SylvieDupuy
Rango11 Nivel 50 (6195 ptos) | Artista reconocido

De chica de los encargos, pasó a ser su secretaria personal.

Venus Avner era la más joven de aquel estudio de arquitectura, y la más atenta a los pedidos de su jefe también, tanto, que terminó demasiado prendada de él.

¿Qué pasa cuando la vida de dos personas se cruzan y su supuesto amor que florece de imprevisto, se ve alterado por terceras personas?

Algo prohibido está por suceder, y Venus tiene miedo de cruzar la línea.

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BILLY_WELLS
Rango10 Nivel 45
hace casi 4 años

Mmm... Has hecho una breve sinopsis muy acertada y atractiva, me gusta esa sencillez, pero magistral.

SylvieDupuy
Rango11 Nivel 50
hace casi 4 años

@BILLY_WELLS Muchas gracias por haberte agradado la sinopsis, intento escribir lo más sencillo posible.

LillyHaggard
Rango6 Nivel 25
hace casi 4 años

Hey, Silvi!!! Qué gusto verte por aquí. Ya te sigo (soy Karina Soto, por cierto)

TUDY
Rango6 Nivel 25
hace casi 4 años

Qué buen escrito, ¿he?


#2

Capítulo 1
La triste declaración

Ciudad de Kansas, Missouri
Estudio de Arquitectura Wayland

La joven secretaria, hacía bastante tiempo que trabajaba para aquel estudio de arquitectura, sobre todo para el señor Wayland, o simplemente Caden, en el pensamiento de la muchacha.

Desde el momento en que lo vio, se había enamorado perdidamente de él. Era todo lo que habría soñado y mucho más. Llegó de casualidad a su trabajo, para pedir un puesto en su estudio de arquitectura. Solo quería hacer algo, no le importaba mucho de qué, solo quería tener su propio dinero.

Empezó desde abajo, primero como cadete de él, llevando recados, encargos, archivando folios, hasta ascender a su secretaria personal. Siempre habían tenido un trato cordial, y amable, sin pasarse de la raya por parte de él, la joven no pretendía mucho, solo trabajar a su lado, aunque muy en el fondo de su ser, esperaba que algún día pusiera los ojos en ella. Siempre se trataron como profesionales y solamente dentro del ambiente laboral.

Venus, había entrado de casi adolescente a su estudio, y con el tiempo, aquel hombre, su jefe, se le iba metiendo cada día un poquito más debajo de su piel. El vestuario de ella, siempre era recatado, y profesional, el típico de secretaria ejecutiva de un muy importante estudio de arquitectura que se dedicaba a la construcción y diseño de ejemplares establecimientos, edificios y toda clase de proyectos que el estudio planeaba y llevaba a cabo.

Venus, siempre llevaba las blusas, faldas tubo y chaqueta con tacos altos pulcramente, y lo terminaba con un rodete a lo alto de la cabeza y con muy poco maquillaje, un poco de máscara de pestañas, un pulcro trazo por dentro en color negro y bálsamo para los labios, debido a que casi siempre se le resecaban. La joven hacía oídos sordos a las palabras fuera de contexto que le dedicaban dentro del estudio cuando su jefe no los miraba. Aquella mañana no fue la excepción en donde su jefe debía dar una muy importante reunión de negocios, con socios y nuevos interesados en construir un edificio de oficinas en Chicago.

—Buenos días, Venus —le respondió de forma lasciva uno de los socios.
—Señorita Avner, por favor, y buenos días, señor Hutson.
—¿Por qué tanta formalidad, Venus?
—Señorita Avner para usted.
—Prefiero llamarte Venus.
—Basta Hutson, siéntate y deja tranquila a la señorita Avner.

El señor Hutson tuvo que obedecerlo, y sentarse como se lo había pedido su socio a cargo de la reunión empresarial. El trabajo de Venus en cada reunión era repartir los formularios a cada integrante del proyecto y tomar notas de las cosas que se hablaban dentro de la reunión misma. A mitad de la reunión, ella les sirvió café para todos, su jefe se lo agradeció y ella le sonrió.

Para la joven, su jefe, era encantador como pocos hombres, y demasiado atractivo para ser verdad. Alto, atlético y con una genuína sonrisa que la hacía suspirar por dentro. De cabello castaño oscuro con tonalidades negras, era el color perfecto para contrastarlos con unos increíbles ojos verdes. Lo mejor era que nunca hubo una insinuación, de ningún tipo y para ninguna de las jóvenes que trabajaban en su estudio, y Venus prefería que se mantuviera todo así, porque no le agradaba trabajar en un ambiente donde el jefe ofrecía un affair con tal de que la joven conservara el puesto de trabajo.

El único que no conseguía mantener la boca cerrada, era el nuevo socio de su jefe, el señor Hutson.

—Muchísimas gracias, dulzura —le respondió luego de ver el café frente a sus ojos, y ella puso cara de asco.

Tuvo que hacer oídos sordos, y no intentar nada en su contra, ya que habría sido desubicado de su parte también.

La reunión se había extendido por unas tres horas, en donde se terminó de concretar el proyecto que tenían pautado realizar y llevar a cabo en el próximo mes en Chicago.

Los dueños del nuevo edificio, el socio del señor Wayland salieron de la sala de juntas, y su jefe se quedó dentro para hablar con su secretaria.

—Dos días más y no verá más a mi socio, señorita Avner.
—No se preocupe, señor Wayland.
—Me preocupo por el confort de mis empleados, pero por favor, si se propasa, hágamelo saber.
—Sí, señor Wayland, con su permiso.
—Vaya —le dijo y al salir la joven de la sala de juntas, se encontró una vez más con el socio de su jefe.
—La reunión ha terminado ya, señor Hutson.
—Te estaba esperando a ti, Venus.
—Usted y yo no tenemos nada de qué hablar.
—Yo creo que sí, me gustaría invitarte a cenar.
—No acepto invitaciones de nadie.
—No seas ácida conmigo, cariño —le dijo, ella frunció el ceño y siguió mirando la pantalla de la Mac, sin inmutarse.
—Tengo trabajo que hacer —le emitió seca, de manera neutral, y se levantó de la silla giratoria para poder archivar unos papeles que acababa de rellenar e imprimir, para meterlos dentro de una carpeta.
—Tienes un muy buen trasero con esa falda, querida.

La muchacha, sin pensarlo dos veces, hizo oídos sordos, revolvió dentro de su cartera para sacar el gas pimienta. Se lo echó en los ojos y Hutson, comenzó a gritar. Se llevó las manos a sus ojos para poder restregárselos bien, pero era inútil, más se frotaba los ojos y más ardor le provocaba.

Wayland, salió de la sala preocupado por saber el porqué eran aquellos gritos.

—¿¡Qué pasa aquí!? —gritó.
—Tu estúpida secretaria me ha echado pimienta a los ojos.
—Eso le pasa por mirarme de manera lasciva y decirme palabras fuera de contexto —le emitió furiosa.
—Lárgate de aquí, Hutson, la reunión ha terminado ya, no tienes nada más que hacer aquí dentro, ¿me has oído bien?
—Sí, Wayland, te he oído bien, a ver si llamas la atención a tu imbécil secretaria —le dijo y ella apretó dientes y puños de rabia contenida.

Hutson terminó yéndose del estudio de arquitectura, y su jefe volvió a hablar con ella.

—Y usted, venga ahora mismo a mi oficina.
—Sí, señor Wayland —le dijo y caminó detrás suyo cerrando la puerta.
—No vuelva a hacer una cosa semejante, señorita Avner.
—No puedo quedarme de brazos cruzados mientras me dice palabras subidas de tono.
—Lo siento, pero no puedo perder un negocio como el que acabo de cerrar con su grupo de financieros.
—¿Primero me dice que le haga saber si me falta el respeto y luego me dice que lo lamenta? No voy a permitir que me humille de esa manera.
—Por favor, dos días más, y no lo volverá a ver más en su vida, una vez que se terminen todas las negociaciones y los acuerdos, ya no tendrá que verlo aquí dentro.
—Y mientras tanto, la señorita Avner, se debe aguantar las miradas y las palabras cerdas, ¿verdad?
—No le queda de otra.
—No le aseguro nada, señor Wayland —le contestó seria y molesta antes de volver a su sector.

Venus, juntó todos los papeles, los metió dentro de un folio transparente, y los apiló sobre el archivador que tenía sobre su escritorio, y se fue a almorzar a la sala de comidas del estudio. Tomó una bandeja de plástico duro, y puso la comida hecha por ella.

BILLY_WELLS
Rango10 Nivel 45
hace casi 4 años

Quiero felicitarte por esta primera caja que está exquisitamente escrita con esa sencillez pero magistral. Sumamente visual y colorida. Me parece ver un perfecto guión de cine norteamericano. Tu escrito es mucho mejor que el mío en tu estilo tan profesional. No dudo que si escribes con esa intensa calidad como lo has hecho con esta primera caja, lograrás muy lejos como escritora. Podrás realizar tu sueño de un libro interesante. Mi consejo es, siempre vete por el camino de la novela comercial, la más rentable, y ésta me suena bueno. Es muy atractivo tu forma de escribir. Debería pedir una pequeña ayuda para una revisión de estilo y gramática para mi humilde novela. No me esperaba esta grata sorpresa: ¡Tienes talento! Felicidades.

BILLY_WELLS
Rango10 Nivel 45
hace casi 4 años

Te sugeriría poner un título más llamativo, el que has puesto no es nada atractivo, créeme. Busca uno mejor. Y otra portada más atractiva. Saludos.

LillyHaggard
Rango6 Nivel 25
hace casi 4 años

Aprovecho para leer esta historia aquí y la de Perfume en Wattpad :)

LillyHaggard
Rango6 Nivel 25
hace casi 4 años

Por cierto, me encanta como va. Ya te iré diciendo lo mucho que me gusta, en las demás cajas ^^

SylvieDupuy
Rango11 Nivel 50
hace casi 4 años

@BILLY_WELLS Te lo agradezco un montón. :)
Gracias por las lindas palabras, el ánimo a seguir escribiendo y el apoyo.
Gracias también por las felicidades.
La portada la cambié, y el título no puedo cambiarlo ya que está registrado con ese nombre y también porque lo creí conveniente xD.
Saludos. :)

TUDY
Rango6 Nivel 25
hace casi 4 años

Billy tiene razón. Otro título más rentable y universal sería mucho mejor en caso de publicarlo un día. Eso sí que sería bueno para tu buena novela. Aquí tienes mi apoyo linda. Saludines.

SylvieDupuy
Rango11 Nivel 50
hace casi 4 años

@TUDY Y yo que creí que el titulo era atractivo jajaja xD, gracias por el consejo. ;)
Muchas gracias por parecerte buena la novela y por el apoyo.
Saludos. :)

TUDY
Rango6 Nivel 25
hace casi 4 años

Por nada lindura. Piensa en un título universal solo cuando decidas publicarlo un día, si es que lo tienes listo. Por ahora... nos conformamos con ese título tenue.


#3

Una de las secretarias generales del estudio, se acercó a ella y le habló casi en susurros.

—¿Qué ha pasado con el señor Hutson que se ha ido de aquí a los gritos y restregándose sus ojos, Venus?
—Le he echado pimienta en aerosol.
—Eres muy audaz.
—Me estaba molestando y no tenía con qué defenderme.
—Bastante arriesgada has resultado ser.
—Lo sé, pero era lo menos que se merecía.
—Quizá sí.

Una hora y media después, retomaron el horario laboral y volvió a trabajar.

El señor Wayland, la volvió a llamar para que fuera a su oficina.

—Cierre la puerta y tome asiento, señorita Avner. Necesito redactarle una carta.
—Sí, señor —le dijo y le quitó el capuchón al bolígrafo para anotar en el bloc de notas.
—¿Qué me aconsejaría regalarle a mi futura prometida? —le preguntó y ella lo miró sorprendida.
—¿Futura prometida? —le preguntó, sintiéndose impactada por la noticia.
—Así es, señorita Avner, en una semana me comprometo con Begoña, y hoy mismo es su cumpleaños, y quisiera saber qué me aconsejaría regalarle.
—Flores —le dijo, intentando no ponerse incómoda con su pedido.
—Odia las flores.
—En cambio yo las encuentro encantadoras —le expresó con total sinceridad, sin pensar en las palabras que emitía.
—A Begoña no le gusta ninguna clase de flor, ¿qué sugiere que le compre?
—Bombones.
—No le gusta el chocolate.
—Tiendo a pensar que no le gustan las cosas sencillas —le contestó y se mordió la lengua de lo descarada que había sido—, lo siento señor.
—Despreocúpese, a Begoña le gustan las cosas caras.
—¿Swarovski?
—Demasiado barato para ella.
—¿Tiffany?
—Demasiado clásico, quiere ésta gargantilla —le dijo él, y se la mostró a través de la página del diseñador.
—Es un Chopard.
—Y valuado en quinientos mil dólares.
—Es una locura.
—Begoña lo quiere, Begoña lo tiene, señorita Avner, y yo necesito que lo vaya a buscar por mí.
—¿Por qué yo? Usted es el que tiene que salir a buscar esa joya, y no yo.
—Eres mi secretaria personal, y haces lo que yo te ordeno hacer, así qué, irás ahora mismo a ésta dirección —le contestó sin darse cuenta que la había tuteado, y le dio la dirección en un papel—, y me lo traerás aquí mismo, esos números son el código de mi caja fuerte en el banco.
—¿Por qué me da el código de su caja fuerte?
—Porque es la única en quién confío ciegamente, de todos mis empleados.
—Hay muchas personas trabajando en su estudio desde hace años atrás, mucho más que los años que yo estoy aquí dentro, bien puede decírselo a una de esas personas.
—No soy ningún estúpido, sé diferenciar la clase de gente que trabaja en mi estudio, y yo confío plenamente en usted, me despierta la confianza que la mayoría de las personas no me despiertan en lo absoluto —le respondió y ella se quedó callada—, ¿hará eso por mí?
—Sí, señor Wayland.
—Perfecto entonces, ¿cuánto cree que tardará?
—Supongo que en media hora o menos estaré de vuelta, ¿por qué, señor?
—Porque dentro de unos cuarenta minutos, llega Begoña al estudio.

Venus, se fue a las corridas, se puso una chaqueta y tomó un taxi, le dio la dirección al taxista, el cuál luego de unos pocos minutos, ya que le había dicho que tenía prisa, llegó al banco, e hizo todos los trámites para poder sacar de la caja fuerte la dichosa gargantilla para su prometida, lo bueno de todo, era que su jefe le había avisado al encargado del banco que ella iba a ir en pocos minutos, y unos veinte minutos después, llegó nuevamente a su despacho, trayendo consigo el estuche de terciopelo cuadrado dentro de su cartera.

—¿Lo tiene, señorita Avner?
—Sí —le emitió, sacando la caja de la cartera—, aquí está.
—Muchísimas gracias, Venus.
—De nada, señor Wayland.

Él era el único al que ella aceptaba que la llamara por su nombre, era el único hombre que la llamaba Venus sin tener ninguna connotación obscena o libidinosa.

Unos momentos después, llegó su futura prometida al despacho.

—Buenas tardes, señorita Booth —le contestó ella, con amabilidad.
—Sal de aquí —le dijo sin más preámbulos a la joven, y ella salió sin decir nada.
—No tienes porqué ser tan asquerosa con mi secretaria, Begoña.
—No me gusta tu secretaria, eso es todo.
—De acuerdo, pero no es manera de decir las cosas, y feliz cumpleaños.
—Gracias.
—Para ti —le dijo y le entregó el estuche de terciopelo en sus manos.
—Has conseguido la gargantilla que tanto quería, Caden, muchísimas gracias.
—De nada, Begoña.
—Me la estrenaré la semana que viene para nuestro compromiso.

Su agradecimiento del regalo no fue el esperado por Caden. Su futura prometida era fría como el hielo, y ni siquiera se atrevió a cuestionarle algo tampoco, quizá por miedo a que le gritara o se pusiera furiosa como solía hacerlo reiteradas veces.

—Bueno, en fin, me iré, vienes hoy a la noche, ¿verdad?
—Sí, iré a la casa de tus padres.
—Sé puntual, por favor, ya sabes cómo se ponen mis padres cuándo no estás a horario para la cena de cumpleaños.
—Sí, lo sé.
—Hasta luego, Caden.
—Nos vemos a la noche, me alegra que te ha gustado mucho la gargantilla.
—Tú, ya lo sabes, amo las joyas caras.
—Lo sé bien eso, Begoña —le dijo sin mirarla a los ojos, y ella se fue de su despacho, cerrando la puerta.

BILLY_WELLS
Rango10 Nivel 45
hace casi 4 años

¡10, 10, 10! Es la calificación que doy hasta ahora la caja 1 y 2, me has sorprendido con esa habilidad que tienes para saber escoger bien las palabras, los diálogos, tan lleno de color y todo lo haces delicadamente bello. Tu talento es superior al mío, felicidades de nuevo. Has ajustado todo a su medida y de forma profesional. ¡Me encanta!

BILLY_WELLS
Rango10 Nivel 45
hace casi 4 años

Pronto te comento la caja 3, la leeré mañana detenidamente. Me has enganchado. De verdad lo disfruto. Me gusta tu forma de escribir. Es estupendo, es mi comentario sincero.

SylvieDupuy
Rango11 Nivel 50
hace casi 4 años

@BILLY_WELLS Mil gracias nuevamente. :)
Trato que los diálogos entre los protagonistas sean simples y fáciles de leer, que enganche y sin palabras estrambóticas.
Te agradezco mucho que te guste mi forma de escribir.
Un beso. :)

BILLY_WELLS
Rango10 Nivel 45
hace casi 4 años

A mi tampoco me gusta las palabras estrambóticas son muy aburridas de leer, a mi me gusta lo simple y sencillo para que la lectura sea concreta y visual.

SylvieDupuy
Rango11 Nivel 50
hace casi 4 años

A mí tampoco, prefiero una lectura y una escritura fluida. Es más amena.


#4

Capítulo 2
Viaje inesperado con el jefe

A la mañana siguiente, la rutina era siempre la misma, la joven Venus, se despertaba, se daba una ducha y terminaba vistiéndose para luego desayunar y luego emprender el viaje hacia el estudio de arquitectura del señor Wayland.

Para aquel día, se puso un vestido sin mangas, en color naranja, la chaqueta haciendo juego, zapatos al tono y cartera. Se maquilló muy natural, se puso un par de aros y luego salió a la calle para tomarse un taxi.

La joven llegó como siempre, varios minutos antes de la hora de apertura del estudio, dentro del grupo laboral de su jefe, era la que siempre preparaba el café recién hecho, y disponía todo para que algunos de sus empleados desayunaran en el estudio también. Media hora después, su jefe llegó al estudio.

—Buenos días, señor Wayland, ¿café recién hecho?
—De acuerdo, gracias. Hoy vendrá nuevamente el señor Hutson, tiene que terminar de concluir ciertos puntos del contrato del nuevo proyecto en Chicago, por ese edificio que empezaré a construir.
—De acuerdo.
—Pero necesito que estés en esa reunión.
—Por favor, pídaselo a otra de sus secretarias.
—Tú eres la única secretaria personal que tengo, Venus.
—Pero sabe bien que a mí no me gusta su socio.
—De usted depende el cierre del contrato.
—Tome, su café —le dijo entregándole la taza y salió de la sala molesta por su conducta tan estricta.
—Gracias —le contestó y él sonrió sin que ella lo viera.

Los empleados comenzaron a llegar de a poco, y con ellos dio paso al día de trabajo.

El señor Hutson llegó antes de la hora del almuerzo para realizar la reunión con Wayland. Y la joven presenció la reunión también.

—Buen día, Venus.
—Señorita Avner, por favor.
—¿Le has podido llamar la atención a tu inepta secretaria, Wayland?
—Siéntate Hutson, señorita Avner, tráigale al señor una taza de café, por favor.
—Enseguida —le respondió y no tuvo más opción que obedecer y llevarle un café.
—¿Qué te pasa con mi secretaria, Hutson?
—¿Qué no la ves cómo es, o eres más idiota de lo que yo creía? Esa mujer con su carita de niña buena, debe de ser una potra salvaje en la cama, ¿sí me entiendes verdad? —le respondió de manera descarada.
—No estamos aquí para hablar de la secretaria, acordamos la reunión para terminar de ajustar algunos puntos, para mañana irnos a Chicago para ver la zona a construir.
—Ya lo sé, Wayland, pero no puedo dejar de pensar en el bombón que tienes por secretaria, ese trasero que tiene me vuelve loco.
—Frénate un poco Hutson, no me gusta que hables así de mis empleadas, y si no quieres que lo aplace, pues entonces, deja de decirle frases lascivas a la señorita Avner, y este proyecto te conviene tanto a ti como a mí, en llevarlo a cabo.
—Uy Wayland cuando se te mete algo en la cabeza, no hay nadie contra ti.
—Simplemente no me gusta que molesten a mis empleados, eso es todo, y eso incluye a mi secretaria también.
—Está bien, socio —le dijo y Venus acababa de entrar otra vez a la sala de juntas con una taza de café.
—Muchas gracias, señorita Avner.
—No hay de qué, señor Hutson —le respondió y volvió a sentarse.

La reunión, dio por finalizada, y el socio de su jefe la saludó formalmente. Salió de allí y Wayland, habló con ella.

—Apronta ropa cómoda para el viaje.
—¿Viaje? ¿Cuál viaje, señor?
—El que harás conmigo mañana para irnos a Chicago.
—No puedo irme de viaje.
—En horario de trabajo haces las cosas del trabajo, iremos a ver la zona en donde realizaré la construcción del edificio de oficinas.
—No lo entiende, ¿verdad? Jamás salí de mi casa de viaje con algún hombre, tengo que avisarles a mis padres, y no creo que le agraden la idea en lo absoluto.
—Sus padres ya me conocen muy bien, señorita Avner, por eso no hay que hacerse tanto problema.
—No puedo irme con usted, una cosa es ser su secretaria personal, dentro del estudio, y otra muy diferente es acompañarlo a un viaje.
—Horario de trabajo, es horario de trabajo, y deberá cumplirme al pie de la letra.
—¿Por qué no se lo dice a su futura prometida que lo acompañe?
—No le gustan estas cosas.
—¿Qué es lo que le gusta a su prometida entonces, señor Wayland? Cierto, las cosas caras —le contestó seca, molesta y sarcástica, y salió de la sala, para poder ir a su escritorio y seguir trabajando.

A la hora del almuerzo, Venus, decidió llamar a su casa, pero su madre no se encontraba en el hogar. Desistió en llamarla otra vez y se levantó de la silla giratoria, y fue a almorzar.

Cinco horas después, el horario del trabajo había finalizado, y su jefe salió de su despacho.

—Mañana a las ocho en punto la estaré pasando a buscar, así qué, póngase ropa cómoda, por favor.
—¿Y si no pienso ir?
—No podré cerrar el trato con mi socio.
—Si mal no recuerdo, firmó los papeles, y concretó el negocio, no tengo nada que hacer en ese viaje. Yo no soy su solución, señor.
—Puede que no para mí, pero sí para mis negocios, señorita, y por lo que he visto, al señor Hutson le ha gustado, y me pidió por favor que usted estuviera mañana para terminar definitivamente de cerrar el trato conmigo, de otra manera no lo hará en lo absoluto.
—Se supone que yo no soy la persona para que termine de realizar sus propósitos, señor Wayland.
—Es mi secretaria personal, acata mis ordenes, de otra manera me veré obligado a despedirla y a conseguirme otra más eficiente que usted.

Y allí estaba de nuevo, el arrogante de su jefe, callándole la boca, y dejando que su superioridad y falta de respeto cierne cizañas alrededor de ella nuevamente.
Él se fue y ella, al terminar de acomodar todas las cosas sobre el escritorio y apagar la computadora, salió de allí también.

Tomó un taxi, y una media hora después, ya estaba en su casa. Entró, cerró la puerta con doble llave, y subio las escaleras hacia su cuarto. Se cambió de ropa, poniéndose una más cómoda y se sacó los zapatos de taco también.

Tres horas después, cuando estaban sentados alrededor de la mesa cenando, les comentó sobre el viaje.

—El señor Wayland, quiere que mañana vaya con él a Chicago, tiene un nuevo proyecto en sus manos, y me pidió por favor que lo acompañara.
—Está bien cariño, no hay ningún problema con eso —le dijo su madre.
—El señor Wayland es demasiado correcto como para querer propasarse contigo, Venus —le dijo su padre ésta vez—, y no le veo lo malo del asunto en que un jefe le pida a su secretaria personal que lo acompañe a revisar sus cosas laborales, están dentro del rango laboral y profesional, y no te pasará nada con él, porque es respetable y tiene muy en claro el lugar que ocupas en su estudio.
—Sí, lo sé papá, pero tampoco quiero que los demás comiencen a hablar, está su prometida, y no quiero que piense mal de mí tampoco.
—¿El señor Wayland está comprometido? —le preguntó su madre.
—La semana que viene se compromete con su novia de hace tres años, mamá.
—Creí que estaba soltero.
—Yo también —le dijo sin pensarlo, y su madre la miró detenidamente.

Una hora y media después, ya estaba lista para irse a dormir, pero antes de hacerlo, su madre entró al cuarto. Sabía que algo iba a decirle, y sabía bien que su madre siempre era directa con ella, solo al mirarla a los ojos, sabía perfectamente cómo su hija se encontraba de ánimos, y sabía sus verdades y sus mentiras también, porque por más que algunas veces le mentía, siempre, pero siempre la llevaba al límite para que le terminara diciendo la verdad.

Cerró la puerta a sus espaldas y fue allí mismo cuando le tiró la verdad a su cara.

—Tú no estás así por el viaje, eso es lo menos que te preocupa, y ni tampoco te importa el qué dirán, porque tú sabes bien el lugar que ocupas y porque tienes la mente muy limpia, tú estás así porque se comprometerá, tienes sentimientos hacia él, estás enamorada de tu jefe.
—Desde que entré a su estudio.
—¿Por qué jamás me lo has dicho?
—Porque pensé que iba a ser algo muy pasajero, y lo pasajero se convirtió en un año, y así en dos, y así hasta el día de hoy.
—¿Por qué no renuncias?
—Renuncio, ¿y qué le digo? ¿No puedo trabajar más en su estudio porque me enamoré de usted?
—Pero tampoco puedes estar así, Venus.
—Me conformo con verlo todos los días por varias horas, mamá, y sí, soy algo masoquista.
—¿A qué hora salen mañana?
—A las ocho de la mañana me pasará a buscar.
—De acuerdo, que descanses, y buenas noches, hija.
—Que descanses tú también, y buenas noches.

Su madre salió de la habitación, y ella se metió dentro de la cama. A la mañana siguiente, el despertador sonó a las siete en punto exactamente. Se despertó, se estiró cuán petisa era dentro de la cama de una plaza y media, y se levantó. La armó, y preparó las cosas para poder darse una ducha de agua caliente. Una vez que salió del baño, se vistió completamente, y bajó las escaleras para desayunar. Su madre ya estaba levantada, y lista para servirle el desayuno.

—¿Por qué te has levantado ya tan temprano, mamá? El desayuno me lo puedo hacer yo sola sin problemas.
—Lo sé cariño, pero ya pronto estará pasándote a buscar, y solamente tienes muy pocos minutos.
—Es verdad, me he tardado demasiado a pesar de haberme despertado a las siete.

BILLY_WELLS
Rango10 Nivel 45
hace casi 4 años

No sé porque me has dicho que no tienes mucha experiencia cuando se ve que lo que escribes es maravilloso. Será una buena novelista, vas con mucho impuso y talento, felicidades.

SylvieDupuy
Rango11 Nivel 50
hace casi 4 años

@BILLY_WELLS Muchas gracias por gustarte la manera en cómo escribo. Gracias por tus halagos y las felicidades. :)
Saludos. :)


#5

Ella se sentó, desayunó bastante rápido, y exactamente a las ocho en punto, tocaron el timbre de la casa. Su madre fue a abrir, y lo hizo pasar al interior de la casa.

—Buenos días, señor Wayland.
—Buenos días, señora Avner.
—¿Gusta una taza de café recién hecho?
—No, gracias señora, ¿su hija ya está lista?
—Creo que sí, Venus.
—Sí, mamá, ya voy —le dijo mientras se levantaba de la silla en donde estaba sentada cómodamente, y lavó las cosas sucias.
—Deja las cosas en el fregadero, luego las haré yo.
—No me molestan lavarlas.
—Lo sé, pero el señor Wayland te está esperando.
—Sí, ya lo sé también, mamá —le dijo, y no le quedó de otra que salir de la cocina, y acercarse a él para saludarlo—, buen día, señor Wayland.
—Buenos días, señorita Avner, ¿nos podemos ir ya?
—Sí, nos vemos luego mamá, cuando lleguemos te llamo, ¿de acuerdo?
—De acuerdo, hija, nos vemos luego.

Su madre le dijo eso último, y ellos salieron a la calle, Venus se metió dentro de la camioneta, y él se fue hacia su lado del conductor. Segundos posteriores, viajaron rumbo a Chicago.

—Veo que se ha venido cómoda.
—Es lo que me ha dicho ayer, que me venga cómoda para el viaje.
—Perfecto entonces, el señor Hutson nos espera en Chicago ya.
—¿Tan rápido?
—Así es, ha tomado un avión anoche mismo, creo que está muy ansioso de volver a verla.
—Y a mí, me dan náuseas de tan solo verle la cara.
—Tranquila, no tiene porqué molestarse conmigo.
—Pues entonces, usted no insista más, y no me diga esa clase de cosas.
—De acuerdo.

Durante un buen rato se quedaron en silencio, disfrutando del viaje, pero luego, él volvió a hablarle.

—¿Está estudiando alguna carrera?
—No.
—¿Piensa entrar a la Universidad?
—No lo creo.
—¿Por qué no? ¿No tiene ningún interés en alguna profesión?
—La verdad es que no.
—Es demasiado joven todavía como para no querer entrar a La Universidad.
—Me gusta la decoración.
—¿Y qué espera para anotarse?
—Lo haré en su debido momento.
—Pues apúrese entonces.

Alrededor de las doce y algo del mediodía, llegaron a Chicago, y fueron directo hacia la zona donde realizaría el edificio de oficinas.

Estacionó su camioneta, y ella se bajó para estirar las piernas e ir luego con él.

—Al fin llegan, ya te estaba por llamar a tu teléfono móvil, vaya señorita Avner —le contestó sorprendido—, no creí que fuera tan baja de estatura, me gustan y mucho las petisas como usted —le insistió con una sonrisa.
—Buenas tardes —le dijo ella, con total seriedad.
—¿Entramos? —le sugirió Wayland.
—Sí —le respondió—, pase usted primero, señorita.
—Prefiero ir detrás suyo —le respondió seria.
—¿Por qué? ¿Acaso tiene miedo que le vea más de la cuenta ese trasero tan bonito que tiene?
—Párale, Hutson, no ha venido para que escuche tus frases fuera de tono.
—Traigo conmigo el aerosol de pimienta —le dijo.
—Tienes veneno en la sangre petisa —le contestó serio y seco.
—Así dicen, el veneno viene en frasco chico también —le respondió arqueando una perfilada ceja, y lo miró altivamente.

Los tres entraron al lugar deshecho completamente, solo quedaba el esqueleto de lo que una vez había sido un edificio abandonado, y se colocaron cascos amarillos. Había escombros por todas partes, y ella tenía que caminar esquivando palos, materiales, y demás cosas para no salir lastimada. Y mientras esos dos hablaban de la construcción y el diseño, ella aprovechó en llamar por teléfono a su madre para decirle que habían llegado sin contratiempos.

—Me alegra saber que han llegado bien, Venus, por cierto, hoy tu jefe está muy bonito con esa remera de mangas largas y cuello alto, ¿verdad, tesoro?
—Ay mamá, las de cosas que me dices por teléfono.
—A mamá no puedes mentirle, cariñito.
—Lo sé, y sí, se ve muy lindo —le dijo y sin querer se puso toda colorada.

Ellas hablaron un rato más, y luego cortaron. Mientras la joven miraba los alrededores del lugar, su jefe y el socio, hablaban sobre el acuerdo.

—¿Y bien, Hutson? ¿Cerramos el trato o no lo cerramos? No he venido hasta aquí para perder el tiempo.
—Lo cerramos sí, pero quiero una cena con tu secretaria personal.
—No la embarres más, Hutson, la señorita Avner no aceptará una cena contigo y ni nada que tú le ofrezcas, así qué, será mejor que no vuelvas a insistirle nada más.
—¿Acaso te gusta a ti también, Wayland?
—¿Gustarme la señorita Avner? Ay por favor Hutson, la semana que viene me comprometo con mi novia de hace tres años, a mi secretaria jamás la vi como mujer para mí.
—No me vengas con esas.
—No te vengo con nada, la señorita Avner no me gusta, y si no tuviera novia, tampoco me fijaría en ella, es demasiado sencilla, y por el contrario pienso desposar a Begoña.
—Perdón que te lo diga, Wayland, pero espero que jamás te arrepientas de lo que me has acabado de decir, la mayoría de los hombres harían lo que fuera con tal de salir con ese bombón que tienes por secretaria.
—Lo sé, pero yo no soy parte de esos tantos hombres, cambiando de tema, ¿cerramos el trato o no?
—Sí, lo cerramos.
—Perfecto, gracias Hutson, es un placer hacer nuevos negocios contigo siempre.
—Al contrario, muchas gracias a ti —le dijo y ambos hombres, estrecharon sus manos.

Por cortesía, Venus le dio la mano a Hutson también, y éste último se fue de allí, dejándolos solos.

—¿Y bien? —le preguntó con curiosidad.
—Acabé de cerrar el trato con él, así qué, el mes que viene ésta zona comenzará a tener aspecto de edificio.
—Era un edificio anteriormente.
—Sí, pero ahora será de oficinas.
—Felicitaciones, señor.
—Gracias a usted obtuve el cierre del trato.
—No lo sé, pero de nada igual, bueno, creo que ya tendríamos que retomar el viaje, ¿no le parece? —le propuso, pero él tenía pensado otra cosa muy diferente.
—¿Por qué primero no almorzamos y luego nos vamos?
—Se nos hará muy tarde luego.
—¿Qué importa? Yo seré el que maneje de regreso a Kansas.
—De acuerdo, está bien entonces.

BILLY_WELLS
Rango10 Nivel 45
hace casi 4 años

Lo que noto es que las escenas en la oficina es algo larga, sería bueno cambiar a otras escenas en otros ambientes, pero la forma como escribes, lo haces casi perfecto.

SylvieDupuy
Rango11 Nivel 50
hace casi 4 años

@BILLY_WELLS Las escenas de la oficina son largas porque es donde transcurre la mayor parte de la novela. Pero a medida que avancen los capítulos, se irán leyendo otras escenas y lugares.
Gracias nuevamente por tus palabras. :)
Un beso. :)


#6

Capítulo 3
Disculpas, ¿y recompensa?

Llegaron a una pizzería, aparcó su camioneta sobre el cordón de la calle del local y una vez que apagó el motor, descendieron de su camioneta.

Entraron al establecimiento, y se sentaron en una mesa para dos personas.

—Las pizzas de aquí son espectaculares, no sé si le gustan a usted.
—Es una de mis comidas favoritas.
—A Begoña, no le gustan las pizzas, y menos el lugar, dice que es demasiado grasiento para su estilo de vida.
—Supongo que le habrá gustado la gargantilla de ayer, ¿verdad?
—Sí, señorita Avner, le ha encantado, gracias por preguntarme. ¿Qué gusto de pizza pedirá, señorita?
—La de pepperoni.
—La misma pido casi siempre yo también.
—¿Quiere que cambie y usted come esa?
—No, ¿por qué me tendría que molestar con que usted pida lo mismo que yo?
—No lo sé.
—Al contrario, no me molesta en lo absoluto —le terminó de decir y éste último pidió las órdenes—, y ya que estamos aquí, le diría que va siendo hora que me llame por mi nombre.
—Eso sería inapropiado.
—¿Por qué?
—Perdería la ética y la profesionalidad.
—Yo a veces te llamo por tu nombre, y te tuteo, como lo acabo de hacer, no le veo lo malo del asunto.
—Y yo prefiero mantenerlo con formalidad, su novia me odia, y no quiero tener problemas con ella, así qué, prefiero tratarlo de usted.
—Está bien, si así lo quiere, pero a mí me gusta más tu nombre que estar llamándote con formalidad.
—Está bien, es usted mi jefe.
—Perfecto entonces —le dijo y la pizza para dos personas llegó al centro de la mesa.
—Qué rica —le dijo ella, comiendo un pedazo de su porción—, lo siento, yo como la pizza con la mano, no sé usted.
—Despreocúpate, yo también como la pizza con las manos, pero no se lo digas a Begoña, odia que coma ciertas comidas con las manos.
—Descuide, señor Wayland, su secretito está a salvo conmigo.

Almorzaron tranquilos, y alguien llamó al teléfono móvil de Caden. Atendió de inmediato su llamada.

—¿Dónde estás?
—Estoy trabajando, Begoña.
—¿Tú, te acuerdas que teníamos que ir a ver el salón de fiestas hoy por la tarde?
—Lo siento, se me ha olvidado, no podremos ir hoy, Begoña.
—¡Me habías dicho que podías, Caden! —le gritó a través del auricular.
—Me olvidé que debía de hacer algo del trabajo.
—Solo espero que el sábado no te olvides que tenemos nuestro compromiso.
—No se me olvida, mañana si quieres iremos a ver el salón de fiestas.
—De acuerdo —le dijo secamente y le cortó enseguida la llamada.
—Begoña.
—Sí, me di cuenta, si quiere, podemos ir yendo, y si llega a tiempo para ver el salón de fiestas, la lleva a la señorita Booth.
—No, la llevaré mañana, puede esperar, y aparte, ya son las cuatro de la tarde, llegaremos alrededor de las ocho de la noche a Kansas.
—De acuerdo entonces —le terminó respondiendo ella y volvió a comer de su porción de pizza.

Luego de una hora más tarde, cada uno se pagó lo suyo. Puesto que él quiso pagar toda la cuenta, pero Venus le dejó bien en claro que no aceptaba su invitación. Solo estaban de pasada por trabajo y por nada más.

Salieron del local, luego de que él le dejara propina a la mesera, y emprendieron el viaje rumbo a Kansas nuevamente.

Llegaron a la ciudad casi cinco horas después, la joven llegó prácticamente exhausta.

—Se supone que yo no tengo que hacer ésta clase de cosas, señor Wayland.
—Lo sé, pero gracias a ti obtuve una de las cosas que siempre he querido.
—No soy su golpe de suerte, señor.
—Para mí sí lo eres, Venus.
—Pues a mí no me gusta eso, grábeselo bien en la cabeza, no soy su secretaria fuera del horario de trabajo y ni muchísimo menos su As debajo de la manga para concretar tratos que usted solamente quiere.
—Te recompensaré por esto —le dijo, sujetándola de la muñeca.
—No quiero que me recompense en nada que se le parezca, señor, buenas noches —le terminó respondiendo ella sin mirarlo a la cara.
—Buenas noches, Venus.

Entró a su casa, y él, luego se fue tocando bocina.

A la mañana siguiente, a las diez menos cuarto de la mañana llegó al estudio y preparó café para los demás, junto con las tostadas y galletas para que desayunarán también. Una vez que dejó todo acomodado, salió de la sala, y subió un piso más para ir a su lugar de trabajo. Y allí, sobre el escritorio de trabajo, vio un pequeño ramo de flores. Eran rosas inglesas, una de sus flores favoritas. Y apoyado contra el florero de vidrio, había un sobre de color verde esmeralda. Ella se acercó al escritorio, tomó el sobre en sus manos, y lo abrió.

Señorita Avner:
Le pido disculpas por lo ocurrido desde ayer a la mañana hasta la noche. Fue una falta de consideración de mi parte hacia usted. Tiene razón, es solamente mi secretaria personal dentro del horario de trabajo, y no fuera del mismo. Es por eso mismo, que decidí recompensarla con un ramo de flores, espero que las rosas inglesas sean de su total agrado, y la invitación a mi compromiso con Begoña, éste mismo sábado por la noche. La invitación se encuentra dentro del sobre que le dejé. Creo que sería bueno que vaya, quién le dice, y conoce a un hombre interesante esa misma noche.
Sr. Wayland

¿Desde cuándo le interesaba mi vida privada al señor Wayland? Que yo sepa, jamás se había preocupado por mis asuntos amorosos, ¿o me veía demasiado solitaria por tener la edad que tenía? —pensó Venus.

#7

Capítulo 4
Prometida celosa y maleducada

Las rosas inglesas eran un encanto, pero la invitación a su compromiso era desagradable por decirlo así. Venus, no quería ir en lo absoluto, no encajaba para nada en esa fiesta de gala, ni siquiera como ornamento.

Golpeó a la puerta del despacho de su jefe, y la hizo pasar. Ella entró y le habló.

—Buen día, señor.
—Buen día, Venus.
—Le agradezco mucho la recompensa que he obtenido de usted, pero no tenía porqué.
—¿Te ha gustado?
—Sí, gracias, son muy bonitas.
—¿Vendrás el sábado a la noche?
—No lo sé todavía, señor Wayland.
—¿Por qué no vienes? Te divertirás, y puede que conozcas a alguien interesante.
—Con respecto a eso, ¿por qué está tan interesado en mi vida privada? Sinceramente, no necesito que se interese en mi vida amorosa, yo no me meto en la suya y usted no se tendría porqué meter en la mía tampoco.
—No quiero que te molestes conmigo, es porque me gustaría que tengas más vida social, y quiero que conozcas a un hombre para que por lo menos salgas con él y la pases bien.
—Gracias, pero no es de su incumbencia, señor Wayland.
—De nada, considere mi opinión, por favor.
—Sí, seguro, señor —le respondió sarcástica—, ¿necesita algo?
—No, nada, puedes retirarte.
—De acuerdo, cualquier cosa, me avisa lo que necesite.
—Sí, Venus.

Aquel día, luego del día laboral, se llevó consigo el florero con las rosas inglesas, y el sobre verde esmeralda también. Se fue en taxi hasta su casa. Y cuando llegó, su madre vio lo que llevaba en las manos.

—Vaya, ¿y ese bonito ramo de flores?
—El señor Wayland me lo ha regalado.
—¿Y eso, por qué?
—Por haberlo acompañado ayer al viaje, y por haber hecho horas extras que no me correspondían.
—Creo que tu jefe te ha tenido en cuenta.
—Eso creo, mamá, ¿tú, cómo estás?
—Muy bien, querida.
—¿Papá no ha llegado todavía?
—No, telefoneó hace un rato atrás para decirme que llegaba más tarde de lo habitual.
—De acuerdo.
—¿Y ese sobre verde esmeralda?
—Es una nota de disculpas, mi jefe me lo entregó, y dentro está también la invitación a su fiesta de compromiso con la señorita Booth.
—¿Irás?
—No lo sé todavía, no me convence mucho del todo.
—¿Se lo has dicho?
—¿Qué cosa?
—El que no irás a su compromiso.
—Sí, bueno, es decir, le dije que no sabía si iría, y me dijo que esperaba que fuera, porque quizá conocería a un hombre interesante, y terminé diciéndole que no era de su incumbencia mi vida privada, y que no quería que se metiera en lo que no le importaba, así como yo tampoco me meto en su vida amorosa, él no tiene porqué meterse en la mía tampoco.
—Creo que has sido un poco dura con él.
—¿Por qué, mamá? No quiero que se meta en mi vida privada, así como yo tampoco me meto en la suya, que bastante deja que desear, su futura prometida es una arpía manipuladora, lo cierto es, que mi jefe no le lleva el apunte para nada, porque si se lo llevaría, ahí sí que sería un estúpido dominado.
—¿Por qué no quieres ir a la fiesta de compromiso, Venus?
—Tú ya sabes el porqué, no quiero decírtelo nuevamente.
—Yo que tú, iría, para que sepa lo que se ha perdido.
—Jamás fue mío, mamá, la mayoría de los hombres me ven como un suculento pedazo de carne fresca, y para mi jefe ni existo, y mucho menos me considera mujer para él.
—¿Por qué me dices eso?
—Porque lo bueno, es que tengo buenos oídos como para haber escuchado lo que escuché ayer por la tarde.
—¿Qué has escuchado?
—Literalmente, que era muy poca cosa para él, y que jamás me vio, me ve, y me verá como mujer para él, eso se lo dijo bien claro a su socio, el señor Hutson.
—Los hombres pueden decirles muchas cosas a sus compañeros de trabajo de la boca para afuera, querida mía.
—¿Tú crees, mamá? Se lo dijo tan serio que en verdad sentí que se lo decía de verdad, y ni tampoco me hago ilusiones con él, pronto se casará y tendré que olvidarme de él completamente.
—No creo que te lo olvides fácilmente, Venus, un amor como el que me dices que sientes por él, jamás lo olvidarás.
—Lo olvidaré con otro hombre entonces.
—Pues si eso quieres, considera la invitación a esa fiesta, diviértete y conoce a un hombre interesante como él mismo te lo ha dicho.
—En verdad, tienes toda la razón, eso mismo haré, iré a ese compromiso que me ha invitado, y me divertiré y conoceré a alguien sumamente interesante, he dicho.
—Así me gusta verte, animada, feliz, y que te diviertas mucho —le dijo abrazándola y ella la abrazó también.

Su padre, luego de un buen rato, llegó a la casa, y tiempo más tarde se dispusieron a cenar, mientras comían, charlaban de lo que había hecho cada uno en su día laboral y de quehaceres de la casa también.

Desde el día siguiente, que era miércoles hasta el viernes por la tarde, en el trabajo, todo fue muy rutinario. Salvo por el viernes, casi a la hora de cierre del estudio, se le ocurrió a su futura prometida, el presentarse en la oficina de su casi prometido, a los gritos.

Había llegado como una tromba furiosa y había cerrado la puerta con furia y de un golpe en seco. Venus se había asustado ya que ella estaba con él dentro del despacho para que le terminara de firmar unos planos, que tenía que entregar el lunes de la siguiente semana, a más tardar.

—Cada vez que llego aquí, te encuentro con mi prometido, ¿qué se supone que estás haciendo aquí, inepta?
—Frena esa boca Begoña, la señorita Avner vino hasta mi oficina para hacerme firmar unos planos, nada más.
—No lo sé, tengo mis dudas al respecto, y por cierto, termina de firmar rápido esos estúpidos planos y que se largue de aquí, y cuánto antes, mejor.
—Begoña, ¿a qué has venido aquí?
—Vine para que vayamos al salón de fiestas, toda una semana pasó en que me dijiste que me llevarías el martes, y resultó ser que ni de broma me llevaste el martes, te lo dejé pasar, pensando que el miércoles iríamos definitivamente, pero visto y considerando tampoco me llevaste, y desistí el jueves también, así qué, ahora sería ideal el ir, mi madre me está matando a preguntas de cuándo es el día que te dignes a llevarme al salón de fiestas, así mi madre se queda tranquila y comienza a encargar toda la decoración.
—Tu madre no se casará, y tú misma puedes encargarte de la decoración del salón, Begoña.
—Tú sabes bien cómo es mi madre con respecto a esas cosas y a esos detalles, quiere que todo sea perfecto y yo también lo quiero de esa manera, Caden.
—Es un casamiento común y corriente, no somos la realeza.
—Pues para ti puede ser un casamiento común y corriente, pero para mis padres y para mí, es la boda del año, Caden Wayland, y no quiero que se estropee absolutamente nada, y tú, ¿por qué no te largas de aquí? No quiero que pares la oreja en asuntos que no te incumben en lo más mínimo —le dijo soberbia y la joven le dejó los planos restantes sobre su escritorio, y se marchó, cerrando la puerta.
—Estuvo de más lo que le has dicho a la señorita Avner, Begoña, no me gusta que insultes a mis empleados, no tienes ningún derecho a maltratarlos y a faltarles el respeto.
—¿Y por qué no? Seré muy pronto la señora Wayland, y si no me gustan tus empleados o empleadas, simplemente podré echarlos a la calle, al fin y al cabo serían mis empleados también, ¿o no?
—Tú no trabajas aquí, y no trabajas en nada tampoco que se le parezca, no tienes ningún derecho en meterte en mi estudio, y mandar a gente que está a mi cargo, así qué, que no me llegue a enterar que por esas casualidades has intentado echar a alguien de mi estudio, porque te las verás negras conmigo, Begoña, y no te estoy bromeando en lo más mínimo, así qué, será mejor que no te metas en lo que no te importa, y cierra esa boca y si quieres que te lleve a ver el salón de fiestas, pues te sientas, te calles y me esperas.

Y así, lo tuvo que esperar a su prometido, y por más que ella estaba que ardía de rabia por dentro, tuvo que callarse la boca, sentarse como toda una damita y quedarse quietecita hasta que él terminara de firmar los planos que le faltaban.

Cuando terminó con todos los mismos, salieron de su oficina, él se los dejó sobre el escritorio de su secretaria, y la muchacha los acomodó donde pertenecían. Ellos terminaron yéndose del estudio y Venus se quedó terminando de acomodar todo.

AngelMagat
Rango18 Nivel 85
hace casi 4 años

De nuevo excelente la entrada, veremos a ver en qué acaba la historia esta
de la secre y su jefe, espero que bien.
Ah, y muy bien hablado, que se meta en su vida y deje en paz a la chica. Saludos, nos leemos si lo deseas.

SylvieDupuy
Rango11 Nivel 50
hace casi 4 años

@GreenGooses_42 Muchas gracias por gustarte.
Venus no pudo contenerse en callarse la boca, creo que fue algo desubicado lo que su jefe le dijo, no tiene por qué entrometerse en su vida privada, es solo su secretaria.
Saludos, y claro que sí. :)

AngelMagat
Rango18 Nivel 85
hace casi 4 años

Aunque en un futuro quizás ella quisiera ser algo más ¿no?

SylvieDupuy
Rango11 Nivel 50
hace casi 4 años

@GreenGooses_42 Ella tiene pensado estudiar una carrera, así que no es factible que se quede siempre como su secretaria.


#8

Capítulo 5
Compromiso y tristeza

El sábado alrededor de las seis y pico de la tarde, Venus empezó a buscar uno de los vestidos que tenía guardado, pero todos los que tenía eran cortos, y necesitaba uno, prácticamente, largo, ya que la fiesta de compromiso era de gala. Su madre, le tenía una muy bonita sorpresa que iría a estrenar esa misma noche.

—¿Se puede pasar?
—Claro que sí mamá, eso ni siquiera me lo tienes que preguntar.
—Lo sé, pero siempre es muy bueno preguntar antes de invadir tu espacio.
—Tú jamás me molestarás, mamá, ni tú, y ni papá —le confesó, sonriéndole abiertamente, sonrisa que su madre le correspondió también.
—Te he traído una pequeña sorpresa, y hasta creo, opacarás a la prometida de tu jefe con este vestido —le dijo y abrió la caja sobre la cama.
—Mamá, ¿de dónde lo has sacado? Es un Oscar de La Renta original.
—Tu papá y yo decidimos comprártelo para ésta noche.
—¿Por qué? Vale una fortuna este vestido de noche.
—Tú y yo sabemos perfectamente lo que significa tu jefe para ti, Venus.
—Pero eso no tiene nada que ver con el valor del vestido, mamá.
—Puede que para ti no tenga valor monetario alguno, pero queremos que ésta noche la disfrutes y mucho hija, te lo mereces, y yo intuyo que con este lindo vestido de fiesta, más de un hombre clavará los ojos en ti, incluyendo al prometido de esa arpía que tiene por novia —le dijo riéndose a carcajadas y la joven no pudo evitar reírse de su comentario tan irónico también.
—Ay mamá, me haces reír y mucho —le dijo y la abrazó por su cuello, apoyó la cabeza sobre su hombro, y no pudo contener sus lágrimas—, no quiero que se case.
—Lo sé bien, hija, lo sé perfectamente que no quieres que se case.
—¿Por qué tiene que casarse con ella y no conmigo?
—Porque los hombres, la mayoría, no ven lo que tienen frente a sus ojos, y se dan cuenta muy tarde de ello, querida, lo que no entiendo es, ¿por qué no le dices lo que sientes por él?
—No quiero un rechazo por su parte.
—Si no arriesgas, no ganas, Venus, y Caden no es el único hombre que hay en la tierra.
—Pero para mí, sí es el único, mamá.
—Venus... —le dijo y la abrazó fuertemente contra su pecho para que pudiera llorar tranquila y mejor.

Lloró por casi una hora y media más, y cuando se le pasó la angustia, decidió darse una ducha de agua bien caliente, y comenzar a vestirse.

Optó por tener el pelo suelto, con un maquillaje de noche, con una sombra en verde oscuro, y los delineados intensos en negro, y mucha máscara de pestañas. Y lo completó con un labial color piel.

Aros al tono, zapatos de encaje negro, al igual que la parte de arriba del vestido, el cuál, el mismo, tenía dos tiras anchas que estaban en sus hombros, escote recto, y ajustado hasta su cintura, y de allí un cinturón de raso negro, y la falda en color verde esmeralda amplia y con frunces por debajo, que se asemejaban a pequeños pellizcos. Ese efecto que daba, dejaba ver los zapatos, los tobillos y parte de las piernas sin medias de nylon.

Y lo completó con una cartera de mano pequeña de encaje negro también.

—Estás hecha toda una beldad.
—Muchas gracias, mamá, pero no es para tanto —le dijo sonriéndole.
—Es la verdad, y creo que ya es hora de que te vayas a esa fiesta, y cuanto antes mejor.
—De acuerdo, me iré ahora mismo —le dijo dándole un beso en su mejilla, beso que su madre le correspondió.

Venus bajó las escaleras apenas salió de su habitación, saludó a su padre, y le dio las gracias por haberle comprado el vestido.

—Te quiero papá y gracias por todo esto.
—Yo también te quiero, hija, y no tienes que agradecerme nada, tu mamá y yo queremos verte feliz y contenta.
—Pero para eso no tienen porqué gastarse una pequeña fortuna en un vestido como este.
—No fue nada, pero ya vete de aquí, sino llegarás tarde a esa fiesta.
—Sí, papá, hasta luego.
—Que te diviertas mucho, hija —le dijeron los dos, y cuando ella le dio las gracias, salió de la casa, y se metió dentro del taxi que ya la estaba esperando para llevarla a la casa de los padres de su jefe.

IreChan
Rango9 Nivel 40
hace casi 4 años

Me encanta todo!! Estoy deseando seguir leyendo la continuación, espero que sea pronto :) Un saludo!

SylvieDupuy
Rango11 Nivel 50
hace casi 4 años

@IreChan Muchas gracias por haberte encantado hasta donde leiste. :)
Te agradezco mucho que te haya interesado la novela. :)
¡Un saludo para vos también! :)

SheilaMares
Rango9 Nivel 40
hace más de 3 años

Me gusta mucho, no he comentado porque no quería dejar de leer. Begoña es tonta perdida. Buff.

SylvieDupuy
Rango11 Nivel 50
hace más de 3 años

@SheilaMares90 Muchas gracias por gustarte mucho la historia. :)
Begoña dará que hablar.
Un beso, :3


#9

Capítulo 6
Amenazas

Una vez que llegó a aquella inmensa casa de dos plantas, le pagó al taxista, y luego se bajó del auto.

Caminó hacia la escalinata, le abrieron la puerta apenas tocó el timbre, y alguien que no conocía en lo absoluto la invitó al interior de la casa. Llegó sola a la sala donde se estaba llevando a cabo la fiesta de gala del compromiso de su jefe. Y lo peor de todo, era que odiaba ser vista por la mayoría. Pero el color de la falda de su vestido, llamó la atención de uno, luego de un par más, y así sucesivamente, hasta llegar al entorno de su jefe también.

—¿Quién es? —preguntó Begoña.
—No lo sé, no distingo desde aquí, Begoña —le dijo Caden.
—Creo que ha llegado, Venus —le respondió la madre de Caden.
—¿Venus? ¿Quién es Venus? Suena a nombre de estrella porno —acotó su prometida y tanto ella como su fina madre se rieron entre dientes.
—Mi secretaria personal, así se llama, Venus Avner —le dijo su prometido.
—¿Has invitado a tu secretaria a nuestro compromiso? —le preguntó ardida.
—Así es, mis empleados están aquí también, era de poco caballero el no invitarla a ella.
—Sabes perfectamente que tu secretaria no me gusta para nada.
—Lo siento por ti, Begoña.
—Encima, tiene el vestido que tanto estaba queriendo que me compraras Caden, es un Oscar de La Renta el que lleva puesto, y uno muy original por lo que se ve a simple vista, ¿cómo carajo lo consiguió ella y yo no?
—Ni se te ocurra joderme la noche, porque te pongo en tu lugar enseguida, ¿por qué no se lo preguntas a ella dónde lo consiguió y a mí me dejas de joder con pedirme siempre que te compre un vestido, o joya o cualquier estúpida cosa que se te antoja?
—Iré a buscarla —dijo la mamá de Caden.
—Ni se te ocurra Jules —le dijo la madre de Begoña.
—Ve a buscarla, mamá.
—Obviamente que sí la iré a buscar, Caden —le terminó de decir su madre y caminó hacia la joven.
—Buenas noches, señora Wayland.
—Buenas noches para ti también, Venus, ven conmigo.
—De acuerdo, ¿cómo está, usted?
—Muy bien, ¿y tú, querida?
—Muy bien también.
—Le queda pintado el vestido a esa estúpida —dijo entre dientes Begoña y Caden la escuchó.
—¿Qué te pasa, Wayland, se te ha secado la boca o qué? —le preguntó por lo bajo y sarcásticamente, Hutson, dándole un codazo disimulado, para que su prometida y ni muchísimo menos su madre escuchara—, después de todas las veces que la vi en el estudio tan recatada, le sienta muy bien un vestido como ese, ¿verdad, socio?
—Hutson, frénate —le dijo de reojo.
—Ay compañero, compañero, algo me dice que tarde o temprano, te quedarás con ella.
—No digas pavadas, ¿quieres?
—Ni tú mismo te crees lo que has acabado de decirme, tendré casi diez años más que tú, pero en esto soy zorro, y si te digo eso es porque en verdad a la larga, compañero, te quedarás con ella, la que tienes ahora es una niña mimada y caprichosa que sus padres le dan todos los gustos habidos y por haber, y tú vas por el mismo camino, tú también, cosa que pide, cosa que se la compras, y ni tampoco te veo que me digas algo al respecto, Wayland, cuando tendrías que estar insultándome por haberle faltado el respeto a tu futura esposa, Begoña, no te veo que muevas un solo dedo tuyo para saltarme a la yugular como me saltaste varias veces por la señorita Avner.
—Y aquí está la señorita Avner —dijo Jules.
—Buenas noches a todos —les dijo en general.
—Buenas noches —le dijeron los demás también, más que por respeto por cortesía hacia ella.
—¿Dónde has conseguido el vestido? —le preguntó directamente Begoña.
—Mis padres me lo han regalado.
—¿Cómo lo consiguieron?
—¿En la tienda?
—No me gusta para nada tu tono de voz hacia mí.
—Pues a mí tampoco me gusta que me ande preguntando en dónde he conseguido el vestido, es como si insinúa que me lo he robado o algo por el estilo, señorita Booth.
—Esa mocosa me gusta como contesta, tiene una lengua muy afilada por tener la edad que tiene —le comentó Hutson a Caden—, tu Begoña no puede con ella —le decía mientras su prometida, atosigaba a preguntas a Venus.
—Solo quiero saber dónde has comprado el vestido, es un Oscar de La Renta original, el mismo que yo estaba buscando para estrenármelo hoy mismo, cuando fui a la tienda me dijeron que el último que les quedaba se lo acababan de llevar.
—Pues no sé dónde queda la tienda, mi madre se encargó de comprármelo para hoy también.
—Eres una desubicada.
—¿Por qué?
—Por atreverte a poner el mismo vestido que yo tenía intención de comprarme y ponerme para ésta misma noche.
—Que yo sepa, no le veo el mismo vestido que el mío, señorita Booth, y aparte de eso, es un pedazo de tela que cubre el cuerpo, nada más que eso mismo es.
—¿Cómo te atreves a hablarme de esa manera, mocosa engreída? —le preguntó y cuando intentó levantarle la mano, Caden se la sujetó.
—Ni se te ocurra armar una escena, y no creo que te haya insultado en lo más mínimo la señorita Avner, solamente estás ardida porque tú querías el mismo vestido que ella tiene puesto, Begoña.
—Ven conmigo, Venus —le dijo Jules, tomándola de la mano.
—Sí, señora Wayland —le dijo y fue con ella.

Caden terminó discutiendo con su prometida. Y su madre la llevó a un lugar apartado de la multitud.

—Debo confesarte algo, Venus.
—¿Confesarme algo a mí?
—Por favor, tutéame, jovencita, ¿sabes algo? Jamás creí que Caden llegaría a casarse con una mujer como Begoña, es tan arrogante, soberbia y superficial que no la tolero ni un solo segundo, en cambio Caden, es todo lo contrario a ella, siempre creí haberlo criado con valores morales íntegros, que debía de basarse en los sentimientos de las personas y no en sus clases sociales y vínculos de su entorno, pero su padre le inculcó cosas que fueron más allá de mis intentos por querer imponerle diferentes tipos de bases que la mayoría de las personas le inculcan a sus hijos y los mantienen a lo largo de los años.
—No te entiendo, Jules, ¿qué me estás queriendo decir?
—No quiero que Caden arruine su vida con Begoña, no quiero que se case con ella, y tú tienes que hacer algo al respecto, niña.
—¿Yo? ¿Qué tengo que ver yo en todo esto?
—Quiero que le vuelvas a recordar a Caden los valores de las personas por sus defectos y sus virtudes, quiero que Caden vuelva a ser él mismo y si te estoy diciendo todo esto es porque creo en ti, y creo que si lo ayudas, con el tiempo llegue a quererte.
—Tu hijo es solamente mi jefe, no puedes pretender algo más que un simple trato laboral, Jules.
—Mira, yo también conocí a un hombre que era así, y le enseñé nuevamente los valores y los sentimientos verdaderos de las personas, de él mismo y de mi misma también, y al hombre que le enseñé todas esas cosas que tenía en su interior y dentro del mío, fue a su padre a quién se los enseñé nuevamente, pero no sé porqué su padre desde hace tres años que convenció a Caden de tener una relación con Begoña, y más adelante terminar casándose con ella también, y a mí esa familia no me gusta, empezando por Begoña misma, ella es la niña mimada y caprichosa que podría llegar a odiar cualquier mujer que tenga siquiera dos dedos de frente, su madre es tan o más obstinada y superficial que su propia hija, y su padre es el que les da todos los caprichitos a su esposa e hija, y Caden va a terminar sufriendo las consecuencias si termina casado con ella.
—No puedo hacer nada, Jules, no está en mí hacer tales cosas, no quiero perder mi trabajo, estoy conforme en donde estoy y me siento segura en el estudio de tu hijo, pero más de eso, no puedo hacer nada más.
—Eres una gran jovencita, Venus, y hubiera deseado que mi hijo te conociera de mucho antes de ponerse de novio con Begoña, para así haber tenido la posibilidad de poder conocer al verdadero Caden Wayland y no al hombre que se convirtió gracias a su padre.
—Yo lo encuentro agradable a tu hijo, Jules.
—Lo sé, desde el día en que te conocí, supe que habías quedado fascinada con mi hijo.
—Y eso es lo que más tristeza me da —le dijo recargando todo su peso en la baranda de la terraza de atrás—, no puedo perder mi trabajo, no puedo decirle nada, tengo miedo, y no quiero que se ría de mí tampoco, no soportaría su rechazo y desprecio —le terminó de decir y antes de que ella volviera a responderle algo más, su hijo llegó donde estaban las dos.
—¿Qué hacen aquí ustedes dos?
—Nada, hijo, estábamos charlando un poco.
—Ya es hora de realizar el compromiso, mamá.
—De acuerdo, ahora mismo iremos las dos.
—Está bien —le dijo, y a Venus ni siquiera la miró.
—Creo que me he dado muy cuenta que mi hijo te ignora por completo, Venus.
—Sí, Jules, puede que para algunos hombres tenga una cara bonita y un buen cuerpo, pero no para él.
—Si quieres a mi hijo como me estoy dando cuenta ahora mismo, ¿por qué no te arriesgas por él?
—Porque él no se arriesgaría por mí, en lo absoluto, Caden no me ve como mujer para él, y yo se lo respeto, y será mejor que vayamos adentro, de lo contrario volverá a buscarla por tardarse tanto, se supone que tú y yo no tenemos que hablar en lo absoluto de ésta clase de temas personales, y no quiero tener problemas con tu nuera por esto.

Ambas volvieron a la sala sin decirle nada más a Venus. Y a continuación se oficializó el compromiso de su jefe con su novia de hacia tres años atrás.

La joven, se quedó casi por detrás de algunas personas, no quería presenciar aquel beso que él le daba a ella. Y prefirió verlo desde una distancia prudencial.

#10

Luego, se acercó a los recién prometidos en matrimonio y los felicitó a ambos. No obstante, ella se acercó a la barra de bebidas para tomar algo. Se sentó y le pidió al bartender que le sirviera una gaseosa.

—Hola, belleza —le dijo Hutson, apenas se sentó a su lado, y ella intentó bajarse del asiento y salir de allí—, quédate, por favor —le contestó reteniéndola de su muñeca.
—¿Qué quiere, señor Hutson?
—¿Por qué tienes esa cara de preocupada y de tristeza?
—No tengo ninguna de esas dos caras.
—No me puedes mentir, esos inocentes ojos tuyos no pueden mentirme en lo absoluto, el pelmazo de Wayland terminó de cometer el peor error de su vida.
—No sé de lo que me está hablando.
—Tú sabes perfectamente de lo que te estoy hablando, Venus, no te hagas la tonta conmigo.
—¿Qué quiere de mí, entonces?
—No quiero nada de ti, puesto que ya me di cuenta que tus ojos siempre estuvieron en Wayland, pero quiero que seas más despierta y lo conquistes.
—Creo que se ha desubicado, señor Hutson, no tengo intenciones de conquistar a alguien que jamás me vio como solamente una secretaria personal de su estudio de arquitectos, no voy a perder el tiempo con él en conquistarlo o cuánta cosa crea posible señor, soy realista y jamás encajaré para él.
—Con el tiempo, el tonto de mi socio se dará cuenta de lo que se perdió, lástima que cuando se de cuenta de su tremendo error será demasiado tarde ya, como para volver el tiempo atrás.
—¿Por qué me dice esas cosas justamente a mí?
—Porque no soporto a Begoña y porque Wayland se está convirtiendo en un imbécil cobarde.
—Y yo no puedo hacer nada por él, es su vida privada y solamente él tiene que preocuparse por eso, y me extraña que hasta ahora no se me haya insinuado o dicho cosas.
—Eres demasiado seria en el trabajo.
—Es por eso mismo que trabajo, no estoy para insinuaciones de ningún tipo y de ningún hombre tampoco, hago el trabajo de una perfecta secretaria personal de su jefe, no pretenderá que me ría en el trabajo.
—Jamás ha venido mal el reírse en un trabajo, y yo creo que a usted le hace falta picante en su vida.
—No creo que más que usted.
—No, ya lo creo que no, me bastó cuando me echó pimienta de su aerosol, estás fuera de tono en cuestión de frases insinuantes, no te tienen porqué dar asco, hay muchos hombres que les dicen esa clase de piropos a mujeres hermosas como tú.
—Pues yo soy la excepción a la regla, no tolero piropos de ese tinte de tono subido de libidinosos.
—Bueno, digamos que empecé con el pie izquierdo, ¿verdad?
—Yo creo que sí, señor Hutson.
—Me gusta lo directa y sensata que eres mocosa, esa lengua afilada que tienes te llevará muy lejos, vi la manera en cómo te le plantaste a Begoña, esa descarada y frívola se quedó bastante calladita cuándo le dijiste lo que era justo en ese preciso momento, Wayland tuvo dos dedos de frente cuando te ascendió a que seas su secretaria personal, celebro eso mismo, pero fue un pelmazo cuando se involucró con Begoña y toda su familia de ricos ineptos.
—No soy quién para opinar sobre su vida privada, solamente hago mi trabajo y me paga cada mes por eso, más de ahí, no me puedo meter en lo absoluto.
—Te respeto eso que me has dicho, Venus, pero por otra parte estoy en desacuerdo contigo, muchacha.
—Lo sé, pero no me importa en lo más mínimo a decir verdad —le terminó de decir mientras levantaba sus hombros y los volvía a bajar.
—¿Qué hacen ustedes dos aquí? —les preguntó Caden—, me es increíble que ustedes dos hablen tranquilos sin intercambio de palabras fuera de lugar —les dijo riéndose abiertamente.
—Creo que la señorita Avner y yo tuvimos una amena charla para aclarar nuestras diferencias y mis piropos subidos de tono hacia ella también, y tú deberías de charlar un poco más con tu respetable secretaria —le contestó y ella casi abrió los ojos desmesuradamente.
—No tiene porqué hablar conmigo el señor Wayland, hay muchas más personas en su casa, no soy importante como para que quiera hablar conmigo.
—Si no quieres hablar conmigo, por lo menos, acéptame el baile.
—¿Por qué? —le preguntó confundida.
—¿Por qué? Pues, porque tengo ganas de bailar contigo.
—Vaya, hasta que ha llegado el momento de que tutees a tu secretaria —comentó Hutson—, perfecto entonces, vaya a bailar con su jefe, señorita Avner, lo necesita —le dijo, guiñándole un ojo en complicidad solamente para ella.

Venus y Caden, fueron con los demás a la pista improvisada de baile, y bailaron como dos personas que ya se conocían desde hacia años, un lento conocido.

Lo que más le sorprendió, fue la fuerza y la suavidad a la misma vez con que la tomó en sus brazos y con soltura la llevaba por toda la pista de baile.

—¿Quién es la mujer que baila con nuestro hijo, Jules? —le preguntó su marido intrigado.
—Venus, su secretaria personal, Bill.
—Jamás lo vi de esa manera a Caden.
—¿Así cómo, querido?
—Mírale la cara y te darás cuenta de algo que jamás tuvo cuando está con Begoña.
—Jamás fue el Caden que solía ser desde el momento en que se mezcló con Begoña. Bill, por favor, recapacita y pídele a nuestro hijo que cancele la boda, te lo suplico, no permitas que le arruinen su vida, no le arruines la vida a nuestro hijo haciéndolo casar con una mujer que jamás quiso y amó.
—No se puede volver atrás, Jules, todo está arreglado para su boda con Begoña el mes entrante, no quiero que te opongas a esto, querida, siempre he querido que nuestro hijo sea una parte importante de esa firma de arquitectos que tiene el padre de Begoña.
—Nuestro hijo ya tiene hecho su propio camino, Bill, no puedes pensar de esa manera tan cerrada, tú no pudiste entrar en su momento, y tu hijo tampoco tendría que serlo, tendrías que pensar perfectamente la felicidad de tu hijo por encima de todos los proyectos y trabajos que se te presenten, no quiero ver a mi hijo atado a una mujer que solamente lo quiere por lo que le dará monetariamente, si no por el amor que le proporcionará, jamás pensé que llegarías a arruinar la vida de tu propio hijo, Bill.
—Mira Jules, Caden estuvo de acuerdo en esto también.
—Lo sé bien eso, y lamento muchísimo que a pesar de todas las cosas que le inculqué de chico, haya salido con los mismos pensamientos y actitudes que las tuyas, tú mismo le has impuesto cosas que no están para nada bien para personas que tienen por lo menos dos dedos de frente.
—Lo siento, Jules, pero así son las cosas, y así se quedarán, no permitiré que ninguna mujer lo saque del camino en donde lo metí a Caden, es muy poca cosa para él esa secretaria suya.
—Tú solías decir lo mismo de mí, Bill, sin embargo terminaste casándote conmigo.
—Eran otros los tiempos, y eran otras muy diferentes las circunstancias, no vuelvas a decirme una cosa así, mujer.

Se alejó de su esposa, para acercarse a donde estaban su hijo y la joven, bailando.

AngelMagat
Rango18 Nivel 85
hace casi 4 años

El socio piensa lo que pensé yo, pero al parecer ambos estamos equivocados pues la idea de Venus es otra muy distinta. Desde luego sabes mantener el interés, eso está más que claro, un beso.

SylvieDupuy
Rango11 Nivel 50
hace casi 4 años

@GreenGooses_42 La idea de Venus es olvidarse de su jefe y hacer una vida lejos de él.
El socio quiso salir con ella, pero como vio que Venus no le dio ni siquiera la hora, desistió y está haciendo fuerza para que ella abra los ojos y luche por Caden, pero el padre de su jefe me parece que tiene otros planes para su hijo y la secretaria.
Muchas gracias por pensar que mantengo el interés de la historia.
Un beso. :)


#11

—¿Me dejas bailar unos minutos con tu secretaria, hijo?
—Sí, padre, no hay problema —le dijo y la dejó con él a solas.
—¿Se divierte, señorita?
—Sí, señor Wayland.
—Ya lo creo que sí, estaba muy divertida usted con mi hijo, parece que se llevan perfectamente, ¿verdad?
—Eso creo, señor.
—Y solo espero que no intente hacer nada que perjudique el futuro casamiento de mi hijo con su prometida, ¿ha comprendido usted, señorita? No permitiré que ninguna mujer y ni muchísimo menos usted, atrase esa boda o se interponga en la vida amorosa de Caden, ¿comprendido, señorita?
—Sí, señor, comprendido, y despreocúpese señor, jamás podría interponerme en la vida privada de su hijo, tengo muy en claro mi lugar en el trabajo, no pretendo atrasar nada y no pretendo intentar cancelar nada de lo que ya se viene anunciando desde hace meses atrás.
—Perfecto entonces, veo que no necesito decirle o refrescarle nada en lo absoluto, es una secretaria muy eficiente, señorita —le dijo apretando un poco de más su mano—, y sería bueno, que cuando termine de bailar conmigo, se vaya de la fiesta.

Y así fue, apenas terminó la balada, se acercó a Jules, para saludarla, solamente a ella.

—Jules, gracias por todo, pero me voy.
—¿Ya te vas, Venus?
—Sí, la he pasado muy bien, pero ya es muy tarde.
—Recién son las doce y media de la noche.
—A ésta hora yo casi estoy dentro de la cama —le respondió casi riéndose.
—Espera, que le aviso a Caden que te vas.
—No, no le digas nada, por favor.
—Está bien, muchacha, no le diré nada.
—Muchas gracias, hasta pronto, y me alegro mucho haber vuelto a verte, y muchas gracias por todas las bonitas cosas que me has dicho.
—No tienes que agradecerme nada, sabes cuánto te aprecio, querida —le dijo y la joven le dio un beso en su mejilla, beso que Jules le correspondió también.

Venus, salió de aquella sala, abarrotada de invitados, y por último esperó a un taxi en la entrada de la inmensa casa, puesto que lo había llamado desde hacia muy pocos segundos atrás.

—¿Ya te vas, Venus? —le preguntó el señor Hutson.
—Vuelva a la fiesta, señor, no quiero que se pregunten donde usted está, de lo contrario sabrán que yo me he ido.
—Está abarrotada de gente, casi ni se puede charlar y caminar tranquilamente, me parece muy extraño que ya se vaya cuando minutos antes estaba tan divertida usted con Caden, ¿acaso le ha dicho algo su padre?
—No es de su incumbencia.
—Ya veo.
—Si lo quiere saber, no tengo más nada que hacer ahí dentro, ya he ido a saludarlos, y a felicitarlos también cuando oficializaron su compromiso delante de todas esas personas.
—¿Debo creer que le tiene miedo al padre de Caden? No se deje manipular por un hombre cascarrabias como lo es Bill, siempre ha querido salirse con la suya, siempre ha querido manipular a las personas, ya sean su esposa, su hijo y hasta con usted misma, señorita Avner, y ya va siendo hora y momento de que alguien se le plante frente a él, y decirle todas las cosas que una persona piensa de él, su arrogancia, su soberbia y su codicia lo están llevando a extremos impensables, así qué, no se tiene porqué asustar por cosas que seguramente le habrá dicho a usted mientras bailaba con él.
—Es irónico, todo esto me recuerda a la historia de Romeo y Julieta, con la pequeña diferencia que Romeo ni siquiera siente un mero me gustas por mí, buenas noches, señor Hutson —le dijo, bajando las escaleras principales de aquella enorme casa para entrar al taxi en el asiento trasero y alejarse.
—Hutson, ¿qué haces aquí? —le preguntó Caden, apenas salió de la casa—, ¿quién es la que se acaba de ir de la fiesta?
—Tu secretaria, Wayland, acaba de irse Venus —le dijo, y éste subió las escaleras para entrar a la casa nuevamente.

Caden, se quedó unos minutos más allí fuera, en el descanso de las escalinatas de la casa de sus padres, con los puños bien cerrados, y mirando cómo el taxi junto con ella dentro, se iba alejando cada vez un poco más de su lado.

#12

Capítulo 7
El inminente casamiento

Dos días después, más precisamente el lunes, luego de vestirse y maquillarse muy natural, y haciéndose un rodete y perfumándose, salió de la habitación, bajó las escaleras y se dispuso a prepararse el desayuno.

Llegó como siempre, minutos antes del horario habitual de trabajo, después de desayunar tranquilamente en su casa. Dejó todo acomodado y fue hacia el piso siguiente, el cuál le correspondía.

Y no pasó tanto tiempo, en que su jefe, quién ya estaba allí, la llamara a su despacho para encargarle algo.

—Buen día, señor Wayland.
—Buenos días, Venus.
—¿Necesita algo de mí, señor?
—Sí, ¿quiero saber por qué te fuiste el sábado a las apuradas?
—Estaba cansada, me había levantado muy temprano el sábado, y me estaba cayendo del sueño.
—¿En serio? No te vi demasiado somnolienta.
—Suele agarrarme de repente el sueño, señor Wayland.
—Mira tú.
—¿Algo más se le ofrece?
—No, nada más Venus, puedes retirarte ya.
—De acuerdo, con su permiso.
—Ve tranquila.

Y así, pasaron los días, las noches, y las siguientes semanas también. Y cada día que pasaba, se acercaba un poco más el día de su boda junto con Begoña. Venus, por su propio bien, y para no seguir pensando en algo que ya no tenía caso, prefirió anotarse en la universidad, para realizar el curso de verano para los exámenes y poder ingresar a la carrera de decoración de interiores, eso implicaba renunciar al estudio de arquitectura, ya que iba a instalarse en otra ciudad. Y prefería eso, antes que seguir viéndolo y saber que estaba felizmente casado con Begoña.

Ya desde hacia días atrás, lo había hablado con sus padres, y decidieron apoyarla en la decisión tomada, era lo mejor. Ciudad nueva, trabajo nuevo, estudios nuevos también, y quizá una vida social más acorde a lo que ella era en verdad.

Los días pasaron, y con los mismos, la noche de su boda por iglesia.

Venus, se puso un sencillo vestido largo, de color dorado, de breteles muy finos y escote en la espalda. Era sencillo, pero precioso a la misma vez. Accesorios al tono, cartera de mano, zapatos de taco altos, y maquillada muy natural, salvo por la sombra dorada que había decidido colocarse.

—¿Irás al final, cariño?
—Sí, mamá, me lo ha pedido.
—Te ha pedido tantas cosas, y tú se las has concedido a todas que jamás se dará cuenta lo indispensable que eres tú para él.
—No soy indispensable para él, mamá —le contestó sonriendo sutilmente—, fácilmente puede conseguirse a una más competente que yo y listo, asunto arreglado y todo el mundo contento, ya igual el lunes de la semana que viene dejaré de trabajar para él, y me iré a otra ciudad.
—Tú y tus decisiones, Venus.
—Sabes que pueden venir a visitarme cuando quieran, el departamento está muy cerca de la playa, así qué, de vez en cuando bien pueden darse una escapadita a donde estaré viviendo.
—Lo sé, preciosa, pero hasta que tu papá no salga de vacaciones o no decida cuándo querrá tomárselas, no te avisaré.
—De acuerdo, mamá —le dijo dándole un beso en su mejilla, y ella le dio otro beso.

Venus, había llegado a la iglesia cuando su jefe dio el sí y todo su mundo se vino abajo, se le llenaron los ojos de lágrimas, y se le cayeron un par. Cuando la ceremonia nupcial terminó, los novios caminaron por la alfombra roja hacia la salida de la iglesia, Begoña se veía perfecta, y la palabra perfecta le quedaba demasiado chica para su personalidad, y su carácter. Estaba mucho más que sonriente, contenta y feliz por demás, en cambio Caden, se veía como el perfecto y atractivo muñeco de la torta de bodas, pero su rostro y sobre todo sus ojos verdes, estaban apagados, sin brillo y a la joven le sorprendió verlo de aquella manera.

Él, giró su cabeza, y allí la vio, ataviada en aquel vestido dorado y ajustado a su cuerpo. Y ella en silencio pronunció un felicidades jefe, con su mejor sonrisa falsa, y él le dijo muchas gracias en silencio también.

Para ser sincera consigo misma, no pudo quedarse en la fiesta de casamiento. Pero cuando saludó y felicitó a Jules, ella le pidió por favor que se quedara, que lo haga por su hijo. Y la joven no pudo negarse.

Después de unas cuatro horas y algo más, decidió irse de la fiesta. Y sin despedirse de él, salió del salón, escabulléndose entre la multitud de invitados.

El domingo, la muchacha preparó todas sus cosas para empaquetarlas en cajas y llevarlas al departamento donde se quedaría mientras durara la carrera de decoración de interiores.

Todas aquellas cajas las mandó a través de un camión de mudanzas hacia el departamento que había alquilado por adelantado en Newport.

Y el lunes mismo de aquella semana, le entregó la carta de renuncia a la madre de su jefe.

—Buenos días, Jules, perdóname la indiscreción de haber venido hasta tu casa, pero me gustaría que le entregaras éste sobre a tu hijo.
—Buenos días, Venus, ¿no se supone que debes de estar en el estudio?
—Sí, se supone, pero no iré.
—¿Por qué no?
—El sobre contiene dentro, mi carta de renuncia, y otra nota para él también.
—¿Por qué?
—Quiero seguir una carrera que no está en ésta ciudad, decoración de interiores, y me voy a vivir a otra ciudad por el tiempo que dure la carrera.
—Esa carrera sabes perfectamente que está aquí también en Kansas.
—Tú me entiendes, Jules y sabes bien porqué me voy de aquí.
—Lo sé, pero creo que estás cometiendo un tremendo error, cariño.
—No sé eso, pero no puedo quedarme en el mismo lugar que él, me mata verlo, y solo quiero que le entregues el sobre cuando lo veas, por favor.
—Sí, lo haré, Venus, no te preocupes por eso, ojala y espero volverte a ver muy pronto, niña.
—Gracias, lo mismo digo, espero verte pronto, pues bien, creo que ya es hora de irme, mi vuelo sale dentro de una hora y media, y he salido de casa atrasada, hasta muy pronto —le dijo, abrazándola fuertemente contra ella.
—Hasta muy pronto, preciosa.
—Y muchas gracias por haberme tenido el aprecio intacto desde el momento en que me has conocido —le dijo sujetando sus manos entre las suyas, mirándola a sus encantadores ojos y a Venus se le aguaron los ojos y se le hizo un nudo en la garganta.
—De nada, querida, ojala que encuentres a un hombre que te valore y te merezca, tienes todo para darle a esa persona especial, lo único que lamento es que el sábado no hayas sido tú la que se casaba con mi hijo.
—Por favor, no me digas esas cosas, si Caden es feliz, yo soy feliz también, por más que me duela saber que está casado con otra mujer que no sea yo.
—Será mejor que te vayas ahora mismo, Venus, si no perderás tu vuelo.
—Sí, lo sé, gracias por todo una vez más, y hasta muy pronto, Jules.

Se saludaron nuevamente con un beso en sus mejillas, y ella se subió al taxi que la estaba esperando.

Dos horas después, cuando la joven estaba volando hacia Newport para una nueva vida, diferente a la que había dejado en Kansas, su madre llamó de inmediato a su hijo.

—Caden, ¿podrías venir a la casa?
—De acuerdo, mamá, ¿qué ha pasado?
—Nada, pero necesito entregarte algo muy importante.
—Está bien, ha tocado el horario del almuerzo, en unos minutos estoy por ahí.
—Bueno, cariño, ven pronto.

Y media hora después, llegó a la casa de sus padres, y sin esperar un segundo más, su madre, le entregó un sobre blanco.

—¿Qué es?
—Me lo ha dejado en mis manos hace más de dos horas atrás, Venus.
—No…

De inmediato lo abrió sin perder el tiempo, y primero sacó la carta de su renuncia y luego la nota de puño y letra que iba dirigida hacia él.

Señor Wayland:
No soy buena redactando cartas, y peor soy para las despedidas. Lo que más lamento es no habérselo avisado mucho antes para que por lo menos se consiguiera una mejor y más eficiente secretaria personal que yo. Sé perfectamente que no soy indispensable para usted. Así qué, ahora tiene la posibilidad de poder conseguir a la secretaria perfecta que siempre ha querido, y por mi culpa no pudo. ¿Lo recuerda? ¿La manera en cómo le había insistido en que me diera el puesto desde ser la chica que hacia los encargos hasta terminar siendo su secretaria personal? Pero no creo que lo recuerda en lo más mínimo. Estos tres años que han pasado ya, me han enseñado a respetarlo como mi superior y como hombre también. Decidí irme del trabajo y de la ciudad desde hace bastante tiempo atrás, apliqué en una universidad, me aceptaron y tendré que hacer el curso de verano. Y si apruebo todos los exámenes, pues, me quedaré a vivir aquí. Le agradezco todo lo que ha hecho por mí, señor Wayland. Siempre le estaré sumamente agradecida por todo, por absolutamente todo.
Jamás lo olvidaré, señor.

No hacía falta quién escribía la carta. Terminó de leerla, y miró a su madre con lágrimas en sus ojos.

—Se ha ido y jamás volverá aquí.
—Caden, hijo mío, jamás te he visto así, ¿por qué lloras?
—Venus sí era indispensable para mí.
—¿Por qué nunca se lo has dicho?
—Porque era una más de mis tantas empleadas del estudio de arquitectura.
—Lo siento, hijo, pero ya no se puede volver atrás —le dijo su querida madre, y le dejó un sabor amargo a su boca apenas escuchó aquellas verdaderas palabras.

Y al terminar de escuchar aquellas palabras por su madre tan sinceras, se dio cuenta del tremendo error que había cometido. Pero ya era demasiado tarde para todo.

IreChan
Rango9 Nivel 40
hace casi 4 años

Oh, Dios mio! No! Quiero que vuelva o que él vaya a buscarla! Espero poder leer pronto la continuacion :) Un saludo.

SylvieDupuy
Rango11 Nivel 50
hace casi 4 años

@IreChan Muchas gracias por tu comentario. :)
Vamos a ver qué pasa en la siguiente parte.
Un beso. :)

SheilaMares
Rango9 Nivel 40
hace más de 3 años

Hombres... Y ¿qué pretendía? Quería estar con las dos o ¿qué? Pobre chica.

SylvieDupuy
Rango11 Nivel 50
hace más de 3 años

@SheilaMares90 Venus no habría aceptado nunca que Caden estuviera con las dos, pero entendió que su jefe prefiere vivir de apariencias.
Un beso, :3


#13

Capítulo 8
Vacaciones

Un mes y medio después, el matrimonio de Caden se vino abajo, Begoña lo abandonó, llevándose consigo parte de un dinero que él había recaudado, para unas próximas obras a realizarse, y días posteriores a ese episodio, su madre le aconsejó distraerse por completo.

—¿Por qué no te tomas unas vacaciones? Las necesitas y mucho, y con respecto a Begoña, siempre he sabido que tarde o temprano te haría algo así, pero tú y tu padre siempre estuvieron de acuerdo en realizar cosas dictadas por sus mentes y no por sus corazones, y le pedí encarecidamente a tu padre que te dijera que cancelaras esa boda, pero jamás me ha escuchado.
—Como yo tampoco escuché a Hutson cuando me decía que me iba a arrepentir de haberle dicho todas esas palabras a Venus.
—¿Qué clase de palabras le has dicho Caden?
—Le dije a Hutson que jamás me fijaría en ella como mujer, y que la señorita Avner era demasiado sencilla también.
—En cambio yo la encontraba encantadora para ti, hijo, Begoña jamás me había gustado para ti, pero cuando conocí por primera vez a Venus, sus ojos me indicaron que era una mujer de confianza, íntegra, segura de si misma y llena de dulzura e inocencia.
—Siempre la había visto como una mujer recatada, no soportaba los piropos subidos de tono de Hutson, tal es así, que una mañana terminó echándole aerosol de pimienta en sus ojos porque le dijo que tenía un muy buen trasero con la falda que llevaba puesta esa mañana, tan apretada a su cuerpo, siempre trabajaba y hacia las cosas con profesionalidad, y parecía muy aburrida por todo.
—Las mujeres más recatadas, serias, y aburridas son las que mejor escondidos tienen sus secretos, esconden una pasión innata y un amor sincero también, y Venus no es la excepción a esas reglas tampoco, Caden, jamás quisiste acercarte más de la cuenta a ella por miedo a que te quemaras, y es por eso mismo que el que no arriesga no gana, querido, y esa frase sí que la tendrías que saber al pie de la letra, así qué, ¿por qué no te vas de vacaciones? Te despejarás del todo.
—Tienes toda la razón, mamá, me iré de vacaciones, es más, me iré a Newport, donde está la casa cerca de la playa.
—Me parece perfecto, has tomado una excelente decisión, ¿y cuándo piensas irte?
—Si consigo pasaje para hoy, pues hoy me iré, así qué, si papá pregunta por mí, dile que no se preocupe por el estudio, le pediré a Hutson que me reemplace por tiempo indeterminado.
—Está bien.

Tres horas después, Caden estaba volando hacia Newport. Pasadas las horas, cuando llegó se instaló en la casa que había diseñado, cerca de la playa. Y acomodó todas sus cosas dentro de la habitación.

Su esposa jamás lo había tratado con cariño, pero sí, con un cariño tan fingido que daba asco. Los meses y medio de matrimonio había sido un completo caos, con gritos y peleas, y él siempre terminando por acceder a que todo se haga como ella lo quería siempre. Él comprándole algo, y ella sonriendo por obtener lo que quería. No había salidas al cine, ni cenas en la casa de vez en cuando. Siempre era estar cenando fuera, o en la casa de algunos amigos de ella, porque así lo quería y así se debía de hacer. No había nada que un matrimonio normal haría, y eso en parte, Caden lo deseaba. Deseaba tener el mismo matrimonio que el de sus padres, que aunque tenían peleas, siempre salían adelante, y pasaban el tiempo juntos, en cualquier parte, cenaban juntos sin otras personas a su alrededor, se divertían juntos, viajaban juntos, y paseaban también. Eran amigos, y se notaba que había mútua confianza, una amistad y una confianza que jamás había tenido con Begoña. Pero que en parte, la confianza, sí la había tenido con una mujer, con Venus.
Se recostó sobre la cama, y terminó por quedarse dormido, lo necesitaba, y necesitaba también despejarse y sobre todo, relajarse. Begoña había resultado ser un caso perdido, y una mujer que solamente lo había querido por conveniencia y ambición. Y reiteradas veces, había terminado por pensar que quería más su dinero que a él mismo.

Psychopath_911
Rango7 Nivel 30
hace casi 4 años

No sé como empecé a leer tu historia, y cuando vi la cantidad de cajas pensé que no lo leería todo y terminé leyéndola de corrido jajaja y el plus fue que acabas de subir una nueva caja. Hoy es mi noche de suerte, me gustó demasiado.
Veo a la lejanía un hermoso final feliz, espero que tenga razón.

SylvieDupuy
Rango11 Nivel 50
hace casi 4 años

@Psychopath_911 Te agradezco mucho que te haya llamado la atención mi historia y sobre todo que a medida que avanzabas en los capítulos, no te aburrías.
Muchas gracias por haberte gustado mucho.
Es posible que sea verdad lo que escribiste a lo último. :)
Un beso. :)

SheilaMares
Rango9 Nivel 40
hace más de 3 años

Y sigo enganchada. Que bien que dejo a esa bruja de Begoña, que mal me cae.

SylvieDupuy
Rango11 Nivel 50
hace más de 3 años

@SheilaMares90 Muchas gracias por seguir enganchada a la novela.
En realidad, Begoña lo dejó llevándose consigo el dinero que había ahorrado.
Vamos a ver qué pasa entre ellos ahora.
Un beso, :3


#14

Capítulo 9
Un encuentro inesperado

Caden se desperezó alrededor de las cinco de la tarde, en donde se lavó la cara, se arregló un poco el pelo, y salió a caminar, por la playa con rumbo al centro de la ciudad. Se dirigió a una cafetería con idea de merendar algo, ya que no había almorzado. Al entrar, se sentó en la terraza del lugar, la cuál daba a la playa.

La joven mujer que estaba detrás del ventanal, se sorprendió al verlo.

—¿Me harías un favor? —le preguntó al joven que trabajaba junto a ella.
—¿Qué quieres?
—¿Atenderías al hombre que acaba de llegar?
—¿Por qué? —le preguntó mirándolo—. Es de buen ver.
—Sí, sí. Solo atiéndelo, ¿sí?
—Tendrás que cubrirme en algún horario.
—Sí, lo que quieras, Malcom.

Su compañero de trabajo, la cubrió, y ella se dedicó a atender las mesas del sector interno. Minutos antes de las siete de la tarde, su turno había acabado, y estaba pronta a salir.

El hombre que ella no quiso atender, se había quedado todo aquel tiempo, pensando y meditando lo que haría a partir de aquel momento en adelante. Se levantó de la silla, y dejó propina.

Desde hacía media hora atrás, sabía bien quién era la persona que estaba atendiendo dentro de la cafetería, y por eso mismo, aprovechó en salir al mismo tiempo que ella. En la calle siguiente, la abordó.

—Venus.
—¿Caden? Digo, señor Wayland.
—Puedes decirme Caden si quieres. Veo que trabajas aquí.
—Sí, así es.
—¿Preferiste trabajar aquí antes que ser mi secretaria?
—Sí ha leído la carta, sabe bien que apliqué en la universidad de aquí.
—Esa no es excusa. En Kansas tienes una universidad que tiene la carrera que querías.
—¿Es una indirecta? —le preguntó mirándolo atentamente a los ojos.
—Digamos que sí —le dijo, cruzando los brazos.
—Creo que no tengo nada que hablar con usted.
—¿Eso crees? Tenemos que hablar y lo sabes bien.
—No tenemos nada de qué hablar, no tengo por qué darle explicaciones del porqué trabajo aquí, supo que vine por estudios. Usted no sé qué hace aquí.
—He venido para despejarme. Y ya que te encuentro aquí, me gustaría hablar contigo.
—¿De qué quiere hablar?, porque creo que no tenemos nada que decirnos. Era solo mi jefe. Y se me está haciendo tarde.
—¿Tienes que ir a alguna parte?
—Tengo que cursar.
—¿A qué hora sales?
—Tarde.
—¿No me lo puedes decir?
—A las once.
—¿Puedo esperarte?
—Yo prefiero que no me espere.
—¿Por qué no, Venus?
—Porque no quiero tener problemas con su esposa, y porque no tenemos nada que hablar. Me fui de su estudio por una carrera aquí, no puede pretender que le siga obedeciendo.
—Te aseguro que no tendrás problemas con ella, y solo quiero charlar contigo, porque quiero saber cómo estás.
—Me acaba de ver, estoy bien y trabajando, y ahora, necesito ir a clases.
—¿Puedo pasarte a buscar por la universidad? Siento que me estás evitando y me gustaría saber el porqué. No eras así en el estudio.
—Lo siento, no era mi intención ser así con usted.
—¿Puedo ir a buscarte?
—Está bien, señor Wayland.
—Gracias.
—Ahora me tengo que ir, estoy llegando tarde a la clase, nos vemos luego.
—Hasta pronto —le dijo él, y ella se giró para seguir caminando.

Venus no podía creer que su ex jefe estuviera allí también. Había puesto su mente en otras cosas más importantes y ahora, volver a verlo en la misma ciudad en la que ella estaba, había sido todo en vano. Porque volvió a recordarlo tal cuál era en el estudio de arquitectura.

Jamás pudo concentrarse en las dos clases que tuvo aquella noche, y le intrigaba saber el porqué estaba en Newport también.

Había salido un rato antes de la última clase de la noche, y vio a lo lejos, que su ex jefe la estaba esperando en la entrada de la universidad.

—Buenas noches —le contestó, él.
—Hola.
—¿Quieres ir a cenar? Sé de un restaurante cerca de aquí.
—¿No tiene que estar en su casa?
—No, no te preocupes. Yo no he cenado aún, te estaba esperando.
—Yo... bueno, lo acompañaré.

A pocas calles de allí, se encontraba un restaurante, en aquel horario no había mucha gente, y él la hizo pasar primero. Se ubicaron en una mesa que daba a un amplio ventanal y esperaron en silencio para que los atendieran.

Luego de que ordenaran y esperaran sus platos, mantuvieron el silencio, Venus miraba las luces de la ciudad a través del ventanal, y él la miraba a ella.

—¿Me vas a decir porqué te viniste casi hasta la otra punta del mundo?
—Por estudios.
—Esa no es una explicación, Venus.
—Para mí, sí.
—Me gustaría que me llamaras Caden y me tutearas, porque no estamos más en el estudio.
—No me siento cómoda llamándolo por su nombre y menos tutearlo.
—¿No te sientes cómoda o no quieres por miedo?
—¿Por miedo a qué? —preguntó ella.
—No lo sé, dímelo tú.
—¿Y tú, qué haces aquí? —le preguntó, Venus, sintiéndose más colorada que nunca, al haberlo tuteado.
—Me tomé un descanso, y no sé cuándo volveré a Kansas.
—¿Sucedió algo? Perdón, por meterme en tu vida.
—No te preocupes, y sí, sucedió algo. Begoña me abandonó.
—¿Por qué?
—Porque creo que siempre debí esperarme algo así de ella. Siempre quiso más mi dinero que a mí.
—Creo que tu esposa está loca completamente, yo jamás te abandonaría si tú fueras mi marido —le respondió y se dio cuenta que había hablado de más, ella abrió los ojos, y él le sonrió—, es un suponer —le contestó, intentando enmendar el error cometido.
—Sí, aún así, no tengo dudas de que sería tal y como me lo respondiste, Venus —le respondió él, y ella una vez más, se ruborizó por completo.

Posterior a la cena, él la acompañó hasta el departamento donde la joven vivía.

—Gracias por la cena.
—No fue nada —le dijo él—. Venus, mañana, el siguiente día, o en algún otro momento, tú y yo vamos a tener que hablar bien.
—¿Sobre qué? —le preguntó ella.
—Sobre nosotros —le respondió y ella lo miró con los ojos bien abiertos.

AngelMagat
Rango18 Nivel 85
hace casi 4 años

Interés de crece
en cada caja publicada, me gustaría saber cómo lo haces, un abrazo.

SylvieDupuy
Rango11 Nivel 50
hace casi 4 años

@GreenGooses_42 Muchas gracias por leer la caja. :)
Es cuestión de ordenar un poco las ideas y comenzar a escribir, no es fácil y me cuesta un montón tratar de empezar una historia y sobre todo, seguirla, pero el intento vale la pena porque me encanta escribir. Y siempre trato de no aburrir al lector, y que a medida que avance en la lectura le interese un poquito más la novela.
Lo que hago mucho también es ver series, películas y leer o escuchar x cosa, y de ahí tramar mi propia historia, cambiando cosas, agregando otras, etc. Y algo que hago también, pero no siempre es escribir las cosas que tendría que tener la historia y engancharlas a medida que avanzo en la escritura.
A veces pasan meses en que solo releo, edito un poco y sigo releyendo lo ya escrito, pero siempre trato de aunque sea escribir un poquito por día.
Pero como siempre digo, cada lector tiene sus gustos y no puedo obligar a nadie a que lea mis historias si no les agradan.
Espero no haberte aburrido con mi extensa respuesta jaja.
Un abrazo. :)

AngelMagat
Rango18 Nivel 85
hace casi 4 años

@Autumn_May Todo lo contrario compañera, me ha encantado saber cómo trabajas esa faceta de escribir, cómo te inspiras y en qué lo haces para escribir estas historias que entrelazas de una manera tan interesante.
Yo suelo entrar como en trance, escribo una historia o un poema y a descansar hasta la siguiente jajajajaj

SylvieDupuy
Rango11 Nivel 50
hace casi 4 años

@GreenGooses_42 Me alegro. :)
A veces me pasa que tengo que escribir varios días seguidos y después estoy en stand by jaja.
Está bien eso que haces también jajaja.
Un beso. :)

SylvieDupuy
Rango11 Nivel 50
hace casi 4 años

@GreenGooses_42 ¿Por la demora? Una historia me llevó siete años escribirla xD, pero me gustó mucho el resultado de la novela, fue mi primera novela que quise tener en físico, igualmente en ese tiempo seguí escribiendo otras más.
Pero si te gusta, y a mi criterio se te dan muy bien los relatos de suspenso, tendrías que probar a aunque sea escribir una historia con pocos capítulos. :)


#15

Capítulo 10
Secretos revelados

Venus estaba creída que había escuchado mal, pero estaba equivocada.

—¿Nosotros? —volvió a preguntarle, tragando saliva con dificultad.
—Sí, muy tarde me di cuenta la manera en cómo me mirabas en el estudio, y aunque intenté negarlo, la forma en cómo yo te miraba también.
—No sé de lo que me estás hablando. Gracias por acompañarme, buenas noches.
—Sabes muy bien de lo que te estoy hablando, Venus —le dijo, sujetándola del brazo, y mirándola a los ojos.
—Habiendo tantos lugares en Estados Unidos, ¿por qué tuviste que venir aquí?
—Tengo una casa aquí.
—Eso no es una justificación.
—Me gusta la casa que tengo aquí particularmente. Ni sabía que te iría a encontrar aquí.
—Pero lo hiciste, y yo intenté mucho para poder reanudar mi vida y así intentar olvidarte.
—No pensé jamás que sentías algo por mí.
—Tú lo dijiste, sentía. Dejé de sentir algo por ti, desde el día en que te casaste. Lamentablemente, eres prohibido para mí.

Mientras tanto, en Kansas, en la casa de los padres de Caden, se estaba llevando a cabo una discusión entre sus padres.

—Siempre te había dicho que Begoña era una arpía, y lo confirmó abandonando a Caden y encima de todo robándole parte de lo que nuestro hijo había recaudado para un proyecto en puerta, siempre te metiste en donde no te llamaban Bill, siempre quisiste manejar la vida de nuestro hijo, y mira cómo ha terminado todo.
—Sí, veo cómo ha terminado todo, Caden se escapó para no dar la cara.
—No seas cínico, Caden me contó lo que le hizo Begoña recién hace menos de una semana, cuando la muy desgraciada desde hacia más de un mes que lo había dejado, si hablamos de escapes, tu querida nuera fue la inconciente, tanto que le pedías a gritos que se casara con ella para que él estuviera en la firma del padre de ella, mira cómo te ha pagado la malparida y toda su familia.
—Solo espero que pronto aparezca nuevamente, tendrá que dar muchas explicaciones, porque no permitiré que joda con el apellido Wayland.
—Y yo solo espero que por fin que Caden la deje definitivamente, no se merece a nuestro hijo, jamás se lo ha merecido esa embustera de Begoña.
—Pues tampoco Caden se quedará con esa secretaria suya.
—No te preocupes, su secretaria ha renunciado hoy a la mañana.
—Eso es fabuloso.
—Eso es terrible, Bill, no puedes contentarte con algo así, fue su secretaria personal desde hacia tres años atrás, cuando leyó su renuncia no le ha hecho ninguna gracia.
—Se conseguirá otra mejor y más calificada para el puesto, Jules.
—Hablar contigo es como hablarle a una pared, jamás entrarás en razones.

En Newport, Venus y Caden seguían charlando.

—He cometido un error al haberme casado con Begoña, y me he dado cuenta tarde de lo que te había hecho a ti.
—A mí no me has hecho nada. Por favor, ya todo está dicho entre nosotros dos. Solo quiero continuar mis estudios junto con mi trabajo, aquí. Pero no me pidas que sigamos hablando, porque no vale la pena.
—¿Mañana puedo verte de nuevo?
—No tengo más un horario de oficina.
—Eso quiere decir que no.
—Exactamente, gracias por todo, buenas noches.

La joven abrió la puerta de su departamento, y la cerró a sus espaldas, dejando a su ex jefe en la entrada del lugar. Si habría podido, se hubiera cambiado de ciudad, para no volver a verlo y tener que recordar siempre que era un hombre casado, y que para ella era todo lo prohibido.

Media semana después, Venus, volvió a verlo, pero ésta vez, dentro del supermercado.

—Volvemos a encontrarnos.
—Hola.
—¿Cómo estás?
—Bien, ¿y tú?
—Bien también, ¿tienes un minuto aunque sea, para mí?
—Estoy apurada.
—¿Encontraste las cajas de cereales, Venus? —le preguntó Malcom.
—Sí, las acabo de encontrar, Malcom, te presento al señor Wayland, mi ex jefe en Kansas, señor Wayland, le presento a Malcom, un amigo.
—Mucho gusto —le dijo Caden estrechando su mano con la suya, solo por cortesía.
—Igualmente, ¿nos vamos ya?
—Sí, hasta luego —le dijo ella.

La joven, y su amigo, salieron del supermercado, y él, pronto, la llenó de preguntas.

—¿Ese era tu ex jefe?
—Sí.
—Eres una tonta, Venus, ¿por qué te fuiste de allí entonces?
—Por cosas que no vienen al caso, y no quiero recordar tampoco.
—Te has ido por cobarde entonces.
—No soy ninguna cobarde, no pude quedarme más porque no tenía más nada que hacer ahí, el hombre se terminó casando con otra mujer, y no tenía intenciones de verlo todos los días.
—Tonta, está mucho mejor que comer el pollo con las manos.
—Exagerado.
—¿Exagerado, yo? Venus, tu ex jefe o lo que sea, está de muy buen ver —le dijo muy sincero y ella se rió.

Aquella misma tarde, la muchacha pudo tomarse un descanso e ir a la playa, puesto que había salido temprano del trabajo y no tenía que cursar ninguna materia para los exámenes que tenía que rendir para entrar a la universidad tampoco.

Se había vestido, de manera ligera ya que hacía mucho calor, y tomó el bolso para salir del departamento.

Se había llevado una botella de jugo por si le daba sed, y la metió dentro del bolso de playa, y decidió empezar a caminar por la orilla del mar.

Había muchas casas de playa, muy bonitas, pero sobre todo, una de ellas, le llamó la atención. Vio a un hombre sentado en la arena seca con la cabeza gacha. Se acercó al hombre, preocupada al verlo así.

—Oiga —le emitió desde lejos—, ¿se encuentra bien? —le preguntó preocupada, sin darse cuenta que era su ex jefe—, ¿Caden?, ¿qué haces aquí?
—Vivo aquí —le contestó ladeando su cabeza en dirección a la casa, que minutos antes a ella, le había llamado la atención.
—¿Estás bien?
—Sí.
—Bueno, entonces, seguiré caminando.
—De acuerdo.

Giró sobre sus talones para seguir la caminata, pero algo dentro de ella, la tiraba hacia él. Giró en redondo, caminó hacia él, y se sentó a su lado.

—¿Quieres hablar? —le preguntó y él negó con su cabeza—, ¿quieres que me vaya entonces? —le volvió a preguntar y él volvió a negar con la cabeza—, ¿qué quieres entonces?
—Un abrazo, ¿puede ser?
—¿Un abrazo? —le preguntó desconcertada.
—Sí, te aseguro que no intentaré nada.
—No es por si intentas o no algo. Es porque... bueno, la última vez que nos vimos, no terminamos muy bien que digamos.
—Lo sé, perdón si te he ofendido, no suelo hacer ese tipo de cosas, pero...
—Pero sé que quieres decirme algo más.
—Sí, pero no quiero que te asustes ni mucho menos.
—¿Qué podrías llegar a decirme?
—Creo que nada que ya no sepas, Venus.
—¿A qué te refieres?
—Veo que me expresé bien.
—Me gustas, Venus. Creo que siempre me has gustado.
—¿No quieres el abrazo? —le volvió a preguntar ella, intentando esquivar la declaración anterior.
—Está bien —le respondió él, riéndose y esperando el abrazo.

Ella lo abrazó por su cuello y él, por su espalda. Era la primera vez que lo abrazaba y que él se lo pedía también. Siempre había sido su seria, recatada secretaria, a la que no le gustaban las bromas de mal gusto. Era la aburrida para él.

SDA_love50
Rango19 Nivel 94
hace casi 4 años

No tengo palabras, no se que decir.
Espero que te animes a leer mis libros.
Un saludo.

SylvieDupuy
Rango11 Nivel 50
hace casi 4 años

@SDAlove50 Muchas gracias. :)
Gracias por la invitación, me estaré dando una vuelta. ;)
Un beso. :)

SheilaMares
Rango9 Nivel 40
hace más de 3 años

Increíble, está super interesante. Te aplaudo, muy bien.


#16

La mujer sencilla y que no era para él en lo absoluto, la mujer en la cuál jamás se fijaría, eso era ella era para él.

—¿Estás mejor?
—Sí, gracias, lo necesitaba, Venus. La última vez que me abrazaron fue hace semanas atrás, y fue mi madre.
—¿Tu esposa no te abrazaba?
—Era una pérdida de tiempo para ella.
—¿Por qué? Siempre es bueno sentir los brazos de alguien que conoces o que quieras mucho, alrededor tuyo, y no una pérdida de tiempo, lo que no entiendo es, ¿por qué terminaste casándote con ella? —le preguntó, intrigada, y luego se dio cuenta que había preguntado algo íntimo, e intentó reformular la frase—. Bueno, creo que te he hecho una pregunta tonta, ¿verdad? Es obvio que la amas mucho.
—Es obvio que no, Venus. Si la amaría no estaría diciéndote que me gustas, tengo mi cabeza confundida.
—¿Cómo dices? No te entiendo.
—¿Qué cosa no me entiendes? No amo a Begoña, hace mucho tiempo que he dejado de amarla, yo fui el único idiota de terminar casado con ella.
—¿Por qué?
—Porque si me casaba con ella iba a formar parte de la firma del estudio de arquitectura de su padre, era lo que quería mi padre y yo también.
—Tú ya tienes un estudio de arquitectura muy importante, no te hacia falta más nada, tenías proyectos por delante, más el proyecto que ibas a construir en Chicago, ¿dónde iban a quedar tus empleados, si formabas parte de esa firma?
—Se iba a reducir el personal.
—Y yo estaba incluida en la reducción.
—Si Begoña se lo pedía a su padre, sí.
—¿Y tú no tenías voto en ese asunto?
—No, porque pasaba a ser parte de su firma, y no su socio.
—O sea que, tu apellido no aparecería en la firma.
—Así es.
—Lo bueno es que he renunciado antes de todo eso, y tú te ahorraste de pagarme por echarme del trabajo.
—Lo cierto es que jamás fui parte del estudio de arquitectura de su padre, me casé con ella, pero terminé sin ser parte de esa firma, y robado por mi propia esposa, Begoña cuando me dejó se llevó más de la mitad de lo que había recaudado para un nuevo proyecto, supongo que me lo tengo merecido.
—Ninguna persona se merece algo semejante, y para serte sincera, a mí jamás me ha gustado tu esposa.
—Y a mi esposa tampoco le gustabas tú.
—Lo sé.
—¿No cursas hoy?
—No, curso solamente los martes y jueves, todavía estoy rindiendo los exámenes de ingreso.
—¿Y ya has hecho alguno?
—Sí, varios, he tenido cuatro exámenes desde que he entrado a hacer el curso de ingreso a la universidad.
—¿Y cómo te han ido ya?
—Bastante bien, he sacado muy buenas notas, ocho y nueve en los cuatro exámenes.
—Excelente, seguro que entras.
—Eso espero.
—Piensas quedarte, si consigues entrar a la universidad como me habías dejado dicho en la nota, ¿verdad?
—Así es.
—No he venido hasta aquí a pedirte que regreses al trabajo, ni siquiera sabía que estarías aquí en lo absoluto, Venus.
—Ni yo tampoco Caden, jamás me imaginé que te encontraría aquí también, entonces, ¿a qué ha venido a Newport, aparte de lo que ya me has dicho?
—De vacaciones, ya te lo he dicho el primer día que nos volvimos a encontrar, necesitaba respirar aire fresco y puro —le dijo acostándose en la arena seca cuán largo y enorme era.
—Me parece muy bien.
—¿Por qué no te recuestas también?
—De acuerdo —le dijo y se acostó a su lado.
—¿Adivina a quién deje a cargo de mi estudio?
—No lo sé, pero puede que tenga una mera idea de quién es.
—Estás en lo cierto.
—¿Hutson?
—Así es —le dijo y los dos se rieron a carcajadas.

Ella volvió a reírse por algo más que él le dijo, y luego quedaron mirándose a los ojos, sin decirse absolutamente nada.

—¿Por qué me miras de esa manera?
—Porque jamás te vi reír estando en el estudio, siempre eras la seria secretaria que hacía su correcto trabajo, jamás te vi divertida en el horario laboral.
—Pues... se supone que en el horario laboral hay que cumplir con el trabajo y no bromear —le respondió, sentándose, porque no le estaba gustando nada la manera en cómo él la miraba, y ni tampoco el rumbo que estaba tomando la situación entre los dos.
—No siempre hay seriedad en el trabajo, mis empleados siempre estaban bromeando con algo, siempre se divertían, y eso no les quitaba ni tiempo ni eficiencia en su labor, Venus.
—Pues... yo no comparto eso.
—Eras aburrida y demasiado.
—Sí, no te mentiré, tú siempre has sido egocéntrico y superficial, he vivido por y para ti los últimos tres años, “Señorita Avner, hágame esto”, “Señorita Avner, hágame tal otra”, “Señorita Avner, tráigame la gargantilla”, “Señorita Avner, si no va conmigo a Chicago, no obtendré el trato”, “Señorita Avner, si no hace lo que le digo, me conseguiré otra secretaria mucho más eficiente que usted”, todos mis tres años laborales te he servido, y tú jamás me viste como una posibilidad para ti, era más que obvio, ¿no? Siempre he sido para ti la sencilla y aburrida mujer en la cual tú jamás te fijarías —le dijo todas aquellas palabras, porque ya estaba cansada de retenerlas dentro de su ser.

La joven, tomó el bolso, y se levantó para seguir su camino. Se había quitado un peso de encima en decirle todo lo que pensaba de él, no tenía ninguna intención de confesárselo, pero ya lo hecho, hecho estaba y no podía volver sus palabras hacia atrás. Jamás tuvo la intención de que se enterara que sentía algo por él. Y sin embargo, se le soltó por demás la lengua, y terminó confesándole sus verdaderos sentimientos hacia él.

AngelMagat
Rango18 Nivel 85
hace casi 4 años

Excelente esta última caja.
Ya no hay vuelta atrás sobre lo hecho,
espero que lo que sigue sea igual de bueno que lo ya leído.
Un abrazo.


#17

Capítulo 11
Sentimientos encontrados

Dos días después, más precisamente un domingo, alrededor de las dos y algo de la tarde, Venus caminando cuesta abajo por una calle empinada y desolada, volvió a encontrarse con Caden.

de los dos podía hablar, y ella terminó por romper el silencio.

—Perdóname por las cosas que te he dicho, no ha estado para nada bien lo que te dije, solo te pido que me perdones, no volverá a ocurrir.
—Estaba esperando que por lo menos me llamaras a mi teléfono móvil, tienes mi número.
—Lo siento, pero no hablo con mi ex jefe por teléfono móvil a menos que yo hubiera estado en el estudio trabajando para ti.

Una fina y constante lluvia comenzó a caer sobre ellos. Y cada vez era más intensa que antes.

—Eres terca como una mula. Ni siquiera me diste tiempo a expresarme yo también.
—Lo sé, pero por favor, acéptame el perdón.
—No tengo nada de qué perdonarte, Venus. Me acuerdo de todas las palabras que me has dicho, y tienes toda la razón, he sido así contigo, y lo reconozco. Gracias por decírmelas, y abrirme los ojos.
—Aún así, creo que me fui de boca.
—No, no lo has hecho. Yo tendría que haberte dicho algo antes de que te marcharas.

La lluvia comenzó a ser más fuerte y comenzaron los truenos y relámpagos.

—Se supone que no debería de llover en verano en Newport —le dijo ella.
—Se supone que esto es un pequeño huracán que suele azotar Newport para éstas fechas.
—¿Huracán? Nadie me dijo que en ésta época haya huracanes.
—Nadie tiene porqué decirte nada, Venus, comienza con una fuerte tormenta con viento del sur, y cada vez se intensifica más y más, suele durar de dos a tres días, y no más que eso.

Le comentó, y en un breve momento ella se tambaleó por la fuerza huracanada del viento que soplaba en el pleno centro de la ciudad, y Caden la sujetó de los brazos para que no se cayera.

—Ven, vamos, Venus.
—¿Hacia dónde vamos?
—A resguardarnos, estamos en el ojo de la tormenta.
—De acuerdo —le dijo, y la tomó de su mano entrelanzándola con la suya fuertemente.

Corrieron hacia la casa de él, resguardándose en el porche. Llegaron agitados por la corrida y por la fuerza del viento y agua también.

Sus manos seguían entrelazadas y ella no quería pensar en eso más de la cuenta. Intentó soltarla, pero él se la sujetó más fuerte, y cuando ella vio un espeluznante relámpago en el horizonte del mar, y escuchó un fuerte trueno pegó un grito de terror y cerró fuertemente los ojos. Sin que él le diga nada, él se acerca a ella, y la abraza fuertemente contra su pecho, a pesar de lo empapados que estaban los dos.

—Tranquila, no pasa nada, Venus.
—Le tengo terror a las tormentas, nunca estuve sola en ninguna de ellas, y menos en un huracán de temporada, siempre las pasé acompañada.
—Yo solía meterme al mar cuando había tormentas —le dijo riéndose y sintió derretirse entre sus brazos.
—Estás chiflado, Caden.
—Puede que sí, Venus, y no tienes porqué tener miedo, estás acompañada, yo estoy aquí contigo también.
—Sí, lo sé.
—¿Venus?
—¿Qué? —le preguntó alzando la vista hacia el rostro masculino.
—No he venido hasta aquí como tu jefe o como me quieras llamar, y veo que has dejado la formalidad entre nosotros, me gusta.
—No sé aún cómo te llamo por tu nombre y encima te tuteo. Me parece extraño, pero lo hago.
—Y me alegro que me llames por mi nombre. No he venido aquí como señor Wayland para ti, he venido hasta aquí como Caden, el hombre, el día que me dejaste la nota me di cuenta de algo, tú eres indispensable para mí, tú siempre estuviste allí para mí en todo momento, incluso fuera del horario laboral.
—Si te habrías ido a otra parte, no me estarías buscando.
—Te equivocas, lo hubiera hecho. Después de darme cuenta, claro que te hubiera buscado, si quiero, puedo hacerlo.
—Cualquier secretaria haría eso. Tiene la obligación de hacerlo si su jefe se lo pide.
—Sí, lo entiendo, pero sé también que tú siempre harías cualquier cosa por mí, en cambio yo no quise verlo. Venus, no quiero más formalidades entre tú y yo, y no todas las secretarias harían las cosas que yo te pedía hacer para mí, quiero que me veas como un hombre para ti.
—Eso es imposible, sigues casado con Begoña y yo no pienso ser tu segunda opción.
—Desde que Begoña me abandonó, he dejado de usar el anillo de bodas, así qué, para tus ojos y para los míos también, yo estoy soltero, desde el momento en que renunciaste a mi estudio de arquitectura, me di cuenta de lo mucho que me importas, Venus, me di cuenta tarde del error que había cometido desde la noche en que me comprometí con Begoña.
—Eso sí que es imposible, jamás me viste más allá de la secretaria que hacia su gran trabajo, jamás te fijaste en mí como mujer, y no puedo culparte, Begoña era todo lo que yo jamás he sido y nunca seré.
—Y es un gran alivio que no seas igual a ella en lo absoluto —le dijo sinceramente y cuando posó sus manos a los costados de su cuello y parte de sus mejillas, inclinó un poco la cabeza de la joven hacia arriba, y él se inclinó mucho más para apoyar sus labios en los suyos.
—¿Qué haces? —le preguntó ella, abriendo los ojos.
—Te beso, quiero besarte.
—Sabes que no puedes.
—Aquí no hay nadie quién lo pueda impedir.
—Yo soy la que lo va a impedir.

Venus intentó separarse de él, pero al poner la mano en su nuca, él capturó sus labios, dándole el beso que siempre había querido darle, ella, algo sorprendida, se separó de él bruscamente.

#18

Capítulo 12
Refugiados en la casa

Venus quedó atónita, y de inmediato le propinó una cachetada.

—Esto no está bien, y lo sabes.
—Yo lo encuentro muy bien.
—¿Engañando a tu esposa, conmigo? Ya te he dicho que no soy tu segunda opción.
—Begoña me abandonó. Así que, no la estoy engañando.
—Si quieres algo conmigo, tendrás que divorciarte de ella, de lo contrario no habrá nada.
—Ah, veo que tú también sientes algo por mí.
—¿No es obvio acaso? Siempre me gustaste, siempre he estado enamorada de ti, tú eras el idiota que no se daba cuenta. Claro que no, porque era muy poca cosa para ti, la mejor era Begoña y a Venus que la parte un rayo —le gritó enfurecida y él la calló con un beso.
—¿Otra vez? No puedes besarme, y tú lo sabes.
—No veo a nadie que me impida besarte. Estamos solos, aquí nadie nos conoce.
—Y aunque fuera eso, yo no me siento cómoda. Ponte en mi lugar por un momento.

Él, sorprendido por su actitud, cayó en la cuenta que tenía razón, aunque le costaba admitir la verdad.

—Ven, vamos adentro, la tormenta es cada vez más fuerte, y necesitamos refugio.

La hizo pasar primero al interior de la casa, y luego él entró detrás. Venus, giró para ver hacia la ventana que daba al mar, el panorama no pintaba bien. El cielo estaba cubierto de nubes grises plomo, y el mar brillaba tan plateado que era irreal.

—La vista es de terror —le comentó ella y él cerró las ventanas con una gruesa cortina.
—Listo —le dijo y encendió las luces principales de la amplia sala.
—Es preciosa por dentro.
—Muchas gracias.
—Antes que se me olvide, llamará a mis padres.

Sacó su teléfono móvil de su bolso, y marcó el número de la casa. La señal estaba fuera de la cobertura y las cinco veces que intentó no pudo comunicarse con ellos.

—No puedo comunicarme con ninguno de los dos.
—Usa el teléfono de línea, habla tranquila, yo iré a revisar unas cosas.
—De acuerdo, y muchas gracias.
—No hay de qué.

Venus, tomó el teléfono inalámbrico que yacía en la mesa individual cerca del televisor de última tecnología que estaba colgado de la pared blanca, y marcó de inmediato a la casa de sus padres.

—Hola, mamá, ¿cómo están?
—Hola, Venus, nosotros muy bien, ¿y tú?
—Muy bien, también.
—¿Pudiste conseguir la tela que me habías comentado? —le preguntó su madre.
—No, cuando fui a la tienda, ya había cerrado, los domingos aquí cierran temprano los locales y la mayoría no abren, como el sábado se quedan hasta tarde abiertos los negocios, aprovechan su único día de fin de semana en descansar, no hay quién los culpe, ¿y tú la pudiste conseguir por esas casualidades?
—Tampoco, pregunté en todas partes y nada, ¿ya estás en el departamento?
—En realidad, no, verás, hay un pequeño huracán en Newport.
—Sí, estoy viendo las noticias, ¿tú, estás bien? ¿Dónde estás, si no estás en el departamento?
—Pues estoy en la casa de Caden, te estoy llamando desde su casa, espero que la tormenta cese pronto para irme, pero él me ha dicho que éste pequeño huracán que azota todos los años en ésta época del año, dura entre dos a tres días.
—¿A qué le tienes miedo, Venus?
—A lo que llegue a pasar entre los dos, mamá. Me carcome la conciencia, y sé que es prohibido.
—Solo te diré que le recuerdes que use preservativo.
—Mamá.
—¿Qué, Venus? Es la verdad.
—Está casado.
—Su esposa lo abandonó, eso me has dicho tú, así qué, la muy estúpida se lo ha perdido, no puedes pasarte toda la vida esperando a que el hombre que verdaderamente amas te venga sin problemas, disfruta el momento, olvídate de todo y sé feliz con Caden, ni tu padre y ni mucho menos yo, te juzgaremos, hija, ya estás bastante grandecita para tomar tus propias decisiones.
—Pero mi mente siempre se va a lo mismo, que está casado.
—Por lo poco que me has contado, salta a simple vista lo poco que le importaba su marido a Begoña , no seas tonta e intenta tener una relación con él, es lo que siempre has querido que pasara, Venus.
—Sí, pero no así.
—Nadie te dijo que iba a ser fácil, y hazme caso, disfruta del momento y disfruta de absolutamente todo.
—Lo sé, mamá, pero le he dicho que no quiero ser su segunda opción.
—¿Y qué te ha dicho él?
—Me ha dicho que no me considera una segunda opción para él, que siempre yo estuve ahí para él y por él, pero que se dio cuenta muy tarde del tremendo error que había cometido desde el momento en que se comprometió con Begoña.
—Si no te lo agarras, eres una tremenda tonta, Venus —le dijo sinceramente y la joven se rio por lo bajo.
—¿Sabes? Hace unos minutos atrás, en el porche de su casa, me ha besado, y fue maravilloso, ha sido muy lindo conmigo, pero terminé separándolo porque no estaba bien lo que me estaba haciendo.
—Ay hija, estás perdidamente enamorada de él. Y sé que la situación en la que estás no es buena, pero tampoco es imposible.
—Le planteé que se divorciara de ella, pero ni siquiera él sabe dónde está su esposa. Y me siento una tonta solo por saber que estoy enamorada de él.
—Supongo que con los días intentará comunicarse con él, y allí podrá saber dónde está, para poder separarse de ella, y estar enamorada de alguien no te hace una tonta.
—Gracias por tus consejos, mamá, los tendré muy en cuenta, pero ahora te dejo, porque está por venir a la sala, nos estamos hablando.
—De acuerdo, nos hablamos pronto, saludos de nuestra parte a él.
—Gracias, se lo diré —le dijo, y cortó la llamada—, se me extendió más de la cuenta el llamado, lo siento, Caden.
—No tienes porqué pedirme disculpas, Venus.
—Pero te usé más de lo normal el teléfono.
—¿Y qué con eso? Yo mismo te dije que llamaras desde el teléfono fijo, así qué, no quiero que me pidas disculpas por esas tonterías, ¿de acuerdo?
—De acuerdo.
—Te recomiendo que te des una ducha, el agua caliente te reconfortará.
—De acuerdo, está bien, pero dúchate tú primero.
—No, te duchas tú, Venus, y nada de peros, ni de excusas.
—Está bien.
—Ven que te muestro el baño. Dúchate tranquila, mientras tanto, te traeré ropa seca, ¿prefieres una camisa o una remera?
—Una remera, gracias.
—De nada, te la traeré.
—Está bien, gracias por todo.
—No hay de qué.

Ella, terminó entrando a la ducha, luego de que él cerrara la puerta detrás suyo. Se desvistió y preparó la temperatura del agua, se metió dentro del rectángulo de vidrio esmerilado, y se quedó por vario rato dentro de la ducha para calentarse un poco.

Una vez que salió de la ducha, envuelta en una inmensa toalla blanca esponjosa, y otra en su cabello en forma de turbante, salió del baño y pasó a su vestidor. Él, le había dejado una remera y un pantalón deportivo. El pantalón le quedaba un poco flojo, así qué, se lo ató con un elástico en uno de los costados. Y luego se puso la remera, que le quedaba muy grande y larga.

Apenas salió del vestidor, él entró a darse una ducha de agua caliente también. Ella, esperó parada en la sala, y corrió un poco la gruesa cortina de la sala de estar. La tormenta seguía, el viento también, pero no tan fuerte como antes, solo era constante la lluvia torrencial, los relámpagos y los truenos. La luz parpadeó un par de veces, y bajó la tensión de la casa, Venus tragó saliva con dificultad y miró con cautela las luces de la lámpara principal.

AngelMagat
Rango18 Nivel 85
hace casi 4 años

¿Será el nacimiento de un gran amor?
Es que los jefes suelen volverse locos por sus secretarias jajajajaj
Y viceversa.

SylvieDupuy
Rango11 Nivel 50
hace casi 4 años

@GreenGooses_42 Es posible que lo sea. :)
Y con respecto a lo que decís, es verdad, se vuelven locos en ambas partes, y no se porqué al género femenino les encanta leer libros con secretarias y jefes, aunque debo reconocer que a mí me gusta escribirlos también jeje.
Un saludo. :)

AngelMagat
Rango18 Nivel 85
hace casi 4 años

@Autumn_May Y lo haces muy bien, escribes muy bien y por eso me gusta tanto leerte.


#19

Capítulo 13
Primer paso de una relación, primeros besos

Caden salió tranquilamente del baño, con un pantalón deportivo y una remera de mangas cortas, y le habló.

—Ha bajado un poco la temperatura, encenderé el hogar.
—¿Quieres que te ayude?
—De acuerdo, si quieres, ¿cuánto tiempo piensas quedarte aquí?
—Lo que dure la carrera, ¿por qué me lo preguntas?
—Porque creo que me quedaré también.
—¿A qué te refieres?
—A que me quedaré el tiempo que dure tu carrera. Begoña me abandonó, no tengo nada que hacer en Kansas.
—Tienes un trabajo y un estudio que llevar adelante. Y no seas tan idiota en querer quedarte aquí, creo que estás siendo un obsesivo conmigo.
—Para nada, te quiero, esa es la verdad.
—Tienes una esposa, te abandonó, ya me lo has dicho, pero te guste o no, la tienes de todas maneras. Y si quieres algo conmigo, vas a tener que buscarla y divorciarte de ella.
—Aunque la busque, no quiero esperar tanto.
—Entonces quiere decir que no me quieres.
—No me malinterpretes, te adoro, y sé que siempre te he querido y amado, pero divorciarme de Begoña implica mucho tiempo, y no será nada fácil.
—Puedes demandarla por abandono de hogar, y todo se simplifacará.
—Begoña es arpía, y hará todo lo posible por atraparme.
—Eres un tonto si te dejas manipular por ella.
—¿Qué es Malcom de ti?
—Vaya, recuerdas su nombre.
—Con competencias como él, recuerdo perfectamente su nombre, Venus.
—¿Te interesa saberlo?
—Por supuesto que sí, porque no pienso aguantarme a ningún hombre a tu alrededor.
—Lo mismo tendría que decir yo de ti, sin embargo, sigues casado.
—Ya te he explicado que no llevo argolla de matrimonio.
—Pero ciertos papeles dicen lo contrario Caden.
—No puedo hacer nada al respecto.
—Puedes, no quieres, que es diferente.
—Venus —la nombró, acercándose a ella, y acariciando sus brazos desnudos—. Sabes bien que te quiero, y que quiero estar contigo, solo te pido tiempo, y mientras tanto, me gustaría que nos conozcamos mejor, y sobre todo, quiero tener una relación contigo.
—No me sentiré cómoda si me pides que tengamos una relación amorosa, y más cuando tú sigues casado.
—Lo sé, pero aquí nadie nos conoce, y es posible que Begoña jamás aparezca y con el tiempo se disolverá el matrimonio que tuve con ella. Solo te quiero a ti.
—No me gusta ser la segunda opción de nadie.
—Para mí eres la primera, siempre. Siempre has sido la primera en todo.
—Creo que lo sé, en el trabajo siempre fuiste muy caballero conmigo, y me defendiste de Hutson y de Begoña en cada oportunidad que tenían para decirme algo.
—Entonces, ¿qué me dices?
—No te aseguro que será fácil, y menos sabiendo que hay alguien más en tu vida, pero lo intentaré.
—Esa es mi chica, gracias, Venus. Siempre has sido leal conmigo y eso para mí vale más que cualquier otra cosa.
—Lo hago solo porque me interesas, y porque estoy muy enamorada de ti.
—Sé que lo estás, al igual que yo de ti, y dime, ¿quién es Malcom?
—Malcom es un excelente compañero de trabajo y un gran amigo, congeniamos muy bien apenas empecé a trabajar en la cafetería de la ciudad.
—¿Qué edad tiene?
—Tan solo veinticuatro años de edad.
—¿Tiene novia?
—No, porque Malcom es homosexual, y si supieras las de cosas que me ha dicho de ti, te horrorizarías.
—Cuéntamelas, me interesan.
—Si no fuera homosexual, no te interesaría en lo más mínimo las cosas que me ha dicho de ti, Caden.
—Puede que no, pero quiero saberlas, por favor.
—Pues me ha dicho que estás mejor que comer pollo con las manos.
—¿Y tú? ¿Qué piensas al respecto de lo que te ha dicho de mí ese tal Malcom?
—Creo que tiene razón, ¿tú dime cómo quieres que te mire si me la he pasado tres años seguidos queriéndote a ti?
—No pensé que fuera para tanto, Venus.
—Pues créelo, Caden porque sí lo es, entré a tu estudio de arquitectura de tan solo dieciocho años, me gustaste desde el primer momento en que te conocí, pero como tenía esa edad creí que iba a ser muy pasajero, terminó el año, me fui de vacaciones con mis padres y al año siguiente volví a verte y más me gustaste, pasó lo mismo que el año anterior, y el siguiente año volvió a pasar lo mismo que los otros dos anteriores, y jamás pude quitarte de mi mente y arrancarte de mi corazón, y a pesar de todo, yo jamás te negué algo.
—Es verdad, jamás lo has hecho, Venus.
—Terminaste casándote con Begoña, y todo mi mundo se vino abajo, y ya no tenía más nada que hacer en tu estudio, por eso decidí alejarme y olvidarme de ti, luego te pasó todo eso con tu esposa, nos terminamos encontrando aquí en Newport, luego me dices que has sido un tremendo tonto en no darte cuenta antes de cometer ese gran error al casarte con Begoña, me dices que soy muy importante para ti, y a pesar de aceptarte, tengo mis dudas.
—Y es la verdad, Venus, quiero una mujer a mi lado.
—La tienes ya, y no soy yo, Caden.
—La que tengo me abandonó como un pobre perro, llevándose consigo mucho dinero que tenía ahorrado, y sí, me di cuenta muy tarde que la única mujer que me importaba eras tú, tú siempre estuviste acompañándome en reuniones, viaje de trabajo y todo lo que te pedía que hicieras por mí.
—Solo te pido paciencia, no estoy acostumbrada a esto, y será todo nuevo para mí.
—Contigo tendría toda la paciencia del mundo —le dijo, acariciando su mejilla.

Venus, se había acostado sobre la alfombra de piel blanca que yacía frente al hogar de la sala, y puso sus brazos y manos por debajo del almohadón que tenía recargando su cabeza, estaba boca abajo, mientras él terminaba de acomodarse frente a ella. Él la miró, de manera que sus cabezas quedaron invertidas, la luz terminó por cortarse, y Caden aprovechó para besarla. La joven, respiró de manera entrecortada, sabiendo que aquel beso que él le daría se estaba aproximando.

Psychopath_911
Rango7 Nivel 30
hace casi 4 años

o_o! Lo vi, lo leí y lo sigo amando. Al ver que había como cinco cajas o más nuevas, pensé que no terminaría de leerlo, pero como la primera vez, me equivoqué, hasta me entristeció que no hubiera otro capítulo más :´

SylvieDupuy
Rango11 Nivel 50
hace casi 4 años

@Psychopath_911 Muchas gracias por seguirte interesando la historia como al principio.
En cualquier momento subo una nueva caja. ;)
Un saludo. :)


#20

En ningún momento lo rechazó, solo disfrutó del beso, se sentía extraño por cómo se sentía de aquella manera el beso que él le estaba dando. Y el fuego del hogar, hacía más romántico el ambiente. Venus, lo abrazó por su cuello, tocando su pelo, y él solo pudo abrazarla por las mejillas, manteniéndose él, siempre arrodillado para no caerse sobre ella.

—Siento muy raro el beso —le dijo ella—, ¿por qué no te das vuelta, y me lo das como corresponde? —le preguntó con una sonrisa en los labios.

Caden le sonrió también, y se acomodó a su lado para quedar cara a cara, y poder besarla como correspondía. Le quitó el mechón de pelo de la mejilla, y la besó con tranquilidad y ternura. Ellos se abrazaron mientras se besaban. Él profundizó más el beso, y ella se acomodó a él.

—Eres muy bella —le respondió, acariciando su mejilla, y besándola nuevamente—, te amo, Venus —le confesó mirándola a los ojos con detenimiento.
—Sabes bien lo que yo siento por ti también, Caden.
—Lo sé, jamás me sentí tan vivo como ahora —le dijo él, y ella lo miró sorprendida.

La muchacha, sin decirle una palabra, apoyó sus manos en las mejillas masculinas, y le dio un beso en su boca. Para hacerle saber que estaba sorprendida ante tal declaración de amor.

Apenas se separaron del beso, él le habló.

—Iré a prender el generador, quédate donde estás, por favor.
—De acuerdo —le dijo ella, mirándolo irse.
Poco tiempo después, se acostó a su lado nuevamente.
—¿Venus?
—¿Qué, Caden?
—Quiero mantener una relación estable contigo, sé que no puedo darte un matrimonio pero quiero que sepas que si te ofrezco tener una relación conmigo, es porque te considero una mujer buena y de esas que son difíciles de alcanzar, y no la segunda opción.
—¿Por qué me dices esas cosas? Me lo has dicho antes.
—Porque así lo siento en verdad, y sé que te lo dije, pero vuelvo a repetírtelo, porque no quiero que tengas dudas de mí.
—Es muy bonito todo lo que me has dicho, pero yo siento que en vez de intentar ser tu pareja, parezco tu amante.
—Entiendo, Venus. Pero por el momento, solo podemos mantener algo como novios.
—Sé lo que vendrá después, y no me importa, haría lo que fuera por ti, siempre lo haría, y si me dices todas esas cosas, pues, te creo, y jamás te pediría que te cases conmigo, me conformo con muy poco, prefiero tenerte así por tu propia voluntad antes que obligarte a hacer algo que no quisieras realizar.
—¿Crees que si me sugieres que te pida matrimonio me estarías obligando?
—Sí.
—Si ya estaría divorciado de Begoña, con gusto te pido matrimonio. Lo haría por voluntad propia, sin que nadie me obligue. ¿Por qué? Porque te amo.

Se acercó al rostro femenino, y posó sus labios sobre los suaves y carnosos de la joven.

—¿Sabes? Hace más de seis meses que no tenía intimidad con Begoña, antes, cuando la conocí, después de un mes, nos acostamos juntos, era fabuloso, pero con el tiempo perdió lo fabuloso que era al principio, y Begoña parecía que estaba conmigo por una obligación y no porque quería estar conmigo.
—¿Por qué me cuentas esto?
—No lo sé en verdad, pero necesito desahogarme, Venus.
—Ya veo —le contestó, un poco molesta, y se sentó sobre la alfombra—, pero para serte sincera, no quiero saber tu intimidad con Begoña.
—Perdóname, pero solo quería que lo supieras. Para que sepas cómo era convivir con ella.
—Cómo no darme cuenta, si las pocas veces que estuve entre ustedes dos, ella siempre te desaireaba creyéndose superior en todo, te daba gritos y no una conversación civilizada, lo bueno era que tú no le hacías caso, si no, hubieras sido un tremendo dominado por una arpía maquiavélica.
—Tienes toda la razón, Venus.
—Escucha —le respondió ella, tomando una de sus manos—, no quiero molestarme contigo, pero si quieres que sea algo más que tu ex secretaria, no quiero que metas a Begoña entre nosotros. No quiero saber nada de ella, ni cómo era contigo, ni cómo era dentro o fuera de la cama. Para mí va a ser mejor. Ya sé cómo es Begoña, y creo que ningún adjetivo malvado encaja con ella, todos le quedan grandes.
—Es verdad lo que dices, y te pido disculpas, tienes razón, no tengo porqué meterla en nuestra relación.

Él la miró detenidamente, y volvieron a besarse.

BILLY_WELLS
Rango10 Nivel 45
hace casi 4 años

Me sorprendes con tu novela tan bien escrita, que envidia. Tienes mucha imaginación.

BILLY_WELLS
Rango10 Nivel 45
hace casi 4 años

Yo por mi parte, he estado editando mi relato sobre Annie Nell, ha quedado mucho mejor. Saludos.

SylvieDupuy
Rango11 Nivel 50
hace casi 4 años

@BILLY_WELLS Muchas gracias por tus palabras. :)
Vos también tenés una linda manera de escribir, cada persona tiene su propio encanto a la hora de narrar una historia. :)
Un beso. :)

AngelMagat
Rango18 Nivel 85
hace casi 4 años

Intuyo la llegada del amor y del deseo, como un tren imparable.

SylvieDupuy
Rango11 Nivel 50
hace casi 4 años

@GreenGooses_42 Es posible, pero Venus creo que por el momento, no se dejará engatusar. ;)
Ya dejé la caja 21, por si te interesa leerla también. :)
Un saludo. :)


#21

Capítulo 14
¿Tercera en discordia?

Se quedaron por más de tres horas charlando, y riéndose, acostados cerca del fuego del hogar encendido. Mientras que sus ropas se secaban.

Entrada la noche, cenaron. Ambos prepararon la cena, y se dispusieron a comer tranquilamente mientras la tormenta seguía azotando Newport.

—Espero que mañana deje de llover, necesito ir a trabajar.
—Cuando hay tormentas como éstas, no se trabaja, Venus.
—No me digas eso, tengo que ir a trabajar y a la universidad también, Caden.
—Por lo menos tiene que pasar una semana, para que vuelva todo a la normalidad, te lo digo porque pasé por tormentas como éstas aquí en Newport.
—Por lo menos me gustaría telefonear mañana a primera hora del día para asegurarme que no hay trabajo.
—De acuerdo, si te sientes más segura así, está bien.

Cuando terminaron de cenar, se hicieron la una de la madrugada, era muy tarde.

—¿Dónde dormiré yo?
—En una de las habitaciones. Puedes elegir la que quieras.

La joven, lo siguió y la llevó al sector de los dormitorios, donde ella eligió el más simple.

—Este estará bien, gracias.
—Cualquier cosa que necesites, solo avísame.
—Está bien.
—Buenas noches —le dijo él, y se acercó a ella, para intentar, por lo menos besarla.

Una vez que la besó, él salió de la habitación. En mitad de la madrugada, Venus, se despertó a raíz de una pesadilla. Caden fue corriendo, preocupado, hacia la habitación donde ella dormía.

—¿Te encuentras bien?
—Sí, ¿y tú?
—Estoy bien, te escuché gritar.
—Lo siento, ha sido una pesadilla. ¿Puedes hacerme compañía? No puedo dormir muy bien con esta tormenta.
—Está bien, te haré compañía.

Se sentó en la cama, de espaldas a ella, se quitó la remera por la cabeza, y se metió debajo de la sábana y cobertor. El colchón había bajado su densidad habitual por el peso masculino y ella tragó saliva dificultosamente.

—Jamás imaginé terminar acostada con mi ex jefe.
—Y yo creo que en tu subconsciente te lo debías de imaginar así —le dijo con los ojos cerrados y riéndose.
—Puede ser verdad —le respondió, sonriéndole a él pero sin que él la mirara—, ¿sabes? Tu madre la noche de tu compromiso con Begoña, me pidió por favor que te vuelva a recordar los valores morales de las demás personas porque de la manera en cómo te veía, no creía ella, que los recordaras, y me había pedido por favor que te persuada para que cancelaras la boda, y le respondí que no podía hacer semejante cosa, no estaba en mí hacer aquello, porque era solamente tu secretaria personal y fuera de ahí no tenía nada más contigo, respetó mi decisión, y dejé que todo siguiera su curso, y cuando te volví a ver en la noche de tu boda, en tu rostro vi que algo no iba del todo bien contigo, habías dejado de tener ese brillo especial en tus ojos.
—Me había terminado de casar con una mujer que había dejado de amar desde hacia un año atrás.
—Hombres... siempre hacen lo que piensa su mente y no lo que dicta su corazón. Buenas noches.
—Buenas noches.

Ella se dio vuelta de espaldas a él, y él la abrazó por la cintura, la mano masculina entrelazó la femenina, y él se acomodó más contra el cuerpo de la joven.

Un relámpago seguido de un estruendoso trueno estalló en el cielo, tan oscuro como una simple noche sin luna, y ella apretó con fuerza la mano de Caden, intentando acurrucarse más contra el cuerpo del hombre.

—Lo siento por ser tan miedosa.
—No pasa nada, me gusta que una mujer dependa de un hombre en ciertas circunstancias.
—Pues yo creía que eras el tipo de hombre que no le gusta esas cosas de caballeros.
—Te has equivocado rotundamente, Venus.
—Me lo suponía.

Se quedaron dormidos al instante, y por la mañana, alrededor de las nueve y media, Venus se desperezó. Se sentó en la cama de dos plazas y bajó de la cama luego, para ver a través de la ventana, el día. El tiempo era horrible, y si bien había menguado el viento huracanado, la lluvia se mantenía persistente, tupida y constante por demás.

Se dio vuelta, y miró al hombre que por tres años seguidos le había estado quitando el sueño. Salió de la habitación y entró a la cocina, para preparar el desayuno.

Un rato después, Venus fue al baño para tratar de lavarse los dientes con los dedos, y vestirse con la ropa del día anterior nuevamente. Caden, se levantó de la cama, y salió de la habitación para ir al baño, encontró a la muchacha en el baño, terminando de arreglarse y peinarse el pelo con sus dedos.

—Buen día.
—Buen día, Caden —le dijo, dándole un beso en sus labios—. Iré a hablar con Malcom.
—Está bien —le dijo y ella salió del baño.
Luego de unos momentos, ella termina por cortar la llamada que le había hecho a su compañero de trabajo.
—¿Y bien? ¿Qué pasó? —le preguntó, queriendo saber.
—No abrirá, recién la semana entrante lo hará, o eso cree Malcom. La cafetería ha sufrido muchos daños por el temporal. Tendré que conseguir nuevamente un trabajo.
—¿Por qué?
—Porque la universidad es paga y tengo que pagar los éxamenes, el mes y demás cosas.
—Puedo pagarte la universidad por el tiempo que sea necesario, y los exámenes y todo lo que necesites, Venus.
—Es un gran detalle el tuyo, pero no lo aceptaré. Puedo costearme mis cosas sin tu ayuda. Tengo dinero ahorrado, y puedo aguantar unos días sin trabajar, pero no por mucho tiempo. Llamaré a la universidad para ver si dictarán clases ―le dijo ella y luego se contactó con la recepción de la universidad.

Tiempo más tarde, ella cortó la llamada.

—¿Qué te han dicho?
—Que darán clases con normalidad. Así qué, tengo que hacer todo lo posible por ir.
—El tiempo es terrible, no creo que puedas llegar hasta la facultad.
—Es solo un temporal, y por el momento solo llueve.
—Las calles se inundan. Y al tener buenas calificaciones, no creo que sea un problema que te ausentes por estos días.
—No había pensado eso.
—Pues yo sí.

Una hora después, mientras desayunaban, Venus le preguntó sobre una tela que estaba buscando para una de las materias que tenía en el ingreso a la carrera.

—Necesito conseguir una tela que no la puedo encontrar por ninguna parte, he preguntado aquí en Newport y no la tienen, y la necesito para el jueves de esta semana.
—Esperemos que para el jueves el tiempo mejore, de lo contrario, seguirás aquí dentro.
—No seas tan manipulador.
—Es por tu seguridad.
—Lo sé, pero estoy grande para que me protejas de esa manera.
—Te entiendo, pero te quiero y quiero lo mejor para ti. Y dime, ¿cuál es esa tela?
—Te doy la agenda, así lees su nombre.
—De acuerdo.
—Aquí la tienes —le dijo, entregándole en sus manos la agenda.
—Creo tener retazos de esta tela.
—¿Sí? Me he vuelto loca tratando de conseguirla.
—Yo tuve que recorrer varios lugares para encontrar la tela.
—¿La tienes a mano?
—Sí, tengo que buscar en unas cajas de cartón que guardé.

Entre los dos acomodaron todas las cosas sucias que usaron, luego de desayunar. Cuando Venus corría las cortinas, para que se iluminara el comedor, vio acercarse desde una distancia prudencial, un auto hacia la casa.

—Caden, alguien se está acercando.
—¿Con este temporal? ¿Se ve quién es? —le preguntó, mirando desde la ventana.

#22

Capítulo 15
Susto y nuevos planes

Venus y Caden, vieron en silencio cómo aquel auto blanco se aproximaba hacia la casa, ninguno de los dos podía distinguir quién era la persona que lo manejaba.

—¿Y si es tu esposa? —le preguntó ella, tragando saliva con dificultad y mirando a su rostro.
—No le tengo miedo.
—Pero yo sí.
—No te hará nada, Venus. La enfrentaré de ser necesario. No permitiré que a ti te haga daño.
—Estoy haciendo mal las cosas, lo sé, pero no quiero que me humille. Creo que me iré, será lo mejor. Prefiero irme ahora antes que se siga acercando cada vez más a tu casa.
—¿Por qué no esperas un poco más? Hasta que vea bien quién es.
—De acuerdo, pero aun así, iré a acomodar mis cosas, por las dudas.

Cuando el auto estuvo a mitad de camino, Caden se relajó. No por tenerle miedo a su esposa, sino, porque temía por ver sufrir a Venus por culpa de Begoña, y sobre todo, por su culpa. La joven no se merecía ningún desprecio, sino, todo el amor que él le podría dar.

—Venus.
—¿Qué? —le preguntó ella cerrando la cartera.
—No te preocupes, es Taylor.
—¿Quién es?
—Hutson, se llama Taylor.
—Me siento un poco más tranquila.

Apenas lo vio estacionarse frente a la casa, Caden salió a recibirlo.

—¿Qué haces con esta lluvia, aquí?
—Vine a visitarte, y a decirte algo muy importante.
—¿Qué es lo que importante? —le preguntó, haciéndolo pasar al interior de la casa.
—Vaya, veo que tienes compañía.
—Hola, Taylor.
—Hola, Venus —la nombró con una sonrisa—. Caden, necesito decirte algo —le contestó y luego miró a la joven—, en privado.
—Lo que tengas que hablar, lo harás frente a ella también.
—De acuerdo, tu padre le ha dicho a Begoña que estás aquí.
—¿Qué? ¿Cuándo apareció, Begoña?
—En estos días volvió. Y exigió verte.
—Y mi padre le dijo dónde estaba.
—Como verás, tu padre es jodido y cuando quiere complicarte las cosas, lo hace sin titubeos.
—Ya me di cuenta.
—Es mejor que me vaya. No quiero que me encuentre aquí.
—Y no lo hará.
—Caden —lo llamó Taylor—, Begoña pronto estará aquí, eso es seguro, y sé de antemano que vendrá apenas ésta tormenta cese. Fue un riesgo el que haya venido aquí, pero era mejor decírtelo en persona que por teléfono.
—Y te lo agradezco mucho, Taylor.
—En serio, es mejor que me vaya.
—¿Tú escuchas cómo llueve? Es imposible que salgas de aquí.
—Si me quedo, será peor.
—Hasta que la lluvia no pare, no saldrás de aquí. Eres mi responsabilidad.
—Gracias por eso, pero lo peor de la tormenta ha pasado ya. En serio, necesito irme, tengo que preparar muchas cosas para las materias de ingreso a la carrera.
—No saldrás y es mi última decisión.
—No puedes retenerme en contra de mi voluntad.
—¿Quieres irte? ¿Te sientes encerrada?
—Me quiero ir solo porque sé lo que se nos avecina.
—No le tengo miedo a Begoña, ya te lo he dicho.
—¿Y a tu padre? ¿Le tienes miedo? —le preguntó ella, desafiándolo.
—Amigo, creo que Venus ni contigo tiene pelos en la lengua —le dijo riéndose por la escena que estaba presenciando.
—No, no le tengo miedo a él tampoco.
—Entonces, ¿por qué no te negaste cuando él quiso casarte con Begoña? —le volvió a preguntar, frunciendo el ceño mientras lo miraba con atención.
—Quería estar en la firma, ya lo sabes.
—O sea que, ¿preferiste sacrificar tu felicidad por un trabajo? Me decepcionas. Creo que eres un cobarde.
—Puede ser un idiota a veces, pero no un cobarde —le contestó Taylor a Venus.
—Yo creo que sí, sino, no se habría casado con ella por una estúpida firma.
—Amaba a Begoña, pero con el tiempo...
—Con el tiempo dejaste de hacerlo, porque supiste la clase de mujer que era, sin embargo no hiciste nada al respecto.
—En eso tiene razón, Venus —le contestó Hutson a Caden—. Ahora que en unos días más vendrá, podrás pedirle el divorcio, y quedarte con Venus.
—No será tan fácil pedirle el divorcio.
—Si quieres a Venus, tendrás que hacerlo —le dijo Taylor.
—Ya se lo dije antes.
—Sabes bien que se lo pediré, Venus, pero sabes bien cómo es Begoña, no me lo dará tan fácilmente. Pero sabes bien también, que quiero estar contigo.
—Y lo sé, y no te lo niego, a pesar de no verlo bien, estaré contigo, Caden.
—Bueno —acotó Taylor mirando el reloj pulsera—, es casi mediodía, ¿quién cocina?
—Tú —le dijo la pareja.
—¿Estás parando en alguna parte o te quedarás aquí? —le preguntó su socio.
—Estoy en un hotel cerca de aquí, así que, no se preocupen, los dejaré solos.

Los tres, alrededor de la una de la tarde, se dispusieron a almorzar. Entre la poca charla que había entre ellos, Caden le habló a Venus.

—Estoy pensando en tener unas vacaciones productivas.
—¿A qué te refieres con vacaciones productivas?
—Ya que dentro de unos dos días más este tiempo cesará, tengo pensado ir el viernes hacia Jamestown, y para eso necesito compañía.
—Ya que en unos días más el tiempo mejorará, tu esposa vendrá. Dudo mucho que puedas ir a Jamestown.
—No me importa, Venus. Mientras tanto puedo hacer las cosas que yo quiera hacer.
—Yo no he venido hasta aquí por vacaciones, sino por estudios, Caden, y te lo agradezco, pero por ésta vez paso.
—Eres aburrida.
—Ya me conoces.

Unas horas más tarde, Taylor volvió al hotel donde tenía la reserva, y ellos se quedaron a solas.

—¿Quieres ir a caminar un poco? No llueve más —le preguntó Caden.
—De acuerdo, vayamos a caminar.

Caminaron hasta el centro de la ciudad, y quedaron frente a la cafetería donde ella trabajaba, la cuál, había quedado casi en ruinas, mitad del techo se había desplomado, los vidrios repartidos de la fachada estaban deshechos, y las mesas y las sillas estaban tiradas y destrozadas por todas partes.

—Ni siquiera en dos semanas va a poder terminar la cafetería.
—Tiene por lo menos un mes para que vuelva todo a la normalidad.
—No puedo estar un mes sin trabajar.
—¿No te gustaría seguir trabajando conmigo?
—No voy a volver a Kansas.
—Si me instalo un estudio aquí, bien podrías llevar la agenda de mis trabajos de Newport.
—¿Piensas abrir un estudio aquí? —le preguntó ella mirándolo a los ojos.
—Lo había pensado para más adelante, porque sé que hay buenos clientes, pero puedo adelantarlo.
—Me gusta la idea —le respondió ella, y lo vio entrar al lugar derrumbado—. ¿Qué haces?
—Voy a entrar.
—No lo hagas, puede caerse por completo el techo —le dijo sujetándolo del brazo.
—No me pasará nada, descuida, Venus, la mayoría de las veces tuve que entrar para inspeccionar el lugar que estaba en ruinas, ese es mi trabajo como arquitecto
—Lo sé, pero estás de vacaciones, Caden.
—Eso no importa —le dijo, dándole un beso en sus labios y luego entró a lo que quedaba de la cafetería.

El dueño de la cafetería llegó poco tiempo después, para ver cómo había quedado su negocio, vio a una de sus empleadas en la puerta del local, y sola.

#23

Capítulo 16
Un encuentro más

El dueño de la cafetería una vez que se acercó un poco más a ella, le habló.

—Venus, ¿qué haces aquí?
—Buenas tardes, señor Clark.
—Buenas tardes ¿qué haces aquí? No es seguro el lugar para ti.
—Descuide, estoy esperando a un amigo que acaba de entrar.
—Dile que salga, no es segura para nadie la cafetería en estos momentos.
—No se preocupe, señor Clark, mi amigo es experto en estos temas —le dijo y Caden salió del lugar ya que la había visto hablar con el hombre.
—Buenas días señor, soy Caden Wayland —le dijo extendiendo su mano.
—Mucho gusto, joven —le dijo aceptando mano—, ¿eres pariente de Bill Wayland?
—Sí, soy su hijo.
—Bill siempre ha sido un cascarrabias.
—Y lo sigue siendo —le respondió su hijo riéndose.
—Dale mis saludos, casi siempre lo veía en el verano por aquí, ¿no ha venido contigo?
—Se los daré, no, él no ha venido conmigo, he estado viendo la cafetería por dentro, no ha quedado del todo destruida, pero llevará por lo menos un mes y algo para que quede como nueva.
—Sí, yo pensé que terminaría todo en dos semanas como mucho, pero es imposible, muchacho.
—No es tan imposible, pero llevará trabajo, y mucho.
—Lo sé, costará, pero volverá a lo que fue antes del huracán. ¿Has seguido los mismos pasos de tu padre?
—Sí.
—Entonces, podrías ayudarme a que la cafetería vuelva a ser lo que era antes.
—¿Tiene el plano de la cafetería?
—Sí, pero está en mi casa, si quieres, mañana por la mañana te lo llevaré.
—De acuerdo, señor Clark, lo estaré esperando.
—Excelente entonces, la verdad es que me has quitado un peso de encima, muchacho, sinceramente no tenía idea en dónde conseguir un arquitecto.
—Mañana hablaremos bien del tema, si nos disculpa, tenemos que irnos.

Se despidieron del dueño del local, y volvieron a emprender el camino hacia el departamento de Venus.

—Estás de vacaciones, Caden, no puedes trabajar en tus vacaciones, has venido a distraerte, no a volver a cargarte la mente de trabajo y saturación.
—Vine aquí para salir del problema que tengo con mi esposa, que espero terminar con ella definitivamente, no para despejarme la mente sobre el trabajo, Venus, amo lo que hago, y detesto haber cometido ese error del que mi familia, tú y yo sabemos también.
—A veces es bueno tomar distancia del trabajo.
—No si amas el trabajo que tienes.
—¿Acaso te pasarás las veinticuatro horas del día y los trescientos sesenta y cinco días del año trabajando? No exageres, por favor te lo pido, cansa un trabajo cuando te sobre exiges por demás.
—Entonces, ¿tú por qué trabajas en las vacaciones de verano, Venus?
—Porque lo necesito, necesito pagar la renta del departamento, los libros, los exámenes, el transporte que me lleva desde mi departamento hasta La Universidad, los impuestos del lugar en el que vivo, y los alimentos que necesito también.
—Los estudios pueden correr por cuenta de tus padres.
—No quise, por lo que tengo ahorrado bastante dinero ya, mis padres me mantuvieron con ropa, comida y casa en donde vivir, ahora es tiempo que yo me las arregle sola, sin ayuda de nadie.
—¿Qué te dijeron tus padres?
—No les agradó la idea de haberme querido independizar tan temprano, y ni querían que me pagara yo mis estudios.
—Lo mismo pienso yo, y estoy de acuerdo con ellos también.
—No me insistas tú también, Caden, ya les he dicho a mis padres que pueden venir a visitarme cuando quieran, pero no permitiré que me paguen mis cosas.
—Quién contra ti, en parte eres como yo, terca y arraigada en sus ideas, pensamientos y convicciones, tampoco yo permití que me pagaran los estudios y mis cosas mis padres cuando comencé a trabajar en un estudio de arquitectura.
—¿Acaso no has trabajado con tu padre?
—No, fue otro estudio de arquitectos en el que empecé de un principio, cuando estaba en la mitad de la carrera, mi padre quiso que estuviera con él en su estudio de arquitectura también, y en esa época tuve dos trabajos, más la carrera de arquitectura.
—Me imagino cómo habrías llegado a tu casa todos los días.
—Sí, así es, molido era poco, pero mi padre siempre me decía que me debía de doler para poder llegar a donde estoy ahora.
—Creo que tu padre es un insensible —le respondió ella, sin pelos en la lengua.
—No te lo negaré.
—Llegamos, aquí es, gracias por todo, Caden.
—No me tienes que agradecer nada, pero, ¿cuándo volvemos a vernos? Tengo que darte la tela.
—Ya me la había olvidado, bueno, ¿a la noche te viene bien?
—De acuerdo, ¿a qué hora?
—A la hora que quieras, porque estaré aquí.
—De acuerdo, está bien, nos vemos más tarde —le contestó él, se acercó más a ella, y le dio un beso en sus labios.

La joven con una sonrisa, subió los escalones que tenía la entrada de su departamento y una vez que la puerta se cerró, Caden siguió caminando hasta su casa.

Por la noche, Caden le tocó el timbre y ella le abrió la puerta, apenas terminó de mirar por la mirilla de la puerta.

—Hola nuevamente —le contestó, sonriéndole y lo hizo pasar al interior del pequeño hall.
—Hola, Venus.
—Pasa, por favor y ponte cómodo.
—¿Lo has decorado todo tú?
—Así es, no me gustaban algunas cosas y decidí decorarlo más acorde a mí, cuando me vaya volverá todo como lo había encontrado apenas entré.
—¿Piensas irte de Newport?
—Pues, si entro a La Universidad y termino graduándome, sí, me iré de aquí.
—¿Dónde?
—No lo sé todavía.
—¿No piensas volver a Kansas?
—No lo creo, Caden.
—¿Por qué no? Hay un montón de casas de decoración que necesitan profesionales en el tema, es más, cuando termines la carrera el puesto que una vez dejaste en mi estudio seguirá siendo tuyo si vuelves a trabajar para mí.
—Se supone que me fui de Kansas para poder olvidarme de ti.
—Y se supone perfectamente que ya lo habíamos hablado bien este tema, Venus, y no quiero volver a repetírtelo, las cosas han cambiado entre nosotros, ya no somos más la secretaria personal y el jefe.
—Lo sé bien eso, Caden, pero sabes que me es muy difícil para mí tener que hacerme a la idea de todo lo que me estuviste diciendo en estos días que han pasado ya. Tenemos una relación, aunque mi mente no la tenga aceptada aún.
—¿Entonces? Si supuestamente tenemos una relación, ¿por qué intentas irte apenas termines la carrera?
—Porque esto no nos va a durar siempre. Tu esposa jamás te dará el divorcio.
—Haré todo lo que esté en mis manos para librarme de ella.
—Begoña no es la mujer que piensas que es. Es arpía, y cuando quiere algo, lo consigue.
—No le tengo miedo, y no voy a permitir que nada ni nadie opaque lo que estamos empezando a tener Venus.
—No quiero que me digas esas cosas como si en verdad tú estarías soltero, Caden, de veras que trato y trato de no pensar en ello, pero me es imposible.
—Y de veras te entiendo, pero por favor, haz que esto funcione también.
—No te puedo asegurar nada, pero trataré. ¿Has podido encontrar la tela que necesito para mañana?
—Sí, aquí la tienes —le dijo entregándole en sus manos un pequeña bolsa.
—Gracias, Caden.
—De nada, linda, en verdad la decoración del departamento es muy tú, sencilla, femenina y delicada.
—¿Femenina y delicada me has dicho? Jamás pensé que llegarías a decir eso de mí, para ti era de todo menos femenina y delicada.
—Que no te lo dije nunca, no quiere decir que jamás lo haya pensado.
—Begoña es femenina, sofisticada, elegante, pedante y soberbia también.
—¿Por qué la tienes que sacar a colación, Venus?
—Lo siento.
—No pasa nada, pero así como tú me dijiste que no querías que yo la nombrara, yo tampoco quiero que tú la nombres.
—Perdón, pero sabes que siempre estará en el medio de nosotros.
—Por más que no me guste, lo sé. Pero espero que pronto, sea un tema cerrado en mi vida.
—¿Te quedas a cenar? —le preguntó ella, esquivando el comentario de él, ya que sabía bien que iba a ser muy difícil que Caden se librará de Begoña.
—Si tú quieres, sí.
—Si te lo acabo de preguntar como una invitación, es porque quiero que te quedes a cenar.
—Está bien, acepto tu invitación, Venus.
—Ven a la cocina, ¿te gusta el pollo con papas y crema?
—Me gusta cualquier tipo de comida.
—¿En serio? —le preguntó asombrada.
—Sí, en serio.
—Pensé que no te gustaban todas las comidas.
—¿Lo dices por como era frente a los demás?
—Algo así.
—Te aseguro que soy demasiado diferente frente a los demás, a parte, ya me has visto comer pizza con las manos.
—Es verdad.
—Y dime, ¿qué has hecho desde que te dejé aquí?
—Estuve acomodando algunas cosas para mañana y tener listo todo para el jueves también, ¿y tú?
—Yo estuve viendo un nuevo plano, quizá se lo haga al señor Clark para su cafetería.
—¿Por qué no esperas su plano? Te dará una mejor idea de lo que tendrás que hacer.
—La cuestión es que quizá tenga ganas de reformársela completamente.
—¿Por qué le harías eso?
—Porque el señor Clark me ha caído muy bien, a pesar que solamente a mi padre conoce, y porque no es de esos señores mayores que te miran con otros ojos.
—¿O sea que si me miraba de otra manera no pensabas ayudarlo?
—No —le dijo, ella se rio y le volvió a hablar.
—Ayúdame a preparar la mesa.
—De acuerdo —le expresó y la ayudó muy amablemente.

Cuando terminaron de cenar, Caden, le agradeció la cena, elogiando a la joven, la buena mano que tenía para la cocina. Luego de acomodar todo con la ayuda del hombre, fueron hacia el sillón de la sala de estar para mirar un poco de televisión.

AngelMagat
Rango18 Nivel 85
hace casi 4 años

Mucha riqueza en tu escrito, has usado un léxico de una gran riqueza, enhorabuena.


#24

Capítulo 17
Amenaza revelada

Mientras miraban la televisión, conversaban también.

—La próxima vez que vengas tendrás una botella de vino tinto, porque yo en verdad no bebo alcohol.
—Deberías de probar el vino, aunque sea un poco.
—¿Por qué? ¿Quieres pervertirme estando ebria? —le preguntó sarcástica y ambos se rieron a carcajadas.
—¿Estás dispuesta a que te ponga ebria y te seduzca?
—No lo lograrás por más que lo quieras, Caden —le respondió, y los dos volvieron a reírse.

Siguieron riéndose con bromas entre ambos, y Venus se sintió demasiado cómoda.

—Hace mucho tiempo que no me reía como ésta noche, me gusta mucho tu risa —le dijo él y ella se quedó mirándolo perpleja.
—Muchas gracias.
—En fin, ha sido excelente ésta noche, pero creo que me voy.
—¿Ya te vas?
—Sí, tengo que levantarme temprano, ¿recuerdas?
—Es verdad, lo siento.
—Descuida, no pasa nada, Venus, hasta mañana.
—Hasta mañana, Caden, y gracias por la tela, y sobre todo por tu compañía.
—No fue nada, ha sido todo un placer para mí el haberte acompañado ésta noche.

Le abrió la puerta del departamento, él se inclinó hacia ella y le dio un beso en sus labios, beso que ella correspondió de la misma manera que él.

Por la mañana del siguiente día, ninguno de los dos se vio, porque ella estaba muy segura que Caden se encontraba con el señor Clark arreglando aquel viejo plano, que tenía el jefe actual de ella, y que Caden le había mostrado el nuevo plano que le había hecho durante todo el día el día anterior.

Recién por la noche se volvieron a ver, cuando Caden la pasó a buscar por la universidad.

—¿Qué haces aquí?
—He venido a buscarte. Sabía que vendrías, eres terca.
—¿Por qué has venido?
—Porque he tenido ganas de hacerlo, y porque el tiempo sigue mal, y no quiere que te pase algo. Hola.
—Gracias. Hola, ¿cómo has estado?
—Muy bien, ¿y tú?
—Muy bien.
—¿Qué has hecho durante todo el día?
—Preparar las cosas para la universidad y mandar curriculum a varias empresas, ¿y tú?
—Estuve con el señor Clark, y le mostré el plano que había hecho para su cafetería. Y sobre lo que me has dicho antes, te dije que puedes volver a trabajar conmigo si me pongo el estudio de arquitectura en casa.
—¿Y qué te dijo? Y sobre lo que me dijiste, yo no voy a esperar tanto, necesito conseguir cuanto antes trabajo para poder pagarme los estudios y el departamento.
—Le gustó mucho, y te dije antes que puedo costearte tus cosas.
—Es muy bueno que le haya gustado, y ya te dije antes que no tienes porqué hacer eso, ni siquiera eres mi novio.
—¿Perdón? Lo besos que nos hemos dado dicen lo contrario.
—¿Le harás la remodelación? —le preguntó ella, esquivando la contestación de él.
—Sí, con la condición de pagarme solamente los materiales que necesitaré. Porque no se lo quise cobrar, y él me insistió en que lo hiciera, así que, arreglamos en que solo me pague los materiales.
—Está bien.
—¿Te sirvió la tela?
—Sí, gracias, éramos muy pocas personas las que la pudimos conseguir, incluyéndome.
—Me alegra haberte ayudado con tan poco.
—No tienes porqué ayudarme en lo absoluto, Caden, pero cuando necesite cosas y materiales y saber ciertas cosas de la carrera, me gustaría que me ayudes.
—Con mucho gusto te ayudaré, Venus.
—Gracias.
—Mañana a la noche tenemos cena en la casa del señor Clark.
—¿A que se debe?
—Por no haberle cobrado la mano de obra, aquí en Newport la mayoría de las personas se conocen, no es una ciudad superpoblada y les gustan ayudar a los demás y te lo agradecen si no les quieres cobrar algo.
—¿Solías veranear aquí?
—Sí, de chico, pero cuando terminé la secundaria dejamos de venir aquí.
—Fue una lástima, el lugar me encanta.
—El lugar es increíble, y por demás tranquilo. Vamos a cenar, yo invito.
—Te agradezco, pero…
—Pero por favor, acepta la invitación.
—Está bien, Caden, te acepto la invitación.

Alguien llamó al teléfono móvil de Caden mientras iban caminando hacia un restaurante del centro, y atendió.

—¿Hola?
—Hola, Caden, ¿cómo estás?
—Todo bien, mamá, ¿y ustedes?
—Todo bien, también, en verdad no iba a llamarte, pero tu padre tuvo la culpa de decirle a Begoña que estabas en Newport.
—Lo sé, mamá, Taylor me lo ha dicho.
—La verdad es que no sé cuándo irá allí, pero es seguro que tarde o temprano aparecerá por la casa.

Venus escuchaba atenta la conversación y supo bien que cada vez iba a ser más difícil la relación amorosa con su ex jefe.

—De acuerdo, si ella quiere guerra, se la voy a dar.
—Tu padre no quiere que te divorcies de ella, hijo, pero yo quiero que seas feliz y no quiero que sigas estando con tu esposa, pero sé que piensas como tu padre y no tengo manera de hacerte cambiar.
—Si supieras lo cambiado que estoy, te sorprenderías.
—¿Por qué lo dices?
—Ni siquiera te imaginas a quién tengo a mi lado en estos momentos.
—¿Venus?
—Así es.
—¿Cómo la encontraste?
—Fue una casualidad.
—Estoy sola, tu padre se fue a dar una ducha, dime más, por favor.
—La encontré el mismo día que llegué aquí.
—Eso es grandioso hijo mío, ¿cómo está ella?
—Muy bien y preciosa por demás.
—Exagerado —le dijo la joven por detrás.
—Pásamela, por favor, Caden.
—De acuerdo, mamá, toma —le respondió él a Venus—, mi madre quiere hablar contigo.
—Está bien —le dijo tomando el teléfono móvil en su mano—, hola, Jules, ¿cómo estás?
—Hola, Venus, muy bien, ¿y tú?
—Muy bien también, ¿cómo está tu esposo?
—Bien también, gracias. Sé que mi marido tuvo un altercado contigo el día del compromiso de Caden con Begoña, pero no permitas que te acobarde, ama a su hijo y lo quiere ver feliz, y en el fondo, muy escondido, Bill, es un excelente hombre.
—Lo sé, Jules.
—Sé que lo sabes, Venus, pero quería recordártelo, no quiero que por las cosas que te ha dicho Bill, tú te alejes de Caden, mi hijo te necesita y sé que su esposa es capaz de cualquier cosa con tal de no darle el divorcio a mi hijo, y Bill hará otro tanto por no romper esa unión que fue un desastre desde que comenzó aquella relación amorosa, en fin, te dejo porque no quiero que Caden sospeche que te he dado una cátedra de sus problemas.
—De acuerdo, Jules —le dijo riéndose y ella se rió otro tanto.

Se despidieron las dos, y luego le pasó el teléfono móvil nuevamente a Caden.

AngelMagat
Rango18 Nivel 85
hace casi 4 años

Personajes plenamente conseguidos y muy bien retratados.
Siempre es un placer leerte, ya lo sabes.


#25

Cortaron sus llamadas, se metió el teléfono en el bolsillo de su cardigan, y la tomó de la mano para seguir caminando hacia el restaurante más cercano.

Entraron a un bonito y sencillo restó, en donde ellos se sentaron en un rincón del lugar, en una mesa cuadrada con dos sillas enfrentadas.

Y cuando terminaron de pedir los platos y las bebidas, Caden volvió a hablarle.

—Nunca le conté acerca de la casa que tengo aquí. Porque jamás confié en ella —le contestó de la nada, y queriendo dejarle saber a la joven que era el pequeño refugio de él.
—Era obvio que tu padre se lo iba a contar. Tu padre me odia, supongo porque no tengo una excelente posición social como la tiene su nuera.
—Mi padre ni siquiera ha mantenido una charla contigo.
—Lo ha hecho la noche de tu compromiso.
—¿De qué me perdí? ¿Qué es lo que no me estás contando, Venus?
—Nada, Caden.
—La manera en cómo me has dicho las cosas, deduzco que es lo contrario. Si mi padre te ha hecho algo, te aseguro que...
—No me ha hecho nada. Tranquilo.
—Te dijo algo entonces —le respondió y ella se quedó callada—. Lo ha hecho, ¿qué te ha dicho, Venus?
—No tiene importancia.
—Para mí sí la tiene. Y quiero que me lo digas, ahora.

Venus lo miró con atención a los ojos, y se sintió acorralada por la mirada azul que la miraba.

—Me dijo que no iba a permitir que yo impidiera que te casaras con Begoña, y le dejé claro que no tenía ninguna intención de detener el casamiento.
—¿Por qué lo ha hecho?
—No lo sé —le mintió.
—Yo creo que lo sabes y no quieres decírmelo, que es diferente.
—Solo no le caigo bien.
—Una razón debe de haber.
—El que no soy como Begoña, no tengo una buena posición social. Soy una simple secretaria.
—Mi madre lo era también. Sin embargo él cayó rendido a sus pies. Si me estás diciendo esto, es como si mi padre se arrepiente de alguna forma el haberse casado con mi madre y no quiere que yo cometa el mismo error.
—Perdóname, pero creo que tu padre es un cerrado de mente. Sin embargo, no creo que se arrepienta de haberse casado con Jules. Tu madre es encantadora, y estoy segura que él se enamoró perdidamente de ella cuando la conoció.
—Por lo que sabía, en aquella época, ambos eran iguales, es decir, los dos empezaban desde cero.
—Quizá por eso me odia, tú ahora tienes un nombre en el mundo de la arquitectura, y yo soy solamente una secretaria. Tu padre es importante al igual que tú, y no quiere que te mezcles conmigo.
—Eso es una locura.
—Pero tu padre piensa eso y nadie le hará cambiar de opinión, ni siquiera tu madre.

Una vez que la cena terminó, salieron del restaurante, y él la acompañó hacia el departamento mientras iban charlando.

—No iré a Jamestown.
—¿Por qué no?
—¿Qué haré allí, solo, si no te tengo como compañía? Será una perdida de tiempo.
—Puedes divertirte sin mí, Caden, no estás atado a mí.
—Tampoco me siento atado a mi esposa, pero me siento más llegado a ti que la mujer que está buscándome.
—Gracias por el cumplido.
—Es en serio lo que te digo, jamás me sentí tan cómodo con una mujer, con Begoña era de ponerme cada dos minutos histérico y furioso, me reprochaba todo y encima me pedía más y más.
—Así son cierta clase de mujeres, y perdóname que te lo diga, pero no puedo evitar mi repugnancia hacia ella.
—Cualquier persona con sensatez se da muy cuenta de la clase de mujer que es Begoña.
—¿Qué piensas hacer?
—Lo que corresponde hacer, pedirle el divorcio.
—Jamás te lo dará.
—Su padre podrá sobornar a cualquier abogado de divorcios, pero no a uno que hace años que está dentro de la familia.
—¿Tienes un pariente abogado?
—No precisamente es pariente, pero hace años que nos conocemos y es como de la familia ya, bueno, en realidad es un sobrino segundo de mi madre, casi ni parentesco tiene conmigo, pero es un gran amigo para mí.
—Me gusta la manera en cómo hablas de tu familia.
—Soy de los pocos hombres que quieren una vida hogareña tranquila.
—Pues, te salió el tiro por la culata con tu esposa —le respondió muy sincera y ambos se rieron a carcajadas.
—Sí, ¿verdad?

Unos cinco minutos más, les tomó el camino hacia el departamento de Venus, y apenas llegaron ella le preguntó algo que jamás habría pensado.

—¿Quieres quedarte a dormir? —le preguntó a él.
—¿Quieres que me quede a dormir en tu departamento?
—Sí, ¿por qué no? Ya he dormido en tu casa.
—Sí, pero no juntos. Y tú estás teniendo tantas dudas que no quiero que luego te arrepientas por haber compartido la cama conmigo.
—Te aseguro que no me arrepentiré.
—Entonces, me quedaré a dormir contigo.

#26

Capítulo 18
¿Decisión tomada?

Antes de ir a dormir, ella le dejo bien en claro que no pasaría nada entre ellos aquella noche.

—No te preocupes por eso, no voy a insistirte, ni tampoco quiero intimar contigo por obligación, sé que no te sientes cómoda, más sabiendo que hay otra más de por medio. —Me alegro que lo comprendas —le dijo ella, entrando a la cama.
—¿Quieres charlar un poco?
—¿De qué?
—Cuando aparezca Begoña, le pediré el divorcio, y si no quiere dármelo, la amenazaré.
—¿Cómo la amenazarías?
—Puedo denunciarla por abandono de hogar. No le convendría.
—Si tú lo quieres, está bien por mí. Solo quiero que entiendas que te quiero, y que si todavía no quiero estar contigo, es porque me incomoda en cierta forma tu estado civil.
—Lo sé, por eso te lo digo y por eso estoy dispuesto a hacer eso.

Caden besó a Venus para luego dormirse. El día siguiente, la rutina fue de lo más tranquila y ambos se separaron para hacer las cosas que tenían pendientes, y por la noche, él la pasó a buscar nuevamente al departamento, para ir a cenar a la casa del dueño de la cafetería.

Venus, casi siempre usaba vestidos, pero aquella noche decidió ponerse una falda en desnivel con un top ajustado al cuerpo y sandalias con plataforma, aros al tono, una cartera con manijas, maquillada muy natural y terminó por perfumarse.

El joven hombre, la pasó a buscar con un taxi, tocando el timbre del departamento y ella le abrió de inmediato con una sonrisa en sus labios. Apenas se saludaron, subieron al taxi que los estaba esperando y los condujo hacia la dirección que le había dado él.

—Estás hermosa.
—Muchas gracias, Caden.
—¿Qué traes ahí dentro?
—Un postre.
—¿De qué?
—Crema chantilly helada con base de galletas trituradas y frutos rojos.
—Parecida a la tarta de frutos rojos con queso mascarpone.
—Sí, pero no tiene mascarpone, solamente crema batida congelada.
—¿Lo has hecho tú?
—Así es.

Mientras iban hacia la casa, charlaban de todo un poco, y de lo que habían hecho en el día.

Pronto llegaron a la casa del señor Clark y su esposa. Caden le pagó al taxista, él se bajó, y ella bajó del asiento trasero con ayuda de su pareja, luego de que ella le diera las gracias, él tocó el timbre, y el señor Clark de inmediato les abrió la puerta muy amablemente.

Luego de los saludos, les presentó a su esposa, llamada Pietra, quien los recibió con los brazos abiertos y con amabilidad, era una encantadora mujer.

Luego de la cena, tan rica que les había preparado Pietra, pasaron a la sala de estar, en donde la joven ayudó a la mujer a servir el postre que Venus había hecho, y café italiano. Una conversación llevó a la otra, y su esposa, les había preguntado a ambos cómo y en dónde se habían conocido Caden y ella.

—En Kansas —le respondió amablemente Caden.
—Él era mi jefe, allí —le confirmó Venus.
—¿Y están de vacaciones aquí? —volvió a preguntarles.
—Ella está estudiando aquí, yo estoy de vacaciones —respondió el hombre.
—Verdaderamente hacen una hermosa pareja.
—Gracias —le dijeron los dos al unísono.
—¿Y cuándo piensan casarse?
—No pensamos en eso, aunque yo recién tengo veintiún años, y creo que estoy algo joven para casarme todavía.
—Tú estás joven, pero tu novio por más que aparenta tener veintitantos, seguramente no los tiene.
—Tengo treinta y tres años, Pietra.
—Lo sabía.
—Deja tranquilos a la pareja, mujer —le dijo su esposo queriendo cambiar de tema.
—No nos molesta que nos pregunte sobre eso —le respondió Caden.

Siguió un poco más con su cuestionario y respuestas que ellos le daban, y Caden jamás nombró a su esposa, porque era peor y más confusión les crearía a los dos.

Dos horas después, ya estaban regresando al departamento de la muchacha, pero a mitad de camino, él la invitó a su casa.

—Ésta noche te toca a ti quedarte en mi casa, ¿qué dices?
—Está bien —le respondió y él le dio un beso en el costado de su cuello.
—Hueles muy rico.
—Muchas gracias, Caden.

Él, la tenía sujeta de la cintura contra su cuerpo, y siguió besando su cuello, siguiendo hacia el maxilar, mejilla y terminando en la boca de la joven.

Tuvieron que frenar la caminata, porque a cómo él, la estaba besando ávidamente, estaba muy segura que irían a tropezarse contra algo por la calle.

Ella, enredó sus brazos y manos alrededor de su cuello, y se dedicaron a besarse tranquila y apasionadamente.

Apenas se separaron, él volvió a hablarle.

—Espero que no te hayas molestado por la conversación que tuvimos allí dentro.
—No pasa nada, nadie sabe tu vida privada excepto yo, lo bueno de todo esto es que nadie de aquí conoce a tu esposa, y ni siquiera han salido juntos en revistas.
—El único que sale en revistas soy yo, por ser quién soy, Venus.
—Sí, lo sé muy bien eso.

Un cuarto de hora después, llegaron a su casa, y unos quince minutos más tarde ya estaban dentro de la cama matrimonial, abrazados.

—Me gustaría tener hijos contigo, Venus —le respondió sinceramente y ella enmudeció.
—Te estás precipitando, Caden.
—Lo sé, pero solo quería que lo supieras.
—Te agradezco que me hayas dicho eso, pero no es momento ni lugar para esa clase de tema.
—No te lo estoy diciendo para que los tengamos ahora, despreocúpate, por el momento me conformo con tenerte a mi lado.

Venus, se había quedado pensando en muchas gracias a lo largo de aquella noche, la charla que tuvieron con el matrimonio mayor, y la charla que estaban teniendo ambos dentro de la cama, y se había dado cuenta que valdría la pena estar con él.

Rápidamente, él cambió de tema, ésta vez, para reírse un poco antes de quedarse completamente dormidos el uno abrazado al otro.

AngelMagat
Rango18 Nivel 85
hace casi 4 años

Esperando que finalmente logre triunfar el amor.
Siempre es un placer leerte por lo bien que escribes.

SylvieDupuy
Rango11 Nivel 50
hace casi 4 años

@GreenGooses_42 Como siempre muchas gracias por gustarte mi manera de escribir, y por pasar a leer mis cajas. :)
Ya está disponible la caja 27 para que sepas un poco más de estos dos. ;)
Un beso, :)


#27

Capítulo 19
El gran paso

Cerca de finales del mes de Junio, la relación entre Caden y Venus era maravillosa, y su esposa no se había presentado todavía en Newport, pero siempre estaba la incertidumbre de que en cualquier momento la verían en la ciudad. Aún así, a pesar de todo, la joven mantenía una relación estable con él, dentro de su desastroso matrimonio con Begoña.

Hacía escasos segundos después, a la joven le llegó un mensaje de texto de Caden:

Pon algo de ropa dentro de un bolso y ven a casa cuando se ponga el sol en el mar.

Y así lo hizo, alrededor de las siete de la tarde, caminó hacia su casa en la playa.

Y para su encuentro con él, ella se puso un vestido de verano, largo hasta los tobillos, a rayas en colores violetas y tostados, sandalias bajas al tono, bolso de mimbre, y accesorios dorados. Se soltó el pelo, se lo cepilló y se lo acomodó perfectamente, y por último, se puso perfume en todo el cuerpo y rostro.

Aquella tarde, estaba decidida a pasarla con él.

Llegó pronto a la casa, golpeó a su puerta, y de inmediato él le abrió sonriéndole abiertamente, al igual que ella a él también.

—Hola, mi amor, ¿cómo has estado? —le preguntó y Venus se quedó callada por su cariñosa palabra hacia ella.
—Hola, Caden, bien, ¿y tú?
—Bien también, recién terminé de hacer algo.
—¿Qué has hecho? —le preguntó ella, curiosa y entrando al interior de su casa, cerrando él la puerta detrás de ella, y él tomó el pequeño bolso en una sus manos y lo depositó en el sillón del living.
—Es una sorpresa.
—Me gustan las sorpresas.
—¿En serio?
—Sí, en serio, Caden.
—Pues entonces, señorita Avner, deberá taparse los ojos si quiere ver la sorpresa —le dijo, sacando de su bolsillo del pantalón de lino blanco un pañuelo para vendarle los ojos a la joven.

La ayudó a darse la vuelta, y vendó sus ojos con aquel pañuelo. La condujo hacia la parte de su vestidor, y luego la ayudó a caminar hacia la habitación de él, y sentarla en el borde de la cama.

—¿Estamos en tu cuarto?
—Sí.
—¿Es aquí la sorpresa?
—Sí. Enseguida vuelvo —le dijo él, yendo a apagar la luz principal y correr las amplias cortinas.
—¿Caden? —preguntó ella, estirando los brazos para poder tocarlo.
—Estoy aquí, no me he ido —le respondió, sujetando sus manos con las suyas—. Solo fui a correr las cortinas y apagar la luz.
—Por un momento pensé que te habías ido.
—¿Y perderme la reacción de tu rostro cuando veas la sorpresa? No ¿Tú quieres que me vaya, Venus?
—No, claro que no —le expresó sincera y riéndose sutilmente formándosele un hoyuelo en cada mejilla.

Luego de aquello, escuchó una sutil melodía de fondo para ambientar la habitación. Algo del exterior se veía por más que la cortina estaba baja, y eso recreaba un ambiente perfecto para el romanticismo, estaba cayendo el sol en el horizonte del mar, y eso hacia increíble todo lo demás. Pronto se acercó a Venus, y le quitó el pañuelo de los ojos. Ella, parpadeó unas cuántas veces más, y enfocó bien la vista.

—Mira al techo —le dijo suavemente y le hizo caso.
—Es precioso, ¿la sorpresa?
—Así es.
—¿Cómo lo has hecho?
—Estuve trabajando toda la tarde para esto.
—Titilan como las verdaderas estrellas, es hermoso.
—Cuando estés aquí y haya tormenta, podemos encender el techo para que te tranquilice —le contestó con total sinceridad, y ella formó una sonrisa en sus labios, mientras sentía sus ojos acuosos.
—Es muy bonito lo que has hecho para mí, Caden, jamás creí que me llegarías a hacer una cosa así, es bellísimo, me encanta la sorpresa que me has preparado —le dijo ella, mirando hacia el techo y se le aguaron los ojos por demás.

Ambos se quedaron en silencio, y era terrible, porque no sabían qué decirse o qué hacer. Hasta que Venus le volvió a hablar:

—Me ha gustado muchísimo la sorpresa, muchas gracias por esto, Caden.
—No tienes que agradecerme nada, Venus, me pareció un muy lindo detalle hacia ti, después de todas las cosas que me estás soportando.
—¿Crees que tus cosas, para mí, son un fastidio? —le preguntó asombrada.
—En parte sé que lo son para ti.
—Puede que sí, pero eso lo contrarresta con los días que paso contigo y con todas las veces que te veo, hace tres años que te amo y no puedo, no soportarte tus cosas, no puedo imponerte cosas y ni tampoco te las puedo reprochar porque sé que por más que tú las quieras hacer, no puedes hacerlas en verdad —le dijo ella, refiriéndose al divorcio.
—Venus… —le emitió sin poder decirle más nada y se acercó a ella para darle un beso en sus labios.

Volvió a besarle, y ésta vez fue con más ansias que la anterior vez. Él posó sus manos en las mejillas de la muchacha, y la motivaba a seguir con cada beso que le estaba dando. Caden, iba más allá de toda lógica, y Venus lo acompañaba en la travesía. A la joven, ya no le importaba demasiado lo que pasaría después de lo que estaba a punto de pasar. Y aunque en parte tenía sus dudas y miedos, intentó aplacarlos por aquel momento tan mágico que estaba teniendo y sintiendo con Caden.

Él, se separó apenas del rostro femenino, y se miraron sin decirnos nada, y volvieron a besarse con más ganas que la anterior vez. Ella, enredó sus brazos alrededor del cuello masculino, y él la abrazó por la cintura, acariciando la espalda, para apretarla más contra él. Sus besos fueron hacia la delicada barbilla de Venus, bajando por su garganta y besarle con parsimonia su cuello. Las manos de Caden, vagaron por toda la espalda de la mujer, hasta situarse en los tirantes de su vestido largo de verano.

Ella, por su parte, posó sus manos en el primer botón de la camisa de verano de él, y él le habló:

—¿Estás segura, Venus? No me enojaré si no quieres hacerlo, es más, te lo entenderé.
—Lo quiero, quiero esto, Caden, por favor, no me rechaces.
—No te rechazaré, pero quiero que estés muy segura del paso que darás a continuación.
—Sí, estoy muy segura —le dijo convenciéndolo, de lo que ella le había afirmado, y lo besó en sus labios suave y tiernamente también.

Él, correspondió a su beso, de manera ansiosa, y una vez que él, levantó en sus brazos a Venus, la ayudó a recostarse en el medio de la cama matrimonial. Le quitó las sandalias bajas de a una a la vez, las dejó en el piso en un rincón alejadas del colchón de dos plazas, y ella se sentó en el medio de la cama para terminar de desabotonarle la camisa que había dejado a medias, y luego, se la quitó por completo.

Los dedos de Venus, se enredaban solos, al querer sacarle los botones de los ojales correspondientes, la razón, eran los nervios que estaba comenzando a sentir por lo que se le aproximaba. Y más nerviosa se puso cuando no pudo quitarle su camisa de los hombros y brazos.

—Quién no te conoce diría que es tu primera vez con un hombre —le contestó él, riéndose, mirándola al rostro, mientras que ella mantenía la vista en lo que intentaba hacer.
—Lo siento, he perdido la práctica —le mintió.
—Descuida, no tienes porqué pedirme perdón, te entiendo, Venus.
—Me alegro, Caden.

Apenas le quitó completamente su camisa, él volvió a recostarla con delicadeza sobre la cama, y bajó delicadamente los tirantes del vestido de verano, y de a poco fue desnudándola hasta dejarla solamente con su tanga de encaje de color blanco.

Lo bueno de todo, era que, al estar a oscuras, y solo con la luz natural del atardecer que entraba por los resquicios de las cortinas, Caden no podía verla del todo bien, y ni mucho menos la expresión del rostro femenina cuando divisó las manos del hombre en el botón de su pantalón.

Venus, intentó darle a cambio lo que él le había hecho antes, desnudarla.

—Déjame ayudarte, por favor —le respondió ella, poniéndose de rodillas sobre la cama.
—De acuerdo —le dijo él, algo sorprendido.

Una vez que ella, le bajó el cierre, él terminó quitándose el pantalón de lino, el cuál lo dejó tirado en el suelo y fue hacia la joven.

Él, se acostó a su lado, y posó sus dedos en el rostro de ella, para correr algunos mechones de su pelo, que estaban sobre la mejilla izquierda. Se miraron, y él comenzó a acariciar la piel de la joven con suma delicadeza y cariño. Los dedos masculinos recorrieron la garganta de ella, y bajaron aún más hasta frenar milímetros antes de su pecho. Ella, ahogó un gemido en su garganta. Y él, sonrió con total satisfacción.

—Eres preciosa —le respondió sincero, y acercó su boca a la de ella.
—Gracias —le contestó con una sonrisa.

El amor y la pasión, estaban ahí, latentes y solo faltaba que ambos se dejaran llevar por lo que sentían mutuamente. El beso de Caden, hizo estragos en Venus, quién se entregó a él, en todos los sentidos. Las caricias y las palabras de amor que ambos se prodigaban, dieron paso a la entrega mutua y a una noche que ninguno de los dos jamás iría a olvidar.

AngelMagat
Rango18 Nivel 85
hace casi 4 años

Noche inolvidable, inolvidable también tu relato.
Enhorabuena.


#28

Capítulo 20
El enemigo

Unos minutos después, ya estaban relajados, y él tenía a Venus apoyada contra su pecho y hombro, mientras la abrazaba por su espalda y hombros.

Ella mantenía apoyada su mano, sobre su tonificado, amplio y macizo pecho.

—¿Te has arrepentido ya? —le preguntó él a ella.
—No, para nada, ¿y tú?
—Jamás Venus, ¿por qué no me lo has dicho? —le preguntó y supo al instante a lo que se refería.
—Lo siento, no lo creí importante.
—¿No lo creíste importante, me dices? Venus, jamás he estado con una mujer virgen hasta hoy, debías de habérmelo dicho, cariño.
—No cambiaba en nada y no quería decírtelo porque no quería que me rechazaras.
—Nunca te rechazaría, Venus. Me gustas, toda tú me gustas. Y siempre recordaré ésta noche, gracias por ésta noche junto a ti.

La muchacha le sonrió, y sin decirse nada más, ambos se quedaron dormidos. A la mañana del siguiente día, de manera espontánea planearon el viaje a Jamestown. Era lo mejor, y más sabiendo que era posible que Begoña se presentaría en su casa tarde o temprano.

—Acepto que nos vayamos a Jamestown, pero también tienes que enfrentarla —le dijo Venus mientras iban rumbo a la ciudad.
—Lo sé, y no estoy huyendo, esto lo tenía planeado antes de saber que tú estabas aquí, sé que debo enfrentarme a ella, y cuanto antes mejor.
—Me alegro que lo sepas.

Los dos días que habían pasado en Jamestown, habían sido perfectos, ambos se llevaban más que bien, y Venus se sentía tan cómoda y relajada con él, que parecía mentira.

Al retorno de aquel pequeño viaje en pareja, su esposa no daba ninguna señal de haber llegado a Newport, y eso en parte es lo que mantenía a la pareja relajada y prácticamente conviviendo de vez en cuando en ambos hogares.

Quince días después, Venus había comprobado lo que por varios días estaba sospechando al sentirse bastante mal por las mañanas, estaba embarazada, y se le vinieron miles de cosas a la cabeza en cuanto lo supo. Se armó de valor y caminó hacia la casa de Caden, el padre de su hijo debía de saberlo, y aunque no le gustaba la situación en la que estaba metida, debía tomar coraje por las cosas que había hecho. No estaba arrepentida de todo lo que había vivido con él en tan poco tiempo, pero él debía saber también que no iba a esperarlo por siempre.

Unos minutos luego de haber llegado, ella tocó el timbre, y le abrió el padre de Caden. Venus lo miró sorprendida y se mantuvo callada.

—Nos volvemos a encontrar —le dijo a secas.
—Hola, señor Wayland.
—Si buscas a Caden, no está. Pero me gustaría hablar contigo.
—Creo que volveré en otro momento.
—Y yo prefiero charlar ahora —le respondió abriendo más la puerta—. Pasa.

La joven entró, y dio un respingo de susto al sentir la puerta cerrarse de golpe.

—¿Cómo te trata Newport?
—Bien.
—¿Y la universidad? —le preguntó, y ella lo miró de manera sorprendida.
—Sé que has venido aquí por estudios, no soy ningún tonto. Y te dejé en claro lo que quería que hicieras.
—La casualidad de la vida hizo que nos volviéramos a encontrar su hijo y yo.
—Y tú, esperaste el momento oportuno para engatuzarlo.
—Su nuera no es mejor que yo. Lo abandonó y ella está en falta, no yo.
—Eres solo una arrastrada, que vio la manera adecuada para meterse en la cama de su jefe.
—No soy más su secretaria. Y si lo fuera, usted no tiene ningún derecho en meterse en la vida privada de su hijo. Tiene bastantes problemas con su esposa como para tener un problema más con usted.
—Eres poca cosa para Caden, siempre serás desechable, Caden no se mezcla con gente como tú, hace meses atrás te lo dejé en claro, y ahora veo que faltaste a mi amenaza. ¿Cuánto quieres para desaparecer?
—¿Cree que me arreglará con dinero? No soy Begoña, no se equivoque conmigo, señor Wayland.
—¿Quieres un millón, o prefieres dos millones para largarte de la vida de mi hijo, y dejar que vuelva con su esposa, que es allí donde pertenece?
—Caden no pertenece a Begoña, y usted lo sabe bien. Se encaprichó con su hijo, solo porque usted quería ser parte de esa tan importante firma de arquitectura.
—Aquí tienes dos millones y el tiempo suficiente para empacar tus cosas y desaparecer de su vida —le respondió, entregándole el cheque.
—Su esposa era igual que yo, si así me considera como mujer, entonces de igual manera considera a su esposa —le contestó muy molesta, rompió el cheque en pedazos y salió de la casa.

Venus volvió a su departamento, muy enojada y frustrada, había ido para darle una gran noticia a Caden y se encontró solamente con el padre, exigiéndole que se fuera de la vida de su hijo. No iba a ceder, pero tampoco era de esa clase de mujeres que esperaban toda una vida por el hombre que quería.

La muchacha se lo encontró dentro del departamento, y ambos quedaron mirándose.

—¿Qué haces aquí? —le preguntó con el ceño fruncido.
—Tú me diste la llave, solo vine a ver cómo estabas.
—Y yo volví de tu casa porque creí que estabas ahí.
—¿Te encontraste con mi padre?
—Sí. Lamentablemente lo vi y me hizo pasar.
—¿Por qué fuiste a mi casa?
—Me habías dicho que podía ir las veces que quisiera, no imaginé que estaría tu padre ahí, tú no me lo dijiste.
—Vine a tu departamento para decírtelo.
—Ahora ya es tarde.
—¿Te ha dicho algo?
—No —le respondió y supo que estaba mintiendo.
—Mientes muy mal. ¿Qué te dijo?
—Me ofreció dinero para desaparecer de tu vida. ¿Conforme? Caden, no quiero esto, si voy a seguir contigo, no quiero ésta clase de humillaciones, y tampoco que estés casado. Me aguanté bastante ya, no quiero seguir así, escondidos, sabiendo que estamos haciendo algo malo.
—¿Quererte es algo malo para ti?
—No, que sigas casado y salgas conmigo, eso es lo malo. Y encima que tu padre me considere una arrastrada, eso también es lo malo. Ponte los pantalones, sino, esto se termina.

#29

Capítulo 21
Las cosas claras

Caden la miró sorprendido, era de esperarse que Venus reaccionara de aquella manera. Y en parte, se ponía en el lugar de ella.

—Entiendo tu postura, pero entiéndeme a mí también. Begoña es difícil, y hará lo que sea para no divorciarse de mí.
—Puedes presentar una denuncia por abandono de hogar y ella tendría las de perder, no es tan difícil. A mí me parece que no quieres enfrentarla.
—Quiero divorciarme cuanto antes de ella.
—Entonces, actúa como un hombre. Cuando tengas buenas noticias, sabes dónde encontrarme —le respondió y le abrió la puerta de entrada.
—¿Me echas?
—No. Te invito a irte.

El hombre volvió a asombrarse cuando su novia lo echó del departamento. Él haría lo que estuviera en sus manos para poder librarse por siempre de su esposa y así poder formar algo con Venus.

Caden había vuelto a su casa, donde lo esperaba su padre.

—¿Papá, qué haces aquí aún?
—He venido a quedarme contigo unos días.
—Y a llenarle la cabeza a Venus, ¿verdad?
—¿De qué hablas, hijo?
—No me engañas, papá. Ella me ha contado lo que le has hecho.
—Era de esperarse que una mujer como ella te dijera tales cosas.
—Me lo ha contado solo porque confía en mí.
—¿Acaso no te das cuenta que es una mujer de poca calaña?
—Papá, ya deja de molestarme.
—Estás tan embelesado con ella que no te das cuenta que Begoña es la que importa aquí.
—¡Papá! ¡Me divorciaré de Begoña, te guste o no! —le gritó—. No tienes idea de lo insoportable que me eres, con las cosas que debo hacer porque a ti se te antojan, hace más de un año dejé de amar a Begoña, sin embargo por imbécil terminé casado con ella, solo porque a ti se te antojaba que estuviera en la firma de arquitectura de su padre.
—Bueno, no ha sido tan así —quiso excusarse con su propio hijo.
—¡Sí! ¡Así mismo fue! No hagas que te conteste mal. Siempre te metiste donde no debías, siempre hurgando mis cosas por miedo a que las hiciera mal, ¿y qué si las hacía mal? Por lo menos aprendía, y lo volvía a intentar. Y espero que no pierda a Venus, de lo contrario, tú serás el único culpable. Sé bien que debo divorciarme de la arpía que tengo por esposa, y lo haré, te guste o no, quiero ser feliz, y tú me bloqueas el camino.
—Solo quiero que tengas éxitos a lo largo de tu profesión, y quiero que seas feliz.
—Lo haré, pero con Venus. No con Begoña. Fue muy bajo lo que le has hecho a Venus, ¿ofrecerle dinero para que se vaya de mi vida? —le dijo y este no supo qué decirle—. Ni siquiera intentes darme una explicación, porque no servirá de nada. Tu esposa, o sea mi madre, era tu secretaria también, ¿te hubiera gustado que tu padre le ofreciera dinero para que se vaya de tu vida? La hiciste sentir como una basura y mujerzuela, si así la consideras a Venus, así consideras a mamá también.
—No es lo mismo.
—Es lo mismo, papá. Ambas fueron secretarias, y ambas tuvieron algo con sus jefes. Ya tengo mi camino forjado, con proyectos en proceso y con nuevos proyectos. No me interesa para nada la firma de mi suegro, nunca me interesó, tú te empeñaste en que fuera parte de esa firma, yo con lo que tenía hecho era más que suficiente. Las cosas ya están bien claras entre los dos, me divorciaré de mi esposa, y empezaré una nueva vida con Venus, y me quedaré aquí.
—¿Te quedas aquí? —le preguntó sorprendido.
—Así es, me quedaré aquí. Tengo un proyecto, y pienso trabajar desde aquí, como supones, Venus será mi secretaria, y Taylor podrá ocuparse del estudio en Kansas mientras yo esté aquí.
—¿Por qué?
—Sabes bien porqué me quedo aquí, Venus está realizando una carrera, y quiero acompañarla mientras trabajo. No hay nada más que discutir. Me importa demasiado esa mujer, y no pienso perderla. Y ni tú y ni Begoña, me impedirán que esté con Venus.
—Eres igual a tu madre, cuando se le pone algo en la cabeza es difícil de hacerla cambiar de opinión, y tú eres igual.
—Por algo soy su hijo. Y sí, haré lo que se me antoje hacer. Y eso es estar con Venus. Si quieres que vuelva a hablarte, enmienda el error que cometiste, y eso implica Venus y Begoña.
—No tengo manera de hacer semejantes cosas.
—Tú abriste la boca de más, solo tú puedes arreglar el error, de lo contrario, me obligarás a no dirigirte la palabra.
—¿Qué quieres que haga en verdad?
—Ya te lo he dicho, primero: que le pidas perdón a Venus, y segundo: que hables con el padre de Begoña para que me deje tranquilo su hija. No pienso soportar por más tiempo a su caprichosa hija.
—Está bien, Caden.
—Bien, papá. Nos vemos otro día.
—No reservé ninguna habitación de hotel.
—Después de lo que has hecho, no tendría que dejar que te quedaras aquí.
—Soy tu padre.
—Y uno muy metido también.
—¿Dejarás que me quede?
—No debería, pero lo haré. Solo espero que no me molestes, porque tengo muchas cosas que hacer.
—Está bien.
—Es más, dicho sea de paso, ahora podrías ir al departamento de ella y pedirle disculpas.
—¿Ahora?
—Sí, ahora.
—Bueno, como quieras. ¿Y su dirección?
—Ahora mismo te la daré, y espero que te comportes como un caballero con ella, de lo contrario, ya sabes bien lo que pasará.
—Sí, lo sé —le dijo y tomó en una de sus manos, el papel con la dirección.

Venus estaba intentando calmarse nuevamente, y tomar aquella nueva noticia de ser madre, con más tranquilidad que la primera vez que lo supo, gracias a la prueba casera de embarazo.

Tocaron el timbre del departamento, y dejó en un rincón la prueba. Fue a abrir, no sin antes mirar por la mirilla de la puerta. Se sorprendió cuando lo vio, y no quiso abrirle.

—Creo que dejamos las cosas claras, señor Wayland.
—Lo sé, pero es solo un minuto, vengo en son de paz.
—No confío en usted.
—No deberías, pero por favor, ábreme.

La muchacha, sin dar más vueltas, abrió la puerta y lo invitó a pasar. Solo por ser amable y porque era el padre de su pareja, le ofreció para beber y comer algo, pero él se negó.

—Me gustaría saber el motivo de su inesperada visita.
—Solo quiero disculparme contigo —le respondió él, y ella se sorprendió.
—Se lo pidió Caden, ¿verdad?
—Así es. Pero por otra parte, vengo por voluntad propia también, él me lo pidió, pero yo tarde o temprano lo tenía que hacer.
—No tiene ninguna obligación para conmigo, ¿por qué me pediría disculpas? Me odia, eso está más que claro.
—Porque comprendí que Caden te ama, y aunque hubiera preferido que se quedara con Begoña, no puedo ir en contra del amor. Tú me hiciste recapacitar, Caden me dijo muchas cosas, y abrí los ojos demasiado tarde. Aunque no creo que sea demasiado tarde para ustedes dos, él le pedirá el divorcio a su esposa, y yo le daré un empujón a mi hijo también.
—Amo a su hijo, y aunque no tenga nada para ofrecerle, lo quiero, por cómo es conmigo.
—Ya me di cuenta que lo quieres, y Caden está dispuesto a todo para que te quedes a su lado. A veces me recuerdas a su madre. Terca y decidida, pero hermosa también, y por esas cualidades me enamoré de ella.
—No impida que su hijo sea feliz, sé que usted lo es con su esposa, lo vi en la fiesta de compromiso de Caden, y si quiere a su hijo dejará que las cosas sucedan como tienen que suceder, y caigan por su peso.
—Ya te dije que le daré un empujón.
—De acuerdo.
—¿Me disculpas entonces?
—Sí, ya está disculpado, señor —le contestó, y él extendió su mano.
—Si están las cosas claras, será mejor que me tutées.
—Como quieras —le dijo ella—. ¿Qué piensas hacer con Begoña?
—Déjamelo en mis manos. Begoña no se saldrá con la suya.

AngelMagat
Rango18 Nivel 85
hace casi 4 años

Muy buena de nuevo esta caja.
Estudia un poco esto: ¿me dejarás quedar?, no suena bien, yo escribiría mejor por ejemplo ¿permitirás que me quede? o ¿dejarás que me quede?
También me suena mal: me haces acordar a su madre, sonaría mejor por ejemplo me recuerdas a su madre

SylvieDupuy
Rango11 Nivel 50
hace casi 4 años

@GreenGooses_42 Muchas gracias por haberte parecido muy buena la caja. :)
Y gracias por las correcciones, ahora misma las edito.
Un beso, :)


#30

Capítulo 22
Las cosas se ponen difíciles

Caden estaba de lo más relajado, trabajando en el nuevo proyecto del jefe de Venus, cuando escuchó el timbre de su casa. Frunció el ceño, mirando con atención la puerta, se levantó de la silla cuando supuso que era su padre que retornaba del departamento de su novia.

Abrió la puerta con seguridad, sin mirar ni por la ventana y ni mucho menos por la mirilla de la puerta, cuando se encontró de cara con su esposa.

Entró decidida a la casa, como si fuera la dueña de la misma. Se giró en sus talones para mirarlo a la cara.

—Te he extrañado mucho —le respondió con total normalidad.
—Sí que te volviste loca —le dijo, luego de reírse ante su comentario.
—Es la verdad, te he extrañado mucho, Caden —volvió a repetirle.
—Ni se te ocurra abrazarme —le contestó sujetando sus muñecas—. No intentes excusarte, no quiero saber nada de ti. Y para que vayamos entendiéndonos, te seré muy claro. Quiero el divorcio.
—¿Y crees que te lo daré? Ni sueñes que te desligarás de mí, para irte con la mujerzuela de tu secretaria.
—Begoña, hace más de un mes que desapareciste de mi vida, no pretendas que te dé la bienvenida nuevamente, no quiero estar a tu lado, no te quiero, no te amo, y deberías de saberlo muy bien. A parte, tú me robaste parte de un dinero que estaba ahorrando, por lo tanto, eres una ladrona, si no me das el divorcio por las buenas, me lo darás por las malas.
—Diré que te acostaste con tu secretaria mientras estabas casado.
—Nadie te creerá. No estoy para aguantarte más Begoña, ya me cansé y este matrimonio se disolverá te guste o no. Me importa muy poco lo que pienses de mí, quiero vivir la vida que siempre quise, y eso implica no tener a una mujer como tú.
—Me la pagarás muy caro, Caden Wayland, te aseguro que te hundiré.
—No me asustan tus amenazas, siempre has sido caprichosa e inmadura, eso siempre lo supe. Lo peor del asunto es que me di cuenta muy tarde la clase de mujer que eras verdaderamente. De más está decirte que en mi casa no te quedas.
—Eres un déspota.
—Tú no eres mejor que yo, Begoña. Ahora, retírate, por favor.
—No tengo dónde ir.
—Te hubieras acordado antes de venir aquí. No te necesito, y la verdad es que estoy mil veces mejor sin ti. Comprendes que eres una ladrona, ¿verdad? Si querías dinero, me lo hubieras pedido, sin sacármelo a escondidas. Pero claro, si me lo pedías no ibas a poder irte más de un mes, ¿no? Y ahora te me presentas aquí, diciéndome que me has extrañado, y cuanta estupidez sale de tu boca. Pues yo, no te he extrañado en lo absoluto, no te amo más, hace más de un año que dejé de amarte.
—Sabrás de mí dentro de poco tiempo. No te librarás de mí tan fácil.
—Vete, Begoña. No tienes nada que hacer aquí.

La mujer, malhumorada, se retiró de la casa, y cerró la puerta de un portazo. Caden suspiró de alivio y volvió a sentarse para seguir trabajando en el plano de la cafetería, pero no pudo hacer mucho, su cabeza estaba en la conversación que había tenido pocos segundos antes con su esposa. Una esposa celosa, resentida, ladrona y sobre todo malvada.

Bill, volvió al poco tiempo, y su hijo le contó lo que había pasado hacía minutos atrás. Padre e hijo se dispusieron a conversar como hacía tiempo no lo hacían, hasta llegar a un acuerdo entre los dos. Un acuerdo que solos ellos sabrían, pero Bill iba a hacer todo lo posible para que su hijo al fin fuera feliz con la mujer que amaba.

Solo una semana después, había visto Begoña a Venus entrar a una tienda de bebés. La esperó a una distancia prudencial hasta que la joven saliera del negocio, y la siguió hasta nuevamente su departamento. La esposa de Caden era una arpía de primera clase y haría lo imposible para que Caden se mantuviera a su lado, sin poder escaparse de ella.

Venus había recibido un mensaje de texto de Caden, diciéndole que iba a ir a su departamento para hablar seriamente con ella sobre un asunto sumamente importante. Ella al escuchar el timbre, abrió sin mirar por la mirilla de la puerta principal. La joven mujer, se encontró con el rostro impasible de Begoña.

AngelMagat
Rango18 Nivel 85
hace casi 4 años

Maravillosa caja, ojalá pueda triunfar el amor.
rectifica esto: Solo una semana después (no luego)
Un acuerdo que solo ellos sabrían (no sabían)

SylvieDupuy
Rango11 Nivel 50
hace casi 4 años

@GreenGooses_42 Muchas gracias por haberte parecido maravillosa. :)
Vamos a ver qué pasa entre ellos dos, y sobre todo con su esposa también.
Enseguida lo arreglo, muchas gracias. ;)
Un beso, :)


#31

Capítulo 23
Begoña, la retorcida flor

Venus se la quedó mirando con asombro, jamás se habría esperado tenerla frente a su departamento, y mucho menos que diera con el lugar donde residía. La muchacha tragó saliva con mucha dificultad pero se recompuso para enfrentarla.

—Begoña, ¿se te ofrece algo?
—No te hagas la amable conmigo. Nunca nos hemos llevado bien, ahora no es momento para las amabilidades.
—Solo lo hago para no rebajarme a tu nivel.

Begoña subió los pocos escalones de la entrada, y le dio vuelta la cara. Venus quedó desconcertada ante la actitud malvada y poco madura de aquella mujer. Giró su rostro, y la miró de manera seria. Se contuvo, solo para no quedar como ella.

—Esa boca que tienes es demasiado insolente, y no tolero que me hables así. Creo que nos debemos una charla y larga —le dijo, cazándola del pelo.
—Ni se te ocurra tocarme —le contestó de mala manera Venus, mientras la mataba con la mirada y se soltaba de su agarre.
—No estás en ninguna condición de amenazarme, no con el bastardo que llevas en tu vientre —le respondió Begoña, señalando el vientre.
—Creo que te estás confundiendo.
—Te vi entrar y salir de la tienda de bebés con paquetes, no puedes negármelo.
—Ni siquiera sabes si los paquetes son para alguien más.
—No me tomes por estúpida, no lo soy, Venus. No me gusta que me mientan, y menos tú, no sabes de lo que soy capaz de hacer con tal de que Caden siga a mi lado. Y no te conviene llevarme la contra, porque de lo contrario, el que sale perdiendo será tu bebé.
—¿Eres capaz de atentar contra la vida de un inocente con tal de mantener a tu lado a Caden?
—Sí.
—Eres mucho peor de lo que te conocen. En vez de sangre, tienes veneno en las venas.
—Y me gusta tirarlo contra ti, eres una piedra en el camino, y como tal tengo que patearla a un costado para que no estorbe —le respondió de manera cínica con una socarrona sonrisa.
—Si no sales de aquí, llamaré a la policía y le diré que tengo una loca dentro de mi departamento acosándome.
—Nadie te creería —le dijo riéndose.
—No me importa, solo quiero que te vayas, me pones nerviosa.
—Es mejor que así lo sea, te doy pavor, lo sé. Y es lo que quiero, para que sepas que soy capaz de todo por tener a Caden conmigo. No soy una mujer que se cruza de brazos, me conoces y sabes perfectamente que soy malvada, y las cosas las hago sin importarme las consecuencias de mis actos. Solo quiero que desaparezcas de la vida de mi marido, porque si no lo haces, me veré obligada a perjudicar al hijo de Caden, y sé bien que tú no quieres que pase eso, ¿o sí? —le contestó, retorciendo en su dedo índice un mechón de su pelo.

Caden había llegado al departamento luego de abrir la puerta con la llave que le había dado Venus en su momento. La joven le había gritado al hombre, cuando vio dentro del lugar a su esposa, y Begoña aprovechó la ocasión de distracción de Venus, para poder adelantarse y tener a su favor la situación incómoda por la que la pobre joven estaba pasando.

—¿Qué haces aquí, Begoña? —le preguntó Caden.
—Le quería hacer una grata visita a tu hermosa noviecita, ¿o me lo negarás?
—Deja a un lado el cuchillo. La estás atemorizando.
—Es lo que quiero, que me tema, y que sepa bien que conmigo no se juega, ambos me arruinaron la vida.
—Tú sola te la arruinaste —le contestó él—, tú siempre te saliste con la tuya, los demás a tu alrededor eran marionetas para ti. Jugaste con todos nosotros, eres una arpía, siempre lo has sido, y nunca cambiarás.
—¿Por qué no le dices lo que tienes escondido? —le formuló la pregunta en el oído a Venus, mientras bajaba el cuchillo hacia el vientre de la joven mujer.
—¿Qué es lo que tiene para decirme? —le preguntó Caden.
—¿Acaso no lo sabes? Tu hermosa noviecita está embarazada.
—Begoña, eres malvada —le respondió Venus.
—Claro que lo soy, me gusta verte sufrir, zorra —le contestó, tirándole la cabeza hacia atrás de sus pelos, y apretando con saña la punta del cuchillo en su vientre.
—Suéltala, Begoña. Esto es entre tú y yo —le dijo, dando un paso hacia delante.
—Tú te quedas ahí, no vas a dar un paso más.

El padre de Caden, se presentó en el departamento al ver la puerta entre abierta. Al ver la escena y la situación en la que los tres estaban, le gritó a Begoña, haciendo que ésta última perdiera el control de la situación y dándole a Caden una ventaja sobre ella.

El hombre, se fue contra su esposa, arrinconándola contra una de las paredes, y allí comenzó el forcejeo.

—Te había pedido por las buenas el divorcio, pero tal parece que tengo que pedírtelo por las malas, ¿qué prefieres? ¿Firmar ahora los papeles, o te hundo el cuchillo en tu vientre? Tú eliges —la amenazó Caden, mirándola a los ojos.
—¿Serías capaz de eso?
—Tú lo ibas a hacer, y sé que eres capaz de eso y de mucho más. Y yo soy capaz de matar por Venus.
—De acuerdo, firmaré el divorcio.
—Veo que después de todo, eres una cobarde.

Caden y Begoña se sentaron frente a frente, y cada uno en su tiempo firmó cada papel del divorcio. Begoña se levantó de la silla, se giró en sus talones, teniendo las manos dentro de los bolsillos de su abrigo, miró con recelo y seriedad a Venus.

—Si crees que te libraste de mí, estás muy equivocada, yo puede que me haya divorciado de él, pero tú no estarás mejor que yo —le respondió carente de sentimientos.

Venus abrió los ojos al sentir una punzada en su vientre, se sujetó el lugar donde la había herido, y cayó de rodillas, Caden intentó sujetarle la muñeca donde tenía en su mano la navaja pero en el forcejeo con su ex esposa, ella se liberó y los enfrentó.

—Ni intenten acercarse, y mucho menos seguirme los pasos, si me persiguen soy capaz de matarlos.

Tanto Caden como Bill, se quedaron de piedra al ver la escena, Begoña salió del departamento y Caden al fin, fue a socorrer a Venus, quien estaba tirada en el piso de costado.

—¿Venus? ¿Me escuchas? —le preguntó él, sujetándole la herida mientras la sostenía en sus brazos, y llorando.
—Caden... —le respondió abriendo los ojos con lentitud.
—Aguanta, cariño, por favor, aguanta —le decía mientras besaba su frente.
—Por Begoña no te preocupes, tendrá su merecido. Le tocará lo que siempre se ha merecido —le dijo su padre.
—No me importa Begoña —le respondió su hijo con lágrimas en los ojos.

Muy cerca de allí, las sirenas de la policía se hicieron sentir, dando por finalizada la vida libre de Begoña, arrestándola por denuncias que implicaban robo, abandono de hogar e intento de homicidio.

—¿Escuchas las sirenas? —le preguntó su padre.
—Sí.
—Vinieron a buscar a Begoña, se le acabó todo.
—¿Cómo? —le preguntó su hijo, confundido y aturdido.
—Yo he llamado a la policía minutos antes de llegar aquí, supuse que Begoña estaría aquí, no me preguntes cómo, pero conozco la manera de actuar de ella y no es de la clase de mujeres que se quedan sentadas sin realizar algo en contra de otra persona, y en este caso, en contra de Venus. Les dije que la persona que estaba aquí, estaba siendo denunciada por robo, abandono de hogar y por sobre todo, intento de asesinato.
—No podías saber eso último.
—Caden, Begoña era capaz de cualquier cosa para no librarse de ti.
—Lo sé.

Muy pocos minutos después, dos médicos trasladaron a Venus hacia la ambulancia, en donde la ingresarían al hospital del centro de la ciudad.

#32

Capítulo 24
Nueva vida

Venus abrió los ojos con lentitud, para luego enfocar la vista y darse cuenta que estaba en una cama de hospital, intentó sentarse, pero la herida que tenía en su vientre se lo impedía.

La madre de Caden se había acercado a ella para ayudarla en lo que quería.

—¿Cómo te sientes? —le preguntó mirándola a los ojos.
—Bien, un poco confundida.
—Es comprensible. La herida que sufriste fue algo profunda.
—¿El bebé? —le preguntó con terror en sus ojos.
—Tranquila. No corre peligro, si bien la herida fue de preocupación, no afectó al feto. Y tu embarazo sigue su curso normal.
—Caden... Caden se enteró de una manera no muy tradicional sobre el embarazo.
—Por eso no te preocupes ahora. Trata de descansar. Lo has hecho, pero debes descansar más tiempo.
—¿Cuántas horas pasaron?
—Diría que pasó un día y medio.
—¿Un día y medio? —formuló la pregunta con asombro.
—Sí, ahora duerme. Lo necesitas. Tus padres están por llegar en cualquier momento.
—¿Saben todo?
—Son tus padres, cariño.
—Lo sé, pero: ¿qué crees que dirán sobre lo que sucedió?
—Están muy contentos de saber que vas a tener un bebé, y no ven la hora de verte.
—¿Eso te dijeron?
—Sí, ¿por qué pensabas lo contrario?
—Porque vine aquí para estudiar una carrera y se suponía que no debía quedar embarazada. La culpa es de tu hijo.
—La culpa no es de ninguno de los dos, aunque un poquito sí es de ambos, pero sé que se aman, y Caden se hará cargo del bebé.
—No pretendía que se hiciera cargo del bebé.
—Sé que amas a mi hijo, varias veces me lo dejaste claro. Ahora que todo se solucionó, ¿por qué no planean vivir juntos?
—No creo que esté dispuesto a rehacer su vida y menos que en el medio haya un bebé.
—Supongo que tú en su momento tuviste demasiadas negaciones y dudas cuando te acostaste con él, sabiendo que seguía casado. Y aún así, estuviste con él, ¿no crees que Caden quiera formar parte de tu vida al fin?
—La última vez que lo vi, no terminamos del todo bien —le respondió, y Caden se hizo presente en la sala.
—Creo que los dejaré a solas. Estoy muy segura que tienen que hablar mucho —les dijo Jules, y la mujer salió del cuarto cerrando la puerta a sus espaldas.
—Me alegro mucho que al fin te hayas despertado —le contestó sentándose en el borde de la cama.
—Gracias.
—¿Por qué no me lo dijiste? —le preguntó, poniendo su mano en el vientre de la joven mujer, y ella se quedó mirándolo con atención y sentimientos encontrados.
—No estaba segura de decírtelo —le expresó ella, sin saber cómo decirle que lo sentía—. Caden... la última vez que nos vimos no terminamos bien, y no quiero que te sientas en la obligación de hacerte cargo del bebé.
—¿Me echas de tu vida? ¿Por qué?
—No. Bueno, no sé cómo habrás tomado lo del embarazo, pero no quiero que te sientas culpable o en el deber de darle cosas al bebé.
—Venus, de un principio te había dicho que te quería y que quiero casarme contigo —le dijo, mirándola a los ojos, y abriendo una pequeña caja de terciopelo frente a ella—. ¿Quieres casarte conmigo? —le preguntó y ambos se miraron a los ojos.
—Yo... ¿No estás enojado conmigo?
—¿Por qué habría de estarlo? ¿Por el embarazo? Es lo mejor que nos pudo haber pasado, Venus. Te amo, esa es la verdad y quiero compartir mi vida contigo. ¿Quieres ser mi esposa?
—Sí, quiero ser tu esposa.

Caden sacó el cintillo de la caja, y se lo colocó en el dedo anular izquierdo a Venus. El anillo en el dedo de la joven, brillaba como el sol de aquel día de verano. El hombre tomó el rostro de la fémina en sus manos y se inclinó para darle un beso. Un beso que sellaba al fin, el amor entre ellos.

#33

Epílogo
Alegrías

Venus y Caden se casaron muy pocos meses después de que a ella le dieran el alta, y cuando aún la panza no se le notaba, en una ceremonia íntima y sencilla, los únicos que estaban presentes eran los padres de ambos, y Taylor.

Por otra parte, Begoña, había sido encarcelada y condenada a varios años de prisión por intento de homicidio. Los padres de la mujer, tuvieron que recluirse por varios meses del entorno que los rodeaba solo por la mala imagen que su hija les había dado, sobre todo a la firma de arquitectos del padre.

La pareja de recién casados, se instaló por definitiva en la casa que Caden tenía en Newport, en donde él iría a trabajar desde allí para estar cerca de su esposa, la cuál aún continuaba con la carrera de decoración de interiores, mientras que en los días que no cursaba, ella se encargaba de la agenda de él, como lo había hecho de un principio en Kansas.

El pequeño estudio de arquitectura que se había diseñado Caden, de a poco se iba expandiendo, ya que en pocos meses comenzó a tener varios clientes importantes.

Aquella misma tarde, Venus, quien estaba en el cuarto que le habían armado al bebé, estaba terminando de acomodar algunos adornos infantiles sobre la repisa amurada contra la pared, cuando sintió un fuerte dolor en su bajo vientre. Se sujetó con fuerza la panza y caminó como pudo hacia la entrada del cuarto.

—¡Caden! —le gritó.

El hombre, estaba tan concentrado en la realización de un plano, que al escuchar el grito de su mujer, curvó el trazo perfectamente recto, estropeando así completamente el plano.

—¿Qué tienes? —le preguntó acercándose a ella.
—Creo que rompí bolsa.
—¿¡Qué!? ¿Ya? —le preguntó casi histérico.
—Sí, ya —le respondió, apretando uno de sus brazos ante una nueva contracción.
—¡Ay! —le dijo, frotándose el brazo—. Tomaré las cosas y nos iremos al hospital.
—No, no lo creo. Creo que lo tendré aquí, ahora mismo.
—¿Por qué? —le preguntó asustado.
—Porque ya siento su cabeza y no quiero tenerlo en el auto.
—¿En serio me lo dices?
—No, te estoy haciendo una broma ―le contestó con sarcasmo―. Ayúdame a acostarme en la cama.

Caden ayudó a su mujer a caminar hacia la cama, y la acostó con delicadeza, mientras ella comenzaba a respirar aceleradamente.

Caden la asistía como un caballero sin quejas, y tratando de acomodarla lo mejor que podía y refrescándole la frente, hombros y pecho con una toalla húmeda mientras ella apretaba los brazos de él y gritaba ante una nueva contracción.

—¿Llamo a alguien?
—No, tú seras el encargado de que lo tenga.
—¿Estás loca?
—No. Eres el padre del bebé, tienes la obligación de traerlo al mundo —le contestó luego de respirar entrecortadamente y gritando.
—Eso no me corresponde a mí.
—No, pero ahora estás tú. Por favor, ayúdame, tengo miedo, Caden —le respondió con lágrimas en los ojos.
—Quédate tranquila, cariño. Todo irá bien.

Caden preparó todo lo necesario para traer a su hijo al mundo, y Venus comenzó su labor de parto entre gritos y lágrimas.

Casi media hora después, la pareja de enamorados y su bebé recién nacido yacían sobre la cama, el pequeño en los brazos de la madre, mientras que Caden detrás de ella, abrazándola con afecto y amor.

—¿Cómo quieres llamarlo? —le preguntó ella mirando al bebé con total fascinación.
—El nombre que tú quieras, Venus.
—Me agrada Jimie.
—Suena muy bien. Será entonces, Jimie Wayland —le dijo él a ella, besándole la frente.
—Hay que llamar a tus padres y a los míos también —le respondió ella.
—Lo haré enseguida. Pero primero llamaré al obstetra para que los revise.
—Me parece bien.

Dos horas y media después, ambas familias y los nuevos padres junto con el bebé, se relajaron dentro de la sala principal de la casa de Caden, brindando por la nueva felicidad.

—Quisiera hacer un brindis por los nuevos padres, y sobre todo por Venus —expresó Bill—. Nunca pensé que tú y mi hijo llegaran hasta aquí, y haberlo visto me puso muy feliz, y comprendí que tú eras la correcta para mi hijo. Y me alegro mucho por eso. Por eso, brindo por ti hoy —le dijo con sinceridad, y chocó la copa de él con el vaso de jugo de ella.
—Gracias Bill, amo a tu hijo y estoy feliz de estar en su vida.
—Lo sé, y eso me gusta. Y cambiando un poco de tema, Jules y yo volvemos a irnos de luna de miel —les comentó a todos mientras miraba a su esposa.

Todos volvieron a brindar contentos y felices. Caden y Venus se besaron frente a sus padres y el bebé comenzó a llorar.

—De acuerdo, Jimie. Tranquilo, dejaré a mamá tranquila para que tenga toda tu atención —le dijo a su pequeño hijo besando su frente.

Venus rió ante tales palabras y luego ella besó a su hijo en una de sus rosadas mejillas.

Los padres de la pareja, levantaron las copas de la pequeña mesa de la sala, y prepararon juntos el almuerzo, dejando a la joven pareja y al nuevo integrante tranquilos.

—Me haces la mujer más feliz del mundo.
—Y a mí el hombre más feliz del mundo, gracias, por todo, por tu paciencia, y por abrirme los ojos cuando debí apurarme con mi vida anterior. Sin ti a mi lado no lo hubiera conseguido. Te amo —le respondió con total sinceridad y ella le sonrió.
—Te amo yo también a ti, Caden.

Ambos se besaron mientras el bebé dormitaba en los brazos de la madre.

FIN

P.D.: Muchas gracias a todas las personas que se animaron a leer, votar y comentar la historia. Un beso enorme. :)

AngelMagat
Rango18 Nivel 85
hace casi 4 años

Me alegra que todo haya acabado bien para los protagonistas y que haya triunfado el amor.
Enhorabuena, te seguiré leyendo en las demás historias publicadas.

SylvieDupuy
Rango11 Nivel 50
hace casi 4 años

@GreenGooses_42 Muchas gracias por haberte gustado la novela. :)
Después de todo lo que pasaron, el amor triunfó.
Un beso, :)

SheilaMares
Rango9 Nivel 40
hace más de 3 años

Que hermoso final. Madre mía que bonito. Begoña era muy mala. Escribes muy bien, historias bonitas y que enganchan. Sigue así. No me esperaba que la intentase matar y que tuviera el hijo en casa. Si es que no tienen miedo a nada esta pareja. :)

SylvieDupuy
Rango11 Nivel 50
hace más de 3 años

@SheilaMares90 Muchas gracias por haberte parecido hermoso el final. :)
Begoña tuvo su merecido. Muchas gracias por creer que escribo muy bien y que te haya enganchado la novela, me pone contenta también. :)
Gracias por haberte agradado que ella tuviera al bebé en la casa. :)
Un beso, :3