Hileret
Rango7 Nivel 32 (1840 ptos) | Autor novel
#1

Una carta.
Una carta en un sobre blanco arrugado me devolvía la mirada.
Sin ningún emisor... sin ninguna dirección...
Solo con el receptor.
Yo, Dante Cohen.
Debo decir que no entiendo porque ahora mismo estoy en el salón, mirando fijamente esta estúpida carta. Tengo mejores cosas que hacer, la verdad. Pero algo... llamó mi atención.
Llevo horas pensando.
¿Tirar esta carta a la hoguera?
Posiblemente.
¿No leerla?
Sería lo más apropiado... ¿no?
Pero cada vez que tocaba el papel blanco y mis dedos rozaban el celo, un rayo eléctrico corría por mi brazo.
Llevo horas esperando.
Y si sigo así, podrían pasar incluso días.
Soy Dante Cohen. Yo no leo cartas. Pero... tampoco las recibo.
Soy Dante Cohen. Yo quemo todo lo que no me gusta. Todo lo que me da miedo.
Pero esta carta no hacía eso.
Solo despertaba mi curiosidad.
Y la curiosidad... mató al gato.

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9

34
Yellow
Rango4 Nivel 15
hace más de 4 años

Epico *-*

Howl
Rango1 Nivel 4
hace más de 4 años

Como dice escritor_3229 es bastante epico ( ͡° ͜ʖ ͡°)

Fluoxetina
Rango9 Nivel 40
hace más de 4 años

A ver qué tal continúa! Me echas un vistazo? Tengo dos en concurso!

Hileret
Rango7 Nivel 32
hace más de 4 años

Ahora mismo te visito!!!!

PAK
Rango8 Nivel 39
hace más de 4 años

Me gusta me deja intrigado animo!!


#2

Hola.
Si, hola. Soy el extraño que te acosa y te manda cartas.
Realmente no sé como empezar esto. Y no sé como te gustaría que empezara. Pero seguramente ahora estés preguntándote ¿Quién coño es este tío? ¿Y por qué no para de mandarme cartas?
Evidentemente podría responderte. Pero... hoy no tengo ganas, la verdad.
Realmente no puedo decirte quien soy o lo que hago, no puedo decirte como te conozco y como me conocerás. Incluso no puedo decirte ni blanco ni negro, ni si ni no.
Hay reglas.
Supongo.
Yo te conozco a ti. Eso es lo que realmente importa.
O bueno...eso es lo que creo que debería importar.
Te conozco desde hace días, semanas, meses...incluso años. Mucho tiempo.
En conclusión, un coñazo.
Podría decir incluso, que te conozco mejor, de lo que hacen tus padres.
Sé todo sobre ti.
Conozco tus pesadillas y tus sueños. Lamentablemente.
Tus mas ocultos deseos y odios.
La mayoría de días malos que vives y los pocos buenos que realmente deberías de vivir. Como hacen los demás.
Se podría decir, si me permites. Que te conozco de toda la vida.
Hace tiempo que averigüé tus formas de ser y... sus consecuencias.
Y sé, que realmente no me harás caso. Porque claro...
¿Por que deberías de hacerle caso a un extraño?
¿A una persona que no conoces en nada?
¿A una carta sin emisor?
¿Incluso, a alguien inexistente?
No deberías, la verdad.
Yo, si fuera tú. Y estuviera en tú lugar. Jamás leería una carta así. Es más, no sabría, porque habría recibido una carta, si estamos en el siglo XXI y eso pasó de moda. Pero seamos realistas, querido Dante.
Yo no soy tú.
Y tú no eres yo.
Y la cosa aquí, es que soy yo el que escribe esta carta. Y eres tú el que la está leyendo folio tras folio... ahora. Si claro, no la tiraste ya a la basura y le prendiste fuego.
Cosa que no me sorprendería, que hicieras tarde o temprano.. Y te aviso, como llegó esta carta. Llegarán más. ¡Muchas más! A millones. Podrías hacerte rico solo con vender los sobres de estas.
Me compadezco del papel. Me costó mucho encontrarlo.
Ahora enserio. A lo que estamos, mi querido Dante.
Sé lo que harás ahora.
Y sé lo que tienes planeado hacer después.
Pero...
¿Tienes pensado lo que harás mañana...?

PAK
Rango8 Nivel 39
hace más de 4 años

me gusta da que pensar...

Yellow
Rango4 Nivel 15
hace más de 4 años

OMG es epico , vas a ganas ;)


#3

Aparto la mirada y siento mi corazón latiendo a mil. Mis manos tiemblan y no pueden evitar arrugar el papel con la tinta negra.
Tranquilo. Es solo una carta. Es... solo... un papel que ha escrito un loco... ¿Verdad?
Sí, sí... Tiene que ser eso.
Solo eso...
Miro a mi alrededor con el corazón a mil y la mirada nerviosa. Las paredes de color crema me rodean y el olor de los sofas de cuero llega hasta mi nariz.
Sin poder evitarlo, mis ojos miran la caja de cerillas de la mesa. Y una sensación reconforante me invade.
Podría quemar la carta y estaría todo solucionado... ¿No?
¿No sería lo mejor? Y... si no lo es... ¿Qué debería hacer?
La caja, de color amarillo, me llama. Quiero cogerla y quemar la carta. Pero no solo eso. Quemaría todo. Los sofás, las paredes, la casa... Todo.
Respiro, y sin darme cuenta, libero tensión que hay en mis manos.
Una vez leí un libro en el cual el protagonista se divertía quemando cosas. Miles y miles de cosas. Empezó por baratijas. Folios, cajas de cartón, lapices... Pero mientras el objeto se hacía mas grande, la diversión... Aumentaba. Bien lo sé yo. Hasta que un día, se le pasó por la cabeza la estúpida idea de quemar una casa abandonada. ¡Una casa! Ni yo sería capaz de hacer eso.
Se fue él solo al campo, con su caja de cerillas, y caminó y caminó lo más lejos que pudo de la ciudad, y cuando encontró la casa más vieja y podrida del mundo, simplemente encendió la cerilla y la tiró.
Sin más.
El propio chico se asustó, cuando el edificio ardió en llamas. Pero a la vez se emocionó, sintió como si las propias llamas le quemasen a él también y eso... casi le mató, para ser sinceros.
El placer mata. Eso siempre será así.
No puedo evitar preguntarme... qué sentiría yo... al quemar este estúpido papel. Tal vez me convertiría en ese niño, que veía con sus pequeños ojos una construcción hecha con esfuerzo, caer con tan solo una llama.
Tal vez...
Tragando con dificultad, me levanto, cojo la caja y sin pensármelo dos veces, la tiro con todas mis fuerzas contra la pared.
Lejos de mi.
Lejos de todo.
Con cuidado, me siento en el sofá, y delicadamente, coloco el primer folio arrugado de la carta encima de la mesa.
Era la prmera carta de muchas, y vendrían muchas más cartas, de la primera.
El mismo loco lo había afirmado, ¿no? ''Si quemas esta carta, no te preocupes, te ahogaré con copias y copias igualitas a esa''
¿Que elección tenía?
Pero en sí... este juego no trataba de eleccioness... sabía exactamente lo que ponía la carta a continuación... y eso... me aterraba.
Por alguna extraña razón, lo podía intuir. Como cuando intuyes que algo va mal, o cuando te levantas por la mañana y crees que eres capaz de hacer todo y que nada será capaz de pararte. Nada. Sin darte cuenta, de que el único muro realmente eres tú mismo.
Irónico...
Sabía qué diría la carta. Lo sabía. Y a la vez, no quería saberlo.
Pero estaba esa chispa, sí. Dante tenía una chispa. Muy pequeñita, pero la tenía.
Podía no tener piedad, podía no tener sentimientos. Pero sí tenía algo... y ese algo era un cerebro.
Y a parte de eso, un corazón.
Cojo aire y lleno mis pulmones con oxígeno.
Noto la tensión envenenando mis músculos, y por alguna extraña razón, escucho esa canción.
Esa maldita melodía que no puedo quitarme de la cabeza. Días y noches escuchando ese violín, sintiendo sus cuerdas siendo rozadas...
Y ese arco de madera, creando, simplemente música.
Sin poder soportar el nudo en mi garganta, que cada segundo se aprieta más, cojo el segundo folio del sobre blanco.
Me acomodo en el sillón y miro mi reloj de pulsera. Es la una de la tarde.
Me quedan tres horas.
Solo tres horas, para leer la carta.
Solo tres horas, para prepararme.
Solo tres horas... para despedirme de Dante Cohen. Y todo lo que eso conlleva.
Solo tres horas... hasta que él venga...
Y sin pensarlo dos veces agarro el folio, y leo.

Evelyn_T
Rango4 Nivel 17
hace más de 4 años

Wow, me muero de curiosidad ;33 (pd:linda foto de perfil <3 gatos~).

IreneaGR
Rango7 Nivel 32
hace más de 4 años

Ayyyyy!!! Síguelaaaa!

Yellow
Rango4 Nivel 15
hace más de 4 años

Sigue siendo epico ! O_O


#4

1º hora:
¿Adivina adivinanza, que sera sera lo que te da vida, pero también te mata?

Tú conoces la respuesta mejor que nadie. Lo presiento.
Tú eres Dante Cohen, y Dante Cohen lo sabe todo.
Si piensas que eres especial, te diré, que yo también conozco la respuesta para esa adivinanza.
Es fácil.
Solo debo repasar los capítulos de tú vida, y podría sacar una conclusión.
Y aunque no lo parezca, también lo recuerdo.
Puedo recordar el olor agrio que venía por la puerta de la entrada y quemaba mi nariz.
Los gritos familiares impregnados con insultos y descontrol.
Y la música.
Si me permites decir, lo que mas me gusta recordar es la música.
Todavía me reconforta escucharla cuando voy a dormir o paso malos momentos. Como tú, Dante Cohen.
Creo que las cosas pasan por un porque. ¿Sabes?
Si te mata un cazador, eres alimento para él.
Si alguien pierde un billete y un pobre lo encuentra, tiene dinero para poder cenar.
Si un escritor no sabe que escribir, y presencia un secuestro. Ya tiene una idea para relatar en sus novelas.
¿Ves? Todo pasa por un porque.
Y lo que te pasó a ti. Fue ese gran porque.
No me malinterpretes, sé que para ti no tuvo ni una pizca de gracia. Lo comprendo.
Pero...te paraste a pensar algún momento... que hubiera pasado...
Si ese 20 de abril.
Esa tarde lluviosa, ¿no hubieras salido corriendo de tú casa?
Si ese hombre, si ese padre. No hubiera entrado por la puerta como hacía todos los días a desahogarse con lo primero que encontraba.
Tú.
Tenias la espalda y todo el cuerpo echo un mosaico y sabías, que si te volvía a golpear de la misma forma salvaje que lo hizo el día anterior no sobrevivirías.
Por eso te escapaste.
Por eso hiciste lo que hiciste.

Abro lentamente la puerta y me asomo por un lateral. Las luces de la casa están apagadas. Y parece, que no hay ningún alma por aquí.
Con cautela acomodo mi maletín sobre mis hombros y entro en la casa. Tengo poco tiempo.
Con cuidado, camino hacía mi cuarto y cierro la puerta con llave.
Tengo que darme prisa.
Dejo el maletín sobre la cama, y me agacho debajo de esta, para sacar una mochila de tela mucho más grande.
La coloco en medio del cuarto, y sin pensármelo dos veces, meto todo lo necesario.
Ropa, libros, dinero, comida que escondí ayer por la noche... Todo.
La mochila de tela verde se va llenando cada vez más y cuando creo que está perfecta la cierro.
Miro a mi alrededor para ver si me falta algo. Todo parece estar en su sitio. Veo fotos de mi por las paredes. Carteles, libros aburridos en las estanterías, y las sabanas bien puestas en la cama.
Eso me dará tiempo.
Cuando vea que el cuarto está normal, ira por toda la casa a buscarme, y digamos, que mi casa no es muy pequeña.
Mis ojos se posan en el espejo de cuerpo que hay colgado enfrente mio, y un nudo se aprieta en mi estomago.
Mi aspecto es peor que el que esperaba. Mi pelo marrón oscuro esta enredado y sudado. Mis ojos marrones ambarios están morados por los puñetazos y mi labio esta partido.
Se que si me quitara la camiseta, lo único que vería sería piel morada o incluso negra.
Con el estomago a punto de echar el poco alimento que pude comer cojo una manta y tapo el espejo.
No quiero verme más. No así.
Todo esta listo, ahora solo queda...
Un ruido llama mi atención, pisadas.
En el pasillo.
Mi corazón se para cuando siento que el manillar de mi puerta se mueve desesperada mente.
No puede ser... ¿ya esta aquí?
Me quedo petrificado en mi sitio, no sé que hacer. Si hago ruido, tirara la puerta de una patada y no lo contaré. Si salgo por la ventana, me vera por el pasillo que conecta con el patio y me perseguirá.
Y si no hago nada... si no hago nada.... estoy muerto.
-Dante, soy yo. - susurra la voz de una mujer.
Mi cuerpo se tranquiliza y mis músculos se relajan. Es ella.
Con cuidado, me desplazo por la habitación, sin mover nada. Y abro la puerta.
Una mujer pequeña, de pelo rubio y ojos azules me mira con cara angustiada y nerviosa. Mi madre.
-¿Lo tienes todo preparado? - pregunta nerviosa.
Podía percibir el miedo en su postura, cuando tocaba sus manos así, como si quisiera arrancarse la piel, significaba que estaba nerviosa. Y mucho.
Podía ver y distinguir cada herida en cada uno de sus dedos.
Agarrando sus manos las separo y las agarro con las mías.
-Para de hacer eso, te harás daño.
Ella me devuelve la mirada con sus ojos llenos de lagrimas.
-¿Lo tienes todo? - pregunta de nuevo evitando sollozar.
-Si, lo tengo todo mamá. - susurro.
Su pequeño cuerpo empieza a temblar, porque sabe lo que pasará ahora y yo sé lo que viene a continuación.
-Mamá...
-Tienes que irte ya. - Dice dándose la vuelta para evitar que la vea llorar – tienes que irte ya.
Ella siempre es tan orgullosa...
Con miedo me acerco por detrás y la abrazo.
-No te puedo dejar aquí... si te quedas... él... él... no sé que te podría hacer...
Ella se da la vuelta y me abraza con todas sus fuerzas.
-No te preocupes cariño. Simplemente, vete. No mires atrás. Si lo haces, el ira a por ti.
La abrazo con fuerza y ella se estira y besa mis mejillas.
Un ruido llama nuestra atención y vemos como la puerta de la entrada se abre lentamente.
Con una mirada de terror, mi madre me mira y me empuja dentro de mi cuarto cerrando la puerta con llave.
-¡Mamá! - grito pegandole golpes a la puerta.
¡No puedo dejarla ahí!
-¡Mamá!
-¡Dante vete ya!
Oigo detrás de la puerta unos pasos pesados, y el ruido de algo siendo arrastrado. El cinturón.
-¿Donde está el chico? - pregunta una voz grave y dura.
-Él se ha ido – contesta mi madre con veneno en su tono de voz.
-¿Como has dicho?
-¡Se ha marchado!
Todo queda en silencio, y entonces, este es cortado por algo partiendo el aire.
Y un golpe fuerte da contra mi puerta.
-¡Sal de hay ya niñato! ¡Quiero que juguemos un rato! ¿No quieres?
El terror me inunda y sin pensármelo dos veces, me giro y agarro con fuerza la mochila. Entrara en cuestión de segundos. Debo irme de aquí rápido.
Ahora.
Mis ojos miran rápidamente la habitación y se posan sobre una caja.
La agarro rápidamente y metiéndomela en el bolsillo del pantalón, levanto la ventana y salgo por ella.
Dejando todo atrás.
Dejándola a ella atrás.
Dejandole a él atrás.
Avanzando yo solo.
Como siempre.

MiriamTradu
Rango7 Nivel 33
hace más de 4 años

Me gusta sobre todo esta parte. La anterior me desorienta demasiado, sé que en parte es a propósito, pero me cuesta seguir el hilo

Hileret
Rango7 Nivel 32
hace más de 4 años

Esa es la idea. Quiero que la gente saque conclusiones que después no sean correctas, y si sacaba esta parte antes, podía fastidiar la historia. Siempre, en cada historia, debe a ver relleno. Lo más importante, es el relleno.


#5

2º hora:
¿Adivina adivinanza que será será lo que la felicidad no cambia?
Puede que sea cruel, pero todo pasa por algo. Y yo, me muero de ganas por saber cual fue tu algo ese día.
Si fue tú padre, o fue el edificio en el que te metiste.
No lo recuerdo, como ya he dicho, hay cosas que simplemente, mí mente ha borrado y ahora me mata la curiosidad por obtener respuestas, como tú.
¿Qué tal si buscamos las respuestas juntos?

Camino sin un rumbo fijo por la calle vacía. Si hubiera sabido que iba a llover habría cogido una chaqueta con capucha o algo...
Pero no se puede pensar en todo.
La lluvia fría cae encima de mí, y congela mi piel. Y ahora... qué?
No puedo volver. Si llegara a hacerlo, se que no volvería a salir de hay con tanta suerte. Y lo de hoy, ha sido por los pelos. Si hubiera entrado en el cuarto unos segundos mas tarde...
Déjalo, me digo a mi mismo mentalmente. No puedo hacer nada más. Si vuelvo, no volveré a salir.
Si voy a por mamá, ella no querrá venir conmigo. Todo este tiempo, aunque me haya defendido de él, ella siempre se quedaba.
No sé si era por amor, cosa que dudo. O si era porqué simplemente, alguien debía quedarse.
No lo sé.
Camino por las calles gélidas con mi mochila colgando de mi hombro. No puedo ir a la casa de nadie a estas horas de la noche, y menos puedo meterme en un hotel...
Y si duermo en la calle, no sé donde despertaré mañana.
Mi mirada recorre todos los establecimientos del alrededor, cuando algo llama mi atención.
Un edificio. Grande, con las luces encendidas. Me acerco lentamente y miro el cartel de arriba brillante.
''Conservatorio la quinta estrella''
La...Quinta estrella?
Miro hacía el interior y veo una recepción sin nadie, pero con las luces encendidas. Y sí...?
No.
Es una locura.
No puedo meterme en cualquier edificio con la escusa de ''afuera hace frio''
Es estúpido y además, me echaran.
Una brisa gélida me da de golpe tirando mi mochila sobre un charco de agua.
Estupendo.
Me agacho y la recojo, está empapada. Miro de reojo el edificio de nuevo y suspiro.
Conservatorio. Haya voy.

No fue tan complicado entrar después de todo. Solo tuve que empujar las puertas de cristal y esconderme en un pasillo que debo decir, está muy calentito.
No había ningún alma, pero podía escuchar conversaciones y instrumentos sonar.
Aprieto los dientes cuando oigo como una cuerda chilla y mis pelos se ponen de punta. Odio este sitio.
Cansado me siento en una silla y apoyo mi cabeza en mis manos. Tarde o temprano me descubrirán y no podré ir a ningún otro lugar.
Suspirando agarro mi pelo marrón y tiro de el con fuerza. Muy bien Dante, te has metido tú sólito contra la espada y la pared.
Sin darme cuenta, unos pasos se oyen por el pasillo y antes de poder evitarlo, una mujer mayor, con cara de pocos amigos se pone enfrente mio.
-¿Qué haces aquí, chico? - Dice ella con veneno en su tono de voz.
Enserio, he visto a gente fea, pero está mujer, si fuera a un concurso de feos quedaría en el primer puesto.
Podía sentir como las verrugas de su frente me devolvían la mirada y sus dientes montados unos encima de otros me saludaban con su color amarillento podrido.
Precioso.
-Perdone?- acaricio mi cabeza un poco confuso, solo mirarla una vez me ha dejado realmente tonto.
-Como veo que andas un poco desconectado, lo volveré a repetir, ¿Qué haces aquí jovencito estúpido? - musita dándome con un bastón de madera que no había visto antes en la pierna.
Aparto la pierna con delicadeza, y le dedico mi mejor sonrisa a esa cara de ogro.
-Bueno, me aburría en la calle y decidí entrar a ver las paredes. ¿Sabe usted que en cada pared de este conservatorio hay unas 20 manchas de musgo? - Digo sonriente – No quiero decir que este conservatorio este sucio ni nada, solo... que las vistas son realmente hermosas.
La cara de ella cambia a enfado en cuestión de segundos y antes de que me de cuenta, levanta su bastón y me da en la mano.
-¡Vete de aquí antes de que el próximo golpe sea en un lugar muy apreciado para ti! -Dice levantando el bastón otra vez.
Maldita vieja.
Antes de que me levante y decida que hacer. Una chica se acerca corriendo hacia nosotros. Lo primero que puedo apreciar, es su pelo rubio y sus ojos marrones mirándonos con confusión. Ademas de un estuche grande que lleva en la mano. Estupendo, ahora tenemos a una violinista para darnos banda sonora.
-¿Que pasa aquí? - pregunta confusa mirando a la anciana.
-¡Este chico ha entrado sin permiso en el conservatorio como si fuera su propia casa y me ha dicho a la cara que las paredes están llenas de musgo! ¡a mí! - chilla la mujer mirándome con odio.
-Señora, seamos sinceros. Si no se lo digo yo, no se lo dirá nadie. Mejor saberlo de un extraño ¿no cree?
No puedo ocultar la risa cuando sus ojos se encienden con rabia y vuelve a levantar el bastón.
-Annie ¡Basta! - Chilla la chica, agarrando las manos de la anciana antes de que está me de con el bastón... en cierta zona...
La chica le saca el bastón a la vieja y la aleja de mí.
La anciana se gira hacía la chica con desesperación.
-¡Encárgate de él, Saler. Yo no puedo! - Grita, agarrando su bastón y llendose por el pasillo sin darse la vuelta.
El pasillo de repente queda en silencio, y no sé que hacer. Mi mirada va hacía la chica que, por alguna razón, también me mira.
-Ya me voy.
-Sería lo mejor.
Sonrío.
-Dale mi adiós a esa vieja.
-Creo que si lo hiciera, el conservatorio explotaría.
-No estaría mal.
-La verdad es que no.
Los dos nos miramos, y después de unos segundos reímos sin ninguna razón en especial.
Me levanto lentamente y recojo mi mochila, ella hace lo mismo, pero con el estuche de su violín.
-Tocas aquí – pregunto con curiosidad.
-La verdad, es que sí.- Dice sonriente mientras se coloca a mi lado, es unos centímetros más baja que yo. - Y esa mujer, a la que acabas de... desesperar, es mi profesora.
Sin poder evitarlo, suelto una risa. Cuando la miro, ella me mira seria.
-Qué quieres que hiciera? Solo con verla, ya me ha echo crear una lista negra.
-Una lista negra?
-Sí , una lista negra en la cual solo pone Annie, Annie, Annie...
Ella se ríe y después mira hacía atrás en el pasillo.
-Bueno, será mejor que te lleve a la entrada antes de que vuelva, porque si vuelve, ten seguro que traerá con ella una motosierra o algo por el estilo.
-Por supuesto, llévame a la entrada madame.
Ella sonríe de nuevo y camina por el pasillo adelante de mí. Yo la sigo obediente. Sé que si salgo, tendré que buscarme la vida, pero polo menos podré recordar este bonito recuerdo infectado por la cara de esa horripilante mujer.
Cuando llegamos, la chica se gira de nuevo y me mira.
-Pues ya estamos.
-Sí – respondo mirando un poco nervioso la puerta de cristal – ya estamos, aquí, al lado de la puerta.
Me sonríe, pero nota que me pongo tenso cuando el aire entra por la entrada y me da de lleno.
-Qué pasa?
-Nada.
-Nada?
-Nada.
-Bueno, si no te pasa nada. Deberías irte ya – Dice molesta.
-Sí – respondo algo dolido.
En ese momento, de una puerta que está al lado del pasillo, entra de nuevo la vieja.
Señores y señoras, el retorno de un ser maligno que les matara con una sola mirada. ¡El retorno de vieja ogro! ¡Qué con tan solo una mirada, puede dejarles ciegos!
La mujer, mirándome con odio, se acerca a la entrada y ignorándome a mí, mira a la chica.
-Mañana por la mañana, ¿vendrás? - pregunta con su tono de vieja.
-Pues claro – Dice la chica recuperando esa luz con la que me habló antes.
-Muy bien, practicaremos una pieza de un músico famoso y te necesito si no te...
antes de que acabe, me pongo al lado de la chica y miro a la vieja a la cara.
-Disculpe?
Ella me ignora y sigue mirando a otro sitio.
-Disculpe? - vuelvo a preguntar.
-Qué? - Dice ella molesta.
-Cuantos años tiene?
-Perdona? - Dice sorprendida – Muchacho. ¿Sabías que está mal preguntarle su edad a las personas mayores?
Yo sonrío con superioridad, casi crueldad y la miro con una expresión tranquila.
-Se ve que no quiere decírmela porque es tan vieja que no quiere aceptarlo ni usted misma- su cara pasa de sorpresa a dolor, y por alguna extraña razón, me encanta. -No se preocupe, mujer mayor, no volverá a verme el pelo por aquí jamás.
Y antes de que alguien pueda decir algo, o el silencio sea cortado por palabras, salgo de ahí.
No debía a ver entrado.
Nunca debí a ver entrado.

Afuera, en la calle. El frio me vuelve a golpear y subo la cremallera de mi cazadora para ver si así consigo más calor, pero nada.
Unos pasos suenan detrás de mí y me giro. Me quedo sorprendido cuando veo a la chica rubia detrás de mí, mirándome con el ceño fruncido. ¿Qué quiere ahora?
-¿A que vino eso?
-El que? - pregunto, evidentemente molesto.
-Lo de adentro. - musita ella.
-Solo fue una muestra de caridad, nada más. Si me tocas las narices a mí, es como tirarle de la cola a un perro. Haré cualquier cosa para morderte.
Ella me mira con confusión y yo no pretendo explicárselo, así que me giro y empiezo a andar. Pero no es tan fácil, pues ella me sigue.
-Y... ¿Ahora a donde vas? ¿A un banco a preguntar si los diamantes son reales?
Sonrío sin que me vea y digo:
-Pues aunque no te lo creas, preciosa. Ahora mismo no voy a ningún sitio en concreto.
-¿A ningún sitio?
-A ningún sitio.
-Debe ser aburrido.
-No tiene porqué – musito entretenido por la conversación – puede ser divertido no ir a ningún sitio en concreto.
-Pues vale. - Dice bostezando. - Yo me voy a mi casa.
-Te vas?
-Me voy. - Dice mirándome fijamente, después agarra su estuche, acomoda su chaqueta negra y me mira una ultima vez.
-Adiós. - Después echa a corren en frente sin siquiera esperar mi respuesta.
-Adiós. - susurro algo apagado.
Podía distinguir su cabello rubio volar. Su estuche negro balancearse sobre su brazo. Su pequeño cuerpo alejándose.
Y por alguna extraña razón, no había notado que la lluvia había parado. Pero si había notado algo.
Había notado que mi corazón se paraba.
Cuando ella se fue.

Hileret
Rango7 Nivel 32
hace más de 4 años

Sé que hay muchas faltas de ortografía como los signos de exclamación o interrogación, pero deben entender, que el texto era muy largo, y, en que tuve que cortar medio texto, sacar un millón de palabras y quitar muchas cosas, quedó así. Lo siento mucho, porqué creo que costará mucho más leerlo, pero no puedo hacer otra cosa. Una vez mas, mil perdones.

pukk
Rango8 Nivel 38
hace más de 4 años

Aunque tenga faltas de ortografía me encanta tu relato. Me parece muy original, y a medida que lo leo, mantiene mi interés constantemente. Me gustaría saber quién escribe las cartas...


#6

Creo que todo empezó en ese instante. Dicen que un minuto puede cambiar toda una vida. Yo digo, que un edificio, puede llevarte a tomar malas o buenas decisiones.
En ese instante fue cuando te desviaste de tú camino Dante, no sé si para bien o para mal.
Solo sé, que fue ahí.
Justo en ese momento.
Justo en ese instante.

Saler.
Saler.
Así se llamaba.
Cuando me desperté en mí cama, lo primero que vino a mi mente fue eso. Esa extraña palabra, que por alguna extraña razón, no podía olvidar.
No sabía lo que significaba. Pero ahí estaba.
Lentamente me levante confundido de la cama y me senté. Miré mi cuarto de reojo y pude apreciar, todas mis fotos rotas, mis postérs arrancados, el espejo de la pared partido con cristales salidos por todos lados...y mi mochila tirada en el suelo. En conclusión, toda la habitación echa un desastre. Mi habitación.
Sí, estaba en casa. Ayer por la noche a altas horas de la madrugada recogí todo el valor necesario que quedaba en mi y decidí entrar por la ventana por la que había salido anteriormente y me sorprendí a mí mismo cuando nadie se percató de que había vuelto.
Nadie.
Parecía que había entrado a una casa abandonada.
Asustado, fui a ver si mi madre estaba en su cuarto. Y al verla en su cama, sin ningún moretón o golpe, me alivie. No había notado que estaba nervioso.
He sentido toda clase de alivios, como cuando no haces los deberes y el profesor no te pregunta, o cuando no estudias un examen y apruebas por arte de magia.
Pero esa clase de alivio, que me inundó en ese instante, fue como un torbellino llevándose todo.
Nunca me sentí más raro.
Mi madre para mi era mi todo, y sin ella, yo simplemente era nada.
Cuando este infierno que vivía en casa empezó. Simplemente me dedicaba a protegerla a ella.
Y eso digamos... que no le gustaba nada a mi padre. Ni un pelo.
Pero yo la protegía, y a él, le daba igual si la pegaba a ella o me pegaba a mí. Solo eramos sacos de boxeo para él. Por lo cual, con el paso del tiempo fui tomando el cargo.
Sí el quería desahogarse por algo, venía corriendo a casa y me pegaba unos cuantos puñetazos que con el tiempo dejaron de dolerme.
Cuando vio, que sus golpes no me afectaban en absoluto, pasó de nivel y en vez de usar sus puños, usaba su cinturón. El cual, me costó mucho más tiempo asimilar. Prefería ser yo el que recibiera en vez de mi madre.
Siempre preferí eso.
Pero la cosa no se quedó ahí. Él quería más y más. ¿Y que mejor forma para desahogarse había?
El siguiente nivel.
El tercero.
No se bastaba con darte unas pocas veces, ahora cogía cualquier cosa, te daba en cualquier parte del cuerpo y no paraba hasta que la furia desapareciera.
Este era el peor nivel, y del que nunca pude acostumbrarme. Cuando me golpeaba así, pasaba días en la cama, no podía comer porque me dolía todo y mis huesos no querían responder. Mi madre a veces suplicaba para llamar a un médico.
Pero no.
Yo insistía en que no hacía falta, en que me curaría. Y casi siempre lo hacía.
Si ella llamaba a un médico, era nuestro fin.
Antes podía a ver escapado, pero sus palizas eran de nivel uno rozando dos. Y eran soportables.
Pero ahora... sus palizas ya no podían compararse con las de años atrás, las de esos días no eran de nivel tres rozando cuatro.
Y no tenía ganas, de saber que pasaría cuando llegase ese nuevo nivel.
Por eso escapé. Y por eso estoy aquí de nuevo.
Si me voy, mi madre paga.
Si me quedo, el que paga soy yo.
¿Qué más daba entonces?
Se podría decir que todo me daba igual. Que ya nada me importaba. Y eso era cierto.
O eso creía.

Pensativo, acaricio mi cabeza y restriego mis manos por mis ojos cansados.
Mí mente está un poco confusa hasta que veo de reojo una estrella en un póster de mi habitación y los recuerdos de la noche anterior vuelven.
El conservatorio.
La vieja.
Y la chica.
Puedo recordar su melena rubia volar entre el viento y el estuche de su violín balancearse como si fuera un columpio. Es más, creo que lo he soñado.
No se me había quitado de la cabeza en ningún momento. Ni si quiera cuando paseaba por las calles, a altas horas de la mañana. Y lo más extraño de todo, era que no sabía su nombre.
Pensé y pensé... Saler... Saler... ¡Saler!
¡Claro! ¿Como he podido ser tan estúpido? La chica se llamaba Saler.
Me doy un golpe en la cabeza y después miro por la ventana. A diferencia de ayer, hoy, el cielo está sin nubes y un sol precioso ilumina todo..
Y un pensamiento raro cruza por mi mente.
¿Y si voy al conservatorio?
Hoy era sábado, y seamos sinceros, no tenía nada interesante que hacer.
Decidido, me levanto de la cama. Coloco las sabanas y me visto con lo primero que cojo del armario.
No me gusta pensar en que ponerme, además, todo lo que me pongo me queda bien. Así que ¿que mas da?
Bajo a la cocina con mucho cuidado, evitando despertar a alguien y desayuno a una velocidad que ni yo sabía que tenía.
Cuando acabo, agarro las llaves de la puerta y salgo.
En busca de aventuras en el conservatorio.

Seré estúpido, mira que hay gente estúpida. Pero cuando quiero, puedo ganarme el premio.
¡¿Como voy a ir a un conservatorio que no conoce nadie a buscar a una chica con la que he hablado amistosamente solo cinco minutos?!
¡¿En que estúpida mente cabe eso?!
Pero claro, ya estaba en la entrada, mirando a través de la maldita puerta de cristal. Ella había dicho que mañana estaría aquí. Y ese mañana era hoy.
Pero claro, no aclaró a que hora de ese ''mañana'' vendría.
Molesto, suspiro y miro de nuevo la puerta de cristal.
Si me quedo, puedo arriesgarme a que me vea la vieja ogro, y eso no sería nada bueno para los dos.
No quiero que llamé a la policía.
Y además, si no me voy y veo a la chica, no sé que demonios le diré.
Furioso, me acerco a un contenedor de basura y le pego una patada.
¡Estupendo Dante, tú siempre enredando más el rizo, como siempre!
Me voy. No pienso quedarme aquí esperando a que venga una persona que tal vez no va a venir. Tengo mejores cosas que hacer...
Sé que es una mentira, pero prefiero que sea así.
Empiezo a andar por la calle de regreso a mi casa, pero algo tira de mi. Un sentimiento de peso.
Si me voy, nunca sabré si ella realmente vino.
Y si me quedo, puede que me lleve el peor momento de mi vida.
Bufo de la rabia y doy media vuelta, dirigiéndome a los bancos que están al lado del conservatorio.
La esperaré 30 minutos.
Si no viene, el que no volverá jamás seré yo.
Lo prometo.

Tu haz promesas decían, son buenas decían.
¡Mentira!
Las promesas están para romperlas, y la mía se rompió cuando esperé mas de 30 minutos en ese banco y la vi aparecer pegando saltos con su violín por la calle en la que nos despedimos ayer.
No sabía que pensaría cuando me viera sentado ahí, esperándola.
Pero sinceramente, me daba igual.
No entendía porque estaba aquí. Y no entendía porque había venido a verla.
No entendía nada.
Pero su cara de felicidad no cambió en absoluto cuando sus ojos alegres me miraron con alegría.
¿Estaba alegre de verme? ¿A mí?
Después de acomodar su estuche se acerco como si fuera una niña de cinco años y me sonrió.
-¿Qué haces aquí?
Primero no respondo. ¿Que puedo decir? ''Vine aquí porque me aburría en casa, mi padre tiene ganas de matarme y para rematar por alguna extraña razón tenía ganas de verte. Pero déjalo, no es importante. ¿Que tal tú día?''
Sacudo mi cabeza con desesperación. ¿Qué me pasa?
-Oye... ¿estás vivo? - pregunta preocupada.
Miro su cara, la cual ahora está manchada por su mirada seria y sonrío cálidamente.
-Sí, sí. Estoy estupendamente.
-Me alegro.
-Y yo – respondo algo cortante.
Nos quedamos en silencio unos minutos hasta que ella se sienta al lado mio sin decir nada y coloca el estuche negro encima de sus piernas.
-No contestaste a mi pregunta.
-¿Qué pregunta? - Digo algo confuso por el silencio repentinamente roto.
-¿Qué haces aquí?
-Nada, me aburría y solo quería pasear.
-¿También te aburrías ayer y por eso entraste sin permiso al conservatorio? - pregunta extrañada.
-Has dado en el clavo. ¿Quieres un premio? - respondo malhumorado.
Nos quedamos en silencio un rato más, pero el ambiente sigue estando tenso. ¿Porqué habré venido?
Ojalá que se valla ya, así no tendré que volver aquí jamás.
Ella se levanta lentamente, y me dedica una mirada de disculpa antes de decir.
-Tengo que entrar, estarán esperándome.
Algo se retuerce en mi pecho, quería que se fuera... pero ahora... quiero que se quede.
Asustado, la miro y antes de darme cuenta, escucho mi propia voz preguntar:
-¿Como te llamas?
Ya lo sé, pero solo quiero oír el nombre salir de sus labios, solo quiero confirmar que no estoy loco.
Ella me mira sorprendida y responde:
-Saler.
Sonrío, no estoy loco...
-¿Y el tullo? - pregunta curiosa.
-Dante.
Los dos nos sonreímos y sin poder evitarlo me levanto y abro la puerta de cristal. Ella me mira agradecida y pasa por ella.
-Una cosa más. - Digo ahora seguro de lo que quiero preguntar.
-¿Qué?
-¿Quedamos el miércoles en el parque a unas tres calles de aquí?
-Dalo por echo – Dice ella sonriente.
Y después se va. Dejando a mi corazón latir en un ritmo incontrolable.
Haciendo que mi corazón lata, después de tanto tiempo sin hacerlo.

#7

3º hora:
¿Adivina adivinanza, que será será lo que a la muerte llama?
Amor.
Podía a ver sido desesperación, rencor, crueldad... pero no.
Lo que sentía, era amor.
Era como si tuviese un gato ronroneando en mí estomago .
Y lo odiaba. Si odiaba a los gatos, odiaba tener uno adentro, endúlzandome.
Pero la cosa iba a peor.
Cada vez que nos veíamos.
Cada vez que me sonreía o reía.
Cada vez que me rozaba por accidente.
Me moría.
A veces la escuchaba tocar su violín en mi cuarto y alucinaba con las canciones..
Lentas canciones que al final resultaban ser rápidas. Canciones dramáticas que convertía en un visto y no visto en melodías que quedarían de lujo en películas.
Lo que hacía Saler con el violín era alucinante, y eso me llevó a soñar cada noche con lo que tocaba cada una de mis tardes.
Era alucinante, soñarla a ella, en un gran escenario con su violín.
A veces deseaba no despertar jamás. Quedarme ahí unos cuantos segundos más...
Pero siempre me despertaba.
Con el deseo de que volviera a ser por la noche.
Y con el tiempo entendí, que lo que hacía mi mente no era normal. Y que mi corazón o estaba estropeado o simplemente se aceleraba cada vez que veía a Saler.
Y fue en ese momento cuando me di cuenta, de que me había enamorado.
Así, sin más.
Simplemente sucedió.
Y con ella, vinieron millones de cosas más.
De un día para otro, mi padre dejó de pegarme. Así como así. Mi madre empezó a ser feliz de nuevo como si se tratará de un cuento.
Y yo, sin darme cuenta, le confesé mi repentino enamoramiento a Saler un día que fuimos a pasear por un parque. Y me sorprendí, cuando ella me dijo que sentía lo mismo.
Todo iba genial.
Ya no había miedo. No había dolor ni crueldad. Todo eran mariposas y estrellas.
Todo, simplemente era hermoso.
O eso me gustaba pensar.
Porque un rinconcito pequeño, minúsculo en mi cabeza. No paraba de susurrar que los cuentos de hadas no existían..
Que la felicidad era momentánea.
Y que nuestro castillo en las nubes se derrumbaría.
Y el problema era. Que yo no quería ser de nuevo, el que recogiera los pedazos.
Otra vez.
Porque, Dante Cohen era una persona que no podía amar.
Porque todo lo que amaba.
Se rompía.
Con el castillo.

-¿A donde quieres ir hoy? - Preguntó Saler sentándose al lado mio y apoyando su cabeza en mí hombro.
-A donde quieras – Digo mirando sonriente su cara.
Ella sonrió de esa forma tan dulce que sabía que me encantaba y sin poder evitarlo la atraigo hacía mí y la abrazo con todas mis fuerzas.
No podía dejar de tocarla. Simplemente, no podía.
-Sosito – susurró en mí oído. Sosito era el mote que me había puesto cuando vio en nuestra segunda cita en una heladería, que solo tomaba helado de un solo sabor . - ¿Qué tal si vamos al
conservatorio?
¿Al conservatorio? Teníamos un millón de sitios a los que ir, ¿ y solo quería ir al conservatorio? ¿Enserio?
La miro fijamente con el ceño fruncido.
-¿Quieres ir al conservatorio? - pregunto incrédulo.
-Sí.
-¿Si?
-Si.
Miro sus ojos marrones en busca de poder ganar en esta lucha que habíamos empezado a librar sin darnos cuenta.
Puedo ganar, puedo ganar, puedo ganar...
Veo como sus labios se curvan hacía arriba, divertida por el duelo.
No, no puedo ganar.
Ella sonríe cuando aparto la mirada, suspiro y asiento resentido.
-Lo pasaremos genial ya lo veras, además... hoy es mi primer concierto.
Eso llama mi atención y miro a su cara con una exclamación fija en mis ojos.
-¿Un concierto?
Ella asiente al darse cuenta de que no mencionó ese pequeño dato.
-¿No me tenías pensado decírmelo? - pregunto molesto.
-Era una sorpresa... - Dice apagada.
La miro fijamente. Hay veces en las que debería callarme, la verdad.
Suspiro, otra vez. Y la miro sonriente.
-Iré.
-¿Iras? - pregunta sorprendida. - Pensaba que no irías...
-Iré, iré. - Digo mirándola, como a ella le gusta.
Veo como su rostro pasa de tristeza a felicidad y siento como mi corazón arde con ganas en mi pecho.
Nos abrazamos un rato más, y lo ultimo que recuerdo oír antes de dormirme fue.
-¿Prometes que irás?
-Lo prometo. Siempre.
Como dije anteriormente, las promesas están para romperlas, y ojalá hubiera roto esa.
Ojalá.

Acomodando mi corbata, miro de reojo a toda la gente que está esperando en la entrada del edificio.
Como pica esta cosa. Me alivio cuando consigo ponerla en su sitio y acomodo mi chaqueta negra.
Quería simular que llevaba un esmoquin... pero simplemente parezco un pingüino.
Con pantalones azules.
Saler me había dicho que le gustaba.
Y si a ella le gustaba...
Miro de nuevo a mi alrededor, y me quedo sorprendido cuando veo a tanta gente. ¿Como es posible que tantos supieran que había un concierto desde hacía tanto tiempo y yo me había enterado esta tarde?
Mis ojos van hacía la puerta de cristal y veo a la vieja ogro mirándome con veneno en la mirada. No le tuvo que hacer ninguna pizca de gracia enterarse de que era el novio de su mejor violinista y que me vería más de una vez por ahí.
Sin poder evitarlo, sonrío y la saludo alegremente. Ella me ve, y después se gira, ignorándome.
-Debería dejar de hacer eso. - Dice una voz detrás de mí.
Mi corazón se para y me giro lentamente y veo a Saler detrás, sonriéndome.
Ella es la única capaz de vestir un vestido azul. Sin nada, y que le quedara mejor que un vestido de novia.
Cuando vio mi mirada, se sonrojó y acercándose a mí besó mí mejilla.
-Ya vamos a entrar – susurró en mi oído.
Atontado me giro y veo como las puertas de cristal se abren, y la vieja se pone en medio de estas antes de que nadie entre.
-Antes de que nuestros espectaculares músicos demuestren su talento, debo decir, que el conservatorio hoy ha tenido la gran suerte de poder exponer y colgar los instrumentos más famosos y especiales del mundo. Disfruten de las vistas, pues estos magníficos aparatos solo estarán expuestos hoy. Mañana se los llevarán a Alemania. - Dice la vieja posando su mirada fijamente en mí.
¿Qué piensa? ¿Que voy a prender una hoguera con sus cacharros?
La ogro, se aparta de la puerta. Y Saler agarrando mi mano me hace cruzarla para entrar en el edificio.
-¿Estas nerviosa? - pregunto al notar la fuerza con la que agarra mi mano.
-Un poco...
Nos dirigimos por un pasillo en el que está toda la gente y nos detenemos al lado de la puerta.
-Saler, lo harás de alucine, eres la mejor violinista que he escuchado. - Digo.
-Tampoco has escuchado muchas. - Dice nerviosa.
-No, no he escuchado a más violinistas. Pero te he escuchado a ti. Y dudo que alguna otra pueda superarte. Ahora entra ahí y pétalo. ¿Me entiendes?
Ella me mira nerviosa, después asiente y sonríe. Yo agarro sus manos y beso su cabeza.
-¿Entramos?
-Ve entrando tú, ahora voy yo. Solo voy a tomar un poco de aire antes. - Digo algo mareado.
Ella asiente. Se dirige hacía la puerta y dedicándome una de sus sonrisas espectaculares, suelta mis manos y se va.
Para no volver jamás.

Cuando Saler entró, una ansiedad extraña me invadió.
Jamás me han gustado los sitios con mucha gente. Respiro relajado cuando el viento da de lleno en mi cara y enfría todo mi cuerpo.
Y algo llama mi atención. Una silueta negra en el fondo de la calle. Corriendo directo hacía aquí.
Mi cuerpo se queda petrificado cuando veo quien es.
El hombre se acerca y puedo sentir como el aire sale disparado de mis pulmones.
Solo faltan unos pocos metros y debo reaccionar. Pero no puedo.
El miedo me paraliza por completo y entonces reacciono.
Me aparto rápidamente cuando el cinturón sale volando directamente hacía mi cabeza y me alejo.
Mi padre, jadeante. Se acerca a mi.
No... ¡No!
¡Ahora no!
El se acerca y logro apartarme por los pelos cuando intenta darme un puñetazo en la cara. Pero después no tengo tanta suerte y su pierna da contra mis costillas.
Un dolor familiar invade mi cuerpo y caigo al suelo.
El se pone encima y me pega varios puñetazos en la cara. No puedo quitarlo de encima. Pesa demasiado.
Desesperado intento agarrar sus manos para detenerlo, pero lo único que consigo es cabrearlo más.
Siento la sangre por todos lados, pero no sé de donde sale. Y mi cuerpo se relaja lentamente.
Mis ojos se cierran y sus golpes dejan de ser tan dolorosos. Simplemente, caricias.
Podría irme ya.
Y dejarle ahí. Pegando a su hijo muerto. Tal vez así pague por todo. Tal vez así pueda ya descansar en paz...
Pero antes de irme, veo una imagen de Saler, sonriéndome, riéndose, abrazándome... y reacciono.
Le pego un rodillazo en la espalda y me lo quito de encima.
Cuando él está en el suelo y yo de pie, corro hacía el conservatorio y me dirijo cualquier sala.
Debo escapar ¡Ya!
Pero no tengo casi nada de tiempo antes de que él entre y se tire de nuevo encima mio. Los dos rodamos por el suelo y curiosamente ahora yo estoy encima.
Pego un millón de puñetazos en su cara y después en la tripa.
Él gime y se queda tirado en el suelo cuando me levanto. Mis ojos se vuelven borrosos pero me da igual. Le pego un millón de patadas en todo el cuerpo y sangre sale por todos lados.
Pero él no se da por vencido.
Cuando ve que estoy cansado y no puedo más. Se levanta y carga contra mi hacía la pared.
El impacto saca todo el aire de mis pulmones y sus manos van directas hacía mi cuello.
Ahogándome.
-¿Quieres jugar? Vamos a jugar – Dice mientras aprieta con mucha más fuerza y siento mis articulaciones aflojarse
Su voz suena lejana, pero ni por eso me doy por vencido. Saler espera que la vea tocar.
Y no pienso defraudarla.
Meto mis manos en mis bolsillos y me sorprendo cuando toco una caja.
Las cerillas.
Sin que el me vea, la abro y saco una y con todas las fuerzas que me quedan, la enciendo y la tiro en el piso.
La cerilla puede encenderse, o no.
Una de dos.
Pero ya da igual.
Mi cuerpo se relaja por completo. Y mi mirada perdida queda fija en el rostro de ese hombre. Que me dio la vida, pero también me la quitó.
Y entonces el fuego hace acto de presencia.
Y todo queda negro.

#8

Y aquí estamos de vuelta Dante. Otra vez.
La familia mata, y aunque consigas la mayor felicidad que haya en el mundo. Siempre vendrá la muerte a quitarte algo. Siempre vendrá la muerte en donde estés Dante.
Bien lo sé yo. Créeme.
Y si vistes las adivinanzas que había en cada página, y adivinaste lo que significaba cada una.
Adivinaras lo que significa este ultimo folio.
Cuando despertaste, estabas en una camilla y todo el edificio en el que habías estado hacía solo unos minutos, estaba incendiado.
Estabas desorientado y confuso. No sabías que había pasado.
Hasta que viste a tú padre en la camilla de al lado. Con la piel echa trizas y respirando con dificultad.
Todavía lo recuerdo.
Todavía lo recuerdas.

Lentamente abro los ojos y lo primero que veo son las cenizas en el aire. ¿Cenizas?
Mis ojos adoloridos, miran al rededor. Y veo un montón de gente salir corriendo del edificio.
Gente mayor, adultos, adolescentes, niños...
Un médico toca mi estomago y mi cuerpo se pone tenso por el dolor.
-Señor Cohen – Dice el doctor.
Mis oídos ademas de captar el ruido de su voz, oyen un pitido doloroso, por lo cual entrecierro los ojos.
-Señor Cohen – Repite el médico. - Ha estado inconsciente unos cuantos minutos. Los bomberos le encontraron en una sala en llamas.
Sin escuchar al doctor, me incorporo y un dolor insoportable atraviesa mis músculos, pero no me detengo.
Tengo que buscar a Saler. Tengo que encontrarla ahora.
El médico intenta tumbarme de nuevo, pero lo empujo y me levanto de la camilla.
Mi cuerpo está débil pero me da igual. Me adentro en medio de la gente en busca de su melena rubia.
De su violín.
-¡Saler! - Grito con mi voz ronca. Como si hubieran pasado un montón de limas por mi garganta.
Empujo a la gente con desesperación y grito su nombre con todas mis fuerzas.
Pero nada.
Hasta que la veo.
Y ella me mira.
El aire sale disparado de mis pulmones y me quedo parado.
No...
Al lado de ella hay un policía hablándole y señalándome a mi y en las manos de ella está su violín.
Partido por la mitad y quemado.
Con desesperación y el corazón a mil, echo a correr. Cuando llego. El policía ya no está y mi corazón está a punto de explotar.
Ella se levanta. Y me mira fijamente.
Su cara feliz de siempre no está. Y sus ojos vacíos me miran sin ningún sentimiento.
Ni felicidad, ni alegría ni emoción.
Nada.
-Esto es por tú culpa – susurra con odio. - Esto es todo... por tú maldita culpa.
Se acerca con rapidez a mi y me empuja con fuerza y me pega.
El dolor físico no puede compararse en absoluto con el dolor de mi pecho al verla llorar y pegarme con furia.
Agarro sus manos y la atraigo hacía a mí.
Pero ella me empuja con más fuerza todavía y se aleja.
-¡Saler! - Grito corriendo detrás de ella y agarrando su manos.
Ella intenta soltarse pero no le quedan fuerzas y rompe a llorar.
-Esto es todo por tú culpa... tú culpa... - gime mientras llora.
-Yo... no quería hacer nada de esto. - susurro sin aire en mis pulmones y con mi estomago apretado. -Yo no quería que nada de esto pasara...
Tengo que explicarselo, de alguna manera... tengo que decirle que nada de esto es real... ¡Qué yo no quería!
-Pero a pasado idiota, ¡ha pasado por tú estúpida culpa! ¡Eres un monstruo! - Grita.
Lagrimas corren por su bello rostro manchado por la ceniza.
Y entonces lo siento.
Mi corazón partiéndose.
Y la nada.
Invadiéndome y barriendo todo a su paso.
Sin dejar nada.
Sin dejar nada de Dante Cohen.
Sin dejar ni una pizca de vida en él.

Con el tiempo aprendí a vivir con ese recuerdo. ¿Sabes?
Puede sonar estúpido, lo sé. Pero después de lo que pasó, nunca me atreví a arreglar las cosas.
Como tú no te atreverás. ¿Verdad?
Ahora simplemente, pretendes salir por la puerta y acabar con todo. ¿Me equivoco?
No.
No me equivoco.
Porque yo hice lo mismo.
Días después del accidente, solo me sentía muerto. Podrido por dentro y asqueroso por fuera.
Cuando me miraba al espejo, lo único que veía, era a un monstruo. Como me había llamado Saler.
Al final, el que derrumbó el castillo en las nubes y recogió los pedazos fuimos nosotros, Dante.
Al final, simplemente nos convertimos en lo que más temíamos.
En él.
Después de eso, te convertiste en frio. Calculador. Cruel.
Cada vez que te cruzabas con ella por la calle, simplemente la ignoraste.
No la paraste.
Cuando tú madre iba en busca de tú ayuda. Simplemente la dejabas a su suerte.
Dejaste de ser tú.
Deje de ser yo.
Cuando quemaste el edificio, decidiste que quemarías todo lo que te haría daño.
Todo.
Ese conservatorio empezó a significar eso para ti. ¿verdad?
Odio.
Saler. La enemiga.
La música. Tú única compañera.
Tú madre. La extraña.
Cuando te diste cuenta de esto. De todo lo que estabas haciendo, y del poco tiempo que te quedaba hasta que él volviera del hospital.
Decidiste ir por el camino fácil.
La muerte.
Cada día, ibas a una calle que estaba a cinco manzanas de tú casa y calculabas la hora en la que pasaban todos los coches.
Todos y cada uno de ellos.
Cual tendría la posibilidad de matarte de un solo choque.
Y escogiste una camioneta y el día exacto con la hora exacta.
El día que volvía tú padre del hospital.
El día que esa camioneta pasaría a las tres y media de la tarde.
El día que simplemente, morirías.
Y lo hiciste.
¿Como lo sé?
Me tienes adelante.
Sé que te has estado preguntando todo este tiempo quien soy. Porque se tanto de ti. Y como sé lo que harás ahora.
Me llamo Dante Cohen.
Tengo 40 años. Y cuando era joven, por ser estúpido me tiré contra una camioneta esperando la muerte.
No esperando despertarme al día siguiente en una sala de un hospital sin movilidad en las piernas.
Soy Dante Cohen, o bueno, era Dante Cohen.
Ya no soy así.
Pero tú sí. Y lo seguirás siendo como no pares.
¡Debes parar como no lo hice yo!
¡Debes hacerlo!
¡Sí quieres un final distinto, si deseas no coger el mismo camino, simplemente para!
Y piensa.
En su sonrisa.
En su calor.
En su felicidad contagiosa.
En todo.
En tú madre.
Y en el desgraciado de tú padre.
Quiero que sepas, que después de ese día. Nunca volvió a pasar. Jamás volvió a tocarme cuando volvió y vio que estaba en silla de ruedas.
Nunca me habló tampoco.
Hasta que pasaron unos meses. Y ese hombre que conoces como tú padre, se tiró a las vías de un tren, dejándote solo a ti y a tú madre.
Dante Cohen, tu cuento de hadas, no será la historia que emocione y desespere a millones de personas o lectores. Nada de eso. Tú historia no será un cuento con un final feliz y cerrado con ese ''vivieron felices y comieron perdices''
Los cuentos de hadas no existen.
Pero los finales felices sí.
La cosa es, que tú, con tus acciones, no escogerás el final feliz. Simplemente iras a por el final trágico.
Como siempre haces.
Creo que si lo cambias todo, cambiarás eso.
¡Lo cambiaras todo, Dante! ¡No lo ves! ¡Tienes la oportunidad que yo no aproveché!
Y quiero que tú lo hagas.
¿Cómo?
Eso es muy simple.
Adivina.

Lentamente dejo la ultima carta cuidadosamente encima de la mesa y miro a mi alrededor.
El reloj sigue sonando.
Tengo que irme ya.
Levantándome, miro sin emoción toda la habitación.
Agarro mi cazadora, me la pongo y salgo por la puerta.
En busca del infierno.

Camino hacía mi destino. La carretera está en frente, y sus coches, pasan a toda velocidad.
Miro de reojo a las familias que van de la mano, a gente sonreír, a dos ancianos reírse y algo asqueroso se propaga por mi estomago.
Odio la felicidad.
Les odio a ellos.
Me siento en un banco y miro el reloj.
Las tres y veinticinco.
Solo cinco minutos, y se acabó. Ya no tendré que volver a sentir, ni a vivir.
El Dante Cohen de la carta decía que el accidente salia rata y quedábamos minusválidos.
Yo digo, que eso le pasó a él. Qué a él le salió mal el plan, no a mí.
Yo moriré hoy si o si.
Me da igual si es con un coche, o con una pistola.
Solo quiero cerrar los ojos.
Una risa llama mi atención y mis ojos van directos a una chica que pasa en la calle de enfrente. Esta hablando con un chico que está a su lado y los dos están cogidos de la mano.
Esa imagen despierta algo en mí.
Algo apagado, y dormido hacía meses.
Lentamente me levanto, y ando en forma paralela con la calle en la que pasan los coches a toda velocidad.
Ya es la hora.
Y sin pensarlo dos veces corro.
Por millones de calles.
Por millones de sitios distintos.
Hasta que llego allí.
El edificio restaurado, ella sentada en el banco al lado de la puerta de cristal. Y sus ojos marrones llenos de sorpresa al verme.
Dante Cohen no bajaba la cabeza por nadie, ni si quiera por su padre. Pero a veces, simplemente hay que morderse la lengua.
Y adivinar.
Lo que la vida quiere que adivines.
Y ir al propio infierno, si hace falta. Solo para buscar el buen camino.
Para cumplir las promesas nunca cumplidas.
Soy Dante Cohen, y me siento orgulloso de decir, que hoy, que ahora. Simplemente adivino, lo que la vida tiene preparado para mí.
¿Quieres adivinar conmigo?
-----------------------------------------------------Fin------------------------------------------------------------------------

Starkiller
Rango3 Nivel 12
hace más de 4 años

Aplauso. Ya estás tardando en ganar.