Elayha
Rango15 Nivel 72 (30356 ptos) | Estrella de la editorial
#1

"Ten cuidado con la mujer abotargada, aquella de muchas caras y falsa piel, ten cuidado con aquélla que se cubre en un abanico, pues humano no es..... Ten cuidado con el hombre de negro, el ser sin piel. Él señor de mil rostros, el caos reptante es; aquel que tiene mil ojos. Pues uno de los cinco antiguos es."

Advertencias de un pequeño perro, para Ricardo.

Perú, Lima 2022.

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#2

Libro I: La Llave de oro

Hay solo dos llaves, pero solo una llave es la que importa: La primera es la llave de plata que te llevara a los dominios de Yog-Sothoth, donde Umr At-Tawil espera. El segundo es la llave de oro, la llave que guía al reino entre reinos, los dominios fuera de la jurisdicción de Umr At-Tawil y Yog-Sothoth. Encuentra la llave de oro, la llave y la puerta, la puerta que oculta el reino, el Reino que oculta la llave, el reino oculto de Oznargaih, el reino de Celefais, la
tierra de los sueños. Los dominios del rey Kuranes.

Prólogo

El Perro
La mujer abotargada.
Merly

#3

Y aquella fue la primera ves que llovió en Lima.

La lluvia era increíblemente ruidosa, la acompañaban truenos increíblemente estruendosos, la gente, sobre todo, la de San Juan de Lurigancho, no estaba acostumbrada a esta clase de lluvias: la lluvia se asemejaba a la abertura de una ducha.

Rodrigo pillado por sorpresa por aquella tormenta se apresuró para buscar un refugió, pero no había refugió alguno, corrió mientras la jodida lluvia le mojaba la poca ropa que llevaba. En aquel Febrero de 2020 debería hacer calor no frío, pero la naturaleza y extrañamente las nubes caprichosas parecían autoimpuestas a negarle el calor, de improviso pensó que extrañaba el sol ese húmedo calor de verano, se tapó con su polo rojo y corrió, bajo sus pies el agua acumulada por la lluvia chapoteaba, más allá como a unos 10 metros de distancia había una tienda, quizá podría refugiarse ahí, salto otro charco del medio de la pista; sin embargo,para su desgracia no logro rebasarlo su zapatilla jodidamente resbalosa le hizo resbala y cayó de espaldas.

---- ¡Ahh! ¡No me jodas! --- Grito en medio de la lluvia, intento levantarse, pero la zapatilla lo hizo caer, nuevamente como en el principio volvió a maldecir--- Zapatilla de mierda.

Esta ves con calma se levantó y justo en medio de la pista vio a un pequeño perro. El animal temblaba en medio del frío mientras seguía sentado, por un momento Ricardo lo observó, ver a ese animal en la misma condición que la de él se encontraba le trajo un vago recuerdo de que a pesar de todo estaba solo al igual que aquel pequeño. En la universidad no tenía amigos, era poco sociable a duras penas podía hablar con una chica, de hecho cuando estaba con una se le generaba un nudo en la jodida garganta y un extraño hundido en el estómago que le hacía pronunciar las palabras de modo inconexo, como si su cuerpo se negase a pronunciar algún buen chiste y para el colmo, lo que mas le jodía era que sus supuestos compañeros de clase le llamarán el salvatrucha, el Gilberto, y entre muchos otros apodos que preferia no recordar.

"Desahuevate". Le había dicho una ves uno de sus compañeros de clase, un chico llamado Kent Escarsena, un afanador, experto con las chicas y que, como cereza para el pastel era el más guapo de toda su clase. El chico era su único amigo, el único que tenía.

Los demás eran unos imbéciles, que si bien podían ser hipócritas también otra cosa muy distinta con él. Sin embargo, en esos momentos disipo sus pensamientos, y se centró en el animal que tenia ahí en su delante. Avanzo, se fijo que no hubiera ningún carro que le interfiriera el camino y corrió a recogerlo, al principio el pequeño animal se asusto retrocedió, pero cuando se percato de que aquel joven no quería mas que ayudarlo movió la cola y se dejo recoger; Ricardo lo acaricio mientras lo colocaba en su pecho.

Ricardo corrió y se dirigió hacia la sombra que había debajo de la pista de tren. Rodrigo no lo sabía por supuesto, pero aquella acción cambiaría un suceso en su vida de manera increíble y que para su suerte, o mejor dicho para la suerte de la tierra: cambiaría el destino de toda la humanidad.