hugo_reyes
Rango7 Nivel 31 (1604 ptos) | Autor novel
#1

Las manos le temblaban pero aun así consiguió acertar la llave en la cerradura y abrir por fin la puerta. Entró en la casa jadeando y empapado en sudor. Había subido las escaleras corriendo y prácticamente a oscuras hasta la séptima planta, donde se encontraba su apartamento. Durante la subida resbaló en varias ocasiones, el suelo, le pareció, estaba mojado con algún tipo de sustancia pegajosa y un hedor insoportable lo invadía todo produciéndole náuseas a cada bocanada de aire que tomaba. No había luz en el edificio, ni en toda la ciudad, los cortes habían sido cada vez más frecuentes hasta que cesó por completo el suministro.
Cerró la puerta tras de sí. La frágil penumbra en la escalera dio paso a la total oscuridad interior. Se quedó inmóvil intentando controlar el ritmo de su respiración. Pese a la sofocante atmósfera que reinaba en el interior, un escalofrío le recorrió la espalda...

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Charlies27
Rango13 Nivel 62
hace más de 4 años

Me gusta. Espero que sigas adelante con las dos historias

Jhusun
Rango6 Nivel 27
hace más de 4 años

Las manos no metamblaron para darte el ME GUSTA, ese género lo apluado y lo escribo, aunque estoy concursando con una más de CF. Saludos.

hugo_reyes
Rango7 Nivel 31
hace más de 4 años

Muchas gracias por vuestros comentarios.

MiriamTradu
Rango7 Nivel 33
hace más de 4 años

Prometedor, quedo a la espera de la continuación. Te dejo mis historias, a ver qué te parecen :)


#2

Apoyado contra la puerta y sin atreverse a mover un solo músculo luchó por tranquilizarse. Notó como el acelerado pulso golpeaba contra sus sienes sin piedad igual que un martillo golpea sobre un yunque al rojo vivo, y notó su corazón, notó como pugnaba por salir de su cuerpo atravesándole el pecho. El esfuerzo por llegar hasta casa y el miedo sufrido en las últimas horas lo mantenían en tal estado de ansiedad que apenas pensaba con claridad.
Sin embargo, pasados unos segundos y viendo que nada sucedía, empezó a ser consciente de donde realmente se encontraba. Poco a poco fue recuperando el aliento, cesaron los jadeos y el frenético bombeo de su corazón lentamente se fue calmando. Lo había conseguido, había llegado hasta su casa y estaba a salvo, al menos de momento.
Pero la sensación de inquietud y miedo no le abandonaba, la casa estaba completamente a oscuras y no recordaba haber bajado todas las persianas en su precipitada huida unos días antes, ¿o tal vez sí?.
Olisqueó el aire y pese a lo cargado que estaba el ambiente, no percibió el nauseabundo olor que lo había acompañado y perseguido durante los días anteriores. Era imposible que hubiera alguien o algo dentro de la casa ya que la llave estaba echada, pero de todas formas contuvo el aliento y escuchó a la oscuridad. Nada.
Permaneció atento unos instantes más y de repente un suave ruido lo sobresaltó, inconscientemente todo el vello de su cuerpo se le erizó mientras sus músculos se tensaban tanto que empezaron a dolerle…

PAK
Rango8 Nivel 39
hace más de 4 años

Inquietante me gusta

Cristina_Ogando
Rango7 Nivel 33
hace más de 4 años

Me gusta bastante como escribes. Has creado una atmósfera realmente interesante y espero poder leer más de ti en las siguientes fase.

hugo_reyes
Rango7 Nivel 31
hace más de 4 años

Muchas gracias, lo mismo digo.


#3

Continuó en silencio y sin moverse, y otra vez lo escuchó. Provenía del suelo muy cerca de sus pies, era como un pequeño golpe seco sobre algo; algo crujiente le pareció. Lo oyó una vez más, y luego otra, era el sonido de pequeños golpes rítmicos a sus pies. Una sospecha le vino de pronto a la cabeza, movió unos centímetros un pie hasta que la suela de su zapato dio con algo, ese algo se movió con el crujido característico del papel de celofán que se usa para envolver regalos. Entonces se dio cuenta y suspiró aliviado. Notó como otra gota de sudor le resbalaba por la nariz y caía al vacío golpeando de nuevo el dichoso envoltorio de celofán, golpe que en el total y absoluto silencio resonó con fuerza dentro de la estancia. Con la manga de su camisa se limpió el sudor de la cara mientras sonreía pensando en lo ridículo de la situación si alguien lo hubiera estado observando.
Entonces recordó el origen de ese papel de celofán, recordó el sonido de unos pequeños pasos correteando por la casa y recordó los gritos y saltos de alegría cuando su pequeña le dio su regalo de cumpleaños. Estaba envuelto en celofán azul. Hacía tan solo un par de semanas de aquello pero parecía que hubieran pasado años, fue justo antes de que todo empezara. La sonrisa se le empezó a borrar de la cara mientras recordaba cómo el mundo entero se fue desmoronando en cuestión de días.
Intentó animarse, sabía que había hecho lo correcto, ellas estarían a salvo y ahora solo tenía que preocuparse por sí mismo. Poco a poco sus ojos empezaron a acostumbrarse a la oscuridad, fue entonces cuando le pareció ver una tenue claridad proveniente del salón, sabía que aunque las persianas estaban completamente echadas había una ventana en el salón cuya persiana nunca quedaba bien encajada y dejaba pasar siempre una fina línea de luz del exterior. Caminó despacio hacia el salón, y aunque conocía cada palmo de la casa a la perfección le costaba orientarse. En aquel momento, en aquella situación, se sentía completamente ajeno a su propio hogar, sabía que estaba en su casa pero no se reconocía dentro de ella. Le faltaban los sonidos y los olores, le faltaban sus habitantes; y en ese vacío se movía a tientas, con los brazos extendidos tanteando el aire y temiendo tropezar con algo que no perteneciera a ese lugar.
Su mano se posó sobre el marco de la puerta que daba al salón, cuando miró en el interior, hacia la ventana que tan bien conocía, pudo ver la tenue línea de luz donde se suponía que debía estar. Sintiéndose un poco más reconfortado logró adivinar la silueta de un sillón y una lámpara, pero la luz que entraba no daba para más. Fuera debía de estar anocheciendo, cuando entró en el edificio todavía pudo ver algunos rayos de sol reflejados en los edificios más altos, antes de desaparecer por completo en el horizonte. Había aprendido a guiarse por la luz del sol para saber en qué momento del día se encontraba, recordó como había tenido que usar su apreciado reloj de pulsera para sobornar a un soldado que guardaba uno de los accesos al puerto para que este los dejara pasar.
Llegó hasta el borde de la mesa y con las manos rastreó su superficie, recordaba que había velas por toda la casa y también debería haber cerillas o algún encendedor. Tocó platos, algún cubierto y algunas cosas que no supo identificar, y de pronto su mano golpeó algo cilíndrico que se desplazó unos centímetros rodando por la mesa, instintivamente y antes de que cayese al suelo lo cogió, ya tenía una vela. Siguió tanteando y encontró una cajita de cerillas, la agitó y escuchó aliviado el sonido de unas cuantas en su interior. Sacó una y la rascó contra la superficie de la cajita, el resplandor lo cegó durante unos segundos, cogió la vela con la otra mano para prenderla mientras sus ojos se acostumbraban a la nueva luz. Antes de que la llama llegara a la vela levantó la vista hacia el sofá que había frente a la ventana y con la tenue y parpadeante luz que le proporcionaba la cerilla adivinó la oscura silueta de alguien sentado, lo estaba mirando, durante una fracción de segundo pudo llegar a ver reflejada la luz de la cerilla en sus ojos. Sobresaltado profirió un grito mientras la cerilla se le escapaba de los dedos cayendo al suelo y dejando otra vez la estancia completamente a oscuras y en silencio.
Se le aceleró otra vez el pulso y la respiración, y entonces se rompió el silencio:
- No te asustes – la voz proveniente del sofá le sonó extraña y familiar a la vez – tenía que cerciorarme de que realmente eras tú.
Oyó un clic y una potente luz lo cegó por completo…

umgul
Rango5 Nivel 24
hace más de 4 años

Hola, he visto que te gustó la parte 3 de mi historia. La caja no estaba terminada. Ahora le he añadido más, espero que te guste:-)

G_Rurba
Rango15 Nivel 73
hace más de 4 años

Muy bien escrito!

MiriamTradu
Rango7 Nivel 33
hace más de 4 años

Tengo ganas de ver cómo sigue :)


#4

Se cubrió el rostro instintivamente con la mano para protegerse de la luz mientras con la otra sujetaba con fuerza la vela a modo de arma.
- No creo que esa vela te sirva de mucho si no la enciendes – dijo la voz desde el sofá – déjala sobre la mesa y enciéndela, vamos doctor.
- ¿Doctor? ¿Cómo sabe que soy doctor? - Balbuceó mientras dejaba la vela e intentaba sacar otra cerilla; el hombre no respondió – podría apartar al menos la linterna de mi cara, créame no le voy a atacar, estoy demasiado débil para eso.
- No lo dudo, supongo que llevarás días sin comer – el haz de luz bajó hasta la altura de la mesa - ¿Todavía no me has reconocido? Enciende la vela – su voz le volvía a sonar familiar pero parecía cambiada, más profunda y rasgada.
Encendió otra cerilla y la acercó a la vela, esta prendió fácilmente y la estancia se fue poco a poco iluminando.
- No te muevas, – el hombre apagó la linterna y se levantó con dificultad del sofá – yo me acercaré hasta ti – dijo mientras comenzaba a avanzar pesadamente hacia la mesa. Con la mano izquierda se agarraba el costado derecho por encima de la cintura y arrastraba la pierna como si esta no le respondiera.
Conforme se acercaba a la luz su rostro le fue resultando más familiar hasta que por fin lo reconoció, estaba horriblemente cambiado. Bajo la oscilante claridad pudo adivinar un tono grisáceo en su piel, tenía los ojos inyectados en sangre y hundidos dentro de sus cuencas y finos hilos de saliva ensangrentada le colgaban por la comisura de sus pálidos labios. El doctor horrorizado dio un paso atrás.
- Vaya – dijo con una sonrisa más parecida a una mueca – por tu reacción supongo que no debo tener muy buen aspecto. ¿Sabes ya quién soy, verdad?

El doctor empezó a recordar cuando unas semanas atrás, después del primer estallido, la situación empezaba a estar controlada. Las autoridades continuaban dando mensajes tranquilizadores a la población para que permaneciera en sus casas. Según el protocolo que puso en marcha el ministerio, todos los infectados estaban bajo control y recibiendo un tratamiento al que respondían favorablemente. Él fue uno de los pocos que se opusieron a dicho protocolo. Recordó como desde su laboratorio estuvieron trabajando sin descanso durante semanas enteras para conseguir que ese tratamiento fuera efectivo, pero para él y su colega los resultados no eran lo bastante concluyentes para considerarlo seguro. No opinaron lo mismo las autoridades militares, las cuales se hicieron con el control del laboratorio y empezaron a suministrar el suero de forma intensiva entre la población infectada, desoyendo por completo sus advertencias sobre posibles y devastadores efectos secundarios aún por determinar.

Desde principios del siglo XX no se había conocido una epidemia tan virulenta y nunca en la historia se había encontrado una cura tan rápida y eficaz. Ante la pronta recuperación de los pacientes, estos fueron dados de alta de los centros de control y enviados sin demora junto a sus familias. La opinión pública alabó la actuación y el gobierno se atribuyó todo el mérito de la cura y del final de la epidemia, mientras que él y su colega de laboratorio sufrieron la humillación y el desprestigio por no haber autorizado antes la cura, con lo cual se hubieran salvado más vidas.

Pasaron unos días y mientras en las altas esferas todavía se estaban felicitando por su exitosa gestión de la crisis, en sus casas, todos los pacientes a los que se les había administrado la cura empezaron a sufrir nuevos y extraños síntomas. Fiebres altas, temblores, pérdida de color en la piel y hemorragias se fueron sucediendo hasta que en pocas horas los enfermos morían. Los servicios de emergencia se desbordaron, reinaba el caos y la confusión en centros de salud y hospitales. Los informativos ofrecían todo tipo de noticias confusas de casos en los que el paciente había mordido a algún familiar, incluso corrieron rumores sobre un fallecido que había atacado al médico que le practicaba la autopsia. En pocas horas los rumores se convirtieron en hechos y a los pocos días la situación se descontroló totalmente, había empezado el segundo estallido.

Hace más de 4 años

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Eric_Dodds
Rango5 Nivel 20
hace más de 4 años

Aunque el protagonista esté recordando acontecimientos, la intensidad del relato va in crescendo...auguro traca final...

hugo_reyes
Rango7 Nivel 31
hace más de 4 años

Muchas gracias!! Espero acabarlo a tiempo...


#5

Ahora, después de varios días de confusión y caos absoluto, una calma tensa y asfixiante envolvía toda la ciudad; las sirenas de la policía y las ambulancias habían callado, los gritos y el sonido de los claxon dieron paso al silencio, silencio solamente roto por algún disparo en la distancia o por la explosión en algún edificio todavía en llamas. Por las calles deambulaban cuerpos que en otro tiempo estuvieron vivos y que ahora, infectados por la enfermedad, se regían únicamente por los más básicos y ancestrales instintos de la humanidad pero desposeídos totalmente de esta.
Y allí, en esa asolada ciudad, en lo que una vez fue su hogar, se encontraba él. Pensaba en lo diferente que sería todo si hubieran hecho caso a sus advertencias, en cómo la estupidez de unos pocos podía alterar las vidas de tantos otros. Y frente a él, aquel intruso de aspecto tan horrible y familiar a la vez.

- Sí, ahora te reconozco, - su voz sonó tranquila - por lo que veo tampoco conseguiste salir de la ciudad - tenía delante a su amigo y también colega de laboratorio, juntos fueron apartados de la investigación semanas antes por los militares.
- No, no logré llegar hasta el último puesto de control, todas las carreteras estaban colapsadas y la gente abandonaba sus vehículos. Seguí a pie pero pronto empezaron a llegar rumores de que el último barco había zarpado y decidí volver, de todas formas no me hubieran dejado pasar – mientras decía esto bajó la mirada a su costado derecho y levantó con cuidado la ensangrentada camisa, el aspecto del mordisco era espantoso.
- La infección está ya muy extendida, lo sabes ¿verdad? ¿Cuánto hace que te mordieron?
- Poco después de irme de aquella gasolinera, donde nos vimos por última vez.
- ¿Irte? ¡Nos abandonaste! ¡Nos abandonaste a mi familia y a mí y te largaste con nuestro coche! Éramos amigos, estábamos juntos en esto ¿recuerdas?
- Lo sé; lo sé y lo siento. Cuando os bajasteis en aquella gasolinera para conseguir un poco de agua, por la radio del coche advirtieron que quedaban ya pocos barcos para evacuarnos a todos, me entró el pánico pensando que no íbamos a lograrlo y me largué... – dijo entre sollozos - ¿Y ellas? ¿No estarán…?
- No, ellas lo lograron, tuvimos suerte y encontramos una familia que nos llevó en la parte trasera de su camioneta hasta un punto de control, al parecer conocían la zona, fuimos por carreteras secundarias y caminos sin asfaltar poco transitados. Después de sobornar a los guardias logré que embarcaran todos en el último bote, pero ya no quedaba sitio para mí.
- Seguro que estarán bien, en cambio yo…. – apartó una silla que estaba junto a la mesa y se dejó caer sobre ella - supongo que me merezco lo que me ha pasado. No me queda mucho tiempo pero creo que todavía podemos lograrlo…
- ¿A qué te refieres? Ya no queda suero modificado con el que seguir experimentando, los únicos frascos estaban en mi maletín, te lo llevaste junto con el coche, a no ser que… - un atisbo de esperanza lo invadió.
- Aquí tienes – sacó dos pequeños frascos de vidrio que tintinearon en su mano y se los entregó – los dos últimos. De regreso a la ciudad volví a pasar por donde abandoné el coche, lo habían saqueado pero encontré estos dos frascos debajo del asiento y también una copia de las llaves de tu casa, supongo que se las dejaría tu mujer. Así es como pude entrar sin forzar la puerta, recuerda que mi barrio fue incendiado por las bombas después del segundo estallido. Necesitaba un sitio para esconderme.
- ¿Te das cuenta de esto? ¡Si conseguimos hacerlo llegar a un laboratorio podríamos procesarlo y mejorarlo! – sus ojos se iluminaron.
- No tan deprisa – le dijo su amigo mientras sacaba algo de detrás de su cintura – antes de que llegaras he estado a punto de usar esto para acabar con mi maldito sufrimiento, pero me ha faltado valor, – sonrió mientras martilleaba un enorme revólver y le ponía el cañón delante de la cara – sin embargo ahora se me ocurre algo mejor.

Hace más de 4 años

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hugo_reyes
Rango7 Nivel 31
hace más de 4 años

La última parte en breve...

Eric_Dodds
Rango5 Nivel 20
hace más de 4 años

¡Vamoos! ¡Cada vez está mejor!


#6

- ¿Pe… pero qué diablos te propones? – balbuceó atónito.
- Quiero que me inyectes el suero.
- ¿Estarás bromeando, no? Sabes que todavía no es seguro, hay que procesarlo y mejorarlo, y si lo utilizo contigo no quedará suficiente para fabricar más dosis.
- No bromeo en absoluto, ¿crees que tengo algo que perder? ¡Si supiera procesarlo ya me lo habría inyectado yo mismo! – gritó alterado; la nariz y los ojos empezaron a sangrarle.
- ¡La infección está demasiado avanzada! ¡Desperdiciaremos el suero y no servirá para… – el doctor empezó a replicar pero el ruido del disparo lo hizo callar de inmediato.
Notó como la bala le pasaba a pocos centímetros de la cabeza e impactaba detrás en la pared.
- Amigo mío, a la próxima no pienso fallar. Sé que aquí tienes todo lo necesario para procesar el suero, así que ponte a trabajar; y come algo, no quiero que te desmayes antes de terminar, en la cocina quedan algunas latas.

El doctor, todavía aturdido por el disparo, encendió más velas, despejó la mesa y dispuso encima todo el material de laboratorio que tenía en casa, sin mediar palabra empezó a preparar el suero. Mientras, su colega se levantó con dificultad de la silla y sin dejar de apuntarle se arrastró hasta una ventana, tenía el cabello y la cara empapados en sudor por la fiebre.
- Necesito aire fresco, este calor es insoportable – levantó la persiana y se quedó de pie junto a la ventana respirando el aire de la noche.
De repente oyeron un ruido que los sobresaltó, provenía de la puerta principal, como si alguien la hubiera golpeado. Permanecieron en silencio unos segundos y lo escucharon de nuevo. Pero esta vez distinguieron más sonidos, además de golpes parecía como si algo estuviera arañando la puerta.
- Están ahí fuera, el disparo los habrá alertado.
- No te preocupes – dijo su colega, y escupió un coagulo de sangre por la ventana – no pueden entrar, sigue con lo tuyo.
- Y nosotros no podemos salir – dijo por lo bajo mientras volvía al trabajo resignado. Fue entonces cuando una idea cruzó por su cabeza, era una auténtica locura pero podría ser su única oportunidad.

Con la excusa de que necesitaba comer algo dijo que se iba a la cocina, salió del salón al pasillo y cuando pasó por delante de la puerta principal la abrió, de tal manera que quedó oculto detrás de ella obligando a aquellos seres, que entraron en tropel, a dirigirse hacia el otro lado, donde quedaba el salón. Contó a tres. Atraídos por la luz de las velas fueron directos hacia el salón donde entraron profiriendo escalofriantes gemidos. Escondido tras la puerta oyó maldecir a su colega, el sonido de varios disparos y ruido de golpes y cristales rotos, luego el silencio. Esperó un poco, cerró la puerta y se dirigió con cautela al salón.

La luz de una vela todavía encendida le ofreció un espectáculo dantesco, había dos cuerpos en el suelo, tenían varios orificios de bala en el torso y la cabeza literalmente reventada. Sangre y restos de cerebro se mezclaban con cristales rotos cubriéndolo todo, la mesa estaba volcada y los instrumentos rotos y esparcidos por todo el salón, la última esperanza de una cura se había esfumado. Pero lo que más le sobrecogió fue lo que vio frente a la ventana. Su amigo continuaba allí, tenía los ojos muy abiertos y le miraba, intentó decir algo pero ningún sonido salió de su boca. Tenía los brazos caídos y le temblaban las piernas pero todavía se sostenía en pie. El tercero de aquellos seres le estaba devorando el cuello haciendo un ruido espantoso mientras con las manos lo sujetaba por la cabeza. Por suerte no se dio cuenta de su presencia. A sus pies vio el revólver todavía humeante pero descartó la idea de cogerlo, por los disparos que pudo contar seguramente estaría descargado. Solo podía hacer una cosa antes de aquel ser lo descubriera, haciendo acopio de valor se acercó sigilosamente, cuando llegó a su lado se agachó y cogiéndolos a ambos por las piernas los empujó con todas sus fuerzas contra la ventana abierta. Cayeron al vacío en silencio y con un golpe seco se estrellaron contra el asfalto.

Exhausto por el esfuerzo y el miedo, se sentó bajo la ventana con la espalda contra la pared, cerró los ojos y se quedó dormido al instante.

A la mañana siguiente la luz del día lo despertó. Todavía medio dormido disfrutó de la calma de una ciudad en silencio, pero cuando abrió los ojos volvió a la cruda realidad. Se levantó dolorido y se quedó contemplando el destrozo de la noche anterior. La pesadumbre se fue apoderando de él cuando recordó que todo estaba ya perdido, no tenía ninguna razón para continuar, no tenía ya nada ni a nadie, lo habían traicionado y ya nunca más volvería a ver a su familia. Los rayos de sol que entraban por la ventana hacían brillar los cristales rotos del suelo, pero algo que brillaba con una tonalidad diferente llamó su atención, se agachó y de entre los restos rescató un pequeño frasco de vidrio, parecía intacto, lo agitó y notó como se movía el líquido en su interior. Una intensa emoción lo invadió por completo.

Cuando salió del edificio era casi mediodía, llevaba a su espalda una mochila con latas de comida y algunas botellas de agua, como armas una palanca que encontró en el trastero y un revólver descargado. La calle estaba tranquila, nada se movía. Se acercó dónde estaban los restos de su amigo, tenía la mitad del cuerpo destrozado por la caída, se quedó uno momento mirándolo cuando de repente abrió los ojos, sus pupilas estaban cubiertas por una capa blancuzca, como una niebla; abrió la boca y empezó a dar mordiscos mientras levantaba los brazos arañando el aire sin llegar a alcanzarlo. Dudó un instante si usar la palanca y acabar de una vez con él, pero se dio la vuelta y empezó a caminar. Instintivamente aquel horrible ser en el que se había convertido su amigo comenzó a seguirlo. Se arrastraba con la ayuda de sus brazos, avanzando apenas unos centímetros y dejando atrás un reguero de sangre sobre el asfalto.

El doctor se giró por última vez y lo miró con tristeza, se palpó el bolsillo de la chaqueta y notó el bulto del frasco de vidrio que contenía el suero, la última muestra y tal vez nuestra última esperanza, pensó. Luego apretó el paso y se alejó de allí para siempre.
FIN

Hace más de 4 años

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hugo_reyes
Rango7 Nivel 31
hace más de 4 años

Aquí por fin la última parte, espero que os haya gustado o aterrorizado...;)

Eric_Dodds
Rango5 Nivel 20
hace más de 4 años

¡A mi me ha provocado ambas emociones! ¡Enhorabuena!

hugo_reyes
Rango7 Nivel 31
hace más de 4 años

¡Muchas gracias Sandman!