa en su rostro que hizo que el niño confiara.
— Estábamos en el ático jugando con una pelota pero Joan la pateó muy fuerte y quedó muy cerca de la ventana, la quise agarrar pero me resbalé y caí… y ya no recuerdo más.
Adam asintió y lo examinó, movió sus piernas y sus brazos, lo hizo levantarse y acostarse de nuevo, observó sus ojos y su boca y colocó su oído sobre su pecho para oír su respiración. Además de unos pequeños moretones, el niño estaba bien. Un médico normal hubiera catalogado el caso como un milagro, pero para Adam era claro que no se trataba de eso, sino de un prometedor caso de Corpse Cadavre, una forma de alquimia en la que el sujeto es capaz de modificar su cuerpo de diferentes maneras, en este caso, Gabriel había podido endurecer su cuerpo a tal grado que había logrado salir ileso de aquel mortal accidente. Pero esas eran meras suposiciones, había visto pocos casos de Corpse Cradavre y cada uno se manifestaba de diferentes formas, había solo una manera de probarlo y era a través de exámenes físicos, de pruebas y errores hasta dar con el detonante que causaba aquel cambio, ese tipo de poder era muy difícil de controlar y se requería un entrenamiento muy estricto.
Así comenzó aquel calvario para el pequeño Gabriel Gëber, en ese entonces con solo 10 años, el mundo se ensombreció y su inocencia fue devorada por la oscuridad.
Trasladaron su cuarto a una pequeña dependencia que conectaba con el laboratorio de Adam. Más que un cuarto, aquel lugar fue una cárcel donde sufrió las peores torturas durante meses. Para su tío eran solo pequeños experimentos con el fin de sacar a relucir el poder que poseía Gabriel en su interior. Pero no era justo describir sus crueles acciones con ese nombre, recordaba muy bien cada uno de los utensilios que Adam había utilizado para llevar a cabo sus “experimentos”, aquel escalpelo con el que cortaba su piel y lo hacía sangrar hasta que se desmayaba, ese grueso martillo con el que golpeó su cuerpo hasta romper sus huesos o el brasero con el que quemó su piel hasta que ya no podía gritar. En un principio el pequeño niño no hacía más que implorar por piedad, le pedía a Adam que lo dejara de golpear, se resistía y pedía por la única persona en esa maldita casa que era capaz de ayudarlo, Joan todavía era un pequeño de 8 años, Violeta era un niña débil que sólo escuchaba a su padre y que nunca lo desobedecería, el único que podía hacer algo, el único que lo podía salvar era Oliver, rogaba por que el mayor se diera cuenta de su ausencia y comenzara a hacer preguntas, rogaba porque apareciera por esa puerta y lo salvara de las manos de ese terrible hombre, pero eso nunca sucedió.
Lo peor era Bluma, el asistente de Adam. Cuando el cuerpo de Gabriel se encontraba destrozado, y el pequeño pensaba que todo llegaría a su fin, el hombre se encargaba de curar su agotado cuerpo a través de sus poderes alquímicos, y así poder experimentar nuevamente con el niño sin tener que esperar a que su cuerpo se recuperara. Nunca se acabaría, eso era lo que más desesperaba a Gabriel, nunca terminaría aquel suplicio.
Dejó de suplicarle a Adam que parara, también dejó de gritar el nombre de Oliver, dejó de resistirse y luego finalmente dejó de gritar. El dolor se convirtió en lo cotidiano, se volvió parte de él, se imprimió en su cuerpo de una forma que jamás podría liberarse de su recuerdo, no quería olvidarlo, quería recordarlo por siempre, porque lo único que lo mantenía cuerdo era la idea de que si salía con vida de allí, mataría a Adam y a Bluma con sus propias manos, los haría sufrir de la misma forma que lo estaban haciendo ellos, les haría pagar una por una cada lágrima que había derramado y cada grito de dolor que sus labios habían pronunciado.

Adam era una figura extraña y contradictoria, su rostro casi angelical disfrazaba su crueldad, una dulce sonrisa siempre estaba impresa en su rostro cada vez que lo veía, y su suave voz tan tranquila y serena hacía que fuera imposible creer las despiadadas palabras que salían de su boca. Cada día que pasaba el científico se volvía más violento e impaciente, Gabriel no mostraba ningún progreso y eso le exasperaba.

— Hoy estás de muy mal humor…— comentó Bluma.

Adam lo observó con desinterés y luego volvió su vista a unos frascos que se encontraban en la mesa, estaba preparando los utensilios que usaría ese día para sus experimentos. El asistente era un joven de cabello negro y tez morena, tenía apenas unos 18 años pero poseía un gran potencial, era capaz de curar cualquier tipo de herida, incluso las más mortales. A pesar de ser tan joven parecía mucho más viejo, y eso se debía a que utilizaba su poder con demasiada frecuencia, una característica de los alquimistas que utilizaban el N’ame era que envejecían más rápido y tenían menos expectativa de vida.
— ¿No vas a dirigirme la palabra? No sabía que eras de ese tipo…—dijo el menor acercándose a Adam
— No tientes a la suerte Bluma, sabes que si me provocas podrías terminar muy mal. —le advirtió el científico
El pelinegro largó una risa —No puedes deshacerte de mí, me necesitas —
Adam los observó con una sonrisa siniestra —No te mataría…— dijo en un tono suave.

Bluma tragó en seco, a veces olvidaba que detrás de ese disfraz de oveja, había un verdadero lobo. Se posicionó a su lado y ayudó a su mentor.
— ¿Qué es lo que te tiene de ese humor? —finalmente preguntó
— No hay ningún progreso con nuestros experimentos, a este paso terminaré matando a Gabriel, antes de poder despertar el Corpse Cadavre.
Bluma rodeó la mesa caminando con pasos lentos, se detuvo frente a Adam y lo observó con una sonrisa.
— Tal vez es eso lo que Gabriel necesita.
Adam lo observó curioso. — ¿A qué te refieres? —
— Puede que el niño necesite sentirse al borde de la muerte, que necesite experimentar esa sensación para poder liberar su poder. La única vez que usó su poder fue cuando cayó de ese segundo piso, si no hubiera sido por eso estaría muerto ¿Cierto?
Los ojos de Adam se agrandaron y observó al joven asistente con sorpresa
— ¡Bluma, eres un genio! —dijo entusiasmado

Salió del lugar con rapidez y se dirigió al cuarto de Gabriel, el niño se encontraba durmiendo en su cama. El científico se acercó a él y lo tomó del brazo levantándolo y luego golpeándolo contra la pared. Los ojos de Gabriel se abrieron con lentitud, el rostro del niño no mostró sorpresa y apenas su ceño se frunció un poco cuando su cabeza chocó contra el ladrillo.
— Estoy cansado de ti, no he logrado ningún avance contigo y ya ni siquiera es divertido golpearte.
El rostro de Gabriel se mantuvo inexpresivo.
Adam volvió a golpear su cabeza contra la pared y luego comenzó a presionar fuertemente su garganta haciendo que el menor no pudiera respirar.
—Ta mataré, ya no me sirves de nada, no eres más que una masa amorfa sin gracia que hay que alimentar, solo eres un estorbo para tus padres y tus hermanos. Ellos no notarán tu ausencia.
El niño apenas luchaba por liberarse, estaba muy débil. Adam sacó un escalpelo que guardaba en los bolsillos de su bata y se lo clavo en su abdomen, el dolor hizo que chillara.
—Vamos a ver qué pasa primero ¿Morirás desangrado o ahogado? — dijo el hombre mientras apretaba más su mano contra el delgado cuello del muchacho. La sangre había comenzado a brotar de la herida y se deslizaba por sus piernas, comenzando a crear un pequeño charco en el piso.
No pasaron unos segundo cuando volvió a hablar.
— Mejor terminaré con esto con rapidez, estoy harto de ver tu maldita cara, me da ganas de vomitar —dijo apuntando al corazón con el instrumento.

Gabriel cerró los ojos aliviado, al fin terminaría ese calvario, al fin todo acabaría, pero una voz en su interior que comenzó como un susurró y pronto era un grito ensordecedor, le decía la verdad, él no quería morir ¡No podía morir!
Observó cómo Adam tomaba el escalpelo y lo dirigía a su corazón, pero el instrumento no pudo atravesar la carne, no pudo herirlo, su piel era dura como el de una roca. Una sonrisa apareció en el rostro del científico, quitó la mano del cuello de Gabriel haciendo que el pequeño tomara una bocanada de aire.
— Cúralo antes de que se desangre —le ordenó a Bluma quien lo había seguido hasta esa habitación y lo observaba desde la puerta. —Tenías razón…—

Hiarbas
Rango11 Nivel 52
hace 7 meses

Perdona el retraso ya me pongo al día.


#17

Gabriel despertó aturdido, esos recuerdos habían sido una pesadilla, solo eso, un calvario que tenía que vivir cada vez que cerraba los ojos. Ahora con 17 años, todavía recordaba el crujir de sus huesos al romperse o el olor a carne quemada que quedaba en la habitación cada vez que Adam lo quemaba con el brasero. Ahora luego de 6 años volvía a encontrarse solo en esa habitación y todavía no había logrado vengarse. Levantó la mirada y observó la cadena que rodeaban sus muñecas, estaba encadenado a la pared, si usaba su poder era capaz de romperla, pero ¿De qué serviría hacer aquello? No podría escapar de aquel lugar de todos modos.
La puerta se abrió, y la familiar figura de Oliver apareció frente suyo, llevaba en su mano derecha una fusta de cuero, lamentablemente sabía a qué venía, desde hacía tiempo había perdido las esperanzas de que alguna vez su hermano mayor lo pudiera salvar, sabía muy bien que estaba fuera de su alcance. Pudo detectar la pena en esos ojos dorados que tanta calidez le daban, el hombre se había quedado observando a su pequeño hermanito al que tendría que lastimar nuevamente aunque odiara hacerlo.

— Sabes a que he venido….
— Hazlo de una vez y terminemos con esto…—dijo Gabriel tratando de restarle importancia al asunto. No quería eso, odiaba a Adam por obligar a Oliver a castigarlo, lo mataría, lo haría sufrir como él los estaba haciendo sufrir.
— Recuerda, no puedes usar tu poder.
— Lo sé, lo sé… hazlo ya…
Las manos de Oliver temblaban, sus ojos brillaban con lágrimas de ira y de impotencia.
— No te culpes Oliver —habló Gabriel, no podía permitir que su hermano sufra esa culpa terrible —, tú no tienes la culpa de nada, tú eres nuestro pilar, tienes que ser fuerte.
Oliver asintió pero no pudo decir nada, el nudo en su garganta no lo dejaba, tomó la fusta con firmeza y comenzó el castigo.

#18

El día de un cazador comenzaba con el sonido de las campanas anunciando la misa matutina, los jóvenes se sentaban alrededor de unos tablones de madera, rezaban y compartían el pan y avena de los que eran provistos para el desayuno. Los instructores, preceptores y consejeros comían separados junto con los cazadores de rangos mayores y los directivos. Las mujeres por su lado comían en la cocina y eran las encargadas de labores como preparar las comidas, lavar la vajilla, la limpieza y el orden, también administraban los víveres y llevaban registro de los gastos e ingresos que generaba la comunidad. Era muy difícil poder llegar a convertirse en cazador para una mujer, pero no imposible, si realmente poseían las destrezas necesarias era muy probable que se las entrenara para convertirse en uno.
Egon golpeó la cuchara con la que revolvía la avena en el borde del tazón y la dejó a un costado, tomó un sorbo de su té y luego tiró la cabeza para atrás tratando de despejarse. No había dormido nada, su cabeza daba vueltas y no paraba ni un minuto, la mayoría de los pensamientos que llenaban su mente como una bomba a punto de explotar eran sobre Eliel, el albino lo estaba volviendo loco y este ni siquiera debía estar enterado de los estragos que hacía en su persona.
Giró para un costado y observó cómo los estudiantes lo miraban con algo de temor, se sentaban a una prudente distancia y apenas se dignaban a hablarle solo cuando era necesario, ese era el estigma de ser el protector de Eliel, todos le tenían recelo al igual que al albino por su origen antinatural, no se podía decir que fuera un ángel porque no había pruebas, pero tampoco era un humano, desde pequeño siempre había sido visto como un ente peligroso que circundaba entre los cazadores, nunca había sido aceptado del todo por la comunidad que se sentía contrariada por ese ser catalogado como un experimento fallido y que había sido salvado de la muerte por el solo hecho de ser descendiente de Eren Lewitts. Él lo había protegido de todos, ese habían sido el último pedido de su amada esposa, Dios se encargaría de guiar a su hijo por el camino que debía siempre que lo llevara por la senda del bien, y le haría pagar por los pecados que cometiera si traicionaba la fe.

— Te veo muy pensativo — un joven rubio de ojos vivaces se sentó frente suyo, se trataba de Alaric, el cazador que iría a la misión junto con él. — ¿Tienes miedo? —
— ¿Miedo? —dijo Egon sorprendido y algo desorientado, no se esperaba que alguien como él se le acercara a hablar a esa hora de la mañana, no tenía los ánimos y su mente estaba dispersa por la noche en vela que había pasado.
— ¿Tienes miedo de morir en la misión?
Egon largó una carcajada y apoyó su puño sobre la mesa con fuerza.
— Yo no tengo miedo…
Una sonrisa burlona apareció en el rostro del joven. —Mientes, sé que tienes miedo de morir, está escrito en todos tus movimientos ¿Será debido a un amor que no quieres dejar atrás? ¿Un amor no correspondido?
— No te metas en mis asuntos o te irá muy mal —le advirtió Egon poniéndose a la defensiva.
Los gestos de Alaric eran tranquilos y relajados, no parecía temerle.
— Tranquilízate, no planeo hacer nada contra ti, es solo aburrimiento y curiosidad. No me interesa crear ningún conflicto, siempre y cuando pueda ser tu confidente. Si lo hubiera querido ya te hubiera delatado con mi superior ¿Crees que lo hubieran tomado muy bien? No estarías aquí si así fuera.
Egon apretó los puños con fuerza y largó un fuerte soplido derrumbándose en el asiento
— ¿Cómo sé que puedo confiar en tí?
Alaric sonrió mientras partía un pan a la mitad.
— No lo sabes, pero no te queda otra opción.
Egon se levantó de su asiento ofuscado
—Aléjate de mí y de Eliel pedazo de mierda, si me diriges la palabra de nuevo te mataré.

Salió del comedor y fue hacia la capilla donde se llevaba a cabo la misa matutina. Hablar con Alaric lo había retrasado, seguramente ya todos estarían en el gran salón de la capilla esperando a que la misa comenzara. Tardó unos segundos en localizar a Alphonse cuando entró, el hombre ya se encontraba en su lugar junto con los directivos, observando como el cura se preparaba para dar el saludo inicial.
— ¿Dónde está Eliel? —Le preguntó el consejero apenas se colocó a su lado.— Le dije que viniera para aquí apenas terminara de alistarse
— ¡Pues aquí no está idiota! ¿Cómo lo descuidas así Egon? Ese niño malcriado nunca te hace caso. Ve a buscarlo.
Egon colocó los ojos en blanco y salió de allí en busca del albino, le fastidiaba que Eliel le hiciera esas cosas ¿Por qué ponía tanto empeño en hacerle la vida imposible?
— ¿Eliel se ha escapado de nuevo? — aquella cabeza rubia apareció de entre las sombras
Egon tomó el puñal que llevaba en su cintura y lo dirigió hacia Alaric, este lo esquivó hábilmente.
— ¿No has escuchado mi advertencia? Dije que si te acercabas te mataría.
Alaric largó una carcajada
— No puedes matarme, sabes que Eren te haría pedazos
— Entonces te sacaré la lengua para que no puedas hablar. — volvió a lanzar otro golpe pero Alaric volvió a esquivarlo.
— Si haces eso no podré decirte donde esta Eliel.
Egon se quedó quieto debatiéndose entre hacer añicos a Alaric o calmarse y pedirle que le dijera donde estaba Eliel, el terreno era tan grande que podría pasarse toda la mañana buscando al joven Lewitts. Finalmente guardó su puñal y observó al rubio con cara de pocos amigos.
— ¿Dónde está?
— Si te digo ¿Dejarás que te acompañe?
— No agotes mi paciencia.
— ¡Tranquilo! —Le calmó Alaric largando una risita nerviosa —Está bien, te diré donde esta Eliel, se encuentra en las fuentes.
Egon largó un gruñido y pasó su mano por su cabello nervioso.
— ¡Maldición! — gritó y desapareció entre las sombras.

Allí se encontraba Eliel sentado al lado de una hermosa fuente de agua que adornaba el patio, el día estaba precioso y parecía ser que el joven solo había querido salir a tomar aire, pero los ojos de albino se dirigían a la ventana que estaba frente a la fuente, perteneciente a un pequeño y austero edificio de ladrillo.
—Sabes que no puedes verla —se escuchó una voz detrás suyo, ya se había acostumbrado a las repentinas apariciones de Egon, ni siquiera volteó para observarlo.
— Hoy es su cumpleaños, quiero verla.
— Eren te lo prohibió, ella no querría que la vieras así.
— Nunca la conocí de otra forma. Si yo no hubiera nacido, ella todavía seguiría aquí.

Egon se acercó al albino, le partía el corazón verlo así, una lágrima de Eliel era como recibir una puñalada en el estómago y a la vez era le visión más hermosa que conocía, su nariz enrojecida por el llanto, sus ojos brillosos por las lágrimas y esa mueca en su labio que anunciaba su tristeza, no podía concebir una imagen más bella que esa. En un impulso levantó su mano y acaricio su mejilla limpiando una lágrima.
—No me toques…— le gritó Eliel sorprendido.
Egon se quedó quieto sin saber qué hacer, nunca en todos esos años había dejado que sus sentimientos interfirieran con sus deberes, siempre había mantenido su distancia y ahora no podía estar junto a él sin que su cuerpo temblara.
Eliel suspiró molesto y se alejó, dio la vuelta y caminó hacia el edificio de ladrillo
— ¡¿Qué haces Eliel?! Alphonse me mandó a buscarte, si no volvemos nos castigaran.
— No me importa lo que hagan conmigo, ni mucho menos lo que hagan contigo —dijo con desprecio.
El cazador lo tomó del brazo deteniéndolo.
— ¡Eliel! ¡Por favor! ¡¿Cuánto tiempo seguirás castigándome?! ¿¡Qué tengo que hacer para que me perdones?!
El albino volteó a verlo con una mirada incrédula, ¿Después de todo lo que había pasado tenía el atrevimiento de preguntarle eso?
— Nunca podré perdonarte lo que me has hecho ¡Tú mataste a la única persona que me he hecho sentir como un ser humano, que me ha mostrado la calidez de un corazón y me ha amado con todo su ser ¡¿Cómo podría perdonarte?!
El rostro de Egon palideció, el ápice de esperanza que albergaban dentro suyo desapareció por completo y su mundo se derrumbó.

Eliel observó el edificio de ladrillo pero no avanzó, en vez de eso se dirigió hacia la capilla.

#19

Zafiro entró a la casa, acababa de colocar una barrera alrededor, si las cosas se ponían complicadas no sería fácil para sus enemigos entrar en aquel lugar. Se acercó a la mesa y comenzó a acomodar los manuscritos y frascos que estaban desparramados arriba de esta. Había comenzados a enseñarle a Alexis las nociones básicas de la alquimia, lamentablemente su entrenamiento tendría que ser intensivo y rápido, se reprendió por no haber comenzado antes, por haber querido extender la inocencia de su sobrino por el mayor tiempo posible. Observaba en su mirada gris, el disgusto de tener que ser parte de esta nueva rutina. Luego de lo que había sucedido con aquel sabio, había decidido que Alexis no fuera más al academia, tampoco podía salir solo a ningún lado, sólo se despertaba a la mañana, desayunaba y comenzaba el entrenamiento hasta bien entrada la noche, cuando finalmente comían.
Prendió su pipa y se sentó en el sillón, extrañaba a Dion, su hermano siempre sabía cómo actuar en ese tipo de situaciones, siempre se veía tan tranquilo y seguro de sí mismo ¿Qué diría si viera ahora a Alexis? ¿Estaría orgulloso del muchacho en que se había convertido? ¿Estaría de acuerdo con las decisiones que había tomado con respecto a él? Seguramente hubiera odiado la idea de que su pequeño se convirtiera en un músico. Dion amaba la alquimia con todo su ser, era su pasión y su vida, más importante que cualquier otra cosas, que su familia, que él. Nunca había podido competir con la alquimia, nunca había podido ser más que ese ideal que Dion perseguía.
Un ruido lo sacó de sus pensamientos, un ruido que provenía de la habitación de Alexis. Subió las escaleras rápidamente y abrió la puerta de madera maciza, la ventana estaba abierta y se golpeaba por el viento contra la pared, examinó la habitación con nerviosismo, no había rastros de su sobrino, había desaparecido.

#20

Joan estaba en el balcón cuando Oliver se acercó a él, sus ojos estaban hinchados y rojos de llorar, y su rostro se veía demacrado por el cansancio y el estrés.
— Nunca me lo podré perdonar Joan…— susurró Oliver apoyando sus manos sobre la repisa que sostenía la hilera de balaustres que decoraban el balcón. En el horizonte el sol terminaba de ocultarse y la luna brillaba vívidamente.
Joan solo atinó a abrazarlo, no podía ver como su hermano se desmoronaba, cómo iba perdiendo las esperanzas.

Oliver acarició la mejilla pálida ¿Cuándo Joan había dejado de ser un niño para convertirse en un joven tan hermoso? No pudo evitar acercarse a su rostro, su aroma y su calor lo llamaban, necesitaba por uno segundo sentir que nada existía excepto ellos dos. Acercó sus labios a la mejilla del menor y dejó un beso, pero eso solo hizo que deseara más, que lo deseara todo como una droga que lo consumía por completo.
— No deberías hacer eso Oliver, es peligroso estar tan cerca—le advirtió Joan separándose unos centímetros.
— Yo… lo siento…
La hermosura de Joan disfrazaba una terrible verdad, Joan era veneno puro, era una bomba de tiempo a punto de explotar, respirar el mismo aire que él implicaba una serie de riesgos que uno debía estar preparado para afrontar. Los experimentos que había realizado Adam en él lo habían convertido en eso. Joan era como una esponja que absorbía la energía vital de su alrededor para sobrevivir, Oliver había logrado sellar una parte del poder de Joan con sus habilidades, pero no sabía por cuanto tiempo ese sello resistiría. No recibir esa energía hacía que su cuerpo se debilitara, no importaba cuanto comiera o qué tratara de hacer, su cuerpo se iba debilitando de a poco hasta que le era imposible mantener la cordura, no importaba cuánto tratara y cuan desesperado estuviera por evitar lastimar a las personas, era imposible, el hambre siempre lo derrotaba y desataba el caos. El menor vivía una tortura terrible todos los momentos de su vida, tenía siempre un hambre voraz que lo consumía por dentro y le pesaba el remordimiento que sentía por las vidas que había tomado sin poder evitarlo. La última vez que las cosas se habían descontrolado, había sido hacía cuatro años, Viktor había planeado un gran evento en honor a su cumpleaños, daba la casualidad que muchos de los invitados eran personajes influyentes en la corona y estaban a favor de limitar el poder de la familia Gëber, otros eran gente que estaba dentro del círculo de los Cazadores y que no tenían mucha simpatía hacia los alquimistas. Aquella reunión parecía un desesperado intento de Viktor por mantener su posición social intacta, adulando y agasajando a sus enemigos. Nada estaba más lejos de la verdad, pobres infelices, tan confiados de su poder, no era consientes del destino fatal que les esperaba.
Lo odiaría a Viktor por el resto de su vida, por lo que le había hecho hacer, los había convencido de que era lo mejor, era la única manera de sobrevivir. Fue una muerte horrorosa para todos los allí presentes y todos fueron participes de ese horror, Viktor había obligado a Joan a ingresar a aquel cuarto y lo había colocado en el medio mientras Oliver jugaba con la mente del menor, haciendo que el caos se desatara en aquella habitación, haciendo que Joan perdiera el control. Cuando finalmente el último invitado cayó en el piso, Viktor mandó a incendiar la habitación, hizo arder los cuerpos para que pareciera que un fuego accidental había desatado el caos. En esos momentos el Káiser estaba demasiado ocupado tratando de detener las tropas de Napoleón de invadir el territorio como para prestar atención a las disputas de los nobles, era un caos y Viktor había sabido aprovechar aquella oportunidad para ganar poder.
Oliver recordaba cómo había quedado el pequeño luego de aquello, había sido devastador para él, nunca más había podido conciliar el sueño, y habían pasado meses antes de que se decidiera a salir de su habitación, y casi un año hasta que volviera a hablar. Él había sido testigo de todo aquello y no había podido hacer nada, absolutamente nada.
En ese momento sumido en la desesperación había recurrido a Adam, el científico deseoso por probar más de sus experimentos lo había tomado como sujeto de pruebas. Recordaba la noche en que había seguido a Adam hasta el enorme invernadero detrás del palacio. En el medio del lugar, una jaula de grandes dimensiones guardaba dentro la criatura más hermosa y más temible que jamás había visto, un felino negro de preciosos ojos dorados que los observaba con cautela. Adam se acercó a la jaula con soltura apoyándose en los barrotes, el animal retrocedió con miedo pero se colocó en posición de ataque.
— He traído para ti un espécimen único… mira sus ojos dorados Oliver, orgullosos, fuertes, con ese brillo de un ser libre que jamás se sometió ante nadie ¿Eso deseas cierto?—dijo mientras abría el cerrojo de la jaula y liberaba al animal — ¿Quieres su fuerza Oliver? Tendrás que matarlo… o él te matará a ti.
— ¡¿Qué haces?! —gritó Oliver aterrado mientras veía como la criatura se acercaba con movimientos lentos hacia él, un gruñido escapó de su boca haciendo que se le helara la sangre.
— Vamos Oliver, sería muy fácil si usaras tu poder, con el Ti bon Ange podría anular su voluntad y matarlo enseguida.
— Me niego a hacer algo tan aberrante como eso… — dijo Oliver, no podía hacer eso a un animal tan majestuoso y tan libre.

— Entonces morirás…— le contestó el científico con frialdad mientras observaba la escena desde unos metros de distancia.

La pantera volvió a gruñir y se abalanzó sobre el joven alquimista, Olivero solo atinó a cubrirse con su brazo, no tardó en sentir como los colmillo del animal se hundían en su carne. La adrenalina subió por todo su cuerpo, sentía su corazón palpitar con una fuerza que parecía que se saldría de su pecho en cualquier momento. No quería morir, no podía hacerlo, no importaba lo que quisiera, sus hermanos dependían de él y haría cualquier cosa por ellos, si Adam le decía que debía saltar de un precipicio, lo haría sin dudar, haría cualquier cosa por obtener más poder, por ser más fuerte. El animal quedó petrificado cuando los pálidos ojos celestes de Oliver se encontraron con esos soles dorados tan intensos, con un solo parpadeo acababa de robar la voluntad del animal. El cuchillo que llevaba en la mano derecha se incrustó en la garganta del felino y la sangre comenzó a caer a borbotones, el animal cayó moribundo a un costado suyo mientras sus ojos dorados comenzaban a apagarse, apenas respiraba cuando Adam extrajo su alma de su cuerpo y la unió a la de Oliver y los ojos celestes se volvieron dorados para siempre.
Si tan solo hubiera entendido lo que acababa de hacer, si tan solo se hubiera puesto a pensar un poco. Adam además de hermoso era muy inteligente y tenía mucho más experiencia que él, nunca haría nada para perjudicarse, nunca le daría un poder a Oliver más allá del que pudiera manejar, tardó tiempo en comprender que lo único que había hecho era venderle su alma a ese hombre.

— Yo… lamento interrumpir…—habló una suave voz sacándolo de sus pensamiento, no tuvo que mirarlo para darse cuenta de quien se trataba.
Una cabecita roja asomó por la balaustrada el joven observaba a los hermanos nervioso.
— Alexis… No deberías estar aquí…—dijo Oliver mientras se apartaba de Joan.
El pianista trepó por la balaustrada y con un salto quedó frente a los otros dos.
— Ya lo sé, pero necesitaba ver como se encontraba Gabriel… necesitaba verlo…— dijo el pelirrojo con los ojos vidriosos, estaba por seguir hablando cuando su mirada se cruzó con el joven que estaba al lado de Oliver, era precioso.
— Él es mi hermano Joan… —dijo Oliver al darse cuenta de que Alexis se había quedado sin palabras al ver al menor.
— Un gusto —le saludos Joan de forma seca y cortante, no le hacía gracia tener frente suyo a la persona por la cual su hermano estaba recibiendo aquel cruel castigo, una mezcla de sentimiento aparecieron en su interior, celos, enojo, curiosidad. Gabriel había estado a punto de dejarlos para marcharse con aquel extraño y eso le hacía hervir la sangre.
El pelirrojo apenas pudo tartamudear un saludos, Joan parecía un ángel del cielo, no podías despegar sus ojos de ese rostro pálido y delicado, sus gruesos labios rojos y esos ojos violetas con esas tupidas pestañas negras, pero algo no estaba bien, cuando examinó esos ojos en detalle se encontró con una verdad aterradora que le heló la sangre, un monstruo hambriento esperando la oportunidad para salir de su jaula y devorarlo todo.
El rostro de Alexis se deformó en una mueca de horror.
— ¿Nunca nadie te dijo que es maleducado husmear en el alma de las personas? —Le contestó Joan entre ofendido y nervioso —Deberías marcharte, nadie te quiere aquí, Gabriel no debe querer verte después todo lo que ha tenido que pasar por tu culpa.
— ¿De qué hablas? ¿Gabriel está bien? ¡Déjame verlo!
— No dejaré que un idiota como tú se acerque a mi hermano nunca más.
— ¡Basta Joan! Estás siendo muy descortés. —Le detuvo Oliver para luego girarse a ver a Alexis — No creo que a Gabriel le agrade que lo veas así. Tal vez deberías volver en otro momento.

— ¿Acaso eres tú el que decide lo que ocurre en esta casa Oliver? ¿Quién te dio ese poder? — se escuchó una voz cerca suyo. Como si lo hubieran invocado, la figura de Adam apareció de entre las sombras. — El pequeño quiere ver a su amigo ¿Eres tan cruel como para no concederle esa simple petición?— dijo el científico con una voz teatral, se había quitado esa odiosa bata blanca y su cabello castaño estaba suelto.
— Sígueme niño…— le dijo a Alexis mientras colocaba su mano en el hombro del pelirrojo y lo guiaba hacia adentro.

Hiarbas
Rango11 Nivel 52
hace 7 meses

Tardo en ponerme al dia por falta de tiempo pero sigo enganchado a tus alquimistas y a lis cazadores. Me gusta mucho tu historia


#21

Alexis, dudó en seguirlo, pero parecía no tener opción, necesitaba ver a Gabriel y saber que estaba bien, por su maldito egoísmo el violinista se encontraba en esa situación, si tan solo se hubiera puesto a pensar en los problemas que podría ocasionarle a Gabriel esto no hubiera pasado.
Oliver los siguió, se había quedado callado como una estúpida roca, la presencia de aquel hombre le hacía temblar sin poder evitarlo.
— Quédate aquí Joan… Gabriel no querría que lo vieras así… por favor…—murmuró Oliver
Por un momento Joan dudó pero sabía que era lo mejor, a Gabriel se le partiría el alma si su hermano menor lo tuviera que ver de esa forma, él lo sabía, él tampoco hubiera querido eso para sus hermanos.
Llegaron al sótano donde se encontraba el laboratorio de Adam, al abrir la puerta la imagen que Alexis vio dentro lo dejó helado. Encadenado a la pared, con sus brazos colgando encima de su cabeza, Gabriel yacía sentado en el piso, su ropa estaba cubierta de sangre, y de su nariz y boca todavía seguía deslizándose sangre que goteaba en el piso. Su ojo derecho estaba completamente hinchado, y su mejilla derecha también, sus muñecas estaban todas cortadas por las esposas que las rodeaban y su camisa blanca ahora se había teñido de rojo.
— ¡Gabriel! ¡Oh Por Dios! — los ojos grises de Alexis se humedecieron y las lágrimas comenzaron a caer por sus mejillas, se acercó hasta quedar de rodillas frente a Gabriel, nunca hubiera imaginado encontrarlo en ese estado.
Al escuchar esa voz, el violinista levantó la cabeza, tardo unos segundo en poder enfocar y entender que tenía a Alexis frente suyo. Detrás de él, en la puerta de la habitación Oliver observaba la escena temblando de la ira.
— ¡Oliver! ¡¿Que hace Alexis aquí?! ¡¿Cómo has dejado que entrara?! —gritó Gabriel desesperado, esto era humillante y triste, que Alexis lo viera en ese estado era el peor castigo que podría haber tenido.
— No te molestes con Oliver, sobrino mío. Yo dejé que viniera, quería que viera lo patético que te ves, quería que supiera lo que le sucede a aquellos que traicionan a la casa de los Gëber y a los cazadores. —dijo Adam entrando a la habitación
El rostro de Gabriel se puso rojo de la ira, apretó los puños y con su poder endureció sus muñecas rompiendo las cadenas que lo tenían atado.
— ¡Maldito, juro que te mataré! —gritó levantándose con dificultad.
— ¡Gabriel! Estás herido —le gritó Alexis tratando de detenerlo, Gabriel lo empujó con fuerza quitándolo de su camino, quería matar a Adam, quería hacerlo pedazos. Caminó hacia él con pasos firmes, levantó su puño dispuesto a borrarle aquella sonrisa de su maldita cara, pero antes de que pudiera estrellarlo en su rostro, sus fuerzas fallaron y cayó de rodillas delante del sabio.
— Sigues siendo un niño débil y estúpido Gabriel ¿Cuánto más habrá que castigarte para que aprendas tú lugar de una vez por todas? —le habló Adam mirándolo con desprecio
Oliver se colocó delante de Adam, protegiendo a Gabriel detrás suyo.
—Basta Adam, creo que ya lo has humillado suficiente. —dijo con un voz amenazante.
El científico retrocedió, y cambio su expresión a una más calma y sonriente y salió del lugar.
Llevaron a Gabriel al baño y lo metieron en la tina, el muchacho era una piltrafa humana.
— Maldición Oliver, esta vez te excediste… —le reprochó Gabriel tratando de reprimir un chillido cuando sintió que el agua tocaba sus heridas.
— Lo siento Gabi, hubiera sido peor si no lo hacía bien, Adam te hubiera castigado con más cizaña, sabes lo cruel que puede ser. —dijo, trataba de ser fuerte pero sentía como sus ojos se aguaban
— ¡¿Tú le hiciste esto Oliver?! —exclamó horrorizado Alexis mientras ayudaba a Gabriel a quitarse los pantalones
— No tenía opción, si no lo hacía, Adam le hubiera hecho algo peor, no quería que lo tocara otra vez.
Alexis apretó los dientes con fuerza, ¿Otra vez? ¿A qué se refería Oliver con eso? Tendría que esperar para obtener respuestas, en ese momento lo importante era ayudar a Gabriel.
— Deberíamos llevar a Gabriel con mi tío, él sabrá como curarlo.
— No creo que Adam y Viktor lo dejen salir. —comentó Oliver mientras buscaba una toalla.
— He recibido golpizas peores, esto no es más que unos cuantos rasguños para mí. Ya estoy bien ¿Ves?— le tranquilizó Gabriel levantándose —Deberías irte Alex, este no es un lugar seguro para ti. —.
— Ningún lugar es seguro para mí, quiero quedarme contigo…
Las rodillas de Gabriel fallaron y Oliver tuvo que sujetarlo para que no se cayera.
— Vete Alexis, solo estorbas, Adam tiene más material para torturarme contigo aquí —Gabriel se agarró de Oliver girando el rostro hacia su hermano
— Creo que es lo mejor niño…—insistió Oliver
El pelirrojo asintió, ya no quería traerles más problemas de lo que tenían. Ayudó a Oliver a llevar a Gabriel hasta su cama y luego se despidió de ellos. Bajó las escaleras encontrándose con Joan, el joven seguía observando la oscuridad detrás del ventanal del salón, cuando lo vio se acercó a él.
— Espero por tu bien que no vuelvas a cruzar la puerta de esta casa si no quieres morir. —dijo
Alexis se hubiera reído y le hubiera restado importancia si no fuera por esos ojos que encerraba aquella bestia hambrienta.
— Eres un monstruo…
— Tú también lo eres, no tendré tu poder para ver el alma, pero entre monstruos sabemos reconocernos, sé muy bien lo que hay debajo de ese disfraz de niño estúpido.
— No sé de qué hablas — dijo retrocediendo, su cuerpo temblaba
Los ojos violetas lo observaron con verdadero odio, se abalanzó sobre él dispuesto a darle una lección, pero una barrera invisible lo detuvo y lo hizo caer en el piso. Delante de él apareció un hombre de cabello negro con aspecto muy similar a Alexis.
— ¡Zafiro! ¿Qué haces aquí? —grito el pelirrojo sorprendido
— ¡Vine a buscarte niño idiota! ¡¿Cómo se te ocurre desobedecerme?! ¡Te haré pagar por esto!
El hombre se acercó hasta Joan y lo ayudó a levantarse.
— Pequeño Joan, cuánto tiempo ¿Mi sobrino idiota te está causando problemas?
Joan lo observó sorprendido, sus palabras eran muy cordiales pero su aura era amenazante como un perro salvaje dispuesto a atacar ante la aparición de cualquier amenaza.

— ¿Qué sucede aquí? — dijo Oliver al ver a los tres alquimistas allí, acababa de dejar a Gabriel en su habitación y al escuchar las voces había ido a ver que sucedía.
— Lamento si mi sobrino les ha causado algún problema. —dijo Zafiro amablemente
— ¡Herr Zafiro! —saludó nervioso Oliver, todavía lo veía como un superior, como lo fue en la guerra —No, todo lo contrario, nos ha ayudado mucho, por favor no sea duro con él.
Zafiro sonrió con dulzura —Has crecido Oliver —dijo y luego observó con ojos frío a Alexis —Vámonos —le ordenó y caminó hacia la salida seguido por un preocupado Alexis.

#22

Su mejilla se enrojeció y enseguida sintió el dolor palpitante del golpe que acababa de recibir.
— ¡¿Por qué me desobedeciste?! ¡¿No entiendes que todo lo que hago es por tu bien?!
— No me pasó nada Zafiro, tranquilízate.
Zafiro lo observó enfurecido, volvió a acercarse al pelirrojo tomándolo del cuello y levantándolo en el aire.
— ¡¿Qué me calme?! ¡No tienes idea en la situación en la que estamos! ¡No tienes la más puta idea de lo peligroso que es esto!
Lo soltó y Alexis cayó en el piso, comenzando a dar bocanadas de aire.
Los ojos grises de Zafiros lo observaron con arrepentimiento por su reacción, el hombre suspiró tratando de calmarse y se colocó a su lado, enseguida tomo su mentón para poder ver la mejilla roja que comenzaba a ponerse morada. El pelirrojo se soltó de su agarre y esquivó su mirada.
— Alexis, no hagas que me enfurezca más… — gruñó volviendo a tomarlo del mentón
La voz gruesa de Zafiro hizo que el menor se quedara quieto.
— No tengo idea de nada, porque tú no me dices la verdad —le recriminó el menor
Zafiro bufó y le dirigió una mirada amenazante.
— Ya hablamos de esto…
Un silencio tenso se formó entre ellos. Zafiro lo tomó del brazo y lo dirigió hasta sentarlo en una silla, luego tomó un frasco con una sustancia transparente blanquecina y la esparció en su mejilla. Alexis se dejó hacer, sintió el frío de la pomada y luego los dedos de zafiro en su rostro. Abrió los ojos y encontró al mayor observándolo.
— ¿Qué?
Era extraño verlo tan serio, podía sentir el olor a hierbas que emanaba de él, un rizo rebelde caía por su frente hasta su nariz.
— ¿Desde cuándo haz dejado de ser un niño…? Eres tan parecido a tu padre… —susurró, parecía estar sumergido en sus recuerdos, era la primer vez que lo veía en ese estado.
— Zafiro… — dijo pero por alguna razón se calló, el rostro tan cercano del mayor lo sorprendió dejándolo sin palabras. Su corazón comenzó a palpitar a toda velocidad cuando sintió esos labios sobre los suyos. Se quedó quieto esperando a que se detuviera, pero el beso se hizo más intenso, su olor le embriagaba, le gustaba el roce de sus labios, los deseaba. Cuando sintió sus lenguas tocarse, una corriente eléctrica recorrió todo su cuerpo, Zafiro comenzó a quitarle su abrigo y luego su camisa, se abalanzó sobre él y terminaron encima de la mesa. Sintió como la entrepierna del mayor se frotaba contra su muslo, eso lo asustó ¿Qué pensaba Zafiro? ¿Hasta dónde iba a llegar? Quiso parar pero su mente se nubló cuando sintió como la lengua lamía su pecho, no podía pensar con claridad, el placer estaba comenzando a borrar su juicio, lo único que estaba seguro era que quería más de lo que fuera que estaban haciendo. Sentir los brazos de Zafiro alrededor de su cuerpo fue lo que le hizo perder por completo el control, se abrazó a él y comenzó a frotarse como un animal. Terminó de quitarse la ropa y ayudó al mayor a desvestirse, sus brazos temblaban de la desesperación por seguir. Sintió la verga de Zafiro friccionar con la suya, sus ojos se aguaron del placer mientras arqueaba su espalda, se aferró al cuello de Zafiro y lo volvió a besar mientras sentía como la mano del otro envolvía sus miembros y comenzaba a acariciarlos, no tardó en sentir como se sacudía, las caricias se volvieron más intensas y rápidas y una corriente eléctrica se apoderó de su vientre haciéndolo eyacular. Las manos siguieron moviendose unos segundos más y el semen de Zafiro cayó sobre su estómago. Sintió como el mayor suspiraba apoyando su cabeza en su hombro para luego pronunciar una palabra que le heló la sangre.
— Dion…—dijo en un susurró
Por un momento la respiración de Zafiro se detuvo, acababa de tomar conciencia de lo que había dicho y estaba seguro de que Alexis lo había escuchado. No sabía que decir, su mente se había quedado en blanco, acababa de nombrar al padre de Alexis entre jadeos, acababa de confundir a Alexis con Dion, acababa de arruinarlo todo. Tardó unos segundos en tomar el valor para observar al pelirrojo a los ojos, el joven lo miraba entre sorprendido y aterrado, sintió como sus manos se colocaban sobre su pecho y lo empujaban, escuchó los pasos crujiendo sobre la madera y luego la puerta de su cuarto cerrándose.

Alexis sentía que no podía respirar, su corazón seguía latiendo con fuerza, parecía que en cualquier momento se saldría de su pecho.
— Alex, por favor, déjame entrar — escuchó la voz de Zafiro detrás de la puerta. —Necesitamos hablar…
— ¿Qué quieres hablar? ¡Ya está todo más que dicho!
— ¡Alexis! ¡Por favor!

Alexis respiró hondo y abrió la puerta, enseguida la imponente figura de Zafiro apareció delante suyo.
— Alex, lo lamento, no sabes cuánto lo lamento. Esto no debió haber pasado.
Cada palabra que Zafiro decía era como un puñal en su pecho.
— ¿Y qué quieres hacer Zafiro? ¿Quieres que olvide todo lo que acaba de pasar? ¡Pues no puedo hacer eso! ¡No sabes lo que acabas de hacer! ¡No tienes idea lo que me has hecho!, Mi cabeza está hecha un caos, nunca sentí esto, me siento usado por ti, tú solo vez en mí a mi padre ¡Tú solo lo amas a él!
Las rodillas de Zafiro chocaron contra el piso, de sus ojos grises caían las lágrimas.
— Es cierto, he amado a Dion toda mi vida, y lo he ocultado de todos, incluso lo he ocultado de mí… —confesó —Pero eso no significa que no te ame a ti Alex. Perdóname, mi corazón se rompe en pedazos de solo pensar que podrías llegar a odiarme por esto.
Alexis cerró los ojos y respiró profundo nuevamente, quería gritar y golpear a Zafiro y luego pedirle que lo bese de nuevo, todavía sentía el calor de su piel en todo su cuerpo. Pero no hizo nada de eso.
— Necesito que me dejes en paz. Necesito pensar.
Zafiro asintió y salió de la habitación cerrando la puerta tras de él.
El menor se sentó en su cama pensativo, se sentía abrumado, su cabeza daba vueltas y estaba repleta de sensaciones opuestas, quería que todo se detuviera, que todo dejara de existir por un momento ¿Qué era realmente lo que sentía por Zafiro? Lo deseaba, desde pequeño siempre lo había considerado un hombre hermoso, no podía ocultar el recuerdo de haberse excitado al ver su cuerpo desnudo cuando se bañaban en el río o haber sentido un pequeño cosquilleo en su vientre cuando sentía su calor y su perfume las veces que dormían juntos en la misma cama. Por supuesto que lo amaba, era su familia, compartía sus días con él ¿Acaso eso no era amor?
¿Qué debía hacer? No podía olvidar como Zafiro había pronunciado el nombre de su padre, no podía obviar el fuego en sus ojos cuando hablaba de Dion, no podía engañarse y pensar que su corazón le correspondía.

#23

Eliel se acostó en su cama, esto de evitar a Egon era cansador, el alquimista parecía más persistente que otras veces y a pesar de que le había dicho que no quería verlo, lo había estado siguiendo, esperando el momento adecuado para hablarle. Suspiró rendido, la conversación de esa mañana le había hecho recordar momentos dolorosos de su infancia que hubiera preferido mantener dormidos, como el día que había conocido a la única persona que lo había hecho sentir amado....

Los acontecimientos habían sido hacía más de siete años, Eliel recién había cumplido los once. Las cosas estaban tensas, había habido mucho movimiento en la comunidad, ya que se rumoreaba que un alquimista había sido capturado y que estaban interrogándolo. No pudo con su curiosidad, nunca había visto un alquimista y esta era una oportunidad única de examinarlo de cerca sin que pudiera lastimarlo, pero la verdadera razón por la que había decidido entrar a aquella habitación sin permiso, era porque Egon y su padre se lo habían prohibido. Quería poner en problemas a Egon, odiaba como el cazador lo miraba con ese desprecio, él no tenía la culpa que los demás cazadores no le hablaran desde que se había convertido en su tutor, él no había hecho nada, aunque trataba de encajar ellos no los aceptaban, no era justo.
Había sido fácil ingresar allí, solo bastó con dejar una botella de vino que había robado de la cocina en la habitación de Alphonse, el viejo borracho no había dudado en aprovecharla y se la había tomado toda quedando desmayado en su habitación, lo único que tuvo que hacer fue entrar allí y robarle la llave que llevaba atada en su cuello. Aprovecharía el cambio de guardia para escabullirse dentro de la habitación, un depósito en desuso que ahora habían acondicionado para retener al prisionero.
El lugar estaba en la penumbra, solo la tenue luz de una vela lo mantenía iluminado, la figura comenzó a tomar forma conforme se acostumbraba a la oscuridad, se encontraba encadenado a la pared, estaba sentado en el piso y su cabeza estaba caída, parecía dormido. Su rostro se encontraba cubierto, por una larga melena de color rojizo, los destellos de luz que le proporcionaba la vela hacía parecer que su cabello era una extensión del fuego.
— ¿Quién está ahí? —. Preguntó el hombre levantando la cabeza con lentitud —Eren ¿Eres tú? ¿No te bastó tenerme para ti solo toda la tarde? —se burló el hombre largando una carcajada, pero su risa pronto se convirtió en un quejido de dolor, estaba herido, tenía cortes por todos sus brazos y su torso y todavía sangraban.

— No soy Eren… —dijo el niño acercándose al alquimista, lo suficiente para poder tener una conversación sin tener que levantar mucho la voz pero sin que este pudiera acercarse a él o lastimarlo de alguna manera.
El hombre lo observó con detenimiento
— Esos ojos… —susurró admirado
— Mi nombre es Eliel Lewitts, soy el hijo de Eren Lewitts ¿Quién eres tú?
El hombre se quedó unos minutos examinándolo, parecía asombrado. Era cierto que su aspecto era extraño pero nunca nadie lo había mirado de esa forma.
— Contéstame —le pidió Eliel
— Mi nombre es Cyan Novak, supongo que sabes que soy un alquimista.
— ¿Por qué te trajeron aquí?

El hombre le sonrió.

— ¿Por qué debería responderte?
— Puedes hacer lo que quieras —le contestó Eliel —pero entonces no te daré esto que tome de la cocina…
El niño colocó delante suyo, un objeto envuelto en un pañuelo, lo desenvolvió revelando su contenido, un pedazo de pan y otra de queso
Cyan observó el pedazo de pan con desesperación, hacía días que no comía.
— ¿Te vas a dignar a hablar? ¿O voy a tener que comerme todo esto yo solo? —le preguntó el albino con una sonrisa burlona. Tomó un pedazo de pan y se lo metió en la boca.
— ¡Está bien hablaré! —gruñó el hombre, un hilo de baba se resbaló por su mentón.
Eliel sonrió y se acercó metiendo un pedazo de pan en su boca.
— Estoy aquí porque lo sabios me arrebataron algo que me pertenecía. Algo muy preciado para mí.
— ¿Qué ? —preguntó Eliel con sumo interés.

Cyan abrió la boca y esperó a que Eliel colocara otro pedazo de pan en su boca masticándolo de a poco.
— El alma de mi hijo —dijo al terminar de tragar el alimento.

Eliel no pudo evitar observarlo sorprendido ¿Cómo era posible? ¿Para qué los sabios querrían algo así? Quería seguir preguntando, pero la mirada que le dirigió aquel hombre lo dejó sin habla, esos ojos grises llenos de tristeza, esa desesperanza…
El sonido de voces llegó a sus oídos, debía irse si no quería ser descubierto. Tomó el pan y el queso y los envolvió rápidamente.

—Vuelve mañana. —dijo Cyan en un susurro

Eliel no le respondió, al escuchar unos pasos que bajaban por la escalera que se dirigía a la habitación, se escondió detrás de la puerta. El guardia entró a la habitación y dejó un pote con agua al lado del alquimista, luego se levantó la túnica y se desabotonó su pantalón, tomó su verga entre sus manos y orinó en el pote.

— Bébelo —le ordenó el guardia
Cyan le dirigió una mirada amenazante.

El hombre levantó su puño y lo dirigió hacía el rostro del alquimista, golpeándolo y haciendo que un hilo de sangre resbalara por su mentón. Luego tomó su rostro y lo metió en el pote con orina,
Eliel aprovechó ese momento para salir de la habitación, no quería saber que era capaz de hacer su padre si se enteraba de lo que había hecho.

#24

Volvió al día siguiente, esta vez en la madrugada.
Alphonse había estado buscando desesperadamente la llave que Eliel le había robado, lo veía buscar en las esquinas de los pasillos y debajo de lo muebles con desesperación mientras él se regocijaba en su logro.

«Vuelve mañana»

La voz del alquimista resonó en su cabeza como un hechizo, el niño se encontró frente a la puerta. Para su sorpresa el guardia se encontraba dormitando a un costado de la puerta por lo que no tuvo problema en pasar.
El hombre se giró a verlo, su rostro estaba ensangrentado.
— Eliel Lewitts te esperaba ¿Trajiste algo de comer?
El albino sacó un paquete de su bolso y tomó de su interior un poco de fruta y pan. Enseguida el hombre abrió la boca esperando a que el niño le colocara comida. Eliel tomó un par de uvas y la metió en su boca, el hombre las masticó haciendo que el líquido chorreara por su mentón.
— ¿Por qué los sabios quieren el alma de tu hijo? — preguntó Eliel finalmente.
— Quieren más poder. Sabes de lo que son capaces, tú mismo tuviste que sufrir en carne propia la ambición de esos hombres, la crueldad. Tú y tu madre han sido víctimas de esos malditos lobos.
Los ojos de Eliel se llenaron de lágrimas
— ¿Cómo es que...?
— Lo sé todo de ti Eliel Lewitts, las circunstancias de tu nacimiento, el rechazó y el miedo que genera tu persona en la comunidad de los cazadores, tu sufrimiento. Es importante prestar atención a las debilidades de tu enemigo antes de presentarte ante su puerta, y tú, pequeño, eres claramente la debilidad de tu padre. — habló Cyan con una sonrisa triste instalada en su rostro.
— ¿Qué es lo que planeas alquimista? —le preguntó el albino poniéndose a la defensiva
— Muchas cosas. Planeé muchas cosas antes de venir aquí ¿Qué harías tú en mi lugar hijo de Eren? ¿No harías lo que fuera por recuperar a la persona que más te importa en el mundo de las manos de esta gente sanguinaria, sin escrúpulos? —le contestó el pelirrojo al borde de las lágrimas. — Pero entonces... entonces vi la tristeza y el dolor en esos ojos rojos y ahora no soy capaz de terminar lo que he venido a hacer.
— Los alquimistas son criaturas mentirosas que utilizan la magia del demonio para sus fines egoístas.
Cyan largó una carcajada.
— Esa descripción parece amoldarse más a los sabios que a mí...
— ¿Por qué debería confiar en lo que me dices?
— Nadie ha pedido que lo hagas...

Ambos se quedaron en silencio, ya no había más que decir.
Eliel tomó un poco de pan y se lo acercó. Cyan trató de tomarlo pero solo pudo levantar un poco su brazo antes de largar un quejido. El albino observó detenidamente al hombre, ahora que sus ojos de habían acostumbrado a la oscuridad podía ver que el alquimista se encontraba terriblemente herido, y que de su hombro derecho había comenzado a brotar sangre.
—Siento dar este espectáculo tan penoso— se disculpó Cyan
Eliel se arrodilló frente a él, partió el pan y lo colocó sobre los labios del alquimista, Cyan atrapó el pedazo de pan y comenzó a engullirlo. No sabía por qué, había algo en el alquimista que lo hacía sentirse seguro, tenía miedo de confiar en él pero por alguna extraña razón lo hacía. Ahora que estaban tan cerca observó el rostro del hombre con detalle, sus rasgados ojos de color gris, su piel aceitunada que brillaba con la luz de las velas, su nariz aguileña y esos labios gruesos y oscuros, su firme mentón y su fuerte mandíbula delineada por una barba rojiza que comenzaba a aparecer. Era extraño, no podía aproximarse a su edad, algunos momentos se veía muy mayor casi como si tuviera la edad de su padre y otras veces parecía mucho más joven, como Egon.

Levantó la vista y se encontró con que los ojos grises lo observaban. El pelirrojo le acarició la mejilla con la mano de su brazo sano.
—Gracias.
Eliel se estremeció ante esa caricia y esas palabras. No supo que decir, era la primera vez que alguien lo trataba así. Sólo cerró los ojos y se dejó acariciar. Al ver que el pequeño lo aceptaba, Cyan continuó acariciando su mejilla, peino su sedoso y largo cabello, y luego sus dedos bajaros por su cuello hasta su hombro. El aspecto del pequeño era frágil y débil, sus ojeras negras estaban bien marcadas debajo de sus ojos. Su cuerpo era demasiado delgado, tanto que los huesos de sus pómulos y sus clavículas se marcaban excesivamente.
—No eres de este mundo.
Eliel abrió los ojos con curiosidad —¿A qué te refieres?—
—Eres un ángel
—Es gracioso que pienses en mí como un ángel, cuando todo el mundo cree que soy el demonio
—Es por que no ven lo que yo veo...
—... ¿Y que ves?— estaba realmente intrigado
—Tus ojos...— susurró delineando con el pulgar la ceja blanca — ... es difícil de explicar...—
— Deberías odiarme, mi padre es quién te tiene cautivo aquí.
— Tú no tienes nada que ver con esto Eliel, no podría odiarte aunque quisiera.

El menor sonrió, se sentía muy a gusto con él. No podía ser una mala persona, no podía merecer un castigo tan cruel como el que estaba recibiendo. Los alquimistas no eran esos seres demoníacos que su padre le había descrito, al menos Cyan no era así. Si tan sólo pudiera hacer algo.
—Come tú también.
Eliel asintió y se alejó un poco del otro para sentarse bien y comer tranquilo. Se quedaron un rato largo en silencio, el albino examinó nuevamente el rostro de Cyan, era extraño, su rostro no tenía arrugas pero había ciertos gestos que le hacían parecer mayor, prevalecía una picardía en sus ojos que dejaban ver la madurez y la experiencia acumulada de una vida.
—¿Por qué me miras así?— le preguntó de repente el pelirrojo
Las mejillas de Eliel se tornaron rojas de la vergüenza —¿Así cómo?—
—Así, analizándome como si quisieras deducir algo sobre mi...
El albino escondió su rostro detrás de sus rodillas, encogiéndose sobre sí mismo al verse descubierto.
Cyan rió divertido ante la reacción del pequeño —Puedes preguntarme lo que quieras...
Eliel lo observó por sobre sus piernas. —Estaba pensando que pareces tener la misma edad de mi padre, pero a veces pareces más joven, así que no sé.
Esta vez Cyan largó una fuerte carcajada pero enseguida cubrió su boca arrepentido, no quería llamar la atención del guardia. Esperó unos segundo pero al no escuchar ningún movimiento fuera, volvió a hablar
—En verdad soy mayor que tu padre, bastante mayor —.
— ¿En serio? ¿Cuántos años tienes? —
— Tengo cincuenta y cinco años—
Esa era una cifra que el menor no se había esperado
—Verás... los alquimistas que manejamos la estrella del destino, generalmente parecemos más jóvenes, incluso podemos prolongar nuestras vidas…
—¡Que genial! ¿Y que más puedes hacer?
—Mmh bueno, si observo fijamente a los ojos a alguien, puedo ver su alma.
—¿El alma?
—Sí, en el alma están escritas muchas cosas sobre las personas, puedo ver su maldad y su bondad, si mienten o dicen la verdad, hasta el futuro que les espera o su muerte.
—¿Puedes ver mi alma...?
—Lo he intentado y no, no puedo leer tu alma, por más que quiera. Por eso te decía que no eres de este mundo, tus ojos son especiales.
Eliel suspiró algo aliviado, por una vez se sintió feliz de tener esos ojos. —Los alquimistas son increíbles, mi padre dice que la alquimia es brujería, es en contra de Dios...
—En realidad la alquimia está mal interpretada por algunos. La energía que los alquimistas usamos es parte de la naturaleza y del todo, por lo que es inherente al ser humano. La diferencia entre nosotros y las personas comunes es que sabemos utilizar la energía interior de nuestros cuerpos y de la naturaleza de una manera diferente.
—Sería genial poder ver a los alquimistas usando sus poderes.
Cyan le sonrió —Si quieres te puedo mostrar...—
La cara del niño se llenó de ilusión —¿De verdad? Sería... ¡Sería increíble!

Cyan lo observó con dulzura, esa expresión le hizo recordar a su hijo Zafiro. -
—Sí, pero será algo pequeño... Apártate un poco.

El niño obedeció sentándose unos metros más lejos. El hombre se mordió el pulgar fuertemente, logrando que la sangre comenzara a emanar de la herida, colocó el pulgar en el piso y comenzó a dibujar símbolos con su sangre, primero un triángulo y luego otras líneas dentro. Apoyó la palma de su mano en medio del triángulo, y como por arte de magia, una rosa roja comenzó a florecer.
—Es hermosa— comentó deslumbrado el pequeño
—Es para ti...— afirmó el alquimista, arrancando la rosa de la tierra y alcanzándosela al niño.

Nunca había imaginado poder ver una sonrisa tan hermosa en ese rostro tan demacrado y afligido. Su corazón se encogió, sintiendo algo que hacía bastante tiempo no sentía.
—¡Gracias! Nunca nadie me había regalado nada— se sinceró—Gracias de verdad.

Esa madrugada al acostarse, la sonrisa todavía seguía instalada en su rostro. Observó la rosa roja que había colocado en la mesa al lado de su cama. Por primera vez en mucho tiempo, la opresión en su pecho, se había convertido en una dulce y abrasadora calidez.

#25

—¿Y esa rosa?— Preguntó el joven frente suyo, mientras preparaba la jeringa.
Eliel lo observó brevemente, y luego giró su cabeza hacia un costado, avergonzado, tratando de escapar del escrutinio del otro.
—Me la regaló una de las criadas —. Mintió, estaba seguro que decir la verdad sólo le traería problemas.
Egon lo observó sorprendido —Que extraño...— le sujeto el brazo y acercó la aguja.
El albino cerró los ojos y los apretó al sentir la aguja traspasar su piel.
Egon no comentó nada más. Sólo se concentró en realizar su tarea, observando como la sangre iba llenando la jeringa.
—Últimamente te veo más cansado de lo normal ¿Tienes mareos?— Acercó su mano a su rostro y observó sus ojos un poco irritados por el cansancio —Si no puedes dormir te puedo dar té de valeriana...
—No, estoy bien, en serio...-
Egon asintió —Hoy tienes latín y religión. El día está bastante soleado, es conveniente para tu salud, salir de vez en cuando al exterior. Tomaremos las clases en el jardín...
—Sí—. Balbuceó desganado Eliel.

______________
—Egon me preguntó por la rosa— Le contó Eliel con su cabeza en el regazo del pelirrojo. —Le mentí, si le decía la verdad seguramente se aseguraría de que no te volviera a ver
—Ya debe saberlo—. Comentó Cyan mientras acariciaba el sedoso cabello blanco
—¿De qué hablas?
—Lo que quiero decir es que te están utilizando para sacarme información
Eliel le dirigió una mirada atemorizada
— No te preocupes... — le tranquilizó, su rostro se mantenía calmó como siempre —Te confesaré algo, en realidad estoy aquí por voluntad propia, estas cadenas y estas heridas no son una restricción para mí.
Con una de sus manos sujetó la cadena que sostenía su pie, y enseguida el metal se derritió. Del cuerpo trigueño comenzó a salir una especie de vapor, y el albino observó con sorpresa como las heridas del hombre comenzaban a curarse y desaparecía de un momento a otro
—Sólo me mantuve en este lugar porque pensé que obtendría información sobre el paradero de mi hijo, pero las noticias que han llegado a mis oídos han sido desalentadoras.
—Entonces ¿Te vas a ir?
Eliel no entendía muy bien lo que sucedía, pero de algo estaba seguro, no quería que Cyan lo dejara.
—Ya no tengo nada más que hacer aquí.
Eliel sintió como su pecho comenzaba a doler y sus ojos se aguaban.
—Llévame contigo, no me dejes.
—No puedo llevarte donde voy —. Lo atrajo hacia su cuerpo y lo abrazó
—Pero...— Las lágrimas comenzaron a caer por sus mejillas mojando el pecho desnudo del otro, y no pudo contener el deseo de expresar lo que sentía —Si te vas y me dejas, mi vida volverá a ser un infierno, volveré a estar solo—
Cyan acarició su mejilla y limpio las lágrimas de su rostro
El hombre le sonrió con dulzura.
—Sabes Eliel, siento que puedo contarte lo que sea...— le sujeto suavemente el mentón, para levantar su rostro —Escucha bien lo que diré, aunque no lo entiendas ahora, confío en que en su momento sabrás que hacer.
El albino asintió, sumido en esos ojos grises que le tranquilizaban.
—He visto el futuro, en un tiempo no muy lejano el devorador de almas despertará, en la casa de los gemelos, el alquimista nacido de la unión de la Etolie y el N’ame. No importa lo que hagan, no podrán detenerlo y se convertirá en una bestia insaciable, llena de sed, irá y dolor, querrá acabar con todos.
Acercó su rostro al del menor sosteniendo sus mejillas con sus manos —Sólo podrá controlarlo el que posea el relicario que pertenecía a Elahm.
Eliel temblaba como un animalito bajo su cuerpo, su aspecto era penoso.
—Ahora escucha con atención esto último que te diré, la única forma en que podrás manejar este objeto alquímico es el amor y la compasión.
Giró su rostro y fijó sus ojos grises, que ahora poseían una expresión dura y fría, en un punto de la habitación que se mantenía en las sombras
—¿Ahora que lo sabes, vas a matarme? Eso no arreglará nada—
De las sombras se materializó una figura ya conocida por ambos.
—Son órdenes de Eren— mencionó Egon acercándose con pasos tranquilos, con su rostro tan imperturbable como siempre —Quita tus sucias manos de Eliel...
Pero sólo logró que Eliel se aferrara más al cuerpo del mayor
—¡Egon! ¡No lo hagas!
Egon estiró la mano y de ella una sombra negra se alargó materializando a su vez una lanza negra —¡Está basura mató a mi hermano! ¡Eliel! ¡No creas nada de lo que te diga!— y sin perder tiempo dirigió la lanza hacia su enemigo.
Cyan empujó con fuerzas el pequeño y frágil cuerpo que salió disparado, chocando fuertemente contra una de las paredes. El alquimista recibió todo el ataque de lleno en su hombro derecho produciéndole un profundo tajo, pero enseguida un vapor comenzó a salir de la herida y rápidamente esta se cerró, desapareciendo sin dejar rastros.
—¿En serio piensas que con esto podrás matarme?
Pero Egon no le respondió, sino que decidió volver a atacar. Su rostro comenzaba a perder la serenidad que lo caracterizaba
—¡Maldición! ¡Mi hermano sólo tenía 14 años!— gritó enfurecido lanzando un ataque.
El mayor esquivó el primer ataque y con sus poderes manipuló el aire convirtiéndolo en una especie de escudo. Todavía seguía sentado en el suelo, aprovechó su ubicación para lanzar una patada directo a sus rodillas, haciéndolo caer
—¡Sí! ¡Es cierto! ¡Lo maté! ¡El se metió en medio de la pelea para proteger a Eren y lo maté! ¡No pude detenerme! — le confesó el pelirrojo mientras se levantaba.
La furia invadió el rostro de Egon y arremetió contra él, pero Cyan lo esquivó con facilidad, lo sostuvo de la muñeca con la que el pelinegro sujetaba la lanza y lo redujo pegándole con la rodilla en las costillas. Le dio un golpe certero en el estómago que dejó al otro sin aire, y empezó a pegarle con su puño en su rostro.
Eliel que había estado viendo la escena desde el otro extremo de la habitación, tratando de recobrarse del golpe que sufrió al dar contra el muro, se levantó y se acercó a los otros para poder detener la pelea. No podía dejar que matara a Egon, siempre había cuidado de él desde pequeño, no importaba si había sido sólo porque era su deber, era como un hermano mayor, no podía...
Sujetó el brazo con el que el pelirrojo estaba golpeando el rostro de Egon.
—¡Detente por favor!¡No lo mates!— le suplicó el pequeño
Cyan al sentir el peso en su hombro giró y se encontró con el rostro de Eliel. Sus ojos rojos lo observaban con determinación y fuerza, una mirada que nunca había visto en el pequeño, algo que lo desconcertó. Fue entonces que entonces pudo ver más allá... su alma... ya no importaba su misión, había encontrado algo mucho más valioso y poderoso en esos ojos.
Sintió el filo de la lanza adentrarse en su pecho, y la sangre recorriendo su piel desnuda. Un grito ensordecedor salió de los labios de Eliel al ver la lanza traspasar el pecho de Cyan. El mayor cayó al piso con un golpe seco.
Egon se quedó en su sitio tratando de reponerse de los golpes.
El albino se agachó junto al alquimista para ver si este seguía respirando
—Por favor Cyan, no mueras, debes encontrar a tu hijo ¿Recuerdas?— su voz era temblorosa y sus lágrimas caían sin cesar.
El hombre todavía consciente agarró el rostro del pequeño con las manos, manchando sus mejillas y su cabello con sangre —Mi hijo es fuerte, sé que el podrá afrontar el camino espinoso que le tocará, hubiera querido hacer más por él. Pero no me arrepiento de nada, encontré algo muy valioso, tú eres lo que he estado buscando toda mi vida... Eliel, tú salvarás a todos, eres nuestro rayo de esperanza....—
Eliel le acarició su hermoso cabello rojizo que tanto admiraba —Si mueres, ya no habrá esperanza para mí—
—Debes seguir por mí, nunca te dejaré, siempre estaré contigo, una parte de mí siempre estará contigo—.
Estaba dejando de ver con claridad, su cuerpo se estaba entumeciendo, no le quedaba mucho tiempo, la lanza había traspasado su corazón, si todavía estaba con vida era porque su fuerza de voluntad era única.
—Nunca dejes que el odio entre en tú corazón—.
Recordó a sus hijos Dion, Helena, Nacor, Zafiro, hubiera querido volver a verlos una última vez. Con las pocas fuerzas que le quedaban acercó el rostro del pequeño al suyo y lo besó, un beso dulce, un roce de labios con el que el alquimista pretendía pasarle lo último que quedaba de su energía y parte de su poder.
—Vive...— le susurró con su último hálito de vida.

______________________

Egon entró a la habitación, su cabeza estaba vendada, su ojo derecho estaba hinchado y morado y su boca cortada y maltrecha. En la cama sentado se encontraba Eliel mirándolo fijamente con esos ojos rojos que quemaban. El pequeño se había negado a comer por lo que debían inyectarle suero para mantenerlo hidratado y nutrido. Pero para su sorpresa, el aspecto del niño había mejorado notablemente, no estaba tan delgado ni tenía esas ojeras negras que antes se acumulaban debajo de sus ojos, sus labios estaba más rosados y sus mejillas también, y sus ojos mostraban una fiereza que antes hubiera sido inimaginable.
El siervo se sentó en la cama.
—Di algo —le pidió, la mirada del albino lo estaba desesperando.
—Nunca te perdonaré.
—Lo sé…—susurró con el suero todavía en la mano
El albino apretó sus puños, lo había decidido, seguiría adelante por Cyan. Había algo que lo motivaba, sentía la energía del alquimista recorrer su cuerpo, dándole fuerza. Él destruiría a los cazadores, destruiría a los alquimistas y a cualquiera que se interpusiera en su camino. Terminaría con todo de una maldita vez. Porque en el momento en que Cyan había muerto el odio inundó su corazón.

Ed_Venaplus
Rango6 Nivel 29
hace 7 meses

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#26

Observó a Alexis mientras tomaba su té con calma en el comedor. No podía describir el dolor que sentía en su corazón, Alexis era lo que más amaba en el mundo, no podría perdonarse jamás lo que había hecho, no podía hacerlo. Pero no era momento de pensar en eso, debía tomar los pedazos rotos y recomponerlos nuevamente, como lo había hecho decenas de veces. La situación era seria y no podía quebrarse, debía enseñarle a Alexis todo lo que podía, debía hacerlo antes que las cosas empeorasen. Si tan solo no hubiera querido alejar a su preciado niño de toda esa porquería ahora no estarían en ese apuro, sus ansias por que su pequeño pudiera vivir la vida que él quería, por dejarlo volar y descubrir el mundo, hicieron que descuidase su deber más importante. Quería engañarse, quería ver a Alexis como un jovencito más, alguien ordinario, pero lo cierto es que su niño distaba mucho de ser normal, ya no podía ignorar este hecho.
—Cuando termines tu desayuno, comenzaremos con tu entrenamiento —anunció mientras prendía su pipa
Alexis tomó un poco de pan y luego un trago de su té, dejó su taza en la mesa y se levantó repentinamente.
—Iré a la academia...
Los ojos grises de Zafiro observaron al menor con autoridad —¡No lo harás! ¡Es peligroso!
—Sí lo haré...
El pelirrojo tomó su bolso y se acercó a la puerta, pero Zafiro lo tomó del brazo antes de que saliera. El pianista giró para observar al mayor, en sus ojos se mostraba una furia que nunca había visto en él.
—No soporto estar bajo el mismo techo que tú Zafiro, me enferma toda esta situación. No quiero estar un minuto más aquí.
Zafiro lo soltó de inmediato, lo que acaba de decir le había roto el corazón en mil pedazos. Alexis aprovechó ese momento para apartarse de él y salir de ahí.

________

Gabriel estaba de muy mal humor, se había levantado tarde, por lo que apenas había logrado llegar a tiempo a la academia, odiaba tener que apurarse y hacer las cosas, rápido y nervioso. Tampoco había podido desayunar y con Adam en la cena no había probado bocado, por lo que tenía un hambre voraz. Además de todo eso su violín estaba desafinado, era como si las malas vibras de la casa hubieran aflojado las cuerdas, por lo que se encontraba sumergido en sus notas tratando de afinarlo.
—Señores, hoy tenemos un alumno nuevo en nuestra clase.
"Otro imbécil sin talento tratando de ser músico", pensó Gabriel para sus adentros mientras afinaba la cuerda Mi.
—Buenos Días, mi nombre es Joan Gëber, mucho gusto.

Levantó la cabeza sorprendido y observó al joven de cabello largo que estaba frente suyo. Suspiró con hastío, que Joan estuviera allí solo significaba más problemas.
El profesor lo guió hasta un armario en el fondo de la clase y desenfundó un violonchelo que se encontraba allí guardado.
—Muéstrame tú técnica — le pidió
El pelinegro no perdió tiempo, rápidamente tomó el arco y comenzó la hermosa melodía. Las primeras notas de la Suite N 1º de Bach en sol mayor inundaron la habitación, se podía percibir cómo el joven exaltaba el equilibrio en las proporciones y la escritura limpia y ligera de la allemande. Su postura era impecable, era igual de talentoso que su hermano pero a diferencia de la pasión que Gabriel trasmitía al tocar, Joan generaba una sublime paz en aquellos que lo escuchaban. Al finalizar la Suite, todos los aplaudieron, maravillados con la frescura del chelista.
La clase terminó y Gabriel observó que algunos alumnos se quedaban hablando con su hermano.
—Si quieres, nosotros podemos llevarte a conocer el instituto
Joan sonrió con amabilidad —Muchas gracias, pero…—
—Yo lo acompañaré… —se escuchó la voz de Gabriel detrás de ellos. Gabriel les dirigió una mirada fría que hizo que los demás retrocedieron y cada uno siguió su camino.
El menor se puso serio – Gracias, pero no necesito que me acompañes…— quiso caminar hacia la salida pero la mano de Gabriel le tomó del hombro.
—¿Qué haces aquí? ¿Acaso no sabes los problemas que nos puedes traer?
Joan se giró incrédulo por las palabras de Gabriel, era la última persona que esperaba que le reprochara que estuviera allí.
Generalmente era un Joven tranquilo y silencioso que prefería guardarse sus pensamientos para sí mismo, pocas veces demostraba su enojo o su tristeza, y soportaba los abusos y los comentarios sobre su persona sin ninguna queja, ni siquiera le recriminaba a sus hermanos que lo sobre protegieran tanto o que lo tratasen como un enfermo. Pero que Gabriel le dijera eso le había dolido, justo él que siempre lo había alentado a que fuera normal, había sido él quien le había incitado para que aprendiera música, que lo había defendido cuando Violeta había querido ponerle un sirviente que lo siguiera a todos lados y que vigilara que no se lastimara ni que cometiera alguna estupidez, privándolo así de toda libertad.
—Sabes Gabriel, lo hubiera esperado de Violeta o de Oliver… pero no de ti, tú siempre me has animado a ser libre, a que estudie, eres el único de la familia que no me ha tratado como un enfermo terminal, ¿Y ahora me dices esto?... eres un hipócrita—.
Gabriel no supo que decir, nunca había visto a su hermanito así.
Joan se apartó de él, Gabriel quiso sujetarlo nuevamente del brazo pero el menor no lo dejó.
—Déjame en paz—
Y sin darle oportunidad de hablar salió de la habitación.

#27

Cuando llegó a la academia, una multitud estaba reunida en uno de los salones, en el centro la melodía de un violonchelo se hacía escuchar. Los alumnos susurraban y observaban atentos a la persona que tocaba en ese momento. Alexis se acercó para ver al ejecutor de tan armoniosa melodía. Se sorprendió al ver en el medio del salón a Joan Gëber tocando el violonchelo. Las últimas notas de la Suite N 1º de Bach en sol mayor inundaron la habitación. El profesor lo llevó a un costado del salón y comenzó a hablar sobre su futuro prometedor y la oportunidad de tocar en una gala que haría un duque en las próximas semanas.
Alexis se quedó esperando fuera del salón, realmente necesitaba hablar con Gabriel, y no perdería esa oportunidad, tal vez fuera la única que tendría en mucho tiempo, no sabía que reprimenda tendría Zafiro con él cuando volviera a su casa, podía ser que no lo dejara salir de allí por mucho tiempo.
—Déjame en paz— escuchó que alguien gritaba
Era Joan, se asomó al aula y pudo ver al pelinegro dirigiéndose hacia él, detrás de él estaba la figura de Gabriel, con ese rostro inexpresivo característico. Joan pasó por su lado y le agarró de la mano tirándolo hacia el pasillo.
—¡Te dije que no te acercaras a Gabriel! —le gritó con disgusto
—No metas a Alexis en esto —le advirtió Gabriel alcanzándolos.
— Gabriel...
—¿Qué haces aquí? Estaba seguro de que Zafiro no te dejaría volver a la academia.
— Lo mismo podría preguntarte. Todavía no estás en condiciones de estar aquí, tu rostro es un desastre.
El violinista sonrió con tristeza. — No podía seguir un minuto más en esa casa, me iba a volver loco...
Un nudo apareció en el pecho de Alexis, le partía el alma ver a su amigo en ese estado
—¿Quién te dio derecho a hablarle a Gabriel? Después de todo lo que él ha pasado por tu culpa, como te atreves...—se interpuso Joan entre ellos dos, una de las razones por las que había decidido empezar a ir a la academia era Gabriel, quería protegerlo, evitar que cometiera alguna locura que hiciera que lo lastimaran nuevamente.
— Basta Joan...
— Pero...
— ¡He dicho basta! Discúlpate con Alexis
Los ojos violetas lo observaron renuentes, pero a pesar de eso una palabras de disculpa resbalaron de su boca.
— Lo siento... —dijo entre dientes para luego dar la vuelta y alejarse de ellos.
— Lo lamento, pero ya vez, debo ocuparme de Joan, es su primera vez asistiendo a la academia...
—Lo entiendo...
Gabriel amagó con retirarse pero se detuvo unos segundos, había algo diferente en Alexis, su piel olía más dulce que de costumbre, sus ojos tenían un brillo especial. No quiso pensar en lo que eso significaba, no se atrevió a decir nada más, solo se alejó de él.

Enseguida Alexis sintió el peso de un brazo sobre su hombro
— Así que Gabriel te ha cambiado por una versión más joven. — se burló en su oído Kris Müller
— Es su hermano, idiota... — dijo mientras se apartaba y seguía caminando hacia el patio de la academia.
— Era una broma... —se rió tontamente Kris, mientras lo seguía bajando por las escaleras. —Sé que empezamos con el pie izquierdo, suelo ser algo brusco, pero de verdad me interesas Alexis...

El pelirrojo se dio vuelta tratando de contener su ira.
— ¿Brusco? ¿Llamas brusco a insultarme, acosarme y burlarte de mí como lo has hecho? Creo que te has pasado de la raya...
— Lo reconozco, fui un maldito idiota ¿Está bien? Pero sólo quería ponerles nerviosos para la competencia, a pesar de eso no tuve chance contigo ni con Gabriel. Me he humillado yo solo y he quedado como un idiota por pretender siquiera competir con ustedes. — dijo derrotado
Una sonrisa de victoria apareció en el rostro de Alexis
—Me alegra que reconozcas que eres un idiota.
—Sí lo sé —aceptó Kris devolviéndole la sonrisa.
—Vaya Alexis, que extraño encontrarte sólo sin la compañía de algún Gëber— opinó Eliel acercándose a ellos dos
— ¡Eliel! —Le saludó Kris visiblemente nervioso —No es lo que tú crees....
— Cállate Kris, te he advertido varias veces que no te metas con Alexis, pero desde pequeño siempre has sido desobediente, lamentablemente eso y tu gran destreza con el piano, es lo que me han llevado a elegirte como mi compañero. Ahora necesito que te marches, quiero aprovechar esta oportunidad para hablar con Alexis, a solas.
Kris solo asintió y se retiró sin decir nada, ahora ambos se encontraban solos, en medio del patio de la academia, ya la campana había sonado hacía unos minutos y todos habían entrado a las aulas.
Era la primera vez que observaba tan de cerca al pelirrojo, sintió una opresión en el pecho y sus ojos se aguaron, le recordaba a Cyan, sus ojos, su piel, su cabello, sus expresiones...
—¿Y bien? ¿Qué querías hablar conmigo? —le pregunto Alexis con nerviosismo, sabía que no era recomendable estar cerca de un cazador viniendo de un linaje de alquimistas. Comenzaba a arrepentirse de no haber hecho caso a Zafiro y haber ido a la academia.
—Eres muy parecido a él— dijo Eliel con un hilo de voz haciendo que Alexis le prestara atención
—¿A quién?
—A tú abuelo, Cyan Novak
El pelirrojo lo observó con seriedad, a pesar de su ropa de campesino una gran dignidad y orgullo destilaban de su porte y sus expresiones. Al escuchar el nombre de su abuelo su ceño se frunció y una mirada fría e intensa atravesó al cazador como una lanza de hielo.
—Él murió en manos de los cazadores ¿Fue uno de tus hombres quien lo mato?
—Si—le dijo Eliel con calma, pero de sus ojos comenzaron a caer lágrimas
El rostro de Alexis se puso rojo de la ira
—¡¿Por qué lloras?!— le gritó colérico. Pero el albino no le contestó -¡DÍMELO!- dijo acercándose a él pero Eliel solo lo observaba en silencio mientras lloraba.
—¡DIMELO! —le volvió a gritar esta vez sosteniéndolo del cuello de la camisa.
—No tiene idea de lo que significaba para mi.
Esta vez los ojos grises se abrieron por la sorpresa.
—¡ES MENTIRA! ¡ERES UN MALDITO MENTIROSO!— le dijo apretando con más fuerza su cuello
—Sé que puedes saber si miento o no
Alexis lo sujetó de la mandíbula y acercó su rostro al del otro observando con detalle los ojos rojos de Eliel.
Su alma era luz, una luz roja, perturbadora, una sensación extraña le embargaba, similar a lo que había sentido cuando había observado el alma de Joan. Pero de algo estaba seguro, Eliel no le había mentido.
—Cada vez que te veo, siento que eres un reflejo de Cyan, eres una parte de él. Haría cualquier cosa por ti Alexis, eres la única persona por la que abandonaría todo...— le confesó Eliel
—¡No quiero que te acerques a mí! Si quieres hacerme un favor, entonces mantente lejos— le pidió, comenzando a alejarse del albino.
— Te protegeré Alexis, aunque sea lo último que haga, no dejaré que nadie te haga daño —le anunció el cazador antes de perder de vista al pelirrojo.

#28

La cena transcurría en paz, como de costumbre, Eren lo había mandado a llamar y ahora comían en el cuarto de su padre, en vez de su habitual cena en el comedor junto a Egon. En parte era un alivio, desde hacía unos días trataba de esquivar a su celador lo más posible, pero este parecía más empeñado en estar junto a él como una sombra. La comida era insulsa y la intensa mirada que su padre le dirigía junto con su aire solemne y severo no ayudaban al ambiente tenso que reinaba entre ellos, pero en ese momento había algo que irritaba de sobremanera a Eliel Lewitts y era el tema que acababa de traer su padre a la mesa
— Pronto será tu cumpleaños y vendrán los sabios del Consejo a pasar la noche. Esta es nuestra oportunidad para poder volver a tener el prestigio que teníamos en nuestro pasado, Dios nos está bendiciendo con una nueva oportunidad
—Si padre...
—Todo debe salir a la perfección, sólo faltan tres días y es fundamental que...

Eren siguió hablando, pero él ya no los escuchó. Esa fecha era sumamente importante. Todos los años venía alguien del Consejo de ancianos para verificar que todo estaba en orden y que el clan Lewitts no se había convertido en una amenaza para la Iglesia. Pero para Eliel era el peor día de su vida repetido una y otra vez, era el día que le recordaban que gracias a su existencia todas las personas alrededor suyo eran desgraciadas, y lo peor de todo es que en ese día, él era el centro de atención. Lo que más lo agobiaba era la obligación de tener que sonreír y mostrar una felicidad y entereza que no poseía. Debía verse fuerte y vigoroso ante los ojos del Consejo y de su padre.
Lo odiaba, quería morirse, cada minuto de su existencia era un suplicio, una tortura. No había momento en que no quisiera acabar con su vida, en ese instante hubiera querido cortarse las venas con el cuchillo con el que cortaba el pan que comían. Pero no lo hacía por un solo motivo, y era que si él moría, la vida de las personas alrededor suyo sería todavía más miserable. Era curioso pensar que todo hubiera sido mejor si no hubiera existido, pero si dejaba de existir ahora la oscuridad que permanecía en su familia se haría todavía más terrible y desoladora ¿Qué sería de su madre si él no estaba? No podía dejarla así, no podía abandonarla, él debía encontrar la manera de devolverle la conciencia. Esos pensamientos aparecían en su cabeza cada vez que pensaba en terminar con todo de una vez.
____________

El agua caliente se deslizó por su espalda desnuda de Eliel. No podía dormir, por lo que había decidido tomar un baño en las duchas que usaban los estudiantes, como se encontraban más apartadas de las habitaciones, era menos probable que alguien se diera cuenta que estaba despierto. Estaba prohibido ingresar a esa zona a esa hora, pero no era difícil para él escabullirse sin que nadie se diera cuenta, conocía demasiado bien aquel lugar.
La noche era silenciosa y oscura, apenas unos rayos de Luna entraban por la pequeña ventanilla. El baño consistía en una habitación con una gran ducha compartida, y pegado a esta habitación, había un gran vestidor. Todo estaba tranquilo y por momentos el agua caliente le hacía perder la noción de la realidad, el vapor del agua que se esparcía por la habitación, iluminado por la luz de la luna, le daba al lugar un aspecto místico. Pero había algo que lo mantenía alerta y no lo dejaba relajarse del todo. Giró la cabeza, fijando la mirada en una de las esquinas de la habitación que se mantenía en la penumbra.
—¿Vas a seguir mucho tiempo ahí?-
De las sombras se materializó la figura de Egon
—¿Qué quieres?-
El sirviente se acercó a donde estaba el albino. —Siempre te gustó escabullirte en la noche....
La figura del celador iba teniendo mayor nitidez conforme se acercaba al menor.
—¿A qué viene eso? ¿Vas a acusarme con Eren? Nunca pensé que además de asesino fueras el lame culos de mi padre...-
El pelinegro sonrió y siguió caminando hacia el menor sin importar si el agua que caía por la regadera lo mojara. Pronto se vio empapado bajo el chorro de agua, pero eso no hizo que despegará ni un minuto la mirada de esos ojos rojos que iluminaba la luna.
—Siempre te gustó la oscuridad....
Eliel retrocedió hasta sentir el frío de la pared detrás suyo.
—Tú no sabes nada sobre mí...
Las manos de Egon se apoyaron en la pared a los costados de la cabeza del albino, acorralando así el delgado cuerpo.
—Sé todo sobre ti... Eliel Lewitts
El menor lo observó desafiante encontrándose de frente con una suave mirada.
—Sé que te sientes tranquilo y protegido en la oscuridad, amas el silencio, y te agobian los días soleados y el ruido fuerte.— le susurró en el oído con esa voz grave y dulce que hizo que el albino se estremeciera.
—¿Por qué me estás diciendo todo esto?— le preguntó, pero Egon no le contestó.
—...Te cuesta mucho despertarte en la mañana y tú humor no es el mejor. Cada vez que te cortan el cabello, lloras como si hubieras perdido una parte de tu ser y no puedes soportar las miradas de desprecio, ni la pena...
Esos ojos rojos iban de a poco cediendo, cambiando de esa expresión feroz a una de desconcierto. El pelinegro aprovechó ese momento para posar su mano en la mejilla del menor, acariciando esa tersa piel.
—Sé también que me odias con todas tus fuerzas por haberte quitado a la única persona que piensas que te amó. Pero también sé que, aunque no lo quieras reconocer y te odies por eso, también me amas...
Los ojos del albino se abrieron de la sorpresa y comenzó a reírse
—¿Qué estás diciendo? ¿Acaso te volviste loco? ¿Cómo piensas que podría amar a una escoria como tú?
—Porque soy la única persona que siempre estuvo a tú lado... incondicionalmente.

#29

El albino golpeó la mano de Egon alejándola de su mejilla —Era tú deber estar a mi lado, siempre manteniéndote al margen, haciendo lo que te ordenaban como un maldito animal, por eso te odio.
—Era mi deber estar a tu lado, pero también lo era el mantenerme al margen, anulando cualquier sentimiento que tuviera...
El pelinegro sujetó el brazo de Eliel y lo atrajo hacia su cuerpo de un tirón, envolviendo entre sus brazos ese cuerpo desnudo y mojado, tan blanco y liso como la misma nieve
—Pero ya no más...
Luego de decir esas últimas palabras acarició la nuca del albino y se agachó buscando esos labios que tanto anhelaba, juntándolos con los suyos en un beso que duró apenas unos minutos ya que Eliel comenzó a forcejear, empujando su pecho con sus manos para separarse, y cuando al fin pudo liberarse un poco del agarre, le asestó un puñetazo. El ruido del golpe retumbó por toda la habitación.
—¡¿Qué quieres lograr con esto?! ¿Piensas que te voy a perdonar?
La expresión calma en el rostro de Egon no desapareció.
—No, tú mismo lo dijiste, que nunca me perdonarías—. Egon sonrió pero era una sonrisa amarga y sombría —No quiero que me perdones, porque no siento remordimiento por lo que hice. Traté de mentirme, me obligué a pensar que la razón por la que había matado a Cyan había sido porque él era el asesino de mi hermano. Pero en realidad lo maté porque no soportaba ver como lo mirabas, lo feliz que te veías a su lado o cuando pensabas en él.
Eliel lanzó un gritó lleno de rencor y furia.
—¡¿Tanto me odias que tenías que destruir la única cosa buena que me pasó en la vida?!
El agua caía mojando ambos cuerpos, cayendo por sus rostros confundiéndose con las lágrimas.
—Te equivocas Eliel, yo no te odio, yo te amo, tanto que soy capaz de hacer cualquier cosa por ti, incluso traicionar los ideales por los que he luchado toda mi vida.
—No voy a caer en lo que sea que estés planeando.
Acarició con dulzura el cabello blanco de su señor
—Si piensas que esto lo hago por ti, estás en un error, quiero ser egoísta por una vez en mi vida, quiero dejar fluir esto que siento. No quiero reprimirlo más. — Dejó un beso en la frente blanca — Toda mi vida me han dicho que sentir y que hacer. No quiero eso, al menos no con lo que siento por ti. —
La mirada de Eliel parecía perdida en algún punto lejano, sus labios temblaban, al igual que comenzaba a hacerlo todo su cuerpo.
—¿Y qué esperas de mí? ¿Piensa que voy a saltar a tus brazos y decirte que también te amo?
Hubo un largo silencio interrumpido sólo por el ruido del agua retumbando en los azulejos de las paredes. Una sonrisa sarcástica se dibujó en su boca.
—Si me conoces tan bien como dices, ya debes saber qué hace tiempo ese tipo de sentimientos ya no me importan, lo único que quiero es terminar con todo esto de una vez por todas.
Otra vez sus ojos rojos mostraban una fiereza que quedaba descolocada en ese cuerpo tan frágil
—Quítate...— le susurró con determinación Eliel. Empujó el cuerpo del mayor lo suficiente como para poder escabullirse, y con pasos seguros se dirigió hacia el vestuario para buscar su toalla y salir de ahí.
—No. — escuchó la voz de Egon y una mano lo sujeto nuevamente atrayéndolo. El albino levantó la mirada queriendo encontrar una explicación en el rostro del otro, pero en vez de eso, se encontró de lleno con unos labios que comenzaron a devorar los suyos con impaciencia. La suavidad de esa piel rojiza, de esa lengua húmeda que acariciaba la suya con tanto énfasis, esas manos que lo sujetaban con una fuerza tal que parecía que partirían su cuerpo en dos, ya no tenía fuerzas para luchar. Sin pensarlo sus manos se aferraron al cuello del mayor y se deslizaron más arriba jugando con esos cabellos negros. Sintió los dedos del pelinegro acariciando su espalda con suavidad, bajando hasta el fin de ella y apretando con fuerza sus nalgas.
Las piernas de Eliel comenzaban a perder fuerzas. Egon lo sujetó de la cintura y lo empujó hacia abajo, quedando ambos sentados en el piso húmedo. El pelinegro se apartó del otro cuerpo con el propósito de quitarse esa túnica negra que cubría su torso, ante los ojos de Eliel se descubrió un pecho duro y fuerte y un vientre y brazos bien trabajados, logrados gracias a años de arduo entrenamiento físico, era muy diferente a su delgada y lisa figura. Esos brazos fuertes lo levantaron con facilidad y lo apoyaron sobre las piernas de Egon quien lo volvía a besar ahora un poco más suave, de una forma dulce, el celador dirigió sus manos hacia las piernas del menor, acariciando esas nalgas y abriéndolas.
En un principio Eliel quiso apartarse, pero Egon lo evitó sujetándolo con fuerza, comenzando a rozar sus miembros duros y húmedos con vigor. Se comportaban como dos animales, su conciencia se nublaba y sus instintos afloraban. El albino sentía como sus sentidos se agudizaban, el tacto, el gusto, el olfato, un remolino de sensaciones lo abrumaban y extasiaban.
Egon empujó el delgado cuerpo hacia atrás, apoyándolo en el suelo y se bajó un poco más los pantalones.
—No...—susurró Eliel sin poder coordinar bien sus pensamientos debido a la cantidad de sensaciones que desbordan en su cuerpo en ese momento. Era terrible la presión que sentía, comenzaba a sentir como su piel se desgarraba.
—Duele. — se aferró a la espalda de Egon clavándole las uñas con fuerza. El pelinegro gruñó por el dolor, pero no se detuvo. Volvió a besar los labios del albino, sintiendo como cada vez su miembro se iba deslizando con más facilidad. Los quejidos y súplicas del menor se fueron desvaneciendo, pronto el baño se llenó de jadeos que retumbaban en los azulejos, mezclándose con el ruido del agua cayendo. Egon no podía quitar sus ojos del espectáculo que se desenvolvía frente a ellos, la blancura de esa piel era tan pura que no parecía de este mundo, sus mejillas coloradas eran preciosas, y las gotas de agua caían por su frente y su cuello y recorrían lujuriosamente su cuerpo. Esos ojos ahora se veían tan brillantes, tan vigorosos, tan llenos de vida. Sus labios entreabiertos dejaron salir suaves jadeos, avisando que pronto llegaría al clímax...
Comenzó a masturbar al albino con la misma ferocidad con la que lo penetraba, logrando que el menor gritara de placer. En ese momento agradeció estar en un lugar tan apartado de las habitaciones.
Cuando pensó que algo más bello que el cuerpo de Eliel extasiado por el placer no podría presentarse ante sus ojos, algo increíble sucedió. Esos ojos rojos que tanto amaba se volvieron todavía más puros, tan rojos como la misma sangre. El cabello blanco comenzó a crecer recuperando sus ondas y la longitud que poseía antes de que Egon se lo cortara, y un aroma dulce como el de la Fresia inundó la habitación, mientras el semen blanquecino manchaba su abdomen. No supo si lo que vio a continuación fue realidad o imaginación suya, ya que su percepción se veía nublada por el clímax, pero por un momento aparecieron en la habitación una cantidad impresionante de plumas grises que flotaban mezclándose con el vapor, cayendo en el agua que circulaba por el piso, creando ondas.
De los ojos de Eliel comenzaron a caer las lágrimas.
—Que belleza...—susurró Egon maravillado por la escena.

#30

Envolvió el cuerpo en una toalla, lo llevó a su cuarto y lo acostó en su cama. Luego se cambió y se sentó a su lado, acariciando su mejilla y su cabello húmedo. Los ojos de Eliel se abrieron observando su alrededor, la habitación de Egon era muy austera, apenas contaba con una cama, un baúl, una cesta y una lámpara.
—Discúlpame por haberte traído aquí.
—No importa...— le contestó de forma hosca.
Egon sonrió, Eliel odiaba las formalidades. Siguió acariciándolo, le sorprendió que el menor se dejara hacer sin quejarse o apartarse, pero prefirió no romper esa calma en la que se habían sumido, como un hechizo que en cualquier momento se rompería.
—El día que naciste fue el momento más feliz de mi vida—. Le confesó el pelinegro. —Desde pequeños nos enseñan que todos nacimos con una misión, una utilidad. No podemos distraernos de ninguna manera de nuestra misión, los sentimientos son una distracción, por lo que nos enseñan a deshacernos de nuestras emociones, no debemos sentir sólo servir y cumplir objetivamente. Como piezas de un rompecabezas no debemos esforzarnos por entender una verdad que va más allá de nuestra comprensión, sólo podemos creer y tener fe en que lo que hacemos es lo correcto bajo los ojos de Dios. No recuerdo sentir emoción alguna cuando era niño, no entendía el sentido de las emociones en una vida que no me pertenecía, predestinada a servir el deseo de un ser superior. Era como si mi cuerpo y mi conciencia se hubieran separado completamente, a tal punto que podía compararme con un muñeco.
Eliel lo observaba atentamente, la expresión de su rostro era vacía, como si no supiera que sentir, como si toda esa situación lo aturdiera demasiado, como si sus sentidos se hubieran entumecido.
El mayor sonrió al recordar.
—El día que naciste, tenía catorce años. Eren apareció contigo en brazos y se acercó hacia mi "Tú te encargará de él y lo protegerás" me dijo y luego te colocó en mis brazos. Te observé, tu cabeza estaba cubierta de pelusa blanca y tenías algunas plumas grises cubriendo tu cuerpo, habías nacido con los ojos abiertos, eran rojos y observabas todo con curiosidad. Cuando te tuve en mis brazos me miraste y me sonreíste, nunca nadie me había sonreído, creo que nunca había visto una expresión así. Fue el momento más asombroso de mí vida, fue la primera vez que pude sentir algo, fue como si mi conciencia y mi mente se volvieran a unir después de todos esos años. Con sólo ese pequeño gesto mi mundo se derrumbó, mi mente se volvió frágil y dubitativa, era como si hubiera despertado de un sueño, todo se había vuelto tan real que daba miedo.
Un día un grupo de alquimistas aparecieron, toda mi vida me habían entrenado para realizar esa tarea, proteger a la familia Lewitts. Era el mejor de mi camada, mis habilidades eran extraordinarias, mi fuerza deslumbraba incluso a los cazadores experimentados, pero en ese momento fui un cobarde, estaba asustado. Lo único que pude hacer fue quedarme ahí viendo como mataban a mis compañeros, esperando mi final. Eran muy fuertes, incluso Eren no podían detenerlos, eran demasiados. Entre ellos se encontraba Cyan Novak, nunca olvidaré esos ojos cegados por la furia. El alquimista acorraló a Eren, lo estaba por matar y yo estaba petrificado, no podía moverme, sólo temblaba del miedo, del horror. Si no hubiera sido porque mi hermano se metió en el medio, hubieran matado a tu padre seguramente. Era más pequeño que yo y mucho más débil, pero su coraje fue mucho mayor que él mío. El brazo de Cyan atravesó su pequeño cuerpo tan fácilmente...
No sentí odio, ni temor, ni dolor....yo.... sólo... sentí alivio de que al fin mi hermano descansara en paz, era un cuerpo vacío sin miedo, ni emociones, una marioneta que seguía órdenes. Al fin ese sin sentido de su vida había acabado. Ya había cumplido con su deber, proteger a tú familia. Un alquimista me sujetó y me aprisionó contra el suelo, estaba por cortarme el cuello, yo ya estaba rendido ante la muerte que me esperaba, pero algo sucedió, escuché tu voz, pidiendo ayuda. El terror, el pánico que hasta ese momento me embargaba, desapareció, con sólo escuchar tu voz, supe que no iba a permitir que nada te pasará. Tú, Eliel, eras algo que valoraba más que a mi vida o que mis ganas de morir o que cualquiera de mis otros sentimientos, lo que sentía por ti era mucho mayor. Usé la transmutación de mi cuerpo en sombra para poder escapar y escabullirme hasta donde estabas. Una mujer te tenía en sus brazos, era una alquimista, parecía que te querían llevar, supongo que se había dado cuenta que eras "diferente"... Llorabas, pero tú mirada era orgullosa e impertinente como siempre. No dudé en matarla ni un segundo, le quebré su cuello sin vacilar. En ese momento supe que haría cualquier cosa por ti, que mi misión en la vida era protegerte hasta dar mi último aliento. Te tomé entre mis brazos y te lleve junto a tu padre que se las había arreglado para entablar una dura pelea con Cyan sin perecer, y con mi poder los lleve lejos de ese infierno que se había desatado...
Si no hubiera sido por ti, en este momento estaría muerto. Tú me despertaste, me hiciste darme cuenta que el verdadero propósito en la vida es proteger lo que amamos con todo nuestro ser. —

Eliel que había seguido escuchando el relato con suma atención, sin siquiera pestañear, se incorporó y acarició el rostro de Egon.
—Si es verdad lo que dices, si es verdad que harías cualquier cosa por mí...— le habló sobre sus labios, mirándolo directamente a los ojos con una intensidad tal que hizo que el cuerpo del pelinegro se estremeciera —Si todo aquello que dijiste es cierto... entonces ya sabes lo que tienes que hacer— se acercó a sus labios y los beso suavemente y con suavidad le susurró cerca de su oído.
—Mátalos.... mátalos a todos...—.

#31

—¡Cómo pudiste permitirlo! — grito Oliver y le asestó una cachetada a Gabriel —¿Estás loco? ¿Piensas que esto es un juego?
—¡Basta Oliver! Todo esto fue mi culpa. Yo fui quien persuadió a Gabriel de esto—. Le reprochó Joan
El mayor gruño y luego les dio la espalda tratando de calmarse
—No puedes tenerme encerrado el resto de mi vida ¿Es eso lo que quieres realmente? ¿Por qué no me matas de una vez?
Oliver se quedó helado ante tal declaración, y luego una terrible ira se apoderó de él, dio la vuelta para encarar a su hermanito
—¡Niño estúpido! Lo único que estoy haciendo es protegerte.
—¿Protegerme? Tú no puedes protegerme en esta casa. No hay nada que puedas hacer contra Adam y Viktor, ya lo has intentado y has fallado miserablemente ¡Mira el rostro de Gabriel! Está todo lastimado gracias a "tu protección".
—Cállate Joan, no es necesario que digas cosas tan hirientes— intervino finalmente Gabriel. —Lo siento Oliver, sabes que no puedo decirle que no a Joan.
El mayor suspiró resignado, dio un par de vueltas por la habitación y luego se sentó en el sillón y prendió su pipa para relajarse, necesitaba calmarse y pensar, la noticia le había sentado muy mal, Joan podía estar en peligro y podría generarse una situación complicada en la academia. Pero también sabía que mantenerlo en el palacio no estaba bien y tampoco era buena idea ahora que Adam rondaba por allí, en cualquier momento el científico loco podía ocurrírsele empezar a experimentar nuevamente con él, y Oliver no estaba seguro de que pudiera detenerlo. Pensándolo en frío, tal vez no era tan mala idea que Joan estuviera en la academia, lo mantendría lejos de las manos de Adam y Víctor, incluso podía pedirle al rector, gran amigo suyo, que le diera un puesto temporal de profesor dentro para poder mantener los ojos sobre él y evitar cualquier inconveniente.
—Muy bien —dijo finalmente Oliver —dejaré que cumplas tu capricho Joan, no tengo muy claras tus intenciones, ni él porque de tú reciente interés por ingresar a la academia, pero no importa, creo que será beneficioso.
Los ojos violetas se llenaron de brillo y una sonrisa encantadora apareció en su rostro, corrió hacia Oliver y se abrazó a su cuello.
—¡Gracias! ¡Gracias!
El corazón de Oliver se ablandó y observó a su hermanito con dulzura, conmovido por su felicidad.

___________

Alexis suspiró algo preocupado, no había podido hablar con Zafiro desde el día anterior. Cuando había llegado a su casa, había encontrado una nota explicándole que debido a una urgencia con un paciente volvería muy tarde y que no lo debía esperar para cenar. En la mañana Zafiro todavía seguía durmiendo y no había tenido el coraje para despertarlo, debía estar exhausto por la ardua noche que había pasado. De todos modos, sería difícil poder hablar de su relación, las cosas se estaban complicando a niveles que nunca hubiera sospechado, todavía ni siquiera tenía claro que era lo que sucedía en su cabeza, pero sí había podido sacar una conclusión de todo eso, a pesar de todas las cosas que habían pasado entre ellos, seguía queriendo a Zafiro y no podía verlos sufrir como lo estaba haciendo.

—Te veo muy pensativo Alexis Novak —habló una voz que reconoció enseguida.
—¿Oliver? ¿Qué haces aquí?—preguntó sorprendido al darse cuenta que se trataba del castaño
—¿Qué? ¿Todavía no te ha llegado la noticia? Seré profesor en la academia por un tiempo.
—Qué curioso, justo ayer me encontré con Joan…
—Así es, será alumno de la academia a partir de hoy.
—¡Oliver! —Llamo su atención Joan acercándose a ellos— ¿Qué haces hablando con este idiota?
—¡Joan! Discúlpalo Alexis, es un niño malcriado que no sabe lo que habla
—No importa…—dijo el pelirrojo pero sus ojos observaron a Joan con disgusto.
—No te quito más tiempo, solo quería avisarte que todos los alumnos deben presentarse en el auditorio—le informó
—¿Que sucedió?
Antes de que Oliver pudiera contestarle, una presencia llamó la atención. La figura de Eliel Lewitts apareció ante ellos, pero era diferente a la que recordaban del joven. Su cabello había vuelto a crecer y caminaba con un aire solemne que los hacía atractivo. Eliel siempre había sido de esas personas que pasaban desapercibidas, a pesar de su blancura y sus ojos, había algo en él que hacía que los demás quisieran evitarlo, como si los espantase. Pero el aura de esta persona había cambiado completamente, ahora parecía magnética y nadie podía sacar sus ojos de su silueta.
Joan fue el que pareció más afectado por la presencia de Eliel. Sus ojos violetas se abrieron con sorpresa al ver al albino, y no dudó ni un minuto en acercarse al cazador.
—Joan ¡No!— le gritó Oliver siguiéndolo.
Cuando ya estaba a unos centímetros del albino se detuvo y lo observó, Eliel también se quedó quieto examinándolo. Joan levantó una mano y la dirigió hacia la mejilla blanca, Sus dedos estaban por tocar la suave piel, cuando una mano sujetó su brazo.
—No lo toques con tus sucias manos, alquimista— le advirtió Egon con desprecio mientras apretaba el brazo con fuerza.
—Suéltalo— se escuchó la voz de Oliver, y de la nada unas garras se clavaron en el cuello de Egon apretándolo de la misma manera que el guardián apretaba el brazo de Joan.
Una sonrisa ladina se dibujó en el rostro del cazador —¿Acaso piensas que una escoria como tú puede vencerme?—
—Parece que quieres probar el filo de mis garras— le retó Oliver
—¡Egon, Suéltalo!— la voz imperativa de Eliel se hizo escuchar, y enseguida, con disgusto, Egon soltó el brazo de Joan y con la misma rapidez con la que se había materializado, se esfumó sin dejar rastro.
—Maldito...— gruñó Oliver al verse con las manos vacías, le hubiera gustado hacer añicos a ese idiota.
—Lo siento— se disculpó Eliel. —Sus maneras no fueron muy apropiadas—
—No, yo... lo siento— dijo Joan sobándose el brazo —mi conducta fue inaceptable—
—Dejémonos de cortesías— le interrumpió Oliver.
Todos los alumnos en el patio se habían quedado observándolos, por suerte eran pocos ya que casi todos debían encontrarse en el auditorio. Suspiró con hastío, chocó sus palmas y el ruido se esparció como un eco por todo el patio. En ese mismo momento los alumnos volvieron a comportarse como si nada hubiera pasado, en pocas situaciones como la que acababa de suceder, Oliver sentía alivio de contar con sus poder para poder manipular las mentes.
Alexis y Gabriel que se habían quedado unos pasos atrás, dispuestos a ayudar a Oliver si era necesario, se acercaron a donde este se encontraba.
—Debemos dirigirnos al auditorio, los profesores tienen una noticia que darles — les avisó Oliver antes de marcharse
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—Ahora que todos se encuentran aquí, podemos empezar...— habló el director de la academia Arian Heller, era un hombre bastante joven, no llegaba a los treinta, de contextura delgada, su cabello de color castaño oscuro le llegaba hasta los hombros y sus ojos eran pardos. Tenía una expresión bastante aniñada e inocente en su rostro, pero todo aquel que lo había visto en un concierto, decía que su forma de tocar era agresiva y fuerte, al igual que su forma de enseñar
—Los profesores aquí presentes y yo pensamos que este año hay muchísimo talento dentro del instituto, por lo que hemos decidido agregar una nueva sección al concierto de fin de año que será el próximo mes. Hemos seleccionado varias parejas y queremos que aquellos que nombremos a continuación toquen en conjunto. Creemos que estos alumnos tienen una gran técnica y manejo del instrumento y son capaces de maravillarnos con sus interpretaciones. Les dejo entonces con el profesor Oliver Gëber quien fue el que me propuso esta magnífica idea.
Se escucharon aplausos y Heller se bajó del escenario cediéndole el lugar a Oliver.
—Buenos días mis queridos alumnos.
Un silbido se escuchó al fondo del salón, y le siguieron varias risas.
—Muy gracioso Aaron, espero que salgas con algo más original para el examen del próximo Miércoles— le contestó al estudiante que había silbado y otro par de carcajadas se escucharon entre los alumnos —Bueno... sin más nada que agregar, aquí están los nombres de las parejas que participarán en esta nueva sección de duetos. —Sacó un papel del bolsillo de su pantalón y se dispuso a leer la lista —Kris Müller y Dominic Gotlieb; Alexis Novak y Gabriel Gëber; Eliel Lewitts y Joan Gëber; André Scheber Y Luka Sander. Eso es todo, espero que los alumnos que he nombrado se presenten luego de comer en el aula 210 donde aclararemos cualquier duda y empezaremos a elegir y trabajar con las canciones que les apetezca tocar. Recuerden que solo falta un mes, por lo que tendremos que esforzarnos para llegar a tiempo a la fecha. Muchas gracias por su atención, y ahora por favor, vayan a sus clases.

#32

— ¡¿Por qué a Alexis tenía que tocarle con Gabriel?! ¡Maldito Oliver! Seguro lo ha hecho para vengarse de mí— se quejó Joan y mordió el pan con pollo que había comprado para el almuerzo.
—Tal vez puedes decirle a Oliver si pueden cambiar parejas— le propuso Luka que junto con André se habían sentado a comer en la misma mesa de Kris, Dominic, Joan y Alexis.
—No servirá— le contestó Joan a Luka —El idiota de mi hermano nunca cederá ante la idea, le conozco
—Pero Eliel es increíble, no podría pedir mejor compañero para que me acompañe con el violín que él, fue el favorito del rey. No creo que Oliver hubiera hecho mejor elección que juntarlos— opinó André.
Kris le dirigió una mirada antipática —Lamentablemente a mí me tocó Dominic, no creo que lleguemos muy lejos, ninguno de los dos se compara con la maestría que maneja Eliel—
Dominic que había estado comiendo en silencio al lado de Kris, se levantó de golpe —Muérete Kris Müller— le dijo y tiró el agua que había en su vaso arriba de su cabeza.
—¡Qué diablos...!— maldijo Kris levantándose pero no obtuvo respuesta de Dominic que sin decir nada salió del comedor.
Kris observó a sus compañeros con incredulidad. André y Luka se tapaban la boca tratando de contener una carcajada.
—Solo dije la verdad, es un idiota si se enoja...— masculló el morocho —Iré a secarme,
—Nosotros nos vamos al aula— dijeron André y Luka levantándose y los tres desaparecieron tras la puerta del comedor.
Finalmente se habían quedado los dos solos, Joan observó a Alexis que se encontraba sentado al lado suyo y que no había dicho palabra alguna desde que habían salido del auditorio. Estaba distraído observando a una de las mesas alejadas donde se encontraba Gabriel, no habían vuelto a hablar y Alexis tampoco se había acercado temiendo ser rechazado, después de todo lo que Gabriel había pasado por su culpa, no tenía las agallas para hacerlo, su relación había quedado en un hiatus y ninguno de los dos se animaba a dar el paso siguiente. Y ahora les tocaba hacer un dueto ¿Cómo podían tocar juntos si sus almas se encontraban en disonancia?
—¿Por qué tienes esa cara?— Le preguntó Joan
—No sé cómo mirar a Gabriel a los ojos después de todo lo que pasó—se tapó el rostro con las manos en un gesto de agobio —…pareciera que Oliver lo está haciendo a propósito para hacer mi vida más miserable—
El chelista sonrió —Tal vez Oliver les está dando el impulso que necesitan para poder arreglar sus asuntos ¿No crees?
—No lo sé ¿Por qué estás tan interesado ahora? ¿No estabas quejándote hace unos minutos por que Gabriel hará un dueto conmigo?
—Sí, pero también quiero que a Gabriel le vaya bien en el dueto, y no podrá hacerlo si está mal contigo. No te agobiaré más, pero piénsalo.

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—Ahora que hemos arreglado que canción tocará cada grupo, comenzaremos con unos ensayos, quiero ver la compenetración de cada pareja para saber qué es necesario que corrijan— explicó Oliver apoyándose en el Piano de cola. —Comenzaremos con Dominic y Kris... La pieza que tocarán es la Sonata en Si menor para flauta y clave de Bach. Es una melodía donde la flauta es el instrumento principal y el clavicémbalo es el acompañamiento, lo importante aquí es que Müller haga todo lo posible para que el flautista se luzca... ¿Escuchaste Kris?— le preguntó al pelinegro quien lo observó con prepotencia —Supongo que eso significa que sí, adelante muchachos...—
Dominic comenzó con una dulce y delicada melodía y el piano de Kris los acompañó con un ritmo suave en tonos bajos. La melodía había comenzado bien, pero a principios del desarrollo, ambos habían empezado en diferentes tiempos y la interpretación se había vuelto desprolija y desconcertante. Era como si ambos estuvieran hablando idiomas diferentes y no pudieran ponerse de acuerdo.
—Es mejor que paremos, creo que es obvio lo que tenemos que mejorar, por favor chicos, practiquen y sean pacientes el uno con el otro. Esta vez, Dominic ha tenido la culpa por cambiar el tempo, pero Kris tendría que haber sido capaz de seguirlo sin ningún problema. Esto es un tema de comunicación, espero que hayan mejorado para la próxima vez...
—Sí, profesor— respondió Dominic mientras que Kris lo observaba fastidiado
—La siguiente pareja será André y Luka...
Luka tocaba el oboe y André el arpa, en un principio cualquier pensaría que sonarían extraños juntos, pero verdaderamente eran dos instrumentos que se complementaban muy bien. Habían decidido tocar un dúo para arpa y oboe, una pieza escrita por un pequeño músico llamado Miramontes José Hilario.
—Su presentación ha estado bien, pero les falta emoción, la interpretación de ambos es muy técnica. Me gustaría que para la próxima clase investiguen un poco de la historia de la melodía que eligieron para tocar. Les recomendaría que se acerquen al despacho del director Heller, él sabe bastante acerca de la historia de la música.
Oliver se masajeó la cien algo cansado
—La siguiente pareja será Gabriel y Alexis.
Gabriel había insistido en tocar una melodía que sacara a relucir sus habilidades únicas, por lo que se habían decidido por el primer movimiento de la Sonata no 9 op 47 de Ludwing Van Beethoven que contenía un adagio sostenuto y presto. Comenzó a tocar su violín con su habitual destreza y fuerza, en un principio la melodía era tranquila, empezaba el violín con unos lentos y melancólicos acordes y el eco del piano le respondía con la misma suavidad, hasta que luego ambos instrumentos se iban uniendo, comenzando una melodía más rápida, que ponía en juego su destreza y su coordinación. Esa sonata no solo era conocida por su dificultad sino también por su fuerte emotividad, describiendo la más desbordante y jovial pasión. Alexis trató de seguirlo acompañándolo con el piano, pero le resultaba imposible, el violinista tocaba sin ninguna consideración hacia él.
—¡Gabriel!— le reprendió Oliver, interrumpiendo la interpretación —esto es un dúo no un solo, debes tocar en conjunto con Novak—.
—No es mi culpa si Alexis no tiene la destreza para seguirme, no voy a bajar mi nivel por él...
—¡¿Quién te crees que eres?!— gritó el pianista frustrado parándose para enfrentarse a Gabriel
Oliver suspiró y colocó su mano en el hombro de Alexis tratando de calmarlo —En parte tiene razón Alexis, no es usual en ti ser tan temeroso al tocar, deberías mostrar tus habilidades, yo sé que puedes hacerlo mejor.
El pelirrojo se sonrojó y apretó la mandíbula tratando de contener su rabia —Entiendo— susurró sintiéndose un idiota, quería terminar con todo esto lo más rápido posible.
—Y la última pareja... Eliel y Joan por favor pasen—
El albino se acomodó en el piano y Joan colocó su arco en las cuerdas del violonchelo posicionándose para tocar. Ambos habían decidido tocar, aconsejados por Oliver, el Allegro moderado de la Sonata en La menor de Schubert para Piano y Violonchelo, a pesar de ser un excelente violinista, Eliel era un experto pianista también, por lo que no le sería difícil cambiar de instrumento. El piano de Eliel comenzó a sonar y luego el violonchelo imitó el dulce y tranquilo sonido. Una hermosa melodía se escuchó de la unión de ambos instrumentos, era perfecta, atrapante, era increíble. La Sonata comenzó volverse más vivaz al ritmo del violonchelo al que Eliel se encargaba de adornar con el sonido del piano. Era como si sus almas estuvieran en perfecta unión una con la otra.
Al finalizar la música todos los observaron maravillados, incrédulos.
—Espectacular—describió Oliver igual de sorprendido que todos —este es el ejemplo de dueto del que hablo, una presentación perfecta. No tengo más nada que decir que felicitarlos— les halagó el castaño —Bueno, eso es todo por hoy. Espero mejoras para la próxima. Nos reuniremos nuevamente la semana que viene. Practiquen por favor—.
Todos salieron del aula, Joan se despidió de Gabriel y se quedó esperando a que Oliver terminara de guardar sus papeles.
—Lo hiciste a propósito ¿Verdad?— le sonrió con picardía Joan —Quieres que vigile a Eliel...
Oliver lo observó serio —Sí, ese era mi plan en un principio, pero no sabía que las cosas resultarían así—. Le contestó
—¿Qué quieres decir?
—Tengo un mal presentimiento sobre esto, no creo que sea lo mejor que estés demasiado tiempo con Eliel
—Ya no soy un niño Oliver, sabes muy bien que puedo cuidarme solo, no quiero ser una carga
El mayor suspiró con disgusto —Haz lo que quieras, pero por favor ten cuidado Joan.
—Eso haré.
El castaño no pudo evitar mirarlo con dulzura. —Escucha, debo ir a dejarle unos papeles a Heller. Si me esperas 15 minutos, nos vamos juntos—.
—Está bien, te esperare en el patio.
Oliver asintió y desapareció por el pasillo.

#33

El chelista se dirigió hacia la salida, el pasillo estaba en completo silencio, la mayoría de los alumnos ya se habían ido a sus respectivos hogares por lo que era normal, pero se sentía una extraña aura que lo ponía nervioso. No tardó en averiguar quién era el causante de esa inquietud, en la puerta se encontró con la conocida figura de Eliel Lewitts, su cabello blanco caía desprolijamente por su túnica y sus ojos lo observaban con intensidad y un brillo difícil de descifrar. Se acercó a Joan hasta quedar tan cerca de él que podía sentir su aliento chocar en su mejilla. El pelinegro extendiendo su mano para tocar el hermoso cabello blanco, observó por primera vez su rostro con detalle, y se maravilló al darse cuenta lo que ocultaban esos ojos rojos debajo de esas blancas pestañas.
—Tú, no eres humano.— murmuró abrumado
—¿Lo sentiste? — le pregunto Eliel.
—¿Sentir qué?
—¿Acaso no sientes algo extraño cuando me ves, como si me entendieras y te sintieras a gusto conmigo? ¿Comprendes por qué pudimos realizar esa sonata de una forma tan perfecta?

Su corazón se oprimió al sentirse completamente descubierto. Ellos prácticamente nunca habían hablado y aun así al tocar juntos, Eliel había sabido acompañarlo de una forma única como si supiera cómo y cuándo debía tocar cada nota para que las cuerdas de su violonchelo sonaran todavía más hermosas.
—¿Por qué siento esto?— le preguntó Joan.
El rostro de Eliel se ensombreció al ver la expresión de temor de Joan.
—Lo sabes pero te niegas a verlo, nunca vas a poder escapar de ello, esta en tu naturaleza—.
—No.
—Escúchame Joan.
—No, No...
—Tú y yo somos iguales.
—No sé a qué te refieres—. Le contestó el chelista llevando sus manos a sus oídos para no oírlo, pero Eliel se lo impidió sujetándole los brazos.
—Tú y yo, ambos fuimos humillados y denigrados por nuestros seres queridos. Todos nos temen y nos tratan como monstruos desde que nacimos. Tienes razón Joan, no soy humano, ya no sé que soy, los humanos me han rebajado, me han pisoteado, me han roto y ahora no soy más que basura para ellos. Me he convertido en el monstruo que ellos temían y lo único que me queda es este sentimiento. El pelinegro lo escuchó sintiendo como si estuviera hablando él mismo. Era exactamente lo que sentía, cada palabra y sensación que había descrito.
—Y sé... —, continuó Eliel —…A pesar de que tratas de negártelo y de resistirte, sé que anhelas y deseas una sola cosa, igual que yo—.
—Por favor Eliel detente—. Le suplicó con los ojos llorosos, no quería escucharlo.
Pero el albino no le hizo caso —La vida es sufrimiento. El dolor te ha llevado a darte cuenta de que tu naturaleza es la destrucción. Yo te enseñaré que puedes darle un buen uso, no sigas reprimiéndote. Eres único Joan, eres hermoso, y tu poder es la salvación.
—Yo no puedo hacerlo— murmuró Joan, levantó las manos y las llevo al rostro de Eliel, implorándole.
—Al igual que hice con la melodía de tu violonchelo, puedo hacer de tu poder una melodía hermosa. Yo te ayudaré a controlarlo, te daré la fuerza que nunca tuviste. — le susurró dulcemente acariciando con el dorso de su mano, la mejilla de pelinegro.
Un ruido como un golpe fuerte hizo que ambos se sobresaltaran. Unas grietas aparecieron de repente en una columna cerca de ellos y un poco de yeso se desprendió de esta.
—¿Qué fue eso?
—¡Joan!— la voz de Oliver se escuchó retumbando en las paredes del pasillo. Enseguida pudo ver la figura de su hermano acercándose hasta donde se encontraba.
—¿Estás bien? Escuché un fuerte golpe y una energía extraña que provenían de aquí ¿Qué sucedió?
—Si... Sólo...— volvió a girarse nervioso buscando la figura de Eliel, pero para su sorpresa, había desaparecido.
El castaño lo examinó con preocupación —¿Qué sucedió? ¿Por qué lloras?—
—No estoy...— se tocó sus mejillas y se sorprendió al sentir que estaban húmedas.
—Joan dime que sucedió.
Pero el pelinegro solo observó sus manos algo humedecidas por las lágrimas.

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La noche era calma y tranquila, demasiado tranquila para su gusto, como la paz antes de que se desate una tormenta. Había algo que le molestaba desde aquella tarde, el estruendoso golpe que había casi partido la columna en dos; estaba seguro que Egon tenía la culpa, había podido sentir la temible energía de su poder cuando había tocado la mejilla de Joan.
Sus temores no tardaron en hacerse realidad, pasaron apenas unos minutos cuando un bulto negro apareció en una de las esquinas de su habitación y se materializó en la imponente figura de su guardián que sigilosamente se acercó hasta su cama. Sintió como Egon lo sujetaba del cuello con fuerza y lo levantaba de la cama, Eliel se aferró a sus hombros observándolo con ojos tranquilos. El cazador aprovechó la tranquilidad del albino y besó sus labios con furia mordiéndolos, haciéndolos sangrar, haciendo que el albino gimiera adolorido. Se separó un poco de él y soltó su cuello haciendo que el menor cayera de rodillas en el colchón de su cama. El pelinegro lo observó con severidad, sus ojos negros lo miraban con una intensidad y una fuerza arrolladora. Se quitó su túnica quedándose con el torso descubierto. La tenue luz de la luna se colaba entre las cortinas dibujando eróticas sombras que marcaban sus músculos.
Acarició la mejilla de Eliel con suavidad, recorrió desde el fin de su pómulo hasta el comienzo de su barbilla y luego descendió por su cuello, enredando sus dedos entre los cabellos blancos. En su otra mano se materializó una sombra negra en forma de cuchilla.
Eliel abrió los ojos sorprendido y algo asustado. En ese mismo instante, el pelinegro tiró de su cabello blanco.
—Esa rata se atrevió a tocarte con sus asquerosas manos.
—No te atrevas— le advirtió Eliel con la voz temblorosa —¡Te mataré!
—Mátame si quieres, ya te dije, esto no lo hago por ti, no voy a reprimir ninguna de mis emociones, ya no...— le contestó, los celos invadían cada célula de su cuerpo de una forma que jamás había experimentado, quería borrar hasta el mínimo rastro de cualquiera que se atreviera a tocar el cuerpo de su Ángel.
Llevó la cuchilla al mechón de pelo y sin vacilar, lo cortó. Un desolador chillido salió de esos labios ensangrentados. Egon lo calló rápidamente con un beso, no quería que ese ruido despertara a Eren o Alphonse.
En un principio Eliel no le respondió y quiso alejarse, pero los brazos de Egon lo atraparon contra su cuerpo evitando que se separara. A pesar de sus esfuerzos no podía escaparse de ese poderoso agarre. El calor de ese cuerpo, el aroma que emanaba, la suavidad de su piel, la textura de sus vellos, todo en él era atrapante, delicioso. Adormecía su mente y despertaba sus sentidos. Lentamente comenzó a corresponder al beso, con cada roce de sus lenguas sentía que perdía una parte de su cordura. Pasó sus brazos por su cuello pegándose más a su cuerpo, clavó sus uñas a su espalda y rodeó su cintura con sus piernas.
El pelinegro lo apoyo suavemente en el colchón, masajeó con una de sus manos los muslos del albino mientras que acariciaba con la otra, la curva de su espalda y comenzaba a frotar su erección con la del otro.
—No quiero que nadie más te toque excepto yo. Sólo me perteneces a mí— le susurró al oído mientras abría el cierre de su pantalón. Eliel sintió como la presión y el calor se hacía paso entre sus carnes con dificultad. Cerró los ojos tratando de no llorar, era doloroso y salvaje pero era lo que necesitaba. Lo que Egon le daba era exactamente lo que estaba buscando.
—Soy solo tuyo...

#34

A veces sucede que uno duerme tan profundamente que cuando se despierta, tarda varios segundos en recordar quién es o dónde se encuentra. Esa fue la sensación con la que se despertó Eliel Lewitts. Por un momento su mente se había quedado en blanco, no sentía medio, ni dolor, ni sufrimiento, no sentía nada. Sólo esa molesta pregunta retumbaba una y otra vez dentro suyo "¿Dónde estoy?". Pero apenas si pasaron unos segundo cuando sintió como una avalancha de sensaciones comenzaban a acumularse en su cuerpo volviendo a recordar el dolor que significaba para él vivir. Como hubiera querido permanecer sin recuerdos por un poco más de tiempo.
Se levantó con esfuerzo como si su cuerpo pesara una tonelada. Se observó en el espejo, un mechón de cabello más corto que los demás caía hasta la mitad de su mejilla, era el que había cortado Egon la noche anterior en un ataque de celos. Se sintió miserable ¿Es que acaso no tenía la fuerza para enfrentarse a él? ¿Era tan débil? ¿Por qué no había podido detenerlo? Incluso lo había disfrutado, se sentía asqueado y patético.
Se colocó su acostumbrada túnica negra, pero en vez de dirigirse a la cocina Eren y Egon lo esperaban junto con otros sirvientes. Hoy era el día de su cumpleaños.

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Por tercera vez habían comenzado en tiempos diferentes.
—¡Maldita sea Dominic! ¡Concéntrate! ¡Esta es la tercera vez que no entras a tiempo! —le gritó Kris exasperado. Se levantó y comenzó a caminar de un lado a otro del salón tratando de calmarse.
Dominic lo observaba sin decir nada, él tenía la culpa, pero no podía evitarlo. Para cualquier persona se veía igual que siempre, con esa expresión arrogante en su rostro, pero sus ojos verdes se habían opacado, y era algo que no había pasado desapercibido para Kris.
El pianista dejó de caminar y observó al castaño con una sincera preocupación.
—¿Qué te sucede? Tú no eres así... generalmente soy yo el que comete los errores tontos
—Lo siento, tal vez es mejor que lo dejemos por hoy...-
Kris se mordió el labio sin saber qué hacer, sabía que lo que le pasaba a su amigo no era algo pasajero.
—Yo sé, que nos debemos una charla.
—No sé de qué hablas — el castaño se hizo el desentendido
Kris le levantó la barbilla para que lo observara —Dominic yo... —
El ruido de la puerta al abrirse los interrumpió. La figura de Joan apareció, junto con André
—Ah... Lo sentimos, no queríamos interrumpir— se disculpó Joan al darse cuenta de que el salón ya estaba ocupado.
—Ya habíamos terminado ¿Verdad Dominic?
Dominic lo observó con odio —Lo que tú digas— le contestó levantándose y dirigiéndose con pasos rápidos a la salida sin siquiera saludar.
—¡Oye! ¡Espera!— le pidió Kris saliendo tras de él.
Corrió detrás de Dominic mientras gritaba su nombre, pero el flautista no se detuvo.
—¿Vas a seguir ignorándome?
El castaño no le contestó.
Harto de la situación Kris corrió hasta alcanzarlo, lo sujetó del brazo y lo llevó cerca del depósito para poder hablar tranquilos sin que nadie los interrumpiera
—Tenemos que hablar— le dijo atrapando al más bajo entre la pared y su cuerpo.
—No hay nada que hablar, nada de lo que digas es lo que quiero escuchar. Me ha quedado muy claro tú prioridad.
—Vamos Dominic. ¿En serio estás celoso?
—Sí, estoy celoso, más que eso, lo detesto.
—Tú nunca te habías puesto así por algo como esto.
—Es cierto, antes no me molesta pero ahora ¡No lo soporto! No soporto ver como hablas de Eliel con esa devoción.— le confesó cerrando los puños con fuerza. —Yo te quiero Kris, te quiero más que como un amigo.
La declaración de Dominic lo dejó mudo, se conocían desde muy pequeños y le era imposible ver al flautista como algo más que un hermano. Guardó silencio, nada de lo que dijese podría contentar a Dominic, el pedía algo que Kris no estaba en condiciones de darle.
—Creo que lo mejor es que nos distanciemos por un tiempo—. Habló finalmente Dominic
Kris le acarició la mejilla, sus ojos negros lo observaron con tristeza.
—Tienes razón, creo, que es lo mejor
Dominic cerró los ojos tratando de retener las lágrimas —Si— dijo con un hilo de voz.

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Las rosas están igual de bellas que siempre Alphonse— le halagó Eren
—Me alegra complacerle mi señor
Los dos, junto con Eliel, recorrían el jardín.
—Es una suerte que justamente florezcan en esta época del año— opinó una voz cerca de ellos. Los tres observaron a la figura que aparecía ante ellos y de la cual provenía esa voz. Era un hombre mayor pero no por eso su fuerte cuerpo dejaba de ser imponente y majestuoso, sus ojos eran de un brillante color miel, y alrededor de sus labios se dibujaba una prolija barba canosa, se trataba de Abel Shwarz uno de los sabios del Consejo. Al lado suyo apareció su ayudante, un joven cazador de cabello negro y largo llamado Irving Müller.
Eliel y Egon se arrodillaron ante él mostrando sus respetos, Eren también agachó su cabeza.
—Mi señor— le saludaron
—Buenas tardes cazadores— les saludó Abel
—Déjeme escoltarlo, lo estábamos esperando impacientes—le pidió Alphonse y comenzaron a camina junto con Eren
Abel accedió
— Irving, tú quédate, hay temas que debemos tratar con Eren a solas.
El siervo asintió quedándose en su lugar mientras veía como su amo se marchaba
—Buenas tardes, mi nombre es Irving Müller, encantado— se presentó cordialmente ante Eliel
—Tú debes ser pariente de Kris Müller
Irving bajo la mirada algo avergonzado —Sí, es mi primo— murmuró
Eliel sonrió —Kris tiene un carácter muy especial, siempre tiene esa sonrisa soberbia en su rostro.
—Yo... lo siento señor, cuando lo vea le reprenderé
—No, no lo decía por eso. En verdad Kris es una persona muy interesante, muy leal a sus amigos. Supongo que tú, Irving, debes ser de una naturaleza similar ¿O me equivoco?
—No me gusta hablar de mi familia, es deshonroso provenir de un clan de alquimistas.
—Pero ahora sirves a Dios, tus pecados y los de tus antepasados están siendo limpiados— dijo una sombra que apareció al lado de Eliel, era Egon.
—Así es señor Egon, usted debe entenderme ya que proviene de una familia similar a la mía

Eliel no pudo evitar torcer los labios en signo de disgusto, que terrible ver cómo los cazadores hablaban de los alquimistas con tanto desprecio, cuando sin duda eran seres increíbles que manejaban la fuerza de la naturaleza. Recordó la dulce sonrisa de Cyan, nunca había conocido magia tan pura y hermosa como la que le había enseñado aquella vez el alquimista. Ni siquiera las armas bendecidas de los cazadores podían compararse a la pureza de las rosas de Cyan.

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Habían comenzado a ensayar y el resultado era siempre el mismo, Gabriel mostraba el mismo desinterés por tocar en conjunto con Alexis, iba a su ritmo y a su manera, y no respetaba en absoluto los tiempos del piano, parecía que lo estuviera haciendo a propósito para fastidiarlo. Era difícil reconocer a la pareja que hacía unos días había sido alabada por el mismísimo Rey de Prusia.
—Esto no está funcionando— le dijo Alexis harto de la situación
Gabriel lo observó de forma inexpresiva
—Gabriel... — le dijo acercándose a él, tratando de ser paciente y comprensivo, lo más que le dejaba su carácter —creo que deberíamos hablar y...-
—Parece que hay algo que no comprendes Alexis... No me importa si esto no está funcionando para ti. Si la interpretación sale mal, tú vas a quedar mal, no yo. Será porque no estás a mi nivel y no puedes acompañar mi violín ¿Entiendes? Si quieres renuncia, por mi mejor, has lo que quieras, no me importa.
El rostro de Alexis mostraba una expresión entre asombro y dolor. Levantó la mano y le asestó un puñetazo
—Ojalá nunca te hubiera conocido Gabriel Gëber.
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—Ya tenemos todo listo mi señor— le informó Eren arrodillado ante los pies de Abel que yacía sentado en uno de los sillones de la habitación.
Abel sonrió con malicia —Finalmente tus cazadores servirán para algo.
El rubio tensó la mandíbula, pero no dijo nada
—¿Y cuándo piensan poner nuestro plan en acción? Ya quiero tener la fuente de la vida eterna en mis manos, este nuevo descubrimiento nos dará un poder que jamás creímos. Sabíamos que los Novak habían encontrado el camino a la inmortalidad y estuvimos años esperando el momento en que una pista nos llevara a tal conocimiento. Pensar que ha estado bajo nuestras narices todo este tiempo sin que pudiéramos apoderarnos de él, si no fuera por la ayuda del sabio Adam, todavía estaríamos en la penumbra.
—Lo haremos la próxima Luna nueva, será más fácil infiltrarnos y huir sin dejar huella
—¿Lo hará Egon verdad?-
—Sí, su Corpse Cadáver le permite escabullirse entre las sombras sin ser percibido por casi nadie.
—Sabes que estamos hablando de Zafiro Novak, no creo que les sea tan fácil burlar su guardia
—Egon está preparado para enfrentarse a él si es necesario, no por nada es uno de mis cazadores más preciados.
—Tienes razón, pero no te confíes, espero que la misión sea un éxito. En estos momentos de debilidad no sería bueno para la iglesia llamar la atención de nuestros enemigos.
—Cuente con eso mi señor.

#35

La cena transcurrió en paz, como todos los años, era más un homenaje a la presencia de Abel que el cumpleaños de Eliel. No había nada que festejar aquel día, sólo se recordaba como el día que nació aquel experimento fallido, así que era mejor obviar el verdadero significado de esa fecha.
—Eliel ha crecido notablemente— dijo Abel —Ya no es ese niño débil que parecía estar al borde de la muerte.
—Eliel ha crecido para convertirse en un cazador de élite— le contestó Eren
En el rostro de Abel se dibujó una sonrió burlona —Eso es mucha responsabilidad, espero que este pequeño pueda con tremendo cargo. Con ese cabello largo y ese rostro, parece una mujercita, espero que no sea igual de débil de lo que aparenta.
— Eliel es un hombre hecho y derecho, con decisión y carácter. — le respondió Egon con molestia
—Claro, no quería ofenderlo, yo sólo me preocupo por la salud del pequeño.
—Está en perfectas condiciones y no gracias a usted sabio Abel...—volvió a hablar Egon esta vez con un tono más fuerte.
—¡Egon, por favor!—le reprendió Eren. —Disculpe sus modales
—No te preocupes Eren, no se podría esperar más de alguien que proviene de un clan de alquimistas.
—Le recuerdo, señor Abel, que gracias a alguien como Egon, usted podrá tener en sus manos el secreto de la inmortalidad — le interrumpió Eliel
— Mocoso impertinente, tú estás en este mundo gracias a mí ¿Cómo te atreves a cuestionar mis palabras?
—Sí, lamentablemente existo gracias a su incompetencia.
—¡Eliel! ¡Cómo te atreves a hablarle así! ¡Una palabra más y te daré un castigo que recordarás de por vida!— les interrumpió Eren
Una sonrisa soberbia apareció en el rostro del sabio.
—Lo comprendo, es joven y no sabe lo que dice.
—Por favor, le pido mis disculpas señor.
Eliel no dijo nada más, no debía llamar la atención de un sabio, y menos ahora que su verdadera naturaleza estaba surgiendo. Cuando tuviera la suficiente fuerza, los mataría a todos con ayuda de Egon. Ahora debía ayudar a obtener el relicario, que era el siguiente objetivo de los cazadores, cuando lo tuviera sería capaz de llevar a cabo su plan, destruir el consejo de los sabios y encontrar una forma de liberar a su madre de aquel sueño eterno en el que se encontraba.

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Luego de la cena Eliel se sentó en el jardín frente a la ventana que daba a la habitación de su madre, tantas veces había querido ir a visitarla, pero el miedo de verla así y la culpa de ser la persona que la había dejado en ese estado no lo dejaban acercarse a ese cuarto. Cuando ya no podía mantenerse despierto y sus ojos comenzaban a cerrarse, se dirigió a su habitación, cerró la puerta y se tiró exhausto en su cama. Pronto pudo sentir unos brazos que lo rodeaban y abrazaban con ternura. Unas manos acariciando con suavidad la suyas, no tuvo que abrir los ojos para saber de quien se trataba, su olor, sus caricias, sus labios, sabía que era Egon.
—Abre los ojos— le susurró el pelinegro
Eliel sintió algo frío y cuando abrió los ojos pudo observar que en su dedo anular su guardián le había colocado un anillo, era de plata y en el medio llevaba incrustado un rubí.
—Su belleza se asemeja a la tuya, siempre que lo veo te recuerdo. Mi abuelo se lo dio a mi padre, y luego lo heredé yo, es una reliquia familiar, es símbolo de fortaleza y fuerza, para que nunca olvidemos de donde provenimos y cuál es nuestro deber. Quiero regalártelo, quiero que sea tuyo.

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Caminaba por el jardín cuando una voz conocida lo hizo detenerse.
—Vaya, un guardián enamorado de su amo. Nunca pensé que podría presenciar algo tan inaudito y absurdo— se burló Irving
Con un movimiento rápido, Egon tomó al cazador del cuello y lo azotó contra el tronco de un árbol
—¿Qué es lo que quieres? Si hubieras querido delatarme ya lo hubieras hecho
Irving rió divertido —¿Qué pensabas? ¿Qué ibas a poder despistarme con tú burdo manejo de las sombras? No puedo creer que me hayas subestimado tanto.
Egon presionó más fuerte el cuello del menor —Habla...—
—Quiero que destruyas a Abel— los ojos grises de Irving lo observaron con una determinación y un odio que lo convencieron de que estaba diciendo la verdad.
El pelinegro lo soltó del cuello y largó una carcajada —Sabía que esos ojos salvajes todavía llevaban la rebeldía de tú linaje Irving Müller, después de tantos años sirviéndole pensé que te habías convertido en su marioneta—.
—Él me ha quitado mi honor, mi dignidad y mi libertad ¿Cómo podría serle fiel a la persona que me ha ultrajado de esa manera? Me he mantenido a su lado esperando el momento oportuno...
—¿Qué te hace pensar que este es el momento oportuno?
—No actuarías tan desvergonzadamente si no tuvieras un plan.
Egon se quedó pensativo unos minutos —Creo que podemos llegar a un acuerdo que nos beneficiará a ambos—.
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La última nota de la Sonata en La menor de Schubert hizo eco en el salón.
—¿Qué te sucede?— le preguntó Eliel —estás muy distraído—.
Joan dejó el violonchelo a un lado y se levantó.
—Creo que deberíamos dejarlo por hoy, tengo cosas que hacer y...
—¿Por qué me evitas?— le preguntó el albino acercándose
Joan desvió la mirada —No te estoy evitando... sólo tengo cosas que hacer—.
Quiso girarse para guardar su instrumento pero la mano de Eliel lo sujetó del brazo.
—Eres muy malo mintiendo ¿Es por lo que hablamos la otra vez?
Joan se deshizo del agarre y lo observó a los ojos con una mirada desgarradora
—Quiero olvidar todo lo que me dijiste, quiero pensar que es una vil mentira para manipularme ¡Pero no puedo! —.
—No estás sólo Joan, yo estoy contigo.
—Eliel...— sollozó el chelista
Fue entonces cuando Eliel lo vio, un símbolo escrito en la frente de Joan, levantó su mano y pasó su dedo por encima del símbolo, haciendo que unas líneas se desdibujaran. Apenas las líneas se borraron, el cuerpo de Eliel tembló como si hubiera recibido una descarga eléctrica. Instintivamente quitó su pulgar de la frente de Joan y retrocedió unos pasos.
En el rostro del menor apareció una sonrisa pícara y en sus ojos se podía percibir la malicia
—Así que tú eres lo que él quiere ocultar—. Aseguró el albino.
—Vaya, debes ser bastante poderoso como para poder ver el sello y haberlo levantado con el solo movimiento de tu pulgar. Pero no te equivoques, yo soy Joan, somos lo mismo, sólo que Oliver había sellado una parte de mí para poder controlarme.
—Lo comprendo, tú aura es imponente.
—¿Te aborrece saber que tu querido Joan, no sea el niñito indefenso que parece?—
—Puedo ver más allá de ese sello, nadie te conoce y te entiende mejor que yo, somos lo mismo, monstruos creados por los hombres—.
Joan lo observó con sus ojos violetas, su expresión era seria
—¿Qué quieres de mí Eliel Lewitts? ¿Por qué has roto el sello?
El albino le sonrió y acarició su cabello negro
—Quiero liberarte, dejar fluir tu naturaleza, eres una criatura salvaje, indomable, hermosa, con un don increíble.
Joan largó una carcajada —Que gracioso que llames a esto don cuando es... ¡UNA MALDICIÓN!— le gritó con el rostro desfigurado por las ira, para luego comenzar a reírse a carcajadas —Sabes lo difícil que era para mí poder controlar esto, y ahora tú lo has desatado... —sujeto un mechón blanco del cabello de Eliel—. Sabes que podría matarte ahora mismo si quisiera ¿Verdad?— el cabello blanco tocó los labios del menor y enseguida se tornó negro y luego se desintegró
—Ups.
Eliel lo observó serio, levantó su mano derecha y con una fuerza y una rapidez descomunal azotó al pelinegro contra la pared, Joan se desplomó en el piso. El albino se acercó y tiró de su cabello para levantarlo, el chelista había quedado completamente aturdido por la brusquedad del golpe.
—No voy a rogarte que vengas conmigo Joan, no es necesario, pronto vendrás corriendo hacia mí, implorándome, pidiéndome clemencia ¿Sabes por qué? Por qué soy el único que puede controlarte, no vas a poder resistirlo—.
Joan se rió. —Antes que pedirte ayuda, prefiero morir—.
—Eso lo veremos— le dijo Eliel y luego lo soltó, un sonido seco se escuchó cuando el cuerpo chocó nuevamente en el piso —Me necesitas Joan, tanto como yo te necesito a ti—
Eliel se dirigió hacia la puerta del salón, pero antes de salir se detuvo —Si te metes en mi camino, te mataré— le advirtió y luego caminó fuera de la clase, el eco de sus pasos rebotó en las paredes del pasillo.

—¿No me vas a decir nada?— preguntó Eliel luego de cerciorarse de que no hubiera nadie cerca.
Un cuerpo se materializó de una sombra y comenzó a caminar a su lado —¿Qué quieres que haga? ¿Qué te aplauda?— le preguntó sarcásticamente Egon
—No estoy de humor para una de tus escenas —le advirtió el albino.
—Que mal humor, parece que las cosas no están saliendo como esperabas— le dijo con una voz burlona —¿Qué pensabas? ¿Qué ese ser despreciable te aceptaría?—.
—Esperaba una reacción así de su parte.
—Entonces ¿Por qué tienes esa expresión tan dolida?
—Porque no deseo que sufra— le respondió honestamente Eliel
Egon se colocó delante de él y lo levantó del cuello, en sus ojos negros se podía ver la furia contenida
—Sabes que esto no se quedará así Eliel.
—Haz lo que quieras, pero si tus acciones hacen peligrar mi plan no dudaré en matarte, sabes que lo haré— le contestó con frialdad
El guardián lo soltó y sus facciones volvieron a ser inexpresivas.
—Sí mi señor —susurró para luego desaparecer entre las sombras.

#36

No tuvo que acercarse para saberlo, apenas lo vio en el salón, supo que algo andaba mal con Joan, su mirada, sus gestos, todo en él lo delataba. El sello se había roto.
Había vivido un par de veces ese momento de calma antes de la tormenta, el cuerpo de Joan se volvía inestable, comenzaba a temblar, sus manos y sus labios se ponían azules, su mirada era errante, y su capacidad de concentración era casi inexistente. Oía voces de personas que no estaban ahí, veía cosas que para los demás les era imposible percibir.
Joan se giró y sus ojos sorprendidos se encontraron con los de Gabriel. El violinista se quedó helado al ver en esos ojos violetas una sombra que hacía mucho tiempo no percibía, esa expresión de locura que había aparecido en su rostro no era nada bueno.
—Hermano...
—No puedo creerlo… el sello…— murmuró Gabriel mientras empujaba a Joan hasta una esquina del patio para poder hablar con el lejos de los demás. —¿Oliver lo sabe?
El chelista negó con la cabeza.
—Debemos avisarle, es peligroso ¡Qué idiota fui! ¡Debí haberle hecho caso! No tendrías que haber venido nunca a la academia.
—¡No! ¡Hermano por favor no le digas! ¡Yo lo puedo controlar, enserio!— le pidió con desesperación, la última persona que quería que se enterara era Oliver, después de todo lo que había tenido que sacrificar para hacer un sello lo suficientemente fuerte como para contener su poder. Realizar otro sello significaba perder parte de su energía vital.
Gabriel lo abrazó —Eres mi hermanito menor, haría cualquier cosa por ti Joan... Pero no puedo dejar las cosas como están, por tu bien y el bien de los demás, debemos realizar otro sello, y el único que puede hacerlo es Oliver—.
Joan se aferró a la camisa del violinista y comenzó a llorar.
—Al menos déjame disfrutar de este último día como una persona normal
Gabriel acarició la cabeza del menor.
— No puedo negarte esa petición, pero para seguridad de todos me quedaré junto a ti y me asegúrate que no haya ningún inconveniente.
—Gracias hermano.

Era momento de regresar a clase, caminaron por el patio que conducía a las aulas, conforme avanzaban comenzaron a notar algunas miradas extrañas dirigidas hacia ellos y cuando quisieron ingresar al edificio un grupo de alumnos les impidió el paso. Uno de los chicos se acercó a ellos, era Aaron Dietrich, quien observaba directamente a Joan con un odio y una furia desmesurada.
—Nunca me creí eso del incendio sabes, era demasiado conveniente para ustedes que mis padres murieran, ellos sabían demasiados secretos de su familia. Si tienes todavía algo de humanidad en ti, dime la verdad Joan Gëber ¡Tú los mataste! ¡¿Verdad?!
Joan se había quedado paralizado. De pronto, imágenes de aquel día habían comenzado a aparecer en su cabeza, veía sangre por todos lados y un placer y gozo que hacía tiempo había olvidado, para él la destrucción y la muerte eran una adicción, era parte de su naturaleza y por más que luchara nunca escaparía de aquello, porque era inherente en él.
—¡Contesta! ¡Asesino!— le gritó Aaron
—¡Asesino!— gritó otro chico del grupo
—Es una escoria
—¡¿Cómo te atreves a hablarle así a mi hermano?!— le gritó Gabriel estrellando un puño contra la cara de Aaron.
—¡Maldito hijo de puta!— le gritó Aaron con el rostro ensangrentado y se incorporó para devolverle el golpe.
—Joan... —Alexis apareció y trató de llamar la atención del pelinegro que parecía en una especie de estado de shock, al ver que no le contestaba quiso sujetarle la mano para alejarlo de ese caos, Aaron y Gabriel habían iniciado una feroz pelea.
—¡No me toques!— le gritó Joan, estaba haciendo todo lo posible para contenerse, pero en cualquier momento explotaría. No podía hacerlo, si lo hacía Oliver...
Un desgarrador gritó surgió de su garganta mientras lágrimas de sangre comenzaron a deslizarse por su mejilla.

Oliver al escuchar la conmoción que se estaba armando fuera, inmediatamente fue a ver que sucedía. Se hizo paso entre los alumnos que habían salido a ver. Una sensación de horror e impotencia se formó en su interior al ver la escena. Su hermanito Joan se encontraba arrodillado en el suelo con el rostro mirando hacia el cielo e hilos de sangre manchando sus mejillas.
Se acercó donde estaba Joan y lo tomó entre sus brazos.
—¡Ayúdenme! —le gritó a Alexis y Gabriel quienes observaban la escena atónitos. Rápidamente volvieron en sí y se acercaron a ayudar. Oliver tomó a Joan en sus brazos y se lo cedió a Gabriel, el menor parecía haberse desvanecido.
—Llévalo a la enfermería, no lo sueltes por nada del mundo —le pidió el castaño. Luego volvió su mirada a los alumnos que lo observaban sorprendidos y horrorizados, no perdió tiempo, respiró hondo y chocó sus palmas borrando los recuerdos de las personas presentes.

Apenas llegaron a la enfermería Joan recobró la conciencia y comenzó a gritar tratando de librarse del agarre de Gabriel.
—¡Mis ojos!—gritó, entonces comenzó a reírse a carcajadas y finalmente su risa se volvió una cínica mueca en su rostro y dejó de moverse —Suéltame o te mataré a ti también —le advirtió a Gabriel.
En ese instante Oliver entró por la puerta.
—¡Déjenme!— volvió a gritar y patalear —¡Este mundo está podrido, esta vida es un infierno y todas las personas están desquiciadas, merecen sufrir!—
Oliver apartó a Gabriel y sujetó fuertemente el rostro de Joan con sus manos
—¡Eso no es cierto Joan! ¡El mundo no es sólo sufrimiento y muerte!
—Oliver... —gimió el menor
El castaño unió su frente con la de su hermano.
—Joan... Yo... te quiero —le confesó y luego el pelinegro se desmayó
—¡Joan! —gritaron ambos Alexis y Gabriel
—No se preocupen, yo bloquee su mente. Necesitamos a un manipulador del N'ame con urgencia.
—Kris Müller... su poder es demasiado débil con para poder revertir el daño, pero tal vez pueda contactarnos con algún familiar— opinó Gabriel
—No, ellos tienen un acuerdo con los Lewitts, jamás aceptarían.
— Tal vez mi... tío podría ayudar— acotó Alexis algo inseguro
Oliver tomó a Joan en sus brazos
—Llévame con él.

#37

Zafiro colocó nuevamente las manos sobre los ojos de Joan y volvió a inyectarle energía vital. En ese momento apareció Alexis con las hierbas medicinales que le había pedido. El mayor machacó las hierbas hasta que quedó en el recipiente una pasta que echó en un paño y lo colocó sobre los ojos del chelista.
El hombre observó a Oliver
—Es todo lo que puedo hacer por ahora. Su visión no volverá a ser la misma, se verá bastante disminuida, pero no perderá la vista. Todo dependerá de cómo evolucione en este tiempo—.
El castaño cerró los ojos y suspiró aliviado —Gracias, no sé cómo agradecerte todo —
—¿Que sucedió? ¿Porque Joan comenzó a sangrar asi?— preguntó Gabriel todavía muy consternado
—Está muy débil, no recibir la energía apropiada que necesita su cuerpo lo está matando de a poco. Al romperse el sello que mantenía su poder controlado, su cuerpo se desestabilizó por completo—. Zafiro se levantó y caminó hacia la puerta de la habitación llevándose con él unas vendas sucias y algunos frascos vacíos—En cuanto haya terminado de atender a Joan apropiadamente, por favor márchense—. Le pidió Zafiro de forma hosca y luego salió de la habitación.
—Disculpen a mi tío, pero es que... entenderán que nuestras familias no están en los mejores términos.
—Sí, comprendo. No te preocupes Alexis, han hecho muchísimo por nosotros, incluso nos han dejado pasar la noche aquí. Muchas gracias.
—Gabriel es mi amigo, haría lo que sea por él.
Oliver le sonrió —Necesito pedirte un último favor Alex ¿Podrías dejarnos unos minutos a solas?-
—Sí, por supuesto.
Apenas el pelirrojo salió por la puerta, los ojos de Oliver observaron a Gabriel con severidad.
Gabriel sonrió de lado y lo miró desafiante.
—Vaya, esa confesión de amor no me la esperaba ¿Era igual de verdadera que cuando me juraste que nos sacarías de la miseria en la que vivimos?
Los rasgos de Oliver se volvieron felinos, cerró su puño y le asestó un golpe en el estómago. Gabriel se dobló del dolor y de su boca salió un jadeo que luego se convirtió en una risa. El castaño lo sujetó de la camisa y lo golpeó contra la pared.
—¡Es todo tú culpa! ¡Tú le tenías que incentivar a que sea una persona normal! — le gritó furioso y volvió a golpearlo esta vez en el rostro, la nariz de Gabriel comenzó a sangrar —¡Y yo como un idiota te lo permití! ¡Y ahora Joan sufre!—.
Gabriel escupió un poco de sangre y giró hacia Oliver observándolo impávido.
—¡Él tiene derecho a sentirse una persona normal!
—¡Pero no lo es!
—¡Él no es un monstruo!-
—Vete antes de que te mate—.Le advirtió Oliver —¡Desaparece de mi vista!—
Gabriel lo observó desafiante, pero decidió que era momento de dejar que las cosas se enfriaran, no iba a lograr nada si se quedaba ahí recibiendo golpes de su hermano.
Salió del cuarto y se encontró de lleno con Alexis.
—No sabías que fueras tan entrometido— le increpó Gabriel
—Si Zafiro te ve en ese estado los echará. Acompáñame.

Alexis lo guió hasta una habitación y cerró la puerta tras de sí. Era un cuarto pequeño, con una cama, un armario y un escritorio. Gabriel se sentó en la cama, el pelirrojo tomó de un canasto un poco de alcohol y algodón y comenzó a curar la herida del rostro.
—Su adorado Joan está así por mi culpa.
—No es tú culpa.
—Yo insistí para que él se quedará en el Instituto sabiendo que había una gran posibilidad de que algo así pasará.
—Tú hiciste lo que pensabas que era mejor para Joan— le contestó Alexis, moviendo un poco la cabeza del pelinegro para poder ver mejor un corte en su labio. —Todavía las heridas de los otros días siguen frescas, deberías alejarte de las golpizas Gabriel, sino terminaras con el rostro desfigurado.
Gabriel pudo observar una fotografía en el escritorio, era un hombre de cabello largo, bastante parecido a Alexis, sonriendo junto a una mujer de cabello castaño.
—Eran mis padres, pero ambos fallecieron. Mi madre murió cuando me tuvo, y mi padre los siguió unos años después debido a una enfermedad.
—Lo siento— murmuró Gabriel
—Déjame ver tu estómago.
— ¿Cómo sabes que estoy lastimado...
—He pasado gran parte de mi vida cuidando enfermos y heridos.
Gabriel se quitó su camisa dejando ver su pálido torso todo cubierto de cicatrices. Era eimpactante la increíble cantidad de cortes y quemaduras que tenía.
Se arrodilló frente a él y su mano acarició el duro torso, la zona debajo de la costilla derecha estaba roja, pero no parecía nada grave. A pesar de eso su mano siguió acariciando la piel, bajó por su vientre, sintiendo que la respiración de Gabriel se aceleraba, se atrevió entonces a bajar por su pantalón, un jadeo se escapó de los labios del pelinegro. Levantó la cabeza para observarlo, sus mejillas se habían puesto rojizas y sus labios estaban entre abiertos, pero en cambio sus ojos azules mostraban terror.
Alexis se detuvo ¿Por qué tenía esa mirada?
Gabriel tomó el rostro del pelirrojo entre sus manos.
—¿Por qué haces esto Alexis? ¿Acaso te doy lástima?— sus labios se rozaban, sintió su nariz acariciando su mejilla
—No—. Fue lo único que salió de sus labios.
Los dedos de Gabriel presionaron su mejilla con fuerza lastimando la piel con sus uñas.
—No lo entiendes ¿Verdad? No hay forma de que lo comprendas ¿Acaso no vez como te trato? Tú no me interesas
Gabriel lo observó intensamente con sus ojos azules y luego suspiró, suavizando la mirada.
Como si esa pared invisible que evitaba que viera lo que había en su interior se hubiera desvanecido de un momento a otro, los ojos de Gabriel comenzaron a descubrir su verdadera naturaleza, la emoción desbordante y arrolladora que motivaba y movilizaba el espíritu de Gabriel era el odio puro. Un terrible y profundo dolor oscurecía su alma, tanto sufrimiento emanaba de su alma que le era casi imposible respirar, estaba marcado en su piel, era espeluznante; Su ira era terrible, no había espacio para nada más, todo lo ocupaba el dolor y la soledad y la furia. Pero antes de que Gabriel apartase su mirada, pudo ver una luz, un hálito de esperanza.
El cuerpo de Alexis empezó a temblar, no podía controlarlo.
— No hay espacio dentro mío para albergar algo por ti, lo único que me motiva a vivir esta ira —le susurró Gabriel.
Alexis se estiró y alcanzó los labios de Gabriel presionándolos con los suyos.
—¿Qué haces?
—Te beso —le susurró
—Pero…
—Tu alma está llena de dolor, solo quiero que tengas al menos un recuerdo placentero.

#38

Entró a la habitación con una jarra que contenía una infusión de hierbas medicinales. Joan todavía seguía dormido y Oliver se encontraba sentado pacientemente frente a él. Zafiro levantó el paño que había colocado en los ojos del menor y volvió a apoyar sus manos sobre los párpados, pero enseguida las quitó.
—Es increíble como su cuerpo absorbe mi energía vital, como si fuera una esponja —observó a Oliver con expresión atónita. —Había leído sobre este don pero nunca había conocido a alguien que lo tuviera hasta que conocí a Joan. Es increíble cómo ha evolucionado en estos años.
Oliver rió.
—Más que un don es una maldición. A diferencia de los manipuladores del N'ame que liberan energía vital, el Gros Bon Ange absorbe la energía de todo aquello con lo que tiene contacto. Es un poder inusual que destruye las células del individuo que lo posee. Para mantenerse con vida el manipulador debe absorber la energía vital de otros individuos para restaurar el equilibrio de su cuerpo, sin ella su cuerpo comienza a deteriorarse rápidamente. Lamentablemente yo soy una de las pocas personas que puede acercarse a Joan en este estado sin terminar muerto, con mi poder para manipular la mente puedo calmar su sed y puedo protegerme parcialmente de su hambre, por un determinado rango de tiempo.
Zafiro colocó en los ojos de Joan un nuevo paño empapado con la infusión de hierbas que había traído.
Oliver sonrió con tristeza.
—No sé cómo pudo pasar que su sello se rompiera. Ahora no se si podré restaurarlo de nuevo.
Zafiro lo observó inseguro, sabía que se arrepentiría después, pero algo en los ojos desesperados de Oliver le había hecho sentir empatía por él. Sabía lo que era el dolor de ver el sufrimiento de la persona que más amas y no poder hacer nada.
—Yo puedo ayudarte, después de todo, mi especialidad son los sellos.
Oliver le sonrió con gratitud —Nunca podré pagarte todo lo que están haciendo por nosotros.
—No me lo agradezcas. —le contestó Zafiro —He escuchado mucho sobre ti Oliver Gëber, el hombre bestia, otra patología desconocida para mí—
—Soy el resultado de un experimento de mi tío, una desagradable rata de laboratorio.
—Todos nosotros hemos nacido de la experimentación de nuestros antepasados— opinó Zafiro

___________
Joan se despertó exaltado, su primera reacción fue quitarse el paño mojado que tapaban sus ojos pero una mano lo detuvo
—No puedes quitarte la venda, debes esperar. —susurró Oliver.
Su dulce y grave voz hizo que se tranquilizara, era un alivio sentir su presencia al lado suyo.
—Lo siento, siempre te causo problemas.
—No digas esas cosas Joan, eres mi hermano.
Joan comenzó a reír.
—Pero te gustaría que no lo fuera ¿Verdad? —el pelinegro acarició la mano de Oliver —¿Qué quieres que sea para ti Oliver? Puedo ser lo que tú quieras, tú amigo, tú cómplice, tú amante—.
—Joan.
—¿Pensaste que me olvidaría de esas palabras? ¿Cómo podría olvidarlas? Es lo único que evitó que no los matara a todos en ese mismo instante.
Deslizó su mano por el brazo de su hermano, por su hombro, su cuello y finalizó posándola en sus mejillas
—Cómo me gustaría ver la expresión de tu rostro en este mismo instante ¿Será de reproche, de sorpresa.... de tristeza? Aunque tal vez puedo hablar así porque no soy capaz de verlo, no sería capaz de resistir tus ojos tristes.
—Este no es el momento Joan.
—¡¿Cuándo es el momento?! ¿Cuándo me muera? ¿Cuándo te mate?
—Eso no va a pasar, debes descansar y recuperarte.
—Mi cuerpo se está deteriorando Oliver, y la única forma de seguir viviendo es extinguir la vida de alguien.
—He encontrado a una persona que me ayudará a realizar el sello de nuevo.
—El sello no sirve de nada, sólo retrasa lo inevitable. Mi cuerpo está llegando al límite, no lograrás nada, sólo perder parte de tu energía vital.
Oliver acercó su rostro al de su hermano y besó su frente —No lo sabremos si no lo intentamos. —quiso apartarse pero las manos de Joan lo evitaron.
—Te amo Oliver, te amo tanto que es insoportable. El sello mantenía adormecido gran parte de este sentimiento, no quiero volver a perder esto, no quiero que vuelvas a entumecer mi mente.
El mayor apretó la mandíbula y cerró los ojos con fuerza tratando de que sus lágrimas no brotaran —¿Por qué haces esto tan difícil?— susurró
Joan sintió como unas gotas caían en su mejilla, eran las lágrimas de Oliver.
—Lo siento, en verdad lo siento.

La puerta se abrió, era Gabriel. Oliver rápidamente se separó de Joan y ocultó su rostro compungido.
—¡Joan! ¡Ya estás despierto! ¿Cómo te sientes?
—Gabriel, lo lamento...-
—¿Por qué deberías lamentarlo? El único que ha sufrido aquí eres tú ¿Te duele?
—No, las hierbas que han puesto en mis ojos son anestésicas, apenas siento mi rostro —rió el pelinegro —Por cierto ¿Dónde estamos? —
—¿Oliver no te contó? —le preguntó Gabriel sorprendido y observó a su hermano mayor, cuyos rostro le pareció bastante desconcertante.
—No, recién me acabo de levantar.
—Te trajimos a la casa de Alexis para que su tío te tratara, es un manipulador del N'ame.
—Que desastre, haber tenido que involucrar a Alexis en esto.
—No te preocupes, no creo que le haya molestado—. Le aseguró Gabriel
—Iré a buscarte algo de comer, debes alimentarte —les avisó Oliver y salió del cuarto.
Gabriel salió detrás suyo —Espera yo también voy—
—Deberías quedarte a cuidar a Joan— le reprochó el mayor, pero apenas pudo terminar la frase cuando Gabriel lo tomó del brazo y lo alejó unos pasos de la habitación.
—A mí, no me engañas ¿Qué sucedió?
—No sé de qué hablas— le contestó el castaño haciéndose el desentendido.
—Oliver, te conozco. Dime que está sucediendo.
Por primera vez en toda su vida Oliver dejó que la pena lo venciera. Se sentía tan impotente.
—Joan... su cuerpo se está deteriorando, no creo que un sello pueda servir en estos momentos.
Gabriel estaba atónito, no podía creer lo que Oliver le estaba diciendo
—Debe haber una forma.
—Sólo podemos esperar lo peor.
—Hay que intentar lo del sello.
—Joan se niega a hacerlo, tengo miedo de que cometa alguna locura si lo presionamos.
—¡Maldición! Algo se nos tiene que ocurrir.

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El recorrido hacia el Instituto había sido incómodo y en silencio. Luego de lo que había pasado entre ellos, no habían vuelto a hablar y el pelinegro ni siquiera lo había vuelto a mirar. Cuando Alexis se había despertado no lo había encontrado a su lado, pero tampoco era que eso le hubiera sorprendido, conocía a Gabriel, las cosas no serían fácil. Oliver les había pedido que fueran al instituto y le avisaran al director Heller que él no podría ir a clase.
Antes de llegar al Instituto, Gabriel se detuvo y observó a Alexis seriamente.
—Quiero que todo esto quede claro entre nosotros Alexis. Lo que pasó ayer, no va a volver a pasar.
—¿A qué te refieres?
—Fue un error, ya te dije yo no...
— ¿Por qué sigues diciendo mentiras Gabriel? —Le interrumpió Alexis — ¿Acaso piensas que puedes engañarme? ¡Sé, por una maldita vez en tú vida honesto contigo mismo!
El pelinegro se quedó en silencio por unos minutos, parecía sorprendido por la reacción de Alexis, pasó su mano por su rostro y por primera vez desde que Alex lo había conocido, su actitud fría y distante pareció desvanecerse, parecía que finalmente el verdadero Gabriel aparecía sin su máscara. Su rostro inexpresivo pareció llenarse de matices, de gestos, parecía aterrado, triste, desolado, nostálgico, nervioso.
—¿Quieres honestidad? Está bien, te lo diré. Te amo Alexis Novak, te amo desde la primera vez que te vi, y también te aborrezco con todo mí ser, porque tú eres algo que me ata a este mundo. Sólo había odio en mi alma y una terrible necesidad de venganza, y tú llegaste con esa sonrisa y esa amabilidad que sólo me mostrabas a mí. Quiero destruirte, te odio tanto, te envidio, te amo ¡Me estoy volviendo loco! Quiero que desaparezcas de mi vida, estás arruinando todos mis planes. Pero sigues presente y no puedo sacarte de mi mente, y ayer tuve la experiencia más increíble y hermosa de mi vida y me di cuenta de que no importa lo que haga siempre estarás en mi corazón y mi mente. Por eso, hasta aquí llego lo nuestro.
—Gabriel...
—No quiero que sufras—.El pelinegro hizo una pausa no sabiendo si era lo correcto decírselo —Pronto moriré.
—Debes estar bromeando —le contestó con incredulidad Alexis
—Alex, tú no sabes el infierno que he pasado, han abusado y ultrajado cada centímetro de mi cuerpo, lo puedes ver en las cicatrices que me marcan. He sentido un dolor tan terrible por tanto tiempo que ya no podía sentir ¿Sabes lo que es para mí levantarme todas las mañanas y verme al espejo? Saber que la pesadilla en realidad pasó porque está claramente impreso en mi piel. No hay día que no me levante agitado, con la vivida imagen de Adam cortándome o quemándome, que no recuerde alguna traumática parte de mi infancia ¡¿Cómo puedes pedirme que siga viviendo este infierno?!
Voy a vengarme de todos aquellos que han hecho mi vida tan miserable y luego al fin podré descansar en paz. Y nadie, ni siquiera tú, Alexis Novak vas a impedir que lo logre.

Los ojos de Gabriel estaban muy abiertos y su respiración acelerada, pero su expresión se calmó cuando vió lo angustiado que estaba Alexis. El pelirrojo no era capaz de replicar o protestar contra Gabriel, finalmente lo había comprendido y nada de lo que dijera haría que su compañero cambiara de parecer. A pesar del amor que ambos se tenían, no podían estar juntos.

#39

Se levantó de entre las sábanas pero un brazo lo detuvo antes de que pudiera pararse. Sintió el torso desnudo de Egon rozando su espalda —¿Ya te vas? —le preguntó con pesar— Quédate...
—No.
El pelinegro frunció el ceño y apretó el pequeño cuerpo contra su pecho.
—¿Qué te sucede? ¿Por qué estás así conmigo?
El menor trató de soltarse del agarre de su guardián pero le fue imposible.
—¿Crees que soy idiota? ¿Piensas sus no me doy cuenta de que lo que le sucedió a Joan es obra tuya?—le preguntó indignado —Sé que tu hablaste con Aaron y le dijiste los del incendio, querías que Joan quedara en evidencia frente a todos.
Egon lo sujetó con más fuerza —Te dije que las cosas no se quedarían así... —
Eliel suspiró y giró su rostro hacia Egon, sus rasgados ojos rojos lo observaron condescendientes.
—Lo que más rabia me da es que no puedo enojarme contigo, es posible incluso que lo que sucedió pueda beneficiarme considerablemente, ahora que Joan sabe que su cuerpo está al límite, debe sentirse aterrado... -
Acarició su cabello negro peinándolo —Debes mantenerlo vigilado... —
El pelinegro acarició su pálida mano. —Ya verás cómo pronto lo tendrás comiendo de tu mano...—le susurró al oído

____________
Kris se sentó al lado de Gabriel con una actitud bastante desagradable.
—¿Qué sucedió con Joan? Lo de ayer fue escandaloso, por suerte la alquimia de Oliver no funcionó sobre mí.
—¿Por qué tendría que decirte? Desaparece de mi vista maldito mestizo.
—Cómo te atreves a llamarme así Gëber...
—Eso es lo que eres, tú clan ha traicionado a los alquimistas y se ha vendido a los cazadores mezclándose con los humanos, es por eso que tus poderes son una broma, no eres más que un débil recuerdo de tus antepasados Müller, un vulgar mestizo.
Kris se levantó de su lugar y tomó impulso asestándole un puñetazo en el rostro, pero sintió como si su puño hubiera golpeado contra una roca, se sobó la mano adolorida.
—¡Kris detente! —le gritó Dominic que había estado observando la escena junto con otros alumnos.
Se giró hacia el castaño —No te metas... —le advirtió y volvió a posar sus ojos negros sobre Gabriel, se sorprendió al ver que el pelinegro no tenía ni un rasguño.
—Esto es... ¿Corpse cadavre?
Gabriel le sonrió maliciosamente —Estoy seguro de que tú y ese imbécil...—dijo señalando a Dominic —....tienen algo que ver con lo que le sucedió a Joan. Sí me llego a enterar de que estuvieron involucrados en esto te prometo que desearán nunca haber nacido—
—No sé de qué demonios estás hablando—. Le contestó girándose para ver a Dominic quien permanecía serio.
—Más te vale que sea así Kris Müller, sino te arrepentirás de haber abierto esa gran bocota que tienes. —Le amenazó el pelinegro

_______________

Oliver entró a la casa y se dirigió al cuarto de Joan, juntó en un bolso unas ropas y objetos de higiene, pero cuando estaba terminando de empacar Violeta apareció.
—¿Qué sucedió? ¿Dónde está Joan? —le preguntó preocupada, sus hermanos no habían aparecido en toda la noche y ahora encontraba a Oliver en la habitación de Joan empacando sus cosas.
—Hubo un accidente, el sello que le hice para contener su poder se rompió. Él está bien, su vida no corre peligro, pero sus ojos... —trató de explicarle el castaño
Violeta lo observó horrorizada.
—¡¿Qué?! Oliver ¿Eres consciente de que las palabras que estás diciendo pueden ser causantes de tu propia muerte? ¡Dime donde esta Joan ahora mismo! —su rostro se había puesto rojo y una raíz comenzaba a deslizarse por su brazo como una especie de serpiente.
El castaño le sonrió.
—Hermanita, hace tiempo que perdí el miedo a tus hermosas flores. No soy el mismo niño miedoso y débil de hace unos años, lo sabes...
—Oliver, no juegues con mi humor ¡Dime donde esta Joan! -
—Anda Oliver, dinos donde está Joan —la voz de Adam se escuchó y su figura se apoyó en el marco de la puerta.
Oliver los observó serio, debía ser prudente, una cosa era enfrentarse a Violeta sola, y otra muy distinta era tener que pelear contra los dos juntos. No le quedaba otra opción que decir la verdad
—Lo está cuidando un manipulador del N'ame.
—¿Hiciste que los Müller aceptaran ayudarte?
—No... Exactamente...
Su hermana lo observó esperando una explicación
—Zafiro Novak está cuidando de él.
—¡¿Qué has dicho?! —El rostro de Violeta estaba desfigurado de la ira— ¡¿Acaso estás loco?!
—Los Müller nunca nos habrían ayudado y Alexis ofreció llevarme con su tío para que lo curase ¡Mi hermano iba a perder la vista! ¡¿Qué querías que hiciera?! —se excusó Oliver
—Anda Violeta, no seas tan mala con el chico. Joan está bien y hasta es muy posible que en esa casa estén las anotaciones de Elahm Novak ¿Cierto? Podemos aprovechar esta oportunidad para "tomarlas prestado", seguramente tiene datos muy interesantes que no pueden servir.
El enojo de Violeta pareció disminuir.
—Tienes razón Adam está es nuestra oportunidad y espero que tú, Oliver seas al fin de utilidad... -

__________________

Se encontraron en el salón para practicar el dueto que debían tocar en el concierto de fin de año. Para felicidad de ambos habían progresado bastante con los tiempos pero todavía seguían algo descoordinados.
Apenas Kris se aseguró de que no hubiera nadie que los molestara se plantó frente a Dominic y lo miró directamente a los ojos
—Dominic quiero que me digas la verdad ¿Tuviste algo que ver con lo que le sucedió a Joan?
Sabía que Dominic no le mentiría. Su amigo podía ser arrogante, egoísta y hasta un poco cruel, pero no era mentiroso, era demasiado orgulloso como para mentir, y aunque lo hiciese, lo conocía demasiado bien como para darse cuenta de que le estaba ocultando algo. La conversación con Gabriel le había dejado pensando acerca de lo sucedido y la forma en que Dominic se había comportado cuando Gabriel lo acusó, le había parecido sumamente sospechosa, no era muy propio de él quedarse callado cuando alguien lo acusaba de esa forma.
Enseguida el castaño desvió su mirada y sonrío cínicamente
—¿A qué viene este interrogatorio? —le contestó tratando de parecer lo más sereno posible, pero para Kris esos gestos fueron suficientes como para comprender que su amigo había estado involucrado en lo que sea que le hubiera pasado a Joan.
—Yo sólo dije la verdad, le quité esa máscara de niño bueno que tenía.—balbuceó
—¿Por qué lo hiciste Dominic? ¡Y no te atrevas a mentirme! —le advirtió
—Egon me lo pidió
Kris lo observó con sorpresa
—¡Dominic! Sabes que no podemos permitirnos tener a los Gëber como enemigos ¿Eliel sabe de esto?
—¡Joan es un asesino! ¡Ha matado a gente inocente! ¡¿Y tú lo defiendes?! ¡Eres un hipócrita!
El pelinegro lo observó sorprendido —¿Qué has dicho? —
—¿Por qué no le preguntas? Pregúntale que sucedió en el incendio que tuvo lugar en su casa hace unos años. A ver si tiene las agallas para decirte la verdad. Espero que no vuelvas arrepentido pidiéndome que te perdone cuando te des cuenta de su verdadera forma, Joan es el demonio. Le diré a Oliver que no participaremos del concierto, al menos no juntos.
Le contestó ofuscado dejando a Kris con los ojos bien abiertos sin saber que decir.

#40

Se observó en el espejo, el traje le quedaba un poco grande pero al menos tapaba bastante bien su esquelético cuerpo. Examinó su rostro, sus ojeras se marcaban notablemente bajo sus ojos como dos manchas moradas, y su extrema blancura no hacía más que resaltar su aspecto demacrado, pero lo que más odiaba de esa visión era ese extraño color violeta que poseían sus ojos, lo odiaba porque era anormal, le hacía sentir un fenómeno y le hacía recordar cosas que quería olvidar.
Pero ese día ni siquiera sus ojos iban a poder arruinarlo, su hermana se había encargado de hacerle una fiesta de cumpleaños para él y eso lo hacías sentir especial y querido.
En otro tiempo una fiesta de cumpleaños le hubiera parecido algo estúpido, y totalmente sin sentido, no tenía amigos, las personas que vendrían seguramente no las conocería y tampoco estar con su familia era algo muy agradable. Pero ahora que sentía como su vida iba poco a poco dejando su cuerpo, la idea no le parecía tan tonta, comería un delicioso banquete, habría una hermosa torta y podría ver a su familia reunida por primera vez en varios años, después de todo era su familia, sus hermanos y sus padres eran las personas más cercanas a él, los que lo habían visto crecer.
Había también otra razón por la que estaba bastante optimista acerca de esa fiesta de cumpleaños y era debido a lo entusiasmado y feliz que estaba Oliver, parecía como si le estuvieran festejando el cumpleaños a él, cada vez que hablaban del evento sus ojos brillaban y aparecía una dulce sonrisa en su rostro.
Bajó las escaleras con un agradable buen humor y se dirigió al salón donde ya varios invitados se encontraban reunidos, allí también estaban presentes Violeta y Oliver pero a diferencia de lo que esperaba, el rostro de Oliver se veía bastante sombrío. Cuando el castaño se dio cuenta de que él se encontraba allí, trató de simular con una falsa sonrisa, se acercó a Joan y lo abrazó
—Feliz cumpleaños hermanito... —le deseó
Violeta se acercó también y besó su mejilla. Ambos lo condujeron hacia el centro de la sala esquivando a varios grupos de personas que ya estaban empezando a llenar el salón, eran la mayoría, personas de la Corte o relativo a ella, que conocían a su familia por temas laborales. Entonces pudo ver a su hermano Gabriel que rápidamente se acercó para abrazarlo y felicitarlo, también se encontraba presente su padre pero este apenas le dirigió una rápida mirada, estaba sosteniendo una charla con un hombre de galera y parecía no gustarle absolutamente nada lo que le estaba diciendo. A su lado se encontraba Enia, su madre, pero para él una desconocida, era una mujer hermosa de cabello negro y unos adorables ojos celestes, que solo aparecía en la casona cuando era estrictamente necesario, provenía de la familia Braun un pequeño clan de alquimistas que habían logrado sobrevivir a la extinción gracias a un acuerdo con los Gëber, los que nacían en aquella familia eran seleccionados como pretendientes para los Gëber, no tenían ninguna autoridad sobre sus hijos y eran usados meramente para la procreación y como esposas o esposos de exhibición cuando se daban fiestas o reuniones importantes.
Llevaba un simple vestido color crema con los hombros descubiertos y un fino encaje que decoraba el extremo de las mangas, el escote y la abultada falda. Su cabello recogido en un rodete, dejaba ver sus hermosos y delicados hombros.
Al verlo, Enia hizo una sutil reverencia mostrándole sus respetos.
—Cuanto has crecido Joan—le dijo algo emocionada, después de todo era su hijo, y se parecía tanto a ella, había heredado su exquisita belleza. El Clan Braun se destacaba por su experimentación en el campo de las modificaciones genéticas, habían logrado reducir en su familia posibles fallas genéticas que podían llegar a desencadenar enfermedades o problemas físicos por lo que habían podido extender su expectativa de vida hasta los 150 años, tardaban muchísimo más en envejecer y sus rasgos físicos poseían una simetría y un equilibrio casi perfecto, algo que se podía ver a simple vista observando a la preciosa Enia que con su avanzada edad parecía igual o incluso más joven que Violeta.
—Gracias madre —le contestó Joan algo tímido.
Los sirvientes comenzaron a servir los aperitivos y la sala comenzó a atiborrarse. Cuando ya parecía que todos los invitados estaban presentes, Víktor llamo su atención. Se veían tan majestuoso como siempre, llevaba un traje vino con bordados en negro y una camisa de cuello alto con un pañuelo color negro atado, su cabello blanco y ondeado caía sobre sus hombros con gracia y sus ojos azules brillaban con esa malicia tan característica en ellos. Llevaba sus manos enfundadas en guantes de cuero negro y su cuerpo se apoyaba sutilmente sobre el hermoso bastón de madera caoba con aplicaciones de plata que sostenía con su mano derecha.
—Quiero agradecer a todos por estar presentes en este día tan especial para nuestra familia, hoy conmemoramos el duodécimo cumpleaños de mi hijo Joan, del que me siento orgulloso, es uno de mis mayores logros. Quiero proponer un brindis por él ¡Salud!
—¡Salud! —gritaron todos al unísono levantando las copas y el barullo de las conversaciones comenzaron de nuevo.
—Cómo se las apaña el viejo para parecer una persona decente —susurró Gabriel
Oliver le pegó un codazo —Cállate —no quería que Joan le escuchara. Pero Joan sabía bien que esas palabras eran vacías, su padre le había demostrado las suficientes veces en esos años lo que ellos significaban para él. Para Víktor Gëber sus hijos solo tenían un fin meramente práctico y experimental, una forma efectiva de mantener su imperio intacto y perfeccionar la sangre Gëber, eso era todo, "Los sentimientos son para los débiles" le había escuchado opinar en varias ocasiones.
Cinco minutos después Joan había perdido de vista a Oliver, y tampoco encontraba a Gabriel ni a Violeta. Se estaba empezando a poner nervioso, no era su idea de pasarla bien quedarse solo en medio de una multitud de personas desconocidas. Entonces fue cuando sintió una mano posarse en su hombro, giró y se encontró de frente con Enia.
—No te preocupes...—le tranquilizó acariciando su cabello, pero antes de que pudiera seguir hablando la melodía de una flauta hizo eco en la habitación. Joan se hizo paso entre la multitud que se reunía alrededor del espectáculo, y cuando llegó al centro pudo ver a Oliver tocando la flauta.
—Quisiera dedicar la siguiente canción a mi hermanito menor Joan — dijo para luego continuar tocando una hermosa melodía, diferente, extraña, una melodía muy dulce que parecía haberla compuesto hacía poco tiempo.
Cuándo termino su interpretación todos le aplaudieron, y luego Gabriel, con el violín y Violeta con el arpa, se unieron a él tocando otra melodía bellísima. Era la primera a vez que veía a sus hermanos tocar en conjunto y eso lo hizo sentir especial, que hubieran decidido realizar un concierto juntos en su cumpleaños era uno de los mejores regalos que le podían dar. Pero luego de unos segundos notó algo extraño, no se escuchaban murmullos ni ningún otro ruido que no fuera el de los instrumentos, observó a su alrededor, las personas que le rodeaban se encontraban en una especie de trance, sintió un crujido, levantó la vista y pudo observar que las paredes se encontraban cubiertas de unas gruesas raíces cuya presencia se encontraba más marcada en las puertas como una especie de pared verde que no permitía que nadie saliera o entrara al lugar.
Joan observó a sus hermanos sin comprender lo que sucedía.
—Oliver —le llamó, esperando a que el mayor le explicara que estaba sucediendo. Pero a diferencia de lo que esperaba, Oliver no dijo nada, solo le dedicó una sonrisa triste y dejó su flauta levantándose y dirigiéndose hacia él, lo tomó entre sus brazos y lo beso dulcemente en la frente.
—Es momento que despiertes —susurró
Entonces todo se volvió borroso y negro.

#41

Hubiera deseado que su recuerdo hubiera terminado ahí, pero para su mala suerte, haber perdido la visión al menos por un tiempo, y que su sello se hubiera roto, no ayudaban en nada, le era imposible mantener el bloqueo de sus recuerdos, por lo que estos brotaban en su conciencia sin que pudiera evitarlo. El terrible recuerdo siguió y aunque hubiera querido detenerlo en ese mismo instante, no podía.

Una terrible fuerza lanzó a Oliver al otro lado de la habitación, golpeando a varias personas, una risa macabra retumbó por todo el lugar.
Sus manos comenzaron a temblar y sus ojos estaban desorbitados, tomó al primer sujeto que encontró y colocando sus labios en su mejilla absorbió su energía dejando al hombre como una momia disecada, un gemido salió de sus labios.
—Todas estas personas que están aquí, su vida te pertenecen —le habló Violeta.
Joan rió de nuevo —Me han dejado las cosas fáciles Violeta, pero bastante aburridas, ni siquiera puedo disfrutar de sus rostros de horror mientras voy matándolos lentamente —Le contestó mientras comenzaba a absorber la energía de una mujer convirtiendo su cuerpo en polvo —Como una marioneta sin vida... Aunque... Podría divertirme contigo —le dijo observándola con crueldad —piensas que no me doy cuenta que matar a esta gente es conveniente para ti, personajes influyentes de la corte que opacan el brillo esplendoroso de la familia Gëber.... —se acercó a su hermana y acarició la flor violeta que decoraba su cabello, inmediatamente la flor se pudrió, su hermana lo observaba con terror, estaba petrificada, ni siquiera sus plantas podrían hacer algo contra Joan, morirían instantáneamente igual que cualquier cosa que tocara su cuerpo.
—Tienes suerte que mi odio hacia estos personajes vulgares sea lo suficientemente grande —le contestó retrocediendo —La Corte, este grupo oculto que manejan al Kaiser como una marioneta, está lleno de imbéciles, puros perros rabiosos deseosos por riqueza y poder, me siento encantado de poder destruir a esta escoria con mis propias manos —su mano se dirigió hacia Oliver haciendo que un fuerte aire lo azotara nuevamente contra la pared —¡Despiértalos!— le ordenó
—No— contestó el castaño firmemente
—Entonces... No me queda otra opción que hacerlo por las malas.
Oliver comenzó a asfixiarse, una fuerza invisible hacía presión en su garganta dejándolo sin aire. Joan era un alquimista temible, su especialidad era la manipulación de la energía del aire. Ni siquiera Oliver podía hacer frente a esa masa de odio en la que se había convertido, y en unos minutos estaba lo suficientemente débil como para no poder controlar la mente de tantas personas, pronto se comenzaron a escuchar gritos de las personas a su alrededor que veían los cadáveres disecados en el piso.
Joan agarró el rostro de un hombre con su mano, clavándole las uñas, el hombre comenzó a temblar y a gritar, y de sus orificios comenzó a brotar sangre. Todos comenzaron a correr horrorizados gritando, pero las puertas y ventanas estaban obstruidas por las fibrosas raíces de Violeta y no había forma de escapar.
—Creo que es momento de terminar con todo esto... —dijo el pelinegro, estirando su brazo con la palma de la mano bien abierta y luego comenzó cerrar su mano.
Mientras iba realizando ese gesto, las personas de esa habitación (excepto sus hermanos) comenzaron a asfixiarse y de sus orificios comenzaron a salir hilos de sangre y cuando los dedos del pequeño tocaron la palma, los cuerpos comenzaron a estallar, salpicando todo de sangre como si una fuerza los tuviera aplastando hasta hacerlos papilla. Entonces las piernas de Joan temblaron y calló de rodillas al piso, reía pero de sus ojos caían las lágrimas, sus manos estaban llena de sangre, su ropa, su cabello, su rostro. Un silencio desolador se instaló en el salón, solo se escuchaba el goteo de la sangre.
Un violín comenzó a sonar, era Gabriel tocando una triste melodía. Unas botas se detuvieron frente a él, levantó la vista y se encontró de nuevo con Oliver quien estiró la mano para ayudar a su hermano a levantarse, el pelinegro aceptó ese gesto sujetándose de su mano, Oliver tiró de él y lo envolvió entre sus brazos.
—Bailemos Joan... —susurró siguiendo el ritmo de la melodía que tocaba Gabriel.

Quiso abrir los ojos pero las vendas no se lo permitieron, sintió el frío sudor cayendo por su frente, su respiración estaba acelerada y sentía como su corazón golpeaba su pecho con fuerza. Finalmente había recordado todo lo que había sucedido ese fatídico día.

#42

—Y bien ¿Qué es lo que me quieres decir? Solo vine a buscar unas cosas nada más, debo ir a ver a Joan.
—Exactamente de eso te quería hablar, quiero saber qué le sucedió a Joan
Oliver rió burlonamente —¿Por qué debería hablar de algo así contigo? Mantente alejado de él— le contestó y se dirigió hacia la salida, pero el chico de cabello negro lo detuvo.
—Por favor, necesito saber qué sucede.
—Ya te dije, no es de tu incumbencia
—¿Qué sucedió en el incendio de hace cuatro años?
Oliver se dio vuelta y lo volvió a enfrentar.
—Te lo advierto, si quieres seguir viviendo te recomiendo que te alejes de él.
Kris le dirigió una mirada entre confusa y asustada —¿Me estas amenazando?—
Pero Oliver no le contestó, se soltó de su agarre y salió de ahí.
_____________

Oliver entró a la casa y se encontró con Zafiro esperándolo en el comedor.
—¿Qué sucede?— le preguntó el castaño sin entender muy bien que pasaba.
Zafiro le alcanzó un libro.
—¿Acaso no es esto lo que estás buscando?—
Oliver tomó el libro en sus manos y su expresión se volvió tensa y confusa
—Estas son las anotaciones de Elahm....— su mirada de sorpresa se posó en la figura del pelinegro —¿Qué significa esto?
—Eso es lo que tu familia ha estado buscando todo estos años ¿Cierto? —Le contestó el mayor y una sonrisa cínica se instaló en su rostro —no me importa que te lo lleves, de todas formas no creo que les sirva de mucho—.
Oliver guardó el pequeño cuaderno en el bolsillo interno de su abrigo.
—Debo ir a ver a mi hermano— le explicó algo cohibido, sin saber muy bien que decir, no entendía si ese hombre se estaba burlando de él o lo estaba tratando de ayudar, pero Zafiro era quien se estaba ocupando de Joan y en ese momento era necesario mantenerse neutral. De todas formas ese cuaderno le serviría para mantener contenta a Violeta.
Zafiro asintió y el castaño entonces se dirigió al cuarto donde se encontraba Joan

Abrió la puerta y encontró a su hermano sentado en su cama, con su respiración agitada y con la cabeza gacha como si estuviese observando las palmas de su mano, pero no podía hacerlo porque sus ojos estaban vendados.
—Joan —susurró Oliver
—Mis manos... Están manchadas —su voz se escuchaba temblorosa y bajita.
Oliver cerró la puerta y se acercó al pelinegro sujetándolo del brazo para atraerlo hacia él y abrazarlo, pero en vez de corresponderle, al sentir su mano sujetándolo Joan tomó impulso y comenzó a golpearlo con la mano que tenía libre, sintió como su puño chocaba contra el pecho del castaño violentamente.
—¡Suéltame! ¡Es todo por tu maldita culpa! ¡Te odio! —le gritó con furia, mientras algunas lágrimas empezaban a caer por su mejilla y seguía golpeándolo con más furia y violencia.
En un principio Oliver se dejó hacer sin reaccionar, las palabras de Joan habían calado profundamente en su conciencia y sentía una angustia y un pesar que aquel dolor que sentía con cada golpe, calmaba. Pero cuando las cosas ya se estaban descontrolando decidió sujetar al pequeño dándole fin a todo ese jaleo, obteniendo a cambio un rasguño en su cuello y su mejilla, lo agarró de los brazos y lo atrajo hacia sí nuevamente, sintió el cálido aliento de Joan acariciar su clavícula.
—Por favor detente... —le pidió
Joan se sacudió bruscamente, tratando de soltarse del agarre —¡¿Por qué lo hiciste?!—.
—Porque te quiero y no puedo vivir sin ti —le susurró Oliver con su voz grave


_________
—Ya corté las verduras ¿En qué más puedo ayudarte?
—Corta el ajo también— le contestó Zafiro de forma cortante
—¿Qué te sucede? ¿Por qué estás así conmigo? —le preguntó Alexis.
Por más que estuvieran enojados, Zafiro siempre lo trataba con cariño, ahora sentía una frialdad que nunca había sentido por parte del mayor.
—Estoy igual que siempre... —masculló el mayor mientras vaciaba en un recipiente las verduras que acababa de cortar.
El pelirrojo tiró el cuchillo en el lavabo y lo observó irritado.
—No, no estas igual que siempre, no me miras y apenas me hablas, no recuerdo haber hecho nada para que me trates así, más bien sería al revés. Estoy tratando de mantener la paz entre nosotros y tu actitud no ayuda.
En un movimiento rápido Zafiro lo sujeto del cabello.
—¿Crees que nadie escuchó tu encuentrito con Gabriel? ¿Piensas que soy imbécil Alexis? —le susurró el pelinegro al oído tirando fuertemente del rojizo cabello
—Amo a Gabriel —le contestó tratando de mantenerse firme y calmo
—¿Sabes lo que significa eso? ¿Acaso estas consciente de lo que dices? —Le preguntó furioso, apretando más fuerza el cuerpo del menor contra la mesa —Nunca pensé que fueras tan egoístas, tan insensato...—
—Suéltame Zafiro, me lastimas.
—Tú no tienes idea de lo que estás haciendo Alexis, debí haber sido más estricto contigo en vez de ser tan blando y comprensivo. No permitiré que vuelvas a ver a Gabriel.
—¿Por qué me haces esto? Déjame... —le contestó el menor sin poder contener las ganas de llorar
—Porque eres lo único que me queda, no voy a permitir que te lastime —le contestó aflojando el agarre
Alexis aprovechó para soltarse y hacerle frente —¡Lo mío con Gabriel es imposible, ya lo sé!— algunas lágrimas bajaron por su mejilla.
Ambos se quedaron observándose con intensidad, ninguno quería ceder. Hasta que Zafiro suspiró y acarició la mejilla de Alexis, la expresión del menor se suavizó, se volvió algo triste y melancólica.
—Lo siento— susurró Zafiro acercando sus labios a los del pelirrojo, rozándolos suavemente.
Alexis correspondió al beso, pero al cabo de unos minutos se separó empujando suavemente el cuerpo del mayor.
—Iré a mi cuarto— dijo sin poder mirarlo a los ojos, desapareciendo por el pasillo.

__________
Oliver dormía plácidamente al lado suyo, podía sentir su respiración acompasada y la calidez de su piel. Hubiera querido quedarse así un poco mas, pero no podía, ya lo había decidido. Acarició la fuerte y lisa espalda, deslizó su mano por sus hombros, su cuello y su mejilla y dejó un dulce beso en aquellos labios. Alcanzó su ropa como pudo, se vistió y luego se sentó en la silla en la que un día atrás Oliver se había quedado en vela cuidándolo.
—Sal de tu escondite guardián, tu presencia es muy obvia— dijo en un susurro para no despertar a su hermano
Una risita se escuchó de entre las sombras y una figura apareció. Egon lo observaba con aversión
—Y bien Joan... ¿Tan rápido te has entregado a la desesperación?— le preguntó con maldad
—No quiero lastimar a aquellos que amo—se justificó el menor— Llévame con Eliel—.
—Será un placer— le contestó, de manera burlona.

HeroedeLetras
Rango7 Nivel 31
hace 5 meses

Vaya, parece que tu historia no tiene fin😂⚡

HeroedeLetras
Rango7 Nivel 31
hace 5 meses

Una buena historia, entretenida e interesante y curiosa, solo la mitad!!?? Wow⚡


#43

La puerta de su habitación se abrió, escuchó unos pasos y el peso de un cuerpo sentándose en el colchón.
—Alex... Lo siento— le dijo Zafiro acariciándole el cabello.
—No importa
—Yo.... no quiero que haya esta tensión que últimamente existe entre nosotros.
—Solo necesito olvidarme de todo esto, y luego todo volverá a ser igual que antes— le contestó con un hilito de voz.
Zafiro le dio vuelta, el rostro de Alexis estaba rojo y sus ojos estaban llorosos, esa mirada tan triste le partió el alma.
—Haría lo que fuera por ti— le dijo mientras depositaba un suave beso en sus labios, el beso enseguida se volvió intenso. El pelirrojo rodeó el cuello del mayor con sus brazos, si alguien podía hacer que se olvidase de Gabriel ese era Zafiro. Sintió las manos del mayor recorrer su cuerpo posándose finalmente en su cintura.
—Zafiro... Ayúdame a olvidar— le pidió Alexis antes de volver a besarlo
En ese mismo momento, sintió algo, una presencia extraña había entrado a la casa.
—¿Lo sientes? — le preguntó Zafiro
—Sí, proviene del cuarto donde está Joan.
Ambos se levantaron y se dirigieron hasta el cuarto que en otro tiempo había pertenecido a Dion, abrieron la puerta y encontrando a Oliver completamente desconcertado.
—Joan... Se ha ido... — murmuró, sus manos temblaban —Se ha ido... —

__________

Eliel acarició el sedoso cabello negro con dulzura
—Sabía que vendrías.
Se encontraban en la habitación de Egon, habían decidido ocultar a Joan ahí porque estaba alejado de la casa principal, parecía el lugar más seguro y era difícil que alguien se atreviera a entrar ahí.
El rostro de Eliel se veía triste y atormentado
—Tus ojos... Tus hermosos ojos Joan —se sentía culpable al verlo en tal estado
—Ya no importa, solo quiero terminar con todo esto —. El menor yacía encorvado con la cabeza gacha y su cabello ocultaba gran parte de su rostro.
Eliel se agachó para poder quedar a la misma altura y acomodó un poco de su cabello detrás de su oreja.
—Pronto terminará Joan, pero para que eso suceda, necesito tu ayuda.
—No sé cómo pueda ayudarte, soy un maldito inválido, y sin las curaciones de Zafiro no creo que pueda volver a ver.
—No te preocupes, he convocado a otro manipulador del N'ame para que te cure, alguien de confianza.

Al escuchar aquello Joan, que hasta ese momento se había mantenido calmo debido, tal vez al sentimiento de resignación que le embargaba, empezó a ponerse nervioso con la idea de que alguien que no conocía pudiera enterarse de su ubicación o pudiera perjudicarlo de alguna manera, pero no tuvo tiempo de hacer objeción de algún tipo ya que la puerta se abrió y se escucharon los pasos de alguien entrando a la habitación.

—Y bien... Aquí estoy ¿Para qué me has llamado? Espero que sea importante—. Una voz que no conocía resonó en la habitación.
—¡Irving! Al fin llegas— habló Eliel. —Quiero que lo examines—.
—Lo siento pero sabes lo difícil que es escabullirme sin que Abel sospeche, esto tendrá que ser rápido—. Se escuchó la voz más cerca y una mano agarró con suavidad su mentón levantándolo —Vaya... ¡La amatista de los Gëber! Eliel debes estar muy mal de la cabeza como para traerlo aquí, te cazarán como a un maldito animal—.
El pelinegro sintió como las vendas de sus ojos eran retiradas y unos dedos abrían sus párpados, el dolor que sentía cada vez que la tenue luz de la habitación entraba en contacto con sus irises era insoportable, trató de alejarse pero alguien lo sostuvo.
—Debes aguantar un poco más, es por tu bien—. Le calmó la dulce voz de Eliel.
—Las retinas están muy dañadas, si no fuera por el excelente cuidado que has recibido hasta ahora, hubieras quedado ciego seguramente—. Le explicó la voz dejando al fin sus ojos en paz. —Acuéstalo, inyectaré un poco de N’ame en sus ojos, debemos seguir con el tratamiento para poder tener un mejor resultado—.
Eliel condujo a Joan hasta la cama y lo acostó ahí
—Confía en mí— le susurró
—No creo que me quede otra opción— le respondió Joan.
Entonces sintió unas manos paseándose encima de sus ojos, pero enseguida las quitó.
—¡¿Qué significa esto?! ¡Su cuerpo absorbe mi energía vital de una forma espeluznante! N-no puedo acercarme a él, es muy peligroso—
—¿Qué demonios estás diciendo Irving? ¡Debes hacerlo!— le contestó Egon irritado
—No, no pondré mi vida en peligro.
—Joan es la clave para derrotar a los sabios Irving, sin él no podremos hacerlo— le explicó Eliel.
Una pequeña risita que se volvió una siniestra carcajada brotó de los labios del pelinegro mientras se incorporaba.
—Si quieres que me convierta en tu arma, deberás darme la vida de un ser vivo—. Les interrumpió Joan incorporándose.
Una sonrisa macabra apareció en su rostro.

__________
La raíz lo volvió a azotar contra la pared
—No lo puedo creer Oliver— habló Violeta furiosa — ¡¿Me estás diciendo que Joan desapareció así como si nada y tú ni siquiera te diste cuenta?! ¡¿Quieres que te mate?! —le preguntó mientras una raíz perforaba su hombro derecho.
Oliver lanzó un grito de dolor y sintió como su sangre caliente caía por su hombro.
—Cuando se entere Adam, seguramente te matará —le dijo liberándolo finalmente dejando que su cuerpo cayera con un golpe seco en el piso.
—Vaya Violeta nuevamente estás siendo muy duro con el pobre...— le contestó Adam que, como la última vez, había aparecido inoportunamente, aunque ciertamente parecía como si desde el principio hubiera estado allí observando la escena sin que los otros se hubieran percatado de su presencia. Caminó por la habitación y agarró la libreta que se había caído del bolsillo de Oliver cuando Violeta lo había azotado.
—Te ha traído lo que le has pedido.
Violeta lo observó sorprendida —¡Esas son las anotaciones de Elahm! —. Giró observado nuevamente a Oliver —¿Cómo lo has conseguido tan rápido?—.
Su hermano todavía se encontraba tirado en el piso con una mano presionando su adolorido hombro, veía con la mirada perdida como la sangre iba cayendo desde su hombro manchando el piso, creando un charco.
—Bueno no importa...—le interrumpió Adam —La cuestión es que ya tenemos el libro en nuestro poder —le contestó dejándole el cuaderno a la mujer— Y por Joan.... yo no me preocuparía tanto.

Oliver, al escuchar eso, se levantó como si nada acercándose a Adam y agarrándolo fuertemente del cuello.
—¡Dime donde está Joan! ¡Tú lo sabes!
Sus manos se había convertido en garras y sus rostro había adoptado gran cantidad de expresiones felinas.
Entonces Adam levantó su brazo y golpeó a Oliver de tal manera que su cabeza golpeó el piso rompiendo la loza que lo adornaba —Oliver, aunque se me rompa el alma debo castigarte. Fue muy irresponsable de tú parte descuidarte así con tu hermano—.
Entonces levantó la pierna y pateó con fuerza el cuerpo del castaño.
—Puedes irte Violeta, te encomiendo la lectura del libro, yo me encargaré del castigo de Oliver. Pero no te preocupes, no lo mataré—.
—Sí...—fue lo único que se atrevió a decir

_____________________

Observaba el patio del instituto por la ventana de una de las aulas. Ninguno de los hermano Gëber había aparecido y eso lo tenía intranquilo.
—Si me hubieras dejado, habría acabado con esa criatura insolente en ese mismo instante, ¿Cómo se atreve a exigirte algo? Debería estar agradecido de que todavía está vivo —. Caminaba la sombra de un lado a otro de la habitación
—Cállate Egon o el próximo con el que acabaré serás tú -
—Pero mi señor, nos tienes a Irving y a mi ¿Acaso eso no es suficiente? Joan es una pieza inútil en ese estado.
—Sin Joan no podremos lograrlo, él es mucho más poderoso de lo que crees. Por cierto ¿No deberías estar cuidando de él en este mismo instante?
El siervo se acercó al cuerpo del menor —Si, pero he venido a ver cómo te encontrabas —posó una de sus manos en el hombro de Eliel y la deslizó hasta su cuello acariciando su suave piel, enredando sus dedos en el sedoso cabello blanco —¿Tu expresión amarga se debe a que ya has decidido la vida de quién utilizarás para que Joan recupere su fortaleza? ¿O será que no puedes decidir lo que te tiene tan afligido mi ángel? —le susurró al oído
Eliel se giró y con un impulso le asestó un golpe.
—¡Egon! ¡Termina con tu insolencia! ¿Acaso son los celos los que nublan tú juicio?
Enseguida el pelinegro se arrodilló —Lo siento, es sólo que estoy preocupado por ti Eliel—.
El albino volvió a posicionarse frente a la ventana observando el patio.
—Convoca a Irving y espérenme en tú habitación, ya se lo que tengo que hacer.
— Sí, mi señor— dijo Egon y desapareció

#44

Se había dado cuenta de que no podía estar separado de Dominic, era demasiado doloroso estar apartado de él, por más enfadado que estuviera, por más diferente que fueran sus opiniones, sus lazos eran demasiado fuertes.
Sabía dónde se debía encontrar el flautista en aquel momento, un lugar que le gustaba ir cuando no quería que nadie le molestase, un lugar cerca del edificio del instituto que se usaba como depósito, debía buscarlo y aclarar de una vez por todas las cosas, dejaría su orgullo de lado y arreglaría ese asunto. Cruzó el patio, entró al edificio y salió por una de las puertas laterales, y entonces fue cuando se encontró con una escena que no esperaba. Manos que acariciaban las pieles sudorosas, piernas enredadas, lenguas que se juntaban, y Dominic estaba en medio de todo aquello, dos jóvenes alumnos lo sostenían entre sus brazos, uno de ellos lo sujetaba de la cintura y lo embestía brutalmente, mientras que Dominic lamía los genitales del otro.
Una terrible cólera se apoderó de él, agarró del cabello al sujeto que lo estaba penetrando y lo separó del castaño pegándole un puñetazo en el estómago que lo dejó sin aire, luego tomó impulso y le asestó una patada en el rostro al otro muchacho.
—¡¿Pero qué demonios te pasa?! —le gritó su amigo todavía aturdido por la repentina intrusión
—¡Lárguense si no quieren que los mate! —les advirtió Kris a los dos sujetos que como pudieron agarraron sus ropas y se metieron en el edificio.
—¡Estas completamente desquiciado! —le gritó Dominic mientras se colocaba los pantalones.
—¡¿Yo?! ¡Tú eres el que esta fuera de sí! ¡¿Cómo se te ocurre hacer una locura como esta?!
—¿Y a ti que mierda te importa? ¿Qué esperabas Kris? ¿Qué me pusiera a llorar tu rechazo como una niñita tonta?
Kris se acercó y lo empujó contra la pared —¡No! ¡Se te ocurrió una mejor idea, encamarte con los primeros dos imbéciles que te encontraras!—.
—¿Y qué si es así? ¿No eras tú el que no quería volver a saber de mí? ¡¿Qué te importa lo que yo haga?!
—¡Me importa mucho! ¡Eres muy importante para mí! Es demasiado doloroso estar apartado de ti, quiero que me perdones...
—¿Qué? —Le preguntó el flautista desconcertado —¿Por qué me dices esas cosas? ¿Acaso no ves que me hieres?—dijo con los ojos llorosos
Kris no encontraba palabras para responder aquella pregunta, odiaba ver esa expresión tan dolida en el rostro de su amigo, en un impulso tomó a Dominic entre sus brazos y unió sus labios con los suyos en un salvaje beso lleno de deseo, el castaño se aferró a su traje, acariciando esos labios con desesperación.
—Hazme el amor —le pidió Dominic.
—No lo haré —le contestó el pelinegro de forma contundente —te quiero en mi vida Dominic, pero no quiero ser uno más de todas las personas con las que te acuestas —.
—Nunca podrías ser alguien más del montón —le contestó, las lágrimas resbalaban por su mejilla.
—Quisiera creerte pero no puedo, por ahora solo puedo ofrecerte mi amistad. Tampoco podría resistir verte con alguien más, la sangre me hirvió cuando te vi con esos dos imbéciles, hubiera querido matarlos.
—No sé qué duele más, si estar separado de ti o estar tan cerca de ti y no poder tenerte.
—Sé que soy un egoísta y un insensible, pero no puedo evitarlo —volvió a besarle apretando ese cuerpo contra el suyo, frotándose contra Dominic de forma animal.
—Haz lo que quieras conmigo, mi alma te pertenece —gimió el castaño cuando sus labios se separaron

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Violeta observó por enésima vez la última página del libro de Elahm.
En aquel momento Adam entró en la habitación
—¿Y? ¿Encontraste algo? —le preguntó el médico mientras se limpiaba la sangre de las manos con un pañuelo
—Este libro es una broma, parece un manual para alquimistas principiantes —le contestó Violeta lanzando el cuaderno contra la mesa de mala manera
Adam recogió el libro y lo revisó, una sonrisa burlona apareció en su rostro.
—Niña idiota ¿No has aprendido que la regla básica de la alquimia es la simplicidad?
—¿De qué estás hablando? Revisé ese maldito libro hasta en su último detalle y no encontré absolutamente nada, ni siquiera hay algún mensaje en clave, ni magia alquímica. Es el típico libro primerizo que se le entrega a todo alquimista novato.
El rostro de Adam no cambió, esa expresión soberbia seguía instalada en su rostro.
—Y dime Violeta ¿Acaso tú no sabes qué es lo primero que se le enseña a un alquimista novato? —le preguntó buscando algo en uno de los cajones del escritorio en la esquina de la habitación
—Es fundamental que un principiante aprenda las nociones básicas del elemento principal de la alquimia, el fuego— le respondió Violeta cautelosa
—Así es Violeta ¡El fuego es la respuesta! – habló Adam, abrío la cajita de fósforos que había tomado de uno de los cajones y prendiendo un fósforo colocándolo debajo del libro, enseguida las páginas comenzaron a arder.
—¡¿Pero qué haces?! ¡¿Estás loco?!
Violeta observó con horror como el libro se iba consumiendo en las llamas convirtiéndose en cenizas. Tantos años de espera, de búsqueda, tanto esfuerzo para que las únicas pistas que los podían conducir a la fuente de la vida eterna desaparecieran para siempre. El libro cayó en el suelo ya convertido en cenizas, los ojos de Violeta se inundaron de lágrimas de rabia.
—¡¿Cómo has podido hacernos esto?! —. Gritó enfurecida
—Pensé que eras más perspicaz ¿Es que todavía no lo entiendes? Observa las cenizas con detenimiento.
La mujer se arrodillo en el piso y observó las cenizas, un extraño brillo sobresalía de entre el polvillo grisáceo
—¿Qué es eso? —preguntó sin atreverse a levantarlo.
Adam separó las cenizas y de entre ellas recogió un pequeño cristal del más puro color rojo.
—Esto, mi querida Violeta, es la piedra filosofal, el tesoro más preciado de Elahm
—Pero... Es imposible... ¿Cómo ha podido...? -
—¿Recuerdas la historia de Elahm? Uno de sus hijo murió en un experimento, el hijo menor del alquimista, su cuerpo, su alma, su espíritu se volvieron la piedra que ves en mis manos ¡Es la piedra que le dio ese poder increíble, que guardó con tanto recelo por tanto tiempo... y ahora me pertenece!
En su rostro se dibujaba una expresión desquiciada, la mirada de sus ojos era de locura.
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—¡Oliver! ¡Despierta!
El castaño abrió los ojos y se encontró con el rostro preocupado de Gabriel
—¡Oh Dios! ¡¿Que te ha hecho ese monstruo?! —dijo mientras trataba de levantarlo. Su cuerpo destrozado yacía acostado sobre un charco de sangre, uno de sus ojos no se veía debido a la hinchazón de su rostro, debía tener al menos dos costillas quebradas, una de sus piernas no respondía, su hombro izquierdo estaba perforado y su brazo apenas se sostenía en su lugar.
—Debo llevarte con Zafiro para que te cure.
—Adam sabe dónde está Joan... — susurró Oliver antes de volver a perder la conciencia

#45

Egon entró a la habitación y encontró al alquimista en el mismo estado en el que lo había dejado, estaba amarrado a una silla, sus labios rojos estaban entreabiertos y sus ojos violetas lo observaban con esfuerzo.
—Necesito ir al baño —le pidió Joan apenas el cazador entró, su cabello caía tapándole gran parte del rostro y su camisa dejaba ver una parte de su pálido pecho
—Arréglatelas como puedas —le contestó Egon.
—¿Acaso quieres que moje todo? —le preguntó incrédulo el pelinegro
—Sería muy satisfactorio verte sufrir de cualquier forma posible —le dijo cruzándose de brazos, apoyando su cuerpo contra la pared, regocijándose de la desesperación del otro.
Joan gimió. —Por favor... —le pidió separando las piernas y empujando su cuerpo hacia adelante. Fue entonces cuando el celador observó como el pantalón del menor se humedecía y unas gotas comenzaban a resbalar por las patas de la silla, el olor a amoníaco enseguida chocó contra su nariz.
—Eres una basura —le gritó Joan tratando de que sus lágrimas no cayeran.
Egon sonreía con soberbia —Nunca levantaría un dedo para ayudar a una escoria como tú.
—No puedo creer que hables así de mi cuando tú mismo manipulas la alquimia.
—No es lo mismo, mi familia sufrió las consecuencias de nuestro pecado, y estamos purificando nuestras almas ayudando a limpiar el mundo de basura como tú.
La expresión de Joan se volvió tenebrosa —Que bonito discurso Egon, muy conmovedor, pero ni tú te crees lo que acabas de decir. Ambos sabemos que me odias por el vínculo especial que tengo con Eliel, los celos te devoran por dentro, no soportas ver el afecto que siente tu señor hacia mí, algo que tú como siervo, nunca tendrás.
— Vaya... así que el inocente y dulce Joan ha mostrado su verdadero rostro....
El pelinegro lo fulminó con la mirada pero luego una sonrisa maliciosa apareció en su rostro
—Creo que tendrás que limpiar este desastre, no querrás que Eliel me encuentre en este estado —.Le susurró
Egon lo observó de mala manera pero se agachó frente al menor y conteniendo su cólera comenzó a desabrocharle los pantalones, dejando a la vista la pálida y suave piel de sus piernas.
—Mmh... Egon, se te está poniendo dura ¿Será quizá que al cazador de alquimistas no le desagrado tanto cómo dice?
Los ojos negros de Egon se oscurecieron todavía más, la furia que sentía cortaba el aire de la habitación.
Al verse liberado de sus pantalones, Joan colocó su pie derecho sobre el hombro del cazador deslizándolo por su cuello, acariciando la piel hasta su mejilla.
—¿Lo estás disfrutando? —jadeó el pelinegro, sus labios brillaban y su rostro era lujurioso.
Egon seguía observándolo a los ojos con esa expresión amenazante. Joan volvió a sonreír maliciosamente y en un movimiento inesperado le asestó una patada en el medio del rostro. El cazador apenas se inmutó ante el golpe.
—Estaba esperando que te equivocarse de esa manera, voy a disfrutar este momento... —dijo mientras se levantaba y tomaba impulso para golpearlo en el estómago. Un chillido escapó de los labios de Joan mientras se doblaba por el dolor, no tuvo tiempo de reponerse ya que unos segundos después el codo de Egon se incrustó en su columna.
—¡Egon! —La voz de Eliel se escuchó detrás del guardián —¿Qué significa esto? —preguntó entrando a la habitación, cerrando la puerta tras de sí —¿Por qué Joan está atado? ¿Acaso mis órdenes no fueron claras? Joan no tiene ningún motivo para huir —.
El mayor se apartó de Joan.
—Eliel, no puedo permitir que un alquimista este sin restricciones en propiedad de la iglesia, es muy peligroso, podría traicionarnos y...
—¡¿Cómo te atreves a contradecirme?! Parece que no entiendes tu lugar en todo esto —le interrumpió él albino
—Lo siento mi señor.
—Hablaremos de esta conducta inaceptable más tarde —le advirtió y luego giró hacia Joan— ahora lo principal es ocuparnos de nuestros asuntos —dijo mientras desataba al menor— siento mucho la forma en que te ha tratado mi subordinado, curaré tus heridas, te cambiarás y podremos proceder a lo siguiente—.
—Las heridas no importan, una vez que haya absorbido la energía necesaria desaparecerán —le contestó.
—Al menos déjame limpiarte.
Joan asintió, apenas podía respirar y un hilo de saliva caía por su mentón.
—Egon, espera a Irving en el pasillo y vigila que nadie pase a los baños —le ordenó Eliel, tapó con su abrigo la desnudez de Joan y luego lo guió hasta los vestidores.
Cuando llegaron a los baños, se detuvo frente a él y comenzó a desabrochar los botones de su camisa, Joan levantó la mirada, apenas podía distinguir la silueta del albino, pero podía sentir en Eliel una tristeza desoladora. La camisa se deslizó por el delgado torso cayendo finalmente en el piso, dejando al alquimista completamente desnudo, el albino observó la marca roja que comenzaba a tornarse morada en medio del estómago del pelinegro.
Guió al menor hasta las duchas, observó el lugar con algo de pudor, pensar que hacía unos días había hecho el amor con Egon en ese mismo lugar ¿Cuantas cosas habían cambiado desde esos pocos días? ¿Cuantas personas habían aparecido en su vida? ¿Cuánto había cambiado en su interior?
Observó como Joan limpiaba su cuerpo y luego lo ayudó a secarse.
—A pesar de que nuestros caminos y naturalezas son opuestas, el dolor y la miseria es lo que nos une y es lo que nos mantendrá unidos hasta el final ¡Cómo hubiera querido que las cosas resultaran diferente Joan! ¡Mi pecho duele al pensar en el destino que fue preparado para ti!- le confesó Eliel con la voz temblorosa.
—Gracias Eliel por tú misericordia, pero para un ser tan elevado como tú preocupándose por un simple mortal es penoso —le contestó Joan
—No digas eso Joan, a pesar de nuestros orígenes sean diferentes, finalmente nos hemos convertido en los mismo, en monstruos llenos de odio.
Eliel le alcanzó una de las túnicas negras que utilizaban los cazadores
—Ponte esto.
Finalmente lo guió hasta los dormitorios donde Irving junto a Egon les estaban esperando.
—¡Al fin Eliel! Sabes que no puedo desaparecer por mucho tiempo, sino Abel sospechará.
—No te preocupes Irving, esto será rápido. Les reuní aquí nuevamente por que no podemos perder más tiempo, he encontrado una forma de que Joan se recupere sin sacrificar vida alguna y sin llamar la atención.
El cazador largó una carcajada.
—¿Estás bromeando? Eso es imposible.
—Irving prepárate, necesitaré tú N'ame.
—¿Qué? ¡Eliel! ¡Espera!— le pidió Egon
Pero el albino no le dio tiempo a decir nada, se acercó a Joan y lo tomó entre sus brazos
—Si estás por hacer lo que creo, por favor detente, es muy posible que mueras Eliel —le rogó Joan
—Tendré que correr el riesgo —dijo el albino y en ese momento acercó sus labios a los del pelinegro y lo besó, la energía comenzó a fluir por el cuerpo del alquimista, trató de separarse pero Eliel lo abrazó fuertemente contra sí evitando que Joan se soltara de su agarre. Pronto su sed se apoderó de su voluntad y comenzó a devorar los labios del cazador con desesperación mientras las lágrimas caían por su mejilla.
Venas azules aparecieron en el rostro pálido y comenzó a sentir como perdía las fuerzas, sintió como unas manos jalaban de él y lo separaban de Joan y luego perdió el conocimiento.
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Las manos de Alexis temblaban
—¡Alexis! No es momento para que pierdas los nervios, necesito que me traigas paños y agua caliente —gritó Zafiro mientras colocaba a Oliver en la cama.
El pelirrojo asintió y fue a buscar lo que le habían pedido
—Dime en que puedo ayudar —dijo Gabriel arremangándose la camisa, su ropa estaba empapada de sangre y su cabello despeinado, el horror que sentía podía divisarse en esa mirada sombría.
—Necesito que lo sostengas —le contestó mientras cortaba con un cuchillo la ropa de Oliver y lo revisaba —Su cuerpo está destrozado—.
—¡Por favor sálvalo Zafiro!
—No te preocupes, sus puntos vitales no fueron dañados, vivirá si le hacemos las curaciones básicas y detenemos el sangrado, lo que me preocupa es su brazo y su pierna —.Tomó una aguja con un hilo de una maleta que contenía instrumental. —Deberemos colocar el hueso en su lugar, entablillar y coser.... será una noche larga.


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Sintió cómo una mano acariciaba su mejilla y abrió los ojos, Egon se encontraba pacientemente al lado suyo, golpeó la mano del pelinegro para que no lo tocara.
—¿Cuánto tiempo estuve durmiendo?
—Solo una horas
—¿Y Irving? —preguntó Eliel levantándose, se encontraba en su habitación
—Hizo las curaciones necesarias y volvió cuanto antes junto a los sabios... Es un milagro que todavía estés vivo.
—Pero lo estoy, y si mis suposiciones son correctas esto me ayudará a despertar mi poder casi por completo, cuanto más cerca de la muerte este, mayor será el despertar de mi verdadero ser, después de todo, mi naturaleza esta fuera de los límites de la vida humana—. Tomó su túnica y se la colocó— ¿Cómo se encuentra Joan?-
—Bien, ha recuperado su visión un noventa por ciento. Está esperando noticias tuyas.
—Entonces iré a verlo.
Egon lo detuvo —Eliel—.
—Suéltame.
—¡No! Debemos hablar-
—¿Hablar? Agradece que todavía estás vivo, debería haberte matado.
La mano de Egon apretó con mayor fuerza el brazo del albino.
—No permitiré que me hables así —le contestó atrayendo el cuerpo del menor hacia él. —Ya te dije, puedes matarme cuando quieras, pero no pararé mientras viva.
—¿Crees que ya te perdoné? ¿Crees que porque me hiciste sentir algo tan hermoso ya no te guardo rencor? ¿En serio eres tan idiota como para creer eso? ¿Piensas que no te mataría? ¡Para mi eres solo un maldito peón, no lo olvides!
Los labios de Eliel temblaban, su cuerpo temblaba. Egon no dijo nada, solo acercó su rostro al del albino, rodeándolo con sus brazos con fuerza y lo besó, un beso tan dulce tan lleno de amor que Eliel no pudo evitar corresponderle con la misma dulzura.

#46

Alexis observó a Gabriel, estaba sentado en una silla junto a Oliver, su rostro demacrado y sus oscuras ojeras eran señales del momento difícil que estaba viviendo. Joan lastimado, casi ciego, había desaparecido; Oliver casi había muerto en manos de Adam y él no había podido hacer nada para evitarlo.
Hizo un poco de ruido para hacerse notar y se acercó a él.
—Te traje un poco de comida, y algo de sopa para cuando Oliver se despierte, unos calmante y unas hierbas que hay que colocarle —le explicó Alexis mientras apoyaba la bandeja en una mesa junto a Gabriel
—¿Y Zafiro? —preguntó el violinista mordiendo un poco de pan que había traído el pelirrojo
—Terminó de preparar las hierbas y se fue a acostar, estaba exhausto luego de utilizar el N'ame por tanto tiempo —le contestó Alexis arremangándose y quitando cuidadosamente el vendaje de una de las piernas de Oliver
—Entiendo... Déjame ayudarte—
Ambos untaron la pasta de hierbas qué había preparado Zafiro en las heridas de Oliver y volvieron a vendarlo.
—Ese sedante que le administró Zafiro es fuerte —comentó Gabriel
—Si, su cuerpo fue masacrado, era necesario para estabilizarlo, pero en unas horas ya recuperará la conciencia—. Le explicó terminando de guardar las vendas, en ese momento hubiera querido abrazarlo y decirle que todo estaría bien pero sabía que eso solo complicaría las cosas
—Bueno, creo que es mejor que me vaya, sería bueno que te acuestes aunque sea unas horas, podrías colapsar—. Le aconsejó dirigiéndose hacia la puerta, pero los brazos de Gabriel lo detuvieron.
—Te necesito —le susurró al oído —Quédate conmigo —le pidió casi en una súplica
— Gabriel.
—Por favor Alexis, eres el único que puede aliviar este dolor.
El pelirrojo asintió y se sentó junto a Gabriel.
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Víktor entró a su habitación y se sorprendió al encontrarse a Adam sentado en su butaca con los pies arriba del escritorio, observándolo con una mirada insolente.
—¿Qué quieres? —le preguntó secamente quitándose aquellos guantes negros que siempre usaba y el saco.
Adam se levantó y se acercó al mayor, colocó su mano en su hombro deslizándola hasta su pecho.
—A pesar de tu avanzada edad, sigues teniendo un cuerpo envidiable, y esa manera fría de tratar a todos es encantadora —le contestó evasivamente
—Déjate de idioteces y habla —le ordenó perdiendo la poca paciencia que tenía
Una espeluznante sonrisa se dibujó en los labios Adam, retiró la mano del pecho de Víktor y la colocó frente a su rostro.
—Lo he conseguido al fin, aquello que he estado tratando de obtener por tanto tiempo. Dion lo había estado protegiendo con tanto esmero, y ese imbécil de Zafiro se lo dio a Oliver como si se tratara de una baratija sin utilidad, seguramente ni siquiera sabía lo que había en el interior de ese libro. —Cerró su mano y cuando la abrió entre sus dedos sostenía una piedra roja que Víctor reconoció inmediatamente —la piedra filosofal... finalmente la tengo en mi poder—.

Las manos de Víktor comenzaron a temblar, desvió la mirada y se giró colocándose frente a la ventana, observando el jardín desde allí.
—Ahora tienes lo que querías, espero que hagas tú parte.
—No te veo muy feliz.
—Estaría feliz si pudiera acabar contigo con mis propias manos —dijo entre dientes sin poder contener su furia.
Adam lo abrazo por detrás.
—Que desagradecido eres, igual que los mocosos de tus hijos —le contestó agarrándole del cuello —Observa bien a tu alrededor Víctor, todo lo que ves, todo lo que eres, tú riqueza, tú poder, todo me lo debes a mí. Yo te otorgué ese poder, yo soy la causa de que los Gëber sean la poderosa familia de alquimistas que son ahora. —comenzó a apretar su cuello —Y así como te otorgué este poder, puedo quitártelo, no lo olvides —Le susurró al oído soltándolo al fin.

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—Gracias por cubrirme, si Abel se hubiera dado cuenta de que no estaba, hubiera estado en graves problemas— le agradeció Irving mientras terminaba de recolectar unas hierbas del invernadero.
—No te preocupes Irving, por algo somos primos —le sonrió Kris ayudándole a desenterrar unas raíces con propiedades curativas.
—Tienes razón —el mayor envolvió las raíces y las colocó en su bolso, luego caminó hacia una piedra y se sentó sobre ella —Ahora hablemos sobre lo que te tiene tan inquieto —
Kris se sonrojó —¿Tanto se me nota? —le preguntó a Irving sentándose a su lado
El mayor sonrió —Sabes que tengo un sexto sentido para esas cosas ¿Tiene que ver con Dominic? ¿Se han peleado?—.
—Algo por el estilo... Pero no quiero hablar de eso, necesito preguntarte algo sobre el incendio en el Placio Gëber hacer algunos años. Veras… sucedió algo muy extraño en el instituto, Joan Gëber, sus ojos…
—Kris, no creo que debas acercarte a Joan, es mejor si te olvidas de él... —Debía advertir a Kris en lo que se estaba metiendo, era la única forma en la que lo podría salvar. Si seguía indagando en aquel asunto podría terminar muerto.
El menor lo observó furioso —Sabía que esto sucedería si hablaba de él contigo ¿Tanto odias a los alquimistas? Nuestra familia y los sabios te han lavado la cabeza... —el menor se levantó ofuscado —pensé que eras diferente a ellos—.
Tuvo intenciones de irse pero la mano de Irving lo detuvo.
—No es eso Kris, por favor escúchame, hay muchas cosas que tú desconoces. —Observó a su alrededor algo nervioso.— No es prudente hablar aquí, te espero al anochecer detrás del mercado.

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La luz que entraba por la ventana lo despertó. Abrió los ojos, y como esperaba Gabriel ya no estaba allí. Se incorporó y se quedó unos segundos observando la ventana, el vidrio estaba empañado, el frío invernal que se sentía esa mañana anunciaba el comienzo de un invierno crudo. Se vistió y se dirigió al cuarto en el que se encontraba Oliver, Zafiro y Gabriel ya estaban allí. Un grito de dolor salió de los labios de Oliver cuando Zafiro movió su brazo, había sido un milagro que no lo hubiera perdido.
—Maldición Zafiro ten un poco de clemencia conmigo, me estoy muriendo del dolor —le pidió Oliver
—Te lo mereces por hacernos preocupar, pensé que ibas a morir —le reprochó Gabriel
—No es momento de preocuparse por mí Gabriel, debemos ir con Adam lo más rápido posible, él sabe dónde está Joan.
—¡¿Eres idiota o qué Oliver?! ¿Cómo vas a siquiera pensar que puedes ir a ver a Adam en el estado en que estás? ¡Te matará!—.
—¿Y qué quieres que haga? ¡¿Que me quede aquí sin hacer nada?! ¡¿Entiendes mi posición?! -
—¿Y si mueres? ¿Qué lograrás si Adam te mata? ¡Mira cómo te dejó! ¡¿No eras tú el que me prometiste que me sacaría de ese lugar?! —los ojos de Gabriel se llenaron de lágrimas —¡Debes pensar Oliver! ¡Si quieres suicidarte, no te preocupes! ¡Yo te haré el favor! ¡Te mataré aquí mismo!—.
El rostro de Oliver se volvió rojo de la furia, sus colmillos aparecieron y su mandíbula se ensanchó, sus ojos se volvieron de un amarillo intenso, agarró a Gabriel del cuello con su brazo sano y lo observó amenazadoramente, era aterrador. Un gruñido retumbó por toda la habitación pero Gabriel no se inmutó.
Finalmente Oliver cedió el agarre.
—¿Cuánto tiempo me tomará recuperar la movilidad de mi brazo y pierna? —le preguntó a Zafiro
—Con la utilización del N'ame en dos días estarás completamente curado.
—Zafiro, utilizar el N'ame por dos días es demasiado esfuerzo— le interrumpió el pelirrojo
—No te metas Alexis —le advirtió Zafiro
—Un día... Ese es el tiempo que necesitaré para estar en óptimas condiciones. —aseguró Oliver
—Entonces ese es el tiempo que me dedicaré a buscar a Joan —le contestó Gabriel, debía conseguir información del paradero de Joan antes de que Oliver se recuperara, era la única forma de que su hermano no se enfrentara a Adam

#47

—¡Eliel! ¡Oh dios! Pensé que morirías —dijo Joan cuando el albino entró en la habitación.
—Pero sigo aquí Joan, por suerte o por desgracia... —le contestó Eliel acercándose —Veo que tus ojos se han curado —.
—Sí, he recuperado la vista casi por completo —apretó su puño con fuerza y observó a Eliel a los ojos— Este poder que corre por mis venas, nunca había sentido algo así. En verdad eres un ser divino—.
—Gracias a ti, mi verdadera naturaleza está surgiendo finalmente, pronto podré utilizar todo mi potencial al máximo.
—Nunca pensé que este horrendo poder pudiera servir para algo —le comentó alejándose de él y sentándose en el baúl al lado de la cama de Egon, moviendo su pierna con impaciencia —Entonces... ¿Cuál es tú plan? —
—Primero esperar a que mi padre obtenga la reliquia que los Novak han guardado en secreto por tanto tiempo, esta noche Egon irá a su casa. El relicario no permite que nos acerquemos al Inmortal, en otras ocasiones se ha presenciado el increíble poder del relicario, pero los sabios han encontrado una manera de eliminar esa barrera.
En el rostro de Joan apareció una expresión preocupada que Eliel pareció percibir porque enseguida le aclaró:
—Sí estás pensado en la seguridad de Alexis, es un riesgo que tendremos que correr si queremos lograr nuestro objetivo.
Joan no dijo nada, no era exactamente la vida de Alexis lo que le preocupaba, él no era un humano normal, muy en el fondo de su alma una terrible y anómala oscuridad estaba dormida, había sido con aquella oscuridad con la que había sentido cierta empatía. Pero no dijo nada de todo aquello a Eliel por una simple razón, no era de su incumbencia, solo estaba allí porque era conveniente para él, gracias a ello había podido curar sus ojos y mantener su poder controlado sin poner en riesgo la vida de sus hermanos. Eso no quería decir que haría todo lo que Eliel le dijera y que cumpliría sus órdenes, y suponía que el albino lo sabía de antemano. Sin embargo había algo que Eliel había dicho y era muy cierto, a ambos les unía el odio y la destrucción y nunca iba a poder escapar de ello, era parte de él. Lo que ciertamente le preocupaba era que sus hermanos quedaran involucrados en la pelea, esperaba que su miedo no se volviera realidad, estaba seguro que la casa de los Novak se volvería un campo de batalla, lo presentía, algo terrible sucedería aquella noche.
La voz de Eliel lo sacó de sus pensamientos —...Luego le robarélas reliquias a mi padre y con ellos tendré el poder suficiente para acabar con los sabios, la fuerza de Elahm, Dion y Cyan Novak, los alquimistas más poderosos de todos los tiempos, estará en mi poder, seré invencible —.
Joan lo examinó con una mirada felina.
— Interesante... Pero ¿En verdad piensas que te ayudaré a obtener todo ese poder, sabiendo que puedes perjudicar a mi familia? Con mi padre puedes hacer lo que quieras, y si matas a Adam sería la persona más feliz del mundo, pero ¿Qué me garantiza que no lastimarás a mis hermanos? Aunque quieras acabar con los sabios, claramente sigues siendo un cazador, has crecido y te han criado como uno, y la misión de los cazadores es, entre otros, el exterminio de los alquimistas...—
—Supuse que dirías algo así, es por eso que tengo una propuesta que hacerte—.
Joan sonrió. —Vaya Eliel, tú siempre tan precavido. —Acomodó su cabello negro detrás de su oreja y descanso su brazo en una de sus piernas —Dime más....
— Los sabios desarrollaron un objeto con el propósito de detener el poder del Relicario de Elahm, sirve como protección. Al entrar en contacto con el relicario, este se anula automáticamente, por lo tanto no se puede utilizar los dos objetos al mismo tiempo, es por eso que tú usaras aquel objeto y me ayudarás a terminar con esto. Si hay algo que no te gusta podrás detenerme en cualquier momento.
—¿Estás dispuesto a poner tú vida en mis manos? Podría traicionarte, podría anular tu poder y matarte, o entregarte a los sabios sin ningún problema, después de todo mi familia tiene un trato con ellos.
—Confiaré en tí.
Joan lo observó sorprendiendo.
—No puedo creer que seas tan idiota.
Eliel se acercó a él, se agachó y depositó un besó en su frente, el albino lo observó con esos ojos rojos tan hermosos y tan tristes
—Muchas veces Joan, lo único que nos queda es creer... —le susurró
La expresión soberbia de Joan cambió a una dulce y nostálgica.
—Eliel...— gimió algo contrariado.
—Debo irme, volveré cuando tenga noticias sobre el éxito de la misión.
Joan asintió, pero antes de que Eliel saliera lo volvió a llamar —Puede ser que mi yo anterior no supiera muchas cosas debido al sello que Oliver colocó en mí. Pero ahora poseo mis recuerdos en un cien por ciento, conozco bien la leyenda del Relicario y un problema importante que había con este objeto alquímico era que no podía ser utilizados por otra persona que no fuera un Novak ¿Cómo planeas entonces utilizar esa reliquia? —
—No te preocupes por eso, una parte del alma de Cyan está sellada dentro mío, este hecho hace que automáticamente sea compatible con el relicario.
—Como...
—No te equivoques Joan. Cyan me entregó su alma, al igual que su corazón y sus secretos de manera voluntaria, nadie lo obligó —le contestó el albino saliendo de la habitación, le dolía recordar a Cyan en aquel momento, había traicionado su amor, y ahora traicionaría su voluntad por su estúpido egoísmo.


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—Kris...
El pianista levantó el rostro al escuchar su nombre y se encontró con la figura de su primo a unos metros suyos. Irving le hizo una seña para que lo siguiera, pasaron unas tiendas y finalmente se adentraron en un estrecho callejón
—No tengo mucho tiempo así que seré breve... —comenzó diciendo el cazador— pero antes de empezar debes prometerme dos cosas, primero que escucharás todo lo que diga antes de hablar o llegar a una conclusión, segundo, que todo lo que diga aquí permanecerá en secreto, absolutamente nadie debe enterarse de esto ¿Entiendes?—.
Kris asintió
—Promételo.
—Lo prometo...
Irving suspiró, colocó una mano sobre el hombro del menor y lo observó.
—Sé dónde lo que quieres saber de Joan... —le confesó.
Los ojos de Kris se abrieron de la sorpresa
—¡¿Cómo... —pero no pudo seguir hablando porque Irving le tapó la boca
—Me prometiste que primero me escucharías —le recordó
Kris asintió y no dijo nada más, Irving volvió a suspirar y apartó la mano.
—Escúchame bien Kris, he estado con Joan, lo he visto actuar, he visto de lo que es capaz y no puedo permitir que te involucres en esto. Joan tiene una patología terrible llamada N'ame invertido, es un cuerpo que no se sostiene por sí mismo, cuyas células se van destruyendo conforme pasa el tiempo y no se pueden regenerar. La persona que tiene esta desviación desarrolla la habilidad de absorber energía de otros cuerpos para poder sobrevivir, este tipo de organismo tienen una personalidad muy compleja, en otras palabras Joan es un asesino por naturaleza. He conocido varios casos, y créeme, lo que tú viste no fue más que un espejismo. Generalmente para que el poseedor del N'ame invertido pueda vivir en sociedad se debe utilizar un sello especial que encierra su naturaleza destructiva, gran parte de su personalidad se ve anulada ¿Lo comprendes? Sí te acercas a él te destruirá, es su forma de ser, es su instinto de supervivencia, no lo puede evitar.
Joan está con Eliel, él lo reclutó, junto con Egon y conmigo ha armado un plan para derrotar a los sabios....— siguió contándole el cazador— El mejor lugar en el que puede estar ahora es con Eliel, él puede controlarlo, su poder es sumamente necesario para acabar exitosamente con los sabios, con él tenemos la victoria asegurada ¡Finalmente seremos libres Kris! ¡¿Lo entiendes?! ¡¿Lo comprendes?! Así que ya no preguntes más, esto está fuera de tu alcance, mantente alejado, esto lo estoy haciendo para que mi clan sea libre al fin, para que ustedes puedan disfrutar de una vida sin miedo, sin censura, para que volvamos a ser los orgullosos alquimistas que éramos.... —

El menor lo observaba seriamente, su mirada era atenta y decidida, cuando Irving terminó de hablar, colocó su mano en su hombro.
—Yo también lucharé Irving, quiero matar a los sabios tanto o más que tú, llévame contigo, no te defraudaré, quiero luchar a tu lado.
Los ojos grises de Irving le dirigieron una mirada furiosa, sacó la cuchilla que llevaba escondido en su saco y la apuntó al cuello del menor.
—Escúchame imbécil, y escúchame bien porque esta será la única vez que lo diré, esto va más allá de tú entendimiento y tú poder, si te entrometes lo único que harás será entorpecernos y si te metes en mi camino Kris no dudaré en matarte —alejó la cuchilla de su cuello— Te he contado todo esto porque quería que supieras la verdad, tú destino es dirigir los pasos de la próxima generación de alquimistas, necesito que mantengas la unión con los Adler, que se apoyen y que luchen por un futuro mejor, es tu deber, tuyo y de Dominic, ustedes son la clave Kris, mantén tu cabeza en ello ¡Te necesito! —le rogó Irving— es la última advertencia que te daré, aléjate de todo este asunto. Si no lo haces terminarás muerto de una u otra forma.
Irving se fue alejando de a poco.
— No me busques... —le advirtió y luego desapareció entre la multitud.

#48

—Señor, me llamó…—dijo Egon apareciendo desde las sombras en la habitación de Eren.
El paladín se estaba terminando de vestir. En unas pocas horas marcharía hacia la casa de Zafiro Novak en busca del inmortal.
—Sí, así es, seré breve ya que no tenemos mucho tiempo. Desde ya debes saber que este encuentro debe ser secreto y nadie debe saber que has venido a mi cuarto y que hemos tenido esta charla.
—Así será mi señor, sabe que puede contar con mi total discreción.
—Muy bien Egon, tengo completa confianza en ti, y sé que nunca me traicionarías. Debo pedirte que hagas algo por mí, algo muy importante. Es algo imprescindible, debes cumplirlo por el bien de todos. Necesito que mates a Alexis Novak.
Egon los observó desconcertado
—¿Qué? No… No comprendo Eren ¿Por qué me pide algo así mi señor? Si hago eso los sabios…
—Alexis Novak es un ser muy peligroso, su sola existencia podría poner en peligro a la humanidad. No debemos permitir que nadie ponga las manos en un poder tan terrible, ni siquiera los sabios. Debemos destruirlo aunque eso nos cueste nuestras vidas ¿Entiendes? No debes hacer más preguntas Egon, no debes saber nada más, solo hacer lo que te pido.
Eren se terminó de acomodar la túnica y observó a Egon a los ojos
—Se nos acaba el tiempo, necesito saber que cumplirás con lo que te he pedido.
El siervo mantuvo la mirada en los ojos celestes de Eren, había terror en ellos ¿Tanto miedo le tenía a Alexis Novak?
—Si mi señor, lo haré.


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Egon ató sus botas negras y colocó su capa encima de su túnica, luego giró hacia Joan quién lo observaba con una sonrisa cínica en su rostro sentado en su cama.
—¿Qué miras? ¿Te gustó tanto que te haya pateado el rostro que quieres más? —le preguntó burlonamente tratando de molestarlo.
El cazador se levantó y lo observó directo a los ojos. La sonrisa de Joan se borró en el momento que se encontró con esos ojos negros, siempre se había caracterizado por ver cosas que el resto no podía, y pudo percibir en esos ojos que algo terrible sucedería aquella noche y que Egon era plenamente consciente de ello.
El guardián se arrodillo ante Joan bajando la cabeza y juntando sus manos.
—Sé que ambos hemos tenido una pésima relación desde el principio y que no tengo derecho a pedirte nada, pero soy una persona muy egoísta que solo piensa en sus deseos sin tener ninguna consideración por los demás. Soy muy orgulloso y nunca me rebajaría a hacer tal cosa como implorarle a alguien, y sin embargo aquí me ves arrodillado ante ti, humillándome de esta manera... Joan Gëber debo hacerte una única petición, una deuda que te deberé por siempre, estaré eternamente agradecido contigo si la cumples. Por favor Joan, cuida a Eliel por mí, cuídalo como si fuera uno de tus hermanos que tanto amas, no dejes que sea consumido por el odio, no dejes que se destruya a sí mismo. Yo no lo he podido lograr, como un peón, como una herramienta que soy solo he podido cumplir con sus deseos y acatar sus órdenes. Tanto dolor hay en su corazón ... Tú lo entiendes. Por favor, te lo suplico. No tengo nada que ofrecerte, ni siquiera de mi vida soy dueño en estos momentos, solo tengo este gran sentimiento que inunda mi pecho, esta calidez, este amor, es lo único que me pertenece—.

El rostro de Joan era serio y distante, analizó las palabras del guardián una por una con increíble frialdad, y cuando el otro terminó de hablar se acercó a él con una mirada indescifrable.
—De hecho cazador hay algo que me interesa intercambiar por la seguridad de tu querido Eliel, verás. mis hermanos tienen una muy estrecha relación con la familia Novak, y seguramente terminarán implicados en este encuentro. No me importa que hagas con Alexis. —le susurró cerca de su oído colocando una mano en su hombro izquierdo —aunque dudo que puedas llegar a herirlo seriamente, pero si llegas a lastimar a mis hermanos, te juro que acabaré con tu ángel de la forma más lenta y dolorosa que encuentre destrozándolo por completo—.
Egon apretó sus dientes con fuerza y con una velocidad y destreza propia de un cazador agarró el cuello de Joan y comenzó a apretarlo fuertemente
—Maldito hijo de puta, si llegas a tocar un pelo de Eliel te juro que...
—Lo que hace el amor ¿Verdad?—le interrumpió hablándole con dificultad —En eso nos parecemos Egon, ambos haríamos lo que fuera por la persona que amamos...— Joan le dedicó una torcida y lúgubre sonrisa
La mano del mayor comenzó a temblar y finalmente cedió, se incorporó parándose frente al alquimista, observándolo fijamente a los ojos con una expresión más serena.
—Entonces tenemos un trato.
—Tenemos un trato.

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Egon apareció en la sala, Irving y Eliel ya se encontraban ahí. Los ojos rojos de Eliel lo observaron ansiosos, apenas lo vio se dirigió a él con una triste sonrisa que le destrozó el corazón.
—No puedo creer que pronto tendremos las dos piezas que nos faltan.
En ese momento su voluntad flanqueó y su mundo comenzó a temblar, todavía faltaban unos minutos, todavía había tiempo para detener esa locura. Tomó de la mano a Eliel y lo guió hasta el patio a un lugar apartado donde sabía era poco probable encontrarse con alguien
—¡Egon! ¡¿Qué haces?! Mi padre llegará en cualquier momento junto con Abel y si no estamos allí tendremos problemas.
—Vayámonos, huyamos lejos de aquí, yo puedo darte una vida lejos de todo esto, podemos empezar de cero, seríamos felices, seríamos libres ¡Por favor Eliel te lo suplico! —le pidió Egon
Eliel lo miró desconcertado.
—¿Pero qué dices Egon? No es momento para bromear, es... es imposible lo que dices —una risita nerviosa se escapó de los labios del albino, pero su expresión de asombro cambió cuando sus ojos se posaron en los del pelinegro, el cazador lo observaba con decisión, si Eliel le decía que sí era capaz de usar hasta el último aliento de su cuerpo para alejar a su ángel de allí, no permitiría que nadie lo lastimase, lo escondería del mundo, le daría una vida de paz y de amor, sabía cómo desaparecer sin dejar rastro.
—No estás hablando en serio... —dijo Eliel tratando de restarle importancia a sus palabras.
—Eliel, por favor... No tenemos tiempo... —le apresuró el cazador, observándole intensamente a los ojos demostrándole así que sus palabras eran verdaderas.
Los ojos rojos se llenaron de lágrimas y la calma y entereza que había demostrado hasta ese momento se desvanecieron.
—No, no puedo... No puedo abandonar a mi madre, no puedo dejar en la oscuridad a mi familia ¿Acaso no lo entiendes? Aunque me llevaras lejos de aquí yo... Nunca podría ser feliz —el albino se apartó— ¿Que hago con todo este odio, con todo este dolor Egon? ¿Piensas que si me voy contigo todo este sufrimiento desaparecerá?—.
Eliel lo observó esperando una respuesta, algo que pudiera salvarlo de aquel destino, pero aquello no sucedió, todo ya estaba dicho. Fue entonces cuando el pelinegro se acercó a él y lo tomó entre sus brazos uniendo sus bocas en un suave y dulce beso, la piel de sus labios se rozaron con extrema delicadeza y sus lenguas se acariciaron.
—Eliel, te amo, haría lo que fuera por ti...— le susurró cuando se separaron —¿Tú? ¿Me amas?—
El albino acarició la pálida mejilla de Egon
—Te amo...
—Nunca pensé que escucharía esas palabras de tú boca —le sonrió el mayor
Cuando se dió cuenta, ambos ya se encontraban en el salón. Unos minutos más tarde Abel y Eren también aparecieron, y así el principio del fin daba comienzo.

#49

Gabriel se dirigió hacia Kris con pasos rápidos, lo agarró de la camisa y lo golpeó contra la pared del pasillo.
—Estoy seguro de que tú tienes algo que ver en todo esto— le acusó
—¡Estás loco Gabriel! Estamos llamando demasiado la atención— susurró con preocupación Alexis apareciendo detrás del pelinegro.
Gabriel ignoró el comentario y volvió a azotar a Kris contra la pared
—Dime dónde está Joan.
—No sé de qué demonios estás hablando —le contestó Kris
—Alexis, observa sus ojos....—le ordenó Gabriel
El pelirrojo examinó detalladamente esos ojos negros
—Está mintiendo.
Dominic que se encontraba a unos pasos de Kris, empuñó la daga que tenía escondida en la manga de su abrigo y la apuntó hacia el cuello de Gabriel
—Suéltalo o te mataré —le amenazó
El violinista le sonrió con soberbia.
—Atrévete —le retó, mientras tomaba a Kris del cuello y comenzaba presionarlo.
Enseguida el flautista arremetió contra Gabriel queriendo enterrar el filo del arma en su cuello, pero la afilada punta de la daga no atravesó nunca la pálida piel, sino que rebotó sobre ella como si se tratara de la piedra más dura, sin siquiera hacerle un rasguño.
El castaño observó sorprendido a Gabriel quien aprovechó ese instante para arrebatarle la daga y sujetarlo, colocando el arma sobre su cuello, liberando así a Kris de su agarre.
—Habla... Si no lo haces lo mataré...—le advirtió a Müller
—No puedo, esto es mucho más grande de lo que te imaginas Gabriel, no puedo traicionar a mi clan.... —le explicó nervioso, no le importaba si su vida se veía amenazada, pero poner en peligro la vida de Dominic era diferente, no podía permitir que muriera.
Gabriel apretó levemente la hoja afilada sobre el cuello de Dominic, unas gotas de sangre se deslizaron por su piel hasta la clavícula.
—Es tú ultima oportunidad, dime dónde está Joan, o acabaré con su vida.
Kris lo observó desesperado con los ojos llenos de lágrimas por la ira y la impotencia que sentía, apretó los puños y la mandíbula con furia.
—¡Está con Eliel! Joan... está con Eliel...—le confesó finalmente —...Por favor haz lo que quieras conmigo pero suelta a Dominic—.
El pelinegro retiró la daga del cuello de Dominic y lo empujó con fuerza hacia delante haciendo que se estrellara contra el pecho de Kris.
—Ahí tienes a tu puta Müller —le dijo tirando la daga a sus pies y luego se marchó seguido por Alexis.
—¡Maldito hijo de puta! —le insultó Kris mientras las lágrimas de impotencia caían por sus mejillas, le había fallado a Irving, le había traicionado y ahora tendría que pagar las consecuencias —¡Me las pagarás!— le gritó ante la atenta mirada de los alumnos.

—Ve a avisarle a Oliver la ubicación de nuestro hermano... —le encomendó Gabriel a Alexis cuando ya hubieron salido del edificio— Yo iré a verificar la locación de Joan—.
—Yo iré contigo, puede ser peligroso.
—No, iré solo —le insistió— no voy a hacer nada arriesgado Alexis, no soy imbécil... No te preocupes, solo haz lo que te digo—.
El pelirrojo asintió.
—Te cuidado... —susurró antes de dirigirse hacia su casa, tenía un mal presentimiento sobre todo aquello, esperaba que sólo fuera idea suya.

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—Entonces Egon reducirá a Zafiro Novak y traerá a Alexis y el relicario ante nosotros, Alaric se encargará de que no haya ninguna interferencia externa —explicó Eren extendiendo la mano en la que sostenía una cadena de plata con una cruz que tenía incrustado algo que parecía marfil en el medio— Este objeto te protegerá del poder del relicario, esta hecho con el hueso del dedo índice de Kristo, el hijo de Elahm— le explicó colocando el objeto en el cuello de Egon.
—Irving será mis ojos, nos informará ante cualquier anomalía y será el encargado de la asistencia médica. Agregó Abel —Bueno, supongo que no hay más nada que agregar, no espero menos de ustedes que una misión exitosa. Que la gracia de nuestro salvador y la Virgen esté con ustedes —finalizó
Eliel se acercó a Egon despidiéndose de él con un apretón de manos —espero que te dé suerte —susurró pasándole disimuladamente un objeto. El guardián cerró el puño recibiéndolo y finalmente inclinó su cuerpo en señal de respeto —Gracias amo Eliel —tomó su mano y la besó— cumpliré la misión con éxito—.
El albino asintió.
Egon se apartó de él y con la cabeza alta, partió a enfrentarse a su destino. Abrió el puño en el que contenía el objeto que le había dado su amo, se trataba del anillo de plata que hacía unos días le había regalado. Ese anillo sería su luz, lo guiaría en su camino para poder cumplir la misión que se le había encomendado.

_____________

Oliver abrió los ojos y se incorporó al sentir una presencia anómala dentro de la habitación, apenas su vista se adaptó a la oscuridad de la noche, pudo distinguir la afilada hoja de una espada apuntando a su pecho.
—Muévete aunque sea un milímetro y acabaré con tú vida, alquimista —le advirtió Alaric
El hombre bestia levantó la vista y se encontró con un joven que debía tener la edad de su hermano Gabriel, vestido con una túnica negra y una cruz roja bordada sobre el corazón, un clara señal de que estaba frente a un cazador. Tenía cabello rubio casi blanco y ojos celestes que mostraban una determinación y sagacidad que debía compensar su inexperiencia.
Oliver sonrió ¿Enserio Eren pensaba que ese pequeño, era rival para él? Lo estaba subestimando demasiado. Sus ojos se volvieron de un amarillo intenso y brillaron en aquella oscuridad, sintió sus colmillos crecer y sus músculos agrandarse. Analizó el estado de su cuerpo, todavía no podía casi mover su brazo izquierdo, su pierna estaba un poco mejor, podía sostenerse pero aún cojeaba. Ese chico tenía suerte de que no lo encontrará en su mejor momento, sino ya lo habría despedazado.
—Espero que tengas algo más que agallas...—le provocó el alquimista
—Te borraré esa sonrisa de la cara—.Le respondió el rubio
—Eso lo veremos.

Hace alrededor de 2 meses

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#50

Zafiro se encontraba en el salón, estudiando unos libros de medicina alquímica. Suspiró algo exhausto, su cuerpo le estaba cobrando el esfuerzo que estaba realizando al utilizar el poder del N'ame tanto tiempo y lo podía sentir en sus brazos entumecidos. Otra vez volvía a ayudar a un Gëber y se preguntaba una y otra vez por qué estaba haciendo eso, sabía que tarde o temprano se arrepentiría.
Observó por la ventana, aunque todavía era temprano ya había anochecido, una característica de esa época del año al igual que ese terrible frío que le calaba hasta los huesos. Esperaba que Alexis y Gabriel volvieran rápido y trajeran buenas noticias.
Fue en ese momento que tuvo aquel sentimiento de peligro que lo había salvado tantas veces, se levantó con rapidez de la mesa y tomó tres frasquitos de una repisa, escondiéndolos en uno de los bolsillos de su chaleco.
Una sombra apareció detrás de él
—Vaya, al fin nos conocemos Zafiro Novak —dijo la grave voz muy cerca de su oído
—Un controlador de sombras, interesante poder, muy apropiado si quieres entrar a una casa ajena a robar algo que no te pertenece.
—Tienes razón—le contestó Egon con una voz serena
—Deja de perder el tiempo y hagamos lo que vinimos a hacer —le interrumpió otra voz al otro lado de la habitación —Abel odia esperar, se pondrá insoportable si no le llevó lo que quiere rápido...
Egon gruñó.
—A veces puedes ser odioso Irving
Zafiro aprovechó aquel momento para alejarse de la sombra, con rapidez tomó dos de los frasquitos que había guardado en su chaleco y los lanzó al suelo haciéndolos estallar, la combinación de las dos sustancias causó que la habitación se llenara se humo, se arrastró hasta la cocina y tomó un cuchillo.
Sintió como una mano le sujetaba el brazo.
—Te tengo… —murmuró Irving algo molesto por el humo.
Zafiro blandió el cuchillo logrando herir el brazo del cazador, quien largó un quejido, soltándolo al instante. El alquimista quiso escapar pero enseguida chocó contra la figura de Egon.
—¿Crees que puedes escapar de nosotros con esos trucos mediocres? —le preguntó el cazador de forma burlona
—Así es... —le contestó Zafiro abriendo el último frasquito que le quedaba, rociando al pelinegro del líquido en su interior.
Enseguida Egon sintió como su hombro y parte de su rostro que había sido alcanzado por aquel líquido comenzaban a quemar y a desintegrarse, era ácido, un grotesco gruñido salió de su boca, el dolor era insoportable.
Zafiro aprovechó ese instante para arrastrarse por el piso hasta una de las ventanas, el humo se estaba disipando, debía ser rápido para poder escapar. Lamentablemente, antes de que pudiera llegar hasta el otro lado, sintió como un objeto filoso atravesaba su talón clavándolo al piso, un quejido de dolor salió de sus labios. Enseguida una patada lo golpeó directamente en el rostro y luego en las costillas. El humo comenzó a desvanecerse y un viento frío entró en la habitación, alguien había abierto la ventana.
Unos segundos más tarde pudo ver con claridad el objeto que se había incrustado en su pie, se trataba de una hermosa lanza blanca, quiso quitarla pero no pudo alcanzarla ya que otra patada volvió a hundirse en su mejilla y luego sintió como pisaban su muñeca haciéndolo soltar el cuchillo que todavía sostenía en su mano.
—Asqueroso alquimista, maldita escoria ¡Te haré pagar lo que me has hecho! —le gritó con furia Egon, la mitad se su rostro estaba desfigurado, el ácido había derretido el párpado de su ojo izquierdo, su mejilla y su cuello; y su túnica en la parte de su hombro se había desintegrado al igual que parte de su piel. Formó en su mano una especie de espada negra y la clavó en el hombro de Zafiro, el pelinegro se retorció del dolor.
—¡Dime dónde está Alexis Novak!— le ordenó formando otra espada negra y clavándola en la palma de su mano derecha. Pero lo único que logró fue que Zafiro largara una agonizante carcajada.
Irving quien había abierto la ventana se acercó y se colocó al lado de la lanza, suspiró fastidiado por la situación, agarró el arma y la extrajo del tobillo del alquimista haciendo que este gritara, luego la apuntó directamente a su ojo izquierdo.
—Te lo preguntaremos de nuevo y si no contestas te enterraré la cuchilla de mi lanza en tu ojo ¿Donde está Alexis Novak? —Le repitió
—Vaya... Un alquimista usando el arma de un cazador, que irónico —dijo Zafiro volviéndose a reír eufórico
—Soy siervo de los sabios, no veo lo irónico... —le respondió Irving tratando de mantener la compostura, esas palabras le habían golpeado en su ego aunque no lo demostrase. Sin más clavó la lanza en el ojo de Zafiro quien volvió a retorcerse del dolor, era insoportable pero no cedería, había estado esperando aquel momento por mucho tiempo.
—Lo próximo será tu ojo derecho Zafiro Novak, espero que estés preparado para lo que te sucederá si no respondes nuestras preguntas— le dijo apuntando su lanza al otro ojo.
—Nunca les diré nada a ustedes ¡Asesinos! ¡Cobardes! ¡Traidores!
Irving tensó la mandíbula, todo aquello lo estaba haciendo por el bien de su clan, se dijo a sí mismo y se preparó para clavar la hermosa lanza en el único ojo sano que le quedaba a Zafiro.
—¡¡ALTO!! —gritó una voz que provenía de los dormitorios, ambos cazadores giraron a ver al intruso, era Oliver Gëber quien yacía apoyado en el marco de la puerta.
—¿Dónde está Alaric? —le preguntó Egon
—Está inconsciente...pero todavía vive...
—¡Habla Gëber o te deparará el mismo destino que Zafiro Novak! —le amenazó Irving
—Les recuerdo, cazadores, que Eren Lewitts y la familia Gëber tienen un tratado de paz —le contestó Oliver
—...Que usted está rompiendo al entrometerse en nuestro deber —le interrumpió el asistente de Abel
—No, se equivoca señor Müller, yo sólo quiero ayudarles.
—Habla alquimista de una maldita vez, antes de que pierda la paciencia y te mate —le apresuró Egon
—Alexis Novak no se encuentra en esta casa....—dijo finalmente— Pero pronto volverá...


____________
Se escondió entre los arbustos, colocó sus manos en sus labios y silbó imitando el sonido de un ave, pero con un tono diferente, un miembro de la familia Gëber era capaz de descifrar aquel sonido como un llamado, había amplificado las ondas de su voz a través de control del viento para que en cualquier lugar de aquella casa donde se encontrara, Joan pudiera escucharlo y responderle.
Esperó media hora y volvió a silbar. Unos minutos después, escuchó unos pasos cerca suyo, se puso en guardia y espero pacientemente.
—¿Sabes lo difícil que fue llegar aquí sin ser descubierto? —se escuchó la voz de Joan y la figura del pelinegro apareció frente suyo —Espero que sea importante ¿Qué quieres? —.
Gabriel no salía de su sorpresa, sentía una sensación de entre alivio de ver que su hermano estaba bien y de enojo por su actitud indiferente.
—¿Cómo has desaparecido así Joan? ¿Estás loco?-
El menor suspiró molesto —No entiendo cómo has podido dar con mi paradero—.
Gabriel ignoró su comentario.
—¿Sabes todo lo que ha tenido que pasar Oliver por tu culpa? ¡Adam casi lo mata! Yo tuve que huir de allí antes de que me descubrieran.
—Hubiera sido peor si yo me hubiera quedado con ustedes Gabriel, estando junto a Eliel he podido recuperar mi vista, él es capaz de controlar mi poder, si permanezco junto a él, ustedes ya no corren peligro.

El violinista observó los hermosos ojos violetas, se acercó a él y acarició su mejilla, por más que no lo quisiera admitir, Joan tenía razón.
—No sabes cómo me alegra saber que tus ojos se han curado —Le confesó algo aliviado —Pero ¿Por qué Eliel te ha ayudado? ¿Qué terrible precio deberás pagar por su ayuda? —le preguntó preocupado.

Joan acarició la mano de Gabriel. —Eliel me necesita, precisa mi fuerza para hacer frente a los sabios, él quiere destruirlos tanto como nosotros.
—Pero Joan, él es un cazador... No puedes confiar en su palabra, nuestras naturalezas son diferentes.
—Te equivocas Gabriel —Joan lo observó fijamente —Necesito que escuches bien lo que estoy a punto de decirte, tú sabes que soy capaz de ver cosas que los demás no pueden, tu has sido testigo de ese poder...—
Gabriel asintió escuchándolo atentamente
—Eliel no es humano, es un ser superior, Gabriel, he visto su gran poder.
—Pero... Eso es... — no podía digerir lo que acaba de decirle su hermano menor
—No puedo contarte con detalles, pero necesito que confíes en mí.
Gabriel frunció el ceño. —Sabes que siempre he tenido fe en tí Joan, pero no creo que pueda convencer a Oliver... él... lo que siente por ti...
Los dedos del chelista se posaron sobre los labios de Gabriel.
—Ya lo sé hermano, y cuando sea el momento deberé lidiar con él, pero al menos transmítele estas palabras para darle un poco de tranquilidad a su pobre corazón —le sonrío con tristeza— Ahora debes volver rápidamente a la casa de los Novak, el guardián de Eliel ha ido a llevarse a Alexis.

El semblante de Gabriel cambió a uno preocupado
—No te preocupes tanto hermano —le calmó Joan — No creo que puedan hacerle algo a Alexis... él y yo somos más parecidos de lo que crees...

Hace alrededor de 2 meses

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