Kobbe
Rango9 Nivel 40 (3319 ptos) | Escritor autopublicado
#1

Él se ha fijado en ella desde la vio entrar por la puerta...

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#2

PRIMER ACTO

Él se ha fijado en ella desde la vio entrar por la puerta a primera hora. Puede que sea simple curiosidad, porque es nueva en la oficina, pero hay algo más. Desde el primer momento, él nota una sensación intensa cada vez que la ve. Algo revolotea inquieto en su interior, y tiene una obsesiva necesidad de mirarla sin saber el porqué. Ella siente lo mismo, pero es más cautelosa y solo se atreve a mirar cuando sabe que nadie la observa. No quiere que nadie piense nada raro sobre ellos dos y que empiecen a hablar. A lo largo de la mañana, coinciden varias veces en algún pasillo. Cuando sucede, ella sonríe y aparta la mirada nerviosa.
Si él tuviera que decir lo que más le gusta de ella, diría que su olor. Y no porque sea de un delicado perfume caro. Es un olor a ropa limpia, una sensación que le produce bienestar y le traslada a una vida de felicidad y confort cada vez que lo siente. A veces, llega a algún sitio de la oficina y huele a ella, en ese momento, sonríe sin darse cuenta.
Durante la jornada de trabajo, ambos piensan en la forma de acercarse y hablar sin parecer demasiado directo. Hablar de cualquier cosa. No importa de que, solo por el hecho de estar cerca. Pero una enorme pared de dudas lo impide.
Durante la mañana pasan el tiempo muerto jugando a adivinar la personalidad del otro, como será ese completo desconocido por el que se siente irracionalmente atraído. Casi como las polillas que revolotean en torno a una bombilla en una tranquila noche de verano. Él incluso, se permite el lujo de fantasear en como seria la vida en común: cómo será ella en la cama, si tocara algún instrumento, si comerá los noodles con palillos…
Se acaba el turno y todos salen de la oficina. Ya en la calle, se despiden con un escueto hasta mañana, con una sonrisa en la cara y alborozo en el estomago.
Se separan, y cada uno camina hasta su coche. Los dos con idénticas sensaciones y dudas en la cabeza. Se sienten confundidos por las sensaciones que les desbordan que hace tiempo, demasiado, que no notaban. Ya con alguna certeza, arrancan el coche. A la salida del aparcamiento se vuelven a cruzar. Se miran a través del cristal y se hacen un gesto con la mano. Algo se apaga en ambos cuando ven las sillitas en el coche del otro…


#3

SEGUNDO ACTO

- Ya tenemos fecha: el 22 de Abril – Le anuncia él, a través del móvil.
- A ver, déjame pensar si lo tengo libre…- los dos se quedan en silencio. Cada uno a su lado de la línea telefónica, pero los dos igual de impacientes – Pues no, no tengo nada. Le puedo decir a mi marido que ese fin de semana tengo que preparar una exposición. Que se lleve a los niños al pueblo con sus padres hasta el domingo.
- Perfecto, tengo muchas ganas de verte. Hace demasiado tiempo que no nos vemos.
- ¿Cuál fue la última? Ah, sí. La de la boda de la hija de la marquesa. Puff mucho postureo y mucho aparentar pero cuando llegué a casa tuve que comer algo.
- Eso sería por el ejercicio que hicimos.
- No seas guarro - le contesta ella divertida pero también algo ruborizada.
- Me refería bailando. Aunque lo del baño tampoco estuvo nada mal – aclara él y ambos rememoran el momento.
- Anda calla, que casi nos pilla la señora marquesa…- tras unos segundos en los que ambos se sonríen a pesar de no verse. Ella deja de sonreír, y sigue hablando, pero vacila antes de pronunciar cada palabra– echo de menos…sentirte…dentro.
Un doloroso silencio lo inunda todo. A pesar de la distancia, en este preciso momento están unidos. Mas unidos de lo que estarán la mayoría de personas en su vida. Pero el momento pasa, y la realidad les golpea cargada de dudas. A los dos les invaden los “y si” y los “peros”. Todo empezó como un juego, una forma de romper con la rutina. Una locura, que les servía como escusa para sacar lo que llevaban dentro. Pero con el tiempo acabó siendo el centro de su vida. El resto de cosas carecía de color, todo se había vuelto en blanco y negro. Desde su confortable y aburrida vida contaban los días que les quedaban hasta su próximo encuentro. En alguna crisis de moral se habían planteado que esto no estaba bien y que tenían que dejarlo. Otras veces, mientras les servían el sorbete de mandarina especulaban que pasaría si no hubiera ni niños ni hipotecas. Dejar sus trabajos y tomarse un año sabático. Recorrer Europa en una caravana con la única obligación de amarse.
- ¿Y la de Abril que rollo lleva? – por fin habla ella para cambiar de tema.
- Creo que son del norte. Ya sabes, comida abundante pero a última hora hay que tener cuidado de que algún primo borracho no te tire a la piscina vestido – bromea. Él está mas tranquilo. No tiene tantos remordimientos porque hace tiempo que su mujer dejo de pedirle explicaciones sobre nada. Mientras este los lunes a primera hora para llevar a los niños al colegio, no hay problema.
- A pesar de habernos colado ya en, ni sé cuantas bodas, aun me sigue dando miedo de que nos pillen.
- Tranquila, siempre las elijo lo suficientemente grandes. Con tantos invitados que es imposible que nos cacen. Hay tanta gente que es imposible que nadie conozca a todos los invitados. Bueno los novios, pero esos bastante tienen con partir la tarta y el vals.
- Con tanta boda, nos vamos a convertir en unos expertos en el tema.
- Algún día, deberíamos jugar a imaginar la boda perfecta. Desde luego nada de chaqués ni de video emotivo de los novios de cuando eran pequeños, eso lo tengo claro – Él duda si continuar, pero después de estar un rato hablando con ella, se encuentra confiado y seguro - Quizás, como sería la nuestra.
- La nuestra… - a ella el comentario al principio le causa dolor, pero después, se permite soñar. Imagina, pero poco. Ella no puede permitirse el lujo de dejar de ser realista. – de la única manera que yo la veo es: en alguna playa perdida, sin obligaciones ni promesas de ningún tipo y con las olas del mar como únicas testigos.

Hiarbas
Rango11 Nivel 52
hace 4 meses

Leerte es como estar ante una pantalla mirando a tus personajes vivir. Espero el siguiente acto


#4

TERCER ACTO (A)

- Pero señorita, tengo toda mi ropa en esa maleta – La pobre chica de la ventanilla, con extremada calma, me intenta explicar que mi equipaje se ha extraviado y que vendrá en el siguiente vuelo. Pues si que empezamos bien, no llevo ni 24 horas y ya estoy con líos. Al salir del avión y después de esperar un buen rato, me dicen que mi equipaje no aparece. Que la compañía me enviará la maleta a la dirección que les facilite pero yo decido esperar dos horas en el aeropuerto hasta que llegue el siguiente avión. Intento ser positivo, aunque esté en una ciudad desconocida y únicamente lleve encima la cartera, el móvil casi sin batería y las llaves del apartamento. Es la primera vez que me voy de vacaciones solo desde hace más de veinte años. Este verano tenía pensado quedarme en casa para ahorrar porque los costos del divorcio me están sangrando. Pero cuando le comente a la psicóloga que un amigo me había ofrecido su apartamento en la playa me dijo que le parecía buena idea. Que después de todo lo que he pasado me vendría bien cambiar de aires unos días para ver las cosas desde una perspectiva diferente. Así que aquí estoy, con las llaves de un espectacular apartamento en primera línea de playa en mi bolsillo pero paseando por un atestado aeropuerto. Después de comprar un bocadillo a precio de oro, me siento en un banco a comerlo. Le doy un bocado y algo no me cuadra. Separo los panes y lo entiendo. Dos tristes lochas de jamón me miran avergonzadas mientras luchan por agrandarse para abarcar todo el pan.
- Actitud positiva, actitud positiva – me repito a mi mismo como un mantra. Lo cierro y le doy otro mordisco.
Desde aquí, por lo menos puedo distraerme viendo a la gente pasar. En esas estoy cuando casi me atraganto y no es porque el pan este duro, que lo está. Pero mi espasmo es por lo que acabo de ver al otro lado del vestíbulo. A unos cien metros, haciendo cola en la puerta de embarque la veo. A ELLA. A pesar de la distancia y de estar de perfil la reconozco, no podía ser de otra forma, la reconocería entre un millón. Mi corazón empieza a latir a mil por hora y a pesar de que la boca se me ha quedado seca, consigo tragar el correoso pan. Me levanto y sin pensarlo, aun con el ladrillo en la mano, comienzo a andar hacia ella. A pesar de que han pasado años, está igual de guapa, quizá con las curvas menos definidas, pero con la misma forma de moverse que tanto me gustaba. Lleva vaqueros, zapatillas de deporte y una sudadera roja. Hasta que estoy a apenas diez metros no me doy cuenta de que no está sola. Tal es mi ensimismamiento que he ignorado por completo a los dos adolescentes que están a su lado. Grandes y cada uno a un lado, como si fueran sus guardaespaldas. Una señal de peligro suena dentro de mi cabeza y con pavor doy media vuelta. Miro a mí alrededor buscando un agujero de madriguera donde caer y me oculto detrás de una columna. Puedo notar como la ansiedad crece dentro de mí, hace mucho que no tengo una crisis pero solo imaginármelo hace que comience a sudar. Intento recordar las técnicas de relajación pero un montón de recuerdos se agolpan en mi mente impidiéndomelo: su sonrisa, el olor de su piel, sus besos, su forma de reír cuando no le preocupa que nadie la vea, sus besos… La miro, la miro y simplemente con eso, me tranquilizo. Veo como habla con los que imagino que serán sus hijos, aunque no escucho de que. Me fijo en el panel sobre su cabeza y me doy cuenta que su vuelo sale en quince minutos y tiene mi ciudad como destino. Mira nerviosa su reloj y barre el aeropuerto con la mirada buscando algo. O a alguien… claro, tiene que estar esperando a su marido. Una punzada de pánico me desgarra por dentro. Por un momento me planteo ir hasta allí a la desesperada y hablarle, decirle tantas cosas. Pedir perdón. Si por lo menos no estuvieran sus hijos. ¿Y si aparece el marido? Y lo que es más importante ¿Qué le diría? ¿Qué explicaciones le daría? Meto la mano en el bolsillo y aprieto la llave, me aferro a ella como un naufrago a la única tabla que flota en medio del mar.

Miguel_Otxoa
Rango11 Nivel 53
hace 4 meses

El amor siempre lleva a las más grandes locuras, a los más tercos errores. Parece que de ambos sabe nuestro protagonista. Interesante lectura. Fluida y bien escrita, y perfectamente identificables los personajes.
Quizá el tiempo que pasa entre un acto y otro es demasiado para entender la situación, pero hasta la culminación del tercero no puede saberse, así que me guardaré las impresiones concernientes a eso para otro momento juju

Kobbe
Rango9 Nivel 40
hace 4 meses

@Miguel_Otxoa quizas si que haya demasiada elipsis pero solo queria mostrar momentos, no la historia completa

IndigoDolphins_73
Rango10 Nivel 49
hace 4 meses

Ha estado muy bien esta caja. Creo que los huecos que faltan, por grandes que sean en el tiempo, se rellenan perfectamente gracias a la gran descripción de los sentimientos actuales de tu personaje. Muy fácil ponerse en su piel

Hiarbas
Rango11 Nivel 52
hace alrededor de 2 meses

Llevo una temporada tan despistado que ni me di cuenta de que teníamos las últimas entregas.

Gala_Sanchez_Montero
Rango11 Nivel 50
hace alrededor de 2 meses

Curioso salto a la primera persona. Le cuesta fluir más que la tercera, pero va ganando (¡y mucho!) conforme avanzas la lectura.
Los detalles de esta caja me encantan, con lo del bocadillo me he reído mucho jajajajaja y a la media vuelta que se da cuando ve a los hijos le falta la nube de polvo en los pies de los cómics y dibujos animados ;)

Kobbe
Rango9 Nivel 40
hace alrededor de 2 meses

@Gala_Sanchez_Montero me imagino que al intertar dar la visión de cada uno me resultó mas fácil hacerlo en primera persona


#5

TERCER ACTO (B)

Veo a mis hijos embarcar y las lágrimas me inundan los ojos. Es la primera vez que estaré tanto tiempo sin verles. Pero tengo que ser una mujer madura. Es lo más justo, tienen derecho a estar con su padre y mi ex tiene derecho a pasar un mes de vacaciones con sus hijos. Pero ahora entiendo a que se refieren con lo del síndrome del nido vacío. Me siento una desvalida mama pájara sin polluelos y eso que se acaban de ir. A través del cristal veo como mis hijos caminan a través de la pasarela hasta el avión. Espero que se giren y me lancen un beso que me reconforte pero solo veo como le miran el culo a la azafata al pasar a su lado. Me seco los lagrimones con la mano y pienso que cada día me parezco mas a mi madre en lo de hacer dramas. Si me viera ahora mismo llorando como una magdalena… con la de veces que me he reído de ella por que lloraba viendo Pretty woman. Me giro y me alejo de la puerta, con los polluelos embarcados no puedo perder tiempo para llegar a casa, estoy de trabajo hasta arriba y desde la ofi ya me han dicho que voy retrasada. Mientras camino me vuelve la extraña sensación. Me empezó hace un rato, es como si el corazón me hubiera dado un vuelco dentro del pecho y hubiera empezado a latir frenéticamente. Anda que como me de un infarto precisamente hoy que voy con las piernas sin depilar …Mientras atravieso el vestíbulo me llama la atención un hombre apoyado contra una columna. A pesar de estar de perfil, su figura me resulta familiar. Al acercarme más caigo en quien es. ¿Pero que hace aquí? La primera sensación es de euforia. Hace años que no le veo y mi corazón empieza a tocar las palmas dentro de mi pecho. Pero enseguida entra en escena la razón y se acaba la fiesta. Me viene a la mente todo el daño que me hizo. Lo mal que lo he pasado por su culpa. El me sacó de una vida, sino perfecta, al menos confortable. ¿Y para qué? Para luego dejarme sola en la pista de baile mientras sonaba Rafaela Carra. Fue el culpable de hacerme ver que mi vida era gris, por hacer pensar a mi corazón que la felicidad existía y era alcanzable. Me hizo creer en cuentos de princesas para luego decirme que él se quedaba en las páginas amarillas. Una parte de mi desea acercarme a él y preguntarle por la caravana. Quizás hace unos años lo hubiera hecho, hubiera vuelto a fantasear sobre un futuro juntos. Pero ahora, ahora solo puedo pensar en que me espera una montaña de ropa para planchar.

IndigoDolphins_73
Rango10 Nivel 49
hace 4 meses

Ay, este es aún más triste que el anterior. Hay mucha amargura en esta mujer. Que mal, que mal, la edad (o los desengaños) que no perdonan.

Kobbe
Rango9 Nivel 40
hace 4 meses

@IndigoDolphins_73 supongo que a lo largo de la vida, sobretodo en el amor, hay mas amarguras que alegrías. Y con el paso del tiempo creo que esto se acentúa

Rosalia_Pombo
Rango9 Nivel 40
hace 4 meses

"Anda que como me de un infarto precisamente hoy que voy con las piernas sin depilar …"
No sería la primera vez que lo pienso.

escritoraatiempoparcial
Rango11 Nivel 51
hace alrededor de 2 meses

vaya sorpresa me acabo de encontrar aquí, me ha encantado, lleno de sentimiento, que me deja pensando en el amor, ese sentimiento tan complejo y abstracto. Me ha gustado mucho, gracias por recomendarlo =)

Hiarbas
Rango11 Nivel 52
hace alrededor de 2 meses

Pues casi nada. Amor, rencor, miedo, frustración y unas gotas de tímida venganza para completar el gran cóctel que acabo de saborear en estas dos cajas. Te sigo leyendo con sumo placer.

Gala_Sanchez_Montero
Rango11 Nivel 50
hace alrededor de 2 meses

Estoy de acuerdo con @IndigoDolphins_73 es una caja mucho más dura no solo por lo que dice, sino por lo que calla: ahora los dos están en el punto perfecto en sus vidas para converger y quizás... solo quizás... ser felices juntos; pero ninguno de los dos se atreve a dar el paso.
La incomunicación humana, que es muy mala.
Estas cajas y tu estilo me han encantado, ¡sin duda seguiré por aquí! ;)

Kobbe
Rango9 Nivel 40
hace alrededor de 2 meses

Gracias a todos por leer esta historia de algo que pudo ser pero no fue porque...