Rower
Rango3 Nivel 12 (149 ptos) | Cuentacuentos freelance
#1

Jules llevaba el celular en las manos y el ceño fruncido, la preocupación acentuándose en sus finos rasgos.
— No me responde— exclamó exasperado, Jano cerró la puerta tras ellos.
Ambos cruzaron miradas, cómplices y tristes, antes de que Jules se echara a correr hacia la habitación de Tyron y Cornell. Jano caminó a la cocina.
— Ni siquiera comió, este muchacho irresponsable...— su voz sonó forzadamente divertida, como si intentase ignorar los malos presagios y le urgían en la cabeza. Pero abandonó sus intentos soltando un grito—JULES.
Pálido como una hoja de papel, el nombrado siguió su voz con temor hasta la cocina.

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#2

Tyron tomó la mano de Cornell. Sus ojos nublados en lágrimas de culpa. Sabía lo que se venía, una pesadilla dolorosa que nadie merecía.

#3

En la cocina, frente a la mesa, Jano estaba congelado ante unos papeles que resultaban ser fotografías. Sus lágrimas se derramaban silenciosamente en sus mejillas mientras leía el dorso de una de ellas.
Jules no se animó a tomar ninguna, sintiendo como el pecho se le apretaba por la angustia, pero su mano, rebelde, levantó un par de anillos que se posaban sobre las imágenes de ellos dos junto a Tyron.
Un par de anillos que jamás habían abandonado a sus dueños.
— Te dije...— murmuró Jano con la voz ahogada, levantando lentamente la cabeza hasta encontrar los ojos de su adorado novio —Te dije que sentía que algo estaba mal.
Y Jules salió corriendo. Pasos ciegos y exactos, ojos abnegados en lágrimas y una voz en la cabeza que le repetía que no podía ser. Tyron estaba bien.
Debía estarlo.
Jano, al verlo correr de inmediato sacó el celular de su bolsillo, marcando el único número de emergencias que podía recordar y esperando con apremio.
Jules se empujó contra la puerta del baño y esta estaba cerrada por dentro. Desesperado, comenzó a gritar el nombre de Tyron, dañándose la garganta en un intento de llamar su atención. Sus manos tirando del picaporte con una fuerza descomedida.
La operadora le preguntó la dirección, Jano parecía muerto en vida mientras respondía, rápido pero con voz tan neutra que podría pasar por un robot. La chica, mascando chicle, intentó hacerle una serie de preguntas irrelevantes que el chico resolvió con un simple "manda la maldita ambulancia" antes de cortar.
Jules golpeó su cuerpo con fuerza contra la puerta por quinta vez, el hombro le dolía, las manos le ardían y le bullía en el estómago un miedo descomunalmente grande. Y la puerta cedió y se abrió.

El grito de Jules se escuchó en varios pisos.

#4

Sabiendo la verdad sin que nadie se lo dijera, Felix, en el departamento contiguo, cerró los ojos. Dos silenciosas gotas ardientes le quemaron las pestañas antes de salir. Sus grandes manos se apretaron en torno al joystick antes de soltarlo, sin prestar atención a los sonidos de la batalla que se daba en la pantalla. Un escalofrío le recorrió la espina dorsal.

#5

Lejos del grito, lejos de la pena, lejos del silencioso dolor apremiante, viendo una ambulancia encender su sirena y sus colores para abrirse paso en la multitud de autos, Andrea buscó la mano de Sebastian y la apretó entre sus pequeños y regordetes dedos mientras caminaban por la vacía vereda. Ambos entraron en una cafetería luego de eso.
Con una mala sensación molestando en el aire.

#6

Jano corrió hasta el baño, el grito de Jules despertándolo de su silenciosa pena. La puerta rota le acentuó el pésimo presagio y lo preparó para lo que seguía.
Jules gritaba una y otra vez el nombre de uno de sus mejores y más preciados amigos mientras lo sacudía de los hombros helados e inertes. Las rodillas de sus pantalones, las zapatillas grises de jean, parte de su abrigo, todo empapado con la sangre helada de Tyron que se desperdigaba en el suelo. Sangre espesa que le rozaba las suelas de las zapatillas, en la que las sumergió al avanzar hasta su shockeada pareja, a la que trató de separar del cadáver en la bañera.
— Jul... amor... basta... ya- ya está.
El rostro de Tyron estaba tan sereno que daba miedo, pensaría Jano luego, pero entonces todo le daba miedo. Sobre todo la mirada vacía de su pareja, que parecía demasiado lejos aún al apoyar la espalda en su pecho.

#7

Las palabras graves y suaves de Jano, que habían sacado a Jules de su ataque de pánico y que ahora intentaban traerlo a la horrible realidad, el sonido de las ambulancias cada vez más cerca, voces de personas que comenzaban a darse cuenta de que algo malo pasaba. Todo se perdió en el aire mientras Cornell y Tyron se miraban a los ojos.
Estaban tan lejos de todos y tan cerca a la vez. Y no estaban. Sonaba ilógico.
Seguían tomados de las manos, en medio del inicio de una catástrofe. En el ojo de la tormenta. Sin notar a nadie.
Y se alejaban de los sonidos hasta que se volvían murmullos y luego, silencio. Tomados de las manos, sonriéndose el uno al otro.
Porque estaban juntos, de nuevo, para siempre.

Eso era lo más importante.