its_future_rust
Rango9 Nivel 41 (3423 ptos) | Escritor autopublicado
#1

La nube de polución que cubría la ciudad era visible a varias decenas de kilómetros de distancia y los transeúntes escrutaban el cielo con ojos suplicantes buscando alguna señal que anunciara la tan ansiada lluvia, aquella que traería consigo aire puro con el que llenar los pulmones.
Mientras que a mi me parecía hipnotizante la manera en que mi vaho se materializaba siniestra y lentamente en la ventana de mi cuarto, afuera el clima era el mismo, cielos grises y una apacible pero densa cortina de niebla que danzaba aletargada por los silentes edificios.- ¿También te parece curioso? -¿El que, Philip? –su mirada meditabunda vagó por el frio cuarto para luego centrarse en mí. –La materialización de tu calor corporal en el vidrio.
Me volteé, el paisaje exterior suele ser más claro que una conversación con él, pero extrañamente conversar con Philip es sumamente reconfortante para mí, me ayuda a sobrellevar el desastre.
El silencio se vio nuevamente interrumpido por el electrónico sonido del timbre del cuarto.

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Rango9 Nivel 41
hace más de 3 años

@E_Nygma puedes echarle un vistazo a mi historia "mi nuevo jefe es un robot" quizás te guste ^^


#2

Cyber-14B, ciudad industrial de alta tecnología; altamente poblada; en el año 2250 se decretó la ley n° 337.780, donde la capacidad de expansión se vio limitada por sus fronteras, Fedor Wright, que en ese entonces era el presidente de la corporación Omega, dividió el país en distritos. Por especialidad la capital fue asignada como centro de comercio y finanzas, los alrededores como industria de densidad media-alta; cabe destacar que en este sector se encuentra la mayor concentración poblacional, donde los edificios no dan abasto a tanta gente y las mega-torres se elevan entre la niebla industrial
Patrick reside a las afueras de la ciudad, piso 550 de la construcción megalítica, la cual es franquicia directa de industrias Omega.co.
-Patrick, ¿estás ahí?, -el golpeteo constante me sacó de mi ensimismamiento- Mat, ¿eres tú?- me aproximé hacia la puerta del cuarto, al abrirla comprobé mi hipótesis.
-Claro, ¿quién más? Creo ser la única que te viene a visitar y sabes que tu piso no me agrada nada Pat. En fin, traje algo para que te alimentes, de verdad has caído en un estado deprimente –dejó una pequeña bolsa sobre la mesa, y se sentó justo al lado de Philip, sólo que ella no tenía idea, me volteé otra vez
-Pat, debes superarlo, acabar con ello de una vez, o eso acabará contigo antes –me miró como si fuese un niño con un trauma severo, que necesitara su paletita para poder seguir tranquilo y no estallar en llanto, me hace sentir patético.
-¿Patético no?, no sé porque la dejaste entrar, me enferma su actitud… -Philip se levantó del borde de la cama y caminó con paso seguro hacia mi lado, yo seguí dirigiendo mi mirada a la visita, más que por mera cortesía fue más bien para evitar que considerase que perdí el juicio, aún así permanecí observándolo por el rabillo del ojo.
Conocí a Ahlmatea hace un par de años, en las oficinas de tecnología media, yo era en ese entonces un simple empleado, encargado de gestar papeleo acerca del control de las tasas de accidentes laborales, en el sector de embalaje, recordaré ese día en particular por el clima, una niebla industrial de las peores, con visibilidad prácticamente nula y una toxicidad elevada.

Me encontraba en la primera planta del nivel de oficinas, en la mega-torre, debía hacer un trayecto de una media hora en ascensor para llegar a mi pequeño cubículo y así dar inicio a otra jornada laboral; dentro del aparato elevador me encontré con ella, de tez grisácea, cabello oscuro y una postura un tanto encorvada; en un principio no hablamos prácticamente nada, intercambiamos la debida reverencia y aguardamos silencio.
-Vaya, hoy sí que esta densa la nieb…-en ese entonces se detuvo y tosió profusamente, se podía oír claramente como sus pulmones comenzaban a deteriorase lentamente, al igual que los míos-. Así es, su consistencia es tan espesa que siento que la puedo tomar con mis manos, ¿ha usado usted mascarilla?- añadí- no serán lo más eficaz, pero al menos ayudan a acompasar la respiración.
- Su tos no había cesado, continuaba insistente y parecía que aumentaba en intensidad, parte de mi lado amable le facilitó un pañuelo, así podría retener mejor los fluidos industriales que su cuerpo intentaba sacar de sí mismo.
-Gracias, vaya, cada vez es peor… la mascarilla es una buena opción, pero las de precio económico habitualmente cumple su funcionalidad en un principio…-ataca otra vez- pero luego se vuelven inservibles.
Justo antes de llegar al destino, le propuse tomar una taza de té matcha, para aliviar su sistema respiratorio, ella aceptó encantada y desde ahí compartimos una bebida caliente en aquellos días.

-¿Pat?, te hice una pregunta –estuve tan absorto en mis pensamiento que volví a dejar la realidad de lado –sí, lo siento… ¿Qué decías?
-Decía que si tienes pensado volver a trabajar, sé que aún te sientes mal por lo ocurrido, pero está en riesgo tu puesto en la oficina
-Comprendo mi situación, intento asimilarla Mat, pero se me es dificultoso volver a la rutina así como así, diablos como lo extraño –resistí la tentación de romperme en llanto, fue un arduo trabajo.
-Patrick, escúchame, debes ser fuerte, Philip fue un gran chico y su muerte muy trágica…, trágica, ¿en serio?, esta tipa no sabe nada –en mi mente quería callarlo, pero hablarle a la ventana, no sería lo más aconsejable si quiero que acepte que estoy mejor.
-Lo sé, Mat… -bajé la cabeza y evité el contacto con sus ojos, sentí como su mirada se clavaba en mi nuca, suspiro y se fué.

La lluvia se había detenido prácticamente por completo, Patrick y Philip contemplaban con aire sereno la ciudad desde las alturas, dentro de la cabeza del primero todo era un caos, se combatían deseos de superación, tendencias suicidas, siniestra depresión y otras tantas emociones buscando la atención de su pensador, en cambio, en la mente del segundo, todo era un vacío siniestro y oscuro, donde cada pensamiento emitía un débil alarido que se perdía en los ecos de su mente.
-Tomaré una ducha, hay té en la alacena, prepáralo –no lo miré a los ojos, solo pude notar como movía ligeramente la cabeza en señal de aprobación
Me desvestí, y observé mi cuerpo, luego de estos largos meses había evitado mirarme al espejo, pero esta vez se me hizo imposible y claro no reconocí a ese extraño ente que me miraba desde el otro lado.
Escuálido y esquelético, de piel blanca como la porcelana, mirada mortecina, una barba incipiente y el cabello con una consistencia similar al petróleo, grasoso y negro.
Desvié la mirada y suprimí las ansias de asesinar mi reflejo.

Dejé que el agua cayera sobre mi demacrado cuerpo y viajé a un mundo de fantasías, de esas que hacen que te pierdas en la memoria, buscando algo inalcanzable, un recuerdo efímero perdido en el valle del pensamiento.

Apenas me percaté de que estaba en el suelo de la ducha, en posición fetal, llorando claro, supongo que el sonido acompasado de la ducha distrae a los instintos, me mantuve así por un momento, es agradable condesar tristeza en lágrimas.
Enfrentar al espejo esta vez no fue tan difícil, lo mire con determinación, como las lentas gotas descendían por mi cuerpo hasta perderse en el suelo, formando un ligero charco entre mis fríos pies.
Hora de una variación, necesito alterar algo, los cambios nunca están demás, vienen bien para la rutina.
Tomé la vieja máquina para cortar cabello, la engrasé un poco para una mejor portabilidad en las cuchillas y empecé la labor.
El ronroneo constante y la suave vibración del aparato sobre mi cuero cabelludo son de lo más agradable; un mechón sobre la nariz, hace cosquillas, me hace sentir vivo.

Limpié los restos de mi cabello, me puse ropa cómoda y contemplé una vez más mi rostro en el espejo. Él chico que me devolvía la mirada tenía algo diferente en el semblante, ¿determinación?, ¿acaso falsas esperanzas? ¿O una vana ilusión?

Ya atardecía, el tranquilo cuarto donde vivo se coloreaba de una gama de tonos sepia; la habitación es remotamente sencilla, de color gris y suelos de metal un tanto oxidado.
Yo vivo en un mega torre de clase baja, por lo cual, los beneficios son limitados y los espacios reducidos, cuento con una habitación, baño y una cocina americana, todo de colores opacos.

Philip estaba sentado sobre un mullido taburete, me esperaba con una humeante taza de té y un paquete de galletas de avena sintética.

-Te viene bien el cambio Pat, le da a tu rostro cierta simetría –como es usual, no cedió la mirada, solo me observó banalmente y continuó removiendo la pequeña cuchara en la taza de té
-Gracias, es grato recibir un elogio de tu parte, aunque es extraño.
Sabes creo que volveré a la oficina, basta ya de tantas divagaciones, debo retomar el camino y superarte.
-¿Crees tú que será tan sencillo? –esta vez sí me miró, con poca determinación, como si pensara que es una idea superficial.
-Claro que lo será, has invadido mi realidad de manera súbita, pero es deber mío conseguir reanudar mi diario vivir –yo también lo observe, con decisión, para que cada palabra quedara en su conciencia.
-Como gustes, aquí estaré yo, esperándote… no, sabes, mejor te acompaño –nuevamente me observó, pero con más precisión, para hacerme saber, que no era una sugerencia sino una decisión.

El resto de la tarde continuó sin más preámbulos, tomaron el té tranquilos y luego cada cual fue a distraerse a su manera, por su parte Philip se dirigió a la ventana principal y con su cuadernillo para dibujos comenzó a trazar líneas y sombras como su imaginación le ordenaba.
Patrick se acomodó en el raído sofá y retomo la lectura que tanto le agradaba, a veces se distraía mirando aquella extraña sombra que replicaba el paisaje en papel.
Philip poseía una forma casi humana, que cambiaba constantemente, la gran diferencia entre él y un humano es que Philip es una sombra, un ente oscuro nacido de mi imaginación, de sentimientos escasos y mirada penetrante.

-Sé que estás observándome Pat, puedo sentir tu penetrante mirada clavada en mi nuca –no me miró, pero noté que no estaba enfadado.
-Residentes de la torre 33-B, les recordamos que están a exactamente una hora de la finalización de jornada, finiquiten todo deber y diríjanse a sus dormitorios, el suministro eléctrico será suspendido luego de dicha hora, gracias por su atención, que tenga una grata noche –la insensible y grave voz del operador de suministro vital retumbó por todo el piso y claro, por todos los demás.
Dejé el libro sobre la mesita de café y me marché a la cama, Philip seguía dibujando esmeradamente, no le dije nada, al fin y al cabo él no duerme, usualmente se pasa la noche en vela observando a la ciudad en penumbras.
Acomodé las almohadas y me cubrí con la acolchada manta hasta la garganta, me despojé de todo pensamiento y cedí a mi somnolencia.

#3

Desperté un par de minutos antes de lo indicado en el itinerario, me quedé en cama y medité sobre mi jornada de hoy. Pasaría el día completo tras un cubículo, revisando y archivando a cada desdichado que padecía en las entrañas de las grandes fábricas, sector de embalaje, a menudo los muertos en este sector son por aplastamiento con grandes cajas, infartos cardiopulmonares entre otros tantos.
-Residentes de la torre 33-B, buenos días, hoy es 23 de noviembre del año 2256, la temperatura es de unos 8°Celsius y se esperan tormentas, es recomendable siempre el uso de mascarillas y protección para la lluvia.
El suministro eléctrico ha sido reestablecido, pueden iniciar otra jornada más, que tengan un excelente día.

Fui a encender la cafetera, quería iniciar todo con algo de energía, Philip continuaba dibujando, con la mirada perdida entre el papel y la ciudad, que continuaba bajo un manto de oscuridad.
Me acerque precavidamente para echar un vistazo a su trabajo –no te acerques ni un ápice más Patrick, no quiero que vengas –me detuve en seco, se dejaba sentir un deje de enfado en su tono de voz, obviamente no se volteó, pero no quería provocar su ira, no conozco ese lado de él.

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#4

El café no estaría listo aun, así que prepare un par de tostadas pasteleras para acompañarlo y me dirigí al baño, para asearme un poco.
Por inercia me disponía a cepillarme el cabello, antes del cambio solía tenerlo enmarañado y enredado, extraña fue la sensación de no encontrar un solo pelo en la mollera, mejor, facilita el trabajo y me da un aspecto más serio, digno de respeto. Me arroje un abundante chorro de agua fría en el rostro para refrescarme, me cepille los dientes y acomode mi desteñida corbata al cuello, el dulzón aroma de las tostadas me indicó que el desayuno estaba en su punto.

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#5

Philip ya no se encontraba frente a la ventana, sino, sobre su taburete preferido, sirviendo café en una taza y té matcha en otra, sobre unos simples platos de porcelana se encontraban las tostadas, humeando lentamente. –Me tome la molestia de ayudar con el desayuno en esta ocasión, será un largo día y quiero algo de energía –expresó, observando detenidamente como el vapor del recipiente ascendía perezosamente.
-Como gustes, solo te pido que no me molestes durante el día, sólo mantente al margen de mi realidad.
Consumimos en silencio, luego tomé mi maleta y salí del apartamento.

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#6

Caminé por el silente pasillo hacia el salón comunitario, Philip me seguía un par de pasos más atrás; este gran espacio es el centro de actividades de este nivel de la torre, aquí te pueden brindar diversos servicios para las clases bajas, entre ellos se destaca, un pequeño consultorio, negociosos pequeños, una escuela primaria y una plaza bastante antigua.

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#7

La gente comenzaba a llegar desde diferentes partes del nivel, a trabajar o estudiar, yo por mi parte me disponía a tomar el ascensor y llegar a la oficina.

Este nivel cuenta con 50 ascensores, los cuales siempre se encuentran copados y saturados, está la opción de las escaleras, pero tardaría demasiado en llegar, entonces me dispuse a hacer la fila para abordar el aparato, era larga y tardaría un buen rato; en tanto Philip se aproximó a mi lado y me dijo –tomaré las escaleras, prefiero ese martirio a tener que compartir esa máquina con tantas personas, es enfermizo –lo último que alcance a percibir de él fue su oscura presencia perdiéndose entre el tumulto, en tanto yo seguí aguardando a mi turno.

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#8

Philip, ¿por qué empeñarse en quedarse aquí?, siendo que nuestra relación en vida fue tan efímera, tu insistes en volver a este lugar, a esta dimensión, que sencillamente, debiste abandonar hace un tiempo.
En vida, él, fue un chico poco destacable, de estatura promedio y habilidades comunes, no tenía nada en que destacar, pero siempre mi inconsciente lo buscaba por la oficina, a la hora del almuerzo intentaba iniciar un conversación, durante el receso anhelaba un encuentro con él, pero siempre tomaba su taza té y se perdía en la oficina hasta reanudar el trabajo, Mat nunca notó mi atracción por Philip hasta el día de su repentina muerte, si bien, se ha clasificado su defunción como suicidio, no me complace los resultados, hay algo que no calza en ello, no me he atrevido a preguntarle, no quiero evocar esos recuerdos en él.

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#9

-¡Las puertas del ascensor no se van a abrir más!, ¡entrar de una vez! –el grito de un extraño, me devolvió de golpe a la realidad, me encontraba frente al aparato y era mi turno de abordar.

Patrick ya a bordo del elevador, contemplaba con aire sutil la ciudad, que poco a poco comenzaba a volver en sí. El perezoso humo de las fábricas ascendía y se perdía en las alturas, a bajo en tierra, la gente se convertía en una extraña masa viviente, que se agolpaba entre sí y se movía constantemente entre la niebla.

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#10

En tanto Philip subía tranquilamente las escaleras, peldaño a peldaño, con calma y serenidad absoluta, ningún pensamiento invadía su mente, sólo el constante sonido de sus pasos reverberaba en su cabeza.

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#11

-Damas y caballeros, tengan un buen día, acabamos de llegar al nivel de oficinas, por favor ceder el paso y bajar con tranquilidad –la serena voz de una muchacha desconocida me indicó que debía seguir como mi día-
No notifique a Ahlmatea que iría a trabajar el día de hoy, de seguro me la encontraré en su cubículo, observando el vacío de su pantalla.
Tome mi tarjeta y marque mi llegada a la oficina, apenas entré me sentí fatal.
Las miradas de mis compañeros se agolpaban una a una en mi campo visual, susurros se dejaban oír de diferentes direcciones, cada uno más siniestro que el anterior; poco a poco la tensión comenzaba a acumularse ¿por qué no se callan?

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#12

Evite las miradas y continué mi camino al simple cubículo y encendí la computadora, mi sector de trabajo se hallaba igual que la última vez que lo vi, con sus características pilas de papeles y lapiceros esparcidos alrededor de la mesa, el aparato comenzó a arrojar diferentes sonidos electrónicos y a vomitar letras en la pantalla de manera uniforme, me senté en la raída silla y comencé mi deber aquí

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