skollxander
Rango3 Nivel 12 (128 ptos) | Cuentacuentos freelance
#1
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  • #2

Siendo agarrada por uno de los hombres sentía que su cuerpo dolía más que nunca. Ya estaba débil de por sí al no comer apenas, por la poca agua que prefería dar a las otras para que no le pesara en la conciencia; había sido criada con que, sin importar la necesidad de cubrir las necesidades básicas, debía ceder a otros si quería que los dioses le brindaran otra vida.

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#2

Recordaba cuando era más pequeña, todavía antes de ser una adolescente. Tenía el título de esclava, pero cambiaba al ser parte de los burgueses ricos, los privilegiados blancos que eran distintos a los negros o los que venían del sur de África. Gente de su misma tribu hablaba mientras trabajaba acerca de los instrumentos y los cánticos bellos de sus pueblos, recordaban los viejos días donde se consideraban ''libres''. Otros discutían acerca de que, si bien habían perdido su cultura, ahora eran privilegiados al poder comer, hacer sus necesidades, beber y vivir de forma decente. Ella, sin nombre, nunca supo qué pensar acerca de esos temas. Sentía que era demasiado joven para ello y contemplaba a las otras niñas de su edad, incluso algunas más pequeñas. Lo único que tomaba de su cultura era la religión, la creencia de que si ayudaba a los demás en otra vida sería como ellas; si un dios le brindaba la oportunidad, ayudaría.

Creía que ellos estaban mucho mejor que su pueblo, por lo que pensaba cambiar el mundo. Tendría unos padres que la apoyarían, puede que hermanos o hermanas mayores para darle valores que no podrían hacer su madre o padre. Todas estas reflexiones las hacía durante la noche, cuando no podía pegar ojo y caminaba con los pies desnudos cerca de la casa del burgués que la tenía por propiedad. La única luz que había eran velas, pero a ella no le importaba ese detalle sino la música. Venía de un instrumento, eso pensaba. No sabía si de su pueblo, pero la canción que tocara su amo o quienes estuvieran con él la consideraba...

—Bella.

Siempre tocaban la misma todas las noches. Si no había nadie, comenzaba a bailar lentamente mientras la luna hacía de espectadora para ella. Solo esperaba a que el Sol se fuera para bailar y llenar ese vacío que muchos decían tener. No pensaba en el futuro, sino en el momento de mover las piernas, deslizar los brazos en un suave movimiento. La ayudaba a olvidar todas las angustias y en reforzar esa fe religiosa, por ello la mantuvo hasta después de haber perdido el privilegio como una esclava de ricos.

Fue el día cuando aprovecharon unos pocos para escapar y a ella la tomaron por la muñeca. Los pocos de su pueblo buscaban tener a los suyos más pegados posible, en búsqueda de no perder a los que quedaban. Una sensación así produjo la pérdida de muchos un día después, cuando grupos de guerrillas mataron a los hombres y tomaron a las mujeres. El pan de cada día pasó a hígados, comida putrefacta que causaba diarrea y deshidratación. Pero nunca olvidaba la canción; le evocaba a cuando era libre para expresarse cuando quería, a la idea de escapar. Pasaban años y seguían las vejaciones, maltratos y humillaciones pero no importó.

—Solo espero a que llegue el día.

—¡Claro que llegará!

La fantasía la aislaba de su entorno, al grado de olvidarse de que la otra chica de su edad gritó en espanto en cuanto un hombre de gran estatura decapitó en brutalidad a la mujer más adulta; le mordió una mano. Tras arrancarle la cabeza siguieron las apuñaladas a su espalda con fuerza, al mismo compás del terror manifestado en gemidos, sollozos horrorizados por la escena. Mientras, quien soñaba despierta observaba a la distancia. Se imaginaba a sí misma caminar lejos, no volver nunca. Ignoraba que en ese momento otro decidió violar a la otra chica. Penetraciones incesantes que causaban que gritara más al borde de sentir que quedaría afónica.

-¡Cállala, joder! Las otras no gritaban tanto.- No entendía lo que decían, pero que después sonaran disparos que cesaron los gritos daba más que entendido.

—¿He sido buena?

Miró a un lado por un momento, manteniendo una semblante embobada al contemplar los cadáveres. Uno de ellos todavía seguía siendo penetrado, pero ni se alteró por fuera; en su interior su corazón latía intensamente y la respiración era agitada. Al parecer llegó su turno cuando siguieron con ella el jugueteo sexual, entre carcajadas y sonrisas sádicas.

—¿Por qué hay tanta maldad en este mundo?

-¿Está llorando pero no grita, uh? ¿Le gusta acaso?

-Buff. Yo ya me vine. ¿Qué hago?

-No es divertido si no grita.

-Pero si le has disparado a la otra puta por eso.

-A ver, sí, pero porque tiene que ser algo medio.

-Mátala ya.

Vio de reojo, por el rabillo del ojo, cómo le cedían el machete a quien estaba encima de ella. El hombre lo acercó con lentitud hacia su garganta, facilitándolo al alzarle la cabeza para ello.

—Volveré a los viejos días donde bailo para la Luna.

Las carcajadas no cesaban mientras el río carmesí se desprendía del profundo corte de su cuello. Manchaba todo lo que en teoría debía abarcar su cabeza en el suelo, a la vez que sentía la frialdad de su cuerpo poco a poco. Sonreía muy dulcemente con las lágrimas secas en el rostro por el calor.

-HAHAHHAHAHAHA, PERO MIRA CÓMO SE DESANGRA, JODERRRRR.

-Tú sí que sabes cortar, no como el manco de Wolf.

-¿Qué has dicho, pedazo de puta?

-Bueno, he puesto los pies cerca de la puta a la que has rebanado y no me has manchado ni un poco.

—Bailaré.— deliraba mientras perdía la consciencia poco a poco, recordando por último la música del instrumento que no llegó a reconocer.

Creyó que era de su pueblo, lo cual de, alguna forma, la llenaba de orgullo pese a que nunca se hubiera inmiscuido en ese tema.

Lo último que vio fue la sangre abundante, llegando a irritar sus ojos. Sin embargo, no podía reaccionar.

NOVACHEK
Rango11 Nivel 51
hace 3 meses

Ufff.. Bastante fuerte, tiene sus dos toques fuertes. Lo dulce y frío.

Te hace demostrar el amor al arte músical, por un tiempo. Que suele ser eterno al fin y al cabo.

Pero es triste.

Me encantó tienes tu 10/10.