ksatie
Rango6 Nivel 26 (961 ptos) | Novelista en prácticas
#1

"Gris como el amanecer que funde el hielo de mi corazón"

– ¿Has oído a los lobos esta noche, Akku?
La mujer acunaba al niño con dulzura. De tanto en tanto, acariciaba delicadamente las facciones suaves de la cara del niño, y con los dedos le apartaba algunos cabellos oscuros que caían sobre su frente. Ella era todavía joven, pero sus manos se veían ya marcadas por las grietas que el frío había dejado sin piedad sobre su piel. Al otro lado de la pared de madera, más allá de la acogedora cabaña y de la calidez del fuego del hogar, silbaba el gélido viento que cubría de invierno toda Nívea. Cada uno de los árboles del valle de Myrkviðr parecía dejarse llevar por aquella nostálgica canción, un suspiro profundo y ancestral. La voz de los Colmillos del Norte, la cadena de colosales picos que abrazaban el bosque nevado como si lo quisieran proteger.
Y los aullidos. “Hoy la luna debe de estar más llena que nunca”, pensó ella.
A Akku no le daban miedo. “Los lobos siempre estarán de tu lado”, había oído siempre.
– Cuéntame otra vez aquella historia.

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ksatie
Rango6 Nivel 26
hace alrededor de 4 años

Esta es una historia que escribí hace años. Espero que os guste ;)

Clary_Clara
Rango6 Nivel 25
hace alrededor de 4 años

está chevere, espero la continuacion. XO


#2

Esta es nuestra historia, pequeño Akku. La historia de tu pueblo, la del bosque que te ha visto crecer, la de los lobos que oyes cada noche y que te protegerán siempre.

En algún lugar de nuestra Nívea, no más allá del río, vivían los primeros cazadores. Se parecían mucho a nosotros; eran nuestros antepasados. Algunos se quedaron en la orilla del río, otros viajaron hacia el pie de las montañas que ampararían a su pueblo. Y otros encontraron este valle, tan verde y blanco como lo ves ahora.
El bosque les daba la vida; con la madera de sus árboles tallaban sus arcos. Pero el bosque también les daba miedo.
Dicen que entre aquella gente nació una niña. Una niña valiente que llevaba la sangre de los cazadores corriendo por sus venas. Su nombre era Hati.
Hati creció en el bosque. Sus pies aprendieron a no hacer ningún ruido sobre la nieve, y sus manos a tallar un arco con la madera de la taiga que la rodeaba. Sus sentidos estaban alerta, sus ojos sobre el blanco. Pero aunque vivía entre hombres, lo que más le fascinaba eran las criaturas que la habían visto crecer. Agazapada sobre la escarcha, se quedaba cautivada por un grácil caribú, un magnífico reno… o un lobo de ojos tan profundos como un infinito cielo azul cuando se vuelve gris, al primer instante del alba. De ese color era el mundo cuando lo encontró.
La luna aún se dejaba ver cuando las nubes más cercanas al horizonte refulgían con aquella luz de la madrugada. Las gotas que se desprendían de las ramas congeladas de los árboles centelleaban como pequeñas lágrimas de colores. Las manadas de lobos se habían retirado, pero algunos de ellos, solitarios, vagaban entre los claroscuros.
Allí estaba.
Era un lobo blanco como la nieve que lo rodeaba, enorme y majestuoso. Solo por su pelaje, que relucía como la luna, pensó ella, cualquier cazador lo desearía. Pero lo más insospechado ocurrió cuando se cruzaron sus miradas.
Unos ojos grises como el amanecer, y al mismo tiempo azules como el hielo, se clavaron en los suyos. Era una mirada sincera y profunda, la mirada de quien es capaz de llegar a tu corazón.
La chica se enamoró de aquellos ojos.

Hace alrededor de 4 años

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#3

Desde aquel momento, Hati acudía al bosque siempre que oía los aullidos. La segunda vez que encontró a su lobo era una noche de luna llena, justo cuando descansaba al lado de la fuente. El agua corría cristalina entre las rocas; las aguas del río que atravesaba Nívea nunca se helaban. Los ancianos le habían contado que, así, ningún mal del otro lado se atrevería a cruzarlo. Miraba su reflejo y decoraba su arco con una daga de sus antepasados cuando vio a alguien más en aquella réplica del mundo y sintió una presencia tras ella. Tal fue su susto que se giró repentinamente, a punto de clavar su daga en el pecho del lobo.
La voz clara y serena del lobo blanco… ¿había sonado en la cabeza de Hati? ¿O quizás en su corazón? Nunca lo supo decir con certeza.
– ¿Me la clavarás?
Ella sabía que no podría. Nunca le sería posible.
Miró la fuente, dubitativa, y esta le respondió con su nítido reflejo. Un reflejo acompañado del de unos ojos que le resultaban tan amenazadores como tranquilizantes. ¿Por qué razón había creído ver el reflejo de un hombre?

La criatura que había cautivado a Hati se llamaba Amarok.
Ella continuó buscando a su lobos, con cada oportunidad que podía aprovechar para salir al bosque. Se continuaba preguntando por qué todos sus instintos se paraban cada vez que lo tenía cerca, hasta el punto de saber con certeza que se encontraba completamente desprotegida. Esta condición en que a veces se sorprendía a sí misma le hacía dudar de si debía confiar en un ser que, según le habían enseñado siempre, era peligroso; capaz de acabar con la vida de un cazador si era necesario. Cada vez se encontraba más atrapada en la red que su propio corazón había tejido para ella.
Los aullidos ya no le pudieron servir de guía, porque no había vuelto a oír a Amarok cantar a la luna. Una noche, Hati le preguntó la razón. Él simplemente respondió que ya no se sentía solo.
– Mi gente es capaz de matarte – le decía ella.
– Tú no lo has hecho. Para mí, es suficiente.

Hace alrededor de 4 años

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#4

Pasaron muchas lunas sin que la chica encontrase a la criatura que le había hecho amar más el bosque que a su propia gente. Hati tuvo que ir a la tribu de los Colmillos del Norte. Un niño de su tribu estaba muy enfermo de fiebre y la medicina de hierbas que buscaba no se encontraba en el valle de Myrk. Cuando regresó a casa, prácticamente había olvidado a Amarok. Pensó que quizás habría viajado con los caribúes, como el resto de la manada. Los lobos acababan abandonando el bosque.
Se sentó ante la fuente de nuevo, como tantas otras veces, observando la nieve que caía imperceptiblemente sobre la piel desnuda de las palmas de sus manos y se fundía, muriendo en silencio de la misma manera en que se apagan las estrellas.
Fue un levísimo gruñido, o quizás una ramita que crujía al romperse bajo un paso poco cauteloso… quizás notó un aliento tras ella… y sus instintos se alertaron todos a la vez. Los músculos en tensión, los ojos alerta. La flecha que, sin darse cuenta siquiera, cruzaba en un instante el espacio que separaba a Hati del lobo de los ojos del invierno.
La nieve se manchó de rojo.

Hace alrededor de 4 años

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#5

Momentos después eran las lágrimas las que desaparecían entre la nieve.
“No puede ser”.
El hocico de Amarok acariciaba la mejilla de la joven en actitud consoladora.
– Estaré siempre a tu lado. Fue una promesa.
– Yo ni siquiera te he podido proteger de mí misma.
– Mírate en la fuente y dime. ¿Acaso no tienes el alma de un lobo? Entonces yo soy capaz de amar y perdonar… como un hombre.

Dice la leyenda que Hati se miró en la fuente y vio a una loba gris como el cielo al alba, con unos ojos del color miel verdoso como el bosque cuando cae la tarde. Su alma tomó un nuevo cuerpo, y Hati aulló a la luna cada noche de su vida.
Ella y su manada protegieron a los cazadores…
El espíritu de Amarok protegió el bosque para siempre.

· · ·

Un intrépido y joven Akku corrió al bosque aquella mañana. Como siempre, se detuvo en aquel lugar. Según le había contado Sakari desde que era muy pequeño, en el lugar donde la joven donde había derramado sus lágrimas y el lobo su sangre, la nieve se había fundido dejando crecer un gran árbol.
Recorrió la corteza rugosa que le habían tallado los años y el invierno con una suave caricia. Allí era donde dos almas gemelas se habían encontrado definitivamente. Allí, el lobo prometió proteger para siempre al cazador… el bosque se convirtió en hombre, y el hombre en el bosque.

Y, desde algún lugar, Hati aullaba al espíritu de Amarok, contagiando con su canto a todos los lobos de Nívea.
“Esta es nuestra historia, pequeño Akku.
Esta es tu historia”

Hace alrededor de 4 años

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Anngiels_54
Rango10 Nivel 45
hace más de 2 años

bella historia, un cuento para leerlo a la vera de una fogata a los niños, un excelente texto. Felicitaciones