PhoebeCaulfield
Rango11 Nivel 51 (7191 ptos) | Artista reconocido
#1

Ella tenía más pasado que futuro tendría yo nunca.

Mi vida se resumía en dos páginas inéditas, que todos conocían. La suya era un best-seller que nadie compró.

Ella disimulaba una sonrisa infantil, de la niña que no pudo ser. Yo me creía mayor por encadenar palabras bien sonantes, con voz grave.

Yo sabía que era un poeta incapaz de escribir un verso. Ella desconocía que era la musa que todo poeta deseaba conocer.

Éramos radicalmente diferentes y sin embargo nuestros caminos se cruzaron una tarde de abril, en aquel viejo café del centro.

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Ainerface
Rango8 Nivel 36
hace casi 4 años

Muy buen comienzo, sin duda inspirador. Espero leer más en breve.

AngelMagat
Rango18 Nivel 85
hace casi 4 años

Vaya pena, espero que muy pronto se busque uno
que creo que por aquí los hay a montones y muy buenos.
Pasa si quieres por mi ANTOLOGÍA DE SONETOS, ya son nueve poemas publicados, quizás te guste alguno.

AndreBo
Rango6 Nivel 26
hace casi 4 años

Súper buen comienzo, sí señor :)

AngelMagat
Rango18 Nivel 85
hace casi 4 años

Vuelo a leerlo,
y más que narración lo veo como un delicioso poema o una prosa poética, enhorabuena a quien lo ha escrito.

PhoebeCaulfield
Rango11 Nivel 51
hace casi 4 años

Muchas gracias por volver a él y gracias por tus palabras, es verdad que parece prosa poética pero te aseguro que ha quedado así por voluntad del texto, no mía jajaja a ver si se me ocurre cómo continuarlo. Saludos :-)


#2

Como cada tarde desde hacía más de un mes, sentado en la misma mesa, miraba a mi alrededor en busca de inspiración al tiempo que intentaba tapar los papeles insultantemente blancos que todos los días llevaba conmigo, con la esperanza de poder escribir mi próxima gran obra.

Mirando aquel bar, quedaba claro que había pasado por tiempos mejores; en sus paredes colgaban las fotografías de las personas ilustres que tiempo atrás lo frecuentaron, pero ahora las manchas de humedad les ganaban protagonismo y las mesas acumulaban una capa amarillenta y pegajosa que los camareros se afanaban en limpiar sin éxito. Quizás por eso me gustaba ese bar, porque me recordaba a mí, en el pasado ambos éramos respetados y admirados por todos, pero ahora la humedad y la soledad nos cubría.

Esa tarde la vi por primera vez. Estaba agachada intentando limpiar una mesa, dejándome ver toda su belleza, en esa época en la que solo creía en la belleza con forma de escote. Tenía el pelo negro recogido en una coleta, me doblaba la edad y me triplicaba en golpes recibidos.

-Ey morena- La interpelé -Me pones…-Me devolvió una mirada asesina.

-Tranquila, solo quiero que me pongas una cerveza- Sin responder se dirigió a la barra.

Al cabo de un rato se acercó a mi mesa con la cerveza, antes de que se fuera la cogí de la muñeca y le pregunté si me daba su número.

–No, gracias. – volvió a su tarea de limpiar las mesas, esta vez dándome la espalda.

–¿Sabes? Soy escritor. – Dije con toda la suficiencia que mi autoestima me permitía.

–Pues no escribes mucho – Ese disparo había ido a dar y me dejó malherido. Tanto que me dejó mudo.

–¿Sabes cuál es tu problema? – Dijo sin mirarme y sin dejar de limpiar. – Que eres guapo y lo sabes.

–No veo el problema en eso. –Respondí burlón.

–Pues lo es. Eres guapo y lo sabes, y no hablo solo de tu físico. Eres la clase de persona que puede conseguir cualquier cosa sin esfuerzo y lo sabes. Te crees dueño de todo lo que te rodea y que lo puedes coger cuando quieras. Como diría, el que apuesto es uno de tus escritores favoritos, “conoces el precio de todo y el valor de nada.”

Segundo disparo en la diana. Reconozco que me descolocó que conociera a Oscar wilde, pero esta vez no pensaba darle el gusto quedándome callado:

–Así que te parezco guapo. –No respondió.

En ese momento no fui consciente de lo equivocado que estaba con ella y no calculé el valor ni mucho menos el precio que pagaría por mi soberbia.

Ahora que todo ha pasado y recuerdo como me comporté, aún me sorprendo de las barbaridades que era capaz de decir, creo que el truco era no oírme a mí mismo para no tener que sentirme culpable.

Hace alrededor de 1 año

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Sarym
Rango16 Nivel 75
hace alrededor de 1 año

Jajajaja, me va encantando esta trama, ya me picaste la curiosidad, continuaré con la lectura, cariño.

PhoebeCaulfield
Rango11 Nivel 51
hace alrededor de 1 año

Jajaja me alegro que te haya gustado. Gracias por el apoyo.


#3

Los días siguientes a nuestro primer encuentro, pasaron tan vacíos e insignificantes como mis papeles en blanco, hasta que precisamente una mañana, recibí una llamada nada cordial de mi editor. En ella me recordaba que se me agotaba el plazo para enviarle algo, dejándome claro que lo único que le impedía no romper el contrato, era esperar que mi próxima obra nos brindara tanto éxito como la primera.

Después de soltarle un par de bravuconerías y colgar, cogí la caja de recortes que siempre había en mi escritorio. Dentro estaban las entrevistas y artículos de opinión que meses antes llenaban los kioscos dónde se hablaba de mi gran talento, del “mago de las letras de tan solo 20 años”.

Tenía por costumbre releerlas para apaciguar al león hambriento en que se estaba convirtiendo mi autoconfianza.

Esa misma tarde saqué punta a mis lápices, cogí los folios y me dirigí al café. Cuando llegué la busqué con la mirada pero no estaba.

Me senté en la mesa de siempre y otro camarero se ofreció a tomarme nota, pero preferí esperarla, sin atreverme a preguntar por ella. Se hizo de noche y no apareció así que volví a casa.

Pasaron varios días sin saber nada de ella, por fin cuando ya pensaba que no volvería a verla, un viernes me la encontré en su tarea de limpiar mesas.

Desde la primera vez que hablamos, nuestras interacciones se limitaban a pedir consumición, alguna vez intentaba bromear con ella pero como no me seguía el juego dejé de insistir. Pero esa tarde era diferente, se la veía distante. Como siempre, le pedí algo de beber y al ponerme la bebida en la mesa, no me sostuvo la mirada como de costumbre, de hecho me esquivó.

Cuando ya se iba, le cogí la mano con suavidad y le pregunté:

–¿Todo bien?

–Sí. – respondió con un susurro y apenas de refilón pude ver como tenía los ojos hinchados de llorar.

Pasé el resto de la tarde observándola, sus movimientos siempre rápidos, esa tarde se ralentizaron como quien lleva grilletes en los tobillos. Esperé a que acabara su turno y con preocupación sincera, le pregunté si quería que la acompañara a casa y me dijo que sí, no sé si por complacerme o porque realmente no quería estar sola.

Me dijo que su piso quedaba cerca de allí, así que fuimos andando. La mayor parte del trayecto lo hicimos en silencio, solo al llegar al portal señaló mis papeles en blanco:

–¿Qué? ¿Tus musas están en huelga?

–Más bien caídas en combate

Por primera vez esa tarde me miró fijamente a los ojos. Sin previo aviso se acercó a mí y me besó. Desde luego que no fue la primera vez que alguien me besaba, pero nunca nadie, y hasta la fecha sigue siendo así, me había helado la sangre de esa manera.

Al separarnos, en un intento de recobrar la entereza, le pregunté por su nombre.

–¿Qué adelantas sabiendo mi nombre? Cada noche tengo uno distinto

–Vaya, el otro día me citas a Oscar Wilde y hoy a Sabina, me quito el sombrero – Respondí al tiempo que imitaba el gesto de quitarme el sombrero.

–Es mejor así

–Al menos dime un apodo, aunque sea el personaje de tu libro favorito

–Dorothy, la niña perdida en el reino de Oz

–Un placer conocerla, Dorothy –Le guiñé un ojo y me di la vuelta de camino a casa.

Al llegar, revisé el teléfono y había un mensaje de mi editor “Una semana o se acabó.”

No podía posponerlo más, me senté en el escritorio, cerré los ojos y a mi mente solo venía el recuerdo de aquel beso, me recreé en esa sensación y al abrirlos empecé a escribir y para cuando quise darme cuenta ya había escrito dos folios y por primera vez no era novela, sino poesía.

Pasé esa noche y las siguientes sin dormir, no necesitaba café, solo el recuerdo de ese beso me mantenía despierto. Mientras tanto por el día, pasaba la mayor parte en el café y solo descansaba para hablar con ella, no me atreví a preguntar por el beso, pero me agradaba hablar con ella, descubrí que le encantaba leer y teníamos gustos muy parecidos.
Hasta que un día conseguí hacerla reír, de toda nuestra historia quizás esta es la única parte de la que me siento orgulloso.

Esa misma tarde escribí un poema sobre su risa y firmé el manuscrito. Solo me faltaba el título, lo tenía claro “Un beso y un poema.”

Al día siguiente, un día antes de que acabara el plazo que me había dado mi editor, se lo envié y casi de inmediato me llamó:

–¿Un libro de poemas? ¿Te has vuelto loco?

–¿No te gusta?

–Bueno a ver, está bien escrito, eso desde luego, pero no te pega...es demasiado moñas.

–¿Moñas?

–Sí, no sé, no era esto lo que estaba esperando, ni mucho menos lo que esperan los lectores. Con tu primera novela te ganaste una reputación de chico malo. Me temo que no les guste.

–Y sin embargo me gusta a mí que es lo que importa. Funcionará.

Hace alrededor de 1 año

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Sarym
Rango16 Nivel 75
hace alrededor de 1 año

Wow es fantástica tu manera de narrar, la lectura se hace adictiva y enganchas al lector. Por lo menos desde mi experiencia. Espero con ansias la continuación Saludos, cariño @PhoebeCaulfield


#4

Lo hizo. Al menos por un tiempo, los meses siguientes a la publicación del libro fueron una locura, los días se me iban entre actos de firmas y entrevistas.

Mi editorial supo dar la publicidad que enganchara a los lectores, eso y junto a que todavía mi éxito anterior no se había olvidado del todo, conseguimos que durante varios meses las ventas aumentaran progresivamente. Los problemas vinieron cuando se acabó el efecto sorpresa y en Internet se multiplicaban las reseñas no oficiales donde los lectores daban su opinión sincera, cosa que con los medios de comunicación, con cheques de por medio, no pasaba.

Precisamente estas opiniones en redes sociales y blogs fueron el principio del fin, parecía que todos se habían puesto de acuerdo en regalarme adjetivos como “pasteloso", “mediocre"…”una estafa".

Y esto a su vez hizo que fueran otro tipo de publicaciones las que se interesaran por mi, de los que te persiguen por la calle y se esconden en cubos de basura, cámara en mano.

La única persona que me apoyó y a la que le gustaban mis poemas era a “Dorothy". Durante esos meses empezamos algo parecido a una relación mucho más intima y profunda de lo que yo estaba dispuesto a admitir. Dejé de ir tanto al bar pero en cambio la esperaba todos los días a que acabara su turno para dar un paseo juntos o acompañarla a casa.

Esos paseos supusieron una válvula de escape para ella y el origen de mi traición. En ese tiempo que pasábamos juntos me narró algunos de los capítulos más duros de su infancia; como la muerte de su madre cuando solo tenía diez años, como su padre empezó a mostrar más aprecio por la botella de vino que por sus propias hijas y como finalmente tuvo que abandonar su casa con tan solo 18 años llevándose consigo a su hermana de 12. Al contarlo no omitía ningún detalle por duro que fuera pero, imagino que por el paso del tiempo, lo hacía con una entereza y serenidad que helaba la sangre.

-Aún recuerdo las palabras de mi padre el día que mi hermana y yo nos fuimos de casa -Me contaba- fue después de que vaciara la enésima botella de vino y levantara la mano a mi hermana, era algo que no estaba dispuesta a permitir, así que hice las maletas y le dije que nos íbamos. -En ese momento paró de hablar y miró a los setos del parque que se acababan de mover como si algo o alguien nos estuviera acechando…así era.
Luego continuó hablando:

-Ya en la puerta nos miró con desprecio y rabia y nos dijo que no volviéramos a pisar esa casa, que nos podíamos ir al mismo infierno al que se había ido nuestra madre. En cierto modo le hicimos caso, pues esa fue la última vez que nos vimos y a partir de entonces y durante muchos años pasamos por momentos bastante parecidos a vivir en el infierno.

Cuando acabó de contarlo me acerqué a ella y la abracé sin decir nada.

-¿Recuerdas cuando hace unos meses falté al trabajo?

-Sí.

-El motivo fue que tres días antes me enteré que mi padre había muerto de cirrosis.

-Lo sien…-No pude acabar la frase cuando el hombre que se ocultaba tras los setos echó a correr, con una cámara de fotos colgada al cuello. Corrí tras él pero no logré alcanzarle, o quizás esta sea otra de las muchas mentiras que me sigo repitiendo. Después de la persecución ella estaba nerviosa y por primera vez me invitó a su casa.

Al igual que cuando me besó por primera vez, la noche que pasamos juntos hizo que mis ínfulas de hombre experimentado se rindieran ante ella. A la mañana siguiente pude examinar con detenimiento su habitación y vi una estantería repleta de libros. Me levanté de la cama y leí algunos de los títulos.

-Vaya, Alicia en el país de las maravillas, El principito… y por supuesto El maravilloso mundo de Oz.

-Mi libro favorito. Tengo el recuerdo de mi madre leyéndonos ese cuento a mi hermana y a mí mientras nuestro padre nos miraba sonriendo desde la puerta de nuestro cuarto.

-¡Ah! Ahora lo entiendo todo -Dije cogiendo uno de los libros- El abanico de Lady Windermere, aún me duele la puñalada que me diste en nombre de Oscar Wilde.

-Te la ganaste.

-Mi frase favorita es otra: “Todos estamos en la cloaca…

-Pero algunos miramos hacía las estrellas.” -Acabamos los dos al tiempo.

-¿Hacía qué estrellas miras tú?

-Mis estrellas tienen forma de bar

-¿No te ves en otro sitio?

-He dicho que me veo en un bar, pero no como. Me gustaría ser dueña de mi propio local.

-Me gusta ese sueño, ojalá lo cumplas. Esa tarde acertaste, Oscar Wilde es mi escritor favorito.

Ya casi a media mañana salí de su casa y creo que desde ese momento supe que sería la última vez que la vería, al menos en una situación tan agradable.

#5

A los pocos días mi cara estaba en todas las revistas y programas de sociedad donde se preguntaban quien era la mujer, la cual me doblaba la edad, a la que abrazaba tan cariñosamente.

Esas fotos eran justo lo que necesitaba. Hacía tiempo que nadie se acordaba de mí y mucho menos de mis libros. Haciendo uso de mi estrategia de no pensar para no sentirme culpable, yo mismo me encargaré exprimir esa historia, incluso inventándome algún otro romance. Era el momento de aprovechar el tirón y escribir otra novela, el problema era encontrar la historia y yo sabía exactamente cuál contar, la suya.

No escatimé en detalles, desde la muerte de su madre hasta que se fue de casa y cuando creía que la historia no era lo suficientemente dramática, no dudaba en inventarme algún detalle lo más escabrosos posible. Sabía que para que la historia enganchara tenía que parecer real o en su defecto, serlo, así que a falta de su nombre describí el bar donde trabajaba y como éste también había aparecido en las revistas, sabía que los lectores se entusiasmarían al saborear la carnaza de las desgracias ajenas.

Cuando mi técnica de no pensar fallaba, solo tenía que justificarme diciendo que lo hacía por ella, para que todos conocieron su historia. Solo me quedaba el título y por asegurarme de que todos supieran que hablaba de la mujer de mis poemas, le puse un título similar, “Una noche de amor y un relato" y lo promocioné como la segunda parte del poemario. En definitiva, no tuve problema en mercantilizar su vida y en prostituir sus sueños en mi beneficio.

El libro fue todo un éxito, en poco tiempo tripliqué las ventas de las otras dos obras juntas y el bar se convirtió en lugar de culto para periodistas y curiosos.

Un día, amparado en la falsa seguridad que me proporcionaba la soberbia, tuve la desfachatez de acercarme al bar, como esperaba estaba lleno y apenas la pude ver entre la multitud. En un alarde de dignidad, me di la vuelta y me alejé, pero la oí hablar a mi espalda.

-Debí imaginarlo cuando vi que escribías a lápiz

-¿Qué?

-Pues eso, que tú estás acostumbrado a escribir a lápiz, borrar tus errores y hacerlos desaparecer sin más, yo en cambio siempre he tenido que escribir a bolígrafo, sabiendo que los errores no desaparecen, como mucho emborronan el papel para recordarte que no hay vuelta atrás, para que sepas que siempre van a estar ahí.

No supe que decir, de hecho creo que no entendí una sola palabra. Ya en la puerta, antes de entrar, se giró y añadió:

-Pero déjame que te diga una última cosa, la vida siempre escribe con bolígrafo.

Esa fue la última vez que hablé con ella.

#6

Tardé mucho tiempo, demasiado, en comprender lo que ella había significado para mí y todo el daño que le había hecho. Lo comprendí cuando, por casualidad, pasé por delante del bar y con sorpresa vi que se llamaba “ El país de Dorothy”. En ese instante comprendí lo que me dijo la última vez que hablamos y que le debía una historia, su historia, la de verdad.

De camino a casa, pasé por una papelería y compre un bolígrafo. Al llegar a casa me senté frente al escritorio, ya sin la caja de recortes y me puse a escribir, hacía tiempo que no había vuelto a escribir, pero se lo debía.

Durante las siguientes semanas escribí sin parar, conté cómo la conocí, cómo poco a poco fui descubriendo que era la mujer más valiente y excepcional que jamás había conocido. Esta vez no conté los detalles de su vida, solo hice hincapié en cómo con su fortaleza y su incesante mirada a las estrellas consiguió salir de las cloacas. También hablé de mi traición, no para disculparme, sino por justicia. Como no podía ser de otro modo lo titulé “Una traición y una vida entera. La verdadera historia de Dorothy.”

Cuando acabé el manuscrito, volví al bar y esperé en la acera de enfrente para que se metiera en la cocina para asegurarme de que no me veía. Cuando estuve seguro entré y se lo dejé encima de la barra, junto a una nota que decía:

“Para Dorothy, de parte del león cobarde”

PhoebeCaulfield
Rango11 Nivel 51
hace 9 meses

@Sarym, @Egoclastia, @AngelMagat, @Ainerface y @AndreBo me he tomado la libertad de citaros para que podáis seguir leyendo la historia, por fin terminada, ya que cuando la empecé (siglos atrás, lo sé) os gustó y que así me sirva de excusa para daros las gracias por el apoyo mostrado.

Saludos.

Extraviada
Rango6 Nivel 28
hace 9 meses

Deberías continuar...
Inventa esos poemas dedicados a Dorothy (Que me ha dado tanta curiosidad leerlos) creo que serían muy buenos.
Me ha gustado mucho.