EmiMonico
Rango6 Nivel 28 (1179 ptos) | Novelista en prácticas
#1

Se come las uñas, desbloquea cada pocos segundos su celular. Los nervios se apoderan de su cuerpo. Martín es un joven que está haciendo sus primeras armas como escritor, y está a la espera de una devolución sobre un borrador que envió semanas atrás a una editorial.

Las letras lo apasionan desde pequeño, y ya hace un buen tiempo que decidió enviar su última obra a diversos lugares con el sueño de ser publicado. Más allá de que aún le quedan muchos años para producir manuscritos, también es cierto que reiterados "no" en la vida de una persona, pueden frustrarla, y provocar que abandone su objetivo.

Justo cuando más tenso estaba, un corte de luz se da lugar en la cafetería en la que se encontraba. Instantes después, escucha como una voz se dirige hacia él:
"Se fue la luz, ¿Qué habrá sucedido?"
Levanta la mirada, y nota que esas palabras provienen de una chica que está en la mesa de en frente, a lo que contesta:
"Seguramente por la tormenta que hay afuera"

Pasan unos minutos cuando se recobra la electricidad, a lo que Martín saca su borrador para leer:
"¿Escribes?" -preguntó la chica.

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Kobbe
Rango9 Nivel 44
hace alrededor de 1 mes

Suena a inicio de una gran historia

EmiMonico
Rango6 Nivel 28
hace alrededor de 1 mes

@Kobbe Lo será! Muchas gracias por tu comentario!


#2

"Hmm, si" -respondió titubeante el muchacho.
"¿Puedo leerlo?" -imploró ella.
"Claro, si, claro" -sentenció Martín.

La chica que tanto interés había mostrado en conocer la obra, tomó asiento en su mesa, justo delante de él. Pasados unos minutos, mientras aquella joven de ojos claros seguía atentamente cada letra, cada palabra, Martín irrumpió de manera tímida:
"Aún le faltan cosas, pero esa sería la historia en muy groso modo".
A lo que la chica le responde:
"Me gusta mucho, no estoy muy segura si el principal es un personaje ficticio o te representa a ti, pero de cualquier modo, me dan ganas de conocer más".

Y es que Martín adoraba crear historias con él como protagonista, pero bajo otro nombre. Solía narrar relatos en donde pudieran evidenciarse sus vivencias, sentimientos y creencias, pero siempre camuflado bajo una identidad que variaba en cada obra.

El chico, cuya seguridad en si mismo parecía haberse incrementado levemente tras las palabras de aquella mujer, le responde:
"Si, normalmente me gusta que los personajes principales tengan similitudes conmigo"-y rápidamente, mostrando interés en saber más sobre la chica, le pregunta:
"A todo esto, aún no se nada de ti".
La joven, a quien parecía haberse iluminado la cara tras notar el interés de Martín, le replica:
"Me llamo Carla, mucho gusto. ¿Tu eres Martín, verdad?".
El chico quedó desconcertado, de pronto empezó a buscar en su cabeza como podría saber su nombre, por lo que atinó a una clásica pregunta:
"¿Nos hemos visto antes?".
"No, es que llevas el nombre en el bolsillo del uniforme".

La cara de Martín de un momento a otro se volvió lo más parecido a un tomate, y es que de tantos nervios que había estado experimentando, no se había percatado ni de quitarse la camisa del trabajo. Cuando parecía no tener ninguna salida elegante, prefirió sincerarse:
"¡No puedo creerlo! Este descuido debe haber sido por la ansiedad de saber si aceptarán lo que he escrito en una editorial".

Carla, tratando de bajar tensiones, también se sincera con él:
"Mira, a mi me ha gustado, no se que tan capacitada estoy como para juzgar si merece o no ser publicado, pero créeme que si no me gustara, te lo diría".

Como un baño con agua fresca en pleno verano, Martín sentía plenitud en si mismo con aquel comentario. De pronto, su celular comienza a sonar, lo toma con su mano derecha, y a diferencia de lo que él esperaba encontrarse, era su hermano quien lo llamaba. Es que habían quedado para cenar juntos después de varios meses, y Martín no solo que lo había olvidado, sino que estaba llegando tarde, por lo que tuvo que cerrar aquella linda y productiva charla. Tras explicarle brevemente a Carla el motivo de su retirada, ella lo entiende sin ningún problema, por lo que lo despide, no sin antes decirle:
"Espero que nos volvamos a ver, y puedas contarme sobre lo bien que te fue con la obra".
"Desde luego que si, gracias por este tiempo" -y tras esto, Martín abandonó la cafetería, y puso rumbo a la casa de su hermano Nicolás.

Hace alrededor de 1 mes

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Don_Diego
Rango13 Nivel 62
hace alrededor de 1 mes

Buena historia. Sigue.


#3

Caminó unos metros hacia un lugar techado, para poder pedir un taxi. A los pocos minutos, el vehículo que lo trasladaría a la casa de su hermano se hizo presente. A la incesante lluvia que caía en la ciudad, se le sumaba un atasco producido por un accidente a unas cuadras de allí. En ese momento, casi inconscientemente, el taxista y el pasajero comenzaron a entablar una conversación, iniciada por el propio chófer:
"Parece que tendremos para varios minutos aquí".
"Eso parece, y justo tenía una cena con mi hermano" -respondió el joven.
"No se preocupe, en cuanto pueda, me desvío para no tener que esperar a que se despeje toda esta fila" -replicó el chófer, dándole esperanzas a Martín de que llegaría, al menos, antes de que se terminara la comida.

Al cabo de unos minutos, el taxista logró tomar un atajo. Una vez llegaron a destino, cobró por su trabajo y procedió a retirarse. Con la preocupación de cual sería la cara con la que se encontraría una vez le abrieran la puerta, el chico decidió golpear tres veces. En un instante, Nicolás se hizo presente en la entrada:
"Pensé que no vendrías, ya tengo todo servido en la mesa" -Comentó el dueño de la casa.
"Tuve unos contratiempos, pero ya estoy aquí" -le respondió la visita, con un poco de verdad y otro poco de mentira en su argumento.

Una vez ya dentro, ambos toman asiento en el comedor. Rápidamente algo llama la atención de Martín, encima de un mueble que se encuentra a unos cuatro metros de distancia, logra divisar un cuadro con una foto de su hermano y su ex-pareja, con la cual había estado casi cinco años, pero que ya hacia casi diez meses que estaban separados. Nico, que es seis años mayor que Martín y que prácticamente lo vio nacer, conoce y entiende a su hermano como la palma de su mano, por lo que casi instintivamente notó el asombro de su consanguineo, a lo que le comenta:
"Si, se que ya lo tenía superado y que hacía mucho que ya me había desecho de sus cosas, pero el otro día estaba limpiando la casa y me topé con ese cuadro, no pude contener las lágrimas, y algo me impulsó a colocarlo nuevamente"
"Tranquilo, cada uno tiene sus tiempos, y las recaídas son normales, lo importante es que tú estés bien. Sabes que cuentas conmigo para lo que sea" -le respondió el menor, casi como si se hubieran invertido los roles.
"Gracias Tincho (Martín). Dejemos este tema a un lado. ¿Que me cuentas de ti?" -casi como queriendo cavar un hoyo y enterrar ese momento de la charla.
"Bueno, podría decirse que estoy bien, pero a su vez bastante nervioso por lo que te comenté de la editorial".
"A no desesperar hermanito, leí ese borrador y no podría haberlo hecho mejor que tú. Sin dudas que este será el primer paso de una gran carrera como escritor" -hermano mayor de familia y psicólogo de profesión, no podía esperar otra respuesta que no fuera esa.

Luego de pasar un par de horas conversando de los temas más variados y degustando unos deliciosos ravioles preparados por el anfitrión, llegó el momento de despedirse. Ambos tuvieron palabras de agradecimientos para con el otro, y se prometieron a si mismos que repetirían estos encuentros mas seguido (Si la memoria de Martín lo permite).

Al llegar a su casa, el cansancio acumulado de una jornada tan extensa se hizo notar, por lo que el chico cayó desplomado sobre su cama. Son las 9:15 y comienza a sonar su teléfono:
"¡Es mi día libre, espero que no me estén llamando del trabajo para hacer horas extras!" -exclamó el joven, como queriendo que desde las oficinas donde desarrolla su actividad laboral lo escucharan. Tomó el teléfono y dijo lo que cualquiera de nosotros hubiera dicho:
"¿Hola?".
"Buenos días, ¿estoy hablando con Martín?" -por lo que sea, el muchacho no hallaba familiar esa voz, quizás porque aún no había activado su mente con un buen café matutino.
"Si, con él habla" -atinó a responder el joven, a la espera de saber quien lo estaba buscando.
"Ah Martín, me llamo David, trabajo en la editorial "El cometa", encantado. Te llamaba por un borrador que nos habías enviado hace un tiempo, quería contarte que tanto yo como mis compañeros lo leímos y aprobamos tener una reunión contigo para realizarte una propuesta. La misma tendría lugar mañana a las 15:00 en nuestras oficinas, ¿estás dispuesto?".

Martín quedó perplejo, después de tanto esfuerzo, llegó el día en que desde una editorial se fijaron en su trabajo. Casi tartamudeando, contestó:
"S-si por supuesto, ahí estaré".
"Muy bien, quedamos así. Gracias por tu tiempo Martín, que tengas un buen día".

La alegría no cabía en el cuerpo del futuro escritor profesional, era como si todo aquellos nervios que lo habían atormentado durante semanas, incluso meses, se disiparan en cuestión de segundos. Es por esto, que decidió ir a un bar a la noche, para festejar su logro.
Martín es un tipo que no tiene problemas por ir solo a tomar algo, el sabe disfrutar de su propia compañía, por eso no dudo ni en segundo en ir a disfrutar de un momento de relax a aquel local. Una vez llegada la noche, se alista y sale hacia dicho lugar. Apenas llega, se da cuenta de que están ultimando detalles para un toque acústico que tendrá lugar ahí mismo, por lo que se ubica en una mesa con buena vista hacia el pequeño escenario. Mientras le sirven uno de los tragos de la casa, levanta la mirada, y nota algo que no lo deja indiferente.

Hace alrededor de 1 mes

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#4

Es que al poner su vista hacia el frente, pudo apreciar, qué quien se estaba preparando para cantar, era Carla, la chica qué había conocido ayer. Su asombro fue tal, que no pudo quitar su mirada de aquella joven, mientras esta regulaba su micrófono.

Minutos después, bajan las luces del bar, casi generando un deja vú de aquel día en la cafetería. Comienza a cantar. Varios de los presentes, voltean sus sillas para observar mejor a la artista, pero Martín, como queriendo no pasar desapercibido, decide pararse y apoyarse en una columna, mientras sostiene con una de sus manos un trago. Y es que si bien, podríamos decir que es una persona algo tímida, no podía dejar pasar la oportunidad de reencontrarse con aquella joven. Pasadas algunas letras, Carla y Martín tienen un primer contacto visual qué dura unos segundos, en los cuales hubieron pequeños gestos en sus rostros, en parte de asombro por la casualidad de reencontrarse, y en parte también de alegría, por poder disfrutar de este concierto, cada uno desde su rol.

Una vez finalizado el show, una ola de aplausos inunda el local. Casi por instinto, nuestro chico se dirige hacia el escenario a saludar a Carla:
"No sabía que cantabas, estuviste genial" -expresó Martín.
"Si me hubieras dado cinco minutos más ayer..." -respondió Carla.
"Bueno, si te apetece te los puedo dar ahora".

Ambos se sentaron en una mesa. Mientras esperaban que les trajeran dos tragos, Carla no pudo evitar preguntarle:
"¿Y como te fue con la editorial?".

De repente a Martín se le formó una sonrisa de oreja a oreja, es que pocas cosas le generaban tanto orgullo como la que estaba a punto de decir:
"Me llamaron en la mañana, quieren verme mañana para hacerme una propuesta, ¡No sabes lo que me alegra de que tanto esfuerzo haya valido la pena!" -exclamó Martín, sin poder quitar la mirada de aquellos ojos claros.
"¡Que bueno! Me alegra mucho lo que me estás contando, te dije que todo iría bien, ¡A ver si me ayudas a componer una canción un día de estos!" -contestó Carla, quien cada vez se mostraba más y más interesada en mantener un vínculo con Martín.
"Desde luego que si, no se que tan bien se me dará hacer letras de canciones, pero haré mi mejor esfuerzo" -el chico, qué no sabia muy bien en que se estaba metiendo, no dudo ni un instante en acceder a la petición de la chica.

Siguieron hablando un poco más, hasta que comienza a sonar el teléfono de la chica (si, parece que está historia tiene como protagonistas a las llamadas). En ese momento, algo se apagó en Martín, y es que en la pantalla, se leía la palabra "Amor". Rápidamente, Carla atiende la llamada, y luego de intercambiar palabras de forma un poco acalorada con quien estaba del otro lado de la línea, se despide.
"Perdón, mi pareja está esperándome afuera. Me gustaría intercambiar nuestros números para mantener este vínculo".

Martín estaba siendo testigo de como en su cabeza se estaba cayendo a pedazos todo lo lindo que se había imaginado con esa persona, y es que si bien a cualquiera le parecería un poco apresurado ilusionarse con alguien tan rápido, también es verdad que no todos los días se encuentra una persona con la que se haga tanta química.
"Ten, este es mi número" -le entrega un pequeño papelito con los dígitos para que pudiera contactarlo, aunque no con aquella energía y simpatía qué lucía al principio.
"¿Está todo bien, no?" -le preguntó Carla, aunque hasta ella misma sabia que no lo estaba.
"Si, si" -respondió Martín, intentando concluir la charla.

Cada uno tomó su rumbo y abandonó el bar. De camino a su casa, a Martín le era inevitable pensar que aquella chica que tanto interés mostraba en él, nunca podrían ser algo más que amigos. Fue como la caída de un castillo de naipes, un baldazo de agua helada.

Finalmente llegó el día, se levantó temprano, desayunó, salió a correr por tercera vez en el año (quizás para bajar los nervios). Se alistó y partió hacia la editorial. Una vez llegado allí, lo recibieron en atención al cliente, le pidieron que aguardara unos minutos. Movía los pies, miraba en todas direcciones, era consciente de que estaba en un momento muy importante para su carrera. De pronto, una puerta qué estaba muy próxima a él, se abrió por completo.

Hace alrededor de 1 mes

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#5

Vió como la figura de un hombre de unos sesenta y tantos años se hacía presente en la sala:
"¿Martín, verdad?" -fue lo primero que dijo el veterano mientras estiraba su mano para estrecharla con la del joven.
"Si, soy yo" -respondió el chico.
"Soy David, hablamos por teléfono ayer. Ven, pasa por aquí" -indicándole qué pasara a una de las oficinas.

Una vez dentro, se encontró con que habían dos personas más, un hombre y una mujer, que a juzgar por sus apariencias, parecían tener menos años que David:
"Martín, te presento a Laura y a Raúl, nosotros tres somos un equipo encargado de un sector puntual de la editorial, y nos encargaremos de tu caso".
"Encantado de conocerlos, muchas gracias por recibirme" -de momento, los nervios le daban tregua.

Con las presentaciones realizadas, procedieron a charlar sobre el borrador, le explicaron qué puntos creían qué era conveniente modificar, por donde podía encaminar la historia, entre otras cosas.
En un momento, Laura le hace una pregunta que lo descoloca un poco:
"Esta es una pregunta un poco más personal, porque veo que es el mensaje que más destacas aquí, ¿de verdad crees en la historia del hilo rojo?".

Martín quedó en silencio por unos segundos. A su mente vino el recuerdo de lo que había sucedido la noche anterior con Carla, y en ese mismo instante comenzaba a dudar sobre su propia creencia:
"Si lo creo, bueno, en la mayoría de los casos".
"¿En la mayoría de los casos? No te noto demasiado convencido".

El medidor de nervios se disparó en ese momento, nunca se habría imaginado qué en una reunión laboral le terminarían tocando este tema, aunque fuese una posibilidad, ya que toda su obra gira entorno a eso. Casi como la campana del recreo, David intervino y diluyó el tema:
"No creo que debamos centrarnos en saber lo que piensa él sobre el hilo rojo".

No lo haría con palabras, pero el gesto facial de Martín en ese momento era de total agradecimiento por sacarlo de esa situación incómoda. Continuaron hablando un rato sobre números y condiciones, las cuales les parecieron justas al joven, por lo que aceptó la propuesta.

Dejó aquel lugar casi saltando de la alegría, por fin cumpliría su sueño de hacer su propio libro.

La historia nos pide avanzar cinco meses, tiempo en el que Martín siguió desarrollando su manuscrito, lo envío, y ya casi estaba publicado. Pocas cosas novedosas sucedieron en este tiempo, ya que cuando el chico salía de trabajar, pasaba muchas horas pensando y escribiendo, para terminar lo antes posible.

Unos días más tarde, recibe una llamada de David:
"¡Hola Martín! Te cuento que en el día de hoy tu libro ya está en todas las librerías del país, ¿Te gustaría hacer una pequeña entrevista para nuestra página web?".
"Hola David, ¡Por supuesto!" -en realidad, no es muy fan de las entrevistas, pero en ese momento no le importó.

Al llegar a la editorial, le explican brevemente como será la entrevista. Se sienta, toma un poco de agua y respira muy profundo. Ya está listo.
"Martín, cuentale a la gente un poco sobre ti" -primera pregunta sencilla.
"Bueno, primero que nada un placer estar aquí con ustedes. Tengo 23 años, soy licenciado en comunicación, desde pequeño me apasiona la escritura, y este es mi primer libro".
"Bien Martín, ahora háblanos un poco sobre el libro".
"La historia en muy groso modo, trata sobre la vida de un chico, qué tiene sus buenas y malas rachas, y que descubre que por más dificultades que pueda ponerle la vida, si dos personas están destinadas a estar unidas, terminarán estando juntas".
"Última pregunta, ¿Por qué deberían comprar tu libro?".

Era una pregunta un tanto extraña, la empresa se arriesgaba a fracasar en ventas si Martín no daba un buen argumento. Sonrió y dijo:
"Porque considero que es un relato real, más allá que es una historia ficticia, los lectores se sentirán identificados, por ellos mismos o por conocer a alguien en esa situación".

A pesar de todo, la entrevista salió bien. Esta noche visitaría a su hermano (si, como era evidente, no se vieron seguido como habían prometido) para contarle la noticia.

Llegado el momento, sale rumbo a la casa de Nicolás. Llega y golpea. Espera unos minutos. Hasta que su hermano abre la puerta:
"¡Tincho!" -exclamó el hermano, de manera efusiva, lo que llamó la atención de Martín.
"Hola Nico, qué raro no quieras matarme por no venir en tantos meses" -le dijo en un tono más mesurado.
"No te hagas problema, los ritmos de vida actuales a veces no permiten que nos veamos muy seguido. En fin, ven pasa".

Nada más entrar notó que la casa estaba cambiada. Habían cuadros nuevos, muebles en posiciones diferentes a la última vez que había venido, hasta incluso una pieza de otro color. Cuando llegó al comedor se encontró con una sorpresa, qué posiblemente, explicaba todos esos cambios.

Hace alrededor de 1 mes

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#6

"Creo que no hace falta que los presente" -dijo el mayor de los hermanos.

Nico había vuelto con su anterior pareja.
"Han sido meses de cambios Martín" -agregó Nicolás, intentando sacarle la cara de sorpresa a su hermano menor.

Y es que a Martín le constaba qué su hermano y su pareja, Matilde, no habían dado por finalizada su relación por dramas entre ellos, sino porque su profesión en ese entonces le obligaba a tener que salir del país, con un retorno no muy próximo. Intentaron mantener el amor pese a la distancia, pero para quien lo haya vivido, sabrá que si bien no es imposible, tampoco es algo sencillo. En el caso de ellos, fue insostenible, por lo que terminaron. Martín es una persona reservada para los problemas ajenos, pero no pudo evitar preguntarles:
"No quiero sonar mal pero, no estaría entiendo mucho lo que sucede aquí".
"Quizás sea mejor que yo se lo explique" -comentó Matilde.
"Claro, adelante" -Nico no tenía inconveniente en darle esa tarea.

Mientras tanto, Martín tomaba asiento en el sofá para escuchar qué era lo que tenían para decirle.
"Como bien sabes, por temas de trabajo tuve que emigrar, sin tener claro cuando podría volver, podía ser un año, dos, cuarto, quien sabe. Con Nico nos fue muy complicado luchar contra el factor distancia, ya que hacíamos casi todo juntos. Si bien al principio iba todo bien con el trabajo, la cosa empezó a torcerse cuando caí en la realidad de lo sola qué estaba. Me encontraba en un país muy distinto al mío, con gente que solo le interesaba mi aporte laboral, que no está mal, pero generó qué comenzara a sufrir en el silencio de mi casa".
"Fueron tiempos muy complicados" -irrumpió Nico, como queriendo no ser olvidado en la historia.
"Y bueno, a los pocos días de cumplir un año allí, decidí volver, por mi familia y por Nico, puede que haya perdido una buena oportunidad para mi futuro, pero algo me decía que tenía que volver, para estar bien. Y confío en que estando bien y con esfuerzo, no será ese el último tren que pase".

Mientras escuchaba atentamente a la nuevamente cuñada, no podía evitar pensar en una cosa, el hilo rojo. Ya no era una cuestión de fantasía, sino que con lo que estaba escuchando, era como si le estuviera golpeando la puerta de su vida. Cada vez cobraban más sentido aquellas líneas que había escrito.

Al cabo de unas horas, Martín se marchó a su casa. La vida parecía tenerle algo preparado al chico.

Al otro día, se levantó, desayunó, se puso el uniforme y fue a trabajar, como corresponde. Martín suele terminar agotado la jornada laboral, por lo que habituaba hacer el "after office" únicamente los viernes, último día que le toca trabajar en la semana. Pero eso cambió con la llegada de Floki hace unas semanas, un labrador qué le regaló un amigo, desde ese momento, lo lleva todas las tardes a un parque ubicado a unas cuadras de su casa. En aquel lugar la rutina era siempre la misma, primero una caminata qué le servía a Martín para moverse después de tantas horas sentado, y luego se sentaba en un banco mientras su pequeño amigo corría a su alrededor. Ese día, podía apreciarse un hermoso atardecer sobre el lago del parque, hecho que Martín quería dejar constancia en sus redes sociales. Tomó varias fotos, algunas de ellas muy buenas, y las subió con una descripción muy elaborada. Había llegado la hora de irse, pero en ese preciso momento el joven se da cuenta de que su amigo de cuatro patas había desaparecido.

Salió corriendo a buscarlo, mientras gritaba su nombre. Se maldecía por haber sido tan descuidado. Recorrió el lugar de punta a punta, pero no había rastros de Floki. Cuando parecía que todo estaba perdido, logró divisar a unos veinte metros suyo a su pequeño amigo, quien estaba jugando con otro perro. Sintió que se había quitado una gran mochila de encima.

Se acercó al lugar donde se encontraba, sin querer molestar demasiado. Fue en ese instante cuando escucha que alguien le susurra a su espalda algo que le sonaba muy familar:
"Ya sea en una cafetería, en un bar o en otra vida, quienes están destinados a encontrarse, terminarán juntos".

Eran las palabras con las que cerró la historia que había escrito. Volteó para descubrir de quién provenía ese susurro, y si, era de Carla. Hacía muchos meses que no sabía nada de ella. Martín no disimuló su sorpresa:
"No esperaba encontrarte por aquí".
"Yo tampoco, justo había traído a mi perro y veo que se hizo muy amigo del tuyo. Aunque a juzgar por tu historia, poco importa el motivo, porque el final siempre será el mismo".

Martín estaba en shock. Tenía tantas cosas para decir pero le costaba decidir por cual comenzar. Segundos después, fue por la más práctica:
"Veo que has leído el libro".
"Y me ha gustado mucho, ha quedado espectacular. Soy de frecuentar algunas librerías, y cuando me encontré con el libro, sentí una sensación de alegría, y no dudé en llevarmelo".

A cada respuesta qué le daba Carla, el joven más quedaba atónito. A modo de soltarse un poco, sacó su humor:
"¿Segura que no leíste solo la última página, no?"

Carla, después de largar una risa, le explica:
"No no, lo leí todo, pero esa frase final me llegó un montón, porque hace unos minutos siento que es totalmente verdad".

Los chicos se miraron fijo, sin buscar intimidar, sino disfrutando de la sintonía qué estaban teniendo. En medio de un momento mágico, Martín recuerda lo que aquella noche lo había amargado, y que quería salir de dudas:
"¿Y tu no tenías...?"

Y sin dejarlo terminar, Carla le responde:
"Ya no, me dolió un poco tu reacción esa noche, pero a los días la entendí perfectamente. La historia es muy larga, pero la realidad es que ya hace varios meses que dejamos de estar juntos".

Aquel Castillo de naipes qué se había derrumbado tiempo atrás, se reconstruía en cuestión de segundos. Aquella caminata nocturna rumbo a su casa parecía ejemplificar la conocida frase "No hay mal que por bien no venga".

Se fueron acercando lentamente, hasta terminar en un beso, tan ansiado por ambos. Quien sabe lo que les deparará la vida a Carla y Martín, lo único cierto, es que en aquellas líneas finales de su historia, no estaba escribiendo un cuento o una frase cliché, consciente o inconscientemente estaba escribiendo un deseo personal, una convicción propia sobre la vida, y lindo de todo esto, es que se cumplió.

Hace alrededor de 1 mes

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