VAHdez
Rango5 Nivel 21 (464 ptos) | Escritor en ciernes
#1
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Muchas veces nosotros no vemos nuestras potencialidades hasta el momento en que son reconocidas y en entonces que nos damos cuenta que para eso hemos nacido. Yo sentí eso por eso escribí este relato. Tal vez no sea el mejor, pero así lo describo yo.

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#2

— Cinco minutos y empiezan — dijo el director pasando detrás de mí.
Al escucharle, me puse firme, incluso estaba nerviosa. Era la primera vez que subiría al escenario. Los retortijones empezaban a danzar de un lado a otro en mi estómago de la misma manera cuando me enteré de mi participación en la obra. Giré la silla donde me encontraba, busqué el baño con la mirada desesperada; sin embargo, sentí que dejaría una huella imborrable si me levantaba de allí. Y, aunque traté de hacerlo, mis piernas no me obedecieron. Me encorvé introduciéndome en la silla y girando de nuevo, me reflejé en el espejo que tenía al frente. Estaba pálida.
— “¡Cálmate! Todo saldrá bien” —pensé relajando mis músculos, respiré profundo y cuando por fin, todo mejoraba, escuché:
—Quedan cuatro.
Todo se puso peor. La puerta de salida casi desapareció de mi vista, quería huir. Bajaron la intensidad de las luces; el reloj, colgado en la pared, casi no movía sus manillas. Sabía que las personas corrían, pero yo observaba en cámara lenta, esperando solamente la inmovilidad de todo.
— Tres, solo tres minutos — lo oí lejos.
Una chica se acercó tocando mi vestuario y haciendo señas hizo que me levantara de la silla. Movió mi rostro de un lado a otro verificando el maquillaje, estaba bien porque me sonrió. Pero yo no lo hallaba en ese momento para decírselo.
— “Si no fuera por ese castigo que mamá me impuso, no tendría que estar aquí” — seguía interna en mis pensamientos recriminándome rebeldía con la que actuaba para ese momento.
— Siempre haciendo estupideces. ¿Por qué no pudo ser más sencillo? — musité.
La chica sonrió nuevamente. Supongo que notó mi desasosiego.
Evoque las caídas y los incompletos diálogos que nunca encajaba en el tiempo. No eran largos, por cierto; pero yo no lograba articularlos bien. Eso atrajo insultos y humillaciones, aun de personas en las cuales confiaba:
— Quiero salirme… No puedo actuar, no sirvo para eso — le dije a mamá un día de esos.
—No. — siempre era su respuesta.
— Te odio.
La odié, y no se imaginan cuánto, le quité el habla y todo. A ella no le importaba, solo me incitaba a hacerlo.
—Tú no lo vez, pero yo sé que tienes potencial. Es lo que estoy viendo. —eran sus palabras.
Nunca las creí.
Después de eso lo volví a escuchar:
— Dos, dos. Acomódese, por favor.
El gentío se comenzó a aglomerarse en la entrada, ordenándose de acuerdo al número de su personaje, yo era la 12. Una de las últimas al salir.
—Tranquilízate —dijo una chica que vi en los ensayos pocas veces y sonriendo continuó diciendo— Piensa que estás comiendo un gran trozo de chocolate.
— ¿Chocolate?
— Sí. Sabes que cuando andamos tristes o ansiosas, nos provoca comer algo dulce, ¿no es así? Lo malo, es que siempre nos quedamos con ganas de más — expresó entre risas.
— ¿Estás nerviosa también? — le consulté.
— Sí — respondió.
— ¿Por qué? ¿Es acaso tu primera vez? — pensar en eso me tranquilizaba.
Sin embargo, ella caminó hasta las cortinas y la alzó. Miramos al público y lo repleto que estaba el lugar. El escalofrío se intensificó haciéndose notar. La retrospectiva se hizo presente volviendo mis fracasos todos los fracasos a mi mente.
— No, no es mi primera vez…— mi rostro se giró bruscamente sacándome del estupor por causa del público— Pero es la primera vez para con este público. No es simplemente la tuya o la mía, es también la de ellos.
— Un minuto — el director comenzó a aplaudir y las luces del escenario se apagaron.
Las cortinas se alzaron, uno a uno ingresamos al escenario. “La chica sin padres, ni familiares, ni propiedades, y a pesar de todas las circunstancias, no se rindió y logró lo que siempre soñó”. Cuando terminó la obra, se alzaron los aplausos. Me sentí orgullosa. Una sensación excitante Me arropó. Adrenalina pura. No fui la principal, pero era parte de la obra.
— Esa vez, comí un chocolate distinto. Uno, el cual, me dejó con ganas de más y de satisfacción. Quise contarles en esta anécdota, porque sin la rudeza de mi madre y su horrible castigo, según yo. No hubiese comido ese chocolate y nunca hubiera ganado este premio. — dije entre lágrimas y algo de sonriente — El de La mejor actriz de este año. Así que, gracias mamá.

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