Jawahal
Rango8 Nivel 39 (3084 ptos) | Poeta maldito

Hace siglos, fui expulsada de mi tierra. Caí del cielo al reino mortal. Me apartaron de mi familia, de mis amigos, de mi vida... y me encomendaron una misión.

Como castigo por haber retado al poder divino de Dios, me convertí en el peón de esta guerra, conmigo llevaba el poder del cielo, de la luz y del bien. Con él, he de desterrar el mal del corazón de los hombres.

Cuando termine, se me estará permitido volver.

Me llamo Heli.
Soy la Purificadora de Almas

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57
Ranacien
Rango9 Nivel 41
hace casi 4 años

Suena muy interesante. Ansiosa por seguir leyendo.

AngelMagat
Rango18 Nivel 85
hace casi 3 años

Muy bien, ahora a por la continuación.

RedDwarves_32
Rango9 Nivel 40
hace más de 2 años

Purifica la mía, necesito una ducha rápida para quitar esas impurezas que la vida me dió al nacer.


#2

Ciudad: Baltimore
Años desde su llegada: 1200
Mortales purificados: Incontables.

#31/12/2126

Otro año más llega a su fin y su estancia se ve prolongada de nuevo. Su objetivo está lejano, demasiado. Los humanos son seres corruptos, malvados, así es su naturaleza. Son incorregibles.

He sido testigo de guerras, masacres, asesinatos... ¿de verdad merece la pena velar por ellos? ¿Cuándo, ya desde la infancia, están llenos de pecado?

Dirigí los ojos hacia la bóveda celeste, decorada con aquellos brillantes astros. Contemplé aquel lienzo. ¿Cuánto tiempo más he de esperar para volver? Se sucedieron las explosiones de color. Se oyeron las risas, los gritos de júbilo y alegría. Cerré los ojos.

-Feliz año nuevo.

A lo lejos, en algún rincón de las oscuras calles, alguien chilló.


#3

A pesar de que mi instinto ya me había alertado de aquel suceso, no reaccioné hasta que oí el grito. Estaba cansada de ayudar a los hombres, pues ya había sido testigo de sus atrocidades durante todo ese tiempo. Había vivido las tres guerras mundiales tratando de ayudarles, pero mi moral estaba demasiado baja. ¿Qué hacer cuando aquello a lo que debes proteger hace todo lo posible por autodestruirse? Debía terminar mi misión si quería regresar a casa pero cada vez me parecía más imposible.

Me levanté y salté a la azotea contigua. Recorrí cada una de ellas hasta llegar al foco del grito. Cuando mis ojos ya pudieron contemplar la escena, salté desde el borde y caí al suelto, quedándome agazapada. El hombre que trataba de violar a una muchacha se quedó petrificado. Lentamente, alcé las manos y desenvainé las dos cimitarras de mi espalda. Sus filos comenzaron a brillar y mis ojos, grises, se iluminaron a la par. Clavé la mirada en aquel hombre, que soltó a la chica. Ésta, sin perder tiempo, salió corriendo.

-¿Q-quién eres?

No contesté. Ya tenía demasiados nombres: Enviada del Cielo, El Arma de Dios, Ángel Purificador...
Avancé hacia él.

-¡Ni un paso más! ¡Tengo un arma! -Sacó una simple pistola de la chaqueta y me apuntó con ella, pero no había arma mortal que me infundiera pavor. Apretó el gatillo y la bala se incrustó en mi pecho. Retrocedí un par de pasos, observé el agujero por el que había entrado el proyectil y por el que estaba saliendo, una vez fuera, la herida se cerró.

-Monstruo... -Le oí susurrar.

Cansada ya de aquel humano, me moví rápidamente y, antes de que reaccionase, clavé mis cimitarras en su pecho.

Aquel ataque nunca había matado a un humano, el poder de Dios no se me había sido conferido para eso, sino que sólo libraba de todo mal al corazón de aquel humano. Así que, después de dejarle sentado contra la pared, guardé las armas y caminé avenida arriba.


#4

Dos asesinatos. Cinco robos. Cuatro intentos de violación... En la misma noche. El mundo está perdido.
Hay demasiado pecado, demasiado mal en el corazón de los humanos. No puedo cumplir tal tarea yo sola. Mis esperanzas de volver a casa habían disminuido durante la Primera Guerra Mundial y, ya pasada la Tercera, apenas albergo ilusión.

Dios me encomendó este trabajo sabiendo que no podría volver. ¿Por qué seguir, entonces, con mi tarea? ¿Por qué purificar a estos mortales sin remedio? Realmente, ni yo misma tengo la respuesta. Supongo que seguir con la misión me hace estar más cerca de casa...

-¡Eh!

Me giré. Un hombre encapuchado me había gritado pues sólo yo estaba en medio de aquella avenida. Entrecerré los ojos.

-¿Qué quieres?

Sonrió y sacó un cuchillo.

-A ti.

#5

Aquel hombre cayó al suelo tras clavarle las cimitarras en el pecho. Pensó que sería una buena presa. Iluso.

Después de lo que esperaba que fuera el último trabajo de aquella noche, todo se volvió negro.

Grité como nunca habría gritado. Un fuerte alarido. Me temblaron las piernas y caí al suelo. El dolor me impedía hacer cualquier movimiento.

La herida derecha, en la que antaño había tenido una de mis esplendorosas alas, se abrió. Una barra metálica la había atravesado.

#6

Aquel dolor evocó terribles recuerdos. Rememoró lo sufrido hacia tanto tiempo.

Un dolor inimaginable, capaz de matar a un humano.

Siempre había temido recordar aquella experiencia. Si había algo que encogiera el corazón de un ángel caído era eso, aquello que dejaba marcada la piel de un hijo de Dios hasta el momento de su muerte final.

La ablación de las alas.

#7

Criaturas invencibles. Con esa naturaleza fuimos creados.

Los ángeles procedemos de la más pura y prestigiosa raza jamás creada. Somos aquellos que nacimos del mismísimo poder de Dios. Nuestra fuerza nos fue dotada de su propia mano y ello nos confiere capacidades sobrehumanas.

Somos leales y obedientes. Siempre dispuestos a llevar a cabo cualquier cosa que Nuestro Señor nos dicte. Somos perfectos.

O eso creímos.

Toda criatura, tiene un punto débil.

Hace largo tiempo ya, me dejé llevar por la más horrible de las cualidades mundanas. Yo. Una criatura pura y perfecta... Arrancada de su hogar, de su vida... Por poseer aquello que denominan "curiosidad".

Y por ello, fui castigada.

#8

A pesar de nuestros intentos por mantenernos puros, la cierta afinidad que tenemos con la raza humana nos hace a alguno de nosotros vulnerable.

Como yo, muchos otros hermanos han nacido con alguna de sus cualidades y han sido víctimas de ellas. Pero ninguna es tan peligrosa como la 'curiosidad'.

Por ella, tuve la necesidad de acercarme al mundo que ahora detesto. Quería saber de ellos, comprenderlos y convivir a su lado. Fui discreta en todo momento, consciente del crimen que estaba cometiendo, ya que sólo los designados para ello podían descender al mundo terrenal. Pero cometí el mayor error de mi vida, lo que fue mi condenación: enamorarme. El pasional romance, aunque efímero, que mantuve con un humano fue el punto de inflexión.

Fuimos descubiertos, llevados a la fuerza y ajusticiados. A él lo devolvieron a la tierra, mientras que a mí me esperaba la peor de las condenas.

Mis maravillosas y brillantes alas fueron arrancadas de mi espalda de forma cruel y despiadada. El dolor que llegué a sentir me hizo perder el conocimiento, pero siempre conseguían que volviera en mi. La tortura no cesó hasta que las heridas de la espalda fueron cauterizadas con fuego, dejando en mi perfecto cuerpo la mayor imperfección de todas. Y mi nuevo punto débil.

***

- Es hora de despertarse muñeca. -Escuché, pero no quería moverme. Cualquier amago me producía un enorme dolor, así que, aunque me encontraba consciente, estuve inmóvil en todo momento.

Traté de murmurar un par de frases, pero las palabras apenas salían de entre mis labios. Aquel hombre soltó una socarrona carcajada.

- Mírate, la criatura más poderosa a los pies de un mortal.

- ¿Quién eres? - Escupí en un susurro.

- Alguien que lleva esperándote mucho tiempo, Heli.

#9

Lentamente, mi mente se fue despejando. El dolor proveniente de mi espalda iba desapareciendo y, por fin, pude abrir los ojos para mirar directamente a aquel sujeto.

Era un hombre, de enorme envergadura, con el cabello grisáceo peinado hacia atrás con gomina, embutido en un traje de americana marrón y camisa negra. Su rostro, de facciones duras, me sonreía, aunque sus ojos azules parecían estar muertos por dentro.

Mis ojos lo escrutaron. ¿Lo conocía? ¿Lo había visto en algún lugar? Trataba de recordar, pero aquel rostro se me habría grabado en la memoria de haberlo visto alguna vez.

A partir de ahora, nunca más iba a olvidarlo.

- ¿Intentas saber si me conoces? -Dijo, con aquella sonrisa socarrona en los labios.- No, querida, tú no me has visto nunca pero, yo llevo observándote mucho tiempo.

Moví las manos encadenadas y fruncí el ceño.

- ¿Qué quieres de mi, mortal? -Las palabras salieron de la manera más despectiva posible, sin embargo, en lugar de intimidarlo, el hombre soltó una forzada carcajada.

- ¿Crees que estás en condiciones de usar ese lenguaje? Recuerda quien está encadenada. -Tiré de los grilletes con todas las fuerzas que poseía en aquel momento, pero el metal no hizo amago ni de ceder.- Tardarás un tiempo en recuperar todo tu potencial, hasta entonces charlemos.

Le lancé una amenazante mirada, llena de ira.

- ¿De qué?

- ¿No tienes curiosidad? -Me mantuve en silencio. Él se encogió de hombros y metió las manos en los bolsillos del pantalón, adoptando una actitud más relajada.

- Sólo quiero saber qué pretendes hacer conmigo y por qué. Luego, cuando recupere mi fuerza, te atravesaré el corazón y limpiaré esa putrefacta alma que posees.

Realicé un nuevo amago para arrancar las cadenas de su anclaje, pero fue en vano. Con una nueva carcajada, el hombre se acercó y me tomó del mentón.

- Eres brava, me gusta. Pero toda esa fuerza que posees ahora no te será de ayuda. -Sus dedos me acariciaron la piel del rostro con cuidado, como si su mano temiera romperme.- Aún así, me caes bien. Te contaré qué pretendo.

Se separó de mí y dio un par de pasos hacia atrás bajo mi fulminante mirada. La puerta automática de la habitación se abrió y entraron media docena de científicos, ataviados con batas y guantes. Uno de ellos llevaba un maletín en las manos. Se reunieron alrededor de la mesa de metal del fondo.

- ¿Conoces una droga comúnmente llamada 'burundanga'? Es una sustancia muy tóxica. Una sobredosis en un humano puede llegar a provocarle convulsiones, depresión severa, arritmias cardíacas, insuficiencia respiratoria, colapso vascular y hasta la muerte. Además, es capaz de dejar sin voluntad o inconsciente a quien la toma, con algunos períodos de amnesia. -Mientras el hombre hablaba, dirigí la mirada hacia los científicos. Habían sacado algún aparato del maletín y lo estaban preparando.- Nosotros hemos desarrollado una sustancia afín, con efectos parecidos pero, de mayor duración. En un mortal, le causaría la muerte segura pero, en ti, una criatura de capacidades sobrehumanas, tendrá los efectos deseados.

Cuando los recién llegado a se dieron la vuelta, uno de ellos llevaba un aparato metálico, como una pistola, que sujetaba una enorme cápsula transparente con un líquido azulado. Su punta, de al menos diez centímetros, relucía. Quien lo portaba se acercó a mi. En un vano intento de apartarme, empecé a moverme, pero entre todos consiguieron inmovilizarme. Me echaron hacia adelante, me apartaron el cabello de la parte trasera del cuello y limpiaron la zona con un algodón ungido en alcohol.

- ¿Q-qué va a pasarme? ¿Qué efectos tendrá sobre mi?

El tono temeroso de mi voz le hizo sonreír. Una sonrisa sincera, llena de satisfacción. Se colocó frente a mi y clavó su mirada en la mía.

- Sentirás como, poco a poco, tu vista se nublará, el control sobre tu cuerpo habrá desaparecido y, aunque serás consciente de todo, serás incapaz de controlar tu cuerpo. Llegará un momento en que no distingas la realidad de lo que no lo es, tendrás delirios y alucinaciones. -Alargó la mano y volvió a tocarme la mejilla.- Pero, no tengas miedo, preciosa, yo te guiaré en la oscuridad y me ocuparé de ti.

Apreté la mandíbula.

- Eres un ser asqueroso.

- Pronto aprenderás a ver la genialidad de mi plan. Tú y yo, mano a mano, purificaremos este mundo. Tal como tu Dios te ha ordenado.

- Arderás en el infierno, me ocuparé yo misma de que no salgas de sus fuegos y te pudras eternamente entre el dolor y la agonía.

Lejos de dejar ver el miedo que sentía, mis ojos reflejaron la ira que impulsaba a mi corazón. Sentí el pinchazo y la quemazón de aquel líquido, que ya contaminaba mi cuerpo.

Me mantuve inexpresiva, con un semblante serio y desafiante, a pesar del ardor que corroía todo mi cuerpo. Lentamente, mi conciencia se fue sumiendo en un oscuro sueño. Mi cuerpo, en tensión, se relajaba hasta quedar exhausto. Cerré los ojos y dejé que aquella sustancia me arrastrara hacia la oscuridad.

#10

Su cuerpo había dejado de convulsionar. Todos los sujetos de pruebas habían muerto minutos más tarde de haberles inyectado la sustancia en el cuerpo, pero ella iba a sobrevivir. Era un ser superior. Resistiría.

Con un movimiento de mano, los científicos se apartaron de su lado, fueron a la mesa metálica del fondo y salieron por la puerta automática, no sin antes dejar dos cuchillos, parecidos a las cimitarras que siempre portaba la muchacha, sobre ella. El hombre se acercó al inmóvil cuerpo del ángel. Parecía tan frágil…

- Heli, querida, ¿me oyes?

No obtuvo respuesta alguna. Frunció el ceño y se agachó frente a ella, tratando de observar su rostro a través del blanco cabello. Alargó la mano derecha para tocar la hermosa piel de su cara, sin embargo, su cabeza se movió ligeramente. Él se quedó inmóvil ante aquel movimiento.

- ¿Heli? -Murmuró ligeramente. Ella volvió a moverse, como si se recuperara de un pesado sueño. Al verla alzar la cabeza, sus ojos grises, vacíos y sin vida, se fijaron en su propia mirada. Una sonrisa de satisfacción apareció en su rostro- Bienvenida, preciosa.

jorge9102
Rango4 Nivel 18
hace casi 3 años

Esta historia me atrapó desde el principio. Espero que pronto nos dejes saber la suerte de Heli.

Jawahal
Rango8 Nivel 39
hace casi 3 años

¡Me alegro muchísimo de que te haya gustado! Espero sacarla cuanto antes. Un fuerte abrazo @jorge9102


#11

Después de aquel momento de oscuridad, su voz me había devuelto a la realidad. Había abierto los ojos y ahora me miraba fijamente. Estaba a escasos centímetros. Tan cerca que podría agarrarlo del cuello y retorcérselo. Pero no me moví. Mi mente ordenaba a mis brazos que se dirigieran hacia él, pero no respondían. Era como estar en una cúpula de cristal. Mis gritos se ahogaban en mi cabeza. Estaba aislada. Sola. Atrapada.

- Parece que estás respondiendo perfectamente al tratamiento, estoy muy contento con los resultados. ¿Te mareas? ¿Sientes dolor en algún lugar?

Aquel sucio mortal se apartó de mi. Como una mera espectadora, observé cómo me retiraba los grilletes de las muñecas y mis brazos caían como plomo a ambos lados de mi cuerpo.

"Lánzate sobre él y envíalo al Infierno"

- Levántate. -Ordenó y mi cuerpo respondió de inmediato.

Por un momento, me quedé sin respiración. Atónita. Mis extremidades respondían perfectamente a su voz, como si él fuera quien las impulsaba. Mi conciencia había sido usurpada por aquel humano. Pero, ¿cómo?
Entonces, recordé sus palabras: "yo te guiaré en la oscuridad y me ocuparé de ti". La sustancia que había inyectado en mi cuerpo inhibía mi control. Estaba a su merced. Yo tan sólo podía observar.

- Parece que tu motricidad está en perfectas condiciones, respondes al segundo. -Sus labios se curvaron en una sonrisa- Perfecto. -Se dio la vuelta y se dirigió a la mesa del fondo.

Mi mirada estaba fija en su espalda. Habría deseado tener mis cimitarras para poder clavarlas en su cuerpo y acabar con esto de una vez por todas, pero por más que intentaba que mi cuerpo se moviera, menos resultados obtenía. El hombre se dio la vuelta con dos sais -armas de origen asiático, características de las artes marciales- metálicas de color negro. Sus puntas estaban peligrosamente afiladas.

- Tardarás en acostumbrarte a su manejo, pero verás que las sais son más útiles y ligeras que tus antiguas cimitarras. -Hizo una pausa, encogiéndose de hombros- No te preocupes, están a buen recaudo.

Volvió a mi lado y extendió el mango de aquellas armas hacia mí.

- Cógelas.

"No lo hagas"

Mis manos se alzaron, con pesadez, y tomaron ambos mangos. Al principio, noté cómo mis dedos dudaban, pero, en un segundo, se cerraron firmemente y sostuvieron las dagas sin vacilar. Él sonrió con complacencia.

- Muy bien. -Volvió a alejarse. La puerta automática se abrió de nuevo, pero, esta vez, empujaron a un joven dentro de la sala. Sus ropas estaban ajadas y sucias, sus manos atadas y sus ojos reflejaban el más puro terror. Las lágrimas bañaban sus mejillas sonrosadas, llevándose la mugre con ellas. El hombre lo tomó del hombro y lo movió con asco, como si el simple contacto con el muchacho le diera repulsión. De un movimiento lo posicionó delante de mí.

Su respiración se entrecortaba. Sus ojos se posaban en los míos. Podía sentir su miedo. Su desesperación. Aquel joven había sido azotado por la miseria desde que había llegado al mundo. Su pecho estaba lleno de pecados que habrían de ser purificados, pero no había maldad en él. No estaba contaminado. No era una desgracia.

- P-por favor. -Gimoteaba en susurros.

"¡Suéltalo! Es sólo un crío"

- Heli.

"No le escuches. ¡No lo hagas!"

- Debes purificar, Heli, es tu misión.

"¡NO! ¡No lo hagas! ¡Déjalo!"

Mis manos alzaron las sais.

- Purifica.

"¡NO! ¡BASTA!"

Chillé y chillé hasta quedarme sin voz, pero nadie me oía. Me arañé el rostro, me tiré del cabello, me golpeé las extremidades. Desesperadamente recurrí a cualquier cosa que pudiera hacerme despertar de aquella pesadilla. Arremetí contra aquella cúpula de cristal que me tenía encerrada. Debía despertar. Debía hacerme con el control. Este es mi cuerpo, ¡ningún mortal osará profanarlo con sus despreciables intenciones!

Y, entonces, en aquel momento, mi corazón se quebró en mil pedazos.

Uno por cada gota de sangre que era derramada.

Me llamo Heli.
Y, por primera vez, he matado a un humano.

#12

Retiré las sais del cuerpo de aquel niño. La sangre manó de las heridas a borbotones y, entre espasmos, la escupió para no ahogarse.

Se desplomó. Sus ojos suplicantes, aterrados y vacíos continuaron mirándome fijamente.

Había muerto.

Y yo había sido su verdugo.

"¿Q-qué... he hecho?"

-Buen trabajo, Heli, maravilloso. -Aplaudió lentamente el hombre- Ha salido todo mucho mejor de lo esperado. -Chascó los dedos y se llevaron el cuerpo, dejando un reguero de sangre a su paso.

El hombre se me acercó con una sonrisa en los labios. Alzó mi inexpresivo rostro hacia él.

- Vas a ser de mucha utilidad, preciosa. Estoy seguro de ello. -Me acarició los labios con su dedo pulgar y me soltó- Vamos, querida, tenemos una misión que cumplir.

Y mi cuerpo, como un autómata, le siguió fuera de la estancia.

Cerré los ojos y dejé que mi cuerpo actuara por sí solo.

Dejé que las lágrimas humedecieran mi rostro.

Dejé que el dolor y la culpa me hundieran en la oscuridad más absoluta.

Dejé de ser yo misma.

Hace más de 1 año

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#13

Ciudad: Baltimore
Años desde su llegada: 1201
Mortales purificados: Incontables
Mortales asesinados: 350

#12/7/2127

7 meses...

7 meses han pasado desde que fui atrapada en mi propio cuerpo. Desde entonces, he vivido en la sombra de mi mente, ajena al control de mi cuerpo. Como una mera espectadora de un espectáculo cruel.

7 meses en los que un mortal miserable ha profanado un cuerpo divino.

7 meses en los que mis manos han sido manchadas con la sangre de 300 mortales.

Tan sólo 7 meses fueron necesarios para que mis esperanzas de volver a casa se desvanecieran por completo. Los pecados que ahora cargo sobre mis hombros y mi conciencia son razón suficiente para saber que la vuelta a casa me estará prohibida.

Estoy atrapada en este lugar sombrío con la soledad como única acompañante.

Abrí los ojos. ¿Cuánto tiempo había estado con ellos cerrados? No sabría qué decir. Observé el escenario que se encontraba frente a los ojos de mi cuerpo ajeno.

Aquel hombre, cuyo nombre descubrí que era Uther, se había hecho con el control de la ciudad gracias a mí. Mi cuerpo se había enfrentado a los ejércitos humanos de la población y había vencido. Uther gobernaba ahora con mano de hierro y se disponía a ampliar su territorio a base de devastación y muerte. Y yo era su principal arma.

¿Hasta cuando iba a durar aquella masacre? ¿Hasta cuando iba a ser prisionera en mi propia mente?

Volví a cerrar los ojos y deseé, desde lo más profundo de mi quebrado corazón, que alguien viniera en mi ayuda.

"Espero que Dios oiga mis súplicas..."

Hace más de 1 año

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DanaMaat
Rango12 Nivel 55
hace más de 1 año

Esta historia me atrapó desde el principio. Espero que nos dejes saber el destino que correrá Heli, si por fin Dios podrá responder a sus súplicas pues desde el inicio ella ha visto la fealdad de la humidad y aún así, ha cumplido con su misión.

@Jawahal

Jawahal
Rango8 Nivel 39
hace más de 1 año

Ya veremos, de momento, estará atrapada en su propio cuerpo un tiempo más. Espero que la sigas para saber qué ocurre @DanaMaat 😊 ¡Gracias por pasarte!


#14

- Heli, querida, tenemos trabajo.

Abrí los ojos al oír aquella ponzoñosa voz. Al parecer estaba en una cama, debía de haberme mandado descansar. Uther estaba sobre mí, con aquella sonrisa maliciosa en los labios y me recorría el rostro y el cuerpo con la mirada.

Sus dedos me acariciaron el cuello y, aunque no sentía nada, saber que me estaba tocando me provocaba náuseas.

- Algún día probaré la miel de un cuerpo celestial, pero hoy no es ese día -Se apartó de golpe- Vamos, levanta, tenemos mucho que hacer.

"Ese día... te rebanaré el cuello"

***

- ¡A ninguno de nosotros nos va a gobernar un tirano pretencioso!

- ¡No vamos a acatar las órdenes de unos perros!

Un grupo de civiles se había armado a las afueras de la ciudad y habían tomado represalias contra los guardias que vigilaban aquella zona. Las revueltas dentro del régimen de Uther eran muy frecuentes. Sin embargo, todas eran rápidamente acalladas. Yo me ocupaba de ello.

Caminé por un pasillo que los soldados del tirano habían dispuesto para mí. Llegué a la primera fila, junto al comandante. Pude sentir sus ojos temerosos mirándome de soslayo.

Desde el interior, escruté a los insurrectos.

"No lo hagas Heli, por favor, son inocentes... Escúchame, te lo suplico"

Me apoyé contra la cúpula de cristal que me retenía en el interior de mi mente y dí golpes con los puños.

"¡RESISTE!" Grité.

- Todo tuyo. -Murmuró el comandante.

- ¡No tenemos miedo de vuestra asesina! ¡Os plantaremos cara a todos!

"Huid... por favor..."

Mis manos agarraron el mango de las sais y las empuñaron con fuerza. Comencé a avanzar.

***

Corté gargantas, perforé pechos y saqué entrañas. La sangre manaba con fuerza de los cuerpos sin vida que dejaba a mi paso. Mis manos, mi rostro y mis armas estaban teñidas de rojo.

Mis lágrimas se deslizaban en cascada.

Las voces de los muertos que yacían a mi paso sustituyeron a mi conciencia.

Quise morir allí mismo.

Volví a avanzar. Un superviviente me miraba desde el suelo, tenía una pierna herida por fuego amigo. Sus gritos perforaron mi corazón como si yo misma lo hubiera perforado con las sais.

- ¡Monstruo! ¡Asesina! -Chillaba lleno de ira, aunque su cuerpo temblaba de puro terror- Dios te juzgará por esto y te enviará al fuego más profundo del Infierno, donde te pudrirás el resto de tu eterna existencia. ¡Espero que tú corras la misma suerte que todos nosotros!

"Lo siento... Por favor, créeme, lo siento de verdad..."

Levanté las armas, dispuesta a dar el último golpe.

- Detente, Heli -La voz de Uther me frenó en seco. Me coloqué recta y bajé las armas lentamente- Encarcélalo, un castigo público será una manera eficiente de hacer llegar nuestro mensaje a todos los que hayan pensado seguir su ejemplo. Tráelo.

Guardé las armas, lo tomé de la ropa y lo arrastré, andando tras aquel loco.

Dentro de aquella prisión de cristal, me apoyé contra la cúpula y me abracé las piernas.

Lloré hasta quedarme sin lágrimas.

Pedí perdón hasta quedarme sin voz.

Hace más de 1 año

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#15

Ciudad: Baltimore
Años desde su llegada: 1201
Mortales purificados: Incontables
Mortales asesinados: 363

#13/7/2127

Una ejecución pública.

Eso era lo que ese malnacido entendía por un castigo ejemplar, ejecutar a un hombre inocente frente a los ojos de miles de personas, entre ellos niños, para que aprendan quién manda.

Innumerables son los tiranos que utilizaron ese método, el método del miedo.

Ninguno aprendió de sus antecesores y sus caídas fueron cada vez mayores.

La historia nos ha enseñado que, bajo ningún concepto, el ser humano se dejará regir por las órdenes de otro igual. Pero, por desgracia, los mortales infravaloran el pasado y cometen los mismos errores repetidamente, como si en un ciclo temporal estuvieran.

La "Plaza de Ejecuciones" estaba completa. La gente se agolpaba, por obligación, en aquel amplio espacio para ver el "espectáculo".

El rebelde, maniatado y de rodillas, esperaba en una tarima a su verdugo. Aunque temblaba, estaba sereno. Estaba preparado para afrontar su cruel destino.

- ¡Este hombre! -Habló Uther, quien estaba a su lado. Yo me encontraba tras ambos- Ha infringido las normas de éste, nuestro país, y ha arremetido contra la mano que le brinda el alimento, la seguridad y la paz.

"Paz... Hoy día, esa palabra no tiene significado alguno"

- Su actitud terrorista ha puesto en peligro la vida de cientos de inocentes y de las fuerzas de seguridad que dan su vida por protegeros. -Le señaló con la mano abierta- Hoy, nos encontramos aquí para erradicar esa enfermedad. Hoy, daremos por zanjada esta insubordinación que pone en peligro el bienestar de la población. Y, si queda algún germen que pretenda seguir sus pasos, que sepa... Que aquí terminará su conspiración.

La plaza guardó un solemne silencio. Uther se giró hacia mí y me indicó que procediera.

Cerré los ojos. Suficiente muerte había presenciado ya. En silencio, dejé que mi cuerpo actuara tal y como se le había ordenado. Sentí que mis manos tomaban un hacha. Que lo alzaba por encima de mi cabeza. Y esperé a sentirlo caer.

Sin embargo, en su lugar llegó un agudo dolor.

Abrí los ojos.

La plaza entera gritaba y huía despavorida. Había cundido el pánico.

Desde mi prisión, observé la daga que sobresalía de mi estómago. Mis manos dejaron caer el hacha y arrancaron sin miramientos el arma. La sangre fluyó, manchándome, pero pronto se detuvo.

Alcé la cabeza.

Antes de que el caos se apoderara por completo del lugar, un hombre corría hacia mí, blandiendo una reluciente espada.

Hace más de 1 año

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#16

Todo ocurrió demasiado deprisa.

Sin que yo pudiera hacer nada, mi cuerpo se arremetió enérgicamente contra aquel muchacho. Grité con todas mis fuerzas, pues ningún humano podría equiparar su fuerza con la de una nacida del Cielo. Moriría, como todos.

Sin embargo, él detuvo el golpe.

Durante unos segundos, me quedé estupefacta. Incluso mi cuerpo pareció no haber comprendido qué ocurría. Allí, en mitad del fragor de la batalla, mientras los opresores y los oprimidos rebeldes luchaban, ambos nos habíamos detenido. Le observé.

Su cabello era rojo como el fuego y su mirada clara como el agua. Sus facciones, duras y serias, eran perfectamente imperfectas, pues en aquel rostro, como tallado de un mármol, una cicatriz lo adornaba desde la ceja derecha hasta el cuello. Su constitución era mucho mayor que la de un humano normal, al igual que su determinación.

Mis ojos escrutaron su alma... Pero no vieron nada.

¿Quien era aquel hombre? O mejor dicho, ¿qué era?

De un momento a otro, comenzamos a luchar. Nuestros movimientos eran igual de rápidos, nuestra fuerza equivalente. Era una batalla en tablas.

Si un par de inconscientes humanos, a los que degollé sin piedad alguna, no hubieran intervenido para asegurar la victoria de su compañero, habría sido una batalla sin fin. Cuando las sais cortaron la piel del cuello de otro inocente que había lanzado un ataque desde la retaguardia, noté un fuerte golpe y un sonido metálico.

Caí al suelo de rodillas. Sentí dolor, pero era soportable.

- ¿Qué? -Escuché detrás de mí. Una voz grave, profunda, que expresaba incredulidad. Noté como una mano cálida agarraba mi ropa desde la parte de atrás y tiraba para romper la tela. Su espada estaba clavada en una plancha metálica que cubría las cicatrices de mis alas sujeta a mi cuerpo mediante clavos.

Alcé la mano y retiré el arma. Lentamente, me fui incorporando.

- ¡RETIRADA! -Le oí gritar. Me giré hacia él. Todos los rebeldes salieron corriendo, protegiendose de los perros falderos del tirano. Aquel muchacho me miró a los ojos fijamente mientras retrocedía. Frunció el ceño y desapareció junto con el resto.

***

Me encontraba sentada en una silla, inclinada hacia delante y sin parte superior. Un par de médicos observaban las placas metálicas, asegurándose de que la espada no había atravesado el metal.

- Uther requiere tu presencia en su aposento. -Dijo un guardia recién llegado. Los médicos me dejaron ir y recorrí los pasillos hasta su habitación. Entré sin llamar.

- Hola, preciosa -Dijo el hombre, desnudo de cintura para arriba- Estoy muy orgulloso de ti, has luchado como una verdadera guerrera. Ven, acércate.

Me moví hasta él. Tiró de mí y me sentó en su cama. Sus ojos recorrieron lascivamente mi torso desnudo.

Aparté la mirada y cerré los ojos. No quería ver lo que iba a ocurrir.

- Creo que debería darte un premio por tu actuación de hoy... -Susurró.

Con su tacto, sentí mil agujas clavandose en mi piel. Con su voz, sentí un veneno abrasando mi cuerpo.

Sollocé con fuerza para ahogar sus gemidos.

Yo no era más que una marioneta, colocada bocabajo sobre la cama, con la que se deleitaba un maníaco. La pureza de mi cuerpo había desaparecido ya por completo en cuanto aquel ser despreciable había penetrado en mi interior.

Quise morir. Quise sentir el fuego abrasador del mismo Infierno antes que sus movimientos en mi interior. Y, cuando terminó y me dejó sola, tirada y usada, quise desaparecer, dejar de existir o no haberlo hecho nunca.

Maldije su existencia y la mía. Maldije mi suerte. Y deseé que aquel extraño humano me hubiera atravesado con su espada y hubiera terminado con todo esto.

En aquel momento, ya no quería volver a casa, sólo deseé que mi muerte llegara pronto.

Hace más de 1 año

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#17

Ciudad: Baltimore
Años desde su llegada: 1201
Mortales purificados: Incontables
Mortales asesinados: 363

#20/7/2127

Días después de aquel encontronazo con ese extraño humano, mi mente trabajaba al máximo para tratar de obtener una hipótesis válida. 

Las preguntas que me mantenían ocupada, ajena a lo que mi cuerpo hacía, llenaban mi cabeza a todas horas.

¿Quién era? ¿De dónde procedía? ¿Cómo había podido soportar el embate de mi fuerza? ¿De dónde había salido la suya? Y, lo que era más importante, ¿por qué no había podido vislumbrar su alma?

Continué dándole vueltas y vueltas, con los ojos cerrados, pero no hallaba respuesta alguna.

Debía encontrarle. Pero, dada mi condición, me sería imposible.

- Heli -Escuché desde el exterior la voz de Uther- Querida, tenemos trabajo.

Me tapé los oídos. No quería presenciar más ejecuciones. No era capaz de soportar más ojos vacíos mirándome, más sangre en mis manos, más cargos de conciencia.

Noté cómo entrábamos a una habitación cuya temperatura era menor. Escuché los pasos del tirano delante de mí, resonando en un pavimento duro. Los míos, eran silenciosos.

- Hacia tiempo que no nos veíamos. -Habló el maníaco. Nos detuvimos.- ¿Nos echabas de menos?

- Creo que no tanto como tú a mí. -Aquella voz... Abrí los ojos y me incorporé. Era él. Pero estaba maniatado y sentado en una silla. No parecía herido- Veo que ya has conseguido otro juguete.

Uther sonrió.

- Gracias a ti.

- Por cierto, muy ingenioso lo de las placas metálicas. Aprendiste la lección, ¿eh? -Él sonrió, divertido.

- No iba a tropezar con la misma piedra después de que me frustraras los planes una vez.

¿Una vez? ¿Uther ya había emprendido este plan antes? Me pegué a la pared de la cúpula para ver y escuchar mejor.

- Estoy sorprendido, Uther, ¿cómo has conseguido una sumisión tan prolongada? Tus otros juguetes no duraron tanto.

- He encontrado al espécimen perfecto. Uno capaz de aguantar las dosis más altas y peligrosas. Alguien que sorportaría lo que tu calaña no podría.

El muchacho hizo una mueca y frunció el ceño.

- Cuida tus palabras, recuerda que estás hablando con un ser superior.

¿Ser superior? Abrí los ojos sorprendida. ¿Era él un ángel? ¿Era como yo? Por un segundo, mi corazón latió vigorosamente lleno de esperanza.

- Para ser seres superiores, es muy sencillo doblegaros. -Uther volvió la cara hacia mí, que estaba en silencio tras él con mis ojos vacíos fijos en el muchacho- Purifica, preciosa.

Tomé las sais con decisión. El muchacho se movió incómodo a medida que me acercaba.

"No, no puedes. No te dejaré" Necesitaba hacer algo. Debía impedirlo. Él podría ser quien me sacara de esta prisión. Debía salvarlo.

- Recuerda quién eres, Purificadora, recuerda y saldrás de esa oscuridad tú sola. -Dijo en bajo cuando estaba frente a él. Cerró los ojos.

Levanté las armas.

Arremetí contra el cristal de la cúpula con todas mis fuerzas. Cerré los ojos con fuerza y rememoré todos los recuerdos felices que tuve en mi hogar. Mi familia, mis amigos... Debía volver a ser yo misma por ellos. Debía volver en mí. Ellos me estaban esperando. Ellos querrían que luchara contra aquella opresión. Mi misión era erradicar el mal de aquel mundo para poder volver a casa.

Seguí golpeando con los puños.

"Detente. Este es mi cuerpo. Yo tomo las decisiones. Yo tengo el control. Te ordeno que te detengas. Tú me obedeces a mí. No pienso dejar que un maníaco manche más mi nombre. Detente. AHORA".

Y con un último puñetazo, la cúpula se resquebrajó.

Hace más de 1 año

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#18

Mi cuerpo se quedó hierático. Congelado.

- Heli, purifica.

*No, no lo hagas*

Mis brazos temblaron y mis manos agarraron con mayor firmeza las armas, pero no se movieron ni un centímetro. Obviamente, el títere en el que se había convertido mi cuerpo estaba recibiendo órdenes contrarias y no sabía a cuál obedecer.

Golpeé con mayor fuerza, si cabe, la cúpula que me encerraba hasta que algunos cristales saltaron. Aún así, me quedaba mucho para salir por completo de mi prisión.

Uther se movió nervioso al ver que su juguete no le obedecía. El muchacho, que estaba frente a ella, sonrió de oreja a oreja.

- Encerrad a ese desgraciado y lleváosla fuera de aquí. ¿¡Dónde está ese maldito matasanos!? -Gritó furioso.

En un segundo, varios hombres se me acercaron. Dos se ocuparon del misterioso chico y otros dos me arrebataron las armas, para después empujarme y arrastrarme hacia la salida. Me sacaron de la sala y, seguidos de Uther, nos dirigimos hacia otra habitación que parecía ser una consulta médica. Cuando los dos gorilas me dejaron sentada en una silla, el médico entró, temblando de arriba abajo. El tirano se le acercó, lleno de ira.

- ¿¡Qué coño ha pasado!? -Le espetó.

- S-Señor, yo... No lo sé.

- Dijiste que no se pasaría el efecto hasta nueves meses después de la primera inyección. Puedes explicarme por qué, entonces, ¡no le ha rebanado el cuello a esa escoria! -El médico tragó saliva. Estaba asustado.

Entrecerré los ojos y escruté su alma. Había ayudado a hacer cosas malvadas, muy malvadas, pero siempre había estado coaccionado a ello...

- T-tal vez su cuerpo lo elimine más rápido de lo que creímos... A-al fin y al cabo, las pruebas se realizaron en sujetos con una composición similar, pero no idéntica, señor.

Uther se apartó y caminó en círculos.

- ¿Y no puedes inyectarle más?

- El tratamiento está preparado para ser administrado cada nueve meses, no sé los efectos que podría tener si...

- ¡Pues encuentra una solución! Y espero que sea rápido, porque no me gustaría que tuvieran que limpiar tu sangre de este suelo. Ahora, ¡largo! -Y el hombre salió aprisa de la habitación. Uther soltó un largo suspiro y se pasó la mano por el engominado pelo. Se volvió- Encadenadla.

Todo se volvió oscuro. Me había dejado a solas en aquella habitación. Ni una luz quedó encendida.

Sentí el frío de las cadenas alrededor de mis muñecas.

Cerré los ojos con fuerza y comencé a susurrar.

*Mueve las manos. Mueve las manos. Mueve las manos. Muévelas"

Sonreí.

El metal tintineó.

Hace más de 1 año

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#19

El veneno corroía mi organismo de nuevo. El dolor me cegaba y sentía que mi cuerpo físico se relajaba a medida que aquella sustancia mermaba mi conciencia.

Parpadeé. Necesitaba mantenerme consciente.

Me tambaleé y apoyé contra la cúpula.

Las venas me abrasaban más que la última vez. Gemí de dolor. Las piernas me temblaron y no pudieron aguantar mi peso. Caí al suelo y me retorcí.

Las sombras se cernieron de nuevo sobre mí.

Dejé de sentir dolor.

Dejé de sentir mi cuerpo.

Dejé de sentir.

Y me dejé arrastrar hacia la oscuridad.

Hace más de 1 año

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rmonascal
Rango13 Nivel 60
hace más de 1 año

¡Qué gran talento tienes para atrapar al lector en tu mundo! 19 partes leídas en un momento, la tensión de la historia siempre presente y en aumento. Por favor, continúa este relato y permítenos saber qué es de Heli el malvado Uther y el misterioso chico (que sospecho no es un ángel en realidad, sino un demonio, pero no estoy aún seguro). Te seguiré leyendo. :)

rmonascal
Rango13 Nivel 60
hace más de 1 año

Estaba tan distraído leyendo que no marqué los corazones en las cajas. En seguida lo remedio, jajaja.

Jawahal
Rango8 Nivel 39
hace más de 1 año

¡Ayyy! Muchísimas gracias, no sabes la ilusión que me hace leer este tipo de comentarios. Creo que eres el primero que me dice algo así de esta historia. Espero que las siguientes partes te enganchen tanto y pueda seguir leyendo tus opiniones. ¡Gracias!

Por cierto... Ya verás qué tengo preparado para el muchacho ;) @rmonascal

rmonascal
Rango13 Nivel 60
hace más de 1 año

¡Será un gusto! Esperaré con ansias lo que nos tienes preparado, @Jawahal. :)


#20

Ciudad: Baltimore
Años desde su llegada: 1201
Mortales purificados: Incontables
Mortales asesinados: 363

#28/7/2127

Cuando mis ojos se abrieron de nuevo, tan solo había pasado una semana. Sentí mi cuerpo agarrotado y la boca seca.

Al incorporarme, sentí mil agujas clavandose en mis extremidades.

Alcé la cabeza para observar al exterior, pero no reconocí el lugar. Era una sala ovalada, con una gran mesa de caoba en el centro, alrededor de la cual había diez hombres. Uno de ellos era Uther. Yo me mantenía apartada, en un rincón oscuro.

- Debemos erradicar a esa plaga de rebeldes y, para ello, necesitamos información. -Dijo uno.

- Para obtener información debemos dejar supervivientes -Replicó otro, lanzándome una fugaz mirada.

- Y el único que hemos capturado, escapó ayer de madrugada. ¡Huyó frente a los ojos de los propios guardias! ¡Es intolerable, Uther! ¡Debemos hacer algo o esa panda de muertos de hambre comenzará a ser un problema serio!

- ¿Dudas de mi gestión, querido amigo? -Dijo el tirano con tranquilidad. La mesa enmudeció- Soy consciente de las irregularidades que hemos sufrido en los últimos días y de que los rebeldes podrían llegar a ser peligrosos. Pero, no temáis, pronto todas las insubordinaciones desaparecerán.

- ¿Cómo? Tu juguete ya no es de fiar

Sentí cómo Uther se tensaba y apretaba la mandíbula. Me lanzó una mirada. Mi cuerpo se movió hasta acercarse al hombre, le tomé del pelo y, ante sus ojos sorprendidos, le coloqué una sais en la garganta.

- Mi arma tuvo un fallo que ha sido reparado. Es perfecta. Si vuelves a dudar de ella, te rebanará el cuello.

Le solté y se acarició el cuello.

- Sí, señor.

- ¿Y qué hay del resto de Armas?

*¿Resto de Armas?* Me acerqué a la cúpula y escuché atentamente.

- El primer grupo de pruebas llegará esta misma noche. 

- ¿Voluntarios?

Uther sonrió.

- Voluntarios forzosos, más bien.

- ¿No será peligroso en humanos? -Preguntó otro hombre. Uther negó y me miró de reojo.

- Con ella, saldrá todo perfecto. Solo necesitamos una pizca de su don y ella nos lo cederá amablemente.

***

El resto del día, la conversación en aquella sala fue lo único que me mantuvo ocupada y ajena al exterior. Le di vueltas y vueltas. ¿Qué Armas eran esas? ¿Qué maquinaba aquel loco? ¿En qué debería yo ceder mi "don"?

Había demasiadas incógnitas y ninguna respuesta. 

Cuando la noche cayó y el silencio reinó en todo el lugar, Uther me llevó a un gran salón. Allí, un grupo de veinte personas, todas de ellas rebeldes que había visto aquel día durante la ejecución pública, estaba rodeada por los perros falderos del tirano. Entre ellos, no se hallaba aquel extraño muchacho.

- ¡Gracias por venir, queridos! Me alegra veros aquí a todos. Sé que muchos del vosotros ahora me odiais, pero, no os preocupéis, pronto comenzaréis a apreciarme. Como lo hace ella. -Chascó los dedos- Llevadlos a sus celdas, mañana comenzará todo.

Los guardias guiaron a los rehenes por un pasillo. El resto, se acercó a nosotros.

- Llevadla al extractor -Murmuró.

Éstos me tomaron de los brazos y me llevaron rápidamente en dirección contraria a los rehenes. Cruzamos pasillos oscuros hasta llegar a una sala en penumbra. En ella, había una camilla metálica y una extraña máquina.

Me tumbaron, me colocaron correas de cuero y metal en muñecas y tobillos.

*¿Qué están haciendo? ¿Qué pretenden?* Observé con atención, sin comprender nada de lo que estaba pasando.

Me colocaron una vía en el brazo izquierdo por la que me inyectaban un líquido azulado. Luego, con un doloroso pinchazo en el cuello, me introdujeron un aguijón que llegó hasta mi yugular.

Temblé y sentí un sudor frío recorriéndome la espalda.

La sangre, plateada y con cierto resplandor manaba desde mi cuello y se almacenaba en un tanque de cristal.

Comencé a hiperventilar.

Me estaban sacando sangre, me estaban quitando mi don.

Y con él iban a construir sus Armas.

Hace más de 1 año

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WitcHeart
Rango8 Nivel 36
hace más de 1 año

Genial historia @Jawahal Me pone la piel de gallina. Estaré atenta a las continuaciones. <3

Jawahal
Rango8 Nivel 39
hace más de 1 año

¡Muchísimas gracias @WitcHeart ! Espero tu opinión en las siguientes partes ❤


#21

El primer tanque de sangre había sido retirado y sustituido por otro. Uther supervisaba su traslado mientras el ángel se encontraba sedada y atada. El hombre tenía conocimiento de que, cuanta más sangre le sacara, más probabilidades había de que su control sobre ella fuera menor. Teniendo esto en mente y dada la situación actual, debía acelerar la creación de los primeros sujetos de su nuevo ejército.

Un médico se acercó a él y ambos salieron de la estancia y caminaron por el pasillo.

- Los primeros están abriendo los ojos.

- Perfecto

Cruzaron el hall y llegaron a una amplia y luminosa sala blanca. Quince rebeldes estaban tumbados en camillas metálicas, con las muñecas atadas y con vías en los brazos. Todos parecían sedados. Cinco de ellos se encontraban conscientes y todos tenían la mirada clavada en el techo mientras los médicos les hacían preguntas.

Uther se acercó a uno de ellos.

- Funciones vitales normales. Ritmo cardíaco normal. Sus análisis también son normales. No hay rechazo.

- ¿Qué hay del Suero? -Preguntó sin apartar la mirada del rebelde.

- Sus efectos son los esperados. Haber mezclado primero el Suero con la sangre del ángel permite una mejor asimilación para el cuerpo humano. Ha sido un éxito, señor, felicidades.
Uther sonrió.

- Incorpórate. -Ordenó. El rebelde, como un robot, se sentó. El tirano tomó un bolígrafo del bolsillo de la bata del médico y se lo tendió al hombre- Clávatelo. -Sin miramientos, el rebelde lo cogió, sacó la punta y se clavó el bolígrafo en el antebrazo izquierdo.

Al retirarlo, la herida se cerró casi al instante. Uther sonrió.

Después de tantos años.

Después de tantas pruebas.

De tantos intentos.

Ahí estaba.

Por fin en sus manos.

En su poder.

El don de un ángel.

La guerra comenzaría de nuevos y, ahora, él sería el ganador.

Hace más de 1 año

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#22

Ciudad: Baltimore
Años desde su llegada: 1201
Mortales purificados: Incontables
Mortales asesinados: 363

#10/8/2127

El cielo nocturno comenzaba a aclararse con las primeras luces del día. El sol surgía del horizonte y expulsaba a las tinieblas del mundo. Con aquel color añil, un grupo de cinco encapuchados recorrió las calles mal iluminadas, escondiéndose en las sombras de los edificios. Juntos, se apoyaron en un muro enladrillado. El primero de ellos observó el imponente edificio que se alzaba a pocos metros de su posición.

“Estamos en posición, 1 minuto para la detonación” Se escuchó por una pequeña radio.

- Recibido, procedemos a acercarnos.

- Esto es un suicidio -Susurró tras él un muchacho de baja estatura que llevaba una capucha negra.

- Ya te dijimos que podía quedarte en el Refugio si te daba miedo venir -Contestó la mujer que estaba a su lado.

- No tengo miedo, solo digo que es un suicidio entrar en ese sitio, lleno de tipos enormes con ganas de reventarnos el culo, para “rescatar” a una tipa que nos intentaba rebanar el cuello, no me parece el mejor plan de la noche.

- Red, por favor, ¿podrías cerrar tu bocaza un rato? -Cortó el primer muchacho- Si vas a seguir dando por culo, te das la vuelta y vuelves al Refugio.

Y, sin miramientos, salió del callejón con paso rápido, pero silencioso.

- Joder, qué irascible está desde que esa chavala apareció. -Y el resto le siguió.

A lo lejos, se escuchó una estruendosa explosión y una nube de humo ocultó los primeros rayos de sol.

***

*¿Cuánto tiempo…? ¿Cuánto? He perdido la cuenta… La oscuridad es profunda… Me impide moverme… Me impide ver… Me impide sentir… ¿Acaso estoy… muerta? No… De estarlo, estaría en casa. De vuelta con mi familia… A salvo… No… Yo… sigo atrapada*

Dejé de nuevo que su consciencia se hundiera en las sombras, pero algo me lo impedía. Poco a poco, sentí aquello que me rodeaba. Escuché, a lo lejos, un gran estruendo. Pasos. Gritos. Disparos. Lo escuchaba todo.

- ¡DATE PRISA! -Gritó una mujer a escasos pasos de ella.

*¿Qué está ocurriendo?* Pero todo a su alrededor era negro.

Sin embargo, sentí cómo me retiraban, sin cuidado alguno, el aguijón del cuello y la vía del brazo. Alguien me tomaba en brazos.

- Ayúdame, coge mi arma.

*Aquella voz… Esa voz… Era él*

- ¡Vamos, vamos!

Corrían por los pasillos todo lo deprisa que podían. Se escucharon disparos.

*Vamos, Heli, joder, despierta*

Hubo una explosión. Caí al suelo en un brutal golpe y mi cuerpo rodó por el frío pavimento.

- ¡Joder! ¡¿Qué coño está pasando?!

- ¡Es Red! -Exclamó la mujer- La distracción no ha sido suficiente. Están en camino.

- Hay que salir cuánto antes.

- Debemos despertarla, llevarla en brazos nos retrasa.

Me tomaron de la cabeza y subieron mis párpados.

Vi luces, colores y manchas borrosas.

- ¡Vamos, Purificadora! ¡Despierta! -Gritó dándome leves golpes en las mejillas.

Sentí que volvía en mí.

La imagen comenzó a volverse nítida.

Allí estaba. Sobre mí. Unos ojos tan claros como el mismo mar y un cabello tan rojo como el mismo fuego. Sus finos labios se curvaron en una sonrisa.

- Buenos días, Bella Durmiente, es hora de levantarse y salir por patas.

Pero mi cuerpo no se movió ni un centímetro. La cúpula que me mantenía presa aún estaba en pie y estaba tan agotada, que ni siquiera tuve fuerzas para arremeter contra ella. La pérdida de sangre que había padecido, y seguía padeciendo, me había debilitado hasta límites insospechados.

- Vamos, hay que sacarte de aquí. -Me tomó de las axilas, me levantó y cargó todo mi peso en él. Lentamente, mis pies fueron acompasando su ritmo- Así, así, poco a poco, vamos, tú puedes. -Me animaba.

Los rebeldes se habían atrincherado en la parte trasera del edificio, por la que habían entrado, y se defendían de los guardias que quedaban en su interior. La mujer y el muchacho me llevaron hacia ellos, caminando siempre fuera de la vista o el alcance de los guardias.

- ¡QUÉ NO ESCAPEN! -Gritó Uther. Su rostro estaba cubierto de sangre.

- ¡Vamos! ¡Vamos! -Exclamaba Red recargando su fusil.

- ¡HELI! -Oí gritar al tirano- ¡HELI! ¡PURIFICA!

Me detuve. El muchacho se paró a mi lado y me observó. La mujer lo imitó.

- No le escuches, Purificadora. No le escuches. Lucha.

Pero yo estaba demasiado agotada para luchar. No podía impedir que la máquina de matar en la que Uther me había convertido se encendiera. Era imparable.

De un segundo a otro, el muchacho estaba haciendo todo lo posible por contenerme. Mis manos trataban de alcanzar su cuello con la intención de estrangularlo. Él me sujetaba y la mujer tiraba desde la parte de atrás.

- ¡HAY QUE IRSE! -Ordenó, mirando hacia el resto de sus compañeros.

En ese momento de distracción, mi cuerpo se zafó de su agarre, se giró rápidamente y se lanzó contra la mujer, que ahogó un grito. En un segundo, su cuello crujió bajo mis manos.

Entre gritos y disparos, el muchacho, agarrándome del cuello, logró arrastrarme fuera, donde un camión estaba esperando. Todos los rebeldes se subieron y le ayudaron a meterme en la zona de carga. Mi cuerpo, con fuerza, trataba de escapar por todos los medios. El vehículo arrancó y aceleró todo lo que pudo. Con la ayuda del resto, me encadenaron y pincharon un fuerte sedante. Aun así, el pelirrojo todavía me sujetaba.

- ¡No debimos venir! ¡Teníamos que dejar que esta zorra se pudriera en ese infierno! -Gritó un hombre.

- ¡Ha matado a Martha! ¡Rebanadle el cuello!

- ¡BASTA! -Gritó el muchacho. Y se giró hacia ellos. Tenía las mejillas rojas de furia y los ojos vidriosos- ¡Martha sabía a lo que venía! Como todos vosotros. Aceptasteis venir conmigo a pesar de los riesgos que conllevaba. ¡No me vengáis ahora con esto!

Lentamente, mi cuerpo se fue relajando hasta quedarme quieta. Cerré los ojos.

- Debíamos sacarla de allí… -Murmuró el muchacho- No podía permitir que ese cerdo abusara de ella.

- Pero, Dumah…

*Dumah* Y me sumí en un profundo sueño.

Hace más de 1 año

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#23

- ¡Eh, Purificadora!

*Dumah*

- Es hora de ir despertando, ¿no crees?

*Dumah*

- Abre los ojos al menos.

Los abrí.

Dumah estaba sentado frente a mí. Los rebeldes me habían encadenado a la pared por las muñecas y los tobillos. Hasta que no recuperara mi fuerza, tras haberla perdido por el sedante, las sujeciones no cederían a los intentos de mi cuerpo de volver con su señor.

Él sonrió.

Desde que habíamos llegado a la guarida de la “Resistencia”, el muchacho no se había apartado de mi lado. No sabía cuántas horas habían pasado desde el incidente, ya que no había ventanas, pero procuraba no dejarme sola demasiado tiempo.

- Purificadora, sé que estás ahí dentro. Sé que me oyes. Me gustaría poder hablar contigo, pero tienes que salir. Tienes que destruir la cárcel que Uther creó para ti dentro de tu propia cabeza. Yo puedo ayudarte, pero deberías hacerlo tú sola.

*No puedo* Murmuré. Me sentía tan débil y hundida… El Suero de Uther, la mezcla de sedantes, la pérdida de sangre y el peso de las muertes de tantos humanos sobre mis hombros me hundía cada vez más.

Quería salir de allí.

Quería ser libre de nuevo.

*Sálvame… Por favor* Supliqué entre sollozos.

Dumah borró la sonrisa de sus labios y los apretó. Sus ojos recorrieron mi inexpresivo rostro.

- Purificadora -Se inclinó hacia mí y susurró suavemente- Hay una forma de sacarte de ahí. Una forma demasiado peligrosa y dolorosa. Te hará rememorar ese sufrimiento que hace ya tiempo padeciste. Desearás morir, Purificadora, y es probable que, en tu estado actual, lo hagas.

Observó mi vacía mirada con detenimiento.

Sabía a qué dolor se refería. No hacía tanto lo había vuelto a sentir. ¿De verdad esa era mi única salida? Cerré los ojos y respiré profundamente.

Si Dumah tenía razón, padecer de nuevo aquel dolor me haría libre.

Pero, si moría…

También lo sería.

- Hazme una señal…

Moví las manos.

Dumah se puso rígido al ver aquel movimiento. En silencio, se apartó de mí y sacó de su bolsillo vaquero un micrófono de pequeño tamaño. Se lo llevó a la boca.

- Traedme la espada. -Y se giró para mirarme.

Su rostro se había vuelto inexpresivo. Una extraña seriedad era lo único que ahora transmitía. Sin embargo, sus ojos, brillantes, dejaban entrever la preocupación y el miedo que sentía.

La puerta que había tras él se abrió y entró uno de los rebeldes que había subido al camión. Éste portaba un arma plateada, de una forja perfecta. Cuando Dumah tomó la espada por el mango, hizo un ademán con la cabeza para que el hombre se retirara. Luego, se volvió hacia mí y, apretando un botón de la pared, dejó que las cadenas de mis manos tuvieran mayor soltura. Así, mi espalda se separó unos centímetros de la pared.

- No hemos podido retirarte las placas metálicas que Uther te instaló en la espalda, por lo que… debo acceder a tu interior a través de tu pecho.

Alzó el arma y con su reluciente punta, la apoyó en la parte derecha de mi torso. Sus manos temblaron por un segundo. Cogió una gran bocanada de aire.

Respiré hondo y cerré los ojos.

Apreté las manos.

El arma se introdujo en mi pecho. Desgarrando piel y músculo, el filo se fue abriendo paso hasta mi espalda. Dumah ejerció mayor fuerza. La placa metálica de mi espalda comenzó a curvarse hasta que la punta de la espada la atravesó y salió en mitad de una de mis aún sangrantes heridas.

Aquel dolor trajo a mi mente la mayor de mis pesadillas.

“Los cinco arcángeles estaban frente a mí. Miguel. Gabriel. Rafael. Raguel. Y Sariel. Los brazos ejecutores de la ley de Dios.

Mis verdugos.

Mi sentencia había sido dictaminada.

El silencio reinaba en la habitación. Mi respiración era lo único que podía escucharse.

Gabriel y Rafael se colocaron a mi derecha.

Raguel y Sariel a mi izquierda.

Alcé la cabeza hacia Miguel. Sus ojos grises me observaron. No había piedad. No había tristeza. No había nada.

Sus manos agarraron mis resplandecientes alas.

Un grito desgarró mi garganta. La piel de mi espalda se abrió. El hueso se partió. La sangre fluyó. Y el dolor más inimaginable de todos inundó mi cuerpo y cegó mi vista.

Solo había dolor.

Mi cuerpo temblaba. La sangre manaba de las recién creadas heridas. Salía a borbotones.

Mis alas cayeron frente a mí. Mis plumas, manchadas de mi sangre color plata, comenzaron a pudrirse hasta reducirse a cenizas.

Mi esencia divina había desaparecido.

Entonces, la oscuridad me engulló y caí.”

La cúpula estalló.

El brillo volvió a mis ojos.

Y mi garganta profirió un chillido tan desgarrador como la última vez.

Hace más de 1 año

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#24

Ciudad: ?
Años desde su llegada: 1201
Mortales purificados: Incontables
Mortales asesinados: 364
#25/8/2127

Poco a poco mi conciencia volvía en sí. Comencé a sentir mi cuerpo de nuevo. Estaba dolorido, rígido. Notaba la presión de las matas sobre él como si fueran de plomo.

Abrí los ojos.

Estaba en una gran habitación en penumbra. La luz se colaba por las líneas de las contraventanas y por la rendija de la puerta entreabierta. Todo estaba en silencio.

*Incorpórate*

Y lo hice.

Aunque el dolor era agudo todavía, sabía que era libre. Realmente, no me había hecho falta pensar la orden, ya que mi cuerpo volvía a pertenecerme. Ahora sólo lo controlaba yo.

Las lágrimas bañaron mis mejillas.

Mis manos temblaban.

A pesar de todo, volvía a ser yo misma.

- Por fin despiertas.

Sobresaltada, alcé la cabeza. Apoyada en el umbral de la puerta, una figura en sombra había aparecido. Me miró fijamente. Lentamente, se separó del marco y caminó hacia la ventana. Abrió la cristalera y empujó una de las contraventanas para que la luz bañara la habitación. Al hacerlo, el sol iluminó su cabellera rojiza.

- Tú… -Murmuré.

Él se giró, con una sonrisa en los labios, y se acercó a la cama.

- El mismo. -Se sentó a mi lado y observó mi rostro. Lentamente, alzó la mano y limpió con sus dedos las lágrimas que habían humedecido mis mejillas.

- ¿Qué ha ocurrido? -Dije en voz baja. La garganta me dolía. Me la acaricié levemente con la yema de los dedos.

- Has sobrevivo a la peor tortura de todas por segunda vez. Has estado muchos días inconsciente, pero sabía que, tarde o temprano, despertarías. Eres muy tenaz. No ibas a morir tan fácilmente.

Parpadeé. Era cierto. Él me había atravesado el pecho y la herida de mi espalda con su espada. Instintivamente, me toqué el torso.

- Tranquila, no te he dejado marca. Aunque costó, tu regeneración volvió a ser la misma hace una semana. Cuando te curaste por ti misma, aprovechamos para retirarte las placas metálicas de la espalda. -Se levantó, aún sonriente- Debes de estar hambrienta, pediré que te preparen algo para comer. Y que te den ropa y si quieres, ahí tienes un baño…

- Dumah… -Le interrumpí- ¿Puedes explicarme…?

- Todo a su tiempo, Purificadora, ¿de acuerdo? Primero asegurémonos que te has recuperado del todo y luego nos ponemos al día. Y no te preocupes, todas tus preguntas tendrás respuesta.

Se dio media vuelta y salió de la habitación.

Me eché de nuevo. La almohada era increíblemente cómoda y blanda, las mantas me reconfortaban con su calor y suavidad. Una leve brisa entraba por la ventana y el ruido de los pájaros. Respiré profundamente.

Desde hacía mucho tiempo, no me sentía tan relajada. Cerré los ojos y volví a dormir.

***

Desde hacía quince días, todo el complejo estaba revolucionado. Uther no perdonaba haber perdido a su títere de una forma tan absurda y simple. Ejecutó a los incompetentes que no habían podido detener a los rebeldes y había ordenado aumentar el número de su nuevo ejército, sin perder toda la sangre que había extraído del ángel.

A pesar de que todo se le estaba volviendo en contra, los efectivos del nuevo ejército no rechazaban la nueva sangre y los efectos de sumisión y control absoluto eran los esperados. Pronto, llegarían a los 100 soldados.

Uther se acomodó en su butaca y observó el paisaje a través de la ventana de su despacho. Su mano derecha daba vueltas a un vaso de whiskey con hielo.

Llamaron a la puerta.

- Señor, ha llegado.

- Muy bien, hazle pasar. -Y tomó un sorbo sin apartar la vista del exterior.

- Esperaba una bienvenida más entusiasta -Aquella grave voz hizo que Uther se tensara en su asiento. Dejó el vaso en una mesita y se levantó. Se volvió hacia el desconocido y esbozó una sonrisa totalmente forzada.

- No os esperaba tan pronto, Exael.

- Ya lo veo -Exael era un hombre altísimo. Su constitución era fuerte y todo su cuerpo estaba increíblemente trabajado. Su cabello oscuro estaba echado hacia atrás, dejando ver un rostro de facciones duras, serias e inexpresivas. Sus ojos, del mismo color negro que su cabello, estaban fijos en Uther. Éste sintió un escalofrío- Bueno, ¿vas a contarme de una vez qué es eso de lo que querías hablarme? Soy un hombre ocupado.

Uther le invitó a sentarse con un movimiento de mano. Éste aceptó.

- Creo que estás al tanto de mis recientes éxitos en cuanto a la sangre del ángel.

- Y también de tus fracasos -Interrumpió- ¿Creías que no iba a enterarme de todo? Yo cuido mis inversiones, Uther, recuérdalo.

- Lo sé, hemos cometido errores muy graves. Soy consciente de ello.

- Eso espero, porque perder al ángel ha sido un error fatal. Más cuando te la arrebataron unos simples humanos.

- Pero, señor, nuestro ejército estará pronto operativo. Recogimos suficiente sangre y los resultados son muy positivos.

- Eso ya lo sé, dime algo que no.

Uther palideció.

- Dumah está con ella.

Exael entrecerró los ojos y apretó la mandíbula.

- Vaya… ¿ese híbrido sigue con vida? Su mera existencia ya nos jodió una vez, espero, por tu bien, que acabes con él cuanto antes.

- Lo haré, señor.

Exael se levantó de pronto y metió la mano en su chaqueta.

- Espero que esto sea suficiente para asegurar la eficiencia de tus acciones. Tienes hasta la siguiente luna llena para terminar el trabajo.

Y le lanzó una botellita de cristal con un líquido plateado, ligeramente oscuro, en su interior. Uther lo cogió al vuelo y Exael salió de la estancia con paso firme.

***

Era de noche cuando volví a abrir los ojos.

Sentí la energía y la fuerza recorriendo mis venas. Mi cuerpo, prácticamente recuperado de todo el dolor sufrido, estaba descansado y fresco.

Poco a poco, para no forzarlo, me levanté de la cama y caminé descalza a través de la estancia hasta la puerta.

El lugar estaba desierto.

Caminé silenciosamente a través de los pasillos hasta que, al final, hallé una luz bajo una puerta. Me acerqué y la abrí con cuidado, sin embargo, allí no había nadie a quien interrumpir. Pasé al interior. Las paredes estaban repletas de armas. Armas de fuego, blancas, de largo alcance… Viejas y nuevas. Tradicionales y de alta tecnología. Aquello era una armería en toda regla.

Pero, aquellas no fueron las que me llamaron la atención.

En el centro de la sala, sobre un pedestal de piedra blanca, tallado como una columna corintia, había una espada cuyo filo plateado brillaba bajo la luz de las bombillas.

Me acerqué hasta ella y la tomé entre mis manos con el máximo cuidado posible. Observé el arma detenidamente. Parecía ser tallada por los mismísimos ángeles. Era tan… perfecta.

Mis dedos recorrieron su empuñadura, increíblemente decorada con motivos vegetales. Al darle la vuelta, observé la inscripción que se leía a lo largo de su resplandeciente filo.

Stella Matutina

“Lucero del alba”

- Vaya, no esperaba encontrarte aquí. ¿No deberías estar descansando?

Me giró y fijé mis ojos en Dumah, quien había aparecido por la puerta con su habitual sonrisa despreocupada. Sin embargo, la borró en cuanto observó la seriedad de mi rostro.

Entreabrí los labios y pronuncié dos palabras que hacían que mi corazón se desatara, que mi cuerpo temblara. Dos palabras que siempre había temido escuchar o decir. Dos palabras que, para un ángel, estaban vetadas. Hacía milenios que nadie las mencionaba. Incluso parecían haber caído en el olvido. Hasta ahora.

- Eres Lucifer

Hace más de 1 año

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rmonascal
Rango13 Nivel 60
hace más de 1 año

¡Wow! ¡Muy, muy bueno, @Jawahal! Mantienes la tensión a la que nos tenías felizmente acostumbrados y el relato va tomando forma y momentum. Sospechaba que Dumah era un demonio, pero no imaginé que fuera el mismísimo Lucifer. ¡Claro! Es un ángel también, aunque sea un ángel caído. Lo curioso es que Exael lo llamó híbrido, así que no debe ser solamente Lucifer; pero imagino que ya nos lo harás saber, en el momento indicado. ¡Sigue así! Va muy bien. Te sigo leyendo. :)

Jawahal
Rango8 Nivel 39
hace más de 1 año

Muchísimas gracias @rmonascal No sabes la ilusión que me hace que te guste tanto mi historia. Espero que las sorpresas que os tengo preparadas te gusten tanto como lo que has leído hasta ahora. ¡Un saludo y gracias por tu apoyo y ánimo!


#25

- Eres Lucifer... El Primer Caído. El Portador de la Luz. -Di un paso hacia atrás, apretando la espada entre mis manos- El Traidor. Contigo empezó el mal en este mundo...

Dumah me miró fijamente, entrecerrando los ojos. De un movimiento, me arrebató la espada y pasó los dedos con mimo sobre la inscripción del filo.

Apreté los puños con fuerza.

- Eres un monstruo.

- No deberías estar aquí, Purificadora, aún necesitas recuperarte. -La voz del chico, que normalmente tenía un tono amigable, sonó dura y fría. Alzó sus ojos azules hasta mí y su mirada me heló por un segundo- Vete.

- Una criatura como tú no puede darme órdenes. -Dije despectivamente.

- Una criatura como yo te ha salvado la vida. Sin mí, seguirías siendo el títere de un psicópata.

- Sin ti, en el mundo no habría mal y no habría llegado a esta situación. Tú eres quien alimenta el alma corrupta de los humanos. Eres el Mal.

Dumah dejó cuidadosamente el arma en su sitio. Acarició su filo y su mango antes de girarse hacia mí y clavar aquella mirada penetrante en mis propios ojos.

- No sabes nada. -Dijo con brusquedad- Lárgate, Purificadora, y no vuelvas a posar tus manos sobre esta espada.

Se giró, caminó rápidamente hacia la puerta y la abrió, esperando a que me fuera. Pero yo no estaba por la labor. Me quedé quieta, con una mirada desafiante.

- Te he dicho. Que yo. No. Acepto. Órdenes. De alguien. Como tú. -Escupí cada palabra. Me acerqué al pedestal y tomé la espada por el mango. Vi como Dumah se tensaba y apretaba la mandíbula.

- Deja esa espada, Purificadora. Por tu bien.

- No te tengo miedo, traidor. -Alcé el arma por encima de mi cabeza. Pesaba más de lo que creía.

- Suéltalo.

- Como quieras

Me dispuse a estrellar, con todas mis fuerzas, el arma contra el suelo. Sin embargo, Dumah era veloz. Me tomó de la muñeca antes de que bajara el arma y me empujó hasta que mi espalda, aún sensible, dio un fuerte golpe contra la pared.

Me quedé sin respiración.

Sujetándome el brazo que sostenía la espada, Dumah me apretó con su cuerpo para impedir cualquier movimiento. Su rostro, a escasos centímetros del mío, estaba contrariado. La ira se vislumbraba en lo profundo de sus ojos.

- No juegues conmigo. No vas a amedrentarme con tu actitud. Lo único que demuestras comportándote así es que no eres muy diferente a los humanos. -Hizo una pausa- Eres impulsiva, inconsciente, irrespetuosa e infantil. No hace ni un día que me estabas agradecida por sacarte de ese infierno y, ahora, te indignas por mi naturaleza. Eres el ser más hipócrita que he conocido nunca.

Con un nuevo empujón, me arrebató el arma. El dolor de la espalda me hizo temblar. Las heridas estaban muy recientes todavía y el golpe había sido contundente. Respiré entrecortadamente, apoyando las manos en las rodillas.

Dumah se giró, dejó el arma en su sitio, comprobando primero que estaba en perfectas condiciones. Luego, volvió a mi lado y me tomó del brazo con brusquedad. Sin oponer resistencia, el chico tiró de mí hasta la puerta de la estancia, me empujó fuera y me miró desde el umbral.

- Buenas noches, Purificadora.

Y cerró la puerta de un portazo.

Me quedé sola, en mitad de la oscuridad.

Respiré hondo, intentando controlar el dolor. Me incorporé con pesadez y arrastré los pies a lo largo del pasillo. Antes de llegar a mi habitación, una puerta se abrió a mi espalda.

Una chica apareció. Era pequeña, delgada, muy frágil. Una niña. Inocente.

- Dum es bueno -Murmuró- No deberías meterte con él.

- No es quién crees.

- Sí que lo es -Alzó la voz. Estaba ofendida- Él es quien nos cuida, nos protege y nos da un lugar para vivir. Es nuestro salvador. Y también el tuyo.

Me acerqué a ella.

- No sabes lo que dices, él...

- Él es bueno -Me cortó repentinamente- Incluso yo lo veo, ¿por qué un ángel como tú no? Tienes que darle una oportunidad.

Abrí la boca para replicar cuando mis ojos se fijaron en los suyos. Su mirada era gris, vacía y apagada. Nublada. De pronto, no supe qué decir. Me quedé en silencio frente a ella.

- Dum se merece todo lo bueno que hay. -Y dicho eso último, entró en su habitación y cerró la puerta.

Me quedé en la más absoluta oscuridad. Las palabras de aquella niña resonaban en mi mente, una y otra vez. Era cierto. Dumah me había salvado, peleaba para lograr la libertad de los humanos que controlaba Uther, se había mostrado, en todo momento, dispuesto a dar su vida por aquellos a los que protegía. Aquel muchacho fuerte, seguro, de confianza y amable no era la imagen de Lucifer que tenía en mi cabeza.

Desde mi nacimiento, Lucifer había sido un nombre prohibido. La mera mención de su nombre o la curiosidad sobre su caída eran temas tabúes, castigados duramente. ¿Por qué la imagen que proyectaba Dumah era tan diferente a la que la tradición le achacaba?

Volví al interior de mi habitación, cerrando la puerta, y me metí en la cama.

La niña tenía razón. Debía darle una oportunidad. ¿Podría ser que su corazón se hubiera purificado y esa ser la razón por la que no podía percibir nada en él?

***

Ciudad: Baltimore
Años desde su llegada: 1201 
Mortales purificados: Incontables 
Mortales asesinados: 364

#26/8/2127

- Señor, ¿no cree que sería mucho mejor para su cuerpo que lo administrara en dosis graduadas? Los sujetos de pruebas han respondido mejor a este tipo de transfusiones si se hace con paciencia...

- No me importa -Cortó Uther- Quiero que lo inyectes todo. Lo soportaré

- Pero...

- ¡Hazlo! -Gritó.

El médico asintió de forma sumisa. Uther estaba tumbado en una camilla, con los brazos sujetados por cadenas metálicas y el pecho descubierto. A su lado, una máquina para controlar el pulso pitaba con tranquilidad. El doctor tomó una pistola de metal a la que se le había introducido el bote que Exael le había lanzado. Extrajo el aguijón que servía de aguja y respiró hondo.

Lentamente, fue introduciendo aquella punta metálica en el cuello de Uther. Al llegar a la arteria, pulsó el gatillo y, poco a poco, el líquido, de un color plateado oscuro, se fue introduciendo en el organismo del hombre. Cuando el bote se vació, retiró la pistola, la dejó a un lado y limpió la zona del pinchazo con un algodón. Luego, se apartó.

Uther respiraba hondo. Su pecho subía y bajaba de forma relajada. Mantenía los ojos cerrados.

Hizo una mueca. Sentía un intenso picor bajo su piel. La sangre del ángel comenzaba a recorrer todo su torrente sanguíneo, fusionándose con su propio cuerpo. Apretó las manos. Abrasaba.

Su cuerpo se tensó. El pulso resonaba con fuerza en la habitación. Las venas se le marcaban en el cuello y los brazos.

Gritó.

La sangre del ángel le corroía por dentro. Le consumía. Era como si le hubieran inyectado plata líquida hirviendo. Su corazón palpitaba con fuerza contra su pecho. El pulso superó los 180.

De pronto, hubo silencio.

El cuerpo del médico temblaba desde la cabeza hasta los pies. En la pantalla del monitor se dibujaba una línea horizontal y un molesto y continuo pitido ahogaba la respiración nerviosa del doctor. Tragó saliva.

Durante dos largos minutos, lo único que aquel hombre escuchaba era aquel irritante sonido.

Dio un par de pasos hacia él.

Hubo dos pálpitos.

Los dedos de Uther se movieron ligeramente.

El médico se colocó a su lado.

Lentamente, Uther fue moviendo los ojos bajo los párpados. Los apretó y los abrió poco a poco. Su frente estaba perlada de sudor. El ardor de su cuerpo se fue disipando hasta desaparecer por completo.

- Suéltame -Murmuró el tirano. Y el doctor obedeció.

Una vez que fue liberado, Uther se levantó costosamente y se acarició los brazos. Estiró su cuerpo.

- Señor, tal vez debería quedarse un par de días en observación, para...

La mano de Uther oprimió su garganta. Sin apenas esfuerzo, lo elevó hasta que sus pies no tocaban el suelo. El hombre sonreía cruelmente.

- No hace falta. -Y le soltó. Sin preocuparse por el estado en el que había dejado al médico, Uther salió de la sala.

Caminando por el pasillo, uno de sus subordinados se le acercó corriendo, con una camiseta negra en la mano. Cuando llegó a su altura, se la dio.

- Señor, sus primeros escuadrones están listo. Están esperando su aprobación.

Una sonrisa maliciosa apareció en el rostro de Uther.

- Perfecto. 

Hace más de 1 año

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#26

Ciudad: ?
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Mortales purificados: Incontables
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#26/8/2127

La mañana había llegado y la luz se colaba bajo la rendija de la puerta. Mi habitación estaba completamente a oscuras y mis ojos escrutaban las sombras. No quería levantarme. La cama me atrapaba entre sus sábanas y mi poca predisposición para ello tampoco era de gran ayuda. A decir verdad, no quería hacerlo con tal de no ser el centro de todas las miradas.

Miradas de asco y odio.

La puerta se abrió de golpe y los focos del techo se encendieron. Por un momento, quedé ciega.

- ¡Joder! No sabía yo que los ángeles fueran tan remolones. La pereza es un pecado, ¿sabías? -Y se echó a reír.

Cuando dejé de ver puntos de colores, me incorporé y me senté en la cama. El muchacho dejó una bandeja de plástico, en la que había un humeante vaso de leche, fruta, bollería artesanal y un pequeño bol de cereales, sobre la mesita de noche y tomó asiento a mi lado.

Tras frotarme los ojos, observé al chico. Era apuesto, apenas superaría los veinte años. Tenía el cabello castaño hasta los hombros, ondulado y muy despeinado, con la parte superior recogida en un desaliñado moño. Su rostro era dulce a pesar de la barba de un par de semanas que lo decoraba. Los ojos, prácticamente negros, tenían un brillo especial, como el de un niño.

- No sabía qué coméis vosotros exactamente, así que te he traído un poco de todo. Los bollos los he robado de la cocina, así que más te vale que te gusten. -Esbozó una enorme y sincera sonrisa mientras me miraba.

Entonces, la confusión se apoderó de mí.

Había reconocido su voz de inmediato. Era Red, uno de los rebeldes que ayudaron a Dumah a sacarme de aquel lugar. Él vio cómo le partía el cuello a una de sus compañeras.

¿Por qué ahora era amable? ¿Por qué no actuaba como el resto?

- No he envenenado el desayuno si es lo que te preocupa -Soltó una carcajada- Aunque dudo que un simple veneno pudiera acabar con alguien como tú.

- Somos inmortales, no invencibles. Nuestra existencia es indefinida, pero no infinita. -Me estiré, cogí un bollo y le di un mordisco.

Sabía a gloria.

- Entonces, ¿se os puede matar con medios humanos?

Asentí.

- Aunque me gustaría ver si alguien se atreve a intentarlo.

- ¡No creo que alguien sea tan jodidamente idiota como para hacerlo! -Bromeó. Su actitud me hizo sonreír, pero, rápidamente, lo oculté tras el dulce.

El silencio se hizo entre nosotros. Continué comiendo hasta que terminé un par de piezas más. Tomé la servilleta y me limpié los dedos y las comisuras de los labios.

- Red… -Murmuré. El muchacho inclinó la cabeza- ¿Por qué has hecho esto? -Sin mirarle, cogí el vaso de leche y le di un sorbo.

- ¿El qué? ¿El desayuno? No sé, la gente suele tomar comida por la mañana. Es una costumbre humana, ¿no tenéis desayunos allí arriba?

Le miré sorprendida por aquella respuesta tan estúpida. De nuevo, estaba sonriendo, divertido. Sin embargo, tras escrutar la seriedad de mi rostro, relajó el gesto y se encogió de hombros.

- Yo qué sé, supongo que es la primera vez que trato con alguien como tú. Sentí curiosidad.

*Curiosidad* Conocía perfectamente aquella sensación.

- Pero… Maté a aquella chica. Era tu amiga. Oí lo que otros decían. -Aparté la mirada hacia el líquido blanco del vaso- Me llamaban asesina, monstruo, querían…

- Ya sé lo que querían y sé perfectamente lo que hiciste, lo vi todo.

- ¿Y por qué no me odias como el resto?

- Purificadora -Me llamó con un tono serio. Alcé los ojos y le miré- Dumah nos advirtió de la peligrosidad que suponía ir a por ti. No por Uther y sus perros, sino por tu estado. Tú sola nos podrías haber matado a todos -Esbozó una sonrisa dulce- El muy loco estaba dispuesto a entrar allí solo con tal de sacarte. -Se echó a reír- Maldito cabrón suicida -Se recostó en la cama- Todos los que fuimos lo hicimos de forma voluntaria y éramos conscientes de las consecuencias.

Me mantuve en silencio, con los ojos fijos en los suyos. Red continuó hablando despreocupadamente.

- Además, sé perfectamente que no eras dueña de tus actos. El único responsable de la muerte de Martha es Uther -El muchacho se inclinó hacia mí y apoyó su mano sobre la mía- Tú no eres culpable de nada, Purificadora, la persona que cometió todos los asesinatos fue creada artificialmente por un loco y es muy diferente del angelito que está aquí atiborrándose de bollos.

Desde hacía mucho tiempo, un humano pudo ver mi sonrisa.

- Eso está mejor.

Se levantó de un salto, se estiró y me volvió a mirar.

- Nunca dejes que nadie te menosprecie y te haga dudar de quién eres en realidad. Eres la Purificadora de Almas, no lo olvides. -Guiñó un ojo y fue hacia la puerta.

- ¡Red! -Llamé. Éste se giró en el umbral- Puedes llamarme Heli.

Su sonrisa se ensanchó.

- Luego nos vemos, Heli -Y cerró la puerta tras él.

***

El baño estaba lleno de vapor y el pequeño cristal del lavabo se había empañado completamente. Sujetándome la toalla alrededor del cuerpo, pasé la mano por su superficie y observé, después de tanto tiempo, mi rostro en un espejo.

Mi cuerpo seguía siendo el mismo de hacía mil años, delgado, esbelto y perfecto, aunque el tono blanquecino de mi piel le confería un aspecto delicado. Mi cabello, mojado, había crecido desde la última vez. Ahora el color blanco se extendía hasta por debajo de mis pechos. Mi rostro seguía siendo de porcelana, mis labios eran carnosos, mi nariz pequeña y recta, mis pómulos apenas tenía color y mis ojos, grandes y decorados con espesas pestañas negras, eran grises y profundos. Pero el brillo que antes los caracterizaba había desaparecido. Estaban complemente vacíos.

Escruté mi imagen durante unos segundos. Alcé la mano derecha y me toqué el hombro contrario. Después de tanto tiempo no era capaz de acostumbrarme a la ausencia de mis alas.

Cerré los ojos y respiré hondo.

Hace más de 1 año

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#27

Con la ropa que me habían prestado, una camiseta gris básica, unas mallas negras de deporte y unas zapatillas, salí de mi habitación y fui recorriendo los pasillos, ahora iluminados, del Refugio.

Éste consistía en una serie niveles subterráneos formados por túneles, conectados a la superficie por escaleras de mano que acababan en trampillas o por túneles de gran longitud acabados en puertas blindadas. La luz natural que entraba a través de grandes tubos ayudaba a una mejor gestión de la energía durante el día. Los niveles más profundos, sin embargo, hacían un uso continuo de los generadores.

Al parecer, había diferentes bases rebeldes esparcidas por toda la región. Todas ellas, incluida en la que me encontraba, habían sido antiguos refugios nucleares utilizados durante la Tercera Guerra para acoger a la población civil, por lo que tan sólo debieron de haber reacondicionado el lugar para tener una estancia segura.

Durante mi paseo, observé a los humanos que allí había. Eran familias enteras. Los niños correteaban por los pasillos y los ancianos se reunían en amplias estancias para contar sus batallas. Los padres, mientras tanto, realizaban tareas que mantenían la seguridad, la limpieza y el cuidado del Refugio, además de preparar las comidas comunales.

- ¡Heli! -Oí exclamar. Me giré y vi a Red pasar entre un grupo de niños que jugaban. Algunos adultos se giraron hacia mí y sentí su desprecio sin necesidad de mirarlos- Fui a buscarte, pero no estabas.

- Lo siento, fui a dar un paseo.

- Ya veo… Te quería enseñar todo esto, ¿te apetece? -Asentí- ¡Perfecto! -Y tiró de mí hacia uno de los túneles señalado con un cartel que ponía “Ascensores”- Realmente la zona civil no es muy interesante, hemos dejado a las familias vivir en los niveles más superficiales para que disfruten de la luz natural que entra por los tubos verticales. Aquí también están nuestras habitaciones.

Pulsó el botón y esperamos.

- Esos tubos, ¿no serán demasiado vistosos en el exterior?

Pasamos al interior del ascensor y Red apretó el botón del nivel -3.

- Qué va, con los sistemas de camuflaje de hoy día es imposible que los vean. Igual que las entradas y salidas de aire. Desde dentro se puede ver el cielo, pero fuera verás césped, arbustos y pavimento. Es brutal, a qué sí.

- Supongo.

- Ten en cuenta que esto fue construido para la seguridad de los ciudadanos, está preparado para no ser encontrado.

- Ya veo.

Salimos del ascensor y Red me condujo por los pasillos, ya iluminados artificialmente.

- En el Nivel -3 tenemos las salas de control de seguridad, de mantenimiento de agua, de aprovisionamiento de oxígeno y los grandes almacenes y cámaras de refrigeración para toda la comida que tenemos. Nos podríamos quedar aislados y no nos tendríamos que preocupar por nada durante al menos dos años. También tenemos aquí los generadores de electricidad.

- ¿Con qué la obtenéis?

- Son motores híbridos, conseguimos lo poco que quedaba ya de gasolina para emergencias, pero normalmente se recargan con la energía almacenada que recogen nuestras placas solares durante el día.

- ¿Y el agua? ¿De dónde la sacáis?

- De lo poco que llueve y de un manantial subterráneo que drenamos. Pero cuando es época de sequía, solemos sacarla de la orina.

Abrí los ojos sorprendida.

- ¿Perdón?

- ¿Qué? No me digas que eres exquisita con esas cosas -Rio a carcajada limpia- ¡En época de escasez es lo que hay! Pero no se preocupe, my lady, usted sólo tomará agua mineral natural con gas.

Desvié la mirada con las mejillas encendidas.

- ¡Es broma mujer! Continuemos.

Red me guio por los pasillos de aquel nivel, enseñándome todas las estancias y presentándome a los trabajadores, aunque la gran mayoría de ellos rehusaba de dirigirme la palabra. Llegamos al final, a una puerta de emergencia que conducía a las escaleras, y descendimos hacia el último nivel.

- Aquí está lo más guay de todo.

Cuando cruzamos la puerta, un amplio túnel, recientemente excavado, se abrió ante nosotros. No había estancias como tal, sino que las “habitaciones” estaban separadas por enormes cristaleras. A simple vista podías apreciar que todo lo que nos rodeaba era de alta tecnología. Los rebeldes iban de un lado para otro, discutiendo sobre los datos de grandes pantallas, gritando a través de sus micros o entrenando dentro de algunos recintos acristalados. Las armas, tanto blancas como de fuego, decoraban las paredes de piedra.

Aquello era una base militar en toda regla.

- ¡Mira cuantos juguetitos! Esto es como una tienda de chuches para mí.

- ¿Chuches? -Pregunté confusa.

- Chucherías, gominolas… -Me miró frunciendo el ceño- ¿En serio? No sabes lo que te has perdido.

Caminé detrás de Red mientras éste me conducía por aquel lugar. La verdad es que era impresionante el trabajo que habían hecho.

Entonces, escuché la voz de Dumah.

- ¿Estás seguro de lo que dices?

- Sí -Respondió un hombre de mediana edad.

Red me llevó del brazo hasta pasar la cristalera de una de las estancias. Allí había una enorme mesa de madera ovalada, donde unos diez humanos, a parte de Dumah, estaban sentados. Sus edades variaban enormemente. Iban desde varones maduros, cerca de la jubilación, hasta una chica que no alcanzaría los quince. Una de las sillas estaba vacía.

Dumah, a la cabeza, se pasó la mano por el cabello. Estaba extremadamente serio.

- ¿Cuántos son?

- Decenas, señor, entre ellos está nuestro grupo rebeldes.

- Maldita sea -Maldijo y le dio un golpe a la mesa.

- No sabemos las reservas de esa sangre que poseen, pero aún tendrán suficiente para dos escuadrones más. Debemos hacer algo. Nuestras fuerzas no pueden combatir contra ellos. Sería una masacre.

- Podríamos combatirlo de la misma forma -Propuso una mujer de piel oscura y cabello rapado- Tenemos la fuente, ¿no? Podemos utilizarla.

- No soy un instrumento, humana.

La mesa se silenció de pronto y todos se giraron hacia mí. Sentí clavarse la mirada de Dumah en mí.

- ¿Qué hace ella aquí? -Espetó la muchacha más pequeña- Este nivel es de acceso restringido, sólo para soldados.

- Ella es parte de nuestro equipo -Respondió Red rápidamente.

La chica se levantó, como muchos otros de la mesa.

- Me niego a combatir con semejante monstruo asesino -Se giró hacia el pelirrojo- Lo siento, Dumah, sabes que estaba en contra de ir a por este ser. Lo único que nos traerá son problemas y lo sabes. Cuando dejes a tu juguete encerrado, hablamos.

Salió de la estancia, seguida de tres hombres. El resto también la abandonaron sin mediar palabra con nadie. Nos quedamos los tres solos.

- Qué gente más cerrada de mente, joder. -Comentó Red.

- Red, Emilia tiene razón. No debiste traerla.

El chico frunció el ceño.

- Pero ella… está con nosotros. Fuimos a rescatarla por algo, ¿no?

Dumah se levantó de golpe y Red guardó silencio.

- Ella no es parte de esta lucha. Lo único que deseaba era evitar que la utilizaran contra nosotros, nada más. Llévala a la zona civil.

- Pero…

- Hazlo, Red, es una orden.

Fruncí el ceño.

- ¿Y por qué no dejas que me vaya entonces? ¿Por qué me vas a retener aquí?

- Porque debes de ser el único ángel tan inútil como para dejar que unos humanos te atrapen.

- Al menos yo soy un ángel.

Dumah me fulminó, desde el otro lado de la mesa, con la mirada.

- Y mira para qué te ha servido, para matar humanos inocentes. Para ocasionar más guerra. Si yo fuera tú, no me sentiría orgullosa de lo que soy.

Mi rostro se enrojeció a causa de la ira. Todo mi cuerpo temblaba, reprimiendo las ganas de lanzarme a su cuello.

- Es curioso que me esté dando lecciones alguien como tú, cuando gracias a ti los humanos están en esta situación -Sentí el agarre de Red cuando di un paso. Dumah apretó los puños hasta hacerse sangre- Seguro que nadie sabe tu verdadera naturaleza, ¿eh, Stella Matutina?

- Red… Llévatela. -Murmuró con la mandíbula apretada. El muchacho me tomó del brazo y trató de arrastrarme fuera.

- Heli, por favor, vamos.

- ¿Qué pasa, “Dumah”? ¿Acaso no tienes lo que hay que tener? Vienes de defensor de los humanos, como un portador de luz, y lo único que has conseguido es crear muerte y destrucción a tu alrededor. Es tarde para redimirse, querido, las puertas se han cerrado para ti.

Rápidamente, Red me tomó por los hombros y me fue llevando hacia la salida. Antes de salir, Dumah soltó una risa nerviosa.

- No soy yo quien conserva la estúpida esperanza de volver a casa. Te niegas a aceptar la verdad. Lo único que impide que tu mierda de vida se desmorone es una mentira. -Se apoyó en la mesa y sus ojos se iluminaron con un brillo felino y peligroso- Escúchame bien, Purificadora, no vas a volver nunca. La misión que te encomendó tu Dios es imposible de realizar, te la encomendaron para deshacerse de ti. Tu familia, tus amigos, tu vida. Lo has perdido todo. Dudo siquiera si alguien se acuerda aún de ti. -Escupió con crueldad- Y cuando por fin decidas poner fin a tu vana existencia, no habrá nadie esperándote al otro lado. Estás sola y lo estarás siempre.

Sentí una enorme presión en el pecho. Una sensación de ahogo. Mi cuerpo se tensó y mi mandíbula se apretó. No permitiría que aquel bastardo viera ni una lágrima. Traté de respirar con normalidad.

- Al menos yo he conocido lo que es tener una familia. Yo he conocido el amor. Dices que mi existencia es vana… Pero la tuya siempre ha estado vacía y lo siento por ti.

***

Red cerró la puerta detrás suyo cuando pasamos al interior de la habitación. Tenía el ceño fruncido y la respiración nerviosa.

- ¿E-estás bien? -Murmuró- ¿Puedo hacer algo? Yo… No sé por qué Dumah te ha hablado así. Nunca lo había visto decir cosas tan crueles.

- Sólo ha sacado a relucir su verdadera naturaleza. Déjame sola, por favor.

- Está bien, llámame si necesitas algo.

Asentí. Red abrió la puerta para salir.

- Red

- ¿Sí?

- Ten cuidado con él.

- Vale… -Y salió de la habitación.

Hace alrededor de 1 año

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#28

Los cristales del espejo golpearon el lavabo. El agua del grifo se había teñido de rojo. Sus nudillos estaban llenos de fragmentos afilados y las gotas de sangre resbalaban por su piel.

Cerró los ojos con fuerza y trató de controlar su agitada respiración.

Un sabor salado llegó hasta sus labios.

De golpe, abrió los ojos y se observó en los pocos trozos de espejo que quedaban. Sus ojos azules se habían enrojecido levemente. Su cabello rojizo estaba pegado al agua de su frente.

Las lágrimas recorrían sus mejillas.

Apartó la mirada asqueado y observó el agua correr.

- Perdóneme, padre, porque he pecado. -Murmuró y cerró el grifo.

Hace alrededor de 1 año

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#29

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Mortales asesinados: 364

#2/9/2127

Los días en el interior del Refugio eran monótonos. El acceso a las plantas inferiores ahora me estaba restringido y los rebeldes se aseguraron de ello colocando vigilantes, tanto en el ascensor como en la puerta de las escaleras. Sin embargo, tampoco me estaba permitido salir.

Sentía de nuevo estar en una cárcel.

Estando allí atrapada, incluso las grietas del techo comenzaron a ser interesantes.

- ¿Cuánto tiempo llevas aquí metida?

- ¿Qué importa?

- Claro que importa, si hubiéramos querido una prisionera, tendrías barrotes en lugar de una puerta, la cual por cierto puedes abrir desde dentro, ¿sabías?

Me incorporé en la cama y miré a Red, quien estaba apoyado en el marco de la puerta con los brazos cruzados sobre el pecho.

- ¿Qué quieres, Red?

- Que salgas de aquí y hagas vida, como alguien normal.

- No soy alguien normal.

Soltó un bufido.

- Por favor, Heli, tienes que salir y relacionarte. No puedes quedarte encerrada todo el día. ¡Venga! ¡Vamos!

- ¿Con quién voy a relacionarme si todo el mundo me odia?

Red cruzó rápidamente la distancia que nos separaba, me tomó del brazo y me arrastró fuera.

- Deja de ser tan jodidamente negativa y mueve tu culo fuera de esta habitación de una vez.

Mientras Red hablaba y hablaba sobre las cosas que había hecho con los rebeldes -una información vetada para mí, aunque no parecía importarle-, caminábamos en dirección al comedor, una gran estancia llena de mesas y sillas, con una barra en la cual los cocineros dejaban la comida para que la gente se sirviera. Red me dejó sentada en una de las mesas y fue a pedir algo caliente de beber.

En cuanto me dejó sola, comencé a sentir las fugaces miradas de los presentes.

Algunas estaban cargadas de temor.

Otras de ira.

Casi todas de desprecio.

Cerré los ojos y respiré hondo.

- Tendrías que ignorarlos

Me incorporé sobresaltada. Una niña había tomado asiento junto a mí sin siquiera invitarla a ello. La observé. Sus ojos apagados eran fácilmente reconocibles.

- Solo le tienen miedo a lo que no conocen y nadie sabe nada sobre ti, es normal su reacción, ¿no?

Su pelo rubio estaba cortado como el de un chico, vestía una camiseta roja que le quedaba grande y unos vaqueros negros, a juego con las zapatillas. Tenía todo el rostro perlado de pecas grises y una cicatriz en la ceja derecha.

- No me interesa que me conozcan.

- Bueno -Se encogió de hombros- y, ¿por qué te afecta?

Guardé silencio unos instantes, desviando la mirada. Me mordí el labio inferior hasta que empezó a dolerme

- ¿Tú no me temes?

- ¿Debería hacerlo?

- No…

- Pues ya está.

- ¡Vaya! -Exclamó Red al llegar. Se sentó frente a nosotras y me dejó una taza de cacao frente a mí- Hola, Erika, ¿qué tal estás? Estos días no te he visto.

- Yo a ti tampoco

Me sonrojé. Red se echó a reír.

- No me digas -Tomó un sorbo de su café- Y dime, ¿qué te parece nuestra nueva amiga?

- Huele bien -Comentó despreocupadamente- Parece agradable.

- Lo es, aunque tiene una mala hostia…

- ¡Red! -Exclamé- No digas esas cosas, es una niña.

- Oh, vamos, créeme que un par de palabrotas es de lo mejor que ha escuchado.

Torcí el gesto.

- Aun así, modera tu lenguaje

- Sí, señora -E hizo un saludo militar. Sonreí.

- Lo sé, Dumah me cuenta sus discusiones. Ella lo irrita demasiado.

Fruncí el ceño.

- ¿Qué yo le irrito a él?

- Eso he dicho

- Si tú supieras lo que yo sé de él, a ti también te irritaría.

De pronto, la estancia se quedó completamente a oscuras, interrumpiendo nuestra conversación. Lentamente, unas luces rojas se encendieron y una sirena sonaba intermitentemente a través de la megafonía del techo. Las personas salían rápida, pero ordenadamente del comedor. Me giré hacia Red, confusa.

- ¿Qué ocurre?

- Es la alarma de emergencia. Algo pasa. -Se levantó de un salto- Llévala a su cuarto, deprisa. -Y salió corriendo.

Sin dudar, me levanté, tomé a Erika de la mano y caminé con paso firme. Me abrí paso entre la gente, torcí a la derecha y me apresuré hasta llegar a la puerta de su habitación. La abrí de forma brusca y metí a Erika dentro.

- Ni se te ocurra salir.

Cogí el pomo y me dispuse a irme.

- Purificadora

Volví la cabeza hacia ella.

- Deja a un lado tus prejuicios y trata de ver a Dumah como realmente es.

- Yo sé qué es en realidad y si lo descubrieras…

- Me da igual lo que sea -Replicó irritada- Tú no le conoces como nosotros. No sé qué has visto en él para que lo trates de esta manera y lo juzgues sin conocerle realmente, pero nos ha salvado la vida a todos, incluida a ti, y nos sigue protegiendo cueste lo que cueste. -Frunció el ceño, tanteó la habitación hasta encontrar la cama y se sentó en ella. Habló más calmada- Deberías plantearte por qué para todos nosotros es un héroe y tú un monstruo, tal vez así puedas verle como nosotros le vemos.

Parpadeé. En silencio, salí de la habitación y cerré la puerta tras de mí. Luego, me apoyé en ella y, bajo los focos rojos, clavé mi mirada en los refugiados que se dirigían a sus habitaciones.

Todos ellos me odiaban.

Me temían.

¿Por qué?

Yo era una criatura divina. Un ser del Bien. Había sido enviada para ayudarles. Para que el Mal no enraizase en su especie. Para que pudieran vivir puros.

¿Por qué, entonces, se me tachaba de monstruo?

Me fijé en cada uno de ellos. En sus almas.

Todos eran pecadores. Todos habían cometido delitos. El Mal les contaminaba. Y, aun así, Dumah los había salvado a todos. Gracias a él, eran felices.

Resoplé.

No era capaz de entenderlo.

Sacudí la cabeza y salí corriendo hacia las escaleras de emergencia. Me precipité rápidamente hasta el último piso y pasé al interior de la zona restringida.

Aquello era un caos. Había gente de un lado para otro, gritándose órdenes. Personas que discutían y otras que revisaban monitores como si la vida le fuera en ello. Localicé a Red frente a una de las pantallas más grandes junto a un grupo de personas. Caminé hasta colocarme a su lado. Su rostro estaba contrariado. Sus ojos, tristes.

Desvié la mirada hacia la pantalla.

El estómago se me hizo un nudo. Mis manos temblaron.

- ¿Qué está pasando? -Murmuré.

- El ejército de Uther ha entrado en uno de nuestros refugios. Estas son sus cámaras.

Contemplé las imágenes.

- Esos son…

- Esos eran nuestros compañeros.

Los veinte rebeldes que Uther había apresado y contaminado masacraban a todo hombre, mujer y niño que se cruzara en su camino. Los cadáveres se amontonaban en el suelo. La sangre decoraba las paredes.

- Ese… era su refugio.

Sentí que las lágrimas me ardían en los ojos.

Que el estómago se me encogía.

Y que el corazón se me paraba.

Los rebeldes mataban sin piedad a sus propias familias, a sus amigos, compañeros…

Aparté la mirada, cerré los ojos y me pasé las temblorosas manos por el cabello. Respiré con fuerza varias veces, intentando controlar mis nervios. Cuando los abrí, mis ojos fueron directos a Dumah, quien estaba sentado en una estancia acristalada, solo y cabizbajo.

Apreté la mandíbula y fui hacia allí.

- No estoy de humor para discutir contigo, Purificadora, lárgate. -Dijo sin mirarme cuando entré en la habitación.

- No he venido a discutir -Hablé calmada. Me acerqué a él, quien mantenía aún sus ojos fijos en la madera de la mesa.

- Entonces, ¿a qué has venido? Porque discutir es lo único que sabes hacer.

Respiré hondo y llené de suavidad mi voz.

- Tenemos que hacer algo.

Dumah alzó la cabeza. Su triste mirada se clavó en la mía.

- ¿Tenemos?

- Sí -Dije con decisión- Tenemos que detenerles, eso es… Es una masacre, Dumah.

Sus ojos escrutaron mis facciones serias. Por un segundo creí que volvería a mandarme fuera, sin embargo, relajó la postura, como derrotado, y desvió los ojos hacia la madera.

- Llevan tu sangre, Purificadora. Un ejército como ese destruiría nuestras fuerzas actuales.

- ¡No podemos quedarnos quietos! Los matarán a todos.

- ¡Lo sé! -Se incorporó de un salto y se encaró a mí- ¿Crees que no he visto las imágenes? ¿Crees que no soy consciente de que los perros de Uther vendrán aquí y que nosotros correremos la misma suerte? ¡Sé muy bien lo que está pasando y lo que pasará!

- ¡Pues no te quedes ahí sentado! ¡Tenemos que movernos! ¡Actuar!

Torció el gesto.

- No me vengas ahora con estas, Purificadora. No quieras venir ahora de heroína cuando hace una semana querías largarte de aquí…

- ¡Joder! -Pegué un fuerte golpe en la mesa y Dumah se quedó en silencio- ¡Tengo una misión que cumplir, Dumah! Y si prefieres que vaya yo sola a por esos malnacidos, iré, no tengo problema. Es lo que yo quería hacer desde un principio. -Exclamé con determinación y el semblante serio- Si, por el contrario, no quieres que eso pase, te aconsejo que empieces a trazar algún puto plan para evitar que Uther siga contaminando y controlando humanos. Y que lo hagas pronto. Ya no hay tiempo para reuniones de altos mandos. Decide. Aquí y ahora.

Mi pecho subía y bajaba con fuerza. Mis manos continuaban temblando, pero no parecía apreciarse. Dumah me observó en silencio, escrutándome atentamente. Desvió la mirada y me dio la espalda. Estaba segura de que su cabeza funcionaba ahora a mil por hora.

- Tú has estado metido en esto más tiempo. Debe de haber una solución. -Dije más calmada.

- La hay.

Sonreí.

- Pero es imposible.

Se giró hacia mí. Fruncí el ceño.

- Nada hay nada imposible. No para mí. ¿De qué se trata?

Dumah se giró lentamente hasta clavar sus ojos claros en los míos.

- Debemos liberar a los Grigori.

Contuve la respiración.

*Los Vigilantes*

***

Silencio.

Oscuridad.

Frío.

Una exhalación.

El tintineo del metal.

Unos ojos grises despertaron.

Había llegado su hora.

Hace alrededor de 1 año

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#30

Ciudad: Trannsa
Años desde su llegada: 1201 
Mortales purificados: Incontables 
Mortales asesinados: 364

#4/9/2127

El suave ronroneo del motor del coche se detuvo. Abrí los ojos cuando unos nudillos tocaron mi ventanilla y me incorporé. Me había quedado dormida en mala posición y me dolía el cuello. Me froté los ojos y miré al exterior.

Ya era de día.

Dumah y yo habíamos salido del Refugio de madrugada, con mochilas como único equipaje y sin la aprobación de ningún rebelde. Tan sólo Red y Erika habían salido a despedirse.

Era lógico que nadie diera el visto bueno a aquella empresa. Dumah no había querido revelar nuestro destino y sus subordinados tan sólo podían fiarse de la palabra de su líder, quien se iba con la criatura que tanto odiaban, hacia un lugar que no sabían, por razones desconocidas y con órdenes de mantenerse en alerta máxima. Todo era bastante confuso y su reacción esperable. Aunque Erika no podía opinar sobre el asunto, estaba contrariada porque no hubiera confiado en ella para revelarle sus propósitos. En cambio, Red aceptó responsablemente su nuevo papel de líder, no hizo pregunta alguna sobre nuestra misión y, aunque en el fondo de su alma estuviera terriblemente preocupado por nosotros, nos despidió con una sonrisa.

Después de casi seis horas de viaje, durante las cuales Dumah no me había dirigido la palabra y se había limitado a observar la oscura carretera, llegamos al pequeño pueblo de Trannsa.

Me quité el cinturón y bajé del coche.

Se trataba de un pueblo bastante rural, rodeado de campos verdes y bosques. Parecía un oasis virgen en medio de un desierto tecnológico. Respiré hondo y llené mis pulmones de aire puro.

- ¿Qué haces? -Me giré hacia Dumah- Ven, empuja el coche hasta meterlo en aquel garaje.

Y obedecí en silencio.

Tras bajar la puerta metálica del garaje, recorrí el camino hacia el interior de la casa, como Dumah había hecho, y pasé sin hacer demasiado ruido. Seguí las voces, hacia el salón, pero me quedé en el umbral.

- Esta noche vendrá la furgoneta que os llevará hasta Resten.

- Gracias, Mike, sé que hacer esto te pone en una situación comprometida.

El anciano, de aspecto frágil y enfermo, sacudió la cabeza.

- Si no puedo ayudar luchando, al menos os mantendré con vida. -Dumah esbozó una enorme sonrisa- Os prepararé algo para comer, debéis de estar hambrientos. -Y desapareció en la cocina.

Observé al muchacho que se sentaba en la mesa del comedor y cruzaba los dedos. Sus ojos estaban fijos en la ventana de su derecha por la que penetraban las luces mañaneras.

Pasé al interior de la sala sin hacer ruido, aunque él ya se había percatado de mi presencia.

- Admiro la fe ciega que despiertas en las personas de tu alrededor -Murmuré, tomando asiento junto a él. Clavé la mirada en la madera de la mesa y recorrí con ella los dibujos que formaba.

- La diferencia entre tú y yo es que yo me he preocupado por ganarme la confianza de esas personas para lograr que cambien su alma por sí mismas, en cambio tú has seguido las órdenes de tu Señor sin cuestionarte nada. Les has obligado a cambiar. -Dumah giró el rostro hacia mí cuando levanté la cabeza. Estaba tranquilo y hablaba sin maldad.

- Sus almas estaban contaminadas, mi misión es erradicar la maldad de sus almas, permitirles ser puros.

- Todos los humanos están contaminados, Purificadora, pero ni tú ni nadie es quién para decidir si debe ser purificados o no. ¿Acaso utilizarías tus cimitarras con Erika? ¿O con Red?

Fruncí el ceño. Ambos estaban marcados por pecados. Ambos estaban contaminados. Y sabía perfectamente que, si la situación no fuera la que es, les habría purificado.

Pero... Ahora...

Ahora era diferente.

Yo era diferente.

- Hablando de las cimitarras...

- Olvídate de ellas, siguen en posesión de Uther, es mejor que te acostumbres a usar otras armas.

Tragué saliva.

- Yo no puedo matar humanos.

- Debes empezar a hacerlo, tus armas están perdidas y Uther está creando un ejército que pretende destruirnos. Además -Entrecerré los ojos- ya lo has hecho, la diferencia es que ahora lo harás por los buenos.

- No es tan fácil, Dumah.

- Si tú no los matas primero, lo harán ellos. Es así de sencillo.

- Matar o morir, la guerra es así, querida.

El anciano volvió con un par de platos de sopa humeante. Los dejó frente a nosotros. Dumah se levantó para traer el resto, mientras el anciano tomaba asiento frente a mí y clavaba sus ojos en los míos. Sentí cómo me analizaba.

- Hacía tiempo que no veía a un ser como tú. Eres realmente hermosa. Tu aspecto es frágil y delicado, pero tu mirada demuestra la fortaleza de tu espíritu y tu naturaleza sobrehumana. Eres... intimidantemente magnífica.

- Es el primer halago que oigo en demasiado tiempo, -tomé la cuchara- sin contar los que ese malnacido escupía.

- Siempre he tenido mucho respeto hacia vosotros.

Desvié ligeramente la mirada hacia Dumah, quien había comenzado a comer tranquilamente.

- Eso parece

***

Miré mi reflejo en el empañado espejo. Siempre había albergado la esperanza de contemplar algún cambio, por mínimo que fuera.

Pero eso no sucedería.

Estaba congelada en el tiempo.

Para siempre.

- Purificadora, el vehículo está al llegar. -Oí a Dumah decir desde el otro lado de la puerta del baño.

- Muy bien.

Aparté la vista, me até el cabello en una trenza y me vestí con unos pantalones de deporte negros, una camiseta blanca y una sudadera oscura. Salí del baño y me reuní en la planta baja con Dumah. Mike se encontraba junto a la puerta principal, con un par de mochilas a sus pies. Cuando llegué, el anciano nos las tendió.

- Lleváis todo lo que podáis necesitar.

Luego, el anciano se giró y tomó tres accesorios negros. Uno de ellos era una funda negra, alargada, que contenía la espada de Dumah. El chico la tomó y la colocó en su espalda, sujetándola a su pecho con firmeza. Acto seguido, Mike me tendió los restantes.

- Sé que estás acostumbrada a manejar dos armas a la vez. Siento no poder proporcionarte unas semejantes a tus antiguas cimitarras, pero es lo más parecido que he podido encontrar.

Los miré confundida. El anciano hizo el amago de agacharse, sin embargo, el muchacho se lo impidió. Le quitó de las manos los accesorios y se puso de rodillas frente a mí.

- Mi bisabuelo era un coleccionista de armas y éstas eran las más preciadas para él. Proceden de una antigua cultura oriental, extinguida hace demasiado tiempo, de la que no soy capaz de recordar su nombre, lo siento.

Dumah separó los dos cinturones. Me colocó el primero de ellos en el muslo derecho, sujetándolo con fuerza a través de sus tiras, e hizo lo propio con el segundo en el izquierdo. Dio varios tirones, pero ninguno se movió de su sitio.

Lo observé con detenimiento. Metí la mano y agarré con fuerza la estructura metálica. Al alzarla, observé aquella maravilla armamentística.

Se trataba de una larga y afilada hoja de doble filo, de color plata y dentada desde la mitad, que se ensanchaba hasta la empuñadura. Ésta constaba de una estructura rectangular metálica y fina, dorada, cuya parte superior era doble. Ésta reaccionaba ante la presión de mi mano, haciendo que dos varas se cerrasen alrededor de mi antebrazo. Se convertía, así, en una extensión letal de mi extremidad.

- Vaya... -Murmuré sorprendida. Incluso Dumah se había quedado impresionado- Es una verdadera maravilla.

- Se llama katar y no te tomará demasiado tiempo acostumbrarte a ellas. Para alguien con tus habilidades será de mucha utilidad.

- Gracias Mike, de verdad. -Metí el arma de nuevo en su funda y, al reducir la presión, la estructura liberó mi brazo.

- Es la hora. -Intervino Dumah- Tenemos que irnos. -Se acercó al anciano y ambos se estrecharon con fuerza las manos.

- Cuídate, hijo.

- Tú también.

Y salió por la puerta con su espada y su mochila a la espalda. Me acerqué al anciano.

- Gracias por todo, Mike, ha sido muy amable.

- De nada, querida, y recuerda, esto es una guerra.

Asentí y le dediqué una sonrisa sincera. Cogí la mochila y me dirigí hacia la puerta.

- Heli -Me detuve y me giré- ¿puedes hacer un favor a este anciano? -Asentí en silencio- Cuida de Dumah, por favor.

Escruté sus ojos. Su alma. Los más puros sentimientos de cariño y de amor florecían entre sus pecados. Había cometido muchos y algunos demasiado horribles. Había asesinado, torturado, traicionado y despreciado a otros y, sin embargo, su corazón continuaba siendo puro.

Entonces, lo comprendí.

Desde mi caída, había visto a los humanos como simples seres llenos de pecado, a los que tenía que purificar, sin pararme a pensar sus motivos para haberlos cometido. Pero ahora, de nuevo, todo era distinto.

Yo era distinta.

Vi en Mike a un guerrero.

Un purificador.

Había luchado para purificar su mundo, aunque para ello tuviera que cometer los más horribles pecados.

No éramos tan diferentes después de todo.

- Lo prometo.

Hace alrededor de 1 año

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#31

[Siento mucho no haberla continuado por aquí. Os dejo el enlace para el texto completo
https://www.wattpad.com/story/95664923-purificadora-de-almas-premiosshadow2019 ]