juanCarlos
Rango8 Nivel 35 (2355 ptos) | Poeta maldito
#1

TEXTO REVISADO Y EDITADO.

Serían las cuatro de la madrugada. La luz de la ciudad entraba por la ventana y difuminaba la negrura de su habitación permitiendo así adivinar las siluetas de los objetos. Algo empezó a inquietar su sueño, algo que se movía en la tranquilidad de la noche, una sombra densa de definido contorno, una presencia oscura que, agazapada, había aparecido como de la nada al lado de su cama y que mientras dormía se iba acercando cada vez más a él. Como si un sexto sentido jamás desactivado lo avisara, despertó sobresaltado, con el corazón palpitando tan fuerte que parecía que se le salía del pecho. Se apresuró a encender la luz de la mesilla de noche para asegurarse de que solo había sido una pesadilla, pero parecía tan real...

Hace casi 4 años Compartir:

0

12
#2

Desde esa misma noche la extraña sensación de no estar solo le había acompañado cada minuto del día, de hecho casi no había podido conciliar el sueño, al menos no uno reparador. La idea de que alguien le observaba, siempre a su espalda sin importar donde se encontrara, se había clavado en su cerebro como una obsesión ilógica que lo inquietaba y hacía que instintivamente se girara una y otra vez para asegurarse de que realmente seguía solo.

Todo hubiera quedado como una mala jugada de su mente, quién sabe porqué causa, si no hubiera sido por que la presencia se fue haciendo más tangible, aunque sutilmente, en forma de sombra que creía ver pasar fugaz por el rabillo del ojo, en palabras ininteligibles que quizás fueran simplemente sonidos, sonidos que tal vez no venían de ninguna parte... y a pesar de todo seguía creyendo que todo tenía una explicación perfectamente razonable, luchando por evitar que su mente se desviara por el camino de lo paranormal porque, de ser así, inevitablemente le llevaría a pensar en lo que podría estar causándolo y él no quería que tal cosa sucediera, a quién se lo contaría, o lo tomaban por loco o lo timaban supuestos videntes, para él la negación era la solución más lógica, al menos por el momento ya que no tardaría en sentir la necesidad de liberarse de los grilletes que aprisionaban su mente.

Pasaban los días y los fenómenos que ocurrían le hacían sentir cada vez cómo el miedo lo abrazaba aforrándose a su espalda, pudiendo sentir como su frío aliento en la nuca le erizara el vello. Aquel día en que ya no podría siquiera intentar dar una explicación racional a lo que iba a suceder, empezó tranquilo, como hacía tiempo que no lo comenzaba, descansado, optimista, libre de extrañas sensaciones. Toda la jornada transcurrió con total normalidad pero al llegar a casa abrió la puerta y una bofetada de aire caliente le dio en la cara. El primer pensamiento que golpeó su cerebro casi al instante como antes lo había hecho el calor fue que su diminuto apartamento, frío aunque inevitablemente fácil de calentar, estaba ardiendo. La falta de humo le sacó del error de su impresión inicial conduciéndole hasta una estufa de resistencia que tenía en el salón de estar. ¿Se la había dejado encendida? Imposible. No, solo no había sido un día frío sino que además él era muy cuidadoso de dejar todo apagado y cerrado, era casi como una pulsión, una obsesión, lo hacía siempre, automáticamente, después de tantos años ni siquiera lo tenía que pensar. Ésta no sería la última vez que esto sucediera y convirtiéndose en una anárquica costumbre, demasiado peligrosa cuando el fenómeno, que nunca había ocurrido durante las horas de sueño, una noche así lo hiciera. El humo apenas infiltrado por las rendijas de la puerta de su habitación lo había despertado de un sueño, a base de costumbre, tornado tan ligero como una pluma, antes de que hubiera tanto humo que lo convirtiera en profundo para siempre.

De repente, de un día para otro y tras el casi fatal suceso todo se calmó. Su vida en varios meses siguió inalterada como siempre había estado. Pero esa calma tan solo sería la que precede a la tormenta, una tormenta aún mayor que no sabía, no podía saber, que se avecinaba. Quizás si no hubiera tenido que volver a pasar por aquella carretera todo se hubiera quedado igual, pero no fue así, el destino como un bromista pesado guió sus pasos hacia el lugar al que por nada del mundo quería regresar. Recorrió el mismo camino donde hacía ya casi un año había tenido el accidente y los recuerdos, los pensamientos, las sensaciones... volvieron a su cabeza reviviendo el momento y haciéndole cuestionar sus acciones de entonces, ¿lo pudo haber evitado? ¿por qué solo él sobrevivió?... sabía que fue inevitable, que los accidentes ocurren y que a veces no es culpa de nadie pero aún así en su tormentoso viaje al pasado no lo podía alejar de su mente.

La vuelta se demoró más de lo esperado y la noche ya había caído sobre el paisaje que atravesaba la única carretera que le llevaba a casa. Seguía su camino atento a la conducción, mirando de vez en cuando el retrovisor, cuando en ese momento otro coche solitario, que se acercaba tras él, iluminó con sus faros la cabina. El espejo devolvió el reflejo a contraluz de una silueta humana, como si alguien estuviera viajando con él en el asiento trasero, casi pierde el control del volante pero guardó la calma, volvió a mirar y nada, no había nada allí. A pesar del respeto, y porqué no decirlo, el miedo que le daba aquella carretera pisó el acelerador controlándose en moderar la velocidad y deseando llegar lo antes posible a la ciudad donde las luces no juegan malas pasadas.

Hace más de 3 años

0

2
#3

Llegó a casa y fue directo a la cama, quedándose enseguida profundamente dormido por el cansancio. El silencio invadía el apartamento, todo era tranquilidad cuando el pomo de la puerta de su habitación empezó a moverse, lenta y trabajosamente al principio hasta desencajar la cerradura de su sitio y abrirla con violencia y ruidoso golpe contra la pared. Estaba claro que si lo que quiera que fuera lo que provocaba aquello no lo mataba con fuego, lo haría con el miedo o el cansancio.

El escepticismo, con esto ya había quedado demostrado que no era fruto de un mente, no al menos únicamente, se fue diluyendo hasta al fin desaparecer y dejar ver la creencia que subyacía bajo él, cuyo afán por negar perdió la batalla contra la extraña evidencia de los acontecimientos y se vio a sí mismo haciendo lo impensable para él, pedir ayuda a cualquiera con un mínimo de credibilidad que afirmara poder solucionar su problema. El caso es que o todo era palabrería o si causaba algún efecto era completamente el opuesto al deseado.

Cada noche los fenómenos con que se manifestaba el ente se repetían, siempre cambiantes, impidiéndole dormir y ni siquiera estar a gusto allí donde se encontrara. Aquella situación se estaba poniendo cada vez más insoportable y no podía alejarse de él por más desesperadamente que lo deseara, que lo intentara. Estaba tan cansado que en cuanto tenía un momento de tranquilidad como aquel frente al televisor, cerraba los ojos y poco a poco iba entrando en ese estado de sueño en que aún se sigue oyendo el sonido, en su caso del programa de televisión, pero en el que las palabras pierden todo su sentido y son solo sonidos. De repente, una voz susurrante rompió, ese parloteo vacío que se metía en su mente desconectada de cuanto le rodeaba, dejándolo en segundo plano, era una voz clara y sus palabras, sus dos palabras extrañamente inteligibles formaron una pregunta, “¿Por qué?” que nada más oírla, le hizo salir de su duermevela y abrir los ojos a tiempo para poder ver al ente, o espectro o como se quisiera llamar, que a pocos centímetros de su cara le había susurrado al oído la cuestión. Se incorporó alejándose de aquello, por el tremendo sobresalto que tal visión le hizo dar y con la velocidad de un rayo esa cosa de aspecto calcinado, con las cuencas de los ojos vacías y unos dientes cuya extrema blancura no cubría labio alguno y que a pesar de ello parecía esbozar una macabra sonrisa, salió arrastrándose monstruosamente por la puerta. La visión de ese ser aterrador lo dejó unos segundos inmóvil sin poder reaccionar y aún con un escalofrío recorriendo su cuerpo. Tras ese tiempo se levantó titubeante, se dirigió a la puerta que daba al escaso pasillo de salida por la que se había ido para ver si esa abominación aún seguía por allí. No ver nada, de algún modo, lo tranquilizó algo y volvió al sofá para terminar de calmarse. Recostado, quedó pensativo, esa pregunta tan directa pero imprecisa y sobre todo el aspecto con el que el ente se había presentado ante él, le había hecho pensar, pensar en el aciago día de su accidente.

No importaba cómo pasó, el caso era que ambos se encontraban conmocionados por el golpe tras el choque. Su compañero tardó algo más en recuperar la consciencia mientras él, aturdido, se arrastró con dificultad fuera del vehículo, una vez lo hubo conseguido oyó a su amigo pidiéndole ayuda, estaba atrapado y por más que lo intentaba le era imposible liberarse él solo. El fuego que se había iniciado se avivaba más a cada segundo por el aporte de combustible y aunque podía oír su voz como lejana, estaba paralizado sin poder reaccionar. Una deflagración lo tiró hacia atrás sacándolo de esa especie de trance y pudo ver como todo ardía mientras su compañero gritaba entre las llamas. A duras penas subió por la rampa que formaba el desnivel hasta la carretera siguiendo el camino que el coche había hecho en la vegetación al caer, se sentó al borde de la vía, buscó su móvil -aún lo tenía en el bolsillo del pantalón- y sin apenas ser conciente de lo que había pasado intentó con dificultad llamar a emergencias, luchando contra la confusión sin conseguirlo antes de desmayarse al abandonarle definitivamente las fuerzas. Nunca supo cuanto tiempo estuvo inconciente hasta que algún turismo de los que, como él pasaba de vez en cuando por esas solitarias y oscuras carreteras que cruzan el campo, lo encontrara alertado por el resplandor del vehículo en llamas, solo sabía que había despertado ya en la cama de un hospital.

Siempre creyó que no había podido salvarlo, que no hubo tiempo para ello, que todo pasó demasiado rápido, pero ahora, pensar en ello hacía que le invadiera la duda. Tal vez solo se había convencido a sí mismo de lo contrario, quizás hubiera podido si no hubiera dudado ese instante crítico que dudó paralizado por el miedo, miedo al que no pudo enfrentarse y que ahora le estaba persiguiendo, haciendo que la vida le aterrara más que la muerte y que con cada manifestación, con cada acoso que sufría de algo tan intangible, le hacía comprender que nunca lo dejaría en paz y que nada de lo que hiciera podría alejarlo de él, causándole la misma terrorífica angustia que, quizás por su culpa, su amigo había sentido.

Días grises y monótonos se sucedían entre intervalos de extraña y apacible normalidad a la espera de que se confiara en que tal vez ya no volviera su tortura, aunque siempre había la sombra de la incertidumbre sobre él que hacía de esos “descansos” algo igual de tortuoso. Evitaba por todos los medios estar solo, aunque no siempre podía conseguirlo; quedarse trabajando hasta tarde, sus frecuentes e inevitables viajes por carretera o simplemente estar tranquilo en casa después de un agotador día de trabajo podían convertirse en algo horrible para él. Las reuniones de amigos, las salidas de diversión nocturnas, el casi no estar en casa le hacía parecer que se había vuelto un juerguista incansable, pero la verdad era que estaba demasiado cansado, que aquella apariencia era solamente una huida hacia ningún lugar y no sabía hasta donde llegaría o cuando lo haría. Y día tras día su estado físico empeoraba convirtiéndose lentamente en algo poco más que un zombi sin voluntad ni alegría. Decidir acabar con aquello de la única manera posible que se le ocurría era algo que se le había pasado en demasiadas ocasiones por la cabeza, pero siempre había un ligero destello de esperanza en la oscuridad que lo envolvía que le hacía desistir de tal pensamiento y dejar, por tanto, que el destino decidiera por él como tantas veces antes lo había hecho, viviendo con la esperanza y a la vez con la incertidumbre de que llegue un día en que, de una manera u otra, ya todo terminara tan repentinamente como comenzó en aquel momento.

Hace más de 3 años

0

2