mikaela_moreno
Rango5 Nivel 20 (454 ptos) | Escritor en ciernes
#1

Rigoberto entra al MxM con un gesto avinagrado, detesta entrar a los supermercados, pero haya consuelo al recordarse que sólo debe encontrar el pasillo de conservas donde su esposa le dijo que estaría el frasco de cerezas en almíbar. Se acerca a la ventanilla de información.
—Bienvenido a MxM, caballero, ¿en que puedo servirle?
—¿El pasillo de conservas?
—Latas y conservas, pasillo número siete.
Rigoberto se encamina hacia el número siete que se ve rotulado en lo alto de un estante, pero su mirada se desvía al área de verduras donde observa una bella chica rubia que ofrece cubitos de fruta en mondadientes para los clientes. Él se acerca.
—¿Desea probar nuestro melón cantalupe, caballero? — le ofrece la chica con una sonrisa de muñeca.
—¿Por qué no? Tal vez decida llevar uno.
—Hoy tenemos ofertas en frutas y legumbres.
—Gracias — respondió aún con el trocito de melón en la boca — pero solo vengo por cerezas en almíbar.
La rubia le hizo una mueca y dirigió su atención al siguiente cliente.

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#2

Entonces él se gira y continúa el recorrido, ahora si dispuesto a ir directamente hasta el pasillo número... Su atención fue captada esta vez por el olor de una deliciosa carne. Inhala profundo y el aroma se penetra hasta llegar a su estómago y hacerlo crujir. Ve a una mujer alta y de gran figura, de mirada imponente, Rigoberto la mira y ella lo mira a él y se siente un poco intimidado.
—¿Desea probar, caballero? — exclama en un tono que intenta ser amable sin llegar realmente a serlo.
—¿Qué es? — pregunta al extender la mano para tomar una muestra.
—Es... — Rigoberto nota que los ojos de la mujer que se desvían hacia una chica de piernas largas que pasa frente a ellos.
—Está guapa — susurra. La mujer es lo mira y esboza una media sonrisa de complicidad.
—Ese que está comiendo es chorizo argentino — le explica con un todo más simpático — pruebe este, es punta de solomo y este otro T-bone.
—Están muy buenos.
—Venga cuando quiera, yo le recomiendo los mejores cortes para azar. Pregunte por mi, soy Carolina.
En ese momento se escucha un estrépito de botellas que se quiebran. Rigoberto se gira y hay un charco rojizo en el suelo. Entonces comprende que alguien ha tirado al suelo algunas de las botellas de vino de la exhibición que está frente a la carnicería.
—Voy a llamar a P.A — escucha que le dice Carolina a una de sus compañeras.
De inmediato se congregan al rededor del accidente varias personas y personal de limpieza se apresura para alejar a los curiosos de la zona. Rigoberto se ve obligado a dar unos cuantos pasos hacia atrás hasta chocar contra una superficie fría y húmeda, se da la vuelta y se topa con los ojos de los pescados que le observan, es la urna de mariscos.
—Bienvenido a carnicería, caballero, ¿en qué le puedo servir? — le pregunta la dependienta.
—Caballero, ¿vio usted lo ocurrido con las botellas? — le aborda un hombre de cabello entrecano y aspecto algo desaliñado.
Luego se acerca otro vestido con traje, le dice algo en voz baja al mayor y de nuevo ambos se voltean hacia Rigoberto.
—¿Qué estaba a haciendo usted en el momento en que sucedió el hecho? — pregunta el hombre de traje.
—Estaba hablando con una mujer del personal.
—¿Con quién?
—Hablaba con su compañera — dice dirigiéndose a la dependienta.
—Yo no vi nada.
—Pero ella se dirigió a usted, le dijo que iba a llamar a T.A.
—PA, caballero — le corrige el mayor —, nosotros somos P.A.
—¿Es verdad, Yorleny? — pregunta el de traje.
—Carolina me dijo que los iba a llamar, pero al caballero nunca lo vi hablando con ella.
—Pregúntenle — dice Rigoberto.
—Carolina ya salió. Tal vez aún esté en los lockers.
—Iré a buscarla. Y usted, no se vaya, caballero.
Rigoberto observa al hombre de traje perderse tras una puerta, un par de minutos después reaparece.
—¿La encontró?
—Las preguntas las haremos nosotros, caballero. Debe acompañarme. Luis, ya sabes que hacer.
El hombre mayor asiente.

Kobbe
Rango10 Nivel 45
hace 8 meses

Hay final o es algo simbólico?


#3

—Pe... Pero no entiendo, ¿no encontró a Carolina? —pregunta Rigoberto al verse encerrado en una salita.
—Guarde silencio.
—¿No tienen una cámara que muestre lo que sucedió?
—Guarde silencio, le dije. Pero si desea saberlo, la cámara está dañada... Aunque tal vez ya lo sabía. ¿Visita con frecuencia el supermercado?, ¿vino ayer?
—¿Qué?
—Limítese a responder, caballero.
Rigoberto pone los ojos en blanco.
—No. Mi esposa siempre se encarga de las compras.
—¿Y dónde está su esposa?, ¿puede ella verificar lo que me dice?
—¿Qué?
—Limite...
—Sí, sí... Buscaré su número en mi celular, no me lo sé de memoria —Rigoberto rebusca en su bolsillo y saca el aparato —. Solo esto faltaba, me he quedado sin batería —Nota la mirada de incredulidad en el hombre que tiene enfrente.
—Mejor ayúdese caballero, diga la verdad.
—Mire, yo solo vine por un frasco de cerezas en almíbar. Mi esposa me lo encargó.
—¿Su esposa?, ¿la que se encarga de hacer las compras siempre?. Le voy a dar una oportunidad, se quedará en la otra oficina mientras interrogo a un par de personas y luego vuelvo con usted, tal vez así se aclaren sus ideas y quiera decir la verdad.
Rigoberto es conducido a una oficina helada y oscura, la música clásica que inunda el supermercado no penetra ahí. Se siente solo y su mente comienza a divagar. Por momentos ya no recuerda por qué llegó ahí. Se olvida a instantes dónde está o que iba a comprar. Escucha su propia respiración, a veces lenta o a veces rápida. Siente que el corazón le palpita en los oídos. Después de una hora de espera, es llamado nuevamente.
—No me vuelvan a meter en ese lugar, es horrible, no es una oficina, es una cámara de tortura, estaba muy oscuro. Yo soy inocente.
—Las pruebas dicen lo contrario. Además, podría haber encendido la luz.
—¿Pruebas?, ¿pero que pruebas pueden tener contra mi? Yo no lo hice.
—Solo diga la verdad, es la mejor salida.
—Yo solo vine por cerezas en almíbar.
—El pasillo de conservas es el siete. Muy lejos de carnicería y de la exhibición de vinos. ¿Cómo explica eso?
—Yo iba hacia ese pasillo, de verdad.
—¿Hacía cuál pasillo, el cinco o el siete?
—¿Qué?
—¿Quién puede asegurar que en realidad no vino a comprar... No sé... queso, tal vez ?
—No.
—¿Está seguro que venía hacia este supermercado?
—S... Sí.
—¿Por qué rompió las botellas?
—¿Qué botellas? Yo... No.... Yo venía... Iba al pasillo cinco. Venía por queso.
—Entonces mintió cuando dijo que eran cerezas.
—No, no, son cerezas, me pidieron cerezas, están en el pasillo siete.
—¿Y el queso?
—¿Cuál queso?
—¿Probó la carne antes de romper las botellas?
—Sí, probé la carne, estaba deliciosa y ella me ofrecía... Pero no, no fue antes de romper las botellas, yo no rompí las botellas.
—¿Por qué vino al supermercado?
—Mi esposa me envió. Llamen a mi esposa. Ella les dirá que vino por una conserva de queso del pasillo cincuenta y siete.
—Caballero, concéntrese, las botellas, usted las quebró.
—No, no... Fue... Fue la chica, la chica en patines, ella chocó contra las botellas, las quebró y huyó. Tenía miedo y le dije que yo la en cubriría. No miento. Era rubia, de piernas largas y olía a melón, estaba comiendo chorizo. La vi en el pasillo cincuenta y siete.
—¿Vino usted a comprar vino, caballero?
—No, vine a comprar queso.
—¿Y las cerezas?
—Le dije que eran cerezas de queso en conserva de leche agria.
—Así que todo se resume a que iba a comprar leche agria.
—S... Sí, sí señor. Pero no la encontré por eso no la tengo conmigo.
—¿Y la chica de los patines?
—Ella… ella tenía las piernas rubias y cabeza de melón, por eso no vio las botellas y chocó, las derramó, se asustó, huyó. Me dijo que debía fingir no haberla visto. Olía a queso y tenía labios de cereza.
—¿Qué diablos sucede aquí? — Rigoberto escucha la voz de su esposa —, ¿por qué interrogan a mi esposo?
—Hizo un desastre en el área de carnicería con las botellas de vino.
—Yo no lo hice, cariño. Te juro que no.
—Nos vamos Rigoberto.
—¿Pero y la conserva de queso en cerezas?
—¿Qué?
—Está en el pasillo cincuenta y siete.
—Claro mi amor.
—La chica con cabeza de melón, huele a leche agria.
Rigoberto cruza la puerta de salida con su esposa....