Rhys
Rango5 Nivel 24 (688 ptos) | Escritor en ciernes
#1
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  • #2

Bajo el sol o bajo la lluvia, con frío o con calor, con o sin luz; no importaba qué, yo siempre esperaba allí por ellos. Pero nunca regresaban y esta vez, bajo la lluvia torrencial que amenazaba con destrozar mi pobre casa, me daba cuenta que no era tan importante para mis padres. No lograba recordar el camino a casa, tampoco tenía las agallas de ir a la policía porque no recordaba mi nombre y, aunque tuviera una foto de ellos en aquel pequeño medallón reluciente, sabía que me acusarían de ladrona o loca.
¿Qué maldad pude haber hecho para luego vivir bajo un cartón? Lo único que tenía claro era el líquido caliente, llamado sangre, que bajaba por mi nariz cada vez que lloraba con fuerza. Eso, y el estupor que sentí al verlos parados frente a mí, con otra niña tomada de las manos, riendo felices y amándola.

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Flaneta
Rango12 Nivel 56
hace alrededor de 2 meses

Pobre... Anímese.


#2

Nuevamente la lluvia caía ferozmente sobre mi y mi hogar, aunque esta vez no me preocupaba por buscar entre las gruesas gotas ni intentaba cubrirme. Esperaba que mi cuerpo muriera a causa del frío o por inanición pero no sucedía, parecía querer seguir respirando para hacerme sufrir más de lo que ya lo hacía; quería morir para no sentir más, al inhalar, como mi corazón se rompía en pedazos más pequeños y se clavaban en todo mi ser. ¿Cómo pudieron cambiarme tan rápidamente? Volvía a preguntarme que había hecho mal, si había sido o no una buena hija, suponía que alguna razón debieron tener y no los culpaba pues hasta yo misma comenzaba a odiarme.

El estruendo de algo desplomándose a un costado de mi débil caja de cartón me hizo saltar y salir de mi desconsuelo mental, gire quedando de espaldas a la pared mientras saboreaba la sangre que escurría de mi nariz observé al chico vestido de blanco que yacía boca abajo en el suelo mojado y sucio. Al levantar la vista, él me miró con ojos lóbregos y achinados, me sonrió como si me conociera de toda la vida y levantándose, la lluvia se detuvo; extendió una mano hacia mí diciendo <> sin articular sonido. Lo hice. Me levanté junto a él y mis ropas ya no estaban mojadas sino que portaba un vestido blanco, zapatos dorados y mi cabello estaba en una suave trenza de colores rojizos. Sonreí alegremente pero esta se borró cuando gire hacia lo que era mi hogar: yo estaba ahí, tirada en el suelo con la sangre manchando mis ropas desaliñadas.

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