JanciBogar
Rango3 Nivel 11 (105 ptos) | Cuentacuentos freelance
#1
    Partes:
  • #2

Pablito es un niño feliz. Tiene cuatro años. Su felicidad la conforma un cúmulo de pequeñas cosas. Por ejemplo, por la noche, cuando sus padres lo dejan en su cama y apagan la luz para que se duerma, Pablito se levanta y va hasta el salón, donde se vuelve a encontrar con ellos y esa expresión en sus caras. Él ya sabe que le van a insistir en que se vuelva a la cama. Ése es el momento de cerrar los ojos con fuerza, hasta casi hacerse daño, entrelazar las manos, agachar la cabeza y moverla de forma pausada de derecha a izquierda gritando “que no” y “que no”. Si sus padres insisten de manera testaruda, Pablito sabe que toca lloriquear, aunque todavía no mucho, y patalear contra el suelo o contra quien lo coja en brazos, si es el caso. Eso ya depende de la situación. Luego, de vuelta a la cama, hay que seguir llorando, ahora sí con más fuerza. Si su madre se queda junto a él esperando que se tranquilice y deje de llorar, basta con decirle que es gorda, vieja y fea y que ya no la quiere. Pablito también sabe que si espera un buen rato, podrá irse a dormir a la cama de sus padres.

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50Shades
Rango3 Nivel 11
hace alrededor de 5 años

jajajaja me he reido mucho! muy buena!


#2

Sin embargo, a veces pasa que su papá llama a su mamá y le dice que lo deje solo, que ya se cansará y acabará durmiéndose. Ése es un momento crítico. Si su mamá aguanta y se queda con él, Pablito llorará más flojito, aunque todavía durante un rato más. Si su mamá se va y lo deja solo es que, una noche más, le declara la guerra. Aunque parece que ella no lo sabe. Sin tomarse un respiro, y antes de que su madre haya salido del todo de la habitación, Pablito llora más y más fuerte, grita, bracea, patalea, tose y… vomita. Vomitar es un arma poderosa. Ni su padre ni su madre están preparados para soportar el vómito de su pequeñín. Para Pablito ésta es una situación que exige cierta paciencia, porque el ritual que se desencadena es un tanto largo y tedioso, aunque el final realmente merece la pena. Mientras grita “¿has visto lo que hemos conseguido con tus ideas de dejarlo solo?” a su padre, su madre, casi llorando, abraza al niño hasta casi asfixiarlo. Luego lo coge con fuerza y, en volandas, lo planta de pie en algún punto de la habitación que esté lejos del charco de vómito. Rápidamente, en un continuum acelerado, su madre le quita el pijama y, poniéndolo del revés, inicia la primera maniobra de limpieza de su cara, pecho, manos y pies. Por ese orden. Siempre por ese orden. De allí al baño. Toallitas húmedas. Esponja natural mojada en agua tibia y jabón neutro. Toalla de rizo con el bordado de la cabeza de un osito sonriente. Agua de colonia de un bote que tiene por tapón la misma cabeza del mismo osito sonriente. Y albornoz. De vuelta a su habitación a Pablito le ponen un pijama limpio. Todo esto ha ocurrido mientras la madre del niño lo colmaba de besos, abrazos y achuchones variados en su forma e intensidad. Sin olvidar los lamentos "por ser tan mala madre" y las peticiones de perdón a su hijo por “que sepas que eres lo que yo más quiero”. ¿Y alguien no sabe que la felicidad se encuentra en las cosas más sencillas?:
- Mientras limpio el suelo y la cama de Pablito –dice su madre a su padre bajando la voz y dándole el enésimo achuchón al niño-, llévatelo contigo a nuestra cama. En cuanto acabe con esto voy yo.

Hace alrededor de 5 años

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