Sasami_Hanatsuki
Rango7 Nivel 32 (1832 ptos) | Autor novel
#1

Escuché su voz llamandome, me senté a la orilla de la cama aturdida y cerré los ojos. Dejé que mi corazón escuchase y el instinto me llevó a otro barrio, vi la casa de mi tía y terminé de comprender.
Ingresé al cuarto donde dormían mi tía y su hijo de pocos años.
-Maxito, primo despierta. -Susurré.
Se despertó, me miró y cuando extendí mi mano hacía él conseguí que me siguiera, de algún modo llegamos a un lugar blanco inmaculado. No supe dónde estaba pero, vimos varías sombras formando una media luna. Una se acercó y se volvió nítida: alto, pelirojo y alegre.
Me vio y sonrió. Gesticuló un gracias y estiró sus brazos al pequeño Maxi.
-Es el tata Sino, y quiere conocerte. -Dije, y sonreí dejando que mi primo fuese y lo abrazara.
Mi abuelo lo tomó en brazos y me preguntó si iba a acercarme.
Negué, me dio miedo... estaba tan feliz de verlo, que tenía miedo de que si lo tocase, desapareciera una vez más, como cuando se despidió de mi años atrás.
Lloré, porque me dolía el corazón dejarlo ir una vez más.
-Te extraño y te quiero. -Le dije y sonreí, tomando la mano de mi primo para volver.

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Don_Diego
Rango13 Nivel 61
hace 6 meses

Una experiencia extracorporea muy buena.


#2

NOCHE 2

Frente a mí el mar y los muelles, a mis espaldas descubro varios conteiner y máquinaría. Definitivamente, en esta ocasión estaba en un puerto.
Tarde poco en recordar y ser consciente de que éramos dos bandos, luego hice varias cosas que al despertar olvidé, pero, si recuerdo encontrarme en medio de una carrera contra el tiempo con el plan era hacer una finta al enemigo.
Yo y un compañero éramos parte de dicho plan. Me acerqué al bote que tenía el motor bueno y quisieron detenerme haciendo explotar la nave, capturándome. Eso mismo quería lograr.

Un joven me esposó ante la mirada cauta de su “supuesto compañero” me subió a una micro y yo los miraba con enfado a todos, resignada. Cuando avanzábamos solos, el "compañero" me murmura que todo esta saliendo bien y sonreí en silencio, hasta ver a otros del bando enemigo acercarse, aquello no era parte del plan. La forma en que nos miraban nos dijo todo, debíamos abortar el plan de huir. Tuve que subir a la locomoción que me llevaría a una prisión, me puse muy nerviosa.

El compañero que se nos acercó tenía su propio maleante en manos. Así que nos sentaron en la parte trasera, cada uno en un costado de la micro. Observé al hombre con un dejo de repulsión: era un verdadero criminal, no como yo; era fornido y con rasgos duros, su piel tatuada y el ceño fruncido. Él no era un oficial enemigo como yo, sin embargo seríamos tratados igual... Mi amigo me situó dos asientos más adelante, y se ubicó un poco más atrás de su “colega” quien, se sentó junto a mi madre. Luego de un rato se acercó nuevamente a mi, con la excusa de vigilarme.

¿Qué hacía ella ahí? No tuve idea

Mi madre y el oficial enemigo conversaban animadamente, empezaron a hablar de mí y mis habilidades femeninas tan “mal usadas” según ella. Mientras hablaban, -curiosa y acertadamente a sus comentarios- yo ya me había quitado las esposas jalándolas con fuerza, desde un punto débil que conocía de memoria.
Mi compañero, miraba al hombre que, en el otro costado del transporte estaba a punto de liberarse, por lo que, se aseguró de que siguiera esposado. Mientras me agache para que no me vieran, sin ninguna intención más que provocar al enemigo y mi madre, que volvía a hablar de mi como si no pudiera oírla.
Mencionaban que yo era mimosa como un gato e igualmente traicionera, de cuidado. Al parecer estaba molesta de que estuviera "fuera de la ley" cuando, no se daba cuenta de que estaba en el bando correcto (Según yo). Mi amigo reía y se agachaba junto a mí sin que se dieran cuenta. El micro se detenía y el oficial notaba que su preso casi se soltaba nuevamente, entonces mi amigo explicaba la situación y el hombre, sospechando que algo no iba bien pedía que me levantara y luego que caminase hasta él para ver mis manos. Obediente me acerqué a paso lento, él quería ver las esposas, pero no las tenía puestas… por lo que, cuando ya se iba a notar corrimos fuera del transporte con prisa. Si todo iba bien, quizás aún encontrabamos a nuestros camaradas cerca.

Don_Diego
Rango13 Nivel 61
hace 6 meses

No dislumbro bien toda la escena, sera porque me falta leer el contexto anterior? Porque la primera y esta caja no veo como encajan..

Sasami_Hanatsuki
Rango7 Nivel 32
hace 6 meses

@Don_Diego Son Noches distintas, quizás no dejé muy claro que el inicio de esta noche no lo recuerdo bien >_<


#3

NOCHE 3

En el televisor del living se veían unas chicas escondiéndose en un baño, una de ellas mandaba un mensaje bastante extravagante, me aburrí y apagué el aparato. Subo al segundo piso y entro al cuarto que se encuentra junto al baño, abro las cortinas y observo el lugar. Hace mucho que habíamos abandonado la casa, pero ya estábamos de vuelta en el pueblo.
Me dejé caer en la cama, pero veo una cucaracha por lo que me levanto gritando del susto.
Al tomar un respiro y calmarme puedo notar que hay varias, así que fui por tanac o cualquier otra cosa que pudiera servir y comienzo a rosear toda la pieza con un aerosol azul que deja una huella de humo por donde se pasa, tomo algunas cosas y me las llevó al cuarto vecino, mientras mi hermana me ayuda llenando metro cuadrado por metro cuadrado con el aerosol.

Pensando en que se pueden escapar las cucarachas a los demás cuartos busco el resto del insecticida, pero, resulta que se ha vaciado por lo qué necesitaría comprar otro. Bajo al primer piso donde mi madre estaba con un vecino.
—Necesitamos comprar otro insecticida. —Digo, antes de saludar al vecino.
—No, si ya con eso tenemos.
—No me pienso quedar en la casa, ni dormir si está llena de insectos, que asco.
—A esta hora no encontraremos nada abierto, ya pasó la hora.
—Pero si voy a la ciudad quizás pueda. —Pienso en voz alta, más al mirar al vecino recuerdo que él tiene un almacén y acaba de traerle un pedido a mamá— Disculpe, usted no tendrá por casualidad...
—No mijita, lo siento no me quedan. Mañana podría traer.
Mamá se limitó a decirme que esperara pero, mi hermana añadió que estaba siendo dramática. Aún así insistí y pedí dinero para ir al pueblo a buscar, podría perder el viaje pero no me quedaría sin intentarlo.
—Ya, pero apúrate o se te pondrá oscuro en la vuelta. —Dice.
Salí corriendo, el límite del pueblo tenía un camino de tierra y muchos árboles en los rededores, era como un campo abierto, sin habitantes y tomo camino por una bajada. Un chico que desconozco en esta realidad me alcanzó, se ofreció a acompañarme y sonreí, vivía en el pueblo, era un poco menor, pero simpático.
—Hay que apurarse —Dijo, al tiempo que saltaba para alcanzar un durazno de gran tamaño que colgaba del árbol al costado del camino.
—Se hace así —Digo saltando y consiguiendo el fruto.

El durazno era tan grande que parecía una pelota de playa en mis manos, al darle una mordida pude sentir un dulzor que jamás había sentido, era tan sabroso que no importaba lo extraño que era tener un durazno gigante.
Comenzamos a hablar de lo extraño que estaba todo, frutas gigantes, arboles torcidos, y nos pusimos a jugar, a sacar más duraznos, pero con más de uno ya se nos caían de las manos.
Seguimos por el camino hasta llegar a unas colinas que subían y bajaban como una montaña rusa. Quise montar un fruto para usarlo de transporte, pero reboté cayendo al piso. Mi amigo se río a carcajadas sin disimulo, así que empecé a perseguirlo para castigarlo por sus burlas, y nos detuvimos cuando unos ruidos llamaron nuestra atención. Gruñidos, eran gruñidos. Unos lobos de gran tamaño aparecieron en el camino, nos quedamos quietos y poco a poco intentamos avanzar, cuando, apareció algo peor “cazadores”. Estos también eran enemigos de la gente del pueblo…
Los lobos corriendo a una cueva y los seguí, me habían enseñado a esconderme junto a los cachorros, bajo algunas ramas o algo así. El joven se escondió en otro lugar, guardamos todos absoluto silencio.
Pude ver a los hombres entrar en la cueva con sus rifles, vestían con un sombrero beige. Buscaron alrededor y esperé tanto a que se fueran que finalmente me dormí junto a los cachorros.
Al despertar estaba en un cuarto de madera, con cosas bien rusticas, sentí que estaba en el pasado, descubrí que vestía con ropa que no era mía y tomé un pinche de cuero y plumas para sujetar mi largo cabello. Me asomé a otro cuarto que estaba vacío, era un living, los sillones estaban tapados por tapetes de piel, crucé un umbral del que colgaba una tela castaña, entonces llegué a un balcón. Al observar afuera aprecié un pueblo indígena, y a un joven moreno y musculoso que al mirarlo cruzó su mirada con la mía.
Asustada volví al interior, escuché risas y corrí al cuarto donde estaba en un principio pero, choqué con un hombre alto y serio, un tipo que jamás había visto. Con el impulso del golpe, quedé pegada a la pared.
—¿Cuál es tu nombre? —Me preguntó.
—¿Qué hago aquí?
—¿Qué hacías en la cueva?
—Me escondía, me escondía de los cazadores.
—¿No serás una de ellos? —La voz venía del chico que vi por el balcón. Acababa de llegar.
El hombre le pidió que no se adelantara a los hechos, como siempre lo hacía.
—No, no, yo me ocultaba...
—Si no hubiéramos llegado te hubieran encontrado, no te escondiste muy bien. El adulto me miro de forma sospechosa entonces reparé en algo ultra importante.
—¿Los lobos? ¿Están bien? No los encontraron ¿verdad?
—¿De verdad te importa saberlo? —El adulto me observó fijo.
—Claro que sí.
—¿Qué son para ti? —Insistió el joven sin responderme.
—Son seres vivos, tienen alma y sentimientos, como todo animal. No deberían cazarlos. —Reproché frunciendo el ceño y el chico me devolvió la misma mirada.
—Te creo, ven. Te llevaré a recorrer el lugar. —El hombre puso su mano en mi hombro y me guio, entonces me ofreció de comer.

Después de eso... desperté