DanielAlonsoBastida
Rango7 Nivel 34 (2143 ptos) | Autor novel
#1

No era él, lo sabía, la imagen que le devolvía el espejo no era la suya, había algo dentro de él, alguien. O quizás era él el que estaba dentro de otra persona. Ya no podía estar seguro, y lo único que reconocía de toda la situación era un sabor a sangre, ese sabor a hierro que le recordaba su infancia, cuando se le cayó su primer diente, o cuando recibió su primer golpe en una pelea en la escuela. Toda la escena lo sacaba de sus casillas, mientras por dentro tenía una justa entre el humano y el demonio impío.
No pudo más, volteo dándole la espalda al espejo, tomo una barra inerte de acero y arremetió contra la silueta bastante familiar, cada golpe que daba le erizaba la piel, cada vez que el brazo se levantaba sentía como su ser se liberaba un poco más. Salpicaba la habitación con un rocío carmesí, mientras gritaba una y otra vez "¡no soy un monstruo!". Cuando su brazo se detuvo, de frente yacía una pila de carne y hueso sin forma definida, con un río rojizo.
Ahora lidiaba con las consecuencias de actuar sin pensar
-Lo haz hecho-Escucho atrás de él.
-Bienvenido a la ira, ya estas en casa.

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Nombredemes
Rango12 Nivel 56
hace casi 4 años

Wow, qué gráfico fue imaginarme todo! Buen relato, mucho éxito.


#2

Aquella voz erizó la piel y por un momento le detuvo en corazón. No quería mirar sobre su hombro. La razón y su juicio regresaba mientras la sangre se enfriaba, él sabía que nadie más se encontraba en la habitación, así se había planeado y así se había hecho.

-"Vamos chico, no sabes que es de mala educación no prestarle atención a quien te habla".

Ignoró la voz por un momento, intentaba aclarar sus ideas, mientras tenía la mirada perdida
en la mórbida escena de cartílagos, tendones, carne y astillas de hueso que salían de la tela desgarrada, que se postraba a sus pies. Tenía una sensación agridulce, le causaba repugnancia su obra... pero era su obra, él era el autor y por un momento le pareció hermosa, sintió orgullo.
Sabía que podría recrear aquel acto con esa visita indeseada. Apretó la barra de hierro como si deseara imprimirle sus huellas digitales, y rápidamente se dio la vuelta.

Pero no estaba preparado para esto, lo que vio, o no vio, lo inquietaba aun más. Atrás de él no había nada, no estaba nadie, solo su reflejo en el espejo.
Miró hacia toda la habitación con incredulidad, mientras se dejaban ver pequeñas lágrimas saliendo de los ojos, las cuales intentaba disimular parpadeando rápidamente, teniendo en mente que era una debilidad llorar en publico, pero nada, no había tal publico.
Solo estaban los muebles comunes de una sala de estar, con todos los sillones con un tapizado de mal gusto, anclados a las paredes; un par de plomosos libreros atiborrados de objetos varios, una pequeña mesa de café, con una maceta resguardando flores artificiales, y en medio de la pared principal aquel imponente espejo de marco plateado con relieves de alas, ángeles y querubines.

Lo miro fijamente, quería entender lo que pasaba, mientras su mirada se perdía en el reflejo se dio cuenta, no podía moverse, solo podía ver su reflejo y la pila de pestilencia que estaba atrás de él.
Fue cuando hipnotizado en el reflejo, vio como de la sangre y su sombra brotaba algo, tenía una apariencia viscosa, parecía que el suelo estuviese hecho de alquitrán, cada vez era más evidente la figura bípeda que emergía de suelo.
Escucho el crujir de los huesos y ese sonido inconfundible que se produce al despegar carne cruda de un recipiente, seguido de una fuerte respiración larga y profunda, como cuando se le priva a los pulmones de aire por un largo tiempo y estos intentan aspirar todo el aire de la habitación de una sola bocanada.
Era un hombre con la piel blanca y agrietada, como si estuviera hecho de piedra caliza, de todas las fisuras emanaba vapor, estaba calvo y le resaltaban algunas venas de la cabeza, sus ojos querencia de toda humanidad con el iris de color anaranjado, era como ver los ojos de un depredador, con unas ojeras profundas de contorno rojizo, una nariz grande con forma de garfio y una sonrisa inquietante conformada por piezas dentales irregulares y desgastadas, en algún punto entre los codos y rodillas, hasta la punta de los dedos, el color de piel cambiaba paulatinamente, de un pálido a un vino muy oscuro.
Se produjo un silencio como ningún otro, mientras le quitaba la barra de hierro de las manos y se dibujaba un gesto condescendiente, en el rostro de la entidad.

-"Déjame presentarme, de la única manera que sé, pues soy la Ira. Y hoy de todos los días que he presenciado, de todo el tiempo que he azotado la tierra con pasos, de sentir como el firmamento se agrieta a mis pies. En especial hoy descubrí que tú eres parte de mí, y yo soy parte de ti. Que el color de la furia se convierte en nuestra sangre, tú odio se forja con mi carne, cada vez que tu cólera se levanta mis huesos emergen, mi columna se erecta y mis pulmones se llenan de vapor, con cada bufada que das.
En la calma esta tú secreto y en el secreto nuestro pecado. Siente como hierve la sangre y se eriza la carne, cuando la ira te llena y la razón se ciega. Somos la ira, somos fuego.
Deja que te devore, deja atrás la vida, de tu rojo yo haré mi vino.
Siente el impío calor, deja desembocar el río que ebulle en tus venas, solloza, ahógate en tu propia bilis, pues la ira llegó, y la ira soy yo. No me voy a ir, porque yo soy parte de ti."

La entidad clavó la barra de hierro en la pila de carne, la miro fijamente soltando una leve risa, mientras movía la cabeza de un lado a otro, se sacudió las manos con emoción para después ponerlas sobre el cuello del chico. Sus palmas quemaban, como quema el hielo, sonrío sin sonreír y le suspiro al oído.

-"Cada cierto tiempo, escogemos a hombres y mujeres que no representen bien, que tengan los genitales choreando lujuria, el estómago desbordante de gula, las manos pesadas de avaricia, los ojos fríos de envidia, la espalda encorvada en pereza, la sonrisa enmarcada en soberbia y la sangre ardiendo e irradien ira, como tú."

La entidad se acerco a la pila de carne, se puso en cuclillas, mientras agitaba la mano hacia su nariz como si se tratase de una flor o un guiso, del cual quieres degustar el aroma. Inhalo y exhalo de manera brusca.

-"Lo haz hecho bien, y ahora solo tienes dos senderos: o desatas tu cólera en la humanidad y te conviertes en un rey sobre la tierra; O lo haces sobre ti, acabas con tu vida y te conviertes en un árbol más en mi bosque."

El chico no lo pensó mucho, no quería morir, él pensaba que era el bueno en la historia, sabía que acababa de moler a palos a alguien... pero se lo merecía, era un héroe.
Pensó en todas las historias de héroes que el camino estaba lleno de dificultades. Se vio asimismo como un mártir que podía dar la vuelta a la situación y emerger como el héroe que siempre estuvo destinado a ser.
Tenía el talento de encontrar como salirse siempre con la suya, pensó que podría hacer lo mismo esta vez.

-¡Quiero vivir! No pienso morir, no aquí.

-"Excelente elección, querido. Ahora tendrás mi protección, mi fuerza, mi sangre, y la de todas tus víctimas, cada gota de dolor que alimente nuestro apetito insaciable, será parte de ti, nos hará fuertes. Eres la cólera encarnada, eres la Ira."

La entidad trazó una línea en la espalda del chico, de abajo hacia arriba. Él aun estaba paralizado, pero sentía todo, podía sentir como el dedo de aquella cosa recorría su espina dorsal, como saltaba cada vez que se encontraba con una de las treinta y tres vértebras, hasta llegar a su nuca. Con el paso del dedo sentía como la piel se resecaba, se agrietaba. Recordó el preescolar cuando se llenaba el brazo de cola y esta se endurecía, creando una sensación escamosa, áspera e incomoda; sus pensamientos fueron interrumpidos súbitamente, por un dolor agudo, intenso, profundo. Jamás había sentido algo parecido, por un momento deseo estar muerto, luego no sabía si ya lo estaba; esa sensación era única. Sintió como las manos de la entidad abrían su espalda, cada mano empujando en lados opuestos. Vio en el reflejo del espejo a la entidad abriendo su espalda, con el rostro dirigido hacia la herida que él mismo provocaba, admirando la luz dorada que desprendía la grieta; podía sentir sus huesos rompiéndose, las costillas aplastando sus pulmones, mientras la luz se hacía más intensa. La entidad se detuvo sonrío largo y pausado. A decir verdad ese fue el único gesto que se sintió honesto, era como la sonrisa de un hombre que se convertía en padre, y ve por primera vez a su hijo a los ojos. Respiro como si fuera la última vez que lo haría, se sacudió las manos regocijándose, como si hubiese terminado una larga jornada laboral.

-“Sabes como llamarme."

Tomo uno de los bordes de la grieta y con recelo metió una pierna, parecía que intentaba probar la temperatura de una piscina. El chico sentía como sus órganos eran aplastados, como las viseras estallaban. Veía con el rabillo del ojo como la entidad entraba por su espalda. Cuando por fin la entidad estaba dentro escucho un ruido interno, sumado a todas las sensaciones desagradables que había producido la entidad de un solo golpe. Cayo sobre sus rodillas, aunque ya no había dolor alguno, no quiso probar suerte, se quedó un momento con la frente pegada al suelo.

-Vivo, ¿estoy…? ¿Estoy vivo? ¡Esto vivo!

El llanto no se hizo esperar. En el suelo mientras veía como relucían sus propias lagrimas, reflejando la habitación vacía se dio cuenta, ya no había locura, la entidad se había ido. Por un momento pensó que el estaría mejor en un manicomio, rodeado de muros revestidos de espuma y algodón; con una linda, reluciente camisa de fuerza, e incrustado en sus dientes un protector bucal de caucho relleno de gel; pues no sabia si eso fue producto de la histeria que proyectaba la situación o de verdad había pasado, no sabia que era mejor, estar demente o ser el santuario de una entidad fuera del mundo terrenal, asustado y arrodillado, levanto las la vista mirando al techo, mientras impulsaba la espalda hacia atrás, estirando el cuello, no tenia huesos rotos, pulmones perforados, viseras dañadas, no había tal entidad -Bueno, estoy demente, una cosa menos de que preocuparse- se dijo a si mismo con sarcasmo, tallándose los ojos con desesperación.

Tardo un momento pero al final se incorporo, sacudió su cabello, mientras veía la barra inerte, clavada en la pila que alguna vez fue hombre, parecía una versión grotesca de la espada en la piedra.
Mientras sonreía, quito la barra de la pila de carne y no pudo evitar pensar en libros de psiquiatría, ya que el no recordaba cuando clavo la barra de hierro en la pila, solo tenia la imagen de la entidad haciéndolo, creyó que era de esos casos donde hay personalidades múltiples y ves a tu altera ego en 3ra persona.

-Genial, demente, esquizofrénico y con personalidad múltiple. Vaya que eres todo un caso- mientras se pegaba lentamente con la barra de hierro en la cabeza. miró a la pila con alivio, el hombre que era su tormento ya no estaba.

CamilleAnnais
Rango12 Nivel 55
hace casi 4 años

De verdad que es muy lindo!! Me gusta porque narras bastante :) y bueno, espero quedes a la otra ronda, seguro que vas a quedar. Si gustas pasas a leer mi relato, y me das tu opinion! un besiiito!

Esredi
Rango8 Nivel 36
hace casi 4 años

Es muy buena historia. En mi opinión, quizá no hubiera repetido tanto en el diálogo de Flegias lo de "soy la Ira". Con toda la descripción ya queda un personaje muy potente, sobretodo con la descripción física. Pero es mi opinión. ¡Suerte! Espero la siguiente caja =D


#3

Intento honrar su insulsa memoria recordando por ultima vez al hombre que alguna vez fue, y ahora era un siniestro Pollock, esparcido en la sala de estar como si de confeti se tratara.

Su nombre era Daniel. Nombre otorgado por unos padres amorosos, tradicionalistas y fuertemente religiosos, quienes esperaban ver en su hijo cualidades de significado hebreo del nombre “Justicia de Dios”. Esperaban que Daniel creciera para ser un hombre amistoso y sensible, un ferviente creyente de la justicia, con una personalidad fuerte aunado a un equilibrio espiritual.
Daniel, quien resulta ser un viejo compañero de la secundaria, el cual siempre fue un dolor de muelas (al menos para el chico), le ponía apodos, y de vez en cuando lo golpeaba, pero todos los días eran una oportunidad para humillarlo.
Individuo lleno de seguridad, bien parecido y elocuente, siempre tenia una respuesta para todo, aunque esta no siempre era verdad; con su personalidad arrogante hacia dudar a los demás.
En esa época, Daniel le había puesto un sobrenombre al chico, lo llamaba “El monstruo de la laguna”. Apodo otorgado por un pequeño problema de acné, con el paso del tiempo su apodo se fue degenerando, hasta llegar a un genérico “Monstruo".

Habían pasado ya más de una década desde aquellos días, Daniel siempre fue una figura autoritaria y arrogante, ahora ante el chico se presentaba un hombre distinto, alineado bien vestido, perfumado pero respetuoso; las cosas ciertamente habían cambiado, Daniel conoció a una dulce mujer y ahora era padre, después de esto su mundo cambio, vio en los ojos de su pequeño hijo la fragilidad de vida humana, qué tan vulnerable es el hombre. Sintió dolor por todo el daño que causó, quería hacer las cosas bien, por su hijo, quería ser buen padre. Así que busco al chico para pedir perdón por todo lo sucedido, le avergonzaba tanto la situación, que no comentó con nadie la razón por la que salía de casa, la razón de hacer un viaje teniendo un bebé en casa, de verdad estaba arrepentido.
Pero el chico no lo veía así, no creía en la búsqueda del equilibrio espiritual de su viejo temor de escuela, él veía una manera mas de burlarse, sentía repugnancia de pensar que ese ser asqueroso ser era padre, lo más seguro era que su hijo, su bastardo hijo, fuese igual que él, un tormento para niños inocentes. No lo iba a permitir, no iba permitir que los inocentes sufrieran, por eso acabar con Daniel era más que necesario.

Ya estaba hecho, ya había terminado con un ser repulsivo para la humanidad, ahora deshacerse de él. Esto no pasó por su mente cuando masacro al hombre, no sabia como hacerlo, había visto suficiente programación chatarra para saber que siempre atrapan al asesino. Analizo la situación detenidamente, poseía varias ventanas, estaba en su casa y nadie sabia que Daniel lo había buscado. Así se decidió acabar con esto.
Adoctrinado por toda la programación basura, sabia que debía quitarle los dientes y las uñas, al igual que separar el cráneo de cuerpo, pensó en la posibilidad de contar extremidades, para facilitar todo, por un momento le rezó a dios deseando que volviera el tiempo y poder tener una alfombra, así poder envolverlo como en las películas de mafiosos.

El trabajo iba a ser duro, iba a ser una larga noche, pero algo lo distrajo, en la pila podía ver algo brillante, no lo pensó mucho y metió la mano sin temor, para encontrar entre dedos retorcidos en posiciones antinaturales un hermoso anillo, hecho de oro, con delicados grabados, con una fecha separada por un ovalo, con dos iniciales inscritas en una agradable tipografía manuscrita, a decir verdad no importaba mucho ahora, era suyo ahora, su recompensa.

Mientras admiraba el anillo, irrumpieron en la casa, escucho como la puerta principal de la casa, que estaba hecha de madera, se hacia astillas en el suelo, era la policía.

-Alto ahí degenerado maniático- grito uno de los dos policías. El chico se heló; se vio acribillado por una lluvia de balas o en una cámara recibiendo la inyección letal, el peor de los casos sería estar condenado a estar en una celda el resto de su vida. Se sintió derrotado, estaba listo para ser condenado, cuando percibió el aroma cobrizo de la sangre que emanaba de la boca de uno de los oficiales, estaba lleno de odio, quería asesinar al chico, podía escuchar sus pensamientos sin ningún problema. Era la ira; la entidad.

-Oficial Escobedo, usted me pertenece- En cuanto el chico pronuncio esas palabras, uno de los oficiales se volvió una bestia, rugía y regurgitaba sangre hirviendo, el iris de los ojos se perdía en un penetrante blanco, y todas las venas del cuerpo saltaban como si estuvieran apunto de reventar. Su compañero se quedo perplejo no entendía lo que sucedía.

-No sea ingenuo Oficial, quien mató a esta persona fue la misma que los contacto, intenta hacerse el desentendido de la situación- El chico ya sabia quien los había llamado, fue su vecino, un viudo molesto que no tiene mejor ocupación que espiar a sus vecinos, lo sabia porque lo podía escuchar de la mente del oficial Escobedo, y este aceptaba lo que el chico decía como si de un mandamiento se tratase. -Oficial, el hombre que yace a sus pies, es el propietario de la casa- Así se evitaba que lo ligaran con algo, si iba a ser un héroe debía morir el hombre que alguna vez fue.
El otro oficial intentaba calmar a su compañero, era el caos desatado, regurgitaba coágulos de sangre que al contacto con el suelo, hacían ese inconfundible silbido de metal caliente al contacto con agua.
-Oficial, lamento informarle que mientras intentaban aprender al asesino, este mató a su compañero-
Escobedo se volvía más irracional
-Lo estrangulo, fue horrible. Oficial, tiene el derecho divino de vengar lo que sucedió aquí, sáquele los sesos al maldito que hizo esto.-
Dicho esto Escobedo puso las manos sobre el cuello de su compañero. Estaba hecho, se podía ir de ahí sin ningún problema, tomo la cartera de Daniel, su barra de hierro, se coloco el anillo de oro en el dedo anular de la mano derecha y salió de su casa, dejando atrás su vida como hombre, acompañado del sonido que hace el alma al salir del cuerpo humano.

Ahora lo comprendía, tenia el control de todos aquellos hombres que pequen más de ira que de cualquier otra cosas. Escucho es su cabeza -"Sí querido, posees ‘La lengua de flegias’, tu vas a desatar algo grande, puedo sentirlo"-

El chico sintió nauseas, no quería ser un heraldo del mal, el debía ser un héroe, se decidió acabar con lo que tenia, decidió asesinar a las otras reencarnaciones de los pecados, de esta forma la entidad odiaría el segundo que se atrevió a cruzarse en su camino.

Pero antes de eso, saco de la billetera de Daniel su ID, vio su dirección y se dirigió hacia allá, tenia que acabar de una vez por todas con esto.
Al llegar, se encontró con una casa hermosa, solo había visto casas así en revistas, no puedo evitar sentir envidia y lastima, se acerco al buzón, removió el anillo de su dedo y lo coloco ahí, sin nota, solo levanto la pluma del buzón. No era un monstruo, no había razón para lastimar inocentes.

-*Envidia ¿eh?, quieres tener esa casa, esa vida, lo puedes hacer toma todo, es tuyo*-
Vio de donde provenía la voz, era solo un niño no mayor de 15 años con ojos grandes y saltones.
-*Tu puedes, tener todo esto*- El chico lo pienso por un momento, podía tener su vida, podía arrebatarles todo, ser feliz. De alguna manera ya estaba dentro de la casa, no recordaba como había llegado ahí, traía otra vez el anillo de oro en el dedo anular, pero ahora de la mano izquierda.
sin ninguna razón decidió tomar un baño, se desvistió, para después meterse a la regadera de la recamara principal. Mientras el agua tibia recorría su cuerpo, pensaba en su esposa y en hijo que acababa de tener. el reflejo distorsionado del anillo lo dejo intranquilo, lo vio fijamente y reacciono. Yo no estoy casado, no tengo hijos, esta no es mi vida.
Salió de regadera confundido, con la mente hecha un caos, no sabia que sucedía. Por alguna razón que no comprendía ahora vestía un traje negro, estaba peinado y perfumado; ese perfume era el mismo que usaba Daniel. Sintió como la ira lo invadía de nuevo y la vista se le nublaba, entre la visión difusa pudo distinguir a alguien, era él, en niño.
Vio al mismo niño de ojos grandes, dentro de la casa con una mueca de felicidad.
Fue cuando se dio cuenta. Ese chico era la encarnación de la envidia, y había controlado su juicio de alguna manera.
Lo tomo de cuello y lo azoto contra suelo laminado de la recamara principal -No soy tan débil, niño-
El niño solo se quedo callado y viendo fijamente al chico, su mirada quemaba, podía sentir como si le pasaran un pedazo de metal al rojo vivo por la cara, o un soplete con la llama al máximo, no podía soportar el dolor. Pensó en sacarle los ojos al niño, pero era solo un niño, no podía hacerlo, lo tomo con fuerza del brazo y le dio la vuelta, lo puso boca bajo. Podía oler como el piso se quemaba con la mirada del niño, era demonio, era la envidia.
-Di tus ultimas palabras, niño- mientras con fuerza le sujetaba la cabellera al niño, hundiendo su frente contra el suelo
-*No me lastimes, solo te di lo que tu querías, una vida normal, la vida que siempre deseaste la vida de Daniel.
El chico se quedo callado, pensó en quedarse la casa, la esposa y al hijo.
-*Se donde están las otras encarnaciones, es lo que quieres, lo sé, libérame y te diré en donde se encuentran todos, yo los vigilo
-Eso es conveniente, ahora dime en dónde se esconden, y prometo liberarte- El niño le revelo todos los detalles de la localización de las otras encarnaciones.
Lo liberaría, pero era un demonio. -Eres libre- mientras descargaba su ira en la nuca del niño golpeo tantas veces y con tanta fuerza, que al final solo golpeaba pedazos de craneo y madera.
Uno menos.
Pensó que la entidad estaría furiosa, pudo sentir como algo en él se rompía, pensó que sería el espíritu de la entidad.
-Soy el héroe-

Esredi
Rango8 Nivel 36
hace casi 4 años

Me gusta mucho la idea. No puedo evitar hacerme preguntas sobre lo que puede estar pensando Flegias sobre el libre albedrío de su encarnación. Es una buena historia. ¡Suerte!

Ranacien
Rango9 Nivel 41
hace casi 4 años

"Heraldos del Mal". Los únicos que te hacen reflexionar. Es o no es???? Excelente relato. Deja con ganas de seguir.