Beethh
Rango5 Nivel 21 (492 ptos) | Escritor en ciernes
#1
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  • #2

— Me da pavor dejar morir aquella parte de mi, de la que aún ha sabiendas no es en esencia mía, me ha ayudado.

— Si uno no se aferra al dolor y lo siente, nunca aprenderá la lección, y continuará, condenado, repitiendo las mismas situaciones una y otra vez, permitiendo que nuestras vidas sean dirigidas por todos aquellos distractores; por aquello de lo que no queremos «responsabilizarnos».

— Nunca lo he hecho antes, no sé cómo dejarme morir... sabes, no sé cómo soltarme. Estoy más atado a mí mismo que nunca antes. Tal vez me aferro a cierta personalidad que me salvo antes y, ahora, vehemente creyente de que sucederá de nuevo... ¿Cómo es? ¿Qué sientes?

— Tal vez lo que deberías cuestionarte es sí realmente te ha salvado. No puedo decirte a ciencia cierta cómo es, lo más cercano es eso: que mueres. Sientes que algo en ti está roto, sientes un vacío que no logra llenarse con nada.
Seguro sabes a lo que me refiero.

— ¿Y cómo lo sufro? ¿Cómo me salvó?

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#2

— Saltando al vacío.
De niña cuando algo muy malo me pasaba, cuando sentía que no podía con la tristeza que penetraba mi corazón, y con la soledad que lo hacía en cada fibra de mi piel, me abrazaba y cerraba los ojos. Creaba el escenario: un paisaje verde, un cielo un tanto nublado, el viento soplando fuerte y a mí caminando por un acantilado, poco a poco acercándome al sonido de las olas del mar chocando con las piedras, y una vez llegando al borde me detenía en este. Antes de saltar me decía: 'Una vez cayendo al agua todo lo malo quedará atrás.'
Esa era la forma de matarme de niña, de matar aquello que me hacía sufrir mucho. Usaba mi imaginación para salvarme de mi tormentosa realidad; de mis violaciones. Me obligué a hacerlo porque me dolía no poder cambiar mi realidad, me resultaba como magia saber lo que mi mente lograba hacer en esos momentos, podía llevarme a otro lugar hasta que todo sentimiento se disipara. Pero, ¿Ya no somos aquellos infantes, verdad? Uno ya no puede evadir la realidad y el peso de cada acto; de cada decisión porque eso nos llevaría a encontrarnos en un agujero construido con la fuerza de las propias evasiones.
Hay que salvarse (primeramente) sabiendo que somos los únicos que podrán hacerlo; porque la belleza puede existir hasta en aquello que produce dolor.

— ¿Cómo es qué puedes decir que en el dolor existe la belleza? No le veo relación.

— ¿Alguna vez te has encontrado como ahora (hundido) e intentas crear un «puente» que te acerque a otro mediante ese sentir?
¿Ya sea en una fotografía, canción, película, en una pintura, en un escrito o como ahora: por una conversación?
Mediante el arte es cómo uno puede apreciar la belleza en el dolor (y no sólo en el dolor), porque es impresionante como de un sentir, pueden salir las líneas exactas que parecieran empatizan perfecto con tu situación; que fueron escritas para ti; una pintura qué muestre la posibilidad existente a la situación del mismo creador, ó el cómo una conversación con una extraña (tal cuál ahora) apaciguara las interrogantes que pensabas no cesarían de botar en tu cabeza. Algunos (en su mayoría) se aferran a situaciones, personas, en mi caso, me aferro al arte y aporto a él; colectivamente creando lo que otro pudiese tomar como un soporte para la construcción de aquel «puente». En el arte es como he podido ver las bellezas de la vida, la ambigüedad; y no miento cuando te digo que podrías encontrar la tuya en él.