Lizzie115
Rango12 Nivel 56 (10815 ptos) | Ensayista de éxito
#1

Victoria Reyes ha sufrido mucho en su corta vida, con solo 28 años es una madre soltera de una hermosa e inteligente niña de 6 años llamada Yvette. Su vida, aunque no muy agradable es suya y es feliz junto a su hija, ellas solas contra el mundo. Todo cambia cuando el padre de la niña hace su reaparición. Pidiéndole algo que ella nunca pensó oír de sus labios. Un secreto que había jurado guardar sale a la luz, y tendrá consecuencias desastrosas para Victoria.

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Flaneta
Rango12 Nivel 58
hace 4 meses

Esto... suena a telenovela de las cuatro de la tarde.


#2

Capítulo Uno

— Oh, mi princesita. Estoy muy orgullosa de ti — dice Victoria a su pequeña mientras observan la televisión, donde se ven ellas mismas en una entrevista realizada por el Concurso de Deletreo donde Yvette, su hija de 6 años gano el primer lugar.
— Gracias, mami.
— Eres mi pequeño genio — dijo dándole un abrazo y un beso en la frente.
— Mamá, no hay que ser un genio para saber deletrear.
Yvette es una niña muy madura para su edad. Victoria adora cuando se pone en plan de dar una explicación, o exponer su punto de vista, -más bien, imponerlo, es una niña terca, como su madre-, porque arruga la naricita y abre mucho los ojos, esos ojos verdes que le traen tantos recuerdos del pasado.
“Cada vez se parece más a él.”
— Pues, yo digo que sí, y fin de la discusión.
Victoria se acercó a su hija y le hizo cosquillas hasta que la niña le imploro que parara entre risas.
— De acuerdo.
— Esto irá a la Sala de Trofeos — dijo Victoria mirando el trofeo de primer lugar que tiene entre sus manos.
La Sala de Trofeos es una pared en la sala de su diminuta, pero acogedora casa, donde están todos los logros de Yvette, por muy pequeños que sean. Dice que es el mejor lugar para colocar sus premios, donde cualquiera que entra pueda verlos bien. Victoria está muy orgullosa de su hija.
“Me ha salido muy bien”, piensa. “Al final todo estará bien justo como te prometí”.
Una promesa que le hizo antes de nacer. Cuando quedó sola y desamparada con 21 años de edad, al saberse embarazada. El padre de Ivette se asustó, eran estudiantes universitarios, para él ellas eran una carga que no estaba dispuesto a llevar.
A veces se siente mal por como terminaron las cosas, más cuando su pequeña pregunta por qué no tiene padre al igual que sus compañeros de clase.
Otras, bendice al cielo, tiene una familia que la ayuda mucho, además de su familia adoptiva, los Stuart, la familia de su mejor amiga Melinda, la madrina de Yvette.
Tienen un techo sobre sus cabezas, apoyo de las personas que aman, Victoria tiene un trabajo que adora, es enfermera en Pediatría en el Hospital General de San Francisco. No les falta nada. Al menos, eso quiere creer Vickie.
— Hola, abuelo. ¿Cómo estás? — preguntó Scott al descolgar el teléfono de la oficina. Su abuelo lleva varios días sintiéndose mal, él le dice que son los años, sin embargo Scott no puede dejar de preocuparse. Es la única familia que le queda. Es todo para él. Le dolería perderlo.
— Igual, mi niño — su abuelo a pesar de que él ya no es un niño, sino un adulto de 29 años, lo sigue viendo como tal. — Pero te llamo por otra razón. Acabo de ver una noticia en la televisión que me dejo sumamente sorprendido. Algo que no pensé que a estas alturas de mi vida pudiera ocurrirme todavía.
— ¿De qué se trata, abuelo?
— Recuerdo cuando eras solo un muchacho de 17 años.
— Abuelo.
— No me interrumpas — Scott no puede detenerlo cuando se pone a recordar el pasado. Incluso, los momentos más dolorosos, por eso intenta que se detenga, le hace mucho mal pensar en algo que no puede cambiar.
— Ok, prosigue.
—Nunca fuiste más feliz. Tus padres vivían. La vida era buena. Recuerdo a Victoria claramente, esa increíble y dulce muchacha. Siempre pensé que se casarían.
Scott no quiere pensar en ella. La conoció con solo 16 años. Era, y seguro sigue siendo, preciosa. La primera vez que la vio está grabado en su memoria, llevaba un vestido sencillo de lunares verdes, lo recuerda porque es un color curioso, su preferido y el de él después de ese día. El vestido resaltaba su figura. Delgada, ágil y muy hermosa. De increíbles ojos marrones, grandes, de largas pestañas. Su cabello castaño largo y suelto, con iluminaciones en un tono miel, solo después comprobó que eran naturales. Recuerda que solo para molestarlo se lo recogía pues a Scott le encantaba vérselo suelto.
Su abuelo tiene razón fueron los años más felices de su vida. La recuerda tan angelical e inocente. Sensible, soñadora, muy esmerada, trabajadora. Era capaz de reírse de todo, incluso de sí misma. Muy cariñosa. Pero a la vez, muy rebelde. Terca.
Fueron novios durante unos perfectos 5 años. Él fue todas las primeras veces de Victoria. El primer novio, el primer beso, el primer amor, la primera vez, cada una mejor que la anterior. Para Scott, ella fue la primera vez más importante, su verdadero amor, la única chica que ha amado, aun hoy con 29 años, no ha logrado superarla, y lo ha intentado inmensamente.
Su vida cambio completamente cuando la perdió, a ella y a su bebé. Después de eso, nada volvió a ser igual, dos años más tarde sus padres murieron en un accidente de tránsito. Perdiendo a las personas que amaba y el control de su vida. Tuvo que dejar sus sueños de convertirse en escritor, y tomar las riendas de la empresa de su abuelo.
— Abuelo, ya hemos hablado de esto. Todo cambio, ella no me perdono nunca que haya dudado cuando me contó lo de su embarazo, y cuando lo perdió. — Scott aun no puede hablar de ello, sin que le duela el corazón. — No había nada que salvar en nuestra relación.
— Lo sé, por eso te cuento lo que vi en la televisión.
— No entiendo, abuelo.
—No me dejas hablar, ya lo entenderás. La vi, a Vickie, estaban entrevistándola a ella y a su hija de 6 años por ganar el primer lugar en el concurso de deletreo.
Scott dejo de escuchar lo que decía su abuelo. Dejo de respirar. Dejo de hacer todo, por poco y tira el teléfono al suelo de lo nervioso que se puso.
“Hija. Victoria tuvo una hija. Hace 6 años perdió a nuestro bebé. No, debe ser otra cosa, abuelo entendió mal”.
— Es tu viva imagen, aunque debo decir que se parece mucho a su madre también, pero eres tú, a su edad. Tus ojos, la misma mirada, de un color verde más oscuro, pero son tus ojos. Es una niña preciosa.
Scott no puede creerlo, pero su abuelo no está loco, solo hay una respuesta. Y no le gusta para nada.
— Escuche que Vickie trabaja como enfermera en el Hospital General. Si quieres responder todas las preguntas que estoy seguro tienes, allí la encontrarás.
— Gracias, abuelo. Te llamo luego.
— Si, hazlo.
No, no quiere creerlo. No puede ser. Es mejor que sea una simple casualidad. Porqué de no ser así, Victoria tiene muchas cosas que explicar, demasiadas.
— Mary — dijo al intercomunicador — cancela todas las reuniones.
— ¿Todas? Incluso las de la tarde con los inversores.
— Todas.
— Lo que usted diga, señor Rivers.
Victoria no sabe a lo que se enfrenta. Ya no es aquel chico de grandes sueños. El hombre que conoció y amo. Ahora es un hombre con mucho poder, y nada que no pueda conseguir. Lo que quiere ahora es a su hija y hacer sufrir a Vickie.

eleachege
Rango17 Nivel 82
hace 3 meses

Después de tanto tiempo lejos de esta web, al leerte, me contenta saber cuánto talento has desarrollado. Un beso @Lizzie115 .


#3

Capítulo Dos

— Vi las noticias — dijo Melinda entrando al quirófano.
— ¿En serio? Viste que linda mi princesita.
— Bella y muy inteligente. Me pregunto a quien habrá salido.
— Ja, ja —exageró Vickie mientras prepara al paciente. — Será un regalo de Dios.
— Si, lo más seguro. O de andar conmigo se le está pegando.
— Ya, tu — Melinda se echó a reír al ver la cara que le puso su mejor amiga.
— ¿Dónde piensas llevarla para celebrar?
— Donde ella quiera. Sin pensarlo. Haré lo que me pida.
— Que bien. Espero que se diviertan. ¿Cuántos días tienes libres?
— 3, creo que serán suficientes.
— Claro que sí. Cuanta envidia.
— ¿Por qué? Tú nunca sales de vacaciones. Te encanta trabajar.
— Es verdad.
— Todo listo.
— Entonces, empecemos.
“Que día más largo”, piensa Victoria mientras se acerca a su coche.
Necesita recoger a Ivy en casa de su amiga Yanet. Es quien se ocupa de la niña cuando tiene turnos largos. Es su vecina y la madre de la mejor amiga de su hija, Katherine, una graciosa niña, muy inteligente y muy peleona.
Cuando abre la puerta siente una presencia cerca. Hacía años que no siente esa electricidad. Solo le ocurrió una vez, hace ya muchos años.
“Estoy muy cansada”, pensó. “Es imposible. Debo estar bien mal”.
— Hola, Victoria.
Se quedó helada al escuchar esa voz.
“Por favor, que sea un sueño. Me quedé dormida en la sala y estoy teniendo una pesadilla. Una muy vieja pesadilla”
— No te alegras de verme.
Se dio la vuelta agarrando fuerte la puerta del coche. Se está haciendo daño en la mano, sin embargo no le importa. El frío metal bajo la palma de alguna forma la conforta, la mantiene alerta.
— Es bueno verte.
— No puedo decir lo mismo.
— No has cambiado nada. Igual de contestona.
— Y tú, has cambiado mucho.
Victoria está mintiendo. Allí está él, frente a frente. Ella cree haber vuelto a su adolescencia cuando lo conoció. Los mismos ojos verdes claros que parecían leerle la mente. Sus labios, que la enseñaron a besar. Increíblemente gruesos y sensuales. Debería ser un delito que un hombre tenga esos labios. Su cabello rubio recortado perfectamente.
En algo si cambio. El aire honesto, tal vez un tanto inocente y dulce, ha desaparecido. En todo lo demás, es el mismo hombre, solo que ahora viste un traje inmaculado de color negro. El traje no esconde su musculoso cuerpo, ese que muchas veces acaricio y beso.
Victoria intenta no desvanecerse ahí mismo. Necesita toda la fortaleza que pueda reunir para enfrentarse a ese hombre. Por mucho que quiera negarlo, siempre ha tenido, -y por lo que puede percibir aún tiene-, un poder especial sobre ella.
Es un hombre poderoso, magnético que la atrae irremediablemente hacia él. Desde que lo dejo no ha podido estar con otro hombre. Lo intento, con ganas. Los que no salían huyendo al saber que tiene una hija, terminaba comparándolos con Scott. El que ahora tiene justo frente a sí.
“Oh, por favor, despierta”. A Victoria no le gusta nada como la está mirando, entre odio y deseo, una mezcla muy peligrosa, demasiado excitante.
“¿Qué rayos estás pensando?”
— Han pasado muchos años.
— Seis, para ser exactos.
— No lo recuerdo.
— Oh, creo que sí. Tan claramente como yo. La última conversación que tuvimos me dijiste que habías perdido a nuestro bebé. No te imaginas mi sorpresa cuando mi abuelo me llama diciendo que vio una noticia tuya donde aparece una niña de 6 años que casualmente se parece a mí.
—El señor Rivers, ¿cómo está?
Victoria está super nerviosa. Intenta comprar algo de tiempo. No sabe qué hacer, qué decir, cómo debe comportarse. Totalmente ignorante o decirle la verdad. Es una pesadilla que ha tenido muchas veces. Por desgracia, en realidad está ocurriendo.
— Muy enfermo. — Scott no pudo evitar mentir, es lo primero que se le ocurrió decir, además su abuelo no está del todo bien, lo que no tan mal como está implicando. Necesita hacerle sentir mal, herirla de cualquier manera posible.
— ¿En serio? Pobre, siempre le he tenido mucho aprecio, lo quería como a mi propio abuelo.
—Qué manera tuviste de demostrarlo.
— ¿Qué tiene?
— Vejez, sufrimiento y pérdida.
— No entiendo, no es un hombre tan viejo.
— Los acontecimientos han influido. Mis padres murieron hace 4 años, en un accidente de tráfico.
— Oh, Scottie cuanto lo siento.
Tarde se dio cuenta Vickie que lo había llamado así, solo ella y su madre lo llamaron alguna vez así. En tiempos donde todo era mejor.
—No te preocupes, no necesito tu lástima. Pero mi abuelo está débil, imagínate ahora descubrir que tiene una biznieta que no conoce. Sabes lo importante que es la familia para él.
— Tú te negaste a ser su padre, perdiste tu oportunidad.
— ¿Me negué? Estaba asustado, al igual que tú. Pero lo pensé y regresé. Tú eras lo más importante en mi vida, mi ancla, mi todo. Fue entonces cuando me dijiste que habías perdido a nuestro bebé. Me mentiste.
— Nunca te mentí. No te conté toda la verdad, es diferente. Te dije que ya no tenías que preocuparte por nada, en ningún momento dije que había perdido “mi” bebé.
— Pero lo insinuaste.
— No pongas palabras en mi boca. Tú escuchaste lo que querías oír, yo solo te di una salida, la que estabas buscando tan desesperadamente. Nunca más me buscaste, no te interesaste por mí, por nosotras. Bien podría haber muerto y nunca te hubieras enterado.
— Era un muchacho cuando pasó. Estaba impresionado. Además, me pediste que no te buscará.
—Sí, yo también era una niña, estaba embarazada y asustada, quería a alguien a mi lado que me apoyara, y ese no fuiste tú. Tanto que decías que me amabas, de que me sirvió tu amor.
— ¿Y tú? ¿Qué hay de tu amor por mí? No te importo a la hora de apartarme de tu lado. He perdido 6 años de la vida de mi hija por tu culpa.
— No me culpes a mí, esto es todo tu culpa. Pero no te preocupes, a Yvette nunca le ha faltado nada, ni siquiera el amor de un padre.
— ¿Te casaste?
Scott no pensó que su corazón volviera a latir como lo hacía. Ni que un miedo profundo lo inundara así. No desde la muerte de sus padres. Pensó que ya no sentía nada, que estaba completamente vacío por dentro, pero cuando se trata de Vickie es todo emoción, nada de raciocinio.
— No, nunca. Hablo de mí. Ella tiene todo lo que necesita.
— No, necesita a su padre.
— Yo soy su padre.
— No, su padre soy yo. Quiero conocer a mi hija.
— Ni lo pienses.
— Victoria, ya no soy el mismo niño tonto e idealista de antes. Si quiero ver a mi hija la veré. Soy un hombre poderoso, ya lo verás y siempre consigo lo que quiero. — Lo que Victoria no sabe, es que ella es lo que quiere ahora, más que nunca. Ahora que la tiene justo donde la quiere, no la dejará escapar, no otra vez. —Además, dices que te preocupas por mi abuelo. No le negarás el último deseo a un hombre moribundo, ¿o sí?
— De acuerdo. No me cargues la conciencia con culpa.
— Eso lo has hecho tu sola.
— La conocerán, pero bajo mis términos.
— No lo creo. Llevo 6 años viviendo bajo tus términos. Irán conmigo este fin de semana a pasarlo en mi finca. ¿La recuerdas? Allí está mi abuelo. Necesita reposo y tranquilidad. La ciudad es muy movida y ruidosa, el campo le hace bien.
Victoria recuerda demasiado bien su tiempo en la finca Rivers. Allí vivió los mejores momentos de su adolescencia. Justo entre sus paredes se convirtió en una mujer en los brazos de Scott.
“Madre mía, ¿dónde me estoy metiendo?”
— Lo que digas. Pero yo le diré a mi hija sobre ustedes, cuando lo encuentre pertinente.
— Sé lo dirás antes de irnos. Ni un minuto más.
“¿En qué momento se volvió tan mandón?”, pensó Vickie.
— Como diga, mi Coronel.
— No estoy para juegos. Recuerda lo que te digo o te arrepentirás.
Antes que Victoria pudiera replicarle, mordazmente, Scott dio la vuelta y se marchó justo como había aparecido.
— ¿Qué hago yo ahora?
Scott no puede creer lo que aún le hace sentir Victoria. Tuvo casi que salir huyendo para no cometer una locura. No está seguro si será una buena idea tenerla nuevamente en su vida, pero si desea tener a su hija, y por desgracia, Vickie viene en el paquete.
Tendrá que mostrar mucho autocontrol, no le parece que lo logrará. Pero debe intentarlo, no caerá nuevamente en su trampa, de la última vez todavía se está recuperando. Está vez será él quien ponga las reglas.
“Esto será todo un reto”.

#4

Capítulo Tres

Victoria se quedó realmente impactada por su encuentro con Scott. En el camino a casa no sabe qué hacer.
“Dios mío. Estoy temblando todavía”.
Le dio un ultimátum, si no le dice a su hija sobre él, habrán problemas, y lo cree, ese hombre que estuvo frente a ella no es el Scott que conoció.
— ¿Diga?
— Mel, necesito ayuda. Nunca te imaginarás a quien acabo de ver.
— Vic, ¿qué sucede?
— Scott, se apareció en el Hospital. Lo sabe todo. Cherda1, todo por culpa de la tonta noticia sobre el Concurso de Deletreo.
— ¡Madre mía! ¿Qué te dijo?
— ¿Qué crees? Quiere conocer a su hija. Quiere, bueno, exigió que vayamos todos este fin de semana a su finca, allá está su abuelo, ¿lo recuerdas?
— El señor Rivers, si, un hombre muy agradable.
— Pues se está muriendo y quiere conocer a su biznieta. No puedo negarme, Mel, es su bisabuelo. Su padre. ¡Me vuela la cabeza!2 Estoy en un tremendo lío. ¿Cómo le cuento todo a Ivy? Solo tiene 6 años. No lo entenderá. Mel, no puedo vivir si mi hija me odia.
— No lo hará.
— Oh, la conoces, lo hará. Sabes que es su mayor deseo, tener un padre. Cuando descubra que lo tiene, y lo que hice, me odiara hasta mi muerte.
1. Cherda (Mierda). Una palabra que invento para no decir malas palabras frente a su hija.
— Es tu hija, nunca te odiará. Puede que se moleste, pero es una niña, eso se le pasará. Sabe que la amas más que a nada en el mundo. Te perdonará.
— ¿Y si no lo hace? Mel, es lo que más quiero. No puedo perder a mi hija.
— No lo harás. Pero en algo Scott tiene razón, es su padre, tiene derecho a conocerla. No le doy la razón en muchas cosas, pero en esto sí.
— Lo sé. Pero tengo mucho miedo. ¿Si intenta quitarme a mi hija?
— Victoria Katheryn Reyes, eres una de las mujeres más fuertes que conozco, ningún hombre, ni siquiera Scott puede doblegarte. No se lo permitas. Es tu hija. Lucha por ella con uñas y dientes.
— De acuerdo.
— Aquí me tienes. Lo que necesites.
— Gracias, amiga. Tengo que colgar ya llegué.
— Suerte.
— Si, la necesitaré.
Fue una fortuna no tener que enfrentarse a la realidad esta noche. Cuando llegó, Yvette ya estaba dormida. Tiene unas horas para pensar lo que le dirá. Por desgracia, conoce a su hija, será una terrible pelea. Fue una noche espantosa, no pudo pegar ojo.
“Espero que Scott esté peor que yo. Oh, lo maldigo por todo esto. Si mi hija me odia, hijo de… la pagarás”.
Un insistente ruido la despertó. Miro la alarma.
“No, eso no es. ¿Qué rayos es ese ruido?”
Son las 7 de la mañana. Por suerte, su turno empieza a las 3 pm. Le hace falta dormir, pero hasta que no sepa que es ese ruido no podrá lograrlo. Luego de varios segundos, descubrió que se trata de su celular. Ivy había vuelto a cambiarle el tono a su móvil.
Respondió sin mirar quien era.
2. Me vuela la cabeza (Me cagó en la madre que lo parió, y otras frases ofensivas).
— ¿Qué?
— Vaya, aun te levantas malhumorada en las mañanas.
Victoria se levantó de un tirón.
— ¿Scott? ¿Cómo conseguiste mi número?
—Te dije que soy un hombre poderoso. Tengo mis contactos.
— Ok, lo que tú digas.
— ¿Ya le contaste?
— Scott, son las 7 de la mañana.
— ¿Y?
— Pues que me despertaste. Ayer me acosté tarde. Tenía planeado dormir hasta el mediodía. Hoy no empiezo a trabajar hasta las 3 pm.
— ¿Quién lleva a mi hija a la escuela?
— Mi vecina.
— ¿Por qué?
— Pues quizás porque no tengo mucho tiempo libre, trabajo, lo sabes, ¿verdad? Hoy en día, las mujeres lo hacen y además tienen hijos.
— No estoy para bromas.
— No bromeo. Cuando estoy ocupada en el trabajo, Yanet me hace el favor. Somos buenas amigas. Nuestras hijas van juntas a la misma clase, así que no es una molestia para ella. Algunas personas pedimos ayuda.
La puya fue directa a Scott. Sabe que tiene problemas de confianza, pero no le gusta pensar en su hija con una desconocida.
— Entonces, quedemos está noche para cenar.
Victoria casi se atraganta con el café. Mientras conversaba con él había ido a la cocina. Ya qué, estaba despierta, no volvería a dormirse.
— ¿Qué dices?
— No conoces esa palabra.
— Ahora eres tú el de las bromitas. Lo que quiero saber es, ¿para qué?
— Para hablar de nuestro futuro.
— ¿Qué futuro?
— El que me has negado todos estos años.
— No empecemos de nuevo, por favor. Es muy temprano. No tengo las pilas cargadas para contraatacar.
— Entonces, acepta.
— De acuerdo.
Victoria sabe que no tiene escapatoria.
— Termino de trabajar a las 11 pm.
— ¿Tan tarde?
— Sí. Es mi trabajo. Soy enfermera.
— Lo sé, pero…
—Antes que preguntes. Ivy se quedará con Melinda. Sé que te acuerdas de ella, es mi mejor amiga y la madrina de mi hija. No confiaría en nadie mejor para cuidar de ella. Mañana no hay escuela por lo cual, Josephine y George la llevarán a dar un paseo.
— Ellos son los padres de Melinda, ¿no?
— Sí, Ivy los llama abuelos.
“¡Dios! Que boca tengo”, pensó Victoria. Ese fue un comentario inapropiado.
Scott ignoró el dolor que le causo sus palabras. Sabe que no lo hizo adrede. Victoria es muchas cosas, pero no una persona malintencionada o hiriente.
— Me parece que estas retrasando tu conversación.
— El mundo no deja de girar porque tú lo digas. Antes que aparecieras nosotras teníamos nuestras vidas ya hechas. Así que tendrás que esperar.
— No tengo paciencia.
— Lo sé, me acuerdo.
— Pues sabes lo que sucede cuando la pierdo.
— Ah, ¿por qué la pierdes? Pensé que nunca la habías tenido para empezar.
— Vic.
Solo la llamaba así cuando ella lograba exasperarlo.
— Te paso a buscar al Hospital.
— No…
— No discutas. Te paso a buscar.
— Sí, señor.
Victoria colgó rápidamente el teléfono antes que se le ocurriera darle alguna otra orden, como parece su hábito estos días. Ella nunca llegó a escuchar la risa de Scott.
“No puedo negarlo. He extrañado su sarcasmo”.
No puede creer que le haya pedido salir a cenar, como si fuera una cita, solo ellos dos. Está loco. Necesita espacio, no estar en un lugar acogedor con Victoria. No es una buena idea, sin embargo ya no hay vuelta atrás.


#5

Capítulo Cuatro

Victoria intentó mantener alejado sus pensamientos en esa noche. Recogió los juguetes de Ivy. Lavó, limpió, todo en la casa quedó impecable. Vickie estaba tan cansada que no tuvo tiempo de pensar en nada.
Al llegar al Hospital corrió a ver a Melinda, justo antes que saliera a buscar a su ahijada.
— No lo puedo creer. Y dijiste que sí.
— ¿Qué podía hacer? Me cogió desprevenida.
— Lo dudo.
— Totalmente. Es lo último que esperaba oírle decir.
— ¿Qué harás?
— ¿Qué puedo hacer? Saldré con él. No quiero conocer su ira. Recuerda que Ivy aún no sabe nada. Tengo miedo que la vea y le cuente todo. Necesito ser yo quien le cuente la verdad a mi hija.
— Lo entiendo. Pero es una amenaza.
— ¿Qué?
— Vic. Te recuerdo con él. Estaban muy enamorados. Puedes hacer como que lo odias, pero te conozco.
— No digas tonterías. ¿Cómo podría? Sabes cómo me dejo, lo que sufrí.
— Soy consciente. Pero también sé cuánto lo amas.
— Mel.
— No seas tonta, no te engañes a ti misma. Siempre lo has amado, desde que tenías 16 años. Ten mucho cuidado, si Scott lo descubre podría usarlo contra ti.
— ¿Qué quieres decir?
— Me dijiste que su único interés es Yvette. Si descubre lo que sientes, estarás en sus manos.
— ¡Dios! Estoy hecha un lío.
— Mantén la distancia y estarás bien.
— Vete. Ivy debe haber terminado ya.
— Vickie.
— No te preocupes. Soy inteligente, sabré defenderme sola.
— Me llamas si necesitas algo.
— Lo sé. Dale muchos besos de mi parte a mi princesita.
— Lo haré.
El tiempo transcurrió demasiado rápido. Estaba en el aparcamiento esperándolo. Llevaba un sencillo vestido de mangas negro. Era muy sobrio, pero resaltaba su figura. Su cabello corto suelto y un maquillaje suave. No quiere dar una impresión equivocada.
Un coche se le acercó y se detuvo frente a ella. La ventanilla se abrió y vio en el asiento del conductor a Scott.
— Puntual.
— Estoy sentenciada a muerte, pensé que bien podría no hacerte esperar.
Scott sonrió. Salió del auto y como todo el caballero que es, le abrió la puerta del pasajero.
—Estas hermosa.
— Gracias — dijo Victoria.
“No es exactamente la impresión que quería lograr en él. Más bien, todo lo contrario, deseaba parecer lo menos atrayente posible”.
Entró en el auto, con todos los sentidos inundados. Ningún hombre logra ese efecto como lo hace Scott. Él había estado muy cerca de ella, había sentido su perfume. Su mano había rozado su brazo al ayudarla a entrar.
“La noche está empezando muy mal”.
— ¿A dónde vamos?
— A mi casa.
Victoria espera haber escuchado mal.
— ¿Cómo?
— He mandado a preparar una cena exquisita. Me acordé de lo que te gustaba. Espero que lo disfrutes.
— ¿Por qué?
— Pensé que como necesitamos conversar sobre temas personales, que mejor lugar para hacerlo que en la comodidad de mi hogar.
— Oh, vaya, que considerado.
El resto del trayecto lo hicieron en silencio. Victoria imaginaba todos los escenarios posibles, en ninguno terminaba bien para ella.
Victoria no había visto una casa tan hermosa como esa. Impresionante. Su casa entraba solo en la sala. Pero ni loca le diría eso a él.
— ¡Vaya!
— ¿Te gusta?
— Es como preguntar si me gusta el chocolate.
Scott sonrió.
— Sí, lo sé. La compre hace poco. Está hecha para una familia, ¿no lo crees?
Victoria estaba admirando los cuadros, el decorado y se hizo la desentendida.
— Vamos al comedor. Todo está listo y esperando por nosotros.
Scott no mintió. Eran todos sus platos preferidos. Incluso, el chocolate. A pesar de la compañía, Victoria lo paso bien.
“Quien dice que una buena comida no te hace sentir mejor”.
— Veo que no has perdido tu apetito.
— Nunca. No soy como esas chicas que creen que todo engorda.
— Es una de las muchas cosas que me gustaban de ti.
— Bueno, ¿cuándo vamos a hablar? Después de todo es la razón por la cual me trajiste aquí.
— Pasemos al jardín.
— Scott.
— Allí tomaremos el café.
— Ya no tomo café.
— ¿Por qué?
— No sé. Simplemente es uno de los vicios a los cuales renuncie.
Scott no sabe por qué aquello le sonó como si hablase de él.
— Bueno, yo tomaré café, tú puedes admirar el paisaje.
— De acuerdo.
Incluso el jardín era hermoso. Tenía un columpio. Una casa en el árbol. Una rampa para brincar. Hasta una piscina.
“¡Dios mío! Esto es el paraíso, si Ivy lo viera”.
— ¿Te gusta?— Vickie asintió—. Lo mandé a hacer cuando supe de mi hija.
— ¿En serio?
— Quiero que Ivy disfrute cuando esté aquí. Que nunca más le falte nada.
—Que conste, nunca le ha faltado nada. Pero me alegro que finalmente lleguemos al tema. Ya era hora.
— Sí tanto quieres hablar, pues hablemos. Debemos casarnos.

#6

Capítulo Cinco

— ¿¿QUÉ??
Victoria tiene que haberse quedado sorda o algo así, es imposible que Scott haya dicho aquello.
— Vickie, no grites, por favor.
— ¿Cómo esperas que reaccione, entonces? No sé si echarme a reír o darte una bofetada para que despiertes y dejes de decir estupideces.
— No entiendo tu sorpresa. Es lo normal.
— ¿Lo normal? ¿En qué universo es lo normal?
— Es lo que hacen las parejas al tener hijos.
— Tú y yo no somos pareja. Hace muchos años dejamos de serlo.
— Pero podríamos volver a serlo.
— Oh, ni lo sueñes. Lo intentamos y no funciono.
— No es como piensas.
— ¿Ah, no?
— No te pido casamiento por ti, sino por nuestra hija.
— Vaya, me siento halagada. Me parece que no sabes la concepción de pedir matrimonio, ¿no?
— No creo que te sientas tan herida. Yvette necesita a ambos padres. Es la solución que encontré.
— ¿En serio? No conoces el término de custodia compartida.
— Ningún hijo mío vivirá así.
— ¿Por qué?
— Pues porque un niño necesita cariño, crecer junto a sus padres, vivir feliz, elige.
— A Ivy no le falta nada de eso.
— Le falta una parte importante, yo.
— No puedes hablar enserio.
—Nunca he hablado tan enserio como lo hago ahora. Además, imagino que no quieres ir a los tribunales.
— ¿Serías capaz?
— Yo soy capaz de cualquier cosa, ya deberías saberlo.
— No soy tan tonta e ingenua como antes, yo también he cambiado. Si intentas algo, te veré en los tribunales o donde haga falta. No te tengo miedo. Ivy es mi hija y lucharé por ella, contra ti o contra quien tenga que pelear.
— Vickie.
— No. Puede que no tenga tanto dinero como tú, pero puedes tener seguro que tengo los medios. Ya hablamos de Melinda, ¿no?, pues su padre, George, es un muy importante abogado. Me ayudaría, gratis. Así que ten cuidado con lo que dices. Yo también soy capaz de todo.
— Vickie.
— No me llames así. No cuando me estás chantajeando con quitarme a mi hija si no me caso contigo.
— Victoria. Cálmate.
— Yvette es mi vida.
— Lo sé. Disculpa. Me pase. Solo quiero estar en su vida. Lo siento.
Scott se acercó y la abrazó. Victoria intento separarse de él, pero es más fuerte. Además, no quiere aceptarlo, necesita un lugar para llorar. Se siente impotente. Nunca le ha gustado verse débil frente a nadie, menos frente a él. No cuando podría perder a su hija, su libertad, y nuevamente, su corazón.
— Estoy pensando en nuestra hija. ¿No piensas que es lo mejor para ella? Vivir en un ambiente agradable. No sería una buena idea que se la pase yendo de un lado a otro.
— No sé, es un paso muy importante.
— Tengo una idea. Pasamos el fin de semana en la finca. En ese tiempo tienes para pensarlo, estaremos juntos como una familia y veremos si funciona.
— Scott.
— Solo inténtalo, por Yvette.
— Aun no sé cómo decirle sobre ti. Tengo mucho miedo. Si me odia y prefiere irse contigo, la perderé para siempre.
— No pienses así. Dudo que Yvette pueda odiarte alguna vez. Quizás se moleste un poco, pero es una niña pequeña, ellos olvidan rápido.
— No conoces bien a tu hija. Se parece más a ti de lo que imaginas o de lo que yo querría aceptar.
Scott volvió a sonreír. Es la primera vez que se refiere a Yvette como su hija. Se oye bien en su boca.
— ¿Quieres que le cuente yo?
— No, tiene que saberlo por mí. Pero gracias por el ofrecimiento.
— Solo quiero conocer a mi hija.
— Lo harás. Necesito regresar ya. Es tarde.
— De acuerdo. Yo te llevó.
— Gracias.
Se detuvieron frente a su casa.
— Te invitaría, pero no creo que sea buena idea. Además, es tarde, mañana hay que hacer muchas cosas y…
— No necesitas explicar nada. Entiendo.
— Mañana le cuento todo.
— Nos deja poco tiempo. Es viernes.
— Tienes razón. Te lo prometo. ¿Cuándo nos marchamos para la finca?
— A las 3 pm.
— De acuerdo. A esa hora ya lo sabrá, veremos si termino muerta o no.
— No digas eso. Te paso a buscar mañana.
— De acuerdo. Buenas noches.
— Que duermas bien.
Antes de saber lo que hace se acercó a ella y le dio un beso en los labios. Victoria no pudo evitar abrir la boca y permitir que el beso se volviera más profundo y sumamente apasionado.
Scott se detuvo a tiempo. Victoria tenía sus manos sobre su pecho, no sabía si para intentar detenerlo o para acercarlo más a ella.
— Creo que será mejor que me vaya.
— Sí. — Vickie no podía decir más, estaba totalmente impactada por el poder que el beso tuvo sobre ella.
— Chao.
— Chao.
Victoria se bajó del auto. Lo vio desaparecer en la oscura carretera y se llevó las manos a los labios.
“¡Dios mío! Este fin de semana será toda una proeza. Tengo que mantenerme alejada de él. Aunque será sumamente difícil. Fue una tonta pensar que podría apagar el deseo y la añoranza que sentimos el uno por el otro. Si necesitaba alguna prueba, ese beso fue más que suficiente para probarme que estoy en inmenso peligro”.


#7

Capítulo Seis

De vuelta a casa al recoger a su hija, tiene la cabeza echa un lío. Debe contarle toda la historia, rápido, porque si no antes de darse cuenta serán las 3 pm y su padre se aparecerá a buscarlas.
— Nena, quieres algo, un helado.
— ¿Helado? Antes de almorzar. Mami, ¿qué sucede?
— Odio que seas tan inteligente a veces — dijo Victoria, acariciando la mejilla de su hija con cariño.
— Es el soborno que usas siempre.
— Tienes 6 años ¿Cómo conoces el significado de soborno?
— Tía Mel me lo dijo.
— Ah, sí, ¿y eso?
— Es lo que hace con mis otras tías.
— Sí, lo sé.
“Mataré a Mel”.
Victoria aparcó el coche cerca, en el parque donde van en su tiempo libre.
Se sentaron en los columpios, el lugar preferido de Yvette, con un helado cada una, de chocolate, el favorito de ambas. No sabe por dónde empezar, su hija es muy inteligente, es mejor contarle la verdad, sin muchos rodeos.
Por desgracia, no puede mentirle, siempre sabe cuándo lo hace. Es una niña muy sensata. Desde los 4 sabe que Santa no es real. Victoria nunca ha podido decirle mentiras.
— Tengo algo muy importante que contarte. Es sobre tu mayor deseo.
— ¿Qué me compres un poni?
— No, amor, tu mayor, mayor deseo.
— Tener un papá.
— Sí, mi princesita. No quiero que pienses que te he mentido, solo intentaba protegerte. Yo…
— Mami, cuéntame.
— Tu padre quiere conocerte. Este fin de semana iremos a su finca a pasar el tiempo con él, y con tu bisabuelo.
— ¿En serio? — Ivy tiene una inmensa sonrisa en su rostro. Victoria se siente mal por haberlos mantenido separados todos estos años. Se odia a sí misma, mucho, en este momento. — Pero, ¿dónde estaba?
— Es una historia muy larga. Tu padre no sabía sobre ti.
— ¿Por qué?
— Digamos que yo me fui antes de saberlo. Era muy joven, los dos lo éramos. Tu padre no pudo con la responsabilidad y yo estaba herida y sola.
— Mami. ¿Mi papá me odia?
— No, amor, solo no sabía de nosotras. Está muy contento ahora que lo sabe. Por eso nos invitó a pasar el fin de semana con él.
— ¿Cuándo nos vamos?
— Esta tarde a las 3 pm.
— Tengo deseos de que ya sea la hora.
Victoria se levantó de su asiento y se arrodillo frente a su hija.
— Princesita, ¿estás molesta conmigo?
— Mami, no, yo te amo. Tengo mi deseo, tengo un papá.
— Yo también te amo, cariño.
Victoria agradece que su hija sea tan inteligente, más veces que cuando la saca de quicio. Siempre tan madura y sensata, mucho más que ella, está claro. Ama a su princesita. Sus miedos no estaban justificados. Su hija nunca dejará de amarla, menos ahora que le está dando lo que más quiere, su padre.
El timbre sonó justo a las 3 de la tarde. Yvette salió corriendo para abrir la puerta con Victoria detrás de ella, sonriendo. Nunca había visto tan alegre a su pequeña, era de esperarse, es lo que más deseaba.
Allí está Scott, vestido con unos jeans gastados y un pullover blanco, además de unos tenis azules. No parece el hombre frío y distante de antes. Está radiante, sus hermosos ojos verdes, tan iguales a los de su hija que lo mira con una gran sonrisa en los labios.
— Hola, Yvette.
— Hola, papá.
A Scott se le nublaron los ojos con lágrimas, le encantó que le llamara así. La niña saltó a sus brazos y se abrazó a su cuello, dándole besos sin parar.
— Ivy, deja a tu padre respirar.
— No me importa. Déjala.
Victoria cogió a Ivy y la colocó en el piso.
— ¿Cuándo nos vamos?
— Cuando ustedes digan.
— Ya recojo yo las cosas, ve bajando con tu padre, los alcanzo en un momento.
La niña volvió a lanzarse sobre su padre y sonriendo ambos salieron de la casa camino al coche.
“Me alegro por mi princesita, nunca la había visto tan feliz”.
Scott no pudo dejar de reparar en Vickie, estaba hermosa, parecía tan juvenil, con una camiseta ancha negra y unos short, además, de unas sandalias del color de la camiseta. Su cabello suelto lo lleva escondido bajo una gorra.
“Está increíble. No puedo creer lo bella que es todavía, mucho más que la última vez que nos vimos”.
El camino se les hizo corto, pues Yvette no dejo de hacer preguntas. Algunas más difíciles que otras, algunas inoportunas, algunas de acuerdo a su edad.
— Papá, ¿dónde vamos?
— Ivy, ya te lo dije — dijo Victoria, tratando de calmar a su hija, parece que le habían puesto resortes en su asiento.
—Vickie. — Scott le sonrió, le encanta hablar con su hija, es muy curiosa. Es verdad lo que dice, en realidad se parecen mucho, eso le agrada. Le hace reír, algo que hace años no hacía. — A la finca de mi familia, tu familia. Allá la pasaras muy bien, hay muchos animales.
— ¿Vacas?
— Sí.
— ¿Ovejas?
— Sí.
— ¿Caballos?
— Sí.
— ¿Y ponis?
— Allá vamos de nuevo.
— Sí, también.
— ¿Puedo tener uno?
— Claro que sí.
— Oh, no. Ella no sabe siquiera montar, así que no.
— Bueno, yo puedo ayudarte, si quieres.
— Claro, papi.
— Creo que te la ganaste.
Scott sonrió. Adoraba a su niña. Le recordaba a Vickie, es su vida imagen.
—Ya llegamos.
— Vaya, no mentías. Es inmenso. No creo que fuera así la última vez que estuve aquí.
— Se hiceron algunas reparaciones, además mi abuelo compro más tierras. ¿Te gusta?
— Me encanta. Es hermoso.
— Entonces, he cumplido mi cometido.
— ¿Si?, ¿cuál es?
— Convencerte.
— Scott, no.
— De acuerdo, pero recuerda que lo prometiste, me dijiste que lo pensarías. Debes cumplir tu promesa.
— Lo hice, lo haré, ¿de acuerdo? Pero, por favor, necesito tiempo y un poco de espacio para pensar con claridad lo que es mejor para mi hija.
— ¿Y lo qué es mejor para ti?
— Scott.
— Ok, Ok. Lo que tú digas.
En la entrada de la finca, los esperan un hombre algo mayor, y a su lado, una mujer. A Scott, no le gustó nada lo que veía. Es Rebecca. Su ex.
“Ahora si se complicaron las cosas. Esa mujer es un problema inmenso. Más si quiero convencer a Vickie. ¡Diablos!”.
Salieron del auto, Scott ayudó a su hija a bajar. Se acercó a su abuelo y lo abrazó.
— Hola, abuelo. ¿Cómo estás?
— Bien, hijo, mejor ahora que están aquí. — El anciano se quedó mirando a Yvette, la viva imagen de su padre, sonriéndole.
— Abuelo, te presento a tu biznieta.
— Hola, abu.
— Hola, Yvette. Espero que hayas tenido un buen viaje. Vickie — ella lo miro con miedo, sabe que les hizo mucho daño a ambos, no sabe cómo enfrentar a ese hombre que tanto la quería.
— Hola, señor Rivers.
— Oh, somos familia, dime abuelo, como antes.
Se acercó a ella y le dio un cálido abrazo, diciéndole al oído:
— No te guardo rencor, niña. Entiendo por qué lo hiciste. Solo me alegro que ambas estén aquí ahora.
— Yo también.
— Hola — Victoria justo ahora notó otra presencia. Una mujer.
Es hermosa. Rubia, de ojos azules. Cuerpo escultural. Para estar en el campo lleva un vestido algo corto y unos zapatos nada buenos para andar en ese lugar. Parece agradable. Sin embargo, Victoria levantó todas sus defensas.
— Ah, ella es Rebecca.
— Dime Becca, igual que Scottie.
“Oh, no. No puede ser”.
La mujer puso su mano en el antebrazo de Scott, con demasiada confianza.
“Esos dos están o estuvieron juntos. Será… Me pide que resolvamos nuestras diferencias y tiene a esta mujer aquí. Soy tan tonta pensando que lo que prometía era verdad. Lo odio. Es más, me odio a mí mismoa por tener esperanza”.
Scott notó el momento exacto en que Victoria supo quién era Becca.
“Maldita mujer. Está estropeando todo. ¿Cómo supo que estaría aquí?”.
— Mucho gusto, Becca. Mejor entramos, fue un viaje largo, Ivy necesita descansar.
— No, no lo necesito.
— Si, vamos.
—Las acompaño a su habitación — dijo el anciano, tomando del brazo a Victoria entraron en la casa principal.

#8

Capítulo Siete

Scott los ve desaparecer dentro de la casa y volteo para mirar a su ex.
— ¿Qué haces aquí?
— Mary me comentó que estarías fuera este fin de semana. No fue difícil imaginar donde. Sé lo mal que está el señor Rivers y cuanto te preocupas por él.
— Exacto. De ahí mi pregunta, ¿qué haces aquí?
— Te he traído algunos papeles que necesitas firmar.
— ¿No podía esperar al lunes? Por lo que ves, estoy muy ocupado.
— Sí, ya veo. Es Victoria, ¿no?
— Sí, la madre de mi hija.
Scott no quiere que Rebecca se haga ideas equivocadas.
— Lo entiendo. Mañana me voy, despreocúpate. Solo tienes que ver algunos papeles y me iré dejándote para que pases un lindo fin de semana con tu familia.
“Se avecinan problemas. Estoy seguro”. Piensa Scott.
Conoce a Becca hace 4 años cuando tomo el control de la empresa. Es una mujer muy ambiciosa, y por desgracia, al parecer, lo quiere a él, y lo tuvo.
Estuvieron juntos en un momento de su vida donde nada le importaba, donde no deseaba sentir nada porque todo le dolía mucho. No se siente orgulloso de ese tiempo. Lo malo es verla todos los días y ella pensando que volverán a estar juntos.
Ahora necesita deshacerse de ella, y rápido. Vio el rostro de Victoria, y no le gusto nada ver a Becca allí. Quién la culpa, él tampoco la quiere allí.
“Oh, los hombres son todos iguales. Idiota, idiota. Ahora mantente alejada de él”.
Victoria no cree la cara que tiene Scott, trayendo a su amante el mismo fin de semana que ellas estarán aquí.
“¡Dios! Lo odio”.
— Mami, no estoy cansada. Puedo salir a ver los animales.
— De acuerdo. Cámbiate y te llevo.
— Quiero ir con papá.
— Ok. Yo le digo. Cámbiate. Nos vemos en la cocina.
Justo ahora no quiere verlo o podría matarlo. Cuando bajo, en el salón está Adriano, sentado y mirando el horizonte.
— Abuelo, ¿cómo estás? Cuando llegamos no pude preguntar.
— Algo cansado, hija. Pero muy alegre.
— Que bien. Scott me dijo sobre su enfermedad. Cuanto lo siento.
— Oh, no te preocupes por mí. Ya estoy viejo, es lo normal.
Adriano intuyo que su nieto había exagerado un tanto su “enfermedad” para lograr simpatía por parte de Vickie.
“Juego sucio”. Sonrió para sí. Aunque no puede reprochárselo, él hubiera hecho lo mismo si su familia estuviera en riesgo.
— Que sepa que usted y los señores Rivers no tuvieron nada que ver en mi decisión. Los quería, los quiero mucho. Siento no haber estado cuando murieron, imagino como sufrieron su pérdida.
— Gracias, querida. Scott pasó por unos momentos muy oscuros. Pensé que había perdido a mi niño. Por suerte, salió adelante. Y ahora que ustedes están en su vida, todo irá bien.
Victoria sintió una opresión en el pecho. Yvette estaría en sus vidas, pero no ella. No podía volver a pasar por lo mismo. Una segunda vez no sería capaz de soportarlo. Ya no.
— Ivy desea salir a conocer la finca. Pero quiere que sea su padre quien la acompañe. ¿Sabe dónde se encuentra?
— Ah, sí. Está en su oficina con Becca.
Victoria se echo a reír por la forma en que Adriano dijo el nombre de la víbora rubia.
— De acuerdo. ¿Por dónde?
Le señalo el camino y Victoria tomo una bocanada de aire y camino hacia unas puertas cerradas.
Antes de tocar se acerco intentando escuchar algo. Pero no entendía nada. Sacudió la cabeza.
“¿Qué hago? Parezco una esposa celosa. Él no es mío. Puede hacer lo que quiera. Yo estoy aquí por mi hija, nada más”.
Tocó con fuerza. Si estaban disfrutando su mutua compañía, pues que se aguantarán.
— Pase — escuchó la voz de Scott.
— Scott — abrió la puerta suavemente, si estaban intimando no quiere verlo.
— Victoria, ¿qué pasa?
Scott está sentado en una silla frente a un escritorio lleno de papeles, libros, carpetas, una computadora, un teléfono. Un tremendo lío. Le hace falta una buena limpieza. Rebecca está apoyada en la silla con una mano en su hombro inclinada sobre él, casi con el escote metido en su nariz. Y no es poco escote. Duda que Scott haya podido hacer nada con eso metido en la cara.
“Es que esta mujer no conoce el concepto de ropa, ¿o qué?”
— No quería molestar.
— No lo haces.
Scott vio la furia en sus ojos. Será difícil apaciguar a Victoria. Cuando está furiosa no se le puede ni hablar, se ciega completamente. Aunque, a pesar de saber lo que le espera, Scott se alegra, eso demuestra que no le es totalmente indiferente como ella dice.
— Tu hija desea dar un paseo por la finca y quiere que seas tú quien la acompañe — Victoria recalco la palabra “hija” con toda intención. No quiere parecer posesiva, pero no puede evitarlo.
— De acuerdo, dame un segundo, termino de firmar estos papeles y soy todo tuyo.
Becca puso un gesto en su rostro que a Victoria le encanto. Está colorada de la ira. Se alegra no haber respondido mordazmente a su comentario, es un regalo ver cómo le ha molestado a Beccita.
— Te espero, entonces.
Victoria sonrió. No piensa moverse de allí, mientras más incomode a Rebecca, mejor. Ha ganado esta batalla. Pero conoce el tipo de mujer que Rebecca es. La guerra solo acaba de comenzar y será muy sangrienta.

#9

Capítulo Ocho

Victoria se olvido rápidamente de su rival, o como se llame. La tarde paso maravillosa, Scott es un padre asombroso, muy atento y cariñoso. Ella lo sabe bien. Recuerda cuando Scott se comportaba así con ella, cuando eran felices juntos. Nunca lo había visto tan alegre y radiante. Tal vez sí, la primera vez que le dijo que la amaba y ella le respondió lo mismo. Quizás no debe pensar en esos tiempos, es doloroso ver que ya nada es igual, y todo por su culpa.
Yvette está sumamente feliz como su padre. Aquella imagen le rompe el corazón a Victoria, tantos años desperdiciados. Siente las lágrimas asomar. No puede pensar así, ya todo está arreglado, todo está tomando el curso que debe.
Está feliz. Si alguien los viera pensaría que han sido felices todas sus vidas. Una familia unida. Cuanto quisiera Vickie retornar en el tiempo y haber arreglado las cosas con Scott, pero no se puede. Solo espera que todo sea mejor a partir de ahora.
Yvette está agotada. Después de cenar fue directo a la cama. Pidió que su padre la arropara.
Juntos le dieron las buenas noches.
— Buenas noches, cariño.
Victoria le dio un beso en la frente. Mientras Ivy intenta no cerrar los ojos, pero no puede impedirlo, está agotada. Ha tenido un día muy ajetreado. Eso hace sonreír a Vickie.
— Buenas noches, mamá. Buenas noches, papá.
— Que duermas bien.
— Los quiero.
— Nosotros también te queremos mucho, princesa.
Scott hizo lo mismo, dándole un beso en la frente.
— Ahora, duerme.
Apagó la luz, se marcharon silenciosamente.
— Está agotada. No se paro en toda la tarde. Parecía otra. — dijo Victoria sonriendo, su hija estaba muy feliz.
— Sí. Se divirtió mucho. Yo también, como hace años no lo hacía.
— Lo vi. Parecías un niño de 5 años. Riendo sin parar.
— Lo pase muy bien, con ambas. Me alegro tanto que hayan venido.
— Yo también — vio la mirada de Scott y supo que estaba bajando sus defensas. — Por Ivy.
— Sí, claro.
Cuanto desea volver a besarla. Mucho. Pero si lo hace, volverán a empezar pues Vickie se asustaría, y es lo último que quiere. Necesita que se sienta a gusto a su alrededor, solo así podrán arreglar las cosas entre ellos.
Se sentaron en el portal admirando el paisaje. Están solos. Todos han desaparecido después de la cena. Antes de darse cuenta es medianoche. Habían estado varias horas sentados uno junto al otro sin decir una palabra, solo haciéndose mutua compañía.
Justo como cuando eran jóvenes. Había momentos en que sobraban las palabras, con solo estar el uno para el otro, solo la presencia de su ser amado les hacía sentir mucho mejor.
— Es tarde. Voy a descansar. Buenas noches.
— Que descanses.
— Tú también. Hasta mañana.
— Hasta mañana.
Scott se levantó de su asiento para acompañarla. Se detuvieron frente a la puerta de su habitación. Victoria le dio un beso en la mejilla. Al separarse de él quedaron a escasa distancia. Scott no pudo desaprovechar esta oportunidad, además en los ojos de Victoria vio el mismo deseo que siente por dentro.
El beso empezó muy despacio, con un suave roce de sus labios. Intento ir poco a poco por si deseaba detenerse, dándole la oportunidad de pararlo si quería. Pero no lo hizo, es más, le paso los brazos alrededor del cuello ahondando en el beso.
La pasión entre ellos aun existe, más fuerte a cada segundo que pasa.
Scott la apretó por la cintura. Encerrándola entre sus manos, como esperando que no escape. No quiere separarse nunca de ella. Le es tan familiar, tan perfecto. Cuando pensó que la pasión iba a dominarlos un ruido en el primer piso los detuvo.
Victoria lo mira como si acabase de despertarse de un profundo sueño.
— Lo siento. Voy a…. — no sabe qué decir, no tiene que decir. Está tan excitada que no puede pensar en nada. Solo en el hombre que tiene delante.
— Sí, es mejor. Nos vemos en la mañana.
Victoria no puede creer que se vaya. Así, sin más. Es que él no sintió lo mismo que ella. No estaba allí, no le pasó lo mismo, estaba muriéndose por dentro de una desesperada excitación. Casi perdió la capacidad de razonar. Si hubiera podido hablar lo hubiese detenido, pero no puede hablar, ni nada, su cerebro está apagado.
Scott tuvo que reunir todas sus fuerzas para separarse de Vickie. Lo vio en sus ojos, estaba sintiendo lo mismo que él. Aun lo ama. Aunque nunca lo dirá, no si no está segura de sus sentimientos. Necesita sentirse segura y él piensa darle esa seguridad.
Si no hubiesen escuchado ruidos, no sabe dónde hubieran llegado.
Vio su deseo, pero también vio su temor, la duda. Cuando Victoria este entre sus manos, consumida por una total pasión, no tendrá ninguna duda de lo que está sintiendo. Él se asegurara de ello.
Victoria no pudo pegar ojo. Scott la dejo sumamente excitada y con deseos de no haberlo detenido nunca.
Está loca. Quiere estar con él. Piensa aceptar su oferta. Es como dijo Melinda, a quien quiere engañar. Siempre lo ha amado y siempre lo hará. Ahora lo tiene claro. No solo por su beso, sino por cómo trata a su hija, cuanto la ama y cuanto desea estar allí para ella. Es lo que ha hecho que lo amé aun más, si es posible.
Decidió ir a verlo, justo ahora. Antes de pensar que es una mala idea y echarse atrás, aunque no lo cree posible, lo ama intensamente, su mayor deseo es estar con él y esta vez para siempre.
Salió en silencio, no desea alertar a nadie. Se moriría de la vergüenza si Adriano la descubre, aunque ya no son adolescentes, es igual de vergonzoso.
Cuando va a mitad de camino. Escucho un ruido que proviene de la habitación de Scott. La puerta se abre y lo que vio Victoria casi la hace gritar.
Es Rebecca saliendo de la habitación, semidesnuda, a las 3 de la madrugada. Despeinada, acalorada, roja como un tomate, no hay que ser un genio para imaginar nada. Bueno, no hay que imaginarlo, la tiene frente a sí.
Rebecca la ve y sonríe pícaramente.
— Oh, lo siento. ¿Te hemos despertado? Prometo ser más silenciosa para la próxima.
Rebecca paso por su lado y entro a su habitación. A Victoria le falto poco para saltarle encima y matarla.
“Será… Cómo se atreve, justo en mis narices. Y yo, seré idiota. Pensando darle una oportunidad a este imbécil. Victoria no aprendiste ya tu lección, tenían que romperte otra vez el corazón para comprobar que Scott no es el hombre para ti”.
Victoria tiene deseos de maldecir, de gritar, de romper cosas. Matarlo sobretodo. Pero no piensa darle esa satisfacción. Nunca sabrá el daño que le está haciendo. Nunca.
Regreso a su habitación y estuvo allí, tirada en la cama hasta que sintió la luz del día en su rostro, los animales despertando, un gallo despertando a todos en la casa. Sintió el movimiento en el primer piso. Había tomado una desición. Se iría, allí no hay nada para ella. Ya no.

Hace alrededor de 2 meses

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#10

Capítulo Nueve

Unas horas antes
Scott no puede dormir. Su estado de excitación es tal que no puede pensar en nada más que no sea Victoria, sus labios, su abrazo, su suave piel, rememora los años juntos, recuerda su apasionada relación, la pasión está presente aun después de tantos años, quizas incluso más fuerte. Siente un intenso deseo de volver a sentirla bien cerca, sobre él, bajo él, volver a ser ellos dos, una pareja.
Las horas pasan y su estado se mantiene igual. Se ha dado una ducha fría y de nada ha servido. Se levanta de la cama, está volviéndose completamente loco de deseo. No pensó que se comportaría así, es un hombre, pero cuando se trata de Victoria se vuelve un adolescente impulsado por sus hormonas.
Debe verla, comprobar si está tan desesperada como él. Necesita pensar que es así. Ese sufrimiento no lo puede estar sintiendo solo él.
Siente la puerta abrirse. Es Victoria. La alegría le dura muy poco al descubrir que se trata de Rebecca.
— ¿Qué diablos haces aquí?
— Vaya, que recibimiento.
— Bastante bueno es, has visto la hora.
— Antes no te molestaba.
— Antes me importaba poco todo, si te veían o si no, me daba igual. A escasos metros están mi hija y mi futura esposa. Así que, como crees que me siento contigo aquí.
— ¿Tu futura esposa?
— Sí, le pedí matrimonio, estoy esperando su respuesta.
— ¿Estás loco?
— No, nunca he tenido algo tan claro como ahora. La total certeza de que amo a Victoria y quiero formar una familia con ella.
— No puede ser. Yo te amo. Y sé que tú me amas también.
— ¿De dónde sacas eso? Solo estuve contigo porque te me tiraste encima. Soy un hombre después de todo.
— Eres un imbécil.
— No, sabes cuales eran mis sentimientos. Estaba de luto, muy sensible. Te aprovechaste de ello. Pues yo te utilice también. Nunca podría amarte ya que nunca he dejado de amar a Victoria.
— No es verdad.
— Que no quieras verlo es tu problema. Nunca estaré contigo. A veces desearía nunca haberlo hecho, pero no puedo cambiar el pasado. Créeme lo deseaba, todos estos años pensando en cuan diferentes serían las cosas si hubiese luchado por su amor. Ten por seguro que cambiaré mi presente. Amo a Victoria, quiero formar una familia con ella y nadie, ni tú, me lo impedirá. Ahora, vete.
— Ah, te odio, Scott. Lo lamentaras.
— Ya lo hago. Sobre todo el haber estado contigo. Nunca más.
Rebecca dio un portazo. Esa mujer está loca si cree que la escogería a ella teniendo la posibilidad de un futuro con Victoria. Muchas veces se ha preguntado qué diablos pasó por su cabeza para haber estado con ella. Lo sabe bien, estaba muy mal, tan triste y desolado. Había perdido a tantas personas que amaba en tan poco tiempo. Su suerte fue su abuelo, sin él se hubiese derrumbado completamente.
Victoria es la mujer de su vida, lo supo con certeza hace 12 años y lo sabe ahora. Planea convencerla, hacérselo ver tan claramente como lo ve él y hacerla feliz por el resto de sus vidas.
No tiene ninguna duda en su mente. La hará su esposa, serán una gran familia feliz. Le dará el padre que necesita a Yvette y el hombre donde apoyarse y confiar a Victoria. Lo jura por su vida.

***

— Cariño — Victoria despertó a Ivy, o lo intento. Su hija es remolona como ella sola. — Amor, abre esos lindos ojitos, ya amaneció. ¡De pie! — Siempre termina haciéndole cosquillas, es lo único que funciona.
— Mami, ya, ya estoy despierta — dijo entre risas y bostezos.
— Cariño, mamá tiene que volver a casa.
— Ya, tan pronto. Quiero quedarme.
— Puedes hacerlo, solo si prometes portarte bien, ¿lo prometes?
—Sí, ¿y tú?
— Ya te dije, amor, tengo que volver. Me necesitan en el hospital.
— Pero mami, son nuestras vacaciones.
— Lo sé, cariño, prometo compensarte en grande cuando vuelvas. Pero debes ser buena niña. Hacer caso a papá y al abuelo. Nada de darle problemas como haces con mamá, ¿de acuerdo?
— Lo prometo.
— Te quiero, princesita. Te voy a extrañar un montón.
— Yo también te quiero, mami. Pero si vuelvo mañana.
— No importa, igual te voy a extrañar. Dame un beso y un abrazo.
Yvette se colgó de su cuello, dándole besos y sonriendo.
— Te quiero mucho, mami.
— Lo sé, amor, yo también.
Bajo y vio que no es la única que se levanta temprano. Scott y Adriano están en el comedor desayunando tranquilamente, conversando y riendo. Se ven muy tranquilos y alegres. Por suerte, la víbora rubia no está, no podría soportar su mirada, justo como la noche anterior. La odia.
— Buenos días — dijo Scott sonriéndole.
“Será… ¿Por qué me mira así después de lo que me hizo anoche? Es como si estuviera contento de verme y lo dudo mucho”.
— Buenos días. Ivy baja en unos minutos, está lavándose los dientes.
— Desayuna con nosotros mientras la esperamos.
— De acuerdo.
Adriano repara en la maleta que tiene a su lado.
— ¿Y eso? — dice señalándola.
— Oh, es que regreso a la ciudad.
— ¿Cómo? — dijo en un tono algo elevado Scott.
— Recibí una llamada temprano. Debo volver, me necesitan en el hospital.
Victoria ha mejorado mucho con las mentiras. Odia hacerlo, y más a su pequeña, es la primera vez que le miente, no lo soporta, pero no puede soportar un día más allí. Lo siente por Adriano, es un buen hombre, sin embargo su nieto es otra cosa.
— Entonces, te llevo.
— No te preocupes. Melinda viene por mí. Ella conoce el lugar.
— Pero…
Sonó el claxón de un coche.
“Vaya, salvada por la campana”.
— Oh, ya llegó. Bueno, gracias por su hospitalidad, nos vemos. Espero que cuiden de Ivy. Que la pasen muy bien. Los espero mañana. No la lleves tan tarde que el lunes debe ir al colegio.
Victoria le dio un beso en la mejilla a Adriano y salió disparada, no podía estar otro segundo allí junto a él, le duele mucho, más que la primera vez, mucho más.
Scott no lo cree. Ha salido huyendo. Ni siquiera se ha dignado a mirarlo a los ojos. Ahora duda que sea verdad lo de su trabajo.
“¿Es por el beso de anoche? Pensé que lo había disfrutado tanto como yo. ¿Tan mal interprete sus sentimientos? Tal vez fui muy osado, todavía no está lista y la he asustado. Si piensa que salir corriendo la salvara de mi, está equivocada. La amo, y no pienso renunciar a ella. No ahora, ni nunca”.
Victoria se monto en el auto y sin mirar a Melinda le dijo:
— Vámonos. Antes que me eche a llorar aquí mismo. No me juzgues, por favor.
— Cariño, nunca lo haría, lo sabes.
— Siento haberte arrastrado hasta aquí. Sé que estas prácticamente de luna de miel. Te he arruinado el fin de semana.
— No digas tonterías. Tú eres más importante, bueno, que esto no salga de aquí o Mason me mata. — Victoria sonrió. — Nunca te dejaría tirada. Él lo sabe, lo entiende.
— Que suerte tienes. Al menos una de las dos es feliz.
— No digas eso. Tú también lo serás, ya lo verás. Recuerda, hicimos una promesa. Ninguna se rinde si la otra no lo hace.
— Ya no cuenta. Tú encontraste al hombre de tu vida. Y yo, yo volví a caer en la misma situación por segunda vez. Soy idiota. ¿Qué diablos tengo en la cabeza? Cómo me permití soñar con una vida con Scott. Soy imbécil.
— No, por favor, no digas eso. Solo estas enamorada, es diferente.
— No tanto. Solo el amor nos hace ser tontos y cometer locuras.
— Por favor, no llores, no cuando no puedo consolarte. — Melinda detuvo el auto y abrazo a su amiga.
—Gracias.
— Siempre.
— Es una suerte, si se puede llamar así, que lo descubrí a tiempo. Imagina si no llego a verla salir de su habitación hubiese hecho el ridículo. Cuanto lo odio por hacerme amarlo. Por hacerme tanto daño.
— No mientas. Lo amas, nunca podrías odiarlo. Solo estas herida. El tiempo lo cura todo, ya sanaras.
— Esperemos.

Hace alrededor de 2 meses

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#11

Capítulo Diez

Melinda la hizo pasar esa noche y el día siguiente en la casa grande rodeada de su familia. El tiempo paso rápido, entre risas, bromas, chismes, lo normal en la casa Stuart. Victoria les agradece las distracciones. Adora a su familia adoptiva. No hicieron preguntas, ni cuestionaron nada, solo estuvieron allí para ella. Presentes y comprensivos, justo lo que necesita ahora para olvidar, o para intentarlo al menos.
Scott le mandó varios mensajes de texto y de voz, además de incontables llamadas. Victoria ignoro todo. Borro los mensajes sin abrirlos, no quiere saber de él, nada. No tiene fuerzas para hacerle frente.
Al final tuvo que contactar con Melinda para hacerle saber que regresaban a las 5 pm.
El tiempo que pasaba sola, que no era mucho, transcurría entre lágrimas. Odia sentirse así, tan vacía por dentro, tan afligida y desamparada sin él. Lo ama hasta más no poder y eso está destruyéndola. Todo está pasando otra vez. Lo peor de todo, es que Victoria está segura que no podrá sobrevivir. No sin él. No quiere.
Scott no pudo contactar con ella. Algo malo tiene que haber sucedido. Pero no sabe qué es. Imagina una y otra vez todos los sucesos de esa noche. No hay razón para que lo ignore de tal manera. No tiene idea de lo que hizo mal, si es que algo hizo.
“Debe ser, ¿no? Sino por qué ignorarme. No responde mis llamadas, nada. ¿Cómo voy a arreglarlo si no puedo hablar con ella?”.
No piensa detenerse. No hasta tener una respuesta a su proposición, sea positiva o negativa. La quiere en su vida y la tendrá, no se detendrá esta vez por nada. Tenga lo que tenga que hacer. Suplicar, jurar, prometer, cualquier cosa con tal de tenerla.
— Melinda.
— ¿Scott? ¿Cómo conseguiste mi número?
— Ivy. Pero no es lo más importante.
— Claro. ¿Qué quieres?
— Solo tú puedes ayudarme. No sé qué más hacer. No responde mis llamadas, nada. ¿Qué sucede? ¿Qué hice?
— Que bien que entiendes que hiciste algo mal. No te hagas el inocente conmigo. Tú sabes lo hiciste. Cómo pudiste besarla, darle esperanzas, y luego acostarte con la víbora rubia en sus propias narices. Eres cruel.
— ¿Cómo?
— Déjate de estupideces.
— En serio. No tengo idea de que hablas.
— Pues te refresco la memoria. Ella vio a Becca esa noche salir de tu habitación a las 3 de la madrugada. Y cito: “Lo siento. ¿Te despertamos? Seré más silenciosa la próxima vez”. — Melinda hablo con una voz chillona, imaginando como habla Becca. — Sus palabras. Eres un desgraciado.
— ¿Qué? No, ella no lo hizo. No lo creo. Admito que fue a mi habitación con toda la intención. Pero la saque casi a patadas, no la quería allí.
—Sí, cuéntame a mí esa historia.
— Es la verdad.
— Si lo es, que aún no me lo creo. Imagino que algo le habrás dejado pensar para que hiciera eso.
— Yo, nada. Solo tengo ojos para Victoria. Lo sabes. La amo. Sin embargo, nada puedo hacer si ella no confía en mí.
— ¿Cómo podría? No tienes un buen pasado en cuanto a confianza. Incluso yo veo a Mason en esa posición y no sé qué hubiese hecho. Seguro que no irme tranquilamente como hizo Vickie.
— Es verdad, estuve con Becca, pero hace años. En un momento muy oscuro de mi vida. En cuanto salí de mi sufrimiento allí acabo todo con ella. Debe ser su orgullo de mujer, no sé. Solo sé que le pare los pies.
— Pues tienes mucho que arreglar. Vickie está destruida. No ha parado de llorar desde que llegó.
— ¿En serio?
— Oye, no te alegres tanto. Si la amas como dices. Arréglalo.
— No te preocupes. Lo haré. Pero necesito tu ayuda.
— Lo que sea por mi mejor amiga. Dime.
— ¿Qué hacemos aquí? — dijo Victoria al ver detener el coche frente a la casa de Scott.
— Venimos a buscar a Ivy, ¿qué más?
— ¿Por qué aquí? Podría haberla llevado a mi casa.
— Yo que sé, amiga. Entra. En el mensaje que me mando, dice que te están esperando dentro.
— Ok. Espéranos aquí.
— Lo que digas.
Victoria llego a la entrada y vio que la puerta está abierta. En el piso hay un camino hecho con pétalos de rosas. Un cartel pegado en la pared dice: “Sigue el camino de rosas”. No tiene idea de qué sucede, pero que va a hacer, es curiosa por naturaleza. Además, ha venido a buscar a su hija.
El jardín está lleno de luces brillantes, parece que la Navidad llegó un poco antes para Scott. Todo está hermoso. Se escucha una música de fondo. Su favorita.
“Aquí está la mano de Melinda. ¿En qué lío me metió ahora?”
Velas, de diferentes tamaños. Flores, de todos tipos, rosas, de varios colores, lilas, sus preferidas. El ambiente perfecto para una cita. O mejor dicho, para hacer una proposición de matrimonio.
“Oh, no. No es lo que creo, ¿o sí? Será desgraciado, aun planea hacerme la proposición. Hay que tener cara”.
— Scott, sal. Sé lo que estás planeando. No lo hagas. No te atrevas.
— ¿Por qué no? No se supone que es lo que se hace cuando se está enamorado y no puedes esperar a pasar el resto de tu vida con esa persona especial.
Scott salió detrás de ella. Victoria dio un brinco, no esperaba tenerlo tan cerca, no de nuevo, no nunca. El corazón le late aceleradamente, aunque le duele mucho su traición. Ver el lugar tan hermoso para su proposición y verlo a él tan apuesto le dio una alegría inmensa. Lo odia y lo ama con la misma intensidad.
— ¿Si? Cuánto amor. No me lo creo. Qué cara tienes. Lo sé todo.
— No sabes nada. No tienes la más mínima idea de nada. Lo que viste no es lo real. Lo real es cuanto te amo, desde que tenía 17 años. Siempre supe que serías tú la mujer con quien me casaría. Te amo.
— No puedo confiar, ya no.
— Escúchame. Es más, mírame a los ojos. Siempre has podido saber si miento.
— No quiero confiar otra vez. Me has hecho daño dos veces.
— No, nunca lo haré, no más. No hay nada entre Becca y yo. Lo hubo, hace muchos años. Sé lo que piensas que viste. Ella lo intento con ganas, pero yo te amo a ti. Si quieres te la traigo aquí mismo para que te lo diga ella.
— No hace falta. No quiero creerte, no puedo. No lo entiendes.
— Si hace falta, quiero que me creas, que vuelvas a confiar. Eres mi vida, Yvette y tú. Sería incapaz de hacerte sufrir. Nunca más, aprendí mi lección. Te amo. Por favor, créeme.
— No puedo.
— Sabía que no te convencería. Por eso Melinda tuvo una idea.
— Lo sabía. Ella tuvo que meter sus narices.
— Solo quiere que seas feliz, al igual que yo. Y lo serás. Te lo prometo.
Victoria no supo de dónde salió Rebecca, acompañada de Melinda, además de su hija y Adriano.
—Tengo testigos. No podrás negar la verdad, ninguna de las dos — dijo mirando a Rebecca, y luego a Victoria. Becca la observa con un profundo odio en sus ojos.
— Habla. — Victoria no supo cómo fue capaz de hablar, y más, con tanto odio. Está temblando, se siente llena de ira. Si es verdad lo que dijo Scott, la víbora rubia le ha arruinado su felicidad.
— Es verdad. Yo intente de todo. Desde que lo conocí hace años. Pero ese hombre solo tiene ojos para ti, incluso cuando no estabas. Si no hubieses aparecido sería mío.
— ¿Estás loca? Nunca sería tuyo. Nunca. No eres mujer para mí. Nunca lo serás.
— Son tal para cual. Los odio. Espero que no puedan ser felices.
— Será mejor que te vayas, estás asustando a mi biznieta.
Rebecca salió hecha una furia.
— Vaya temperamento— dijo Melinda que cargó a su sobrina. — Bueno, me parece que ustedes tienen que hablar. Nos vemos.
Volvieron a quedar solos. Victoria no sabe qué decir, su cabeza da vueltas.
— Solo responde a una pregunta. ¿Podrás confiar en mí? Tienes la confianza suficiente para vivir junto a mí dejando a un lado nuestro pasado. Porque te amo. Mucho. ¿Quieres casarte conmigo?
El tiempo se le detuvo, Scott piensa que le dará un infarto esperando su respuesta. La ama. No puede vivir sin ella. No quiere.
Victoria lo mira. Cuando escucho sus palabras le sorprendió que no tenga que pensarlo, para nada. Lo ama. No importa su pasado, su presente, su futuro, nada. Quiere estar con él. Todo el tiempo que les de la vida. Aprovechará esta segunda oportunidad que le ha dado el destino.
— Sí, a ambas preguntas. Te amo. Quiero ser feliz a tu lado. Junto a nuestra hija.
— ¿En serio?
— Sí.
— Te amo.
— Yo también.
Scott la levantó en el aire. Victoria ríe a carcajadas. Está sumamente feliz. Al igual que él.
— Veo que todo salió bien — dijo Melinda sonriendo. Está feliz por su amiga, finalmente ambas han encontrado a los hombres de su vida. Ya no hace falta cumplir la promesa, ahora si no cuenta.
No notaron que sus risas atrajeron a los demás. No les importa, quieren compartir su alegría con quienes aman.
— Sí, todo genial — dijo Victoria abrazada al cuello de Scott.
— Entonces, felicidades.
— Gracias.
— Felicidades, ¿por qué, mami?
— Pues porque mami y tú van a venir a vivir conmigo, ¿quieres?
— Sí, claro. Mami, papi, los amo.
— Nosotros también, cariño. Estaremos todos juntos a partir de ahora.
Scott tomó la palabra de Victoria. Se asegurará de que sus dos mujeres favoritas sean lo más felices que él sea capaz de hacerlas.

Hace alrededor de 1 mes

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#12

Epílogo

Un año y varios meses después
La Iglesia está llena de personas. Todos esperan a la novia. Es el acontecimiento del año. “Scott Alexander Rivers y Victoria Katheryn Reyes unirán sus vidas en matrimonio y los invitan a celebrar junto a ellos una feliz ceremonia”.
Los medios están vueltos locos. Finalmente el rico y soltero empresario se casa. Más, al conocer la historia de amor escondida detrás. Fue una sensación al conocer sobre su historia y sus dos hijos.
Victoria se negó a casarse hasta después de dar a luz.
— No pienso llegar al altar viéndome como una enorme ballena. Quiero poder entrar en mi vestido de novia.
Su bebé tiene cinco meses, un niño muy hermoso, idéntico a su padre, salvo por los ojos, son los de su madre, un niño sano, muy risueño y cariñoso. Lo llamaron Adriano en nombre de su bisabuelo que adora a sus biznietos.
— ¿Cómo está esa novia? — dijo Melinda cargando a su niña de dos años, la ahijada de Victoria.
— Super nerviosa.
— Lo sé. Así estuve yo. Vaya nervios. Pero todo se va en cuanto miras a la persona que te espera parada junto al altar. Hace que todos tus miedos desaparezcan. Ya lo verás.
— Espero. Estoy hecha un manojo de nervios.
— No pienses en nada. Es más, piensa en tus hijos. En lo feliz que serás hasta el día de tu muerte junto al hombre que amas.
— De acuerdo. Está funcionando.
— Cariño, ya nos esperan — dijo Mason cogiendo a su hija que alzo las manos hacia él en cuanto lo vio.
— La niña de papá — río Melinda.
— No puede evitarlo, todas caen rendidas a sus pies. Mira a Ivy, después de su papá, su más grande amor es el tío Mason.
— Mientras solo sean las niñas hermosas, no tengo problema con compartirlo — Mel miro a Mason con mucho amor, este sonrió y le dio un casto beso en los labios, saliendo de la habitación con su hija en brazos.
— Sí, así pienso yo. Pero que podemos hacer, nuestros hombres son sexis.
Melinda sonrió y dándole un beso en la mejilla se despidió.
— Nos vemos en unos minutos.
— De acuerdo.
— ¿Estás lista? — dijo su padre abriendo la puerta.
— Más que nunca en mi vida.
Sus padres habían volado desde la Florida para conocer a su nieto. Desde entonces no se han movido, no pensaban separarse de sus nietos, están hechizados con los niños, como todos los adultos a su alrededor. Y menos con la preparación de la boda tan cerca.
Todos vivían juntos y pasaban los fines de semana en la finca. El lugar preferido de Victoria y de Yvette, claro está. Más, después que su padre le regalara por su octavo cumpleaños un poni.
Entraron en la Iglesia al compás de la marcha nupcial. Melinda tuvo razón solo necesito mirar a Scott para olvidar los nervios y derrotar sus miedos. La mira hechizado, sonriendo de esa encantadora manera, como si nadie más existiera, solo ella.
“¡Dios!, cómo lo amo”.
La ceremonia fue muy bien. Los novios se marcharon rápido sin esperar las felicitaciones o a la fiesta después. Pidieron disculpas y se fueron a su luna de miel. Es la primera vez que están completamente solos desde hace meses, y Scott planea disfrutar cada segundo al lado de su esposa.
— Dejamos a todos boquiabiertos al marcharnos tan apresurados.
— No me importa. Solo quiero estar a solas contigo. Estos meses han sido una locura. Amo a mi familia, a nuestros hijos, incluso a la alocada familia Stuart, pero conté el tiempo esperando este momento. Solos tú y yo.
— Yo también, amor. Yo también.
Entre besos y caricias Scott le probó a Victoria cuanto la amaba. Para siempre.

FIN.

Hace alrededor de 1 mes

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