NCVG20
Rango1 Nivel 4 (22 ptos) | Redactor Becario

Sinopsis

El mundo ha colapsado, los países han sido destruidos y olvidados hace siglos. En este mundo donde el conocimiento ha sido olvidado, Rusia es un lugar muy especial, alejado del mundo por un muro de radiación y enfrentado entre su propia gente además de cosas extrañas que se avistan en los bosques. Las facciones deben buscar una manera de sobrevivir o ser asimilados por un rey que según las leyendas ¿Puede verlo todo?. Historia de sangre, traiciones, planes y monstruos, Rusia podrá sobreponerse a estas Calamidades o será asimilada por El Hijo del Invierno.

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Flaneta
Rango12 Nivel 56
hace alrededor de 2 meses

No le leen ni en casa.

NCVG20
Rango1 Nivel 4
hace alrededor de 1 mes

Me alegro por tu opinion, pero no escribo para que me lean si no porque me gusta. Espero tenga un buen dia amiga/o :D


#2

Prólogo

El sonido de las ventiscas se oían por toda Rusia, una vez más el invierno había llegado a tiempo. Los animales corrían por todos los lares escogiendo cuidadosamente los lugares por donde adentrarse al bosque, era un lugar peligroso después de todo, Rusia ya no es lo que era, hace siglos una guerra que asoló el mundo devastó toda la Tierra, bañándola en radiación y aniquilando a toda su población, pero detrás de una muralla amarillenta de radiación y muerte se halla una tierra indómita e imperecedera, una Rusia que no conoce sus orígenes, su legado, ni su historia. Cambiados a través del tiempo los animales se transformaron, legados de un pasado ya olvidado permanecieron en esa tierra, con razas de humanos distintas a las demás, bosques llenos de bestias desconocidas que habían sometido a la humanidad durante décadas, pero... ya no más.

Hace 3 años el Zarevich Alek había tomado el poder convirtiéndose en el nuevo Zar de Rusia, tomando el legado atróz de su padre, emprendió una guerra contra todas las razas de Rusia y todas esas extrañas bestias que habían sido adoradas como dioses en los bosques indómitos de esa tierra salvaje, provocando genocidios y la muerte de muchos de esos entes abstractos que se encontraban dentro. Ahora solo faltaba poco para que todo cayera en manos del sanguinario rey de una raza marcada para la conquista.

A la lejanía hacia Moscú se podía ver como las ciudades avanzaban como nunca antes, con una tecnología que solo podía haber existido en las eras pasadas y hacia el otro lado en Krasnoyarsk solo podía divisarse el fuego y la desolación, humanos con el cabello rojo apilados uno sobre otro mientras el hedor de sus cadáveres impregnaba el aire y el resto siendo sometidos por las fuerzas del Zar que tomaban e incendiaban sin piedad aquellas aldeas.

Ante tal panorama desolador en otro lado de esos páramos helados unos soldados arrastran a un humano fornido y lleno de heridas hacia un palacio como jamás había visto el hombre, gigantesco y monumental como ningún otro, de colores singulares acompañado con decoraciones que no parecían de este mundo.

Aquel hombre arrastrado levantó la cabeza y miró a la cima que estaba casi fuera de la visión de cualquiera, pero no para él, ahí se encontraba su destino, aquel que había causado toda esta desolación y había matado a su amada hermana hace tiempo.

Ahí es donde trataría de conocer las intenciones del Zar, ahí es donde conocería la historia del hijo del invierno.

#3

Capítulo 1 - El hombre de Rojo

La nieve caía lentamente mientras tocaba las manos de Alek, Rusia era fría, pero a veces también solía tener épocas en las que el calor no faltaba, la verdad, la nieve era algo más espectacular para sus ojos, el cielo blanco parecía despedazarse sobre el suelo dando una visión sobre la tierra más hermosa jamás vista por alguien.

No le había tomado más de tres años dominar la mayoría de las tierras que se encontraban en ese país, los rusos en su totalidad eran muy diferentes en cada sector, pero todos compartían una cosa, una voluntad inquebrantable, por más dura que fuere la situación muchos peleaban hasta el final, sin importar sus motivos, él tenía una un solo propósito... unificarlos a todos y la guerra no era más que un medio para lograrlo.

Desde su fortaleza muchas veces se preguntaba si hubo un tiempo en el que él pudo haber tomado este mundo de una forma diferente.

—Mi Zar, le traemos al prisionero, la parte norte del país ha sido tomada —Entró el soldado interrumpiendo sus pensamientos.

—Bien háganlo pasar —Llevó un vaso pequeño de Vodka a sus labios por unos instante y lo saboreo hasta quedar satisfecho.

De entre las gigantescas puertas pasó un hombre con el cabello rojo, un rojo tan puro que parecía sangre a la vista y la piel tan blanca como la nieve solo obstruida por esas cicatrices que llenaban su pecho y su espalda.

—Alek, eres un monstruo para toda Rusia —Gritó la figura que parecía tener varias heridas en el cuerpo, seguramente de la batalla que tuviera antes de ser capturado— ¿Crees que generando genocidios en masa alguien te seguirá?

—Puede que sí —Sus ojos se fijaron en un copo de nieve que al entrar en la habitación se derretía al contacto con sus manos, tal como muchas vidas lo hacían en ese momento fruto de sus deseos— unificaré Rusia a base de orgullo o temor, me da lo mismo, los Krasnyy no evitaran que eso ocurra —Su vista se perdió en el más allá de esas tierras.

—Jamás llegarás a ser un Zar para nosotros, ni siquiera para los Beli —Escupió esas palabras— ¿Piensas que los conquistarás con promesas de poder? ¿o puede que con tu hermosa humanidad?

—Mi humanidad murió hace tiempo —interrumpió con una calma atróz en sus palabras— no lo dudes, aunque no lo creas esto lo hago por el bien de Rusia, presiento de que no somos los únicos en este mundo —calló por un momento— ni lo seremos.

El hombre de rojo lo tomó por loco, todos conocían las historias de cómo una gran guerra había asolado a todo el mundo, fruto de la inalcanzable ambición humana, como armas de poder masivo habían destrozado todo a su alrededor dejando solo Rusia con vida, puesto que fuera de esas tierras un muro amarillento de radiación no permitía el paso fuera de estos territorios, solo acercarse ligeramente a esos lugares terminaba en muerte. Fruto de la guerra habían nacido tres razas en aquel lugar, una de ellas a la cual pertenecía y a la que aquel monarca loco quería conquistar.

—Eres un demente, Rusia es lo único que quedó después de la gran devastación —Las llamas con la que ardía su corazón cesaron un poco y con dificultad comenzó a hablar con calma— aún puedes hacer retroceder a tus fuerzas, aún puedes tener el respeto, no de un pueblo sometido quizá pero si de un aliado, uno que ayudará a vivir en paz a tu gente lo que queda de estos tiempos y avanzar en armonía juntos.

—Lo siento, no comparto tus ideas ¿Cuánto tiempo tardará hasta que el siguiente jefe Krasnyy piense que tiene menos de lo que tenemos nosotros e intente tomarlo?, ¿Cuánto pasará hasta que el ansia asesina de nuestros pueblos termine por hacer un genocidio? ¡No! claro que no, esto debe terminar ahora —habló sin titubear— además tengo una promesa que cumpliré cueste lo que tenga que sacrificar —agregó sin ninguna pizca de emoción.

El prisionero se rindió, era imposible razonar con un monstruo como él, en sus ojos solo había desolación, destrucción y dolor.

—Jamás comprenderé en que momento te volviste en un monstruo más horrible que tu padre —Su vista cayó hacia el suelo producto de sus ataduras.

Por un momento atrajo la vista de Alek, pero está en absoluto llevaba ira o furia, solo recuerdos, era cierto, su padre fue un monstruo, el más cruel que conoció Rusia, pero esos tiempos habían acabado, su padre había hecho todo lo que su interminable ambición requería en cambio él, era diferente, no lo hacía por ambición, gloria o para ser recordado, tenía que convertirse en un villano por el bien de su gente, incluyendo al de las demás razas.

De pronto volvió a la realidad y aquel prisionero lo seguía viendo con odio.

—Humm, fue hace tanto tiempo que la semilla se plantó para volverme en lo que hoy soy —Llevó una mano a uno de sus ojos tocándolo con delicadeza— cosas que jamás entenderías, momentos en los que tal vez me hubiera bastado tu propuesta.

#4

Capitulo 2 parte 1 - El niño de la corona

25 años antes...

Las puertas del palacio del invierno se abrían de poco en poco dando a mostrar a una persona bastante mayor, sus ojos imponían respeto, su porte opacaba las demás figuras a su alrededor y a pesar de que su cabello morado ya comenzaba a perder su brillo, solo daba a entender los años de experiencia que tenía, entre sus piernas estaba un pequeño niño aferrado a su rodilla mirando la sala llena de personas con una cara bastante temerosa.

Un noble con un bigote muy particular en punta estaba entre aquella multitud, con una sonrisa y su bastón se hacía camino entre tantos noble para llegar a la persona recién llegada y a quien los demás invitados al parecer también esperaban, haciendo uso de un bastante elegante saludo comenzó a hablar.

—Mi Zar, los años no lo han tratado mal, sigue siendo el mismo hombre imponente de siempre, hace mucho que no se convocaba una fiesta para los nobles en el Palacio del Invierno y su Zar no se encontraba dentro —Los ojos de aquel noble se prendieron de curiosidad— ¿Donde se encontraba?

—Mi querido Yorick, asuntos más allá de la capital, la tarea de un Zar jamás acaba, oh no, claro que no —Se sacó el sombrero y saco un cigarrillo de su saco que no tardó en encender y llevárselo a los labios— pero dejemos de hablar de asuntos aburridos de política, tampoco he sabido mucho de usted en un tiempo creo que se encontraba fuera de Moscú con sus ejércitos.

El Zar guió al noble a uno de los cientos de muebles elegantes del lugar a la par que colgaba su gran saco detrás de uno de estos.

—Cazando Krasnyy, son unos hijos de perra, hace poco invadieron unas haciendas al sur —Siguió al Zar quemando otro cigarrillo también— siempre quieren tomar lo que no les pertenece y siempre me encargo de devolverlos a donde se merecen a punta de plomo —De repente sus ojos cambiaron de atención y se posaron en el niño— pero eso no importa ahora, puedo ver que usted no ha perdido el tiempo ¿ese es el Zarévich?

El Zar no pareció mostrar mucho aprecio pero de un empujoncito lo llevo adelante del noble, lo cual dejó un poco asustado al niño.

—Se llama Alek, aún tiene mucho que aprender sobre cómo ser un Zar —Sus ojos miraron a una esfera que llevaba el mapa de Rusia cual mapamundi— sobre cómo manejar una nación tan inmensa, después de todo algún día él heredará la corona.

—Debo admitir de que tiene una complexión única —Quedó fascinado ante los rasgos tan finos del infante— ¿Y su esposa?

—Murió dando a luz a Alek —interrumpió a la vez que exhalo el humo de aquel cigarrillo hacia el ambiente.

—Lo lamento, fueron varios años que estuve fuera —El noble pareció apenado por la incómoda pregunta que había hecho aunque poco le importaba al Zar.

—No tiene por qué —Cambió de tema— también tuve una hija dos años mayor que él, ahora no se encuentra acá, sus responsabilidades han llevado a que tome clases de etiqueta para la realeza y música, sé que algún día se casará con un gran noble en beneficio de nuestro imperio— mostró una foto de la muchacha en su reloj de oro demostrando el aprecio que le tenía.

—Me alegro de oírlo y Alek serás el mejor Zar de estas tierras ¿verdad? —Le regaló una cálida sonrisa al niño— bueno junto a tu padre claramente —Echó una pequeña carcajada.

El Zar lo siguió y ambos reían a carcajadas mientras Alek solo se limitaba a verlos y tratar de reír con una notoria incomodidad.

Ese mismo día, todos los invitados a la fiesta se habían retirado, entonces la sonrisa del Zar se volvió en una mueca de disgusto y unos ojos amenazantes hacia su hijo.

—Alek ¿Qué demonios haces?, disfrutas ver a tu padre ser humillado de esa manera —Era obvio que el trago que había bebido durante la fiesta había influido en cierta manera en sus palabras, pero era una verdad a medias, la única verdad era que el Zar siempre había odiado la debilidad y su hijo solo inspiraba eso para él— ¡Demonios!, yo a tu edad tenia a los nobles lamiendo de mis botas, sabían que yo no era cualquier enclenque, no, claro que no.

—Padre —dijo con cierta inseguridad aquel niño de cabello morado— los nobles no se han portado mal conmigo, el noble, aquel del sombrero, Yorick, fue bastante amable y parecía agradarle.

—Yorick no es más que un pobre perro esperando a que muera para que tenga la facilidad de controlarte, despierta niño nadie te trata amablemente por ser de buen agrado, siempre buscan algo, mételo en tu cabeza —golpeó duramente el mesón al darse cuenta que su hijo solo tenía miedo y no entendía lo que le quería decir— y en este caso te tratan así porque eres mi hijo, porque saben que mientras mejor sea su grado de confianza mejor les irá en esta miserable vida, más vale que aprendas a ser el hombre que debes, si no quieres que ellos te boten a la miserable nieve a ser devorado por los lobos.

Entonces de entre las puertas su abuela entraba con cierta lentitud pero con firmeza.

—No tienes que tratar así al niño Masha —dijo con una determinación que solo le recordaba a su esposa algo que lo irritaba de sobremanera.

Esa mujer siempre defendió a su nieto cuando el perdía los estribos, los abuelos paternos de Alek habían muerto hacía mucho pero la madre de su difunta esposa aún seguía ahí, con una voluntad y fiereza que solo le recordaba a ella, con un recuerdo de la mujer que amaba que solo le hacía daño porque ya no se encontraba entre sus brazos.

—Sácalo de mi vista, si no quiere que le enseñe a ser hombre a punta de hierro —dijo el Zar mientras se servía una copa de cerveza.

—Ven Alek dejemos a tu padre solo —Le dijo cariñosamente su abuela mientras el niño dejaba escapar algunas lágrimas fruto del dolor que le habían provocado las palabras de su padre.

#5

Capitulo 2 parte 2 - El niño de la corona

Normalmente sus días siempre eran: Alek esto, Alek el otro, debes ser un gran gobernante. Pero siempre se había preguntado si alguna vez él podía llegar a ser lo que él quisiera, pero sabía que era imposible, su sangre lo había condenado a un sin sentido, masacrarse los unos a los otros hasta que solo quedara una raza en todo ese basto pedazo de tierra.

Su padre lo había llevado a tomar clases por grandes militares para enseñarle sobre las razas, lugares peligrosos entre otros, ya que el Zar sólo veía en él una forma de aparentar que la familia real era diferente ante los demás Dvoryanstvo... superiores.

—Zarévich Alek -Rompió la distracción que tenía el niño— ¿Cuáles son las razas de humanos que actualmente residen en Rusia?

—Las razas actualmente son los Krasnyy, los Beli y claramente nuestra raza superior los Dvoryanstvo.

—¿Muy bien y cuál es la diferencia de cada uno?

—Bien, para diferenciarlos debemos ver todos los rasgos en común, primeramente todos poseemos una tez extremadamente blanca, según los libros anteriores a la gran guerra esta se conocía como albinismo, sin embargo esta condición es diferente a la anterior mencionada, ya que nosotros no poseemos una despigmentación exagerada en todo el cuerpo —Señaló por un momento su cabeza y luego sus ojos— ejemplo: Nuestros cabellos y nuestros ojos que no poseen dicha despigmentación.

—Bien, entonces ¿cuál sería la forma de diferenciar a las demás razas de nosotros?

—Bien los Dvoryanstvo somos nosotros, nos ubicamos desde Moscú hasta Komi y nuestra capital es Moscú, nuestra forma de Gobierno es la realeza, nuestra distinción es que nuestro cabello es morado y nuestros ojos pueden ser de distintos colores entre ellos azul, verde y blanco.

—Bastante analizado veo, y muy buena comprensión ¿y los krasnyy?

—Los Krasnyy son la raza más violenta en este lado del país, están enemistados con nosotros y los Beli, se extienden desde Krasnoyarsk hasta Chukotka a diferencia de nosotros no viven unidos se reparten en varios estados enemistados entre ellos, su forma de gobierno es militar, aquel que tenga más victorias militares es el que será jefe de un estado, podemos diferenciarlos porque tienen el cabello rojo, por alguna razón estos no pueden engordar por lo que siempre serán esbeltos, además de que según algunos estudios hechos con especímenes de prueba en nuestros laboratorios demuestran que tienen una mejor audición también sus ojos suelen ser negros, rojos y verdes.

—Bastante bien debería decir ¿Y los Beli?

—Son los menos conocidos que los anteriores mencionados, su territorio comprende todos aquellos que tengan bosques, normalmente se ubican dentro de estos.

—Y dime porque los Beli escogieron estas locaciones como sus asentamientos, ya que se encuentran rodeados de nosotros y los Krasnyy.

—Después de la gran guerra hubo un periodo imperturbable en nuestras tierras, muertos a millones, ya que la mayoría murió en esa guerra, bastantes territorios quedaron despoblados de vida humana, por lo que los animales y los bosques crecieron con tranquilidad durante siglos aún al día de hoy desconocemos los territorios actuales que tuvo la Rusia original así como no conocemos todo el territorio que comprende actualmente por diversas razones ya que volar nos es imposible.

—¿Por qué? —creó una pregunta trampa para ver si el niño había prestado atención a sus enseñanzas.

—Por la radiación que se encuentran en nuestros cielos, simplemente volar puede matar a toda vida orgánica excluyendo a nuestras aves que por algún motivo se acostumbraron a esos niveles.

—¿Entonces porque no entrar por los bosques hacia sus territorios?

—Los bosques poseen criaturas extrañas, criaturas que nunca se documentaron y que son capaces de acabar con legiones enteras, tanto los Krasnyy como nosotros evitamos esos territorios a toda costa, no tenemos idea porque esas bestias no salen de los bosques.

—Bueno creo que sabes todo —dijo el profesor claramente satisfecho y sorprendido— ¿Volvamos al tema principal?

—Bueno los Beli, poseen el albinismo casi completo, dado que su pelo y piel son blancos sin pigmentación con excepción de sus ojos, la piel sobre sus párpados son prácticamente negros o morados como si estuvieran maquillados, además de que cuando cierran sus ojos da el aspecto de una calavera con las cuencas vacías dado el hundimiento de las mismas que resalta ese color; por otra parte el color de sus pupilas siempre será rojo o blanco, muchas personas afirman que son hijos de demonios, por el momento ninguno de estos son hostiles hacia ninguno de los dos bandos y por lo que sabemos se dividen en clanes gigantescos en el que el líder siempre será el con más conocimiento.

—Bueno, bastante bien explicado mi Zarévich, acabaron las clases por hoy —dijo su profesor con una mueca de satisfacción.

Con un sonido que se fue intensificando las puertas se iban abriendo de par en par hasta que la figura del padre de Alek se hizo presente.

—Mi Zar —dijo respetuosamente el maestro mientras hacía una reverencia.

—¿Cómo le va a mi hijo en sus estudios? —habló a la vez que miraba poco a poco la estancia y los libros que había estudiado su hijo.

—Debo admitir que su hijo tiene un talento innato para las estratagemas y la historia, debo admitir que la realeza siempre tiene a los mejores muchachos.

—No es de sorprender que mi hijo sea un prodigio, bueno creo que después de todo tienes un talento que será de utilidad a nuestro país Alek -decía mientras forzaba una sonrisa que más que agradable incomodaba al muchacho.

#6

Capítulo 3 - Un presente diferente

Actualidad...

Desde las alcobas Alek miraba a la nada como si buscara entre la nieve algo que completara su forma de ver el mundo.

—Te noto algo distraído Sergei —dijo apartando la mirada de golpe del vasto páramo de nieve.

—¿Cómo sabes mi nombre? —Sus palabras venían acompañadas de odio, era obvio de que se encontraba molesto porque su captor lo tratara tan tranquilamente.

—Tu hermana me lo dijo —Por un atisbo de momento su mirada se teñía de melancolía, pero desapareció tan pronto como había llegado.

—¿Que? —Se sorprendió, su aspecto había cambiado a un tono más pálido de lo normal aunque eso fuera casi imposible— ¿Tú qué sabes de mi hermana?

Hace mucho su padre le había contado cómo en un ataque cobarde del Zarevich había terminado por segar la vida de su hermana. El odio que había acumulado hacia Alek en su alma por ese maldito motivo había crecido con el tiempo, sus sueños siempre estaban teñidos de la venganza que iba a cobrar del rey maldito. Pero ahora un nuevo panorama se asomaba hacia él, ¿Como Alek conocía a su hermana?, ¿Como era posible que el Zar hubiera entablado conversación con ella?

"A veces, incluso dentro de la más profunda oscuridad, algo bello se esconde" –recordó una frase que le dijo su hermana cuando era pequeña y había logrado salvar a un lebrato dentro de uno de los bosques malditos. Extrañaba la pureza en su voz.

Se mordió el labio y se negó, quizá solo era una coincidencia, Alek pagaría caro sus palabras, pagaría por todo lo que le había arrebatado y devolvería todo a la normalidad cuando su maldito reinado acabará.

—Lo suficiente como para conocerla más que tú —miró su vaso de vodka vacío.

Su mirada era tan cautivadora y extraña a la vez, Alek tenía algo raro, a simple vista parecía que se distrajera con cualquier cosa, pero en el fondo Sergei sentía, que sus ojos veían algo que él no, algo que sus ojos le ocultaban.

—Tú no sabes nada de nosotros, muy pronto mi padre vendrá a rescatarme y tus sueños se desvanecerán tan rápido como tus primeros logros —escupió con confianza.

—¿Ah, tu padre? —respondió en forma de pregunta— es tan imbécil para creer que me vencerá, es más en este momento mis fuerzas ya atacan sus asentamientos en Komi y es cuestión de tiempo a que yo gane.

Era claro que esa afirmación había conmocionado a Sergei, si eso era cierto tal vez sería solo tiempo para que los krasnyy cayeran en manos de esos malditos cabezas moradas. ¡No! Quizá solo fuera un acto de bravuconería, solo lo provocaba. Con un poco de nerviosismo formuló otra pregunta.

—¿Y si es así, porque no me matas? —se dibujó una sonrisa en su rostro.

Alek le devolvió el gesto con una sonrisa mientras dejo el vaso que sostenía con delicadeza en un mesón de madera fina.

—Oh, por fin una pregunta coherente, no te preocupes todo a su tiempo amigo mío —El Zar se dirigió hacia un tablero de ajedrez que poseía el vasto salón y sostuvo un peón— incluso el más débil obrero de las más lejanas tierras de Rusia juega un papel en este escenario.

—Bien —Articuló sus palabras con cuidado para tratar de robarle información que pudiera servir en un futuro— entonces ¿porque decidiste tomar Rusia?

—Para unificar a toda Rusia bajo un mismo estandarte —Su vista seguía perdida en aquella figura de ajedrez— ya te lo he dicho todo tiene un propósito que será revelado a su tiempo.

–No, claro que no —ese no puede ser, pensó— ese es tu objetivo pero en realidad cuál fue el motivo por el que quieres hacer esto.

—Así que quieres saber qué momento de mi vida fue el necesario para llegar a esta resolución —Por fin su mirada cambiaba de sentido y ahora veía a Sergei, probablemente se hubiera dado cuenta de que en realidad era tan esbelto, con una toga muy elegante, que de espaldas no se podía apreciar, pero más que todo lo que más llamaba la atención eran sus ojos, no parecían normales, los ojos del Zar eran azules, al menos eso decía la información sobre él, pero daba la impresión de que solo uno era de un color azul profundo mientras que el otro, parecía emitir un color morado de su iris, tanto como su pelo. El pelo era totalmente normal en los Dvoryanstvo pero ese ojo daba la impresión de brillar, un color que ninguna raza tenía y que parecía leerle el alma, algo imposible y perturbador, quizá solo estuviera imaginándolo— bien te concederé eso, escucha.

Sergei levantó la cabeza casi por completo con una sonrisa.

—Compláceme —hablo decidió con el fin de crear tiempo, si Alek había bromeado con lo anterior, probablemente su padre estaría en marcha para acabar con los planes del Zar. Todas sus mentiras las haría pagar con sangre.

#7

Capítulo 4 - La carta Blanca

16 años antes...

A pesar de todos los logros que Alek había logrado, su padre siempre encontraba un motivo para demostrar que tan insatisfecho se encontraba con él, a su corta edad su ayuda en las decisiones tácticas en la guerra contra las demás razas habían sido bastante efectivas, muchos habían llegado a catalogar de un genio estratega al pequeño Zarevich, sin embargo a pesar de su fama su padre no dejaba que tomará ninguna clase de cargo ostentoso, muchos decían que en el fondo temía que el Zarevich lo destronara, pero con el tiempo y ante la presión política se optó por darle un cargo no tan ostentoso dentro de lo militar pero tampoco de baja relevancia. Se le asignó la presidencia del consejo de nobles, un cargo que se encargaba de escuchar a cada noble del reino en sus problemas del día a día y darle una solución, sin embargo él no era lo suficientemente paciente para darse a soportar las tretas políticas de los nobles, muchos susurraban a sus oídos como otro noble planeaba males a la corona, así como otro congeniaba con el enemigo o creaban tratos oscuros con sectas, muchas veces Alek se cansaba de los rumores que traían los nobles con el fin de aprovecharse de la situación, él no era fácil de manipular, pero los nobles no cedían fácilmente ante sus propias acusaciones.

—pensó el joven.

—Mi señor, se lo digo los Záitsev planean cortar los suministros de sus haciendas con el fin de pagar menos tributos a la corona —dijo un noble de elegante vestir mientras señalaba el escudo de la corona.

—Ya se lo dije Fyodor, es la cuarta vez que habla del tema, se necesita mucho más que eso para que la corona se ponga en contra de ellos —Alek comenzaba a perder la paciencia, el noble no se rendía con tanta facilidad.

—Lo sé mi señor, pero tome en consideración mis palabras —Se sacó el sombrero y se lo puso en el pecho mientras dejaba escapar una lágrima fingida— de no hacerlo nuestras fuerzas en el oeste se verán mermadas por los recursos, cediendo ante esos sucios krasnyy— su vista se plasmó con una falsa inocencia hacia Alek— usted no querrá eso verdad Zarevich.

Alek se limitaba a suspirar dadas tantas habladurías, los temas recurrentes solo le creaban dolores de cabeza y la insistencia de los nobles solo le daba un peor humor que el de costumbre. Él no estaba para soportar aquellas estupideces !Por Dios! él debía decidir sobre estrategias o sobre la industrialización del país, no sobre... chismes.

—Bien, lo tomare en cuenta, mandare unos cuantos espías a ver qué tal van nuestros aliados y si los rumores son ciertos créame que la corona tomará acción en ello —habló mientras comenzaba a agarrar papeles al azar como si estuviera haciendo algo de importancia con la información que le había dado— ¿Si con eso se tranquiliza? —Comenzó a ordenar unos papeles en la estantería a sus espaldas.

—Claro mi Zarévich, no se podía esperar menos del futuro Zar de nuestro país —dijo con una elegante sonrisa— y recuerde que de ser cierto los rumores, mis tierras colindan con la de los Záitsev, si se cedieran a mi familia, la corona contaría con un mayor apoyo en la zona.

El noble suavemente devolvió el sombrero a su cabeza y con una sonrisa de oreja a oreja abandonó aquel lugar.

De un suave movimiento la puerta se abrió dando paso a una persona bastante vieja, con una calva en la parte frontal de su cabeza y con un corto cabello por detrás, así como de una espesa barba. Con movimientos bastante silenciosos se acercó a Alek con un pequeño sobre blanco en mano para que seguidamente con una voz tranquila comenzara a hablar.

—Mi Zarévich —dijo educadamente.

—¿Que? —Alzó la voz y volteo con unos ojos encendidos en llamas hasta que reconoció a aquella amigable figura.

—Discúlpeme por mi intromisión en sus asuntos de estado, vine a traerle una carta de su hermana —dijo apenado extendiéndole el sobre blanco con una mano ya temblorosa por la edad— al parecer quiere hablar con usted en la capital, está a cinco días de acá, pero si usted quiere puedo informarle que se encuentra muy ocupado dada la importancia de su trabajo.

Oleg había sido el mayordomo de su familia desde hace mucho, si alguien podía llamarse padre para él, probablemente sería aquel anciano, siempre atento y cariñoso hacia sus príncipes, casi como si fueran sus hijos.

—Perdóname Oleg, no fue mi intención gritarte —dijo con notorio arrepentimiento pero el anciano le tocó el hombro y con unas señas lo condujo fuera de la estancia para poder charlar más a gustos en los pasillos que se encontraban menos concurridos que las salas aledañas— debo admitir que no esperé tu presencia aquí —Continuó Alek— y bueno no he sido el mismo desde que me encuentro en este lugar, créeme que no pueden dejar de ser molestos e insistentes con sus preguntas y acusaciones infundadas, es un nido de ratas —Concluyó.

—No se preocupe, lo entiendo —Una sonrisa sincera se aproximó en la cara del anciano reconfortando al muchacho— no tiene de qué preocuparse.

—No, claro que si tengo —Su mirada se clavó en el suelo con melancolía— usted ha sido un gran amigo para la familia, sabe que usted no es un mayordomo para mí, si no un amigo —frotó su cabeza con delicadeza y luego lo miró— pero más allá de eso ¿Cómo se encuentra mi abuela?

—Aunque bastante estable, tiende a enfermarse con facilidad —habló a la vez que trataba que sus palabras fueran las menos preocupantes para aquel chico que quería como a un hijo— sin embargo los médicos más experimentados la están tratando.

—Bien ¿Y mi padre? —El cariño se había esfumado en esas últimas palabras.

—Como siempre en el castillo, no sale de ahí más que para reuniones de la corte que sean de suma importancia, no se encuentra mal de salud y los asuntos internos importantes son casi inexistentes en estos meses —sacó un pequeño prendedor que era de su hermana cuando ella era pequeña— es más, me mandó para servir a su hermana en su estancia en la capital y bueno como sabrá ella me mandó aquí.

—Bien dile que iré —de todas formas sería una excusa perfecta para librarse de los molestos nobles y en el trayecto dormir por unas horas— en unos días partiré.

—¿Está usted seguro? su trabajo no será interferido por este contratiempo— dijo el anciano claramente preocupado.

—Los nobles pueden esperar unos días antes de soltar más bilis uno contra el otro, puede que con algo de suerte alguno de ellos se ahogue de mucho tiempo sin soltarla —ambos rieron por un momento— solo espero que no sea para darme malas noticias.

Su relación con su hermana siempre había sido distante, ella jamás enviaba cartas o preguntaba por él, era una persona bastante particular a la hora de tratarla, se decía que tenía gustos particulares y era talentosa en todo, en especial en cosas que ninguna otra dama dentro de su entorno social podría hacer, lo que solo hacía que esa extraña carta significaría noticias malas dentro de poco.

#8

Capítulo 5 parte 1 - Visiones Funestas

16 años antes

*Toc toc*

Las puertas sonaron y uno de los tantos servidores del Palacio del Invierno entró. Masha el poderoso Zar de Rusia, no lo reconocía ni le importaba, a lo largo de su vida miles de sirvientes habían sido reemplazados para servir en aquel lugar. El Palacio del invierno era monumental, construido de piedra blanca y gigantescos muros en los que ni siquiera 100 mamuts parados uno sobre otro podrían alcanzar el tope de aquellas murallas, diseños y monumentos que daban a aquel lugar un esplendor máximo, las estatuas eran conocidas, algunas dando a conocer figuras de los libros anteriores a la guerra y otras tan deformes y perturbadoras que solo podían ser sacadas del Bosque Abisal. Si, si verdaderamente existía alguna clase de maravilla que el mundo podría apreciar seria esta, una obra del ingenio humano sin límites. O al menos eso es lo que creía...

—Mi Zar, han lle...gado —Su voz temblorosa daba a denotar temor— está seguro que...

—Nadie te ha seguido, ni has sido visto cómo te pedí ¿no? —dijo Masha mientras miraba hacia el balcón del trono por donde la nieve y las ráfagas de frío entraban golpeándolo en seco.

—No mi Zar, nadie —Las piernas de aquel muchacho temblaban fuertemente, más allá del frío, quizá por algo más.

—¿Impresionante, no chico? —le dijo con una sonrisa mientras le apuntaba de lejos— ¿Es la primera vez que presencias la sala del trono?

La voz del Zar tranquilizaba algo al muchacho, por lo menos lo suficiente para que solo sintiera el temblor del frío.

—Sí, mi Zar— dijo cortamente mientras sus ojos tan grandes como huevos se encontraban mirando de ahí a allá.

El Zar se paró del trono mientras la escarcha se desprendía de su ropaje y capa caminando lentamente hacia el muchacho mientras acariciaba esos pilares que rodeaban la Sala.

—El palacio del invierno cuenta con cientos de habitaciones —Su mano señaló hacia el balcón— pero esta estancia, es la más importante.

El muchacho se limitó a mirar.

—Casi nadie ha visto estas estancias —Su mirada seguía perdida en aquel balcón— ¿sabes porque solo la línea de la realeza puede estar aquí?

El sirviente movió la cabeza de lado a lado indicando su ignorancia respecto al tema.

—Es fácil —continuó Masha— es porque esta estancia está solo hecha para la verdadera sangre de la realeza, cualquier otro moriría por las extremas temperaturas de esta habitación, congelado en cualquiera de estos pilares, es por eso que el Zar no necesita de una guardia en su Sala del trono, es imposible llegar a estas estancias escalando y de lograrlo el frío terminaría finiquitando a cualquier intruso, unas salas interesantes ¿no es así?

El golpe invernal chocando con las paredes generaba un ruido aterrador en aquella sala, uno que solo parecía no perturbar al Zar.

—Mi Zar mis piernas me duelen —dijo tembloroso aquel sirviente.

El Zar hecho unas risas y le tocó el hombro.

—Claro que sí, es por eso que te encargué más ropa de la común, no tienes la sangre superior de la nobleza —esas últimas palabras iban teñidas de orgullo— pero eso no importa ahora, diles a nuestros invitados que pasen y te quiero a ti también aquí para cuando ellos entren.

El joven agachó la cabeza e hizo un ademán saliendo por la puerta, él no sabía que era peor, si estar con aquel frío mortal que terminaría segando su vida o con aquellos invitados tan peculiares, que no sabía cómo tenían contacto con el Zar.

La puerta volvió a cerrarse y Masha espero pacientemente en aquellos salones.

Pasado unos momentos la sala volvió a abrirse y como por arte de magia los ventarrones se habían detenido. Unas figuras cubiertas de capuchas y mantos blancos entraron a la habitación casi sin hacer ruido.

"Ashid agsi adul amin rajyas tarim amil" —Sonaba al unísono de cada uno de esas personas a medida que se acomodaban en el salón.

Las figuras entraron uno por uno hasta que al final entró un último encapuchado con manchas negras en su ropaje, seguido del muchacho que servía al Zar.

#9

Capítulo 5 parte 2 - Visiones Funestas

—Bien habido Zar Masha, un gusto volverlo a ver —dijo mientras se quitaba la capucha lentamente dando a mostrar unas cuencas negra y un pelo blanco corto.

El sirviente del Zar hecho un grito ahogado.

—Un Beli... —dijo horrorizado mientras retrocedía a la salida.

—Detente ahí muchacho, no seas un cobarde —le dijo el Zar.

Las manos del muchacho se congelaron por un momento y después de tragar la saliva que tenía en la boca y tener los ojos cerrados, camino hacia su Zar.

—Bien —dijo el Zar mientras caminaba hacia un mesón de aquella gran estancia- hace mucho que no veo a los testigos de Alfarig por aquí —Hizo un ademán para que el invitado pudiera sentarse- tengo muchas preguntas.

—El Zar nos ha llamado y nosotros hemos respondido —dijo el de Cabeza Blanca— en que pueden servir los Testigos de Alfarig a su causa.

El Zar estaba a punto de hablar hasta que vio como los fluidos nasales corrían de la nariz del muchacho en señal de miedo.

—Me agradaría no tener a un poco hombre en la sala ¿es mucho pedir? —Sus ojos se pusieron a la par de su sirviente haciendo un gesto para que escupiera lo que tenía que decir— solo dilo muchacho.

—¿Qué es lo que hace con los Beli? —gritó para solo segundos después recomponerse al saber con quién estaba hablando— Son... hijos del demonio

El Zar no pareció molestarse en lo más mínimo mientras lo miraba fijamente.

—¿Cuál es tu nombre? —pregunto apaciblemente.

—Nikolay —dijo notablemente nervioso ante la falta de respeto que le había cometido al Zar, probablemente dentro de poco seria almuerzo para las bestias del bosque.

—Oh querido Nikolay ¿Cuántos años tienes? —Siguió mientras el hombre de cabello blanco seguía murmurando cosas al aire.

—Veinticuatro —Tragó la saliva de nuevo.

—Aún muy joven para cuando yo había ascendido a Zar —Entonces sacó un cigarrillo mientras se lo metía en los labios y acto seguido lo prendía— ¿Sabes cuál era nuestra condición en aquel entonces?

Miro hacia arriba tranquilamente cuando el joven se percató que había un mapa gigantesco de Rusia en el techo, tan detallado como ningún otro.

—A pasos de la extinción —Masha exhalo el humo de sus pulmones y prosiguió— los Dvoryanstvo estábamos perdiendo terreno y los Krasnyy en sus innumerables tribus, mataban a nuestros niños, violaban a nuestras mujeres y luego las desollaban para ponerlas en lo alto de los edificios y les cortaban las manos a nuestros hombres mientras los obligaban a ver como sus mujeres eran ultrajadas y sus niños desollados.

Los ojos del muchacho se centraron con una intranquilidad al rostro imperturbable de su Zar que no dejaba de disfrutar el tan amado humo que le daba ese producto.

—Así era, nuestras ciudades reducidas a cenizas y solo a meses de que lograran llegar a Moscú y mi padre fue tan cobarde que se lanzó desde este mismo Balcón junto a mi madre por el miedo de lo que pasaría si los sucios Krasnyy llegaban al palacio del invierno, pero cuando ellos saltaron, yo no les seguí, no, claro que no, yo no era débil, por mi sangre corría el verdadero poder de la nobleza, de aquellos grandes conquistadores que dominaron todas estas tierras.

De repente comenzó a reír y sus carcajadas hicieron eco por todo el salón.

—Entonces conocí a los testigos de Alfarig, dvoryanstvo, beli e incluso krasnyy en sus filas, ellos me mostraron a sus dioses y sus visiones, gracias a eso sumado a mi inquebrantable liderazgo ahora los krasnyy eran los que corrían —Su sonrisa cubría toda su cara— que placer más grande cuando observabas sus caras y los degollabas como si fueran cerdos, chillando, revolcándose en su propia orina al saber que ya no éramos las presas -Señaló al muchacho— así fue como yo logre que esa mugre se retirara y crecieran mierdecillas como tú, asustados de su propia sombra, hablando de que somos una raza superior pero escudándose sobre los logros de otros, porque de alguna manera les hace sentir bien cuando estarían chillando de miedo al momento de enfrentar una verdadera batalla ¿No es así?

El sirviente se puso a llorar de la vergüenza que sentía, el miedo, el frío una gama de emociones que se juntaban en aquel cuerpo, algo que no sentía aquel hombre de pelo blanco.... no, aquel hombre ya no se encontraba sentado, el miedo se apodero de él y movió rápidamente la cabeza solo para darse cuenta como un cuchillo rebanaba su garganta y su cálida sangre comenzaba a derramarse sobre la fría piedra congelándose al tacto.

—Pero incluso basuras tan débiles y utilizables como tú, tienen un propósito —dijo el Zar mientras veía cómo los encapuchados comenzaban a abrirle el pecho y sacarle el corazón al que alguna vez había sido su sirviente, tal vez degollarlo no había bastado puesto que sus ojos seguían moviéndose con un terror absoluto a su entorno.

Los encapuchados comenzaron a distribuir los miembros y órganos del muchacho en diferentes posiciones mientras seguían murmurando.

—Ya tienes tu sacrificio beli, ahora déjame preguntar —dijo el Zar sin ánimos de seguir malgastando su tiempo.

—Oh mi Zar, el sacrificio ha sido del agrado de los oscuros déjeme avisarles de su petición —El encapuchado murmuró extrañas frases y se paró en medio de aquellos restos humanos.

La sala pareció oscurecerse y algo se movió a una velocidad sobrehumana entrando desde el balcón y desapareciendo los restos del muchacho como si nada hubiera ocurrido. El beli sonrió y comenzó a hablar.

—Oh grandioso, gracias por escuchar nuestro llamado —Levantó las manos y las comenzó a agitar con fuerza— Ashad agil asmin dazul aqreq.

Un sonido que ninguna criatura conocida pudiera hacer resonó por toda la sala.

—Mi Zar, ellos han aceptado su petición y uno de los grandiosos ha decidido interceder —Volvió al mesón y tomó asiento mientras una extraña niebla negra lo rodeaba— puede usted preguntar.

Masha no parecía en absoluto asustado y el cigarrillo en su boca solo parecía achicarse cada vez más rápido, miro al techo y prosiguió.

—Mi hijo es débil, no es digno de mi legado, ¿Acaso los dioses pueden decirme cuál es su futuro? —Sus ojos parecían mirar a la nada queriendo encontrar algo que nadie más que esos encapuchados veían.

El beli comenzó a temblar, mientras los demás encapuchados se postraron y algunos comenzaban a llorar.

—Lo veo, al Zarévich, un hombre fuerte, bajo su mando tiene a un gran ejército que someterá tanto a los hombres como a los dioses —Comenzó a llorar y a gritar— oh niño porque maltratas a los dioses que tanto te han amado, les duele, oh, puedo sentir su dolor.

Masha parecía intrigado ante tal afirmación.

—¿Cuál es mi futuro en aquella lejana representación de mi hijo? —dijo mientras el sacerdote no dejaba de sollozar.

Entonces los ojos del Beli se inyectaron en sangre.

—Mi Zar, veo tu muerte, veo en tus ojos odio pero al final sorpresa —Su cuerpo se estrelló de golpe al mesón de una forma antinatural mientras parecía convulsionar de momento en momento— Si, veo un ojo suyo y otro... divino que te miran con dolor —Comenzó a abrazar el aire aunque no había nada en ese lugar— como tu hijo ciega tu vida, como el odio crece en él.

Masha apagó el cigarrillo contra el mesón y apretó los dientes fuertemente. Sí, claro que sí, lo sabía, desde que ese niño endemoniado había nacido sólo había traído desdichas a la familia, había matado a la mujer que tanto amaba con su nacimiento, lo avergonzaba con esa debilidad desde pequeño y ahora planeaba su muerte en las sombras, pero no caería tan fácilmente, no dejaría que su vida acabara en manos de su hijo, claro que no, ese fue el error de su vida y pronto se encargaría de solucionarlo.

—Gracias por todo —dijo el Zar— ahora pueden...

De repente ningún Testigo de Alfarig se encontraba en la sala, solo había parpadeado un segundo, pero ya no quedaba rastros de ninguno de aquellos sectarios, ni tampoco de los restos de aquel que había sido su sirviente. Pero no necesitaba nada más que preguntar o presenciar, ya estaba convencido de su futuro y de lo que debía hacer.

#10

Capítulo 6- La princesa

Hace 16 años...

Los pájaros cantaban a la vez que se posaban en el marco de una de esas ventanas, viendo a una hermosa joven que se encontraba totalmente derrumbada en la cama.

"Que aburrido" —pensó a la vez que levantaba sus manos al techo para verlas, muchas otras mujeres del reino quisieran estar ahí, pero ella no, tal vez se debía a que al ser la hija del zar sus pensamientos fueran diferentes.

Los días en la capital eran exasperantes, simplemente ella no veía la razón de quedarse en esas ciudades, las fortalezas y castillos eran mejores, lejos de todo aquel ruido tan molesto que se encontraban en las calles de la capital. Ciudades bastante activas como Moscú sólo representaban un dolor de oídos para ella y si bien las mujeres no tenían un puesto activo en la política, ya había aprendido hace mucho como controlar una que otra acción manipulando a los nobles.

A sus 17 años ya era toda una mujer, pechos voluptuosos, curvas magníficas, unos ojos tan azules como los ríos, y como toda mujer con una familia de gran poder, las ofertas de matrimonio le llovían como granos de arena en una playa, muchos pensaban que nunca aceptaba a nadie debido a que no gustaba de los nobles, no, claro que no era así, ella era más lista y por consecuente tenía unos gustos bastante peculiares.

—Se puso a pensar en ello un rato, en su situación actual e imaginó a una de sus manos como si fuera una pobre plebe de las fronteras.

Sus ojos se llenaron de asco, no quería un plebeyo, dado lo enfermamente conformistas que eran, se conformaban con tener para comer o poder añadir una madera más a sus casas, por si fuera poco se sentían bastante felices y bendecidos cuando recibían un poco más de lo que ya tenían, eso le causaba una repulsión extrema, podrían perder una mano pero mientras tuvieran un pan más para comer les bastaría, jamás llegaba a sus mentes que podrían aspirar a mas, estaban condenados a vivir como bueyes de trabajo para la nobleza y ser felices en su ignorancia.

Cerró abruptamente la mano que representaba a la plebe como si estuviera aplastandolos y miró a la otra mano representando a la nobleza.

Los nobles eran una historia similar con algunas distinciones, cada uno se sentía mejor que el otro, sin embargo todos eran igual que el otro, aparentaban algo que no eran.

"Lady Irina, se encuentra tan hermosa como siempre, he oído que aún no ha conseguido una pareja ¿Sabe que necesita? alguien con agallas de aplastar a cualquier otro, alguien a quien los demás teman ponerle un dedo a él o su mujer, alguien como yo" recordó una frase de un noble petulante y ególatra que le había propuesto matrimonio hace poco, pero cuando el Zar, su padre, lo regañó por hacer un mal uso de un dinero destinado a las viviendas de las plebes, el noble no tardó en aparecer como perro con la cola entre las patas, rogando con miedo por su perdón, donde quedaban esas agallas que tanto había presumido ¿Aplastarlos? Esa cosa no estaba a la par para llamarse hombre.

Y la misma historia una y otra vez ¿El más fuerte? Cuando un criminal los asaltaba eran más indefensos que un polluelo, llorando y suplicando por su vida, sin importar si su mujer o hijos se salvaban con tal de ellos aún puedan poseer los cinco dedos en cada mano.

Miró la mano que representaba a los nobles y la apretó aún con más fuerza.

Ninguno representaba lo que la historia decía de Rusia, si bien sus estudios la habían llevado a estar especializada en este campo, la historia del pasado de su nación era bastante... confusa, decían que antes existía más tierras que solo Rusia, aunque su patria era la nación más grande. Que sus hombres incluida su clase política daban la impresión de hacer temblar de miedo a las otras naciones, gente tan fuerte que derrocó imperios demostrando una clara superioridad en la guerra, quizá solo fueran cuentos o quizá después de la gran guerra, la paz les había quitado la identidad y ahora solo eran una bola de estúpidos asustados de su propia sombra que se conformaban con una guerra de exterminación entre ellos solo por el hecho de poseer toda Rusia, los Krasnyy eran tan tontos para seguir el mismo juego de exterminio, al igual que lo jugaba su raza, tal vez después de todo los Beli no eran tan tontos como los demás, pero quién podía saber la opinión de esos oscuros seres cuando se encontraban en sus bosques malditos.

Se oyó el sonido del pórtico, rompiendo su concentración, el momento de pensar en que es lo que le deparaba, fue interrumpido por una figura que entró por la entrada trasera.

—Lady Irina, he vuelto —dijo el anciano fijándose en que la puerta se encontrara debidamente cerrada— su hermano dijo que estaría acá en unos días, seguramente en cuanto termine de hacer sus deberes en la corte.

Irina levantó sus piernas y de un pequeño esfuerzo se paró de aquella cama.

—Buenas noticias Oleg, me alegra que mi hermano se digne a hablar conmigo después de tanto tiempo —habló con una sonrisa coqueta a la vez que caminaba delicadamente hacia el mesón.

Lady Irina recogió un vaso y se lo llevó a la boca para probar el suave y refrescante jugo que se hallaba en el, pero no tardó en percatarse de la curiosidad del anciano que se paraba erguido y sin ansias de molestarla, lo miró por un momento y con un gesto en la mano le ordenó que prosiguiera.

—Si me permite preguntar —Avanzó un poco hacia ella y le regaló una mirada sorprendida– ¿Porque no fue conmigo hasta el consejo de los nobles? hubiera hablado con él y volver al palacio del invierno sí hubiera gustado.

—¿Crees que iría a ese nido de ratas? No me hubieran dejado escapar de tantos halagos y también con que reconsidere las ofertas de matrimonio con ellos o con sus hijos —Miró hacia arriba mientras mostraba una sonrisa marcada de ironía— me asquea el hecho de solo pensarlo, además es algo que necesito hablarlo en privado con Alek.

Esas últimas palabras estaban teñidas de seriedad algo que sorprendió a Oleg viniendo de Irina, el la había cuidado desde pequeña al igual que lo había hecho con Alek, la conocía demasiado bien para saber que la seriedad sólo se le daba cuando las cosas de verdad iban en serio.

—Ya veo —dijo perdiendo el interés— dudo que lo haría recorrer una distancia tan grande solo para decirle como esta y tomar un té ¿verdad?

—Claro que no —Sus ojos como siempre se mantenían serios y tranquilos mientras miraba a Oleg, sin embargo podía sentirse una chispa de incomodidad, casi como si algo le molestara o le intrigara, sus emociones eran difíciles de predecir algunas veces para el anciano— puede que la vida de mi hermanito acabe más rápido de lo que pensábamos.

Oleg casi perdió la compostura y ahora se notaba claramente preocupado, pero Irina continuaba.

—No te preocupes, no es nada que te incumba —Le hizo saber manteniendo los mismos aires de seriedad que antes— además veré la forma de que él pueda anticipar no morir como un animal, aunque te lo digo, a mi padre no le interesaría en lo mínimo que él muriera, sólo le daría una excusa para casarse de nuevo y tener otro heredero.

Dejó el vaso en seco hacia la mesa, con una sonrisa forzada y con una clara molestia en sus pensamientos.

—Confió en usted mi niña —Sus viejos ojos se tiñeron de cariño y confianza hacia la joven princesa.

Pocos osaban ser tan imprudentes para llamar de esa forma a la princesa pero la crianza de Oleg había dado sus semillas en el corazón carente de sensibilidad de aquella joven, el tacto de amor dejaba pasar las faltas de respeto que para cualquier otro noble o plebeyo le podrían costar la cabeza y la posición de sus familias.

#11

Capítulo 7- Un motivo

Actualidad...

—¿Entonces qué? ¿Tu hermana te citó para decirte que uno de los sirvientes ya no podía cambiar tus sábanas? ¿O qué problema tuvo el rico y prestigioso Zarevich? —dijo Sergei mientras reía, a la vez que el sudor y la sangre caían a gotas de su rostro.

—No fueron noticias nada buenas puedo asegurártelo —su mirada se volcó a él— después de todo tú conoces tan bien como yo, cómo son las hermanas.

Las cadenas resonaron y Sergei se paró contra todo pronostico del peso de sus ataduras, sus manos quedaron hacia atrás pero su cuerpo por poco no salía disparado y estrellarse contra el Zar.

—¡Maldito! —sus ojos se veían llorosos y se podía apreciar como apretaba los dientes para no dejar que ni un poco de lo que sentía escape, una muestra de cómo sus palabras habían tocado una fibra sencilla en el hombre de cabello rojo.

—Lo siento —dijo con notoria sinceridad en sus palabras— ¿debió ser duro para ti perderla no?

Su mirada se levantó con un notorio fuego en sus ojos, Sergei estaba claramente descontrolado, esos iris rojos y ese pelo, le traían recuerdos.

—Te pareces a ella —continuo Alek— ¿Aunque quizá el carácter no tanto?

—¡No te lo permito! —Le gritó Sergei— No puedes hablar de ella, un ser como tú mancharía su nombre con tan solo pronunciarlo.

Alek se acercó poco a poco hasta quedar a una relativa corta distancia de su rostro, casi tocando sus narices. Sergei lo miraba ferozmente, tenía en frente a aquel que le había arrebatado a su familia, si no fuera por su padre que lo había apoyado...

—Si no fuera por tu padre serías más que solo un perro —La voz de Alek lo interrumpió de sus pensamientos.

De repente pudo verlo mejor, mientras uno de sus ojos brillaba con una luz morada hacia él. El sudor bajó de su cuerpo, ya no por cansancio, si no por temor, ¿cómo había leído sus pensamientos? Ahora que lo miraba bien su ojo izquierdo tenía el iris de color morado, un color diferente al de cualquier habitante de esas tierras.

—Mi ojo no es natural, por si lo preguntas ¿Eso es lo que pensaste verdad? —Miró con una sonrisa.

—¿Por qué? —dijo Sergei sus ojos denotaban impotencia y parecía haberse calmado.

Alek se encontró confundido por un momento, no parecía haber encontrado nada en su cabeza.

—Es una historia larga el porqué de este ojo —su aspecto parecía calmado y serio a la vez.

—¡No! —una vez más la voz de Sergei confundió al Zar— ¿Por qué la mataste?

Alek ya entendía porque su mente estaba en blanco, no lo estaba pensando, simplemente esa pregunta se había formado del fruto de sus sentimientos casi por instinto, odiaba cuando no podía leer los pensamientos de los que lo rodeaban.

—No puedo decírtelo, aún no —dijo Secamente y se dio la vuelta.

—¿¡Por qué no!? —Grito de nuevo con toda esa rabia y la expulsó con dolor— ella era el alma más pura de toda esta inmunda guerra, si alguien podía creer en tu descabellado sueño era ella ¿Si ese era tu sueño porque la mataste?

Alek no volteaba ni se movía, parecía como si el tiempo se hubiera detenido con excepción de la nieve blanca que caía como filamentos de plata que cubría la espalda del Zar.

—No sé cómo ocurrió —dijo con impotencia y debilidad— sólo sé que todo estaba en llamas, que nuestro poblado había sido masacrado, que no quedaba nada con vida más allá de mi padre y su guardia —las lágrimas comenzaban a derramarse de su rostro— y que en el medio de toda esa carnicería estaba el cuerpo de mi hermana con un corte en el pecho y que con ella la luz blanca que iluminaba cada día de mi vida se había ido —Los ojos de Sergei parecían casi suplicar— ¿Tú la mataste?

El Zar no se volteó y el silencio se apoderó de toda la sala, ni siquiera en ese momento las ventiscas parecían hacer el ruido de siempre, entonces la cabeza de Alek giro un poco sin mostrar sus ojos, ni sus expresiones.

—Yo fui el causante de su deceso —dijo secamente y comenzó a caminar hacia su trono.

Sergei no necesitaba que dijera nada más, ya había escuchado todo lo que necesitaba, su alma se encontraba destrozada.

—Alek espero que no llegue el día en que ames algo tanto como a tu propia vida y veas como te lo arrancan de tus manos y asesinen tu alma con ella —dijo su voz calmadamente a la vez que sentía como su alma se rompía—Porque si ese día llega, te aseguro que lamentarás que no te haya arrancado la garganta hace tiempo y sabrás cómo me siento yo.

Alek se sentó en su trono y cruzó las piernas, su cara parecía tranquila e imperturbable y no mostraba ninguna clase de arrepentimiento o tristeza por él, ahí presente.

—Quizá si sigues escuchando la historia, llegues a una conclusión para tus preguntas —Tomó una pastilla que se encontraba dentro de un bolsillo interno de su pechera y se la llevó a la boca.

Sergei ya no dijo nada más, su figura parecía desprovista de vida de no ser por el vaho, que salía de sus fosas nasales producto del frío extremo de esa cámara.

—Bien, entonces proseguiré —dijo calmadamente mientras las ventiscas no dejaban de entrar por el balcón.

#12

Capítulo 8 parte 1 - Caridad

Hace 16 años...

Los bosques vírgenes de Komi eran inmensos y casi parecían no tener fin, en teoría era territorio dvoryanstvo pero esos bosques sólo pertenecían a bestias de innarrable apariencia y a los malditos beli, cualquiera que era tan insensato para acercarse lo suficiente en ellos no volvía con vida y los pocos que lo hacían retornaban completamente locos. Sin embargo, a la entrada de aquel inmenso bosque se encontraba una legión de krasnyy listos para batallar.

—¿Es ella, Yasha? —dijo un soldado mientras miraba por un binocular.

El otro soldado sacó un pergamino con un retrato y afirmó mientras acercaba la mano a un fusil de su espalda.

—Definitivamente es "Caridad" de los tres dragones, Adrik —Sus ojos no podían dejar de mirarla— ¿Que hace la hija del líder rojo aquí?

Yasha y Adrik pertenecían al grupo de patrullaje de la frontera, Yasha era un capitán experimentado de Moscú que en sus últimos años de retiro había sido enviado a la frontera, con una calvicie muy avanzada por toda la cabeza, que de no ser por el sombrero que llevaba seguramente podría hasta reflejar parte del sol. Por otra parte Adrik era un joven recién reclutado que ansiaba darles una mejor vida a sus padres, unos granjeros humildes de las partes más occidentales de las tierras, flacucho y débil su único punto a favor era la velocidad. En lo poco que Adrik había estado en esos lugares jamás había visto un ejército tan enorme de krasnyy.

—Debemos informar a la frontera —dijo Adrik asustado ante tal tamaño de el ejército— Sí un ejército tan grande nos atacara solo el ejercito del invierno podría pararlo.

El soldado intentó levantarse para dar la vuelta y emprender la retirada, pero el otro rápidamente lo tomó del hombro.

—No es necesario —una sonrisa se formó en Yasha mientras Adrik lo miraba como si su compañero hubiera perdido la razón— ¿Conoces la historia de Caridad de los 3 dragones?

No sabía a qué venía al caso en un momento tan tenso como ese, los krasnyy los descubrirían en cualquier momento y Yasha quería ponerse a hablar de historias.

—Se lo que piensas muchacho, pero yo viví mucho más que tú, yo estuve en Moscú cuando paso las guerras de sangre hace años, este ejército es pequeño en comparación al de aquella vez —lo miró y señaló hacia la mujer que estaba en frente de ese ejército— El gran líder rojo, aquel que unificó a todos los krasnyy, se llama Orel, hace años cuando yo serví en la capital por poco ganó la guerra entre las dos razas, con un ejército como nadie había visto jamás, sin embargo, poco antes de que lograra su victoria el Zar Masha subió al poder y en una demostración de heroísmo dirigió los ejércitos del invierno hacia la victoria, expulsando a los Krasnyy de nuestras tierras e hiriendo a Orel de gravedad.

—¿Que tiene que ver todo esto ahora? —Adrik le dijo con notorio miedo al seguir ahí.

Yasha le hizo un gesto para que tuviera paciencia.

—En ese tiempo Orel tuvo descendencia: Los tres dragones, Voraz de la fuerza, Colmillos de la desolación y Caridad de la piedad, nadie conoce sus verdaderos nombres —parecía divertirse contando la historia mientras su compañero no veía la hora de retirarse a la vez que le hacía ademanes para que se fueran— sin embargo, Orel no fue tan afortunado, las heridas que había sufrido en la anterior guerra terminaron por enfermarlo al punto de no poder dirigir más en la batalla a los krasnyy, eso hizo que por poco estos se dividieran en sus innumerables tribus de nuevo.

—¿Y porque no lo hicieron? —Adrik preguntó con curiosidad mientras sus piernas habían dejado de temblar.

—Ahora si te interesa la historia ¿no? —Lo miró acusatoriamente y prosiguió— La población se dividió cada uno en busca de poder, pero ante toda adversidad sus hijos mantuvieron unidos a esos bastardos en tres sectores, Voraz logró juntar a todo su sector en base a su fuerza y heroísmo, Colmillos por su parte subyugó a su sector a base de miedo y violencia pero el más grande de los tres sectores fue mantenido por Caridad —entonces le hizo de nuevo una seña para que mirara a la mujer— ella era fuerte pero no necesitaba de la fuerza para unirlos, tenía poder pero no requería de violencia para subyugar, en cambio su bondad, cariño y ayuda se ganaron la confianza y el amor de la población, de repente los krasnyy no necesitaban pelear por comida, no enfermaban, tenían algo que ningún líder les había dado... "paz" y por eso la seguirán hasta el fin.

Adrik miro a la mujer admirado, ella representaba el escalón más fuerte de todos los krasnyy y lo había logrado de una manera que ningún gobernante había intentado antes, a base de paz y comprensión, su padre aún era la cabeza, pero la que mantenía unido al cuerpo era ella.

—Ella es increíble —dijo Adrik fascinado.

—Sí, y por eso la mataremos —Lo miro Yasha.

—Un momento ¿Que? —dijo Adrik sorprendido.

—¿Qué? ¿Crees que porque es linda y tiene un buen corazón deja de ser una krasnyy? Madura muchacho —el joven miró hacia abajo avergonzado mientras Yasha aguantaba la risa— hace un momento me di cuenta que diez soldados de la frontera están con nosotros, si jugamos bien nuestras cartas mataremos a la que mantiene unidos a esos pelirrojos y dejarán de ser una amenaza por los siguientes cien años.

— Pensó en secreto Yasha.

Adrik miró a su alrededor y no se percató de nada diferente, pero gracias a Yasha que le indicaba con unas señas algunos puntos, podía distinguir como la nieve parecía moverse, a decir verdad la guardia de la frontera contaba con un uniforme blanco que permitía mimetizarse con la nieve, los ushanka y guantes solo aumentaban la efectividad del conjunto, lo cual era perfecto para ocasiones de emboscadas cerca de esos lugares.

Yasha comenzó a usar unas señas a la vez que producía sonidos de aves, no tardó más de dos minutos antes de recibir respuestas.

—¡Vamos! —le indico Yasha con un gesto.

Las tropas de blanco se movían alrededor de los krasnyy, quienes llevaban un ropaje de color marrón y el rojo de sus pelos se mostraba a través de ellos, solo Caridad no poseía una gorra lo que causaba que su pelo ondeara por el viento creando un efecto similar a una llama de fuego.

Uno de los escuadrones logró posicionarse perfectamente detrás de ella, mientras permanecía de pie, la líder parecía vigilar de lejos a los suyos para que no rompieran filas, quizá esperaban aún más tropas.

Yasha comenzó a hacer señas con los dedos mientras se acercaban al bosque con el fin de poder dar un disparo certero a la espalda de la pelirroja. Rápidamente un soldado se les acercó.

—Mi capitán —dijo rápidamente— La líder ha sido identificada, procedo a pedir permiso para disparar.

—Soldado ¿Cuantos rifles y hombres tenemos? —dijo Yasha casi susurrando.

—10 soldados excluyendo a usted y a su compañero—tomó su rifle que llevaba detrás— Y de los 10 soldados solo 3 contamos con un rifle y 4 disparos por arma mi capitán.

Los fusiles eran un invento de los antiguos pobladores de esas tierras, probablemente hace siglos hubieran existido armas como no imaginaba la humanidad ahora, armas como las que habían causado esos muros de radiación en los confines del mundo. Sumado a la poca tenencia de minerales útiles en tierras abiertas, los fusiles eran un regalo que solo los más experimentados podían gozar.

—¿Quién es el mejor francotirador de los diez?— pregunto nuevamente.

—¡Yo, mi capitán! —afirmó el soldado con seguridad.

Yasha miró al soldado atentamente.

—Por tu bien espero que tengas razón, porque si fallas nos descubrirán a todos y seremos asesinados de la forma más cruel que te puedas imaginar —tomó su hombro— pero sin presión soldado.

El soldado tragó saliva y rápidamente comenzó a arrastrarse por la nieve a la vez que cuatro de sus compañeros se incorporaban de diferentes puntos cubriéndolo dos por lado, hasta llegar a un pedrusco cubierto de nieve y posicionarse por detrás para calcular el tiro.

—¿Le mentiste al capitán diciendo que eras el mejor tirador? —le dijo el soldado que estaba a su lado.

—Cállate, practiqué en la mañana, creo que estoy mejorando —forzó una sonrisa— además dijo que no había presión.

—Estamos muertos —afirmó otro soldado que se encontraba al otro lado.

"Vamos chico no hay presión, hiciste esto muchas veces aunque no pudiste darle al blanco, pero que tal si ahora sí, solo era ponerlo sobre esta roca, mirar por esta mirilla... ¿La mirilla iba debajo o sobre el objetivo?" —pensó el soldado.

—Si jalas el gatillo el retroceso hará que te rompas unos cuantos dientes —dijo alguien a sus espaldas.

—Muchas gracias, la verdad no recordaba que debía apoyarlo sobre un hombro antes de... —sus ojos se abrieron como huevos al igual que el de sus compañeros que estaban con él.

—¿Voraz? es Voraz ¡mátenlo!— el soldado gritó a la vez que temblaba por ver al hombre pelirrojo de metro noventa.

—Hola — Saludo el gigantesco krasnyy a la vez que agarro al soldado del rifle por la cabeza y luego lo estampo contra la roca matándolo al instante— y adiós.

Los dos soldados adyacentes sacaron unas navajas de combate de su pechera para arremeter contra el recién llegado, mientras los dos restantes sacaban sus fusiles para disparar contra aquel monstruo, el primero se abalanzó de lleno, pero Voraz agarró al soldado de la mano y lo jalo hacia él para darle un cabezazo de tal potencia que sus dientes salieron volando, aprovechando la inconsciencia del soldado rápidamente le quitó el arma y lanzó el cuerpo hacia uno de los tiradores derrumbándolo en el acto.

#13

Capítulo 8 parte 2 - Caridad

—¡Maldito! —dijo el otro soldado que aprovechó para correr con la navaja en mano.

Rápidamente de una patada en la mano izquierda el agresor había perdido el arma corto punzante, solo para después lanzar el cuchillo del anterior soldado hacia el cuello del último hombre con un fusil que estaba apuntandole, haciendo que este se ahogara con su propia sangre.

—¡Bien! ¿Quién más quiere hacerse al héroe? —dijo Voraz a la vez que el soldado que había perdido el cuchillo lo miraba— mira, te daré cuatro segundos para golpearme e intentar huir.

El soldado corrió y comenzó a golpearlo en el abdomen sin ningún resultado, el tacto de sus golpes lo dejaba sentir como Voraz solo llevaba un chaleco militar de los krasnyy y nada más por debajo, era como una bestia que no tenía debilidades.

—Uno... —Comenzó a contar Voraz.

El soldado golpeó con más desesperación solo para darse cuenta que a diferencia del krasnyy que no sentía dolor alguno, sus manos de él comenzaban a sentir el dolor de los impactos casi como si estuviera dándole golpes a un muro de acero.

—Dos... —Continuaba el conteo.

El soldado respiro y con toda su fuerza concentrada levantó el puño tan alto como pudo para golpear con toda su fuerza a la cara del gigante, el puño impactó de inmediato, solo para que el soldado mirara con miedo como el rostro del krasnyy no se había movido un solo centímetro.

—Tres...—Lo miró sonriendo.

El soldado lanzó un chillido de miedo y se dio la vuelta con intención de correr tan rápido como pudiera, sus piernas le temblaban y las lágrimas le salieron del rostro.

—Cuatro —Voraz lo jaló del cuello de su chaqueta y rápidamente movió sus manos hacia su cabeza para romperle el cogote.

—Hiciste un buen intento, pero los dvoryanstvo no son rivales para nosotros —miro hacia el frente dándose cuenta que los demás krasnyy como su hermana lo miraban sin romper sus posiciones —¿Podrías decirme porque...?

Una bala interrumpió su frase pasando cerca de su brazo y causándole un rasguño, era el soldado que había sido derrumbado cuando Voraz lo había lanzado contra otro de los dvoryanstvo.

—Debiste quedarte en el suelo —le dijo enojado.

El soldado le apuntó mientras el krasnyy caminaba lentamente hacia él, las piernas del soldado de la frontera no dejaban de temblar al igual que su arma, el miedo hacia el ser que se acercaba no le dejaba disparar. En cosa de nada Voraz estaba en frente a él y con un tirón le quitó el arma de las manos al asustado dvoryanstvo para luego dispararle. Su vista era tan aguda que rápidamente se dio cuenta de los dos grupos restantes, que ante la muertes de sus compañeros intentaban huir.

—¡Oigan dudo mucho que logren encontrar una barnacla cuellirroja en esta zona, lo digo para que los sonidos de ave no los delaten la próxima vez, eso sí sobreviven claro! — Gritó a los cuatro vientos.

Ante la afirmación y sabiendo que habían sido descubiertos uno de los grupos de cinco personas se había levantado y comenzaron a correr hacia la ciudad más cercana. Voraz se limitó a mirar mientras recogía los fusiles de los soldados caídos.

—pensó mientras apuntaba a los soldados corriendo.

Miró atentamente y con un poco de atención la primera bala salió disparada impactando al primer soldado. De nuevo el arma volvió a su posición y esta vez otra bala más llegaba a su objetivo, los soldados no dejaban de correr mientras Voraz cargaba con tranquilidad el arma que había hurtado, los fusiles solo podían cargar un disparo a la vez, pero a él le bastaba, jamás fallaba. En cosa de segundos los tres soldados restantes del grupo murieron, cada uno de un solo disparo.

—se dijo mientras apuntaba el arma ahora a los dos soldados restantes que no habían perdido el tiempo para escapar del lugar.

—Corra soldado debemos informar que Voraz está aquí — corrió Yasha con notable miedo en sus ojos, esa cosa era aún más monstruosa que su padre.

—Yasha no creo que... —De repente ante sus ojos el cráneo del capitán Yasha había sido perforado de un disparo cayendo al suelo.

Adrik comenzó a temblar y a lloriquear mientras corría, porque el capitán había sido tan necio, si tan solo hubiera pensado en las consecuencias, si tan solo se hubieran ido de ahí antes de que Voraz llegara, él estaría vivo y el ejército del invierno estaría preparado para ese ataque, pero eso no era lo único en su cabeza.

—pensó y su mente se iluminó.

—¿Que está haciendo ese demente? —Dijo Voraz al ver a Adrik cambiando su ruta para adentrarse al bosque— bueno maldito loco veamos cuanto te dura tu broma.

Voraz apuntó hacia Adrik a la vez que este corría a toda velocidad hacia el bosque, pasado unos segundos Voraz disparo y la bala viajó en su trayecto hasta dar con un tronco que había cubierto al soldado.

—Crees que fallare para siempre maldito demente —Voraz cargó un disparo más al arma y volvió a apuntar.

—Ya no —Caridad tomó su mano y bajó su arma a la vez que negaba con la cabeza.

El pelirrojo se sentía molesto y botó el arma al suelo.

—Caridad, debo hablar contigo —El gigante miró hacia el ejército que lo miraba— lejos de tus hombres.

Caridad asintió y lo acompaño delicadamente hacia un sitio alejado.

#14

Capítulo 8 parte 3 - Caridad

—¡Svetlana qué haces aquí! —le dijo Voraz— nuestro padre no sabía nada de ti y de repente me entero que medio ejército marcha contigo en tierras enemigas.

—Debo encontrar a Iván —habló secamente y sin miramientos.

Voraz intentó tranquilizarse y se llevó una mano a la cara, pasándola con fuerza sobre su rostro.

—Está muerto, partió hace meses y no ha vuelto, sus tropas desaparecieron, su gente se afilió a mi, ante la necesidad de recursos comenzaban a morir de hambre—le dijo perdiendo la paciencia— ¿Sabes lo que pasaría si los dvoryanstvo se enteran que él está desaparecido? podrían iniciar una nueva guerra que no estoy seguro si...

—¡No lo abandonaré Sergei! —Gritó Svetlana interrumpiendolo— es mi hermano, lo amo como te amo a ti y a nuestro padre, a la familia no se abandona, Sergei si solamente tu...

—Es tan hermano mío como lo es tuyo, incluso fue mi hermano antes de que tu nacieras —caminó amenazante hacia ella, aunque Svetlana no cedió ni un centímetro— ¿Crees que no me duele perder a mi sangre? Pero debemos ser realistas, hace tres meses que no vuelve de una misión suicida que su estúpida religión y ego lo impulsaron a hacer, en un lugar de donde nadie vuelve y donde bestias que nadie puede vencer habitan, acéptalo está muerto y no quiero que tú también lo estés.

Svetlana lo miro a los ojos amenazadoramente y se acercó a su rostro tanto como pudo.

—No lo dejaré — le dijo lenta y decididamente.

Sergei gritó y golpeó uno de los árboles provocando que la nieve se desprendiera y cayera junto con un nido de pájaro con los polluelos que comenzaron a chillar por el susto y la caída.

—No quiero perderte, no quiero perder al último hermano que me queda — en su voz se sentía una impotencia que nadie más había visto más que ella— no podría vivir sin ti a mi lado, eres la única que mantiene ese lado amable en mí, no podré soportar, no puedo.

Svetlana lo miro con pena mientras avanzaba hacia el nido de pájaros y lo levantaba con delicadeza para dejarlo en una rama cercana.

—Perdóname Sergei, pero tú me conoces mejor que nadie, sabes que no daré la vuelta —lo agarró de una mejilla y lo miró con una mirada tan profunda como solo ella podía hacerlo— te prometo que volveré, intentare traer sano y salvo a Iván y volveremos a ser la familia que siempre fuimos, soy tu hermana pequeña, pero jamás he roto una promesa ¿Verdad?, esta no será la excepción.

Odiaba que le tratara así, hablaba con la verdad, su hermana jamás le había fallado y aunque no lo pareciera ella era tan fuerte como cualquier krasnyy a la hora de pelear.

—Traeré a mis ejércitos para auxiliarte —dijo Sergei decidido.

—Lo más probable es que ya esté afuera para cuando llegues —hablo con una sonrisa— prométeme que me esperaras acá hasta que vuelva, necesitaré una buena escolta para mis hombres cansados y claro para mí.

—Lo prometo —Sergei agarro su navaja— iré por ese dvoryanstvo que huyó, antes de que informe a los demás de tu presencia.

—Déjalo ir —Svetlana le dijo con cariño— está asustado, se internó en el bosque donde nadie tiene cartografiados esos lugares, las bestias lo mataran y si en el mejor de los casos llega vivo afuera de ellos, logrará que los dvoryanstvo lleguen a este desierto helado donde ya no habrá nadie y solo habrán gastado recursos.

Sergei comprendía perfectamente la situación, su hermana no era como los demás krasnyy, ella amaba y cuidaba toda vida por igual aunque fuera la de sus enemigos, su corazón era noble y piadoso algo que sus enemigos podían aprovechar muchas veces.

—¿Por qué no los mataste? —preguntó con curiosidad.

—¿Qué? —Svetlana se movía de lado a lado haciéndose a la desentendida.

—¿Por qué no mataste a los soldados? Tu eres una rastreadora por naturaleza debiste haberte dado cuenta apenas llegaron, acaso querías que te mataran —dijo rápidamente y con preocupación.

—Hermanito por favor —comenzó a reírse- el francotirador no sabía cómo usar un arma y los demás no tenían una mínima experiencia en cómo usar el equipo de camuflaje, si hubiera disparado hubiera fallado y hubieran echado a correr antes que mis krasnyy los mataran.

Sergei también saco una sonrisa y por poco soltó una carcajada.

—Supongo que tienes razón —su rostro se tornó serio nuevamente— cuídate hermanita.

—Lo prometo, jamás he fallado una promesa —le sonrió mientras volvió a sus filas.

Sergei la miro alejarse mientras su corazón latía rápidamente ante la preocupación, la nieve no había dejado de caer en esa temporada, solo esperaba, que no significara algo malo. Entonces rápidamente echó a correr hacia el páramo de nieve, con la esperanza de volver rápidamente para ayudar a esa persona que alegraba sus días cada mañana y controlaba su salvaje ser.

#15

Capítulo 9 parte 1 - Arruinar un plan

hace 16 años...

Pasaron tres días y la puerta sonaba con un toqueteo bastante ligero, seguramente Alek había llegado, pensó Irina. Oleg abrió la puerta con delicadeza, para que entrara el Zarevich con un saco pesado y un sombrero, evidentemente era su hermano, Irina lo miró con curiosidad, había cambiado demasiado ya no era un niño, tenía el cuerpo de todo un adolescente y las ojeras junto a su postura daba a entender lo difícil que había sido para el ser el presidente del consejo de nobles, aunque no era momento para discutir aquello.

—¿Irina, cómo te encuentras? — dijo mientras se quitaba el saco— debo admitir que tu llamada me salvó de que el consejo me rompiera la cabeza con sus rumores y acusaciones.

Alek conocía bastante bien a su hermana, hace mucho había sido una niña bastante tierna y preparada para ayudar a su familia, sin embargo ese recuerdo de ella se distorsionó por el tiempo, ahora solo quedaba una mujer determinada a conseguir poder y lograr sus ambiciones sin importar el precio, sabia que si lo había citado y era algo importante, seguramente fuera para algo que la beneficiara.

—Alek, como siempre bastantes cortés — decía mientras su rostro dibujaba una risita burlona — como sabrás no te llamé por un simple saludo, sin embargo me alegra saber que mi hermano ya es todo un hombre y uno bastante guapo debo decir, con excepción de esas ojeras, las propuestas de los nobles no debieron hacerse esperar para los matrimonios con sus nobles hijas.

Alek colgó sus cosas en un perchero a la vez que soltaba unas risas.

—Las primeras veces fue toda una pesadilla, en especial dado que padre no se ocupa de esos asuntos —rápidamente se dirigió hacia un dispensador para rellenar un vaso de Vodka— pero no pienso tomar ningún matrimonio por el momento, el amor me es indiferente y aún más los asuntos personales de los nobles obligando a sus hijas a fingir que me quieren.

—Ese es mi hermanito, tan listo como siempre ¿No es así Oleg? —Miro hacia el anciano y este movió ligeramente la cabeza mostrando su aprobación— Esos nobles me dan asco en todas sus formas y aspectos, pero no quiero malgastarte el tiempo hablándote de problemas políticos.

—¿No lo hiciste? — Era obvio que Alek se burlaba — siempre fuiste bastante especial en tu forma de ser, me alegra saber que no has cambiado ni un poco.

—Dejémonos de bromas — la fraternidad parecía haber terminado, el rostro de Irina pasó a tornarse despreocupado a la vez que se lanzaba hacia el sillón más cercano como si hubiese caminado kilómetros — padre se quiere librar de ti.

Las palabras salieron secamente de los labios de Irina pero Alek no parecía inmutarse.

—¿Dime algo que no sepa? —Alek la miró con la misma seriedad— no por nada me aparto del palacio del invierno para que esté lejos de él ¿Y acaso no lo consiguió?, a este paso lo volveré a ver cuándo esté en un ataúd y yo herede el país.

—Esta vez algo cambió hermanito déjame ponerte en contexto, hace unos meses hubo una incursión contra los krasnyy en Komi, dado que algunos quisieron invadir territorios nuestros entre tres o más clanes, al parecer se están uniendo logrando ser mucho más numerosos, los hijos del líder rojo al parecer hicieron bien su cometido después de la derrota de su padre por parte del nuestro.

—Bien, no noto nada extraño por el momento, todos sabemos que Caridad, Voraz y Colmillos unificaron a los Krasnyy de nuevo, debimos saber que no eran simples rumores —tomó lentamente el Vodka de su vaso mientras la miraba— aunque fueran tres clanes no deberían representar una amenaza mucho mayor para nosotros solo el sector de Voraz y Caridad representan una amenaza para el ejército del invierno.

—El problema es que se encontró a la avanzada Krasnyy demasiado tarde y estos lograron tomar un pequeño poblado antes de que nuestras fuerzas llegaran —Irina imitó el acto y comenzó a tomar de su bebida— obviamente nuestras tropas llegaron y aplastaron a sus tropas, pero sucedió algo inusual, ellos explicaron que todos estaban totalmente aterrados –Su sonrisa se dejaba ver en su rostro— los krasnyy habían asesinado a todos en el pueblo con sus manos y luego muchos se suicidaron golpeando sus cabezas contra los muros de las casas.

—Sigo sin entender, los krasnyy siempre han sido así de violentos —se tocó la sien y la miró— probablemente fueron soldados primerizos que al ver el horror de la guerra enloquecieron y prefirieron matarse, en realidad no me suena descabellado pensar eso —su mirada ahora apuntaba hacia la bebida que tenía en mano— recuerda que yo dirigí una de las defensas de la capital contra uno de los ataques sorpresivos de Colmillos, aquella vez pasó lo mismo con diez de sus soldados.

—Pues que tan extraño es que cuando llegamos ya había trescientos mil soldados krasnyy desmembrados de todas las formas posibles, los que seguían vivos se habían arrancado la piel de la cara y se comían los cadáveres de los niños como bestias —esa perturbadora sonrisa no desaparecía de la cara de Irina— no creo que una enfermedad temprana a la guerra ocasionara el suicidio de casi toda su avanzada, sin contar que para cuando las tropas llegaron todos los hombres que encontraron ya estaban chillando como puercos con las palabras del comandante de la incursión, los más agresivos fueron masacrados.

—Bastante extraño —la expresión de Alek cambio a una de curiosidad— esos tipos son unos dementes pero no a aquel punto ¿Dime el poblado, por donde se encontraba?

Irina dio unas risitas antes de proseguir.

—Ese hecho es bastante curioso hermanito —le señaló con una mano hacia un adorno de pino que había en el cuarto— dado que el poblado solo se encontraba a treinta kilómetros de los bosques vírgenes de Komi siendo el poblado más cercano a estos.

—Los dioses oscuros de los Beli —Ahora todo cobraba sentido en su cabeza— cabe decir que es una suerte que hubieran llegado vivos hasta ese punto, pero si la incursión encontrada fue de trescientos mil entonces significa que la incursión original fuera de uno o dos millones.

#16

Capítulo 9 parte 2 - Arruinar un plan

El dedo de Irina se movía por los exteriores de su vaso.

—Exactamente —Soltó un suspiro— sabes que ninguna persona que se adentre a territorios de los Beli y logra salir con vida sale cuerdo de esos lugares, sin contar que algo más sucedió hace unos días.

—¿Y eso podría ser? —dijo Alek con curiosidad, casi parecía que se había olvidado del vaso que llevaba en las manos.

—El hijo de Lord Maxim, me soltó la información de que hace unos días unos soldados desaparecieron en la frontera cerca de los bosques —su sonrisa ahora se dirigía hacia el Zarevich— por lo que se cree que un ejército diez veces más grande de krasnyy se adentró en el bosque, probablemente con el plan de hacer un ataque sorpresa sobre toda la zona.

—¡Irreal! la única que tiene esa cantidad de ejercito seria Caridad de los tres dragones, para que gastaría todas sus tropas en un ataque suicida a Komi por los bosques, las posibilidades de salir de ahí con vida serian mínimas —Aunque Alek sospechaba que de lograr pasar un ejército tan enorme por el bosque seria ideal para tomar toda la zona rompiendo las defensas, pero su mente se despejó después de unos momentos- De todas maneras soy el presidente del consejo de los nobles, ¿Porqué me cuentas esto?, no tengo ninguna autoridad sobre las tropas o el ejército.

—Pobre hermanito siempre tan inocente y confiado —Irina dejó el vaso en un pequeño mesón— te acuerdas con que asunto comenzó la charla.

—¿Padre? —preguntó Alek con una marcada seriedad en sus palabras.

—Que listo que eres —La actitud de Irina comenzaba a cansar a Alek— en unos días padre anunciará un comunicado en las calles para reemplazarte como presidente del consejo después de ese momento pasarás a ser el comandante en fuerzas de las tropas en las fronteras de Komi para la defensa de nuestro país.

Alek se paró de golpe mientras arrojó el vaso a la pared rompiéndolo y manchando la pared en el acto, Irina parecía disfrutar de su ira.

—¡Mentiras! — es obvio que el comentario había llegado en lo más profundo de su ser— mandar a un príncipe a las fronteras contra un ejército tan enorme es una tarea suicida, los ejércitos de la frontera no tienen nada que hacer contra un ejército que los superará uno a treinta, incluso mi padre lo sabría, ¿Porqué hacerme eso?.

—Porque así tendría un motivo para volver a casarse y tener un nuevo heredero, nuestras leyes prohíben que cualquier noble o plebeyo pueda volver a casarse mientras los herederos hombres de estos vivan —Irina levantó uno de sus ojos mientras levantaba sus hombros a la par— también nuestro amado padre ha dejado de ser el mismo desde hace unas semanas, no sale de su trono y está más paranoico de lo normal.

—Maldita sea con él, que se lo lleve el demonio por su absurdo razonamiento —Alek miró como Irina disfrutaba su frustración, no era tiempo de perder los estribos, debía pensar en algo para solucionar las cosas— bien no importa veré cómo arreglármelas.

Se levantó el peinado hacia atrás y trató de recomponer su postura, había vivido lo suficiente para saber que la desesperación solo lo hundiría más, ahora que sabía con antelación lo que pasaría debía actuar pronto, idear algo, evitar la posición era imposible de hacerlo se sometería a la muerte social, solo le quedaba idear algo para detener a los krasnyy.

—Escúchame bien hermanito, no dejare que te maten tan fácilmente —La princesa parecía tener todo calculado— cuando aquello suceda acepta la posición para que padre no sospeche nada, mis marionetas me informaron que en la Prisión de escarcha tienen a uno de los sobrevivientes del ataque de hace meses, con mucha probabilidad de que sea alguien de un cargo alto dentro de los krasnyy, como comandante y príncipe tendrás todo el derecho a interrogarlo, puede que sea un solo prisionero, pero bien interrogado podrás conseguir todos los puntos de su invasión y la razón del porqué están aquí, sus campamentos, sus anteriores expediciones, todo —Su hermana recalco esa última palabra— creo que eso te será de bastante ayuda para sobrevivir hasta que acabe la defensa y padre no tenga más remedio que traerte de vuelta... —camino hacia él y le tocó el hombro— a donde perteneces.

—Gracias, pero perdona la pregunta ¿Por qué me ayudas? — Alek tenía una mirada acusadora hacia su hermana casi como si supiese que planeaba— te seré sincero no eres de las personas que se preocupen de alguien tan fácilmente, menos de tu hermano, eres mi hermana y por eso sé que si por ti fuera mi muerte solo te daría una posibilidad de que tu futuro marido fuera el que ascendiese en la corona y reines como reina del país.

—Que bien que me conoces hermanito —Irina quitó su mano del hombro de su hermano— y por esa misma razón sabes que si tú mueres, padre no perdería el tiempo ¿Crees que ese vejestorio me dejaría quedarme con el país y dejar que alguien que no es de sangre pura ejerza de Zar? No, él se volverá a casar y sus nuevos descendientes tendrían más peso que yo en la posición de la realeza y no pienso perder mi puesto actual por los sueños absurdos que tenga ese viejo.

—Bien entonces que deba ocurrir lo que tenga que ocurrir hermanita —los ojos de Alek se dirigieron hacia un cuadro de su padre— arruinemos los planes del Zar.

—Recuerda llamarme cuando vayas con el prisionero quisiera saber algo de su historia —su rostro estaba lleno de curiosidad como cuando una niña encontraba un juguete nuevo— además me gustaría ver la desesperación en los ojos de aquel quien ha visto a esos monstruos.

—Es un trato, te concederé tu extraño deseo a cambio de la información que acabas de darme hoy —dijo Alek mientras que de un movimiento ligero se levantó y salió de la habitación cerrando la puerta con bastante delicadeza.

Oleg que se había quedado escuchando toda la conversación casi parecía llorar por el destino de aquel que quería como a un hijo, se movió un poco y habló.

—¿Lady Irina cree que el joven Alek esté bien? —sus labios temblaban como si estuviera a punto de quebrar en llanto.

—No te preocupes Oleg —La princesa sonrió— ahora su destino está fuera de mis manos, deja que descanse, que si no juega bien sus cartas, su destino será la menor de nuestras preocupaciones.

Frunció el ceño a la vez que miraba con odio aquel retrato de su padre en ese cuarto.

#17

Capítulo 10 parte 1 - Recuerdos de un pasado lejano

¿Hace 16 años...?

La nieve estaba descongelándose alrededor de una granja mientras una mujer joven de pelo morado largo comenzaba a poner algo de leña dentro de una bolsa de lana para llevarla dentro de casa.

Los ojos de la joven de hermosa apariencia parecían llorosos, como si toda la noche hubiera desahogado sus penas en su cama.

—Vaya, vaya, vaya qué tenemos aquí —Llegó un dvoryanstvo acompañado de cuatro personas más corpulentas, todos de pelo corto y con unos dientes bastantes amarillos— a la perra de Irisa Volkova.

La mujer dejó caer la bolsa para caminar rápidamente hacia su casa, no sin antes ser detenida por uno de los hombres que había acompañado a aquel hombre.

— ¿Irisa, mi hermana me dijo que es otro mes sin que nos pagues la renta de estas tierras? —El hombre mostró una sonrisa en la que faltaban dos dientes al frente.

—Las vacas no han producido mucha leche esta temporada —La chica habló fuertemente— Prometo que el siguiente mes les daré el doble

El hombre hizo unos chasquidos con su lengua a la vez que negaba con su cabeza.

—Ya son tres meses, sabes que eso no funciona de esta manera, además mis vigilantes me dijeron que te vieron salir estos días con un hombre muy elegante —El hombre dio una pequeña carcajada— ¿Acaso quieres verme la cara de tonto Irisa?

—No es algo que te incumba —la mujer puso una cara seria mirando directamente a aquel hombre— ya te lo dije no tengo dinero, puedes entrar y revisar la casa para asegurarte que no tengo nada.

—La perrita muestra sus dientes, una perra muy apuesta debo decir —sacó la lengua y se la mordió— bien creo que si no pagas con dinero entonces pagarás con tu cuerpo.

— ¿Que? —dijo la mujer horrorizada.

— ¡Chicos destrócenle la ropa! —hablo el hombre con fuerza.

La mujer comenzó a gritar mientras los hombres la sostenían de las manos y comenzaban a arrancar las prendas que tenía puesta.

—Te haré sentir una mujer capaz de asumir sus responsabilidades —El líder de aquellos hombres lamió la cara de la mujer mientras ella lloraba— se ve como toda una prostituta, chicos ábranle las piernas.

La mujer se sacudía pero era imposible resistirse ante aquellos mastodontes. El hombre miró sus partes íntimas y puso una cara de sorprendido.

—Quien lo diría Volkova aún es virgen, aun no has sentido el miembro de tu galante cortesano —hechó en risas— pues creo que me saque la lotería, te haré sentir la mujer más afortunada del mundo cuando sientas la gloria entre esas piernas.

— ¡Nooooo! —gritaba la mujer entre lágrimas mientras el hombre se sacaba el miembro para proceder.

—Siéntete feliz Irisa, porque cuando yo acabe cada uno de mis cuarenta hombres vendrán a aprovechar esas piernas que llevas ahí abajo —El hombre se aproximó para meter su miembro.

Y de repente una bala salió disparada, reventando la cabeza de uno de sus hombres y salpicándole de sangre.

— ¿Quién es el hombre que tiene las pelotas para enfrentarse a Andrey? –dijo furioso al ver a uno de sus hombres muertos.

A lo lejos un joven con un traje negro y una capa blanca bajaba de su caballo mientras uno de sus acompañantes se quedaba arriba del caballo a observar. El joven tenía una nariz respingada, un cuerpo de apariencia atlética y un cabello morado peinado hacia un costado, de bastante buen porte y guapo, sin embargo en ese momento la ira en el rostro le hacía dar una apariencia del mismo demonio a punto de salir de los mismísimos infiernos.

— ¿Te sientes muy hombre por golpear y ultrajar a una mujer? ¿No? —Camino rápidamente y de forma amenazante hacia el hombre que se encontraba delante— ¿Haber que tan hombre eres conmigo?

El hombre exhalo el aliento mientras su miembro aun colgaba entre sus piernas.

—Ioakim y Iov —Indicó el dueño de esas tierras— vayan por él, quiero que me traigan su cabeza.

Los hombres soltaron a la mujer mientras esta caía de seco a la tierra, rápidamente agarrando los retazos de ropa del suelo para cubrirse.

—Bien, veamos cuanto les dura la hombría —el noble se sacó los guantes.

Los dos hombres corpulentos se aproximaron hacia él con los puños hechos pero para su sorpresa, el noble se disparó hacia uno de ellos, derrumbándolo en el acto, el hombre derribado intentó golpear al joven pero para su sorpresa el brazo del apuesto joven que parecía diminuto en comparación al suyo, había parado sus golpes con facilidad. Miró el rostro de aquel que le parecía un niño y vio la furia en sus ojos, la mano pequeña de aquel humano, permaneció recta, sin hacer ningún tipo de puño y casi como un cuchillo golpeó su garganta para romperla y ahogarse, el hombre comenzó a hacer señales mientras su cara se tornaba azul.

— ¡Ioakim! –Grito el otro ayudante, en cosa de nada aquel noble había matado a su compañero— ¡Era mi hermano, bastardo!

El hombre dolido por la pérdida de su hermano se arrojó hacia aquel joven sosteniéndolo y alzándolo por los hombros.

— ¿Cuál brazo la tocaba? —Le pregunto el de capa al gigante.

El tipo calvo y grande, no se tomó la molestia en responder, el dolor lo embriagaba y solo quería librarse de aquel recién llegado, comenzando a jalar los brazos con fuerza para dislocárselos.

—Lo estás haciendo mal —lo miro para percatarse en aquellos ojos blancos tan raros en los dvoryanstvo como lo miraban.

De un golpe con sus dos pies el chico golpeó el estómago de aquel hombre gigantesco obligándolo a soltarlo y arrodillarse de dolor, en cosa de nada se movió hacia su espalda y con un movimiento rápido agarró su brazo apoyando su pie en el hombro de aquel mastodonte, se lo rompió en cosa de nada.

El hombre chilló de dolor e intento escapar.

— ¿Quién eres? —Miró aterrorizado a aquel noble de pequeño tamaño a comparación del suyo.

El profundo dolor por la pérdida de su hermano había desaparecido para dar lugar a un miedo profundo hacia aquel ser, tenía todo para ser alguien de la nobleza, pero a sus ojos era un monstruo tan horroroso como los que habitaban los bosques. Entonces una navaja que había sido lanzada desde no tan lejos perforó su cabeza

— ¿Esto es todo? —Dijo molesto mientras se dirigía rápidamente a su líder— Ustedes no son ni la suela de los zapatos peleando como lo fue Orel.

— ¿Orel? —El líder de aquellos campesinos ya tenía sus sospechas de quién era ese noble — Kiril agarra a la mujer.

El último hombre de aspecto tosco corrió para agarrar a la chica pero antes de que lograra ponerle un dedo una bala había silenciado su vida, el otro hombre a caballo había disparado certeramente a una distancia impresionante.

— ¿Te toco? ¿Te ultrajó? —grito molesto el noble hacia la mujer mientras se aproximaba.

—Masha no pierdas la compostura —Gritó la mujer mientras lloraba— ellos no lo valen.

Andrey el líder de los campesinos confirmaba sus sospechas, el hombre del campo se hallaba aterrorizado, era el Zar Masha aquel que había derrotado a Orel y sus ejércitos krasnyy unificados en la guerra más brutal de toda su historia. Si ese hombre había sido el enamorado de Irisa pronto estaría muerto.

—Mi Zar no pensé que ella sería su acompañante —dijo el hombre con notorio miedo— quizá podamos llegar a un acuerdo ¿Sí?

El Zar camino hacia él, como si fuera el aspecto mismo de la venganza, mientras las piernas del hombre temblaban, a lo lejos podía observar como el acompañante del rey apuntaba con su arma en caso quisiera escapar, era todo.

—Ya no tendrás otra vida para volver a hacer eso —El Zar le propinó un golpe tan fuerte en el rostro que parecía haberle quitado lo poco que le quedaba de la dentadura.

De un momento para otro el Zar se subió encima de su víctima y comenzó a propinar un aluvión de golpes que poco a poco deformaban la cara de aquel hombre quien había intentado violar al amor de su vida. El rostro del Zar se llenaba de sangre, cada golpe lo llenaba de una adrenalina y satisfacción, pero al mirar a su alrededor vio la cara de Irisa, esa mirada que veía como la persona que amaba se estaba transformando en algo que no era. Movió su cabeza para mirar al campesino solo para darse cuenta que este había muerto hace ya un tiempo producto de las fracturas que él le había propinado en el cráneo. Masha se levantó lentamente para indicar a su acompañante de buen porte que se acercara.

—Oleg, trae algo de ropa para la señorita —El Zar la miró y apoyo ligeramente su mano en el hombro de aquella mujer— ¿Irisa que te hicieron? ¿Estás bien...?

— ¡Suéltame! —Gritó la mujer mientras rápidamente apartó la mano de su hombro, seguidamente recogió sus prendas destrozadas para ir camino a casa— no quiero las sobras de tu amor ¿Piensas limpiar tu culpa con esto?

Los ojos del Zar se veían claramente arrepentidos, Oleg había visto a Masha muchas veces, un joven arrogante, sin piedad, alguien que no llevaba a los estándares de la moralidad a quienes conocía, despiadado en la batalla sin mostrar ninguna misericordia, pero Oleg jamás había visto ese lado del Zar, esa mujer lo volvía débil, compasivo y amoroso podía dar la vuelta toda Rusia solo por ella.

— ¡Irisa escúchame! —la mujer seguía apartándose de él— No podía dejar que supieras quien era, si hubiera sido así me hubieras visto con otros ojos, si la gente hubiera sabido que...

—Te acostabas con una campesina, tu reputación hubiera bajado por los suelos ¿No es así? —La mujer seguía despidiendo lágrimas pero ahora la fuente del dolor era diferente.

—No, si ellos se hubieran enterado no hubieran dejado de acosarte, incluso amenazarte o lastimarte —Las palabras del Zar cada vez parecían más desesperadas.

— ¿Y tú no lo has hecho? —La mujer seguía golpeándolo donde más le dolía.

— ¿Qué quieres? ¿Que grite a los cuatro vientos que amo a Irisa Volkova? —Masha llenó sus pulmones de aire y comenzó a gritar — Amo a Irisa Volkova hija de campesinos orgullosos y estoy muy orgulloso de eso, quien quiera meterse entre ella y yo tendrá a todos los dvoryanstvo encima de ellos.

#18

Capítulo 10 parte 2 - Recuerdos de un pasado lejano

—Cállate —Gritó Irisa con todo su ser y segundos después comenzó a reír mientras recibía un gran chaleco de pieles finas que Oleg le había ofrecido— No es posible Masha.

Las palabras de la muchacha salían con una sonrisa, pero con mucha tristeza marcada en ellas.

— ¿Por qué no? —el Zar casi parecía rogar— esta vez prometo hacerlo todo con sinceridad, cásate conmigo y reinemos juntos el país, prometo que no habrá secretos, esta vez no.

—No puedo Masha, aunque quisiera vivir contigo tu destino es reinar y mantener unido a los dvoryanstvo, yo y mi status solo serán un obstáculo en tu destino —dijo con tristeza— olvídame.

—Perdóname —dijo Masha mientras Irisa volvía a dar la vuelta, pero en cosa de momentos la volteo y la beso como si no hubiera un mañana — porque eso va a ser difícil, porque tú eres mi destino.

Irisa empezó a llorar y lo abrazo con toda la fuerza que pudo.

—Debes estar seguro de que me escogerás, porque no podrás tomar esa elección otra vez —los labios de Irisa temblaban y sus ojos no paraban de mirarlo fijamente.

—Te escojo —Dijo Masha con una sonrisa y con unas lágrimas saliendo de su rostro.

Entonces el Zar pestañeó y... todo se había ido, solo estaba él, mirando la nieve caer en frente del trono del invierno, ahora ya no era mas joven, si no un adulto de tercera edad con pelo canoso, obeso y con la barba y las patillas abundantes.

—susurro.

Miro arriba y sintió como las manos del sacerdote beli que conocía desde hace poco lo tocaban, ahora lo miraba con un rostro libre de emociones y a un lado el cadaver de una niña que habia sido sacrificada para tener sus visiones.

—Déjame verla de nuevo —Masha habló con marcada seriedad.

—Lo siento mi Zar, es todo el poder que los dioses están dispuestos a prestarle por el día, no puede vivir de recuerdos —hablo el beli, mientras el Zar parecía no quejarse a la vez que rápidamente se llevó uno de sus clásicos cigarrillos a la boca —hay asuntos más importantes que discutir.

—Métete en tus asuntos y no me hagas perder el tiempo sacerdote, dime que sabes de Alek —El zar miraba con melancolía el humo que ahora exhalaba de sus pulmones.

El sacerdote tomó su tiempo para apartar las manos del zar.

—Su hijo ha descubierto el plan, su hija se encargó de facilitarle un escape, si no hacemos algo pronto... —dijo el beli sin parar de hablar y con total tranquilidad.

— ¿Crees que no imaginé que algo así pasaría? —El Zar parecía calmado— ¿Dime la hija de Orel el rojo, ya se ha adentrado en los bosques como indicaban tus visiones?

—Así es mi Zar, Caridad ha sido avistada en territorio sagrado con tal de recuperar a su hermano Colmillos —el beli indicó mientras el Zar esbozaba una sonrisa.

—Bien todo va de acuerdo a mi plan —el beli parecía no entenderlo— dile a tus dioses que no defiendan su territorio.

El beli por primera vez parecía irradiar molestia ante esas palabras.

—Los dioses no obedecen a nadie Zar de los dvoryanstvo, ellos están a un nivel más allá de los conflictos entre humanos —habló molesto pero sin alzar la voz.

—Mira sacerdote te diré lo que ocurrirá, mi hijo irá a la Prisión de escarcha, encontrará que aquel al que busca Caridad se encuentra ahí, al no hallar respuestas por su estado, no le quedará más remedio que idear algo contra los Krasnyy —Masha se levantó y miró un hueso de alguno de los sirvientes que habían sido sacrificados hace poco para tener su visión— en ese momento Alek no tendrá más opción que atacar dentro del bosque, Caridad que no tiene la mínima idea de que es lo que sucede se verá obligada a pelear contra el ejército de mi hijo y cuando ambos se encuentren enfrascados en una batalla sin cuartel tus dioses matarán a ambos bandos, sin mi hijo tus dioses no morirán y sin Caridad mis ejércitos extinguirán de una vez por todas a los Krasnyy y tus dioses jamás volverán a ser molestados otra vez.

El Zar tocó el hombro del sacerdote que por primera vez parecía sorprendido.

—Pero para que eso ocurra necesito que tus dioses no masacren los ejércitos de Caridad aun, necesito algo que mantenga a Alek en el bosque y lo permita internarse más hasta que le sea imposible huir, los krasnyy y los dvoryanstvo pelearán hasta que uno de los bandos muera y tus dioses masacrarán a los aterrorizados supervivientes.

Esa palabra molestaba al beli "Tus dioses", ellos eran los dioses de todos los humanos, pero muy aparte de ese comentario el Zar era brillante, el zarevich nunca esperaría todo eso y pronto seria aniquilado por sus futuras transgresiones a las venerables deidades.

—Solicitaré la ayuda de los divinos en esto —dijo el sacerdote inclinando la cabeza.

—Sé que el plan será de su agrado —el Zar volvió hablar después de inhalar el aroma del cigarrillo— y sacerdote... llévate el cuerpo de esa niña a la que acabas de sacrificar para tus dioses.

—Así se hará mi Zar — Masha volvió a mirar aquel hueso y esta vez lo aplasto con la suela de sus zapatos hasta no dejar más que astillas.

#19

Capítulo 11 parte 1 - El prisionero

Hace 16 años...

El tiempo pasó lentamente en el consejo y Alek planeaba cada jugada desde hace meses para frustrar los planes de su padre, sin embargo cada vez se le hacía más difícil conseguir información de la frontera casi como si pareciera que los nobles tenían instrucciones de guardarle información y su hermana más allá de darle la información anterior ahora brillaba por su ausencia.

El tiempo fue corto y tal como su hermana había previsto Alek recibió una carta en la que se le ordenaba dirigirse a Sarátov para una marcha en honor a su padre, el Zar llego a la ciudad entre vítores y alabanzas. Todos sabían de un discurso de último momento que todos los nobles y la prensa debía escuchar, algo importante pasaría y Alek se encontraba en el final de aquella marcha para recibir a su padre. El momento no se dejó esperar y después de unas horas su padre llegó bajando lentamente y tomando un micrófono bastante inusual para comenzar a hablar.

—Camaradas míos ¿Cómo se encuentran?, espero que bien, dado lo mucho que la corona se preocupa por ustedes – la gente aplaudía y sonreía ante sus palabra— vine a traerles unas no tan buenas noticias, esos sucios krasnyy no aprendieron de su anterior derrota, Orel el líder rojo está en las sombras, pero sus hijos han unificado de nuevo a esos perros —la población dejó de vitorear mientras se miraban unos a otros con miedo— Ya uno de sus ejércitos ha caído bajo el filo de nuestro acero y el plomo de nuestros fusiles, pero un ejército aún más grande viene, quieren violar a nuestras mujeres y niñas, comerse a nuestros niños y empalar a nuestros hombres... tal como la última vez que estuvieron aquí.

Era obvio que las palabras habían chocado a la gente, las más viejas comenzaban a llorar al recordar aquella guerra tan sangrienta que se había dado hace años, los hombres temblaban al imaginarse a esos salvajes tocando sus tierras de nuevo, solo los más jóvenes que no habían experimentado la guerra se mantenían firmes y nerviosos, pero la postura y la tranquilidad del zar, esa aura que irradiaba respeto y poder ¿Cómo podían tener miedo, su zar era Masha aquel que había vencido a Orel antes? Seguro podría hacerlo de nuevo. Entonces el patriotismo empezó a alcanzar a cada uno y no tardaron en gritar en reprobación a lo que habían oído, solo entonces el zar al ver el enojo de la gente continuó.

—No se los permitiremos, les juro que cada uno de esos krasnyy serán exterminado, si pudiera yo mismo guiaría a nuestro ejército pero como sabrán mi edad y problemas de salud me lo impiden, pero no, eso no significa que mis tropas quedaran totalmente desprotegidas, mi hijo el zarévich será el encargado de conducir nuestras tropas hasta el frente de la batalla, tal como nuestros antiguos zares lo hicieron de jóvenes ¿Eso, si el acepta? — y de un movimiento identificó a Alek entre la audiencia y dibujó una falsa risa en su rostro— ¿Qué dices hijo mío, te unirás a nuestras valientes tropas para recuperar lo que es nuestro? ¿Serás la valiente figura que se alzará en nuestras ciudades? ¿El héroe del que se cantará durante generaciones?

A Alek no le sorprendía la hipocresía de su padre, solo había confirmado el terrible ser que era, pero ya había anticipado su jugada y probaría que tan equivocado estaba respecto a él. El Zarevich se movió con la cabeza agachada y luego gritó a la multitud.

—Claro Padre, demostraré a nuestros enemigos que siguen siendo de carne y hueso, demostraré ante el mundo que la realeza no se subestima ni se toca —alzó su brazo con fuerza y formó un puño dándole solo una postura más amenazadora— les enseñaremos a los hijos del líder rojo porque Orel cayó ante nosotros, somos dvoryanstvo, somos familia.

La tribuna gritaba su nombre y alababa a su Zarevich mientras que el Zar solo demostraba disgusto por la reacción de su hijo, sabía lo que planeaba, pero no estaba tan preocupado como esperaba que él estuviera, ahora solo tendría que esperar a ver a su hijo morir mientras la tranquilidad y confianza que poseía se desmoronaba ante los dioses de los beli.

—Entonces que así sea, forja tu nombre en la sangre de nuestros enemigos así como yo lo hice en mi juventud o ser olvidado en la historia como aquel que dejó caer a su pueblo hijo mío.

— La multitud gritaba al unísono, ya era todo un héroe para su nación pero solo era el principio de todo lo que acontecería después, el tiempo pasaría con lentitud.

Las horas pasaron rápidamente y con ellas llegaron los días, de los cuales apenas habían pasado tres desde que el discurso había terminado e Irina esperaba a Alek en la prisión tal y como habían acordado, al parecer el prisionero era más protegido de lo esperado dado los problemas que tuvo que pasar el príncipe para lograr que le concedieran un interrogatorio. A la princesa le aburría bastante estar ahí sin hacer nada y de no apresurarse su plan sería menos sutíl y comenzarían a sospechar que hacían ahí.

—Ya llegue —decía Alek bajando de un carruaje mientras sacaba de un maletín sus guantes y gorro para la nieve, de todas formas esa prisión era un castigo por sí sola, ya que estaba hecha para que los criminales sufrieran las consecuencias de sus actos con el frío más infernal de la región.

—Eres un imbécil, tardaste demasiado —Su hermana le dio un pequeño golpe en el pecho— o quieres que padre se entere de qué estamos haciendo aquí o aún peor averiguando que te ayude.

—Jamás te pedí que vinieras acá conmigo —aclaró tranquilo el zarévich.

—Claro porque tú eres tan sutil al momento de hacer las cosas —movió sus ojos de un lado a otro y caminó lentamente hacia las puertas de la prisión.

—Bueno eso no importa ahora, ¿Dónde está el prisionero? Acabemos rápido con esto- era obvio que Alek se encontraba bastante cansado y de mal humor como para aguantar el mal humor de la princesa.

—Por aquí —dijo Irina mientras que con una mueca de felicidad fingida guiaba a Alek hasta donde uno de los guardias.

A muy pocos pasos los guardias se dieron cuenta de quien se acercaba, apresurándose a abrirles las puertas, mientras que otro iba hacia ellos.

—Bienvenido mi Zarévich, me alegro de encontrarlo por estos lares, el prisionero se encuentra en la parte más baja de la Prisión de Escarcha, aunque personalmente recomendaría que no lo viera— era obvio que el guardia se encontraba algo nervioso y sudado al mencionar las últimas palabras— bueno no es que diga que no pueda, claro que puede solo que sería más sensato si...

—Basta ¿Porque no quieres que hable con el prisionero? —su rostro intimidó al guardia quien rápidamente sacó una libreta para contar lo que ocurría.

—Verá, el prisionero ha estado en un estado bastante inestable —sus manos no dejaban de temblar y Alek sospechaba que no era por el frío.

— ¿A qué te refieres? —preguntó el príncipe intrigado.

—Grita a cada momento, es muy agresivo por lo que tuvimos que contenerlo con una camisa de fuerza además...

— ¿Además que? Te lo advierto me estoy cansando de preguntar —interrumpió Alek exigiendo una respuesta.

El guardia con un gesto indicó que lo siguiera para guiarlo a su destino.

—Bueno, el prisionero últimamente ha estado mal de salud, cuando llegó los médicos no pudieron identificar qué es lo que tiene, se había arrancado los ojos antes de llegar aquí.

—Bueno supongo que no importa por el momento, me sirve con o sin ojos mientras pueda hablar —entonces Alek se paró ante una puerta tan maciza y gigante como si estuviera hecha para contener a un gigante — ¿Qué es esto?

—Es para el prisionero – Habló balbuceando el guardia.

—Que prisionero tan peculiar — Dijo Irina mientras se mordía un dedo con suavidad, su sonrisa no se dejaba ocultar.

—Me estás diciendo que diseñaron una celda especial solo para un prisionero —Regañó con un tono bastante amenazador.

—Lo sentimos mi zarévich pero como le dije el prisionero era bastante peligroso y queríamos asegurarnos que tuviera lo que tuviera —se agarró la cabeza mientras miraba alrededor— no fuera contagioso para los demás residentes y guardias.

Alek miró a su alrededor y pudo percatarse que para ser una de las cárceles más llenas de todo el país y repleta de los criminales más peligrosos de la región, las celdas de su alrededor estaban vacías.

—Déjate de estupideces, abran la puerta bola de cobardes —El guardia gritó a su alrededor para indicar la señal a los demás compañeros que tenía en el lugar.

Muchos guardias bien armados salieron de todos lugares para comenzar a activar los mecanismos de la puerta, al parecer la puerta tenía que ser abierta a mano por ambos lados con mecanismo de palancas.

—Jamás sabré porque se complican la vida con estas cosas, porque no poner una puerta con una llave y ahorrarse el trabajo pesado de las palancas —agarro un libro del consejo de nobles que guardaba en el bolsillo por si volvía al cargo para encargarse de cambiar cosas por ahí— Y recuérdenme hablar con el encargado de la prisión después.

Las puertas se abrían de poco a poco y cuando ya se podía observar lo que la cámara llevaba dentro, solo podía llamarse un espectáculo, algo que únicamente en las novelas más bizarras se podía llegar a ver. Varios cuerpos mutilados se encontraban alrededor de la cámara, las paredes de la misma estaban totalmente congeladas y el hielo se hallaba teñido de rojo gracias a la sangre de los guardias que alguna vez habían estado ahí. En el extremo opuesto de la cámara se encontraba una figura extraña en cuclillas con cadenas alrededor de los hombros y piernas que al mismo tiempo estaban encima de una camisa de fuerza para evitar que el prisionero se mueva, pero al parecer no había sido muy efectivo dado que sus manos se encontraban hasta cierta parte liberadas de alguna forma, había roto en algún momento parte del traje, algo que ningún humano podría.

#20

Capítulo 11 parte 2 - El prisionero

— ¿Qué es lo que ha ocurrido acá? ese tipo prácticamente debería está muerto – dijo Alek que obviamente se encontraba conmocionado ante la escena, incluso Irina no podía creer lo que veía.

—Yo... es que usted no lo creería —dijo el guardia tembloroso mientras que una figura más adulta e imponente salió por su detrás indicando que no hablara y despachó al guardia.

—Bienvenido mi Zarévich, yo soy el encargado de la prisión —caminó con decisión hacia el príncipe.

—Exijo una explicación por esto —dijo Alek molesto.

—Verá mi zarévich, hace unos meses el prisionero ingreso a la prisión, se encontraba como los otros que llegaron con él, bastante afectados mentalmente, así que les dimos unas habitaciones que se encontraban en la parte superior del recinto —el encargado miró las instalaciones superiores, que con un poco de atención podía notarse que estaban totalmente destrozadas— pero obviamente el que más parecía estar trastornado por sus experiencias anteriores era el que usted ve en esta cámara, sin ojos, susurrando cosas al aire, bueno nada menos de lo normal, los médicos los examinaron pero parecían no responder al dolor de las inyecciones, solo permanecían en ese estado, susurrando a la nada.

El Zarevich ahora parecía darse cuenta que el asunto no era la de un simple prisionero de guerra, las instalaciones estaban destrozadas y la falta de reclusos se hizo evidente.

—Encargado ¿Qué le pasó a la prisión de escarcha? ¿Porqué el consejo de nobles no sabía de esto? —demandó al encargado.

—Pensamos por un momento mandarlo a una prisión psiquiátrica pero resultó que en una de esas mañanas rutinarias el prisionero había matado a sus camaradas —la cara del encargado parecía recordar aquel momento— todos desmembrados, el prisionero había esparcido sus extremidades por todo el lugar, por lo que tuvimos que colocarlo en una celda en solitario y mejor custodiada, en donde empezó a gritar como un demente —el guardia paro un momento y ordenó en su mente como comentar el resto— luego de unos días ya no gritaba, tal vez fruto de que arruinara sus cuerdas vocales, pero la cosa empeoró, algunos días los prisioneros de las celdas vecinas decían que oían a un demonio en la de al lado, que aullaba, que sabía sus nombres y decía que día morirían, por lo que lo pusimos en una celda más lejana para que no moleste a los demás prisioneros, pero él simplemente escapó y mató a los criminales de sus antiguas celdas, informamos a la realeza pero se nos pidió no hablar del tema con nadie.

—¿Cómo es eso posible? —dijo Alek casi asustado.

— ¿Estás jugando con tu realeza? —dijo Irina aparentando estar divirtiéndose aunque sus labios y ojos daban ciertos signos de incertidumbre.

—No, créame que eso solo fue el principio, de alguna manera logró abrir las puertas con las mejores cerraduras que pudimos conseguir y comenzó a matar a los guardias que lo vigilaban, hasta que un día lo encontramos simplemente paseándose por los pasillos y luego volviendo a su celda, como si todo el complejo fuera un paseo.

—¿Entonces lo encerraron acá ¿Verdad? —completo el Zarevich.

—Si mi zarévich, al parecer de la única puerta que no puede escapar es de esta, un día intentamos matarlo ante todos los problemas que ocasionaba, pero ese día de alguna forma por la noche entraron seres que parecían sacados de cuentos de pesadilla, seres que parecían ciervos pequeños sin piel y con extremidades humanas, seis brazos con los que se movían como arañas, largas dentaduras con las cuales comenzaron a matar a la guardia, no pudimos contener al prisionero y a las bestias al mismo tiempo, así que terminamos cerrando la celda del prisionero y cuando comenzó el día, las bestias se fueron, casi todo el personal fue asesinado, lastimosamente antes de lograr cerrar la celda por completo se llevó a algunos de nuestros guardias ahí adentro también y bueno puede ver el resultado.

—Una total locura, las bestias de los bosques jamás habían salido fuera de estos, debo decir que son muy afortunados de sobrevivir —Alek estaba conmocionado por todo lo ocurrido pero devolvió su vista al prisionero y lo señalo— ¿por el momento no se ve muy animado que digamos ¿Cuánto tiempo lleva acá?

—Mi príncipe, tal vez ya se encuentre muerto lleva unos meses encerrado y sin comer —habló el encargado dando a entender que la realeza había mantenido esto en secreto durante tanto tiempo que no se habían preocupado por la situación de la cárcel.

—Perfecto, tengo un prisionero que no me sirve para nada – Alek dio una risa de ironía.

—Puede que no —dijo Irina mientras se fijaba en la celda – estuvo mucho tiempo ahí, quizá dejó algo antes de morir.

-¿Algo? Irina, esa persona no tenía nada al estar acá, le arrebataron todo lo que traía y según los informes no es nada relevante —era obvio que estaba frustrado por la noticia y aún más por las historias— pero no me queda nada más.

Alek entró a la cámara lentamente, para su sorpresa no había mal olor en el lugar, un guardia le prestó una linterna para que logre ver los lugares oscuros, el soldado era un total cobarde, a medida que iba avanzando notaba que la sala tenía pequeños garabatos con descripciones ininteligibles, sin embargo viéndolas con un poco más de detenimiento muchas si tenían partes que eran legibles.

—Solo dice que debe hacer algo dentro de los bosques de los Beli.

Irina tomó un poco de confianza y también ingresó a la cámara mientras observaba los escritos en las paredes seguramente hecho con la sangre de los guardias mientras aún no estaba congelada.

—Al parecer no perdió el tiempo al entrar aquí, aunque no tiene sentido lo que hizo —miró la princesa hacia las paredes— ¿Quién estaría tan loco para entrar a los bosques y pensar que saldría con algo de beneficio de todo eso?

—Puede que eso no sea del todo cierto —dijo Alek analizando la situación— podría haber sido un loco pero llevo a un ejército hacia el bosque, no creo que fuera para atacar a los Beli —pensó en la posibilidad y la descarto rápidamente— sería demasiado estúpido, fue a ese lugar por algún otro motivo, buscaba algo que podría inclinar la balanza a su favor en esta guerra, piénsalo, son siglos que nadie ha pisado el bosque de los Belis ¿Porque en este preciso momento llevar todo un ejército?

—No lo sé, poder aprovechar el bosque para entrar por sorpresa a otras zonas —habló irina.

—Lógico, pero no, sabemos que todo lo que entra al bosque de los Beli muere, como sobreviven ellos no lo sabemos y los krasnyy que encontramos no tenían ninguna diferencia con los informes de los que alguna vez entraron a los bosques y sobrevivieron, entonces vuelvo a decirlo ¿Porque entrar a un bosque en el que te perderías y morirías? ¿Porque sacrificar tantas tropas? solo alguien de un alto rango pudo llevarlos ahí y por más repugnantes que sean los krasnyy no son para nada tontos, entonces lo más lógico es que buscaban algo que pudieran sacar del bosque con beneficios a largo plazo.

—Solo se me ocurren dos posibles razones una alianza con los Beli o...

—Un arma —interrumpió Alek— algo que nuestros ancestros dejaran acá para ayudarnos a defendernos de lo que sea que hubiera antes, afuera de nuestros dominios.

—Y que tal vez pueda ser de gran ayuda contra nuestro padre —Irina sonrió de solo pensarlo.

Mientras hablaban aquella figura en cuclillas semi muerta en la prisión se levantaba, con movimientos lentos se acercó lentamente a Alek y comenzó a mover los labios.

— ¿El zarévich desea algo más? – Sonrió siniestramente la figura mientras Alek e Irina casi habían sido paralizados presas de un miedo que no podían comprender— mi vida la dedique a matar a su asquerosa realeza pero ahora solo quiero conocer la paz.

Alek logró voltearse por unos instantes solo para darse cuenta que de los ojos de esa criatura salían gusanos gordos con bocas afiladas, Alek casi dió un grito pero el miedo lo congelo, quería moverse pero no podía hacer nada, el prisionero abría lentamente su boca solo para revelar dos filas de dientes.

— pensó Alek mientras oía el sonido de los fusiles.

—Puedo sentir tu miedo, sé cómo escapar de aquí, siempre lo supe, pero el dolor – la figura cada vez aumentaba la voz hasta casi gritar con sollozando mientras mantenía la sonrisa y sus dientes expuestos – el dolor no puedo soportarlo, pronto buscarás lo que yo busqué y sufrirás lo que yo sufrí, lo que siento en este momento.

Por un momento veía pasar lento el tiempo, observó la cara de Irina, cerraba los ojos y podía casi ver una lágrima saliendo de sus ojos, no era de preocupación por su hermano, si no por la incertidumbre, algo más pasaba en ese momento, vio figuras correr por la sala abalanzándose sobre el fuego de los fusiles, luego miró hacia la puerta de entrada podía ver cómo los guardias que no disparaban apuntaban sus armas hacia aquel que alguna vez había sido un humano o lo que en realidad fuera, y de la nada el tiempo volvió a acelerarse y sintió como la figura de un mordisco limpio atravesó sus dientes entre su cuello y su hombro mientras escuchaba el hueso romperse ante la mordida, la adrenalina amortiguo aquel fatal dolor, mientras que de un sonido vio como la figura se desplomó entre balas y él caía lentamente hacia el suelo helado, en ese preciso momento ya no le importaba nada, solo sentía el cansancio de su cuerpo, solo quería dormir, solo quería descansar, vio a los guardias corriendo hacia él, mientras Irina lo sostenía en sus brazos gritando cosas incomprensibles, solo podía sentir como sus ojos se cerraban poco a poco mientras por una vez sentía que podía descansar.

#21

Capítulo 12 parte 1 - Adrik

Hace 16 años...

—Susurros entraban en su mente.

Los jadeos de Adrik cada vez se intensificaban más, no podía escuchar absolutamente nada en aquel bosque, pero de alguna forma sabía que lo seguían, los susurros de algo que no conocía que era, se adentraban en su cabeza.

— la voz seguía susurrando en su cabeza

Su mente se revolvió un momento, lo que decía la voz en su cabeza era cierto, sus padres solo querían que trabajara para que ellos vivieran mejor a expensas de lo que le pasaría a él. Recordaba las palabras que le dijeron, que él podía ser algo más en el ejército, aspirar a ser más que un campesino. Mentiras, lo querían ver tres metros bajo tierra y si lograba salir de ahí, los mataría y se comería sus cabezas mientras gozara de sus desgracias, el sabor de su carne debía...

Su cuerpo salió disparado para adelante producto de tropezar con una rama, su hombro sangraba levemente y su cabeza había chocado contra la tierra fuertemente, entonces sus pensamientos se ordenaron ¿Qué estaba pasando? Él no era así, esos pensamientos eran propios de los de un enfermo, ese bosque lo estaba cambiando. Unos ruidos lo pusieron en alerta de nuevo, su cabeza se movió por todo lado hasta dar con un reno que comía apaciblemente cerca, de una rama, el reno lo miró y no pareció inmutarse, volviendo rápidamente a poner los ojos sobre lo que sea que comiera.

El bosque era horrible aun así le sorprendía que hubiera vida dentro de este. Y las voces, esas voces que atosigaban su cabeza, que diablos había pasado ahí para convertirse en lo que era ese lugar.

—Mi cabeza —tocó su sien con ambas manos— me duele.

Los pájaros empezaron a volar de las copas de los árboles en bandadas, el reno volteo la cabeza rápidamente para salir corriendo. Hace unos días que ya se encontraba en el bosque y a pesar que no había visto nada que lo inquietara, sentía desde hace mucho que alguien lo seguía, como si estuviera siendo observado, los horrores de esos lugares habían llegado a sus oídos pero personalmente no había visto nada fuera de lo normal y quería que todo siguiera igual la sola presencia de esas cosas dejaba loco a cualquiera, probablemente las voces en su cabeza no fueran más que el producto de esa histeria. Debía moverse rápido.

Su paso se aceleró unos cuantos minutos y se movió hasta dar con un área relativamente despejada, los arboles no había crecido a su alrededor, era algo bastante inusual a su parecer. Su personalidad siempre estaba teñida de cobardía y debilidad pero esta vez era diferente, por alguna razón sentía que ese lugar era distinto. Sus botas parecían no tener obstáculos a medida que se desplazaba por aquel lugar, pisó más fuerte y sentía como el lugar era más duro de lo usual, se sacó los guantes y empezó a escarbar bajo la nieve y las hojas hasta que de repente sus manos se toparon con algo duro, echó un vistazo y pudo notar que el suelo estaba hecho de metal.

— ¡Qué demonios! —Su frente comenzó a sudar como si no hubiera un mañana— ¿Quién pavimentaría todo el suelo de metal cuando es tan valioso?

Una especie de grito se oyó a lo lejos rompiendo los pensamientos que tenía le chico por su hallazgo ¿Quién podía ser? Un tenebroso beli o alguno de sus camaradas que había ido a buscarlo, Yasha había muerto frente a él, no quedaba nadie para reportar lo que había ocurrido, aunque tal vez al no haber nadie que volviera, notificaran una expedición.

—Esa voz de nuevo estaba en su mente, iría a ver, no podía perder nada.

Los pasos se hicieron lentos y los gritos continuaban poniéndolo nervioso cada vez más, se acercó a un lugar cercano a esa área despejada y en medio de los árboles pudo distinguir una figura a lo lejos, no podía reconocerla así que decidió acercarse todo lo posible a esta, en cosa de algunos metros pudo distinguir una espalda así que corrió con esperanza de que fuera su salvador.

—Hey ¡Aquí! Necesito tu ayuda, me interne en el bosque por error, necesito ayuda para salir y...

Algo andaba mal, cuando se acercó lo suficiente pudo notar que la figura no tenía pelo en la nuca, ni siquiera piel, solo se movía de una forma anti-natural a la vez que dilucidaba una mujer de cabello blanco con el pecho totalmente abierto.

— ¡Mierda! —Apresuró a decir, dio media vuelta y comenzó a correr hacia el campo abierto.

Sus pensamientos le gritaban que corriera y no dejaba de hacerlo sin importar que ocurriera, volteó su cabeza, aunque no muy claro podía ver como una calavera de venado se hallaba donde debería estar la cabeza de aquella criatura mientras que toda la boca se hallaba llena de colmillos y carne, con una lengua que recordaba a la de una víbora. El torso de aquella criatura estaba totalmente descubierta y recordaba a un pecho humano morado en descomposición, sin contar los alargados y delgados dedos con garras que podía distinguir.

Poco a poco sus movimientos se iban haciendo más lentos debido al cansancio, provocando que la bestia se le acercara cada vez más.

— la voz vino a su mente mientras él se rehusaba a creerlo.

Y en menos de un segundo su cuerpo se hundió bajo la nieve dando con un pasadizo oculto, su pierna le dolía por el golpe pero la situación del momento provocaba que aquel dolor fuera efímero ante la sensación de perder la vida, trató de correr cojeando hasta llegar a una puerta de acero que estaba media abierta, por lo que con todo lo que le quedaba de fuerza fue abriendo la puerta de poco en poco. Los pasos de la bestia se oían acercándose con un sonido de alguien que comenzaba ahogarse. Y de un empujón logro mover la puerta lo suficiente para que su delgado cuerpo pasara.

La bestia queda atascada en la puerta mientras seguía gruñendo, e intentaba entrar.

Adrik miro a la bestia temblando, jamás había visto a algo tan horrible, sin pensarlo dos veces se internó en esa instalación para estar más seguro de esa cosa, quizá si pasaba el tiempo aquella bestia se iría, los pasillos eran extraños y estaban bastante sucios, sin embargo por el material pareciera que solo alguien de la realeza podría permitirse aquello, de hecho solo ver aquellas formas y estructuras le recordaban a obras divinas, hace mucho su madre le había contado del Dios de los dvoryanstvo, un ser omnipotente que los miraba desde lo alto de los cielos, se decía que hace mucho todos en Rusia se habían olvidado de el y solo pudo ser redescubierto por libros antiguos en precarias condiciones que daban a dilucidar lo poderoso que era, la gente creyó que por el tiempo que había sido olvidado castigó a la humanidad con aquellas bestias que se hallaban en los bosques, entonces entró en una habitación hecha de cristal que le daba a entender que ese lugar había sido hecho por las mismas divinidades.

—Empuje la reserva —Leyó el joven en algo que parecía como una caja hecha de tubos y metal— ¿Cuál reserva?

Examinó la caja de metal que parecía estar vacía, no tener nada y mucho menos comida, miró al frente y vio al frente un espacio de similar tamaño al de este objeto, no sabía que hacer así que simplemente empujó aquella rara caja hacia el fondo a pesar de lo pesada que era.

Y de repente el lugar se iluminó con unas luces que salieron por todo el cuarto, Adrik cayó para atrás y retrocedió con las manos hasta una esquina de aquella habitación tomando una posición fetal, asustado se tapó su cara, pero solo podía seguir viendo aquella luz solo atenuada por el polvo que se encontraba en los cristales, la luz no salía de una llama, si no del material cristalino, solo podría ser obra de ese Dios.

#22

Capítulo 12 parte 2 - Adrik

— ¿Eres tu, Dios? —grito quitándose lentamente sus manos de la cara y armándose del poco valor que le quedaba— ¿Por qué nos haces esto? ¿Acaso merecemos sufrir? ¿Acaso no hemos sufrido lo suficiente?

— Se oía por toda la habitación, lo cual causaba más incertidumbre al soldado, en ese día había visto más de lo que hubiera podido observar en toda su vida.

—No entiendo lo que quieres decir ¿Por qué estamos aquí? ¿Cuál es nuestro propósito? —seguía preguntando desesperado por obtener alguna respuesta.

—La voz seguía surgiendo de todos lugares y en cosa de nada varios apéndices con cristales en el frente salieron de las paredes soltando el polvo acumulado.

Adrik vio con horror como esos apéndices metálicos se acercaban hacia él y gritó solo para darse cuenta que se detuvieron a unos centímetros de su cara, sus lágrimas caían al piso y no tenía idea de lo que ocurría, todo eso le asustaba de sobre manera ¿Qué clase de lugar era ese? En serio ¿Dios, lo estaba escuchando? o ¿pasaba algo más?

—La voz siguió hablando mientras el intimidado Adrik se encontraba de rodillas temblando.

—Mi nombre es Adrik Sokolov —El de cabello morado siguió las ordenes, no recibía respuestas, quizá si solo seguía aquellas órdenes le dijera algo.

— La voz continuó por toda la sala.

—Hola —su voz era temblorosa y apenas podía pensar en lo siguiente que diría— acabé aquí porque mi escuadrón fue asesinado por unos Krasnyy y luego huí hasta dar en su magnífica morada producto de uno de los dioses oscuros de los Beli.

—La voz lo confundía, ¿A que se refería con proyecto y porqué no conocía a los beli?

—Ya lo dije, lo juro, uno de los dioses oscuros de los Beli, me siguió y se encuentra en la puerta, de lograr entrar seguramente me mataría —suplicó con desesperación— Por favor, necesito ayuda.

—Y a la par que terminaba esas frase una parte de la habitación se abría casi mágicamente ante sus ojos mostrando todo un estante de armas que a diferencia del resto de cosas estaban totalmente limpias.

— ¿Qué demonios es esto? —Dijo Adrik al ver muchos estantes llenos de cosas— lanzacohetes, perforador láser, granadas... ¿Qué es esta porquería? Necesito armas de verdad.

Entonces pudo fijarse en un estante con la etiqueta "antiguo", en donde encontró algo que le llamó la atención.

—Aka cuatrocientos y siete —guardó silencio un momento— ¡Mira esto! es el padre de todos los fusiles me encanta ¿Y que pasa si presiono acá?

Salieron 3 disparos con dirección a la pared que rebotaron y causaron algo de daño a las estanterías.

— ¡No lo puedo creer, más de tres balas! Excelente, te agradezco Dios, ahora sé que mi misión debe ser entregar esto a mi gente y crear un mundo en que la guerra y la paz no coexistan y en el que podamos convivir juntos como hermanos, te juro que todos sabrán de ti.

—la voz se pronunció en el cuarto.

—No sé qué será eso, pero bien, si todos lo saben, es que es verdad —sus manos se prepararon para salir del lugar con el fusil en mano— volveré a mi tierra prometo decirles que existes.

—Las luces del cuarto se apagaron y Adrik sintió paz en su alma.

—Mis energías también se encuentran medio agotadas, pero te extrañaré mucho Dios, sea donde sea que te fuiste — una lágrima bajó de su rostro.

El de pelo morado ahora inspirado por su nueva misión salió con su nueva arma de aquella instalación hasta dar con aquella bestia.

—Ahora serás tú el que correrá —le dijo a aquel monstruo que se hallaba revolcándose en su propia sangre producto de las heridas que se había ocasionado al tratar de atravesar la puerta.

De unos disparos que obviamente eran mucho más fuertes que cualquier arma que hubieran creado hasta ese momento, aquella bestia cayó y el hombre cobarde que había sido aquel soldado fue eclipsado por los deseos divinos que aquella entidad desconocida le había dado.

#23

Capítulo 13 parte 1 - Visiones de dolor

hace 16 años...

< ¿Quién soy?>— La mente de Alek se sentía liviana y le formulaba preguntas.

< ¿Cuál es mi motivo de vivir en este mundo?>— Las preguntas continuaban y los ojos de Alek no dejaban de mirar a sus alrededores.

Y entonces sus ojos se abrieron, se sentía bastante liviano, miró a su alrededor, esa no era la prisión, ni el hospital, ni el palacio, no reconocía en donde estaba, todo era tan cegador, por un momento pensó en la cara de Irina, no, ella no se encontraba ahí.

En ese mismo momento era como si su cuerpo hubiera perdido sensibilidad casi como cuando una se encontraba soñando y veía las cosas desde tercera persona.

—El grito vino de repente y se dio la vuelta.

En cosa de nada se encontraba en el palacio del invierno, se veía a si mismo de niño y a Irina a un lado, eran recuerdos que solo él conocía de un tiempo ya lejano y que había olvidado.

—Padre no puedes hacerle eso ¡Es tu hijo! —gritaba Irina mientras se interponía entre la bota de su padre y su hermano— es tu único hijo, es mi hermano, no merece ser tratado así.

—A un lado niña, soy el zar y soy tu padre, mi voluntad siempre será la correcta y tu hermano sentirá las consecuencias por su debilidad —regañó aquella lejana representación de su padre.

Alek no podía recordar porque lo golpeaban en ese momento ¿Era por desprecio? ¿Algo que había hecho mal? hace mucho que había pasado y si tenía que recordar cada vez que su padre lo había golpeado o humillado seguramente pasaría una eternidad en el limbo.

—Padre por favor, Alek tiene razón, no puedes matar a los Gólubev, no serán nobles, pero demuestran la nobleza con la que nosotros cuidamos de nuestra gente, valoran como nosotros cuidamos de nuestro pueblo.

El pequeño Alek de aquella visión comenzaba a llorar mientras hablaba.

—Sus hijos son mis amigos, no tienen la culpa de pisar el palacio, yo los invite a jugar —las lágrimas e impotencia se hacían notar en el niño— estoy cansado de siempre estar encerrado dentro del palacio sin nadie con quien hablar, quiero conocer a más gente como yo.

—Los plebeyos no deben tocar nuestras tierras, ellos lo saben bien o su familia será condenada —y con una mano señaló a Alek— y tu hijo mío los invitaste, los pusiste a nuestro nivel y serás reprendido por eso, así como ellos lo harán por su cobardía.

—Padre por favor, te lo suplico —dijo el pequeño Alek llorando a la vez miraba con ojos suplicantes a su padre.

—Alguien de la realeza no llora, ni suplica —miraba con repugnancia a su niño y seguidamente miró al hombre que estaba a su lado— ¡Anton!

—Si mi señor —respondió el soldado a su lado.

—Quiero que ejecutes a esa familia, no sin antes obligar a que sus hijos miren como sus padres pagan sus pecados, cuando veas que estén completamente horrorizados por sus acciones, córtales las cabezas y tráelas acá para que mi hijo no se sienta solo -luego miró y apunto hacia su hija que estaba completamente horrorizada por lo que acababa de decir- y tú has faltado el respeto a tu padre por última vez, tú no tienes palabra en esta familia, tu único objetivo es el de servir bien para que tu esposo sea alguien influyente que ayude a la corona-guardó silencio durante un momento mientras le daba una carta a otro guardia cercano- alístate irás a un instituto de mujeres nobles sobre cómo ser una dama de la realeza, estarás cinco años ahí, alejada de la familia, espero que aprendas a tener el debido respeto a tu padre después de esto.

— ¡Te odio! —gritó Irina con enérgica potencia.

—Mi niña aprenderás que solo aquel que tiene poder, tiene voz en esta sociedad y en esta familia, por lo que hasta que no lo consigas, solo eres una mujer que servirá a nuestros propósitos métete bien eso en tu pequeña cabeza.

Irina corrió con rabia a un pasillo, mientras el pequeño Alek corría a detener a aquel soldado que se encontraba próximo a la puerta para obedecer aquella orden, pero a medida que recorría su trayecto la pierna de su padre impacto fuertemente con su abdomen desmayando al niño y con ello su visión, otra vez se encontraba en un lugar extraño sin poder dilucidar en donde estaba.

Después de esa visión otra vez los recuerdos habían vueltos hacia él, sentía rabia, repulsión, enojo ante su progenitor, recordaba cuando le habían traído la cabeza de aquellos a los que alguna vez había llamado amigos y como aquel niño indefenso e inocente gritaba de horror ante aquella muestra de inimaginable crueldad.

Bien, ese momento ya no interesaba, serenó su mente tratando de obviar las intensas emociones que sentía dentro de él, una vez calmado se preguntó porque se encontraba en ese sitio, lo último que recordaba era haber sido mordido por ese krasnyy enfermo ¿O quizá eso también era un sueño? No, lo recordaba claramente, la mordida, las palabras, todo.

Por un momento recordó lo fácil que fue su infancia ¡Pero que decía, ningún momento de su vida fue fácil! Todos los puestos que había alcanzado lo había hecho gracias a su esfuerzo.

En ese momento otra vez había sido transportado a otro tiempo, ahora estaba frente a su yo de once de años, estaba frente a uno de los generales de aquel tiempo y con el noble Yorick en aquellas tundras de hielo con árboles de por medio.

—No dejare que un niño me diga que hacer —habló el general Alexei con molestia.

—No soy un niño cualquiera general, soy el Zarévich y como tal soy su superior y me hará caso —dijo aquel niño desafiante.

En ese momento un Krasnyy había saltado de los arboles hacia Alek, pero ya era tarde, el pequeño había sacado una pistola de mano que cegaría la vida de aquel miserable en un instante.

#24

Capítulo 13 parte 2 - Visiones de dolor

—Lo ve —dijo Yorick —nuestro pequeño amigo tiene conocimientos sobre estrategias antiguas, no es alguien que podamos subestimar.

El general estaba nervioso ante aquel frio niño y acto seguido mostro una mueca de aprobación a su plan.

Alek recordaba que ese acto había sido su más grande victoria militar hasta ese momento, Colmillos había tratado de infiltrarse más allá de Komi y sus ejércitos habían pagado caro su ofensa. Con un ejército perfectamente dividido en puntos estratégicos en la nieve y ataques de guerrilla terminaron por dar la victoria a la realeza y con ello el prestigio de Alek se alzó entre los nobles.

Recordaba aquellas victorias con el único objetivo de sorprender a su padre, de ganar su aprobación, sin embargo el resultado siempre era el mismo, Masha seguía detestándolo, hasta que un día simplemente se rindió de ganar su afecto y decidió cortar todos los lazos con su padre aceptando el cargo de la presidencia del consejo de nobles.

Y una vez los recuerdos se arremolinaban en su cabeza, no, ahora era diferente, su cabeza le dolía, parecía que fuera a explotar en cualquier momento, pudo abrir la visión a duras penas y pudo vislumbrar un Krasnyy.

El Krasnyy se hallaba ante una roca gigantesca que daba con un páramo verde debajo, a su lado se encontraba una mujer hermosa de cabello rojo y delgada contextura.

—No podemos quedarnos parados mientras esos zánganos se quedan con más territorio, nos están presionando hacia el este, si esto continua entraremos a un territorio que ni siquiera le pertenece a los Beli, solo existe una especie de Krasnyy en las fronteras que nos matarían y más adentro de eso —lanzó una maldición hacia el este —tu sabes lo que pasa a los que van hacia el este, mueren horriblemente.

—Crees que no lo sé, hermano, un ataque ahora mismo sería un suicidio tomaríamos tres ciudades y luego que, nos pondrían de rodillas y las recuperarían y perderíamos más de lo que tenemos.

De repente pudo ver el páramo verde con más atención, solo para darse cuenta que había krasnyys por doquier, tantos como hormigas ¿cuantos podían ser? ¿Miles, quizá Millones?, su percepción no permitía ver un fin. De entre esa multitud apareció una mujer bastante esbelta y bien parecida, unos ojos rojos como la sangre y el cabello de la misma tonalidad, su rostro daba a entrever preocupación y acercándose al hombre de rojo dijo:

—Hermano, desiste de esta misión suicida ¿cuantos podrían seguirte? no hay necesidad para sacrificar tantos buenos hombres en una causa perdida —la mujer con el pelo largo y de buen parecer suplicaba ante aquel hombre— aseguremos las fronteras que acabamos de obtener y vivamos en paz sin que nadie moleste a nuestro pueblo.

—Locura —respondió aquel hombre que vio primero, no, ese hombre no era cualquier persona, era colmillos y no solo eso, lo reconoció gracias a sus facciones, era aquel hombre de la prisión, el que lo había mordido y por el que probablemente tenia esas alucinaciones ahora —los testigos de Alfarig me han revelado algo, una reliquia tan poderosa que podría cambiar las tornas de esta guerra, no deberemos temerles a esos que osan llamarse nobleza, ni tampoco a los terroríficos Beli, seremos amos de nuestro destino.

Algunos gritaban en aprobación por sus recientes palabras, pero comparada con la multitud ahí congregada eran bastantes poco tal vez unos cuantos miles.

—Svetlana —dijo un hombre que acababa de llegar, parecía el mayor de ambos, sin embargo parecía rondar los veinte o treinta años— nuestro hermano, no está en sus cabales, puede ir si gusta... pero con los hombres que quieran ir con él.

—Pero Sergei —habló pero fue rápidamente interrumpido.

—Hermano —habló aquel hombre que Alek había visto en prisión y ahora veía en la visión— dame una oportunidad, no iré a atacarlos, solo quiero infiltrarme en sus bosques y buscar esa reliquia, sé que con aquello, lograre cambiar las tornas de esta guerra, déjame liderar el gran ejército.

El hombre pareció enfurecerse, era joven, pero irradiaba la sabiduría y fuerza de todo un líder, una que rivalizaba con la de él o la de su padre, de un movimiento rápido agarró a su hermano del cuello y cual muñeca de trapo lo azoto contra el suelo.

—Escúchame bien Iván, estas hablando locuras, sabes que los Testigos de Alfarig son unos dementes, quieres infiltrarte a su territorio, al de los beli, para entrar en sus bosques ¿Acaso puedes oírte? estas más loco que los Beli si piensas que sobrevivirás a los monstruos que ahí aguardan, no te lo diré dos veces, no mandaré a mis soldados a morir, apenas tenemos rifles para nuestro ejército no gastaré ni una parte de ello en tu locura —era obvio que el hombrecillo estaba más molesto con él por la forma en que lo había tratado —mira, padre fue el que unió a la mayoría de nuestro pueblo, nos dejó a cargo de este legado, volvimos a unificarlos y creyó en nosotros como señores de este país, nosotros tres, tú, yo y ella, somos responsables de esto, responsables mientras él se encuentre delicado de salud ¿entiendes?

El hombrecillo se levantó y habló con furia:

—No, no lo entiendo hermano, hablas de este "legado", este legado de padre, pero tú no haces nada más que deshonrarlo, el los unió como el más fuerte, el más poderoso de todos los clanes, hace mucho dejó a todos aquellos perros como una masa temblorosa de carne y ganó las tierras para nosotros, de no haber enfermado habría tomado toda Rusia para él, pero tu usas este legado para hacer paz con aquellos que mataron familias enteras —entonces comenzó a gritar— ¡Nuestra familia! ¡Nuestro pueblo! yo si se lo que haré y mi puesto si será usado como se debe —caminó hacia la orilla de la roca y gritó a la multitud que se encontraba debajo— ¡Aquellos que quieran retomar lo que siempre nos perteneció síganme, los demás escóndanse debajo de una roca hasta que nuestros enemigos se vayan!

De un grito los hombres de colmillos lo siguieron y entraron con el dentro del páramo hacia Komi.

—Hermano —grito Svetlana.

—Déjalo, que haga lo que deba, no puedo sacrificar a nuestra gente por sus sueños, seguramente en unos días volverá y podremos hacerlo entrar en razón.

Aquella mujer calló y se tensó, luego caminó hacia el norte dando órdenes de crear murallas en las tierras recién aseguradas, mientras por un momento aquella dama parecía mirarlo.

#25

Capítulo 14 parte 1- Una decisión

16 años antes...

Krasnoyarsk era un lugar bastante tranquilo normalmente, las ruinas de una arquitectura del pasado se veían por doquier y entre ellas viviendas más rudimentarias se alzaban a la vez que otros usaban las ruinas de pasajes u hogares nuevos. A pesar de su relativa reputación de tranquilidad, hoy se alzaba en celebración y fogatas se hacían ver a lo lejos dando un resplandor particular a su capital y entre todo ello un caballo se abría paso a toda velocidad hasta el centro.

Un guardia de la frontera miraba como un hombre encapuchado de cabello rojo entraba por uno de los puestos de control.

— ¡Identifíquese! —Grito el guardia bajando el arma que llevaba en la espalda.

—Soy Voraz de los tres dragones —se quitó la capucha lentamente, mostrando su barba que de alguna forma se mantenía bien cuidada.

El soldado se puso firme y rápidamente anoto en una libreta su ingreso.

— ¿Se puede saber cuál es el motivo de celebración en la capital y donde se encuentran mis fuerzas? —El feroz hombre bajó del caballo, de forma elegante y saco una faltriquera de un bolso de la que intentó beber, solo para darse cuenta que estaba vacía— Creí haber mandado un ave mensajera hace unos días para que me esperaran en la frontera.

El guardia no tardo en apresurarse a brindarle un buen trago a aquel gran héroe, el cual no dudó de llevárselo a la boca rápidamente.

—Lord Voraz no lo había visto hace tiempo, ayer sus tropas se reunieron en la frontera listos para recibirlo, pero su padre ordenó que olvidaran aquella orden y se replegaran para los festejos en la capital.

Voraz apartó por un momento la faltriquera de aquel soldado para poder respirar dada la prisa con la que había bebido.

—Falta un mes para fin de año y mi padre no es exactamente la persona más festiva que conozco ¿Exactamente qué es lo que sucede? —rápidamente volvió a beber para saciar aquella sed de probablemente días sin pronunciar ninguna palabra.

—Así como usted dice Lord Voraz, su padre ha orquestado el festejo ante el inminente matrimonio de su hermana la señorita Caridad —le explicó llevando la pequeña libreta de vuelta a su bolsillo.

De repente el aire se tornó tenso, casi de inmediato el guardia noto como la garganta de Voraz había dejado de beber y sus ojos expedían un aura atemorizante. El gran krasnyy lanzo la faltriquera del guardia y se movió ferozmente en dirección al centro de la ciudad apartando con su cuerpo al confundido hombre que lo había recibido.

Sergei se sentía furioso, enojado, Svetlana apenas había pasado los catorce años, aun no era lo suficientemente madura para afrentar un matrimonio mucho menos con alguien que la trate como una dama y no una herramienta. Sus pensamientos ofuscaban el tiempo y más tarde que nunca se encontraba frente a la capilla de los líderes, un edificio reconstruido de forma horizontal.

Entonces el pelirrojo golpeó la puerta con el pié mientras la muchedumbre del exterior miraba en dirección del escándalo.

—Los dvoryanstvo se han vuelto cada día más audaces, es solo cuestión de...—un anciano consejero se paró al verse interrumpido por la audaz interferencia del joven— es una reunión del consejo no tiene derecho...

La mano del joven apartó rápidamente la cabeza del anciano empujando todo su cuerpo hacia la pared.

La sala quedó perpleja ante aquella acción, todos se encontraban sentados sobre el suelo y una hoguera se hallaba en medio no sin ante mostrar algo parecido a un trono donde se hallaba el padre de aquel muchacho que había cometido una insolencia.

—No recuerdo haberte llamado— Orel el padre de Sergei parecía bastante pálido y débil, tosió un momento y continuó— Voraz sabes muy bien que no puedes interrumpir el consejo mientras se lleva una sesión.

Voraz era todavía más imponente a la luz de las antorchas que lo rodeaban dando un tono particularmente amenazante a su porte y una rabia enfocada al anciano.

—Soy el unificador de la mayoría de las tribus del este, poseo el poder militar más grande de todo los krasnyy, he defendido las fronteras durante años sin que ningún cabeza morada si quiera lograra tocar un copo de nieve de esta tierra —su voz enardeció en la sala y todos con excepción de su padre se atemorizaron ante tal muestra de audacia— he hecho retroceder sus ejércitos una y otra vez al punto que ahora ya son varios años que no se atreven tocar estas fronteras, así que miembro del consejo Nicolai, tengo todo el derecho de entrar a este "consejo".

El anciano que comenzaba a apoyarse sobre la pared se encontraba furioso, pero no podía enfrentarse a Voraz, él tenía razón a pesar de todas sus palabras, había dos factores para que el país se mantenga en pie, Caridad que mantenía la unidad de la sociedad y Voraz que mantenía la seguridad del país, si no fuera por aquel joven que se encontraba delante de él probablemente en el momento en que Orel hubiera caído enfermo se hubieran separado en tribus y los Dvoryanstvo los hubieran masacrado. Voraz tenía razón y no podía reprocharle de nada, pero eso no explicaba la razón de su intromisión.

— ¿Y quieres una medalla por eso? —La voz casi ronca surgió de su padre que lo miraba con unos ojos rojos muy marcados a la vez que con una mano hacia un gesto para que los demás se retiraran— Déjenme solo con mi hijo por favor.

El consejo se retiró lentamente de aquel lugar con mucha molestia mirando de reojo al hijo de su líder, había muchas palabras para él, audaz, fuerte, heroico pero muchas veces insensato e impulsivo.

—No crees que a veces merezco un poco más de respeto, he mantenido el país bajo...—replico voraz siendo interrumpido rápidamente.

—"He mantenido" sabes que tan ególatra suena eso, crees que entrar como un imbécil en media reunión te hará más respetado, pobre y tonto hijo mío, lo que heredaste de fuerza y valentía no lo hiciste de inteligencia —su padre hablaba calmadamente mientras claramente veía el clásico berrinche de un hijo suyo— si los miembros del consejo fueran listos hubieran encontrado más de cien formas de controlarte con ese carácter tan infantil que tienes.

—Me lo deben y lo sabes, jamás me he metido con tus decisiones o las del consejo, solo pido que se me informe las decisiones importantes, es lo mínimo que podrían hacer.

Su padre hechó una pequeña risa teñida de ironía.

— ¿Y qué sigue? Hacer que los mineros tomen decisiones sobre las explotaciones de las minas en nuestras zonas, quizá también quieras que los cocineros tomen decisiones sobre la nutrición de toda la población —su sonrisa llena de ironía permaneció un momento más mientras educadamente acercaba un trozo de carne de una charola hacia su boca— es tu deber y tu trabajo cuidar la frontera, no lo confundas muchacho en el momento en que tu decidas dejar ese puesto alguien más lo tomará y no por ello significará que podrá tomar decisiones fuera de su área, tu trabajo es la frontera y la mía es el orden.

Sergei se encontraba molesto con su progenitor, siempre tendía a subestimar cada labor que hacía, para Orel toda tarea parecía ser mínima ante sus ojos, tragó su rabia y habló.

— ¿Y Svetlana? —pregunto Sergei con vista a su padre.

— ¿Qué con ella? —Orel lo miro sin inmutarse.

— ¿Cuál es su "área"? Entre los dos que quedamos, ella es la que posee el mayor número de gente, aunque la mayoría sean los civiles, ella mantiene unido a nuestro país, tu podrás mantener todas las leyes y el orden que quieras, pero ella es la que garantiza que los demás te sigan, entonces mi limitada inteligencia no me deja comprender ¿Porque Orel el rojo, quiere que su hija se case sin que ella esté enterada? — ambos se miraron seriamente durante un momento y Sergei camino unos cuantos pasos hacia el— Entonces vuelvo a preguntar ¿Cuál es su "área"?

—Eso no te incumbe —Concluyo rápidamente su padre.

— ¿Qué no me incumbe? —Comenzó a reír un poco y luego la ira se apodero de él comenzando a gritar— ¿Cómo no me incumbía el asunto de Iván? Déjalo ya se le pasará, eso dijiste ¿verdad?, pero ¿dónde estuviste cuando se llevó un cuarto del ejercito hacia un suicidio en el bosque de los Beli? Dime ¿qué somos para ti? él era mi hermano y a diferencia de mí que forje un carácter propio con todo lo que pasé en la guerra, él era el más orgulloso de tu legado, "Quiero ser como padre" "Padre sabría qué hacer" "Padre hizo esto" ¿Y dónde estaba su padre cuando se fue a matar a los bosques? Nadie sabe que le pasó, tu estas aquí comiendo buena carne, disfrutando de tu buena vida y yo ya no puedo abrazar a mi hermano.

El ambiente se había quedado tenso y el rostro de su padre claramente había cambiado.

—Fue un error, el héroe que fue en vida no merece que la familia peleé por eso—era obvio que las palabras de su hijo habían tocado una parte sensible en él.

—Y dime Orel ¿tu sabías como era él, lo que le hizo a los Krasnyy de Altái? ¿Cómo logró que nos siguieran? Mató a su líder que era un campesino, violó a mujeres del pueblo y amenazó con destripar a cada bebé y niño de cualquier disidente que se opusiera a Orel el grande, a largo plazo causando por poco una guerra civil que por suerte pude detener —su dedo lo señalo por un momento y su voz se calmó y habló con tristeza— ¿Sabes porque lo hizo? Porque nuestro amado padre unificó en su tiempo de esa forma a los Krasnyy, nunca estuviste para mí o Svetlana y ahora que es tarde tampoco para Iván, un chico que se quedó atascado en el absurdo sueño de su padre de conquistar toda Rusia.

—Son problemas que ya no se pueden solucionar, Iván murió presa de sus propios delirios, no de los míos, debí haberlo corregido mientras pude, pero no hay marcha atrás —la voz de su padre se teñía de pena.

— ¿Repetirás lo mismo con mi hermana? — Su padre era necio pero quizá podía lograr que le explicara el porqué de la decisión— dime cual es la razón de todo esto.

—Una alianza militar —dijo secamente.

#26

Capítulo 14 parte 2- Una decisión

— ¿De qué hablas? todos los Krasnyy que alguna vez unificaste están bajo nuestro mando, no tiene sentido hacer una alianza política cuando los controlamos.

Sergei busco un lugar en donde sentarse y dio una seña a su padre para explicarlo.

—No a nuestros Krasnyy, los dvoryanstvo creen en sus mapas de épocas pasadas mapas que mostraban como una gigantesca masa de agua rodeaba parte de nuestras tierras y tierras ya olvidadas pertenecían a aquel gran imperio que alguna vez fue todas estas tierras, según ellos nuestras tierras llegan hasta un territorio llamado Chukotka —Orel le mostro a su hijo un mapa que tenía en su cintura— la verdad es que los Krasnyy al menos los que nosotros somos jamás logramos expandirnos más allá de Krasnoyarsk, después de este gran territorio hacia el oriente se encuentra la maldición de los bosques de Sajá, un interminable e infinito territorio de bosques en donde bestias aún más terribles que las de occidente, bosques en los que ni siquiera los Beli han sobrevivido excepto...

—Temnaya kayma la última ciudad de los alyy —habló casi estupefacto al pensar lo que planeaba su padre— son monstruos, planeas darles a tu hija a esos seres, son salvajes, no tienen raciocinio alguno.

—Los alyy son Krasnyy, algo paso hace mucho tiempo para que aquellas tribus se distanciaran de nosotros y formaran su propia nación, es cierto que les falta civilización pero no son estúpidos — sus ojos rojos reflejaban las antorchas de su alrededor mientras rememoraba el pasado— hace tiempo cuando unifique a todos los krasnyy, antes de ir por los Dvoryanstvo, recopilé datos, miré hacia más allá de Krasnoyarsk una tierra llamada Sajá , descubrí que aquellos bosques malditos tenían áreas despejadas pero no completamente, casi como creando pasajes y laberintos enormes dentro del bosque, ahí fue cuando vi por primera vez a los alyy, krasnyy que hablaban y socializaban, pero que caminaban en cuatro patas y eran más altos que cualquiera de nosotros.

Sergei agarró el mapa y le señaló el territorio de Sajá con molestia mientras mostraba los dientes.

—Tú los encontraste, descubriste que más allá de esos bosques había Krasnyy en territorios despejados dentro del bosque y por eso mismo deberías saber lo monstruoso que son esos salvajes, dudo mucho que lean o atiendan a razones, si les entregas a mi hermana, lo más probable es que la violen y luego se la coman ¿Es eso lo que buscas?

—No sabes toda la historia muchacho, la verdad es que yo inventé un poco de eso, caminaban semi desnudos y usaban ropas parecidas a pieles, tenían más incisivos de los que son común en un humano cualquiera y todos tienen profundos ojos de diferente color uno rojo y el otro verde, las demás características más allá del tamaño son similares a las de cualquier Krasnyy —Orel observó sus manos por un momento como si tuviera algo entre ellas— hablamos con algunos, nos dieron información sobre sus ciudades a cambio de alimentos, entonces traté de domarlos, en secreto dirigí un ejecito de más de doscientos mil hombres e intenté subyugar una de sus ciudades que se encontraba en laberinticos pasos despejados a través de aquellos bosques, solo habían ciento cincuenta alyy, para nuestro ejército no eran nada, ordene el ataque —entonces cerró su mano y vio a los ojos de su hijo— esa gente no disponía de fusiles, ni de explosivos, ni siquiera comunicación, pero solo bastaron ciento cincuenta para lograr hacer sucumbir a mi ejército, doscientos mil hombres lucharon ese día, doscientos mil hombres fueron masacrados esa misma noche por solo cincuenta alyy y luego devoraron los cadáveres no quedo nada.

Sergei se encontraba conmocionado por aquella historia un sudor frio bajó por su frente y por primera vez notó a su padre perturbado por algo, no bromeaba podía verlo en sus ojos, los alyy eran algo mucho más atemorizante de lo que pensaba.

—No es posible como cincuenta de esos monstruos mataron a más de doscientos mil krasnyy, estábamos mejor equipados que ellos, comprendo que son monstruos pero...—los pensamientos en su cabeza de lo que pudo haber pasado aquella noche le hicieron votar el mapa— simplemente es algo difícil de creer.

—Créelo, no tengo un estimado de cuantos alyy pueden haber, puede que sean pocos, puede que sean muchos más que nosotros o incluso muchos más que los Beli, los Krasnyy del occidente y los dvoryanstvo —nuevamente señaló al mapa caído en el suelo— no sé si ignoran que existen tierras aquí o simplemente no les interesamos, pero algo es cierto, si una guerra se hubiera producido con ellos en juego, ellos podrían haber conquistado toda Rusia hace mucho, dudo si quiera que una coalición de todas las demás razas pudiera ganarles, eso perturbó mi mente por mucho tiempo, de nada valía que yo conquiste Rusia, ellos podrían venir tarde o temprano a someternos y si los Dvoryanstvo hubieran tomado este territorio hubieran corrido la misma suerte.

—Podríamos haberlo hablado con los dvoryanstvo, quizás ellos...

— ¿Nos hubieran ayudado ante una inminente amenaza? Una más grande que los demonios que habitan sus bosques —Orel por un momento sintió algo de diversión de solo pensar la idea— no, los ególatras zares del occidente me hubieran tomado por loco, nos hubieran traicionado, pero ahora tengo la oportunidad de cambiar la balanza, hace poco volví a contactar con ellos, su líder en aquella ciudad maldita no tiene una esposa y se encuentran por lo menos interesados entre un matrimonio de líderes con sus lejanos parientes de occidente —sus ojos volvían a brillar— lo entiendes chico, de darse esta alianza lo cambiaria todo, los Krasnyy seríamos la potencia hegemónica y tomaríamos toda Rusia para nosotros, ni los Dvoryanstvo, ni las bestias del bosque, ni siquiera los Beli serían rivales para los Krasnyy unidos.

— ¿Y Svetlana valdría eso? Su muerte valdría el cambio por tus sueños, me niego —dijo decepcionado— ¿Por qué siquiera crees que alguien que es varias veces más poderoso que nosotros aceptaría un trato de alianza por matrimonio?

—Porque si su líder se casara con Svetlana, muy probablemente sus hijos serían los dueños de todas las tierras y la gente que tengamos unificada —las palabras de su padre ahora lucían coherentes para Sergei aunque aún no le parecía correcto el uso de su hermana— piénsalo bien hijo, amas a tu hermana y aunque lo dudes yo también, pero mi odio es aún más fuerte por los dvoryanstvo, dime ¿cuánto tiempo tardará en que lancen un ataque masivo hacia nuestros territorios y asesinen a nuestra gente?... ¿a tu hermana?.

Su padre se levantó con la poca fuerza que le quedaba en las piernas.

—¿Cuánto tiempo crees que tarde en que los alyy se den cuenta de su superioridad y nos conquisten y tu familia muera?, para bien o para mal ellos saben de nuestra existencia, pronto podrían mandar avanzadas y destruir lo poco que hemos logrado —Orel tocó el hombro de su hijo que se encontraba sentado a poco pasos de él y levantó su cabeza por la barbilla— o podemos asegurar que tu hermana tenga la guardia más fuerte de toda Rusia y este segura por el resto de su vida además de lograr conquistar y eliminar a los dvoryanstvo asegurando la paz para siempre, yo tomé una decisión, no pienso abandonar a Svetlana como lo hice con Iván, necesito que vayas y hables los términos con ellos, ¿crees que los detendrás a ambos llegado su momento? O puedes escoger lo correcto y ser un héroe para ella por siempre.

Sergei lo miro con notoria confusión y con sus pensamientos en una difícil encrucijada. Aunque le dolía, la respuesta era clara.

#27

Capítulo 15- El rebelde

¿Hace 15 años?

Masha el joven zar de todos los Dvoryanstvo se movió con delicadeza bajo un túnel que se encontraba por debajo de las zonas más occidentales de Rusia, el área era totalmente oscura y solo las antorchas que llevaban los soldados permitían divisar el ambiente, aunque solo lo sospechara podía intuir que era uno de miles de cadenas que los antiguos habitantes de esas tierras habían construido hace cientos de años, los soldados lo seguían de cerca aunque él siempre iba al frente.

—Es impresionante, túneles tan antiguos y aun estables hechos de algún tipo de piedra—comentó uno de los soldados que levemente tocó la fría pared y sonrió— ¿imagínate cuánto tiempo le habrá tomado hacer esta obra perfecta a nuestros ancestros? ¿Cuánto tiempo habrá tomado pulirla y adornar?

Sintió la mano de otro soldado que caminaba por detrás y comenzó a hablar.

—No estamos aquí para admirar esas paredes, ahora aquí solo morán terroristas de occidente que buscan destruir la sociedad como la conocemos —todos miraron sus fusiles y se vio un atisbo de dolor en cada uno de ellos— mientras estamos aquí los krasnyy al mando de Orel entra por oriente matando y saqueando todo a su paso.

La mano del zar se levantó y todos se detuvieron de seco. Permaneció imperturbable por un momento y luego con un gesto le ordenó a un soldado que levantara su arma y después de unos segundos ordenó disparar, la bala se perdió en la oscuridad solo para que segundos después se oyera un sonido, pocos pasos fueron suficientes para el grupo para dar con el cadáver de uno de los revolucionarios que seguramente estaba atento a emboscarlos, pero no más.

— ¿Cómo es posible que vivieran tanto dentro de aquí? La oscuridad y la desolación pareciera hacerlo inhabitable pero aquí estuvieron durante más de setenta años— el soldado habló con bastante interés— es...

—Alto —Dijo Masha mientras una puerta gigante comenzaba a divisarse— es aquí.

Los soldados levantaron armas y comenzaron a rodear la puerta, mientras el Zar caminaba de frente y la abrió de un solo empujón. Los primeros pasos dentro resonaron en el oscuro lugar mientras encendía otra antorcha con paciencia.

—Sé que estás ahí —dijo con delicadeza— de nada te servirá ocultarte, ni siquiera ese plan que crees que funcionará.

La antorcha se prendió y reveló un escritorio con una persona bastante robusta y con un cabello corto y bien cuidado.

—Interesante mi noble zarevich —sacó una pistola debajo de la mesa y apuntó con ella a Masha— ¿O debería decir Zar? Me llegaron noticias de la Capital, dicen que mi meta de matar al Zar y a su esposa fue hecha por ellos mismos, no puedo creer que los krasnyy ocasionaran lo que yo no.

—En efecto mis padres están muertos y ahora yo tengo el poder —dijo sin más el recién ascendido gobernante.

— Y la hermosa diosa de la fortuna me ha sonreído trayéndome acá al último del linaje de los reyes del invierno—lentamente movió su mano tratando de apuntar certeramente a la cabeza aunque a veces lo movía hacia el corazón.

—Llevas razón lo que quedaba de mí linaje fue masacrado por los Krasnyys, mis primas ultrajadas, mis primos empalados alrededor de sus ciudades, yo soy el último.

—Haber vivido tanto para nada —los ojos del portador del arma no lo perdían de vista— pero antes de reventarte la cabeza dime ¿Por qué viniste con tan pocos soldados? ¿Por qué no dejaste que solo tus soldados vinieran?

—Te dije que sabía de tu plan, tu gente está preparada para dinamitar los túneles si no sales de aquí, siendo ese el caso estuviste por dar la vida para eliminar a todo el ejército que mandara aquí ¿Verdad?

—Pero pesqué un pez más gordo y podría eliminar fácilmente a los hombres que tienes afuera —el del arma echó una risa— por un momento pensé que serías más listo ¿Y cuál fue el motivo de que tu vinieras aquí aun sabiendo todo eso?

—Para que te me unas— dijo sin perder más tiempo.

Primero el hombre lo vio confundido y luego volvió a soltar una risa solo para cortarla de lleno unos segundos después.

— ¿Y qué te hace pensar que yo haré eso?

—Porque de no hacerlo los krasnyy nos exterminaran a todos.

—Podría unificar el país de nuevo.

—Y conseguir que aquellos seguidores a la corona te sigan —su mano señaló al rebelde por un momento— ellos necesitan a un rey y en el momento en que tu entres a la capital no verán a su salvador, verán al asesino de su rey y en ese momento no serás más que un krasnyy para los dvoryanstvo.

— ¿Crees que caeré en ese juego? ¿Y que si me uniera? ¿Viviríamos felices, los campesinos del occidente no vivirían en extrema pobreza? ¿Dejarían de ser esclavos?

—Pides cambio, un cambio que no te dio mi familia, yo soy el último de ellos, te propongo algo —sacó un pergamino enrollado dentro de su traje y lo lanzo hacia el rebelde.

— ¿Qué es esto? —pregunto mientras desenrollaba el papel.

—Una orden real, de aceptarla en este mismo momento, las tierras occidentales abolirían la esclavitud y cada uno de los obreros y campesinos tendrán control real sobre sus tierras y sus comercios, toda la clase baja no solo en el occidente sino en toda la Rusia de los Dvoryanstvo tendrán la posibilidad a presentarse al ejército al igual que obtener una vida de calidad.

—Yo...—el del arma se sentía confundido.

—Cualquier tipo de crimen será perdonado y desde ahora tus experimentadas tropas pasaran a ser un ejército de elite, pues yo al ser el último descendiente del linaje del invierno y considerarme a mí mismo como el invierno mismo que arrasara con nuestros enemigos, los nombrare el ejercito del invierno y así mismo tu mi querido enemigo serás perdonado y serás el general supremo de todo mi ejército.

El silencio se hizo claro en toda la sala, el sudor caía de la frente del líder rebelde y el arma cayo debido al temblor de sus manos.

— ¿Por qué me darías tanto poder? ¿Es una traición? ¿Por qué haces esto? —sus ojos lo miraron confusos a la cara que se iluminaba con la antorcha.

—Porque aquel que no esté dispuesto a cambiar, ni a pelear por su patria—camino lentamente hasta agarrarlo del hombro y mirarlo fijamente— es porque no merece una.

Los reyes del invierno lo habían mirado siempre con desprecio y se negaban a cambiar su modo de vida, pero por primera vez veía a un líder que no solo siendo un rey lo había tratado como igual, si no que había decidido cambiar para que su patria fuera mejor y estaba decidido a pelear por ella en vez de encerrarse en su castillo.

—Me ayudarás a levantar de nuevo este país general supremo...—le hizo un gesto para que le indicará su nombre.

—Oleg, mi nombre es Oleg —le tomo la mano y se levantó del asiento para luego dirigirse a la puerta.

—Tienes que decirme como haces para ver en la oscuridad —Masha le pregunto con una sonrisa.

—Es una muy larga historia —le dijo llevándose las manos atrás.

—Cada Dvoryanstvo vive alrededor de doscientos cincuenta años, así que tengo mucho tiempo.

Las risas resonaron en el túnel y las mismas risas despertaron a Oleg de su letargo actual.

— ¡Despertó! —dijo Irina con un grito.

Oleg corrió rápidamente a la cama en la que se encontraba Alek dentro del hospital.

—Hermano estúpido por poco pensé que te morías y echarías todo a perder —le dijo Irina a Alek.

—Colmillos —dijo Alek.

— ¿Qué pasa con él? —contesto su hermana.

—El de la prisión de escarcha el que me mordió era colmillos ¿Qué paso con él? —preguntó mirando hacia el techo, su cabeza le daba vueltas y apenas podía juntar sus pensamientos.

—Murió, luego de unos momentos después de morderte cayó sin pulso —le contó con una cara de interés— ¿Enserio era colmillos?

—Estoy más que seguro, no sé qué buscaba en el bosque pero de algo estoy seguro, su familia clamara justicia y pronto —Alek se concentró y miro al anciano que tanto quería— Oleg.

—Sí, mi señor —respondió el anciano.

—Enséñame a dirigir un ejército—dijo el muchacho.

El silencio se hizo en la sala por un momento y el anciano le devolvió una sonrisa.

—Así lo haré —le respondió con delicadeza y cariño.

#28

Capítulo 16- Záitsev

Hace 15 años...

Las puertas de la cámara del invierno se abrieron de par en par dando paso a un joven elegante con un pelo que le llegaba a los hombros, su postura y su buena vestimenta daba a entender que era de una casta alta de la sociedad, con gracias llegó al trono y arrodillándose besó la mano del zar.

—Mi zar me indicaron que usted ha convocado mi presencia y he venido tal como usted a pedido desde la capital —sus ojos revisaron con rapidez la habitación— debo admitir que es la primera vez que conozco el castillo.

—Lord Boris, me alegro que el palacio del invierno sea de tu agrado —El zar hizo una seña para que se levantara — Me informaron que tu noble padre falleció hace unos años producto de un accidente en la capital ¿Es verdad?

—Para mí pesar las noticias son verdad, unos malvivientes lo mataron hace años en la capital, desde entonces yo administro la economía de la casa así también como ocuparme en un puesto del consejo de nobles —su mano pasó ligeramente por un símbolo cerca de su muñequera que indicaba que el poseía tal cargo— para mi tristeza debo admitir que últimamente he estado algo ausente y no he podido conversar con su noble hijo.

El zar se levantó a una mesa cercana y girando una hebilla, algo parecido a una chimenea en un costado de la habitación encendió el fuego, sin temor metió la mano en el calor de la flama para poder sacar un envase que se encontraba entre aquellas llamas.

— ¿Algo para beber? —Las manos del zar parecían no quemarse— debes entender que en las temperaturas de la habitación sea normal que de permanecer mucho tiempo sin cuidado cualquier tipo de bebida tienda a congelarse.

— ¿Krasnyta? —pregunto con curiosidad.

—Algo, es más que todo una aleación, la Krasnyta impide que la parte afectada por el calor se caliente pero la parte posterior reciba toda la energía, causando que sea seguro agarrar el exterior más no el interior.

—Había oído algo de ello, el material no es muy común por estas zonas que clase de cosas puede uno encontrar en este palacio —el zar le ofreció un vaso y no dudó de llevárselo a la boca y tomar un poco— pero siendo más precisos ¿cuál fue el motivo por el que me cito? ¿Mi trabajo no es más útil en la capital que aquí?

El zar sonrió y sacó una risa insonora de su rostro, se tomó el trago de lleno y puso el envase en un mesón.

— Tengo entendido que eres el líder de la familia noble más poderosa del oriente de nuestras tierras.

—Últimamente tuve un problema con lord Fyodor sobre acusaciones infundadas, pero los hombres a mi cargo son bastantes y siempre tenemos todo controlado ante cualquier invasión que quiera pasar por nuestras tierras ¿Podría saber el motivo de su curiosidad?

—Mi hijo Alek en los próximos días irá con un ejército a enfrentarse a los Krasnyy, necesito saber que no se acobardará y trate de volver sin haber cumplido su cometido, teniendo tú el poder de las tierras más cercanas ¿Podrías ocuparte de eso?

— ¿Qué es exactamente lo que quiere que haga?

Boris movió el vaso para observar como el líquido lentamente se iba escarchando.

—No tiemblas ante las cámaras del invierno Lord Boris, reconozco tu fuerza y es por eso que quiero que me informes de cualquier movimiento que mi hijo intente hacer, en caso decidiera no proteger nuestro país o llegue su fatídico final, quisiera que me lo informes, según la información veré que cartas tomar en cuanto a mi ejército y mi heredero.

—Confié en mí, no le fallaré mi Zar— se inclinó y lo miro a los ojos.

—Espero así sea, puedes retirarte —le hizo un ademan para levantarse.

—Como usted desee mi zar —se levantó y rápidamente dejó la cámara.

Las puertas se cerraron y el silencio reinó por un momento en el ambiente más allá del sonido de las ventiscas golpeando contra las paredes y entrando a la habitación.

—Te traicionará, lo sabes —el beli con el pelo blanco salió de entre la oscuridad de uno de los rincones de la habitación— esconde algo en su interior, venganza, ellos la huelen.

— ¿Crees que no lo sé, Beli? —No apartó su mirada que se dirigía al balcón— él sabe perfectamente que yo fui quien asesinó a su padre hace tiempo.

— ¿Entonces, porque él? Podría lamentar no haber actuado a su tiempo —el beli cerró la mano y las ventiscas se detuvieron.

—Hace tiempo mientras Oleg y yo deteníamos a los Krasnyy en Moscú encargue a su padre que se ocupara de la defensa en caso cualquier Krasnyy intentara ingresar por el este de nuestras tierras —relajó su cuerpo y cerró los ojos como si lo recordara— teníamos alrededor de cuatrocientos mil hombres preparados para defender nuestras fronteras, pero todos perdieron la vida defendiendo la frontera y los krasnyy lograron pasar a la capital.

—Mentiras —dijo el sacerdote— la víbora espera el momento preciso para morder.

—Exactamente —le dio la razón— ¿un ejército tan enorme sobrepasado fácilmente? ¿sin daños en las propiedades y sin signos de batalla en los alrededores? no me tomó mucho adivinar que había escondido a ese ejército en sus tierras para esperar que los krasnyy me derrotaran y lograra rematarlos una vez acabaran conmigo, así los Záitsev hubieran tomado el trono.

—La traición abunda en los nobles —hablaba el sacerdote— está en su naturaleza aspirar a más.

—En cuanto me enteré, dejé que hiciera su plan, como los Krasnyy no habían logrado vencerme y el ejército del invierno que había adquirido se encontraba en su mayoría intacto, el plan no se llevó a cabo, pero él esperó, ahorró esas tropas hasta hace unos años, pero cuando trató de obtener el favor de otras casas, cometió su último error —movió rápidamente la mano hacia un costado cual espada— no dudé en asesinarlo y pasarlo como un crimen casual, su ejército impago se fue desmembrando aunque ese chico conservó una buena porción.

— ¿Y qué es lo que planea hacer? —preguntó el de pelo blanco al gobernante.

El Zar guardó silencio por un minuto, el beli normalmente chocaba con aquel hombre, pero los pensamientos de aquel individuo eran simplemente maravillosos, parecía anticipar cada jugada, aunque claramente había recibido ayuda de sus dioses hace mucho lo que le facilitaba la tarea, mas no las decisiones.

—Quiero asegurarme que Alek no vuelva con vida, con un ejército tan grande en manos de aquel muchacho, será un garante para que en caso de que mi hijo cumpla su cometido termine muriendo a traición por las tropas de aquel individuo—respiro profundamente— una vez ese asunto este zanjado me ocuparé de los Záitsev y los eliminaré desde sus rices.

El sacerdote se limitó a asentir con una sonrisa mientras el Zar volvía al trono.

#29

Capítulo 17- Alyy

Hace 15 años...
Un caballo rompió a toda velocidad a través de unos bosques desconocidos, el jinete conocido como Voraz miraba a su alrededor, nadie más se había aventurado con él, no era tan despiadado para pedir que su gente viniera a una muerte segura y aun así dudaba mucho que aunque se los hubiera pedido alguno hubiera tenido las agallas suficientes para acompañarlo.
Los sonidos cambiaron y de entre el bosque comenzaron a salir krasnyy caminando en cuatro patas.
— ¡Alyy! —se dijo a sí mismo.
Los conocía por primera vez, pero no perdió la compostura, cada uno debía medir unos dos metros erectos, sin contar con que cada uno se movía a igual velocidad que su caballo, de un momento a otro comenzaron a rodear a su cabalgadura, el animal no se asustó y para su desgracia no podía superar en velocidad a aquellas criaturas similares a su jinete.
—Hueles a extranjero Krasnyy, que vienes a hacer en esta tierra —el Alyy se puso a oler a las espuelas del caballo y rápidamente movió su cabeza mirando a Sergei— solo encontraras muerte.
—Orel, mi padre, me informó que su líder está dispuesto a negociar una unión —sus ojos no se perturbaron y la seguridad al habla daban la intención de que no se intimidaba ante esos seres — Quiero hablar con él.
Los alyy gruñeron e hicieron actos similares a querer morderse entre ellos mientras el que encabezaba el grupo hizo una especie de ladrido, lejos de parecerse al de un perro, los demás se calmaron y el líder del grupo miró a Sergei.
—Síguenos, te llevaremos con Yerik —incrementaron su velocidad y comenzaron a avanzar ligeramente más rápido que el caballo.
El caballo los siguió de cerca y el hijo de Orel se fijaba con curiosidad en los alyy, sus cuerpos semi desnudos estaban cubiertos por unas especies de capas de diferentes colores y otros tipos de prendas cortas alrededor del cuerpo, parecía algo difícil de creer en lugares tan fríos sin embargo estos no temblaban. En algunas partes se podía ver partes de sus huesos sobresaliendo bajo la piel, quizá de esta manera pudieran correr en cuatro patas de forma más rápida, algo imposible para los krasnyy comunes.
—Aquí —le dijo el Alyy mientras entraron por una abertura entre unos arbustos ocultos en el bosque.
Los ojos de Sergei se abrieron de par en par, pudo ver como un gigantesco cadáver de una especie de humano carente de piel con cinco ojos y sin labios colgaba en unas cadenas, no poseía cintura y en vez de eso sobresalían tentáculos debajo de él.
—Está muerto —un alyy saltó de arriba, de un árbol— ¿Qué te trae por aquí pequeño krasnyy?
Ese hombre caminaba en dos pies y media algo más de dos metros, Sergei parecía un enano al lado de ese ser. Uno de sus ojos era de color rojo y otro verde como se sabía de su raza pero por alguna razón la parte baja del iris tomaba un color morado.
—Mi padre me mando, dice que quedaron en un trato —le habló sin más dilación.
—No, no, no, no —le dijo haciendo unos chasquidos con la lengua— le dije que pensaría en su propuesta.
— ¿Acaso no quisieras una unión entre nuestras razas? —le preguntó.
—No lo sé, son blandos —sacó algo parecido a una daga del bolsillo— ¿De qué me sirve un pueblo débil y enfermo? he oído que le tienen miedo a los bosques del este.
—No hay necesidad de pelear contra ellos cuando tenemos un enemigo que se alza por el oeste.
— ¿Y esos podrían ser? —pregunto con curiosidad.
—Los dvoryanstvo, humanos que buscan la expansión total de Rusia, si ellos y su Zar logran triunfar—escupió al suelo— ustedes serán los siguientes, no se conformaran solo con nuestras tierras.
El jefe de los Alyy lo miró serio por un momento, luego volteó su cabeza hacia los demás Alyy del lugar, que lo miraron de la misma forma, y pasado unos segundos comenzaron a reír frenéticamente mientras Sergei no cambiaba su expresión.
—Muchacho crees que sus armas de juguete nos podrían hacer algo —con el cuchillo apunto a su arma— dispárame.
Sergei lo miro consternado ante tal proposición, si le daba de lleno muy probablemente su líder moriría, esa gente no parecía conocer ni siquiera la medicina.
— ¡Dispárame u ordenaré a mis hombres que te desmiembren! —Dijo con tranquilidad el líder de los Alyy— no soy tan blando como los de tu raza.
El krasnyy ante la espada y la pared sacó su arma lentamente y apuntándole fijamente disparó hacia Yerick, de un sonido seco el proyectil dio en el blanco, Sergei cerró los ojos mientras el Alyy quedaba de rodillas.
—Nada —dijo ante un Sergei que abrió los ojos de par en par— te dije que no me haría nada.
Efectivamente la bala había dado pero apenas se había introducido un poco en su piel, el alyy movió su mano y se sacó la bala del abdomen dejando un hoyo pequeño de carne que rápidamente sano en segundos.
“¿Acaso es humano?” — se preguntó.
—El problema de tu propuesta y de tus supuestos enemigos es que hace mucho tiempo, nosotros también usábamos ese tipo de armas —le aseveró— pero resultaron inútiles, cada día los monstruos que habitaban se expandían y el bosque con ellos y tuvimos que adaptarnos, dime cuantas bestias de estas pueden matar al día, cuantos mueren por este tipo de monstruos en una sola batalla.
Le señaló a la bestia que se encontraba muerta en aquel campamento.
—Ninguna —respondió Sergei— jamás hemos podido matar una sola bestia de los bosques, ni en el oriente ni en el occidente.
Los alyy pararon de hacer todo lo que hacían y se miraron entre sí con incertidumbre.
— ¿En el occidente? —Dijo Yerick con cierta rabia— ¡En occidente! Y no hicieron nada para pararlos.
Yerick se encontraba totalmente impotente, toda una vida la había dedicado a exterminar y controlar las fronteras de las bestias en oriente y ahora resultaba que en aquellas tierras de sus hermanos, aquellos que no representaban una amenaza para su gente, también existían bestias que probablemente se expandían con el tiempo, dos frentes, cambiaba totalmente la historia.
—Mi gente no sabe cómo matarlos —Voraz le enseñó el arma— enséñanos, ayúdanos contra los dvoryanstvo y te prometo que nuestra gente te ayudara a hacerlo.
El alyy lo miró fijamente y le extendió una mano que rápidamente tomó su contra parte.

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#30

Capítulo 18 - Motivación
hace 15 años...
Los ejércitos de los krasnyy marchaban sobre el bosque con su elegante líder al frente, sin temor a las bestias que podían habitar en aquellos páramos.
— ¿Colmillos me escuchas?—gritó con determinación— quiero dos escuadrones bien armados al este y al oeste al primer signo de peligro vuelvan a esta posición, marquen los árboles.
Los soldados se separaron rápidamente afirmando con la cabeza.
“Svetlana, busca a Sergei, él te cuidará” —palabras de acontecimientos pasados entraban a su mente.
—General no hallamos nada, hacia el oriente, nos movimos al menos dos kilómetros —le dijo un hombre que recién llegaba jadeando.
—Diles que regresen y se reincorporen —Svetlana miró con cierta curiosidad al soldado.
Rápidamente su subordinado volvió al bosque al encuentro de sus compañeros para transmitir la orden. A Caridad, le resultaba raro el comportamiento del soldado, los krasnyy rara vez lograban cansarse por distancias tan cortas, pero sospechaba que quizá su gente había recorrido más de lo que le decían, era la primera vez que ellos estaban ahí, personas que habían crecido con el temor de las bestias del bosque, pero en ese preciso momento, no había nada, solo la belleza de aquel lugar imponente que dejaba a todos aquellos adultos con los ojos encendidos como si fueran niños, el miedo hacia las bestias del bosque había sido superado por las maravillas que escondía aquel lugar, tal como hace tiempo.
“Estos conejos provienen del bosque, luz de mis ojos, todo animal incluso los humanos, se guían por la naturaleza que llevan en sus corazones” — ¿Por qué precisamente ahora los recuerdos de su madre inundaban su conciencia?
Ese bosque poseía algo raro, su cuerpo avanzaba buscando a su hermano y dando órdenes casi por instinto pero su mente se movía a través de su niñez. Los ruidos de una niña siendo alzada por la cintura mientras reía.
—Mamá, mamá más alto —gritaba la niña mientras soltaba las risas.
—Señorita Tanya —llego un hombre de mediana estatura— su esposo le manda una carta.
La mujer bajo lentamente a la niña y se dirigió hacia aquel hombre.
—Mamá prometiste jugar conmigo todo el día sin distracciones —la joven Svetlana inflaba los cachetes.
Su madre pareció no prestarle atención mientras leía la carta delicadamente.
— ¿Estás seguro que Orel mandó esta carta? —le preguntó con una cara un tanto despreocupada.
—Se lo aseguro mi señora —le dijo mientras se inclinaba.
—Sabía que esto pasaría, se lo dije y no me escuchó, la guerra está perdida —susurró Tanya para sí misma.
—Mamá —gritó la niña.
Su madre volteó con una sonrisa y le acarició el pelo.
—Svetlana juguemos a un nuevo juego “los viajeros”, nuestro objetivo es ser las mejores viajeras del lugar hasta dar con tu hermano ¿sí?
— ¡Me encanta! —Gritó emocionada— yo puedo ser la cobradora.
Tanya abrazó a su hija y con una mano le indicó que fuera a traer sus cosas, segundos después la niña corría hacia una pequeña mochila de cuero mientras su madre se daba la vuelta en dirección al hombre que le había entregado la carta.
—Diles a todos los del pueblo que evacúen la zona —habló con un tono serio al enviado.
“Pudiste haberla salvado” — una voz perturbadora entró en su mente y la despertó.
Una vez más estaba en aquel bosque buscando a su hermano, había algo raro ahí, podía sentir como si alguien estuviera presente, diferente a todos los demás observándola.
—Mi señora Caridad, encontramos rastros de una expedición —guardó silencio durante un momento— todos muertos.
Su rostro permaneció imperturbable, caminó con el capitán para que le enseñara la ubicación de aquella expedición.
— ¿Capitán algún rastro de mi hermano? —habló con notoria calma.
—Ninguno por el momento, nuestro equipo trata de buscar algo que permita identificar a los muertos—comenzó a mover las manos a través de su cuerpo para indicar las búsquedas— anillos, cicatrices, alguna clase de quemaduras.
Svetlana observó con curiosidad una vez llegada al área, había cadáveres congelados por todas partes, los cuerpos yacían desmembrados y arriba de los árboles, muy probablemente solo había alguien que podría causar esa clase de daños.
—Las bestias del bosque —se agachó y alzó una mano desmembrada del suelo— las heridas, fueron causadas por mordidas.
—Creemos que las bestias andan cerca deberíamos retroceder.
—Es una opción…—la cabeza comenzó a dolerle.
“Una vez más que abandonas a alguien, otro familiar perdido para los gusanos”— algo susurro en su mente.
—No dejaremos a nadie, capitán identifique los cuerpos, no informe de este hallazgo a los demás —su voz estaba totalmente decidida— volveré al campamento.
—Así se hará, mi señora —afirmo el capitán.
Su mente siempre se encontraba de una u otra forma extraña en ese lugar desde que llegó, recuerdos que había enterrado hace mucho y le dolían volvían a surgir, hace tiempo que había perdido a su madre, bloqueaba ese recuerdo hace mucho tiempo, pero ese lugar le obligaba a recordar las cosas dolorosas.
—Svetlana —se oyó no muy lejos.
Volteó la cabeza y vió a Iván, estaba totalmente intacto y a la vez asustado, su cara estaba totalmente pálida, y se encontraba temblando de forma errática.
—¡Iván! —gritó y corrió hacia él— no te preocupes hermano todo está bien, volvamos a casa.
Su mano se acercó ligeramente para tocar su hombro, cada vez se encontraba más cerca.
— ¿Porque no me salvaste? —le grito a la vez que su cara cambió repentinamente de apariencia, ahora su cara estaba hinchada, de un color morado y con varios insectos saliendo de sus cuencas.
Svetlana cayo para atrás fruto de la imagen y en un parpadeo la visión desapareció ¿Su imaginación le había hecho una jugarreta? Las lágrimas descendían de su mejilla y comenzaba a llorar, ella pudo detenerlo antes de partir, ¿por qué no se había empeñado en cuidar a su hermano? ¿Por qué no había mantenido unida a la familia como su madre le había encargado?
“A veces las personas no toman las decisiones correctas, el dolor les hace hacer cosas de las que después se arrepienten y está en nuestro corazón, hacérseles notar” —las palabras de Tanya, esos recuerdos la hacían quebrar como una niña.
— ¡General! —gritó un sargento mientras corría a toda velocidad.
Svetlana se limpió sus lágrimas y reforzó su firmeza.
—Caridad, los Dvoryanstvo vienen hacia esta dirección, un gran contingente, liderado por alguien de importancia —dijo desesperado— ¿Qué hacemos?
— ¡Preparen las armas!