Jesght
Rango11 Nivel 53 (8008 ptos) | Artista reconocido
#1

Todo empezó una tarde de verano, la tarde en la que encontré la caja. Ella había muerto hace unos pocos años, pero el papeleo había durado más que su agonía, y recién ahora podía revisar lo poco que quedaba en su vieja casa. La chapa giró con un chirrido lleno de nostalgia, y la puerta se abrió.

El salón principal estaba cubierto por una fina capa de polvo. Los muebles estaban ocultos por mantas blancas, así que decidí dejar su revisión para después: no quería levantar todo el polvo acumulado descubriendo cada uno de ellos. Avancé con cuidado. De la cocina no quedaba nada, los parientes se habían llevado todos los artilugios de valor. Malos recuerdos amenazaron con volver a mi cabeza, así que fui donde realmente me interesaba: el ático. Era un sitio de escondites, un sitio de juegos, un sitio de memorias que eventualmente se perderían.

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#2

El polvo era mucho más grueso. Parecía como si nadie hubiese entrado en años. Me cubrí la boca y avancé. Si recordaba bien, cerca de la ventana había un velador. En el tercer cajón, que parecía atascado, había una caja. La caja que mi abuela me prohibió abrir, cuando la encontré. Ese era el tesoro que quedaba en la casa, y era mío, mío por derecho, mío por obligación. Me la llevé.

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#3

La traje a mi casa, primero, pensando en abrirla cuando estuviera a mis anchas. Sin embargo, asuntos imprevistos me impidieron siquiera pensar en ella. Poco después de dejar la caja en mi escritorio, sentí que tenía arena en mis pulmones, y empecé a toser incontrolablemente. Estaba aturdido en el suelo cuando me encontró mi vecina, que me llevó a un hospital.

Pasé un día entero dormido. A pesar de que me dieron de alta (sin antes gastar todos mis ahorros en pagar la cuenta), me sentía débil y afiebrado. Me dijeron que fue una reacción alérgica al polvo, cosa que nunca se había manifestado antes. Cuando le pregunté por qué había dormido por 24 horas, el doctor se encogió de hombros, pero me aseguró que no habían detectado ningún efecto permanente.

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#4

Desde ese día, mis noches estuvieron plagadas de pesadillas. La voz de mi abuela, repitiendo que no tocara la caja, que no la abriera, se repetía mientras caminaba por una casa que parecía la suya, sin serlo. La oscuridad se extendía por los pasillos, como si se moviera, y el ático se alejaba mientras más trataba de alcanzarlo. Despertaba poco después, tosiendo polvo, o lo que sentía que era polvo, pero que no era nada cuando abría los ojos.

¿Por qué pasaba todo esto? ¿Lo causaba lo que estaba dentro de la caja? Pero no podía abrirla, no podía, las palabras se intensificaban, las palabras retumbaban en mis oídos. Tenía que hacer algo, devolver la caja, devolverla donde estaba originalmente…

Pero ya no estaba en mi escritorio.

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Anthe
Rango8 Nivel 39
hace alrededor de 2 meses

Muy interesante. Atenta a la siguiente caja :)

Jesght
Rango11 Nivel 53
hace alrededor de 2 meses

@Anthe ¡Gracias por leer! Intentaré mantener el ritmo.


#5

La busqué por todas partes. Con calma, al principio, pensando que quizás la había movido sin darme cuenta. Luego, con desconfianza, no queriendo creer que ya no estaba. Finalmente, con desesperación. Abrí todos los cajones, di vuelta todos los closets, hasta que ya nada quedaba sin revisar. Había desaparecido.

¿Cómo podía devolver lo que ya no tenía? Los sueños seguirían, estaba seguro. Mis pulmones, llenos de polvo, seguirían haciéndome tocer. ¿Qué pasaría después? ¡¿Qué?!

Golpeé el suelo con frustración, con furia, con desesperación, y sentí algo en los dedos: Había golpeado a la caja. Y ahora estaba abierta.

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#6

La sangre se congeló en mis venas. Todavía recordaba esa voz, esos sueños repetidos, la arena, tanta arena. Pero la curiosidad fue mucho más fuerte que el miedo. Miré a la caja. Estaba vacía.

¿Era todo imaginaciones mías? ¿La caja siempre estuvo vacía? ¿Era solo un engaño de mi abuela para que no tocara sus cosas? Tantee en el suelo, quizás algo había caído por el golpe. Aferrado a esa limitada y quizás falsa esperanza, seguí buscando. Finalmente, sentí algo. Se sentía como un papel frío. Lo levanté. Era una fotografía, pero no podría verla en la oscuridad.

Con el corazón queriendo salir de mi pecho, busqué torpemente el interruptor. Click. La luz me dejó ciego por unos segundos, pero cuando al fin pude ver de nuevo miré a la foto y…

Hace alrededor de 2 meses

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#7

Hubo un tiempo en que las cosas eran más simples. Juntas familiares. Misas los domingos. Discusiones banales. Conversaciones aburridas, pero obligatorias. A veces, incluso, se reunía la familia entera. Un universo de personas incompatibles simulando que lo eran, simulando que es posible llevarse bien entre todos, que estas actividades eran significativas, que el cariño que demostrábamos era genuino. Estoy seguro, incluso, que algunos se lo creían. Obviamente, no podía faltar la foto. De otra forma, ¿Cómo era posible acreditar que todos éramos felices juntos? Luego, el flash de una cámara antigua. Las sonrisas de todos. El marco de un cuadro falso.

La sonrisa de la abuela.

Hace alrededor de 2 meses

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#8

Y la mía. En centro de la foto. La caja yace abierta en el suelo. Y yo siento como si estuviera fuera del tiempo. Pero pronto, me quiebro. Mis ojos se llenan de lágrimas. ¿Existe algo de legitimo en mi sonrisa falsa? ¿Es posible simular y ser a la vez?

Solo ella podría explicarlo. Solo ella escondería esta foto en aquella caja, sabiendo que sería yo quién la abriría. La extraño. La extraño tanto que siento que me ahogo en un océano de arena. Las lágrimas tocan mis labios, y puedo respirar de nuevo. Sé que es un recuerdo falso. Pero quizás eso es mejor que ninguno.

Guardé la foto de nuevo en la caja, y la cerré, sin ver que en fondo todavía quedaban algunos granos de arena.

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