Gerardotezcatlipoca
Rango7 Nivel 33 (2116 ptos) | Autor novel
#1

CONTENIDO.

* El sin fin de la enemistad.
* La noche triste.
* El escarabajo dorado.
*
*
*
*
*
*
*
*
*
*
*
*
*
*
*

Hace alrededor de 2 meses Compartir:

1

7
Gerardotezcatlipoca
Rango7 Nivel 33
hace 20 días

Sé, que aún tiene muchos errores está caja, pero aún estoy haciendo la selección de los cuentos y los escritos, tomenlo como un borrador. Y ni hablar de los demás errores a resaltar. Esto es un juego, el juego de publicar.


#2

EL SIN FIN DE LA ENEMISTAD

Yasgo sentado en el hondo sillón, fumando. Ante mis pies corre un enorme escarabajo (de la familia de los coleopteros, su nombre viene del griego, es por sus alas que se cierran y se abren en forma de un estuche o más bien una caja). Doy una calada al cigarrillo y pisoteo al enorme bicho. -Esta misma tarde e leído de dichos insectos en la enciclopedia de Entomología. Hundo el cigarrillo en el cenicero, se apaga, como las luces. De pronto una enorme pinza me toma del cuello, la retiro bruscamente, pero otra se vuelve a abalanzar hacia mi, siento una gran desesperación, y no puedo respirar, en mi último intento de libertad, enciendo la luz. Por poco me extrangulo con mis propias manos.

Hace alrededor de 2 meses

0

5
#3

LA NOCHE TRISTE

Todos aquellos que vivimos en la provincia de Culúa, y en especial las grandes ciudades como Tenochtitlan, ya conocemos al comandante Hernán Cortés y hemos escuchado sus palabras, para el edificantes, de los planes que tiene para la gran Tenochtitlan, hemos visto las lágrimas de nuestra gente acudir a sus ojos, hemos visto como avasallan a nuestros jóvenes, hemos visto como nuestras tierras, ya fatigadas, son manoseadas por esa cultura impaciente, como recorren con cierto lujo sus armas que inspiran respeto. Yo sé, que es un adúltero, un ladrón de negros y asesino de ellos. Y sé, que muchas personas comparten el mismo sentimiento que yo; el sentimiento que he soñado; el gran sueño, donde capitaneo puebladas negras que también sueñan ahorcarlo.
Me duele confesar, que yo también he llorado al ver como mi cultura, que comienza a desaparecer, es apedreada y que tengo miedo de ello, pero me he armado de valor, junto con mi pueblo. Y con estas palabras rápidas, que escribe una mano nerviosa, doy a conocer mis actos y el por qué de este valor borracho al unirme con mi pueblo para de una vez por todas apearme a la batalla en contra de Cortés. Un día, que yo estaba sentado en un leño, mirando el camino andado esas horas, cuando vi acercarse un jinete en un caballo oscuro de buena estampa. En cuanto se acercó más, una sensación rara en mi cuerpo me inundó, me determine a quitarle el caballo. Me pare, le apunte con la onda y sin titubear en mi decisión arroje el proyectil con toda mi fuerza. El jinete, que era español, cayó, como caen los árboles al cortarlos y se puede notar que dejan de respirar al desconectarse de Coatlicue. Corrí al cuerpo, recorrí los bolsillos y encontré cuatrocientos maravedís y una cantidad de papeles que no me demore en revisar. Sus botas eran nuevas, flamantes, y me quedaban bien.
Las mías, unas sandalias echas de caña, estaban muy gastadas. Le abrí de un tajo el vientre, le arranqué las vísceras y lo hundí en el rio.
Así obtuve el caballo que preciso utilizar para la batalla en contra de Cortés.
Después de aquello que les relató, supe por poco que pudiera hacer, puede cambiar la historia de mi pueblo. Está noche saldremos con el tlatoani cuitláhuac y emboscaremos a los españoles en el Palacio de Axayácatl, y por si muero, que sepan que morí por honor y ya no debe haber más lágrimas en mi pueblo, es está noche, que le toca llorar a Cortés, está noche, será su noche triste.

#4

El ESCARABAJO NÓRDICO.

Un sólo hombre, una sola vez, vio al escarabajo dorado; el suceso se produjo en el siglo XVIII. El manuscrito de la historia original, se ha perdido, pero un bibliotecario, compañero mío, me ha podido enseñar una copia, que se puede leer claramente y conseguir una deducción de el.
William Kirby, un entomólogo, miembro original de la sociedad Linneana y miembro de la Royal society, además de sacerdote, a sus cuarenta y dos años había encontrado en algunos mitos nórdicos la descripción del escarabajo dorado. La lectura de estos mitos hizo que encontrará cierta similitud en estos escritos de entomología fantástica, con tres especies de cetonidos que se encuentran al Norte de Europa: el Cetonia aurata, la Potosia cuprea y la Liocola lugubris. Evidentemente para un entomólogo reconocido, esta similitud había sido simple acto literario o en todo caso, que todos estos, habían sido confundidos como uno sólo, en relatos populares. Pero a pesar de todos los arquetipos dentro y fuera de la realidad, acerca de este tipo de cetonidos, había un sentimiento de desazón dentro de los pensamientos de William Kirby, al sentirse atrapado por el conocimiento de la interpretación de lo que es real y lo que no es, y haber olvidado el sueño que nos impulsa a todos a la búsqueda. Por varios meses las lecturas de mitos nórdicos y de entomología fantástica fueron los libros de cabecera de William Kirby, además del insomnio -y si se me permite decir; la historia de piratas del escarabajo de oro de Edgar Allan Poe hubiera encajado bien para el señor Kirby. Más un día que el señor Kirby se encontraba leyendo una enciclopedia nórdica de entomología, entre unas de sus páginas se reveló la ubicación, extrañado ya que las similitudes entre los escarabajos ya conocidos se hallaban en Europa, y estas coordenadas: longitud: E 30° 0'0" latitud: S 20° 0'0" señalaban un pequeño país de África, llamado, Zimbabue. Sin pensarlo decidió ir a su búsqueda. Por varios días el calor abrasador y el sentimiento de derrota fueron sus únicos acompañantes. Había casi decidido abandonar su búsqueda cuando su esfuerzo fue recompensado. Oyó un ruido, un zumbido, pero no vio nada, mas adelante, guardo silencio y lo evadió, el zumbido se hacía más intenso. Llevaría mas de una hora jugando a esta especie de escondite cuando le avistó. Avanzando cautelosamente, a través de unas ramas floridas una forma dorada. Postrándose encima de una roca, guardando sus alas como un estuche e ignorando que era espiado, pudo verse por primera vez. Liso y brillante; las patas delanteras sobre las que estaba apoyado eran como árboles jóvenes. El enorme vientre de color oro, de la boca salían unas enormes pinzas que producían una especie de cantó que hacía vibrar el aire. William Kirby, miro maravillado aquellos ojos húmedos, aquellas sensuales vestiduras de un color oro que formaban su coraza. Entonces el escarabajo voltio el cuerpo, se detuvo, lo vio y se alejó, deteniéndose no muy lejos sobre sus seis patas, postrando su hermosura por última vez ante los ojos de Kirby, y cuando al fin se alejó, perdiéndose entre las ramas, no lo siguió. Hacerlo le hubiera parecido una injuria a la naturaleza y a la belleza de su libertad.

#5

...