KyoKei
Rango3 Nivel 10 (80 ptos) | Cuentacuentos freelance

1

-Uaaaaaah…
Kareth se levantó de la cama con un gran bostezo.
-…las siete…
Observó el despertador. Éste le avisaba de que un nuevo día de estudio le aguardaba.
-Bueno… quizás cinco minutos más…
Decidió volver a la cama mientras la luz del Sol comenzaba a iluminar su habitación...

Tras haber decidido seguir durmiendo después de que la alarma sonara, le tocó recorrer velozmente los pocos metros que separaban la clase de su propia habitación.
“Maldita sea, siempre me pasa igual…”

La gran escuela Yohei Gakko, un lugar de enseñanza de un tamaño parecido al de una ciudad. Restaurantes, tiendas… esta escuela tenía todo lo necesario para que los propios estudiantes pudieran desenvolverse y vivir sin problemas. Sin embargo, las enseñanzas que se impartían allí no eran las habituales, ya que ese lugar se caracterizaba por ser una escuela dedicada al manejo de armas…

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#2

-¡He llegado! -gritó al irrumpir en la que era su clase.
-No te preocupes, esta vez has llegado a tiempo -contestó uno de sus compañeros.
-Puff… -el chico suspiró aliviado- Ya creía que iba a ser castigado.
Se encaminó hacia su sitio, dejándose caer en una silla cercana al chico que acababa de hablarle.
-Oye, Remi…
-¿Sí?
-¿Me dejas los deberes para hoy?
-¡Piérdete!
-Venga… sólo por hoy…
-¡Si me los pediste ayer también!
-Pero hoy es especial…
-¡También dijiste lo mismo ayer!

Remi era una de las personas que Kareth mejor conocía en Yohei Gakko, además de uno de sus compañeros de clase. Éste solía mostrarse como un chico sencillo, seguro de sí mismo y confiable. Además, tenía buenas habilidades tanto para la teoría como para la práctica.

En ese momento el profesor interrumpió su conversación cerrando la puerta de clase tras él.
-Se acabó el parloteo. Comencemos con la clase.
Remi apoyó el codo en la mesa.
-Otra aburrida clase de geografía…

En Yohei Gakko se impartían clases de manejo de armas, sin embargo también existían ciertas asignaturas de cultura general. Éstas eran matemáticas, geografía e idiomas, además de algunas más especializadas dentro de la rama teórica, como psicología y anatomía del ser humano o teoría de las armas. Y es que aquí los alumnos eran, por decirlo de alguna forma, preparados para la guerra.
-Bueno, como todos sabéis, en este mundo se está desarrollando la Guerra Eterna. Pues…

El joven se sabía de sobra aquel relato. Hace muchos años, un científico llamado Emil Greenard descubrió un nuevo elemento llamado Radiar. Tras varios procesos de investigación, se llegó a la conclusión de que aquel elemento podía mejorar las capacidades de los seres vivos. Como se puede imaginar, las grandes potencias del mundo comenzaron a interesarse por dicho elemento y los intereses por lograr su monopolio desembocaron en lo que pasaría a llamarse la Guerra Eterna, una guerra que lleva en pie durante aproximadamente quinientos años.

-…y así son las cosas, ¿lo habéis entendido?
-¡Sí! - contestaron todos con tono cansado.
Kareth miró a sus compañeros. Hace años que se formó una organización “pacifista” que pasó a ser llamada Comhairle. Ésta, de cara a la sociedad, se mostraba como una organización no beligerante, utilizando únicamente medios diplomáticos para llevar a cabo sus fines. Sin embargo, con la pretensión de detener la guerra, Comhairle fundó clandestinamente las tres escuelas existentes en el mundo que se encargan del entrenamiento de guerreros preparados para detener el conflicto.

La diplomacia no servía para resolver el problema y estas tres escuelas enseñaban distintas artes (manejo de las armas, manejos de los poderes espirituales y manejo del medio).

Por lo que parecía, para crear soldados que pudiesen luchar contra la guerra se necesitaba algo que convirtiera a los alumnos de las escuelas en lo más parecido a soldados de élite. Ni que decir que eso que convertía a los alumnos en seres por encima de lo normal no era otra cosa que el famoso Radiar. De hecho, según como reaccionase en el cuerpo humano en el cual era inyectado, se era destinado a una escuela u a otra.

El timbre lo despertó de su ensoñación.
-¿Pero qué...?
-Se han acabado las clases teóricas, Kareth. Ahora tendremos un pequeño descanso y por la tarde tocarán las prácticas.
-Ah, de acuerdo… -el chico se levantó de su asiento, fue entonces cuando se dio cuenta de algo.
-Oh, no…
-¿Qué ocurre? -preguntó Remi.
-He olvidado pillar algo para comer…
Remi se echó las manos a la cabeza.
-Iré un momento a mi habitación, enseguida vuelvo.

El joven bajó las escaleras que llevaban al patio y se dirigió a su dormitorio. Al llegar allí, cogió una pequeña bolsa que había preparado el día anterior y se dispuso a marcharse.
-Oh, casi lo olvido.

Se acercó a la mesilla donde anteriormente estaba la bolsita. Allí, también se encontraba un colgante dorado que sujetaba una especie de anillo con una pluma incrustada. Pese a que sabía que aquello era importante, no recordaba por qué.

Al aplicarse el Radiar a personas, se descubrieron dos efectos secundarios: el primero era que borraba los recuerdos anteriores a la inyección del Radiar, motivo por el cual el joven no sabía nada de su pasado; y el segundo era que este elemento destruía las neuronas poco a poco, causado por la constante emisión de energía que permitía la liberación de las capacidades, por lo que la esperanza de vida del usuario se reducía considerablemente. Pocos superaban los treinta y cinco años de edad. Generalmente, los factores también podían variar según las reacciones que se produjesen.

La mayor parte de los usuarios eran huérfanos de la guerra. Personas que no tenían nada que perder y que querían, ante todo, acabar con aquello que les había arrebatado lo que tenían. Kareth se preguntaba si él mismo había sido de uno de ellos…

Tras salir del dormitorio, el chico se desplazó hacia un gran patio con una fuente en el centro y una barandilla al final desde la que se podía ver los otros sectores de la escuela, pues la zona en la que se encontraba no era la única en la que se impartían clases.

Yohei Gakko estaba dividida en dos áreas: una de ellas era llamada el sector de ocio, donde se situaban las tiendas, parques, etc. y la otra se llamaba sector de enseñanza, que a su vez se dividía en otras cinco zonas, las cuales se hicieron con intención de imponer cierto orden según la edad de los estudiantes.

Cada zona constituía una especie de institución propia, y cada una de ellas tenía sus respectivas clases. Algo así como una escuela muy grande dividida en cinco escuelas más pequeñas.
Estas áreas se hallaban conectadas entre sí por pequeños puentes que la gente llamaba Lidhes. Además, el sector de enseñanza estaba construido sobre un gran lago, y un puente de mayor tamaño unía un sector con otro.

Mientras Kareth observaba el paisaje, una voz lo llevó fuera de su ensimismamiento.
-Hola, Kareth, ¿qué haces por aquí? ¿No vas a comer nada?
-Ah, hola, Weird.

Éste era otro de sus compañeros de clase, más activo y animado, aunque en más de una ocasión, muy hablador.
-Oye, ¿has visto la nueva arma que han traído hoy? Dicen que es una alabarda de propulsión y doble K.
-¿Doble K? Veo que el desarrollo armamentístico sigue su curso.
-Teniendo en cuenta que tenemos que ser entrenados para manejar cualquier tipo de arma, cuanto más tecnológicas sean éstas mucho mejor.
-Lo sé…

Dado que estaban en guerra, la tecnología en relación al armamento se había desarrollado notablemente, una alabarda de propulsión suponía un arma cuya fuerza de ataque podía incrementarse con el uso de la presión del aire. K hacía referencia al tipo de motor interno de la alabarda que permitía este proceso, uno de los mejores por cierto, y el que tuviera dos aún lo hacía más temible. Los motores podían ser Z, R o K, ordenados de menor a mayor según su potencia. Era difícil poder ver un arma que poseyera un motor K, ya que generalmente los alumnos, si usaban algún arma con esta maquinaria, solían llevarlas con R.

-Bueno, será mejor que aproveche el tiempo, de lo contrario no voy a estar en forma para las clases prácticas.
-Ya nos veremos –se despidió Weird.

Así pues, se encaminó a otra parte del patio, sentándose sobre un humilde banco donde decidió comerse lo que había preparado.

Abrió lentamente la bolsita y con un tenedor, también previamente dispuesto, se puso a ello. Estaba un poco frío, no era de extrañar teniendo en cuenta que había sido preparado el día anterior, sin embargo, sabía bien.
-Bueno, realmente he comido cosas más frías.
-Seguramente…
-Oh, Remi, estás aquí.
Su amigo apareció frente a él y se sentó a su lado.
-Hoy hace un buen día, ¿verdad? –comentó Remi.
Kareth miró al cielo, éste se encontraba soleado. Con menos nubes de lo normal.
-Quizás sea una buena señal.
-Es posible. Oye, ¿crees que tocará combate en las prácticas?
-¡Lo espero! ¡Suele ser lo más entretenido!
-Y lo más peligroso también… -sonrió Remi.
-No es algo a lo que no estemos acostumbrados, y en cualquier caso, será lo más útil para cuando salgamos de aquí.
-Tienes razón. Bueno, será mejor que nos vayamos.

Tras terminar la comida, los dos compañeros se dirigieron a la pista de entrenamiento. Ésta se situaba cerca del patio y también se trataba de una zona al aire libre. En la parte lateral, se podía observar un almacén en el que se encontraban clasificadas las armas que se utilizaban en los entrenamientos y donde se iban acumulando también las nuevas que iban llegando. Una cantidad considerable de alumnos se había reunido en aquella pista, pues era el único momento en el que las clases de esa zona compartían enseñanza.

-Oh, esto está repleto, como siempre -comentó Kareth.
-Me pregunto si habrá algún nuevo juguete que probar – dijo Remi.
-Weird me ha hablado de un nuevo tipo de alabarda.
-Ese chico, escucha más rumores que un gato mueve las orejas.
-Pero igual es cierto…
-Habrá que comprobarlo.
Al poco de acabar la frase, apareció la entrenadora, una chica joven pero a la vez estricta y de lengua bastante afilada.
-¡Bien, idiotas! ¡Parece que habéis venido preparados para sufrir dolores inimaginables!
-Ya empieza otra vez… -murmuró Remi-, ¿y qué es eso de inimaginables? Ni que fuese la primera vez que lo hacemos…
-¡No quiero ningún flojucho de tres al cuarto entre vosotros, ¿me habéis escuchado?, así que dejaos de tonterías y a trabajar!
Los dos chicos suspiraron.
-¡Hoy tengo un nuevo juguete que quizás os guste!
Acto seguido, un arma fue teletransportada frente a ella. No es que fuera una técnica especial, simplemente se trataba de un tipo de tecnología de guerra usada por los estudiantes de aquella escuela para teletransportar armas en medio de la batalla. Un objeto bastante útil.

#3

-Se trata de una nueva alabarda que nos ha llegado. Es de propulsión y doble K, seguro que ya sabéis a lo que me refiero.
Muchos comenzaron a cuchichear entre ellos.
-¿Ves? No ha mentido.
-Ya, bueno, olvidémoslo…
La maestra continuó con su explicación.
-Bien, a continuación os pondréis por parejas y se os repartirá las alabardas. Habrá un tiempo estipulado y ganará quien venza a su contrincante.

Los alumnos hicieron lo propio y se pusieron por parejas. Remi y Kareth se quedaron donde estaban. Poco después, cada uno de los miembros de la pareja ya tenía una de las alabardas en la mano.
-Estoooo, Kaya… -dijo Kareth, llamando la atención de la maestra.
-¿Qué quieres, estúpido Kar?
-Uno de nosotros no tiene alabarda. ¿Acaso debemos utilizar un arma diferente? -obviamente, de los dos, Kareth se había quedado sin nada.
Kaya sonrió.
-Es cierto, se me había olvidado comentaros algo. Me temo que no vas a poder coger ningún arma. ¡Ya estáis ajustando vuestros teletransportadores de manera que no vea nada por aquí que no sea estas alabardas!
-¿Quiere decir eso que lucharemos con las manos desnudas?
-Veo que eres rápido pillando las cosas, estúpido Kar.
-Mierda…

La maestra se alejó de la zona de combate y se sentó en una pequeña silla junto al almacén de armas.
-Empezamos en quince segundos…
Kareth miró fijamente a Remi.
-Qué suerte has tenido. Te ha tocado lo mejor -la cara del chico daba lástima.
-Nunca se te dio mal el cuerpo a cuerpo, así que no te quejes tanto.
-3… 2… 1… ¡Empezad!

Remi atacó de frente a Kareth. Se pedía a los alumnos que combatieran como si estuvieran en medio de una guerra, por lo que el enfrentamiento debía ser lo más cercano a un combate a vida o muerte. Los golpes estaban limitados únicamente a casos como el de cercenar algún miembro del cuerpo, ya que el Radiar no permitía la recuperación de extremidades o cabeza. Tampoco se permitía atravesar de parte a parte zonas vitales, aunque estas sí podían ser dañadas.

Pese a la rapidez del movimiento de Remi, éste no consiguió acertar el golpe, ya que Kareth lo esquivó fácilmente haciéndose a un lado, y golpeó a Remi con una patada en el estómago que provocó que fuese lanzado varios metros atrás.
-¡Vamos, Remi! ¡Demuéstrame que puedes hacerlo mejor!

El chico se levantó del suelo.
-Ahora verás.

Con una velocidad impresionante, y activando el motor de la alabarda, Remi realizó un ataque frontal casi imparable. Kareth no pudo más que poner sus manos frente a él e intentar desviar el golpe. Por suerte o por desgracia, lo único que pudo lograr fue que no acertase ningún punto vital, siendo atravesado su estómago de parte a parte y derramándose sangre por todos lados. Acto seguido, golpeó con el pie a Kareth lanzándolo hacia atrás y devolviéndole así la jugada.
-¿Qué te ha parecido Kareth?
-¡Eh, vosotros! ¡Qué luego hay que limpiar, imbéciles!-exclamó Kaya, refiriéndose a ellos.

Kareth se levantó del suelo, chorreando sangre.
-No ha estado mal. Pero esto se acaba aquí -contestó.
Crujiéndose las manos, el chico observó cómo su compañero se preparaba con el arma.
-De poco va a servir chulearte.
Kareth, apoyó su pierna derecha y se impulsó de frente hacia su oponente. La sangre había dejado de caer. Por su parte, Remi realizó un corte circular con el fin de tener más posibilidades de acertarle. Sin embargo, Kareth consiguió agacharse a tiempo, y golpear con la pierna la muñeca de su contrincante, consiguiendo que el arma saliese despedida. Tras esto, combinó con una serie de golpes al cuerpo de su adversario, tirándole contra el suelo mediante una zancadilla. Entonces agarró la alabarda y activó la propulsión para finalizar su ataque.

Remi cerró los ojos al ver venir el golpe, pero Kareth decidió fallar a propósito, haciendo que la alabarda quedase clavada en el suelo.
-¡Tiempo, malditos idiotas! ¡Dejadlo ya!
-Mierda, he perdido… -se quejó Remi.

-¡Buen trabajo! ¡Nos vemos mañana! ¡Ahora largaos de mi vista!
Los alumnos se fueron de allí contentos de haber terminado otra jornada de trabajo. Ahora llegaba el momento en el que la mayoría cruzaría el gran puente para dirigirse a la zona de ocio y relajarse.
-¡Kareth! ¡Remi! ¡Ayudadme a llevar esto! -exclamó Kaya, señalando numerosas cajas.
Ambos resoplaron.
-¡Venga, mujer! ¡Queremos tomar un descan…!
-¡Si no me ayudáis no tendréis ningún descanso en vuestras miserables vidas!
-¡Sí, señora! -exclamaron los dos al unísono.

Tras ayudarla, Remi y Kareth se dispusieron a marcharse.
-¡Eh, esperad!
-¡Más no, por favor! -se quejó Remi.
-¡Que no, idiota! Quería agradeceros la ayuda. Tomad, no creo que vaya a usarlos… -dijo entregándoles dos vales.
-¡Oh! ¡Vales para una cena gratis! ¡¿En serio nos los das?!
-No os acostumbréis…
Ambos sonrieron agradecidos y se marcharon al dormitorio a cambiarse.

Tiempo después se encontraban en el otro sector, más allá del gran puente.
-Aaaah… Qué relajante… -comentó Remi desperezándose.
La zona de ocio replicaba con bastante fidelidad los lugares y centros que habría en una ciudad normal y corriente. Las personas que regentaban algunos de los centros eran refugiados de la guerra que habían sido aceptados como trabajadores, pues habían optado a ello en vez de someterse al Radiar, ya fuera por su avanzada edad o por la poca disponibilidad a ofrecerse voluntarios. Al fin y al cabo, los que eran expuestos al Radiar solían ser muy jóvenes.
-Bueno, yo me voy por aquí -dijo Remi señalando hacia la izquierda, a una pequeña calle que se introducía en una zona de entretenimientos variados.
-De acuerdo, ya te veré más tarde.
Tras un choque de manos, los dos amigos se despidieron.
Mientras cavilaba sobre esto, Kareth pudo ver cómo la pelota con la que jugaban los niños salía fuertemente despedida hacia una parte del parque donde se encontraba una chica. La pelota iba directamente hacia su cara.
-¡Cuidado! -gritó Kareth.
Sin embargo, no hizo falta. La chica levantó su brazo izquierdo y, con un movimiento simple, cogió la pelota.
-¡Oh! -exclamaron los niños al verlo.
Kareth se acercó a los niños. Uno de ellos se dio cuenta de que venía y avisó a los demás para que dejaran de jugar.
-¡Kar! -exclamaron varios de ellos. El más cercano se lanzó a la cintura del joven.
-¡Eh! ¡Chicos! ¡¿Cómo estáis?!
-Estábamos jugando a Onerariam.
-Ya veo, ya. ¿Qué tal os ha ido hoy en la escuela?
Uno de los chavales parecía molesto.
-El profesor me ha dicho que todavía soy demasiado pequeño para usar un teletransportador.
-Ja ja, eso es verdad, te dan un teletransportador al superar los doce.
-Yo quiero tener uno como el que tienes tú, Kar.
-No puedes. Tendrás que esperar a tener la edad suficiente -replicó Kar con una sonrisa melancólica.

Resultaba triste comprobar cómo aquellos niños habían elegido someterse a la inyección de Radiar. Kareth podía observar el nivel al que había llegado una guerra como la que se estaba llevando a cabo fuera.
-¿Quieres jugar, Kar? -propuso una niña.
-Cl-claro, ¿por qué no? -contestó volviendo de sus pensamientos- Yo haré de árbitro.

La tarde se desarrolló entre partida y partida. Kareth siempre disfrutaba jugando con aquellos niños. Eso le ayudaba a distraerse de las prácticas y otros estudios. Lo hacía sentirse partícipe de algo más “cotidiano”. Algo que podría haber hecho cualquier persona normal en el pasado.
-¡Oh, Kar!
Al escuchar una voz familiar a su espalda, Kar se giró.
-¡Viejo!
Un hombre de unos cuarenta años se acercó a él. Nadie conocía su nombre, tan sólo se sabía que era uno de los pocos guerreros sometidos al Radiar que habían conseguido llegar más allá de los treinta y cinco. Pese a ello, ya se notaban algunas consecuencias en su avanzada edad, como por ejemplo el hecho de que era incapaz de caminar, moviéndose gracias a la ayuda de una silla de ruedas.
-Veo que en este parque hay un gran contraste entre edades –bromeó Kareth.
-No te rías de este pobre viejo.
-Eso de viejo es muy relativo, ¿sabes? Sólo tienes cuarenta años.
-Para nosotros eso es mucho...
-Lo sé.
-Por cierto, ¿te has enterado?
-¿Enterarme? ¿De qué? -dijo Kareth mientras de vez en cuando echaba un vistazo al juego de los pequeños.
-Mañana hará acto de presencia uno de los mandamases de Comhairle.
Kareth se quedó con la boca abierta.
-¿En serio? ¿Un jefazo? Eso es bastante raro, no suelen asomar sus cabezas por aquí muy a menudo. Normalmente llaman a sus renombrados guardaespaldas a revisar el funcionamiento de las escuelas.
-Lo sé, es un gran acontecimiento. Parece que uno de ellos ha decidido ver dicho funcionamiento en persona.
-Qué curioso. Será la primera vez que vea a un miembro de Comhairle tan de cerca.
Los miembros de Comhairle tenían un gran poder dentro de la sociedad regida por la guerra. Hasta el punto de tener ciertas inmunidades y ser respetados, sobre todo por los alumnos y habitantes de las escuelas. En el caso de Kareth, pese a lo poco común de la situación, y que él también era un estudiante de Yohei Gakko, aquello únicamente le producía sorpresa.
-De todos modos algunos guardaespaldas se han ido adelantando y hoy varios de ellos ya se encuentran en la escuela.
-Guardaespaldas, ¿eh?
Con aire ausente, las manos sobre la nuca y caminar pausado, Kareth llegó hasta un parque en el que unos niños jugaban con la pelota. Aquella vista, junto con la brisa que mecía levemente su pelo, lograron reanimarle.

Entonces, se fijó en el juego al que estaban jugando los pequeños, quienes, por sus movimientos rápidos y demasiados ágiles para un humano corriente, estaba claro que pertenecían a la escuela.

Se trataba de un juego al que llamaban Onerariam. Básicamente consistía en pasarse la pelota de unos a otros pero ésta tenía que ser golpeada siempre en el aire y de manera acrobática, quien la pateara en el suelo quedaba eliminado, y normalmente existía uno que hacía de árbitro para decidir quien ganaba según la acrobacia que realizaba para golpear la pelota. Podías usar cualquier parte del cuerpo para hacerlo.

#4

Kareth se acercó a los niños. Uno de ellos se dio cuenta de que venía y avisó a los demás para que dejaran de jugar.
-¡Kar! -exclamaron varios de ellos. El más cercano se lanzó a la cintura del joven.
-¡Eh! ¡Chicos! ¡¿Cómo estáis?!
-Estábamos jugando a Onerariam.
-Ya veo, ya. ¿Qué tal os ha ido hoy en la escuela?
Uno de los chavales parecía molesto.
-El profesor me ha dicho que todavía soy demasiado pequeño para usar un teletransportador.
-Ja ja, eso es verdad, te dan un teletransportador al superar los doce.
-Yo quiero tener uno como el que tienes tú, Kar.
-No puedes. Tendrás que esperar a tener la edad suficiente -replicó Kar con una sonrisa melancólica.

Resultaba triste comprobar cómo aquellos niños habían elegido someterse a la inyección de Radiar. Kareth podía observar el nivel al que había llegado una guerra como la que se estaba llevando a cabo fuera.
-¿Quieres jugar, Kar? -propuso una niña.
-Cl-claro, ¿por qué no? -contestó volviendo de sus pensamientos- Yo haré de árbitro.

La tarde se desarrolló entre partida y partida. Kareth siempre disfrutaba jugando con aquellos niños. Eso le ayudaba a distraerse de las prácticas y otros estudios. Lo hacía sentirse partícipe de algo más “cotidiano”. Algo que podría haber hecho cualquier persona normal en el pasado.

-¡Oh, Kar!
Al escuchar una voz familiar a su espalda, Kar se giró.
-¡Viejo!

Un hombre de unos cuarenta años se acercó a él. Nadie conocía su nombre, tan sólo se sabía que era uno de los pocos guerreros sometidos al Radiar que habían conseguido llegar más allá de los treinta y cinco. Pese a ello, ya se notaban algunas consecuencias en su avanzada edad, como por ejemplo el hecho de que era incapaz de caminar, moviéndose gracias a la ayuda de una silla de ruedas.
-Veo que en este parque hay un gran contraste entre edades –bromeó Kareth.
-No te rías de este pobre viejo.
-Eso de viejo es muy relativo, ¿sabes? Sólo tienes cuarenta años.
-Para nosotros eso es mucho...
-Lo sé.
-Por cierto, ¿te has enterado?
-¿Enterarme? ¿De qué? -dijo Kareth mientras de vez en cuando echaba un vistazo al juego de los pequeños.
-Mañana hará acto de presencia uno de los mandamases de Comhairle.
Kareth se quedó con la boca abierta.
-¿En serio? ¿Un jefazo? Eso es bastante raro, no suelen asomar sus cabezas por aquí muy a menudo. Normalmente llaman a sus renombrados guardaespaldas a revisar el funcionamiento de las escuelas.
-Lo sé, es un gran acontecimiento. Parece que uno de ellos ha decidido ver dicho funcionamiento en persona.
-Qué curioso. Será la primera vez que vea a un miembro de Comhairle tan de cerca.

Los miembros de Comhairle tenían un gran poder dentro de la sociedad regida por la guerra. Hasta el punto de tener ciertas inmunidades y ser respetados, sobre todo por los alumnos y habitantes de las escuelas. En el caso de Kareth, pese a lo poco común de la situación, y que él también era un estudiante de Yohei Gakko, aquello únicamente le producía sorpresa.
-De todos modos algunos guardaespaldas se han ido adelantando y hoy varios de ellos ya se encuentran en la escuela.
-Guardaespaldas, ¿eh?

Mientras cavilaba sobre esto, Kareth pudo ver cómo la pelota con la que jugaban los niños salía fuertemente despedida hacia una parte del parque donde se encontraba una chica. La pelota iba directamente hacia su cara.
-¡Cuidado! -gritó Kareth.
Sin embargo, no hizo falta. La chica levantó su brazo izquierdo y, con un movimiento simple, cogió la pelota.
-¡Oh! -exclamaron los niños al verlo.

Poco después, se acercó a ellos, y en ese momento, Kareth pudo verla más definidamente: se trataba de una joven, en apariencia de la misma edad que él, de pelo largo y azulado que le llegaba hasta la cintura, y rasgos bellos en su rostro pese a la seriedad de sus gestos. Vestía un ropaje sencillo. Desde el punto de vista de un guerrero, se vería como una ropa cómoda y que permitía una gran movilidad.
-Vaya, una belleza por aquí. No es algo que mis ojos estén acostumbrados a ver -comentó el Viejo.
La chica apartó su melena de la cara con un movimiento de la mano y señaló el objeto.
-¿Esta pelota es vuestra? -preguntó con voz que denotaba cierta indiferencia.

#5

2

Kareth se acercó a la chica.
-Sí, gracias. Y perdona las molestias -comentó mientras se rascaba la nuca.
-No te preocupes -respondió ella.
-No, no, deberíamos haber tenido más cuidado. ¡Pedidle disculpas vosotros también, niños!
-¡Lo sentimos! – exclamaron a coro los pequeños.
-No pasa nada, en serio…
-En cualquier caso, ha sido impresionante. Tienes muy buenos reflejos -indicó el Viejo.
-Gracias.
-Oye, ya sé, ¿te gustaría jugar con nosotros? -propuso uno de los niños.
-Vamos, vamos, no molestéis a la señorita, seguro que tiene cosas que hacer -dijo Kareth.
-Oh, ahora te comportas como todo un caballero, Kar –se burló otro de los pequeños.
-¡¿Qué insinúas?! ¡¿Qué nunca me comporto como tal?!

Todos excepto Kar y aquella chica rieron la gracia. El primero porque se encontraba algo avergonzado y la segunda porque parecía no comprender la situación.
-¿A qué estáis jugando? -preguntó la joven, mostrando curiosidad.
-¿No sabes lo que es Onerariam? –preguntó Kareth, algo sorprendido.
-Nunca he jugado.
-Qué raro, normalmente todos los que viven aquí lo conocen –se extrañó el chico-. Da igual, si no sabes jugar yo te enseñare. Me llamo Kareth, un placer –tras esto, extendió su mano. La chica la observó dubitativa, devolviéndole el gesto con precaución.
-Yo soy Sarah.

Tras explicarle las reglas del juego, las cuales pareció entender sin problema, Kareth decidió hacer una prueba jugando una partida contra ella.
-Puesto que es la primera vez no iré en serio -declaró el joven.

Por su parte, ella asintió, descubriendo poco después que, a su alrededor, los niños los observaban con gran atención.
-Admiran a sus mayores. Por eso suelen emocionarse con este tipo de partidas –explicó el chico al notar cómo desviaba la mirada-. Es agradable, ¿verdad?
La chica no contestó.
-Bueno, para esta partida yo haré de árbitro -se ofreció el Viejo.
-Empecemos pues -dicho esto, Kareth lanzó la pelota al aire y saltó detrás de ésta, girando numerosas veces sobre su propio eje, y golpeando finalmente la pelota con el codo.

En un principio, dio la sensación de que la chica no iba a responder a su acción, sin embargo, elevándose con gracilidad, golpeó la pelota con la rodilla a fin de elevarla aún más y, girando su cuerpo hacia atrás, consiguió cogerla con los dos pies. Posteriormente, y todavía en el aire, realizó varia volteretas en la misma dirección hasta casi tocar suelo, logrando llevar la pelota a su mano derecha y golpearla fuertemente hacia Kareth, quien se había sorprendido tanto por su habilidad que fue incapaz de continuar con la partida, perdiendo al instante.
-¡Ganadora, Sarah! -exclamó el Viejo.
Los niños gritaron y animaron a la vencedora.
-Increíble, esto me pasa por arrogante -sonrió Kareth.
Sarah se acercó al chico y le tendió la mano igual que había hecho antes.
-Bien jugado –le correspondió Kareth.

Mientras los niños seguían jugando, Sarah y Kareth se sentaron en una parte del parque.
-Eres muy buena, existen pocas personas que me hayan ganado, pero tú, que jugabas por primera vez, lo has hecho sin despeinarte –la halagó Kareth.
-La suerte del principiante
-Eso no ha sido suerte. Tienes grandes habilidades para esto.
Esta vez, Sarah decidió mantenerse en silencio.
-Por cierto, no eres de por aquí, ¿verdad? –preguntó, notando como ella reaccionaba con sorpresa- Alguien a quien no le suene este juego significa que procede del exterior. Al menos suele ser así.
-He llegado aquí esta mañana –confesó.
-¿Eres nueva en la escuela?
-No. Bueno. No exactamente…
-¿Entonces?
Aquella serie de cuestiones comenzaron a incomodarla.
-¡Ah! Perdona. Me ha podido la curiosidad.
-No importa. Puede que hayas escuchado algo. Hoy venían a la escuela algunos de los guardaespaldas de un miembro de Comhairle.
-Ah, sí. Algo he oído –de repente, Kareth pareció caer en la cuenta de algo- ¡Espera! ¡No me digas que eres una de esos guardaespaldas!
Ella asintió.
-¡Increíble! Una chica tan joven y con un cargo tan importante.
Al decir esto, creyó entrever cierta confusión en su expresión, aunque no estaba seguro de si era impresión suya.
-Mmm, ya sé –reaccionó Kareth.
-¿Eh?
-Si aún no conoces este sitio, ¿qué te parecería si te lo enseño yo mismo?
-Pero…
-Tómalo como una compensación por cuando han estado a punto de darte con la pelota.
-Ya te dije que no te preocupases
- Bueno, pues entonces como un premio al ganador.
Sarah no supo que decir.
-No tienes nada que perder –intentó convencerla el chico.
Tras mirarlo fijamente durante un buen rato, todavía reflejando en su rostro los mismos gestos que al conocerla, suspiró
-Está bien –accedió.

De esa forma, los dos emprendieron camino por la zona de ocio.
-Lo primero que debo preguntarte es: ¿Cuánto has visto de esta zona?
-Únicamente el parque donde acabamos de estar y el lugar en el que me alojo.
-¿El lugar en el que te alojas?
-Ahí.
Señaló uno de los edificios que más resaltaban de la ciudad, uno de los hoteles en los que descansaban aquéllos que venían de fuera de Yohei Gakko, puesto que los alumnos tenían sus dormitorios dentro de la zona escolar y otros residentes sus propias casas en la zona de ocio. En cualquier caso, el hotel señalado por Sarah era uno de los más caros del allí, por no hablar de que la entrada al recinto estaba adornada y dispuesta para dar una gran bienvenida. Era por este motivo que también se podía observar una gran cantidad de gente acumulada alrededor de numerosos vehículos de carrocería y colores similares, o algunos guardaespaldas apoyados en la entrada.
-Ya veo… -suspiró Kareth- Menudo lujo. Bueno, entonces te llevaré a algunos sitios que conozco.

Después de eso, continuaron con su paseo hasta llegar a una pequeña cafetería.
-Buen sitio, ¿eh? Ideal para descansar. Además, hacen un pastel especial que está para chuparse los dedos. Venga, que te invito a algo.

Nada más entrar, se sentaron en una pequeña mesa vacía que se encontraba en una de las esquinas del local, un poco apartada del resto de clientes. Enseguida vino una camarera a atenderles.
-¿Qué desean? ¡Oh! ¡Kar!
-¿Qué hay, Nara?
Al ver a su acompañante, la joven llamada Nara, se mostró ligeramente alterada.
-¡¿Eh?! ¡Ah! ¡B-bien! ¡Todo bien! ¡Uy! - reaccionando con nerviosismo se le cayó la libreta en la que apuntaba las peticiones.
-¡L-lo siento! Um, ¿q-quieres lo de siempre?
-Sí –afirmó el chico animadamente.
-De acuerdo –ahora, sus mejillas habían adoptado un ligero tono rojizo- P-por cierto, ¿quién es? –comentó refiriéndose a Sarah.
-Oh, cierto. No os he presentado. Se llama Sarah, una chica que acabo de conocer hace poco y a la que le estoy enseñando Yohei Gakko. Sarah, ella es Nara, una buena amiga mía.
-E-encantada -saludó Nara.
-Lo mismo digo -respondió Sarah.
-Bueno, a ella la invito yo, así que ponle lo que pida -dijo Kareth.
-Vale, ¿qué te pongo entonces?
-A ver...

Sin pensárselo dos veces, señaló una página entera de la carta. Nara y Kareth se llevaron una mano a la frente mientras la joven peliazul los miraba confusa.
-¿N-no sería mejor que eligieses sólo una cosa? –sugirió Nara.
-Da igual. Pónselo.
-¿E-estás seguro? –Nara no tenía muy claro la afirmación de su amigo.
- Sí. Eso creo…

Tras despedirse de Nara y salir de la cafetería, Kareth observó con tristeza su cartera casi vacía.
-L-lo siento -se disculpó Sarah.
-N-ni lo menciones, al fin y al cabo, he sido yo quien ha aceptado.

Hecha la primera parada, Kareth continuó haciendo de guía.

Pasaron por varios restaurantes, centros de entretenimiento, pequeñas tiendas y otros lugares en los que pasar el rato, como parques e incluso polideportivos. Finalmente, ambos llegaron a un edificio situado en el centro de aquel sector.
-¿Y esto? -preguntó Sarah.
-¿Eh?
-Ese edificio de allí. Me llamó la atención al llegar.
-Ah, ¿te refieres a ése? Es el centro de control e investigación de la escuela. Es aquí donde se almacenan los datos de los estudiantes, se procesan las armas y el dinero que llega desde Comhairle, se investigan los progresos del Radiar en estudiantes, etc. En resumidas cuentas, es el lugar donde se administra todo lo relacionado con el sector de la escuela, y lo que hace que se mantenga el propósito de la escuela así como su funcionamiento
-Es gigantesco -comentó la chica estirando el cuello, de una forma un tanto graciosa, para tratar de ver la parte más alta.

Al cabo de un rato llegaron hasta un puesto de helados.
-Si quieres esta vez invito yo -propuso Sarah.
-¿Tienes dinero?
-Me dieron esto al llegar aquí -la chica le enseñó un sobre donde había un montón de dinero. A Kareth comenzaron a caerle lágrimas de los ojos.
-¿Ocurre algo? -preguntó la joven, inocentemente.
-No, tranquila...

Acto seguido, se acercaron al puesto y se plantaron frente al vendedor.
-¿Puedo ayudaros? -preguntó amablemente.
-Yo, nunca he comido uno de estos -confesó la chica, de repente.
-¡¿Qué?! ¡¿Y lo dices ahora?! -exclamó Kareth. Tras un largo suspiro, fue él quien pidió por ella- Uno de éstos, por favor, y lo mismo para mí –dijo mientras señalaba el producto en el cartel que había expuesto junto a la heladería.

#6

Una vez tuvieron sendos helados, se sentaron en un banco perteneciente a una pequeña plaza. Desde allí se podían observar varios vehículos desplazarse, no muy numerosos y la mayoría consistiendo en transportes públicos.
-¿Qué te ha parecido la visita? –preguntó Kareth antes de darle un lamido a su helado.
-Es bonito.
-¿Bonito? –el joven no esperaba ese adjetivo.
-Sí. En tiempos de guerra es difícil ver un sitio así. Parques, tiendas, niños jugando, personas hablando unas con otras, tan plácidamente y sin ningún miedo a lo que pueda estar sucediendo fuera…
-¿Has estado en el exterior?
Ella asintió.
-Yo sólo he oído historias o testimonios. Espero que dentro de poco tenga mi primera misión fuera de Yohei Gakko.
-No es un mundo en el que desearías estar…
-Me imagino, pero tomé la decisión de ser uno de los soldados que acabaría con esta guerra, así que lo considero mi deber. Por cierto, ¿cómo es que llegaste a ser guardaespaldas de Comhairle?
-No lo recuerdo.
-Ya veo, Radiar, ¿me equivoco?
Volvió a asentir.
-En fin, es mejor no hablar más sobre te…

En ese momento, apareció frente a ellos un pequeño animal de aspecto similar al de un gato, sólo que más grande y con un pequeño cuerno puntiagudo en la cabeza.
-¡Oh! ¡Un fenrir! -exclamó Kareth.
-¿Un fenrir?
-Sí, se podrían considerar uno de los efectos secundarios de la guerra, mutaciones a partir de los seres llamados gatos que surgieron durante el desarrollo de estos quinientos años. Ahora son considerados una especie distinta.
-Nunca había visto uno.
De hecho se supone que son difíciles de ver ya que prefieren no mantener mucho contacto con el ser humano ¿Qué hace uno aquí?

Sarah acercó el helado al animal, el cual, tras olisquearlo un poco, se alejó.
-No creo que eso le guste mucho.
Pese a sus consejos, ella continuó con sus vanos intentos de llamar la atención del animal.
-Y ha optado por ignorarme... –dijo Kareth, llevando su mano hacia el teletransportador en su muñeca y, tras configurarlo, hizo que ante él apareciese una especie de pescado, el cual cogió y acercó al fenrir, que huía de su perseguidora. Cuando el félido observó el alimento, se acercó a éste, tras olerlo, igual que como había hecho con el helado, le dio un pequeño mordisco.
-¿Qué le has dado?
-Pescado. Parece que le gusta más pese a haber sido teletransportado.
-¿Eh?
-Cuando teletransportas comida, ésta suele perder características. Por eso no se recomienda hacerlo. ¿Quieres probar a darle de comer? –preguntó Kareth.
Después de echar un vistazo a cómo el animal devoraba el pescado, Sarah accedió a alimentarle, recibiendo del chico algunos trozos carentes de espinas.
-Si no está recomendado, ¿por qué has teletransportado uno? –preguntó Sarah, mientras probaba a acercarle uno de los trozos al fenrir.
-Nunca se sabe cuando puedes necesitar comida, así que lo guardé en la memoria del teletransportador –contestó él con normalidad.

Al salir de la plaza, continuaron un poco más con la travesía, deteniéndose finalmente cerca del hotel en el que ella se alojaba.
-Muchas gracias por esta visita –declaró la joven.
-No hay de qué. Espero volver a verte pronto.
-Yo también. Ha sido divertido, Kareth.
-Jaja, me alegro. Buenas noches.
-Buenas noches -dicho esto, se introdujo en él hotel, mostrando en la entrada la prueba que la identificaba como guardaespaldas.
-Una chica interesante. ¡Oh! ¡Ahora que me acuerdo! ¡Había quedado con Remi para vernos más tarde! ¡Si se me hace tarde, no podré comer gratis en ese restaurante!

Lo más rápido que pudo, corrió hacia el establecimiento.
-¡Mierda! ¡Llegaré tarde si no cojo un atajo!
Dicho y hecho, se introdujo en un estrecho callejón de aspecto tétrico y en el que, entre que era de noche y que la luz artificial apenas lo iluminaba, le costaba disntinguir el camino.

Tras un buen rato corriendo, llegó a un espacio un poco más abierto dentro del mismo callejón, sin embargo tuvo que detenerse cuando su instinto le alertó de un peligro cerca de su posición.
-Vaya, vaya.
-Tenemos aquí a alguien que quiere darnos su dinero.
-O quizás ser nuestro subordinado.
Un grupo de jóvenes salió de entre la oscuridad y le cortó el paso. Otro grupo apareció segundos más tarde detrás de él, impidiéndole la retirada. Por su aspecto de delincuente, y por lo que decían, estaba claro que no tenían muy buenas intenciones.
-Ah… -suspiró Kareth.
-¿Qué te pasa? ¿Te has cagado de miedo? –le preguntó uno de los delincuentes.

Lo más bajo de Yohei Gakko. Personas que habían dejado atrás sus ideales y utilizaban las habilidades obtenidas mediante el Radiar para extorsionar o abusar de su poder. No eran muy numerosos, pero los pocos que había solían estar bien organizados.
-No exactamente. -respondió Kareth- Suspiró porque no os conviene meteros conmigo.
-Oh, ¿de verdad crees que puedes contra todos nosotros?

A primera vista debían de ser unos cinco o seis. Probablemente, todos ellos usuarios de Radiar.
-No lo creo. Lo sé –declaró Kareth.

En ese momento, uno de ellos, dejándose llevar por la provocación, le atacó por la espalda, cortándole la cabeza con una espada.

Tras un corto silencio, que para los delincuentes se hizo eterno, la ansiedad y el nerviosismo comenzaron a reflejarse en sus caras.
-¡¿Pero qué has hecho, pedazo de imbécil?! ¡Si lo matamos nos meteremos en problemas!
-¡L-lo he hecho sin pensar!
-¡¿Ya sé que lo has hecho sin pensar?! ¡¿Tú sabes en que lío nos has metido?!
-Tranquilos, tranquilos, no pasa nada…
El cuerpo de Kareth se levantó del suelo para sorpresa y horror de todos, pues éste continuaba sin cabeza, sin embargo, a partir de la musculatura del cuello, comenzaron a regenerarse huesos, músculos y piel, hasta dar forma a una nueva cabeza.
-Agh, que poco me gusta que ocurra esto. Menos mal que no es a menudo.
-¡¡¿Qu-qu-qué diablos eres tú?!!
-Oh, disculpadme -la cabeza que había sido cortada, había desaparecido del suelo dejando sólo manchas de sangre-. Es una suposición, pero ya sabéis que el Radiar puede reaccionar de varias formas en cada individuo. De hecho, es así como se distingue si alguien debe ir a la escuela de manejo de armas, de manejo de poder espiritual o de manejo del medio. Sin embargo, también pueden darse casos extraordinarios. Digamos que en el mío, ha provocado una regeneración sumamente rápida, lo que me permite recuperar sin problemas cualquier miembro perdido. Y eso incluye la cabeza.
-Pero, eso significa…
-Sí, significa que soy inmortal –Kareth se crujió los huesos de las manos-. Y ahora, vais a olvidar lo que habéis visto…

#7

3

Kareth llegó al restaurante. Junto a la puerta se encontraba Remi, esperando.
-Llegas tarde –se quejó su amigo al verle.
-Lo siento, he estado algo ocupado con una panda de inútiles que me ha asaltado en un callejón.
-Oh, ¿y qué tal están?
-No creo que tarden mucho en encontrarlos -rió Kareth.
-No te habrás pasado de la raya, ¿verdad?
-Claro que no, idiota.
-¡Eh! ¡¿A quien llamas idiota?!
Mientras reían y conversaban, ambos entraron en el establecimiento.

Por otro lado, un grupo de personas se presenció en el callejón por donde había pasado Kareth. Habían recibido una llamada avisando sobre una pelea. Cuando llegaron allí, encontraron a unos cinco delincuentes atados de pies y manos y entre ellos, formando un círculo.
-Vaya, vaya. No habéis acabado muy bien, ¿eh? –sonrió uno de los recién llegados mientras observaba sus expresiones, mostrando abatimiento y resignación.
-Seguramente haya sido cosa de Kar. Siendo él, puedo asumir que ha sido en defensa propia -dijo el que parecía ser el líder.

Karma, un grupo encargado de mantener el orden en Yohei Gakko, era algo así como la policía de allí. Su líder era muy conocido, además de una de las personas más fuertes en el manejo de las armas. Su nombre era Lethos.
-Lleváoslos a la prisión -ordenó a los otros miembros de Karma.
-¡Si!

Al día siguiente, el despertador levantó a Kareth de la cama. Ése sería su último día como estudiante. A partir de entonces, y si todo iba bien, podría empezar a realizar misiones.

Como siempre, se preparó para ir a clase y salió de su habitación. Esta vez no iba con retraso, y podía dedicarse a disfrutar del trayecto y de las vistas. A mitad de camino, se encontró con Remi, quien acababa de abandonar su habitación.
-¿Qué tal has dormido? -preguntó Remi, al ver las ojeras de Kareth.
-No me mires con esa cara de estúpido, es obvio que he pasado una mala noche.
-Oh, que raro, normalmente eres como un perezoso, te duermes enseguida y no hay quien te despierte.
-He tenido una pesadilla.
-¿Una pesadilla?
-Sí. En ella me veía a mí mismo siendo perseguido por… bueno… la verdad es que no estoy seguro. Parecían soldados. El caso es que querían matarme.
-Eso suena gracioso, sabiendo de tu “habilidad”.
-¡Cierra el pico! Solo tú y Nara lo sabéis. Si lo dices en voz alta puede que alguien te escuche.
-¿Y todos aquellos a los que les has dado una paliza?
-Ya me he ocupado yo de que no recuerden lo más mínimo -una maliciosa asomó por el rostro de Kareth.
-Das miedo, ¿lo sabías? -comentó Remi, alejándose de él.
-¡Me da igual! ¡Ellos se lo buscaron! En cualquier caso, y volviendo al tema, en esa pesadilla no estaba solo. Llevaba a alguien cogido de la mano.
-¿Quién era?
-No estoy seguro. Creo que era una niña.
-¿Una niña? ¿Qué niña?
-¡¿Y yo qué sé?! El caso es que tenía mucho miedo. Ambos conseguíamos escondernos de aquellos soldados, pero un hombre nos capturaba y, en ese momento, desperté.
-¿Viste la cara de aquel hombre?
-No. Todo estaba borroso.
-Mm…Qué curioso.
-Quizás la rutina ha empezado a afectarme al cerebro.
-Quizás...
Sin embargo, no estaba convencido de que ése fuese el motivo.

Al cabo de un rato llegaron a su destino, no obstante éste se encontraba vacío.
-¡Oh! -se sorprendió Remi- ¿No hay nadie en clase?
Kareth observó extrañado la sala vacía. Fue entonces cuando cayó en la cuenta de lo que pasaba.
-¡Claro! ¡¿Hoy no era cuando venía el de Comhairle?! –exclamó Kareth.
-¡Mierda! ¡Entonces estarán fuera!
-Corriendo no llegaremos a tiempo. Tomemos un atajo.

De esa forma, ambos saltaron por las ventanas de la sala, aterrizando en uno de los patios exteriores del sector.
Rodeando dicho patio, se podía observar una barandilla de aspecto anticuado y color blanco, que combinaba con la decoración del resto del recinto. Ésta colindaba con un precipicio desde el que se podía divisar uno de los edificios de la escuela.

Saltando la barandilla, aterrizaron en la terraza de dicho edificio. Posteriormente, volvieron a saltar hasta otro cercano y, desde ahí, al suelo. A partir de ese punto, sólo tendrían que recorrer unos pocos metros más para llegar al sitio donde se celebraría la llegada del mandamás de Comhairle.

Una vez en el evento, observaron a una multitud dispuesta en los laterales de un espacio central por el que caminaban varias personas de aspecto importante. Tanto estudiantes como civiles habían asistido a la celebración. Una muestra de la popularidad que tenía Comhairle en Yohei Gakko.

Kareth y Remi se unieron a los demás. En el espacio que rodeaba la muchedumbre. Se podía ver caminar a alguien de apariencia noble y humilde, que miraba a los asistentes con una alegre sonrisa. Tras él, iban varios guardaespaldas, de entre los cuales Kareth pudo distinguir a una chica de cabello largo y color azulado, situada justo detrás del miembro de Comhairle.
-Oh, así que ahí está -indicó Kareth.
-¿Quién? -preguntó Remi.
-La chica de pelo azul. Ella es con quien estuve ayer.
-¿Aquélla que dijiste que era guardaespaldas?
-¿Acaso no lo estás viendo ahora mismo?
-Supongo…
Los dos se quedaron unos segundos en silencio.
-¿Y ella te gusta? –preguntó Remi.
-¡Tú no te andas con rodeos, ¿no?! –se quejó Kareth.

Y así, se dio paso a un discurso realizado por el mandamás. Todos los miembros de los distintos sectores de la escuela se encontraban en una gran sala que tenía cierto parecido con un teatro o salón de actos, pues presentaba numerosas filas de sillas, cada cual un poco más elevada que la anterior, donde se sentaban los alumnos, y un escenario donde iba a producirse la conferencia. Ese lugar solía utilizarse para charlas o en casos especiales en los que hubiese que transmitir algún mensaje importante.

Los alumnos se sentaron en sus respectivos lugares y los cargos más importantes de la escuela, junto con el miembro de Comhairle y sus guardaespaldas, en el escenario. Acto seguido, el director de Yohei Gakko, Zhiros Lambert, comenzó a hablar. No era un hombre que se dejara mostrar muy frecuentemente, apenas se le veía por el sector escolar, normalmente para comprobar el buen funcionamiento y solucionar incidentes que requiriesen su intervención.
-Bien, antes de nada, quisiera saludar a todos los presentes. Sé que muchos de vosotros comenzaréis mañana vuestras primeras misiones como guerreros para tratar de detener esta guerra.
Hoy tenemos el honor de recibir a uno de los miembros más importantes de Comhairle, quien supervisará los progresos realizados en esta escuela.
Así pues, gracias a todos por asistir, y dejo la palabra a nuestro invitado.

Tras unos aplausos, se hizo a un lado para permitirle el paso al hombre, quien se aclaró la garganta antes de empezar.
-Gracias, Sr. Lambert. Bien, como ya ha dicho vuestro director, pertenezco a Comhairle, a quienes ya conocéis todos como fundadores de este lugar. Sin embargo, pese a lo importante que pueda parecer mi posición, no lo considero así. Hace aproximadamente un siglo que Comhairle decidió entrenar guerreros para detener esta guerra cuyo rumbo se prevé interminable. Necesitábamos un arma para poder hacerlo, y esta no fue otra que el conocido Radiar. Suena irónico, ¿verdad? Detener un conflicto con el elemento que lo provocó -hizo una pequeña pausa antes de continuar-. Es obvio que fundar Yohei Gakko fue un trabajo difícil, pero también ha sido duro el proceso que os ha llevado hasta aquí. Así que, quiero dejar claro que vosotros sois los que de verdad importáis, pues decidisteis luchar, e incluso, después de haber perdido vuestros recuerdos, seguisteis adelante con esa decisión. Por todo ello, os doy las gracias.
Para aquellos que mañana saldrán al exterior y se enfrentarán a sus peligros, deseo que vuestros esfuerzos no sean en vano, y sirvan para que la guerra pueda terminar algún día, de manera que podamos forjar un mundo en el que no vuelva a hacer falta jóvenes valientes como vosotros.
Sin más que añadir, me encargaré personalmente de comprobar no sólo el progreso de este lugar, sino también vuestro estado y todo lo que os concierna a vosotros. Así que no os cortéis en consultarme cualquier duda o pregunta que tengáis. Muchas gracias.

Tras otro aplauso por parte de los alumnos, se dio paso a un gesto reverencial por parte de los presentes en el escenario y la disolución de aquella reunión. Además, se informó de que durante la estancia del mandamás en el sector escolar, los guardaespaldas contarían con libertad para desplazarse por todo el recinto.

#8

Más tarde, los estudiantes continuaron con las tareas programadas para ese día, dirigiéndose cada miembro a su respectiva zona, que en el caso de Remi y Kareth, era la que habían utilizado para entrenar el día anterior.
-Así que habrá guardaespaldas rondando por aquí. Igual vemos a tu novia –se burló Remi.
Kareth le golpeó en el estómago con el codo, provocando que arquease el cuerpo por el dolor.
-Así aprenderás a no decir tonterías.

Después del entrenamiento, Kareth tomó el almuerzo en el mismo patio donde solía sentarse a observar Yohei Gakko.

Sentado sobre un banco, se sentía relajado, parecía no haber nada excepto él mismo, y tampoco hubiese ido desencaminado de no ser por la repentina presencia de una joven.
-Así que te ha tocado este sector, ¿eh? –comentó Kareth a la vez que Sarah se acercaba a él.
-Supongo que es el destino -respondió Sarah con un tono que dificultaba saber si estaba bromeando o no
-Ya… -fue lo que se le ocurrió responder al joven.
Entonces, ella se sentó a su lado.
-¿Vienes mucho a este lugar? – preguntó Sarah, acomodando su espalda.
-Todos los días. Me sirve para descansar y, aunque sea por unos instantes, sentirme libre.
-Libre ¿Crees que alguien en este mundo se siente así?
-¿Eh? –aquella pregunta sorprendió a Kareth.
-Atados por una guerra que parece no tener fin. Me pregunto si de verdad hay alguien en este mundo que pueda considerarse a sí mismo libre.
-¿Quién sabe? No es algo que podamos definir a la ligera. Incluso aunque esta guerra acabase, seguiríamos sin poder tener una definición clara, sin contradicciones. Pero, quiero pensar que habrá un momento y un lugar en los que todos nos sentiremos de esa forma. No habrá necesidad de entrenar para detener una guerra o sufrir por la pérdida de un ser querido. Algún día, todos podremos sentarnos en un banco como éste, disfrutar de la brisa y sentir algo a lo que llamaremos “libertad”.

Sarah observó a Kareth. Parecía creer firmemente en que la guerra llegaría a su fin. Esa idea logró dibujarle una sonrisa en su rostro.
-¡Oh! Así que puedes sonreír.
-Supongo que me has contagiado algo de tu espíritu.
-¡Me alegro!

Los dos continuaron charlando durante un buen rato hasta que terminó el descanso.
-Debo seguir trabajando –declaró Sarah mientras se levantaba.
-Yo también debo ponerme en marcha. He que prepararme para la prueba final.
-Que tengas suerte.
-No la necesitaré -sonrió Kareth.
-Pareces muy seguro de ti mismo.
-¿Vas a hacerme dudar?
-No. De hecho, espero que no lo hagas.
Kareth levantó el pulgar.
-Nos vemos -se despidió Sarah.

Al cabo de poco tiempo, llegó al lugar en el que se iba a desarrollar la última prueba. Éste era una plataforma situada en medio del lago. Se podían observar a muchos estudiantes dirigiéndose hacia allí mediante una escalera ascendente.
-¿Qué tal, Kareth? -preguntó una voz a su lado.
Cuando se dio la vuelta, pudo ver la cara de Weird.
-Vaya, ¿tú también vas a hacer la prueba? –preguntó Kareth.
-Por supuesto.
-Pues buena suerte.
-También para ti.

Serían más de setenta personas las que había allí reunidas. Apenas pasaron un par de minutos cuando hizo su entrada el director, seguido del miembro de Comhairle.
-Bien -empezó Zhiros-. Yo voy a ser el instructor de esta prueba. Que cada uno elija el arma que mejor maneje, deberá utilizar única y exclusivamente dicha arma.

Los estudiantes asintieron y, al instante, arsenales de armas aparecieron como por arte de magia en sus manos. Rifles, garras, espadas, bazookas, hachas, pistolas, todo tipo de armamento de cerca, media y larga distancia.

En cuanto a Kareth, éste teletransportó dos espadas con una cadena que las unía. Sabía que aquellas espadas eran armas difíciles de usar. De hecho, ninguno de sus compañeros las había elegido, sin embargo, él se sentía bastante cómodo con ellas.

Por otro lado, Remi había optado por dos pistolas de doble cañón. En lo que a Weird respectaba, éste llevaba en sus manos una garra de gran tamaño, la cual dispuso en su mano derecha, lo que le daba un aspecto inquietante.

-Ahora que todos habéis elegido vuestras respectivas armas, os explicaré en qué consistirá la prueba: por todo vuestro sector hay escondidas veinte llaves simbólicas. Consiguiendo estas llaves y volviendo al punto de partida, es decir, este lugar, pasaréis. Como todos imaginaréis, siendo veinte llaves, es de suponer que sólo veinte de vosotros logren superarla, no obstante, se deberán formar parejas con el objetivo de conseguir la llave, lo que quiere decir que los seleccionados podrán ascender a cuarenta. Por supuesto, esto se hace con el fin de que demostréis compañerismo y coordinación entre vosotros. Además de ello habrá numerosas cámaras escondidas por todo el recinto, lo que servirá para juzgar vuestras capacidades y habilidades.

Tras el murmullo por parte de los alumnos, se hizo el silencio.
-Dicho esto, os pido a todos que os pongáis detrás de la línea -indicó mientras señalaba una gran línea que cruzaba de parte a parte y de manera horizontal la plataforma. Todos obedecieron.

-Oye, Kar… -se dispuso a decir Remi.
-Ni lo menciones.
-Vale.
-¡Todos listos! ¡Tres! ¡Dos! ¡Uno! ¡Comenzad!

Una vez dada la orden, una oleada de jóvenes se abalanzó hacia su sector, dispuesta a conseguir las llaves.

Kareth y Remi corrieron uno al lado del otro. Cuando llegaron a uno de los patios, no tardaron en verse rodeados por otras parejas.
-Empezamos fuerte -se quejó Remi.
-Sabemos que tenéis fama de ser dos de los mejores en nuestro sector, pero si vamos tantos a por vosotros no os será tan fácil –dijo uno de sus atacantes.
-¿Quién ha dicho que vayamos a luchar contra todos? - respondió Kareth.
-¿Qué? –se sorprendió aquel que había sido respondido.
-Que yo sepa, el objetivo de dicha prueba es conseguir la llave, ¿no? Estamos más interesados en ello que en luchar.
-¡No nos subestimes!

Tomando este grito como señal, uno de ellos se lanzó a por Kareth, quien, girando sobre sí mismo, esquivó el golpe, realizando un corte limpio en la espalda del contrario, quien cayó al suelo, malherido.

Acto seguido, más de ellos imitaron a su compañero, la mayoría recibiendo varios tiros en brazos y piernas antes si quiera de alcanzarles, gracias a la puntería de Remi, y siendo cortados fácilmente por las espadas de Kareth aquellos pocos que lograban ir más allá.
-¡Vámonos! -propuso Remi al ver que la ofensiva continuaba- ¡Si nos entretenemos demasiado acabaremos sin llave!

Kareth asintió y ambos saltaron fuera del círculo que se había formado a su alrededor. Un salto lo suficientemente grande como para entrar por una de las ventanas del edificio donde se impartían clases teóricas, aterrizando en uno de los pasillos. Sabían bien que serían perseguidos, pero debido a que la ventana era más estrecha, el número de personas se reduciría.
-¡¿Estos buscan las llaves o matarnos a los dos?! -preguntó Remi mientras corría detrás de Kareth.
-Intentemos despistarlos -sugirió Kareth, introduciéndose por una puerta que llevaba hasta una de las clases. Por supuesto, Remi le siguió.

Cerraron la puerta al instante y esperaron un rato por si acaso entraban. Por suerte, eso no ocurrió.
-Bueno, parece que, por el momento, podemos respirar tranquilos.
-Quizás aquí encontremos algo -apuntó Remi, observando una clase parecida a la suya, puede que un poco más rectangular.
-Todo sea probar...

Se dividieron para buscar, mirando debajo de mesas y sillas, dentro de los cajones, detrás de adornos o tablones de anuncios, cerca de las ventanas, etc. sin encontrar ninguna llave o algo que se le pareciese.
-Mm… creo que no ha habido suerte -suspiró Kareth.
-¡Espera, Kar! ¡Mira esto! -exclamó Remi, llamando la atención de su amigo y señalando la pizarra. En ella había algo escrito: “Un haz de luz que simboliza la esperanza es el camino para encontrar lo que se esconde a nuestro alrededor”.
-¿Qué es esto? ¿Un acertijo? ¿Una pista? No nos dijeron nada sobre ello -se quejó Kareth.
-Puede que quisiesen que lo descubriésemos por nosotros mismos. Ya me imaginaba que no sería tan fácil –dijo Remi.
-No nos queda otra que descifrar esto.
-“Un haz de luz que simboliza la esperanza…”, ¿crees que tendrá un significado literal? -preguntó Remi.
-Bueno, estamos a la luz del día, ¿no?
-No sé, me suena demasiado simple.
-A veces lo simple resulta ser la respuesta correcta, pero la rechazamos porque desconfianza.
Kareth se acercó hacia la zona más iluminada de la clase.
-A primera vista no hay nada –dijo el joven.
-Déjame ver.

Dejando paso a Remi, éste último disparó con sus pistolas directamente al suelo de la sala. De repente, éste comenzó a agrietarse poco a poco hasta terminar siendo un amasijo de trozos de mármol.
-Sabes que mañana darán clase aquí, ¿verdad? –le advirtió Kareth.
-Pues que lo hubiesen pensado antes de poner acertijos.

Tras quitar las piezas de mármol y limpiar el polvo que habían generado, observaron una anilla debajo, la cual abría una pequeña trampilla.
-No sabía que existiese algo así debajo de esta clase –comentó Remi.

Entonces, abrió la trampilla, dejando ver una escalerilla que se introducía en la oscuridad y que decidieron utilizar para bajar hasta ella.

Una vez abajo, se mostró ante ellos una habitación poco iluminada, desprovista de muebles u objetos de decoración. Estaba totalmente vacía.
-Nada -murmuró Remi, justo antes de que la trampilla se cerrase, iluminándose por completo la habitación, cuyas paredes se blindaron de un material de aspecto bastante duro.
-¡¿Qué diablos ocurre?! –se alteró Remi.
Sin embargo, el suceso no tardó en finalizar, quedándose todo en silencio.
-Diría que hemos quedado atrapados -afirmó Kareth.

Echando un vistazo por toda la habitación, con el fin de encontrar una manera de salir, ambos se sentaron, cansados de disparar y cortar sin obtener resultado.
-¿Quién tuvo la idea de buscar lo simple? -se quejó Remi.
-¡Cállate!

#9

En ese momento, Kareth estaba cavilando sobre el acertijo de antes. “Un haz de luz que simboliza la esperanza es el camino para encontrar lo que se esconde a nuestro alrededor…”. ¿Qué quería decir con eso?
-Oye, Remi.
-Dime.
-¿Y si con nuestro alrededor no se refería a la clase en concreto sino al sector en general?
-¿Que podría haber por esta zona que hiciese referencia a lo que pone en el acertijo?
-Luz… esperanza…

Ambos se quedaron callados durante unos instantes, hasta que Kareth tuvo una idea.
-¡El reloj de sol!
- ¡Qué?!
-¡¿Recuerdas el monumento situado detrás de este edificio?!
-¿Te refieres a ese tío que sujeta en una mano un reloj de sol y en la otra una pistola?
-¡Ese mismo!
-¿Qué ocurre con eso?
-¡Según la explicación que nos dieron sobre el significado de ese monumento, la pistola simbolizaba la lucha, continuar hacia delante sin rendirse, y el reloj…!
-…la esperanza, el paso del tiempo que cura las heridas.
-¡Exacto! ¡Son los símbolos de Yohei Gakko! ¡Seguir luchando sin rendirse y mantener la esperanza a lo largo del tiempo!
-Entonces, ¿una de las llaves se encuentra junto a ese reloj de sol?
-Eso explicaría la luz y la esperanza, pero no estoy seguro de lo del “camino”…
-¿Y si es hacia donde señala la hora? –sugirió Remi.
-Imposible, ésta cambia según avanza el día, además habrá momentos en los que ni siquiera habrá luz para señalarla.
-Cierto.
-En cualquier caso, ya tenemos una referencia. Salgamos de aquí antes de que perdamos esa llave.
-De acuerdo, pero, ¿cómo? –preguntó Remi.
-Mm… tiene que haber alguna forma de salir, alguna debilidad en estas paredes –dijo Kareth, cruzándose de brazos.
-Pero todo está blindado, no hay ningún hueco o resquicio sin cubrir.

Pensativo, Kareth observó de nuevo aquellas paredes.
-Si seguimos vivos es porque hay oxígeno, lo que quiere decir que no es totalmente hermético –dijo.
-Lo que quiere decir que hay un punto donde el blindaje no es tan fuerte, puede que incluso más de uno. Pero hemos golpeado toda la habitación y no se ha abierto ningún agujero.
-Bien, centrémonos entonces en el sonido del material. Según como sea la frecuencia, podremos saber si la capa que cubre esa zona es más gruesa o más fina. Cuando hayamos detectado algún punto donde la cantidad de material sea menor, lo atacaremos los dos a la vez. Tú utilizarás el segundo cañón de tus pistolas para debilitar lo máximo posible el material y yo lanzaré mi arma justo al centro de dicho punto. Así, quizás logremos abrir una pequeña grieta. Después de eso, el resto será pan comido.
-Me parece bien –contestó Remi.
-¿Podrás encargarte de ello? -preguntó Kareth.
-Déjamelo a mí

Tras esto. Remi empezó a golpear las paredes, escuchando con suma atención el sonido que hacia el material.

Mientras tanto, Kareth intentaba oír sonidos procedentes del exterior, por si alguien había llegado al mismo lugar que ellos.

Debido a que mediante el Radiar, las capacidades del individuo mejoraban, también era de esperar que lo hiciesen los sentidos.
-Kar, creo que he encontrado algo –informó Remi, tras buen rato golpeando.
-Bien, adelante.

Mientras Kareth se preparaba, arma en mano, Remi sacó ambas pistolas y cargó el segundo cañón, situado justo encima del primero.
-Allá voy.

Una gran cantidad de energía se concentró en ambas pistolas. Dicha energía era de origen eléctrico, suministrada a partir de una batería en el cargador del arma.

Una vez se hubo completado la carga, una potente bala de luz salió disparada, golpeando con gran potencia el punto encontrado por Remi. Justo en el momento del impacto, Kar lanzó su espada con la mayor fuerza que le permitió su brazo, ayudándose de un pequeño giro de la cadena que unía sus espadas.

Habiendo logrado que las dos armas impactasen contra la pared, y tras disiparse el humo provocado por la reciente explosión, pudieron observar como una pequeña grieta, generada a partir de la punta del filo de la espada de Kareth, que seguía clavada allí, se abría paso sobre el material.
-¡Conseguido! –exclamaron los dos, chocando sus manos.

El siguiente paso fue mucho más sencillo, consistiendo en incrementar el tamaño de la rotura.

Después de formar un agujero lo suficientemente grande como para que cupiesen sus cuerpos, lo atravesaron y salieron al exterior, consiguiendo la libertad.
-Buff… lo hemos dejado todo hecho un verdadero asco -comentó Kareth.
-Lo dicho, que no hubiesen puesto acertijos -replicó Remi, haciendo sonreír a su amigo.
-En fin, será mejor que corramos hacia el reloj de sol –sugirió Kareth.
-Estoy de acuerdo.

Sin que se dieran cuenta, alguien los observaba...

#10

4

Por suerte, ambos llegaron donde se encontraba el monumento sin encontrarse con otros estudiantes.

Entonces, situándose frente a él, Remi echó un vistazo al reloj de sol, subiéndose posteriormente encima del brazo que lo sujetaba para observarlo más de cerca.
-¿Algo? -preguntó Kareth.
-No, aquí no parece estar…
Kar se mantuvo pensativo durante unos instantes. El camino, la luz, la esperanza… Fue en ese momento cuando se le encendió la bombilla.
-Oye, ¿con qué mano sostiene el reloj de sol? –preguntó a su amigo.
-Si no me equivoco, la derecha.
-¿Si no te equivocas? ¿No distingues la derecha de la izquierda?
-También podrías mirarlo tú –se quejó Remi, algo molesto.
-Como sea. Si es la derecha y el monumento está orientado al norte eso quiere decir que la llave podría situarse en la zona este.

Con esta imagen en mente, el chico caminó en dirección a las losas de piedra que cubrían el suelo de la escuela, situadas a la derecha del monumento. Tras observar la alineación entre la mano derecha y dichas losas, descubrió que había una de ellas que se encontraba en un punto bastante conveniente: a la derecha de la estatua y justo debajo del reloj de sol.
-Creo que lo tengo –sonrió triunfante.

Así pues, clavó una de sus armas en una de las rendijas laterales de la losa. Al contacto, notó que estaba suelta, por lo que no le costó trabajo levantarla y observar lo que había debajo de ella.
-Remi, la he encontrado.

Allí estaba, una pequeña llave dorada y brillante. El objetivo de la prueba.

Remi también sonrió.
-Genial. Por fin podremos largarnos de aquí.
-No contéis con ello.

Un golpe de origen desconocido lanzó por los aires a Kareth, quien dejó caer la llave, siendo recogida por los autores del ataque.
-¿Quién…? –comenzó a preguntar Kareth recuperando el equilibrio poco antes de aterrizar.

Delante de ellos se encontraba Weird, quien levantó en el aire la garra que utilizaba como arma. Su compañera era quien había cogido el preciado objeto.

Mientras tanto, Remi se reunió con su amigo, preparándose para una batalla inminente, apuntándoles con sus dos pistolas.
-Así que nos habéis estado siguiendo -señaló Kareth.
-Exactamente –respondió Weird con orgullo- . También es una manera de ganar al fin y al cabo.
-¿Acaso crees que lo tendrás fácil contra nosotros dos? –de nuevo, fue Kareth quien habló.
-No lo creo. Sé de sobra que tú y Remi sois de los más fuertes de Yohei Gakko, pero no he venido solo.

En ese momento, la compañera de Weird dio un paso adelante.
-Tara… -susurró Kareth, incómodo.
-Volvemos a vernos, Kar.
Ella era también una de las mejores guerreras de Yohei Gakko. Su nivel, según Kareth, era superior al de Remi. Se trataba de una chica alta y guapa aunque, en opinión de muchos, bastante masculina. Se podía observar en ella una larga melena de color rojizo recogida en una coleta que caía en espiral. Puesto que la característica clave de los guerreros armados era el movimiento, iba bastante ligera de ropa.
-Bueno, entonces os dejo solos, yo me tengo que marchar y entregar el premio. ¡Nos vemos!

Con un gesto de la mano, Weird se marchó de allí, camino a la meta.
-¡Remi, síguele! -indicó Kareth, a lo que su amigo asintió, disponiéndose a cumplirlo.

Por su parte, Tara intentó detenerlo, sin embargo se topó con Kareth, quien detuvo su avance.
-Tú lucharás contra mí -declaró el chico.

Transcurrieron unos segundos durante los cuales Tara y Kareth se mantuvieron de pie, el uno frente al otro.
-Es una pena que estemos en bandos diferentes, podríamos haber formado un buen equipo –ironizó Tara.
-Lo sé, pero preferí hacer pareja con Remi.
La chica negó con la cabeza.
-Me temo que sufrirás las consecuencias de tu elección –dando por finalizada la conversación, sacó el arma que más solía utilizar: una lanza con dos filos, uno a cada extremo del mango. Esta acción puso a Kareth en guardia.
-No seré yo quien se arrepienta.

Mientras tanto, Remi continuaba con su persecución, disparando a su oponente cada vez que encontraba la ocasión. Por desgracia, sus tiros no hacían más que fallar.
-¡Mierda! ¡Maldito bicho escurridizo! –se quejó.
-Jeje, no te será fácil alcanzarme –se burló Weird mientras respondía lanzando los filos de su garra, los cuales se reponían tras cada disparo.

El contraataque de Weird tampoco consiguió acertar en su objetivo, pero sí retrasar su avance.
-Agh, como siga así no voy a alcanzarle. Tengo que pensar en algo…
-¡Vamos, Remi! ¡¿Qué te pasa?! ¡Creía que ibas a ser un contrincante mucho más digno, pero parece que lo único que sabes hacer es disparar al azar! -tras decir esto, Weird lanzó de nuevo varios filos, cogiendo a su adversario desprevenido de manera que dos de ellos se clavaron en su hombro.
-¡Ugh! –se quejó Remi, dolorido.
-¡Lo siento, pero no pienso perder más el tiempo! ¡Adiós!

De esa forma, la distancia entre él y Remi aumentó, mientras este último, habiéndose detenido sobre una de las terrazas de los edificios escolares, sacaba los filos de su hombro.
-Ah... -suspiró el tirador- No estoy en mi mejor momento.

Por otro lado, Kareth continuaba su particular combate contra Tara. Por el momento, lo único que podía hacer era sólo defenderse ante la tormenta de ataques que lanzaba la chica. Si seguía así, terminaría superándole.
-¡¿Qué te pasa?! ¡Sé que puedes hacerlo mejor! -dijo Tara a la vez que uno de sus golpes lograba impactar con mayor fuerza contra las espadas de Kareth, quien salió despedido hacia atrás, golpeándose su espalda contra la pared.
-¡Oh, dios! -prediciendo otro ataque, Kareth escapó justo antes de que la lanza atravesara su cabeza. Como consecuencia, la pared quedó totalmente destrozada-¡¿Acaso quieres matarme?! –aunque sonaba irónico viniendo de sí mismo, entre la subida de adrenalina y que trataba de mantener en secreto su particular caso, ni siquiera tenía tiempo para acordarse.
-Sólo quiero divertirme un poco –se burló la guerrera.
-Pues deberías buscarte otros hobbies.
-Ver esa expresión de terror en tu cara es el mejor de mis hobbies.
-¡¿Quién te ha enseñado a ser así?! -preguntó Kareth, frunciendo el ceño.
-¡Se acabó la charla! ¡Pelea!
-¡Ups!

Evadiendo de nuevo ataque, el combate volvió al mismo intercambio de antes, en el que la chica avasallaba al joven con su lanza sin permitir que él pudiese hacer otra cosa aparte de defenderse.

“Tengo que encontrar algún punto débil, ¿pero qué?”, pensó el joven. De repente, se le ocurrió una idea que quizás valiera la pena intentar. “Sin embargo para dirigirla hacia allí voy a tener que…”

Tras desviar de nuevo el filo de la lanza, su contrincante se detuvo, permitiéndole un pequeño descanso. Claramente, se estaba divirtiendo.
-Te veo agotado, Kar.
-Je, ¿con quien te crees que estás hablando?
-Oh, ¿todavía tienes fuerzas hacerte el chulito?
-Algo así, digamos que ya he descubierto la forma de ganarte.
-Me encantaría verlo –sonrió Tara, burlonamente.
-Adelante, ¿o es que tienes miedo de que sea verdad?
-Eres de lo más irritante –su sonrisa se borró al instante.
-Entonces, desahógate.

Sin más dilación, la chica continuó con su embestida, suponiendo que su adversario intentaría defenderse de nuevo. No obstante, se sorprendió al ver que éste recibió el metal en su pecho, pese a no lograr desconcentrarla, ya que, tras sacar el arma de la carne de Kareth, se dispuso a continuar con su ataque.
-¿Esa era tu gran estrategia? ¿Ponerte en peor desventaja? –se extraño la guerrera.

Lo que no sabía, es que ya había caído en la trapa de Kareth, quien, tanteando a su espalda con la mano izquierda, mientras se defendía como podía con la derecha, dio con lo que buscaba.
-¿Sabes, Tara? Hay cosas en Yohei Gakko que son intocables. No me digas que te has olvidado de una de las más importantes.

Haciéndose a un lado, el guerrero dejó al descubierto el monumento. Había aprovechado el momento en el que su pecho había sido atravesado para dirigir el arma de ella hacia la estatua.
-¡No! -consiguiendo desviarla en el último momento, Tara logró clavar la lanza en el suelo, lo que permitió a Kareth situarse detrás de ella.
-¡Se acabó! -mediante un corte horizontal dirigido a la chica y otro vertical dirigido a la lanza, Kareth logró herir la primera y destruir a la segunda, sentenciando el combate.

Mientras tanto, Weird continuaba su camino hacia la meta, sin ningún obstáculo por delante.
-¡Esto ya está ganado! –exclamó triunfante.

A considerable distancia de él, Remi cargaba el segundo cañón de sus pistolas.
-Hacía tiempo que no me ponía serio. Espero no haber perdido práctica.
Apuntando al frente, Remi cerró un ojo.
-¿Sabes, Weird? No es que haya llegado a ser conocido por mi velocidad persiguiendo a mis presas, pero eso no significa que se me dé mal cazarlas.

Cuando el segundo cañón se hubo cargado al máximo, disparó, recorriendo la bala, en un instantes, el trayecto que le separaba de Weird.
-¿Qué ruido es é...? –al intentar girarse hacia el zumbido que producía el objeto, Weird recibió de lleno el impacto, destruyéndose su arma y dejándole inconsciente en el suelo.

Al cabo de un rato, Remi y Kareth se reunieron en la meta, donde el primero ya había depositado la llave en su lugar correspondiente, permitiéndoles superar la prueba. Sonrientes, chocaron sus manos.
-¡Buen trabajo! -exclamaron ambos.

#11

5

La prueba había terminado. Los participantes continuaron llegando uno tras otro a la meta y tomaron la misma posición desde la que habían partido.

Poco después, aparecieron frente a ellos el director y el mandamás de Comhairle.
-Buen trabajo a todos. Dentro de poco saldrán los resultados. Tened en cuenta, aquellos que no hayáis conseguido una llave, que vuestras habilidades serán valoradas mediante las cámaras que os han grabado durante todo el evento, dándoos la posibilidad de aprobar. Asimismo, aunque rara vez ha sucedido, aquellos que hayáis conseguido llaves podréis ser degradados si las grabaciones demuestran que las conseguisteis de maneras poco adecuadas o sin demostrar ninguna capacidad –advirtió el director.
Se produjo un murmullo entre los estudiantes. Algunos mostrándose molestos.
-Descansad un rato hasta entonces.

-Parece que incluso habiendo conseguido las llaves podríamos ser eliminados -comentó Remi, sentado en el suelo de la plataforma desde la que habían comenzado la prueba.
-Hombre, yo creo que lo hemos hecho bastante bien, ¿no? Tengo confianza en mis habilidades –declaró Kareth.
-Yo también. Pero, ya sabes, seguramente hayan grabado lo ocurrido en aquella clase. Dejarse atrapar de manera tan simple podría suponer el suspenso.
-No le des más vueltas. Al final, hemos dado con la solución. Y por nuestros propios medios. Además, hemos demostrado que, pese quedar atrapados, podemos apañárnoslas para escapar.
-Mm… Supongo que tienes razón.

No pasó mucho tiempo hasta que llegaron los instructores de su sector, acompañados del director, el mandamás de Comhairle y sus guardaespaldas. Kareth pudo ver a Sarah situada a su derecha.
-Muy bien -quien se disponía a dar los resultados era el mandamás-. Los aprobados han sido treinta y cinco personas.
“Menos de cuarenta. Eso significa que ha habido bajas entre aquellos que han conseguido llaves”, pensó Kareth, observando al director. “Menos mal que era algo inusual”, el chico sonrió irónicamente.

-Los nombres de los aprobados son los siguientes…
Conforme fueron nombrando a los alumnos, estos dieron saltos de alegría, mostraron signos de alivio, o levantaron el brazo en señal de victoria. Kareth y Remi todavía seguían expectantes, ya que todavía no habían dicho sus nombres.
-Mierda, ¿a que al final suspendemos?
-¡Remi! ¡No seas gafe que te la ganas! –exclamó Kareth.
-…nº 63 Merkah, nº 14 Lana, nº 19 Kareth, nº 32 Remiem…
-¡Sí! -exclamaron Kareth y Remi.
Al escuchar sus gritos, los alumnos más cercanos se giraron hacia ellos.
-Ah, lo siento -se disculpó Kareth, agachando ligeramente la cabeza.
-…nº 70 Weird, nº 44 Tara…
-¡Oh! Parece que ellos dos también lo han conseguido. Puede que su capacidad para el espionaje también haya sido tenida en cuenta –comentó Remi
-Tampoco sabemos lo que han hecho antes de seguirnos. Pero bueno, de Tara no me extraña. Es bastante buena -sentenció Kareth.

Una vez se hubo terminado de leer la lista, se pudo observar el contraste de la alegría de aquellos que habían aprobado con la pena y frustración de los que habían suspendido.
-Enhorabuena a los aprobados. A partir de mañana se os podrá empezarán a encomendar misiones, pero esta noche, espero que disfrutéis de la fiesta de graduación. Espero veros por allí –dijo el director.

Así pues, llegó la noche. Kareth, Remi y otros muchos estudiantes, se encontraban en el recinto en el que se celebraba la fiesta de graduación, que no era otro que el establecimiento donde trabajaba Nara. Los dos jóvenes se hallaban sentados junto a una de las mesas, al fondo. En ese momento, un chico se acercó y se sentó junto a ellos.
-Y aquí está el tío de la garra -se mofó Remi.
-Vamos, vamos, no estaréis cabreados, ¿verdad? –dijo Weird.
-No exactamente... –Remi lo miró fijamente.
-¡¿Qué quieres decir con eso?!
-Tranquilo, Weird. No estamos enfadados. En la guerra todo vale, y vuestra estrategia fue bastante ingeniosa. No conseguimos darnos cuenta de que nos seguíais.
-Ahora no te pongas a halagarlo –se quejó Remi.
-A estas alturas, no es como que importe mucho. Al fin y al cabo, todos hemos superado la prueba –dijo Kareth.
-Supongo que tienes razón –contestó Remi.
-Por cierto, ¿dónde está Tara? -preguntó Kareth.
-Pues no lo sé. No es que seamos demasiado cercanos. Se unió a mí porque estaba interesada en enfrentarse a ti.
-Ya veo -entonces Kareth observó a una chica alejada de la multitud, cruzada de brazos y apoyada en la pared de la cafetería. En sus manos, sostenía un vaso lleno de algún tipo de refresco-. Si me disculpáis -Kareth se levantó de su asiento.
-¿Vas al baño? -preguntó Remi.
-No, me apetece hablar con viejos rivales.

Tras esto, se dirigió hacia donde se encontraba aquella chica.
-¿Qué hay, Tara? –preguntó, alzando la mano en señal de saludo.
-Ah, eres tú -parecía un poco molesta.
-Cualquiera diría que no estás disfrutando mucho de la fiesta, pese a haber conseguido pasar la prueba.
-Mm, ¿a ti qué te importa?
-¿Es porque te he vencido?
La chica desvió la mirada. Claramente, era por eso.
-Era obvio que no lo conseguirías –al escucharle, la chica lo miró con ira contenida-. Está bastante claro que yo soy más fuerte. Rapidez, destreza... te gano en todo. Era imposible que me vencieses.
-¡¿Pero quien te has creído que eres?! –saltó de repente Tara- ¡Prepárate! ¡La próxima que nos veamos te derrotaré y te cerraré la bocaza!
Poniéndose roja, Tara se marchó. Mientras tanto, Kareth la estuvo observando hasta perderla de vista.
-Lo estaré esperando. Siempre es un placer pelear contra ti –murmuró.

Cuando se disponía a volver con Remi, se encontró con otra persona conocida.
-K-Kar.
-¡Oh! ¡N-Nara! Eres tú.
En ese momento, no estaba trabajando, ya que se había tomado el día libre, por lo que, en lugar del uniforme de camarera que solía llevar, iba vestida mucho más formal para la ocasión.
-Te queda bastante bien -sonrió el chico.
-G-gracias -ella se ruborizó.
-¿Te invito a algo? -preguntó Kareth.
-¿Eh? ¿Qué?
El chico suspiró. Conocía a Nara desde hacía el mismo tiempo que Remi. Siempre había sido una chica un poco tímida y torpe. Aunque, sobre todo, delante de él.
-Vamos, ven –dijo el chico mientras le pedía que se acercase con un gesto de la mano.

Tras comprar un par de bebidas, ambos salieron a un pequeño patio que había en la parte de atrás. Era una de las cosas que el chico apreciaba de esa cafetería, y es que había de todo.

Así pues, se sentaron alrededor de una pequeña mesa. Desde ahí, las estrellas podían verse bastante bien.
-¡Uah! –se sorprendió la chica al observar el cielo.
-Increíble, ¿eh? –dijo Kareth.
-No recuerdo haber visto un cielo así en Yohei Gakko.
-¿Y antes de venir aquí?
-Mm… lo cierto es que recuerdo muy poco de lo que ocurrió antes de que me mudara con mi tío –comentó, pensativa-. Pero sí. Tengo uno de cuando vivía con mis padres. Y es el más preciado de todos los que tengo con ellos.

#12

Una noche, después de cenar, mi madre dijo que tenía que enseñarme algo. Cogida de su mano, subimos las escaleras hasta llegar a una pequeña trampilla que llevaba a la terraza. Un pequeño rincón construido por mi padre. No era gran cosa, pero lo recuerdo como un lugar que me relajaba mucho

Aquel día, el cielo era como el de esta noche. Algo de ensueño. Sentada sobre sus piernas, mi madre me enseñó cada una de las constelaciones. Luego, mi padre se unió a nosotras, y empezó a contarnos maravillosas historias de lejanos planetas y estrellas perdidas. Aquello me encantaba. Creía en esas historias, e imaginaba que estaba en cada una mientras observaba el cielo. Jamás podré olvidar ese día… -de repente, su voz se quebró.
-Fue entonces cuando ocurrió todo, ¿verdad? –preguntó Kareth.
Ella asintió.
-El recuerdo más feliz con mis padres. Y también el más triste –dijo Nara, continuando con su historia-. Me había quedado dormida sobre el regazo de mi madre cuando me despertó el ruido de una explosión.

Abrí los ojos y pude ver el rostro de ella, aterrorizada. Sentí como me abrazaba con fuerza. Entonces, mi padre le hizo un gesto que no llegué a entender en ese momento: quería que mi madre y yo huyésemos, dejándole atrás. Ella se negó.

No recuerdo exactamente que pasó después. Lo siguiente que me viene a la cabeza es haber dejado mi casa junto a mi madre. Mi hogar estaba en llamas, y ella lloraba. Probablemente, mi padre había muerto entre las llamas.

Miré al cielo. Ya no estaba estrellado, sino que había sido totalmente cubierto por el humo de muchas casas ardiendo, un humo que llevaba consigo gritos de muerte y miseria, formando nubes negras a través de las que pude ver aviones de combate y hombres a los que les habían inyectado Radiar. Tantísimas personas pelando entre sí.

Los civiles no importaban. Sólo su ambición por conseguir el elemento que les haría más poderosos.

Mientras corríamos, se produjo otra explosión muy cerca de nosotras. Las dos salimos despedidas por los aires, pero ella me protegió. Me abrazó y cubrió con su cuerpo, golpeándose fuertemente su espalda contra una pared y casi perdiendo la consciencia. Yo la llamaba desesperadamente, pero estaba como desorientada, y daba la sensación de que apenas me oía.

Entonces, me miró fijamente a los ojos, puso su mano sobre mi mejilla y me dijo, casi susurrando, que debía sobrevivir, que escapase de allí yo sola.

Grité. Quería quedarme junto a ella. No quería abandonarla, por mucho que me insistiese en que no lo hiciese.

Poco después, apareció mi tío. Al principió, intentó reanimarla, pero se dio cuenta de que una tropa de soldados se acercaba a nosotros, por lo que, sin muchas más opciones, intentó cargar con ella. Sin embargo, mi madre se negó. Pese a que mi tío la regañó, ella siguió insistiendo en que la dejase atrás. Y cuando él se disponía a desobedecerla, dijo algo que le hizo callar.

Cuando quise darme cuenta, mi tío me había cogido en brazos y se alejaba rápidamente de ella. Llorando, alargué la mano hacia mi madre, mientras aquel grupo de soldados la rodeaba, sin dejarme volver a verla....

Kareth escuchó su historia atentamente. Era increíble que la guerra hubiese durado tantísimo tiempo.

Destruyó y seguía destruyendo muchos hogares, pequeños pueblos y todo lo que se ponía por medio. Debido a ello, muchas personas intentaban buscar lugares seguros donde empezar de nuevo, generalmente en los que los recursos todavía no se hubiesen utilizado para la batalla y pudiesen aprovecharse. Algunos afortunados conseguían encontrar refugio en Yohei Gakko, pero otros con menos suerte, acababan siendo capturados por uno de los bandos que luchaban en la guerra, probablemente siendo utilizados para trabajos forzados en pos de su causa, o como experimentos con el Radiar.

Actualmente, había tres bandos, también llamados las tres potencias mundiales: la Unión Imber, que ocupaba las tierras del norte. Era el más discreto y estratégico de los tres bandos aunque con el poder militar más bajo. Presentaba batalla en momentos puntuales y basaba la mayor parte de su fuerza en defenderse de asedios y robar el Radiar a los otros bandos. Probablemente el espionaje también era uno de sus puntos fuertes.

Las tierras del oeste estaban ocupadas por la Facción Nix, cuyo poder militar era impresionante, basado en maquinaria pesada y tecnología avanzada. Probablemente, su tecnología militar era similar a la de Yohei Gakko del manejo de las armas, sin embargo, necesitaban una gran cantidad de recursos, teniendo que recurrir a sus propios inventos para lograrlos, tras haber gastado gran parte de los más accesibles en su territorio.

Por último, el Imperio Salve, que dominaba el este y el sur. El bando que, por el momento, llevaba la ventaja, ya que poseía una gran cantidad de Radiar, y mayor numero de personas que incluir en las filas de su ejército. Aparte de estos tres bandos, estaba Comhairle, en el que se encontraba él…

-¿Kareth? ¿Estás bien? -preguntó Nara, algo preocupada al verlo tan callado.
-¿Eh? S-sí, sólo estaba algo distraído ¿Cómo estás tú? Quiero decir. Recordar todo eso debe de haber sido duro –indicó.
Ella sonrió.
-No te preocupes. Ocurrió hace ya mucho tiempo.

Su reacción despertó en el joven un sentimiento de tristeza que se hizo visible en su expresión.
-Ahora vivo con vosotros. Con Remi y contigo. Y tengo a mi tío, quien ha cuidado siempre de mí.
-Nara…
-¿Eh? –se extrañó la chica al escuchar la voz ligeramente apagada de su amigo.
-Te prometo que acabaré con esta guerra y crearé un nuevo futuro. Un nuevo mundo –expresó con decisión- Te lo prometo.

Se hizo el silencio. Momento en el que Nara cerró los ojos y asintió, poniendo sus manos junto a las de él.
-Confío en ti –dijo sonriente-. Estoy segura de que lo conseguirás, Kar.
-¡Veo que os lo estáis pasando bien sin mí!

Ambos se alteraron al escuchar aquella voz, alejándose instintivamente el uno del otro. Desviando la vista hacia el foco, descubrieron a Remi viniendo hacia ellos.
-Ah, Eres tú - dijo Kareth.
-Pareces decepcionado –su amigo frunció el ceño.
-No, es sólo que me has sorprendido.
-Pues te aconsejo que no desvíes la mirada mientras lo dices. Suena a mentirijillas. -contestó Remi rascándose la nuca-. En fin, no importa. Os invito a algo, ¿venís?
-Claro -aceptó Nara-. ¿Kar?
-Ahora iré –dijo, fijando la vista en el tejado de la cafetería.
-De acuerdo, te esperamos dentro. Si tardas mucho me beberé lo tuyo –bromeó Remi.
-¡Ni se te ocurra!
-Eso dependerá de ti.
Entre risas, sus dos amigos se marcharon del patio, dejándole solo.

-No tengas miedo. Son buenas personas -indicó tras asegurarse de que no había nadie además de él.
Aterrizando en el suelo del patio, la figura de alguien se situó frente a él.
-No quería molestar.
-No lo hubieses hecho.
-Cualquiera lo diría viéndoos a esa chica y a ti.
Kareth se ruborizó un poco. En ese momento, Sarah caminó hacia él y se sentó en la silla que anteriormente había sido ocupada por Nara.
-Buen trabajo –le felicitó ella.
-¿Lo dices por la prueba?
La joven asintió.
-Bah, fue fácil.
-He visto las grabaciones. No me pareció que lo vieses así.
-¡Ugh! ¡Mierda! Yo que quería quedar bien.
-En cualquier caso, tú y tu amigo lo hicisteis bastante bien. Yami parecía interesado en vosotros.
-¿Yami?
-Oh, cierto, es aquel al que vosotros llamáis “mandamás de Comhairle”, o algo parecido.
-Ya veo. Ahora que lo pienso es cierto, nunca pregunté por su nombre. ¿En serio le hemos causado buena impresión?
-Eso parece.
-Qué interesante. Oye, por cierto, ¿qué te trae por aquí?
-Nada, sólo quería felicitarte. Debo volver enseguida con Yami.
-No me digas que te has escaqueado del trabajo sólo para venir hasta aquí.
-Tranquilo, lo tengo todo controlado, soy una profesional. Además, no creo que me digan nada.
Kareth resopló.
-En fin -la chica se levantó de la silla-. Me alegro de verte. Quizás volvamos a hacerlo pronto. Ya sabes, puede que coincidamos en alguna misión.
-Lo esperaré con ganas.
Ella sonrió y saltó hacia el tejado, perdiéndose de vista.

#13

La fiesta terminó y sólo quedaron los tres amigos. Remi y Kareth estaban ayudando a Nara a limpiar la cafetería.
-No sé porque tenemos que hacer esto -se quejó Remi.
-Porque estamos ayudando a Nara -contestó Kareth con simpleza, recogiendo algunos vasos de encima de la mesa.
-¿Y ella por qué está trabajando si libra hoy?
-Eso mismo me pregunto yo –esta vez coincidió con su amigo.
-No puedo dejar la cafetería así -intentó defenderse Nara.
-Y nos arrastras a nosotros contigo, ¿eh? -volvió a quejarse Remi.
-L-lo siento… -la joven se tapó la cara con las manos, sollozando.
-¡Debería darte vergüenza! ¡La has hecho llorar! –le regañó Kareth.
-¡No! ¡Espera! ¡Yo no pretendía...! ¡Limpiaré tanto como pueda! –de repente empezó a trabajar más rápido.
-¡Gracias! –quitándose las manos de la cara, la chica mostró un rostro libre de lágrimas. Lo que dejó descolocado a Remi.
-Hay que ver. Tantos años y todavía te dejas engañar por ella –se burló Kareth.
-¡Serás…!
Remi corrió detrás de la chica mientras ella escapaba, riendo y sacándole la lengua para cabrearle aún más. Por su parte, Kareth los observaba con una mano en el estómago, del dolor que le producían sus propias carcajadas.

-Bueno. Ya está -el tío de Nara, dueño de la cafetería, cerró el establecimiento-. Gracias por vuestra ayuda, chicos.
-No hay de qué -contestaron los tres amigos al unísono.
-Y Nara. No tenías por qué quedarte a limpiar. Hoy que tenías el día libre para aprovecharlo… -el tío desvió ligeramente la mirada hacia Kareth.

Ella pareció entender a lo que se refería, pues, avergonzada, bajó la cabeza y jugueteó con su ropa.
-En fin. Es tarde y tenemos que volver a los dormitorios. Nos vemos mañana, Nara. Hasta la próxima, Seigari.
-Nos vemos, chicos -contestó el hombre.
Nara hizo una reverencia y un gesto con la mano a modo de despedida. Parecía contenta.

-Bueno. Otro día que termina -dijo Remi mientras los dos amigos caminaban rumbo al puente mayor que separaba la zona de ocio de la escuela.
-¿Te das cuenta de que puede que esta sea de las últimas veces que podamos disfrutar de este tipo de paseos? –preguntó Kareth.
-Sí. Pero, la verdad, no estoy nada nervioso con esto de salir al exterior.
-Bueno, técnicamente nosotros ya hemos visto el exterior, ¿no?
-Otra cosa es que nos acordemos…
-Sea lo que sea a lo que nos enfrentemos, debemos seguir adelante, Kar.
-Lo sé. Puedes estar tranquilo, no dejaré que me maten.
-Hombre, para eso me tendrás a mí. Para cubrirte las espaldas.
-Es posible que nos envíen a misiones diferentes. ¿Qué te hace estar tan seguro de que nos tocará juntos?
-Llámalo corazonada. Donde vaya el uno irá el otro. Eso, y que se pueden formar grupos para las misiones -Remi rió.
-Idiota… -sin embargo, lo que dijo le reconfortó.
-Bueno, ¿qué más da ahora eso? Será mejor que estemos preparados para lo que está por llegar.

Kareth observó el cielo estrellado. Sabía que su vida iba a cambiar y que los días que había vivido hasta ahora quedarían en el recuerdo, pero, en ese instante, no tenía ni idea de lo que el futuro había reservado para él.

#14

6

“Kareth se situó frente a ella, cabizbaja dentro de su celda.

La observó con expresión triste, sentada como estaba sobre un banco de metal, algo oxidado. Entonces levantó la mirada y la fijó en la suya. Sus ojos estaban cubiertos de lágrimas.
-Kareth…
-¿Por qué…? ¿Por qué lo hiciste?”

El despertador sonó de nuevo como cada mañana, provocando el refunfuño de Kareth. Sin embargo, hoy era un día especial y no iba a enfadarse porque la alarma le despertase de su apacible sueño.

Sin entretenerse más de lo necesario, se levantó de la cama y, respirando profundamente el aire de su habitación, se preparó para su primer día como trabajador.

Al salir por la puerta, se encontró con Remi, quien todavía estaba medio dormido.
-¿Una mala noche? -preguntó Kareth mientras cerraba con llave.
-Apenas he podido dormir… -respondió Remi, con los ojos entornados y los hombros caídos.
-¿No dijiste que no estabas nervioso? –su amigo le miró con sonrisa burlona.
-Sé lo que dije, no hace falta que me mires así.
-En fin, será mejor que vayamos al centro de trabajo.

Así pues, se encaminaron hacia su objetivo: el centro de trabajo. Lugar en el que apuntarían sus nombres e identificaciones, y donde se gestionarían sus expedientes con el fin de buscarles una misión que se adecuase lo mejor posible a sus capacidades.

Las misiones podían basarse tanto en la búsqueda de información sobre los planes de las tres potencias como en la infiltración dentro de una de ellas para destruirlas poco a poco desde dentro, ya fuese mediante el robo de sus recursos o el asesinato de sus miembros más destacados. Éstas no eran iguales en todas las Yohei Gakko, adaptándose también a los poderes que generase el Radiar.

En resumen, en ningún momento se pretendía enzarzarse en una guerra directa, sino más bien disminuir gradualmente el poder de sus ejércitos, de manera que no tuviesen más remedio que firmar la paz.

-Díganme sus nombres completos, por favor –les pidió una mujer que trabajaba como administrativa en el centro.
-Kareth.
-Remiem.

Sin mostrarse extrañada por la brevedad de sus nombres ni por la falta de apellidos, los tecleó en el ordenador. Era de esperar, al fin y al cabo sus verdaderos nombres desaparecieron cuando decidieron apuntarse en dicha escuela, recibiendo otros en su lugar.
-Qué raro suena Remiem –dijo Kareth.
-Eso es porque estás acostumbrado a llamarme Remi.
-Es más corto y fácil de pronunciar.
-Al igual que Kar.
-Cierto. Vosotros también abreviáis el mío.
-Muéstrenme su certificado –les interrumpió la administrativa.
Ambos enseñaron un distintivo que les permitía demostrar estar capacitados para presentarse a las misiones.
-Todo en orden. Pasaos por aquí esta tarde y se os asignará vuestro primer trabajo.
Los dos asintieron y se marcharon de allí.

-El mundo exterior… -dijo Kareth, mientras caminaban por el sector de ocio.
-Dicen que es un lugar desesperanzador. Que el cielo es más oscuro y las tierras yermas y sin vida –explicó Kareth
-Desde aquí dentro el cielo no se ve tan mal... dentro de lo que cabe -comentó Kar.
-Sí, probablemente sea porque Yohei Gakko está situada en una zona donde hay algo menos de contaminación –respondió Remi mirando hacia arriba.
-Es raro que, después de quinientos años en guerra, todavía existan áreas donde la contaminación es menor.
-Ten en cuenta que ha habido un gran desarrollo tecnológico. Sobre todo en Yohei Gakko, que ha tenido que ponerse a la altura de las tres potencias. Puede que eso también haya ayudado a mantener más limpia la zona. Creo que en las otras escuelas no ocurre de la misma forma, pero imagino que tendrán sus propios métodos.
-¿Sabes lo que pasa en las otras Yohei Gakko? –preguntó Kareth, ligeramente sorprendido.
-Suelo informarme de vez en cuando. Pero no se mucho más de lo que sabrás tú.
-Yo sólo sé que los de la escuela de manejo del medio son denominados semidioses y que necesitan un mayor control. Ah, y que los de manejo del poder espiritual son llamados nigromantes. Eso es todo lo que te puedo decir.
-Bueno, puedo decirte que han habido altercados en la Yohei Gakko de los semidioses.
-¿Altercados?
-Sí, al parecer una chica se descontroló y se cargó algunas instalaciones antes de que lograsen controlarla.
-Vaya, eso es peligroso. ¿Acaso los semidioses no se caracterizan por tener un poder inmenso que supera con creces al resto de alumnos de otras escuelas?
-Sí. Es por eso que deben tener mucho autocontrol, de lo contrario pueden pasar cosas así o incluso mucho peores.

Los amigos se dirigieron a la cafetería de Nara. Así, a la vez que visitaban a su amiga, tomaban algo mientras esperaban.
-Buenas -saludó Kareth, sonando tras de sí la campanilla de la puerta, que avisaba de la entrada de los clientes.
-Bienvenidos –una joven, vestida de camarera, los saludó con una agradable sonrisa-. ¿Vais a tomar lo de siempre?
-Sí, por favor.

Hace alrededor de 2 meses

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#15

Tras aquel pequeño intercambio de palabras, se sentaron en una mesa que había junto a una pantalla, como el de las antiguas televisiones, el cual siempre emitía acontecimientos que habían tenido lugar allí.

Después de tantos años en guerra, objetos como la televisión habían quedado bastante en desuso. Se volvió demasiado peligroso informar sobre el campo de batalla, y entretenimientos como series o películas fueron eliminadas. Por tanto, aquella pantalla únicamente servía para informar sobre hechos que tenían lugar en Yohei Gakko o información de la situación de la guerra llegada de la mano de aquellos que habían estado en el exterior.

En ese momento, estaban dando un repaso a las noticias más actuales, entre las que se encontraba la prueba del día anterior y los estudiantes que la habían superado. También se mostraron arrestos realizados por Karma, nuevas tecnologías, predicciones temporales, etc.
-Mira, han puesto la lista de los aprobados -indicó Remi señalando a la pantalla.
-Nada que no sepamos ya, ¿acaso no mirábamos las de los demás cuando todavía éramos estudiantes?
-Jo, me hacía ilusión ver mi nombre, aguafiestas.
-Como quieras. No he dicho nada –contestó Kareth, levantando las manos.

De repente, la pantalla cambió para dar lugar a una noticia urgente. Imágenes procedentes del hotel en el que se hospedaba el mandamás de Comhairle podían verse mientras la voz de un narrador anunciaba lo siguiente:
-Esta madrugada, aproximadamente a las cinco, se ha descubierto el cadáver de uno de los miembros más importantes de Comhairle en la habitación en la que se hospedaba…
Los presentes se quedaron mudos ante el suceso, dejando que el narrador continuase con la noticia.
-…Karma, organización encargada del orden en Yohei Gakko, junto con los guardaespaldas del señor Yaminari Darker, han descubierto a la culpable de tal atrocidad, quien ha sido arrestada y llevada a prisión preventiva, en espera de sentencia.

Levantándose abruptamente de su silla, Kareth asustó a la pobre Nara, que llegaba para servirles los pedidos.
-¡No puede ser! –exclamó el chico, alterado.

En las imágenes se podía observar a los miembros de Karma llevando consigo a una chica de pelo azulado, quien no era otra que Sarah. Ésta no oponía resistencia, agachando la cabeza y caminando como si estuviese en trance. El narrador continuó.
-Según cuentan los guardaespaldas del señor Darker, escucharon un grito procedente de la habitación en la que se hospedaba. Al llegar al lugar de la escena del crimen, encontraron a la chica atravesando el corazón del hombre. Poco después, simplemente se mantuvo en pie delante de él, con la mirada perdida y sin oponer resistencia al arresto. Se sabe que la chica era una de los guardaespaldas del señor Darker, cosa que explicaría por qué…

No necesitaba oír más. Apartando la silla, y sin probar nada de lo que le acababan de servir, Kareth salió corriendo de la cafetería.
-¡Espera, Kar!
Ignorando la voz de Remi, el joven fue directo hacia la prisión.

Una vez junto al edificio, se encontró con Lethos. El líder de Karma, junto con sus compañeros, ya había encerrado a la chica en su celda.
-¡Eh! –exclamó Kareth, corriendo hacia él.
-¡Kar! ¡¿Qué estás haciendo aquí?! –se extrañó Lethos.
-Acabo de ver la noticia.
-Ya te has enterado, ¿eh? Es increíble que alguien haya sido capaz de cometer un asesinato aquí dentro.
-La chica…
-No te preocupes. Se encuentra en una de las zonas de máxima seguridad –aseguró Lethos.
-No es eso.
-¿Qué?
-Necesito hablar con ella.
Lethos frunció el ceño.
-¿Qué dices? ¿Te das cuenta de lo que ha hecho esa chica? ¿Por qué querrías hablar con ella?
-Verás... la conozco, y me cuesta pensar que haya podido hacerlo.
-Pues ya ves que es así. Kar, no necesitas más confirmaciones. Ni tú ni nadie. Fue pillada con las manos en la masa. La encontraron atravesando el corazón del señor Darker. En el acto, Kar. No hay nada más que hacer excepto dictar sentencia. E imagino que ya sabes lo que le espera.

Claro que lo imaginaba, probablemente no duraría más de tres días con vida, precisamente por eso, era imperante la necesidad de hablar con ella.

Kareth respiró profundamente.
-En cualquier caso, necesito hablar con ella. Sólo para comprender la situación. Por favor, Lethos –pidió el joven.
El líder de Karma miró a Kareth. Tras ello, se llevó una mano a la frente.
-Bien, supongo que te lo debo por las veces que nos has ayudado. Yo mismo te acompañaré a la celda.

Siguiendo a Lethos, se adentró en los sótanos de la prisión. Sólo había estado dos veces allí, pero nunca en esa área. No obstante, podía observar la seguridad de la que hablaba: cuatro puertas acero reforzado, probablemente resistentes a cualquier elemento, arma, o lo que sea que pretendiesen utilizar para escapar, por no hablar de las cámaras y armas de defensa, todo controlado por el edificio central o centro de control.

Delante de aquellas puertas, el líder de Karma utilizó una tarjeta especial para abrirlas. Probablemente, poca gente aparte de él dispondría de ella.

Después de bajar más escaleras, llegaron a una cámara con varias celdas en un estado preocupante. El número era bastante reducido, por lo que se podía afirmar que poca gente era encerrada allí. Seguramente, sólo aquéllos que habían cometido graves delitos como el de ella.
-Siéntete orgullosa, perra. Tienes visita -Lethos la miró con asco.

Kareth se situó frente a ella, cabizbaja dentro de su celda.

La observó con expresión triste, sentada como estaba sobre un banco de metal, algo oxidado. Entonces levantó la mirada y la fijó en la suya. Sus ojos estaban cubiertos de lágrimas.
-Kareth…
-¿Por qué…? ¿Por qué lo hiciste?

Hace alrededor de 2 meses

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#16

7

Se hizo el silencio en la prisión.
-¡Te ha hecho una pregunta, perra! –gritó Lethos, irritado por la actitud de la chica.
-Lethos, por favor, ¿podrías dejarnos a solas? –pidió Kareth.
-¿Kareth?
El líder de Karma, sorprendido, observó al joven guerrero, quien el devolvió la mirada sin decir nada.
-De acuerdo. No tardes mucho –respondió Lethos, sintiéndose algo intranquilo.
-Descuida.
Así pues, echando un último vistazo atrás, abandonó la sala.

-Estás horrible –dijo Kareth, intentando destensar el ambiente.
Ella se mantuvo en silencio, continuando con la cabeza agachada al igual que cuando la habían arrestado.

En ese momento, Kareth recordó la primera vez que la vio. Su elegante figura había sido sustituida por una mala imitación.
-Por favor, contéstame. ¿Por qué lo hiciste? –preguntó de nuevo el joven.
Sarah levantó de nuevo la cabeza, sin embargo tardó poco en bajarla. La única diferencia fue que esa vez se atrevió a hablar.
-¿Nunca has tenido una sensación como que todo va muy deprisa a tu alrededor? –preguntó de repente, lo que dejó extrañado al chico.
-No que yo recuerde. ¿Por qué lo preguntas?
-Cuando ocurrió todo, estaba junto a él. Como tantas otras veces, quería saber cómo me había ido el día. Además, parecía que tener algo importante que decirme.

¿Por qué iba a querer alguien tan importante dentro de Comhairle como él saber sobre el estado de su guardaespaldas? Es más, acababa de decir “como tantas otras veces”. ¿Significaba que no era la primera vez que se lo preguntaba? ¿Y sólo a ella? ¿Quién era esa chica? Aquella conversación no dejaba de confundir a Kareth, quien siguió escuchando su historia.
-Todo empezó a dar vueltas a mi alrededor, el sonido del ambiente se aceleró, incluso el habla de Yami...

Ni siquiera ella misma entendía sus propias palabras, como si no acabara de creérselo.
-Mi cuerpo se movió solo y, sin poder controlarme, cogí el arma que había utilizado para proteger su vida y se la quité. Entonces, todo se calmó, y volví en mí, dándome cuenta de lo que había hecho. Pero mientras trataba de asimilarlo, sentí cómo alguien se abalanzaba sobre mí.
No ofrecí resistencia. Estaba muy asustada. No sé por qué lo hice. Sólo sé que lo he matado con mis propias manos.

Mirando sus manos temblorosas, las lágrimas afloraron de sus ojos.
-¡¿Por qué lo hice?! ¡¿Por qué?! –se preguntó mientras se cubría la cara con las manos- ¡¿Por qué está pasando esto?!

Su voz se iba quebrando más a cada palabra que añadía, pero eso no fue lo único que molestó a Kareth. Aquellas lágrimas no eran lágrimas de mentira, sino las de alguien que estaba sufriendo. Las lágrimas de alguien que acababa de perder a un ser querido. ¿Era realmente culpable? Fue la pregunta que se hizo mientras se acercaba a los barrotes de la celda.
-Sabes que aunque le digas eso a Karma, no van a ceder, y la justicia de Yohei Gakko tampoco.
-Lo sé…
Por su reacción, supo que se había rendido. Que la culpabilidad se había aferrado a ella como una sanguijuela, igualmente, chupándole la esencia.
-Lo que he hecho es imperdonable, así que aceptaré cualquier castigo –declaró Sarah.
-Qué interesante. Ni siquiera tú misma estás convencida de lo que te impulsó a matarlo, y pese a todo, aceptas tan fácilmente la culpa.
-No importa el porqué, el caso es que le maté. Aunque no entienda lo que pasó, los hechos son claros. Es lo justo.
Kareth chasqueó la lengua en señal de desaprobación.
-¿Q-qué pasa? –preguntó ella.
-Nada, es sólo, no me gusta nada tu actitud.
-…
-Dime una cosa más.
-¿Qué?
La chica lo observó entre curiosa y llorosa.
-¿Qué significaba él para ti?
-…
-Él era alguien importante para ti, ¿verdad? De lo contrario, no te entristecería su muerte. Para todos ha sido un shock, pero para ti parece haber sido muy doloroso.
-Era como un padre para mí. Fue quien estuvo conmigo después de que perdiese la memoria. Me trataba bien, se interesaba por mí, me trataba de manera especial pese a que no teníamos lazos familiares. El hecho de que haya muerto por mi culpa... es desgarrador.

Un asesino que lloraba por quien había matado. Era una situación difícil de ver.
-Kareth, se acabó la visita –interrumpió Lethos, entrando de nuevo en la sala.
-Ah, sí. Perdona, Lethos. No me había fijado en el tiempo –dijo Kareth, mirando una vez más a la chica, quien le devolvió el gesto.
-Los asesinos no suelen llorar por sus víctimas. Además, tus ojos... no son los de alguien que mataría sin motivo.

Dicho esto, se marchó, seguido del líder de Karma. Hacía poco que había empezado a pensar de esa manera, pero Kareth la sensación de que algo no cuadraba en todo aquello.

-Supongo que ya has encontrado lo que buscabas, ¿me equivoco? -preguntó Lethos.
-No te equivocas –respondió Kareth.
-Ella ya no puede hacer nada más que esperar la sentencia que dicte la justicia de Yohei Gakko.

Poco a poco, estaban llegando a la salida de los sótanos.
-Dime una cosa, Lethos –dijo Kareth.
-¿Sí?
-Tú siempre has estado a favor de la justicia, ¿verdad?
-Por supuesto. No me habría alistado en Karma de no tener esos ideales.
-¿Entonces si consideraras como justo algo que no lo es, qué harías?
-Es obvio. Haría todo lo posible por que lo injusto se considere justo.
-Dicho así, suena simple –dijo Kareth, sonriendo.
-No creo que lo fuese. Pero si de verdad creyese en ello, eso no me impediría hacerlo. En cualquier caso -el jefe de Karma frunció el ceño-, ¿a que viene esa pregunta?
-Nada. Supongo que sólo quiero entender un poco más este mundo.
-Je, quizás empieces a entenderlo mejor una vez salgas al exterior. Hasta entonces tendrás que conformarte con lo que hayas aprendido aquí. Entonces, te darás cuenta de lo difícil que resulta conseguir lo que uno se propone.
Tras despedirse de Lethos, Kareth anduvo distraído hasta toparse con Remi.
-¡Uah! Me has asustado -se quejó Kareth.
-¿Dónde te habías metido? Intenté seguirte, pero cuando quise darme cuenta, habías desaparecido. Llevo buscándote desde entonces. Cuando te fuiste, nos dejaste preocupados…
-Perdón, había algo que debía comprobar.
-¿Y bien?
-Nada claro, en verdad.
Remi suspiró.
-Eres de lo que no hay. En fin, larguémonos. No me gusta estar cerca de la prisión...

-Así que se trataba de la bella guardaespaldas, ¿eh? –comentó Remi.
-Eso parece.
-¿Quién lo hubiese dicho? Aunque, la verdad, no sabíamos mucho sobre ella.
Kareth y su compañero habían vuelto a la cafetería, donde discutían lo ocurrido.
-Oye, Kar. ¿Acaso piensas que en verdad ella no haya podido ser la asesina?
-No lo sé…
Remi observó a su amigo, el cual tenía ambas manos unidas debajo de la barbilla y la mirada fijada en una pequeña taza, en ese momento, vacía
-Será mejor que no le des más vueltas, amigo. ¿O es que te gustaba esa chica?
De repente, se escuchó un ruido de una bandeja golpeándose contra el suelo. A Nara acababa de caérsele.
-¡L-lo siento! –se disculpó mientras la recogía.
-¡N-no pienses cosas raras! -exclamó Kareth, alterado.
Remi dibujó una sonrisa traviesa ante la reacción de los dos.

-Es hora de irnos –dijo Remi, levantándose de sus asientos.
-Tengo que hacer un par de cosas -señaló Kareth.
-Como quieras. Nos vemos en el centro de trabajo esta tarde.
-Claro.
-Nos vemos, Nara –dijeron casi al unísono, despidiéndose de su amiga.
-Nos vemos –respondió ella, levantando la mano.

Tras separarse de Remi, Kareth se dirigió hacia el hotel en el que había tenido lugar el asesinato. Después de todo, investigarlo por sí mismo era la mejor manera de comprobar la historia de ella, aunque no estaba seguro de si encontraría algo. Su plan consistía en entrar en la habitación de Darker y buscar alguna prueba o algo que le aclarase las ideas.

Irrumpir por la puerta principal no parecía buena idea, ya que seguía estando custodiada por Karma, seguramente esperando a que fuerzas mayores de la justicia de Yohei Gakko llegaran a la escena del crimen y cerraran el caso. Al fin y al cabo, y si los testigos estaban en lo cierto, ya estaba resuelto.

Hace alrededor de 2 meses

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#17

Así pues, decidió introducirse por el callejón que llevaba a la parte trasera del edificio. El piso estaba un poco alto, pero con sus habilidades, conseguiría ascender sin demasiada dificultad hasta la ventana.

Habiendo llegado a la parte de atrás, Kareth preparó sus piernas para saltar lo más alto posible. Sus capacidades físicas no tardaron en dar de sí en el momento en que logró alcanzar una de las cornisas, considerablemente grandes, con ambas manos, ayudándose de ellas para subir una pierna y luego la otra. No obstante, acababa de darse cuenta de una cosa: no sabía a qué piso tenía que ir.
“Genial. Debo de ser el mayor idiota de Yohei Gakko”, pensó mientras se golpeaba a sí mismo en la frente.

Sin más opción que guiarse por su instinto, entró a una de ellas por la ventana que tenía frente a él.

Increíble. Parecía una mansión. Tan espacioso, tan lujoso, se hacía notar la importancia de aquel hotel, por lo que no era de extrañar que allí se hubiese hospedado alguien como Darker.
-Como sea, tendré que comprobar que es la habitación que busco. Espero que no me lleve mucho tiempo –murmuró el chico.

Tras esto, comenzó su investigación por cada uno de los rincones de aquel sitio. Baño, dormitorio... hasta una pequeña cocina. Nunca había estado en una habitación así, por lo que le sorprendió bastante la disposición. En cualquier caso, no observó nada a primera vista que pudiese identificarla como la habitación en la que se había producido el asesinato.

Suponiendo que Karma no hubiese dejado entrar a nadie, todavía deberían existir rastros del crimen como armas, sangre, etc. Eso es lo que trataba de encontrar, no sólo para confirmar que estaba en la habitación correcta, cuya solución hubiese sido tan simple como preguntarle a Sarah el número, sino también para tener toda la información posible sobre el caso.
-Esta no es –murmuró, aceptando que se había equivocado.

En ese momento, la puerta de entrada se abrió, sonando un ligero golpecito procedente de la máquina que daba el permiso.

“¡Mierda!”, nervioso, se apresuró a salir por la ventana y cerrarla tras de sí, resguardándose en la cornisa, apoyado sobre el lateral de manera que no fuese visto desde dentro.

El huésped de aquella habitación era un hombre alto y delgado. Vestía una chaqueta bien cuidada, camisa y pantalones que cubrían la parte de arriba de dos botas color negro. No alcanzó a ver bien su rostro, debido a que estaba de espaldas, hablando con alguien a través de un aparato comunicador.

Como era de esperar, apenas alcanzaba a oír algo debido al ruido ambiental de la calle y la ventana cerrada. Pese a ello, se esforzó por concentrar toda su habilidad auditiva en escuchar lo que decía. Cualquier dato podía ser relevante para el caso.

En un principio, nada de lo que escuchó llamó su atención, por lo que llegó a pensar que lo mejor sería marcharse antes de que le descubriese.
-…asesinato…

Al escuchar aquella palabra se encendieron todas sus alarmas, acercando su cabeza más a la ventana y logrando ver entonces la cara del hombre, quien se había acercado peligrosamente a donde estaba. Llevaba unas gafas de sol cubriendo sus ojos y una sonrisa chulesca se dibujaba en su rostro, lo que le hizo sentirse irritado. No le gustaba.

Decidido ahora a llegar hasta el final, Kareth continuó concentrando todos sus esfuerzos en escuchar lo que decía.
-…claaaaaaro, no hay de qué preocuparse, todo ha salido según lo esperado. No creo que tarden demasiado. Cuando llegue el momento, me encargaré de todo, no le des más vueltas. ¡Oh, vaaaaaamos! ¡Confía en mí! Por supuesto… Espera… -el hombre se giró hacia la ventana, la sonrisa de antes se había borrado de su cara- Me parece que tengo a una rata fisgoneando.

“¡¿Qué?!”, asustado, el chico movió la cabeza de un lado a otro. Estaba en una posición donde era imposible verle desde dentro, pues había tenido mucho cuidado en que ninguna parte de su cuerpo fuese visto por el cristal. Además, también había procurado no hacer ningún ruido que lo delatase. Incluso un estudiante de Yohei Gakko lo habría tenido difícil para darse cuenta de que estaba allí, ¿cómo era posible que él le hubiese descubierto?

Entonces, ese hombre abrió la ventana y miró a su alrededor, descubriendo que no había nadie sobre la cornisa. Posteriormente, echó un vistazo al callejón, esperando encontrar a alguien sospechoso, pero sólo pudo ver a un numeroso grupo de personas paseando tranquilamente.

No muy convencido, cerró la ventana y corrió las cortinas. Fue entonces cuando Kareth, situado sobre la cornisa de la habitación de arriba, pudo respirar tranquilo.
¿Quién era ese hombre? ¿Y de qué estaba hablando?

Tras intentarlo con varias habitaciones más, el chico se dio cuenta de que a ese paso no conseguiría encontrar nunca la que quería.

Rascándose la cabeza por la frustración, decidió que ya volvería más tarde, una vez conociese el número. Probablemente, la justicia de Yohei Gakko no llegaría hasta mañana, por lo que esa misma noche podría probar suerte otra vez. Por el momento, iría al centro de trabajo a recibir su primera misión.

Mientras caminaba, su mente siguió cavilando sobre la identidad de ese huésped.

Hace alrededor de 1 mes

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#18

8

Kareth llegó adonde lo esperaba su compañero.
-No está mal. Esta vez has sido puntual -le dijo Remi.
-Lo dices como si siempre llegase tarde -se quejó el chico.
-Siempre no, pero gran parte de las veces...

Tras aquella pequeña charla, entraron en el centro de trabajo y se acercaron a la misma mesa que aquella mañana, preguntando por la misión que les había tocado. Entonces, la administrativa realizó una serie de gestiones en su ordenador.
-En este caso, podréis realizar la misión en conjunto. Consistirá en infiltraros en una de las avanzadillas de usuarios de Radiar del Imperio Salve y actuar como uno de ellos. Una vez allí estéis en sus territorios, uno de nuestros informantes os dará el resto de detalles.
-Buff… esto nos va a llevar bastante tiempo –dijo Remi.
-Partiréis dentro de tres días –ignorando su comentario, la mujer continuó.
-Tendremos que pedirle a Nara que nos ayude con los preparativos -sentenció Kareth– En cualquier caso, voy a echarla de menos...
-Sí, yo también.

Una vez fuera, decidieron dar otro paseo.
-Tengo la sensación de que nuestro primer trabajo va a ser difícil -comentó Remi.
-¿En serio? Yo creo que no. La infiltración no lleva mucho trabajo. Sólo habrá que conocer bien el protocolo que sigan sus tropas e imitarlo –replicó Kareth.
-Oh, entonces supongo que me enseñarás cómo se hace cuando llegue el momento –Remi levantó una ceja
-Por supuesto.

Una sonrisa de complicidad se dibujó en sus rostros hasta que Kareth se detuvo en seco, observando una pantalla gran tamaño sujeta a la fachada de uno de los edificios.
-¿Qué ocurre, Kar? -preguntó Remi cayendo en la cuenta de que su compañero se había quedado atrás.

Éste no respondió, parecía haberse quedado mudo por el asombro. Con los ojos como platos, observaba el discurso en pantalla del director de Yohei Gakko
-Dime una cosa, Remi.
-¿Sí?
-¿Conoces a ese hombre?
Desviando la vista hacia la pantalla, los ojos del joven se detuvieron en la persona referenciada por su amigo. Tras unos instantes, Remi negó con la cabeza.
-La verdad es que no tengo ni idea, pero debe de ser alguien importante si está con el director.

Al lado del director, se situaba ni más ni menos que quien Kareth había visto en el mismo hotel en el que se había hospedado Yami. No era muy difícil de reconocer, sobre todo por sus gafas de sol y esa sonrisa tan desagradable.
-Bien. Pues sin más que añadir, dejo las presentaciones al sucesor del Señor Darker –terminó el director.

¡¿Sucesor?!

Aquel hombre ocupó el lugar frente al micrófono y, tras levantar las manos, con expresión arrogante, para calmar los aplausos, comenzó a hablar.
-Buenas tardes a todos, queridos ciudadanos de Yohei Gakko. Como todos sabréis, el señor Darker ha sido asesinado esta madrugada por una de sus guardaespaldas. Es una pena que un hombre como él nos haya dejado. Pero la guerra no descansa y, por tanto, Comhairle tampoco puede hacerlo. Habiendo sido su discípulo más destacado durante estos últimos años, él me encomendó la tarea de sucederle si algo horrible llegaba a pasarle, y tened por seguro, que me encargaré de cumplir con sus expectativas...

“Qué extraño”, pensó Kareth.

-Mis ideales son y siempre serán los mismos que los suyos y que, pese al gran pesar que me supone su pérdida, es todo un orgullo ocupar su lugar con el fin de hacer de este mundo uno mejor.

Se escucharon de nuevo aplausos y vítores por parte de los espectadores.
-Parece que cae bien a las masas –comentó Remi.
-No me gusta... –declaró Kareth.
-¿Qué?
-Ese tío… tiene algo que no me gusta…

Tal y como había planeado, por la noche, Kareth volvió al hotel. Esta vez se había asegurado de quedarse con el número de la habitación en la que se había hospedado Yami. La tarea no le había resultado muy difícil, puesto que su muerte y su posterior sucesión eran la comidilla de Yohei Gakko, no era de extrañar que se filtrase por algún lado.

“Os aseguro que la asesina tendrá su merecido. Yo mismo me encargaré de hablar con la justicia de Yohei Gakko para que la sentencia sea la más acorde…”

El chico recordó una y otra vez sus palabras. Probablemente, la pena le sería impuesta al cabo de dos días como máximo. Y teniendo en cuenta la importancia de aquel caso, no tardarían más de veinticuatro horas en llevarla a cabo. Hasta él llegaría a presenciar su muerte antes de marcharse, pues dudaba que la condena fuese otra.

Lo primero que hizo al llegar, fue observar la puerta principal. Todavía se había miembros de Karma haciendo guardia junto a ella. Estaba claro que no iban a dejar pasar a nadie.

No es que como que le hubiese costado trabajo encargarse de los guardias, pero prefería no llamar la atención. Además, así podría demostrarle a Remi lo bien que se le daba la infiltración.

Tras escabullirse por el mismo callejón que por la mañana, Kareth se situó debajo de la hilera vertical de ventanas que daban a las habitaciones del hotel.

Realizando un cálculo aproximado de cuánto debería saltar para llegar hasta la que buscaba, el chico encogió las rodillas y se alzó en el aire hasta colgarse de una de las cornisas.

“Bien, creo que he dado justo en el clavo”, pensó Kareth mientras miraba hacia abajo para comprobar la altura a la que estaba. Estaba oscuro, pese a la iluminación del resto de calles. De todas formas, la oscuridad no suponía problema para su desarrollada visión.

Sin entretenerse más de lo debido, se dispuso a abrir la ventana, sin embargo se encontró conque ésta estaba cerrada a cal y canto, haciéndose imposible abrirla por el método tradicional.

Utilizando el teletransportador, Kareth lo configuró para poder obtener uno de los objetos que había dentro de su memoria, y esta no resultó ser otra que una especie de ganzúa/palanca. Entonces, introduciendo el objeto por una de las rendijas laterales de la ventana, le dio un pequeño giro, logrando que la ventana tomara una especie de impulso hacia el lado contrario y consiguiendo abrirla de esa forma.
-Bien, vamos -susurró para sí mismo.

La habitación estaba tan oscura como el callejón. Podía ver que todo estaba bastante ordenado: la cama hecha, adornos situados sobre mesas y estanterías, como si nadie los hubiese movido... todo estaba muy tranquilo pese a tratarse de la escena de un crimen.

¿Se había vuelto a equivocar? Se preguntó.

Mirando a cada lado, recorrió el cuarto, sin encontrar nada destacable. Habría esperado sangre en el suelo o cualquier otra cosa relacionada con el asesinato, aunque se preguntaba si ello le daría respuestas sobre la inocencia de Sarah.

Por otro lado, escuchando hablar esa mañana al “sucesor” (no se lo terminaba de creer) de Yami, había pronunciado la palabra “asesinato”, y algo de que él se encargaría de todo… ¿Y si había sido él...? No, no tenía sentido. Todo el mundo había visto cómo Sarah lo había hecho y, aun así, la chica aseguraba que no había sido por propia voluntad. ¿Acaso la habían drogado?

Fue en ese momento cuando Kareth se fijó en algo. Un pequeño cofrecito situado sobre una mesita justo frente a la cama. Sin pensárselo mucho, el chico lo abrió, pero en el interior de éste no había nada. Estaba completamente vacío.

“Mierda. Creía haber encontrado alguna pista, supongo que fui demasiado optimista”, pensó, disponiéndose a cerrarlo y dejarlo de nuevo en su sitio. Sin embargo, algo volvió a llamar su atención. Desde el fondo del pequeño objeto, parecía sobresalir algo de color blanco. El joven probó a agarrarlo, con sumo cuidado, pues no sabía que podía pasar. Entonces, descubrió un segundo fondo debajo del primero, y en él, un pequeño papel medio roto y doblado, que era lo que tenía entre sus dedos índice y pulgar.

Lentamente, y ligeramente sorprendido, el chico desdobló el papel. En su interior había sido escrito una especie de mensaje, pero la mayor parte del texto había desaparecido debido a lo estropeado que estaba, dejándose ver únicamente algunas frases que no parecían decir nada:
“Todo volverá a su cauce. La extinción es el nuevo paso hacia el futuro.”

Pese a que Kareth intentaba verle la lógica a aquello, era evidente que no lo tenía. Sin embargo, aquello había incrementado su curiosidad.
“De todas formas, no parece que exista ninguna prueba clave. Quizás sea mejor que me vaya, o puede que alguien termine entrando y me descubra.”

Tras echar un último vistazo a la habitación, decidió volver sobre sus pasos. Por si acaso, había decidido guardarse aquella nota. Quizás Sarah supiese algo.

Después de cerrar la ventana, Kareth bajó de allí y se marchó.

Mientras tanto, en la habitación en la que acababa de estar, una figura sonreía, oculta en la oscuridad.

Hace alrededor de 1 mes

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#19

9

-Naraaaaaa… -Remi pronunció el nombre de su amiga posando su barbilla sobre la mesa de la cafetería. Ella lo miró desconcertada.
-¿Qu-qué ocurre? -preguntó mientras recogía los platos que habían dejado unos clientes en la mesa de al lado.
-Kareth y yo vamos a necesitar tu ayuda para preparar las provisiones de nuestra primera misión.
-¡Oh! ¡Es cierto! ¡Lo había olvidado! ¿Qué os han dicho?
-Para ser la primera, creo que será difícil y nos llevará su tiempo.
-¿Cuánto?
-Mmm... No estoy seguro, ¿dos o tres años?
Los platos estuvieron a punto de caérsele.
-¿T-tanto?
-¿Qué esperabas?
-B-bueno, n-no lo sé, pero no esperaba que fuera tanto… -de repente, su expresión se volvió triste-. ¿Y cuándo os vais?
-Dentro de un par de días más o menos.
-¡¿Dentro de un par de días?! –la tristeza se convirtió en sorpresa.
-Ah, bueno...
-¡¿Os dais cuenta de que no os voy a ver en mucho tiempo?!
-Tampoco es para tanto...
-¿¡Que no lo es!?
-K-Kar, échame una mano, ¿quieres? A ti se te da mejor calmarla...

Sin embargo, su amigo se encontraba ausente en ese momento, tamborileando con los dedos en la madera de la mesa mientras apoyaba su cabeza sobre la palma de su mano derecha.
-Mundo llamando a Kar, ¿sigues vivo? Cambio… -bromeó Remi, agitando su mano frente a su amigo.
-¿Eh? Ah, perdona. Estaba pensando en otra cosa…
-Desde lo de esa chica has estado muy distraído. ¿Qué es lo que pasa? –preguntó el tirador.
-N-nada. Es sólo que…

Remi desplazó la vista hacia Nara y luego de nuevo a Kareth. Tras encogerse de hombros, decidió poner en práctica una idea.
-Ya sé. ¿Por qué no salimos los tres hoy?
-¿Salir? ¿Adónde? -preguntaron al unísono.
-A dar una vuelta, cenar, al parque… será una buena forma de hacer que Kar se entretenga con otra cosa y Nara pase tiempo con nosotros antes de que nos vayamos. ¿Qué os parece?

Kareth observó fijamente a su amigo. Acto seguido, sonrió.
-Me parece bien.
-¿Y tú, Nara? –preguntó Remi.
-Tengo que trabajar y…
-Eso no es problema -la voz de un hombre mayor que ellos surgió desde detrás de la joven. Se trataba de Seigari, su tío-. Creo que podré ocuparme solo de la cafetería durante un tiempo.
-Pero tío…
-No te preocupes más, Nara. Yo me encargo.

Seigari guiñó un ojo en señal de complicidad.
-B-bien, esperad un momento. Voy a cambiarme.
-Claro. Ve, pequeña -después de que Nara se marchase, Seigari y Remi sonrieron a la vez que levantaban el pulgar. Por alguna razón, sus dientes brillaron con fuerza, lo que hizo que Kareth frunciese el ceño.

Una vez Nara se hubo cambiado, los tres amigos salieron del establecimiento, despidiéndose del jefe.
-Juventud, divino tesoro –murmuró, girándose poco después para observar su lugar de trabajo- Bien, vamos a ello.

-¿Adónde queréis ir primero? -preguntó Remi alegremente.
-Eres tú quien lo ha propuesto -se quejó Kareth.
-Eh, vamos, encima que me preocupo por vuestra opinión.
-¿Qué tal si vamos a Raitz? -propuso Nara.
-Mm, no es mala idea -se interesó Kareth.

Raitz era un lugar en Yohei Gakko parecido a lo que sería un centro comercial, sólo que, ya que era el único allí, de un tamaño considerablemente grande.

-Este sitio nunca dejará de sorprenderme –dijo Nara.
-Lo que me pregunto es cómo se les ocurrió la idea de construir hasta un pequeño parque de atracciones –añadió Kareth.
Los tres alargaron la cabeza, intentando ver el final del edificio.
-Bien, entremos -sentenció Remi.

Nada más poner un pie dentro, se toparon con una multitud de gente. Probablemente, gran parte de Yohei Gakko se había reunido en ese lugar para disfrutar de los diferentes tipos de tiendas y establecimientos de ocio. Sin duda, aquello era posible gracias a la gran influencia de Comhairle.

Así pues, los tres anduvieron mirando escaparates sin ningún objetivo en concreto. Sólo por pasar el rato.
-Oh, Remi, ¿te atreverías a ponerte eso? -preguntó Kareth señalando un viejo sombrero con varias flores en la copa.
-Bromeas, ¿verdad?
-No. Pienso que te quedaría bien. ¿Por qué no entramos y te lo pruebas?
-Porque nadie en su sano juicio lo haría.

Mientras tanto, Nara observaba con atención el resto de prendas, destellando sus pupilas por la emoción.

Sus dos amigos se miraron y suspiraron, encogiéndose de hombros.
-¿Quieres entrar, Nara? -preguntó Kareth.
-¿Eh? N-no hace falta que…
Sin dejarla terminar, el chico la llevó del brazo dentro de la tienda.
-¡¿K-Kar?! ¡He dicho que…!
-No hay más que verte para saberlo. Deja de contenerte y entremos.
Rindiéndose ante los empujones del chico, asintió y se dejó llevar.

-Aquí hay demasiadas cosas –indicó Remi.
-Es una de las tiendas más grandes de por aquí. No es de extrañar que tengan de todo –respondió Kareth.
-Agh, creo que me estoy agobiando. Me voy a la zona de exposición. No creo que tarde en volver.

La zona de exposición era un área situada dentro del Raitz y que estaba pensada para los estudiantes de Yohei Gakko. Allí se podía encontrar información sobre armas, otras escuelas, actualidad e inclusos simulaciones de batalla en las que los guerreros competían por conseguir la mayor puntuación.
-De acuerdo, Nara y yo te esperaremos aquí –sentenció Kareth.

Tras despedirse de Remi, se giró para descubrir que su amiga había desaparecido.
-¿Dónde se habrá metido? –se dijo así mismo mientras desplazaba la vista de un lado a otro.

Finalmente, dio con la figura de ella, cuya mirada estaba concentrada en varias camisas y vestidos dispuestos ordenadamente en una estantería. Aquella escena le pareció entrañable, pero al mismo tiempo, no pudo evitar echarse una mano a la cabeza.

A Nara le encantaban ese tipo de tiendas, de hecho le gustaban todo tipo de vestimentas, ya fuesen uniformes o ropa informal. Más de una vez les había pedido a Remi y a él probarse nuevas adquisiciones para su tío (o incluso para ellos) y acompañarla cuando requería de otra mano que la ayudase a llevar bolsa.

En sí, ninguno de los dos solía poner muchas pegas en hacerlo, pero había veces que incluso les pedía probarse ropa femenina, lo que terminaba en una rotunda negación por parte de ellos o incluso en una huída cunado veían que les empezaba a ganar la discusión.
-¿Vas a comprarte algo? –preguntó Kareth, mostrando cierto temor en su expresión.
-Mm… todo parece muy tentador -no obstante, bajó los hombros y suspiró, decaída-, pero no tengo suficiente dinero.

Al escucharla, el joven se acercó a comprobar el precio.
-No me extraña, es bastante cara.
Aquellas palabras desmoralizaron más a la chica, como si hubiesen hurgado en la herida.
-Yo me refería a toda la tienda –contestó ella.
-¡Eso no lo podría comprar nadie!

Una de las dependientas les miró, atraída por el ruido. Kareth, avergonzado, bajó la voz.
-No puedes pretender comprar la tienda entera.
-No puedo evitarlo...
Conociéndola, era de esperar.
-Tengo una idea, ¿por qué no te pruebas algo? Te compraré lo que más te guste –propuso el chico. A lo que a ella se le iluminó la mirada.
-SÓLO una cosa -dejó claro Kareth.

Una vez su amiga hubo entrado en el vestidor, el joven esperó sobre una de las varias sillas de metal y plástico situadas junto a éste.
-Sé sincero sobre cómo me queda –pidió Nara a través de la cortina. Desde dentro, su voz sonaba más baja de lo normal
-De acuerdo -contestó Kareth, apoyando la barbilla sobre sus manos.

Una mano asomó por uno de los laterales de la cortina y, al momento, la chica hizo acto de presencia frente a él, mostrando uno de los modelos elegidos. Esto se fue repitiendo varias veces con otras vestimentas mientras Kareth se limitaba a asentir o negar según le parecía.
-Es curioso lo bien que te sienta la mayoría de lo que te pones –comentó Kareth.
De repente, dentro del vestidor, se escuchó el ruido de algo golpeándose contra el suelo.
-¿E-estás bien? -se preocupó Kareth.
-S-sí, es que me he tropezado –respondió ella nerviosamente.
-¿Y bien? ¿Cuál es el siguiente? –preguntó él.
-Mm... no estoy muy segura de éste. Creo que es la primera vez que me pongo algo así.

Poco después, la cortina se corrió hacia un lado, dejando ver a la joven, quien desvió la mirada, con expresión avergonzada.
Por otro lado, Kareth abrió los ojos como platos, llevado por la sorpresa.
-V-vaya –alcanzó a decir el chico.

Llevaba puesto un vestido de tirantes de color negro con una pequeña cinta blanca que rodeaba la zona de la cintura, creando un bonito contraste de colores y, al mismo tiempo, resaltando su figura. El vestido, además, se había combinado con una diadema del mismo color, levantando ligeramente su cabello color castaño, el cual se extendía hasta el cuello.
-¿Qu-qué tal estoy? -preguntó la chica jugueteando con los dedos.
-Impresionante -dijo el chico casi sin pensar-. Decidido. Éste.
-¡¿Qué?! ¡¿En serio?! –se alarmó ella.
-¿No te dije que te compraría algo de lo que te probaras?
-Sí, pero no esperaba que lo eligieses tú.
-Ah, lo siento, tienes razón. Dije que te compraría algo que te gustase. Si quieres otra...
-¡No, no, no! –interrumpió Nara, moviendo las manos para detenerle-. Éste está bien. Lo cierto es que a mí también me gusta –dijo mientras se observaba en el espejo de dentro del vestidor.

#20

Finalmente, salieron de la tienda. Nara parecía feliz.
-Entonces, ¿te ha gustado el regalo? –preguntó Kareth.
-Sí, porque lo has elegido tú –contestó ella. Al darse cuenta de lo que había dicho, desvió la mirada hacia el lado contrario del que se encontraba el chico.
-M-me alegro –dijo él, ruborizándose-. Cambiando de tema, tenemos que esperar a Remi. Le he dicho que le esperaríamos aquí hasta que volviese, aunque ya ha pasado un buen rato y todavía no ha aparecido.
-Qué raro, no es de los que se toma su tiempo.
-Lo sé, pero sí se entretiene con facilidad si algo les gusta.

Al cabo de diez minutos más, esperando en la puerta de aquella tienda, la paciencia de Kareth tocó el límite.
-¡¿Pero cuando piensa venir?! –se quejó.
-T-tampoco es que haya pasado tanto tiempo -intentó tranquilizarlo Nara.
-¡Demasiado! ¡Sobre todo teniendo en cuenta cuándo dijo que se iba!
Ella suspiró.
-¡¿Sabes qué?! ¡A la porra! Vayámonos tú y yo y divirtámonos sin él -propuso Kareth.
-Pero…
-Dentro de poco nos iremos de Yohei Gakko y quizás no volvamos hasta dentro de un par de años o más, que menos que, aunque sea yo solo, pase la tarde contigo.
Meditándolo, durante unos instantes, Nara no supo qué responder.
-Vamos. Será como una cita entre tú y yo.
-¿U-una cita?
-¿Te parece mal?
-P-para nada. Es que me ha sorprendido un poco.
-Entonces vamos.
Tras ver cómo el chico tomaba la delantera, la joven asintió y fue detrás de él.

De esa forma, llegaron hasta el parque de atracciones del Raitz.
-Toma -dijo Nara mientras le entregaba a su amigo una pequeña bolsita. Dentro había un surtido de dulces de varios sabores.
-Oh, gracias. No tendrías que haberte molestado.
-Bueno, tómatelo como una compensación por el regalo –contestó, a la vez que levantaba la bolsa con el vestido en su interior.
-No lo he hecho para recibir algo a cambio –replicó Kareth, mostrándose algo incómodo.
-Lo sé, es una forma de hablar. En cualquier caso, no te cortes. Come.
Encogiéndose de hombros, el chico cogió uno y se lo llevó a la boca.
-Mm... no están nada mal. ¿Dónde los has comprado?
-En aquella tienda –dijo Nara mientras señalaba un pequeño establecimiento junto a la entrada al parque de atracciones, con un toldo de rayas blancas y rosadas y bollos de los mismos colores, hechos de cartón y diez veces más grandes que los originales, situados a cada lado, a fin de atraer la atención de los clientes. Además, había un escaparate con una gran cantidad de dulces expuestos-. Muchas veces mi tío ha hecho negocios con ellos para vender algunos de sus dulces en su cafetería. Además, se lleva muy bien con la dueña, así que de vez en cuando nos hace algún descuento –añadió alegremente.
-Eso sí es tirar de contactos .bromeó Kareth.

De repente, se fijó en una de las atracciones.
-¿Casa de la risa? No es que el nombre sea muy original.
-¿Significa que hacen chistes o algo ahí dentro? –preguntó Nara.
-Bueno, no se me ocurre otra cosa además de eso. ¿Te apetece entrar?
-B-bueno, puede que sea divertido.

Así pues, entraron, apartando las cortinas que cubrían la entrada.

Tras atravesar el primer pasillo, el ambiente fue volviéndose más oscuro.
-Qué curioso. Nunca se me habría ocurrido un efecto de luz así para esta atracción –comentó Kareth.
-A mí está empezando a darme mala espina. Creo que deberíamos volver -comentó Nara, quien se puso detrás de Kareth.
-Sólo han apagado unas cuantas luces. No creo que vaya a pasar na…

Sin previo aviso, el sonido de una carcajada diabólica resonó por todo el pasillo. Fue entonces cuando se dieron cuenta de que la luz se había apagado completamente.
-Kar. Esto no me gusta. –susurró, agarrándose a él.
-Hay que reconocer que el efecto de sonido es bueno.
-¡Kar!
-Perdón, perdón. Qué extraño, ¿no se suponía que esto era para hacer reír? Quizás debimos habernos informado antes.
-Qué bien que lo digas ahora que ya hemos entrado –dijo Nara con sarcasmo, algo que sorprendió a Kareth, quien no estaba acostumbrado a ello- ¡Ah! ¡N-no puedo ver la salida! ¡N-no hay forma de volver!
-Entonces habrá que seguir hacia delante.
-¡¿Qué?! ¡No, no, no, no, no! ¡Yo me quedo aquí!
-¿Vas a quedarte aquí sola?
-¡¿Me vas a dejar aquí sola?!
-Nara, si nos quedamos aquí no vamos a salir nunca. Confía en mí, no va a pasar nada.

Un poco más tranquilos, continuaron avanzando. En ese momento, dos pequeñas luces rojas con forma de globos oculares aparecieron a distancia media de ellos, provocando que la chica escondiese su cuerpo detrás de su amigo.
-Así no vas a ver nada -comentó Kareth.
-¡Es que no quiero verlo!
-Oh, esa cosa se está acercando.
-¡No, no, no, no, no! ¡Dile que se vaya!
-¡¿Qué crees que soy?! ¡¿Un mago?! No hago desaparecer las cosas así como así. Ah, genial, hay más de ellas y nos han rodeado.
-¡¿Quieres dejar de contármelo?! -la chica cada vez agarraba con más fuerza.
-¡Me estás haciendo daño!
-¡Ah! ¡Lo siento! –dijo Nara, soltándole por un momento.
-No te preocupes, ya se han ido.
-Buff –la chica suspiró, relajando los músculos de su cuerpo y atreviéndose a mirar de nuevo hacia delante. Cual fue su sorpresa al encontrarse de frente con una calavera que movía la mandíbula, rechinando sus dientes.
-¡Aaaaaaaaaaaaaah! –gritó la joven
-¡M-me ahogo! -exclamó Kareth, al sentir su cuerpo siendo aplastado por los brazos de su amiga.

Una vez fuera, Kareth se sentó sobre un banco, intentando aspira recuperar el aliento.
-C-casi me matas…
-¡Lo siento, lo siento, lo siento! –se disculpó Nara con lágrimas en los ojos, ambas manos en posición de rezo y una expresión entre asustada y preocupada.
Después de un rato en silencio, Kareth estalló en carcajadas.
-¡Ahora sé por qué se llama la casa de la risa!
-¡No te rías de mí! ¡Yo no le encuentro la gracia! –se quejó la chica.

Un par de horas más tarde, ambos salieron de Raitz.
-Aaaah, ha sido refrescante -indicó el chico.
-S-sí -asintió Nara, no muy convencida.
-¡Eh!

De repente, escucharon un grito procedente de la entrada de Raitz. La persona que los llamaba no era otro que Remi, quien les saludaba con la mano.

En respuesta, Kareth golpeó a su amigo con los nudillos en el centro de su cabeza.
-¡Ay! –se quejó Remi, llevándose las dos manos al foco del dolor.
-¡¿Dónde diablos te habías metido?! –exclamó Kareth.
-Ah, esto... bueno... es que me he entretenido bastante con una cosa, y luego he visto esto y aquello y me he entretenido aún más. Y cuando he querido darme cuenta, pues…
-¡Excusas!
-Lo siento, lo siento, lo siento -se disculpó Remi.

Juntos por fin, los tres decidieron ir a un pequeño restaurante que había cerca, con intención de que hubiese cierta intimidad entre ellos. Tras esto, volvieron a la cafetería.
-Oh, ¿te has comprado al final algo, Nara? Creía que no andabas muy bien de dinero -sonrió maliciosamente Remi.
-¡Remi! –gritó ella, en respuesta a su comentario-. No lo he comprado yo. Ha sido Kar. Me lo ha regalado.
-Oh, creía que tú tampoco andabas muy bien de dinero.
-¡Pero no digas eso, idiota! –esta vez, fue Kareth quien gritó.
-¡¿Qué?!
-¡No le hagas caso, Nara! ¡Sólo está bromeando!
-¡No deberías de haberlo comprado!
-Vamos, no te enfades.
Mientras tanto, Remi observaba alegremente aquella escena.

Cuando llegaron a la cafetería, vieron que estaba a tope de clientes y que el tío de Nara apenas podía con todo él solo.
-Menos mal que no iba a haber problemas -suspiró ella-. Supongo que tendré que echarle una mano.
-Nosotros tenemos que volver a la escuela. Pese a que ya no somos estudiantes, todavía dormimos en allí.
-Muchas gracias por todo. Me lo he pasado muy bien, en serio. Y gracias por el regalo. Aunque aún sigo enfadada –añadió, entrecerrando los ojos.
-Lo siento –se disculpó Kareth.
-En fin. Lo dejaré pasar. A cambio, más os vale que no olvidarme, por muchos años que paséis fuera.
-Tranquila. Para ello tendrán que lavarnos el cerebro unas veinte veces –respondió Remi, sonriendo.
-O más –sentenció Kareth.
Feliz de escuchar aquella, respuesta, la joven asintió y se marchó.

-Ha sido una táctica tuya, ¿verdad? –sugirió Kareth, una vez él y Remi se hubieron quedado solos, mientras volvían al área de la escuela.
-¿El qué? ¿El dejaros a solas? –preguntó Remi inocentemente.
Kareth asintió.
-Bueno… es posible.
-Me lo temía. -dijo Kareth-. No soy tan idiota como para no darme cuenta de lo que ella siente.
-¿Y entonces?
-Quizás sea que tengo miedo.
Tras aquella última frase, la expresión de Remi se volvió más seria.
-Ya sabes que nuestras vidas son cortas, Remi. A diferencia de los humanos normales nuestras esperanzas de vida se reducen considerablemente, y tengo miedo de que sufra por mi culpa.
-Te entiendo. Aunque no puedo recordar por qué, elegimos este camino a pesar de las consecuencias.
-Así es.
-Ella es una chica maravillosa, Kareth.
-Lo sé, por eso me da aún más miedo.

Cabizbajo y sin saber bien cómo continuar aquella conversación, Remi decidió cambiar de tema.
-Hay algo de lo que me he enterado en Raitz.
Kareth levantó la cabeza, lleno de curiosidad.
-¿De qué se trata?
-Es sobre esa chica, Sarah. Parece que la ejecución será mañana…

#21

10

Al escuchar la noticia, Kareth se mantuvo en silencio durante unos instantes.
-Entiendo. Ya me lo veía venir.
Así que ella iba a morir. No podía evitar pensar que algo no encajaba en esa conclusión.
-Kar… -Remi se mostró preocupado ante la actitud de su amigo.
-Remi –le interrumpió Kareth-, una persona debe decidirse por aquello que considera justo, ¿no crees?
-Supongo que eso sería lo correcto.

Cabizbajo, el guerrero se detuvo allí mismo, sorprendiendo a Remi, quien hizo lo mismo unos cuantos metros delante de él.
-Voy a hacerlo –afirmó, de repente, Kareth.
-¿El qué?
-Voy a salvarla.
-¡¿Eh?! ¡Espera! ¡¿Estás loco?! ¡¿Sabes lo que estás diciendo?!
¿Qué si sabía lo que estaba diciendo? Por supuesto. Lo sabía muy bien. Pero todo aquello era muy raro. Además, ella estaba llorando.
-Es posible que esté loco. Ni siquiera podría decirse que esté seguro de que sea inocente, pero…
-¡La pillaron justo cuando lo estaba matando! ¡Kar, no puede haber otra explicación! –exclamó Remi.
-¡¿Entonces por qué?! ¡¿Por qué iba a matar a alguien que cuidaba de ella?! ¡¿Por qué iba a llorar por su muerte si no tenía nada que ganar haciéndolo?! Y luego está su sucesor, ¿no te parece todo demasiado conveniente?
Remi se quedó en silencio.
-Sé lo que pasará si lo hago. No soy estúpido. Seguramente al considerarme cómplice de asesinato me tachen de traidor, lo que supondría mi ejecución también, pero mi intuición me dice que no puedo dejar las cosas tal y como están.

Sin saber qué decir, Remi suspiró.
-Odio lo impulsivo que puedes llegar a ser a veces –contestó finalmente- Supongo que no tendré más remedio que echarte una mano.
-¡¿Qué estás diciendo?! ¡No puedo meterte a ti también en todo esto! –se quejó Kareth.
-Demasiado tarde, amigo. Además, tampoco puedo dejar que mi compañero de trabajo acabe con alguna lesión antes de que nos vayamos, y puede que incluso exista alguna manera de convencer a los demás de su inocencia.
-Tengo una nota que cogí de la habitación de Yami. Bueno en realidad sólo se leen unas pocas frases pero parecía pertenecer a una carta dirigida a alguien.
-¡¿Entraste en la habitación de Darker?! –exclamó Remi.
-Ya te he dicho que todo esto me parece muy raro, así que quise investigar lo que estaba pasando. Por desgracia, no creo que se pueda confirmar mucho con lo que ponía.
-¿Qué es lo que ponía?
-Era algo así como “Todo volverá a su cauce. La extinción es el nuevo paso hacia el futuro.”
-Tienes razón. No es que nos diga mucho.
-Pensé en llevárselo a Sarah para ver si le encontraba algún significado.
-Espera, déjame verla un momento –propuso Remi.
-Toma.

Sacándola de su bolsillo, se la entregó a Remi, quien la estuvo observando detenidamente durante unos segundos. Después de voltearla varias veces, el chico echó mano del teletransportador. Toqueteando un par de botones hizo aparecer una pequeña linterna que proyectaba luz fluorescente, utilizándola sobre el papel. Entonces, una sonrisa de triunfo apareció en su rostro.
-¿Qué ocurre? –preguntó su amigo con curiosidad y acercándose a él para observar lo que veía.
-Como imaginaba. La tinta parecía algo más diluida de lo normal, es un detalle difícil de percibir pero puede significar que hay algo más escrito. No me equivocaba.
-Déjame ver –dijo Kareth mientras le quitaba la hoja de las manos.
-“Debes evitar que el proyecto continúe. Mi muerte está cerca, dentro de poco vendrán a por mí. Por favor, detén los errores que cometí, Sarah.”. Así que este mensaje iba dirigido a ella. ¿Él ya sabía de su muerte?
-Si ese mensaje iba dirigido a Sarah, ¿no sería raro que fuese escrito para alguien que lo iba a matar? –preguntó Remi.
-Sí. Por supuesto que sí. Ahora que recuerdo, ella me dijo que aquella noche Darker quería contarle algo, pero no pudo decírselo antes de su muerte. Seguramente, él no se imaginaba que quien lo mataría sería su propia guardaespaldas –caviló Kareth.
-Exacto, por eso no le dio tiempo a decírselo, pero fue lo suficientemente cauto como para dejar una evidencia que no fuese fácil de descubrir.
-Pero hay algo que todavía no entiendo –interrumpió Kareth.
-¿El qué?
-¿Por qué sólo ha quedado este trozo de la nota? ¿Por qué no está el resto?
-Ni idea. Puede que alguien lo destrozase para que no pudiera leerse o que quedara así tras el asesinato. En cualquier caso, es posible que esta nota la salve.
-Tienes razón. Gracias, Remi.
-No hay de qué.
-Ahora mismo iré a ver a Lethos. Ya que es el líder de Karma, seguro que si le convenzo, podrá hablar con la justicia de Yohei Gakko y evitar la ejecución. O, como mínimo, ganar algo más de tiempo hasta la ejecución.
-Voy contigo –sentenció Remi.

Poco tiempo después ya habían llegado a la prisión.
-Tengo que hablar con Lethos. Es importante -informó Kareth a uno de los miembros de Karma, el cual asintió y fue a buscarle. Éste no tardó mucho en aparecer.
-¡Kar, ¿qué te trae por aquí?! Veo que no vienes solo –dijo Lethos.
-Venimos a comentarte algo acerca de la asesina –comenzó a decir Kareth.
-¿Qué ocurre?
-Verás…
-¡Oh! A mí también me gustaría escucharlo.

Interrumpiendo su conversación, una persona se situó junto a Lethos. Alguien con quien Kareth preferiría no haberse topado y cuya voz, de por sí, ya le resultaba repugnante. El sucesor de Darker: Rokudo.
-Seguramente ya le conocéis. Os presento al señor Rokudo, sucesor de Darker en Comhairle.

Tanto Remi como Kareth asintieron, mientras aquel hombre sonreía despreocupadamente, todavía con sus ya características gafas de sol puestas.
-Así que tenéis información sobre la asesina. ¿De qué se trata?
Los dos amigos se miraron, sin saber si continuar o no.
-¿Pasa algo? –preguntó Rokudo, extrañado (aunque a Kareth le dio la sensación de que se estaba divirtiendo a su costa).
-No... no es nada... –contestó Kareth, tensándose ligeramente.
Tras una rápida observación tanto a los que tenía delante como a su alrededor, el chico continuó con lo que había venido a decir.
-Tengo razones para pensar que ella no es en realidad la asesina.
Lethos se sorprendió ante aquella revelación. Por otro lado, la expresión de Rokudo no se alteró lo más mínimo.
-Ésa es una afirmación bastante importante. Supongo que tendrás pruebas que te apoyen –dijo Rokudo.
-Sólo una. Se trata de esta nota.

En ese momento, el chico sacó el papel y se lo entregó a Rokudo y Lethos. Fue el primero de ellos quien la cogió y leyó su contenido.
-No entiendo –dijo el hombre segundos después- ¿Qué significa?
-La encontré en la habitación en la que se hospedaba Darker. En la parte de atrás está escrita la prueba de lo que digo –continuó Kareth.
-¡¿Entraste en la habitación del señor Darker sin el permiso de Karma?! –exclamó Lethos, enfadado.
-¡Tenía dudas sobre ella siendo la asesina! ¡Así que hice lo que consideré necesario para resolverlas! ¡Tú mismo me dijiste que, cuando se cree que algo es injusto, se debe hacer todo lo posible para que sea considerado justo, ¿no es así?!
-¡Pero...! –Lethos intentó replicar, pero fue interrumpido por la mano de Rokudo.
-Tranquilo, Lethos –dijo el hombre, volviendo la mirada hacia Kareth- Te llamas Kareth, ¿cierto?
El joven asintió.
-¿Podrías enseñarme lo que hay escrito en la parte de atrás de esta nota? –fue durante un instante, pero al chico le dio la sensación de que se había puesto un poco nervioso.
-Claro -sin mostrarse muy convencido, el chico le hizo una señal a su amigo.
-Si se enfoca con una luz fluorescente podrás verlo –dijo Remi haciendo la demostración y desvelando el resto del mensaje.
-Entiendo… -Rokudo mantuvo una expresión seria mientras lo leía- ¿Puedo preguntarte en qué lugar de la habitación se encontraba la nota?

Al mismo tiempo que realizó aquella pregunta, el hombre miró directamente a los ojos de Kareth, quien no pudo evitar sentirse presionado. Puesto que ya les había contado sobre su entrada en la habitación, no iba a servir de nada mentir en los detalles.
-Estaba dentro de un pequeño cofre. Al abrirlo, observé que tenía un doble fondo y que en él, estaba la nota.
-¿Y como entraste sin que te descubriesen?
-Por la puerta principal. Me hice pasar por un miembro de Karma, al fin y al cabo conozco cómo funciona – mintió. No quería decir que había subido por la parte de atrás, no fuese a relacionarle con aquella “rata fisgona” que estuvo espiándole en su habitación.
-Ya veo. N te preocupes, Lethos. No pasa nada.
-Pero…
-Entiendo lo que le motivó a investigar. Eres amigo de Sarah, ¿no es cierto?
Kareth asintió.
-Sin embargo, me temo que tendrás que aceptar que ella es una asesina.
-¿A-a que te refieres? –preguntó el joven, confuso.
-Este mensaje es claramente falso. La letra no es la de Darker.
-Pero ahí pone que...
-Sé lo que pone, y siento decirte esto, pero habéis caído en la trampa de esa chica. Seguramente, la nota fue escrita por ella misma. Una manera de intentar exculparse. Y por poco le funciona, por lo que he podido observar –explicó Rokudo mientras les miraba. Tras esto, rompió la nota, haciéndola completamente ilegible- Es horrible que haya ocurrido todo esto, y sé que cuesta aceptarlo. A mí también me costó al principio, pero la realidad es así.

Conforme escuchaba cada palabra que salía de su boca, el chico tenía que hacer un gran esfuerzo por contener la ira que iba creciendo cada vez más en su interior. Pese a sus palabras, lo único que veía era mentiras. Puro teatro.
-¿Acaso dudas de mí? -comentó el hombre ante su silencio.
¡Por supuesto que dudaba! Es lo que le hubiese gustado gritar, pero eso no mejoraría las cosas.
-N-no… -respondió.
-Me alegro, porque lo que estoy diciendo es la verdad. Bueno, si no tenéis nada más que añadir, tenemos que preparar una ejecución para mañana. Vamos, Lethos.
-Sí –dijo el líder de Karma mientras le seguía. No sin antes echar la vista atrás en dirección a Kareth y Remi, mostrándose decepcionado.

#22

11

Acostada sobre el frío y oxidado banco, en aquella sucia celda, Sarah intentaba descansar pese a que la culpa y el arrepentimiento la seguían torturando.

Incapaz de relajarse, decidió quedarse sentada. No podía pensar en nada más, en su mente sólo había voces que la hacían sentirse la peor escoria de la raza humana, obligándola a recordar, una y otra vez, cómo su espada atravesaba el corazón de la persona a quien había considerado como un padre.

Mientras seguía dándole vueltas, sus dedos acariciaron un pequeño anillo con una pluma incrustada en él. Se trataba de un recuerdo anterior a la inyección de Radiar. Sin embargo, al igual que cualquier otro usuario, era incapaz de recordar por qué lo tenía o de dónde lo había sacado, pero tenía la sensación de que era algo importante que debía conservar y que, por suerte, le habían permitido conservar.

Se preguntaba cómo estaría la situación en el exterior. Si Kareth se habría marchado de Yohei Gakko para realizar alguna misión o si sus habitantes habrían llorado la muerte de Yami.

Perdida en aquel mar de tristeza, se sorprendió un poco cuando escuchó el ruido de pasos acercándose a su celda, pero no tardó en sospechar que se trataba de sus ejecutores.

Poco después, aparecieron ante ella cuatro personas pertenecientes a Karma, junto con su líder.
-Llegó la hora. Por la presente autoridad que le corresponde a Karma, seremos los encargados de llevarte hasta el lugar en el que se producirá la ejecución. Levántate, por favor.

“Qué formal”, pensó ella, asintiendo y obedeciendo sus órdenes. Pese a su finalidad, se consideraba una especie de evento. Supuso que de ahí venía ese lenguaje, en lugar de tratarla con insultos y gritos. Puede que eso llegase más tarde.

Entonces, esperó a que abriesen la puerta y le pusiesen las esposas y grilletes, siendo llevada de los brazos al exterior.

Mientras tanto, Kareth observaba la prisión desde uno de los puntos más altos que conocía en Yohei Gakko. Pese al poco tiempo para prepararlo, ya tenía un plan a seguir. Desde allí, divisó a la multitud presente en el lugar de la ejecución. Dada la cantidad, no podía evitar pensar que se había convertido en alguna clase de espectáculo, aunque se alegraba de que los niños no pudiesen verlo. De cualquier forma, él mismo iba a encargarse de evitar que pasase. Con ello en mente, desvió la mirada hacia la zona en la que se encontraba Remi, dispuesto a cubrir su retaguardia.

Así pues, llegó el momento en que Sarah salió de prisión. La acompañaban cuatro escoltas además de Lethos, quien iba a la cabeza. No tardaron en situarse frente a la multitud, donde también esperaba Rokudo, para dar comienzo a la ejecución.

En un lateral se erigía la justicia de Yohei Gakko. Los grandes mandatarios que habían decidido el día en el que se iba a dar muerte a la chica. Una serie de personas capacitadas (o al menos así se las consideraba) que conocían bien las leyes y el modo de hacerlas cumplir. Aunque, a ojos de Kareth, esta vez se habían equivocado completamente.

-Bienvenidos –dijo Rokudo, con voz calmada y acallando a la multitud- Como ya sabéis, hoy nos encontramos aquí con el fin de ejecutar a la asesina de uno de los miembros de alto rango de Comhairle, Yaminari Darker, a quien le fue arrebatada su vida hace aproximadamente dos días, siendo atravesado su corazón por una espada. En base a los hechos, la justicia de Yohei Gakko ha decidido que su sentencia sea la pena de muerte, para lo que utilizará la misma espada con la que ella asesinó a la víctima. Si nadie tiene algo más que añadir, procederemos.

“Maldito seas, matarla con esa espada, ¿es que quiere hacerla sufrir más de lo que ya lo ha hecho?”, pensó Kareth, apretando los dientes.

Nada más finalizar aquel pequeño discurso, Rokudo dio paso al verdugo que se encargaría de hacer el trabajo. No era el típico individuo corpulento, que se tapaba la cabeza con un saco y blandía una gran hacha como si fuese un palo, tal y como se rumoreaba que se hacía en otras épocas mucho más anteriores. Era una persona bastante normal salvo por el hecho de llevar puesta la máscara de un demonio y vestir con ropajes oscuros ya que, incluso en la cultura actual, el color negro seguía simbolizando la muerte.

La vista de Kareth le permitió ver la expresión de Sarah. Tenía los ojos cerrados, como si no quisiese enfrentarse a la muchedumbre enfurecida. Ni siquiera debían de quedarle lágrimas con las que llorar su propia muerte, puesto que se habrían secado al lamentar la de Darker. Si a eso le sumaba el hecho de que ella misma se consideraba culpable, era comprensible que no tuviese fuerzas para sentir pena por ella misma. Aquello le resultaba molesto. ¿De verdad tenía que rendirse tan pronto? Kareth estaba seguro de que la chica no quería morir. Estaba seguro de que, en el fondo, esperaba que todo se solucionase. Quería convencerse de ello.

Había llegado el momento de actuar. Echando un último vistazo al lugar de la ejecución, a fin de calcular bien la distancia que debía saltar, se situó en el borde del edificio y encogió las piernas. Acto seguido, sacó algo de su teletransportador y le hizo una señal a Remi, quien preparó su arma.

Por otro lado, en la zona de ejecución, dos miembros de Karma obligaron a Sarah a ponerse de rodillas. A su vez, el verdugo alzó la espada, disponiéndose a cumplir con su trabajo. Fue entonces cuando Rokudo preguntó, como era costumbre en estos actos, por la última voluntad de la joven.
- No tengo nada que decir. Acabad con esto de una vez –afirmó mientras su voz se quebraba.
-Como desees -dijo Rokudo, alejándose de allí.

La gente estaba expectante. De repente, todo había quedado en silencio. Ni abucheos, ni gritos, ni insultos. Puede que verla aceptar su propia sentencia les hubiese dejado sin palabras. Que fuese la primera vez que observaban un caso como ése. O que, simplemente, la tensión acumulada por lo que estaba a punto de suceder, les hubiese enmudecido.

En ese momento, una explosión rompió el silencio, dando lugar a una intensa humareda que lo cubrió todo. Acto seguido, una figura vestida con capa apareció desde arriba y penetró entre el humo, saliendo segundos después a una velocidad pasmosa.

Aquella situación provocó el pánico entre la multitud, de manera que la mayoría de los que estaban allí corrieron a buscar refugio para evitar un mal mayor.

Cuando por fin se hubo disipado el humo, se pudo observar tanto a los guardias, así como al resto de personas junto a la acusada, en el suelo y tosiendo.
-¡¿Qué ha pasado?! -preguntó Lethos, alterado y confuso.
-¡La chica ha desaparecido! –exclamó uno de los guardias.
-¡¿Qué?! ¡¿Cómo es posible que haya desaparecido delante de nosotros?!
-Me temo que alguien la ha ayudado.
-¡Señor Rokudo! –exclamó Lethos al escuchar las palabras del sucesor de Darker.

Levantándose del suelo, Rokudo se espolsó el polvo de la ropa. Su expresión transmitía tranquilidad, como indiferente a lo que acababa de pasar.
-¿Está bien? -preguntó Lethos.
-Sí. Más importante, será mejor que empecéis a buscarla cuanto antes.
-¡S-sí, señor!

Dicho esto, Lethos empezó a dar órdenes para que Karma se movilizase. Algunos de sus miembros se encargaron de tranquilizar a los civiles mientras otros se organizaban en patrullas de búsqueda. Rokudo desplazó la vista hacia el edificio en el que anteriormente había estado Kareth. Tras esto, sonrió.

Sarah todavía tenía los ojos cerrados. Entre el humo y la confusión, no había tenido tiempo de abrirlos. Sentía que alguien la sujetaba por la cintura y la levantaba por el aire entre salto y salto. Una vez hubo reunido la suficiente, decidió echar un vistazo.

La persona que cargaba con ella se había ocultado bajo una capa. Se movía de edificio en edificio, rápidamente.
-¿Q-quien eres? –preguntó.
-Un amigo de la justicia –contestó con simpleza.
-¿A-amigo de la justicia?
-No te preocupes, cuando lleguemos a un lugar seguro te explicaremos todo.
-¿Explicaremos? –aquella conversación sólo estaba consiguiendo confundirlas aún más.
-¡Por aquí! –exclamaron las voces de miembros de Karma que habían logrado dar con ellos.
-¡Mierda! ¡Son mejores de lo que pensaba! Es bueno saber que la seguridad de Yohei Gakko no está llevada por unos debiluchos. Lástima que ahora mismo eso no nos convenga.
En ese instante, un disparo de procedencia desconocida impactó sobre los guardias, quienes salieron despedidos hacia atrás, perdiéndose de vista por el momento.

Aprovechando la ocasión, el encapuchado bajó del edificio en que se encontraba y se introdujo por un callejón. Allí lo esperaba otro encapuchado que le hizo señales para que le siguiese.

Abriendo una pequeña puerta, los tres entraron en una especie de almacén.

#23

-No creo que podamos permanecer mucho tiempo aquí, pero será suficiente para que se despeje un poco el área -informó uno de los encapuchados, cerrando la puerta, no sin antes comprobar que nadie les seguía.

El segundo de ellos, quien llevaba a la chica en brazos, la soltó, permitiéndola caminar con sus propios pies.
-¿Quienes sois? -volvió a preguntar, empezando a tomar una actitud desafiante.
Al escuchar su tono, Kareth y Remi se quitaron la capucha.
-Amigos de la justicia -repitió Kareth.
-¡¿K-Kareth?! ¡¿Qué diablos estás haciendo?!
-¿No es obvio? Salvarte la vida.
-Pero, ¡¿os dais cuenta del lío en el que os habéis metido?! ¡Os van a matar!
-Ya conocemos las consecuencias. Llevamos siendo estudiantes aquí desde hace tiempo. Así que conocemos sus leyes.
-¡Pero…!
-No nos importa.

Viéndose interrumpida, la chica se quedó en silencio, calmándose un poco.
-Hemos decidido hacer esto por voluntad propia. Así que te sacaremos de aquí e iremos a un lugar donde no puedan alcanzarnos –dijo Kareth.
-Lo primero será buscar un escondrijo mejor que éste –propuso Remi.
-Lo sé, pero ¿dónde?
-¿La cafetería Seigari?
-¡¿Estás loco?! –se enfadó Kareth.
-Sé que es arriesgado, pero allí tienen un sótano donde podemos escondernos, y su casa está bien resguardada. Estaríamos seguros mientras pensamos en una forma de escapar –explicó Remi.
-¡Agh! ¡Maldito seas tú y tus argumentos! –se quejó Kareth mientras se debatía entre hacer caso a su amigo y buscar otras opciones.
-¡Buscad por aquí! -fuera del almacén podía escucharse la voz de los guardias de Karma.
-¡Ya están aquí! -avisó Remi, acercándose a la puerta con su arma alzada.
-No tenéis por qué hacer esto –dijo Sarah.
-A estas alturas ya no hay vuelta atrás. Laméntate cuando salgamos de aquí. ¡Remi!
-¡Dime!
-Cuida de ella. Todavía no saben que somos dos, así que saldré yo primero y los distraeré. Mientras tanto lleva a Sarah hasta la cafetería.
-Entendido.
-¡¿Vas a salir tú solo?! –replicó ella.
-No te preocupes por él. Cuando quiere, sabe apañárselas. Demasiado bien, diría yo –bromeó Remi ante la incredulidad de la joven.
-Estaré bien. No tardaré en reunirme con vosotros.

Tras despedirse, Kareth se puso la capucha de su capa sobre la cabeza y salió a la vista de sus perseguidores. Después de un rato, y asegurándose de que la zona estaba despejada, llegó el turno de salir para Sarah y Remi.

Corriendo por el sector de ocio, Kareth se dio cuenta de que apenas había civiles o estudiantes, ya que la mayor parte había asistido a la ejecución. Por suerte, aquello evitaba distracciones y facilitaba su movimiento.

Puesto que mantenía la vista al frente, no pudo contar bien a sus perseguidores, pero, con un rápido vistazo, llegó a distinguir a cuatro de ellos, aunque quizás hubiese más escondidos. Al fin y al cabo, habían sido entrenados en el mismo sitio que él. No podía bajar la guardia.

Como si hubiesen leído sus pensamientos, uno de ellos apareció delante de él. Se trataba de Lethos, quien avanzó rápidamente hacia él y lanzó un ataque directo a su cuello mediante un fino cuchillo. Iba a matar.
Por suerte, Kareth consiguió esquivarlo a tiempo agachándose y realizando una voltereta una voltereta hacia delante para controlar la inercia de su carrera. Sin embargo, aquel movimiento le quitó la capucha, descubriéndolo.
-¡¿Kar?! -se extraño Lethos, dándose la vuelta para encarar al joven.
-Eso me temo -contestó Kareth, con una rodilla apoyada en el suelo.
-¡Así que has sido tú quien ha secuestrado a la asesina!
-Preferiría que lo llamases “salvarle la vida”.
-¡Eso no importa! ¡¿Se puede saber en qué diablos estás pensando?!
-¿No es obvio?
-¡No te creía tan loco como para hacer algo así!
-¿Sabes? Me estoy empezando a cansar de que la gente me considere uno -respondió el chico, levantándose.
-¡No hay otro nombre para alguien que pretende enfrentarse a una ciudad entera por una asesina!
-No, Lethos. Ella no es la asesina.
-¡El señor Rokudo dijo que aquellas pruebas eran falsas! ¡Deja de engañarte, Kar!
-Me pregunto quién es el que está siendo engañado.
-¡¿Qué dices?!
-¡Ese tipo es un farsante, Lethos! ¡Os está mintiendo a todos!
-¡¿Cómo puedes decir algo así?!
-¡¿No te das cuenta?! Siendo el sucesor de Yami, a él era a quien más le convenía su muerte. De hecho, ¿qué motivos iba a tener la asesina para matarlo?
-¡Kareth, ella fue…!
-¡Sé de sobra lo que ocurrió! ¡Y no tengo explicación de cómo llegó a suceder! Al menos, no todavía. Pero, ¿no te das cuenta de que hay algo que no encaja en todo esto?
-Kar...
-Lethos, por favor, escuch…
-¡Ya es suficiente, Kar!
-Pero…
-¡He dicho que es suficiente! –exclamó el líder de Karma, apretando fuertemente la empuñadura de su cuchillo- Los hechos son los hechos. Los motivos que tuviese no me importan. Dime, ¿acaso puedes probar que fue el señor Rokudo quien mató al señor Darker?
Por desgracia, Lethos tenía razón, no podía demostrar nada.
-Lo suponía. Kareth, voy a darte una oportunidad. Si te entregas y me dices ahora mismo dónde está la chica, puedo asegurarte que me ocuparé personalmente de que no se te considere cómplice. De lo contrario, no tendré más remedio que testificar en tu contra. Y ya conoces la pena que impondrán.

Ambos se miraron fijamente. Mientras hablaban, el resto de miembros se habían dispuesto a su alrededor, bloqueándole la retirada.

Kareth suspiró.
-No pienso pelear contra ti –declaró.
-Gracias por entenderlo, entrégate y…
-¡No me malinterpretes! –interrumpió-. He dicho que no voy a pelear contra ti, pero mi objetivo sigue siendo el mismo. No me voy a detener, Lethos. Ni tú tampoco.

Lethos guardó silencio durante unos instantes, mostrándose dubitativo con respecto a lo que acababa de oír.
-Ya veo. Entonces serás capturado y ejecutado al igual que ella –dijo, poniéndose en guardia.
-Siento repetirme, pero no me vas a detener –le desafió Kareth.
-¡A por él! -exclamó el líder de Karma.

Dos de los guardias se abalanzaron sobre Kareth, quien se agachó a tiempo para evitar ambos ataques. Acto seguido, apoyó sus dos manos sobre el suelo, y golpeó sus mentones con la planta de los pies. Percibiendo que sus compañeros no se iban a quedar quietos, apretó su teletransportador, haciendo aparecer, delante de él, el arma que ya había usado en la prueba final.

Entonces, cogió la cadena que unía las espadas e hizo que girasen a su alrededor como un molino de viento, realizando varios cortes al resto de guardias.
-¡Conmigo no te resultará tan fácil! -gritó Lethos, quien había sacado un segundo cuchillo y avanzaba hasta él dispuesto a acabar con él.

De nuevo, Kareth logró evadir su ataque a tiempo, aprovechando el escaso tiempo que había conseguido para cambiar su arma por dos bombas de humo, que utilizó al instante para cegar a sus oponentes.
-¡¿Qué...?! –se quejó Lethos, tapándose los ojos con el brazo y poniéndose a toser por el humo- ¡Otra vez!
-Ya te lo he dicho, no pienso pelear contra ti.
-¡Me da igual dónde te escondas! ¡Te atraparé!
-En ese caso, te estaré esperando –mientras contestaba, la voz de Kareth fue atenuándose más y más hasta desaparecer.
Cuando se hubo disipado el humo, ya no quedaba rastro de él.

Por otro lado, Remi y Sarah llegaron al lugar acordado, vigilando que nadie les siguiese.

Ni Nara ni su tío habían ido a la ejecución, por lo que ambos se encontraban en la cafetería. Esto, en cierto modo, facilitaría un poco las explicaciones.

También era de agradecer que no hubiese clientes ese día.
-¡Perdón! ¡Sentimos interrumpir! –dijo Remi, irrumpiendo con fuerza en el local.
-¡Uaaah! –gritó Nara, asustándose por la repentina entrada de los fugitivos y tropezándose con una de las tantas sillas del establecimiento, cayendo al suelo de rodillas.
-¡¿Remi?! ¡¿Qué haces aquí?! ¡¿Y quién es esa chica?! -el dueño de la cafetería y estaba detrás de la barra, al parecer, limpiando algunos vasos-. ¡Espera! ¡¿No es ésa la asesina?! ¡¿Qué hace ella en mi cafetería?!
-Em… esto… bueno… Kareth y yo… -intentó explicar el joven, trabándose por las prisas.
-Tranquilo, chico. ¿Quieres tomar algo mientras me lo explicas?
-¡¿Tío?! -preguntó Nara, incrédula.
-Sí… gracias… ¡No, espera! ¡No es momento para esto! –respondió Remi-. Metámonos en la cocina. Allí estaremos más seguros.

Tras una rápida explicación, tanto Nara como Seigari fueron informados de la situación.
-Así que la habéis secuestrado y salvado su vida –dijo Seigari.
-Sí, aunque...
-Y ahora os están persiguiendo –interrumpió el hombre.
-Sí…
-Y vosotros creéis en su inocencia.
-S-sí…

Remi se sentía algo incómodo por la mirada que le dirigía el dueño de la cafetería.
-Ya sabéis dónde está el sótano. Usadlo para esconderos –dijo Seigari
-¿Qué? –sorpresa fue la reacción que tuvieron los demás.
-¿Hablas en serio? -esta vez fue Remi quien preguntó.
-Tan en serio como que soy el dueño de este sitio. Confío en vosotros, así que ¿por qué iba a negarme a ayudarla yo también? -Seigari desplazó la vista hacia la chica peliazul-. Sarah, ¿verdad? -ella asintió-. ¿Quieres tomar algo? -preguntó con completa normalidad mientras volvía a lo que estaba haciendo.
-¿Por qué?
Todos la miraron.
-¡¿Por qué hacéis esto?! ¡¿No os dais cuenta de que irán a por vosotros?! ¡Soy una asesina! ¡Yo misma acepté mi culpa! ¡Deberíais entregarme y alejaros de mí! –gritó ella, agarrándose el pecho como si le doliese y mostrando cara de desesperación.
-Dudo que sirva de algo insistir -dijo Nara, con cierta nostalgia en su voz-. Conozco a Kar desde hace mucho tiempo. En el momento en que toma una decisión no va a dar su brazo a torcer. Además, si lo hace estoy segura de que es por una buena razón. Si te apetece cualquier cosa, no dudes en pedírnoslo –sentenció, sonriendo.

Sarah intentó replicar, pero no le salieron las palabras. Era incapaz de creer que existiese gente como ellos, lo que le hizo que el recuerdo de Yami volviese a su mente.
-Vamos al sótano. Estoy seguro de que Kar llegará enseguida -sentenció Remi.

#24

12

El sótano que utilizaron para esconderse era un lugar bastante amplio. En él se podían observar todo tipo de alimentos no perecederos almacenados en cajas y un frigorífico con aquellos que necesitaban conservarse en frío. Además, también se podían encontrar utensilios de cocina y otros objetos. Todo ello destinado a reponer aquello que se consumiese o rompiese.
-Este lugar es perfecto como escondite -comentó Remi-. Además de que conecta con vuestra casa –dijo esta vez, refiriéndose a Seigari y Nara.

Mientras hablaba, el joven abrió una pequeña compuerta en el techo, apareciendo tras ella un salón.
-Puede venir bien como vía de escape. No les será fácil cubrir ambas salidas.
-Parece que se haya hecho con esa intención –se sorprendió Sarah.
-Seigari siempre ha sido algo pícaro, así que no sería de extrañar. Además, imagino que le servirá en caso de evacuación.

Finalmente, y con un largo suspiro, el chico se relajó en uno de los sofás que había en el salón.
-Adelante, ponte cómoda. Aquí estaremos seguros. Cuando llegue Kareth decidiremos qué hacer –propuso Remi, señalando uno de los cojines que conformaban el mueble.
-Sois unas personas extrañas.
-Yo no me considero así. Puede que los demás sean los extraños. Ya sabes, ¡justicieros!
Sarah rió.
-¿Acaso sois niños?
-En parte, diría que sí. Al fin y al cabo, probablemente seamos más inocentes que quienes viven fuera de Yohei Gakko.

En otra parte de la ciudad, Kareth se mantenía oculto de Karma moviéndose entre los callejones. Sus perseguidores parecían haberse multiplicado, y según su experiencia combatiendo contra ellos, eso no quería decir nada bueno. Pese a ello, seguía sin tener intención de echarse atrás. Tenía que reunirse con los demás lo antes posible.

Así pues, continuó su camino hasta llegar una calle más ancha y larga, por la que si bien las probabilidades de ser visto eran mayores, no tenía más opción que arriesgarse a pasar si quería llegar hasta su destino.

Teniendo eso en cuenta, primero echó un rápido vistazo para comprobar que no había nadie. Tras ello, se atrevió a salir, llegando sin problemas al otro lado de la calle. ¿Cuántas veces más hacer esto? Kareth suspiró, intentando liberar algo de estrés.

Después de un largo rato de silencio entre Sarah, Nara y su tío entraron por la puerta principal de su casa.
-Creía que ibais a tardar más -dijo Remi-. ¿Por qué habéis usado la puerta principal?
-Porque el sótano es para casos de emergencia. Mientras no los haya para nosotros, podemos entrar perfectamente por la puerta principal -contestó Seigari.
Por alguna razón, el tío de Nara parecía disfrutar con todo aquello.

-¿Qué te parece la casa, Sarah? No es gran cosa, pero imagino que es más acogedora que la celda en la que estabas –dijo Nara con una sonrisa triste.
La chica asintió.
-Gracias -respondió ella, mostrándose inusualmente tímida.
-No tienes por qué ser tan formal -se quejó Seigari.
-Lo siento. Es que después de lo que ha pasado, me resulta extraño recibir buen trato.
El hombre se sintió algo molesto por su actitud, pero decidió dejarlo estar, entendiéndolo como algo normal dada la situación.
-En fin, ¿queréis comer algo? –preguntó.
-Sí, por favor, estoy muerto de hambre, ¿te queda algo de esa salsa tan rica? -preguntó Remi alegremente.
-¡Ah! Creo que no queda, pero podrías hacer un poco, tío, Así Sarah podría probarla. De hecho, cuando la conocí, demostró tener un gran apetito.
-Bueno, siempre me ha gustado probar cosas nuevas –respondió ella con cierto nerviosismo.
-Aunque ahora pareces estar más nerviosa -indicó Nara, recibiendo el silencio de Sarah como contestación- Nunca hay que rendirse ante la muerte. –dijo de repente.
-¿Qué? –se sorprendió Sarah.
-Nunca te rindas ante la muerte. Estoy segura de que no es lo que mereces.

Finalmente llegó la noche de aquel ajetreado día. Kareth todavía no había vuelto, sin embargo la única que parecía preocupada por ello era Sarah. Los demás confiaban plenamente en que aparecería por la trampilla en cualquier momento. Tardase lo que tardase.
-Oye, Seigari, ¿te has asegurado de dejarle la cafetería abierta para que pueda entrar? –preguntó Remi.
-No te preocupes, la puerta de atrás está a su disposición –contestó el hombre.
-Entonces bien.
-¿La puerta de atrás? - preguntó Sarah.
-Está bien escondida. A veces la hemos utilizado para entrar sin que nos vean. Ya sabes, en caso de gastásemos alguna broma pesada o simplemente para no molestar al resto de clientes –explicó el joven.
-¡¿Pero cuántas maneras de esconderse hay en este sitio?!
-Y las que quedan por ver –rió Remi.

Sarah no daba crédito. Había ido a parar a una guarida secreta con aspecto de casa normal y corriente.
-Oye, Sarah -dijo Nara-. Ahora mismo me iba a meter en el baño. ¿Quieres acompañarme?
-¿Eh? Sí, claro ¿Si no te importa?
-¡Por supuesto que no! -respondió la chica animadamente.
-Oh, eso suena interesante. ¿Puedo unirme? –bromeó Remi
-¡Remi! –se quejó Nara.
-Tranquila, era broma. Bueno –meditó durante unos segundos, mesándose la barbilla-, o quizás no -sonrió maliciosamente una vez se hubieron marchado.
-Hijo, si intentaras algo que no debes, no saldrías vivo de esta casa -indicó Seigari, levantando el cuchillo que estaba utilizando para preparar la cena.
-Eh. Lo he captado –sentenció Remi, con las manos levantadas y cara de preocupación.

Una vez en el baño, Sarah pudo sentirse algo más relajada. Hundió la cabeza en el agua para intentar despejarse, sin embargo los recuerdos del momento del asesinato no dejaban de perseguirla.

Con ojos tristes, observó sus manos, sintiendo que ya no le pertenecían.

Fue ella quien le mató. Con aquellas manos. Una parte de ella seguía diciéndole que lo mejor era morir y, aun así, otra no quería ¿Acaso tenía miedo? ¿Las palabras de Kareth le habían dado esperanza? Él creía en ella, ¿era lo correcto corresponderle y seguir viviendo?

Una vez su cabeza emergió a la superficie, una ola de agua mojó su rostro.
-¡Ah! -gritó la chica, ya que estaba fría.
-Pensé que te ayudaría a dejar de pensar -dijo Nara divertida.
Mientras Sarah se encontraba en la bañera, ella se estaba lavando con el agua de la ducha. Poco después, se unió a ella.
-Era alguien muy importante para ti, ¿verdad?
-Sí.
-Lo entiendo. Si algo así le ocurriese a mi tío yo también me sentiría igual. Debe de ser horrible.
Sarah levantó la cabeza y la miró fijamente.
-¿Tú sabes lo que ocurrió? –le preguntó.
-No con mucho detalle. Pero Kar me dijo que tú se lo contaste y que no le parecías en absoluto una persona que pudiese asesinar a alguien.
-Yo...
-Sólo una persona desalmada sería capaz de hacerlo. Y, personalmente, soy incapaz de verte de esa manera -dicho esto la chica la cogió de los hombros-. Mírate en tu interior. Piensa en cómo eres y en lo que puedes hacer. ¿De verdad crees que la única solución es aceptar que tú eres quien lo mató?
-Pero…
-¡Da igual las situación que se diera! ¡No importa que sólo estuvieses tú! ¡Las cosas no siempre son lo que parecen y lo que creemos tan real no es más que una simple ilusión! ¡Aunque tu cuerpo actuase como lo hizo, tu mente no te dio esa orden, ¿verdad?! ¡Entonces, ¿cómo puedes afirmar tan fácilmente que eres la asesina!¡Deja de tomar el camino fácil! ¡Deja de perseguir ilusiones y medita sobre qué es real!

Todo se quedó en silencio a excepción del sonido que producían las gotas al salpicar.
-Perdónate a ti misma –dijo finalmente Nara, bajando los brazos y destensando su cuerpo, el cual sintió cómo se debilitaba de repente.

Sarah desvió la mirada durante unos instantes. Era como si hubiesen abierto una puerta que no sabía que existiese, o que, aunque lo supiese, no había querido ver. Si en ese momento seguía mirándola, tenía la sensación de que la iba a deslumbrar.
-Tienes razón. Creo que, al menos, debo intentarlo.
-¡Así se habla! -sonrió Nara-. Seguro todo saldrá bien. No te preocupes.
Sarah asintió. Aquella chica había conseguido que se sintiese un poco más liberada.
-Bueno, será mejor que salgamos –dijo Nara
Tan pronto como la chica se levantó la puerta del baño se abrió, entrando Kareth en él.
-Ah… -frente a él, su amiga se encontraba completamente desnuda, provocando una situación increíblemente incómoda en la que ninguno se atrevió a moverse o hablar.
-M-mejor me voy. -dijo Kareth, fingiendo una sonrisa y cerrando la puerta tras de sí.
La joven continuó de pie en la misma posición, como una estatua.
-¿E-estás bien? –preguntó Sarah.

Como si toda fuerza hubiese abandonado su cuerpo, sus piernas le fallaron y cayó de rodillas obre la superficie de la bañera, sumergiéndose completamente bajo el agua. Desde arriba, Sarah pudo ver el intenso rubor que coloreaba las mejillas de su amiga.
“¿Por qué él?”, dijo Nara debajo del agua, transformándose sus palabras en pequeñas burbujas que estallaron en la superficie, mientras ella se hacía cada vez más pequeña. Contemplando aquella escena, Sarah, suspiró.