Rubedo
Rango12 Nivel 56 (10708 ptos) | Ensayista de éxito

¿Cómo se vería la vida a través de los ojos de alguien que siempre ha estado debajo de una eterna nube de lluvia?

Felicidad, diversión, apego, emoción, amor, son sentimientos de los cuales ella nunca ha disfrutado y mucho menos sentido que es merecedora.

Donde todo es visto como un error, como una falla, y que la principal causa es ella misma. Así es la vida de Lucy, una chica que intenta brillar tan fuerte como puede, pero similar a la luz de una vela, ella está a punto de extinguirse.

El descenso al infierno nunca fue tan divertido.

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#2

Capítulo 1:
mi error.

–Odio mi vida.

Sé que no debería decir eso, pero no puedo evitar pensar que, en lo cierto de esas palabras, aún a pesar de que creí durante años que mi vida era valiosa.

Desde niña, lo sabía. Cuando mis padres peleaban por quién había comido el dulce de la nevera, por quién no había hecho las tareas, por quién no sacaba buenas calificaciones. Yo lo sabía, siempre fui yo, yo el estorbo, solo bastaba con ver la mirada de papá.

«–¿Cuándo piensas hacer algo bien?» me decía en aquel entonces, y no sabía qué responder, nunca lo supe.

Cuando jugaba con los niños de mi clase y me ponían en su grupo, sabía que ellos me odiaban, porque de seguro sería un estorbo, cuando perdíamos sabía que era por mi culpa, que por el simple hecho de no ser buena en esto me convertía en una carga, no importó lo mucho que lo intenté, siempre fracasé.

Nunca destaqué en lo académico, ni en lo deportivo, en lo único que alguien alguna vez dijo que era buena era dibujando. Me dijo: «–Oye, lindo dibujo… ¿Me lo regalas?»

Creo que fue el único momento en mi vida hasta ese momento donde alguien me eligió por algo que había hecho, me puse tan feliz. Así que se lo di, pasaron los días, y volvía a venir y me pedía otro dibujo, y otro y otro. Fue así como por una semana.

Hasta que un día entré al baño de chicas y al ver en la papelera vi mis dibujos llenos de mierda, fueron usados para limpiarse. En ese momento entendí que eso era exactamente lo que valía mi arte, para limpiarse con él, una completa basura.

Se lo conté a mi mamá, intentó ayudarme, pero una voz en mi cabeza siempre me decía cada vez que ella se acercaba:

«– No te lo mereces, ¿quién te crees tú para pensar que mereces la buena voluntad de alguien? Tienes que valerte por ti misma.»

No quería molestarla, de seguro dejaba de hacer cosas importantes para ella por intentar consolar mis lloriqueos, maldita niñita llorona.

¿Por qué no haces nada bien? ¿Acaso no eres capaz de enfrentar tus propios problemas y tienes que molestar a otros con ellos? ¿Por qué no te mueres?

Aquellos pensamientos purulentos como nubes negras venían a mi cabeza cada vez que ella con su sonrisa cálida intentaba parar mi llanto, hasta que un día simple le dije.

–Estoy bien– la mentira más mordaz que he dicho, que decimos todos, pero siempre la repito, prefiero que nadie sufra mis molestias a arrastrarlos a este pantano llamado “mi vida” pidiendo ayuda.

Al principio pareció reacia a créeme, pero lentamente mi mamá dejó de insistir.

Me guardé muchas cosas para no molestar, en las raras ocasiones en la que mediaba palabras con mi mamá me decía:

–Lucy hija, ¿por qué nunca me hablas sobre ti?

A lo que yo siempre respondía con un “no lo sé” y reía falsamente.

Siempre quise decirle todo sobre mí.

Pero, ¿cómo le digo a la persona que me dio la vida que me quiero morir?

Miré hacia arriba y el cielo se oscureció más rápido que de costumbre, nubes negras se amontonaron a mi alrededor hasta donde llegó mi vista, a veces siento como si viviera en un eterno día de lluvia.

Y yo soy de papel.

Romahou
Rango18 Nivel 89
hace 2 meses

Dentro de su contundencia fina, la frase que cierra es brutal.

Don_Diego
Rango13 Nivel 61
hace alrededor de 1 mes

Wow. Bien ruda la caja.

Mayly_AlwaysStrong
Rango6 Nivel 25
hace alrededor de 1 mes

Es duro cuando te identificas con algo así.
Por cierto, enhorabuena.


#3

Capítulo 2:
Principio del día.
Medio día.
Final del día.

Se siente extraño, mis pasos se sienten pesados como si mi ropa fuese un lastre, pero mi ropa está seca, no entiendo por qué la idea de ir la universidad fuera tan difícil.

Camino por calles y los callejones, llegar a la universidad no es difícil, me queda relativamente cerca pero cada metro que recorro se sienten kilómetros en mi cuerpo. Tal vez se deba a mi precaria condición física o que comí muy poco esta mañana no lo sé, solo sé que ya emprendí mi camino a la universidad, y ya no puedo detenerme.

… O tal vez sí.

«–Oh, un perro.»

Digo para mis adentros, es el mismo perro de la misma calle que ha estado ahí toda la vida, hasta la gente de los alrededores le dieron un nombre, pero como nunca les he preguntado no sé cuál es.

Es una excusa, la misma excusa que uso siempre, no debería escaparme usando como pretexto un perro solo como pretexto mental. Pero suena tan plausible en mi mente, como si fuera el camino más lógico a seguir.

Me entretengo a mí misma viendo al perro, me acerco poco a poco casi al acecho, pero como siempre el perro huye. Ni siquiera un perro me acepta, intento extender mi mano a hacia él pero este hace un gesto con la nariz y sale corriendo. Maldita sea, sin necesidad de decir una sola palabra pudo darse cuenta de que no era conveniente juntarse conmigo siquiera para recibir afecto.

Sigo caminando, entro en un parque en las cercanías, recuerdo si tengo alguna evaluación en la universidad, pero no logro recordar nada, tal vez no. Lo dejaré así por ahora.

Camino y camino, el ruido del viento moviendo las hojas de los árboles, las veo caer al suelo lentamente, como se desprenden de su árbol que les da la vida y caen para luego con el tiempo se pudran, tengo más en común con la naturaleza o más bien, con hojas de un árbol de lo que pensé.

La naturaleza no juzga, solamente actúa, es el ciclo natural así que lo aceptas. Me he dado cuenta de que si hubiese sido una flor ya me hubiese marchitado hace mucho y lo aceptaría porque así tenía que ser. Es tan difícil despegarse de la vida, pero a la vez tan fácil fantasear con la idea de acabarla, jugar con ella como si fuese un juego, un chiste, algo risible.

Y cuando llega la hora, solo hay temor. Temo porque no sé y porque aún me engaño que hay algo que tengo que hacer.

*Dong* *Dong*

Es la campana de la iglesia cercana, significa que son la 1:00pm, las clases generales ya comenzaron, debo darme prisa.

Llego a la universidad, el vigilante me observa de reojo y me da una mirada de arriba a abajo, ¿pensará que soy algún nuevo ingreso? Es mi segundo semestre ya debería conocerme. Aunque también circulan muchos alumnos, y que se diga de que llame la atención.

No le doy mayor importancia, me dirijo a mi aula en segundo piso si no recuerdo mal, ya han pasado treinta minutos desde el inicio de las clases así que ya debería haber avanzado algo.

Deben estar concentrados en la clase, cuento con eso, quiero entrar como un fantasma y sentarme sin que nadie pueda darse cuenta, abriré la puerta en silencio y entraré como gotera en techo de madera.

Me paro frente a la puerta, mi corazón se acelera, ¿y si se dan cuenta? ¿Y si me miran con disgusto? ¿Dirán quién es esa tipa y qué hace ahí?

No tiembles, hasta cuándo serás tan patética, tan jodidamente inútil, si no puedes abrir una puerta, ¿qué te esperará después?

«–Vamos, tú puedes.»

Coloco mi mano en el pomo de la puerta, intento girarla, pero mi mano no quiere, mis piernas se mueven solas, mi cuerpo se mueve solo, ¿hacia dónde voy?

No, si lo sé, estoy huyendo, me engañé otra vez y mi cuerpo dejó de estar en la puerta del aula a dirigirse a la azotea, a estas horas no debe de haber nadie, ¿cierto?

Claro que lo sabes cobarde asquerosa, siempre vas allí, aquí es a donde siempre huyes.

Ya en la azotea, veo a los lados y no hay nadie como supuse, busco un lugar donde quedarme y no ser vista.

Okey, puedo esperar un rato más hasta que termine esta clase, total, así no los interrumpo con mi presencia al entrar, si ahuyenté a un perro sin decir nada, imagina lo que podría hacer si se me ocurre hablar.

Mejor me siento, sí… me sentaré aquí un rato, es un buen lugar, ¿verdad?

El viento está soplando levemente, ojalá fuera de papel y me llevase lejos de aquí, hasta algún río y me ahogase allí en silencio, que me lleve la corriente.

Se me cierran los párpados, ¿tengo sueño? Pero dormí hasta tarde, no debería tener sueño. Tengo miedo, mi corazón se acelera.

Y si no es sueño, ¿será que ya mi cuerpo no lo soportó? Fui una idiota, exageré, mi cuerpo no soportó tanto tiempo sin comer y comer de golpe combinado con esa caminata me pasó factura.

Mis piernas tiemblan, no puedo pararme, ¿moriré aquí?

Bueno, eso es lo que quiero… ¿no?

¿Por qué no quiero aceptarlo? vamos, déjate caer y dormir para siempre, no es tan difícil.

Es como quedarse dormido dicen, ¿será cierto? ¿Qué me espera más allá?

¿Por qué estaré pensando en todo eso? Es solo sueño.

Sí, solo sueño, solo sueño, solo sueño, solo sueño, solo sueño, solo sueño, solo sueño, solo sueño, solo sueño, solo sueño…. ¡NO QUIERO DORMIR!

Tengo miedo no quiero dormir, ayuda por favor solo esta vez.

«–... No necesitas ayuda, la ayuda es para quien la merece, basura.

»–¡¿Quién eres?!

»–Tú.

No puedo decir nada, de mi boca no salen palabras, ni ruidos, estoy silenciada.

»-No pidas por ayudar maldita, ¿para qué la quieres? ¿Para volver a intentar matarte? Vive con tu culpa, y muere sufriendo, morir jamás será igual que quedarte dormida, ¿me oyes? ¿Tienes miedo? ¿Te temes a ti misma? Patética, basura estorbosa, por qué no mejor te lanzas de una azotea y listo, cumple con tu cometido, pero no lo harás, porque le temes a vivir pero no lo suficiente para morir, despreciable».

Intento negar con la cabeza, pero mi cuello no articula como si lo sujetarán.

»–No olvides ni por un momento para lo único que has venido al mundo, para ser un incordio, puedes odiarte, golpearte, cortarte, morderte, mutilarte, eso ayuda a hacer más ameno el viaje aquí, nos vemos.

Me despierto de golpe, estoy sudando demasiado, estoy llorando, miro mi celular, solo han pasado diez minutos desde que llegué aquí, toco mi ropa.

Me oriné del miedo, patética, totalmente patética.

¿Ahora qué hago? ¿Corro al baño? ¿Y si alguien me ve y se da cuenta de la ropa mojada? El olor es asqueroso.

«–Maldita sea, maldita sea ¡maldita seaaaaaa!»

No maldije mi mala suerte, me maldije a mí.

Golpeo mi rostro, una y otra vez con la mano cerrada, sin dilación, duele horriblemente, pero es un dolor que me merezco, ¿por qué doy tanta pena?

Lo hago por un rato, tengo mi mano roja ya, no quiero ni imaginar mi rostro, me duele horriblemente la mejilla y la órbita del ojo derecho. Creo que con esto bastará por ahora hasta que llegue a la casa.

Solo esperaré aquí, hasta que todo acabe, espera.

Ideas felices, pensamientos felices.


#4

Capítulo 3

Manejo de la ira.

Hace bastante tiempo intenté algo que muchos considerarían imperdonable, pero a mis ojos era el curso más normal de eventos, parecía fácil, la idea estaba allí, es fácil suponer que sabes cómo resultarán las cosas cuando tienes un disque plan a la mano, pero cuando sucede exactamente como no esperas que pase todo se va a la mierda muy rápidamente, así fue cuando me corté por primera vez.

En teoría era sencillo, un corte no muy profundo para no llegar a la vena pero si lo suficiente como para sentirlo, cada corte es como liberar presión en mi cabeza y pecho, se siente como si fuera un reactor en medio proceso de fusión.

Hay que abrir las válvulas para que salga la presión o de lo contrario adiós Pripyat.

Pero aquella vez me di cuenta de manera poco conveniente que no se me da muy bien controlar mis impulsos cuando estoy sola o cuando creo que nadie me ve.

Cuando me corté por primera vez pensé que lo había hecho bien, era un corte limpio horizontal en la muñeca, se sintió bien, pero después de unos segundo aquel corte que debió sólo dejar una pequeña mancha empezó a sangrar profusamente, cada vez más y más a la vez que sentía que con cada palpitación de mi corazón este dejaba escapar un suspiro de mi vida.

El rojo oscuro de la sangre asusta. Y más aún cuando es tu sangre y sabes que fue tu culpa.

Entré en pánico, un pánico horripilante, pero de mi boca no salieron gritos de ayuda, a pesar de que en mi mente la idea apareció me mordí los labios muy fuertemente, tan fuerte que me rompí el labio inferior.

Busqué desesperadamente alguna manera de detener el sangrado, intenté con pañuelos húmedos que tenía en la repisa, pero nada detenía y me empecé a marear, veía las cosas excesivamente brillantes y comencé a tambalearme, la idea de coger mi engrapadora y engraparme la herida cruzó por mi mente pero el sentido común me dijo que no debía intentar algo tan tonto aún estando sumida en el pánico.

Cuando miré el suelo, estaba todo enrojecido, la sangre se había extendido por todas partes, manchado la cama, las marcas de pisadas en el suelo, la alfombra afelpada de color blanco ahora tenía horribles diseños abstractos de color rojo. El shock de ver esa escena me hizo retroceder y por mi misma sangre me resbale cayendo de lleno al suelo, golpeando mi cabeza contra la pared, fue un golpe seco y contundente. De un momento a otro todo se oscureció.

Había quedado inconsciente. Es curioso, del golpe a perder la conciencia fueron tal vez solo un segundo, pero fue tiempo suficiente para que dentro de mí cabeza surcaran mil preguntas.

¿Moriré? ¿Así acabará todo? ¿Pude haber hecho algo para evitarlo? ¿Me encontrará mi madre o mi padre? ¿Cuánto tiempo pasará hasta que me encuentren muerta? ¿Llorarán por mí? ¿Alguien lo hará? ¿Cómo será morir? ¿Dolerá? ¿Habrá alguien esperándome del otro lado? ¿Existirá un dios? ¿Él habrá querido que terminara así? ¿Me trajo a este mundo a sufrir? ¿Me lo merecía? ¿Debí seguir intentando?

Tantas preguntas y no pude responder ninguna. Y lentamente, me adentré al abismo.

Un abismo donde no había nada, una penumbra absoluta, un vacío inconmensurable, una nada que se solapaba con capas de miedo, soledad, pena y yo en el medio flotando a la deriva, se sentía como estar sumergida en un océano sin corrientes ni temperatura.

¿Dónde estoy?

Me pregunté, esto podría ser un producto de mi imaginación o al contrario, era precisamente el infierno. No podía siquiera pensar en moverme, toda esta escena me abrumaba y sentía que lloraba, pero mis ojos no estaban vidriosos. Solo podría estar quieta allí.

Pero algo dentro de toda esta demencia interna parecía coronarse como la ganadora entre todas, una sensación que desplazaba todo lo anterior que sentí aquí y lo sentido hasta el momento en mi vida, la sensación de ser observada.

Algo, no sé qué, no sé dónde, me observaba. Una sensación inimaginablemente desagradable, masiva, algo gigantesco me observaba y no parecía conformarse con eso, sino que su mirada la sentía cada vez más y más cerca.

Hasta el punto que sentía mi corazón y cada pulsación nítida retumbar en mis oídos, se aceleró y parecía que entraría en cualquier momento en una arritmia. No veía absolutamente nada, pero aquello lo sentí justo en frente de mí, hasta creí que podía tocarlo si extendía mi mano, me devoraba con su mirada y al mismo tiempo me sentí cautivada por la idea de que existiese un lugar así, tal vez dentro de mí.

No sé cuánto tiempo habré pasado en ese lugar, sentí que fueron días, sino horas o minutos, tal vez años no lo sé. Se sintió simplemente eterno.

Pero pareciendo como si me extirparan de este lugar, de un momento a otro la oscuridad de manera estrepitosa desapareció y siendo encandilada por una luz blanquecina que hizo cerrar mis ojos pero aún con los párpados cerrados esta luz seguía impactando en mi retina.

Entonces se hizo más y más tenue, hasta que logré abrir mis ojos, y una habitación blanca se mostró frente a mí. Un olor aséptico impregna el lugar y paulatinamente me di cuenta del lugar donde estaba, la habitación de un hospital.

No me podía mover, ni siquiera inclinarme para quedar sentada. Cada extremidad, cada centímetro de mi cuerpo se sentía ajeno a mí, como si no me perteneciera.

Lo único que aún parecía ser mío era mi cabeza, que incliné hacia ambos lados registrando el lugar.

Ver la intravenosa desde un lado de la cama ir hacia mi antebrazo me dio una sensación incómoda y a la vez familiar. No fue la primera vez que entraba en un hospital ni será la última.

Incliné lo más que pude mi cabeza para lograr ver mi muñeca, como esperé habían vendas gruesas que la cubrían y daban la sensación de ser esposas.

«– Oh, mierda. Que mala idea.»

Con esto aprendí a que debo ser más cuidadosa. Busqué con la mirada a mis padres, pero no los vi por ningún lado, solo estaba yo en el cuarto yo y el silencio que me rodea.

Maldije mi situación, de haber sido más cuidadosa no me hubiera medio desangrado en mi habitación, y si de todos modos hubiese tenido que suceder, ¿por qué mierdas hiciste tanto ruido? Simple inútil, si te ibas a matar hazlo silenciosamente, casi lo conseguí, pero al último momento me asusté y perdí el equilibrio, si tan solo en vez de caer hacia atrás en su lugar hubiese sido hacia delante en mi cama no se escucharía nada, y moriría en silencio.

Pero no fue así, tengo seguro funerario, pero no recuerdo si también médico, así que ahora estoy siendo aún más carga de lo que era, todos los gastos siendo pagados por mis padres simplemente que asco de persona soy.

Empecé a llorar, pero en silencio, entre sollozo esta vez la vista si se volvió borrosa y pensé incluso en morderme la lengua y ahogarme con la sangre, aprovechar que no podía moverme e intentarlo una última vez, pero no tuve la fuerza de voluntad para intentarlo.

Así que me limité a solo llorar silenciosamente y sumergirme en mis pensamientos, y uno de ellos vino a mi mente inmediatamente. El océano oscuro y la cosa que me observaba.

Era difícil dilucidar que pueda existir un lugar tan oscuro dentro de mí, y de manera opuesta estando aquí en esta habitación, rodeada de tanto brillo.

¿Habrá alguna vez un momento donde pueda brillar así en mi interior?

Y una voz en mi cabeza hizo articular una simple palabra en mis labios.

–No.

Romahou
Rango18 Nivel 89
hace 2 meses

Ese "algo masivo y gigantesco" me ha sobrecogido.
Lo siento demasiado cercano...

Rubedo
Rango12 Nivel 56
hace 2 meses

Son sensación puras de mentalidades manchadas


#5

Capítulo 4
Vacuo

Llego a casa.

Cuando abro la puerta, esta rechina anunciando mi llegada.

Para nada, porque de todos modos aquí no hay nadie que me reciba, un ambiente totalmente vacío.

Abrir las ventanas y las persianas no cambian nada, el ambiente siempre se mantiene lúgubre, el aire se estanca. No hay ambiente más incómodo en el cual estar que en mi propia casa.

Quiero salir, pero no he comido nada y me siento mal. Me duele la cabeza y parece que tengo indicios de fiebre, apenas empezaron las clases y ya se manifestaron en mí convenientes excusas para no ir.

Las piernas me duelen, la carrera desde la escuela hasta aquí fue intensa, el olor a orine se volvió más intenso, pero ya se secó así que voy a bañarme, tal vez un baño me relaje y más tarde me ocuparé de la ropa sucia, tal vez.

Cuando camino por el estrecho pasillo de camino al baño y visión se vuelve borrosa momentáneamente y mis piernas flaquean. Casi me caigo, pero me apoyo de pared y evito caer de lleno al suelo. Toco la pared con la yema de mis dedos y está bastante fría es una sensación desagradable, me quedé ahí durante breves segundos.

Y luego me desmorono. Me recuesto en la pared y me agacho en posición fetal para empezar a llorar.

Llorar y llorar, es lo único que puedo hacer, lo único que sé hacer. ¿Por qué? ¿Por qué mi día terminó así? De manera tan miserable, para una niña de primaria hubiese estado bien, pero para mí, orinarme como una estúpida por un sueño y para colmo en la maldita universidad.

Solo espero que nadie me hubiese visto, pasé cerca de varios alumnos camino de vuelta. ¿Y si oliendo algo raro? ¿Se habrán dado cuenta? ¿Mañana llegaré y me apuntarán con el dedo diciendo que me oriné? No lo sé.

No lo sé. No lo sé. No lo sé. No lo sé y tengo miedo, mucho miedo.

Intento pasar desapercibida, y esto fue groso error de mi parte. Que no me miren, si me ven mañana no lo soportaré. Podría faltar unos días, ¿cierto? Nadie lo notará, así cualquier duda pasaría colada.

No, si alguien duda y de repente dejo de ir solo sería más sospechoso, tiene que haber otra manera. ¿Y si simplemente voy como si nada? Voy aparentar que no pasó nada y si me preguntan si sé algo sobre la persona que orinó en el techo flagrantemente solo diré que no sé nada de manera natural. Es simple.

Pero espera, ¿y si ya lo saben? ¿Y esperan al ver mi reacción para ver qué tan cínica puedo ser? Estarán solo jugando conmigo y ver qué tanto puedo mentir hasta caerme con mis propios argumentos. Piensa maldita sea piensa.

Comienzo a comerme las uñas, muchas ideas pasan por mi cabeza, pero las descarto rápidamente, demasiado obvia, muy tonta, exagerada. Cada una es inservible.

Empiezo a desesperarme y a clavar mis uñas de mi mano libre en mi pierna, si tan solo se me ocurriera algo mejor.

Un momento, ¿no estaré pensándolo demasiado? Creo que le estoy dando demasiadas vueltas ¿no? Es una tontería a la que nadie le hará caso ¿cierto?

Siendo esto un hecho risible, ¿por qué le doy tanta importancia? Cualquiera pudo hacerlo hecho, es más factible apuntarle hacia aquellos alumnos mala conducta como un acto de vandalismo que a mí, una alumna que no tiene ninguna razón para hacerlo y que probablemente nadie sabe de quien se trate. Inclusive si alguien me vio, nadie sabe quién soy, ni en qué salón estudio y mucho menos mi carrera, no saben absolutamente nada soy un fantasma, inaudible, invisible.

Así que solo debo acostarme en mi cama, acurrucarme y esperar al día de mañana, y al siguiente a ese, y al siguiente, y así sucesivamente.

Mi cuarto se siente más frío de lo usual, camino en dirección a la cama y cada paso duele, las plantas de mis pies arden, no estoy acostumbrada a correr y mi condición es deplorable. Pero así ha sido desde hace años así que es lo de menos, en realidad no me molesta ya que así soy, así nací.

Me dejo caer en la cama como marioneta cuyas cuerdas han sido cortadas, me meto debajo del edredón y me di cuenta que mi cuerpo no se movía.

Mis piernas ni se mueven, mis brazos tampoco, intento moverlos, pero se niegan a reaccionar. ¿Será producto del cansancio? Tal vez mi cuerpo ya no se quiere mover y solo desea quedarse aquí, donde se siente seguro, a salvo del mundo exterior que lo agobia, lo maltrata, lo deprecia. Desarrolló mente propia ajena a mis deseos y como era de esperar no está de acuerdo conmigo.

¿Qué hora debe ser? ¿A qué hora despertaré? ¿Siquiera lo haré?

No me importa justo ahora, solo quiero dormir.

#6

Capítulo 5
Dosis de poder. (parte 1)

Abro mis ojos y no veo absolutamente nada, muevo la cabeza fuera del edredón y está oscuro por todas partes, ni los más ligeros atisbos de luz entraron por mis retinas así que solo estoy aquí, contemplando la oscuridad.

Cuando uno despierta hay ligeros momentos en los que uno se replantea la razón de porqué lo hace, si volver a dormir o tener la fuerza de voluntad suficiente como para levantarse y reiniciar el movimiento. En mi caso no es ni uno ni otro ya que solo “estoy”.

Mis ojos gradualmente fueron acostumbrándose a la oscuridad, una mesa pequeña, un cuadro, un televisor, muy gradualmente se volvieron a penas visibles.

Inclino mi cabeza en dirección a mi ventana y veo, muy a lo lejos, casi indistinguible una pequeña luz.

Hay ocasiones que cuando veo algo quedo enganchada hacia ese algo, puede ser cualquier cosa y a la vez nada. Investigué en internet a ver si se trataba de algún tipo de trastorno o algo por el estilo y al no encontrar mayor información a que era algo “común” decidí en aquel momento indagar por mis propios medios en mi ser.

Y llegué a la conclusión de que no lo entendía, pero es inequívocamente placentero, es perderse viendo hacia la nada y mi cerebro es casi como si me impidiera ver otra cosa que aquello que capta mi atención sin sentido.

Esta idea pasa de un lado a otro en mi cabeza mientras veo aquella luz a la distancia, la luz se volvía más brillante en ocasiones y en otras parecía que desaparecería, se tambaleaba y titilaba, en definitiva, era una luz muy extraña, similar a la llama de una vela, pero es imposible que lo sea, ¿verdad?

Y entonces de un momento a otro se desvaneció. Mientras la veía una idea llega a mi cabeza y esta empieza a hacer eco cada vez más y más fuerte.

Esa luz es como las personas, es como yo. Voluble, pequeña, casi imperceptible en medio de un mar, pero en medio de la oscuridad esa pequeña luz da esperanza, es cálida, hasta la más leve brisa puede hacerla tambalear, pero se esfuerza para mantenerse aun enfrentando las adversidades. Ilumina todo a su alrededor dando vida, pero de un momento a otro y sin razón puede apagarse y ahí acaba todo.

Algunos se las arreglan para sonreír en los momentos difíciles, otros se levantan y gritan para si mismo “no me rendiré”, inclusive hay aquellos que se ríen de si mismos alegando que lo que acaba de pasarles es una tontería y que si no eres capaz de reírte de ti mismo entonces, ¿cómo pretendes mirar hacia delante sin miedo?

¿Cómo pueden brillar tan fuerte? ¿Ser tan cálidos? envolver todo su alrededor con esa luz, y que parezca tan fácil.

Solo puedo pensar en una respuesta. Son falsas.

Nadie puede brillar así de manera natural, todos son luces artificiales como los de un farol en la calle o como el quemador de una cocina. Si en verdad las personas pueden ser así naturalmente o pueden llegar a serlo entonces, ¿por qué yo no puedo?

«–Porque estás maldita, por tu odio.

–Claro que no, yo no odio a nadie.

No, no empieces ahora, no empieces a agobiarme.

»–Entonces ¿por qué dudas de la felicidad de otros? Cada quién brilla a su manera, simplemente tú no eres capaz de brillar así porque ya tu luz está a punto de apagarse.

– ¿De apagarse? No lo creo, así no lo quiero.

»–Pues te darás cuenta querida, que tu opinión es la que menos importa aquí, ¿cómo esperas brillar si quieres pisotear la luz de otros? Robárselas, como si estuvieras el derecho. Si de lo único que tienes derecho tú es a morir como perra”.

Entiendo, tiene razón, no puedo brillar como ellos, porque nadie puede hacerlo, ni el sol que brilla tan esplendorosamente, siempre se verá ensombrecido por la oscuridad que lo envuelve.

Debo salir un rato, siento que me ahogo, no puedo respirar bien, el aire se siente muy denso y asqueroso.

Me levanto rápidamente y me visto, agarro lo primero que consigo y me lo pongo, la cartera, el teléfono y veo en la pantalla que son pasada las doce. No sé qué tan buena idea sea salir a estas horas, pero no me importa, necesito escapar de aquí.

Voy apresuradamente hacia la entrada y salgo despedida apenas cerrando la puerta tras de mí, algo me jalaba hacia afuera y no podía parar, tenía que irme, lejos muy lejos, no importa a donde sea que termine.

Camino durante media hora y llego a unas bancas en la calle, los faroles apenas alumbraban y la luz fallaba en ocasiones, pero no me importa y me siento, y me quedo aquí viendo hacia la nada, esperando que alguien me asaltara y me matara, al ver que no tengo ni una triste moneda en mi bolsillo.

Pasa el rato, y empiezo a hablar conmigo misma.

– ¿Será que me voy? No quiero ir a mi casa, que horrible lugar y no puedo ni dormir en paz, maldita sea odio esto, odio mi vida.

Entonces una voz se escucha a mis espaldas

–Oye chica, ¿qué haces aquí sola?

Volteo rápidamente, ¿de dónde salió? ¿Cómo se acercó tanto sin que lo escuchara? ¿Quién es? ¿Me robará? ¿Me violará? Las piernas y manos me tiemblan y observo en todas direcciones buscando un lugar por donde correr.

–Es como tarde para que ande una carajita a estas horas jodiendo en la calle, ¿estás pendiente entonces? Pero tu cara es demasiado pendeja, no pareces de esas.

Sus ropas no eran andrajosas, pero tampoco muy limpias, no parece alguien que viva en la calle, pero no me da la sensación de que pueda confiar en él, tiene lo que parece un gorro de lana color negro, chaqueta verde y pantalones azules, mira hacia todas partes nervioso, creo que me violará, estoy segura.

Me levanto de la banca, pero las piernas me traicionan dejándome caer al suelo de culo.

«–Mierda, ¿por qué ahora? Dame la oportunidad de correr, aunque sea un poco, no quiero que me agarre así.»

Las piernas no me daban, pero él se acercaba lento, pero sin detenerse.

–Ooh, parece como si estuvieses pasando la pálida, horrible ¿cierto? Que bueno que llegué entonces para tu nueva dosis.

«¿Dijo dosis?»

–Sabes, nunca te he visto por acá, debes de ser nueva en la zona, te haré un favor entonces- se acerca rápidamente- la mejor de por aquí la vendo yo, y como eres nueva la primera dosis es gratis ¿verdad que soy único? ¿Qué quieres? ¿Piedra? ¿Pastillas? ¿Marihuana? Tú dime que yo lo tengo todo.

Se para enfrente de mí y me mira, sus ojos están totalmente hundidos en sus cuencas eran apenas visibles, era una mirada intimidante como si me estuviera midiendo, calculando por donde agarrarme y meterme en algún arbusto y abusarme.

Me arrastro hacia atrás, ensuciando mi ropa en el proceso con el suelo mugriento en un intento desesperado de alejarme, pero mis músculos se contraen demasiado por el miedo, apoyo las manos contra el suelo para levantarme, pero mis codos son de goma y se doblan apenas hago el esfuerzo.

– ¿No puedes levantarte? Que asco de pálida te dio- mete sus manos sus bolsillos buscando algo- toma esto, con esa dosis ya deberías estar bien.

Me lanza una cosa a la cara e intento agarrarla fallando olímpicamente, abro mis ojos de par en par intentado identificar qué fue exactamente lo que me lanzó al rostro. Es una pequeña bolsita transparente con cierre mágico, adentro parece hacer algo similar a una pastilla de color azul celeste con forma de rombo. La miro detenidamente buscando entender qué estaba pasando actualmente y cómo el rumbo de los acontecimientos terminó así.

– ¿Qué tanto la miras? Tómatela de una maldita vez, que estrés.

Intento pronunciar mis primeras palabras desde que todo este problema comenzó.

–Pero es que yo no––.

–Ya te dije que no te voy a cobrar maldita sea, de todos modos, si te gusta ya me pagarás otro día.

«–Maldita sea, ¿y ahora qué hago? Me está observando esperando que la tome, si no lo hago tal vez lo haga molestar y será peor si se vuelve agresivo.»

Pero, estoy a punto de ingerir drogas, nunca lo había hecho, he leído de ellas en muchos lugares y lo malas que son, y ahora estoy a punto de consumirla, ni siquiera sé qué efecto tendrá ni cuánto durará, no sé qué hacer.

Aun así, mis dedos ya se habían introducido dentro de la pequeña bolsa.

Espera, ¿en verdad estoy haciendo esto? ¿Estoy segura de lo que hago?

La respuesta es simple, no. Pero eso no me está deteniendo en lo absoluto.

Sostengo la pastilla entre mis dedos y la contemplo momentáneamente, como si intentara asimilar lo que estoy a punto de hacer.

La sostengo con la yema de mis dedos y la coloco en mi lengua, es amarga, y tiene una textura carrasposa.

Hago una ligera mueca y entonces me la trago, está hecho.

–No jodas, primera vez que conozco a alguien que de tantas vueltas para darse una dosis.

El tipo se sienta en la banca donde yo estaba hasta hace un momento, mira en varias direcciones como si buscara a alguien y luego me mira.

–No me esperaba que te tomaras toda la maldita dosis, o eres bien pendeja o subestimas mi producto.

«– ¿Pero no era así que se hace? Mierda la cagué en serio.» Estoy teniendo un ataque de ansiedad, quiero vomitar y sacarme esa mierda de mi cuerpo.

-No debería tardar en hacer efecto, seguramente te prendas fuego por la dosis– ríe estrepitosamente– será interesante de ver.

«¿Prenderme fuego? ¿A qué se refiere?»

Pasaron unos minutos mientras él me observaba con impaciencia y miraba a su alrededor ansioso, y entonces de la nada, mi sangre empieza a calentarse.

Mi respiración aumenta, mi corazón se acelera, mis latidos se hacen cada vez más fuertes y siento como cada uno de ellos retumban en mi cabeza haciendo que mi vista se vuelva borrosa momentáneamente con cada retumbar.

Erráticos se vuelven mis latidos, mi sangre hierve y siento que me quemo por dentro, veo la luz del farol más brillante de lo que antes era y los colores de mi alrededor que antes eran escasos ahora sobresalen y se ven estridentes. Mi cuerpo me obedece, puedo levantarme, siento que estoy a punto de explotar, necesito correr, necesito descargarme.

Mis inhalaciones y exhalaciones se volvieron cada vez más fuertes, como la caldera de un tren a vapor a punto de estallar.

#7

(Parte 2).

–Mierda solo mira esas pupilas, están gigantes.

Él dice algo, pero no logro ni quiero escucharlo, los latidos erráticos de mi corazón son ensordecedores y geniales.

Sí, sí, quiero correr, correr y mucho.

Me levanto y sin mediar palabras con el tipo salgo corriendo a rosa velocidad. Él me grita mientras me alejo pero sus palabras se perdieron en el viento, mis pasos son zancadas, siento que corro a una velocidad que supera el sonido, voy más rápido que la luz, me encanta.

–¡¡¡Siiiii!!!

Estoy cargada de energía, todo a mi alrededor se ve brillante, las luces de los afiches en las calles, la de los autos, la de los edificios a la distancia. Se siente como si pudiera controlarlas, las muevo a donde quiero y la fuerza con la que corro las arrastra a mi alrededor. Son mías, finalmente son mías.

Estoy feliz, estoy excitada, estoy eufórica, cada parte, hasta el más más mínimo centímetro de mi cuerpo quema, siento una fuerza que nunca había sentido, puedo pelear contra quien sea, correr hasta donde quiera, pasar por encima de quien se pare frente a mí, el mundo es mío.

Veo un árbol en mi camino, pero no me detengo y choco contra él de lleno, pensé que podría derribarlo, pero no fue así, tal vez con un poco más de fuerza lo logre.

– ¡Vamos, enfrentarme árbol de mierda!

Empiezo a propinarle una serie de golpes, uno tras otro como si fuera una maestra en artes marciales. Voy a derribar este maldito árbol.

Cada golpe se siente como una descarga de energía, ¿tuve tanto poder dentro de mí y no lo sabía? Que mediocre.

Mis nudillos sangran, mis manos sangran, pero no me detengo, ¿por qué hacerlo si soy más fuerte que este árbol? yo domino sobre él, se postra ante mis pies.

Jadeo un poco, pero no es nada, no estoy cansada en lo más mínimo. Hay alguien cerca mío, veo a dos personas observando a unos cuantos metros de donde estoy, pero no les presto atención, son solo meros espectadores en mi gran momento. Mírenme más, contemplen mi nivel, ustedes simples estúpidos.

No entiendo por qué esperé tanto para probar esta droga, me había perdido de esto toda mi vida, y ahora siento que no hay límites para lo que puedo lograr.

Soy dios.

Y este dios debe seguir corriendo, corriendo hasta darle fin al mundo. Pero muy adentro en mi cabeza una pequeña voz susurra unas palabras molestas.

«– ¿Ves que era cierto?

»– ¿Qué es cierto? ¿Quién mierdas eres y qué quieres?

Digo en voz alta, a pesar de que es en mi cabeza donde la escucho.

»–Eres basura, y una basura que se volverá adicta.

»–No me importa lo que digas, es basura, eres basura solo muérete.

»–No puedo morir así nada más, tendrás que matarte primero.

Esta voz se está volviendo irritante, me molesta. Desaparece.

– ¡NO ME MOLESTES! – grito con fuerza, saco tanta energía de mis pulmones que se siente como si se desgarraran.

La odio.

La odio, la odio, la odio, la odio, la odio, la odio, la odio, la odio.

»–No me odies a mí, yo no tengo la culpa de que seas defectuosa.

Mientras corro, veo otro árbol un poco más allá hacia el frente, perfecto.

Corro en su dirección agarrando más velocidad yendo a todo lo que doy chocando de lleno contra el árbol con aún más fuerza que el anterior, y empiezo a golpear mi cabeza contra el árbol. Golpe tras golpe impacto mi frente contra la corteza dejando una mancha de sangre cada vez más visible.

–Sal de mi cabeza sal de mi cabeza, sal de mi cabeza, sal de mi cabeza, sal de mi cabeza, sal de mi cabeza, sal de mi cabeza, sal de mi cabeza, ¡SAL DE MI PUTA CABEZA!

En un instante, todo se volvió oscuro.

#8

Capítulo 6 (parte 1).
Pálida.

Siento una ligera pero constante calidez en mi rostro, no abro mis ojos de una vez sino que en su lugar, espero unos segundos más hasta que mis otros sentidos se activen, escucho sonido de autos a lo lejos, el sonido del viento, el tacto de lo que parece ser césped, «¿me quedé dormida en el patio de la casa?» Que estupida fui pero, «¿en qué momento salí al patio?»

Abro mis ojos lentamente y los rayos del sol impactan en mi retina. Y al abrirlos lentamente mi visión se esclarece pudiendo observar que estoy a los pies de un árbol.

¿Dónde estoy? ¿Qué hora es? Intento levantarme pero no puedo. Me duele todo el cuerpo horriblemente, siento que me muero. Mis manos me arden y a penas puedo flexionar los dedos sin que sienta un fuerte ardor en mis nudillos y palma.

–¿Qué pasó?– son las primeras palabras que suelto al aire, esperando que alguien las respondiese por mí.

Me duele la cabeza, mis pensamientos no logran centrarse en nada, está todo enmarañado, mis piernas están entumecidas pero aún reaccionan así que creo que puedo levantarme.

Con algo de fuerza de voluntad involucrada entre mis intentos de incorporarme logro sentarme y así tener un panorama mejor de mi situación actual.

–... ¿Qué está pasando? ¿Estoy en un bosque?

No entiendo nada, estoy en medio de la nada, solo veo árboles y arbustos a mi alrededor, la sensación del césped bajo mis manos y la leve brisa que intenta apaciguar al radiante sol encima de mí.

Tengo miedo, ¿cómo llegué aquí? ¿Y por qué me duele todo el cuerpo? Veo mis manos y me horrorizo, ¿qué les pasó a mis nudillos? La piel está desgarrada y tengo toda la muñeca manchada de sangre seca.

–¿Q–qué es esto? No l–lo entiendo…. Ayúdenme…

Mis ojos se ponen acuosos, me tocó la cara y siento una dolorosa hinchazón en la frente.

Ayuda, necesito ayuda. Me duele todo, debo ir a un hospital, pero allá me harán preguntas y no puedo responder ninguna.

Hago un último escaneo a mi entorno antes de reincorporarme por completo, y mi mirada se frena frente al árbol que tengo enfrente, no fue casualidad, hay algo en el árbol que llama inequívocamente mi atención, algo de una tonalidad rojiza. Una relativamente grande mancha carmesí oscurecida en medio del árbol, ¿es eso sangre? ¿Es mi sangre? Tiene que serlo, no hay duda, soy la única aquí y además que está en su peor condición posible.

«Tengo que llamar a alguien.»

Busco mi celular esperando que no me lo hayan robado, meto mi mano en el bolsillo y empezó a hurgar en él.

-(¡lo encontré!)

Menos mal aún lo tengo, lo saco y estando a punto de llamar veo algo transparente pegado al teléfono. Es una pequeña bolsa.

Y de golpe como en una marejada me llega una ola de recuerdos y sensaciones. Ya lo recuerdo, lo recuerdo todo, anoche me drogué.

No solo eso, lo disfruté y de sobremanera, fue sobrecogedor, esa sensación eufórica de energía, de motivación, de poder, se sentía que no había absolutamente nada que no pudiese hacer.

Se sentía como si estuviera sumergida en un sueño, pero como en todo sueño, tarde o temprano siempre tienes que despertar.

Y la sensación de despertar es abrumadoramente desesperanzadora, no deseas que acabe, me duele la cabeza a la par que una sensación de hormigueo se cuela por cada centímetro de mi cuerpo, cualquiera que alguna vez tuviese el brazo apoyado bajo la cabeza sabrá a lo que me refiero.

Pero ya no puedo darle más dilación a la situación actual, en el reloj de mi celular son poco más de las dos de la tarde.

No recuerdo exactamente a qué hora salí de mi casa anoche, sé que fue tarde y no cené, así que llevo sin comer al menos doce horas, ya me muero de hambre.

He pasado días sin comer, pero es muy diferente cuando estás en tu casa, en tu cuarto como un parásito sin hacer nada a quemar tanta energía como lo hice anoche, totalmente acalambrada y con hambre pero por encima de todo, tengo sed.

Debo beber algo ya, estoy en un maldito parque así que debe haber al menos un bebedero cerca de aquí, y si no pues debe haber algún estanque o cause de río, así que debo moverme.

Veo mis ropas y cada vez me doy cuenta de que están de mal a peor, tengo salpicaduras de sangre por todas partes y llena con barro y césped, lo primero que se me ocurre es en una regla: “no hablar del club de la pelea”.

Me levanto tambaleándome un poco hacia adelante y me logro reincorporar, y empiezo a caminar por los caminos semi empedrados, pasan una que otra persona y como era de esperar sus miradas cayeron en mí.

Miradas de asco y de intriga, probablemente querían saber qué me pasó pero por obvias razones no inmiscuirse, es lo más normal ¿quién querría ayudarme?

Caminaba un poco coja por el dolor muscular en mi pierna derecha, cada paso era tortuoso pero lo valía, tanto porque lo que hice es reprochable y este es mi manera de pagarlo como porque un poco más adelante hay un bebedero.

Ya estoy jadeando por el cansancio, es deplorable, y no solo eso sino que, anoche, recorrer este pequeño trayecto corriendo no fue nada para mí.

Me planto frente al bebedero y bebo como si el agua fuese a acabarse, como si me la vendieran y cada gota, cada sorbo tuviese un valor incalculable, así de horrible se siente tener sed hasta tal extremo, como si pasaras unos días en el desierto.

No bebo, así que nunca he experimentado una borrachera y posterior resaca, pero supongo que así debe sentirse.

Y tan pronto termino siento como mi cabeza palpita con cada jadeo después de beber tanta agua, es similar como si mi cerebro estuviera recalentado y le echaras agua para que se refrigere soltando vapor en respuesta.
No recuerdo qué día es hoy, pero probablemente hoy tengo clases, y por obvias razones no voy a ir. En mi estado actual ni con un cambio de ropa bastaría, debo tratarme pero en un hospital harán preguntas que no quiero responder, así que tendré que comprar algunas cosas en la farmacia.

«Mierda, el dolor de pierna se está volviendo más fuerte.»

La pierna derecha me duele cada vez más y los pasos se vuelven más tortuosos, pero ya voy a llegar a unas de las salidas del parque, mientras menos transitada mejor.

El temblor de los manos ha ido bajando, la sensación de desorientación ya casi desaparece y me siento más lúcida, lo único que permanece y se vuelve peor es el dolor en todo mi cuerpo, y algo más, un ligero remanente mental de la sensación de anoche. El poder.

Pero no es momento de pensar en eso, debo volver a casa y darle orden a mis cosas, tan pronto salgo del parque a través del arco de su entrada/salida, me topo con el vigilante que casualmente pasa por aquí «maldita sea» , se me queda viendo y se acerca a mí.

–Oiga señorita, ¿se encuentra bien?

No le di tiempo de que pudiese detallarme bien, que N viera mis manos, que no viera bien mis ropas ni que llegase a memorizar mi rostro, solo sigo caminando mientras temblaba diciendo:

–Sí, sí, solo me tropecé no es nada– digo en voz escueta, alto temblorosa pero lo suficientemente fuerte como para que me escuche. No miro hacia atrás, si lo hago verá mis ojos rojos casi en lágrimas y querrá detenerme porque sabrá que algo anda mal.

No detengo mis pasos he intento disimular lo mejor posible mi andar desincronizado, después de unos segundos desde que dije eso los pasos que escuchaba detrás de mí se detuvieron.

Debo llegar a mi casa, no estoy muy lejos pero en mi condición será tortuoso, intentaré ir por callejones y calles poco transitadas, mientra menos gente logre verme mejor. En este estado tan deplorable lo menos que necesito es que alguien más quiera gastar su tiempo en ayudarme.

Después de un rato, siendo realista tal vez fueron treinta minutos para llegar a mi casa, pero con todo lo que me esforcé para que me viera el menor número de gente posible se sintieron horas, finalmente llego. Al abrir la puerta el aire frío del interior me choca en toda la cara, olvidé apagar el aire.

Entro y automáticamente tan pronto la puerta se cierra empiezo a desnudarme, debo verificar la extensión de las heridas y a su vez, asearme.

Empiezo lentamente a quitarme la camisa, zapatos, medias, sostén, todo en general. No quiero moverme muy rápido y lastimarme más de lo que ya estoy, una vez me quito toda la ropa me dirijo a mi cuarto y de camino al pasillo una brisa helada sube desde mis piernas hasta el resto de mi cuerpo, tal vez no fue mi mejor idea hacerlo aquí y no en mi cuarto.

Abro la puerta y sin siquiera cerrarla me paro frente al espejo vertical de mi habitación, empiezo a verme cada parte en la que sentía algún dolor.

Espalda, antebrazos, codos, cabeza, muslos, trasero, vientre, manos, hombros, todo el cuerpo prácticamente. Y mientras me veo recuerdo que había pasado bastante tiempo desde la última vez que me mire así frente a un espejo.

Mi cabello aunque algo enredado es largo y de color negro azabache, ha perdido algo de su brillo con el descuido pero aún es algo bonito. Mi abdomen es delgado pero desde pequeña siempre ha sido así, perfilado, tiene sus curvas y en algún momento de mi vida llegué a sentirme bien con mi cintura, mi trasero y muslo son grandes, recuerdo que mi mamá me decía que si comía mucho todo se me iría al culo y a las caderas y que nadie me querría así, y a pesar de que comía poco sin explicación mis muslos y trasero crecieron bastante, leí en internet que a algunos les gusta así pero yo no estoy tan segura de eso.

Mis senos nunca se desarrollaron demasiado, con pezones y areola de tonalidad algo rosadas pero con un toque oscurecido, se quedaron pequeños y siempre fueron mi complejo, ¿por qué no pudieron ser como la de las otras chicas? Grandes, prominentes, que caminan orgullosas sacando el pecho y aunque dicen que es mal visto, siempre quise hacerlo. Sentirme así de segura de mi cuerpo, nunca he podido.

Hace alrededor de 2 meses

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#9

(Parte 2).

Mi mamá nunca dijo que tuviese un mal cuerpo, pero la opinión de alguien cercano rara vez es objetiva, me siento asqueada de nunca poder llegar a tener ni llenar mis propias expectativas físicas, pero a la par decepcionada porque tampoco lo intenté, esperaba que las cosas cambiasen por sí solas, patética.

Pero dejando de lado todo eso, eran obvias mis heridas y la que más sobresalía era la de mi frente, el moretón rojizo, no porque fuese particularmente horrendo, sino porque será el que primero vea cualquiera.

Había pensado en pasar por una farmacia a comprar algunas cosas pero solo con asomar mi cabeza desde un callejón en dirección al local vi la cantidad de gente haciendo cola, inmediatamente decidí dar la vuelta y ver qué podía hacer con lo que tuviera en casa.

Y para mí fortuna, mamá compró hace tiempo, cuando me mudé, un kit de primeros auxilios y lo dejó debajo del gabinete de la cocina. Agradecí muy en el fondo a que lo hiciera.

Me bañé bastante rápido, y en el agua que se iba por el desagüe era visible una mezcla entre tierra y sangre. Salgo fuera del baño, me coloco solamente sostén y bragas.

Ya tengo los utensilios con los que voy a intentar tratarme, solo queda ver qué tan graves son las heridas de mis manos, que parecen ser las peores. La epidermis la tengo deshecha, totalmente pelada y rojiza, aunque el sangrado ya se detuvo en gran medida, si cierro la mano muy fuerte empiezan a supurar sangre. Eso sin contar que toda la mano hasta casi el codo tiene cortes y rasguños algo profundos, lo único que está medianamente decente de mi mano es en el segmento de los dedos, desde la falange más próxima a la uña hasta la punta de mis dedos.

Por lo demás, está hecha una completa mierda.

Tengo moretones en todos lados, principalmente en mis piernas y brazos. Salgo de mi cuarto, paso por la cocina y busco el kit, me siento en la sala y empiezo a poner en la mesa el alcohol etílico, algodón, la gasa y de ser necesario, tengo puntos de sutura adhesivos dentro del botiquín.

Sumerjo la mano en agua tibia para que la sangre seca se despegue y lentamente voy limpiando la herida con motas de algodón bañadas en alcohol. Duele, duele mucho, el ardor del alcohol sobre piel expuesta es como si colocarlas un encendedor sobre tus dedos, quema horriblemente, pero tengo que soportarlo.

Limpio toda la mano lo mejor que puedo y la empiezo a envolver con la gasa, le doy dos vueltas en la mano que hasta parece una especie de guante de pelea callejera, como el que sale en películas, por lo demás corto pedazo pequeños de gasa y las sujeto con adhesivo médico, después de un rato termino de tratarme ambas manos y todas las demás heridas leves.
Al final, a la herida de la frente la trato con dos suturas adhesivas y un pedazo pequeño de gasa que la cubra, menos mal tengo el cabello largo y hace un intento vago de cubrirlo para disimular lo mejor posible.

Una vez termino me levanto y voy a mi cuarto, solo por una razón, una única razón y es verme al espejo. Veo la cantidad de vendas, moretones aún visibles, la piel rojiza, los rasguños, el dolor. Verme así simplemente me provoca dolor.

Un cuerpo de mierda, un día de mierda, una vida de mierda.

Pero, aún después de todo, queda un ligero remanente de una sensación en mi cabeza que me embriaga antes de dirigirme a dormir. Y solo por eso, sonrío.

Hace alrededor de 2 meses

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#10

Capítulo 7 (parte 1).
Esperanza.

La noche transcurrió sin mayores contratiempos, esperaba que no pudiese dormir siquiera, el dolor fue constante y cada vez que me movía de un lado a otro en la cama este solo empeoraba, pero tan pronto encontré una posición por así decir “indolora”, me quedé dormida plácidamente.

De hecho, fue uno de los mejores descansos que he tenido en mucho tiempo, ¿por qué? No encuentro una razón precisa, pero en fin. Debo cambiar las vendas en mis manos que están todas ensangrentadas.

Hoy debo ir a clases, puse la alarma para despertar a las nueve, y así tener tiempo suficiente para poner en orden mis cosas. Aunque bueno, tampoco hay mucho que ordenar, más es el desorden en mi cabeza que el físico que debo limpiar.

Pasaron las horas en un parpadeo, ocuparse de uno mismo como si se tratase de un paciente de hospital hace que extrañamente el tiempo pase volando, para cuando me contemplo en el espejo ya estoy vestida con pantalón y camisa manga larga, y una chaqueta encima, el cielo está nublado, por el movimiento salvaje de las hojas de un lado a otro, se nota que hoy será un día frío… Sí, bastante frío.

Totalmente abrigada intentando en la medida de lo posible en cubrir todas mis heridas, pero sin lograr disimular del todo mi caminar algo cojo por el dolor en mi pierna, si evito caminar lo menos posible no se notará, al cabo de unos minutos llego a la universidad y sin mediar palabras ni observan a nadie me dirijo al aula, dado que llegué más temprano de lo usual a clases en el salón no ha llegado nadie aún, ni los que viven lejos. Por lo que me puedo sentar de última en la fila en la esquina, donde pueda pasar desapercibida.

Me siento, puedo sentir lo frío de la madera de La silla a través de mi pantalón, aquí no hay calefacción y aunque las ventanas están cerradas el frío logra filtrarse entre cada hendidura, cada grieta por mínima que sea.

Y yo que pensaba que este invierno sería más cálido, pero parece que no, en invierno ya está aquí y dentro de unas semanas empezarán las decoraciones navideñas en las calles, casas y en prácticamente cualquier lugar.

La primera de las sensaciones navideñas que llega a mí es su helado abrazo, y conforme pasa el rato, este se hace más tenue pero persistente.

Empiezan a llegar más alumnos, de uno en uno, algunos llegan en grupo, otros se esperan afuera para entrar todos juntos. Lo sé, puedo observarlos desde aquí, siempre lo he hecho.

Pero en contra de lo que esperaba y deseaba, todo el que pasa por la puerta se me queda viendo para luego seguir su camino hacia algún asiento.

¿Por qué llamo su atención? Me senté aquí precisamente porque este asiento es el menos transitado.

Las miradas son momentáneas, duran probablemente menos de un segundo, algunas más que otras, pero están, y son inequívocas evidencia de que mi intento no dio frutos.

Puedo verlos desde sus puestos, lanzando miradas furtivas hacia mí, mientras hablan entre ellos, no sé lo que dicen, pero puedo darme a la idea. Esos susurros y seguidamente risas entre sí, odio esto. ¿Qué tan desgraciada tengo que ser para volverme el centro de atención de esta manera?

Un escalofrío sube por mi espalda, es el frío característico de un mal presentimiento, de una sensación densa que se pega a la piel, como alquitrán.

Ni siquiera para una sonrisa falsa, no tengo la suficiente fuerza mental como para aparentar que todo está bien, apenas empieza el día y ya siento que toda la energía que creí tener esta mañana se esfuma. Solo quiero dormir.

«–Es una lástima, pero así son las cosas, y lo sabes.

Sí, lo sé.

» –No puedes esperar otra cosa, te miran así porque eres exactamente el bicho raro, y ahora un bicho raro en la mierda.

Es cierto, no puedo quejarme.

» –Más aún, ¿Puedes levantar la cabeza? Mira en todas direcciones y verás cómo cada una de las personas aquí al hacer contacto visual contigo, simplemente apartan, ¿sabes por qué?

¿Por qué? Dime por favor.

» –Porque más que darles hastío que los mires, ellos no se atreverían bajo ningún concepto en preguntarte qué pasó, porque conlleva entrometerse y nadie se entrometería en tu vida de mierda.

Tienes razón, nadie lo haría.

Es extraño, ¿por qué ya el frío no me llega? Me cuesta sostener el lápiz, mi mano tiembla, ¿será que el frío me entumeció la mano? Pero se siente diferente al frío del ambiente.

Es un frío que, en vez de venir a fuera, creía desde adentro.

» –Escúchame bien…– siento como si algo me respira en el oído, es adormecedor, casi como un canto– lo que tienes que hacer es simple, solamente––.

Pero algo me despierta abruptamente de mi ensueño.

–¿Eh?

Elevo la mirada y veo una figura parada enfrente de mí.

–Te pregunté si te encontrabas bien, cuando volteé vi que estabas como pálida. ¿Estás bien?

No puedo entender del todo del todo qué está pasando, uno de los chicos del salón se acercó a mí, ¿en serio está preocupado? ¿Por qué lo está? No debería importarle.

Mil cosas pasaron por mi cabeza, si intentaba articular verbalmente todos los pensamientos que en un instante surcaron mi mente no sería nada más que un balbuceo verborrágico.

Así que me quedo callada, no quiero quedarme callada, tal vez nunca tenga una oportunidad así en mi vida de encontrar a alguien que se preocupe genuinamente por mí.

¿No me estoy ilusionado de más? ¿No estoy sacando conclusiones apresuradas?

No seas inútil, por favor, por una vez no seas inútil y di algo.

–No te preocupes, me encuentro bien, gracias por preocuparte eehmm– intento relacionar su rostro con algún nombre que recuerde a ver si logro reconocerlo, pero toda búsqueda en mis vagas memorias resulta ser infructuosa.

–David– acota él con una sonrisa– David Márquez, pero todos me dicen solo Dany, y tu nombre es si no mal recuerdo Laura ¿no? – ríe al final, sabe que ese no es mi nombre, pero por simpatía intenta hacerme reír, y no puedo negar mi sonrisa.

–Lucinda *falta apellido*, pero puedes llamarme Lucy, todos me llaman así– hago mi mejor esfuerzo porque mi respuesta sea lo más natural posible, intento con atropellar las palabras, pienso detenidamente cada sílaba, cada vocal, antes de que siquiera se me ocurra pronunciarla.

–Oh, ¿Lucinda dices? Es un bonito nombre, y Lucy es un nombre aún más bonito, me agrada, por cierto, ¿qué te sucedió en las manos? ¿Te caíste o algo?

Era obvio que eventualmente me preguntaría sobre mi condición, así que ya tenía preparada una repuesta en caso de que cualquiera me preguntase, una rápida y concisa para que el tema pasase como un hecho curioso y no se volviera a mencionar, que no entorpezca el flujo de la conversación.

–Ah pues, verás, lo que me pasó fue…

¡Pero ahora mismo estoy en blanco! ¿Dónde coño quedó la respuesta que tenía pensada desde hace rato?

–Fue que… estaba trotando en el parque y de repente tropecé con unas ramas, y era… ¿cómo decirlo? – cantidad de excusas se me ocurrieron en el acto, pero cada una era más estúpida que la anterior– caí por una ladera, no fue gran cosa, nada de que preocuparse– termino de dar mi paupérrima explicación con una risa nerviosa al final.

Umm ya veo, pues deberías tener más cuidado la próxima vez que– entonces el sonido de la puerta abriéndose corta su oración a la mitad, era el profesor que había llegado.

Paso de estar exaltada a una desilusión absoluta, cuando finalmente había logrado un avance, cuando finalmente había conseguido tener una conversión de algo no relacionado a lo académico con alguien más ahora quedó a medias, sin siquiera conocerlo un poco más. No pido mucho, solo dame un momento más.

Y para mi sorpresa, David se sienta en la silla de junto.
–Creo que si me siento aquí, el profesor no nos verá hablar –dice mientras observa en dirección al profesor, se ríe en poco y me voltea a ver– oye, cuéntame un poco más de ti.

Y así, en un santiamén, la hora de clase pasa en un parpadeo, termina la hora de clase y seguimos hablando, aún después, en la hora de almuerzo, él me sigue contando anécdotas de su vida, una vida bastante alocada.

Me cuenta que su pasión era practicar béisbol, llevarlo a nivel competitivo y conseguir una beca deportiva, pero que se lesionó y tuvo que olvidarse de su sueño, que le gusta dar paseos y que aún entrena a pesar de su lesión, le gusta la música tecno pero que se abre a otros géneros, no cree en ninguna religión me comenta, pero que respeta a aquellos que creen en alguien o algo mayor, su color favorito es el verde, en fin, de muchas cosas.

Y en un todo, yo solo me limito a escucharlo hablar, cada cosa que dice la pronuncia con pasión, con encanto, motivación, seguridad, cosas de las que carezco rotundamente y que lo hace más interesante escuchar, es como cuando te narran alguna travesía épica cantada por un bardo, emoción en cada palabra.

Entonces, cuando desvío la mirada un momento veo que ya el sol se está poniendo, de hecho, ya no hay nadie en el aula, ya todos se fueron menos nosotros dos ¿cuántas horas han pasado de charla ininterrumpida? No lo sé y no me importa, solo quiero seguir escuchándolo.

–Uff mira la hora ya, se ha hecho bastante tarde. Sabes, los chicos del salón tenemos un grupo de WhatsApp, ahí hablamos de todo tipo de cosas, no sé si te interese entrar en el grupo y leer las cosas que publican.

–Claro, me encantaría–está es una de la pocas veces en mi vida que me he sentido tan segura de una repuesta, no tuve la más mínima vacilación, estaba totalmente clara de lo que quiero y sin rodeos se lo digo.

Parece pequeño, pero dentro de mí ha sido un salto muy grande.

Él saca su teléfono celular y me pide mi número, y obviamente y sin reservas se lo di.

–Bueno ya me tengo que ir, estuvo genial hablar contigo Lucy, espero se repita la oportunidad pronto.

Tan pronto termina de decir eso se levanta de su asiento y se despide sin nada más que decir, no me dio ni la oportunidad de despedirme. Solo se fue sin siquiera mirar atrás.

Hace alrededor de 2 meses

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#11

Me extraña un poco, pero no dejo que mis pensamientos se volátiles me arrebaten este momento, solo quiero disfrutarlo.

Llevaba tiempo que no sonreía así, que no me sentía tan genuinamente feliz, y sin que influyera ningún agente externo.

Me levanto de mi silla, el cielo sigue algo oscuro, pareciera que fuese a llover en cualquier momento, pero me es indiferente, hoy es un día soleado para mí.

Abro la puerta del aula y me dirijo hacia las escaleras, pero una punzada en mi nuca me dice que no baje por aquí hoy, que salga por la entrada este y no por la principal, no sé por qué pero es una tontería, así que no le hago caso.

Mientras bajo las escaleras veo en uno de los pasillos una silueta reconocible de espaldas, está algo lejos pero logro reconocerla, es David, está hablando con sus amigos pero no se escucha muy bien de qué exactamente, aún no me ha visto así que puedo acercarme he intentar despedirme apropiadamente.

Pero no llego a hacerlo, porque al escucharlo hablar.

–Fue muy fácil conseguir el número de aquella perra.

… Todo dentro de mí, se desmorona en un instante.

Hace alrededor de 2 meses

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#12

Capítulo 8: En el abismo.

Si claro, fue tan fácil que estuviste todo el día intentado sacárselo, uy sí, muy bueno– dice uno de los amigos de David mientras se ríe.

–Cállate, me hubiera bastado solo con hablar con ella durante la primera clase, probablemente. Pero eso no hubiera sido suficiente como para asegurarme de que me la pueda llevar a la cama, ¿ves lo inteligente que soy? – al terminar se da dos toques en las cienes, probablemente para enfatizar el concepto de “pensar varios pasos adelante”.

«Estúpida.»

Dice mi interior.

–Ok, supongamos que fue así, lo que no entiendo es, ¿desde cuándo eres un futbolista semi profesional frustrado? Explícame eso que no lo entiendo, déjame ver tu rodilla, cuidado te lesionas de nuevo, oh futbolista– las carcajadas fueron desmesuradas, los tres reían fuertemente uno tras decirlo y los otros dos mientras le escuchaban decir la palabra “futbolista”.

–¡Esa fue una genialidad! – exclama David mientras hace gestos exagerados con sus manos– ¿vieron su cara mientras se lo decía? Fue simplemente hermosa su expresión totalmente metida en mi cuento, sirvo como vendedor de Avón, ¿dígalo?

Ellos ríen tan alegremente, como si te tratase de una acción totalmente risible, como cuando se reúnen los amigos a hablar sobre los resultados de un examen y se ríen entre ellos por las tonterías que colocaron, y yo aquí, en los laterales de las escaleras, llorando en silencio, sujetando fuertemente mis oídos, clavando mis uñas en ellas hasta el punto de que no me importaría si estas sangraran. No quiero escuchar más, pero debo hacerlo.

Cada palabra duele, duele como nunca me había dolido algo en mi vida, siento que voy a explotar. Este es mi castigo, este es el significado completo de lo que es merecer “algo”, por creer, aunque fuera por algo menos de un segundo, que me lo había ganado.

Pero yo nunca, ni una vez, he merecido la dicha. Y mientras la buscaba, en su lugar, solo encontré sufrimiento insoportable.

Quién de ellos dice cada cosa entre ellos era indiferente, ya ninguno tiene rostro para mí, solo manchas negras que sustituyen sus caras, y sus palabras que cambian por algo similar a balbuceos ininteligible, y que a pesar de que así lo siento, entiendo cada palabra a la perfección.

La única voz que de entre todas ellas, que escucho con suma nitidez y que reconozco en el acto, es la de David.

–Ajá, supongamos que tienes razón, ¿y ahora qué? Tú no me vas a decir que el día de mañana te la vas a llevar a tu casa y la vas a empalar viva, eso ni tú te lo crees.

–Por favor, Antony, ¿quién crees tú que es ella? No es ninguna Miss Universo, o algo similar con un autoestima por la nubes, con tan sólo verla te das cuenta de que si le dices “Meh”, ella dirá “Meh”. Hasta tú podrías lograrlo con ella, podrías usarla para practicar antes de que te le declares a Gabriela, si es que te hace caso para empezar.

–Si eres maldito, claro que podré. Eventualmente.

¿Qué gestos estarán haciendo? ¿Cómo se miran entre ellos? ¿Cómo pueden reírse tanto con tan solo burlarse de mí? ¿Es que acaso el juego conmigo es algo tan divertido? ¿Para eso existo? ¿Para que otros vivan felices mientras yo me hundo en la miseria?

Dejo de asomarme en la esquina, siento como si llorara sangre, los ojos me duelen, solo me lamento en silencio de cuclillas en el piso. Deplorable, lamentable, desechable.

–Yo calculo que para la próxima semana, ya la habré llevado a mi casa, les cuento cómo me fue con La Momia.

–Casi lo olvidaba, ¿te dijo por qué tiene ese poco de vendas en las manos? ¿Sus padres no la habrán golpeado? Te podrías meter en dificultades si te inmiscuyes con una chica así de problemática.

–Que va, me la voy a coger, no le pediré matrimonio, usar y desechar, como una toallita húmeda, por lo torpe que se ve seguramente sea exactamente lo que me dijo, que se calló y punto. Además, ¿te fijaste que en su frente también tiene otro? Intenta como una autista de cubrirlo con su cabello, fue muy gracioso verlo, tuve que aguantar las ganas de reírme cuando me di cuenta.

«Muere, muérete ya.»

¿Qué haría otra persona en mi posición? ¿Los confrontaría? ¿Les golpearía? Seguramente haría algo, y no simplemente quedarse aquí escuchando como yo, una chismosa sin voluntad.

Me muerdo el labio inferior sin mediar el daño que podría hacerme, me muerdo tan fuerte que puedo sentir como mis dientes desgarran la piel suave de mi labio.

–Bueno, si se llega a concretar, recuerda que no nos mataría ver si logras sacarles algunos nudes, por la causa, por la hermandad.

–Claro que sí, es más, no los busques tú para que veas como yo te lo traigo y hasta le saco copia en tamaño carta para que la pegues en la pared, maldito.

«Paren, por favor, no se sigan riendo, no podré soportarlo si siguen… Por favor.»

Con la presión que ejerzo al cerrar mis manos alrededor de mis orejas puedo sentir como las heridas empiezan a abrirse de nuevo. Puedo sentir como sangraba a través de la venda por la validez que fluía debajo.

–¿Qué hora es ya? Vámonos a comer algo en la calle que tengo mucha hambre y reírme tanto de tu chanceo no hace más que darme más hambre.

«Me odio.»

–Vamos pues, dos cuadras más adelante de la entrada hay un buen local de pizza.

«Inservible.»

–Esta vez me toca brindar a mí, ¿cierto?

«Inútil.»

–Menos mal no se te olvida.

«Muere.»

Y entre sus carcajadas, escucho como sus pasos a la par que sus voces se vuelven cada vez más lejanas, difusas, hasta el punto donde solo hay silencio.

Un silencio y yo.

Me quedo quieta durante varios minutos, no me muevo ni un centímetro, quitando el vaivén natural del cuerpo cuando se está de cuclillas.

«–Ya a esta hora no hay nadie, ¿cierto? Puedo darme esta pequeña libertad, ¿sí? No habrá problemas si lo hago, ¿verdad?»

Me pido permiso a mí misma, excusarme con cualquier cosa para justificarme si lo hago, esta es mi última vez, después de todo.

Solo necesito que alguien me diga que está bien. Que simplemente lo haga.

» –… Hazlo.

–Aaaaaa…. AAAA... ¡AAAAHHHHHHH!

Y lloro tan fuerte intentado calmar mi agonía, la flema en mi nariz, hacen que mi llanto, junto a mis gritos, se ahoguen. Además, y con una fuerza indescriptible, siento como algo se rompe dentro de mí. Mi esperanza.

Todo está oscuro, no puedo ver nada, no logro distinguir entre lo que veo y lo que creo ver.

No siento nada, ni el dolor de mis manos, ni mi labio roto, ni el dolor en la órbita de mis ojos, ni las lágrimas en mi rostro. Nada.

¿Así se siente cuando ya no tienes nada por lo que seguir?

Leí una vez, no sé dónde, que puedes herir física y mentalmente a alguien, hasta el punto que no pueda caminar ni pensar adecuadamente, pero esta persona seguirá queriendo vivir. Sin importar lo duro que sea su sufrimiento.

¿Por qué pasa eso? Simple.

Porque esa persona tiene esperanza. Esperanza de que saldrá de su situación, esperanza de que todo mejorará, esperanza de que sin importar el muro infranqueable que enfrente, lo podrá sortear.

Por eso, aquel sujeto decía:

“–El terror, en su verdadero sentido, es el momento en el que la esperanza se convierte en desesperación. Si le entregas a alguien un poco de esperanza, y luego se la arrebatas frente a sus ojos, la persona muere. Su corazón puede seguir latiendo, pero dentro de sí mismos, ellos ya están muertos”.

«–¿Puedes sentir ahora niña, el sabor de la muerte?

» –Sí.

» –Vámonos entonces, tenemos algo que hacer aún, ¿cierto?

» –Sí.

Ya las palabras que digo carecen de contenido, sólo basta con su “Sí” para decidirlo todo, no deseo justificar, tampoco quiero pelear, ya no quiero nada, solo dormir.

Y mi cama, para mi buena suerte, queda al borde del abismo.

De repente se oscurece el cielo, de un momento a otro las nubes cubren hasta el último vastigio de luz solar que quedaba, y empieza a llover, como en una tormenta, una tormenta que nunca acaba.

Hace alrededor de 2 meses

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#13

Capítulo 9 - Último Ocaso.

Que alguien me explique dónde exactamente fue que cometí el error.

Error que llevo cargado toda mi vida.

¿A quién ofendí? ¿A quién miré mal? ¿Dónde la cagué? ¿Caminé por dónde no debía? ¿Tropecé por accidente una lápida? En qué punto de mi niñez, ofendí a Dios para que me hiciera merecedora de tanto odio, tanto desprecio.

Tantos intentos, tantos errores, ninguna solución. Solo desesperación.

Se supone que ya debía haber salido de la universidad hace rato, pero, aunque siento que así debe haber sido, aún sigo caminando por el mismo pasillo, como un camino infinito, escucho los mismos pasos de suela dura chocando contra el frío cemento, y que se repiten una y otra vez como en un bucle, que se alejan de mí.

*Taka* *Taka*.

Un ruido perforante y a su vez inconfundible de un fantasma horrido, un fantasma que simboliza las palabras que aquí se dijeron y aún permanecen.

Escucho en la lejanía risas, son casi inaudibles, tan delgadas que el viento que sopla en el pasillo débilmente parece llevárselas, pero están ahí, y se aferran a mi oído como una aguja e hilo, burlándose.

¿Será esta mi representación del infierno? Condenada a nunca salir de este bucle incesante y que se repita, y se repita, y se repita, y repita, repita, repita, repita, una y otra y otra y otra y otra vez, tantas veces hasta perder cualquier vestigio de lo que alguna vez fui yo. Que se desvanezca mi cordura y solo quede un simple despojo.

Si es así, entonces, ¿qué necesidad hay de continuar peleando? Solo debo dejarme llevar, que las olas de dolor me ahoguen y me hunda en las profundidades de la desesperación. Es más fácil, intentar luchar contra lo indetenible es como querer parar la lluvia con las manos, como tapar el sol con un solo dedo, pelear contra un ejército con las manos desnudas, simplemente ilógico.

Recuerdo que alguna vez me dije a mí misma que no cometería tal flagrante error, ya una vez lo intenté y la cagué de manera espectacular. Pero me mentiría a mí misma si dijera que esa idea nunca volvió a pasar por mi cabeza, y aunque nunca lo dije en voz alta. Ella volvía de vez en cuando, tocando la puerta, como un vecino que pide azúcar para su café, siempre latente.

Y yo, en cada ocasión, la abría la puerta para que pasara, inundando mi cabeza con ideas, cada una más horrible que la anterior, pero todas coincidían en algo.

“No cometer ese mismo error otra vez. La próxima vez, lo haría bien”.

Y esa fue la frase que enmarqué en un cuadro, en algún cuatro de mi cabeza, como un recordatorio siempre presente de que, si algún día entraba de nuevo a esa habitación, sería la última vez que lo hiciera.

Es curioso ver que cuando uno sabe que las cosas pasarán, y haces todo lo que está en tu poder para evitar que suceda, inevitablemente termina ocurriendo.

«—Ya falta poco.

»—¿Ya falta poco? ¿Falta poco para qué?

Y cómo ya es usual, no recibo ningún tipo de respuesta, esta voz en mi cabeza se ha vuelto menos habladora que antes. Si antes solía invadirme a diario, y que cada una de sus palabras fueran tan hirientes como una bala, tan mordaz y destructiva como solo alguien que conoces de toda la vida puede ser, alguien que sabe todos tus secretos, todos tus defectos y que te odia, y los usa contra ti cada vez que puede. Pero me pregunto por qué ahora, cuando puede divertirse como nunca, ni se digna de aparecer, bueno, qué más da.

Dicen por ahí que cuando se está a punto de morir, la vida de uno pasa en frente de tus ojos, pero, ¿cómo es para aquellos a los que su vida siempre estuvo teñida por un color obscuro y lúgubre?

Es sencillo si lo pienso un poco. Y es que simplemente no hay nada que recordar, no tiene sentido recordar aquellos momentos donde fuiste feliz, si nunca los tuviste para empezar, desde el principio mismo, no hay vida que recordar.

«—Entonces, ¿qué debo hacer?

Pasan lo segundos, y la voz no responde, ¿por qué no responde ahora? Cuando quiero escuchar lo que tiene para decirme.

»—¡Vamos!; ¡Responde!

… Y lo único que obtengo en respuesta, es silencio absoluto.

Golpeo la pared a mi lado del pasillo en frustración, un dolor horrible y punzante recorre toda mi mano hasta los codos, mis heridas se abrieron más, las vendas pasaron de ser blancas oscurecidas por la mugre a rojas en su totalidad, la golpeo con bastante fuerza y me es insoportable la idea de solo hacerlo una vez, así que la golpearé tantas veces hasta que me sienta satisfecha.

—¡¿Por qué?! ¡¿Por qué maldita sea no respondes?! ¡Siempre, siempre desde que era niña estuviste ahí, fuiste el maldito que siempre estuvo ahí! Hablándome, incitándome, ofendiéndome, maldiciéndome una y otra vez y ahora, en este maldito momento cuanto más te necesito, ¿te vas a callar?

Grito al aire, es un grito entre llanto ahogado y una mezcla de agonía. El dolor de cada golpe es indescriptible, como si me arrancarán la piel de los dedos. Pero me importa una mierda el dolor, y menos aún que alguien me escuche, mientras lo hagan, al menos sabré que no dije esto en vano. Apreto fuertemente la mano entumecida, se está desvendando, la sangre gotea sutilmente, pero de gota en gota el cáliz se llena, y a su vez, mi voz se vuelve quebradiza como el cristal.

—¿Es que acaso no valgo ni unas últimas palabras? Por favor…

Con cada golpe que doy, débil como ellos solos pueden ser, no logran solucionar nada; no hacen nada para menguar mi ira, ni hacen sentirme satisfecha, son solo golpes sin significado, que solo me hacen cada vez más daño.

Después de unos pocos minutos de darle golpes, aquella voz dice algo finalmente haciendo que detenga mis golpes sin fuerza.

«—Llegamos.»

No llego a entender a qué se refiere con eso, pero de repente, todo el pasillo se vuelve más y más oscuro, la obscuridad gradualmente va absorbiendo la casi inexistente luz que había, hasta que es indistinguible dónde estaba la pared que hasta hace un momento golpeaba. Ni siquiera puedo ver mis manos frente a mi rostro. Y lentamente, como la débil primera brasa en una hoguera, pequeñas luces amarillo brillante se empiezan a hacer visible a mi alrededor, hasta que finalmente todo el entorno se vuelve claro y entiendo dónde estoy.

Estoy en el parque, pero, ¿por qué? Además de eso, ¿cómo llegué aquí? Hasta hace unos segundos estaba en el pasillo de la universidad.

Miró a mi alrededor y veo varias farolas, de hecho, tengo una a mi lado, debió ser la “pared” que hasta hace segundos estaba golpeando. Es obvio, es la única que tiene manchas de sangre salpicadas en el suelo a su alrededor y una grande en el medio.

Intento darle sentido a lo que está pasando justo ahora, mi cerebro hace todo lo que puede para darme una explicación, pero si no lo hizo con preguntas sencillas, menos lo hará ahora. Además, el dolor no me deja pensar bien, hace que mis pensamientos mermen. Pero es igual, es perfecto que ya esté aquí, me ahorro el camino de todos modos.

A unos cuantos metros más adelante de mí está una pasarela elevada, que pasa sobre uno de los tantos ríos del parque, no es un río artificial, así que su cauce es relativamente fuerte, y lo más interesante es que, aunque fuese de día, el fondo no logra verse claramente.

Lo sé, ya muchas veces he pasado por aquí y me he parado frente a ese mismo río, esa misma pasarela, haciendo mi mejor esfuerzo de deducir qué tan profundo es.

Camino lenta pero ininterrumpidamente hacia la pasarela, mis pasos hacen un traqueteo contra el suelo con losas de piedra, las gotas de sangre caen al suelo dejando un ligero pero visible camino carmesí, pongo ambas manos en la baranda, y siento lo helada que está, un frío inanimado, totalmente puro, pero que luego es empañado por lo cálida de mi sangre que termina por cubrir los alrededores de mi agarre. Hago un breve jugueteo con los dedos en el pasamanos, tocando rítmicamente con la yema de los dedos, como si fuera un juego ocasional. Dejando mi huella dactilar marcada con color rojizo. No tiene mucha altura el pasamanos, no llega ni a sobrepasar mi cintura, no sería para nada difícil si quiera treparla.

Me quedo observando el flujo del río contemplado su brillo, el reflejo de los faroles en el agua genera cierta proyección que lo hace cautivador, que te seduce.

Es un brillo que te atrae, como si estuvieras en las profundidades del océano, y hacia ti se acerca una pequeña luz en medio de aquella total oscuridad, sabes bien que no es algo bueno, que solo es un cebo, una trampa de un pez linterna, esperando a que se acerque cualquier pez desprevenido, atraído por su sobrecogedora luz, para luego ser devorado. Pero, aunque sepas que el fin se acerca, aun así decides perderte observando esa luz así sea por última vez.

Es la única luz que has observado en toda tu vida en aquella oscuridad, una pequeña luz que te invita a saltar. Y si es luz es la que acabará contigo, pues que así sea.

Fantaseo un poco más con el destello en el agua, aquel destello atrayente es hipnótico, a tal punto que antes de darme cuenta, ya estaba del otro lado de la baranda. Teniendo mis brazos en forma de “T” sujetos al pasamanos y con la punta de mis dedos de los pies a la orilla del vacío.

Estaba allí, con el corazón latiendo lentamente, cualquiera pensaría que si alguien se encuentra en esta misma situación estaría nerviosa, temerosa, pero es todo lo contrario, se siente una paz inexplicable. Todo a tu alrededor transcurre mucho más lento, puedes darte el lujo de detallar claramente todo lo que ves a tu alrededor, y todas las sensaciones que vas sintiendo.

No tengo del todo claro el porqué de tanta calma, simplemente es así y me da la oportunidad de pesar las cosas con una absoluta claridad al contrario que hace unos momentos.

Pensar cosas como que caer al agua desde esta altura no terminará conmigo, la pasarela está a una altura no muy alta y a menos que cayese de cabeza sobre una piedra, dudo mucho que logre acabar con mi vida, lo que sí podría hacerlo es no pelear contra la corriente.

Hace alrededor de 1 mes

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PurpleCats_2
Rango6 Nivel 27
hace alrededor de 1 mes

LA TENACIDAD DE UN FUTURO DIFUNDIDO


#14

Parte 2.

El agua a esta hora debe estar bastante fría lo suficiente como para provocar hipotermia por ser un río natural, si me sumerjo por el suficiente tiempo, los músculos terminarán por contraerse y empezaría a tener espasmos incontrolables, en un esfuerzo desesperando de mi cuerpo en intentar generar calor, me mataría la incapacidad de poder controlar mi cuerpo a esa profundidad y aún si me desespero por la falta de oxígeno, no podré subir a la superficie.

¿Me lanzo con las piernas amarradas? Debo asegurarme de que no haya posibilidad de arrepentimiento. Tengo la correa en mi cintura, así que aún si me arrepiento en medio del agua no podría volver a subir. No es mala idea, pero conllevaría más trabajo y ya estoy a la orilla, no tengo mucha movilidad ahora mismo.

Y si caigo golpeándome con una piedra la cabeza, sería más fácil ya que con suerte me mataría en el acto, tal vez me rompa el cuello y algunas vértebras queden desechas por el golpe, caer de rodillas para romperlas contra alguna roca e incapacitar mi posibilidad de nadar, romperme la espalda tampoco sería mal plan, si quedo parapléjica en el acto puedo olvidarme de la idea de pelear por subir a la superficie, estaría a merced de la corriente y las rocas afiladas en ella, algunos cortes, unos pequeños , otros profundos, una muerte indescriptiblemente dolorosa sin duda.

O simplemente que el golpe me deje inconsciente y ahogarme sin darme cuenta, una muerte dulce por así decirlo.

No, no puedo simplemente tener una muerte dulce y que acabe así, esta vida es un castigo, y si no lo pago correctamente no tendrá sentido, debo sufrir, agonizar, lamentar hasta el último segundo y así y solo así, podré morir. Me aseguro de este modo que no vuelva a repetirse de nuevo, si es que tengo una segunda oportunidad.

Me imagino que antes de irme, justo alguien llegara, alguien al que yo le importarse, aunque sea un poco y me detuviera. No importa quién se tratase, y me dijera que no lo haga, que aún hay mucho por lo que vivir.

El olor del césped húmedo por las mañanas, el sabor del café al desayunar, el sonido de la lluvia tras un día nublado, la sensación de una cama caliente; de una sonrisa cálida, de gestos alegres, de tantísimos ojos brillantes que hay en el mundo y que los míos, también brillan.

El apretón de manos al felicitar un trabajo bien hecho, las palmadas en la espalda confortables tras cometer un error, el sonido del timbre indiciado que el día acabó, la comida recién hecha de Mamá, los consejos algo pasados de moda de Papá.

Que aún hay muchas razones por las cuales seguir luchando, pero la cosa es que yo–.

Yo ya no tengo ninguna.

¿Cómo se sentirán ellos cuando sepan que su hija se fue?

¿Mamá llorará? ¿Papá lamentará no haber podido hacer algo? Pero deben entender que lo hago por ellos, así seré una carga menos, y podrán ver más allá del muro que representó y representa mi existencia. El gasto y molestia innecesario que soy, y además, aún pueden aspirar a tener otro hijo, un niño, espero que sea, uno fuerte y saludable, un pequeño alegre. Que le sonría a todo como yo no lo hice, un lindo hermanito. Y que esta vez, sea el hijo que desean, un hijo del que puedan sentirse orgullosos.

¿Tanto deseo encajar en un rompecabezas que ya tiene todas las piezas completas?

Ni me molesto en mirar a mi alrededor, no hay razones para hacerlo, no me llenaré con una idea falsa de esperanza, a creer que por un segundo alguien vendría y me detendrá. Ya es tarde, ya no hay nadie, y nadie es capaz de hacerlo.

Las puntas de mis pies sobresalen cada vez más de la orilla de la pasarela, solo un poco más, un pequeño empujón y listo.

Un salto de fe, donde no hay nadie que te espere al otro lado y te sujete, que te diga: “te atrapé, ¿viste que puedes confiar en mí?”.

La tensión de agarre en mis manos se vuelve más débil con cada segundo que pasa, para que solo sea necesaria una brisa lo suficientemente fuerte, como para mover las hojas en las copas de un árbol y hacerme perder el equilibro y caiga.

Mis manos ya no sujetan el pasamanos, levanto las manos un poco más hasta hacer una postura similar a la que haría alguien que está a punto de hacer un clavado y veo como las gotas rojas caen de mis manos y son llevadas por el viendo, y al final, termino por tener casi toda la planta del pie asomada hacia el vacío, lo único entre yo y el agua hambrienta, son mis pequeños y temblorosos talones, ahora, solo un pequeño empujón y podré irme.

La fría brisa hace que mis sentidos se adormezcan un poco y tenga una ligera sensación de sueño, tocó la punta de mis dedos entre sí y se sienten entumecidos, el dolor ya casi se ha ido, el sonido del viento silbante y como se mueven las hojas sobre mí y caen lentamente hacia el suelo, siento cada latido en mi corazón recorriendo y haciendo palpitar cada centímetro dentro de mí y mi respiración caliente que sale por mi boca hace que sienta un ligero vacío reconfortante en el pecho, como si se liberase un peso agobiante. Cierro mis manos para comprobar el dolor y como pensé, no siento nada ya. Toda esta amalgama de sensaciones juntas hacen que todas las cosas a mi alrededor se sientan como algo imaginario.

Ahí está, la brisa que hacía falta. Me tambaleo ligeramente hacia el abismo.

Pero justo en ese instante, algo me saca de mis pensamientos.

«—Espera, corazón. Es muy temprano para irte a dormir.»

Escucho una voz a mis espaldas, casi como un susurro hablado por el viento y me resulta muy familiar. Parece la voz de Papá.

¿Qué hace Papá aquí? ¿Cómo me encontró? No me explico en lo más mínimo. Pero si está aquí, entonces significa que, ¿alguien escuchó mis plegarias?

Volteo con un movimiento salvaje, desesperado, esperando encontrarlo ahí, con sus brazos intentado sujetarme, pero en su lugar encuentro a otra persona.

—¿Eh?

Una figura con aspecto muy sospechoso que me resulta algo conocida, ¿dónde lo he visto antes?

—Dije que te vas a morir si te lanza en esa agua, muchacha pendeja.

Aquella persona me responde de la manera menos esperada, entonces la voz que escuché antes ¿fue de él? Pero estoy segura de que era la de Papá, ¿habrá sido una ilusión?

Tengo una sensación cálida que me recorre el rostro de principio a fin, ¿estoy llorando? ¿Por qué estoy llorando?

—No esperaba encontrarte de nuevo por aquí, ¿no será que te gustó lo de aquella vez? ¿Vienes por otra dosis?— el tipo ríe despreocupado, como si nada estuviese pasando.

Pongo una mirada complicada de describir, seco mis lágrimas rápidamente y un poco de la mucosa nasal que chorrea de mi nariz, no logro dilucidar de qué me está hablando, ¿por qué me está diciendo eso? ¿Qué quiere?

¿Será que no entiende lo que está pasando ahora mismo? ¿Acaso no es lo suficientemente obvio?

Pero de un momento a otro, su cara despreocupada se torna en una más seria y desde los probablemente cuatro metros de distancia entre nosotros, su mirada choca inequívocamente con la mía.

—Oye, no sé en qué clase de problemas te hayas metido, pero por favor, no te lances.

—¿Por qué no debería?— le respondo de la forma más natural, que hasta me hizo sentir extraña por lo fácil que fue responderle a un extraño.

—Pues para empezar— se toma la cintura estirándose un poco— río abajo hay una rejilla para basura, así que terminarás chocando contra ella, además de que por tu culpa vendrá la policía y comenzarán una investigación por los alrededores, habrán a quienes le echen la culpa, habrán problemas, dramas, dejaste toda la baranda ensangrentada así que lo más normal es que piense que fue un asesinato, y no podré trabajar con ellos dando vueltas por aquí— hace un gesto con las mano haciendo como un círculo en el aire— así que preferiría que no lo hicieses por aquí, hay muchos otro lugares que puedes dejar de ser una molestia. Limpiaré esto, así que no te preocupes— termina de decir con una risa forzada al final.

Me le quedo viendo sin decir absolutamente nada, es como una mirada inquisidora, lo miro diciendo para mis adentros «solo vete.»

Él observa mi silencio, así que suspira y continúa hablando.

—Sabes, cada quien puede tener sus razones para acabar con su vida, pero ¿te digo algo?, si vale la pena hacerlo, entonces vale la pena disfrutarlo ¿o no?

—¿A qué te refieres?  

El sujeto hurga en los bolsillos de su saco buscando de un lado a otro entre cada hendidura, hasta que saca de su chaqueta una bolsita transparente, idéntica a la de tenía en mi bolsillo aquella vez, y en ese momento recuerdo quién es él.

Observa la bolsita un poco más y acto seguido voltea a verme a mí, me mira a los ojos durante unos breves instantes, para luego desviar la mirada hacia un lado.

—Es gracioso que a tu edad tengas la misma mirada de alguien que lo ha vivido todo, ¿qué te habrá hecho el mundo para que tuvieras unos ojos así? me recuerda a la de alguien que conocí hace bastante tiempo, buen chico, malas decisiones, en fin. Debiste haberla pasado mal ¿cierto? No me interesan las razones, solo los futuros negocios, así que ten esto y disfruta— extiende su mano en mi dirección con aquella bolsita en la palma— pensaba cobrarte la nueva dosis, pero creo que en este particular caso, puedo darte una excepción porque es la última que me queda, ya me pagarás de seguro.

«¿Es en serio? Realmente esperas que yo deje de hacer esto, con toda la determinación que he acumulado para poder estar al otro lado de la baranda, ¿solo para agarrar una puta bolsa con droga?»

Pienso eso con toda la claridad mental que puedo generar en el momento, su mera presencia está empezando a exasperarme, pero sin siquiera darme cuenta, ya estaba de nuevo sujeta al pasamos. No, de hecho, estaba en medio de pasar mis piernas de un lado al otro.

«Espera, espera, espera, espera, espera, ya va.»

Hace alrededor de 1 mes

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#15

Parte 3.

Repito rápidamente en mi cabeza, atropellando las palabras y sin separación entre sí, como si fuera una palabra única inventada por mí.

—Pareces que te gustó la última dosis, me sorprendió que salieras corriendo de golpe, pero supongo que es normal si te metiste una pastilla completa de golpe.

Para este momento ya estaba de pie al otro lado de la baranda. Para ser más preciso, tenía mi mano sobre la del sujeto sosteniendo aquella bolsita como si nada.

—Qué rápido cambio de eventos— acota él con una ligera sonrisa  

«Ni que lo digas.»

Refunfuño en última instancia.

—¿Qué mierdas te pasó en las manos? ¿Te peleaste con una licuadora?

Mira sorprendido las marcas de corte en mis dedos, tanto color rojo puede ser impactante.

¿Cómo terminó así? Maldita sea, hasta hace unos segundos estaba lista para saltar, tenía toda mi determinación fija en una sola cosa, no puedo creer que con solo sus malditas palabras haya hecho que todo esto se fuese a la mierda, y ahora estoy del otro lado de la baranda sosteniendo una bolsa de quién-sabe-qué.

¿Darme un último gusto dice? Se supone que tengo que sufrirlo, no disfrutarlo.

Sujeto con ambas manos la sustancia dejando algunas gotas carmesíes en su mano como intercambio, y la observo con la mirada algo pedida, no sé qué observo exactamente. Si la bolsa o mi mano desecha.

«—Bueno, si tengo que sufrir al final, que al menos esto se sienta bien.»

Intento abrir la bolsa rápidamente, pero esta no cede, el cierre mágico es una mierda, y la sangre haciéndola más resbalosa a mis dedos no ayuda en nada, así que la termino rompiendo con los dientes.

Esta sensación nostálgica, estoy haciendo algo que, de alguna manera, con el simple acto de romperlo me genera un extraño placer.

Me deja un sabor plástico y cobrizo en la boca después de abrirlo.

Esta vez no tomaré toda la dosis, será solo media, quiero esta lúcida y ser consciente de las cosas que pasan. Parto la pastilla por la mitad dentro de la bolsa y saco aquel pequeño pedazo, y antes de llevármelo a la boca observo al sujeto y le pregunto algo que me ha tenido en duda desde hace rato.

—¿Cómo te llamas?

Su rostro sorprendido demuestra que mi pregunta lo tomó por sorpresa.

—¿Mi nombre? Ha pasado mucho tiempo desde que me preguntaron eso, creo que hasta se me olvidó ya.

Se queda en silencio a pensar durante unos segundos, seguramente se está inventado uno sobre la marcha para no darme el suyo real. ¿Qué más da si me lo dice? Total, me lo llevaré a la tumba dentro de poco.

—Ah, ya recuerdo. Me llamo Larry, y dado que vamos a empezar un trato de negocios ¿y el suyo cuál es?, señorita

Oh, ¿Qué es esto? Ah ya sé, el nombre más malditamente falso que he escuchado en mi vida.

—Me llamó Lucinda, solo dime Lucy.

Le doy una respuesta simple, no es como si me importara de todos modos, llegado a este punto que sepa mi nombre es irrelevante.

—Bueno Lucy, es un placer, dicho esto, que disfrute su dosis.

Acto seguido, meto la pastilla en mi boca y me la trago de golpe, guardo lo que queda en mi bolsillo y me quedo ahí quieta, esperando a que el efecto empiece.

Al cabo de unos minutos que se sintieron eternos entre miradas incomodas y observaciones hacia todo el desastre sangriento a mi alrededor y que a causa de esto, empiezo a sentirme mareada, de pronto, siento una sensación de hormigueo bajo mi piel que se siente embriagadora.

Sube por cada poro de mi piel de manera rápida y contundente, mi corazón se acelera de golpe y al final, siento que mi mirada se vuelve borrosa momentáneamente.

«Oh mierda, aquí vamos de nuevo.»

Hace alrededor de 1 mes

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#16

Capítulo 10 - Luna de sangre.

La sensación de carga eléctrica va desde mi pecho hacia cada extremo del cuerpo, como la punta de los dedos de mis manos, hasta la punta de mis pies. Hasta esencialmente cada rincón de mi cuerpo y que lo hace crepitar y estremecerse. Como una detonación nuclear, generando una onda expansiva destructiva en cada nervio.

Es como si fuese prácticamente un generador. Cada movimiento que hago se ve extremadamente rápido y lo siento lleno de fuerza, pero en contraposición, mi alrededor se ve ralentizado como si viera a través del lente de una cámara ultra lenta.

Extiendo mi mano frente a mí y la abro completamente. Mis manos no duelen en lo más mínimo, no siento la yema de mis dedos, ni mi palma; mis manos se sienten anestesiadas, pero logro sentir la brisa del viento que sopla entre mis dedos y mueven las vendas sueltas lo que me hace que me pregunte por qué pasa esto.

Inclusive, y añadiendo una sensación nueva al catálogo, empiezo a sentir un ligero hormigueo en mi entrepierna, una sensación que va y viene, pero permanece, incitándome a que la toque.

Pero no tengo tiempo para eso ahora, después podré satisfacerme como quiera, pero no solo eso, si veo un poco más allá, ¿por qué auto satisfacerme si podría hacer que otros me satisfagan a mí?

Esta idea me excita, mi cuerpo siente una descarga ligera que va desde mi pecho, pasando por mi vientre y terminando un poco más abajo con un pequeño choque al final.

Es asombroso ver todo con absoluta claridad, cada luz se ve más brillante de lo normal que casi puedo tocar la luz que emanan. La sensación de mareo inicial que sentía hasta hace poco se desvaneció completamente, de hecho, ya no siento ni fatiga muscular. Me siento muy bien, con esto creo que estaré bien por el momento, podré hacer lo que quiero sin miedo a que el efecto pase muy rápido.

El aroma del césped se ve amplificado hasta el punto que es hasta abrumador, la humedad en el aire, el olor característico del agua de un río, el olor a cobre que impregna el aire. Todos olores que se mezclan en mi nariz creando una amalgama extraña pero intrigante.

«—Tengo un sabor a hierro en la boca, ¿es normal? Bueno, no importa.»

Son tantas las nuevas cosas que logro percibir ahora que me es difícil de creer que todas ellas estuvieron a mi alrededor todo este tiempo, pero ahora soy capaz de darle una probada a este delicioso y pútrido mundo... y me encanta.

«Increíble, ¿acaso había olvidado esta sensación aquella vez? ¿Cómo pude permitírmelo?»

Se siente amargo, pero al pasar los segundos, término por aceptarlo, hasta lo prefiero así.

Ahora mismo veo, siento, oigo, huelo y pruebo todo a mi alrededor, antes no pude apreciarlo, no lo quería. Pero ahora, es totalmente bienvenido a mi mundo.

«—Aaah David, te querías coger a esta perra, pero esta perra te cogerá a ti.»

Río ligeramente, intento disimularlo lo más que puedo para no verme extraña, pero es que la simple idea me enciende

«—¿Cuándo me volví tan caliente?»— Me pregunto a mí misma, pero al final no es nada, es una pregunta retórica.

Mientras miro a mis alrededores mi mirada posa en el tal Larry, me mira con una sonrisa mínima y con los ojos un poco entrecerrados, como si buscara enfocarme con la mirada.

No vacilo ni un poco en poner una mirada afilada hacia su dirección y le pregunto con una voz seria.

—¿Qué quieres? ¿Por qué me miras así?

—Por nada, solo ando contemplando el paisaje, ¿acaso no puedo?— sonríe al final, mientras va moviendo su mirada de arriba a abajo en mí.

¿Acaso este maldito no me toma en serio? ¿Qué es tan malditamente gracioso que siempre se anda riendo? Que me cuente el chiste, porque no lo entiendo.

Su asquerosa sonrisa me exaspera, que se vaya de una maldita vez y me deje disfrutar de mi momento.

—No, no puedes. Vete de una puta vez.

Al escuchar eso el abre los ojos como con sorpresa y con gestos en su rostro que lo hacen ver afligido, pero sé que todo es puramente fingido, se le nota en su hastiosa cara. No son necesarios tener dos dedos de frente para darse cuenta que alguien como él no se ofendería por tan poco. Es más, ¿la gente como él se ofende siquiera?

El tal Larry deja de mirarme y procede a voltearse, presumo que para irse de una buena vez, pero cuando se estaba yendo entonces dice algo muy curioso.

—Oye, yo siempre estoy a la misma hora y en el mismo canal, pero ya se acabó el servicio gratuito, que te quede claro. Nos vemos luego, puta.

Levanta la mano como en un saludo y termina de ir sin nada más que decir.

—¿Puta? Maldito perro sucio de la calle— escupo verbalmente a sus espaldas en voz alta, sin esperando a que me escuche.

Pero simplemente se aleja más y más para luego perderse entre la lejanía y la oscuridad del parque que lo fue cubriendo poco a poco hasta desaparecer completamente. Ya el incordio se fue, ahora, es momento de darme gusto.

Para empezar, vamos a dar unas vueltas mientras tanto.

Empiezo a caminar por el parque, mis pasos en las losas de piedra son fuertes, aplico mucha presión en cada paso que doy y hacen que la suela del zapato que de por si es dura, genere un sonido de choque sordo, voy por ahí anunciando mi presencia con cada pisada.

Paso de nuevo por el poste que estaba golpeando hasta hace poco, lo veo y logro observar la sangre aún fresca, la toco y tiene como una cubierta algo dura y fría en el exterior, pero que tan pronto entra en contacto con mi calor corporal esta se derrite, es como la nata sobre una sopa fría.

«—Fascinante.»

Me llama mucho la atención este hecho, es como alguna especie de descubrimiento personal, siempre vi la sangre como algo que daba miedo y extraño hasta cierto punto. Pero ahora que la observo solo estando ahí, en ese pequeño poste, en salpicaduras aleatorias hacia todas direcciones no puedo sentir otra cosa más que asombro y fascinación.

Es alguna especie de líquido extraño que existe dentro de todos nosotros y que, sin su recorrido por nuestro cuerpo, nosotros no vivimos.

Pero yo me pregunto, ¿por qué es rojo?

¿Por qué no azul? ¿O verde? Tantos colores que existen, pero este es el que terminó siendo, además de que no es cualquier color rojo, es uno particular, te pueden querer vender una paleta de colores rojos y si te dicen que este es el color "rojo sangre" es simplemente un mentiroso. El verdadero color sangre está dentro de nosotros, ningún otro color puede aspirar a emular al rojo que corre por nuestras venas, lo que lo hace especial y hermoso.

Existen tantos colores "rojos sangre" diferentes en el mundo como personas que lo habitan, cada quien tiene su propio color característico. Es su huella digital, su firma de negocios.

Llevo este hermoso color rojo en mis manos, en mis muñecas, mangas, camisa, pantalón, hombros, cara, cabello. Estoy teñida por un color único, uno que solo yo puedo crear y del que no es dueño nadie, solo yo. Esto es mío y enteramente mío.

Sin embargo, si alguien me ve así tal vez llamen a la policía. Además de que ese maldito no limpió nada de la sangre en la baranda de la pasarela, tengo que limpiarlo todo.

Me devuelvo a la pasarela y me quito la camisa quedando prácticamente con solo el sostén a la intemperie, el frio que está haciendo es brutal con la piel expuesta, pero en verdad que no me molesta, de hecho, podría andar toda la noche así y siento que no me pasaría nada. la usaré tanto para limpiar este desastre como para limpiarme a mí misma un poco, es una camisa negra, no creo que las manchas se noten ya que tampoco es mucha sangre, y la camisa es negra. No puedo dejar evidencias tan obvias.

Me limpio el rostro y parte de las muñecas y brazos. Es relativamente fácil así que termino de hacerlo rápido, así que paso a la baranda, cuando coloco la camisa en la baranda un viento helado golpea mi espalda haciendo que me dé un escalofrió que golpea de lleno y llega hasta mi cerebro, no fue un escalofrío normal, fue un choque eléctrico que eriza todos los vellos de mi cuerpo de golpe, y como añadidura sorpresa, me mojo un poco.

—Mierda, estoy demasiado sensible, así no lo sentí aquella vez, ¿será otro tipo de droga y él me engaño?

Me debato en mi cabeza, pero no tiene sentido discutirlo ya, él no está y no hay nada que reclamar, solo tengo que tomarlo como experiencia nueva y es todo.

Paso de lado a lado mi camisa por la baranda limpiando tanto como puedo la sangre, debo apresurarme y no seguir perdiendo tiempo, hay muchas cosas que hacer y la noche apenas comienza.

Termino de limpiar toda la baranda, queda totalmente pulcra en comparación a las otras partes, así que decido ponerme la camisa, la acerco un poco a mi cara para olerla únicamente porque me apetece y emana un olor curioso, es una combinación entre mugre, sudor y sangre. Es algo acido cuando lo huelo, pero continúo haciéndolo, ¿me pregunto a qué sabrá? Intento acercar la punta de mi lengua por mera curiosidad morbosa, pero un sonido interrumpe mi momento no tan privado.

—Oye Manuel, pero solo mira lo que nos trajo el río.

Una voz masculina proviniendo de mi derecha me alerta de la presencia de alguien, volteo en su dirección y no uno sino dos chicos están ahí parados viéndome a no más de cálculo yo, doce metros de distancia.

Llevan ropa deportiva, el de la derecha lleva un jean azul con zapatos negros y una chaqueta de lo que parece por lo desteñida, cuero falso. El otro lleva un mono color gris con unos tenis azules y un suéter gris que hace juego, lleva un pasamontaña en la cabeza de color azul oscuro.

Estos tipos se visten horrible.

—¿Qué pasó, mi amor? ¿te quieres echar un baño a estas horas? Si tú quieres te acompañamos para que no estés sola- se ríen ellos con sus manos metidas en sus bolsillos.

Hace alrededor de 1 mes

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#17

Parte 2.

Ellos se acercan a mí dando pasos lentos pero largos, en pocos segundos llegarán hasta donde estoy.

—¿Viste Manuel? ella no tiene camisa, deberíamos aprovechar.

El de la derecha habla insinuando algo, ¿así que el de la izquierda se llama Manuel? Perfecto, juguemos con eso.

—Si claro, qué caramelito más delicioso el que nos acabamos de encontrar.

Responde Manuel ya sacando sus manos de los bolsillos del suéter y cerrándolas como puños.

«Oh, parece que intentarán violarme.»

Que cambio de acontecimientos más hijo de puta, pero es raro, debiera estar asustada, estos tipos potencialmente pretenden violarme, pero en lugar de eso no me siento asustada en lo más mínimo. En cambio, me siento emocionada, quiero ver lo que intentarán, quiero ver cómo pretenderán acercarse a mí, ¿me rodearán? ¿Será qué me golpeen para dejarme inconsciente y abusar de mí? ¿serán muy rudos conmigo? ¿Así perderé mi virginidad oficialmente? No tengo idea, pero de solo pensarlo me emociono y me hace fantasear con lo que se acaba de ocurrir.

«Ok, veamos qué tan bien resulta.»

Mi camisa cubre mis vendas en las manos, desde su perspectiva no debo aparentar tener sangre por ningún lado y a sus ojos soy solo una chica inocente que encontraron por causalidad y que probablemente sea una presa fácil.

Ya los tengo a unos escasos pasos de mí, será divertido.

Manuel se acerca a mí primero de frente, el otro chico que ahora denominaré como "estúpido" está detrás de él viendo en ambas direcciones. Manuel extiende su mano para tocar mi rostro con su palma en mi mejilla para luego posarla en mi mentón.

—Mi amor, ¿Sabes lo inseguro que es andar a estas horas así vestida? Te podrían aparecer gente con malas mañas, ¿verdad, Frank?

"Estúpido" voltea en mi dirección y dice palabras repetidas de idiota.

—Claro, como nosotros.

Que palabras tan estereotípicas, ¿será que venden un manual para violadores de cuarta en alguna librería en la que se dice esa tontería?

«—¿Se supone que debo sentirme intimidada por eso? Son patéticos, pero vamos a seguirles el juego.»

Hice una cara de preocupación fingida que debe ser suficiente como para convencerlos de que tienen el control total de la situación.

Manuel ve mi rostro y sonríe con satisfacción, debe creer que su plan está saliendo viento en popa. Baja su mano lentamente pasándola por mi cuello y acariciándolo, aleja su mano un poco para solo tocarme con un dedo, que luego pasa por mi clavícula haciendo círculos y movimientos curvos. Tiene la mano fría así que la sensación es excitante cuando toca mi cuerpo caliente.

Su dedo sigue su camino hasta tomarse con mi sostén, choca con él y sin mediarlo dos veces me sube el sostén hacia arriba dejando de mi pecho, dejando al descubierto mis senos rosados, el pezón está erecto por el frío y claro, por lo emocionada que estoy. Manuel, acto seguido después de contemplar durante un momento mis pequeños senos decide juguetear un poco con el izquierdo.

Pasa su dedo alrededor, hace círculos sobre mi aréola, juguetea dando toques mientras me presiona con la punta del dedo el seno, y entonces de improviso sujeta mi pezón con su dedo índice y el corazón como una pinza, sujetándolo y luego dándole un leve tirón.

—Haahaaa.

Solté un pequeño gemido, se me escapó por accidente, pero creo que servirá.

El "estúpido" observa embelesado como me toquetea su amigo y cuando bajo la mirada me percato que se está acomodando la verga en el pantalón.

«—¿Te excitaste? Que tierno.»

Manuel está exhorto en su labor, dándome, aunque barato pero esforzado pequeño placer.

Durante todo este rato, mantengo mis manos cubiertas por mi camisa, no quiero que me las vean, no aún. Y he estado haciendo presión en mis dedos intentando hacerlos sangrar. Ya falta poco, estoy segura.

Entonces "estúpido" hace un gesto extraño arrugando la nariz, y hace como si estuviera oliendo algo, pero no sabe qué exactamente. Y entonces habla.

—Mira, Manuel, ¿no te huele como raro?

Mi mirada se concentra enteramente en "estúpido", no me quiero perder de lo que dirá.

—¿Si? ¿Cómo a qué?

—No lo sé, es un olor metálico, como a hierro, es muy poco lo que logro oler pero se parece como al otro de la...

Y yo sonrío.

—¿A sangre?

Ellos voltean a verme con cara de sorpresa, durante todo este rato no había dicho ni una sola palabra, pero ahora, no solo hablé si no que hasta les sonreí. Ahora es cuando.

—Ah, lo siento chicos, pensé que lo había limpiado bien, discúlpenme.

Se miran entre ellos sin lograr entender a lo que me refiero, están totalmente perdidos y sus rostros confundidos no me dan más que un gusto mayor.

—No es nada, en serio, es solo lo que quedó del que estaba antes que ustedes dos, pero ya se fue así que no creo que estorbe ya— y en medio de lo que les digo suelto una pequeña risa burlona.

—¿De qué estás hablando? Perra— dice Manuel con el rostro confundido y algo preocupado.

Lo miro a los ojos y con una mirada sorprendida e inocente les intento explicar.

—Ah, no es nada mis amores, solo es que alguien vino antes que ustedes y quiso divertirse conmigo un rato, como ustedes. Pero él fue muy brusco— hago un puchero fingido para añadirle dramatismo— así que yo tuve que ponerme un poco brusca con él. Me agarró, me tocó el rostro, luego pasó su mano áspera por mi cuello y terminó por quitarme el sostén, hasta me jaló un pezón, ¿puedes creer eso, cariño? Que exista gente así me repugna.

En ese momento levando la camisa, pegándosela al suéter de Manuel color gris en su estómago, y en su rostro se dibuja una cara de asombro y miedo genuina al ver que su suéter se estaba oscureciendo, se estaba humedeciendo y probablemente sintiendo el calor que este emanaba.

"Estúpido" no tiene idea de qué decir por los gestos de su cara, mira a Manuel como esperando que diga algo y luego a mí, no sabe qué hacer.

«—Es tan perfecto que asusta.»

—Pero no se preocupen, espero que no tenga frio con el agua del río, intenté limpiar lo mejor posible, pero me quedaron algunas manchas en las manos.

Restriego lentamente mi camisa en dirección al rostro de Manuel, haciendo una línea recta oscurecida se marque en su suéter. Hasta que casi llega a su rostro y con movimientos de mis manos, dejo que caiga la camisa, exponiendo mis manos rojas frente a su rostro, donde él puede verlas claramente y hasta olerlas.

—Pero tú serás sutil, ¿verdad, cariño?

Añado al final, dejando al descubierto toda la sangre acumulada que tan pronto inclino la mano para tocar el rostro de Manuel, minúsculas gotas caen al suelo.

Le dejo una marca en su rostro con mi sangre, y en ese momento le entrego una linda sonrisa.

Y en el rostro de Manuel y de su amigo, solo pude encontrar una mirada de terror y asco tan pura que hasta me dio risa.

Manuel se aleja de mí por instinto, chocando con "estúpido" que estaba detrás de él haciéndolo caer al suelo.

Manuel se aleja varios pasos, pero yo me acerco a él en respuesta.

—¿Qué pasa cariño? ¿Acaso no me quieres? — tomo una expresión afligida en mi rostro— pensé que serías diferente al de antes, pero ya veo que eres igual a él, es una lástima.

Tan pronto termino de hablar, el "estúpido" sin mediar palabras sale corriendo al darse cuenta de que no estaba al tanto de él. Escucho sus pasos alejándose de mí lo cual hizo las cosas aún más fáciles.

Manuel lo ve correr y su mirada dice algo como "maldito traidor", es interesante ver la cantidad de gestos que puede hacer Manuel en un momento.

—Vamos, Manuel. No me decepciones.

Acerco mis manos un poco más a él y lo que obtengo es un grito afeminado de su parte.

—¡AAAAAHHHHHH!— grita de manera corta pero totalmente apasionada, voltea en dirección opuesta donde corrió el otro chico y golpea mis manos dando un manotazo para que no lo tocara. Entonces se agacha momentáneamente y se escabulle tan rápido que hasta lo pierdo de vista por un momento.

Fue muy rápido, pero entonces cuando veo en su dirección lo veo corriendo a toda velocidad alejándose que aquí.

Me quedo escuchando sus pasos mientras se aleja, hasta que ya no escucho absolutamente nada. Y en ese momento, pude darme el lujo de desamorarme.

Caigo al suelo de nalgas, mis piernas apenas aguantan mi peso, están temblando, todo mi cuerpo tiembla incontrolablemente.

Suelto una risa nerviosa al aire intentando liberar tensión en mi cuerpo.

—Uff, menos mal todo salió bien, por poco no lo aguanto— digo al aire para mí misma. Unos segundos más y hubiera colapsado en plena actuación.

No sé por qué colapsé, no sentí miedo, ¿será por la emoción? Quizás me excité tanto de golpe que no pude controlarme, ¿o tal vez sea por la pérdida de sangre? al menos toda mi puesta en escena funcionó.

Pensar con cabeza fría fue la solución en este caso, y que ambos tipos eran unos amateurs, pero, ¿y si hubieran estado armados? Las cosas pudieron haber sido diferente seguramente.

Me quedo ahí en el piso por unos minutos, recuperando el aliento un poco para luego levantarme apoyada de la baranda. El efecto de la pastilla aún está vigente, lo siento correr por mis venas, así que la noche no ha acabado para mí.

«Linda manera para empezar mi noche.»

Me limpio un poco el polvo del pantalón, me volteo y simplemente sigo caminando.

Hace alrededor de 1 mes

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#18

Capítulo 11- Los héroes no existen.

¿Quién no ha soñado con el poder? Estar por encima de todos, que todos te rindan cuentas y que la última palabra siempre la tengas tú.

Es una fantasía, es embriagante la idea para algunos, juguetear con las ideas, sueños, esperanzas e incluso vidas de cada uno como si tuviésemos más derecho de hacerlo que ellos mismos.

Pero a fin de cuentas, es solo un sueño, ¿acaso es repudiable tener ese tipo de ideas? Algunos han fantaseando con la idea de echarle aceite hirviendo en la cara a sus madres, mientras observan. Otros se imaginan cómo sería la escena a su alrededor si tuvieran el poder de matarlos a todos como si nada, como si la vida no valiese nada y no tuviese repercusiones sus actos. Hay quienes simplemente juegan con la idea de ver a una mujer en la calle, hermosa y fina, y cómo sería si ahí mismo, la metiesen a un callejón oscuro y la violaran, una y otra vez hasta sentirse satisfechos, y que la luz de la esperanza se extingue de sus ojos. Pará luego salir de ahí como si nada hubiera pasado.

Y lo más interesante de todo estos, es que estas ideas no provienen de mentes enfermas, sino de cualquiera. De tu vecino, tu mejor amigo, tu hermano, el compañero de la universidad, tu jefe del trabajo. Todos hemos tenido esa fantasía; yo las tengo, ellos también, y lo han imaginado al menos una vez, y todos te lo negarán, pero muy en el fondo saben que son unos mentirosos.

Es extraña la sensación de caminar por las calles así de drogada. Mi camisa está húmeda, tuve la idea de lavarla en el río pero preferí solo ponérmela así, si no me mataba la perdida de sangre sí lo haría la hipotermia de haberlo hecho, en todo caso nadie se acerca lo suficiente como para distinguir si es simplemente humedad o algo más. Al verme pasar por la acera todos desvían la mirada cuando me ven a los ojos, como si viesen un fantasma. Terminan por cruzar la calle o cambiar completamente de dirección.

Algunos que sí pasaron por mi lado lo hicieron con cautela, a la espera de que hiciera algo extraño, sus miradas nunca dejaron de posarse en mí hasta que estuvieron lo suficientemente lejos. Es graciosa esta sensación, ¿acaso lo que huelo es, miedo?

¿Me temen? ¿Soy digna de tener? ¿Así se sienten los grandes en los más altos escalafones sociales? Aquellos que prefieren ser temidos que amados.

Nadie me ama, pero sí me temen, es más fácil tener miedo porque es algo inherentemente nuestro. Se nos enseña a tener amor por el prójimo pero no a odiarlo o a temerle, ¿por qué?

Simple, porque nacemos odiando, nacemos temiendo, ¿qué necesidad hay de enseñar algo con lo que nacemos? Conocemos lo que es "temer" antes de lo que es "querer". Y se nos enseña que está mal odiar a otros, y que ellos te odien a ti, pero aquí estoy. Soy la prueba de que temer es el único camino que te resulta porque, aunque es difícil ser amado o respetado y al final el resultado puede ser todo menos el esperado, es tan fácil ser temido y odiado, y que el miedo sea tu estandarte. Porque es el arma más eficaz, llega directo al corazón de los débiles y te da el poder sobre ellos.

Hay un "buen libro" que si bien predica todo lo contrario, ejemplifica todo esto, y ejemplos como ese hay muchos. Dominar a través del miedo o el odio. Y lo mejor de todo es que al final, a diferencia de los que son amados y respetados cuyo destino es incierto, todos sabemos lo que le tocará a nosotros, los monstruos.

Tardé tanto en entender eso, o más bien, tardé tanto en finalmente aceptarlo. La verdad que tanto se ocultaba de mí, de golpe como en una epifanía, se reveló y pude verlo todo tan claramente.

Sonrío un poco, algo similar a cuando recuerdas un chiste de mal gusto que ves por internet, no hay nadie a mi alrededor, casi todos están en la otra acera, como si huyeran. No logro escucharlos, pero los veo hablar, veo sus gestos, hablan tan alegremente; despreocupados, algunos agarrados de la mano, sonriendo de manera cálida, otros riendo sin reservas, algunos caminan serios, otros con expresiones de idiota en el rostro, me molesta, ¿por qué me molesta? El solo verlos me provoca ira. Quiero golpearlos a todos, son unas basuras.

«—Pero más lo eres tú.»

Con cada paso que doy, siento un hormigueo en mis manos y pecho, además de una persistente sensación de mareo. Estoy escuchando cosas, es como si alguien me hablara dentro de mi cabeza, un parásito susurrante

¿Será culpa de la pérdida de sangre? Mis pasos se vuelven pesado, pero aún tengo energía, es como si mi cuerpo me dijera alto, pero mi interior quiere seguir, ¿por qué detenerme ahora? No puedo solo quedarme aquí y listo. Han pasado muchas cosas como para dejar que me gane la anemia.

»—Te odio.

Chasqueo la lengua en señal de molestia, lo sabía, hay alguien hablando, pero no está afuera, sino dentro de mi cabeza.

Acelero el paso, intento buscar un callejón tan rápido como puedo, un lugar donde nadie pueda verme por unos momentos.

»—¿Tienes miedo?

La voz que en un inicio era apenas audible iba cogiendo más y más fuerza.

—No.— le respondo en voz baja, mientras apresuro cada vez más el paso.

»—¿Entonces por qué huyes?

—¿Huir? No estoy huyendo— bajo la cabeza, intento responderle susurrando , pero mi voz tiembla con cada palabra y hace que lo que al principio sonaba fuerte, termine pareciendo más un quejido— no tengo porqué huir de ti.

»—Cobarde.

Su voz carrasposa hace eco llegando a cada rincón de mi cabeza, haciendo que incluso pierda el equilibrio un poco y casi caiga al suelo.

»—Cobarde. Cobarde. Cobarde. Cobarde. Cobarde. Cobarde. Cobarde. Cobarde. Cobarde. Cobarde. Cobarde. Cobarde. Cobarde. Cobarde. Cobarde

La voz se vuelve más fuerte y ensordecedora, ya no puedo escuchar el ruido a mi alrededor, es como si alguien me gritaran en el oído con todas sus fuerza. Me duela la cabeza, mis piernas están temblando, además me está costando ver bien, todo se está poniendo borroso.

Me muerdo el labio fuerte intentando mantenerme aún lúcida por la sensación de dolor, peor no logro absolutamente nada, fue simplemente inútil, esto no me gusta, estoy perdiendo la conciencia.

Intento enfocar la mirada lo más que puedo hasta el punto que empieza a dolerme detrás de los ojos, y para mi suerte, logro ver que a unos metros más adelante hay un callejón.

La voz sigue arremetieron una y otra vez con sus palabras en mi cabeza, no da señal de tregua y con cada segundo que pasa, es como si cada vez que grita "cobarde", mi vista se nublase cada vez más.

Me está matando, con cada palabra que dice va matándome lentamente.

Logro llegar al callejón, a duras penas puedo mantenerme de pie, doy algunos pasos adentrándome más en la boca de lobo sin siquiera poder distinguir lo que hay a un metro de distancia. Los parpados me tiemblan y cada vez que cierro los ojos al parpadear, temo que no pueda volverlos a abrir.

El punto de entrar al callejón es simple y directo.

—¡Cállate!

Grito tan fuerte como puedo, pero lo que esperaba fuese un grito lleno de energía que lograse despejar mi cabeza, al final resulta ni ser la sombra de lo que esperaba.

Es como un susurro ahogado, las palabras no salen de mi boca, mis cuerdas vocales intentan resonar pero no logro decir nada que valga la pena oír.

—Mier... da.

Esto no es bueno, no es nada bueno, me está costando mantenerme de pie, mis manos no pueden estar quietas y no puedo cerrarlas, y cada vez se hace más difusa la línea entre la conciencia y la profunda oscuridad.

«Necesito ocultarlo.»

Inclusive en esta situación, no podía solo dejarlo en mi bolsillo, tengo que ponerlo en algún lugar que no sea visible. Saco de mi bolsillo aquella pequeña pero tan importante bolsita de plástico que en su interior alberga aquella sustancia tan preciada, tan mágica, toco las paredes del callejón buscando una hendidura, grieta, fisura, cualquier tipo de cavidad donde la pudiera ocultar.

Finalmente, después de varios intentos, consigo un pequeño hueco en la pared, lo suficientemente grande como para que pase la bolsita y dejo una esquina sobresaliendo, para que solo necesite un pequeño jalón para tomarlo.

Las piernas me tiemblan, estoy perdiendo el balance, debo acercarme a la calle central, debo ser visible.

Camino tambaleándose de un lado a otro chocando con todo lo que se me atraviesa, botes de basura, maderos abandonados, juguetes rotos, cantidad de cosas que las personas dejan en este pequeño lugar olvidado, que pareciera totalmente extraño al mundo.

Unos pasos más para llegar, sólo un empujón más y estaré en la entrada del callejón.

Pero antes de que pudiese llegar, mi conciencia me traiciona por un momento, y simplemente me desconecta.

Todo se me nubla y caigo de lleno al suelo, no puedo detenerme, no puedo siquiera poner las manos en frente de mí para amortiguar. Es como una marioneta cuyas cuerdas han sido cortadas.

Toco el piso pero no siento el golpe, solo una ligera presión en mi pecho y rostro, no veo nada, no siento nada más que frío, mucho frío. Pasan los segundos, hasta que finalmente recobro algo de conciencia y la oscuridad que antes sólo podía ver se vuelven puntos brillantes y siento como en toda mi cabeza de corre una sensación de hormigueo.

No puedo incorporarme, estoy muy cansada. Necesito hacer algo pronto o me quedaré aquí y me matará el frío.

«—¿No es lo que querías? Morir así, como un perro.»

La voz en mi cabeza empieza a hablar de nuevo, pero esta vez es diferente, escucho su voz algo apagada, como si estuviera triste.

»—Cierto. Sería más fácil solo morir aquí.

»—Pero si lo haces, no habrás pagado tu deuda con el mundo. Con la vida. Castígate y simplemente desea más.

»...

Prefiero no decir nada, un paso en falso por una mala decisión me dejaría fuera.

Entonces una idea repentina me llega, sacó a duras penas mi celular, aún tengo una opción más.

Marco tres números, los únicos que se nos enseña a que en caso de problemas serios, hay que llamar.

Hace alrededor de 1 mes

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#19

Capítulo 11- Los héroes no existen.

¿Quién no ha soñado con el poder? Estar por encima de todos, que todos te rindan cuentas y que la última palabra siempre la tengas tú.

Es una fantasía, es embriagante la idea para algunos, juguetear con las ideas, sueños, esperanzas e incluso vidas de cada uno como si tuviésemos más derecho de hacerlo que ellos mismos.

Pero a fin de cuentas, es solo un sueño, ¿acaso es repudiable tener ese tipo de ideas? Algunos han fantaseando con la idea de echarle aceite hirviendo en la cara a sus madres, mientras observan. Otros se imaginan cómo sería la escena a su alrededor si tuvieran el poder de matarlos a todos como si nada, como si la vida no valiese nada y no tuviese repercusiones sus actos. Hay quienes simplemente juegan con la idea de ver a una mujer en la calle, hermosa y fina, y cómo sería si ahí mismo, la metiesen a un callejón oscuro y la violaran, una y otra vez hasta sentirse satisfechos, y que la luz de la esperanza se extingue de sus ojos. Pará luego salir de ahí como si nada hubiera pasado.

Y lo más interesante de todo estos, es que estas ideas no provienen de mentes enfermas, sino de cualquiera. De tu vecino, tu mejor amigo, tu hermano, el compañero de la universidad, tu jefe del trabajo. Todos hemos tenido esa fantasía; yo las tengo, ellos también, y lo han imaginado al menos una vez, y todos te lo negarán, pero muy en el fondo saben que son unos mentirosos.

Es extraña la sensación de caminar por las calles así de drogada. Mi camisa está húmeda, tuve la idea de lavarla en el río pero preferí solo ponérmela así, si no me mataba la perdida de sangre sí lo haría la hipotermia de haberlo hecho, en todo caso nadie se acerca lo suficiente como para distinguir si es simplemente humedad o algo más. Al verme pasar por la acera todos desvían la mirada cuando me ven a los ojos, como si viesen un fantasma. Terminan por cruzar la calle o cambiar completamente de dirección.

Algunos que sí pasaron por mi lado lo hicieron con cautela, a la espera de que hiciera algo extraño, sus miradas nunca dejaron de posarse en mí hasta que estuvieron lo suficientemente lejos. Es graciosa esta sensación, ¿acaso lo que huelo es, miedo?

¿Me temen? ¿Soy digna de tener? ¿Así se sienten los grandes en los más altos escalafones sociales? Aquellos que prefieren ser temidos que amados.

Nadie me ama, pero sí me temen, es más fácil tener miedo porque es algo inherentemente nuestro. Se nos enseña a tener amor por el prójimo pero no a odiarlo o a temerle, ¿por qué?

Simple, porque nacemos odiando, nacemos temiendo, ¿qué necesidad hay de enseñar algo con lo que nacemos? Conocemos lo que es "temer" antes de lo que es "querer". Y se nos enseña que está mal odiar a otros, y que ellos te odien a ti, pero aquí estoy. Soy la prueba de que temer es el único camino que te resulta porque, aunque es difícil ser amado o respetado y al final el resultado puede ser todo menos el esperado, es tan fácil ser temido y odiado, y que el miedo sea tu estandarte. Porque es el arma más eficaz, llega directo al corazón de los débiles y te da el poder sobre ellos.

Hay un "buen libro" que si bien predica todo lo contrario, ejemplifica todo esto, y ejemplos como ese hay muchos. Dominar a través del miedo o el odio. Y lo mejor de todo es que al final, a diferencia de los que son amados y respetados cuyo destino es incierto, todos sabemos lo que le tocará a nosotros, los monstruos.

Tardé tanto en entender eso, o más bien, tardé tanto en finalmente aceptarlo. La verdad que tanto se ocultaba de mí, de golpe como en una epifanía, se reveló y pude verlo todo tan claramente.

Sonrío un poco, algo similar a cuando recuerdas un chiste de mal gusto que ves por internet, no hay nadie a mi alrededor, casi todos están en la otra acera, como si huyeran. No logro escucharlos, pero los veo hablar, veo sus gestos, hablan tan alegremente; despreocupados, algunos agarrados de la mano, sonriendo de manera cálida, otros riendo sin reservas, algunos caminan serios, otros con expresiones de idiota en el rostro, me molesta, ¿por qué me molesta? El solo verlos me provoca ira. Quiero golpearlos a todos, son unas basuras.

«—Pero más lo eres tú.»

Con cada paso que doy, siento un hormigueo en mis manos y pecho, además de una persistente sensación de mareo. Estoy escuchando cosas, es como si alguien me hablara dentro de mi cabeza, un parásito susurrante

¿Será culpa de la pérdida de sangre? Mis pasos se vuelven pesado, pero aún tengo energía, es como si mi cuerpo me dijera alto, pero mi interior quiere seguir, ¿por qué detenerme ahora? No puedo solo quedarme aquí y listo. Han pasado muchas cosas como para dejar que me gane la anemia.

»—Te odio.

Chasqueo la lengua en señal de molestia, lo sabía, hay alguien hablando, pero no está afuera, sino dentro de mi cabeza.

Acelero el paso, intento buscar un callejón tan rápido como puedo, un lugar donde nadie pueda verme por unos momentos.

»—¿Tienes miedo?

La voz que en un inicio era apenas audible iba cogiendo más y más fuerza.

—No.— le respondo en voz baja, mientras apresuro cada vez más el paso.

»—¿Entonces por qué huyes?

—¿Huir? No estoy huyendo— bajo la cabeza, intento responderle susurrando , pero mi voz tiembla con cada palabra y hace que lo que al principio sonaba fuerte, termine pareciendo más un quejido— no tengo porqué huir de ti.

»—Cobarde.

Su voz carrasposa hace eco llegando a cada rincón de mi cabeza, haciendo que incluso pierda el equilibrio un poco y casi caiga al suelo.

»—Cobarde. Cobarde. Cobarde. Cobarde. Cobarde. Cobarde. Cobarde. Cobarde. Cobarde. Cobarde. Cobarde. Cobarde. Cobarde. Cobarde. Cobarde

La voz se vuelve más fuerte y ensordecedora, ya no puedo escuchar el ruido a mi alrededor, es como si alguien me gritaran en el oído con todas sus fuerza. Me duela la cabeza, mis piernas están temblando, además me está costando ver bien, todo se está poniendo borroso.

Me muerdo el labio fuerte intentando mantenerme aún lúcida por la sensación de dolor, peor no logro absolutamente nada, fue simplemente inútil, esto no me gusta, estoy perdiendo la conciencia.

Intento enfocar la mirada lo más que puedo hasta el punto que empieza a dolerme detrás de los ojos, y para mi suerte, logro ver que a unos metros más adelante hay un callejón.

La voz sigue arremetieron una y otra vez con sus palabras en mi cabeza, no da señal de tregua y con cada segundo que pasa, es como si cada vez que grita "cobarde", mi vista se nublase cada vez más.

Me está matando, con cada palabra que dice va matándome lentamente.

Logro llegar al callejón, a duras penas puedo mantenerme de pie, doy algunos pasos adentrándome más en la boca de lobo sin siquiera poder distinguir lo que hay a un metro de distancia. Los parpados me tiemblan y cada vez que cierro los ojos al parpadear, temo que no pueda volverlos a abrir.

El punto de entrar al callejón es simple y directo.

—¡Cállate!

Grito tan fuerte como puedo, pero lo que esperaba fuese un grito lleno de energía que lograse despejar mi cabeza, al final resulta ni ser la sombra de lo que esperaba.

Es como un susurro ahogado, las palabras no salen de mi boca, mis cuerdas vocales intentan resonar pero no logro decir nada que valga la pena oír.

—Mier... da.

Esto no es bueno, no es nada bueno, me está costando mantenerme de pie, mis manos no pueden estar quietas y no puedo cerrarlas, y cada vez se hace más difusa la línea entre la conciencia y la profunda oscuridad.

«Necesito ocultarlo.»

Inclusive en esta situación, no podía solo dejarlo en mi bolsillo, tengo que ponerlo en algún lugar que no sea visible. Saco de mi bolsillo aquella pequeña pero tan importante bolsita de plástico que en su interior alberga aquella sustancia tan preciada, tan mágica, toco las paredes del callejón buscando una hendidura, grieta, fisura, cualquier tipo de cavidad donde la pudiera ocultar.

Finalmente, después de varios intentos, consigo un pequeño hueco en la pared, lo suficientemente grande como para que pase la bolsita y dejo una esquina sobresaliendo, para que solo necesite un pequeño jalón para tomarlo.

Las piernas me tiemblan, estoy perdiendo el balance, debo acercarme a la calle central, debo ser visible.

Camino tambaleándose de un lado a otro chocando con todo lo que se me atraviesa, botes de basura, maderos abandonados, juguetes rotos, cantidad de cosas que las personas dejan en este pequeño lugar olvidado, que pareciera totalmente extraño al mundo.

Unos pasos más para llegar, sólo un empujón más y estaré en la entrada del callejón.

Pero antes de que pudiese llegar, mi conciencia me traiciona por un momento, y simplemente me desconecta.

Todo se me nubla y caigo de lleno al suelo, no puedo detenerme, no puedo siquiera poner las manos en frente de mí para amortiguar. Es como una marioneta cuyas cuerdas han sido cortadas.

Toco el piso pero no siento el golpe, solo una ligera presión en mi pecho y rostro, no veo nada, no siento nada más que frío, mucho frío. Pasan los segundos, hasta que finalmente recobro algo de conciencia y la oscuridad que antes sólo podía ver se vuelven puntos brillantes y siento como en toda mi cabeza de corre una sensación de hormigueo.

No puedo incorporarme, estoy muy cansada. Necesito hacer algo pronto o me quedaré aquí y me matará el frío.

«—¿No es lo que querías? Morir así, como un perro.»

La voz en mi cabeza empieza a hablar de nuevo, pero esta vez es diferente, escucho su voz algo apagada, como si estuviera triste.

»—Cierto. Sería más fácil solo morir aquí.

»—Pero si lo haces, no habrás pagado tu deuda con el mundo. Con la vida. Castígate y simplemente desea más.

»...

Prefiero no decir nada, un paso en falso por una mala decisión me dejaría fuera.

Entonces una idea repentina me llega, sacó a duras penas mi celular, aún tengo una opción más.

Marco tres números, los únicos que se nos enseña a que en caso de problemas serios, hay que llamar.

Hace alrededor de 1 mes

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#20

Parte 2.

Los marco lentamente, la sangre en mis dedos mancha la pantalla, ya la sensación en mis manos no es calidad, sino helada, como tocar hielo seco con las manos desnudas. Cuando termino de marcar, coloco el celular en mi oído, pero mi mano ya no puede sostenerlo, así que simplemente lo recuesto en mi cara, estoy acostada de cara en el piso, parece como si me hubieran matado y dejado aquí a pudrirme.

El celular repica, una, dos, tres, cuatro, cinco veces, hasta que finalmente alguien conecta.

—Aló nueve once, ¿cuál es su emergencia?

Mi voz está agitada, suelto jadeos de cansancio y me cuesta siquiera pronunciar una sola palabra. En mi mente las palabras flotan, y es como si intentara agarrarlas mientras ellas huyen de mí. Pero aún así, logro pronunciar algunas palabras, algunos nombres de locales, para que supieran como llegar.

—... Calle doce... salida... local PandaShop, al lado, callejón.

Difícilmente logró darle una dirección vaga, fue lo mejor que puede decir con mis fuerzas actuales. La voz se toma unos segundos y escucho como pasa mi información por algún otro lado al escuchar su voz repetir la dirección que di a alguien más. Al terminar de hablar ella parece que se dirige a mí, porque escucho que me pregunta algo.

—La ayuda va en camino, por favor no cuelgue, ¿podría decirme su nombre?

Tardo unos segundos en analizar lo que me dice, sus palabras son difusas pero finalmente logro entender y darle una respuesta bastante clara y directa.

—Quiero más.

Y mi mente, en dos simples palabras, se desvaneció completamente.

Hace alrededor de 1 mes

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#21

Capítulo 12. - Madre.

—¿Cómo pude estar tan ciega? ¿Cómo no me di cuenta?— susurré en reprocho, castigarme a mí misma es lo mínimo que puedo hacer por ser tan incompetente.

Camino apresuradamente entre los pasillos de un blanco alabastro. Veo a pacientes en los pasillos, acostados en camillas, algunos simplemente sentados observando por la ventana hacia la nada, otros en estados deplorable, que difícilmente podrían reincorporarse a la sociedad.

Veo a todo estas personas, y no hace más que darme una ansiedad brutal, solo imaginarla así hace que sienta un vacío inconmensurable en el pecho. Una presión que te quita el aliento y en un eterno estado de agobio.

—Habitación veintidós A, veintidós A, veintidós…

Cuento habitación por habitación, buscando el cuarto que me señaló la recepcionista. Y la repito una y otra vez en mi cabeza para que no se me escape entre el sin fin de cosas que bombardean mi mente, no puedo sentirme tranquila en lo más mínimo, debo llegar ya.

Mis pasos que antes eran cortos pero rápidos se volvieron zancadas, conforme el número de las habitaciones se volvieron acorde a mi número. Dieciséis, diecisiete, dieciocho.

Cuento uno por uno, y mientras más me acerco, lo que antes eran zancadas se convirtieron en mí corriendo frenéticamente viendo habitación por habitación.

—diecinueve, veinte, veintiuno…

Freno de golpe, el piso está algo resbaloso así que me deslizo un poco, pero me sujeto al pasamanos en las paredes que ayudan a aquellos que no pueden siquiera mantenerse de pie. Y ahí estaba, en frente de mí la habitación veintidós A.

Estoy de frente con la mano puesta en el pomo, de golpe mis latidos estando frente a aquella puerta se dispararon, no sabía cómo sentirme.

Me duele el pecho, es un dolor punzante y culposo.

«¿Cómo podría siquiera atreverme a mirarla a la cara?»

Las manos me tiemblan, los sentimientos de vacío y ansiedad me carcomen, sé que debo abrirla y pasar, pero me es tan difícil. Unas masivas ganas de llorar de ira me invaden, no puedo simplemente quedarme aquí y esperar, no después de todo lo que ha pasado. Me enfrasqué tanto en mis cosas que olvidé la razón de porqué lo hacía. Soy asquerosa, despreciable, si hubiese sabido que las cosas terminarían así por mi culpa, ¿para qué tuve una hija?

No voy a abandonarla, no de nuevo. Hice la vista gorda durante mucho tiempo por mi ignorancia, pero ya no más.

A mi corazón, llega una repentina determinación inquebrantable, que siento como baja rápidamente hasta mis brazos y hacia mi mano, y durante unos muy breves segundos que me dan la fuerza suficiente como para girar la perilla y abrir la puerta, y en ese momento, un horrible recuerdo del pasado me hace dudar un poco, pero aún así no me detiene.

La abro de par en par sí esperar un segundo más, ya he esperado lo suficiente. Y frente a mí, en una blancuzca cama de hospital vistiendo una bata blanca, conectada a un lector cardíaco que marca un ligero compás de bits muy lentos entre sí, casi inaudible, y con los ojos cerrados en un aparente sueño profundo, está mi Lucy.

Mis ojos se cristalizan de golpe, una sensación de amargura y calidez llenan todo mi interior y levanto mi mano tapando mi boca para evitar que saliese algún quejido que pudiera despertarla.

—Mi pequeña…— pronuncio con una voz lastimera, como un lamento ahogado, me es imposible verla sin sentir que algo en mi pecho es aplastado.

Las lágrimas brotan de mis ojos a cántaros, no puse soportarlo, ahí está mi pequeña, mi hija, mi vida. Y verla así en ese estado me destruye el corazón. ¿A qué padre no le dolería ver a su hija así?

Me acerco lentamente, no quiero despertarla. Mis pasos son silenciosos pero rápidos para poder verla de cerca y con cada paso que doy mi mirada no se despega de su rostro. Tiene un rostro tan calmado, una expresión de alguien que ha estado cansando desde hace mucho tiempo, y que finamente puede dormir en una cama de plumas.

Llego a su lado, ya puedo verla con más detalle y al acercarme me doy cuenta de que sus manos están todas vendadas y con ligeras manchas de sangre, ¿qué te pasó, mi amor?

Su cuerpo y rostro están blanquecinos, veo como la intravenosa conectada a su antebrazo derecho deja caer pequeñas gotas de solución salina y bajan hasta la aguja incrustada en su delicada vena. Tiene moretones por todos lados, su cuerpo tan lindo se ve tan mancillado por el dolor, y pensar que ella cargaba con esto todo este tiempo, soy una pésima madre.

Toco su mano con la mía, quiero sentirla. Tiene un tacto suave, delicado, pero se siente frío. Es como si todo el calor de su cuerpo se escapara poco a poco.

La sujeto con mucha delicadeza porque no quiero lastimarla, se siente como si sujetara una hoja de papel cebolla, tan delicada, separo mi mano y las marcas de mis dedos calientes dejan huella en su mano como pintura en un lienzo.

Subo mi mano lentamente y la deslizo por la sábana en dirección a su rostro, tanteo con la yema de mis de dedos las porosidades en la tela y sus rugosidad, se siente un poco de calidez a pesar de que el aire acondicionado enfriaba la habitación privada.

En unos segundos que se sintieron eternos, poso mi mano en su rostro magullado, con vendas y motas de algodón sujetas con adhesivo clínico. Marcas rojas de rasguños muy leves y pequeñas pero visibles pasan por su mejilla, pero la expresión de paz que tiene al dormir hace que parezca muerta, me duele el pecho.

La sujeto tan suavemente como si fueran las alas de una mariposa, con sumo tacto coloco mi palma en su blanca mejilla y puedo sentir su respiración débil. Veo como sube y baja la sábana que cubre su pecho con cada inhalación y exhalación y lo caliente de su aliento que golpea mi palma.

Mirarla así de calmada, me hizo viajar muchos años al pasado, cuando naciste.

Te sostuve en mis brazos, tan pequeña, tan suave y caliente, fue sorprendente porque no lloraste ni un poco, te mantuviste en silencio pero en ti sentí tanta energía, mi marido estaba que se desmayaba cuando la vio y se puso a llorar de la felicidad, en ese preciso momento, entendí que ahora llevaba una responsabilidad en mis manos, una que me diría mamá y que siempre me recordaría que la vida es bella, solo con el simple hecho de que estés en ella.

Recuerdo cuando eras una niña de tan solo ocho años, que parecías un perrito pequeño corriendo por la casa, emocionada por cualquier cosa que veías, siempre me sonreías, me preguntabas:

«—Mami, mami ¿Por qué los pájaros tienen esos colores tan raros y pueden volar así de alto?

Abriste los ojos de par en par esperando mi repuesta, a lo que yo siempre te respondía con un cuento viejo que a mí también me contaron.

»—Es porque las aves representan las esperanzas de las personas, y vuelvan muy alto llevándolas consigo, sus deseos, aspiraciones, son mensajeros de los sueños, y sus colores brillantes son porque así nunca se perderían sin importar que tan oscuro sea el cielo que vayan a surcar.

Siempre te lo decía, y siempre me mostrabas una mirada complicada en cada ocasión , esforzándote verdaderamente en entender aquella fábula y yo simplemente reía al ver esa mirada llena de inocencia.

Es un cuento que me contaba mi madre cuando tenía tu edad, no significa nada en particular, pero siempre me pareció hermoso comparar a los pájaros con la esperanza, llevando en sus alas deseos, anhelos, sueños, tan alto como nadie lo había podido imaginar y a lugares donde nadie nunca había puesto un pie antes.

» —Entonces, si yo también tuviese alas, ¿podría volar así?

Su mirada brillante a la expectativa de mi repuesta no hacía más que calentar mi corazón y derretirlo con tal ternura.

»—Claro mi amor, si tú quieres puedes tener las alas de un ave algún día.

Era una broma a medias, esperaba que con esto, como me pasó a mí, ella empezara a desarrollar sus aspiraciones, por más tontas que fueran, yo estaría ahí para ayudarla.

No esperaba que a causa de esta insistencia mía, ella desarrollara un gusto increíble por las aves, quería libros, adornos, colgantes, pulseras. Las aves simplemente les fascinaba, podía verla durante horas leyendo libros sobre ornitología y no cansarme ni por un momento, su pasión era contagiosa y siempre me hizo sonreír.

Su pájaro favorito siempre fue el colibrí, hasta le compré una revista exclusiva donde hablaban únicamente sobre esa especie; su hábitat, alimentación, tipo de plumaje, cómo se alimentan, todo lo referente a ellos. Fue difícil conseguirla pero la perseverancia valió sus frutos, esa mirada de felicidad en su rostro y el «gracias mami» que me dedicó en aquella ocasión hizo valer cada segundo como si fuera oro.

Ya había olvidado la cantidad de veces que ella leyó y releyó esa revista, hasta el punto que memorizó cada aspecto importante sobre el colibrí.

Además, aproveché que estaba en oferta y compré en adicional, un comedero de aves y una jaula también, quería comprarle algún ave pero no sabía cuál, y un colibrí estaba fuera de discusión por obvias razones. La principal, no es el tipo de aves que tienes como una mascota, y ella a regañadientes aceptó ese hecho.

Bueno, fueron bastantes lloriqueos y pucheros, pero al final, lo aceptó. Y con el tiempo, lo de comprar un pájaro se postergó cada vez más.

Al final, teníamos una jaula vacía, pero eso a ella no le importaba, ese comedero de aves que tenía en la ventana de su cuarto era todo lo que hacía falta para hacerla feliz. Incluso, hubieron veces en la que ella corría gritando buscándome toda eufórica diciendo que había podido tocar a un pájaro que se posó a comer ahí.

Esperaba que con esto, dejase de jugar con ese amigo imaginario que ella tenía. Porque nunca me agradó la idea de su amigo imaginario.

Hace alrededor de 1 mes

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#22

Parte 2.

Leí en muchos lugares y consulté con mi esposo sobre este tema y él me dijo que sus amigos que eran padres de dos o más hijos, le comentaron que era algo normal entre los niños de sus edad. Pero no me agrada a eso, cantidad de veces ella corrió a nuestra habitación en medio de la noche llorando porque su amigo imaginario le estaba diciendo cosas feas al odio y no la dejaba dormir y esto la asustaba mucho.

Y a la mañana siguiente, terminaba jugando a tomar el té con él como si nada, siempre tuve un ligero escalofrío, como si se tratase de algún fantasma más que una simple pesadilla, pero era una tontería.

Y para mí suerte, conforme más tiempo se centraba en su pasión por las aves, las veces que ella volvió a la habitación llorando porque esa cosa le hablaba en las noches se redujeron a prácticamente cero.

Uno de los recuerdos más lindos que tengo, es de la vez que mi esposo se quedó toda la noche con Lucy intentando de alguna manera atrapar a un ave que según Lucy, había avistado por los alrededores. Era un ave colorida, no recuerdo su especie pero Lucy comentó que era una especie que se podía tener como mascota así que ella junto a papá se pusieron en vigilia durante todo el día a espera de que el ave entrara al cuarto a causa del comedero, y esperaron, y esperaron, toda la noche. Pero no lo lograron.

Cuando entré al cuarto al día siguiente, pude verlos a ambos acurrucado en el piso, Lucy abrazando a su padre y él sujetándola de la misma forma como lo hizo cuando nació, y en el comedero encima de ellos, una pequeña ave de colores verde esmeralda ahí como si nada que luego salió volando por la ventana. Es una escena que quedará siempre en mi memoria.

La vez cuando salimos a comer y mi esposo quería llevarla cargada en sus hombros y Lucy se estuvo negando a la idea, porque según ella estaba muy grande para eso. Así que él decidió hacer unos pucheros falsos a lo que Lucy la hizo llorar y pedirle perdón, fue muy gracioso verla agarrando la manga de papá con fuerza diciendo que no llorase cuando ella misma estaba llorando. Él al final logró su cometido de subirla a sus hombros y a pesar de que decía que estaba grande, disfrutó cada segundo diciendo que se sentía como una adulta viendo todo desde tan alto.

Sentí que esa etapa del amigo imaginario había pasado, y que estos días dulces durarían para siempre así sean en mi corazón, pero solo fue una ilusión.

Entonces, un recuerdo muy amargo viene a mí, que incluso hace que arrugue el rostro de solo pensarlo.

Poco tiempo después, mi esposo falleció.

Intentaron asaltarlo, pero no tenía nada de valor encima, así que para aquellas basuras sociales la mejor idea fue dispararle por no tener nada.

¿Qué clase de personas son capaces de hacer eso? Matar a alguien a tal sangre fría solo por no tener nada que quitarle, como si en lugar de quitarle un objeto le quitan la vida a cambio.

Fue un muy duro golpe para mí, mi corazón se rompió en muchos pedazos cuando me enteré, pero para Lucy fue peor. Ella no entendía porqué papá nunca volvería a casa y siempre me preguntaba por él.

¿Cómo se le explica a una pequeña tan inocente algo como a afrontar la muerte de su padre? Si a su edad, esto es algo que ella no debería ni por asomo pasarle.

«—Mami, extraño a papá, ¿cuándo volverá? Quiero mostrarle este dibujo que hice.

Era un pequeño dibujo de un ave del paraíso, estaba dibujado de manera tosca pero se notaba en su rostro que estaba orgullosa.

Intenté detenerme, pero no pude evitar llorar. Así que me acerqué a ella y la sujeté su cintura entre mis brazos dándole un abrazo.

»—Lucy, papá no va a volver nunca, el murió, lo siento.

Yo lloraba por amabas, porque pensé que Lucy en ese momento no entendía, ya que no dijo nada, solo se quedó ahí en silencio, dejando que llorara y entonces, sus pequeñas manos, minúsculas y delicadas tocaron mi rostro intentando limpiar mis ojos de lágrimas. Volteo a verla y en su mirada, vi pequeñas lágrimas.

»—Mami no llores, cuando papá vuelva él sabrá que hacer, por qué papá… papá… él no volverá, ¿verdad?

En sus ojos, en sus tan brillantes y hermosos ojos que siempre me encantaron por su inocencia, su asombro y ferviente pasión infantil, pude ver el momento exacto donde perdieron su brillo. Y eso me destrozó más que todo, porque no solo perdí a mi amado, sino que también perdí el brillo por el que tanto ambos luchamos por cuidar y darle alas.

No pude responder, no sabía y nunca supe qué decirle en ese momento, vivo con ese remordimiento de haber visto cómo se iba la luz de sus ojos y no haber hecho nada para evitarlo.

Desde aquella vez, ella nunca volvió a ser igual. Cada vez que abría la puerta de la casa ella corría apresuradamente pensando que se trataba de papá, y al verme su mirada de decepción era como un cuchillo directo en el pecho. Con el tiempo entendió que papá nunca volvería, pero nunca lo aceptó, se volvió más callada, se cerró a todos a su alrededor, rara vez decía algo y cuando me miraba; su mirada se sentía vacía, como si buscara algo, en un eterna búsqueda.

En la escuela, la profesora me comentaba que se sentaba en los puestos de atrás y solo dibujaba, se dedicó únicamente a eso durante las clases, y cuando me mostraba los dibujos eran de puras aves, cantidad de pájaros de distintos tipos de los que había leído los dibujaba sin parar, y cada vez que los terminaba los arrugaba y lanzaba a la basura. No hablaba con nadie y todos los amigos que tenía se alejaron y dejaron de jugar con ella, hasta el punto que incluso empezaban a burlarse de ella llamándola “la chica pájaro”.

Entonces un día…

«—Oye amor, ven a comer.»

Era la hora del almuerzo, un día como cualquiera, aunque un poco más calurosos de lo usual. Llamé a Lucy para que bajara a comer pero no respondió, así que la volví a llamar pero obtuve solo silencio como repuesta.

Pensé que se había quedado dormida, anoche estuvo llorando por una pesadilla así que tal vez ahora si logró conciliar el sueño. Por un momento pensé en dejarla dormir, pero después esto haría que su horario de comida se desbalanceara así que decidí subir a pesar de eso para que comiera y después podría seguir durmiendo plácidamente sin problemas.

Subí las escaleras de madera hasta el segundo piso, mientras me aceraba a su cuarto la volví a llamar esperando a que ella saliera y me ahorrase el seguir acercándome, pero no se escuchó nada.

Me coloqué frente a la puerta y pose mi mano en la perilla, la giré lentamente y empujé la puerta para abrirla.

Tan pronto abrí la puerta, vi a Lucy frente al comedero de aves de su ventana agachada. Mi mirada intentó enfocarla y cuando finalmente logré verla bien, me horroricé.

Habían plumas, comida de ave y sangre, mucha sangre por todas partes, sangre alrededor de Lucy y en su vestido. Corrí rápidamente hacia ella pensando que algo le había pasado, pensé que un pájaro la había atacado.

Después, cuando lo pensé con calma, si ese hubiese sido el caso entonces, ¿por qué no gritó?

Llegué a ella en un santiamén y la agarré por el hombro, iba a decir algo, estuve a punto de gritar pero no lo hice.

Mi Lucinda, mi pequeña, ella tenía unas tijeras en las manos, y estaba cortando las alas de un pequeño pájaro que ya no se movía. Vi como se afincaba con esas tijeras de punta roma que difícilmente podían cortar la piel, hueso y músculo del ala, pero ella insistía y escuché el crujir de los huesos a la par que movía incesantemente la tijera forzando el filo para que cortara.

Metí mi mano en el medio en un intento para separar el ave mutilada de ella, logré hacerlo, ella soltó al ave y me miró de vuelta con una expresión de sorpresa en su rostro pero con unos ojos llorosos.

La sujeté de las manos fuertemente le grité.

«—¡Lucinda! ¿¡Qué estás haciendo!? —intenté lo mejor que pude en ocultar mi horror, casi me tembló la voz, pero logré evitarlo y darle una mirada reprochadora.

Ella sabe que cuando la llamo por su nombre es porque en verdad estoy molesta, muy pocas veces lo había hecho y la verdad es que todas esas veces es para hacer que reaccionara en aquellas ocasiones cuando tenía pesadillas con su amigo imaginario

Ella me mira algo asustada, pero aún así logra responderme claramente.

»—Es que mamá, lo intenté muchas veces.

Su cara es complicada de leer, no entendí a qué se refería, así que le exigí una respuesta.

»—¿De qué estás hablando, Lucinda?

pero nada me prepararía para su respuesta, una respuesta que desde ese día nunca podría olvidarla.

»—Se supone que las aves envían deseos y sueños hasta donde no podemos llegar, ¿cierto? Entonces tú me dijiste que papá estaba en un lugar donde no podría alcanzarlo, pero se supone que las aves sí, ¿verdad? Pero sin importar cuantas veces lo pedí, nunca hicieron que volviera — apretó su mano con la mía— así que pensé que sí en lugar de ellas, yo iba con sus alas hasta donde estaba papá, tal vez podría hacerlo venir de vuelta… quiero mostrarle el dibujo que le hice ¡míralo!

Corrió en dirección de la repisa donde ella siempre se sentaba a dibujar y agarra una hoja blanca con unos garabatos en ella, se acerca a mí caminado alegremente y me lo muestra.

«—Aquí está papá— con su dedo lleno de sangre va apuntando a diferentes partes de la hoja manchándola por todas partes— y aquí está él jugando con un colibrí, ¿verdad que está bonito?»

Hace alrededor de 1 mes

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#23

Parte 3.

Ella me sonrió, es la primera sonrisa que me da en mucho tiempo.

Existen pocas cosas en este mundo tan horribles como esta sensación en el pecho, de ver como aquello que amas, frente a tus ojos, se pierde y no hay nada que puedas hacer porque eres incompetente. Por no haber hecho las cosas bien y esperar que todo se arreglara mágicamente.

Una pequeña que solo desea el abrazo de su padre, y que ella desesperadamente lo busque aún sabiendo de que eso nunca volverá a pasar, ¿basta solo con un consuelo? ¿Un abrazo?

—Me esforcé mucho en dibujarlo, ¿crees que a papá le gustará?

Sus manitos temblaban, ella tampoco lo sabe, está perdida, igual que yo.

La abracé y la levanté del suelo, es lo único que pude hacer en ese momento. Darle un abrazo y decirle que todo estaría bien, aún si yo misma no lo sabía.

Pero no me sujetó en respuesta, era como una muñeca de trapo, no dijo ni hizo nada. Solo se dejó agarrar, como si ella me intentase consolar a mí y no la revés.

—Mami, si traigo a papi de vuelta, crees que él me diga “te quiero” de nuevo?

Cada palabra, mata algo dentro de mí, algo que nunca más volverá a sentir igual, y ese fue de los últimos abrazos que le di.

Después de eso, decidí enviarla con una psicopedagoga, mi intención siempre fue ayudarla, pero creo que lo único que logré fue empeorarlo.

Según lo que me dijo la psicopedagoga es que, ella con cada sesión se retrajo más, de volvía más complicado lograr acercarse a ella y se niega a aceptar la muerte de mi esposo, incluso hasta llegar al punto que encerró sus recuerdos y omite los acontecimientos ocurridos. Reorganizó los hechos de manera tal que en su día a día no tenga conflicto y dar por hecho de que sigue vivo, pero que está bien que no lo vea por motivos de fuerza mayor.

Por ejemplo, ella me manifestó que en una de las sesiones, le dijo que papá estaba de viaje por el trabajo, y que por eso no había vuelto. En otra que salió a visitar a mi madre (cosa curiosa porque ambos se odiaban), y así sucesivamente, siempre buscando una excusa pasa justificar su ausencia. Y lo peor de todo es que no eran excusas para ella, creía fervientemente que era verdad.

Ella encontró dificultades para entrar en esa gruesa capa que consistía sus emociones, a pesar de ser una niña, a los ojos de la psicopedagoga era algo muy complicado, lo cual me hizo dudar de la calidad de su trabajo.

A esto, la psicopedagoga me dijo que lo mejor es dejarlo como está por ahora, y no darle estrés innecesario, que lo mejor por el momento es seguirle el juego para que no tuviera un shock inmanejable hasta que tenga la edad suficiente como para digerir las cosas lógicamente. Cualquier estrés innecesario podría detonar una recaída como la de aquella vez o incluso peor, así que me aconsejó evitar sacar el tema lo menos posible y tener una convivencia lo más normal que pudiese.

Además de eso, me dijo algo preocupante. Durante sus sesiones, ella notó en Lucy ligeros atisbos de desordenes emocionales, pero que es difícil saberlo con seguridad ya que a esa edad es fácil confundir eso con la simple hiperactividad de un niño o al contrario, lo retraído que pueden llegar a ser. Así que me dijo que no me preocupara por el momento.

Fueron días difíciles para ambas, y a ella no le gustaba ir, peleaba, pataleaba, daba berrinches, lloró muchísimo, pero hasta que un día dejó de quejarse. Y solo iba silenciosamente a las sesiones. Hasta que un día decidí dejar de llevarla. Era como si con cada ves que iba el aura alrededor de ella se volvía más lúgubre, y llegado este punto la psicopedagoga ya no me decía gran cosa, así que decidí dejar de ir a las citas porque sentía que perdía mi tiempo con esa tipa, que a grandes rasgos no ayudó en nada a mi pequeña.

Los años pasaron, ella se graduó de la primaria, pasó a la secundaria, pero su expresión nunca cambió.

Ella no hablaba conmigo, rara vez me dirigía la palabra, y cuando intentaba hablarle ella casi que huía.

Hasta que un día le pregunté como siempre.

«—Lucy, hija, ¿por qué no me hablas sobre ti?»

y para mí sorpresa, ella me respondió.

»—No lo sé.—y se río, pero esa sonrisa se sintió tan rara, tan artificial.

Sabía que algo andaba mal, pero no supe qué exactamente. ¿Qué tan pésima madre se puede llegar a ser? Que no es ni capaz de entender a su pequeña que ya no es tan pequeña.

Pero aún hoy, ella nunca dejó de creer, a veces, se le escapaban cosas como, “¿papá a qué hora volverá del trabajo?” y no podía decir nada. Llegada a estas alturas me daba miedo responder, así que solo decía que “dentro de un rato”, y así pasaban los días, en un rato.

Y eventualmente, esto fue escalando, hasta el punto que…

—¿Mamá?

Una voz ajena a los sucesos en mi cabeza desplaza toda mi línea de pensamientos, haciendo que vuelva a tierra.

Volteo en dirección a Lucy, ella abrió los ojos, ¿cuánto tiempo habrá estado viéndome sin yo darme cuenta?

—¡Lucy mi vida, despertaste! ¿Cómo te sientes? ¿Te duele algo?

Me abalancé sobre ella en felicidad, ella está despierta y parece bien, me alegra muchísimo.

—Si mamá, estoy bien no te preocupes.

Su repuesta es bastante seca, indiferente y para darle un plus, ni siquiera me ve a la cara, observa quién sabe qué en la habitación como si buscase algún lugar por donde escabullirse.

Pero eso no me interesa ahora mismo, ella se encuentra bien y eso es todo lo que me importar en este preciso momento.

Pero también estoy bastante molesta, y una vez mi emoción se calma un poco, la confronto.

—Lucinda, ¿podrías explicarme por qué estabas drogada?

Su mirada cambia completamente, pasa de estar inerte a algo nerviosa, me mira con sorpresa e intenta replicar.

—¿Cómo es que tú..?

—¿Cómo lo sé? Una de la a primeras cosas que me dijeron cuando llegué fueron tus exámenes de sangre. Y ahí se ve claramente que cuando llegaste aquí, habían remanentes de drogas en tu sangre.

Ella desvía la mirada, parece afligida y veo como aprieta su mano fuertemente sujetando la sábana.

—Lo que yo haga con mi dinero no es problema de nadie.

—¡Lucinda! — le respondo llena de furia—¡Claro que es mi maldito problema! ¿Y si te hubiera pasado algo? Te encontraron en un callejón, ¡un maldito callejón desangrándote! Llegaste al hospital con un cuadro anémico grave, un poco más y hubieses muerto, ¿¡y dices que no es mi maldito problema!?

Resoplo como un animal colérico, la miro a la cara y puedo darme cuenta por su expresión que a mirada que le estoy aplicando es la correcta.

Pero si sigo así no podré sacarle nada, suavizo un poco mi expresión, quiero acercarme más a ella, no alejarla. Debo escuchar lo que tenga que decirme. Así que coloco mi mano sobre la suya sujetándola levemente.

—Querida, yo entiendo que pueda ser difícil, pero no es razón para…

Entonces ella explota, quita su mando de la mía dándole un empujón, como si mi mano fuera un objeto que la quemara.

—¡NO ME TOQUES! ¿Ahora se te ocurre hacer el papel de buena madre? ¡Tú no entiendes nada! No intentes fingir que lo sabes cuando en realidad siempre mantuviste tu distancia.

Me deja estupefacta, no sé qué responder.

—¿Es que acaso me tienes miedo? ¿Soy alguna especie de monstruo el cual decidiste mantenerte lejos para que no te hiciese algo?

Ella empieza a soltar pequeñas lágrimas, son lágrimas de impotencia, ¿durante cuánto tiempo ella debió estar guardándose esto en su pequeño pecho? No puedo dejar que esto se siga desarrollando así, debo ayudarla, como su madre debo comportarme como tal.

—Tú no eres ningún monstruo, ni tampoco te tengo miedo. Eres mi sol y te amo, Lo que necesitas es ayuda, soy tu madre y voy a ayudarte en todo lo que necesites, como siempre lo he hecho.

—… ¿En serio?

—Claro, mi vida.

Lo logré. Su mirada se suaviza y notó como sus facciones se relajan.

—¿Cualquier cosa que necesite? ¿No importa lo que sea?

—Cualquier cosa, mi vida

Poco a poco veo como se calma, a este paso podré hablar con ella sin complicaciones, finalmente podré acercarme más a mi pequeña.

—Entonces has que papá venga un momento.

—¿Ah? — exclamo ligeramente confundida.

¿Qué acaba de decir?

—Sé que papá está ocupado por el trabajo, ¡pero soy su hija, por dios! Creo que si tú lo llamas y le explicas la situación, es probable que venga así sea por un momento, él siempre ha sido algo distante y no me habla, así que quiero hablar con él un poco.

¿Por qué? Por qué las cosas terminaron así? Ella aún no lo acepta, aún no lo entiende. Ella vive en una fantasía y no puedo sacarla de ahí yo sola.

—Pero mi vida, no va a ser posible que él venga.

Así de simple, todo el avance que había logrado con ella se desmorona instantáneamente.

—¿No me dijiste que harías todo por mí? ¿Me estabas mintiendo?

Su ojos son afilados, ¿desde cuándo ella puede hacer ese tipo de mirada? ¿Qué ha pasado?

Ella continúa hablando.

—Sé que su trabajo es importante, pero no pido mucho, solo diez, ¡no! Cinco minutos, cinco minutos con él, solo eso pido.

Ella contrae su cuerpo, retrae sus piernas y las apoya contra su pecho envolviéndolas con sus brazos. Apoya su rostro en sus rodilla y se queda ahí en esa posición tan lamentable.

Intento acercar mi mano a ella para consolarla, pero al hacerlo solo consigo una de las repuestas más mordaces que he recibido en mi vida.

—Ni se te ocurra tocarme con tu sucia mano, mentirosa, no vuelvas a pasarte por aquí si no es con papá, vete.

Mi mano se devuelve y queda en el aire, como si se hubiese quemado me la toco con mi otra mano, no puedo creerlo, ¿así de mal está?

—Lucy…

—¡Vete! ¡Vete de una maldita vez, y ni se te ocurra mirarme de nuevo con eso ojos lastimeros.

No tengo palabras para responderle, solo el silencio es capaz de darle una repuesta.

Su mirada es horrible, es como la mirada que tenía cuando era niña, una mirada totalmente vacía, y que aún está buscando algo.

Me levanto de la orilla de la cama, no quiero hacerlo, pero ya no hay nada que pueda hacer. Lo eché todo a perder.

Hace alrededor de 1 mes

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#24

Parte 4.

Camino poco a poco en dirección a la puerta sin mirar hacia atrás, tengo miedo de volver a hacerlo, no quiero volver a ver esa mirada proveniente de sus ojos. Que unos ojos tan bellos hagan tal expresión es horrible.

No sé por qué estoy caminando, no debería irme, debo quedarme, debo ayudarla, ¿pero cómo? ¿Qué puedo hacer? Y antes de darme cuenta, ya me encontraba frente a la puerta y hablando de manera automática.

—Descansa un poco, mi vida; nos vemos luego.

¿Qué estoy haciendo? Estoy huyendo, ¿estoy abandonado a mi pequeña? ¿Es acaso esto lo correcto? Y si me voy, tal vez sea la última vez que tenga una oportunidad así. Pero a pesar de que piense eso, ya estaba caminando sola.

No recibo ninguna respuesta, el sonido del aire acondicionado en el fondo es todo lo que puedo oír, y simplemente salgo por la puerta cerrándola tras de mí.

—¡Aaaaaaaahhhhhh!

Tan pronto la puerta se cierra, escucho llantos del otro lado, fuerte y claro, sumamente desgarradores, no porque sean llantos de Lucy, sino por lo que significan, el llanto de la soledad.

Cometí un error, un error irreparable, un error que siempre me perseguirá. Y solo hay una cosa que puedo decir a pesar de que no sea capaz de arreglar absolutamente nada.

—Lo siento. En verdad lo siento.

Y yo también, golpeado la pared a mi lado, me agacho y empiezo a llorar como una niña.

Lo siento, mi vida.

#25

Capítulo 13 - Hija.

Mi llanto es incontrolable, las lágrimas fluyen, estas lágrimas, más que por tristezas son por soledad. Saber que no eres nunca la opción de nadie, que nunca irán por ti, es indescriptiblemente desgarrador.

¿Por qué terminó así? ¿Por qué te fuiste? Mamá.

Y más aún cuando esa persona, es la que debería estar.

¿Por qué tú? De entre todas las personas, tuviste que salir por esa puerta y ni siquiera mirar atrás.

«—Ella mentía, te mintió. No lo olvides.

Es avasallante lo invasiva de la voz que golpea mi cabeza, desde todos lados, como si me acurrucara en una sábana de odio y ansiedad.

»—No, pero ella dijo que…

»—TE MIENTE Y LO SABES, TE ENGAÑA, TE CONFUNDE Y TÚ, ESTÚPIDA, SABES QUE ELLA NO PUEDE CUMPLIR CON SU PALABRA.

Me grita, ¿por qué me grita? No te entiendo, es abrumadora esta sensación, sujeto mis piernas y las aprieto con fuerza, quiero asegurarme de que esto sea real, ¿en verdad está pasando?

»—Te dijo que él vendría, y sabes muy bien que él no vendrá. No quiere estar contigo, no con una basura como tú, por eso no va a casa, por eso se queda en el trabajo, por eso no te ve y nunca lo hará.

»—Pero soy su pequeña, él me dijo que siempre lo sería. Que estaría ahí para mí.

»—¿Y qué más te dijo? ¿Qué eras la luz de sus ojos? ¿Lo mejor que le había pasado? ¿Qué te amaba? ¿Tú en verdad creíste eso? Eso fue un juego de niños para él, sobretodo porque fuiste y siempre serás una maldita estúpida. Crees todo lo que te dicen, y lo peor que es después vienes y culpas a otros por tus errores. Es una lástima que él no esté aquí en verdad, me encantaría ver su cara cuando te diga lo mucho que te odia. Exquisito.— mis oídos terminaron zumbando ligeramente, mi respiración se acelera tras escuchar sus palabras he intento organizarlas para ver si de alguna forma puedo refutarlas, pero simplemente no puedo luchar contra la verdad.

Levanto la mirada he intento observar la habitación, esta minúscula e incómoda habitación. Cada losa, cada centímetro, cada milímetro de la habitación emana un aire acético, casi muerto.

»—¿Quieres que te diga cuál es la única verdad? Bueno, no hace falta que te la repita ¿cierto?

En ese momento recuerdo algo, cuando mamá dijo que haría algo por mí, algo dentro de mí dijo que mentía, que me engañaba y que no debía creerle, pero me aferré a la idea de que podía ser verdad.

Y fue ahí, donde tú hablaste, y dijiste exactamente lo que necesitaba escuchar. Y yo, repitiendo esas mismas palabras, las pronuncio al aire haciendo eco entre las paredes de blanco puro.

—Si se va, ella miente.

Y en efecto, se fue; me mintió. Y lo peor es que ni me miró a los ojos, no fue ni capaz de darme una última mirada, a mí; su hija. Y se fue sin más.

Mi pecho me duele mucho, no puedo respirar bien, la cabeza de da vueltas, es como si el efecto de la droga nunca se hubiese ido, y quiero más, mucha más.

Todo este tiempo, desde que desperté de aquel sueño vago y hasta ahora, estuve mirando, incluso los pequeños espacios en blanco en esta habitación, intentando encontrar una repuesta. Y que de manera milagrosa pudieran hacer realidad ese deseo que le pedí a mamá, que tanto tiempo llevo tallado en mi pecho.

Pero aquí me di cuenta de la manera más contundente, los deseos no existen, y son simplemente anhelos vacíos que nunca se cumplen. Ni el más simple de ellos, ni el más banal. Ninguno jamás es cumplido.

La única sensación real, la única verdad, la única seguridad que tengo es la que me puede producir esa pequeña píldora, y va más allá de lo que me podía haber imaginado.

Y con esa idea en la mente, decido acurrucarme en las sábanas frías, escapando de esta sucia realidad que no tiene sentido y de la que no quiero formar parte.

Ahogarme un poco en mí misma, pienso en cuándo podré salir, y si cuando salga, ¿ella me estará esperándome cuando afuera? Y no hace falta que la voz dentro de mí me lo diga, yo ya lo sé muy bien.

—No, no lo hará

Y Así pasa mi primer día aquí, en este infierno blanco.

La enfermera viene con regularidad a chequearme y cambiar mis vendas, me dice que poco a poco tengo mejoría en las heridas en mis manos, pero que aún no puedo irme. Debería poder irme ya, estas no son heridas que justifiquen tenerme internada por mas tiempo. ¿Qué está pasando entonces?

A veces viene un médico a preguntarme cómo me siento, si he comido bien y cosas así, ¿desde cuándo hacen esto en los hospitales?

Los días pasan, aquí el tiempo a mí alrededor sigue fluyendo, pero siento con mis emociones se quedan estáticas, estancadas. No fluyen hacia ninguna parte y solo recirculan, como agua sucia en una alcantarilla.

Mamá no volvió, escuché en varias ocasiones pasos que de repente se paraban al otro lado de la puerta, pero que después de unos segundos se alejaban. Hasta que un día, tres para ser exacta, no los escuché más.

Los días siguen sin cambiar, pero las personas a mi alrededor no dejan de hacerlo, cada día alguien diferente llega, ocupando el lugar de alguien que antes estaba, y que se va para nunca volver. La muerte se cierne sobre cada uno de nosotros, y cada minuto, cada segundo, viene y se lleva una vida.

Este lugar es peor que un cementerio, que una zona de guerra, porque aquí, ves como lentamente la vida se esfuma de los ojos de cada paciente y mueren, en una extraña paz. Sin poder hacer nada en muchos casos, y se repite una y otra vez.

Y aquella voz en mi cabeza no ha vuelto a hablar desde aquella vez. Debería sentirme feliz, pero no sé cómo sentirme bien con esto. Mi única compañía dejó de serlo, estoy sola, sola conmigo misma.

Salgo de mi habitación, no puedo soportar el encierro silencioso en ese cuarto, donde el único sonido audible es el de mi propia respiración errática, que de un momento a otro se calma, así que decido caminar por los largos pasillos, llevando mi bata y unas pantuflas blancas que me obsequió una de las enfermeras.

Entonces, mientras camino, veo al final del pasillo tras una puerta doble, abierta de par en par el patio del hospital, su terraza, nunca he ido allí desde que me internaron. Siempre paso de largo, no me sentía cómoda con la idea de ir más allá del umbral. Siempre suele hacer gente por ahí, y la simple idea de ser vista por alguien, de que me detallen físicamente y luego murmuren entre ellos, como si vieran un espécimen extraño, o mejor aún, un asco de individuo y se pregunten por qué está por ahí y no encerrada en algún cuarto, ese pensar me da un escalofrío constante. Pero ahora, tal vez se deba a la hora, esa sensación pesada en mis pies que me impedía avanzar ya no esta, por lo que decido acercarme y ver qué hay más allá de aquella puerta, débilmente alumbrada por la luz de la luna.

Me acerco lentamente, mis pasos suaves por las pantuflas se sienten como si caminara sobre los acolchados de un cuarto de seguridad para un enfermo mental. Llego al marco de la puerta y la tenue luz de los postes fluorescentes me encandila, veo a mis alrededores y todo aquello que no es alcanzado con la luz de los faroles es bañada por la luz azul de la luna, que permea cada parte de la terraza como un manto. Con cada paso la sensación de estar en un lugar ajeno al hospital, a este mundo, se hace más y más fuerte y es casi como si me hubiese transportado a otra dimensión. Hay arbustos bien cortados, floreros de cerámica, baldosas de ladrillo rojo, flores lindas en todas partes con colores brillantes y bancas de madera sin nadie sentado en ellas.

O eso parece, difícilmente, pero es visible una figura en una de las bancas, tiene una forma difusa, mi vista está muy cansada por la luz de los faroles y no logra enfocarlo.

Me acerco silenciosamente, como si se tratase de alguna ave que pudiera salir volando si hiciera mucho ruido. Y frente a mí, viendo a través del obturador de una cámara apuntando al cielo, una chica de cabello corto y de físico delgado, esbelto, como el de una muñeca, vistiendo al igual que yo una bata blanca de hospital, pero es como si la bata se amoldara a su delgado cuerpo. Y está sentada allí, sin siquiera prestar atención en mi presencia.

La observo con ojos de extrañez pero que luego de transforman en unos de sorpresa, ¿por qué ella emana esta sensación de calma? La luz de la luna la envuelve en una especie de manto azulado y es como si brillara.

Me quedo parada ahí, como una estatua, contemplando cada minúscula parte de ella, su expresión serena, su postura como la de una dama con sus piernas inclinadas hacia un lado, su respiración pausada y relajada, y como su dedo bajaba y subía justo antes de que sonara el clic de la cámara.

Con casa clic de la cámara, mi corazón sufría un sobresalto, podría compararse a la idea de que cada vez que tomaba una foto, el ambiente se paralizaba durante un instante, para darle la toma perfecta.

—Es de mala educación mirar así a alguien sin invitarle un café primero.

Al escucharla hablar, su voz aterciopelada hace que despierte de golpe de mi ensoñación, estoy un poco confundida, pero logro articular una repuesta rápida.

—Lo siento, ya me iba.

Me asusto, debo escapar antes de que me diga algo más, fui demasiado obvia, no debí acercarme demasiado.

—No te pongas tan rígida— hace un gesto con ambas manos como si intentase disuadirme de irme, para luego golpear suavemente con la palma el espacio vacío a un lado del banco— vamos, siéntate aquí y hablemos un poco, es raro ver a gente por aquí a esta hora.

¿Qué hora es? ¿Qué hago ahora? No puedo pensar con coherencia ¿Ignoro lo que me dice y simplemente me voy? No habría diferencia si me voy y ya porque a fin de cuentas me iré pronto de aquí, ¿verdad?

Se supone que ese es el plan más obvio y lo que debería hacer, así que, ¿por qué me estoy sentado exactamente?

Mientras mi cabeza da vueltas entre diferentes opciones, mi cuerpo se está moviendo solo hacia ella, y con pasos casi automáticos me siento a su lado. Es como si me atrajese con magnetismo o por gravedad.

#26

Parte 2.

Coloca su cámara fotográfica en su regazo y pone ambas manos sobre ella elegantemente sosteniéndola, como si fuera una muñeca de porcelana posando en una vitrina.

Me siento y volteo la mirada para verla aunque no al rostro, entonces ella me observa y yo por reflejo le devuelvo la mirada, pero solo dura una fracción de segundo, no puedo soportar la presión de mirar a alguien a los ojos, es demasiado para mí.

Pero en el poco tiempo que logré verla a los ojos, aunque fue algo casi instantáneo, me di cuenta de que los tiene de un color claro, verdes creo. Son lindos, atrayentes.

Siento su mirada, y hago mi mejor esfuerzo para observar hacia otra dirección, escucho una leve risita a mi lado, y luego empieza a hablar.

—Mira hacia arriba, hacia el cielo.

Arrugo la mirada un poco y no puedo ocultar mi duda emergente.

—¿Qué mire hacia el cielo?— inclino un poco la cabeza a un lado demostrando mi intriga.

«¿A qué se refiere?»

Levanto un poco mi vista con tal de poder observarla un poco mejor, y ver si de alguna manera descifro lo que trata de decirme con sus gestos, pero sin hacer contacto visual, veo sus labios.

Son delgados y tersos, verlos dan una sensación de tacto, como si fueran suaves al contacto, son rojizos y brillantes con la luz, perfectos prácticamente. Muy diferentes a los míos. Totalmente resecos y ásperos cuando los toco, repugnante.

Ella reafirma su postura hablando con una total calma y con un tono de voz que fluye como el agua.

—No es nada malo, solo mira hacia arriba.

A pesar de mis reservas, termino cediendo ante su pedido, y levanto la mirada lentamente, con un miedo constante de que algo fuera a saltarme en la cara, hasta que llego arriba del todo, cierro los ojos un momento para enfocar la mirada, la luz de los faroles me ciega por un momento, y cuando los abro de nuevo, quedo asombrada.

Un cielo totalmente despejado, con pocas y pequeñas luces salpicando la oscuridad absoluta, marcando como si se tratase de camino de un mapa, y que llevan hacia aquella luna al parecer en cuarto creciente.

Es hermoso y triste a la vez, esas pequeñas luces que intentan brillar, pero en medio de un mar oscuro donde a penas son visibles, junto a la luna que las opaca.

—Al abrir los ojos, el cielo que ves ¿de qué forma brilla?

La pregunta que ella me hace, a pesar de que no la esperaba, la respuesta ya la tengo lista, es como si estuviese esperándola desde hace muchísimo tiempo.

—No está brillando, es un cielo triste.

No la observo, me quedo viendo el cielo, tal vez no es la repuesta que esperaba, y no quiero ver su mirada de decepción.

—Así que tú también lo ves así.

Su respuesta me intriga por lo que bajo la mirada rápidamente y en contra de todos mis instintos naturales la observo, pero ella no me ve, ella también observa el mismo cielo que yo hasta hace un momento miraba.

—Es un cielo que se siente vacío. Entiendo completamente tu opinión, esta no es la clase de cielo bajo el que quisiera vivir siempre. Pero tiene su belleza, es como si te invitara a sumergirte en él, y perderte en el infinito mar ¿no crees que es bello a su manera?

—Bueno si lo pones así, creo que tienes razón.

Baja su mirada y me observa a la cara, su expresión es algo molesta, ¿qué la habrá molestado?

—¿Crees que tengo razón? ¿Es acaso que no tienes opinión propia y siempre le das la razón a los demás? ¿O es que no sabes decir lo que piensas y temes el rechazo?

Abro los ojos como platos, estoy estupefacta, no sé qué responder a eso, ¿debo responder? ¿Debo quedarme callada? Mis labios hacen movimientos extraños intentado articular palabras, pero mi mente está en blanco, no consigo una repuesta válida, estoy a punto de entrar en una crisis por el golpe repentino.

—Es una broma, no te lo tomes a pecho— ella se ríe abiertamente y sin miramientos, mientras me da un ligero codazo en el brazo izquierdo.

—Quería ver si eres de ese tipo de personas, pero ya veo que no, así que no te preocupes— añade ella haciendo un gesto con su mano de lado a lado, similar a si se despidiera.

—¿Ese tipo de personas? — ella solo genera más y más preguntas en mi cabeza, ¿quién es ella para empezar?

—No te preocupes por eso, es solo una tontería, ahora que recuerdo no te he preguntado tu nombre, ¿cómo te llamas?

Su mirada es inquisidora, queda a la expectativa como la de un niño esperando a que le den permiso de ir a jugar y que de ahí no se moverá hasta obtener lo que quiere. Es obvio por la forma en que me mira que escapar llagada a estas alturas me es imposible, así que simplemente me rindo ante ella.

—… Me llamo Lucy.

Ella me muestra una sonrisa brillante y me responde de manera animada.

—Un placer Lucy— extiende su delgada mano hacia mi dirección —yo soy Alicia; como la de el país de las maravillas.

Es un chiste sin gracia, gastado y previsible, pero de alguna manera me hace sonreír.

Extiendo mi mano hacia ella acercando mi mano a la suya para sujetarla, pero no había pensado en el hecho de que estaba toda vendada, tal vez le genere preguntas, ¿y sí me pregunta qué me pasó? ¿Debo mentirle y ya?

«Claro, miéntele como te mintió tu madre.»

Siento un pinchazo detrás de mis ojos, es la voz, me está hablando de nuevo, ¿por qué ahora? ¿No te habías ido?

»—No eres muy diferente a tu madre, mintiendo descaradamente con tal de salir de un problema. ¿Qué le dirás después? ¿Que se curará de su enfermedad o que su lesión sanará mágicamente? ¿Qué el cáncer perderá contra su fuerza de voluntad? O mejor aún, que ahora los miembros pueden regenerarse milagrosamente, y que podrá seguir su sueño como pianista.

Arrugo el rostro, mi expresión deber ser horrible pero no puedo evitarlo. Me duele, me duele mucho el pecho, quiero llorar, quiero tirarme al piso y simplemente morirme. No merezco hablar con ella, ni con nadie, soy una asquerosa mentirosa. El dolor aumenta, cada vez se hace más punzante en mis ojos y mi vista se vuelve cristalina de nuevo. ¿Empecé a llorar? Patética, soy muy patética que ni pude aguantar a estar sola en mi habitación y sufrir en silencio.

Entonces una sensación extraña y cálida me toca la mejilla, me sobresalto un poco y abro mis ojos parpadeando rápidamente intentado disipar las lágrimas. Y cuando logro ver claramente, lo que veo es una mano que me acariciaba el rostro una muy suave, con un movimiento lento de sus dedos me toca la mejilla tan delicadamente como si pensara que me fuera a romper.

—Oye, tienes unos lindos ojos, ¿te lo había dicho?

Su voz, ¿por qué es tan dulce? Es tan dulce que lastima, es como la voz de mamá, ¿por qué mamá? ¿Por qué no me sujetaste así aquella vez? ¿Por qué te fuiste?

¿Me odias? ¿Acaso fui un estorbo? Lo siento, por favor perdóname.

Mi mirada se vuelve aún más amarga, apreto mis dientes y cierro mis ojos fuertemente, estoy a punto de explotar, ya no puedo aguantar más.

Y entonces la mano que sujetaba mi mejilla se aleja de mí, escapando del contacto. No quiero que se aleje, solo un poco más, dame solo un poquito más de tu calidez.

Pero en lugar de eso, una sensación masiva me aborda desde ambos lados, son sus manos que sujetan mis hombros y me jalan hacia ella, siento un breve instante de ingravidez cuando me atrae a su dirección y sus brazos me envuelven y me sujetan fuertemente, en un abrazo del que no puedo ni quiero escapar.

Mi respiración se detiene de golpe, y mi corazón también por un breve segundo, para luego latir de manera salvaje ¿cómo debo reaccionar?

Su mejilla choca con la mía en un contacto inesperado, siento una mezcla entre frío y calor que hace erizar mis brazos, espalda y cuello que hace que me caliente un poco, y entonces acerca sus labios a mi oído. Diciendo algo simple.

—Todo va a estar bien.

Aquella vez, aquel primer día cuando desperté en este lugar, solo quería una cosa, pero no lo supe hasta ahora. No era ver a mi padre, ni que mi madre se fuera.

Solo quería que ella se acercara a mí, me sujetara en sus brazos y me dijera que todo iba a estar bien.

Así fuera mentira, así no lo quisiera aceptar. Solo deseaba que me abrazara, y me dijera que me ama.

Y ahí, me rompí en llanto, en medio de sus brazos apoyando mi cabeza en su hombro, sujetándola con ambas manos jalando de sus ropas agonizando de dolor, cada pedazo en mi corazón se rompe y caen al suelo, pero el sonido en vez de cristal, son como gotas de lluvia. Y me quedo allí, llorando descontroladamente, como un niño pequeño recibiendo el consuelo de una madre, hasta quedarme dormida.