Jesght
Rango11 Nivel 51 (6927 ptos) | Artista reconocido
#1

Había entrenado por tanto tiempo, que ya no recordaba su vida sin sus ejercicios en la mañana. Tanto, que su cuerpo se movía casi como un autómata, rápidamente, precisamente, sin desperdiciar movimientos. Había entrenado tanto, si, no porque le hubieran encomendado aquella misión, por orgullo, para demostrarse a si mismo que podía. Sin embargo, nunca pudo.

Su mente siempre recordaba su último enfrentamiento. El choque de sus dagas contra la mandoble. El sentimiento de que enfrentaba una montaña, irrompible, sólida, orgullosa. No importaba la técnica que usara, jamás había podido ganar.

Ensimismado, siguió entrenando, sin ver a quien lo observaba.

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#2

¿Cómo era posible que siguiera esa misma rutina todos los días? Era imposible ser así de diligente, cuando ella ni siquiera podía durar un día repitiendo los mismos ejercicios. Lo admiraba, si, pero al mismo tiempo lo odiaba. Secretamente, dolorosamente, esperaba los días en que las dagas chocaban con su mandoble, disfrutando sus esfuerzos inútiles por vencerla.

“Es todo lo que tengo, después de todo…”

Ser invencible no era su habilidad, era su origen. Era una cima que no había alcanzado por esfuerzo, por motivación, o por decisión. Muchos querían vencerla. La mayoría se rendía rápido. Él no.

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#3

Debía admitirlo, tenía miedo. Su misión había durado tanto que empezaba a disfrutarla. Esperaba con ansias comparar sus fuerzas, observar sus movimientos, buscar una debilidad. Ver su cara impasible, donde de vez en cuando sentía que se escapaba una sonrisa. No debería fijarse en ella. Su enfoque debería ser ganar, destronar a lo invencible, demostrarle al mundo, a él mismo, que no existen imposibles que el esfuerzo no destroce. Tenía miedo, sí. Miedo de que ahora, en vez de perder ante un oponente superior, simplemente no quisiera ganar. Miedo a querer extender sus peleas para siempre, tan solo para observarla.

#4

Debía admitirlo, estaba desesperada. Sus enfrentamientos se habían hecho una rutina, que diligentemente cumplía, sin siquiera darse cuenta. ¿Cuándo había pasado? ¿Qué le había hecho este hombre terco e insistente? Le costaba admitirse a si misma que no estaba haciendo su mejor esfuerzo, que quería hacerlo sentir que una victoria era algo posible, para que volviera, para poder verlo otra vez.

¿Y si algún día le ganaba? ¿Qué iba a quedar de ella? Una mujer desordenada e incapaz que alguna vez había sido la mejor guerrera del mundo, una persona con único talento, destronada para siempre. ¿Y luego qué? Soledad.

#5

Los rayos del sol se acumulaban en su ventana. Debería estar entrenando, pero estaba atrapado en un sueño. En él, soñó ser su oponente. Sintió el peso de la mandoble, y se vio derrotar cientos de oponentes. Pensó que eso era lo que siempre había buscado, pero… ¿Por qué se sentía todo tan solitario? ¿Qué era esa sensación de vacío? ¿Por qué creía que la había sentido antes?

#6

Ella lo esperaba. Era demasiado tarde, y todavía no llegaba. ¿Qué había pasado con su rutina, con él?

En aquellos momentos, y quizás tan solo por unos segundos, ambos sintieron lo mismo.

Él se levantó, tarde. Ella abandonó su puesto por primera vez. Se encontraron a medio camino, y ambos esquivaron las miradas, esquivaron el dialogo, se esquivaron a sí mismos.

Después de una pausa, él se presentó, de nuevo. Ella no pudo evitar reírse, y con ello rompió las barreras. ¿De qué servía entrenar tanto si solo encontraba vacíos? ¿De que servía demostrar su invencibilidad si solo encontraba soledades?

Se dieron la mano, y comprendieron, de inmediato, que se conocían mejor que los más viejos amigos. Una misión jamás fue cumplida. Ella nunca demostró su invencibilidad. Sin embargo, fueron felices.