Javidelaguila
Rango3 Nivel 12 (136 ptos) | Cuentacuentos freelance
#1
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Estaban los dos frente a frente y sonreían. No había sensación más reconfortante que sus momentos de encuentro, cuando eran ellos mismos sin máscaras, sin filtros, sin escondites en el corazón o en la mente. Ellos eran ellos, eran uno. Todo alrededor suyo esta difuminado, no hay nada más. Saben que ese espacio les pertenece en exclusiva, que nadie va a molestarles, nadie va a entrar sin permiso. ¿Entrar a dónde? ¿A sus almas? No puede haber sitio más seguro, íntimo y cálido que la atmósfera que flota alrededor de ellos dos. Ella gira la cabeza hacia el lado, regalándole media sonrisa y una mirada baja cargada de picardía.
- Tengo la sensación de que esto lo he vivo ya antes.
Él dio un paso hacia adelante. Su cara no había variado, seguía con una ligera sonrisa, la punta de sus labios levemente contraída, lo cual le daba un aire tierno y acogedor. Dio otro paso, y otro. El suelo a su alrededor se volvió transparente, y un halo de luz acompañaba su andar hacia ella. Entonces ella se giró y se alejó un poco.

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Javidelaguila
Rango3 Nivel 12
hace más de 4 años

muchas gracias!! Se Irá poniendo mucho más interesante y emotiva conforme avance :)


#2

Le estaba dando la espalda, y tenía las manos agarradas delante de ella, como si elevara una plegaria a una fuerza desconocida.
- Quiero contarte algo –dijo levantando la cabeza hacia el infinito. Estaba seguro de que había cerrado los ojos y estaba evocando algo- Desde hace mucho tiempo tengo un sueño recurrente. En él, me encuentro con un chico misterioso, nunca le he visto el rostro más allá de unos pocos detalles. Es una persona increíble, con la que empecé a hablar, primero de cosas muy banales para luego contarnos nuestros temores, aspiraciones, sueños, preocupaciones… nunca supe cómo se llamaba, de dónde era, o siquiera si existía. Sé que nuestras conversaciones eran mentales, que ocurrían, como si de fotogramas se tratasen…
Y entonces se giró hacia él, rápida y grácil, sutil e imponente, y mirándolo fijamente a los ojos terminó su frase: “A lo mejor eras tú. Me recuerdas mucho a él, y por eso tengo la sensación de conocerte desde el principio”
Su sonrisa ya no era la de unos labios arqueados. Ahora era amplia y larga. Se revolvió un poco el pelo mientras bajaba la mirada y sentía cómo se le encendían las mejillas. “¿Realmente es posible? ¿Pueden dos personas conocerse sin haberse visto nunca?”. Extendió los brazos, como señalando a su alrededor. “Aquí todo parece tener sentido, pero más allá nos tomarían por locos”.
Había cada vez más claridad allí donde estaban, incluso se dejaban ver algunas estrellas que les iban rodeando poco a poco, estrechando el cerco sobre ellos. Avanzó con paso firme hasta situarse junto a ella, que no se había movido ni un centímetro y tenía los ojos aún clavados en él.
- No sé si seré un veterano de tus sueños, pero es verdad que todo a nuestro alrededor parece tal, que la noche es nuestro elemento natural y el dormir no existe entre nosotros. Y al despertar, el mundo parece poca cosa y queremos volver.
Ahora ella tenía los ojos abiertos de par en par, pero su cara no era de sorpresa ni mucho menos. Lo miraba fijamente, casi podía tocarlo, podía sentirlo como si fuera ella misma. Respiró profundo y se escabulló por su lado rozándose sus manos en un segundo en el que la escena se tornó más brillante y densa. Dio la vuelta sobre sí misma para volver mirarlo: se había medio girado, la cabeza y un poco el tronco, y había apoyado un brazo en la cintura. Ya estaba más que acostumbrado a sus evasiones artísticas y algo dramáticas, y siempre las había disfrutado mucho. Dejando tan solo una justa distancia entre ambos, se paró y se llevó las manos a la espalda, diciendo con voz socarrona:
- Nunca se sabe pero, a diferencia de los escritores, siempre me he preguntado cómo se puede dar vida a personas que no conocemos, que no sabemos siquiera que existan. ¿De dónde vienen sus vivencias, sentimientos, recuerdos? ¿Por qué nos sentimos tan apegados a ellos?... Desde que te conocí, he tenido la sensación de vivir un sueño.

Y entonces pasó: vio cómo caía una estrella fugaz, y otra, y otra más… ¡Estaban lloviendo estrellas fugaces! Caían del cielo y en su camino a algún sitio pasaban por su lado, dejando estelas para iluminar la fotografía del momento. Miró al cielo, miró a su alrededor, caían miles de estrellas, algunas tan cerca que casi podía tocarlas. Cerró los ojos para oírlas caer mejor, y cuando volvió a abrirlos lo que encontró fue la aurora boreal, con su pálido verdor, sobre ellos. Se sintió mareada, invadida por una calidez desconocida hasta ahora. Algo la estaba tocando por dentro. No paraba de dar vueltas sobre sí misma para no perderse ni un detalle de aquel espectáculo. De repente se acordó que no estaba sola. Él seguía donde lo había dejado, pero tenía las manos en los bolsillos y la cabeza levantada, aunque no para contemplar, pues sus ojos estaban cerrados. Emanaba paz. No podía quitarle la vista de encima, como si él fuere el eje de ese mundo… ¿o era acaso del suyo propio? Algo dentro de ella se estremeció, en lo más profundo de su ser.

Hace más de 4 años

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Francisco_Merchan
Rango10 Nivel 48
hace más de 4 años

Me gusta mucho! Yo tambien tengo un relato en concurso. Si puedes, pasate y si te gusta....ya sabes! Un saludo y nos leemos