Robot_Pensativo
Rango10 Nivel 45 (4336 ptos) | Fichaje editorial
#1

23 años, un mundo de gente que solamente habla de una cosa, y Esteban nada contra la marea. ¿Las razones? Se ha dedicado a explorarlas conforme el tiempo ha avanzado, y tal parece que hay un montón de sorpresas en el camino.

Los amigos; las amigas, los compañeros; las compañeras, la industria del porno y la naturaleza misma han intentado que sus ideas cambien. Pero Esteban permanece deseoso de aferrarse a sus ideas; aquellas que conserva desde niño. No quiere traicionar al viejo "yo", pese que, sin ninguna duda... Quiere tener sexo por primera vez.

Hace 3 meses Compartir:

0

6
#2

Capítulo 1: No quiero, gracias.

Esteban sabe que no desea estar ahí; que sus colegas de la universidad no son las personas más adecuadas para pasar una velada de sábado por la noche—no para gente como él—. Sin embargo, su prudencia lo orilló a decir “sí” en esta ocasión.

La música tecno está presente, las provisiones de alcohol se vuelven cada vez más grandes, al igual que las incoherencias dichas por los presentes. Esteban quisiera estar en casa dormido, para tener tiempo por la mañana de mirar alguna serie. Por culpa de esta fiestecita improvisada, tendrá que despertarse tarde y apenas tendrá tiempo para alistarse e ir al trabajo. Lo único que espera es que, por alguna razón imprecisa, el evento mejore su ritmo.

Lo más agradable de aquella velada era la presencia de Cindy, la chica nueva. Era simpática y muy bonita, y al parecer el alcohol la volvía aún más sociable. Para Esteban resultaba bastante entretenido mirar cómo cantaba y bailaba en semejante estado de ebriedad; se movía impresionantemente bien para llevar unas zapatillas altas.

El chico bebe desde su asiento, contemplándolos a todos, esperando que se pueda quedar así toda la noche. En eso, su zona de confort es invadida por la voz de Carmen, quien tenía la costumbre de mover a Esteban de su estado zen:

—¡Qué horror verte ahí sentado!—Exclamó efusiva. —¡Párate y baila, cabrón!

Es común que personas como ella tengan su séquito de fieles seguidores. Inmediatamente se comenzaron a escuchar las voces que le hacían eco al mandato de la Reina Gorda. Sin tener más remedio, Esteban se paró para intentar encajar en ese círculo, no lo suficientemente alcoholizado para improvisar pasos de baile.

Hizo lo que pudo: Se movió al ritmo del bombo lo menos rígido que pudo. Todos miraban ese espectáculo. Se sentía la atracción del momento, y no en un buen sentido.

Las burlas de los borrachos se dejaron escuchar.

Esteban se siente avergonzado, pero ya sabía que eso pasaría; no es nada nuevo. Sólo se arrepiente de haber creído que esta vez algo cambiaría. Ese tipo de personas jamás cambia; la empatía nunca impera en ellos.

Sin embargo, entre las carcajadas y le incomodidad de la situación, Cindy se incorpora para ayudar.

—¿Sabes cómo se baila?—Preguntó, comprensiva.
—No. La verdad, no.
—Mira, está fácil. Tienes que abrir un poco las piernas y flexionas las rodillas, pero no mucho… Y mueves tu cintura hacia adelante y hacia atrás.

Esteban lo intentó muy penosamente, lo que hizo reír con ternura a la chica.

—Así no, Esteban. Como si estuvieras follando.

En ese momento, Esteban se sintió sumamente nervioso; completamente transparente como si todos pudiesen ver en su interior. Estaba comprometido a hacer un ademán que convenciera a todos que algunas vez en su vida había copulado con otro ser humano. Hizo lo que pudo.

—Bestia, ¡pobrecita tu novia!—Señaló Carmen.
—¡Es que Esteban no ha trozado!—Añadió Jorge, quien acaba de hacer público el secreto muy íntimo de su compañero.
—¿¡Qué!?—Cuestionaron dos que tres.

«Tierra, trágame ahora por favor...»

-

Todos estaban sentados. Parecía un interrogatorio de vida o muerte. Esteban nunca se sintió tan acosado como aquella noche.

—¿Nada de nada?—Preguntó Luz.
—Pues, no.
—¿Y no quieres?—Cuestionó Cindy, posando la mano en la pierna de Esteban.
—¡Ey, no!—Grita Jorge, empujando a Cindy, ya muy ebrio.
—Ya sé, ¡hay que jugar a la botella!—Dicta la Reina, pero no le prestaron atención.
—Es que, bueno…—Esteban exploró en su cerebro todos los factores que lo llevaron a este momento; «¿por qué nunca he follado?»—. Antes, yo era cristiano y, bueno, me decían que era pecado tener relaciones sexuales antes del matrimonio…
—Pero ¡ya no eres cristiano!—Agregó Jorge, efusivo.
—Lo sé, lo sé… Pero, ahora simplemente no me muero por hacerlo.
—¡Hay que jugar a la botella!—Insistía la Carmen, sin recibir respuestas.
—Jamás lo hubiera imaginado—Dijo Cindy—. Eres un muchacho muy guapo, pensé que eras un semental.
—… Lamento decepcionarlos.
—¡A ver, cabrón!—Expresó Jorge—. ¡Esta noche tu vas a coger! ¡Me vale madre que no quieras!

La impresión que daba aquel muchacho era muy distinta a la del salón de clases. Tal parece ser que el alcohol lo volvía muy salvaje, e incluso con algunos tintes homosexuales. Carmen coloca una botella de cerveza en medio de todos, e impone iniciar el juego.

Normalmente, Esteban huía de esas situaciones. Sin embargo, esta vez no podría: Estaba atrapado en un círculo de gente que quería exprimirlo—de distintas maneras—.

Se giró la botella, y Esteban sentía la onda expansiva en cada vuelta.

«¿Serán preguntas y respuestas, como en la primaria? ¿Serán retos vergonzosos?» pensaba el muy inocente. Pero en el fondo, sabía que en la universidad ya no se andaban con juegos infantiles.

La botella dejó de girar: Un extremo apuntaba a Jorge y otro a Carmen. Y como si de una rutina se tratase, estos se besaron con intensidad.

«Ya me jodí».

Otro giro. Y Esteban sigue explorando en su subconsciente por qué diablos no ha hecho. Ya hace años que había dejado el cristianismo como estilo de vida. Pero, en el fondo, seguía una voz regañona; diciéndole lo que debe y no debe hacer. Dentro de su enmarañada mente, siguen presentes lo prejuicios y tabúes. Ni su padre ni su madre han tenido el valor de hablarle del tema, y el material didáctico que visita en internet no es del todo educativo.

Esteban siempre ha deseado que una persona se meta en su cabeza para decirle: “Oye, ¡sé feliz! Oye, eso no está mal”. Pareciera que es lo que estaba pasando en ese momento, pero lejos de sentirse aliviado, se siente amenazado. Siente que no es ni el momento ni las personas adecuadas para abrirse al mundo del placer carnal.

La botella se detiene: Un extremo apuntaba a Esteban, y el otro a Cindy.

—¡Su puta madre!—Gritó Jorge—. ¡Suertudo de mierda!
—Bésala ya—demandó Carmen.

Esteban no quería hacerlo. Se quedó quieto por aproximadamente diez segundos, suficientes para tomar el valor de establecer contacto visual con Cindy. Para su sorpresa, la chica se acercó apaciblemente y sin faltar el respeto a su espacio.

—Todos están bien borrachos, Esteban. Bésame la mejilla, cerca del labio, y creerán que nos besamos.
—Okey…

Esteban cree haber comprendido. Era lo menos que podía hacer para salvarse de aquella situación, aunque besar a la más guapa del salón también representaba una proeza digna de nerviosismo.

Así lo hicieron, y el juego se acabó después de tres rondas, porque la intención del juego no fue concretada.

—A ver, Esteban—dijo Carmen—. En buena onda, ahí tengo un cuarto que pueden usar…
—No, gracias… Estoy bien.
—¡No estás bien!—Agregó Jorge—. ¡No has tenido sexo en toda tu vida! ¡Nadie puede estar bien!
—Pues… Yo sí…
—Esteban—intervino Cindy, tierna—. ¿De veras no quieres intentarlo? Te podemos decir cómo se hace, para que no batalles después…
—Sí—añadió Luz, fiel cómplice de Cindy—, sin problemas. No tengas pena por eso.
—… No, chicas, muchas gracias.
—¿¡Qué!? ¿¡Es en serio!?—Exclamó Jorge, furioso—. ¡Estás bien idiota!
—Déjalo… No quiere, tendrá sus razones…
—¡No, no lo voy a dejar! ¡Es imposible que se niegue a esa propuesta! ¡Deja de defenderlo!
—… ¿Por qué te crees tanto por haber tenido sexo primero que yo, Jorge?... Estoy seguro de que la primera vez que lo hiciste fue un completo desastre. Creo que estás celoso de que, probablemente mi primera vez sea mejor que la tuya…

Esteban no solía expresarse de esa manera, por lo que le era difícil encontrar el momento justo. En esta ocasión, logró incomodar a todos a su alrededor, matando un poco la fiestecita de chicos cool. Dejó de ser el centro de atención, y prosiguieron con los bailes y el alcohol.

-
El chico agradeció que el taxista guardara silencio en el camino a casa. Había mucho que reflexionar. Una parte muy pequeña de él se siente valiente y orgulloso de haber actuado “honradamente” con las propuestas indecentes de sus compañeras. Pero otra parte… Siente que pudo haber aprovechado el momento para tener una noche muy agradable, en la que se cumplía una fantasía sexual. Dedicó minutos del camino a imaginarse cómo pudo haber sido esa escena. Tenía material suficiente para ponerle a Cindy y a Luz el cuerpo de actrices, e imaginar los movimientos y diálogos. Piensa en que “eso” pudo haber pasado al fin…

«Sí, seguramente. Me iba a correr en cuanto una se quitara la blusa. No iba a ser posible, no te engañes...».

Entra casa. Todos están dormidos. Se desparrama en su cama, y trata de dormir. La culpa no le deja en paz. Siente que se traicionó a él mismo. Quería tener sexo con esas dos chicas; ese día pudo haber cumplido su ilusión de mirar el cuerpo desnudo de una mujer justo frente a él…

Sin embargo, y como en repetidas ocasiones le ha pasado, su rígida moral internivo en sus decisiones, limitándolo a mover su pelvis repetidamente sobre su almohada, mientras piensa en lo que pudo haber ocurrido en una dimensión en la que Esteban Ramírez no es un virgen cobarde.

Don_Diego
Rango13 Nivel 60
hace 3 meses

Juas. Vaya cuento, te a salido bien. 👍

Hiarbas
Rango11 Nivel 52
hace 3 meses

Muy buen inicio, reflejas bien el choque del chico sus dudas con el mundo que le rodea. Estaré pendiente de próximas entregas.

Robot_Pensativo
Rango10 Nivel 45
hace 3 meses

Eh, @Don_Diego , qué gusto me da ver tu comentario otra vez. ¡Gracias! Hay que escribir historias de vez en cuando, ¿no? Me la estoy pasando bien con este intento de relato erótico. Esperen más, la historia está en marcha.

@Hiarbas , bienvenido. Husmea cuánto quieras, el perro no muerde n.n


#3

Capítulo 2: Medias de red y botas de hombre.

Fue la última de sus alarmas la que lo despertó. Y aunque duró diez minutos más en la cama, tuvo el valor de ponerse de pie y ejecutar su ritual matutino a gran velocidad. Como le es costumbre en los días en que se la juega con el tiempo, Esteban no puso en orden su habitación; se limitó a ducharse y prepararse para el trabajo, antes de que el autobús lo dejara atrás. Se despidió de su madre sin hacer contacto visual y salió disparado de su casa hacia su trabajo, en la tienda de fuegos artificiales.

Llegó a la 1:42 p.m., doce minutos tarde. Por suerte para él, no hubo quien supervisara su retraso. Solamente estaba Nicolás detrás del mostrador.

—Vienes pedo, ¿verdad?—Preguntó Nicolás, con humor.
—Quisiera...—Contestó Esteban, copiando una respuesta de su padre—. Es domingo, no me pidas demasiado.
—La verdad es que yo sí ando crudo… Ey, la chica que está allá; la rubia. No ha dejado de hablar por teléfono…
—¿Quieres que la ayude…?
—¡No! No seas imbécil… Tiene un culote… ¿Te la imaginas gritando toda la noche?—En Nicolás, este tipo de charlas siempre venían acompañadas de ademanes ad hoc... Bastante gráficos.

Esteban dedicó mirarla por un momento, y fingió imaginarse el escenario planteado por su compañero.

—Está muy guapa—Declaró Esteban.
—¿Guapa?... Amigo, ¡está re-buenísima! Quiero chupársela hasta que grite fuerte…
—Estás crudísimo, viejo… ¿Hiciste el inventario?
—Ah… ¿No le tocaba a Luis?
—Luis tomó vacaciones, acuérdate. Dijimos que lo harías tú esta semana y yo la otra.
—… Qué flojera.
—Vamos, ve al baño a jalártela para que se te quite lo cachondo. Yo te cuido el changarro.
—Meh… Está bien… Pero, ese culo es mío. No te lo robes.
—Tú tranquilo….

Esteban se quedó en el mostrador un momento. Ordenó lápices, papeles y demás herramientas a su alcance. Ya sin qué hacer, se puso a pensar en la broma que le hizo a Nicolás respecto a “jalársela”. Por alguna razón, siente que no debió haber dicho eso, pues a él mismo le resultan bastante incómodos ese tipo de comentarios. Sin embargo, bien pareciera que a su compañero no le molestan en lo absoluto.

Eventualmente, miró a la chica antes mencionada: Tenía un cuerpo atlético—demasiado atlético—. Efectivamente, sus glúteos resaltaban, y hasta parecía buscar que todos la vieran, pues se inclinaba a observar la pirotecnia cada vez que podía. Llevaba prendas ajustadas y el cabello recogido, como si fuera a una clase de gimnasia o viniera de ella.

Se percató de que le mintió a su compañero: No le parecía guapa en lo más mínimo.

«Tal vez si su rostro me gustara, disfrutaría mirarle el cuerpo. Pero, no tiene el toque… Se me hace que ese tipo de mujeres siempre se sentirán superior a mí, y tarde que temprano me querrán meter a su vida “fit”... Yo paso».

Esteban desvió su atención a una pequeña historieta que había dejado por ahí. Tenía la intención de leerla de nuevo, hasta que una voz femenina lo interrumpe:

—¡Muchacho!

Miró a su alrededor, y resultó tratarse de una chica que estaba casi en la esquina de la tienda. Resaltaba su vestimenta: Llevaba una camisa desabrochada, que parecía talla grande—de hombre—, con una blusa negra de tirantes debajo. También vestía una falda negra, medias de red y unas botas negras—también parecían de hombre—. Su maquillaje era apenas suficiente para cubrir las imperfecciones de su rostro. Era justo el tipo de mujeres que a Esteban le llamaban la atención.

Salió del mostrador para acercársele. Miraba hacia el suelo: su ley no escrita es: “No hacer contacto visual hasta que sea absolutamente necesario”. Habiendo entrado a su campo de visión, miró a la chica.

—¿En qué le puedo ayudar?
—Buenas tardes, muchacho… Oye, estoy buscando de esos que son pequeños y vuelan hacia arriba. Pero no de los normales, unos que tiran como chispitas de colores.
—¡Ah, sí! Esos los tenemos de este lado.

Esteban atendió a la chica con una velocidad vergonzosa. La guió entre los estantes, para acercarla a una caja roja.

—¿Son estos?
—Hmm… No lo sé… ¿Puedes sacarlo?
—… Claro que sí.

Esteban abrió uno de los paquetes de aquellos pequeños fuegos artificiales. Se trataba de un pequeño “misil” de papel y cartón, que estaba amarrado a un palo de madera. La chica toma el ejemplar, lo mira atentamente y termina por apretarlo con su pulgar y su índice. El chico voltea hacia otro lado, y espera a que la clienta termine de inspeccionar el producto.

—Creo que eran estos… Bueno, me los llevaré. ¿Cuánto cuestan?
—… El paquete cuesta cuarenta…
—Dame dos, entonces—la chica sonrió tiernamente al pedirlo.

Para la desfortuna de Esteban, había llegado el momento de hacer contacto visual, así que intentó realizar una mueca que le ayudara a sobrellevar el momento. Tomó dos paquetes de de pirotecnia y las llevó al mostrador para guardarlas en una bolsa, seguido por la persona que le estaba causando escalofríos.

—Aquí tiene. Serían ochenta.
—¿Tienes cambio?—Contacto visual de nuevo.
—… Am… Claro…

Después de unos segundos, Esteban tomó el billete, sin mirar a la chica. Encerró su vista en la caja registradora y actuó rápido; como si quisiera que dicha interacción acabase cuanto antes. Le da el cambio. La chica lo miraba atentamente, mientras tomaba su cambio.

—¿Eres nuevo?
—… Eh, no… Llevo casi un año aquí.
—No te había visto.
—Yo tampoco te había visto a ti… A veces, estoy atrás, o vengo hasta en la noche…
—Seguro es por eso. Bueno—retrocedió, sin dejar de mirar a Esteban—, nos vemos.

La sonrisa final fue lo que dejó al muchacho pasmado. A penas y respondió de igual manera, pero estaba algo distraído mirando los labios de esa clienta, quien caminaba con grata calma hacia la puerta de salida. No pudo evitar contemplar su trasero, que trascendía de entre todo su cuerpo y se delineaba perfectamente gracias a sus shorts ajustados. Y en ese trayecto, determinó que definitivamente las medias de red le sentaban bastante bien a aquella piel blanca.

«Agradezco que no tengas prisa al caminar, preciosa...».

La jornada pasó lenta después de eso. A pesar de que llegaban a la tienda algunas féminas de buen ver, Esteban no miró con atención a ninguna. Su mente permaneció concentrada en aquella chica desarreglada, y añoraba que, por alguna razón del destino, esta volviese a pedir ese mismo paquete de fuegos artificiales. Hasta se inventaba posibles diálogos para empezar una conversación, y conocer un poco más de ella. Pero eso jamás pasó.

-

Al cierre de la tienda, Esteban sabía perfectamente lo que iba a hacer. Incluso, miró la tienda con las luces apagadas; memorizó el escenario de su prospecto de fantasía, para después hacer que recorra su mente; una y otra vez. Imaginó que pudo haberle pasado su número y así, la situación sería diferente:

“Me toca cerrar a las 9”.
“Oh, tan tímido que te mirabas…”.
“Solo me abro con quien vale la pena... ¿Y tú, te abrirás?“.
“Vaya. Espero que la tienda tenga detector de incendios, entonces…”.

Estuvo muy ansioso en el autobús. Su plan era llegar a su casa sin siquiera cenar. El recuerdo era muy fuerte, y la fantasía crecía más. Abrió la puerta de su cuarto. Encontró a su madre hurgando entre los muebles.

—Ma… ¿Qué haces?
—Ay, mijo, perdón… Es que no encuentro una camiseta de tu papá…
—No me gusta que entres a mi cuarto, te lo he dicho infinidades de veces…
—Ya sé… ¿No la has visto? Es la que tiene la cara de un perro…
—No mamá… Y si la encuentro te digo…

Esteban le muestra la salida a su madre.

—Bueno—responde la señora, saliendo del cuarto—, pero te la encargo mucho. Es su camiseta favorita…
—Sí, mamá… Está bien…
—Buenas noches, mijo. ¿No vas a cenar?
—Ya cené algo allá. Buenas noches.

Esteban cerró la puerta, y apresuradamente colocó el seguro. El coraje nubló su pensamiento. Dio tres respiros, como alguna vez le indicó una amiga psicóloga.

Retiró sus pantalones, y los lanzó hacia una esquina de la habitación. Apagó la luz y sacudió un poco la cama.

Comenzó a recordar, de la mano de la imaginación. Hizo que su pelvis rozara con la cobija. Se movió así en repetidas ocasiones para que el placer acompañara la película que se está montando en su cabeza.

Ahí está, la chica gótica de las mallas de red, sentada encima del mostrador en tienda de fuegos artificiales. Su mirada atenta y apasionada mira hacia la cámara, que son los ojos de Esteban. Se besan y no tienen pudor al dejar las prendas a un lado. La despreocupada mujer no llevaba sostén; sus pezones son rosas y están saltados. Aumenta la excitación. Esteban comienza a jugar con la lengua, pasando por el cuello, los pechos y los oblicuos de su amada, y esta comienza a respirar muy fuerte… Y a gemir. A la señorita le gusta lo que Esteban hace con su cuerpo; parece que se ha enamorado. La chica no puede dejar de gritar.

Los latidos de Esteban aumentan su frecuencia; no hace calor pero está sudando, así que decide darle un gran final a esta aventura nocturna: La despoja de sus shorts, y a través de las mallas comienza a darle placer con su lengua... Y en ese momento, estallaron los fuegos artificiales.

-

Esteban ocultó la ropa que ensució para lavarla al día siguiente. Enjuaga bien sus manos antes de dormir. Siente cansancio, pero está feliz. Convirtió un domingo de monotonía en uno de placer.

Se recostó, y como le es costumbre, miró hacia el techo para pensar.

«Creo que debí hablarle… O sea, hablarle bien. Me esforcé en parecer tímido. Pero, tampoco quiero ser como Nicolás… Él desea mucho, pero se nota que no le vaya tan bien con las mujeres… Y es que, no quisiera quedar como aquel que le falta el respeto a las mujeres. Ellas merecen respeto, no son un objeto sexual… Ay sí, muy santo ahora… Juegas con ellas en tu mente. Imagínate que se enteraran… Supongo que, nadie tiene que enterarse de lo que piensas mientras te masturbas… Me gusta mantenerlo en secreto, ojalá nadie tenga el poder de leer mentes o algo así… ¿Alguien se masturbará pensando en mí?... Nah, no creo... ».

Don_Diego
Rango13 Nivel 60
hace 3 meses

jajajaja estuvo estupendo! La pelimental, sus ideas e inseguridades. le has desarrollado bastante bien a tu personaje. sigue espero continuación.

Robot_Pensativo
Rango10 Nivel 45
hace 3 meses

¡Gracias, @Don_Diego Sabes, este no es para nada mi género... Siento que estoy experimentando un poco, just for fun. ¿Cómo lo sientes?

Don_Diego
Rango13 Nivel 60
hace 3 meses

Para mi es entretenido., nada forzado, te sale natural.