Daniel
Rango11 Nivel 50 (6468 ptos) | Artista reconocido
#1

Me veo reflejado en el espejo. Me veo balanceándome hacia adelante y hacia atrás. Me veo vestido de blanco con cada brazo arremetido dentro de la manga opuesta. Tengo las piernas sujetas con correas al sillón. Tengo una camisa de fuerza puesta. La sala donde estoy es blanca como la nieve. En la sala donde estoy no hay nada, solo yo. Yo y el sillón donde estoy sentado. Yo, el sillón y la lámpara para no quedarme a oscuras. Ah y también una puerta, por algún lado he tenido que entrar. Y claro, también está el espejo, si no estuviese no podría verme. Me veo balancearme sentado sobre el sillón. Me veo porque la luz de la lámpara me lo permite. Veo la puerta por donde entré hace un rato con el doctor. ¿Dónde está ese enclenque del doctor? Dijo que vendría. ¿Estará mirándome desde detrás del espejo? Se cree que soy tonto, pero no. Se cree que estoy loco, pero no. Aunque a veces dudo. Aunque a veces llego a creérmelo cuando me tortura con ese dichoso aparato de descargas eléctricas o cuando me hace ver esos estúpidos videos sin sentido. Pero no lo estoy, no, no estoy loco, no, o eso creo yo.

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AL_Garcia
Rango10 Nivel 49
hace más de 4 años

Sin palabras, cómo todo lo que escribes. Mucha suerte ;)

Daniel
Rango11 Nivel 50
hace más de 4 años

Gracias pequeña, espero poder terminar la historia! Suerte a ti también :D

Nora
Rango6 Nivel 27
hace más de 4 años

Madre mía!!! Y decías de la mía :P!! Qué genialidad!! Mucha suerte!! Estoy deseando poder seguir leyéndola!

Daniel
Rango11 Nivel 50
hace más de 4 años

Muchas gracias Nora! :D ya nos falta poquito para poder seguir jiji

Sof
Rango10 Nivel 45
hace más de 4 años

Síguelaaaa melón que quiero saber más

Daniel
Rango11 Nivel 50
hace más de 4 años

Muchísimas gracias enyelin y Adriana_amara, me encanta que me leáis y que os guste. Ya he subido la segunda parte, espero que la leáis y también os guste :)

PAK
Rango8 Nivel 39
hace más de 4 años

Animo con la historia es muy buena

OmDuArt
Rango14 Nivel 65
hace casi 4 años

Solo le faltaba unas pinzeladas que muestren un poco más la mente del prota. Los personajes locos o encerrados por falsa locura suelen ser más profundos. Aun que me encanta como lo llevaste, genial la ambientación a lo pensamientos. Muy bueno señor, muy bueno! me quitaría el sombrero pero no uso!

Daniel
Rango11 Nivel 50
hace casi 4 años

Lee hasta el final e intenta comprender u opinar de su locura o no-locura @OmWriter muchas gracias por tu apoyo!!

OmDuArt
Rango14 Nivel 65
hace casi 4 años

Sí eso haré. me tomo un descanso para comer un poco y de postre me devoro tu relato :D

Mad_Dovahkiin
Rango6 Nivel 25
hace casi 4 años

Una manera muy... No se, me hace sentir como si fuera el loco yo al leerlo. Esas cosas hay que saber expresarlas, bravo Daniel. Voy a seguir leyendo..

Gabrielle_Aplin
Rango4 Nivel 18
hace casi 4 años

amm jaja bueno mas bien me quería referir amis textos ejeje
lindo día ☺ @Daniel

rojosyrevueltos7
Rango4 Nivel 18
hace casi 4 años

Me atrapas con tu manera de escribir... Un abrazo y suerte siempre.


#2

¿Estoy loco? No, no lo creo, no estoy loco, no. Aunque eso es lo que quiere ese dichoso doctor que crea, y sé que a partir del momento en que lo crea empezaré a estarlo. ¿Dónde estará el enclenque del doctor?
Me veo en el espejo. Me veo balancearme sobre el sillón. Me veo con una camisa de fuerza puesta. Me veo gracias a la luz de la lámpara. Veo girarse el pomo de la puerta. Veo que el doctor entra.
— Ya era hora sucia y asquerosa rata, ¿dónde coño estabas, señor doctor?
— ¡Vigila ese vocabulario, Tristán! Me has dicho que hoy ibas a portarte bien.
— Sí doctor, sí doctor. Tristán es bueno. Tristán ayudará al enclenque del doctor.
— Tristán, estoy aquí para ayudarte… pero con esa actitud no creo que lleguemos a buen puerto.
— ¿El doctor tiene un barco? Tristán quiere pasear en el barco del doctor. Oh, doctor bueno, guapo, alto y fuerte.
— ¡Basta!— suelto una risita entrecortada. El doctor mira al espejo y al momento entran dos gorilas calvos y malolientes que visten una bata blanca y dejan una silla frente a mí. El doctor se sienta. Los gorilas se van. El doctor me hace una pregunta: — Tristán, ¿por qué crees que estás aquí?
— ¿Otra vez preguntas eso, doctor? Estoy aquí porque usted cree que estoy loco, no soy estúpido. Pero se equivoca, doctor. Se equivoca mucho— escupo sobre los zapatos del doctor.
El doctor mira sus zapatitos negros y brillantes con cara de enfado.
— Oh, no se enfade con Tristán, doctor. Tristán está loco y no sabe lo que hace— farfullo más que hablo.
— ¿Dónde estabas antes de venir aquí?— pregunta el doctor mientras saca una pequeña libretita y una pluma para escribir.
— En El Bosque, doctor. Ya lo sabe, doctor. ¿Quiere que vuelva a contárselo otra vez, rata asquerosa? Volverá a darme esas descargas tan graciosas en mi pequeña cabecita para castigarme. Pero Tristán no miente, doctor. Tristán es bueno.
— Muy bien Tristán. Si estás tan seguro de no estar loco y que en realidad vienes de ahí vuelve a contarme esa historia sobre ese bosque.
— Sh, doctor. No menciones a El Bosque, o te escuchará. Y Tristán no quiere que eso pase, doctor. Pero Tristán es bueno y prometió ayudarle. Volveré a contarle la historia, doctor. ¿Sabe, doctor? Antes de que me encerraran aquí, yo era un hombre inteligente. Me dedicaba a escribir libros, señor doctor. Sí, las historias de misterio eran lo mío. Oh, doctor. Estaba pasando una mala racha…

… mi prometida me plantó en el altar, mi madre murió al poco tiempo y después me pasé año y medio sin que ni una sola palabra fluyese por mis venas plasmándose sobre el papel. Mi editor me presionaba para que comenzase alguna novela, ese ser cruel, pesetero y sin escrúpulos. Una gran depresión me asolaba. ¿Cómo no iba a tenerla? ¿Cómo iba yo a escribir una sola palabra con todo ese quemazón de penosas penalidades que ardían en mi cabeza? Se lo juro, doctor. Entonces sí que estaba loco. Debería haber ido con sus gorilas a buscarme por aquel tiempo. Me pasaba el día tirado sobre el parqué de la casa del lago, escuchando el sonido de la lluvia sobre el tejado, observando como el viento mecía las copas de los árboles del bosque fronterizo al lago y embriagándome del calor que da una botella de Bourbon y un paquete de Marlboro.
Pasé meses sin cortarme la barba e ignorando todas las llamadas entrantes para evitar hablar con mi editor. Un día se acabó la botella de whisky antes de lo previsto, pero mi estado de embriaguez era tal que no encontré la forma, de un camino u otro, de levantarme. Alcé la vista en busca de soluciones y en mi estrecho y borroso campo de visión hallé el televisor. Pensé que sería un buen pasatiempo hasta que pudiese levantarme. Ladeé la cabeza una y otra vez con la esperanza de que el mando a distancia se encontrase sobre el parqué, pero ese día en especial la suerte no hizo de buen acompañante. Con esfuerzo, giré mi cuerpo colocándolo de forma que mi pecho se apoyara sobre el suelo y me arrastré torpemente con la ayuda de ambos brazos como si fuese una lastimosa rata a la que le han cortado las patas. Encendí el televisor y justo dio la casualidad de que emitían uno de esos anuncios de coches en los que dibujaban una vida perfecta y envidiada con frases sutiles que te hacen levantar el ánimo y trabajar para conseguir a la mujer perfecta y una vida de ensueño para montarlas en ese coche.
Será una mera estupidez, pero gracias al dichoso anuncio me arrastré hasta el escritorio y deslicé una de mis manos por la pata hasta tocar la superficie del tablero. Aguantado en el filo de la mesa y gracias al impulso de mi otra mano sobre el suelo logré ponerme de rodillas. Con un último esfuerzo alcancé a ponerme en pie aunque con el torso apoyado sobre el escritorio para no caerme. Mi cabeza quedó enfocada hacia la ventana y mis ojos quedaron impasibles, perdiéndose con la vista en las extensiones del bosque, en el vaivén las hojas de los arboles bailando al compás del viento. Llovía más fuerte que antes y las gotas de lluvia, guiadas por el viento, chocaban con estrépito en el cristal de la ventana.
El suave y unísono movimiento de los árboles me hipnotizó. El dulce y constante repiqueteo de las gotas de lluvia sobre el cristal embelesó mis oídos. Cautivado por la escena me quedé un rato apoyado sobre el escritorio hasta que, de pronto, el baile de los árboles del bosque cesó y las gotas de lluvia dejaron de chocar contra la ventana. El viento se paró y el bosque también, pero la lluvia siguió. Durante un momento el mundo se congeló a mi alrededor, reanudándose de nuevo con una violenta ráfaga de viento que azotó la ventana haciendo que se abriera y tirándome de espaldas también.
Me levanté de un brioso salto y cerré la ventana. Mi mirada volvió a fijarse en el bosque, que volvía a bailar al mismo compás de hace un momento ¿Qué había sido aquello? ¿Una casualidad? ¿Una de esas extrañezas del clima? Fuese lo que fuese empecé a sentir una vaga atracción por el bosque, una singular sensación se adentró en el interior de mi cuerpo. La imagen del bosque completamente quieto se clavó en mi mente carcomiéndome durante el resto del día y toda la noche.

— ¿Qué cree usted que fue eso, doctor? Vamos, deje que su mente científica me razone una explicación de qué fue lo que pasó aquel día.
— ¿Tomaste alguna sustancia estupefaciente o psicotrópica aquel día, Tristán? Puede que la tomaras bajo la influencia del alcohol y como efecto secundario de tal tu memoria desechase ese recuerdo.
— No, doctor, no. Soy un tipo limpio con dos dedos de frente y que sabe cuidarse. Jamás en mi vida he llegado más allá del alcohol. Pero, dígame, doctor, si no recuerdo nada debido al alcohol… ¿por qué le estoy contando esta historia? Quiero decir, ¿por qué recuerdo que llovía ese día o que no podía levantarme? O, ¿por qué recuerdo aquel anuncio de televisión? Se confunde, doctor. Usted no está nada más que buscando o inventando algún síntoma que pueda diagnosticar para volver a darme esas descargas eléctricas en la cabeza. Si usted hiciera eso con cada persona cuerda que conozca se daría cuenta de que estar loco es lo normal. Pero resulta que soy un espécimen en peligro de extinción en este mundo. Si no lo cree, vamos, mírese al espejo. Viene usted aquí con aires de grandeza decidiendo a quién encerrar en una habitación acolchada o torturar con una camisa de fuerza sin que nadie se fije en su rostro. Yo si me he fijado, me he fijado en las ojeras que tiene usted a causa de no dormir. Me he fijado en esos arañazos que tiene en la muñeca y también en el moretón que llevaba usted la semana pasada en el cuello oculto bajo una densa capa de maquillaje. Dígame, doctor ¿Qué cree que pasaría si otro hipócrita perturbador de mentes como usted analizara cada gesto que transmita y cada palabra que entone con la intención de encerrarlo como a un loco?
El doctor, impasible ante mis fieras palabras, escudriña mi rostro en busca de un atisbo de mentira o de demencia. Pero tras un momento de silencio no encuentra en él ni siquiera un pestañeo.
— Muy bien, Tristán ¿Qué explicación le das tú a los hechos ocurridos esa tarde?
— No lo sé, doctor. Si pudiera explicarlo quizá no estuviese aquí teniendo esta grata conversación con usted. ¿Qué explicación puede usted darle, por ejemplo, al amor? No puede, solo puede sentirlo en sus carnes y hacerle frente. Pues esto es igual, doctor. Escuche el resto de la historia y saque sus propias conclusiones.
— Te escucho— dice el doctor poniendo cara de empezar a prestar atención.
— Muy bien, volvamos. Ya le he dicho que lo mío es contar historias. Le daré todo tipo de detalles. Como iba diciendo, aquella noche apenas concilié el sueño debido a los extraños sucesos que ocurrieron. A la mañana siguiente, me desperté junto con el amanecer…

Raquelunchi
Rango6 Nivel 25
hace casi 4 años

Esta tan bien que no puedo parar de leer... prosigo:)

OmDuArt
Rango14 Nivel 65
hace casi 4 años

Que bueno! como juegas con la locura. ¿Esta él loco, lo está el doctor, los están los dos? Suena muy bien, mañana sigo con ella :D a y enhorabuena, te puedes sentir orgulloso, esto es publicable para mi xD( Yo lo considero publicable cuando pagaría por leerlo). Un saludo!

Daniel
Rango11 Nivel 50
hace casi 4 años

Creoo.. que eso era lo mejor que me han dicho en un comentario hasta ahora @OmWriter gracias por tu apoyo, es muy importante que guste las historias que creo.


#3

… dispuesto a adentrarme en aquel bosque. Tenía la intención de recorrer sus vastas dimensiones en busca de alguna explicación a las anomalías de la noche anterior o en busca de la inspiración perdida para una nueva historia, aunque creo que, más bien, lo hice por saciar mi eminente apetito de curiosidad.
Nada más levantarme me fumé un cigarrillo mientras me vestía y salí raudo en busca de materiales que me podrían ayudar en mi pequeña excursión. Entré en la sección de ferretería de una gasolinera cercana y compré un bote de gas para recargar el mechero, un cincel (no me pregunte por qué pero intuía que me serviría), un martillo, una linterna de tecnología led, unos cuantos metros de cuerda de alpinista y una pequeña navaja multiusos. Le puedo decir que he visto muchos programas televisivos y documentales de Discovery Max cuyo tema argumentativo es la supervivencia en distintos terrenos y épocas del año, y por un momento me creí invencible.
Alcé la mochila en alto y la colgué en mi espalda. Cerré la puerta de casa y, más sobrio que de costumbre, empecé a caminar cuesta abajo dirección al bosque. Para poder llegar hasta él tenía que pasar por un pequeño puente de madera que se ubicaba sobre el lago. Al cruzarlo me esperaba un camino llano y definido que me llevaba hacia lo que parecía ser una apertura del tamaño de una gran puerta entre los árboles. A medida que me fui acercando noté in crescendo una presión pectoral y una dilatación arterial en exceso. Podía escuchar el sonido de mi propio corazón.
Di la vuelta y volví a casa.
Al día siguiente volví a intentarlo, pero esta vez con un cigarrillo encendido entre los dedos. Esta segunda vez la opresión del pecho fue sustituido por un dolor punzante en los dedos que agarraban el cigarrillo. Me quemaban. Tiré el cigarrillo y volví corriendo a casa.
Como siempre dicen, a la tercera va la vencida. Al día siguiente me planté ante el bosque en el final del camino de madera. Recogí un palo largo que encontré en los límites del lago y corrí sin pensármelo hacia la entrada. Justo cuando metí medio cuerpo a través de ésta noté como los arbustos y las ramas de los árboles cercanos se abalanzaron sobre mí. Mi cuerpo quedó enterrado entre sus hojas impidiéndome avanzar. Las ramas cortaban mi piel como cuchillas de afeitar. Dolía mucho. Aun así empujé con todas mis fuerzas hasta que salí despedido dentro del bosque. Rodé durante varios metros hasta que choqué contra el tronco de un árbol gigante. No le voy a mentir, cuando sentí cómo la sangre de los arañazos fluía por mi rostro me asusté. Me levanté dando un salto y corrí hacia lo que creí que era la dirección de por donde había venido. Traspasé una pared de vegetación y no encontré el sendero, tampoco al sol, sino más bosque, más oscuridad y más miedo.
Me tiré de rodillas, rendido. No podía respirar. El dolor de mi pecho me lo impedía. Entre en hiperventilación y mi cuerpo fue perdiendo fuerzas a medida que expiraba el poco aire que quedaban en mis pulmones. El bosque se volvió aún más oscuro.
Para cuando desperté mi respiración fue mucho más pausada, la ansiedad se disipó, y envuelto en tinieblas, me levanté y comencé a andar. Anduve, anduve y anduve sin encontrar camino a través del bosque hasta dolerme los pies. Me senté en una roca que encontré en medio de un claro de vegetación. Miré hacia arriba: ni un rayo de luz solar. Me pregunté cuánto tiempo llevaba inmerso en la oscuridad así que encendí la llama del mechero y apunté al reloj de pulsera que llevaba. Las manecillas permanecieron inmóviles durante todo el tiempo que las observé y, de repente, mi cuerpo se alzó al aire. La roca en la que me sentaba empezó a moverse. Caí al suelo y eché a correr sin mirar atrás hasta que me topé con un arbusto, donde me refugié cubierto por sus hojas. La roca se movía sobre otras dos piedrecitas mucho más pequeñas, parecía deslizarse entre el lodo. Desde su parte superior colgaban dos cadenas de piedras que parecían hacer las funciones de brazos que se golpeaban una y otra vez generando un repiqueteo grotesco, como el sonido producido por el choque de dos piedras cuando intentas hacer chispa para encender un fuego.
Incrédulo y absorto, pestañeé varias veces hasta que perdí de vista y dejé de oír a la roca que se movía. Me aseguré de pasar un buen rato refugiado en el interior del arbusto. Cuando quise salir de él me percaté de que sus ramas abrazaban rudamente mis piernas prohibiéndome andar. Hice acopio de todas mis fuerzas y pataleé para deshacerme del enredo de mi pierna con el arbusto.
Avancé a paso lento bajo la penumbra del bosque con el pantalón hecho jirones y con las piernas aún más arañadas de lo que ya las tenía. Poco a poco fui notando que mis ojos se acostumbraban a la oscuridad permitiéndome ver un poco mejor desde que entré, aunque sólo en distancias cortas y si las siluetas estuviesen muy bien definidas.
Dejé de caminar un momento y volví a mirar el reloj: parado. Seguí andando y llegué a una zona en la que los arbustos desaparecían dejándome rodeado de árboles. Eran sauces. Me agaché y acaricié la hierba que rodeaba mis pies.
“Crac, crac, crac”, sonó a mi alrededor. “Crac, crac, crac”. Era un sonido parecido al repiqueteo de las dos piedras que había escuchado antes. Pero no sonaron totalmente a piedras sino que, más bien, era un sonido más hueco, como el de un montón de huesos chocando entre sí.
“Crac, crac, crac”, levanté la cabeza irguiendo el cuerpo. Apreté los puños con fuerza. “Crac, crac, crac”, volvió a sonar detrás de mí. Di un giro de ciento ochenta grados y… “crac, crac, crac”, escuché a mi espalda. Volví a girarme y vi el borroso reflejo de una extraña silueta escondiéndose entre la maleza.
Silencio.
Miré con nerviosismo por todo mi alrededor, por todas partes. Me giré, me volví y volví a dar la vuelta. No vi nada. De repente se escuchó un alarido que penetró con violencia en mis oídos, un graznido agónico y gutural que rezumbaba entre las copas de los sauces que me rodeaban haciéndolas estremecerse.
Me quedé paralizado durante un segundo manteniendo la boca abierta. La cerré y eché a correr. Corrí incluso más rápido de lo que me permitía mi cuerpo. Me adentré entre la maleza volviendo a desgarrarme las piernas con los arbustos y chocándome contra los troncos de los sauces. Algo golpeó en mi espalda y en mi cabeza mientras corría. Reduje el paso, miré hacia arriba y vi cómo llovía enormes trozos de ramas desde las copas de los árboles. Escuché otro aullido. Volví la vista atrás.
El Bosque temblaba detrás de mí.
El Bosque no quería que me adentrara en él.
El Bosque no me quería allí.
El Bosque estaba intentando matarme.

Maria_
Rango9 Nivel 40
hace más de 4 años

Me gusta esta historia porque es diferente.

Mbarbi
Rango2 Nivel 6
hace más de 4 años

Sin duda, apuesto por ti.

Daniel
Rango11 Nivel 50
hace más de 4 años

Te como <3

G_Rurba
Rango15 Nivel 73
hace más de 4 años

Voté #1 y#2 y como quiero llegar a conocer el motivo por el que se dirige al doctor de forma tan poco educada y lo bien que describe la situación en el bosque voto la #3, a ver qué pasó y cómo acabará el protagonista! :)

Daniel
Rango11 Nivel 50
hace más de 4 años

Ya queda poquitoo Rurba_741 JEJEJEJE

OmDuArt
Rango14 Nivel 65
hace casi 4 años

Uau genial xD loco no sé pero con problemas sí, y no me refiero a mentales sino problemas de supervivencia en general si tiene el protagonista. Oye @Daniel puede uqe te guste mi relato Café y sus aromas. Me atrevería a decir que mi protagonista Adam y tú protagonista Tristán podrían ser primos o hermanos criados por separado jajaja. Sigo leyendo! :D

Daniel
Rango11 Nivel 50
hace casi 4 años

@OmWriter lo leeré, tengo en pendiente pasarme por tu perfil :)


#4

— El Bosque…—soy incapaz de mirar al doctor. Las palabras se me pierden entre las cuerdas vocales.
— ¿A qué temes?— dichoso doctor y sus estúpidas preguntas.
— A El Bosque.
— ¿Por qué?
— Porque quiere matarme— evidente.
— ¿Estás vivo?—gilipollas.
— No mientras siga aquí dentro, piltrafa.
— Te vuelves agresivo cuando piensas en El Bosque.
— No vuelva a nombrarlo, necio.
— No tengo miedo a El Bosque— menudo insensato.
— Lo tendrá.
— No vas a salir de aquí, Tristán.
— El Bosque me matará primero.
— Tristán, tienes que dejarme ayudarte. Tienes que recuperarte. Deja de pensar en El Bosque de una vez.
— ¡¡He dicho que no lo nombre!! Le escuchará…
Me estoy cansando de las patrañas del doctor ¿Qué pretende, que me olvide de El Bosque? Jamás. El Bosque me persigue, lo siento en todas partes, lo veo cuando cierro los ojos, se mete dentro de mis sueños. El Bosque me ha atrapado desde aquel día ¿Por qué ese miserable del doctor no lo entiende? Puede que si… mm sí, no, quizá…
— ¿Ya se ha aburrido de mi historia, doctorcito? Me dijo que la escucharía, de principio a fin, sí. Tristán está portándose bien, Tristán es bueno. Pero el señor doctor no cumple lo que dice ¡No dice más que embustes!
— Tengo la sensación de que no me estás contando toda la verdad.
— Se lo estoy contando todo, señor doctor. Déjeme acabar antes de juzgarme.
— ¿Me prometes que serás sincero?— qué pesado es el doctor.
— Nunca le he mentido, doctor. Es usted un prejuicioso— no puedo permitir que me siga interrumpiendo— Sh, calle. No me interrumpa — chiflado— Corrí hasta que no pude seguir manteniendo el aliento en mis pulmones, doctor. Para cuando vine a…

…pararme me abracé al tronco de un árbol para no caerme en redondo. Me agarré, sí, pero mi intento por permanecer en pie fue fallido. Me deslicé con dulzura mientras palpaba el tronco del árbol, un sauce, por su puesto.
Desde el yermo suelo del bosque, entorné la vista en derredor. No parecía haber signos de las siluetas que emitían sonidos de hueso que me habían perseguido. Los sauces dejaron de dispararme ramas. Todo parecía tranquilo. Pensé que El Bosque estaba maquinando su próxima jugada maestra. Y así fue.
Me pareció notar que la oscuridad había ido en aumento durante mi carrera. Mis pupilas dejaron de distinguir las siluetas de aquel tenebroso paisaje. Entonces se encendió una luz en la penumbra. Dos luces. Cuatro. Once. Diecisiete. Miles de luces abarcaban todo mi horizonte como estrellas en una noche abierta. Se movían en todas direcciones dibujando elipses e hipérboles en la fría oscuridad. Fascinado por su belleza y repleto de curiosidad me acerqué a ellas hasta envolverme en un mar de luces que articulaban siluetas. Volaban alrededor de mí, flotaban en el aire rozándose contra mi piel. Alcé una mano con la palma abierta y una de aquellas criaturitas luminosas se posó en ella. Era como una luciérnaga, quizá un poco más grande, del tamaño de mi mano. Su abdomen brillaba una luz amarilla casi verde y chillona. Sentí en el tacto que tenía una piel denuda y sólo dos patas, tenía brazos pero no alas. Y volaba. Quizá era una ilusión que se creaba en mí, quizá solo diesen grandes saltos desde el suelo hasta los árboles. O quizá esas criaturas rompieran las leyes físicas de la gravedad. Cualquier cosa me esperaba ya de ese bosque.
La criaturita daba pequeños saltitos sobre la palma de mi mano. Parecía alegre y jubilosa, o al menos, hasta que dejó de saltar. Aunque no alcancé a distinguir se tenía ojos sentía que su mirada quedó fija en mí. El brillo verdoso de su abdomen se convirtió en un naranja sucio y ahumado, casi como el ocre. La criatura comenzó a emitir un zumbido grave y ronco y las demás al escuchar a esta siguieron al unísono con el gorjeo infernal. La mano empezó a temblarme y entonces la criatura se estremeció mientras se hacía una bola. Mis ojos se quedaron en blanco a causa del dolor. Una punzada aguda y agónica atravesaba la palma de mi mano ¿Qué estaba haciendo conmigo ese bicho? Me ensartó como una aguja a una tela. Se adentró en mi piel por la palma de la mano y salió por el dorso. Lancé un breve alarido de dolor mientras agitaba el brazo para deshacerme de mi nuevo enemigo. Fue entonces cuando todas las demás criaturas se abalanzaron sobre mí. Quedé envuelto en un manto de color naranja sucio y ahumado, casi como el ocre. Me eché al suelo y me revolqué de un lado para otro lanzando manotazos al aire interceptando los cuerpos pequeños y anaranjados de las criaturas. No podía quitármelas de encima. Eché mano del bolsillo y saqué el mechero. La llama rojiza del fuego que desprendía la combustión del gas con la acción de la chispa de la piedra las hizo retroceder un poco. El brillo de la llama las atemorizaba, aunque había alguna camicace que intentaba esquivarla para abalanzarse sobre mí. Poco a poco dejaron el miedo a la llama a un lado e intentaban atacarme con mayor frecuencia. El mechero no era suficiente. Agitaba los brazos en todas direcciones para zafarme de las criaturas voladoras. Me quedaba sin ideas. Necesitaba una llama más grande, necesitaba quemar algo…
Volví a rebuscar en la maleta hasta que cogí el bote de gas para el mechero. Lo apoyé contra mi abdomen. Eché el pitorro hacia atrás hasta que percibí el aroma del gas. Entonces acerqué la llama del mechero a la boquilla del pitorro y… fuego. Las criaturas huyeron despavoridas mientras el color naranja sucio y ahumado, casi como el ocre, se tornó a un color morado casi púrpura. La que no consiguió escapar, la convertí en ceniza.
Prolongué la llamarada hasta quedarme sin gas. Por fin tranquilo, por fin en paz. Ahora el silencio se apoderó de mi mente. Cogí la linterna de led de la maleta y comencé a caminar bajo el manto de la oscuridad. Me sorprendí al percatarme del poder de la linterna. Era de metal, y en lugar de tener una bombilla de tamaño apropiado constaba de varias bombillitas muy pequeñas que emitían una luz blanca de gran alcance. Me sentí tonto por no haberla cogido antes. Ya no caminaba a ciegas, ahora sabía perfectamente donde se dirigían mis pasos. Me dirigía hacia el alma del bosque.

— Soy un gran narrador, ¿no lo cree usted, doctor?
— No me cabe duda, Tristán. Al menos estamos de acuerdo en algo.
¿Por qué sonríe, doctor? Su sonrisa es asquerosa. Lo odio. Odio este dichoso lugar. Quiero salir de aquí. Quiero… quiero volver al bosque.
— Estoy cansado de su actitud condescendiente, doctor. Estoy cansado de sus miradas lascivas y sus sonrisas burlonas y aturdidas.
— Céntrate, Tristán. Estabas contándome la historia, no te distraigas.
— Oh, ahora le interesa la historia al doctorcito ¿Le parece interesante? ¿Quiere que la termine de una jodida vez? Bien, ya queda menos que cuando empecé. Voy a seguir y esta vez no pararé hasta terminar. Le aconsejo que no me interrumpa. Verá, doctor, caminé y caminé y aún no he logrado recordar…

Hace más de 4 años

3

6
Sof
Rango10 Nivel 45
hace más de 4 años

Genial, como siempre

Daniel
Rango11 Nivel 50
hace más de 4 años

Gracias cariño, un besitoo

Raquelunchi
Rango6 Nivel 25
hace casi 4 años

Sin duda las historias de misterio eran su fuerte:)


#5

… durante cuánto tiempo lo hice. Pudieron ser horas, días, semanas… Mi reloj permaneció sin funcionamiento durante toda mi estancia en El Bosque. Caminaba por terrenos yermos, agotado y atolondrado, sin saber qué dirección tomar. Me adentraba más y más en las vastas dimensiones del bosque y a cada paso que daba se apoderaba de mí la certeza de que las tinieblas se hacían más pesadas a mi alrededor, que una espesa neblina surgía desde lo más recóndito de aquella oscuridad.
A menudo escuchaba susurros. Me contaban los errores que había cometido durante mi existencia, los temores que me perseguían y las promesas que no había cumplido. A veces parecían provenir del temblar de las copas de los sauces que me rodeaban, otras veces parecían salir de algún recoveco prohibido de mi mente.
El Bosque me estaba torturando, pretendía volverme loco. Quería que me volviese parte de él.
Caminaba ladeando de un lado a otro como un borracho guiado por la luz de la linterna. La mayor parte del tiempo me obligaba a mí mismo a no parar, a seguir, a no rendirme. Tenía que luchar. Tenía que enfrentarme a él, tenía que llegar hasta el final.
Después de demasiado tiempo andando me topé con un claro en medio de aquella espesa vegetación. Un haz de luz proveniente del sol se escabullía de entre el manto de hojas que me envolvía y venía a morir sobre un arco de piedra que parecía ser la entrada a un sendero. En cuanto lo vi me pregunté hacia dónde conduciría. Entonces me percaté de que el rayo de luz apuntaba a unas letras que algo o alguien había grabado sobre la piedra en la parte superior del arco: “Spem Metus”, la esperanza del miedo. ¿Qué podría significar? Yo aún no lo he descubierto. Quizá por ello sea por lo que quiero volver al bosque, hay demasiadas preguntas a las que aún no he hallado respuesta.
A cada pie del arco de piedra distinguí dos montículos de piedras de distinto tamaño que parecían formar una sola roca. Estaban recubiertas de fango y lodo camufladas por el terreno. Pero yo las reconocí al instante. Eran como aquella en la que me senté y me levantó justo antes de que me persiguieran las criaturas que sonaban a hueso. Eran esas rocas que podían moverse.
Frené en seco, apagué la linterna e intentando no hacer ruido me escondí tras un arbusto que tenía a mi lado. No se percataron de mi presencia, o, al menos, no dejaron rastro de articular gesto alguno. Tenía que entrar, pero sabía que en cuanto me acercara esos seres despertarían del sueño del sueño en el que se encontraban sumidos. Al final me decidí por bordearlas poco a poco escondiéndome detrás de los arbustos. Calculé de forma metódica cada paso que daba con el objeto de no romper ninguna rama ni de hacer algún ruido.
Cuando me encontré a unos escasos tres metros de la primera roca saqué el cincel y el martillo de mi mochila. Salí de entre los arbustos y escruté más de cerca las extremidades de la extraña criatura. Distinguí lo que probablemente pudieran ser sus brazos. Acerqué el cincel a la abertura existente entre su brazo y su tórax y golpeé con el martillo. Su extremidad se desprendió de su cuerpo convirtiéndose en barro. Las criaturas de roca se levantaron casi al unísono. Corrí para volver a ocultarme tras los arbustos. Me quedé quieto, observando. El ser al que no había descuartizado hizo el amago de perseguirme, se acercó hacia donde me escondí, pero pareció que me perdió el rastro. Las criaturas sólo tenían cuerpo y brazos, se desplazaban deslizándose por el barro que desprendían. No tenían cabeza, el lugar de ella tenían un gran agujero en la parte superior del tórax. Supuse que eran los oídos, ya que sólo se levantaron al sonar el golpe del martillo sobre el cincel.
Esperé largo rato mientras se daban por vencidas y volvían a su posición de guardia. Esta vez volví a bordearlas hasta llegar al otro extremo. Me acerqué con descaro a la criatura que aún no estaba magullada. Cuando la tuve a un escaso metro apunté con el cincel y alcé el martillo en alto para golpear con fuerza en el orificio que tenía en la parte superior de su tórax. La criatura se partió en dos, deshaciéndose luego en forma barro, fango y lodo.
Volví a esconderme en los arbustos mientras la roca de un solo brazo me perseguía. No eran muy inteligentes estos seres. Por ello debió ser que me apiadé de este último. Golpeé con el martillo a un árbol cercano, me alejé en las sombras y golpeé a otro que se hallaba en el lado contrario. La criatura se tambaleaba de un lado para otro sin saber qué camino elegir. Lancé el cincel hacia el primer árbol que había golpeado y luego lancé el martillo por el lugar de donde había venido. La roca se alejó del arco de piedra y salí corriendo de mi escondrijo. Pasé el arco y me tiré en plancha entre la maleza. Me cercioré de que me hallaba bien oculto y esperé a que la criatura volviera a adoptar su posición de guardia. Una vez a salvo salí de entre la maleza y me preparé para seguir el camino de piedra.

Hace más de 4 años

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Ed_Venaplus
Rango6 Nivel 29
hace 6 meses

Hola Daniel, somos editorial Venaplus. Una nueva editorial que publica a escritores noveles que escriben en sttorybox,y/o redes sociales. Querríamos llevar sus escritos a librerías físicas sino lo has publicado ya en librerías o te hayas autopublicado. Ya que publicamos las obras inéditas. Si nunca antes, has publicado nada y tus escritos que escribes en sttorybok son inéditas en papel nos gustaría el poder publicarte. Totalmente financiado por nosotros al 100%. Sabemos que al ser un autor no conocido, tienes muchas trabas y zancadillas a la hora de publicar. No tienes la oportunidad de que te financien en librerías, ya sea por el desinterés de las editoriales, que sólo publican a autores conocidos o consagrados en ventas, o bien, porque sólo encuentras indeseables que quieren sacarte tu dinero con la auto o coedición. Donde además de gastar su dinero, tendrás muy mala imagen de cara a los libreros y lectores. Con ediciones Venaplus, no tienes que pagar por publicar tu libro. Nosotros te financiamos. Somos una editorial convencional. Ya es hora de dar el salto en papel.
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Sólo publicamos a escritores residentes en España. ¿Tendrías más escritos terminados?
Muchas gracias y cualquier consulta me tiene a su disposición.
Atte. Lara Gómez.
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#6

Mientras caminaba por el sendero de piedra los susurros que escuché antes se convirtieron en gritos. Ya no me poseía la incertidumbre de si los susurros provenían de mi mente o de las copas de los árboles, entonces supe que venían desde el final de aquel camino. Los gritos me atormentaban, no paraban de recordarme hechos trágicos de mi vida, las decisiones equívocas que había emprendido antaño. Me relataban las trágicas circunstancias del suicidio de mi madre. Me repetían las palabras de mi exmujer la última vez que la vi. Me mostraban mis peores temores y me insultaba y arremetía contra mis debilidades. No hay nada peor para un hombre que hacerlo sentirse débil jactándose de sus debilidades.
No saqué la linterna de la mochila ya que había suficiente luz en el camino. Me preguntaba por qué había tanta en esta parte y por qué tan poca en los caminos anteriores. ¿De dónde provendría? Sólo debía seguir andando para averiguarlo. Y cuando lo hice me sorprendí que al mirar de nuevo mi reloj, las manecillas del mismo temblaban intentando moverse ¿Acaso estaba saliendo de El Bosque? ¿Acaso se estaba debilitando el embrujo que se cernía sobre mí?
Un gran destello azulado indicaba el final del camino. Los susurros que se convirtieron en gritos sonaban más altos a cada paso que daba. Me agobiaba ver la luz y no estar bajo su influencia así que aligeré el paso para llegar lo antes posible hasta que algo me hizo la zancadilla y caí.
Estando en el suelo sentí una presencia detrás de mí, giré la cabeza y me sorprendí de la oscuridad que atenazaba el camino que había seguido. Jamás podría volver atrás.
Saqué la linterna y apunté. Nada. Apunté de nuevo en todas direcciones y nada. Me levanté, di la vuelta y, entonces, bajo el reflejo de la luz azulada, lo vi. Una sombra se proyectaba sobre el suelo. Observé alrededor analizando de dónde podría provenir pero no vi nada. Parecía tener aspecto de un ser humano, pero allí no había ninguno que no fuese yo o, al menos, a simple vista. La sombra se movía por el suelo como si estuviese encerrada en ese plano de dos dimensiones por algún castigo eterno, encerrada en una cárcel de sombras. Por un momento me vi así si llegaba hasta el final del camino.
Todo el mundo bien sabe, supongo que usted también, que los fotones que componen la luz poseen masa. Y no lo digo yo, lo dijo Albert Einstein. Pues este ser no era del todo como una sombra, no parecía ser la ausencia de luz debido a la intercepción de un cuerpo contra ésta, sino que más bien representaba la ausencia de masa determinada por una silueta encerrada en un plano horizontal.
La sombra se movía bajo mis pies sin llegar a tocarme, temía lo que pasara si lo hiciera, y para no perderla de vista la apunté con la linterna. Cuando el halo de luz artificial intercedió en el vacío que prolongaba la sombra se produjo un estallido inerte, producto de la interacción de dos elementos contrarios por naturaleza, como el Jin y el Jan, como la luz y la oscuridad, como la vida y la muerte.
La sombra desapareció por un momento. La encontré un poco más alejada a un lado del camino. Entonces me dispuse a andar dirigiendo la luz que proyectaba la linterna para mantenerla a raya. De vez en cuando la agredía con la luz de la linterna para evitar que se acercase demasiado. Hasta que poco antes de llegar al final del camino la perdí de vista a consecuencia de una de mis agresiones.
Aún puedo sentir cómo fue la sensación que se apoderó de mí cuando se acabó el sendero y quedé envuelto bajo la luz azulada. Era la luz de la luna, sin duda. Se filtraba por todas partes creando una armonía melancólica.
Los gritos acallaron por fin y se podía oler el agua del lago.
Mis pies pisaban una hierba bastante alta, húmeda y enfangada. Alcé la vista atrás y el camino por el que había llegado hasta ahí se había cerrado, ya no existía. Estaba rodeado de sauces y pude oler el lago porque la orilla estaba ahí, a los pies de un sauce gigante y gris. Debía medir entre veinte y veinticinco metros de altura y por sus hojas alargadas y caídas supe que era un sauce llorón. Su madera era completamente gris y arrugada y en su tronco parecía dibujarse un rostro con facciones de anciano bajo la tenue luz de la luna proyectada por el reflejo del agua del lago. Había algo de rareza en esa luz, era demasiado azul y el agua parecía brillar, parecía reflejar un aura mágica que se proyectaba sobre el gran sauce ancestral. Parecía darle vida y autoridad. Parecía que ese enorme árbol predominaba sobre todos los seres vivos que habitaban en sus alrededores. Él era quien movía los hilos de la telaraña que manejaba todo lo que me ocurrió en El Bosque. Él era quien me susurraba y gritaba mis miedos. Él fue quien intentó matarme. Él fue el que me cerró el camino para que no diera la vuelta y pudiera irme. Él era el alma de El Bosque.
Pero también debía ser quien me diera alas para salir de allí. Quería irme. Tenía que escapar de sus garras. Tenía que improvisar algo. Veía el agua pero no sabía dónde me llevaría. Meterme en ella y salir a nado sin sabiendas de lo que me esperaba era, quizá, demasiado imprudente. Tenía la linterna en la mano y en la maleta aún tenía la navaja y la cuerda. Podría amarrarla a las raíces del sauce ancestral para poder volver con ella a tierra si salía a nado y la cosa se complicaba. Pero seguro que el árbol cortaría la cuerda y mecería la marea para que me ahogara en el agua. Descarté la idea.
Miré hacia arriba volviendo a sorprenderme por su sobrecogedora altura y por el color dorado de sus hojas. Si salía de allí, una hoja de aquel sauce sería una bonita y placentera recompensa. También pensé que ahí arriba era una posición perfecta para avistar cualquier salida, si la hubiera, de El Bosque.
Saqué la cuerda y la navaja. Corté la cuerda en una longitud de unos cuatro metros. Amarré sus dos extremos de forma que quedaran dos círculos que pudiera agarrar a modo de asa.
Me acerqué al árbol y pasé la cuerda por detrás. Me sorprendí de haber cortado la cuerda en la medida correcta a la primera. La agarré con fuerza desde cada extremo apretándola contra el tronco del árbol. Planté los pies en la corteza e impulsé una y otra vez la cuerda con los brazos para que me ayudara a subir.
Me quedaba poco para llegar arriba del todo cuando me quedé embobado mirando la belleza de las hojas doradas que bailaban al ritmo que le marcaba el viento. Ese momento de distracción fue más que suficiente para no percatarme de que la sombra que encontré en el camino estaba al acecho. Esta vez no estaba encerrada en el plano horizontal, sino que navegaba sobre la corteza del árbol. Saltaba de rama en rama como si fuese la personificación sombría del sauce ancestral. Cuando la vi venir ya era demasiado tarde, no me dio tiempo a agarrarme alguna rama ni a sacar la linterna de la maleta. Tenía ambas manos ocupadas agarrando la cuerda para no caerme.
La sombra se deslizaba rodeando el árbol, cerniéndose sobre mí. Lo que pensé de ella cuando la vi fue cierto, aunque no del todo. Acerté al pensar que la sombra era la ausencia de masa, pero nunca imaginé que también la absorbía.
La sombra se acercó a mí absorbiendo la masa de la cuerda a la que me agarraba eliminando mi único punto de apoyo y haciéndome perder la posición justo antes de precipitarme hacia el vacío.

Hace más de 4 años

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#7

— En ese instante me desperté.
— Entonces… todo fue un sueño.
— Eso mismo fue lo que yo pensé, doctor. Lo pensé hasta que me quité la ropa y me miré al espejo antes de meterme en la ducha. Mi cuerpo estaba tatuado por miles de cicatrices producto de los arañazos con las ramas de los arbustos y de las garras de las criaturas luminosas de la noche. Intenté hablar con la policía, con los bomberos, con los médicos e incluso con los medios de comunicación, pero al final sólo he acabado hablando con usted.
— Te trajimos aquí porque nada de lo que dices es verdad. Tristán, en tu cuerpo no hay rastro de ninguna cicatriz.
— ¿Está ciego? Fíjese en la palma de mi mano. ¡Ese bicho la atravesó!
— Déjalo, Tristán. Me decepcionas. Esta vez creí que lo harías mejor.
— Cómo osas tratarme por embustero, ingrato.
— Crees que todo esto de El Bosque es verdad, y seguro que para ti lo es, pero no para los demás. Son alucinaciones, Tristán. Es un síntoma positivo de la esquizofrenia paranoide que te hace ver algo que no estás viendo y que te hace creer que eres una persona completamente distinta a la que eres. No eres escritor, nunca lo fuiste. Tampoco has estado casado. Sólo eres una hormiga más que está perdida en este hormiguero.
— Pero qué me estás diciendo…
Las correas que me atan a la silla no me permiten levantarme. La camisa de fuerza no me deja deshacerme de las ataduras de las correas. Quiero levantarme y no puedo. Quiero pegarle al mentiroso del doctor pero no puedo levantarme. Pataleo y me balanceo con fuerza. Lucho contra el encarcelamiento de mi cuerpo. El doctor me mira. Está riendo. Otra vez ¿Se está burlando de mí?
— De qué te ríes, gilipollas.
El doctor se acerca a mí, apoya sus manos sobre el sillón y enfrenta su asquerosa cara a la mía para decime:
— Nunca vas a salir de aquí.
El doctor se está riendo en mi puta cara. Ríe a carcajada limpia, parece feliz regocijándose en su poder. Pero aún no sabe el error que está cometiendo al apartar la vista de mí, el error que ha cometido al no amordazarme. Mis dientes agrietan su piel y mi paladar percibe el sabor de la sangre.
— ¡¡¡AHH!!!
¿Duele? Sonrío.
— ¿Sabes que hacemos aquí con los pacientes agresivos, Tristán?
Supongo que es una estúpida pregunta retórica de las suyas.
— Electroshock.
Me veo en el espejo. Me veo la boca ensangrentada. Me veo quieto sobre el sillón. Me veo con una camisa de fuerza puesta. Me veo gracias a la luz de la lámpara. Veo cómo el doctor se ríe. Veo girarse el pomo de la puerta. Veo que los dos gorilas calvorotas entran. Veo cómo me liberan de mis ataduras. Veo como me sacan de la habitación a rastras. Escucho la risa del doctor. Escucho el cántico de los pacientes del hospital. Grito. Grito pero nadie me escucha. Sí que me escuchan, pero les da igual. Pobre Tristán, solo eres un loco más.


Vástagos entre tinieblas,
El flujo de electrones
Recorre su cerebro.

FIN

Postdata:
Las historias, ese hilillo de cordura que naufraga en nuestra locura diaria.

Hace más de 4 años

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Mbarbi
Rango2 Nivel 6
hace más de 4 años

👏👏👏 Ojalá tuviese mas partes Dani. Brillante

Raquelunchi
Rango6 Nivel 25
hace casi 4 años

Pues si... te quedas con ganas de más y eso que el número de partes en las que se divide el relato me encanta. Espero poder leer otra tan buena o mejor que esta:)

Daniel
Rango11 Nivel 50
hace casi 4 años

@Raquelunchi Gracias por tu apoyo. No suelo escribir historias de esta temática aunque tengo un par de ellas en la cabeza, pero para llevarlas a cabo tengo que poner final a otros proyectos. Pásate por otras de mis historias si tienes ganas de leer algo diferente, siempre valoraré tu opinión :)

ZaidaHC
Rango6 Nivel 28
hace casi 4 años

Enhorabuena @Daniel Podéis pasar por mi A Solas si os apetece :)

SDA_love50
Rango19 Nivel 94
hace casi 4 años

Me encantas como escribes @Daniel Espero que te pases por libros, pero lo que digo siempre no obligo.
¡¡¡¡NOS LEEMOS!!!!