Hiarbas
Rango11 Nivel 52 (7446 ptos) | Artista reconocido
#1

La ciudad transita entre sus realidades convergentes. Humildad y resignación, odio y codicia, miseria y olvido, terror y delincuencia. Todos ellas cohabitan, entrecruzándose, mezclándose, fluyendo, mientras crean la realidad que le da vida a la ciudad.

Cualquier avispado observador disfrutaría extrayendo las innumerables historias que en su vientre germinan, diseccionándolas, saboreándolas.

Con un bol de helado de chocolate en la mano, la mirada atenta y el alma ávida por descubrir alguna de esas historias, olvidadas en la profundidad de la muchedumbre que inunda la ciudad, dejamos fluir este vistazo, sin pretensiones pero con mucha curiosidad.

Relajen la mirada, abran la mente y no presupongan nada, solo déjense llevar, comenzamos.

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Don_Diego
Rango12 Nivel 57
hace alrededor de 2 meses

ando sin nada de tiempo. prometo leer en cuanto pueda.

IndigoDolphins_73
Rango10 Nivel 46
hace alrededor de 1 mes

Sentada y con palomitas. Bueno, tal vez me he pasado 🤔


#2

Capitulo 1: EL CARIBE

El “Gordo” Ceballos no paraba de sudar. Odiaba el verano. No soportaba el calor. Le desagradaba estar todo el día sudando. No aguantaba a la gente hablando de donde se iban a marchar de vacaciones. Le repugnaban los que alardeaban de estar todas las tardes en la piscina, refrescándose y poniéndose morenitos. Pero sobre todo, lo que más le sacaba de quicio eran los puestos callejeros de helados.

El “Gordo” Ceballos era un apasionado de los helados, babeaba en cuanto percibía su olor, algo imposible para el resto de los mortales pero que él era capaz de detectar a casi un kilómetro de distancia. Por esa pasión desmedida, odiaba los puestos callejeros, ya que, en su escuálida inteligencia, era inadmisible que en verano hasta el más tonto, pudiera comer un helado en cualquier momento y el resto del año fuera casi imposible hacerlo, no lo entendía y ese era el motivo que encabezaba su lista de cosas por las que odiaba el verano.
Una tarde perdida en la memoria de aquel asfixiante verano, en medio de la soporífera ciudad que se ahogaba en el aburrimiento y el absentismo de sus habitantes, el “Gordo” Ceballos, acompañado por “Rata” Quinque y Carlitos “Toretto” vagaban por el centro de su barrio, soportando a sus espaldas el plomizo sol que golpeaba ardiente y sin piedad tratando de deshidratarlos.

—Me puedes explicar ¿pa qué coño nos has hecho salir de casa con la que esta cayendo? que no me entra en la sesera…

—Ni te entra, ni te va a entrar en la vida, donde no hay, no hay…— Proclamo Ceballos mientras gesticulaba en la cara de Carlitos.

—¡Mira que todavía me largo gilipollas!

—Cállate “Toretto” que enseguía te lo cuenta de nuevo el “Gordo”.—Quinque se interpuso entre los dos tratando de calmar los ánimos.

—Vale tío… solo tenemos que llegar al solar de detrás de la plaza Cañaveral, me ha dicho el “Cachas” que han dejao un buga to guapo abandonao, lo que no se es que nos vamos a encontrar ya, como las señoritas no tenían tiempo esta mañana para quedar…

—Joder macho que uno tiene cosas que hacer en casa, como tú vives de chupar de tu hermana y de aprovecharte de ella…

—¡Heeee! ¡Cuidadito! Que yo no me aprovecho… me dejo querer y mimar que es mu distinto. Así que no acuses tío que esta mu feo…

—¡Sera mamón! Paso de ti tío, tienes tanta geta que no sé como no estás el doble de gordo.

—Pues porque no se puede que ya me cuido yo de intentarlo.— Los tres empezaron a reírse a carcajadas mientras el “Gordo” se frotaba su voluminosa barriga.

Entre risas y discusiones llegaron a la esquina que daba entrada al descampado. Aquello no era más que un triste solar lleno de los escombros de lo que un día fue el salón de bailes Caribe. Nadie recordaba ya cuantos años llevaba esperando la licencia para construir su propietario y mientras, todo aquel que conocía el lugar, lo utilizaba para abandonar aquello que deseaba distraer de la vista de los incautos o simplemente de quien no debía enterarse de los entresijos de los llamados “barrios bajos”.

Los tres entraron en el solar, el paisaje era tan deprimente como siempre que se acercaban por allí. Escombros por aquí, cajas por allá, electrodomésticos oxidados acullá incluso un par de contenedores de obra sospechosamente cubiertos por unas lonas y a los que todos sabían no debían acercarse si querían conservar los dedos en su lugar. En un lado de aquel paisaje postguerra, lo que un día debió ser una flamante y lujosa berlina negra ahora mostraba las heridas de la rapiña callejera.

—¡Lo veis! ¡Si es que no se puede uno descuidar! ¡Ya lo han limpiao! Así espabiláis para la próxima vez, que estáis atontaos.

—Va tío, deja de gruñir y vamos a mirar que fijo podemos sacar algo, Yo le veo todavía los asientos.

—Los asientos, los asientos. ¿Para qué coño quieres los asientos?

—Joder pues en la chabola del “Lobo” estarían genial, mejor que la mierda de sillas que tiene llenas de clavos que nos van a reventar el culo el día menos pensao.

Ceballos dejo que su corta imaginación dibujara el patético cuadro de los cuatro sentados en los asientos de la berlina en medio de la chabola del “Lobo” mientras jugaban una partida a la Play en la pantalla de 60 pulgadas que nadie “sabia” de donde había salido.

—Siiiiii, que buena idea tío. Venga manos a la obra no vaya a llegar otro avispao y nos robe la idea.

—Mi idea, que siempre te apropias to.

El “Gordo” y el “Toretto” comenzaron una nueva discusión por la propiedad intelectual de la idea, mientras el “Rata” trataba de calmarlos como siempre le tocaba hacer.

Los tres, entre discusión y discusión, se pusieron manos a la obra y a falta de herramientas, con la que llevar a cabo limpiamente su tarea, improvisaron con aquello que por allí encontraron. Los golpes y tirones a los asientos no hicieron mella en ellos que seguían firmemente asentados en su lugar ante la impotencia de sus agresores.

—¡Me cago en la puta! “Rata” tira por ahí a ver si ves algo con lo que arrancar los asientos, que empiezo a sudar demasiado y eso me pone de los nervios.

—¿Y por qué no vas tú? Siempre igual el cabronazo este mandando a to el mundo…

—Joder ya te lo he dicho, que empiezo a sudar y si me pongo a rebuscar pues sudo más. Anda dale tú que estas to chupao y sudas poco, que el sol casi ni te da.

—No me toques los huevos que al final va a ir tu padre…

—Pobrecico con lo bien que está en el más allá y le vas a hacer venir pa na…

Los tres se empezaron a reír y el “Rata” emprendió su búsqueda con resignación sabiendo que discutir con el “Gordo” era inútil.

Ceballos a pesar de su extenuada condición, siguió forcejeando con el asiento del copiloto mientras “Toretto” lo hacía con los asientos traseros. En un arranque de frustración, el “Gordo” Ceballos agarro un enorme cascote del suelo y propino una serie de violentos golpes que, solo por pura casualidad y fortuna para ellos, soltaron la palanca de bloqueo del asiento y este quedo liberado con limpieza.

—¡Toma ya! ¡Estoy hecho toda una bestia!

—¡Un gilipollas es lo que eres! ya podías ir a dar por culo a la puerta de tu madre, que menuda siestecita estáis dando cabrones. Si vais a robar al menos hacerlo en silencio.—Desde una de las ventanas que daban al solar una anciana chillaba enfurecida a los tres saqueadores.

—¡Vete a la mierda vieja escocia!—Grito “Toretto” envalentonado.

—Calla tío no llames la atención, si tiene razón la vieja, nos estamos pasando con el ruido, que esta zona es del “Oso” y ya sabes como se las gasta.

“Toretto” mudo el color de su piel por un blanco pálido, casi traslucido, que reflejaba claramente el miedo que le inundo al comprender lo que el “Oso” le podría hacer si le apetecía jugar con él.

—Shiiiii, mejor calladitos. Saca ese asiento a ver si nos hacemos con los otros y nos largamos… tío que es eso que se ve en el asiento…—El “Gordo” al tratar de sacar del desvencijado vehículo el asiento, rasgo la parte baja del mismo dejando al descubierto su interior.

Hace alrededor de 2 meses

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Romahou
Rango18 Nivel 89
hace alrededor de 2 meses

Suena tan divertido como enrevesado.
Y promete.

Don_Diego
Rango12 Nivel 57
hace alrededor de 1 mes

aja! ahora viene lo bueno. serán los restos de un cadáver o un fajo de dinero, o, o, droga? voy a ver que sigue

OmDuArt
Rango14 Nivel 65
hace 26 días

¡Hosti tú! Que buen relato. Me recuerda a malviviendo pero en Barcelona en lugar del sur... ¿De dónde eres, por cierto?


#3

—Hosti tú, que son billetes… ¡Joder! ¡Joder! Tío esto esta llenos de viruta…

—Uhhhh… chungo, chungo, a saber de quien es… macho mejor dejarlo no nos metamos en un lio…

—¿Qué lio ni que leches? Tú crees que alguno de los chungos del barrio va a dejar esto aquí para que alguien llegue y se lo lleve, seria de tontos…

—No se macho, a mí me suena chungo.—“Toretto” seguía pálido, pensando en lo que podría pasarle si, el “Oso” o “Johnny tornillo” o el mismísimo Castro, era el dueño del dinero, cualquiera de ellos los haría carne picada sin pensarlo demasiado.

—“Rata” ven. — Desde casi la otra punta del descampado Quinque llego a la carrera. —Mira tío.—El “Gordo” le mostró orgulloso lo que asomaba por los bajos del asiento.

—Me cago en la… y eso… jajajaja y ese pastizal de donde ha salido… Woooo menuda suerte hemos tenido…

—Calla gilipollas que se va a enterar todo el barrio… Tenemos un problema además, este piensa que hay que dejarlo por si es de alguno de los chungos…—Ceballos acusaba con mala cara a “Toretto”.

—¿Tu estas tonto o qué? Ni de coña dejamos eso aquí para que lo trinque otro, primero nos lo llevamos luego preguntamos. Si es que no tienes luces na más que pa los coches. Mira lo que he pillao, pedazo de palanca, con esto reventamos los otros asientos, lo mismo tiene sorpresa como los huevos kíndel jejejeje. Tu atontao vete a por la furgo del “Moro” fijo que ahora esta tirao sobando, la traes cagando leches y metemos allí los asientos, luego en el chabolo del “Lobo” vemos si son kíndel o no jajajajaja… ¡Tira cagón!—El “Rata” le propino una tremenda colleja a Carlitos consiguiendo así que saliera de su estado de profundo terror y volviera a ser el activo rufián que ellos conocían.

Como una centella salió “Toretto” corriendo en dirección al taller del “Moro” mientras sus dos compañeros se disponían a empezar a desmantelar el resto de los asientos bajo la atenta mirada de Herminia que, desvelada ya de la siesta por los gritos y golpes, decidió aprovechar el tiempo cotilleando los movimientos de aquellos golfos.

—Puta vieja, sa quedao a mirar lo que hacemos.

—Como para sacar la pasta ahora aquí y que nos trinque la chillona esta.

—Tú dale con cojones a eso “Gordo” que reventamos los asientos y en cuanto llegue “Toretto” nos largamos. Tío se me hace la boca agua de pensar en lo que puede haber ahí debajo.

—Calla, ahora ni lo pienses, lo primero lo primero, que esto esta duro de cojones.
Prosiguieron con su lucha durante muchos minutos y como sucediera antes, solo la fortuna de un golpe descuidado desanclo lo que solo se podía desanclar con un leve tirón de una palanca, mas a ellos no se les podía exigir tanta sutileza. Por suerte la lucha con el asiento trasero fue breve pues antes de abandonarlos, “Toretto” había estado jugando, simplemente por no hacer esfuerzos y disimular ante el “Gordo”, con todo aquello que parecía un botón en los asientos, con la increíble fortuna de haber dejado liberado todos los anclajes sin tan siquiera tener conocimiento de ello.

—Joder tío este esta suelto y el pringao del “Toretto” ni se había coscao.

—Si es que esta flipao el tío, no se entera de na. Mira por allí viene. Sera burro, le va a reventar la furgo al “Moro”.

Como si estuviera en un rally “Toretto” entro derrapando en el solar, abusando de freno de mano y desgastando las maltrechas ruedas de la desvencijada furgoneta del taller Martínez.

—¡Como te vea el “Moro” te revienta a hostias por joderle las ruedas a la furgo!

—¿Y quien se lo va a decir? ¿Tu?—Carlitos “Toretto” salió del vehículo constriñendo su cara para mofarse del “Rata” Quinque, le encantaba burlarse de el a pesar de que siempre le ganara en las peleas que les enfrentaban continuamente, tanto físicas como verbales, pero no le importaba, disfrutaba picándole.

—No si al final el que te va a meter soy yo.

—Iros a la mierda los dos y dejar las tonterías para luego, ahora al tema, vamos a meter esto en la furgo y nos largamos.

Dicho y hecho, las palabras del “Gordo” Ceballos fueron suficientes para que todos se dedicaran a trasladar los asientos al amplio receptáculo de la furgoneta del Taller Martínez. En menos de cinco minutos ya abandonaban el solar bajo la atenta mirada de la aburrida Herminia.

—Se acabó la diversión. Jacinto vamos a ver la tele un rato a ver que tripa se les ha roto ahora a los famosos.—Herminia y su gato abandonaron la ventana y dirigieron sus cansados pasos al salón donde les esperaba el comodísimo sillón de masajes que consiguió en una de esos viajes para mayores y del que no pensaba pagar ni un plazo más, frente a la impresionante pantalla de cincuenta y cinco pulgadas que el “Oso” le había regalado por ser su adorada y queridísima abuela.

* * *

Hace alrededor de 2 meses

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Sarym
Rango16 Nivel 75
hace alrededor de 2 meses

Divertido relato, querido @Hiarbas, me ha encantado leerte. Si me permites el atrevimiento... A veces con la premura se nos escapan ciertos detalles al redactar, pon atención a los acentos y las comas para que tu escrito no pierda belleza en esas minucias, con una releída podrás identificarlos fácilmente. Siempre un gusto leerte, apreciado amigo. Saludos y nos seguimos leyendo ;)

Kobbe
Rango9 Nivel 40
hace alrededor de 1 mes

De momento buen texto. Aun no me atrapa la historia pero quizás es que aun no haya "roto" . Aún así la forma de narrar impecable

Don_Diego
Rango12 Nivel 57
hace alrededor de 1 mes

ya me estoy imaginando la odisea que van a pasar estos 3 chiflados por ese dinerito. me va gustando la historia. espero mas. :D

Hiarbas
Rango11 Nivel 52
hace alrededor de 1 mes

Lo de los acentos es una lucha constante, me esquivan sin piedad, lo de las comas es otra, se descuidaría alguna, corregiré lo que vea mal @Sarym. La historia como anuncia el inicio deben ser historias convergentes, por ello que tal vez aun no te llegue nada @Kobbe. Me alegra que te guste @Don_Diego y gracias también a @IndigoDolphins_73 por pasarte a leer y comentar, gracias a todos por hacerlo.

Miguel_Ruiz
Rango10 Nivel 46
hace 15 días

Está muy bien, de verdad. Divertido, ágil, sugerente, cómico, al estilo de las grandes comedias. Además, me deja pensando en el siguiente capítulo: ¿el auto sería de la abuela y el dinero también? ¿Sería de un viejo amante que la traicionó y el nieto pasó factura? ¿Este amante era ladrón de bancos? ¿El viejo auto, enfrente de la casa de la abuela era el escondite perfecto para los botines? ¿La abuela no dijo nada porque disfruta de las «travesuras» de su nieto?
Aunque nada de esto sea cierto o vaya a pasar en tu relato, pasaron en mi imaginación, y eso sólo se llama enganchar al lector con la historia.
Aplausos.
Sigo con "Lecflix" mañana o pasado.
Abrazo grande, colega.


#4

LA FORTUNA DEL “TIESO”

A Fermín Cáceres ya nadie le recordaba por sus increíbles peleas en el Palacio de Cuatro Caminos. Allí dejo sus mejores años regalando felicidad a todos aquellos que gastaban sus escasos salarios llevando a sus familias a las veladas de lucha libre de su ciudad. Para todos aquellos que disfrutaron su carrera era un mito, un dios, un superhéroe. Gano mil veces y mil veces le aclamaron. Suyos fueron los títulos regionales, los estatales, incluso el nacional. Pero todo lo trunco la maldita rodilla. Aquella fatídica noche en la que Pedro el “Fantoche” le trituro la pierna sin piedad, olvidando los códigos de los luchadores, solo por pura venganza, por envidia. Su vida de éxito murió junto a sus ligamentos. Desde entonces era un tullido lleno de odio y rencor.

Fermín Cáceres cambio una vida de fama y alabanzas por otra de clandestinidad y repudio. Un par de años de abandono, desprecio y lastima extraviaron su camino. Los que antaño le habían aclamado ahora, sin ellos saberlo, le odiaban y culpaban, junto a muchos otros como el, de la miserable condición en la que se encontraba su ciudad.
Fermín Cáceres solo conservaba de su pasado glorioso su apodo el “Oso”. Lo triste para él era que antes infundía respeto y admiración y ahora todos temblaban al escucharlo.
Aquella tarde Fermín andaba perdido en sus tristes recuerdos, aquellos que le llevaban a su primera víctima.

El “Fantoche” no esperaba aquella noche, después de su triunfal retorno al cuadrilátero, tras su sanción por destrozarle la rodilla a su archienemigo, que el “Oso” estaría esperándole en el salón de su casa. Cuando entro, riendo y festejando con las dos hermosas jovenzuelas que le habían acompañado para celebrar la buena bolsa ganada en su retorno, primero se sorprendió de encontrar allí a su enemigo de mil y un carteles, pero luego simplemente se rio, se mofo de él y de su imposibilidad de volver a tener un combate, como lo llevaba haciendo siempre que enfrentaban sus caminos desde la noche del suceso.
Fermín mimaba una sola idea en su mente desde el día en el que decidió enfrentarse a él, pero aquellas burlas solo afianzaron su convicción. Dos tiros en la frente, terminaron con las risas del “Fantoche”, otros tantos con las de las desafortunadas testigos. Esa noche su vida cambio, dejo tiradas en el suelo la lucha junto a su inocencia y abrazo sin remordimientos la delincuencia con grandes dosis de maldad. Ahora volvía a ser uno de los reyes de la ciudad, pero este reinado no le había dado ni paz ni tranquilidad, seguía enfadado con el mundo y seguía deseando quemarlo por completo.

—Fermin cariño, no sé nada de ti, me tienes abandonada. —El teléfono había sonado y al descolgarlo la chirriante voz de la abuela Herminia inicio su incansable regañina. —Parece que ya no existo para ti, eres el peor de los nietos.

—Pero abuela, si pase antier por allí, que merendamos juntos. Es que no te acuerda que te lleve el chocolate y los churros.— El “Oso” suspiraba pensando que su pobre abuela empezaba a perder la cabeza.

—Lo que tú digas, pero siguen siendo muchos días, ya sabes que tú eres mi favorito y no puedo pasar sin ver a mi niño grande. Además tienes que ver lo que ha pasado en el Caribe, no me gusta nada lo que hacen esos chicos ahí, deberías venir a regañarlos…— El “Oso” tardo en centrar lo del Caribe, pero pronto se dio cuenta de que su abuela hablaba del solar donde antes estaba el salón de bailes Caribe, aquel era un sitio que le preocupaba, pues sabía que, además de él, muchos otros lo utilizaban para sus chanchulleos y no le hacía gracia que su abuela tuviera una ventana con vistas a tan desolador lugar, no por lo que la pudiera pasar, todos sabían quién era ella y nadie se atrevería a tocarla ni un pelo ni a tan siquiera reñir con ella, sabían que su vida podría estar en juego si lo hacían, le desagradaba por lo que su abuela pudiera ver u oír.

El “Oso” formaba parte de la triada de reyes de las calles del barrio Este. Todos los temían y todos los respetaban más por su despiadada forma de llevar los negocios que por admiración. Pero el “Oso” tenía una gran debilidad, su abuela Herminia. Frente a ella seguía siendo el chico de diecisiete años que ella quería ver en él. Era un nieto atento y cariñoso hasta el extremo más inimaginable. Muchos lo sabían y ninguno lo comprendía. Aquel despiadado ser, capaz de robar tu vida con sus manos, era el ser más delicado del mundo cuando su abuela hacia acto de presencia.

—¿Qué pasa ahora en el Caribe, abuela?

—Pues no se, desde que dejaron ahí el coche ese tan impresionante, no paran de venir gamberros a destrozarlo… si hubieras venido hoy lo habrías visto, que me prometiste venir a ver la novela conmigo…—Fermín se palmeo la frente al comprender su olvido.

—Lo siento abuela, tienes razón, es que había mucho trabajo en la oficina, pero me paso esta noche y cenamos ¿Vale?

—Pues te toca traer la cena que tengo la nevera vacía…—Herminia miraba al techo como tratando de disimular su mentira como si alguien pudiera verla.

—Pero si te hice un pedido ayer en el súper… vale, no te preocupes yo paso por el chino y llevo la cena…

—Pero nada de rollitos que por la noche me sientan mal…

La conversación se prolongó aun algunos minutos pero el “Oso” no apartaba de su cabeza la idea de un coche desguazado en el solar, con gestos llamo a “Cachete” para poder hablar con él en cuanto terminara con su abuela.

—…Hasta luego abuelita, muack, muack… “Cachete” quiero que te enteres de que es eso del coche que han dejado en el solar del baile, llévate a un par de tus gamberros y enteraros de que es y de quien es y corre el rumor de que están molestando a mi abuela, recuérdales que si la molestan a ella me molestan a mí, que se enteren todos.

Hace alrededor de 1 mes

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IndigoDolphins_73
Rango10 Nivel 46
hace alrededor de 1 mes

Excelente esta caja @Hiarbas . Siempre tengo debilidad por tus narraciones de vidas de pobres diablos; consigues que a pesar de la dureza de lo que describes, se respire ternura y se visualice un aire de nostalgia a través del texto. Mis felicitaciones.

Hiarbas
Rango11 Nivel 52
hace alrededor de 1 mes

Gracias por tus palabras, animan a seguir.

Kobbe
Rango9 Nivel 40
hace alrededor de 1 mes

Buen texto, sigue creciendo la tensión

Don_Diego
Rango12 Nivel 57
hace alrededor de 1 mes

Un ogro con los que le rodean, un asesino para sus enemigos, pero para su abuelita, un dulce caramelito. Jeje buena caja. 👍


#5

—Vale jefe, pero creo que el “Tieso” sabe de que va la movida pues algo me dijo esta mañana pero no le puse la oreja.

—“Cachete”, “Cachete”, que te estás haciendo viejo, que se te pasan cosas como estas que pueden ser importantes…

—Lo siento jefe…

—Anda, ve y tráeme al simple ese del “Tieso” a ver que sabe.

“Cachete” abandono el salón del piso desde el que Fermín dirigía su imperio. El “Oso” le apreciaba como si fuera de su familia. Llevaban juntos tantos años que ya ni recordaba cuantos eran. El había sido quien le acogió cuando inició su andadura por el mundo del hampa. Le enseño lo poco que sabía sobre el sórdido mundo en el que se adentraba y juntos desde entonces lo habían recorrido, apartando de su camino a todo aquel que había osado tratar de zancadillear su ascenso. Entre ellos la única diferencia que existía era que el “Oso” era un auténtico líder y “Cachete” no era capaz de liderar ni a su familia.

Daniel Rodriguez el “Tieso” entro en el salón, con la mirada perdida en el suelo, tratando de hacerse invisible, aunque sabía que aquello era imposible y que la regañina estaba garantizada.

El “Tieso” siempre había sido un buen chico, su único problema era su inquebrantable amistad con la mala suerte. Siempre estaba donde no le convenía estar. Siempre hacia aquello que, sin saberlo, le acarreaba problemas. Siempre lo más increíble y disparatado sucedía a su alrededor para frustrar sus planes. Por todo ello siempre se encontraba con los bolsillos vacíos y con la necesidad de que alguien le echara una mano. La única fortuna que le acompañaba era que sus desdichas solo le afectaban a él y nunca a los que con el estaban, tal vez por ello nadie le consideraba un gafe, solo un desgraciado que siempre andaba tieso de pasta.

—Buenas.—Se presentó el “Tieso” ante el “Oso”, casi de forma inaudible.

—¿Qué pasa, también andas tieso con la voz? Lo tuyo es de traca tío. Anda entra que tenemos que hablar y no te asustes que no te voy a hacer na.

Daniel avanzó sin levantar la vista hasta situarse frente al sillón que ocupaba el “Oso”.

—Queee… siento no haber dicho na de lo del buga ese pero… es que no sabía que tenía que contarlo… como allí tiran de to… pooooss…

—Pues tú pensaste limpiarlo con los colegas y sacarte una pasta ¿No?

—Que va jefe, si los mu cabrones de los “Charlis” han pasao de mí y cuando me enterao ya lo habían limpiao to… si ya sabe que lo mío es lo mio…—El “Tieso” gesticulaba y levantaba la voz para explicar los sucesos sin atreverse a levantar la vista del suelo, con el temor aun en el cuerpo.

—Si claro, lo tuyo es lo tuyo de siempre que no haces nada a derechas. A ver, cuéntame a mí, alma de cántaro, ¿Por qué te juntaste con los “Charlis” en vez de venir a contarme a mí lo que pasaba. No te hemos dicho ya mil veces que no te conviene ir con los chinos.

—Si ya lo sé jefe… shnifff… shnifff… pero es que pienso al revés y como me da mucho palo tener que pedir más favores con tos los que ya les debo…

—Tu veras como te comportas, al que dejas mal es a “Cachete” él es el que responde por ti, si por mi fuera estabas en el rio ya dando de comer a los peces, pero el da la cara por ti. No le jodas más y haz las cosas bien… Cuéntame lo que sepas a ver si podemos arreglar algo.

—Jefe yo saber se poco, lo que le conté al “Cachete” esta mañana…

—Bien pues cuéntamelo a mi ahora, que me estas agotando la paciencia “Tieso” o ¿es que quieres que te meta dos hostias para refrescarte la memoria?—la paciencia del “Oso” comenzaba a hacer aguas ante la poca voluntad del “Tieso” de contarle lo que sabía, su voz así se lo indicó a Daniel destrozando las compuertas de su timidez.

—Pues na, que hace dos días un chiquillo del barrio del puerto robo el buga en la urbanización de los Collados, pensaba vendérselo al “Chatarra” que tiene negocios con los Rumanos y largan bugas de lujo paya pa su tierra, pero el “Chatarra” sabía algo del buga y paso de comprarlo y le dijo al chaval que lo largara que eso quemaba, por algo de mafias o no sé que leches, el caso es que el chaval to asustao lo metió en el solar, yo lo vi y me conto la movida, le dije que no se preocupara que nosotros lo hacíamos cachicos y santas pascuas. Por eso se lo dije a los “Charlis” si había problemas pues ellos se los comían.

—¿Y todo esto se lo contaste al “Cachete”?—Inquirió muy preocupado Fermín. Le extrañaba que Federico hiciera caso omiso de una información tan alarmante. “Cachete” sabia de su preocupación ante la posibilidad de que las mafias entrasen en su territorio y aquello podría suponer un problema.

—Buenoooo… a él solo le dije que había un problema con un coche en el solar…
El “Oso” incorporo su enorme cuerpo con la rapidez que antaño le hizo un mito, y aunque sintió un dolor insoportable al hacerlo, en la rodilla, no quebró el gesto, pero si le soltó un impresionante guantazo en el lado izquierdo de la cara del “Tieso” que hizo que este volara dos metros antes de caer al suelo, conmocionado, por el tremendo impacto de la enorme mano del “Oso” en su rostro.

—No sé como te puede aguantar el pobre “Cachete”. Ese corazón que tiene tan grande para soporta a todos los desgraciados como tú, le va a matar un día de un disgusto. ¿Tú crees que es normal saber todo esto y no contárselo a tu jefe? ¿Por qué “Cachete” sigue siendo tu jefe, no? ¿Contesta animal?

Daniel gimoteaba acurrucado en el suelo, frotándose la dolorida mejilla, conmocionado aun por el brutal golpe.

—Shniffff… Si lo esss… shnifff

—¿Y?

—No se…shniffff… le conte lo justo…shnifff… yo solo quería ganar un poco… shniff… de pasta para ayudar… shniffff…

—Menuda ayuda estas tú hecho… lárgate de mí vista que te muelo a palos si sigo viéndote llorar como una nenaza…

El “Tieso” recupero mágicamente las fuerzas al escuchar la orden del “Oso” y como el mejor de los ilusionistas, distrajo su figura, en un breve instante, del suelo del salón en el que se encontraba.

—¡”Einstein” ven volando!

Fermín trataba de calmarse pero no podía, tenía que enterarse de quien era el dueño del coche, y sobre todo, si podría traerles problemas, como había insinuado el “Tieso” con su triste confesión. Debía saber quién había robado las piezas y si podía recuperarlas para dejarlo intacto, por si andaban buscándolo. Tenía que mover a todo el mundo y hacerlo bien, si no quería problemas. Pero sobre todo debía defender su terreno ante la posibilidad de que la mafia extendiera sus tentáculos en su territorio. En el barrio Este solo operaban ellos, los tres reyes y nadie les quitaría lo que era suyo por derecho. Llevaban demasiado tiempo luchando por ser independientes, evitando el intrusismo y así seguiría siendo. Ni los chinos ni ninguna otra mafia entraría allí sin antes pagar peaje y menos invitados por el último mono de la feria.

En menos de cinco minutos distribuyo a su gente en las diferentes tareas. “Cachete” tendría que lidiar con los chinos y el torpe que los había invitado a entrar en el barrio. “Einstein” localizar el origen y propiedad del problema. Tony coordinar la recuperación de las partes perdidas. Y el “Guaperas” hacerse con un buen menú del mejor restaurante chino del barrio, el Bambú, con el que agasajar a su abuela durante la cena que compartiría con ella en unas horas.

Mientras el “Tieso” huía del barrio, consciente de que esta vez no habría más oportunidades.

Cinco calles recorrió en el centro antes de encontrarse con un pobre desgraciado en el suelo, maltrecho y sangrando. En su afán por ayudarle acabo todo lleno de sangre. Con la mejor de las voluntades le saco el puñal que aun tenia incrustado en la espalda y así le encontraron los policías cuando llegaron a al lugar. Sin pensarlo le apuntaron y exigieron que se rindiera, más el, aun atontado por el golpazo que le diera el “Oso”, se volvió a ellos, sin entenderlos y balbuceando una explicación, con el puñal en la mano. Los agentes, temiendo por su integridad, abrieron fuego abatiendo al desdichado “Tieso”, que allí quedo más tieso que nunca, tendido en el suelo, pensando en que aquella era la última desgracia que le pasaba en su desafortunada vida.

* * *

Hace alrededor de 1 mes

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Hiarbas
Rango11 Nivel 52
hace alrededor de 1 mes

Eso me temo, inicie un cuento y va tomando una forma bastante distinta. Ya veremos donde nos lleva, suelo dejar que sean las historias quienes guien sus caminos, que fluyan, ya las intentaremos encarrilar para cerrarlas.

Kobbe
Rango9 Nivel 40
hace alrededor de 1 mes

Estoy de acuerdo con @IndigoDolphins_73 , estas creando las bases de lo que puede ser una gran historia

Don_Diego
Rango12 Nivel 57
hace alrededor de 1 mes

En dos ocasiones me saco una carcajada tu cuento. Pobre tieso tenA el cerebro invrertido. Va super la historia, suguro llega lejos 😊👍 @Hiarbas

Don_Diego
Rango12 Nivel 57
hace alrededor de 1 mes

En dos ocasiones me saco una carcajada tu cuento. Pobre tieso, tenia el cerebro in invertido. Va super la historia, suguro llega lejos 😊👍 @Hiarbas

Sorry olvide dar like.


#6

VALVERDE S.L. SOLO COCHES DE LUJO

Clemente Valverde llevaba dos días fuera de sí. Su vida se había convertido en una desesperante sucesión de hechos desafortunados. Si no conseguía cambiar el rumbo a su travesía tenía la certeza de que pronto estaría haciendo compañía a los silenciosos inquilinos de algún atestado cementerio.

Clemente aun no podía entender como había aceptado emprender negocios con aquel tipo. Cierto era que su cuñado le dio referencias intachables de él, avalándolo ciegamente y respondiendo por él fielmente ya que, le dijo varias veces, habían realizado multitud de negocios fructíferos para las dos partes, en los que habían repartido suculentos beneficios.

Lo cierto era que Clemente envidiaba a su cuñado Apolonio. Un coche imponente, de gama alta con los extras de lujo incluidos. Un chalet en las Veredillas, construido a capricho, decorado sin miramientos lo que pudiera costar cada mueble y cada objeto que lo adornaban. Y un tren de vida tan alejado del suyo que lo contemplaba desde más allá de las antípodas sin poder aproximarse a él, a pesar de sus esfuerzos.

Apolonio le presento al Sr. Pozos hacia cinco semanas, una mañana calurosa en la que ni el aire acondicionado conseguía apaciguar la sensación de agobio. Según le contaron su cuñado y el Sr. Pozo, la idea era poner a disposición de los ejecutivos de la empresa que representaba varios vehículos de gama alta durante el breve tiempo que se encontraban en la ciudad para cerrar distintos asuntos y luego devolverlos al concesionario para que este pudiera ponerlos en venta, ganando así dinero tanto por el tiempo que lo utilizarían, como luego por la venta, todo ganancias.

El negocio lo presentaron como algo maravilloso para él y para su empresa. Pero lo cierto era que el beneficio tampoco iba a ser tan espectacular como lo pintaba su cuñado, Clemente esperaba mucho más, ansiaba subir su nivel para igualarse a su cuñado.
Cuando tenían cerrado ya el trato, a pesar de alguna que otra duda sobre los beneficios, y se disponían a abandonar el concesionario, estando ya lejos de los demás socios y trabajadores del mismo, Apolonio le tomó del brazo y le invito a tomar un café en el bar de enfrente, para celebrar el trato.

En cuanto tomaron asiento Apolonio hablo rápido deseoso de contar lo que a él más le importaba.

—Bueno, al grano, ahora que ya estamos solos. Mira, lo de antes es solo la fachada, que no deja de ser un buen pellizco el que le sacaras a los suecos con los cochecitos. Veras el tema es otro. La pasta esta en lo que te voy a contar. De cada remesa de coches, uno de ellos deberás llevarlo después de recuperarlo a un lugar que te indicaremos. Te olvidas de él unas horas y luego lo recuperas y ni notaras nada. Con esa tontería te vas a llevar un buen pellizco, solo para ti, libre de impuestos y lejos de la mirada de hacienda. ¿Qué te parece?

—Que me va a parecer, tal y como lo pintas pues genial. Pero ¿No me meteré en ningún lio con esto? ¿No será cosa de drogas o algo así?—Clemente tenia mil dudas pero el caramelo era de lo más atractivo.

—¿Tú crees que tu cuñado te metería en ningún lio? ¿Me has visto a mí? Yo no ando en líos, yo vivo de puta madre.—Apolonio mostraba firmeza en sus palabras y las sembraba sobre la mesa, reafirmándolas golpeándose el pecho para afianzar su imagen ante su cuñado.

—Usted no se preocupe, nosotros somos gente cumplidora y no pretendemos meterle en ningún problema. Si usted cumple nosotros seremos generosos con usted. Un buen dinero por poco esfuerzo. Somos gente de bien, siempre que usted lo sea.—El Sr. Pozo termino de convencerle con sus buenas palabras y el tono amable y hasta casi cariñoso con el que le hablo.

Con un apretón de manos cerraron el trato y en tres días los primeros vehículos fueron entregados en las oficinas de la empresa sueca a la que pertenecía el Sr. Pozo y que figuraba en los contratos de arrendamiento de los coches.

Cuatro días atrás todos los vehículos volvieron al concesionarios, con escuálidos movimientos en el cuentakilómetros y precedidos de una llamada indicando la matricula del elegido para el negocio extra.

Clemente esa misma tarde informo en la oficina del concesionario de que necesitaba un vehículo y que para no interferir en posibles ventas, utilizaría uno de los recién devueltos. Todo marchaba sobre ruedas.

A pesar de la facilidad para llevar a cabo el cometido encargado, Clemente no paraba de sudar por los nervios y de mirar inquieto a todas partes tratando de localizar al policía que le metería en la cárcel por traficar con algo que ni él sabía que era. Lo único que le tranquilizaba algo su inquieto espíritu, era la certeza de saber que su cuenta subiría considerablemente gracias a aquel sufrimiento.

Aparco con simulada normalidad frente a su casa, como hacía con su coche o con los que alguna vez utilizaba del concesionario, frente a su casa. Estuvo vigilándolo, escondido tras la ventana, hasta que el sueño le impidió hacerlo más. Solo quedaban unas horas hasta que a la mañana siguiente, entregara el paquete y todo volviera a la normalidad.

Hace alrededor de 1 mes

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Don_Diego
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hace alrededor de 1 mes

Aja! Ya se va desvelando la cosa.


#7

Pero a la mañana siguiente el pánico se apodero de él cuando al asomarse por la ventana el vehículo había desaparecido. En pijama asalto la calle, buscando aquello que no podía encontrar, simplemente porque ya no estaba. No sabía que hacer, no podía llamar a la policía, él no sabía que había en el coche y si su contenido podía acarrearle problemas, que así sería ante el misterio y secretismo del negocio. Tampoco podía llamar al Sr. Pozo. Era consciente de que la llamada se la harían a él en cuanto no se presentase con el coche a la hora acordada. Solo podía fiarse de su cuñado, al menos eso pensaba.

—¡Clementito guapetón! ¿Qué?¿Ya terminaste el encarguito? ¿A qué es lo más fácil del mundo? Dinerito del bueno sin esfuerzo, jajajaja…

—¡Apo esto es terrible! ¡Terrible!

—¿Pero qué te pasa cuñao?

—¡Que me lo han robado! ¡Joder!... ¡Joder!... si es que no se para que me meto en estos líos… me tienes que echar una mano…

—No bromees…¡Que cabrón! ¡Casi me da algo!... ufff casi me la metes dobla….

—¡Que es verdad macho! ¡Que me lo han quitado!

—¡No me jodas! ¿Es en serio?... menuda cagada… ya te puedes poner a buscarlo, como se entere Pozo nos capa si no nos mata, o incluso las dos cosas. Macho que esto es cosa de la mafia. Que están metidos los rusos. ¡No me jodas! ¡La madre que te pario! Si ya lo decía mi mujer: ¡A mi hermano no le metas que es un desastre!
—Tío tienes que ayudarme…

—No macho, es cosa tuya, búscate la vida… yo solo os puse en contacto, mejor me olvidad, ni siquiera he hablado contigo. Busca el coche es lo mejor que puedes hacer, ¡encontrarlo! Si no grrrrrreegggg.—Apolonio colgó y el mundo se desplomo, con todo su agobiante peso, sobre Clemente. ¿Cómo y dónde iba el a buscar un coche robado? Aquello era una locura y el terminaría en un psiquiátrico. La terrible certeza de que no conseguía arreglar aquello, comenzaba a invadirle y a llenarle de una insoportable sensación de pánico.

Se vistió y se lanzó a la calle a la desesperada. Solamente una idea era capaz de generar su cerebro en ese momento y la puso en práctica.

Durante toda la mañana recorrió todos los desguaces de la zona, con la esperanza de que el ladrón hubiera intentado vender el coche como chatarra, pero la suerte acompaño a su fortuna y juntas huyeron desbocadas.

El teléfono móvil no paraba de sonar. Un número oculto le acosaba, aunque él era plenamente consciente de quien se escondía tras él. No podía responder, aun no. Debía intentar algo más.

Visito durante la tarde los concesionarios de segunda mano de la zona, conocía a casi todos los dueños, pero allí tampoco encontró ni una sombra del vehículo extraviado.

Al caer la noche regreso a su urbanización, esperaba encontrar un poco de paz en su casa. Poder descansar y tratar de buscar otras alternativas para localizar al huidizo vehículo.

Cuando entro en su salón, dos hombres inmensos, tanto a lo ancho como a lo alto, le esperaban junto al Sr. Pozo, que saboreaba el Macallan de veinticinco años, que con tanto mimo guardaba.

—Sr. Valverde, que gusto volver a verle, creo que tenemos un problemilla y espero que usted pueda resolverlo.—Antes de que terminara de hablar uno de los imponentes hombres que le acompañaban se acercó a él y sin darle tiempo a reaccionar, le golpeo con violencia en el estómago cortándole la respiración y haciéndole sentir como su vida se escapaba en cada doloroso intento por introducir algo de aire en sus pulmones.—No ha cumplido con nuestro acuerdo y tampoco responde a mis llamadas. Es muy descortés por su parte comportarse así. Creo que fui claro en nuestra primera reunión, si cumple cumplimos. Veo que usted no cumple y me gustaría saber el motivo.—el Sr. Pozo movió levemente la mano con la cual sujetaba el vaso con el Macallan en su interior y el puño del sicario, de nuevo, golpeo con exagerada violencia extrayendo todo el aire de los pulmones de Clemente.—Tranquilo, respire, no tengo prisa por escuchar su respuesta, algo me dice que no va a ser de mi agrado.

La noche fue larga, las explicaciones, entre golpe y golpe, decepcionantes para el Sr. Pozo y las alternativas terroríficas para el desdichado Clemente Valverde.

—Bien, la solución es complicada. Aunque no se lo merece, y sobre todo por el bien de mi mercancía perdida, correremos desde ahora mismo, el rumor de que el vehículo sustraído está condenado, en la calle sabrán que andamos nosotros tras él y no lo tocaran, pero sigue siendo su problema el recuperarlo. Como soy magnánimo y altamente generoso, le daré dos días para que me entregue lo que es mío. Ya ha visto algo de lo que mis muchachos son capaces de hacer a su cuerpo, no me obligue a exigirles que se esfuercen, le aseguro que solo estaban calentando los músculos.

Clemente, tendido en el suelo de su salón, sujetando su dolorido vientre, tratando aun de tranquilizar su exaltado corazón y su agitada respiración, contemplo con terror a aquellas dos moles. Solamente habían sido golpes en su estómago, pero estaba seguro de que algo no estaría ya bien jamás en su interior para el resto de su vida. Sin poder articular palabra asintió con toda la exageración que su dolorosa circunstancia le permitía.

—Bien, pues ya está todo dicho. Que tenga un buen día y nos vemos lo antes posible. Le estaremos esperando con ansia para terminar nuestro negocio. Hasta más ver Sr. Valverde. Y recuerde que un trato es un trato y debe cumplir de una forma o de otra con el.
—En la mirada del Sr. Pozo las llamas del mismísimo infierno centelleando y ardiendo con violencia, fue lo que creyó ver Clemente cuando este se despedía de él.

Tenía dos días y una misión casi imposible que realizar. Lo peor era que la certeza de que el otro pago, si no encontraba la mercancía del Sr. Pozo, sería su vida, se apodero de su débil alma rompiendo en el llanto que llevaba conteniendo todo el día.

Mientras en el barrio del Rocío, el “Mosca” Montero seguía de fiesta celebrando el buen dinero que al día siguiente el “Chatarra” le iba a proporcionar cuando le colocara el coche que había robado la noche anterior.

El “Mosca” no había resistido la tentación de concederse un fantástico día de fiesta, en el que poder presumir del coche que se había agenciado, por toda la ciudad. Fardando delante de sus amigos. Luciéndose ante las chicas que le miraban asombradas al verle en posesión de un vehículo tan impresionante. Levantando envidias entre sus primos, que no eran capaces de tamaña hazaña.

Estaba contento. Las largas jornadas de vigilancia en la urbanización, con el objetivo de saber donde podía dar un buen golpe, le habían deparado la fortuna de descubrir la casa del dueño del concesionario de coches de lujo, que todos envidiaban.

La fortuna fue aún mucho más propicia cuando observo que en algunas ocasiones, utilizaba coches del concesionario, para simplemente fardar de ellos o por adversidades con el de su propiedad y que en esas ocasiones lo aparcaba frente a su chalet, en el mismo lugar donde solía abandonar el suyo. Observando lo propicio de la ocasión, decidió que el seria su víctima y todas las noches pasaba por allí para ver la fortuna seguía sonriéndole y la campana de la oportunidad sonaba para él. Por suerte pare el, la noche anterior se encontró con una belleza, descuidada y mal aparcada, como solía hacer su infortunada víctima, a la que no podía renunciar.

Un volante, cuatro ruedas y el asfalto, habían sido desde los catorce años su pasión y su dedicación, siempre que el reformatorio y las autoridades lo permitían. El “Mosca” Montero, a pesar de su cara de niño, su corta estatura, además de su corto bagaje en la vida, estaba considerado, a sus dieciocho años, como un experto conductor, el mejor para una huida, decían muchos en el poblado de chabolas del barrio del Rocío, y allí eran todos expertos en el tema. Lo llevaba en la sangre, decían los más. Por ello, disfrutaba aliviando del peso de un gran vehículo a aquellos que no sabían disfrutar de él.

Ese día era el más feliz del mundo, disfrutando del ronroneo excitante de la belleza que poseía, aunque solo fuera de forma frugal. Pero todo placer tiene su fin y él ese día, casi había llegado al éxtasis, ahora debía renunciar a su efímera posesión. A la mañana siguiente vendería por un buen puñado de billetes, a su nuevo amor.

* * *

Hace alrededor de 1 mes

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Kobbe
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hace alrededor de 1 mes

Sigues agrandando las tramas, esto acaba en pelicula ;)

IndigoDolphins_73
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hace alrededor de 1 mes

La detallada narración de la primera parte me hizo sentir la angustia del pobre Valverde en mi propia carne. Más tensión cada vez.

Don_Diego
Rango12 Nivel 57
hace alrededor de 1 mes

pero la suerte acompaño a su fortuna y juntas huyeron desbocadas.

Esa frase me gusto mucho! Esta caja a resultado ser de mis preferidas, de las mejores cosas que he leido esta semana. Muy muy bueno.


#8

TALLER DE CERAMICA

Juan Martínez el “Chatarra” odiaba su oficio. Llevaba toda la vida rodeado de grasa, olor a gasolina y polvo por todas partes. El taller que heredó de su padre mal daba para comer, si no hubiera descubierto su otro don, haría mucho tiempo que el negocio seria uno más de la larga lista que engrosaba la de los locales cerrados de la maltratada periferia.

El “Chatarra” no era feliz. El dinero, que generosamente llegaba ahora a sus bolsillos, tampoco lograba alegrar su existencia, si acaso se la hacía un poco más llevadera, pero la sensación de frustración, la desoladora sensación de ser una persona inacabada, desaprovechada, no conseguía que abandonara sus pensamientos, que desapareciera de ellos.

Su padre, “Calderilla” Martínez, gano fama y prestigio entre el creciente parque automovilístico de la periferia, allá en los lejanos ochentas. Muchas horas de trabajo, muchos amigos a los que seguir alegrando la vida con su eficiencia con los motores y la satisfacción de realizar aquello que amaba de la mejor forma posible, facilitaron que a su familia no le faltara de nada. Tres de sus hijos lograron carrera y el cuarto, Juan, inútil para el estudio y carente de iniciativa para labrarse un futuro, termino heredando aquello que le había dado de comer durante toda su vida. Pero la realidad era que a “Calderilla” nunca le intereso saber las expectativas o los intereses de su hijo Juan. Entendió que sí ni quería, ni podía estudiar, la única alternativa que le quedaba era ser el heredero de su imperio. Por desgracia, Juan no tenía su don para la mecánica, ni su encanto para agradar a todo el mundo, él era de otra manera y esta no era muy apta para ese negocio. Antes de abandonar este perro mundo, el “Calderila” sintió la vergüenza y el desencanto de ver como, lo que antaño fuera el taller más cotizado de toda la periferia, ahora criaba oxido en sus herramientas por la falta de uso y ausencia de donde utilizarlas.

Bien esta reconocer que, para la tranquilidad del alma de “Calderilla” en el otro mundo, Juan no descubrió su verdadero arte hasta que su padre abandono el mundo de los vivos.
Todo sucedió como solo estas cosas pueden llegar a suceder. Un día de tantos, lleno de desolación y frustración, la fortuna llevo a su taller a un desesperado “Cachete” que necesitaba desprenderse de un mercedes de gama alta, que le habían llegado “prestado” por un conducto algo alejado de lo común, habitual y legal. “Cachete” necesitaba discreción absoluto y la necesidad del desconocimiento total del paradero del vehículo por parte de su dueño. Esa misma fortuna, solo un día antes, puso sobre la mesa del arruinado taller, una propuesta de compra de un grupo de mal encarados rumanos, que deseaban convertirlo en suyo por poco dinero y así expandir su negocio, bien conocido entre la flor y nata de los llamados bajos fondos, por dedicarse a la compra de vehículos carísimos carentes de dueño conocido.

Juan lo vio claro, fue un auténtico destello de inspiración, cuando “Cachete” apareció con el flamante mercedes, entendió que sería él y no los rumanos el que expandiera su negocio. Contacto con ellos, les propuso la venta del mercedes y les ofreció muchos más a cambio de un sustancioso porcentaje. Lo cierto es que lo que a él le parecía un gran pellizco a los rumanos les supuso un ahorro en infraestructura y aceptaron el trato gustosos.

Desde aquel día el dinero no ha vuelto a suponer un problema para el “Chatarra”, pero la sensación de ser un inútil, alguien que no sabe hacer nada, no ha dejado de perseguirle.
Juan ha intentado todo, la pintura, el baile, la literatura, el deporte, incluidos los deportes extremos, pero nada le ha llenado, llego incluso a retomar los estudios, inútilmente. Nada de todo ello le hizo vibrar, nada le hizo sentir que ese era su destino. Aun así el sigue buscando, algo en su interior le asegura que está por llegar lo que tanto anhela.

Aquel día caluroso, uno de tantos del largo verano que les agobiaba, encamino sus pasos al taller de Macarena, donde había emprendido su nueva búsqueda, ahora creía que su destino podría estar entre el escurridizo barro.

El “Chatarra” en su incansable búsqueda, encontró por casualidad un folleto en el cual Macarena Monegros, licenciada en bellas artes, ofrecía, por un módico precio, su recién abierto taller de artes plásticas, para todo aquel que quisiera descubrir si llevaba un artista en su interior. En el folleto hacia especial hincapié en el modelado, un inicio a la escultura que ella alababa como un arte al que nadie podía resistirse. Juan no se lo pensó dos veces y ese día completaría su cuarta jornada manoseando el dúctil barro.

Una extraña sensación, desde el primer momento en el que Macarena le había colocado frente a una enorme pella de barro bruto, se apodero del “Chatarra”. Jamás antes experimentó una sensación semejante al iniciar una de sus búsquedas. El barro, su contacto, lo que le ofrecía, lo que sentía al manipularlo, le llenaba de una sensación hasta ese momento nunca antes percibida. Tal vez, y solo tal vez, esta si fuera la definitiva, aunque no quería albergar falsas esperanzas.

Sonriendo, como un niño con un juguete nuevo, llego hasta la puerta del local en el que se encontraba el taller, justo cuando uno de los hermanos Mistela hizo acto de presencia, cortándole el paso.

Cualquiera de los dos Hermanos levantaba sospechas solo por el mero hecho de mostrarse en público, mucho más aún si se dirigían a ti específicamente. De todos era sabida su maña y facilidad para negociar, con o en nombre de cualquier mal bicho que pisara la ciudad. Aquel día para colmo Trinidad Mistela vestía un impecable traje sastre de raya diplomática, que le hacía sudar por cada poro de su piel, pero que él consideraba era lo apropiado para dar la imagen que deseaba de su representado y que le hacía aún más llamativo ante la mirada de todo el que se encontraba en la calle.

Hace alrededor de 1 mes

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Don_Diego
Rango12 Nivel 57
hace alrededor de 1 mes

día soleado, traje de negro y si es gordo el tipejo... ufff, ya me dio calor.

IndigoDolphins_73
Rango10 Nivel 46
hace alrededor de 1 mes

Sigo admirando (y envidiando) tu talento para la construcción de personajes. No importa lo mezquinos que lleguen a ser, siempre encuentras ese resquicio por el que colármelos y hacer que se metan bajo mi piel. Mucho arte el tuyo @Hiarbas

Kobbe
Rango9 Nivel 40
hace 25 días

Sigue engordando la historia sin signos de agotamiento.
Por cierto hay una errata en sudor


#9

—¿Que tripa se te ha roto hoy Trinidad?

—Buenos días a ti también, Juan. Solo vengo a recordarte ese detallito que tenemos entre manos.

—Y pa eso te tienes que disfrazar de gánster en pleno verano. ¡Que te va a dar algo chiquillo!

—Pero que paleto e inculto eres Juan, este es un traje que muestra elegancia y que avisa de que, a quien represento, es alguien importante.

—¡Vaya! ¡Mira! ¡Si ahora vas a ser don importante! Menos ínfulas, gran capitán, que ya nos conocemos… dime que narices es tan importante para abordarme en mi tiempo libre en plena calle.

—¿Tiempo libre a las doce de la mañana? ¡Pero qué bien vivís los empresarios! Cuándo quieras cambiamos los curros machote…

—Cada uno tiene el tiempo libre cuando le sale de los cojones, que sabrás tú de mis negocios… habla o me largo que tengo prisa…

—Vale, vale… tu sabrás de tus cosas y de tu negocio, pshiiii, creo que si se, pero dejémoslo… Al lio, vengo a recordarte lo de la propiedad de mis representados que ha desaparecido, ya sabes que no sería bueno para tu salud que se encontrara algo que lo relacionara con tu taller. ¡Ya me entiendes!—Trinidad miro por encima de las oscuras gafas de sol a los ojos del “Chatarra” tratando de parecer más duro de lo que en realidad era.

—¿Mestas amenazando?— La mirada de Juan cambio de tranquila y despreocupada a amenazadora.

—¿Yo? ¡Jamás! Pero mis representados, que así entre nosotros, son gente muy, muy, muy peligrosa, sí que están amenazando a todo aquel que pudiera saber algo de su posesión y del o de los implicados en el affaire. Ojo que son ellos, no yo. Pero por los largos años que llevamos trabajando juntos, te recomiendo que me escuches… es por tu bien.— Trinidad se había acercado al “Chatarra” y le hablaba cerca del oído, como si aquello fuera una confidencia.

—Anda y lárgate de mí vista, que no me gustáis na ni tu ni tus “representados”… eso si una cosa te digo… por los años esos que dieces de trabajar juntos y eso… ándate con ojo que esa gente no es güena, que al final te acaba to salpicando y el más tonto se lleva siempre el palo…—mientras le hablaba y Trinidad empezaba a apartarse, el “Chatarra” le soltó una colleja en la nuca que le hizo encogerse como si hubiera recibido una descarga eléctrica.

—Serás… anda y que te den Juan… más te vale no tener el coche que si lo tocas nos vamos a enterar y se te va a caer el pelo… Me largo, que te folle un pez, melón. Hasta más ver. —Trinidad Mistela comenzó a alejarse del “Chatarra” mientras este reflexionaba

—¡Trinidad! Echar un ojito por el solar del antiguo baile, puede que encontréis algo allí, pero chitón, yo ni se nada, ni te dije nada. Me sigues cayendo como el culo.—Juan se despidió con un gesto de su mano y comenzó a reírse mientras entraba en el local de Macarena. No perdió un instante en comprobar si Trinidad había recibido el recado, en ese momento tenía algo mucho más importante para el en su mente, que lo que, el aprendiz de matón, pudiera hacer o pensar.

El “Chatarra” tomo la decisión de concederle la información a Trinidad, no por miedo o por amistad, fue simplemente por el hecho de sentirse bien con lo que podía estar iniciando en su vida y acompañarlo por un gesto distinto a los muchos otros, egoístas y malintencionados, que habían guiado.

—Juanillo hijo que alegría volver a verte, pensé que esto también lo dejabas, como to lo de antes…

—Herminia que mala opinión tienes de mí.

—Hijo es que eres famoso por empezar to y no acabar na…

—Pues no se preocupe usted que parece que esto me va gustando.

—Y no será que la que te gusta es la Macarena. Questa de güen ver la moza.—Herminia Cáceres reía a carcajadas mientras golpeaba el costado de un ruborizado “Chatarra”.

Hasta ese instante Juan no se había planteado nada con la monitora. Lo cierto era que si había reparado en sus redondas formas, pero como solía hacerlo con todas. Él era soltero de profesión, o al menos eso le dijo su madre antes de morir, que no se casaría nunca porque no tenía alma de marido. Tampoco era agraciado, mas bien lo contrario. Desde pequeño se habían reído de él llamándole feo, pero consiguió acallar las risas y los motes gracias a su rápido crecimiento y a un adecuado fomento de la musculatura y la brutalidad. Lo del “Chatarra” llego después, cuando todos entendieron que, además de sus músculos, siempre le acompañaba un arma de fuego en su cintura, para asustar y para mantener a todos a raya.

El “Chatarra” rebusco entre sus sentimientos y creyó encontrar una tímida chispa que tal vez, solo tal vez, si fuera atracción por su monitora. Pero lo cierto era que lo que más le importaba en ese momento era volver a contactar con el barro, hacia él sí que sentía una atracción que antes jamás había sentido por nada.

—Herminia lo único que ahora me interesa es el barro, la verdad es que me gusta mucho y eso que aún no hemos hecho casi na.

—Pos a mí no creas que me va mucho, me apunte porque ya sabes que mi nieto me apunta a to, pa que no me aburra y como paga el, pues aquí ando, pero eso de andar to el rato pringa me fastidia mucho, es un poco guarrete.

Juan comenzó a reírse y ambos entraron, junto al resto de sus compañeros, en el taller que se encontraba en la trastienda donde Macarena les esperaba con una sonrisa.

Unas decenas de calles más allá, el “Mosca” trataba de abrir un coche pequeño, de esos que no llaman la atención, para poder salir de la ciudad y marcharse lo más lejos posible.

El miedo inundaba su cuerpo desde que su primo “Lagartijo” llego diciendo que por todas partes seguían buscando el coche que él había robado y que ahora también buscaban al ladrón, que se decía que los buscadores eran de la peor calaña y que no pararían hasta encontrar a los dos. En ese instante comprendió que debía desaparecer, que no podía seguir allí ni un día mas, si quería seguir entero.

El coche casi estaba abierto, solo un poco más y podría volar de allí, cuando escucho a su espalda el inconfundible sonido de la sirena de un coche patrulla de la policía municipal.

El corazón le dio un vuelco y sintió flojear sus piernas. La policía no le preocupaba, no era la primera vez que le pillaban, pero si le detenían podrían encontrarle los que le buscaban y en calabozo era un blanco fácil para cualquier mafiosillo con ganas de adquirir galones. No podían detenerles, tenía que correr y lo hizo, con toda su alma, como si el mismísimo diablo corriera tras él. Voló por las calles mientras los policías gritaban a su espalda que parara, pero él no lo iba a hacer. Corrió y corrió, no sabía hacia dónde y de repente, nada. Al cruzar una calle no vio el autobús que por ella circulaba, la muerte fue instantánea, el autobús lo arrollo sin piedad a pesar de su baja velocidad. El “Mosca” termino su carrera delictiva en el frio asfalto que mil veces antes había quemado con los neumáticos de los coches que robaba.

* * *

Hace alrededor de 1 mes

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Don_Diego
Rango12 Nivel 57
hace alrededor de 1 mes

Wow. muy buena esa. Estaba tratando de escaparse de la muerte y resulta que la fue a encontrar por propio pie. sigue estupendamente. atento estoy a lo que siga.

IndigoDolphins_73
Rango10 Nivel 46
hace alrededor de 1 mes

Pues ya van dos muertos y esto acaba de empezar @Hiarbas .
🤔 A qué me recuerda esto?
Jajajaja


#10

BOLSAS DE FELICIDAD Y PREOCUPACIÓN

El “Gordo” Ceballos, en ese instante, era el tipo más feliz del mundo. No paraba de mirar una y otra vez la deslumbrante pila de billetes que se amontonaban en el aparador de la chabola del “Lobo”, después de extraerlos, con sumo mimo y cuidado, de los asientos del coche del Caribe.

Los cuatro se miraban con el gesto embobado. En su interior, una alegría inmensa, les desbordaba cada vez que sus ojos se posaban sobre los fajos de billetes. Saber que sus penurias y pesares morían ese día, gracias a aquel fortuito descubrimiento, les convertía en los seres más dichosos de todo el asentamiento del Arrabal.

El “Lobo” los miraba, aun, con lágrimas en los ojos. Al llegar a su chabola y descargar los asientos, antes de que se marcharse a toda velocidad el “Toretto” a devolverle la furgoneta al “Moro”, los tres amigos dejaron claro que el compartiría con ellos aquello que encontraran en su interior, sin pensar si sería mucho o poco.
Siempre había sido para los tres como un hermano mayor y aunque no fuera una buena referencia para ellos, se esforzó, en todo lo posible, por llevarlos por un camino un poco menos torcido de lo que ya lo estaba el suyo.

El “Lobo” era un trozo de pan obligado a recorrer senderos torcidos, simplemente por nacer allí donde ningún otro rumbo podías emprender.

El colegio fue un lujo del que solo disfruto cuando el padre Asensio, humillaba a sus progenitores llamándolos cazurros delante de todo el poblado. Sus tremendas reprimendas conseguían una licencia escasa de un par de meses, para la mayor parte de los infantes del poblado, pero al final, antes o después, todos regresaban a la rutina que sus padres les encomendaban para sacar adelante sus estómagos. Gracias a él todos consiguieron escribir, unos mejor que otros, leer y medio defenderse con los números, además de una cuidad educación religiosa, la única que sus familias aceptaban de buen grado.

La adolescencia le libro de sus padres pero le granjeo amistades más asfixiantes de lo que la familia lo había sido hasta entonces. De su mano descubrió la droga, las navajas, las peleas, el reformatorio, pero sobre todo descubrió que jamás debía abrir su boca lejos del poblado.

El tiempo y un par de buenas personas, a las que conoció en el lugar donde menos crees que puedes encontrarlas, la cárcel, le apartaron de lo más turbio para medio enderezar sus renglones. Con mimo, paciencia y amistad, engrandecieron ese lado tierno que siempre le había condenado y del que el trataba de alejarse, para convertirle en una referencia como la que a él ellos le habían ofrecido.

Hoy, en la madurez de su vida, era el clavo al que muchos de los chicos del asentamiento se agarraban en su intento de no torcer sus caminos. Pero tenía especial debilidad por aquellos tres pillastres, que no paraban de soñar a pesar de vivir en una de las cloacas de la ciudad.

—¡Tío es que no me lo puedo creer, Joder! Me pellizco y me duele, no es un sueño, es nuestro. ¡Nuestro! —El “Rata” chillaba como loco mientras no paraba de pellizcarse los brazos.

—Deja de hacer el bestia. Que si. Que está ahí. Que es nuestro. Es una puta locura, pero es verdad.

—Machotes, no sabéis lo feliz que me habéis hecho. Gracias tíos por compartirlo conmigo… gracias...— El “Lobo” seguía llorando y abrazaba a uno y a otro alternativamente.

—Que pesaito “Lobo”, tu sigue así que lo mismo nos rifamos tu parte por plasta.

—¿Y ahora qué? Esto habrá que guardarlo en algún lao, digo yo. No vamos a dejar la pasta ahí, que si entra alguien la liamos.

—Hosti tú, tiene razón el “Gordo”, como entre alguien nos pilla fijo y ya tenemos lio.

El “lobo” se levantó como si le hubieran pinchado en el trasero y voló a la parte que hacía las veces de habitación, apareció con dos enormes bolsas negras con cremallera y antes de que ninguno abriera la boca metió todo el dinero dentro.

—Listo, ya no lo ve nadie.

—Mirale, cuando quiere lo avispao que es el tío.

Rieron todos mientras el “Lobo” llevaba las bolsas a su dormitorio. Después comenzaron las fantasías.

—Yo con lo mío me voy a comprar un porche y a comer kilómetros. To la carretera pa mí, que hay mucho que ver por ahí.

—Aunque no hubieras abierto la boca lo habríamos adivinao, si es que no tienes otra cosa en la cabeza na más que gasolina, melón. —Rieron el comentario del “Rata”, mientras el “Lobo” sacaba unas cervezas del refrigerador.— Pues yo le pienso comprar una buena choza a mi vieja, que la pobre sa tirao toa la vida mal viviendo en chabolas. Y luego a buscar un buen curro, que una vez que sales de aquí fijo que es más fácil encontrarlo.—Quedaron pensativos ante la reflexión de su compañero, todos menos el “Lobo” que negaba con la cabeza. El sabia de lo absurdo de la propuesta pero no quería romperle sus sueños en ese momento.

—Pues yo lo que voy a hacer es abrir la mejor heladería de todo el país. Va a ser la hostia, con todos los sabores que te puedas imaginar, y bien surtida todo el año y con un laboratorio para buscar nuevos sabores y…

—Ya está el flipao de los helaos y ahora dirás lo de que quieres hacer el mejor helado de chocolate amargo del mundo ¿no?

—Pues si… listo, que to lo sabes… vayas donde vayas, nadie tiene un buen chocolate negro amargo en helado y fijo que me lo quitan de las manos…

—Lo mismo de siempre, lo malo es que ahora el loco tiene la pasta, la que nos espera. —De nuevo todos rieron menos el “Gordo” que gesticulaba haciéndoles burla.

—¿Y tú “Lobo” que vas a hacer con la pasta?— El silencio volvió a reinar en la chabola y los tres pares de ojos se fijaron en el destartalado rostro del “Lobo” que aun lucia alguna que otra lagrima perdida entre los pliegues de su curtida cara.

—¿Yo? Pues que queréis que haga… adecentare un poco esto y ayudare a todo el que pueda del asentamiento. Ya sabéis que a mí me ayudaron en su día y ahora debo devolver a todo el que pueda lo que me dieron.

—Joder tío, tú y tus pamplinas cristianas o lo que coño sean, no si al final es dinero tirao dártelo a ti.

—¡Ala borrico! ¡como puedes decir semejante burrada! tu déjale que haga lo que quiera, mejor eso que no pillarse un buga y quedarse pelao como te va a pasar a ti, que eres mas tonto…

—“Rata” que te meto…

—Ya estamos…

Una nueva riña comenzó de nuevo entre “Toretto” y el “Rata” mientras el “Gordo” trataba de separarlos y el “Lobo” se limitaba a mirarlos con sus ojos cargados de cariño y una tierna sonrisa dibujada en sus labios.

Tres golpes en la desvencijada puerta, rompieron la riña y pusieron a todos en alerta.

Don_Diego
Rango12 Nivel 57
hace 28 días

ahora viene lo feo, después de esa alegria les va a llegar la desgracia, me imagino.

Kobbe
Rango9 Nivel 40
hace 25 días

Muy buena parte con un gran final


#11

—¿Quién?

—¿Soy yo Miguel?

—Coño el “Hola” tos quietecicos y callaos, que si este se entera de algo en cero coma lo sabe to el Arrabal.

El “Lobo” se incorporó de su asiento, se acercó hasta la puerta para abrirla.

—¿Qué pasa Migue?

—Tío esta to mu revuelto… Hola, joder cuanta peña…—Miguel el “Hola” entro sin esperar a que el “Lobo” le diera permiso para ello, pasando su escuálido cuerpo entre él y el marco de la puerta, para encontrarse con los tres amigos sentados en los recientemente adquiridos asientos.—Y muebles nuevos… ¿no serán del buga del descampao del Caribe?—Todos se miraron sorprendidos por la pregunta del “Hola” y una sombra de duda acompañada por algo de miedo comenzó a pintar sus rostros.

—Pues no, no son de allí… ¿Y qué pasaría si lo fueran?— Pregunto, apenas sin alientos, Ceballos.

—¿Es que no os habéis enterao? Joder tio es que es mu fuerte, yo ojo que solo es un suponer, pero andan por ahí los Mistela avisando de que se extravió un buga llenito de algo de gente chunga, chunga y no es que se sepa que sea ese, pero fijo que lo es, aunque vete tú a saber, pero por si acaso yo ni me acercaba vamos…

—Eres un bocazas “Hola” siempre contando chismes, tio si no sabes na de seguro no hables. ¿Quién te ha dicho que sea ese el que buscan?

—Que no tío que no me lo dijo nadie, que son flipas mías, pero…

—Ni pero ni hostias, no hables de más si no sabes…

—Vale tio, tampoco es pa tanto, total si son cuatro asientos de mierda lo que habéis trincao, tampoco creo que os pase na por eso… Lo peor es lo del pobre “Tieso” los cabritos de los maderos se lo han cargao, lan metio tres tiros y pal otro barrio.

La noticia conmociono a todos en la chabola, pero mas aun al “Lobo” e hizo que se olvidaran, por el momento, de los asientos.

La vida había cruzado los renglones de los dos en mas de una ocasión llevándolos a cometer alguna que otra fechoría juntos. El “Lobo” era consciente de la desfortuna de su antiguo compañero y ahora sonreía ante la ironía de que sus días hubieran terminado a manos de otro y no víctima de alguna de sus desgraciadas acciones.

—Si es que son unos cabrones, nos la tienen jura, a mí el otro día uno me dio de hostias por na…

—Por na, por na, no que te pusiste mu chulo y si no te mete le habrías metido tu a él…

—Eso lo diras tu…

—Joder, ya estamos otra vez…

Un nuevo conflicto se inició entre los dos amigos con el “Gordo” por medio tratando de calmarlos mientras el “Hola” se moría de risa al verlos pelear.

—Sois peor que los mellizos del Venancio, que están tol día liaos…—Escupió Miguel entre carcajadas.

—Calla a ver si nos vamos a liar contigo…

—Paso yo me largo, que man dicho que han atropellao a uno del Rocio en el centro mientras andaba levantando un buga y quiero saber quién es.

—Anda tira tío que eres peor quel Gabilondo ese, solo das malas noticias…

—Iros a la mierda, a más ver “Lobo”, ten cuidao con estos.

Miguel salió de la chabola riéndose de los tres amigos, mientras a su espalda dejaba un poso de preocupación tan grande como la suma que podían alcanzar los billetes que ocultaban.

—¿Y ahora qué hacemos?

—¿Qué vamos a hacer? Pues na. Este es un bocazas y no sabe na.

—Joder tío que to casa, buscan un buga con sorpresa y la sorpresa la tenemos nosotros.

—¿Y? A la mierda. Nadie sabe que lo tenemos, nadie nos vio y a este, si vuelve a preguntar le decimos que lo sacamos de un desguace y en paz. Aquí tos a callar y punto, ¿o no “Lobo”?

—Yo que sé. Es un marrón, pero un marrón mu rico, si podemos quedarnos con el… pues eso… Yo creo que lo mejor es esperar a ver que pasa y si vienen reclamando pues lo devolvemos y en paz. Esperamos un par de días y punto.

—Tío y porque no nos largamos y en paz. Hay pasta para empezar los cuatro donde nos salga de los cojones. Trincamos la pasta y nos abrimos.

Todos quedaron pensando en la propuesta. Lo cierto era que la tentación era enorme, casi insalvable, pero todos encontraron algo que les hizo dudar, algo que les ataba allí, algo que les hizo esperar el tímido plazo que les había dado el “Lobo”

—Ahora lo que hay que hacer es moverse por la calle y enterarse de todo para que no nos pille el cabestro despistao.

—Si tio ojito y al loro todos.

La felicidad y la alegría quedaron recluidas con los billetes en las bolsas del “Lobo”, enterradas bajo el suelo de la chabola a la espera de mejores tiempos, de saber si la tormenta arreciaba o solo era una tímida nube que pasaba por allí.

Mientras a una decena de manzanas, “Cachete” se esforzaba por no volver a fallarle a su jefe.

Tenía movilizada a la mitad de la cuadrilla, la otra mitad seguía en sus quehaceres diarios, debían seguir generando ingresos con los que mantener el alto nivel de vida del “Oso” y el resto de la cuadrilla.

Preguntaban y trataban de saber quiénes habían limpiado el coche abandonado en el solar del Caribe. La mayor parte de las piezas sustraídas al coche estaban en manos de los chinos de la barriada del Mercado. Sabía que sería un problema negociar con ellos, que le supondría o dinero o un grabe conflicto, pero lo tenía asumido y sabía que no podía fallarle al “Oso” por lo que no escatimaría esfuerzos y haría aquello que hiciera falta para recuperarlas. El problema estaba en las ruedas, los asientos, el capo y maletero que no estaba muy claro quien o quienes lo habían sustraído, pero solo era cuestión de horas llegar a saberlo.

“Cachete” volvió a llamar a Tony, con quien se coordinaba para la búsqueda, para saber si había avanzado algo, pero todo seguía igual. Tocaba visitar a los chinos.

Don_Diego
Rango12 Nivel 57
hace 28 días

de aqui a la pantalla grande. va quedándote de lujo. Espero mas contenido. :D

Kobbe
Rango9 Nivel 40
hace 25 días

Como ya te dije te esta quedando la historia muy de pelicula. Es muy interesante la vida callejera, la única pega es que al ser tan coral me lío un poco con los personajes aunque quizás si la leyera seguida y no por cajas, seria mas sencillo.

Hiarbas
Rango11 Nivel 52
hace 25 días

Tienes toda la razón @Kobbe, incluso yo me lio, si no fuera por la chuleta me perdería. La idea es esa mostrar todo par luego hacer que vayan uniéndose. No sé si lo lograré o acabaré aburriendo a todo el que lo lee por el camino.


#12

ESCLAVAS

María Ceballos, más conocida como la “Fany”, aun arrastraba el sopor que le producían las escasas horas de sueño y la larga jornada nocturna de trabajo. Sus pasos arrastraron su cuerpo, inconscientemente, hasta la parada de autobús. Ese no era su horario, ella jamás lo tomaba antes de las cinco de la tarde, pero ese día debía pasar el rutinario chequeo médico en el centro de salud municipal, si quería seguir trabajando sin problemas.

Junto a un puñado de desconocidos espero adormilada la llegada del transporte público. Trataba de mantener sus pensamientos ocupados en ideas banales, en tareas que debía realizar ese u otros días, en los desastres que organizaba, casi a diario, su hermano, en cualquier cosa que no fueran los dichosos análisis y lo que en ellos pudieran encontrar.

Una sombra verde cegó su perdida visión y comprendió que el autobús había llegado. Sin gana, sin ánimos, subió al atestado medio de transporte público, sin prestar atención a lo que la rodeaba.

—¡María cariño, cuanto tiempo sin verte!—Una mujer menuda, con el rostro castigado por la vida y la ropa tan discreta que casi la hacía invisible, se acercó a ella con intención de besarla en la mejilla.

—¿Rosa? Por dios… si no te había visto.—Correspondió al intento de Rosa confirmando los besos y completándolos con un cariñoso abrazo, ante la mirada despectiva de los pasajeros más cercanos.

La invisibilidad de Rosa contrastaba con la destellante imagen de María que, aunque hoy solo se había puesto su minifalda negra y un escotado top de tirantes amarillo, lo ceñido de la ropa a su redondo y exuberante cuerpo, los despampanantes zapatos amarillos de infinito tacón que lucía y el cuidado y excesivo maquillaje que la completaba, hacían imposible que pasara inadvertida ante hombres y mujeres.

—Hija mía si es que desde que os fuisteis del barrio apenas si nos hemos visto. ¡Estas mejor que nunca jodia!

—Gracias Rosa se hace lo que se puede. ¿Y vosotros que tal? porque el sinvergüenza de mi hermano no me cuenta na del barrio y eso que vive mas allí que en mi casa.
Rosa y María aferraron sus manos a uno de los tubos metálico que se ofrecían a lo largo de toda su línea central el autobús, para mantener la estabilidad de los pasajeros que no encontraban asiento. Mientras en torno a ellas comenzaron a aglomerarse el resto de usuarios. Unos aquí y otros de un poco más allá, no dejaron de extraviar miradas furtivas a la llamativa María.

—Pues ya ves, como siempre, allí no cambia nada, lo único bueno es que por fin tengo un buen trabajo.

—Cuanto me alegro. Ya era hora de que te sonriera la fortuna un poquito. ¿Pero cuéntame donde trabajas ahora?

—Ha sio pura suerte. Yo conocía a una que entro hace tiempo a trabajar en una desas empresas que limpian de to, pero nunca tenían plaza pa mí, pero fíjate que hace un mes una que limpiaba en una casa de gente de dinero, se puso mu enferma y nadie quería sustituirla, pues esa gente tenía mala fama en la empresa, por lo visto siempre ponían pegas a to, y mi amiga se acordó de mí, la empresa me mando y como yo no hago ascos a na, allí ando ya un mes y lo que me quea que de allí no me sacan ya, con lo bien que pagan…

—¿Si? ¿No me digas?

—Ochocientos euros y seguridad social y todo, nunca había visto tanto billete junto en mi vida.—María se compadeció de Rosa, lo que para ella era una fortuna, para el resto de los mortales era un sueldo miserable.

—Pues está muy bien por ocho horas…

—Nooo, ocho nunca, siempre son diez u once, según les dé a los señores, pero a mí no me importa, que esta mu difícil lo del trabajo…—Rosa mostraba una fingida felicidad al contar su terrible situación que a María consiguió engañarla ya que conocía de donde venía y lo difícil que era vivir allí y mucho más salir de aquel poblado marginal.

—Me alegro muchísimo por ti, pero no dejes que se aprovechen de ti…

—No te preocupes por mí, estoy contenta… ¿Y tú que, como te va todo?—Una nube de vergüenza cubrió el rostro de María. A pesar de que todos, en el poblado, sabían cuál era la profesión que le había facilitado salir de allí, aun hoy cuando la preguntaban sentía pudor por lo que pudieran pensar de ella.

—Pues bien, no me puedo quejar, el trabajo no falta…—Rosa la miro avergonzada y trato pronto de explicarse.

—Perdona María, que no me acordaba, pero no te preocupes, que a mí no me importa, ca uno hace con su cuerpo lo que quiere. Si Dios me hubiera dado a mí más gracia no lo habría dudao ni un minuto y no estaría ya en aquel cuchitril. Que hiciste mu bien y mira lo guapa y lozana que estas y que bien vestía, no como yo que casi ni me da pa comprar la ropa en el mercadillo…—Ambas rieron ante la mirada indiscreta de los más próximos. María forzó algo la risa mientras que la de Rosa brotaba natural como era ella misma.

—Ahora voy para el centro de salud del ayuntamiento al control de venéreas y otras enfermedades, que en eso son rigurosos tanto los del ayuntamiento como los clientes, que si no presentas el justificante te quedas sin trabajo en un santiamén.

—Que finos los puteros ahora, con lo cabrones que han sio siempre y seguro que la mita son casaos y andan poniendo cuernos a alguna desgracia…

—No sabes tú Rosa lo que te encuentras por ahí… pero mejor no hablemos de eso…—Los más cercanos agudizaban el oído ante la conversación de las dos mujeres, dejando escapar algún que otro gesto de desprecio y asco, a los que Rosa desafiaba con altanería mientras María se resignaba como siempre hacia cuando se enteraban de su profesión.

—¿Algún problema?—Rosa enfrento su menudo cuerpo con un enorme hombre que no paraba de intentar apartarse de María, como si fuera una apestada, acompañando la huida con gestos de desprecio y una constante cantinela de improperios.

—Déjalo Rosa, no merece la pena, olvídale… cuéntame mejor como esta Daniel.—Con la mano libre había aferrado con fuerza el hombro de Rosa tratando de apartarla del intransigente pasajero.

—Si mejor lo dejo, que sino… Ese es otro, que me hierve la sangre el mu desgracio. Que no le ven el pelo por el colegio, que no para de repetir curso… que le van a echar, solo es feliz con sus trapicheos… y lo malo es que no puedo tampoco regañarle mucho porque el pobrecillo hace lo que puede pa meter dinero en casa… eso si ayudao por los otros dos, que tu hermano y el Carlos no se quedan atrás…

—Mujer siempre han estado muy unidos y me alegra que mi hermano al menos ayude a alguien porque lo que es a mí solo me ayuda a vaciarme la nevera…

—Y lo bien que se le da al jodio que no para de crecer a lo ancho…—Las dos rieron con ganas y siguieron hablando sin tapujos ante la mirada indiscreta de los compañeros de viaje.

—No hago vida de él, sigue echando de menos muchísimo todo lo que dejamos allí, pero no podíamos seguir más en el poblado, ¿tú me entiendes Rosa?

—Si hija yo te entiendo. Aquello no es vida, allí no se puedes estar na más los que no tenemos más remedio, pero los chiquillos ya sabes como son, a ellos les cuesta mucho los cambios y necesitan estar con los que conocen.

—Ya Rosa, pero es que cada día le noto más distante, más lejano.

—No le hagas ni caso, ya verás como se dará cuenta de que es mucho mejor lo que tiene ahora que lo que tenía.

El autobús llego a la parada de la calle Escolar y María empezó a moverse hacia la salida.

—Me ha gustado mucho volver a verte Rosa, a ver si no perdemos el contacto, ya te llamare para ponernos al día, ahora tengo que bajarme aquí, dame un beso.—Ambas se besaron en la mejilla antes de que María volviera a emprender su huida.—¡Cuídate! ¡Y no dejes que te exploten!

—Adiós cariño y no te preocupes que no ha nacio quien me controle a mí.

Don_Diego
Rango12 Nivel 57
hace 18 días

Estupenda caja. Realmente esclavas, una del trabajo otra de otro trabajo mas antiguo. 👍👌


#13

María dejo una sonrisa en el aire mientras descendía del autobús ante la mirada lasciva de algunos pasajeros. Tras ella las puertas se cerraron y el rostro de Rosa abandono su momentánea alegría para retornar a su perenne seriedad. El resto de pasajeros invadieron de nuevo el tímido hueco que la habían permitido disfrutar mientras estaba acompañada de María. Ahora volvía a ser invisible, a ser solo una mujer de aspecto corriente, escasa de belleza y sobrada de normalidad.

Rosa trataba de no pensar en lo que la esperaba a lo largo de la eterna jornada de trabajo que estaba a punto de comenzar.

A su amiga María la había engañado, como lo hacía con todo el mundo, contándole la falacia de que ella soportaba aquello que la echaran encima, pero no era cierto. Lo cierto era que su nuevo trabajo rozaba la esclavitud.

Desde el primer minuto que puso sus pequeños pies en aquella inmensa casa, comprendió a todas y cada una de las que se habían negado a trabajar allí. Solamente el premio que a final de mes tendría en sus manos lograba mitigar algo la sensación de sentirse humillada a cada minuto del día.

El autobús recorrió una decena de paradas más. Rosa, resignada, se aproximó a la puerta para apearse en su parada, al fondo de la calle, la impresionante mansión la esperaba.
Camino arrastrando los pies, aun la quedaba tiempo antes de que diera la hora que indicaba que empezaba su jornada, tenía la manía de llegar siempre pronto, incluso aunque no la apeteciera. Sabía que nada más entrar tendría ante sí a la señora Pozo, con mal gesto en la cara, exigiéndola que se apresurara que tendría mil tareas para ella preparadas. Sabía que estaría todo el día tras ella poniendo mil pegas a todo aquello que hiciera, comparándola con tal o cual anterior empleada que lo hacía mil veces mejor, amenazándola con despedirla si no hacia esto o aquello que ella consideraba que estaba realizado con escasa eficiencia. Sabía que llegaría la hora de comer y aparecerían en escena los tres herederos, dignos de llamarlos así, pues era incluso peores que la madre. Poniendo pegas a las comidas, a la plancha, a la limpieza de sus cuartos, al orden de su ropa, incluso quejándose de que les faltaba algo, acusándola de haberlo robado. Por suerte siempre aparecía la madre justificando que no había desaparecido nada, que olvidaran todo y exigiendo que la tratasen bien, aunque solo durara cinco minutos, antes de empezar de nuevo. Solo obtenía algo de paz cuando salían todos por la puerta de la casa a disfrutar la tarde con sus amigos. Entonces solo tenía que preocuparse de nuevo de la señora, hasta que llegaba el Sr. Pozo, era el único que no la maltrataba, simplemente la ignoraba y cuando se cansaba de que estuviera moviéndose a su alrededor, siguiendo las inagotables indicaciones de la señora, la enviaba a su casa.

Llevaba un largo mes así, día tras día, incluidos sábados y domingos. Su cuerpo empezaba a reclamar descanso, pero necesitaba el dinero, tenía que aguantar y creía que podía hacerlo, hasta dos días atras. Para su desgracia ese día el Sr. Pozo llego alterado a casa, tanto que descargo en ella su mal humor, quejándose de la cena, de la limpieza de la casa, de la plancha de su ropa, de todo lo que pudo hasta que la Sra. le paro creyendo que podría incluso llegar a agredirla. Ese dia fue la señora quien la mando a casa, no sin antes agregar una propina de cincuenta euros para que olvidara lo pasado, estaba claro que ella veía peligrar a su juguete y no quería perderlo. Lo malo es que el día siguiente fue aun peor. El Sr. Pozo en su nerviosismo llego a zarandear a la indefensa Rosa, que rompió a llorar desconsolada mientras cogía su bolso para huir de aquella casa.

—¡¡¡Rosa!!! ¡¡Por el amor de Dios, no se marche así!!—Era la primera vez que la Sra. Pozo la llamaba por su nombre, siempre utilizaba un despectivo “Chica” para referirse a ella.—El señor está muy alterado estos días por culpa del trabajo, pero no se lo tenga en cuenta, seguro que no volverá a pasar.—La Sra. Pozo aferro la mano de Rosa, mientras ella huía hacia la puerta de la mansión, también era la primera vez que la tocaba, ni siquiera se habían rozado hasta ese momento.

—Señora yo aguanto mucho, pero hoy me dio miedo el señor y eso…

—Eso no va a volver a pasar y mire aquí tiene un regalito para que olvide todo ¿He? ¿Mañana nos vemos?—La Sra. Pozo sostenía la mano de Rosa mientras depositaba en ella cien euros y la sonreía tratando de calmar a su juguete. El nerviosismo y el miedo asomaban tras la fingida sonrisa.

—Está bien, mañana nos vemos pero procure que el señor no me haga daño, sino no volverá a verme mas.—Rosa abandono la mansión regocijada por la compensación pero pensativa ante lo que pudiera encontrase al día siguiente.

Ahora empezaba de nuevo su jornada y la apatía la envolvía como nunca antes lo había hecho. Hasta el día anterior afrontaba con resignación, pero animada, la dura jornada de trabajo. Siempre se decía a si misma que peor lo pasaban los que estaban en una mina o en el campo a pleno sol, pero ahora temía por su integridad, la noche anterior los nervios de su jefe casi rozaron la locura y eso la asustaba. Pero ella era de un poblado, de uno de los más conflictivos de la ciudad y sabía que haría si alguien trataba de hacerla daño, su navaja ya no se quedaría en el bolso, iría con ella allí donde sus pies la llevaran.

Mientras a muchas paradas de autobús de allí, en pleno centro de la gran urbe, en una de las imponentes oficinas del Consorcio de Seguros Reunidos, Asdrúbal Pozo atendía nervioso, al teléfono.

La jornada amenazaba tormenta y el aun no había encontrado el paraguas. Tampoco habían sido afortunadas las jornadas anteriores, pero esta empezaba de la peor manera. Necesitaba una solución o algo realmente terrible podría llegar a pasar y el no deseaba que aquello que pudiese suceder le tuviera a él como objetivo.

—Camilo, de verdad que todo se va a solucionar…

—Asdrúbal no me cuentes más milongas rapaz, el señor Maiño está muy decepcionado, piensa que nos vas a fallar. Recuerda que cuando te propusimos subir la cantidad no pusiste pega alguna, al contrario te pareció maravilloso…

—Te juro Camilo que el dinero estará en el plazo acordado…

—No se… algún pajariño me ha contado que andas metido en problemillas y si lo que me contaron es cierto, el Sr. Maiño no se va a quedar quieto, fíjate he le escuche algo de mandar al “Mantecas”…—Asdrúbal Pozo noto como su estómago desaparecía y como todo su cuerpo empezaba a temblar ante la terrible posibilidad de que el “Mantecas” hiciera acto de presencia, su fama de sanguinario le precedía. Maiño le había contado que en una ocasión llego a tener a un pobre desgraciado diez días vivo mientras le sometía a terribles torturas.

—¡Por Dios Camilo! ¡Quedan dos días para el plazo! ¡Cumpliré!

—Vale, si tú lo dices no hay problema Asdrúbal, esperamos el dinero, cuídate, ya hablaremos.

El auricular del teléfono emitió el frio sonido de los tonos de comunicando que avisaban del fin de la llamada. El rostro del Sr. Pozo mostraba una transparencia alarmante, acompañada de un frio sudor que empapaba todo su cuerpo a pesar de la exagerada baja temperatura a la que le sometía el aparato del aire acondicionado de su oficina.

Necesitaba encontrar el dinero y necesitaba encontrarlo ya o su vida no valdría ni un triste euro.

Kobbe
Rango9 Nivel 40
hace 25 días

Muy bueno maestro, tienes una gran habilidad para crear personajes e historias

Hiarbas
Rango11 Nivel 52
hace 25 días

Gracias por tus comentarios ayudan a continuar.

Don_Diego
Rango12 Nivel 57
hace 13 días

Bueno, para empezar, pido disculpas, me he tardado mucho en aparecer por aquí, pero ya me pongo ojos a la obra, je!... jajaja. La verdad la primera parte me hizo adentrarme mas a la esclavitud que la anterior caja, no por eso menos buena, bueno esta caja un poquito mejor. en fin. ya sigo leyendo, que esto se pone muy bueno. por cierto, Rosa y Maria, buenos nombres escogiste para ellas y para sus empleos 👍


#14

PASTELES Y CHOCOLATE A LA TAZA

Trinidad discutía acaloradamente con Concepción en su tránsito por la acera de los números pares de la concurrida calle, bajo el plomizo sol que castigaba sin piedad a los viandantes.

Desde pequeños los dos sentían especial predilección por la pastelería Santa Cecilia, ubicada en el cuarentaidos de la calle de los dos Reinos. Sus increíbles bambas de deliciosa nata, las napolitanas rellenas de la más sutil y delicada crema espolvoreadas con una ligera capa de azúcar glas, los increíbles suspiros, ligeros pasteles de masa choux rellenos con un chocolate crema, pleno de sabor, con su punto amargo del chocolate negro y el justo toque de dulzor que evitaba que resultara empalagoso. Cada vez que pensaban en aquellas increíbles tentaciones sus bocas salivaban reclamando el premio y sus mentes se excitaban provocando la imperiosa necesidad de acercarse a su escaparate para deleitar su vista, antes de entrar y llegar al éxtasis en sus paladares.

Esa mañana ambos habían tomado la decisión de tratar de sofocar su incipiente agobio, su inicio de estrés, relajando sus mentes y reconfortando sus estómagos en la afamada pastelería.

La intención era la mejor, la disposición la adecuada, pero la situación les sobrepasaba y finalmente la discusión consiguió romper la armonía que trataban de crear para evitar el conflicto.

En plena calle, a solo tres números del divino escaparate, rodeados de fisgones que no podían evitar fijarse en los peculiares hermanos, alzaron la voz como culmen de sus discrepancias, consiguiendo más espectadores de los que ya, dos hombres vestidos con traje oscuro corte años cuarenta, cuidada barba, asfixiante aroma a plomizo perfume y llamativos zapatos de charol, abrillantados hasta conseguir deslumbrar con sus destellos, habían logrado obtener hasta ese momento.

—¡Que no! ¡Que no me convencen ni tu ni tus soldaditos yonkis!

—¡Vete a la mierda Trinidad! ¡Y no son yonkis! Además eso es más que la tontería de ir dejando recaditos entre tus coleguitas durante dos días, para luego no saber na de na.

—Mira Concepción, estoy seguro de que van a llamar ya mismo, y además hasta ahora el único que ha aportado algo he sido yo y mis “amigos”. Ya tenemos el recipiente, ahora solo tenemos que encontrar lo que falta y nos ganaremos un buen dinerito sin pringarnos… Ese pavo esta forrao y nos va a dar lo que le pidamos por una pizca insignificante de esfuerzo…

—Si ya… pero ya verás como la información será mía y de mis chicos, ellos serán los que encuentren lo que falta…

—Sueña, hermano, sueña que es gratis, esos inútiles no se la encuentran ni para mear cuanto más van a encontrar las piezas que nos faltan del puzle…

—Mira me estas tocando ya mucho los cojones con meterte con mis chicos…

—Es lo que hay Trinidad… no te juntes con ellos ni presumas de equipo…

El peculiar tintineo de la campanilla que anunciaba la llegada de nuevos clientes, les recibió en la pastelería cuando abrieron la puerta. La crispación provocada por la discusión, evito el protocolo rigurosamente establecido por los hermanos, ese día la contemplación reverencial de los manjares en el escaparate fue suprimida sin recato.

Los hermanos trinidad cesaron de hablar, incluso de pensar, se limitaron a dejarse abrazar por el aroma dulzón de los manjares de la pastelería, mientras sus bocas comenzaban a salivar anunciando lo que estaba por suceder. Aunque un tímido brote de vergüenza ante su olvido no dejase de ensombrecer sus pensamientos.

Un nuevo tintineo puso banda sonora al espectáculo que sus ojos capturaban, mientras ellos entraban en éxtasis, desprendiéndose de sus remordimientos y centrándose en lo realmente importante. La puerta se cerró a sus espaldas y los hermanos Mistela levitaron hasta el mostrador, abducidos por los inquilinos de las vitrinas.

—Muy buenas tardes señores Mistela. ¿Qué se les va a ofrecer hoy?

Los hermanos se miraron sorprendidos, las palabras de Marcela, la dependienta, les había sacado del estado de ensoñación en el que se encontraban. Con una sola mirada ambos adivinaron que era lo que deseaba su hermano.

—Una tartaleta de manzana y canela para mi hermano.—Adivino Trinidad.

—Y un negrito de merengue y cerezas para él.—Completo Concepción.

Ante sus ojos expectantes y su sonrisa satisfecha, Marcela preparo los dos delicados dulces y se los ofreció a los hermanos. Una tartaleta de cuidado hojaldre arropando en su fondo una delicada crema pastelera con un ligero toque de limón, que lucía doradas escamas de manzana formando los pétalos de una rosa, apenas tocadas por almíbar y espolvoreada de aromática canela, acompañaba a una base de hojaldre sobre la que crecía ligera una porción de dulce, casi de empalagoso, merengue que en su interior ocultaba crujientes porciones de cereza caramelizada y que se mostraba cubierto por completo por una delgada y quebradiza capa de chocolate negro, dulce y amargo a la vez, culminada pro una esplendorosa cereza caramelizada, roja y brillante.

—Aquí tienen sus pasteles, espero que los disfruten, son cinco euros, si son tan amables.

—Aquí los tienes preciosa.—Correspondió Trinidad.

—Me tocaba a mi Trinidad, esta vez me tocaba a mí.

—Que más da, ya pagaras el próximo día.

—Vale pero que sepas que no me hace ninguna gracia.

La campanilla de la puerta volvió a emitir su alegre sonido y en el umbral de la pastelería hizo acto de presencia Fermín Cáceres, con el gesto contrariado y ocupando con su voluminoso cuerpo todo el ancho y el alto de la vieja puerta.

—A vosotros quería yo ver.—Los hermanos Mistela miraron al recién llegado, con sorpresa, aunque pronto la preocupación nublo sus rostros, no les gustaba mezclar placer con negocios.

—“Oso” este no es lugar para hablar, salgamos fuera, si no te importa.—Concepción trato de interponerse ante el gigantón pero solo era una triste mota de polvo a la que de un soplido podía apartar.
—¿Por qué no va a ser un buen sitio? No creo que a ella la importe. Mira para que se quede más a gusto ponme medio kilo de pastelitos variados y mientras tenemos nosotros unas palabritas.

—Por supuesto caballero, ahora mismo.—Marcela se dispuso a cumplir el encargo tras recibir el pago por parte de Trinidad. Aquel cliente no formaba parte de su ranquin de favoritos. No era la primera vez que le atendía, solía venir a comprar pasteles para su abuela, pero siempre la había dado mala espina. Puede que solo fuera por su aspecto, pero no la gustaba.

—Vale como tú quieras. ¿Y se puede saber para que nos buscas?

—Pues pa que dejéis de tocar los cojones con vuestros líos en mi barrio. Perdón señorita.—Marcela miro a Fermín con mala cara al oír la palabra mal sonante. Ella no era una puritana y no había nadie más en el local en ese momento, además de los tres hombres, pero la gustaba que se guardarán las formas, aunque solo fuera por educación.

—A ver, no te rayes “Oso”, nosotros solo hacemos nuestro trabajo y en cuanto lo acabemos no nos vuelves a ver, además es bueno para ti, te quitamos un problema de tus calles, pero insisto, ¿no sería mejor hablarlo en otro sitio?—Concepción trataba de apartar del mostrador al gigante, pero él no se movía, su intención era clara, quería zanjar el tema allí mismo.

—Ni problema ni hostias…—esta vez bajo el volumen de su atronadora voz mientras dirigía una mirada de escusa a Marcela— lo que pasa en mi barrio lo arreglo yo y si es un problema yo lo soluciono, conque no os quiero ver por allí, ni a vosotros ni a vuestros fisgones, mañana estará todo solucionado y os entregare el puñetero coche. Y el sitio es el ideal, un sitio muy dulce ¿no creéis?

—Lo que tú digas, si tiene que ser aquí pues lo siento por ella… pero de lo que hablas, no va a poder ser… no sé si lo sabrás pero el asunto es gordo y queremos el lote completo…¿no sé si me entiendes?

—Mira Trinidad, el que no sé si me entiende eres tú. Poco me importan a mi tus jefecitos y sus líos, yo saco mañana el coche de mi barrio y os digo donde y si habéis perdido algo por el camino es vuestro problema y no me toquéis más los huevos…—nueva perdida de volumen y mirada pidiendo clemencia, mientras amenazaba a los hermanos con sus enormes puños—no tengo ganas de lio pero si me buscáis me vais a encontrar y lo mismo por vuestros jefecitos.

Sin darles opción a responder y dejándoles con sus dulces en la mano, Fermín tomo sus pasteles dejo veinte euros en el mostrador y abandono el local.

Kobbe
Rango9 Nivel 40
hace 18 días

Demuestras una nueva faceta con esa gran descripción culinaria

Don_Diego
Rango12 Nivel 57
hace 13 días

se me antojo uno para llevar!


#15

—Pero señor que le sobra dine…

—Déjale Marcela, quédatelo para ti como propina, él no está hoy para vueltas. Hasta otro día guapa y lo siento por el espectáculo.

Concepción tomo del brazo a su hermano y los dos salieron del local, dejando a Marcela sorprendida por lo que acababa de presenciar. Ella pensaba que los hermanos debían ser unos tipos importantes, por su aspecto, por sus formas, por su amabilidad. Pero su inquietante cliente había tratado de amedrentarlos, incluso menospreciándolos y evitando que pudieran replicarle, dejando en el aire un espeso velo de amenaza. Todo ello hizo que su mirada fuera otra desde ese momento para con dos de sus clientes favoritos.

Los hermanos Mistela, ya al amparo del escaso anonimato que les permitía su indumentaria, poco apta para los calores de los que disfrutaban en ese momento en la ciudad, y las dos aromáticas delicias que en sus manos portaban, comenzaron a deambular, absortos en sus pensamientos y olvidando su merecido premio.

—¿Tú crees que este cazurro nos la va a liar?

—Fijo.

—¿Y qué hacemos?

—Nada. Creo que solo deberíamos informar. Seguro que el Sr. Pozo se las entiende de maravillas con él.

—¿Tú crees?

—No, pero me da igual, mejor que se líen ellos a palos que nos den los palos a nosotros… Mierda mi negrito que se me chafa… puto “Oso”… hasta de mi bollito me ha hecho que me olvide.

—Eso te pasa por pedir chocolate con estos calores, mira mi bollito, tan cuco el sin importarle el tiempo que haga…

—Tu sí que sabes hermano…

Los hermanos Mistela perdieron sus pasos por la calle de los dos Reinos, camino del barrio judío donde tenían su centro de operaciones, hombro con hombro mientras saboreaban sus respectivos manjares, antes de que el calor los arruinara. Ya no hablaban, estaba todo dicho, solo emitían tímidos gemidos de placer al saborear sus delicados pasteles, tras ellos dejaban miradas furtivas que siempre iban acompañadas de críticas sonrisas, pero a ellos nunca les había importado, sabían quiénes eran y donde querían llegar.

A solo dos calles de allí, camino de la zona sur, aquella que él consideraba su reinos, Fermín Cáceres caminaba a grandes zancadas desvencijando sin piedad el delicado envoltorio que atesoraba en su interior los delicados dulces que acababa de comprar. Su cabeza no paraba de darle vueltas y sus brazos reflejaban su preocupación con bruscos movimientos que repercutían en los desafortunados pasteles.

Siempre le habían dicho que su mal genio era un grave problema, que debía controlar sus arrebatos, ser algo más sutil y tener algo más de manos izquierda, manejar más la diplomacia y algo menos la vía rápida, pero hasta ese día seguía resultándole imposible, si él tomaba una decisión y debía comunicársela a alguien debía hacerlo en persona, cuanto antes y de la forma más directa. La sutilidad no era lo suyo.

El problema que siempre llevaba añadido aquella forma de actuar, era el malestar que generaba en el interlocutor y el que el mismo se creaba. Lo hiciera como lo hiciera, su enfado no se atenuaba, al contrario iba in crescendo, así como su frustración y su desencanto, un coctel tan explosivo que solo un saco de boxeo bien prieto podía atenuar algo, pero mientras tanto debía bregar con sus malos pensamientos y con su inquietante estado de excitación negativa.

En esas condiciones se encontraba cuando, recorrida una calle más, encontró a su abuela Herminia, que realizaba su paseo diario con su coorte de amigas íntimas.

—¡Fermín, hijo, que alegría verte! —Herminia ni corta ni perezosa, ante la sorpresa de su nietos, se lanzó inclemente a la captura de un beso de este.—¡Pero mira que es guapo el jodio! ¿Ves cómo es el más guapo de to el barrio Josefa? Que eres una mala amiga siempre poniéndole pegas. ¡Y lo bueno que es, que no deja nunca de venir a ver a su abuela!
El “Oso” abandono su sorpresa inicial, sin poder evitar el inicio de un incontrolable brote de vergüenza, que apenas si podía disimular ante aquellas cinco sexagenarias que le miraban, unas con algo de desprecio y otras solo con curiosidad.

—Abuela, ¿Cómo tu por aquí?—consiguió articular Fermín.

—Pues como toas las tardes a tomar el chocolatito ahí en la plaza de Ceneque que lo hacen de rechupete.

—Pues mira si iba yo a llevarte unos pastelitos de esos que tanto te gustan.—Fermin mostro el desvencijado envoltorio medio abierto en el que se adivinaban algunos pasteles chafados y aplastados.

—Hijo mío que desastre eres, anda trae que ya les daremos buen uso nosotras y ya vienes esta noche a cenar y me invitas porque esto ni es regalo ni es na.

—¿Esta noche otra vez abuela?—inquirió Fermín tratando de disimular su desesperación.

—Pues sí, que aún no más arreglao lo del cacharro ese en el Caribe y me prometiste que lo harías y me tienes que compensar por ello.—El “Oso” sintió como la sangre comenzaba de nuevo a hervirle al pensar en el dichoso problemas del coche abandonado.
—Eso casi lo tengo arreglao ya abuela…

—Pues ya es hora hijo que da mu mala imagen eso ahí.—Intervino Lucrecia, una señora regordeta y exageradamente maquillada que iba del brazo de Herminia. Fermín la atravesó con una mirada feroz.

—Tu calla Lucre que el bien sabe lo que tiene que hacer, ¿Verda que si hijo?

—Si abuela mañana lo tienes solucionado.—Dijo entre dientes conteniendo su rabia.

—Ves como eres una bocazas Lucre—Herminia dio un pequeño tirón del brazo que la unía a Lucrecia que aguanto estoica el envite.—Ale hijo tu a lo tuyo que estas viejas chochas y yo tenemos prisa que el chocolate nos espera y tu tendrás mucho que hacer. Dame un besito.—Herminia deposito dos sonoros besos en las mejillas de Fermín, que consiguieron atenuar algo su estado alterado.—Vamos chicas que se hace tarde.

Las cinco ancianas emprendieron su camino de nuevo rumbo a su disfrute de cada tarde, sin importarles los niveles de azúcar de cada una o lo alto que tuvieran el colesterol, para eso ya se tomaban las pastillas. Mientras Fermín despedía a su abuela con cariño, ese que derraman siempre, o casi siempre los nietos por sus abuelos, más aun si son la familia más cercana que aún les queda viva.

—“Cachete” te quiero toda la noche en movimiento, mañana el cacharro ese del Caribe tiene que estar como nuevo… me dan igual tus problemas con los “charlis” y su puta madre, me lo solucionas y punto… estoy hasta los huevos de ti y de tus escusas, ¡¡¡Me lo arreglas ya y punto!!!—Fermín abandono su cara tierna en cuanto giro su enorme cuerpo para seguir su camino. Ahora escupía sus palabras con violencia sobre el inocente teléfono móvil que se perdía en sus enormes manos, mientras su rostro se constreñía de rabia.— Y dile al más listo de los chavales que me pille una cena pa dos pa esta noche, que tengo que ver a mi abuela otra vez… ¡¡¡¿Y a ti qué coño te importa con quien ceno yo?!!!—Sin poder evitarlo, el “Oso” arrojo con violencia el desafortunado aparato de teléfono contra el duro suelo, destrozándolo del impacto.—¡¡Mierda!! ¡¡Mierda!! ¡¡Mierda!!

La tarde se antojaba larga, al igual que la noche, solo el breve oasis de la cena familiar atenuaría su enfado con el mundo, su enfado con sus chicos, su enfado con el mismo. Pero debía cumplir su promesa con su abuela, para él era ya más importante eso aun que lo ofrecido a los hermanos o incluso lo de mantener el barrio limpio, ella era lo más importante para él y cumpliría con ella siempre, lo demás solo estaba a su servicio para agasajarla a ella.

* * *

IndigoDolphins_73
Rango10 Nivel 46
hace 18 días

Empieza a picarme mucho la curiosidad con lo del título y tanto dulce. Me desconciertas @Hiarbas .
No, es broma. Has bajado el ritmo, así que imagino que ahora vendrá otra buena traca.

Kobbe
Rango9 Nivel 40
hace 18 días

Una pregunta, tienes el final pensado? Me da la impresión de que cuanto mas escribes mas tienes por escribir ;)

Hiarbas
Rango11 Nivel 52
hace 18 días

Tengo el final y el desarrollo lo malo es que es una tela de araña y tal vez sea demasiado para mantener lectores aquí, pero la iré publicando igual yo la disfruto.

Don_Diego
Rango12 Nivel 57
hace 13 días

eso es lo que cuenta! el disfrute. espero por mas que quiero saber que pasa con ese dinerito... jejeje


#16

RESOLVIENDO PROBLEMAS

Alejandro Carrillo “Cachete” llevaba dos días desesperado. La idea de estar envejeciendo, de que sus facultades menguaban, de que sus habilidades disminuían, comenzaban a inundarle, a apoderarse de el ante la ineficacia que mostraba para resolver las peticiones de su amigo el “Oso”.

Los chinos, los “charlis” como se empeñaba en denominarlos el “Oso” en honor de las películas bélicas de los ochenta que había visto una y mil veces. Poco le importaba que no fueran vietnamitas, el deseaba que se les llamase así y es lo que hacían. No paraban de esquivarle y darle largas sobre lo saqueado del coche del descampado del salón de baile el Caribe. Empezaba a estar cansado de ellos y solo les seguía el juego porque sabía que el “Oso” prefería la diplomacia cuando iniciaba una negociación, la violencia, si fuera necesaria, llegaría después primero las buenas palabras y por ello el primero en entrar en escena era él.

El “Oso” sabía que “Cachete” tenía la suficiente paciencia, la justa templanza para conseguir mantener sus casillas en su sitio y evitar salirse de ellas y provocar un conflicto, poco importaba su escasa locuacidad y que la única cultura que conociese fuera la de la calle, todo ello lo suplía con grandes dosis de amabilidad y sobre todo una inalterable tranquilidad ante los envites de sus interlocutores. El problema surgía cuando sus escasas armas no surtían efecto y este era uno de esos momentos.

Los chinos con su negativa a reconocer que tenían la mayor parte de las piezas importantes del choche desguazado en el solar, habían dificultado, en gran medida, terminar con el encargo. “Cachete” tenía prácticamente localizadas las piezas que no estaban en poder de los “charlis” pero las largas negociaciones le habían dificultado disponer de ellas ya. Desde que los chinos y sus mafias habían decidido entrar también en el negocio de los coches de lujo “distraídos” también habían entrado en el negocio de las piezas robadas para adecentar esas distracciones y ello había complicado mucho el negocio, tanto que el “Oso” estaba dispuesto a empezar una guerra contra ellos si seguían moviéndose por su terreno. Era solo una más de las áreas en las que se metían los “charlis” y el “Oso” no estaba dispuesto a perder la guerra de su reino contra los chinos.

La certeza de que de un momento a otro el “Oso” tendría uno de sus arrebatos y que sería a él a quien le tocara lanzar los perros a la calle para terminar con el encargo, antes de que el volcán hiciera erupción, atormentaba su cabeza. De la misma forma que a él le tocaba negociar con buenas formas, luego le tocaba pelear como el más duro y eso le costaba mucho más, él no había nacido para ser un matón, pero los torcidos renglones de la vida le arrastraban una y otra vez a ese sendero.

Apenas alcanzaba los diez años cuando la muerte alquilo habitación en su casa y no la abandono hasta que solo quedo el de los cinco hermanos. También sus padres cruzaron con Caronte al otro lado sin despedirse una tarde de verano en la que un autobús los arrollo a los dos mientras esperaban junto a un semáforo para limpiar los cristales de los vehículos que paraban ante la señal en rojo. Quedo solo en el destartalado piso, sin nadie que le cuidara y le diera de comer durante tres días, al cuarto, ante sus continuos lloros, una vecina llamo a la policía y paso a ser uno más de los desvalidos huérfanos del estado.

No volvió a salir de aquel centro hasta cumplir los dieciocho. Su delgadez congénita, la tristeza perenne grabada en su rostro que no podía evitar mostrar, la suciedad que siempre le acompañaba, aunque antes de cada visita le lavaran, consiguió que las miradas de interés nunca se posaran en él. Con la mayoría de edad solo llego la calle, tratar de ganarse la vida como pudiera, tratar de encontrar trabajos para los que no le habían cualificado y en los que se sentía inútil y fuera de lugar. Los servicios sociales le aconsejaban, trataban de guiarle pero los medios eran insuficientes y la dejadez de los funcionarios endémica, el tiempo y la desidia hicieron que prescindiera de ellos. Las bandas le tentaron pero su alma no era lo suficientemente guerrera, la droga le sobrevoló pero no consiguió anidar en él, tal vez fue una de las pocos aires de fortuna que soplaron en su vida, por el contrario la delincuencia si le acogió como un hijo más, el convertirse en un ratero le salvo la vida y le llevo a conocer al “Oso” y a dar el último y definitivo giro a su vida y a sus circunstancias.

Sus vidas se cruzaron cuando él ya era un experto en las calles, en su vida y oscuridad, en sobrevivir en ellas y vivir de ellas. El “Oso” era solo un alma perdida, expulsada con violencia de la fama y llevada al olvido por una de las muchas negras almas que copan los áticos de lujo de la ciudad. Fermín acababa de intentar liberar su carga y solo había conseguido aumentar su rabia y su desesperación, envileciendo su alma, oscureciendo sus sentimientos, el pack lo completaba una investigación que le convirtió en proscrito en apestado, la ley le obligaba a recorrer su margen si quería mantener su libertad.

“Cachete” le conocía, como todos, de sus años de gloria. Había disfrutado de alguno de sus triunfos, las veces en las que consiguió burlar a los vigilantes del estadio y colar su triste figura sin poseer el ticket correspondiente. Adoraba su fortaleza, su poder, como humillaba a sus rivales. El día que sus vidas entrechocaron cuando lo encontró huyendo del escenario en el que había disputado su última confrontación con el “Fantoche”, entendió al instante que debía ayudarle, que debía guiarle por el mundo en el que acababa de ingresar por la puerta más oscura que podía atravesar. Desde entonces nunca separaron sus caminos y juntos habían creado su pequeño reino, aunque el solo se sintiera uno más y el “Oso” fuera el auténtico rey.

El teléfono sonó y al otro lado la voz grave y enfadada del “Oso” provoco que su cuerpo entero entrara en tensión.

—“Cachete” te quiero toda la noche en movimiento, mañana el cacharro ese del Caribe tiene que estar como nuevo…

—“Oso” los “charlis” no dan su brazo a torcer y me están dando problemas…

— Me dan igual tus problemas con los “charlis” y su puta madre, me lo solucionas y punto…

—Pero estos no van a ceder por las buenas y encima por culpa de ellos ando retrasado con los otros…

—Estoy hasta los huevos de ti y de tus escusas, ¡¡¡Me lo arreglas ya y punto!!!

—Vale, vale, tampoco te pongas así, iremos por la vía rápida y ya está…

— Y dile al más listo de los chavales que me pille una cena pa dos pa esta noche, que tengo que ver a mi abuela otra vez…

—Entonces tampoco vendrás esta noche. ¿Es que siempre tienes que cenar con tu abuela?

—¡¡¡¿Y a ti qué coño te importa con quien ceno yo?!!!

La comunicación se cortó sin darle tiempo a hacer más comentarios a “Cachete”. Las dudas de la mano de mil preguntas y otras tantas conjeturas colapsaron las entendederas de Alejandro. Tímidamente hizo un intento por solucionar algo tratando de restablecer el contacto con el “Oso” pero le fue imposible. Debía tomar las riendas y debía hacerlo rápido pues no estaba dispuesto a sufrir una reprimenda de su amigo. La violencia cada día se fundía más con su ser, empezaba a dominar todo lo que hacía, llegando incluso, en algunos momentos, a no discernir quien estaba de su lado y quienes eran sus adversarios. El “Oso” era su mejor amigo, tal vez la persona más importante en su vida pero antes estaba él y la situación en la que ahora se encontraba, le había llevado a tratar de evitar sus enfados, a intentar evitar que explotara como reacción a un enfado, y si no lo conseguía procuraba estar tan alejado como se lo permitiera el tiempo y el espacio.

—“Besugo” ven pa ca.— Desde la puerta de la oficina del destartalado local que utilizaban para reunirse con aquellos que ellos denominaban la banda, llamo a un tipo bajito y escaso de carne que destacaba por sus enormes ojos saltones.

El “Besugo” abandono al resto de sus compañeros que en ese momento, unos estaban jugando una partida de póker, mientras los otros observaban ansiosos de que alguno perdiera su dinero para poder sustituirle. Cierto es que, al pobre “Besugo” le venía de perlas que “Cachete” le llamara pues llevaba perdido medio jornal y no tenía aspiraciones de poder recuperarlo. Antes de que abandonara su puesto en la mesa ya lo había ocupado el “Coliflor” mostrando su escuálido fajo de billetes, con una sonrisa lujuriosa en sus labios.

—Dime jefe.

Trinca el móvil y dile al “Pelusa” que te ayude y pedís en la mierda esa de aplicación en la que siempre andáis pidiendo comida, un menú bueno pa dos y rapidito que es pal “Oso” pa dentro de un rato que se va con la agüela. Y nada de jilipolleces de chuchi de ese, ni mierdas chinas que bastante tenemos ya con los amarillos.

—Vale jefe ahora mismo. ¿Y cuanta pasta podemos…?

—¿Tu eres tonto o te lo haces? ¡Que es pal jefe, que sea bueno y sin mirar los billetes pringao!

—Vale, vale ya voy.

El “Besugo” se alejó con una medio sonrisa en los labios pues algo trincaría el de la pasta de la cena, siendo para el “Oso” se podía inflar algo el presupuesto.

Alejando tomo aire hasta llenar sus pulmones, cuando de nuevo se sentó en el cómodo sillón de su oficina, después dejo que saliera lentamente por su boca, intentando que junto con su aliento, la tensión y la crispación abandonaran su cuerpo, pero le fue imposible. Tomo el teléfono de nuevo y marco el número de Yuan Xiu, Juan el chino para la mayoría, su interlocutor entre los “Charlis”.

Kobbe
Rango9 Nivel 40
hace 12 días

Ya te lo hemos dicho muchas veces, tienes una gran habilidad para crear personajes. Por ponerte un pero, aveces quizás le das muchas vueltas a una idea, intentas explicarla con demasiado detalle. Pero puede que sea cuestión de gustos, yo tiendo a ser muy directo :)

Hiarbas
Rango11 Nivel 52
hace 12 días

Tienes mas razón que un santo, quiero dejar tan claro lo que tengo en la cabeza que detallo todo lo que puedo, igual para el físico de los personajes prefiero solo dar algún detalle significativo y permitir al lector aportar lo que el desee.


#17

—Juan amigo, ¿te has pensado bien lo que te propuse esta mañana?

—¡Juan no, Yuan! Ya decir yo que no haber nada que hablar, nosotros no haber entrado en terreno de “Oso”, nosotros no tener piezas, tu equivocado.

—Juan, no me trates de vender la burra, que estoy siendo más que amable, pero si es el “Oso” el que entra a negociar no va a ser igual…

—¿Tu amenazas a Yuan?

—Yo ya no sé como explicártelo y si es con amenazas pues sí, te amenazo.

—Creo que tu equivocas, tu cometes error, tu estar haciendo enemigo.

—Mira Juan, no me toques más los cojones, el enemigo te lo estás haciendo tú y si no me dices algo antes de una hora, atente a las consecuencias, ya se me acabo la paciencia.

—Tú equivocas. Tú…

“Cachete” colgó el teléfono sin darle tiempo a explicarse, sabía que iba a seguir dando largas y que el tiempo de las palabra había terminado, esta parte la odiaba pero no le quedaba otra si no quería enfrentarse al volcán sin poder evitar que hiciera erupción.

Sin prisa, cargado de resignación y con un nudo en el estómago, por lo que estaba obligado a hacer a partir de ese momento, abandono arrastrando los pies su despacho y se dirigió al grupo de “elite” que seguía concentrado en la partida de póker.

—¡A ver cabrones que tenemos tarea!

Los diez que allí se encontraban se giraron sorprendidos pues ninguno se había percatado de la presencia de “Cachete”.

—Pasa algo jefe.

—Pasa que nos vamos de fiesta, toca liarla con los “charlis”, pillar herramientas que vamos a repartir palos.

La sorpresa dio paso a la algarabía, todos chillaban mientras se ponían en movimiento. Algunos se aprovisionaron de barras metálicas, otros de bates de béisbol, los más ardientes se procuraron navajas y algún arma de fuego, rebosaban excitación, les encantaba entrar en acción y llevaban varios días sin apenas movimiento.

—“Tenazas” reparte chatarra de la contundente que me parece que podemos necesitarla.

—¡A la orden jefe!

El “Tenazas”, un tipo corpulento, que destacaba por su dentadura gris y mellada, se dirigió al armario que custodiaba las armas y repartió sin miramientos escopetas de cañones recortados y alguna que otra semiautomática, además de todas las pistolas de las que disponían en ese local.

—¡Esto parece una guerra!—Anuncio excitado el “Fredy” con su cara quemada.

—A ese no le des, no la lie como la última vez.

—Joder jefe, que me voy a portar bien…

—No, si siempre dices lo mismo y luego te lías a tiros sin que nadie de orden ni leches… que no, esta vez tu a la retaguardia a cubrirnos las espaldas.

—Vaya una puta mierda, siempre me toca lo peor.

Todos rieron y sin esperar más salieron del local para subirse a los coches y dirigirse al barrio del Penal, calle Ballesta dieciocho, donde el restaurante Flor de Loto ofrecía sus supuestos manjares a los escasos clientes que, la mayor parte despistados turistas, equivocaban sus pasos en su vacío salón.

Mientras en ese mismo local, en la parte trasera, allí donde se movía todo el negocio de la triada de los Suu Yee On, escaso hasta el momento, pues estaban abriendo negocio en el territorio y les costaba asentarse ante el empuje dominante de los llamados tres reyes. Yuan Xiu intentaba tranquilizar a su compañero, Wong Pei, nervioso por su imprudencia y la posibilidad de iniciar una guerra sin poder contar con ayuda de otros miembros.

—No es momento para estos problemas Yuan, deberías haber negociado mejor, te pierde tu ímpetu, siempre te crees el mejor.—Hablo, en perfecto mandarín Wong.

—Cállate Wong y llama a Lie, que estos no se van a quedar de brazos cruzados y seguro vendrán a por nosotros y dile que se traiga a todos los de la familia yo ya llamo a los míos y tu haz lo que puedas, ya sabemos que no das para mas, es lo malo de estar solo, no nos ayuda Wong, no nos ayuda nada.—Dijo Yuan cargando todo el sarcasmo que pudo en sus palabras.

—Olvídame Yuan, yo aún no he podido traerlos, lo sabes de sobra…

—No te gastes el dinero en putas y podrás hacerlo…

—No me provoques si no quieres encontrarme Yuan…

—¿Qué me vas a hacer?¿Qué?—Yuan se envalentono frente a Wong, sus rostros, frente a frente mostraban el odio que cada uno sentía por el otro. Las manos de cada cual buscaron con rapidez la frialdad de sus armas.

—Estoy hasta los huevos de ti Yuan, me estoy conteniendo, pero al final…

—Al final nada, eres un mierda y no harás nada, como siempre, todo son pala…

El estridente quejido de un disparo sobresalto la discusión, después solo silencio. Yuan miraba atónito a Wong mientras su vientre derramaba sangre por el pequeño orificio por el que se le escapaba la vida. Apenas le dio tiempo a espirar mientras intento maldecir una vez mas. Su cuerpo se desplomo inerte, desarticulado, hasta tocar el suelo vacio de vida. Wong sostenía aun la QSZ92, una tímida voluta de humo huia de su cañón mientras en la cara de su portador se dibujaba una sonrisa de satisfacción. Lo irremediable había sucedido, ambos sabían que tarde o temprano uno de los dos acabaría con el otro. Wong supo anticiparse a su oponente, ahora debía resolver el nuevo problema que se le planteaba.
Tomo su teléfono móvil y una inspirada sonrisa se dibujó en su rostro, sabía que debía hacer. Cerró la entrada del insonorizado almacén impidiendo que nadie le molestara mientras realizaba la llamada que aliviara el problema.

—Lie, tenemos un problema, alguien se ha cargado a Yuan, creo que han sido esos con los que andaba negociando lo de las piezas de los coches… seguro que se les acabo la paciencia y terminaron con el… si eso pienso yo… creo que deberías venir y traer a todos los que puedas… lo más seguro es que regresen a por nosotros para conseguir lo que quieren… mejor venid armados, si yo espero aquí, no te preocupes…

Wong colgó la llamada y encendió un cigarrillo, mientras observaba la mirada vacía de Yuan, muy en el fondo le apreciaba, aunque le odiaba mucho mas.

Kobbe
Rango9 Nivel 40
hace 12 días

Con esta caja has subido un escalón! Sigo tu historia con ganas

Don_Diego
Rango12 Nivel 57
hace 10 días

ahora si tengo tiempo para comentar. en esta caja se me hizo super fácil y llevadera la lectura. Dan ganas de ya saber como será el encuentro entre los dos grupos de mafiosos.