Lizzie115
Rango12 Nivel 56 (10678 ptos) | Ensayista de éxito
#1

Victoria Reyes ha sufrido mucho en su corta vida, con solo 28 años es una madre soltera de una hermosa e inteligente niña de 6 años llamada Yvette. Su vida, aunque no muy agradable es suya y es feliz junto a su hija, ellas solas contra el mundo. Todo cambia cuando el padre de la niña hace su reaparición. Pidiéndole algo que ella nunca pensó oír de sus labios. Un secreto que había jurado guardar sale a la luz, y tendrá consecuencias desastrosas para Victoria.

Hace alrededor de 2 meses Compartir:

2

9
Flaneta
Rango12 Nivel 56
hace alrededor de 1 mes

Esto... suena a telenovela de las cuatro de la tarde.


#2

Capítulo Uno

— Oh, mi princesita. Estoy muy orgullosa de ti — dice Victoria a su pequeña mientras observan la televisión, donde se ven ellas mismas en una entrevista realizada por el Concurso de Deletreo donde Yvette, su hija de 6 años gano el primer lugar.
— Gracias, mami.
— Eres mi pequeño genio — dijo dándole un abrazo y un beso en la frente.
— Mamá, no hay que ser un genio para saber deletrear.
Yvette es una niña muy madura para su edad. Victoria adora cuando se pone en plan de dar una explicación, o exponer su punto de vista, -más bien, imponerlo, es una niña terca, como su madre-, porque arruga la naricita y abre mucho los ojos, esos ojos verdes que le traen tantos recuerdos del pasado.
“Cada vez se parece más a él.”
— Pues, yo digo que sí, y fin de la discusión.
Victoria se acercó a su hija y le hizo cosquillas hasta que la niña le imploro que parara entre risas.
— De acuerdo.
— Esto irá a la Sala de Trofeos — dijo Victoria mirando el trofeo de primer lugar que tiene entre sus manos.
La Sala de Trofeos es una pared en la sala de su diminuta, pero acogedora casa, donde están todos los logros de Yvette, por muy pequeños que sean. Dice que es el mejor lugar para colocar sus premios, donde cualquiera que entra pueda verlos bien. Victoria está muy orgullosa de su hija.
“Me ha salido muy bien”, piensa. “Al final todo estará bien justo como te prometí”.
Una promesa que le hizo antes de nacer. Cuando quedó sola y desamparada con 21 años de edad, al saberse embarazada. El padre de Ivette se asustó, eran estudiantes universitarios, para él ellas eran una carga que no estaba dispuesto a llevar.
A veces se siente mal por como terminaron las cosas, más cuando su pequeña pregunta por qué no tiene padre al igual que sus compañeros de clase.
Otras, bendice al cielo, tiene una familia que la ayuda mucho, además de su familia adoptiva, los Stuart, la familia de su mejor amiga Melinda, la madrina de Yvette.
Tienen un techo sobre sus cabezas, apoyo de las personas que aman, Victoria tiene un trabajo que adora, es enfermera en Pediatría en el Hospital General de San Francisco. No les falta nada. Al menos, eso quiere creer Vickie.
— Hola, abuelo. ¿Cómo estás? — preguntó Scott al descolgar el teléfono de la oficina. Su abuelo lleva varios días sintiéndose mal, él le dice que son los años, sin embargo Scott no puede dejar de preocuparse. Es la única familia que le queda. Es todo para él. Le dolería perderlo.
— Igual, mi niño — su abuelo a pesar de que él ya no es un niño, sino un adulto de 29 años, lo sigue viendo como tal. — Pero te llamo por otra razón. Acabo de ver una noticia en la televisión que me dejo sumamente sorprendido. Algo que no pensé que a estas alturas de mi vida pudiera ocurrirme todavía.
— ¿De qué se trata, abuelo?
— Recuerdo cuando eras solo un muchacho de 17 años.
— Abuelo.
— No me interrumpas — Scott no puede detenerlo cuando se pone a recordar el pasado. Incluso, los momentos más dolorosos, por eso intenta que se detenga, le hace mucho mal pensar en algo que no puede cambiar.
— Ok, prosigue.
—Nunca fuiste más feliz. Tus padres vivían. La vida era buena. Recuerdo a Victoria claramente, esa increíble y dulce muchacha. Siempre pensé que se casarían.
Scott no quiere pensar en ella. La conoció con solo 16 años. Era, y seguro sigue siendo, preciosa. La primera vez que la vio está grabado en su memoria, llevaba un vestido sencillo de lunares verdes, lo recuerda porque es un color curioso, su preferido y el de él después de ese día. El vestido resaltaba su figura. Delgada, ágil y muy hermosa. De increíbles ojos marrones, grandes, de largas pestañas. Su cabello castaño largo y suelto, con iluminaciones en un tono miel, solo después comprobó que eran naturales. Recuerda que solo para molestarlo se lo recogía pues a Scott le encantaba vérselo suelto.
Su abuelo tiene razón fueron los años más felices de su vida. La recuerda tan angelical e inocente. Sensible, soñadora, muy esmerada, trabajadora. Era capaz de reírse de todo, incluso de sí misma. Muy cariñosa. Pero a la vez, muy rebelde. Terca.
Fueron novios durante unos perfectos 5 años. Él fue todas las primeras veces de Victoria. El primer novio, el primer beso, el primer amor, la primera vez, cada una mejor que la anterior. Para Scott, ella fue la primera vez más importante, su verdadero amor, la única chica que ha amado, aun hoy con 29 años, no ha logrado superarla, y lo ha intentado inmensamente.
Su vida cambio completamente cuando la perdió, a ella y a su bebé. Después de eso, nada volvió a ser igual, dos años más tarde sus padres murieron en un accidente de tránsito. Perdiendo a las personas que amaba y el control de su vida. Tuvo que dejar sus sueños de convertirse en escritor, y tomar las riendas de la empresa de su abuelo.
— Abuelo, ya hemos hablado de esto. Todo cambio, ella no me perdono nunca que haya dudado cuando me contó lo de su embarazo, y cuando lo perdió. — Scott aun no puede hablar de ello, sin que le duela el corazón. — No había nada que salvar en nuestra relación.
— Lo sé, por eso te cuento lo que vi en la televisión.
— No entiendo, abuelo.
—No me dejas hablar, ya lo entenderás. La vi, a Vickie, estaban entrevistándola a ella y a su hija de 6 años por ganar el primer lugar en el concurso de deletreo.
Scott dejo de escuchar lo que decía su abuelo. Dejo de respirar. Dejo de hacer todo, por poco y tira el teléfono al suelo de lo nervioso que se puso.
“Hija. Victoria tuvo una hija. Hace 6 años perdió a nuestro bebé. No, debe ser otra cosa, abuelo entendió mal”.
— Es tu viva imagen, aunque debo decir que se parece mucho a su madre también, pero eres tú, a su edad. Tus ojos, la misma mirada, de un color verde más oscuro, pero son tus ojos. Es una niña preciosa.
Scott no puede creerlo, pero su abuelo no está loco, solo hay una respuesta. Y no le gusta para nada.
— Escuche que Vickie trabaja como enfermera en el Hospital General. Si quieres responder todas las preguntas que estoy seguro tienes, allí la encontrarás.
— Gracias, abuelo. Te llamo luego.
— Si, hazlo.
No, no quiere creerlo. No puede ser. Es mejor que sea una simple casualidad. Porqué de no ser así, Victoria tiene muchas cosas que explicar, demasiadas.
— Mary — dijo al intercomunicador — cancela todas las reuniones.
— ¿Todas? Incluso las de la tarde con los inversores.
— Todas.
— Lo que usted diga, señor Rivers.
Victoria no sabe a lo que se enfrenta. Ya no es aquel chico de grandes sueños. El hombre que conoció y amo. Ahora es un hombre con mucho poder, y nada que no pueda conseguir. Lo que quiere ahora es a su hija y hacer sufrir a Vickie.

Hace alrededor de 2 meses

4

4
eleachege
Rango17 Nivel 82
hace 26 días

Después de tanto tiempo lejos de esta web, al leerte, me contenta saber cuánto talento has desarrollado. Un beso @Lizzie115 .


#3

Capítulo Dos

— Vi las noticias — dijo Melinda entrando al quirófano.
— ¿En serio? Viste que linda mi princesita.
— Bella y muy inteligente. Me pregunto a quien habrá salido.
— Ja, ja —exageró Vickie mientras prepara al paciente. — Será un regalo de Dios.
— Si, lo más seguro. O de andar conmigo se le está pegando.
— Ya, tu — Melinda se echó a reír al ver la cara que le puso su mejor amiga.
— ¿Dónde piensas llevarla para celebrar?
— Donde ella quiera. Sin pensarlo. Haré lo que me pida.
— Que bien. Espero que se diviertan. ¿Cuántos días tienes libres?
— 3, creo que serán suficientes.
— Claro que sí. Cuanta envidia.
— ¿Por qué? Tú nunca sales de vacaciones. Te encanta trabajar.
— Es verdad.
— Todo listo.
— Entonces, empecemos.
“Que día más largo”, piensa Victoria mientras se acerca a su coche.
Necesita recoger a Ivy en casa de su amiga Yanet. Es quien se ocupa de la niña cuando tiene turnos largos. Es su vecina y la madre de la mejor amiga de su hija, Katherine, una graciosa niña, muy inteligente y muy peleona.
Cuando abre la puerta siente una presencia cerca. Hacía años que no siente esa electricidad. Solo le ocurrió una vez, hace ya muchos años.
“Estoy muy cansada”, pensó. “Es imposible. Debo estar bien mal”.
— Hola, Victoria.
Se quedó helada al escuchar esa voz.
“Por favor, que sea un sueño. Me quedé dormida en la sala y estoy teniendo una pesadilla. Una muy vieja pesadilla”
— No te alegras de verme.
Se dio la vuelta agarrando fuerte la puerta del coche. Se está haciendo daño en la mano, sin embargo no le importa. El frío metal bajo la palma de alguna forma la conforta, la mantiene alerta.
— Es bueno verte.
— No puedo decir lo mismo.
— No has cambiado nada. Igual de contestona.
— Y tú, has cambiado mucho.
Victoria está mintiendo. Allí está él, frente a frente. Ella cree haber vuelto a su adolescencia cuando lo conoció. Los mismos ojos verdes claros que parecían leerle la mente. Sus labios, que la enseñaron a besar. Increíblemente gruesos y sensuales. Debería ser un delito que un hombre tenga esos labios. Su cabello rubio recortado perfectamente.
En algo si cambio. El aire honesto, tal vez un tanto inocente y dulce, ha desaparecido. En todo lo demás, es el mismo hombre, solo que ahora viste un traje inmaculado de color negro. El traje no esconde su musculoso cuerpo, ese que muchas veces acaricio y beso.
Victoria intenta no desvanecerse ahí mismo. Necesita toda la fortaleza que pueda reunir para enfrentarse a ese hombre. Por mucho que quiera negarlo, siempre ha tenido, -y por lo que puede percibir aún tiene-, un poder especial sobre ella.
Es un hombre poderoso, magnético que la atrae irremediablemente hacia él. Desde que lo dejo no ha podido estar con otro hombre. Lo intento, con ganas. Los que no salían huyendo al saber que tiene una hija, terminaba comparándolos con Scott. El que ahora tiene justo frente a sí.
“Oh, por favor, despierta”. A Victoria no le gusta nada como la está mirando, entre odio y deseo, una mezcla muy peligrosa, demasiado excitante.
“¿Qué rayos estás pensando?”
— Han pasado muchos años.
— Seis, para ser exactos.
— No lo recuerdo.
— Oh, creo que sí. Tan claramente como yo. La última conversación que tuvimos me dijiste que habías perdido a nuestro bebé. No te imaginas mi sorpresa cuando mi abuelo me llama diciendo que vio una noticia tuya donde aparece una niña de 6 años que casualmente se parece a mí.
—El señor Rivers, ¿cómo está?
Victoria está super nerviosa. Intenta comprar algo de tiempo. No sabe qué hacer, qué decir, cómo debe comportarse. Totalmente ignorante o decirle la verdad. Es una pesadilla que ha tenido muchas veces. Por desgracia, en realidad está ocurriendo.
— Muy enfermo. — Scott no pudo evitar mentir, es lo primero que se le ocurrió decir, además su abuelo no está del todo bien, lo que no tan mal como está implicando. Necesita hacerle sentir mal, herirla de cualquier manera posible.
— ¿En serio? Pobre, siempre le he tenido mucho aprecio, lo quería como a mi propio abuelo.
—Qué manera tuviste de demostrarlo.
— ¿Qué tiene?
— Vejez, sufrimiento y pérdida.
— No entiendo, no es un hombre tan viejo.
— Los acontecimientos han influido. Mis padres murieron hace 4 años, en un accidente de tráfico.
— Oh, Scottie cuanto lo siento.
Tarde se dio cuenta Vickie que lo había llamado así, solo ella y su madre lo llamaron alguna vez así. En tiempos donde todo era mejor.
—No te preocupes, no necesito tu lástima. Pero mi abuelo está débil, imagínate ahora descubrir que tiene una biznieta que no conoce. Sabes lo importante que es la familia para él.
— Tú te negaste a ser su padre, perdiste tu oportunidad.
— ¿Me negué? Estaba asustado, al igual que tú. Pero lo pensé y regresé. Tú eras lo más importante en mi vida, mi ancla, mi todo. Fue entonces cuando me dijiste que habías perdido a nuestro bebé. Me mentiste.
— Nunca te mentí. No te conté toda la verdad, es diferente. Te dije que ya no tenías que preocuparte por nada, en ningún momento dije que había perdido “mi” bebé.
— Pero lo insinuaste.
— No pongas palabras en mi boca. Tú escuchaste lo que querías oír, yo solo te di una salida, la que estabas buscando tan desesperadamente. Nunca más me buscaste, no te interesaste por mí, por nosotras. Bien podría haber muerto y nunca te hubieras enterado.
— Era un muchacho cuando pasó. Estaba impresionado. Además, me pediste que no te buscará.
—Sí, yo también era una niña, estaba embarazada y asustada, quería a alguien a mi lado que me apoyara, y ese no fuiste tú. Tanto que decías que me amabas, de que me sirvió tu amor.
— ¿Y tú? ¿Qué hay de tu amor por mí? No te importo a la hora de apartarme de tu lado. He perdido 6 años de la vida de mi hija por tu culpa.
— No me culpes a mí, esto es todo tu culpa. Pero no te preocupes, a Yvette nunca le ha faltado nada, ni siquiera el amor de un padre.
— ¿Te casaste?
Scott no pensó que su corazón volviera a latir como lo hacía. Ni que un miedo profundo lo inundara así. No desde la muerte de sus padres. Pensó que ya no sentía nada, que estaba completamente vacío por dentro, pero cuando se trata de Vickie es todo emoción, nada de raciocinio.
— No, nunca. Hablo de mí. Ella tiene todo lo que necesita.
— No, necesita a su padre.
— Yo soy su padre.
— No, su padre soy yo. Quiero conocer a mi hija.
— Ni lo pienses.
— Victoria, ya no soy el mismo niño tonto e idealista de antes. Si quiero ver a mi hija la veré. Soy un hombre poderoso, ya lo verás y siempre consigo lo que quiero. — Lo que Victoria no sabe, es que ella es lo que quiere ahora, más que nunca. Ahora que la tiene justo donde la quiere, no la dejará escapar, no otra vez. —Además, dices que te preocupas por mi abuelo. No le negarás el último deseo a un hombre moribundo, ¿o sí?
— De acuerdo. No me cargues la conciencia con culpa.
— Eso lo has hecho tu sola.
— La conocerán, pero bajo mis términos.
— No lo creo. Llevo 6 años viviendo bajo tus términos. Irán conmigo este fin de semana a pasarlo en mi finca. ¿La recuerdas? Allí está mi abuelo. Necesita reposo y tranquilidad. La ciudad es muy movida y ruidosa, el campo le hace bien.
Victoria recuerda demasiado bien su tiempo en la finca Rivers. Allí vivió los mejores momentos de su adolescencia. Justo entre sus paredes se convirtió en una mujer en los brazos de Scott.
“Madre mía, ¿dónde me estoy metiendo?”
— Lo que digas. Pero yo le diré a mi hija sobre ustedes, cuando lo encuentre pertinente.
— Sé lo dirás antes de irnos. Ni un minuto más.
“¿En qué momento se volvió tan mandón?”, pensó Vickie.
— Como diga, mi Coronel.
— No estoy para juegos. Recuerda lo que te digo o te arrepentirás.
Antes que Victoria pudiera replicarle, mordazmente, Scott dio la vuelta y se marchó justo como había aparecido.
— ¿Qué hago yo ahora?
Scott no puede creer lo que aún le hace sentir Victoria. Tuvo casi que salir huyendo para no cometer una locura. No está seguro si será una buena idea tenerla nuevamente en su vida, pero si desea tener a su hija, y por desgracia, Vickie viene en el paquete.
Tendrá que mostrar mucho autocontrol, no le parece que lo logrará. Pero debe intentarlo, no caerá nuevamente en su trampa, de la última vez todavía se está recuperando. Está vez será él quien ponga las reglas.
“Esto será todo un reto”.

Hace alrededor de 1 mes

0

3
#4

Capítulo Tres

Victoria se quedó realmente impactada por su encuentro con Scott. En el camino a casa no sabe qué hacer.
“Dios mío. Estoy temblando todavía”.
Le dio un ultimátum, si no le dice a su hija sobre él, habrán problemas, y lo cree, ese hombre que estuvo frente a ella no es el Scott que conoció.
— ¿Diga?
— Mel, necesito ayuda. Nunca te imaginarás a quien acabo de ver.
— Vic, ¿qué sucede?
— Scott, se apareció en el Hospital. Lo sabe todo. Cherda1, todo por culpa de la tonta noticia sobre el Concurso de Deletreo.
— ¡Madre mía! ¿Qué te dijo?
— ¿Qué crees? Quiere conocer a su hija. Quiere, bueno, exigió que vayamos todos este fin de semana a su finca, allá está su abuelo, ¿lo recuerdas?
— El señor Rivers, si, un hombre muy agradable.
— Pues se está muriendo y quiere conocer a su biznieta. No puedo negarme, Mel, es su bisabuelo. Su padre. ¡Me vuela la cabeza!2 Estoy en un tremendo lío. ¿Cómo le cuento todo a Ivy? Solo tiene 6 años. No lo entenderá. Mel, no puedo vivir si mi hija me odia.
— No lo hará.
— Oh, la conoces, lo hará. Sabes que es su mayor deseo, tener un padre. Cuando descubra que lo tiene, y lo que hice, me odiara hasta mi muerte.
1. Cherda (Mierda). Una palabra que invento para no decir malas palabras frente a su hija.
— Es tu hija, nunca te odiará. Puede que se moleste, pero es una niña, eso se le pasará. Sabe que la amas más que a nada en el mundo. Te perdonará.
— ¿Y si no lo hace? Mel, es lo que más quiero. No puedo perder a mi hija.
— No lo harás. Pero en algo Scott tiene razón, es su padre, tiene derecho a conocerla. No le doy la razón en muchas cosas, pero en esto sí.
— Lo sé. Pero tengo mucho miedo. ¿Si intenta quitarme a mi hija?
— Victoria Katheryn Reyes, eres una de las mujeres más fuertes que conozco, ningún hombre, ni siquiera Scott puede doblegarte. No se lo permitas. Es tu hija. Lucha por ella con uñas y dientes.
— De acuerdo.
— Aquí me tienes. Lo que necesites.
— Gracias, amiga. Tengo que colgar ya llegué.
— Suerte.
— Si, la necesitaré.
Fue una fortuna no tener que enfrentarse a la realidad esta noche. Cuando llegó, Yvette ya estaba dormida. Tiene unas horas para pensar lo que le dirá. Por desgracia, conoce a su hija, será una terrible pelea. Fue una noche espantosa, no pudo pegar ojo.
“Espero que Scott esté peor que yo. Oh, lo maldigo por todo esto. Si mi hija me odia, hijo de… la pagarás”.
Un insistente ruido la despertó. Miro la alarma.
“No, eso no es. ¿Qué rayos es ese ruido?”
Son las 7 de la mañana. Por suerte, su turno empieza a las 3 pm. Le hace falta dormir, pero hasta que no sepa que es ese ruido no podrá lograrlo. Luego de varios segundos, descubrió que se trata de su celular. Ivy había vuelto a cambiarle el tono a su móvil.
Respondió sin mirar quien era.
2. Me vuela la cabeza (Me cagó en la madre que lo parió, y otras frases ofensivas).
— ¿Qué?
— Vaya, aun te levantas malhumorada en las mañanas.
Victoria se levantó de un tirón.
— ¿Scott? ¿Cómo conseguiste mi número?
—Te dije que soy un hombre poderoso. Tengo mis contactos.
— Ok, lo que tú digas.
— ¿Ya le contaste?
— Scott, son las 7 de la mañana.
— ¿Y?
— Pues que me despertaste. Ayer me acosté tarde. Tenía planeado dormir hasta el mediodía. Hoy no empiezo a trabajar hasta las 3 pm.
— ¿Quién lleva a mi hija a la escuela?
— Mi vecina.
— ¿Por qué?
— Pues quizás porque no tengo mucho tiempo libre, trabajo, lo sabes, ¿verdad? Hoy en día, las mujeres lo hacen y además tienen hijos.
— No estoy para bromas.
— No bromeo. Cuando estoy ocupada en el trabajo, Yanet me hace el favor. Somos buenas amigas. Nuestras hijas van juntas a la misma clase, así que no es una molestia para ella. Algunas personas pedimos ayuda.
La puya fue directa a Scott. Sabe que tiene problemas de confianza, pero no le gusta pensar en su hija con una desconocida.
— Entonces, quedemos está noche para cenar.
Victoria casi se atraganta con el café. Mientras conversaba con él había ido a la cocina. Ya qué, estaba despierta, no volvería a dormirse.
— ¿Qué dices?
— No conoces esa palabra.
— Ahora eres tú el de las bromitas. Lo que quiero saber es, ¿para qué?
— Para hablar de nuestro futuro.
— ¿Qué futuro?
— El que me has negado todos estos años.
— No empecemos de nuevo, por favor. Es muy temprano. No tengo las pilas cargadas para contraatacar.
— Entonces, acepta.
— De acuerdo.
Victoria sabe que no tiene escapatoria.
— Termino de trabajar a las 11 pm.
— ¿Tan tarde?
— Sí. Es mi trabajo. Soy enfermera.
— Lo sé, pero…
—Antes que preguntes. Ivy se quedará con Melinda. Sé que te acuerdas de ella, es mi mejor amiga y la madrina de mi hija. No confiaría en nadie mejor para cuidar de ella. Mañana no hay escuela por lo cual, Josephine y George la llevarán a dar un paseo.
— Ellos son los padres de Melinda, ¿no?
— Sí, Ivy los llama abuelos.
“¡Dios! Que boca tengo”, pensó Victoria. Ese fue un comentario inapropiado.
Scott ignoró el dolor que le causo sus palabras. Sabe que no lo hizo adrede. Victoria es muchas cosas, pero no una persona malintencionada o hiriente.
— Me parece que estas retrasando tu conversación.
— El mundo no deja de girar porque tú lo digas. Antes que aparecieras nosotras teníamos nuestras vidas ya hechas. Así que tendrás que esperar.
— No tengo paciencia.
— Lo sé, me acuerdo.
— Pues sabes lo que sucede cuando la pierdo.
— Ah, ¿por qué la pierdes? Pensé que nunca la habías tenido para empezar.
— Vic.
Solo la llamaba así cuando ella lograba exasperarlo.
— Te paso a buscar al Hospital.
— No…
— No discutas. Te paso a buscar.
— Sí, señor.
Victoria colgó rápidamente el teléfono antes que se le ocurriera darle alguna otra orden, como parece su hábito estos días. Ella nunca llegó a escuchar la risa de Scott.
“No puedo negarlo. He extrañado su sarcasmo”.
No puede creer que le haya pedido salir a cenar, como si fuera una cita, solo ellos dos. Está loco. Necesita espacio, no estar en un lugar acogedor con Victoria. No es una buena idea, sin embargo ya no hay vuelta atrás.

Hace alrededor de 1 mes

1

3

#5

Capítulo Cuatro

Victoria intentó mantener alejado sus pensamientos en esa noche. Recogió los juguetes de Ivy. Lavó, limpió, todo en la casa quedó impecable. Vickie estaba tan cansada que no tuvo tiempo de pensar en nada.
Al llegar al Hospital corrió a ver a Melinda, justo antes que saliera a buscar a su ahijada.
— No lo puedo creer. Y dijiste que sí.
— ¿Qué podía hacer? Me cogió desprevenida.
— Lo dudo.
— Totalmente. Es lo último que esperaba oírle decir.
— ¿Qué harás?
— ¿Qué puedo hacer? Saldré con él. No quiero conocer su ira. Recuerda que Ivy aún no sabe nada. Tengo miedo que la vea y le cuente todo. Necesito ser yo quien le cuente la verdad a mi hija.
— Lo entiendo. Pero es una amenaza.
— ¿Qué?
— Vic. Te recuerdo con él. Estaban muy enamorados. Puedes hacer como que lo odias, pero te conozco.
— No digas tonterías. ¿Cómo podría? Sabes cómo me dejo, lo que sufrí.
— Soy consciente. Pero también sé cuánto lo amas.
— Mel.
— No seas tonta, no te engañes a ti misma. Siempre lo has amado, desde que tenías 16 años. Ten mucho cuidado, si Scott lo descubre podría usarlo contra ti.
— ¿Qué quieres decir?
— Me dijiste que su único interés es Yvette. Si descubre lo que sientes, estarás en sus manos.
— ¡Dios! Estoy hecha un lío.
— Mantén la distancia y estarás bien.
— Vete. Ivy debe haber terminado ya.
— Vickie.
— No te preocupes. Soy inteligente, sabré defenderme sola.
— Me llamas si necesitas algo.
— Lo sé. Dale muchos besos de mi parte a mi princesita.
— Lo haré.
El tiempo transcurrió demasiado rápido. Estaba en el aparcamiento esperándolo. Llevaba un sencillo vestido de mangas negro. Era muy sobrio, pero resaltaba su figura. Su cabello corto suelto y un maquillaje suave. No quiere dar una impresión equivocada.
Un coche se le acercó y se detuvo frente a ella. La ventanilla se abrió y vio en el asiento del conductor a Scott.
— Puntual.
— Estoy sentenciada a muerte, pensé que bien podría no hacerte esperar.
Scott sonrió. Salió del auto y como todo el caballero que es, le abrió la puerta del pasajero.
—Estas hermosa.
— Gracias — dijo Victoria.
“No es exactamente la impresión que quería lograr en él. Más bien, todo lo contrario, deseaba parecer lo menos atrayente posible”.
Entró en el auto, con todos los sentidos inundados. Ningún hombre logra ese efecto como lo hace Scott. Él había estado muy cerca de ella, había sentido su perfume. Su mano había rozado su brazo al ayudarla a entrar.
“La noche está empezando muy mal”.
— ¿A dónde vamos?
— A mi casa.
Victoria espera haber escuchado mal.
— ¿Cómo?
— He mandado a preparar una cena exquisita. Me acordé de lo que te gustaba. Espero que lo disfrutes.
— ¿Por qué?
— Pensé que como necesitamos conversar sobre temas personales, que mejor lugar para hacerlo que en la comodidad de mi hogar.
— Oh, vaya, que considerado.
El resto del trayecto lo hicieron en silencio. Victoria imaginaba todos los escenarios posibles, en ninguno terminaba bien para ella.
Victoria no había visto una casa tan hermosa como esa. Impresionante. Su casa entraba solo en la sala. Pero ni loca le diría eso a él.
— ¡Vaya!
— ¿Te gusta?
— Es como preguntar si me gusta el chocolate.
Scott sonrió.
— Sí, lo sé. La compre hace poco. Está hecha para una familia, ¿no lo crees?
Victoria estaba admirando los cuadros, el decorado y se hizo la desentendida.
— Vamos al comedor. Todo está listo y esperando por nosotros.
Scott no mintió. Eran todos sus platos preferidos. Incluso, el chocolate. A pesar de la compañía, Victoria lo paso bien.
“Quien dice que una buena comida no te hace sentir mejor”.
— Veo que no has perdido tu apetito.
— Nunca. No soy como esas chicas que creen que todo engorda.
— Es una de las muchas cosas que me gustaban de ti.
— Bueno, ¿cuándo vamos a hablar? Después de todo es la razón por la cual me trajiste aquí.
— Pasemos al jardín.
— Scott.
— Allí tomaremos el café.
— Ya no tomo café.
— ¿Por qué?
— No sé. Simplemente es uno de los vicios a los cuales renuncie.
Scott no sabe por qué aquello le sonó como si hablase de él.
— Bueno, yo tomaré café, tú puedes admirar el paisaje.
— De acuerdo.
Incluso el jardín era hermoso. Tenía un columpio. Una casa en el árbol. Una rampa para brincar. Hasta una piscina.
“¡Dios mío! Esto es el paraíso, si Ivy lo viera”.
— ¿Te gusta?— Vickie asintió—. Lo mandé a hacer cuando supe de mi hija.
— ¿En serio?
— Quiero que Ivy disfrute cuando esté aquí. Que nunca más le falte nada.
—Que conste, nunca le ha faltado nada. Pero me alegro que finalmente lleguemos al tema. Ya era hora.
— Sí tanto quieres hablar, pues hablemos. Debemos casarnos.

#6

Capítulo Cinco

— ¿¿QUÉ??
Victoria tiene que haberse quedado sorda o algo así, es imposible que Scott haya dicho aquello.
— Vickie, no grites, por favor.
— ¿Cómo esperas que reaccione, entonces? No sé si echarme a reír o darte una bofetada para que despiertes y dejes de decir estupideces.
— No entiendo tu sorpresa. Es lo normal.
— ¿Lo normal? ¿En qué universo es lo normal?
— Es lo que hacen las parejas al tener hijos.
— Tú y yo no somos pareja. Hace muchos años dejamos de serlo.
— Pero podríamos volver a serlo.
— Oh, ni lo sueñes. Lo intentamos y no funciono.
— No es como piensas.
— ¿Ah, no?
— No te pido casamiento por ti, sino por nuestra hija.
— Vaya, me siento halagada. Me parece que no sabes la concepción de pedir matrimonio, ¿no?
— No creo que te sientas tan herida. Yvette necesita a ambos padres. Es la solución que encontré.
— ¿En serio? No conoces el término de custodia compartida.
— Ningún hijo mío vivirá así.
— ¿Por qué?
— Pues porque un niño necesita cariño, crecer junto a sus padres, vivir feliz, elige.
— A Ivy no le falta nada de eso.
— Le falta una parte importante, yo.
— No puedes hablar enserio.
—Nunca he hablado tan enserio como lo hago ahora. Además, imagino que no quieres ir a los tribunales.
— ¿Serías capaz?
— Yo soy capaz de cualquier cosa, ya deberías saberlo.
— No soy tan tonta e ingenua como antes, yo también he cambiado. Si intentas algo, te veré en los tribunales o donde haga falta. No te tengo miedo. Ivy es mi hija y lucharé por ella, contra ti o contra quien tenga que pelear.
— Vickie.
— No. Puede que no tenga tanto dinero como tú, pero puedes tener seguro que tengo los medios. Ya hablamos de Melinda, ¿no?, pues su padre, George, es un muy importante abogado. Me ayudaría, gratis. Así que ten cuidado con lo que dices. Yo también soy capaz de todo.
— Vickie.
— No me llames así. No cuando me estás chantajeando con quitarme a mi hija si no me caso contigo.
— Victoria. Cálmate.
— Yvette es mi vida.
— Lo sé. Disculpa. Me pase. Solo quiero estar en su vida. Lo siento.
Scott se acercó y la abrazó. Victoria intento separarse de él, pero es más fuerte. Además, no quiere aceptarlo, necesita un lugar para llorar. Se siente impotente. Nunca le ha gustado verse débil frente a nadie, menos frente a él. No cuando podría perder a su hija, su libertad, y nuevamente, su corazón.
— Estoy pensando en nuestra hija. ¿No piensas que es lo mejor para ella? Vivir en un ambiente agradable. No sería una buena idea que se la pase yendo de un lado a otro.
— No sé, es un paso muy importante.
— Tengo una idea. Pasamos el fin de semana en la finca. En ese tiempo tienes para pensarlo, estaremos juntos como una familia y veremos si funciona.
— Scott.
— Solo inténtalo, por Yvette.
— Aun no sé cómo decirle sobre ti. Tengo mucho miedo. Si me odia y prefiere irse contigo, la perderé para siempre.
— No pienses así. Dudo que Yvette pueda odiarte alguna vez. Quizás se moleste un poco, pero es una niña pequeña, ellos olvidan rápido.
— No conoces bien a tu hija. Se parece más a ti de lo que imaginas o de lo que yo querría aceptar.
Scott volvió a sonreír. Es la primera vez que se refiere a Yvette como su hija. Se oye bien en su boca.
— ¿Quieres que le cuente yo?
— No, tiene que saberlo por mí. Pero gracias por el ofrecimiento.
— Solo quiero conocer a mi hija.
— Lo harás. Necesito regresar ya. Es tarde.
— De acuerdo. Yo te llevó.
— Gracias.
Se detuvieron frente a su casa.
— Te invitaría, pero no creo que sea buena idea. Además, es tarde, mañana hay que hacer muchas cosas y…
— No necesitas explicar nada. Entiendo.
— Mañana le cuento todo.
— Nos deja poco tiempo. Es viernes.
— Tienes razón. Te lo prometo. ¿Cuándo nos marchamos para la finca?
— A las 3 pm.
— De acuerdo. A esa hora ya lo sabrá, veremos si termino muerta o no.
— No digas eso. Te paso a buscar mañana.
— De acuerdo. Buenas noches.
— Que duermas bien.
Antes de saber lo que hace se acercó a ella y le dio un beso en los labios. Victoria no pudo evitar abrir la boca y permitir que el beso se volviera más profundo y sumamente apasionado.
Scott se detuvo a tiempo. Victoria tenía sus manos sobre su pecho, no sabía si para intentar detenerlo o para acercarlo más a ella.
— Creo que será mejor que me vaya.
— Sí. — Vickie no podía decir más, estaba totalmente impactada por el poder que el beso tuvo sobre ella.
— Chao.
— Chao.
Victoria se bajó del auto. Lo vio desaparecer en la oscura carretera y se llevó las manos a los labios.
“¡Dios mío! Este fin de semana será toda una proeza. Tengo que mantenerme alejada de él. Aunque será sumamente difícil. Fue una tonta pensar que podría apagar el deseo y la añoranza que sentimos el uno por el otro. Si necesitaba alguna prueba, ese beso fue más que suficiente para probarme que estoy en inmenso peligro”.