MusasyAmapolas
Rango8 Nivel 39 (3073 ptos) | Poeta maldito
#1

Súbitamente despertó con las manos sobre el rostro de gesto desencajado, horrorizado por la repetición de su más sublime pesadilla donde el miedo más perfecto que podía experimentar se encargaba de ofrecerle la punzada rutinaria en lo más hondo del corazón. Los lunares de luz, colándose a través de la persiana del dormitorio, se reflejaban en el aroma de terror onírico que desprendía la gota de sudor frío resbalando por su sien. La cortina a rayas transpiraba los primeros destellos del día. El sonido estridente del despertador salpicó hasta el último instante de las paredes color verde añejo devolviéndole a la realidad mientras, una diminuta araña colgando de un aspa del ventilador parecía mofarse de él inmune al pánico.
Olía a marrón chocolate en la camiseta blanca que descansaba en el suelo, lugar donde nace toda pesadilla. El de Roberto era inestable desde hacía un par de de meses. A cada paso que daba sentía su temblor, caminaba por un terreno helado que convertía sus sueños en ventiscas de gélida tormenta. Las baldosas de su futuro se mostraban en un perfecto desajuste.

Hace alrededor de 5 años Compartir:

3

12
Vg87_
Rango5 Nivel 20
hace alrededor de 5 años

Bueno, otro "best seller" de Musas, Jajaja :)

MusasyAmapolas
Rango8 Nivel 39
hace alrededor de 5 años

jajajajaja, ya veremos... tengo mis dudas... ;)

casandra
Rango13 Nivel 64
hace alrededor de 5 años

Un comienzo muy enigmático, ya echaba de menos leerte...


#2

Lo único que parecía bien ensamblado era el brote repetitivo que nacía del pavimento cada noche para asentarse e ir creciendo en su narcosis. Intentar endulzar las horas sombrías sólo dejaba manchas en su ropa…
Se sentó en la cama y puso los pies descalzos sobre la alfombra de lana roja intentando que las piedras dibujadas en las losas no le irrigaran la menor pizca de su álgida frescura. No lo consiguió, todavía le temblaban las manos. La aprensión latía firme en sus talones y el recuerdo de su fatal delirio rutinario se engarzaba con la baja temperatura que atravesaba el tapiz escarlata.
Para Roberto, la hora de despertar significaba dificultad para inhalar oxígeno. Siempre la misma pesadilla que le dejaba sin aliento. Eterna lentitud tras el ocaso. Continua pesadez en su cuerpo delgado. Nunca facilidad. Jamás cálida costumbre. No encontraba la fluidez al abrir los ojos después del desasosiego repentino.

- ¿Qué sientes, Roberto?
- Nada bueno…
- Sabes que siempre te doy los “Buenos días”, algo debes sentir…
- Los odio…
- ¿Y a mí?
- Tú sólo eres yo…
- Entonces, ¿Te odias a ti mismo?
- ¡Ojalá nunca hubiera despegado mis pies del suelo!
- Lo hiciste Roberto… no te sigas mortificando con esa idea…
- Mi mundo dejó de ser estable desde que surgiste de los cimientos de esta habitación… ¡Podías haber caído del cielo, en lugar de acompañarme como un cruel demonio!
- Existo por y para ti… tú me trajiste a este mundo intermedio permitiéndome salir del subsuelo… - respondió el mordaz “Miedo” con un tono delicadamente irónico.

Hace alrededor de 5 años

0

6
#3

Cuando se puso en pie sus ojos se nublaron, el azúcar del chocolate nocturno ya se había disipado en su organismo, aunque su huella permanecía en la camiseta… Comer a deshoras era un mal hábito, pero no podía hacerlo de otra forma. Subió la persiana y la luz le hizo cerrar la vista. Abrió la ventana. Salió de su cuarto para tomar el desayuno y dejó allí encerrado a su espanto. Hambre en su estómago pero no en sus ganas. Se obligó a terminar la tostada sin mantequilla aquel tres de julio caluroso sobre un suelo congelado.
A las nueve treinta y cinco minutos salió para dirigirse a su trabajo en una empresa de diseño gráfico, “Imagrafismo”. Llevaba tres meses inmerso en un proyecto. Debía plantear la nueva tipografía para el producto de un antiguo cliente. Lo que verdaderamente le apasionaba era el tema de las imágenes, mucho más que las letras… pero era trabajo. En realidad, le estaba costando conseguir alguna creación que pudiera considerar buena, no porque se tratara de una labor textual sino que, desde hacía poco más de siete semanas, cada noche bajo la cama algo le esperaba en el suelo frío, en silencio, ocultándose hasta que el calor de otro cuerpo decidía marcharse de madrugada sin derretir el pavimento.
Roberto tenía treinta y cuatro años. Siempre había renegado del amor, así como del odio. Su lema era “Vive y deja vivir, pero sólo pensando en ti”. A los diecisiete tuvo una novia. Fue la única. Desde que aquella relación terminó nadie le conoció más parejas. Pero las tuvo… Amores en la sombra que jamás pasearon bajo el sol las tardes de domingo. Se jactaba de ser varonil e independiente, le gustaba pavonearse de que no necesitaba a nadie a su lado. Pisaba un suelo firme, vanagloriándose de su éxito y seguridad. Pero, por supuesto, todo era un horrible disfraz que fabricó para evitar el sufrimiento... Por la noche, jamás le faltaba compañía, a pesar de las palabras que dirigía a su entorno.

Hace alrededor de 5 años

0

4
#4

El nombre del cliente para el que debía elaborar el proyecto era “Pandemónium”, una librería especializada en literatura fantástica. Roberto alguna vez disfrutó de sus obras. No era su temática predilecta, pero pensaba que era útil saber un poco de todo. Leer cosas atípicas en tu vida desencadena temas de conversación interesantes, decía. El apelativo de aquel lugar últimamente, lejos de significar capital del reino infernal, se había convertido en la denominación perfecta para su estado.
Trabajaba en sus diseños en un intento de alejarse de su realidad mental, pero lo que comenzaba siendo el boceto de los bordes de las letras, terminaba convirtiéndose en las aristas afiladas del rostro del mayor de sus demonios. Al final de su jornada, se encontraba con varios bosquejos sobre su mesa. Ojos rojos abiertos de par en par; caras de color naranja metálico con sonrisas afiladas, de las que pinchan sin morder; tarántulas sobre una cama deshecha… Cuando se marchaba, lo último que observaba eran esos dibujos que nadie le había encargado; visiones sobre papel de su temor más profundo; alucinaciones casi infantiles de un monstruo bajo la cama. O en el armario… Perspectivas que le dejaban el olor a tomate podrido en las fosas nasales. Odiaba el tomate…
Nunca quiso dejarse arrastrar por sus emociones, pero ahora, llevaba varias batallas de desventaja en la guerra fría contra ellas. El miedo usaba espadas de acero helado, le atacaba por la espalda, sin avisar, detrás de los pocos sueños que le ofrecía el insomnio. Despegar los pies y elevarse sin querer dejó un agujero en el suelo de su dormitorio. Minúsculo, pero el terror es demasiado flexible…
El tres de julio rozaba las horas finales de una tarde calurosa. Roberto recogió su mesa, echó un último vistazo sin querer reparar en los bocetos arrugados de la papelera. Metió un “Pandemónium” rojo y negro en la carpeta gris y ató los lazos para dejarlo allí encerrado. Confiaba en la suerte de que esa noche la capital infernal no regresara con él…

Hace alrededor de 5 años

0

4
#5

- ¿Qué haces aquí? Es muy temprano…
- ¡Quería darte una sorpresa!
- Lo has hecho…
- ¿Y esa cara?
- No es nada… sólo que pareces un tomate con la cara tan roja…
- ¡Hace calor hoy! ¿Subimos?
- Mejor me esperas y ahora mismo bajo. Sólo tengo que soltar el maletín…
- ¿Estás molesto?
- Pensé que te habías dado cuenta… prefiero la noche…
- Me apetecía hacer algo diferente… ¡Es normal después de estar viéndonos durante casi dos meses! ¿No crees?
- Vuelvo enseguida…

Subió por las escaleras hasta el cuarto piso, el ascensor hubiera acelerado más sus constantes, lo hizo despacio, contando los escalones… no quería llegar arriba, tampoco abajo… La idea de la sorpresa sólo le hizo sentirse más confuso… - ¡Demonios, no ha podido esperar un par de horas!- gritaba en su cabeza. Demonios… Las palabras relacionadas con el infierno y sus derivados parecían haberse adherido a su piel, a su respiración, a su cerebro, a sus uñas, a cada uno de sus poros… Lo que alguien hizo con la mejor de sus intenciones y deseos, sólo provocó un hambre voraz del “Miedo” residente en los rincones de Roberto… Abrió la puerta y escuchó el eco de los gritos sordos del pánico en su habitación. Únicamente él los podía oír… retumbando en su mente. Las manos temblorosas soltaron el maletín sobre el sofá. No tuvo valor para entrar en el dormitorio. Se sentía forastero en aquel cubículo convertido en un averno con suelo de escarcha. Volvió a salir y justo al cerrar la puerta una gota de sudor frío resbaló dibujando un trazado sinuoso desde el lateral de su frente hasta bajar atravesando la barba de dos días o más… Cerró los ojos y escuchó el rápido pestañear de otro par que le hablaba en el silencio del rellano…

- Roberto, ¿No me dices adiós?
- Puedo superarte…
- No estoy dispuesto a marcharme.
- Pienso dominarte…
- Sólo soy tú.
- Voy a vencerte…
- Te espero después del sueño…

Hizo el camino de vuelta dejando el rastro húmedo de sus manos en la barandilla de las escaleras y los dedos de los pies inmóviles, dentro de unas zapatillas de tela sin calcetines, indiferentes al calor del temible castigo.

Hace alrededor de 5 años

0

4
#6

- ¿Dónde vamos, Roberto?
- Lejos de aquí…
- Hace calor para pasear, ¿No crees?
- El verano me deja los pies fríos…
- ¿Unas cervezas? Así se te refrescarán también las manos, ¡Estás sudando!
- De acuerdo… pero ya sabes que no me gustan las “escenitas”… Intenta disimular un poco, por favor… Aún no estoy preparado…
- ¡Eso no es lo que me demuestras en tu casa! Creo que estás listo de sobra, pero bueno… ¡Me controlaré y guardaré las ganas que tengo de besarte ahora mismo para después!
- ¡Calla Satanás!
- Mmm… También tengo alas de angelito… ya lo sabes…
- Ahora no puedo volar, mis talones pesan demasiado para elevarme y mi cabeza está en un total desorden…
- ¡Me encanta que te hagas el duro! Cuando sean más de las doce ya me dirás si vuelas o no…
- ¡¡¡Shhh!!!

Caminaron separados durante más de media hora sin rumbo fijo. Roberto miraba al suelo intentando no pisar los bordes de las baldosas de la acera, no quería caerse por ninguna grieta. Sus manos tan sólo se rozaban por casualidad al acercarse para dejar paso a los viandantes. Llegaron al destino no elegido previamente, un pequeño bar en el que nunca habían entrado. Parecía un lugar tranquilo, con pocos clientes, por lo que se les antojó idóneo para desconectar y no ser pillados si se les escapaba alguna carantoña. Pidieron dos cervezas bien frías y se sentaron en la mesa del fondo. Las luces eran bajas y brillaban con la fuerza que les restaba el exterior, todavía no había anochecido del todo. Hablaron sin hablar durante un rato, expresando todo eso que sólo saben transmitir las miradas de profundo deseo. Roberto hacía un gran esfuerzo por evitarlo, pero no podía… Por un lado, atracción carnal; por otro, infierno mental. No dejó de apretar los pies contra el suelo ni un segundo…

Hace alrededor de 5 años

0

3
#7

- El trabajo para “Pandemónium” me está costando sudores…
- ¿Todavía no has elegido un diseño?
- No consigo nada que pueda considerarse decente… y la fecha límite para entregar los provisionales al cliente es dentro de quince días…
- No te agobies, tienes mucho talento, cuando menos lo esperes surgirá una gran idea.
- Las ideas no deben surgir, hay que trabajarlas.
- Llevas tiempo trabajando en ello, tranquilízate…
- Eso es lo que no tengo contigo… tranquilidad…
- ¿Ya te has enamorado de mí, entonces?
- ¡¡¡Shhh!!! No intentes enredarme…
- Yo tampoco esperaba esto y lo sabes.
- ¿No esperabas qué?
- Engancharme a ti de esta manera…
- Pues lárgate… no me interesa llegar más lejos…
- Roberto, cálmate… hay cosas que se nos escapan… Los sentimientos son animales salvajes a los que no se puede enjaular… No importa que seas hombre o mujer…
- No soy como tú.
- No pretendo que lo seas… me gustas así…
- ¡¡¡Shhh!!!
- …Incluso cuando frunces el ceño y me mandas callar…

Se mantuvieron ocultos en aquel rincón durante casi dos horas. Esperaron a que la luz amarillenta de las farolas matizara el color pasión de sus mejillas. Tras varias cervezas decidieron salir y recorrer el camino hasta el piso de Roberto sin juntar las manos. Caminaron separados compartiendo un mismo deseo. Ganas de elevar los pies del suelo. Ansias de fundirse a través del tacto. Hambre de anexionarse. Avidez por reunirse en aquel averno con suelo de escarcha. Pero la libertad de Roberto era diminuta y fugaz, una losa de miedo atada al zócalo de su cuerpo le impedía despegar… Sólo se permitía una pequeña licencia para sentir, durante el lapso nocturno en compañía. Solamente mientras duraba ese trozo de tiempo que anticipaba a su demonio rutinario.
Atravesaron el portal y se deslizaron hacia arriba por las escaleras, la intimidad del ascensor era peligrosa. Roberto comenzaba a sentirse ligero y hacía fuerza para pisar firmemente… Ardua tarea… Se adentraron en el oscuro cubículo sin encender la luz, no era necesario dejar a la vista la brecha del suelo por la que saldría su maligno camarada, el cual, mientras escuchara el latir de otro ser, no se atrevería a aparecer.

Hace alrededor de 5 años

0

4
#8

Roberto se quedó solo siguiendo sus propias reglas, despidiendo a su acompañante sin levantarse de la cama. Una vez escuchó cerrarse la puerta salió de la oscuridad y se dirigió a la cocina para coger un trozo de chocolate. Pequeñas migajas cayeron en su camiseta. Se la quitó y la lanzó al suelo. Intentó darse prisa y aprovechar el cansancio para tomar ventaja a la punzada que sabía que le volvería a visitar. Cerró los ojos en el silencio que, más tarde, sería manchado por el ardiente “Miedo” que siempre regresaba para dejarle los pies fríos. Esta vez el hielo podría quemarle… aquella noche se sintió demasiado volátil, volvió a levitar casi hasta rozar el techo sin escuchar cómo se resquebrajaba el pavimento. Quizás se estaba acostumbrando al olor a tomate podrido… Quizás la rutina de su pesadilla le asustaba un poco menos… Para vivir debía sufrir y, tal vez, la inseguridad de su suelo estaba provocando la firmeza en sus ideas… Comenzaba a tolerar a sus demonios y a esperarlos para atacarlos de frente.
Súbitamente despertó con las manos en el pecho. Se las llevó hasta el rostro que no presentaba muecas de horror, más bien lo contrario, una leve sonrisa de satisfacción se esbozaba en el terreno de hebras oscuras que nacían de su piel. Se percató de que lo que le había devuelto al desvelo era el sonido de su teléfono…

- Darío, ¿Estás bien?
- Sí, claro, no te preocupes… Sólo quería volver a darte las buenas noches, aunque ya casi es de día…
- Pues… ¡Buenos días!
- Pero… ¿Y ese buen humor? ¡Estás enamorado!
- Shhh…
- Por cierto, cuando abrí la puerta me encontré un tomate podrido en el rellano, olía fatal… Tuve que sacarlo y echarlo a una papelera de la calle…
- Ya decía yo… Se habrá rendido por fin…
- ¿Qué dices?
- Nada… no es nada…
- Se habrá caído de la basura de algún vecino…
- Tal vez…
- Roberto, descansa el ratito que te queda. Nos vemos esta noche.
- De acuerdo. Buenas noches…

Hace alrededor de 5 años

0

4
#9

Roberto se tumbó en la cama estirando hasta la sonrisa, algo confuso por no tener noticias de su “Pandemónium” particular, pero bastante aliviado a la vez. Se dejó llevar por sus pensamientos. Reflexionó mientras el amanecer aparecía dejando atrás a sus demonios. La escarcha del suelo, tan atípica de un mes de verano, comenzó a deshacerse. El miedo se convirtió en vapor escapándose por la ventana abierta de su dormitorio. Los rostros del averno se quedaron solamente en sus dibujos… Se dio cuenta de que las pesadillas nacen del suelo… pero también se cercioró de que fue él mismo quien las permitió salir de las grietas con cara de demonio. Y todo por querer ocultar su verdadero yo, por mostrarse ante la vida con una sonrisa pintada sobre un disfraz. Aprendió que su miedo sólo era un Roberto inseguro que temía ser rechazado. Pero era él quien se rechazaba…quizás por una frase grabada a fuego en su alma. Recordó las palabras de su padre: “Los hombres deben ser hombres, nunca tomates podridos”. Apretó con fuerza las mandíbulas y lloró como un niño. Le dolía el pensamiento de su progenitor…
Miró a la pequeña araña que colgaba del ventilador apagado y sonrió entre lágrimas. Una sonrisa sincera apuntando hacia un insecto que parecía ajeno a todo, y sin embargo, le hizo darse cuenta de que no estaba solo.
Tranquilo y decidido a volar junto a Darío, tumbado, con un rayo de sol que le calentaba los pies, de repente, una idea le atravesó el pensamiento como un disparo que da en el centro de la diana. El diseño para “Pandemónium” comenzó a tomar forma en su cabeza. Colores negros, rojos y blancos, letras en movimiento, arañas sonrientes…
El infierno es un lugar tan accesible como el cielo, sólo es cuestión de elegir dónde queremos estar. Avernos con suelo de escarcha o cielos que arden… Dónde, cómo y junto a quién queremos compartirlo es nuestro trabajo. Cada uno es dueño de las grietas de sus baldosas y propietario de sus miedos. Roberto decidió levitar y dejar huérfano al mayor de sus demonios.

FIN

Hace alrededor de 5 años

3

4
Eva
Rango3 Nivel 11
hace alrededor de 5 años

Me ha encantado.
El nombre "Darío" no me ha sorprendido, pero sí el cambio repentino de Roberto.
He disfrutado leyendo.

MusasyAmapolas
Rango8 Nivel 39
hace alrededor de 5 años

Eva, me alegra saber que te ha gustado la historia!!!
Muchas gracias por comentar!!!
Nos leemos!!!

casandra
Rango13 Nivel 64
hace alrededor de 5 años

He querido volver a leerla de un tirón porque me costó entenderla a trozos. A mi también me ha sorprendido el nombre de Darío. Pero me ha encantado la descripción del miedo, cómo surge, cómo nos absorbe y nos paraliza. Muy bueno el relato, eres grande, Musas.