DocMundus
Rango6 Nivel 25 (765 ptos) | Novelista en prácticas

Mi mano y yo no congeniamos

Mi mano y yo no congeniamos,
yo quisiera de mi alma
desahogar el llanto,
confesar mis penas;
y, sin embargo,
ella pareciera ignorarlo,
no conocerlas.

Ésta mano,
que en antaño,
de sueños ajenos hiciera
motivos para seguir danzando;
ahora,
todo lo ha perdido
y poco recuerda;
pues, en su mísera consciencia
yace, se encuentra,
una tétrica dignidad,
suicida voluntad
de muertas esperanzas,
que se han reservado la lástima
de continuar la vida.

Ésta mano
y yo,
no congeniamos;
ella ha aprendido a olvidar;
suelo pensar
que no es mía.

Hace 5 meses Compartir:

4

33
Oasis
Rango11 Nivel 51
hace 4 meses

Hola, me preguntaba si podía leer el clase tu poema. Te daré todos los créditos, no te preocupes. Sólo será una lectura.

DocMundus
Rango6 Nivel 25
hace 4 meses

Buen día. De antemano le ofrezco una disculpa por demorar en responder; respecto a su petición, pierda cuidado; antes bien, he de agradecer sus consideraciones. Por cierto, lo lamento... si llego a arruinar su clase.

Como_tener_publico
Rango3 Nivel 14
hace 4 meses

Hola y mucho gusto, nosotros al igual que usted pertenecemos a la pequeña comunidad de Sttorybox siendo todos nosotros como uno solo. Nosotros que apoyamos la empresa Sttorybox y formamos parte de la comunidad le venimos a invitar unirse a nuestro nuevo sistema la cual hemos sembrado para hacer crecer el nivel de publicidad en la caja o cada (Box) de cada integrante, lo primero que tienes que hacer para tener mas información es comunicarnos en nuestro correo @gmail.com">Comotenerpublicoensttorybox@gmail.com muy largo y obvio no?.

Pronto implantaremos mas servicios para la comunidad. Te esperamos!!!

PinkElves_58
Rango2 Nivel 7
hace 4 meses

Mi mano baja lentamente, cae disimuladamente, y sube el de abajo cada que tengo a mi amada enfrente.


#2

Funérea rosa

Viandante murmullo de
errante palabra de amor;
hacino mendigo
acibarado,
perdido
en las lágrimas de un recuerdo,
clemencia sin voz,
gemebundo escozor;
plañidero remilgo
de fútil lamento,
postrero,
póstumo,
tardío.

Vagarosa funérea rosa,
mandria,
albacea,
refractaria de irresoluta promesa;
guarecida
en el fatuo solaz
de amortizar la vida
en los brazos
de una fenecida voluntad.

Ed_Venaplus
Rango6 Nivel 29
hace 4 meses

Hola Docmundus, somos editorial Venaplus. Una nueva editorial que publica a escritores noveles que escriben en sttorybox,y/o redes sociales. Querríamos llevar sus escritos a librerías físicas sino lo has publicado ya en librerías o te hayas autopublicado. Ya que publicamos las obras inéditas. Si nunca antes, has publicado nada y tus escritos que escribes en sttorybok son inéditas en papel nos gustaría el poder publicarte. Totalmente financiado por nosotros al 100%. Sabemos que al ser un autor no conocido, tienes muchas trabas y zancadillas a la hora de publicar. No tienes la oportunidad de que te financien en librerías, ya sea por el desinterés de las editoriales, que sólo publican a autores conocidos o consagrados en ventas, o bien, porque sólo encuentras indeseables que quieren sacarte tu dinero con la auto o coedición. Donde además de gastar su dinero, tendrás muy mala imagen de cara a los libreros y lectores. Con ediciones Venaplus, no tienes que pagar por publicar tu libro. Nosotros te financiamos. Somos una editorial convencional. Ya es hora de dar el salto en papel.
Envíame un email a @gmail.com">editorialvenaplus@gmail.com y hablamos de ver tus escritos plasmados en un libro y expuesto en las librerías, totalmente financiado por nosotros y dando una buena imagen como autor.
Ofrecemos asesoramiento gratuito, asumimos los costes de las facturas de imprenta, mensajería, gestión e inscripción de ISBN, firmas de libros, pondremos un equipo de profesionales a su servicio, diseñadores, maquetadores, contactos con librerías, asesoramiento, etc.
Sólo publicamos a escritores residentes en España. ¿Tendrías más escritos terminados?
Muchas gracias y cualquier consulta me tiene a su disposición.
Atte. Lara Gómez.
Visita nuestro twitter;
https://twitter.com/EVenaplus

DocMundus
Rango6 Nivel 25
hace 4 meses

Buen día. He de ofrecerle mis más sinceras disculpas, siendo la causa primera de ello, la mal acostumbrada respuesta, siempre tardía, a mis destinatarios; y, por otro lado, como segundo motivo, el mal corresponder a la estimación de su afable proposición; sin embargo, lamentablemente, he de informarle que, al menos por ahora, no resido en su bello país. Mas, aun así, tenga a bien recibir de mi parte el honesto deseo de que más pronto que tarde logre encontrar ese maravilloso talento que con esmero procura.


#3

Pena de un mal hijo

Plañe,
decanta,
pregona la cruz desolada
de Cristo,
su sufrir;
rosario de misterios de una luna,
letanías de un mal hijo.

Llora en soledad la cruz
de un ausente Cristo;
y sólo un diablo comprende su miseria,
y sólo un diablo
le acompaña en su pena.

Dolor desalmado de una pérdida,
estigmas
de un inconsolable abismo;
lágrimas de un alma que se desangra;
corazón de ceniza
que se esfuma
tras cada suspiro de María.

Lloran bajo el amparo de una confesión
la cruz de un Cristo ascendido al cielo,
y un diablo de promesas rotas;
fieles confidentes de un mismo pecado,
amados hermanos de un mismo escozor.

Pena de un mal hijo,
que en pos de su ausencia
el corazón de su madre robó;
que niega de su padre la voluntad;
que ante tanto amor,
sólo siente
soledad.

#4

Soliloquio de un apóstol desertor

Qué más quieres de mí, señor;
si te he dado cuanto pude,
si hice
cuanto estuvo en mis manos;
si diligente,
raudo,
acudí al mandato de tu voz;
si ante el llanto de un amor desolado,
devoto,
peregrinaba en las cenizas de tus palabras,
con la víspera de divisar
el rescoldo de un beso de compasión.

Qué más quieres de mí, señor;
si a diario con tu silencio conversé;
si en mis rezos,
nunca ausente estuvo la fe;
si resignado,
culpable,
sigo soportando
la penitencia de mis pecados;
si incluso mi vida tomaste
en el instante
en que nací.

No me resta más que
los lamentos de un corazón crucificado,
la esperanza de un recuerdo,
una desamparada soledad senil.

No,
la esperanza no,
por favor;
bien sabes no me pertenece,
que juré protegerla,
que sin ella
no podre vivir.

Tienes razón, señor,
ambas estarían mejor sin mí.

#5

La poesía de Dios

Hay versos en tu castaño mirar,
que nadie es capaz de transliterar;
sentimientos,
que ningún corazón conoce;
el cálido manantial,
de arcanos lamentos;
el triste canto del viento;
una cruz vacía,
que recuerda,
que espera,
a su Cristo.

Hay en tu mirar, escritos,
los lóbregos versos
de la poesía
de Dios.

#6

Partida de esperanza

En estos momentos, la esperanza,
de mi lado se ha apartado;
y mis rezos más devotos, peregrinos,
le acompañan
en el dolor de su calvario.

Mi agonizante, conturbada esperanza,
tras las lágrimas
de un cielo que arrulle sus sueños
ha partido;
y el eco
de la ruina de una fe
se compadece: regresará;
y los lamentos de mi soledad
laceran: para qué.

El gemebundo quebranto
de mi aciago corazón
decanta la barahúnda de su amor.

Una huérfana vida
pregunta si es hora de dormir.

El recuerdo de una muerte llama.

Ha partido la esperanza,
temo por su regreso.

#7

Adolecido

Fatídico adagio de Luna;
despedida nocturna,
sin adiós proferido;
mísero rebozo de soledad
que guarece
el beso de lágrimas
de un dolor ausente.

Y en la penumbra de su corazón,
su desvalida voluntad
se flagela,
mientras recuerda
los rezos
de su esperanza.

Y en sus palabras
ya no hay llanto.

Hace tiempo,
de su mirar
partió el dolor
en busca de alguien que le apreciara.

Hace tiempo,
de llorar
sus palabras dejaron;
sin embargo,
sigue soñando,
sigue cantando.

#8

Apología de Lucifer

Perdóname, padre,
por no ser lo que deseaste,
por dudar de tu voluntad;
por quebrantar tus sueños,
mientras fecundaba los míos.

Perdóname, padre,
por decepcionarte,
por cegarme,
ahogarme en mis tinieblas;
por no escuchar el triste latir
de tus penas.

Perdóname, padre,
por matar tus esperanzas,
en pos de mi llegada;
por profanar tu cielo;
por ser diferente a ti;
por anhelar ser igual que tú;
por querer comprender,
y no resarcir
tu amor.

Perdóname, padre,
por haber llenado de pecados
éste límpido corazón,
que algún día,
con candor,
me regalaste.

#9

Duchenne

Desalmada alba
de insatisfecha,
inexorable penitencia;
de feral ofrenda,
tributo por un falaz milagro;
calvario comandado,
lacerante religión,
sempiterna crucifixión
a una lánguida voluntad.

Fútiles plegarias hurañas
de devota voz ajada,
con contados suspiros,
desertora,
detractora de palabras;
crucifijo de miserias,
rezos que soterran
dolorosos misterios.

Aciago apóstol,
heraldo negro,
de corazón concebido
por el pecado del amor,
pulcro candor
de inocente mártir;
infausto cantor
de un lóbrego latir,
que decanta la pena
de un Cristo que no ha muerto.

Mohíno consuelo,
inefable esperanza postrera,
susurro de una venia
de inocente culpable.

¿A dónde partieron
los días perdidos?,
¿por qué no les confesé mi amor?

#10

Retorno de esperanza

Convaleciente,
sedada
para continuar soñando,
para ignorar la vida,
para mitigar el dolor;
así a mí hogar regresó
la esperanza.

#11

Elegía por un dios perdido

Tantos cristos sin nombre,
mártires desconocidos,
faltos de voz,
compasión,
abrigo.
Tantos rezos ciegos.
Tantas marías, de hijos perdidos,
sin consuelo.
Tantos míseros diablos
desterrados,
exiliados de sus cielos.
Quizá sea cierto,
y Dios ha muerto;
quizá no sea tan bueno;
quizá nos equivocamos
al esperar tanto
de él.

#12

No he vuelto a verte

No he vuelto a verte,
dejé de recurrir a la caridad
de tus desteñidas fotos;
de conversar
con las cenizas de tus palabras;
de atender la voz nocturna
de tu hechicero canto.

No he vuelto a verte,
por sobre los dédalos de
mi onírica tinta,
deambulas,
como cualquier otra sombra,
indiferente viandante,
indolente,
taciturna, perdida.

No he vuelto a verte;
y tus alegres fotos,
no sonríen más a ningún llanto;
tus palabras,
sin versos se quedaron;
las esperanzas,
en tu canto, murieron.

No he vuelto a verte;
y, sin embargo,
no comprendo
por qué aún te recuerdo.

#13

Cuántas

Cuántas tienen tu nombre;
mas, ninguna de ellas serás tú;
de cuántas escucharé sus palabras,
creyendo que son tu voz;
a cuántas engañaré,
al hablarles,
mientras a ti me dirijo;
en el mirar de cuántas me perderé,
buscando el consuelo de tu tristeza;
a cuántas más de ti necesito
para olvidarte;
a cuántas más de ellas necesito
para convencerme
que no existes,
que sólo eres
un sueño.

#14

A la bondad aherrojada en un nombre

Como quien de su voz
pierde la esperanza,
y en sus palabras,
tan sólo encuentra suspiros,
este mísero intento
de cenicienta epístola te escribo;
quizá errante, vagaroso,
perdido;
mas, siempre portando una vieja,
marchita disculpa,
que sirva de excusa;
y el recuerdo
de una noche ciega
que teme al olvido;
nocturna misericordia,
anomia que extraña,
mas,
no llora,
por su sueño abandonado.

Espero puedas perdonarme,
por la repugnante melancolía
de las mohínas palabras
que siempre te dedico.

Abril de calendario ajeno,
en el silencio de tus primaveras,
escucho el palpitar
de tu afable corazón;
el recuerdo del canto ledo
de aquellos versos
que jamás escribí;
la humana piedad
que Dios nunca abrazó.

Bien tú sabes,
que ella,
en mis sueños aún se presenta;
besando, sus labios,
la pena de un cigarrillo,
litúrgica caridad
sin devoción;
y su mirar,
socorre, en la niebla,
a letra de una canción de otoño;
sin ser consciente
del concento de lágrimas,
que tañen la mísera peripecia
de un mal correspondido amor;
siempre distante,
siempre indiferente,
siempre inmutable.

Golondrina de humo,
que se esfuma
ante el frío de la lluvia;
portas,
en la fenecida voluntad
de tus lúgubres alas,
una condena de eterno quebranto;
sin caricias,
sin besos,
sin sollozos,
sin hálito;
y en la sombra de tus ausentes ojos,
la penumbra
de una durmiente esperanza,
que guarda efímero luto
al día que partió,
e invita a soñar con el anhelo,
de que al alba,
el dolor,
también lo habrá hecho.

#15

Diario de una esperanza

Ceniciento diario de esperanza,
caricias de mortecinas lágrimas,
fatídica memoria
de un sueño extinto,
diccionario cansino,
misionero de pocas palabras.

Heraldo de indeseado consuelo,
hace pocos días,
atendí la voz ajada de tus epístolas;
creo no mentir, al decirte
que posees talento;
pues en los sollozos de tu tinta,
sentí
ver morir,
de nuevo, a mi único sueño.

Diario de esperanza,
de palabras atropelladas,
anomia de corazón ciego,
sentimientos sin nombre;
trémulo rescoldo,
que reverbera la pena
de ofrendar la voluntad
a una quimera,
rosario de una sola letanía:

Un día menos,
cuántos más restan.

#16

Balada azul

Viandante cantor misionero de
una despedida otoñal;
dulce lamento el recordar
la vida de una fenecida ilusión.

Vagabundo sentimiento azul,
inocente mendigo de caridad,
mártir peregrino,
cálido llanto de días perdidos;
balada invernal,
beso pío de suspiros
de un cielo ajeno,
candorosos susurros
de un ausente sueño.

Vagarosa esperanza,
abandonada por mi alma,
dulce lamento es escuchar tu canto.

#17

Ven por mí, Muerte

Ven por mí, muerte,
o ¿es acaso
que de mí te has olvidado?

Por tu consuelo aún clama
el llanto
de un sueño
que es incapaz de dormir;
a la voz de tu perdón
aún se rinden
las nocturnas disculpas
de un inválido corazón sin porvenir;
por ti,
las lunas aún rezan
los lamentos del diablo.

Ven por mí,
muerte;
apresúrate en socorrerme,
que Cristo aún tiene frío,
y gime de dolor;
que su silencio comienzo a olvidar;
que aún añoro la piedad
de su soledad,
diciendo:
yo también morí
en vano.

#18

Conozco tu nombre

Recuerdo de sonrisa perdida,
alegría furtiva
plañidera de tristezas;
huérfanas lágrimas castañas,
laguna de fulgor extinto.

Sonrisa de desdicha,
alegría sin consuelo.

Conozco tu nombre;
mas, a él no respondes.

Bello mirar ciego,
aún te escribo en sueños.

Voz de lóbrego corazón,
no llores más,
distante es el eco de mi abismo;
sin embargo,
rezo porque lo puedas escuchar;
si estamos muertos
o soñamos,
siempre estaré contigo.

Sonrisa de aciaga beldad,
bruma castaña de lamentos,
conozco tu nombre,
rezo porque lo puedas escuchar.

#19

Hombre transido

Creí haberlo conocido,
haber visto con sus ojos,
escuchado su voz;
comprender la razón de sus mentiras,
la pena que aguarda su sombría sonrisa,
la penitencia
que reza
su adolecido corazón.

Creí haberlo conocido,
al hombre transido, errabundo cativo,
asolado,
perdido de sí mismo;
en cuyo fúnebre mirar descansa
el recuerdo de una esperanza;
y cuyos labios
sellaron
el lamento de sus palabras.

#20

Suspiro

Desangelado suspiro transido
de una agonizante vida;
fúnebre cantor
de voz ausente,
cascada;
abandonado recuerdo del alma;
llanto
por una pérdida desconocida.

Moribundo suspiro
de agonizante vida,
viandante melodía invidente
que olvidó cómo rezar
por la piedad
de su amada pena.

Errabundo suspiro,
suplicio póstumo,
calvario luctuoso
de una vida religiosa de palabras;
infausto mendigo
de célica lengua foránea;
apóstol desertor de esperanzas,
de que alguien atienda
el canto de su miseria;
pues, todos desconocen de lo que habla,
y los pocos que lo hicieron
han partido.

GoldBirds_19
Rango12 Nivel 58
hace 4 meses

La construcción, el lenguaje, el sentimiento... Toda una oda al existencialismo, al abandono del aliento, a la incomprensión de una pérdida más allá de las palabras. Bravo @DocMundus


#21

Tardía condolencia a la Aurora

El consuelo de tu umbroso recuerdo
trajo a mí
la feral noticia:
Dios ha tomado otra vida;
quizá,
no te conozco,
quizá,
no le conozco;
mas,
mía hago tu pérdida;
tan propia le guarece mi alma,
que en su silencio
carga
un dolor que ignoras;
y sus palabras plañen
esas lágrimas
que tu mirar siempre se reserva.

La ceniza de tu recuerdo
trajo a mí la noticia,
mis rezos se requiebran;
Dios mintió,
le ofrendé mis esperanzas
a fin de que no sufrieras.

No,
tú no, Aurora.

Pecado de Dios impío
es la voz
de mis condolencias.

#22

Aurora sufrió una pérdida

Aurora sufrió una pérdida,
pésame en el eco de mi alma
el no poder hablar con ella;
pésame en la sombra
de mi corazón ausente,
el deseo de hacerlo;
pésame en el silencio
de mi consciencia
el hacer de su dolor
miserables versos;
sin embargo,
es la única manera
en que no me percibo ajeno,
distante a ella.

Aurora sufrió una pérdida,
quizá su pena esconda,
y decida salir mañana;
saldrá mañana,
me lo prometes, ¿verdad?;
prométemelo aunque mientas,
al igual que yo miento con quererla.

Aurora sufrió una pérdida,
¿qué canta su corazón?,
¿en qué recuerdo su aciaga mirada navega?

#23

Sacrificio

Diluvio torrencial que emana
del umbroso eco
de una antigua ruina;
benévola voluntad desdeñada;
litúrgica voz que reza
para no morir antes de tiempo;
impíos días misioneros
de la subrepticia plegaria
de un Cristo suicida:
¿hay vida previa a la muerte?

#24

Toqué fondo

Toqué fondo;
vime perdido deseando el cariño
de una golondrina de humo,
trotamundos,
cuyo canto plañía,
en una noche de neblina.

Toqué fondo;
buscando, con desespero,
en el llanto de mi alma,
una humana palabra de amor,
de cuya voz,
no fuese la de Dios,
ni de María.

Toqué fondo;
abrazando, en las sombras de mis sueños,
el vehemente, cálido anhelo,
de tener por compañía
unos labios indolentes,
que callaran
para hacerme feliz.

#25

Valerie

Un tórrido ángel gastó la plata de su diezmo,
con miedo
de que Dios se percatara
de la falta de su alma;
en su furtiva ofrenda se percibía
el portador de su pecado,
el cálido consuelo de los encantos
de una venus;
Y encontrola;
mas, el tiempo devaluó sus ahorros,
alcanzándole
sólo para la redención
de una extremaunción,
y la misericordia
de un cumplido:
"Cómo poder olvidar unos ojos
tan lindos."

#26

Clemencia

Inocente ángel impelido
por el eco
de su pecaminoso sueño;
suficiente pena
no te fue tener un alma
mohína,
fúnebre,
ciega
devota de un rosario de lágrimas.

Inocente ángel,
compadezco tu pérdida;
daría la soledad de la mía
por arrullar tu llanto;
mas,
ausente es su sombra,
y sus consuelos
son sólo mentiras
que Dios le enseñó a cantar.

Inocente ángel,
suficiente suplicio
no nos fue haber nacido;
sino
escuchar el lejano lamento
de una abandonada alma
que aún espera
el arribo
de su fenecido Cristo.

#27

Lágrimas de tinta

En su verso
de lágrimas de tinta,
un ángel conversa
con el fantasma de su devaneo;
a su quimera
rinde
el luto de su silencio,
lacerante culpa por un sueño roto,
desilusión
de una voz
que tuvo fe en sus palabras;
sempiterna penitencia subrepticia,
castigo divino
de candoroso pecado.

Lágrimas de tinta
brotan
de una célica penumbra
donde alguna vez Dios lloró por causa del olvido,
donde permanece el latido
de un moribundo Cristo
de cielo negado,
donde cantan
los suspiros del diablo
las cenizas de sus esperanzas.

Verso
que llora
lágrimas de tinta
sólo para sentirse vivo.

Adolecido ángel
cuyo sus rezos propalan
sus faltas
sólo para sentir la humana
soledad
de Cristo.

#28

Nicole

Deambulaba por sobre los tristes dédalos
de un nocturno devaneo;
portando,
en su endeble mano,
las llaves de un corazón equívoco;
buscando
la dirección de un hogar desconocido;
de su nombre
poco recordaba,
de su amor
todo lo conocía;
en sus ojos de neblina
se propalaba
el desquicio
de sus esperanzas;
- ¿Dónde vives?
- En su llanto
- ¿Hacia dónde te diriges?
- Hacia su ternura.
- ¿De dónde vienes?
- De su sombra.
- ¿Estás sola?
- No, ella me acompaña.
- ¿Quién?, no le veo.
- Ella, la que espera
al otro lado del silencio,
la que canta a la Luna
aciagas canciones de cuna,
la que duerme en compañía de la noche,
la que entregó
su corazón
a las caricias de la soledad.
¿La ves?,
está justo allí.

-Le veo;
mas,
creí ser sólo yo
quien le amaba.

Al despertar,
terminamos llorando;
pues,
nuestros corazones ciegos
sabían
que no se volverían a ver.

#29

Alma

Lo siento.
Sé que prometí
en honor a la memoria del nombre que perdí,
no escribirte
de nuevo;
mas, al menos,
permíteme socorrer a tus brazos
durante esa hora tenebrosa
en que el diablo llora,
y tañen sus lágrimas
las penas del cielo;
durante ese amedrentador momento
en que Dios habla
sólo para decir
que pese a los rezos
habremos de sufrir;
durante ese parpadeo
en que el mirar del silencio amenaza
con partir;
cuando me domina el miedo
de perderme;
cuando el viento canta tu voz;
cuando el mañana confiesa
no tener deseos de regresar;
cuando el ayer sólo piensa
en morir;
cuando los días
están exhaustos, incluso por sus suspiros;
cuando la vida
se percata de su insondable soledad.

Permíteme el abrigo de tu recuerdo,
el mismo ajado
que siempre abrazo
para conciliar mis sueños.

Permíteme el marchito canto de tus palabras,
ese mismo que entona la lluvia
al umbral
de su luto.

Permíteme la fe
en la triste mentira
de creer
que aún me escuchas.

Permíteme la última voluntad
de pecar,
pensando
en que volveremos a vernos.

#30

Con lágrimas de tinta

Son estos
mis mejores versos;
pues, sus palabras dejaron de llorar,
por humildad;
y sus prosaicas líneas
ya no aspiran
a la atención de ningún recuerdo;
su voz ha cesado
de sollozar mentiras;
su coagulada tinta
sabe
que tras su silencio
no se encuentra
la afable pureza de algún pañuelo,
en donde sus lágrimas dejen escrita
la pena
que su corazón siervo
no pudo desahogar.

#31

Nostalgia

Asedia la tristeza a mi corazón mudo;
su canto tañe la ausencia
de un escozor perdido;
impotencia
de Cristo desvalido,
incapaz de recordar la voz
de su alma humana;
canta su mirada ciega
la umbrosa belleza
de su soledad;
y en su letra
yace
una palabra muerta.

Viajera
sin origen ni rumbo,
pasea la tristeza
por los desolados pasillos
de mi desmedrado corazón.

#32

Es tarde ya

Es tarde ya
para el calendario que se deshoja
con la gentileza
de una vieja
lágrima otoñal;
y que reserva,
con resignación sombría,
en el silencio de sus días
un dolor desconocido
por un amor mal correspondido,
que no ha de olvidar.

Es tarde ya
para el cansino calendario
que bajo el manto
de humildes lunas,
cubrió
sus heridas
de las penumbras
de ajenos mirar.

Es tarde ya,
el calendario se deshoja
con los suspiros de las horas,
y sus fechas perdieron la memoria;
ya no poseen motivos,
excusas,
que celebrar.

En los años que partieron,
se perdieron
ledos recuerdos,
y los venideros,
de antemano, ofrecen un sincero lamento
por ser los herederos
del amado sueño
que no sabe
más que castigar.

#33

En las lágrimas de María

En las lágrimas de María
cantan
tristes jilgueros,
presos de un cielo
sin Dios,
el perdón
de su ausente hijo.
Titiladora voz
de un arrepentido Cristo sin voluntad,
que hizo padecer a su madre,
por ser esclavo de su soledad,
por buscar
en otro corazón
la compasión
a su dolor,
por perder su silencio
en el lóbrego mirar
del ángel exterminador.

En las lágrimas de María
viajan
los tristes versos de despedida
de un hijo
que tuvo la suficiente bondad
para no confesar
su mezquino amor.

Sobre los cansados párpados
de una desamparada María,
reposan
los labios
de un agradecido Cristo
que aprendió
el candoroso pecado
de ser humano,
demasiado humano.

Rezo
por que pueda sentirlo,
por que pueda escucharlo.

#34

Noche de luto

Infelice recuerdo,
funesto susurro,
fúnebre latido de corazón penitente;
eco de un Dios ausente
que reza
la feral condena
de sempiterno lamento:

-Arrepentido habrás de verte,
el día en que parta.

-No tendré tiempo para ello;
pues,
habré de hacerlo primero.

Infelice recuerdo,
funesto susurro,
fúnebre latido de corazón penitente;
si Dios ha muerto,
por qué aún su voz escucho.

#35

Latido

El titilador canto del ajado corazón,
pareciere imitar
la voz
de un desconocido mártir
que pereció.

En su nombre figura
la ceniza de un estigma;
el murmurio de una vida,
peripecia
humana condena;
la palabra que propala
la aflicción
del precito devoto pavoroso
que nunca tuvo el tenor
para rezar.

A su nombre renunció
como contrición de penitencia,
con la fe
de que resarciera
la pena
del extraño olvidado que su vida ofrendó.

El aciago canto del corazón
confiesa
el tormento de su pecado:
ser la vida
que la muerte no tomó por error.

#36

Reminiscencia

El desolado canto de un insomne bardo,
acusome de abandonar algo,
sus lacios versos
por mi alma preguntaron;
respondiole mi silencio:
perdida su fe en que algún día le salvara,
marchose una noche
tras el eco de alguna otra plegaria.

El aciago canto de un desconocido bardo
acusome de haber perdido algo,
sus sombríos versos
de mi corazón se acordaron;
respondiole mi llanto,
ofrecíselo a la infausta mirada
de un otoño
que imploraba la caridad
de un consuelo.

El nocturno canto de un lóbrego bardo
acusome de asesino;
sus mohínos versos
entre los sollozos de mis lamentos,
por la voz de Cristo,
y su concento de rezos
de contrición,
por ser
la mal correspondida esperanza
de Dios,
buscaron.

Apiadose de mi pena el abatido bardo,
y dedicome la tristeza
de sus versos;
y su canto dejó de ser bello,
pues en sus célicas rimas
navegaba
una mentira;
engañé a mi alma por la soledad,
mi corazón me fue arrobado
por el encanto
de un Abril;
de Dios, la esperanza
nunca fui.

#37

Velatorio

Sus insomnes palabras
redoblan
el sombrío eco
de su funesta alma;
sobre el entebrecido mar de su mirar ausente
navega
una muerte errabunda,
aherrojada piedad en el amor de una soledad;
mísera golondrina fúnebre
condenada
a las lágrimas de un sentimiento;
célica neblina pía,
hálito postrero
de lóbrego cantor,
compasiva despedida,
susurro
de voz doliente.

Misioneros de su voluntad,
sus sueños partieron
a velar
por el consuelo de otros mártires.

Sus desamparados recuerdos
son la compañía
de sus últimos días.

En su tiritante mirar se entona
la lacerante melodía
de las almas ausentes.

#38

Cristo suicida

Furtivo mandamiento,
inhumano, despiadado,
comandado por un mirar de neblina;
divino castigo de corazón devoto,
con amor perdido,
cuyos latidos
aún rezan,
sin fe,
por penitencia,
lamentos por una esperanza muerta,
recuerdos ciegos de una sonrisa,
la pena de un diablo
que deseó ser Cristo;
la culpa de un crimen,
cometido por Dios.

El insomnio de un sueño,
su desdicha me confesó;
y me tatué su tristeza
a fin que viera
mío, también, su dolor;
mas, de nada sirvió.

El mirar de un Cristo suicida
me contó su pecado,
mis lágrimas añoraron consolarlo;
mas, encontró, en mi silencio,
el estigma
de su cruz.

Lo siento,
pero no puedo,
seguir rezando.

#39

Llora el alma

Vierte el alma
lágrimas de esperanza
en la lóbrega fosa de su corazón;
sepulcro marino
de aciago soñador,
refugio demolido
de afligido pecador,
limosna
de devaluada fe
de devoto cantor.

Ahogada en lo profundo de su pena
vierte lágrimas de esperanza,
el alma;
mientras sueña
con el recuerdo
de aquello que es lejano ahora;
mientras escucha
las palabras
de aquella voz
que alguna vez fue suya;
mientras compadece
la desolación
de aquella mirada que no vislumbra
más que tinieblas;
mientras percibe
el impío suplicio penitente
del hijo de Dios,
cuyo único pecado
fue haber sido diferente.

#40

Tienen mayor vida mis sueños

Tienen mis sueños, mayor vida;
pues, en sus sombras
aún navegan
las cálidas figuras
de esperanzas fenecidas;
en sus pupilas
aún titilan
los reflejos
de amados rostros que partieron;
y entre sus silencios
aún murmura
el recuerdo de las voces
que el olvido sepultó.

Han vivido más mis sueños;
abriendo los brazos de sus noches
a errantes caminantes
que el destino desdeñó;
escuchándose,
en sus conversaciones;
lamentos,confesiones,
mentiras,
risas,
llantos,
ilusiones, consuelos.

Tienen mayor vida mis sueños;
pues, ellos aún temen,
cada noche,
por tener que despertar.

#41

Viento de Abril

Afable caricia póstuma,
mentira compasiva de mohíno corazón,
susurro de voz olvidada,
réquiem perenne de alma penitente,
fatídico suspiro,
fúnebre presagio,
náufrago sentimiento de tristeza,
perniciosa condolencia de la muerte,
desgracia no proferida por Dios.

Sincero viacrusis de viento de Abril,
fiel misionero errante,
apóstol más próximo a Cristo;
lo lamento,
lo lamento;
mas, no comprendo la palabra de tu evangelio;
sólo compadezco
la pena
que aguarda tu aciago salmo.

Cristo ha muerto.
No,
en su lugar fue Dios.
Cristo tan solo quedó ciego;
en mi alma aún vaga;
y,
por las noches,
suele llorar en mi corazón.

#42

Conclusión

Encanto de lluvia otoñal
poseía su mirar;
clemencia de lágrimas de versos
de un octubre adolecido,
cuyo nombre
es sólo un epitafio postergado.

Es tarde ya,
Cristo llora para no sentirse sólo;
su calvario
es el umbral al suicidio,
y no la esperanza
de que mañana,
tras su ausencia,
llegará un mejor día.

#43

Con ella enterré

Con ella enterré
mi nombre,
mi voluntad,
mi alma,
mis esperanzas,
mi fe,
mis días,
mis sueños,
mi sombra;
y lo único que extraño
es a ella;
y lo único que anhelo
es que vuelva;
sin importar si no recuerda
mis ofrendas;
sin importar si regresa
muda,
sorda,
ciega,
indiferente,
indolente,
ajena;
y lo único por lo que aún espero,
en este olvido,
es por verla.

#44

Mujer de otoño

En su mirada decoraba la tristeza de un otoño perdido;
redimir su falta mi alma quiso;
e intentó hablarle de todo aquello
que sepultó en su silencio,
la vez primera,
cenicienta primavera.

Cuán hechicero es ese mirar
que mata las palabras.

#45

Caridad

Ella mostrome
la leda voluntad de su alma
sin importarle mi nombre,
solo bastándole mi mirada;
y la cálida voz
de sus mudas palabras
profirieron que resarciera su bondad;
mas,
marchose en el momento en que mi corazón confesó
el quebranto
que anida en su soledad;
a su recuerdo olvidar intento
cuando
temo
no me creyera.

#46

Lo lamento, Abril

Lamento, mi marchito abril, si no celebro tu cumpleaños;
si deshojo tu corazón
con la soledad de mis versos;
si, a menudo, entre silencios,
renuncio a la vida;
si me esmero por el cariño de otro amor;
si aprendí con Dios
a mentir;
si, al igual que Cristo con María,
no puedo ofrecerte
mejor presente
que mi triste figura
que pronto habrá de morir.

#47

Tu nombre

Mujer de mirar otoñal,
dime si tu corazón
aún pretende el amor de la luna;
si el diablo aún solloza
en tus labios;
si Cristo
aún te escribe románticas epístolas
que amenazan
con su suicido.

Dime, céfiro de sueños rotos,
si aún por tus ojos
hay mísero alguno
que ofrende su voz;
si por tus palabras
aún el cielo aguarda
su llanto;
si Dios
ante tu olvido
ha desistido,
si ha aprendido a llorar.

Dime,
predicadora de perniciosos consuelos,
si el alma no perturba tus sueños;
si Octubre aún te visita;
si la muerte, por sus faltas, no te culpa.

Dime,
jilguero esclavo de su talento;
si aún cantas, por caridad, a tus anhelos,
si has aprendido hablar con tus sentimientos,
si has aprendido a escribir tus lamentos.

#48

Ausencia

Guardé,
por desespero,
en la pena de esa nube negra,
esclavizada a la caridad de su alma,
que no le permite
el pecado
de ser la culpable
de un llanto ajeno,
la disculpa
que aún te debo;
y si el pernicioso murmurio
de un desolado viento delata
el dolor que calla mi falta,
más de una disculpa te ofrezco;
pues,
encontrarás en mi ausencia
la fatua naturaleza de las palabras:
qué poco sirven los sentimientos
cuando el corazón ha muerto.

#49

Viejo amigo desconocido

No desistas, viejo amigo desconocido,
que en pos de tu ausencia,
no habré de poder llenar el vacío del hombre de las montañas;
pues, sólo en la soledad de tus palabras,
ha encontrado compañía su dolor.

Encuentra pronto alivio a tu desgracia,
viejo amigo desconocido,
te lo suplico;
de otro modo,
de los dos,
seré yo
quién más lamente tu falta.

#50

Desangelados

Suburbial desesperanza, neblinoso suspiro de ángel abatido;
triste melodía,
canto resignado que emana
del insomne mirar de un perdido peregrino;
vagarosa golondrina de papel
que emprende su marchito vuelo
por designio ajeno,
resquebrajando las ruinas de su acartonado corazón
con las caricias alma;
narcótico trinar devoto,
aherrojado en el nombre de un recuerdo,
temeroso,
lánguido latido que canta
a fin de no olvidarse,
a fin de no perderse.

Mísero ángel,
la lengua del río rojo tiene razón;
sólo somos uno más.
Cuán lejos,
cuán cerca nos encontramos del dolor;
a un favor de la muerte,
a una soledad del olvido;
quizá, debamos aprender a sufrir.