Rlyeh
Rango8 Nivel 36 (2497 ptos) | Poeta maldito
#1

PREFACIO.

Era un claro normal en el típico bosque sin nada extraordinario más allá de árboles altos y frondosos, alimañas lo suficientemente ocupadas en sus labores para no dejarse ver y una atmósfera en la que la mano del hombre aún no había llegado.

Era un bosque ordinario en un día nublado cualquiera, con la excepción de que los cielos no eran azules y la naturaleza no era verde. Sólo esto diferenciaba a este bosque del resto, esto y el joven inconsciente en el centro del claro.

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Rlyeh
Rango8 Nivel 36
hace más de 3 años

¡Muchas gracias! Será un placer leerlo.

AngelMagat
Rango18 Nivel 85
hace más de 3 años

Interesante,
se intuyen emociones fuertes, espero la publicación de las nuevas cajas.

BILLY_WELLS
Rango10 Nivel 45
hace más de 3 años

Gracias por marcar Me gusta a la caja 1. Espero que también logre gustarte la caja 2 en adelante. Y tener finalmente una opinión tuya me ayudaría mucho. Me gustan las criticas buenas y malas, pues así puedo ver donde trabajar. Entonces espero. Saludos con cariño.

Rlyeh
Rango8 Nivel 36
hace más de 3 años

Está bien! Dame tiempo para leerlo jaja tan pronto como lo lea todo te comento.


#2

CAPÍTULO 1 “Despertar”

Un chico joven, delgado, con unos ojos café tan oscuros como su cabello de más que varios días, con mechones que cubrían sus ojos y tapaban sus orejas pero lo suficientemente corto para que se viera parte de su nuca, vestido con harapos que alguna vez fueron un blue jean y una camiseta gris, estaba tendido inconsciente apenas respirando en el centro del claro.

Pasó el tiempo y el chico empezó a respirar más honda y rápidamente y contrajo la cara al ser víctima de una pesadilla donde aparentemente murió porque poco a poco fue abriendo los ojos y a la vez pestañeaba rápidamente, quizá por la intensidad de la luz o por la confusión del sueño.

Entonces se quedó tirado en el suelo, con los brazos y piernas extendidas en forma de estrella, viendo las nubes del cielo con una mirada perdida en sus pensamientos, reflexionando sobre su sueño hasta que espontáneamente lo olvidó y a la vez el asombro crecía en su cara, quedándose completamente anonadado mientras el pánico despertaba en sus ojos al darse cuenta de su situación, perdido y sin recuerdos en un bosque con todas las tonalidades de morado posible pero tan súbitamente como llegó el pánico, desapareció y volvió a perderse en su mente con una fuerte bocanada de aire mientras buscaba forma a las nubes en un cielo que parecía ser matiz salmón.

No soltó palabra alguna y tampoco se movió del suelo, pero de su mente no se borraban las preguntas que llegaban como flechas "¿Dónde estoy? ¿Dónde estaba? ¿Qué se supone que deba hacer ahora? ¿Quién soy yo? (imágenes turbias de una mujer llegando a una casa de clase media; sonriente pero cansada, invaden su mente) ¿Cuál es mi nombre? (flashes fugaces de la misma mujer llamándolo, pero esta vez no es más que luces, sonidos y figuras sin sentido que gritan "VEROZ") Veroz… Ese debe ser mi nombre".

Una agitación estrepitosa interrumpió bruscamente los pensamientos de Veroz, rompiendo el frío silencio de aquel bosque que ni siquiera él se había atrevido a romper. El piso vibraba y los árboles se mecían. En alguna parte del bosque, lo que él suponía eran pájaros (que hasta entonces habían estado callados) salían disparados de las ramas, "un temblor" pensó Veroz sin mostrar interés en incorporarse; al parecer le importaba más su mundo, haciéndose aún preguntas que de todas formas no contestaría, como si fuera una responsabilidad, una tarea de vida o muerte, más importante que su vida misma.

Pero no era un temblor, eran fuertes sacudidas (que irónicamente le encantaban al chico "todos deberían sentir un temblor desde esta perspectiva, es asombroso" pensaba) producto de pasos de algo que debía ser muy grande. El claro era casi perfectamente circular y los árboles eran demasiado tupidos y abundantes como para poder ver apenas unos metros más allá de ellos, esto daba el efecto de que el sonido provenía de todos lados y cada vez el sonido era más aturdidor y las agitaciones más intensas.

Un par de golpes huecos pero firmes y constantes resonaron por el bosque, esta vez era un sonido más específico, era el galope de un caballo a toda velocidad y cada vez se escuchaba más fuerte, dirigiéndose hacia el claro, ni siquiera el temblor asustó tanto a Veroz. Sacado a la fuerza de su mente, con su instinto de supervivencia activado, se apoyó sobre sus manos y su rodilla izquierda y con una cara de susto y el corazón a mil se esperaba para lo que fuera: sería derribado, sería atacado, lo que sea, pero habría una tormenta y tendría que recibirla, era inminente, ineludible.

Entonces atronó el rechinar de un caballo que hizo girar de un respingo al chico que apreció la llegada entre los árboles de un imponente corcel guiado por un jinete dirigiéndose hacia él a toda velocidad mientras el suelo aún retumbaba.

Hace más de 3 años

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AngelMagat
Rango18 Nivel 85
hace más de 3 años

Excelente la continuación de la historia, me ha gustado mucho leerla.


#3

CAPÍTULO 2 “El Jinete”

El jinete llevaba ropa de mallas debajo de una capa con capucha blanca (ya algo maltratada) que daba un tono sombrío a su rostro, unos pantalones anchos oscuros, guantes marrones y unas grandes botas de guerra negras; tiró del corcel y se detuvo junto a Veroz; que estaba más confundido que asustado; fijó la mirada en él mientras le tendía la mano. Extrañamente, su fría mirada verde le daba la sensación de que era un hombre en el que podía confiar, pero Veroz se tomó mucho tiempo para pensarlo.

-¡Levántate, rápido! Ya te explicaré todo, tenemos que irnos de aquí ahora mismo, Veroz.

El que dijeran su nombre lo devolvió a la realidad, Veroz tomó la mano del jinete con firmeza y se incorporó. Se montó con dificultad en el negro corcel que no tenía sillón, sólo armazón para tirar de él y pensó que era muy raro el hecho de que al animal no lo pusieran nervioso los temblores.

-Sujétate –Dijo el jinete mientras tiraba del corcel y salieron disparados entre los árboles; el corcel era bastante veloz y tan elegante a la hora de galopar, que era casi imperceptible el movimiento de los hombros de Veroz y el Jinete (para los entendidos, la calidad de cabalgata de un caballo se mide por el movimiento de los hombros de su jinete).

Pasaron entre árboles que pasaban los 5 metros y tenían casi lo mismo de diámetro; hasta ahora Veroz que veía de lado a lado, había ignorado el hecho de que algunos árboles tenían el tronco bastante oscuro, negro a simple vista, y hojas profundamente moradas. En la dirección opuesta a la que viajaban se escucharon dos fuertes estremecimientos, árboles siendo empujados, cayendo y haciendo un gran estrépito mientras lo que parecía el grito de una hiena con voz metálica retumbaba por todo el bosque y escalofriaba a Veroz.

-¿Qué está pasando? –Gritó Veroz para hacerse oír por encima del ruido.

-¡Ya casi llegamos, sostente! –El jinete no había apartado en ningún momento la vista de al frente; el corcel saltó un bajo tronco enmohecido olvidado en el suelo hace ya mucho, a la vez cambió de dirección mientras zigzagueaba árboles, dirigido con firme precisión por el jinete; el jinete y el corcel se movían demasiado bien, hasta el punto de parecer un solo ser.

El suelo seguía temblando al compás de pasos tan pesados como lo deberían ser los de un tiranosaurio; se escuchó otro grito titánico y como caían árboles, algunos sobre otros haciendo resonar sus follajes, otros caían sobre sus propios troncos y unos tuvieron la suerte de salir rodando hasta chocar con otro árbol o una roca; lo que fuera eso, los árboles le estorbaban bastante.

Hace más de 3 años

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AngelMagat
Rango18 Nivel 85
hace más de 3 años

Buena continuación, encantado de leerte.


#4

CAPÍTULO 3 “La Cosa”

Veroz y el jinete llegaron a un lugar con árboles bastante peculiares, diferentes del resto: sus troncos eran verdes, totalmente enmohecidos y sus hojas eran de un otoño perpetuo, Veroz tuvo el raro pensamiento de que estos árboles jamás fallecerían.

Entre los árboles había un tronco café, partido verticalmente y enterrado a medias en el suelo formando algo así como un túnel subterráneo, la boca del extremo saliente estaba sellado por la misma corteza del tronco, como si lo hubieran sellado adrede.

Entonces el jinete se detuvo junto al tronco y se apeó del corcel con agilidad, pisó un lugar en específico del suelo cerca del tronco y la "tapa" se deslizó en un único sonido seco, como al aplaudir.

-¡Entra, rápido! –El jinete se sacudía a cada paso de lo que los seguía.

Veroz bajó del corcel casi cayéndose; era bastante alto; se agachó y metió primero los pies, luego se deslizó hasta meter casi todo su cuerpo hasta los hombros, giró en sí aferrando las manos en los bordes del túnel y entones la cosa graznó otro chillido.

Un árbol fue arrancado de sus raíces y arrojado con una fuerza sobrehumana cayendo sobre el corcel.

-¡NO! –El jinete corrió a auxiliarlo intentando mover en vano el tronco que aplastaba al animal mientras este chirriaba del dolor.

Veroz empezó a salir del túnel pero el jinete lo detuvo.
-¡No salgas! –Entonces los árboles más próximos cayeron, incluyendo uno de los árboles otoñales mientras la cosa proliferaba un alarido metálico. Los había alcanzado.

Veroz jamás había siquiera imaginado una cosa así, era lo que parecía una estatua gigante bañada en oro pero con rasgos bastante humanos, ojos rojos y vacuos, mostrando siempre una sonrisa dorada con una dentadura demasiado cuadrada, medía por lo menos 10 metros y tenía gigantes manillas doradas en las muñecas, los tobillos y el cuello y su boca era del tamaño de un automóvil.

-¡VETE! -Gritó el jinete mientras empujaba a Veroz haciéndolo rodar por el túnel, -Y NO SALGAS HASTA QUE YO LLEGUE- Veroz escuchó esto último mientras veía al titán lanzar su gigante puño cerrado hacia el jinete.

Hace más de 3 años

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AngelMagat
Rango18 Nivel 85
hace más de 3 años

Te leo y disfruto de tu forma de escribir, un saludo, enhorabuena.


#5

CAPÍTULO 4: “Vacío”

Veroz caía por el túnel mientras gritaba esperando impactar en cualquier momento pero la caída se hacía cada vez más larga hasta un punto de sentirse infinita; Veroz sólo sintió vacío. Se sentía flotando, yendo hacia ninguna dirección.

No había nada más que la voz de sus pensamientos que se hacía sólida en ese lugar. (¿Pero y si jamás vuelvo? ¿Se supone que llegue a algún lado? ¿Es siquiera esto real? ¿Esa cosa era un robot? ¿Es de noche o de día? ¿Se podrán ver las estrellas? ¿Dónde estoy?)...

El vacío comenzó a cambiar su tonalidad lentamente hasta tomar un azul oscuro; que luego volvió a oscurecerse casi totalmente, dejando pequeños puntos azules que fueron convirtiéndose en puntos blancos que relucían cada vez más; brillando hasta un punto intolerable; volviéndose estrellas. Algunas eran muy blancas, otras con esencias amarillas y unas pocas aún conservaban un ligero tono azul. Todas eran distantes, como lo estaba la mente de Veroz.

Flotaba entre estrellas con la mirada perdida en el infinito, era una sensación somnolienta. Veroz pestañeó lentamente mientras seguía evocando y en un instante todo se volvió colores sepia.

Veroz veía una mujer correr hacia él, llamándolo, advirtiéndole algo, pero no escuchaba nada, sólo veía todo, estaba en un jardín o algo parecido, extrañamente todo olía a polvo. Una chica más joven, de su misma edad lo abrazaba por la espalda y Veroz se había ido de su propio cuerpo para ver toda la escena en tercera persona, pero era como si no lo supiera, ya que sentía a la chica en la espalda, el calor del sol y la suave brisa y todo esto engañaba su consciencia.

Imágenes veloces pasaban a través de Veroz, como instantáneas pasadas rápidamente una tras otra, unos momentos en sepia, otros en blanco y negro, algunos tenían una pizca de colores pero nunca eran completos y jamás escuchaba nada. (¿Quién soy yo?) Momentos pasaban a toda velocidad pero para el chico cada uno duraba una eternidad.

Veroz ofreciendo la mano a un hombre, escalando un muro, corriendo por una calle, besando a una chica, abrazando a una mujer, presentándose en un funeral, montando bicicleta, riendo con otros chicos, tomando un tren, comiendo un helado con una chica, andando entre muchas personas, viendo un cielo estrellado tirado en un campo, apreciando un eclipse en una ciudad en la madrugada, llorando en un cuarto bastante gris, viéndose fijamente en un hermoso espejo, y sus pensamientos se concentran en su mirada (¿Qué he hecho?) cerró la mano en un puño y lo chocó contra la superficie del espejo y como rompiendo el hielo, se escuchó ensordecedoramente los cristales rotos volando hacia todas direcciones.

De nuevo veía todo desde sus propios ojos, en primera persona, en carne propia, pero inexplicablemente sentía miedo, ira, conmoción, desconfianza, tristeza, un montón de malos sentimientos lo invadieron y se encontró nadando en un mar infinito, esforzándose por no ahogarse, se escuchaban sus brazadas chapoteando en el agua y sus bocanadas desesperadas invadidas de agua y tos, ya no se sentía en el vacío, ahora existía de nuevo, en la corriente del mar, entonces una fuerza lo jaló de su pie derecho con tal dominio que dejó de sentirse dueño de sí mismo.

El pecho hinchado y los ojos irritados lo invadían de dolor, sentía que se ahogaba y que estaba en el fondo del mar, vivió el terror en todo su significado al atreverse a mirar hacia arriba y no encontrar algo distinto a lo que había abajo: oscuridad en un azul infinito. Volteó rápidamente a sus espaldas y dos fauces gigantes lo sellaron para siempre en la oscuridad.

-¡VEROZ!

Hace más de 3 años

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#6

CAPÍTULO 5 “El Escondite”

Veroz cayó de bruces en el suelo, elevando una nube de polvo. Lo último que vio fue un rostro cambiante que se transfiguraba en chicos y chicas; que él no llegaba a recordar; gritando al unísono su nombre. Estaba en una habitación bastante grande pero estaba tan repleta de objetos que parecía pequeña. Todo estaba cubierto por una capa de polvo, como si no se visitara hace mucho tiempo.

Librerías de al menos 2 o 3 metros llenas, escritorios larguísimos con gabinetes sellados, mapas viejos y maltratados, dibujos misteriosos y detallados de criaturas y árboles, documentos con letra clara, algunos apenas entendibles y otros ilegibles, artilugios antiguos y artefactos que parecieran de otro mundo: esferas de cristal flotantes de distintos tamaños y colores cubiertos aún así de una capa de polvo, algunas giraban en su propio eje, un líquido brillante en un recipiente de piedra que no parecía ser digerible, u ojo que miraba a todos lados dentro de un pequeño tubo lleno de lo que parecía ser agua, frascos aún más grandes con sustancias gelatinosas revolcándose en su interior, carcaj medievales; algunos cargados con flechas, otros con una espada, bastones o planos; recostados y colgados de las paredes que estaban hechas de corteza al igual que el techo, iluminado por luciferina y bajo un eterno y suave zumbido de algún indeterminado objeto, dándole a la habitación una atmósfera tenebrosa.

Veroz, asombrado (e ignorando que las esquinas estaban invadidas con telarañas y arañas navegando), atravesó la habitación en lo que parecía una feria de ciencia, con exhibidores de extraños proyectos por todos lados, hasta llegar al final de la cámara donde había una pared que se llevó toda la atención de Veroz al notar que era un muro de corteza que hacía contraste con el resto.

Era una corteza más oscura y no parecía formar parte del resto de los muros, de hecho parecía insertada y no encajaba del todo, sus bordes resalían unos 10 centímetros del resto de la habitación.

Pero el aspecto de la corteza no fue la que se llevó la atención de Veroz sino los latidos que procedían de esta, cada vez haciéndose más sólidos y cercanos, luego se fue escuchando una agitada respiración; como si el árbol del que fue arrancado la corteza aún siguiera vivo en lo que queda de él y fuera a surgir como un tigre del muro.

La respiración se hacía cada vez más agitada y el pulso de los latidos eran más acelerados, pero Veroz ya no sabía si venían del árbol o de él. Cada vez se hacía más sólida la forma en la corteza; que empezó como grandes protuberancias en el muro; solidificandose en lo que parecía un humano, en la parte superior crecía pelo y en el centro un cuerpo del cual salían cuatro extremidades, la figura ahogaba gritos que apenas eran audibles por una gruesa membrana que separaba al sujeto de la habitación.

En un brusco movimiento hacia atrás la figura se separó al fin de la membrana; que generó un sonido para nada agradable al romperse. El sujeto estaba tirado en el suelo cubierto por una delgada capa de un líquido pegajoso. Era el jinete.

-Ojalá jamás tengas que hacer esto –dijo mientras tosía, se restregó la cara y agitó la mano para desprenderse lo que parecían mocos en gran cantidad –Créeme es más asqueroso de lo que parece.

Veroz soltó una risa y dijo –Me has dado un susto, ya pensaba que me iban a matar.

-No te confíes, pudo ser una posibilidad –dijo en un tono sombrío mientras inspeccionaba la habitación- tienes la suerte de ser alguien discreto y no haber puesto las manos donde no debes.

-¿Qué es este lugar? Es fascinante, parece la guarida de un científico loco o algo por el estilo-opinó Veroz en tono de broma, cerrando la boca al ver que no era gracioso.

-Veo que le has agradado a Bloopie –dijo el jinete en un tono complaciente- No se ponía de ese color en presencia de nadie excepto la mía –dirigiéndose hacia una extraña masa gelatinosa azul celeste flotando y tomando distintas formas en un recipiente cilíndrico lleno de líquido.

-¿Bloopie? ¿Y qué se supone que es esa cosa?

-Bueno… Es una larga historia, digamos que accidentalmente lo creé. Luego te contaré todo tipo de historias acá, ahora es hora de irnos –dijo el jinete cruzando la habitación.
He distraído al titán por un momento, esperemos que siga en esa dirección. Por suerte su cerebro no es tan grande como él.

-¿Qué era ese monstruo? ¿Un robot o algo por el estilo?

-Es algo que llevábamos muchos días intentando evitar, al final, hemos fallado, y créeme no es para nada un robot. Esa…Bestia está tan viva como nosotros.

-¿Y tu caballo?

-Lamentablemente mi corcel falleció -dijo en un tono melancólico- pero ahora hay algo de mayor importancia.

El jinete jaló una varilla a ras de piso apenas perceptible a la vista, al jalarla sonó una cadena ceder y algo soltarse.

-Lo siento mucho por tu corcel -El jinete hizo caso omiso de estas palabras.

Veroz no paraba de estar hipnotizado por la habitación y se topó con un libro marrón que recitaba con letras talladas “Bloopie, colores y formas”.

-¿Puedo tomar este libro? –Preguntó Veroz volteando hacia el jinete, pero él ya no estaba allí.

-¡Ey! –Gritó el jinete asomándose por una pequeña trampilla en el suelo y asustando a Veroz- Te dije que curiosear era malo.

-¡No dijiste eso!

-Bueno, toma el libro pero vámonos ahora mismo –Dijo esto último mientras se perdía en la oscuridad del túnel.

-Veroz tomo el libro y se metió en la discreta trampilla, dio un último vistazo a la extraña habitación rogando por volver allí una vez más.

-Pero espera, ¿a dónde vamos? -gritó Veroz mientras bajaba unas escaleras.

El jinete se detuvo y respondió -Vamos a ver al rey.

Hace más de 3 años

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#7

Capítulo 6”Salón de clase”

En un lugar distanciado a lo que pareciera toda una dimensión al juzgar por su distinta atmósfera, se encuentra instalado el colegio Centenar, conformado por dos bloques, uno dedicado a la primaria y otro a la secundaria, respectivamente.

En el salón I6 destinado al grado noveno B, el curso tenía una clase ordinaria, un día más, un libro en todas las mesas, charlas de todas direcciones, lapiceros rodando, bolas de papel volando y una maestra un poco desatenta, distraída en la taza de café que le recordaba sus problemas matrimoniales.

Su profesionalismo la devolvió a la realidad y siguió el protocolo de clase; una vez más preguntó la razón de inasistencia de Veroz. En todo el año no había fallado su asistencia una sola vez.

-¿Por qué faltó el joven Foster?

-Profe, no sé-respondió una chica castaña y delgada-Ayer hablé con él y no me dejó una excusa ni nada por el estilo.

-Se habrá quedado dormido-Dijo la profesora, las clases eran por la mañana y estaba acostumbrada a la poca asistencia de los alumnos de esa jornada.

Una chica se levantó de su asiento y se dirigió hacia la profesora para entregarle una hoja de ejercicios de inglés. Le extendió la mano para pasarle la hoja mientras llamaba a la profe.

-Profe, ¿se encuentra bien? –La profesora tenía la vista perdida en la hoja de la chica y la boca semi abierta, su vista bajó al café y cada vez su rostro estaba más cerca de la taza, entonces cayó inconsciente en la mesa, la taza rodó y se quebró en el suelo derramando con café a la chica.

-¡Profe, ayúdenla! –El salón se quedó en suspenso y luego entró en alarma, de repente empezó a sentirse una gran vibración que hacía retumbar los cristales del salón y saltar los lapiceros de sus mesas.

-¡Temblor! –Gritaban los más atentos, en un acto de consciencia colectiva todos se pusieron bajo sus pupitres, como si hubieran olvidado la existencia de las puertas. El suelo temblaba y un extraño viento empezó a soplar con fuerza en el centro del salón, como un ciclón.

Un inoportuno rompió con esa ilusión colectiva y cayó en cuenta de las puertas, salió corriendo hacia la puerta pero sus manos chocaron con la pared antes de darse cuenta de que las puertas ya no estaban. El ruido del viento empezó a hacerse irritante hasta el punto que varios soltaban gritos esperando encontrar orden dentro del caos.

Entonces pupitres y la mesa se alzaron del suelo, la profesora aún inconsciente fue retirada de la mesa como cual pelusa con la mano, era como si la profesora no estuviera bajo la inercia del viento. Se creó un punto negro en el centro de la habitación, parecía un error en la realidad, un agujero en la pintura perfecta, la inevitable imperfección de la realidad, la falla en un mapa virtual.

El punto fue expandiéndose hasta convertirse en una esfera del tamaño de un coco que hacía de ojo de huracán en la sala, haciendo volar todo en un sentido, los chicos eran jalados hacía el interior del imposible fenómeno, siendo borrados al hacer contacto. Todos gritaban.

La esfera hizo implosión. Todo desapareció sin dejar rastro alguno, a excepción de la maestra inconsciente en el suelo y la mancha de café.

Hace más de 3 años

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Romahou
Rango18 Nivel 88
hace más de 3 años

Recién descubierto ya lo sigo.
Y no sólo por el nick lovecrafniano...