AleAtreides
Rango7 Nivel 30 (1521 ptos) | Autor novel
#1

No era uno de esos placeres mundanos, los cuales se pudiesen describir con palabras sin errar en su definición, ni ofender a su portador.

No era parte de ninguna ciencia, ni existía en una forma artificial. No era un concepto basado en la causa, ni tampoco era dios.

Era lo más irracional si es que se pudiese expresar. La política, las guerras, la media… no eran más que insectos en su lugar.

Era aquello que encogía y a su vez agrandaba los corazones, que moría y vivía a cada instante, inunda y secaba las tierras y los mares.

Lograba lágrimas en los ojos de los valientes, violencia en los más idiotas, coraje en los cobardes y dolor en los malvados.

No tenía el menor sentido, ya te lo dije; no se podía tratar de expresar.

Era... solo amor.

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Flaneta
Rango11 Nivel 54
hace 11 días

Me ha tenido engañado hasta el final. Pensé que me había dedicado su relato. Solo por esto... Bian!


#2

Su historia tenía flecos; había conocido a su gran amor en marzo, cuando en enero sabía la cafetería donde pasaba las tardes y dos años antes ¡ya conocía su nombre! El desenlace era ambiguo, ¿tragedia o mentira? nunca lo sabremos...


#3

Se acercaba el invierno y hacía ya un tiempo en el que madrugar para ir a trabajar se había convertido en un camino de oscuridad y frío iluminado por los faros de su viejo coche. La calzada, con baches y mojada por la lluvia de la noche anterior simulaba el perfecto escenario para una película de terror.

Cuántas cosas le habían sucedido por aquella carretera rumbo al tajo; desde maniobras arriesgadas por parte de otros conductores (seguramente menos satisfechos y más estresados por su trabajo que él) hasta luces extrañas o apariciones que no llegaba a entender. Podría escribir muchas historias al respecto, pero ahora lo importante no era precisamente eso.

Tras un transito de unos diez minutos aproximados llegó a su destino. No necesitaba un reloj para saber exactamente cuanto tiempo le había costado llegar a aquel sitio, conocía bien esa carretera y era un hombre metódico, de hecho apostaría cualquier cosa a que podría realizar ese trayecto con los ojos vendados.

Apagó el ruido del motor y bajó del coche cuidadosamente, procurando cerrar la puerta con suavidad y evitando el charco que se encontraba amenazadoramente cerca de sus pies. Su gabardina inmaculada de color gris le hacía verse como un caballero, un hombre elegante, dispuesto y sobre todo muy profesional, pero eso iba a cambiar muy pronto.

Miró al edificio situado a pocos metros de distancia, una gran mole de hormigón rellena de oficinas, de cuyas ventanas en la gran mayoría de ellas salía luz, incluida la suya propia… «pero qué narices, si siempre llego pronto» pensó mientras caminaba hacia la puerta. Iba a paso lento, dubitativo, de una manera inusual en él. Agarró el pomo de la puerta principal, al parecer estaba abierta «no te precipites, cómo siempre antes que yo llegó la recepcionista, es algo normal» , y efectivamente Susan estaba allí, y le recibió con gesto serio, fuera de su sonrisa habitual.

–– Buenos días Susan

–– Buenos días señor Watt

–– Está usted muy seria ¿Hay algún problema? Me resulta muy extraño tantas luces encendidas a estas horas, normalmente la gente viene como una hora más tarde, a las ocho como pronto…

–– ¿Sabe la hora qué es?

Hubo un silencio incómodo aunque en el fondo, muy en el fondo, en lo más hondo de su mente Wat ya sabía lo que estaba pensando. Metió la mano temblorosamente en el bolsillo de su flamante gabardina, palpando su viejo reloj de bolsillo, el miedo parecía residir en Watt y transmitirse al preciado objeto, aquel que confirmaría sus más profundos temores. Susan le seguía mirando, sin mediar palabra y el sudor empezaba a hacerse patente en el rostro del hombre. Logró sacar el artefacto y movió lentamente el cuello para dirigir su vista a las manecillas del reloj…

Eran las 10. No era tarde, era tardísimo y dentro de nada la hora del café… en nada los oficinistas incluido su jefe bajarían a almorzar. Era un hecho horrible lo que estaba a punto de ocurrir, ¡él nunca llegaba tarde! Ya imaginaba la decepción en los ojos de su jefe, las burlas de sus compañeros, de sus becarios…

Y de repente como si una entidad cósmica quisiese evitar tal devenir de los acontecimientos, un ruido como de un disparo emergió de las sombras. Una mancha roja brotó y brotó del pecho de Watt… y… ya harto de semejante bodrio pronunció las siguientes palabras:

–– ¡Lo dejo! ¡abandono aquí y ahora, prefiero mendigar que hacer semejante patraña de película! ¡¡¡Me marcho!!! –– y así fue cómo abandonó el set de rodaje, no sin antes tirar la gabardina al suelo, lanzar el reloj a los cámaras y pegar una fuerte patada al simulador del coche. Era una estrella y la película no le merecía, fue su último pensamiento.

#4

Y acabó... el vídeo con las letras,
La imagen con la palabra,
y el sonido con el significado.
En una nube artificial,
sin más luz que la del cristal oscuro
ahora del tamaño de un garbanzo.

Chips que no eran sueños y voluntades cuyos dueños ya no eran humanos...

Hace alrededor de 4 horas

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