Egon_Blumer
Rango7 Nivel 30 (1488 ptos) | Autor novel
#1

La humedad del rocío de la mañana se podía sentir en el ambiente.
Una tenue luz comenzaba a asomarse por el horizonte, acompañada del ruido de los grillos ocultos en los arbustos; un búho se unía a su canto apoyado en una de las ramas de un viejo árbol. Sun Yue caminaba por el monte Heng aquella mañana de verano, buscando las plantas medicinales que el maestro Yi Ching le había pedido.
Una fina neblina se colaba por la vegetación desdibujando los objetos, haciendo difícil la visión; dió unos pasos más por el empinando camino y observó una flor que parecía ser aquella que buscaba, la tomó entre sus manos y la examinó detalladamente, eran blancas pero no poseían las líneas rojas que YiChing le había descrito, suspiró algo desanimado y siguió caminando cuesta arriba, desde allí podía oír el ruido del agua corriendo por el río.

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#2

Se aferró a una enredadera, ayudándose con ella, y apartó una maleza que impedía su paso. Frente a él apareció la hermosa vista del acantilado, el inmenso río que cruzaba el valle chocaba contra la gigantesca montaña de piedra, podía observar como una espesa neblina se deslizaba sobre el agua turquesa.
«Hermoso... » pensó mientras se sentaba sobre la hierba mojada, era un momento perfecto para meditar, desapegarse del mundo material y elevar su espíritu mas allá de los cielos.
Fue entonces cuando lo vió, a unos pasos suyos, la figura de un hombre destacaba en el paisaje, parado allí muy cerca del precipicio observaba el río con una expresión melancólica en su rostro, su blanca piel brillaba con los primeros rayos del sol, su cabello negro bailaba al ritmo del fuerte viento que azotaba su cuerpo. En ese momento dió un paso hasta quedar al borde y sus pies se empujaron contra la roca saltando hacia el vacío.
Los ojos negros de Sun Yue observaron la escena con sorpresa, el monje estiró los brazos queriendo detenerlo pero entendió, ya era muy tarde.


#3

El dulce aroma de las flores inundó sus sentidos cuando despertó
«Estoy muerto... » Fue lo primero que se le pasó por la cabeza, pero enseguida una punzada en la cabeza y un profundo dolor en el hombro lo hicieron desistir de esa idea. Abrió los ojos despacio, la brillante luz del sol lo encegueció haciendo que otra punzada de dolor en su sien lo atormentara.
Demonios... — masculló colocando con dificultad una mano sobre sus ojos, tratando de acostumbrarse a la luz.
Unos pasos hicieron crujir la madera del piso; el olor a comida inundó el ambiente.
Me alegra que hayas despertado— le habló una voz en inglés.
¿Dónde estoy...?
Giró la cabeza y pudo observar una figura borrosa frente a él. Sintió las manos del extraño en su rostro y luego la refrescante sensación de un trapo húmedo sobre su cabeza.
Eso te hará sentir mejor... — le explicó la voz.
Podía escuchar el sonido de unos platos y cubiertos, el ruido de agua siendo vertida...
— Te encuentras en el monasterio Xuan Kong Si...
— ¿Por qué sigo vivo...?
Los objetos comenzaban a tener más nitidez. Una mano levantó suavemente su cabeza y un metal con un liquido de exquisito aroma tocaron sus labios, el hombre abrió la boca y sorbió el líquido, era caldo.
Te dará fuerzas — le animó la figura —Te diste un fuerte golpe contra las rocas, es un milagro que estés vivo — dijo una voz tan dulce y suave como el susurro del viento.
Bebió otras cinco cucharadas, hasta que un profundo sopor se apoderó de él, unos irises negros fue lo último que vió antes de que sus ojos se cerraran y se quedara dormido.

#4

Su piel es tan blanca como la leche...— susurró una vocecita bien bajito; pudo reconocer el lenguaje en el que hablaba, era mandarín — ¿Está muerto? —
No está muerto, solo está durmiendo. Es un extranjero, por eso su piel es así...— dijo una segunda voz —... dicen que en ese lugar las nubes cubren el sol la mayor parte del año... — explicó con excitación como si estuviera revelando un secreto.
¿Cómo sabes eso?
—Yue me lo dijo...
Sus ojos se abrieron encontrando frente a él a dos niños que lo observaban curiosos. Cuando vieron que el hombre despertaba, retrocedieron asustados.
¡Sus ojos son como el jade! — advirtió el menor de los niños maravillado.
El mayor enseguida le tapó la boca con la mano observándole con reprobación —¡Cállate!—

—¡Jun! ¡Wan! ¡¿Qué hacen aquí?! ¡Les dije que no lo molestaran!— les llamó la atención un joven monje desde la puerta de la habitación
Los niños agacharon la cabeza — Lo sentimos Yue... —
El monje dejó la tetera que traía en sus manos en una mesita de madera y tomó una escoba golpeando a los dos niños con ella en la cabeza — ¿Esa es la manera de dirigirse a un mayor? — Les reprendió —¡Ahora salgan de aquí si no quieren que le cuente a Yi Ching de sus travesuras! — les advirtió empujándolos fuera de la habitación con la escoba y cerrando la puerta.
El joven suspiró y dejó la escoba en su lugar.
Lo siento, esos niños no tienen disciplina —. Se disculpó mientras colocaba agua de la tetera en una taza
Son muy curiosos.— le contestó el extranjero tratando de incorporarse—Todo me da vueltas...—
Toma esto — le dijo el monje dándole de beber.
El hombre tomó un poco y luego observó al desconocido, su cabeza se encontraba afeitada y llevaba puesto una túnica color ocre
—¿Quién eres?
—Mi nombre es Sun Yue, soy un estudiante del monasterio— le contestó
—Yue... ¿Como luna?…
—Su pronunciación es igual pero diferente caracter—. Asintió mientras dejaba la taza a un costado
El sol anaranjado se colaba por la ventana junto con un cálido viento, comenzaba a hacer calor en esa época del año.
¿Hace cuanto que estoy aquí?— preguntó el hombre todavía un poco desorientado
Tres días...—
—¡¿Tres día?!— Quiso levantarse pero un fuerte dolor en el hombro y la pierna lo detuvieron —Mis cosas —.
Yue trató de calmarlo, colocó sus manos en sus hombros y le habló suavemente.
—Tranquilo, sus pertenencias se encuentran allí— le reveló señalando un arcón de madera. —Te agradecería que no hicieras tanta bulla, hay otros heridos descansando—. Le pidió para luego levantarse, abrir el arcón y alcanzarle una vieja maleta de cuero.
El extranjero observó a su alrededor, dos hombres más dormían cerca suyo sobre esterillas de paja, uno parecía estar gravemente enfermo, el otro solo tenía unas vendas en su pierna pero la expresión en su rostro era de dolor. Tomó la maleta que Sun Yun le alcanzaba y la abrió cuidadosamente, en su interior había varios objetos envueltos en tela, unos papeles en blanco, y algunas carpetas. Tomó una bolsa que se encontraba dentro y revolvió su interior hasta encontrar el objeto que buscaba, una pequeña carta que aplastó contra su pecho con alivio.
Gracias a dios — susurró. Luego guardó la carta, acomodó las cosas en la maleta y la cerró.
—Señor... — le llamó la atención Yue
—Mi nombre es William Saunders, niño—le aclaró el hombre
Señor William Saunder es necesario que cambie su vendaje — le dijo mientras se acercaba y comenzaba a quitarle las vendas viejas, un profundo tajo se dibujaba en su piel, los finos y delicados dedos del joven recorrieron la blanca piel del hombro.
William se dejó hacer, tratando de no mover mucho su hombro por el dolor, era mejor que dejara que el monje hiciera su deber, había aprendido con los años que una herida mal atendida se infectaba fácilmente, y las infecciones conducían a horribles dolores y complicaciones, y probablemente a la muerte.
—...Y no soy un niño... —. Murmuró finalmente Sun Yue colocándole un ungüento verdoso en la herida. —Pronto será la ceremonia y dejaré de ser al fin un aprendiz y me convertiré en un monje, ya no tendré que lavar los platos y no me obligarán a limpiar la sala...— Comentó terminando de vendarle
Quitó la manta que tapaba las piernas de William, una tabla se encontraba atada a su pierna dejándola inmóvil. Un quejido salió de los labios del hombre
—No me sorprende que le duela, se ha quebrado el hueso—. Le dijo Yue mientras comenzaba a limpiar la herida
—¡Mierda!— masculló el hombre cuando el monje presionó fuertemente la tablilla contra su pierna.
Señor William Saunders, está prohibido maldecir en el monasterio — Le advirtió Yue
—Cállate niño — le interrumpió el inglés fastidiado.
Yue tiró de la venda presionando con fuerza, haciendo que el otro se retorciera del dolor
—No debería hacer enojar a la persona que está curando sus heridas... — le señaló el aprendiz
—Para ser un monje tienes muy poca paciencia— le contestó William tratando de recuperarse de la fuerte punzada que seguía sintiendo.
—Para ser un refinado inglés tiene muy malos modales.
Yue tomó las vendas sucias y las colocó en un canasto, agarró la taza y la tetera y salió de la habitación sin decir nada más.

#5

Las horas pasaban y se hacían eternas en aquella habitación. Observaba como el sol cambiaba de posición dándole sombra y color a los diferentes objetos del cuarto. Desde que había recobrado la conciencia sentía un terrible nudo en la garganta y una ansiedad que no podía calmar.

« ¿Por qué me haces esto Dios?»

La meditación le ayudará — habló con suavidad el hombre a su costado
El extranjero giró su cabeza encontrándose con el rostro de uno de uno de los pacientes que compartían la habitación con él, aquel que tenía la pierna vendada. Era un hombre de entrada edad con una expresión adusta y algo robusto, llevaba la misma túnica ocre y estaba rapado igual que el joven monje Sun Yue.
—¿Disculpe?
—La meditación es una buena forma de dejar de pensar y liberarse de las penas — le respondió
—Si fuera tan fácil dejar de pensar en esas cosas, no hubiera querido matarme en primer lugar
—Nadie dijo que fuera fácil. Morir, eso sí es un camino fácil— le contestó el hombre
El ceño de William se frunció, realmente le había caído mal ese comentario. Estaba por mandar al monje a rodar por el acantilado, cuando un fuerte quejido llamó su atención.
El tercer hombre que compartía la habitación con él y que parecía realmente enfermo comenzó a gemir y quejarse, le dolía.
—No creo que sobreviva esta noche…— susurró el monje robusto.
Una mariposa blanca entró en el cuarto, dio vueltas por toda la habitación y finalmente se posó cerca del moribundo.

La noche llegó finalmente.Las imágenes de un pasado no muy lejano lo asaltaban cada vez que cerraba los ojos. Imágenes de paisajes que ya no existían, personas que habían muerto.

— ¿No puede dormir?
Sun Yue apareció sosteniendo una bandeja con una tetera y dos tazas, se sentó frente a él observándolo con sus tranquilos ojos negros.
— Sé que no está pasando por un buen momento— habló sirviendo té en las tazas
— No tienes idea por lo que estoy pasando— le contestó William con amargura
El monje tomó una taza entre sus manos y se la ofreció — Tiene razón, no la tengo pero... —
— No necesito tu pena, ni tu compasión. Nadie pidió tu misericordia. Por tu culpa tengo que que seguir sufriendo este martirio ¡¿Por qué no me dejas en paz?! — gritó el extranjero con una expresión severa en su rostro.
Yue dejó la taza de té en la bandeja, a pesar de la tensión entre ambos su postura era relajada y tranquila.
— Le dejaré en paz señor. Pero déjeme decirle una última cosa antes de irme. Todo pasa por una razón, no es pura casualidad que usted esté aquí. Debería poder apreciar más las oportunidades que le otorga la vida. – habló

Esa misma noche, el monje enfermo con el que compartía el cuarto, murió. Las mariposas blancas revoloteaban con brío fuera de su ventana. Acompañarían el alma del monje hasta su destino elegido.
—Era un hombre muy bondadoso, el buen karma lo acompañará en su próxima vida— susurró el monje robusto en mandarín. Su pierna había mejorado y ya podía caminar aunque con dificultad. Se arrodilló con las manos sujetando el rosario y oró por el alma de su amigo.
El humo de la cremación se veía a través de la ventana. La oración de los monjes se escuchaba como suaves susurros que el viento arrastraba hasta los oídos del extranjero
— Esta vida que estamos viviendo, es solo un estado de transición que debe servir para prepararnos para el día de nuestra muerte y sabiendo que la vida es fugaz, entonces cuando se acerque el día, el miedo no tendrá cabida en nuestros corazones — escuchó al monje hablar mientras encendía el incienso.


Sun Yue agitó el incienso mientras observaba como el cuerpo se iba quemando.
— ¿Qué sucede Yue? ¿Qué te tiene preocupado?— le pregunto Yi Ching despacio, tratando de no interrumpir la ceremonia
— El extranjero, no está a gusto conmigo… Será mejor que otra persona se encargue de él— dijo convencido a su maestro.
— Entonces haremos una cosa, tú te harás cargo del extranjero.
— Pero maestro…
— El destino trajo a William Saunder ante ti por una razón, es tu responsabilidad averiguarla.

El joven aprendiz estuvo por replicar ante aquel mandato, pero no había nada que pudiera decir para cambiar la decisión del monje, su maestro era un hombre muy sabio y cuando tomaba una resolución era muy difícil que cambiara de opinión . Entonces el joven bajo la cabeza y asintió haciendo una leve reverencia a su supuerior, las palabras de Yi Ching eran sagradas.

Don_Diego
Rango12 Nivel 57
hace 26 días

Muy interesante. A mi tambien me encanta la cultura asiatica... Mmm. Tal vez escriba algo de ello. Va bien la historia por cierto.