LuisMiguel_
Rango7 Nivel 32 (1805 ptos) | Autor novel
#1

Ella era distinta. Era fuego y hielo a la vez. A veces, me derretía con su mirada. Otras, me enviaba al lugar más oscuro que pudiera imaginar.

Su cabello ondeaba al viento mientras se alejaba con la elegancia que la caracteriza. Una pregunta revoloteaba en la cabeza de Roberth sin saber si tenía la suficiente valentía para enfrentarse a su mirada, su corazón latía fuerte, preso de pánico ante ambas posibilidades. Pero no podía vivir con la incertidumbre de lo que hubiera pasado si lo hubiese intentado.

—Karen—no escuchó.— Karen!

Se detuvo y se giró mientras él se acercaba.

Dejó escapar un suspiro cuando estuvo frente a ella y levantó la mirada a la altura de su rostro. Sus ojos azules lo estudiaban con curiosidad, tan profundos, en donde podías verlo todo y a la vez nada. Tan claros como esferas cristalinas y tan inescrutables como los más clasificados secretos de estado.

—Lo siento, pero necesito conocer todo lo que eres—sonrió — ¿me dejas?

Durmió poco, pero despertó decidido a hacerlo. Ese instante fue simplemente indescriptible para Roberth, aunque su respuesta casi lo hace dudar...

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gene_adrianb
Rango1 Nivel 4
hace más de 3 años

"necesito conocer todo lo que eres", mi parte favorita *-*

AzureExorcists_40
Rango6 Nivel 26
hace más de 3 años

La primera parte es muy conocida a un relato que ya vi

LuisMiguel_
Rango7 Nivel 32
hace más de 3 años

Claro @AzureExorcists_40 este relato participó en el concurso, por eso te puede dar la impresion de que se parece a otro ya que tiene el mismo inicio. Saludos!


#2

El sol resplandecía alegremente, el cielo se vestía de un azul manchado de pequeñas y abundantes nubes a lo largo de la expansión. Las aves entonaban una melodía dulce al ritmo de los latidos de su corazón. Sin duda era un día que Roberth ansiaba sobremanera, las horas que precedían la mañana le parecieron días, casi semanas, perdido en pensamientos y en la imagen de ese azul que envidia el cielo.

Los docentes y sus clases eran desconocidos, le costaba concentrarse y sólo cedía al deseo de trazar líneas y sombras en su block de dibujo. Ese día se sentía inspirado, y no podía resistir esbozar aquella su obra de arte, nunca lo había hecho en la universidad, pero desde la primera hora de clase sentía que estaba en otro lugar; al trazar cada línea se trasportaba a un lugar paralelo, que entendía poco, pero disfrutaba mucho.

Fue el primero en entrar al salón de la única clase que compartía con Karen. Se posó en su asiento habitual en la parte trasera y esperó expectante la llegada de aquella chica misteriosa que desafiaba todo lo que conocía. Poco a poco fueron llegando sus compañeros de clase y se dio cuenta que había llegado muy temprano.

Casi era la hora de empezar cuando entró ella. Llevaba una blusa blanca holgada que cubría sus caderas, leggins negros y unos zapatos Converse que hacían juego con sus lentes de sol. Sus pasos eran música y robaba la atención de todos mientras colocaba los lentes sobre su cabello rubio, descubriendo sus ojos, aquellos ojos...

Tardó poco en encontrar la nota que dejó sobre su asiento y frunció levemente el ceño cuando leyó: «te invito a almorzar. — Roberth»

La clase se hizo larga e insoportable, los minutos eternos y el discurso del profesor parecía incansable. Pero inevitablemente llegó al final y los alumnos abandonaban el salón en fila. Roberth sabía que ella sería de las últimas en salir mientras guardaba sus cosas con esa parsimonia que le encantaba.

— ¿Estas lista?

Ella lo miró con gesto descuidado.

— ¿Para qué?

— Para almorzar conmigo — respondió y le dedicó una sonrisa pícara.

— Apenas te conozco, ¿Qué te hace pensar que quiero almorzar contigo?

— ¿Cómo crees que voy a conocerte? Tú aceptaste.

— Eres insistente...

— Lo soy.

Lo miró fijamente, entrecerrando los ojos, con aquella mirada que tanto lo intimidaba. Roberth la interrumpió antes de que ella penetrara su frágil escudo de valentía.

— Además, las galletas que comías en la clase sólo me dicen que tienes hambre.

Ella dejó escapar un suspiro y abrió la boca para expresar su negativa.

— ...Míralo como una obra de caridad — la interrumpió — me ofrezco voluntariamente a darle de comer al hambriento.

Un bufido espontáneo se convirtió en una sonrisa mientras movía la cabeza en negación, ya derrotada frente a tal ocurrencia.

— Está bien, pero sólo esta vez — se puso los lentes y Roberth sintió un alivio grato.

— No te arrepentirás — dijo alegremente y ella ladeaba la cabeza con el mismo gesto que diría: «ya veremos».

Cuando llegaron al restaurante Karen agradeció para sus adentros tener un momento de silencio y respirar del arsenal de preguntas y temas de conversación que Roberth lanzaba en su intento de encontrar un interés común. Mientras comían él la miraba y sonreía, en una ocasión elogió la pulsera morada que tenía en su muñeca derecha y ella le devolvió un cortés «gracias» y siguió comiendo rápidamente. A Roberth le daba la impresión de que ella quería terminar cuanto antes el almuerzo.

Cuando acabaron ninguno emitió palabra, ella observaba detenidamente su alrededor y él no apartaba su mirada de ella. Cuando de pronto él abrió su bolso y sacó el block y empezó a trazar vertiginosamente líneas y colores en el lienzo. Karen no pudo evitar verlo con curiosidad pero no preguntó nada, sólo observaba la cantidad de gestos que hacía él cuando dibujaba aquello que ella no alcanzaba ver.

Transcurrieron algunos minutos y ella se empezó a impacientar.

— ¿Qué haces?

Él levantó su mirada, la vio como captando detalles de sus ojos y siguió dando trazos, sonriendo.

— Sólo dame un segundo.

Hizo otro de sus extraños gestos al dibujar y se detuvo, satisfecho con lo que hizo y deslizó el block hasta ella. En él había el sector de un rostro: hebras doradas en la frente y un ojo azul intenso, muy llamativo. Al instante supo que era ella, o bueno, una parte de ella; pero en el iris se veía lo que parecía un planeta, del mismo azul del ojo, pero pronto supo que todo el ojo componía ese planeta. Frunció el ceño y levantó su vista a la expectante e inquieta mirada de Roberth.

— ¿Y esto que significa?

— Es lo que veo — respondió al instante.

Ella volvió a observar el dibujo con más detalle. Los sectores que parecían la tierra del planeta parecían signos de interrogación y le daban un aspecto curioso. Un planeta muy azul poblada discretamente de signos de interrogación.

— Bueno, es sólo una parte de lo que veo —añadió él.

— ¿Que más ves?

La miró a los ojos, su expresión cambió y parecía muy serio y pensativo, como escudriñando su alma.

— Veo el reflejo de un niño, soy yo, pero con 15 años menos. Un niño ansioso por descubrir las maravillas del mundo. Expectante por lo que ofrece lo desconocido. — hizo una pausa para suspirar — tú eres ese mundo.

Ambos se miraron sin emitir palabra.

— Karen, yo suelo observar y disfrutar la hermosura de la naturaleza; escribo y medito en lo simple, en lo extraño, en lo sublime, en lo intangible. Creí conocer mucho, pero en ti hay algo, algo que me hace sentir perdido... Pero que deseo descubrir, cada día, cada espacio.

Ella bajó la mirada.

— Disculpa, necesito ir al baño. — dijo ella casi en un susurro y se levantó.

«Tonto» pensó Roberth. «¿en que pensabas? ¿Decirle todo eso y pensar que lo tomaría como algo casual?» se sintió culpable por haber abierto su bocota en su primer almuerzo con ella.

Cuando regresó, él se percató de que la pintura labial había desaparecido de su boca, y el cabello recogido la hacía ver más relajada, pero menos segura.

— ¿Estás bien? — ella asintió — bien, iré a cancelar la comida, ya vengo.

Cuando volvió a la mesa ella no estaba y encontró una nota. «lo siento, gracias...» decía. Cuando tomó el block advirtió que faltaba el dibujo, y sonrió.

Shamrock
Rango6 Nivel 28
hace más de 3 años

Me gusto, buen relato, espero seguir viendo el avance, solo un alcance, hay varias líneas que comienzan en minusculas, desconozco si esto es a proposito o es solo un descuido, pero igual te lo comento.

LuisMiguel_
Rango7 Nivel 32
hace más de 3 años

Muchas gracias @Shamrock por tu apreciación. Si es un descuido que no había tenido el momento de corregir. Pero pronto lo hago, saludos :)


#3

Las personas bailaban alegremente, hombres y mujeres vestidos de seda y algodón, se tomaban de la mano y daban giros y pasos suaves desplazándose por todo el salón; las sonrisas era el común denominador en todos, a leguas se notaba que disfrutaban la ocasión. Karen los observaba desde el corredor superior, disfrutaba verlos; tanta alegría, tanta armonía junta la hacía sentir como en un sueño.

La puerta principal se abrió y la cruzó él. Con un smoking negro y camisa blanca dentro que hacía relucir su discreta corbata roja. Se adentró al salón con pasos tranquilos mientras admiraba el ambiente del recinto. Alzó su mirada y se encontró con la de Karen, sonrió e hizo un gesto de saludo, ella le devolvió el gesto y comenzó a bajar las escaleras.

Mientras bajaba cada escalón advirtió la mirada de algunos presentes. Se ruborizó y procuró sostener con cuidado su vestido azúl, no quería tropezar en aquel momento. El descenso le pareció eterno pero era justo lo que quería hasta llegar al pié de las escaleras.

—Hola Roberth.

—Estas hermosa — dijo con un tono suave de admiración. Ella volvió a sonrojar.

—Gracias...

—Pareces una princesa — siguió él.

—¿Lo dices por la diana? — se llevó la mano a su cabeza.

—No, lo digo por toda tu — no tuvo respuesta y sólo sonrió pensando que es así como se siente.

Karen buscó con la mirada un lugar para sentarse y lo que encontró fue una mesa repleta de bocadillos. Su estómago rugía, y quería calmarlo un poco. Se acercó y tomó uno, sabía a cielo y cerró sus ojos para disfrutarlo; tomó otro y se maravillaba de lo exquisito que estaba. Cuando se dio cuenta ya había comido varios y no podía parar, tan sólo quería probar todas las delicias que le ofrecía la mesa.

Cuando no pudo más, sintió náuseas, y unas fuertes arcadas la obligaron a ir al baño. Entró rápidamente y se encerró. Cuando se vio en el espejo unas inmensas ganas de llorar se hicieron irresistibles al ver el reflejo que había en él. Brazos gordos y un abdomen prominente que amenazaba con reventar el vestido. Cachetes anchos y una papada que casi le cubría el cuello.

Más arcadas la obligaron a inclinarse en el retrete. Quiso ayudarse a vomitar llevándose dos dedos a la boca pero no salía nada. La desesperación corrió por todo su cuerpo y comenzó a llorar desconsoladamente mientras seguía intentando sacar lo que estaba en su estómago. Lloró hasta que sus ojos enrojecieron y sus oídos dejaron de escuchar, sólo se escuchaba el sonido lejano de un timbre que se hacía más fuerte y cercano a cada segundo hasta que sintió que iban a reventar sus tímpanos.

Despertó jadeando y gotas de sudor recorrían su cuello, sus ojos ardían y un sabor amargo se pronunciaba en su garganta. Extendió su mano para apagar la alarma y se sentó en la cama para despojar su ensueño. Aún tenía la sensación de las náuseas pero supo que sólo eran efectos de su mente.

Se levantó para ducharse y temió encontrarse en su espejo con esa horrenda figura que la atormentaba en su sueño; sintió un alivio cuando al verse, seguía teniendo su cuerpo esbelto y delicado. Al terminar tomó su móvil para leer el mensaje que cada mañana le enviaba Roberth. No había nada. Se vistió y fue a la cocina a hacerse un café.

Sentada en la mesa, leía las noticias mientras tomaba su café. Miraba de soslayo su móvil periódicamente a la espera de aquel mensaje, se había acostumbrado a leer los poemas que él le enviaba al amanecer y le parecía extraño que no lo haya hecho. Sin duda aquel día iba a ser diferente.

Salió para hacer su rutina diaria de ejercicio y se encontró una hoja al pie de la entrada de la residencia. Miró a los lados para ver si alguien lo había dejado o lo había extraviado, pero sólo estaba ella. Sonrió al leer lo que en él decía:

Que ganas tengo de conocerte
De decirte hola todos los días
De dejar de crearte en mi imaginación
Y hacer impredecibles tus rutinas.

«Este chico...» pensó. Dobló delicadamente la hoja y siguió al parque en donde corría unos 40 minutos diarios. Cuando estuvo agotada se sentó en el banco más cercano y tomó un poco de agua mientras releía el poema de aquella mañana. Repasó en su móvil los poemas anteriores y descubrió que todos tenían una secuencia y el de aquel día, además de estar escrito en una hoja, estaba impregnado de su perfume. Sonrió espontáneamente y se avergonzó al percatarse de aquello.

Aún leyendo el poema escuchó cómo se detuvo frente a ella el sonido de alguien trotando, cuando levantó la mirada la persona ya se había sentado a su lado y supo que era él.

—¿Será que algún día estaré prevenida de lo que vas a hacer?

—Quizás — respondió con aquella sonrisa pícara tan común en él.

—¿Hacer impredecible mis rutinas? — dijo ella, citando el poema.

—Es lo que intento, y siempre intentaré hacer

—Ya

—Te tengo una invitación...

—Si, ya lo sabía. Esa sonrisa siempre delata una invitación. — él la miró con gesto sorprendido, no esperaba aquello. Y volvió a dedicarle aquella sonrisa para darle crédito a su afirmación

—Ya vas conociéndome. ¿Entonces aceptas?

—¿Tengo otra opción?

—Sabes que no. — Karen sonrió mientras movía la cabeza en negación.

—Ok

—Bien, entonces te paso buscando a las 6, disfruta tu día — y siguió trotando. — ah, y no desesperes por mi llegada — Karen no pudo contener una carcajada.

A las 6 en punto la pasó buscando y Roberth parecía ansioso en todo el camino. La noche ya había caído en la ciudad y el tráfico se hacía más pesado a cada minuto. El centro de la ciudad no parecía descansar nunca.

—¿A donde vamos? — preguntó Karen.

—A estas alturas deberías saber que es una sorpresa — respondió de nuevo con aquella sonrisa.

«Si lo sabia» pensó ella, sólo quería romper el silencio.

—Espero que valga la pena. Dejé de salir con mis amigas por ti ¿sabes?

—Nunca habrás querido ir a otro lugar

Se detuvieron en un edificio increíblemente alto, sólo lo había visto de lejos. Guardaron silencio y ambos estaban ansiosos esta vez, a Karen la mataba la curiosidad. Estuvo a punto de decir algo cuando Roberth sacó un pañuelo de su bolsillo.

—¿No te molesta si pongo esto en tus ojos? —ella negó con la cabeza y su corazón comenzó a latir fuerte.

El ascensor se detuvo y Roberth la guió con su mano, cruzaron varias puertas hasta que por fin se detuvo y le soltó la mano.

—Puedes quitarte el pañuelo

Cuando lo hizo, sólo pudo ver a Roberth, y tras él una pared de cristal, y tras la pared se veía toda la ciudad en su plenitud. Las calles iluminadas y recorridas por los autos parecían tan diminutas. Las personas como hormigas transitaban los locales y tiendas en la plaza central. Las fuentes luminosas del parque parecían pequeñas rosas multicolores que cambiaban a cada minuto. Era hermoso, verdaderamente hermoso. Divagó pensando en que así se sentirían los reyes en la antigüedad cuando observaban la ciudad desde sus castillos.

—Wao — sólo pudo decir, vislumbrada.

—Y eso es sólo una parte. Mira esto.

Tomó su mano y la llevó hacia una caja que estaba al fondo de la sala. En la caja había un cilindro y Roberth le dijo que echara un vistazo. Cuando lo hizo, una lágrima de emoción corrió por su mejilla, no podía creer lo que sus ojos estaban viendo...

SEXYLOVER122
Rango13 Nivel 60
hace más de 3 años

!Colosal relato de amor !. Luce muy bien...

MintgreenOgres_8
Rango1 Nivel 0
hace más de 3 años

Hacía tiempo que no me gustaba tanto leer una historia de amor. Relatas muy bien y ya no puedo esperar para saber qué vió Karen en aquel cilindro.

LuisMiguel_
Rango7 Nivel 32
hace más de 3 años

Que bueno que te gustó @MintgreenOgres_8, es mi primera experiencia con una historia de amor y espero poder terminarla. Sin duda hay más sorpresas! Saludos.

GusJara
Rango9 Nivel 44
hace más de 3 años

Muy buen relato! No es del estilo que suele gustarme, pero está muy bien narrado, y realmente me gustó, espero la continuación

HJPilgrim
Rango13 Nivel 60
hace más de 3 años

@LuisMiguel_ buen trabajo, sólo una cosa:
— Estas hermosa. — dijo con un tono suave de admiración. Ella volvió a sonrojar.
Quita los espacios entre el inicio del texto y el guión. También los puntos:
—Estas hermosa —dijo con un tono suave de admiración.
Mucha suerte!

Ranacien
Rango9 Nivel 41
hace más de 3 años

Ésto es Intriga Total. Muy bien.

FuchsiaFoxes_1
Rango1 Nivel 0
hace más de 3 años

una historia de amor muy distinta, me rei mucho. y me encanta esa picardia...

felicidades.

Aferjim
Rango7 Nivel 31
hace más de 3 años

Increíble derroche de imaginación en esta historia de amor, un relato que deja las ganas de saber más. Suerte.

Sixto_GS
Rango10 Nivel 48
hace más de 3 años

El mejor comentario que puedo hacerte es no decirte lo que pienso. Yo me bajo aquí, bastante hice llegando.


#4

La expansión estaba reluciente, decorada con incontables luces pequeñas y grandes en cada espacio; unas brillantes, otras más brillantes, pero todas hermosas. Karen recorrió detenidamente con la mirada todo lo que podía ver por aquél cilindro que parecía ser la ventana al universo, su corazón se aceleró mientras la emoción la hacía sentir como si flotara en aquel mar de estrellas.

La imagen se acercó un poco más y numerosos colores se extendieron en el centro de las estrellas, Nebulosas se deslizaban como líquido a lo largo del espacio, podía pasar la vida observando aquello.

—En ocasiones lo que vemos a simple vista, tiene innumerables significados que ignoramos — le susurró Roberth.

Era cierto, Karen lo entendía más que nadie, y eso la hizo quebrantarse. Su visión se hizo borrosa mientras sus ojos se llenaban de lágrimas cuando decenas de recuerdos cruzaban por su mente, se separó del portaocular e intentó contener las lágrimas llevándose las manos al rostro.

Roberth parecía desconcertado, no se esperaba aquello. Se acercó a ella y tomó su mano.

—Lo siento — le dijo. Karen se secó las lágrimas. — ¿Estas bien? — ella asintió y un vacío en su estómago hizo que se sintiera incómoda.

Se dirigieron al otro extremo del salón y se sentaron en los muebles frente a la pared de cristal, la vista de la ciudad parecía nimia frente a lo que había visto hace un momento, pero no dejaba de encantarle. Roberth le ofreció un poco de agua.

—Gracias.

—No es nada, ¿Cómo te sientes?

—Bien, tranquilo...

—Es hermoso ¿no? — le dijo Roberth mientras le señalaba el cielo levemente estrellado. Karen sólo podía ver las incontables lumbreras que se quedaron grabadas en su mente.

—Mucho — dijo después de suspirar, bajó su rostro ocultando una sonrisa tímida y llevándose un mechón de cabello detrás de la oreja.

Un silencio se prolongó durante varios segundos y Roberth observaba con curiosidad a Karen. Ella se ruborizó.

—No me veas así — se defendió con una sonrisa desafiante y Roberth rió conteniendo una carcajada. Ambos se relajaron.

—¿Sabes? Un hombre sabio me dijo una vez que él sólo necesitaba 10 minutos con una persona para conocerla — dijo Roberth y una curiosidad se despertó en Karen.

—¿Cómo? — preguntó mientras cambiaba de posición para calmar el dolor de estómago que crecía poco a poco.

—Lo mismo le pregunté, me dijo que sólo con tres preguntas podría conocer su corazón, y por ende saber qué tipo de personas es.

Karen reflexionó en eso, parecía ilógico, pero no dejaba de ser interesante. Quería saberlo pero sólo miró expectante a Roberth. Él notó su ansiedad y esbozó una sonrisa.

—Karen, ¿Qué te hace reír? ¿Qué te hace llorar? — le preguntó viéndole a los ojos, ella pensó por un momento. Hizo silencio para entender lo que en verdad podría revelar esas preguntas.

—Recordar.

—¿Recordar? — Roberth se inclinó hacia delante. Karen giró su vista a la ciudad.

—Cuando era niña, no me cansaba de ver una comiquita. Me encantaba cada suceso y canciones en ella, y en ella se hacían una pregunta que no la había entendido hasta años después. — volvió a mirar a Roberth.

—¿Cuál?

—Tres de los personajes veían el cielo y se preguntaban el significado de las estrellas. El protagonista se preguntó si será verdad que ahí viven nuestros antepasados y desde allí nos cuidan.

Roberth pensó durante un momento. — ¿El rey león?

Karen volvió a reír tímidamente.

—Exacto.

Roberth parecía fascinado, su sonrisa lo delataba.

—A mí también me encantaba, bueno, me sigue gustando. ¿Tú crees que sea así?

—Ahora sé que no. De niña siempre lo creí, y más aún cuando mi papá me llevaba a su trabajo a ver las estrellas más de cerca en el telescopio astronómico de la capital — Roberth abrió los ojos como platos, con la misma cara de desconcierto de hace un momento.

—Wao...

—Si, era lo mejor que podía ver una niña...

—¿Cuando fue la última vez que te llevó?

—A los 10 años — hizo una pausa, volvió a observar la ciudad.

—¿Y luego?

—Murió.

Roberth no supo qué decir. Sólo la veía frente a él, ella parecía al borde de las lágrimas nuevamente. También volteó a ver la ciudad.

—Lo siento

—Tranquilo — Karen no sabía por qué le contaba aquello, pero ya lo había hecho, hacía tanto tiempo que no hablaba de eso con nadie. — ya han pasado 10 años, aún lo extraño, pero sus recuerdos me hacen reír, y también llorar. —intentó dedicarle una sonrisa y lo vio a los ojos — supongo que con eso respondo las dos preguntas.

—Más de lo que pensé — otro silencio les daba un respiro a ambos para poder procesar lo que habían conversado. Karen se incomodaba más con su estómago y tomó un poco más de agua para intentar calmarlo. — quise traerte aquí para mostrarte un poco tu futuro con tu carrera astronómica, pero no pensé que fuese a pasar esto...

—Y yo que pensaba que me habías investigado — replicó Karen con sarcasmo y ambos rieron.

—La verdad no tenía idea.

—Y a ti ¿Qué te hace reír? — preguntó Karen.

—Creo que lo que me haga reír a mi no tiene importancia ahora — dijo mientras negaba con la cabeza — ¿Por qué decidiste estudiar astronomía?

Karen volvió a parecer pensativa.

—Desde que murió mi padre no quise saber nada de eso, me negaba a seguir alimentando ese dolor, pero a la larga no pude negar la pasión que tengo por el espacio. Aquella que tanto cultivó mi papá en mí.

—Entiendo...

—No es justo, debes responder tú también. —dijo Karen con reproche.

—Está bien Está bien, pero primero te hago la tercera pregunta. — dijo con tono autoritario y gesto jocoso. Karen lo vio de la misma forma que vería una madre ante la tremendura de su hijo. Pero aceptó.

—¿Cuál es tu sueño? — preguntó Roberth y volvió a verla expectante.

—Tener una relación normal con mi madre —respondió con un suspiro y su voz volvió a sonar triste. Como acto extraño, Roberth quiso saber más.

—¿Qué tiene? — preguntó momento después.

—Nunca volvió a ser la misma después de que murió mi papá, tuvimos muchos problemas, por eso decidí dejar la capital y estudiar aquí —volvió a quebrantarse al hablar de aquello, lágrimas se deslizaron por sus mejillas y el dolor se agudizó en su estómago a un punto insoportable.

—Tranquila, no tienes que hablar de eso — dijo Roberth inmediatamente, pero Karen seguía quebrantada y se inclinaba de dolor. De pronto las punzadas se hicieron como apuñaladas y las lágrimas se convirtieron en gritos ahogados — ¿Karen? ¿Te ocurre algo? — ella no respondió, poco podía escuchar, sólo sentía alacranes en su estómago, el dolor se extendió a su cabeza y le costaba respirar — Karen, responde por favor — las palabras de Roberth se escuchaban lejanas y todo su entorno se hacía más oscuro mientras caía inconsciente en el mueble...

LuisMiguel_
Rango7 Nivel 32
hace más de 3 años

Muchísimas gracias a todos los que han estado votando por mi pequeña historia, no pensé llegar a este punto. Quise dedicar esta caja para que conozcan un poco más a los personajes, espero les guste. Gracias!

SEXYLOVER122
Rango13 Nivel 60
hace más de 3 años

! eSr ! espléndido y emocionante relato de amor !...

Luminar
Rango7 Nivel 32
hace más de 3 años

Cada nueva caja, el relato se torna más interesante. Ya quiero que lo continues para seguir leyendo. Mucho éxito.

LuisMiguel_
Rango7 Nivel 32
hace más de 3 años

Gracias @SEXYLOVER122! agradezco mucho tus comentarios, @Luminar espero seguir leyéndote también, sin duda ya es un logro llegar a estar entre los primeros 125 de casi 4000 relatos, gracias!

GoldOgres_70
Rango1 Nivel 4
hace más de 3 años

cada dia me sorprendes luismi eres lo maximo

BlueCattle_9
Rango1 Nivel 0
hace más de 3 años

Me compraste con El Rey Leòn.

PD: Si matas a Karen, te golpeare.

Pamuk
Rango10 Nivel 45
hace más de 3 años

hola @LuisMiguel_ felicidades por continuar. Gran historia. Te recomendaría revisar ortografía por ejemplo: "A mi también me encantaba" allí "mí" lleva tilde y en "Ahora se que no" Allí "sé" también lleva tilde. Hay muchas más palabras que quizá quieras revisar. Saludos. Te dejo mi latido

LuisMiguel_
Rango7 Nivel 32
hace más de 3 años

Por cierto, el latido no ha llegado jeje

LuisMiguel_
Rango7 Nivel 32
hace más de 3 años

Gracias @JormeryIMC! Yo tampoco lo sé jeje pero me alegra que te haya gustado. A fin de cuentas, eso es lo que importa :) saludos.

Jinova
Rango8 Nivel 39
hace más de 3 años

Me ha atrapado, continua así!!!!

LuisMiguel_
Rango7 Nivel 32
hace más de 3 años

Lo hice sin haber leído tu petición :) suerte! te dejé mi latido.

Aferjim
Rango7 Nivel 31
hace más de 3 años

Delicada historia que falta por saber el final, te espero en la siguiente. Saludos.


#5

El sonido constante de las máquinas hacía intranquila la habitación, el suelo reluciente y el olor inmaculado tan característico de las clínicas le daban un sabor amargo en la garganta a Roberth. Estaba de pie junto a la cama de Karen, observándola, pensando, pensando...

Recapitulaba cada momento de su cita en el observatorio astronómico, intentaba recordar sus intenciones al llevarla allí, pero nunca encontró motivo para que eso sucediera. Estaba confuso y tenía miedo, miedo como hacía mucho tiempo no sentía. Ella seguía inconsciente, su rostro volvía a parecer sereno y tranquilo, nada comparado a como estaba antes de traerla a la clínica.

Acariciaba su mano izquierda cuando ella comenzó a despertar, sus ojos comenzaron a abrirse con dificultad y sus labios rosa se movían intranquilos. Cuando terminó de despertar parecía perdida, movía su cabeza viendo la habitación, buscando algo que no encontraba, quizás buscaba su propio cuarto.

—Hola — le susurró Roberth, Karen lo vio, extrañada.

—Hola

—¿Cómo te sientes?

—Bien, gracias. — pero sentía su estómago extraño y su garganta le ardía, como si hubiese comido algo que le costó tragar.

—Me alegra — Roberth tocó su frente —dormiste mucho bella durmiente. — Karen sonrió, luego le observó como recordando algo.

—¿Cuál es tu sueño? — preguntó Karen momento después.

Fue incontenible la sonrisa de satisfacción de Roberth, esta vez no podía negarse a responder.

—Poder ayudar a personas como tú a cumplir sus sueños, aportar así sea un granito de arena. Por eso suspiro todas las mañanas. — Karen volvió a usar ese gesto de curiosidad como la de la cita, pero sólo lo veía a los ojos como reflexionando.

—¿Por qué? — preguntó finalmente.

Roberth volvió a tomar su mano.

—Siempre he creído que la infelicidad de las personas radica en no encontrar lo que verdaderamente les apasiona. Viven una vida rutinaria que los consumen cada día. Pienso que sólo hay dos tipos de persona: los que tienen sueños, y los que no. — hizo una pausa. Bajó la mirada mientras suspiraba, pero volvió a verla a los ojos.

»Karen, siempre he dicho que lo mejor que puede hacer una persona por mi no es suplir una necesidad económica, ni darme un trabajo, ni siquiera darme un buen consejo. Lo mejor que alguien puede hacer por mí es ayudarme a lograr mis sueños. Y es lo que cada día yo pretendo hacer por los demás, ayudarlos en lo que pueda a que logren lo que tanto desean. Porque sé que eso me lo van a agradecer más que nada en la vida, cuando vean atrás y me encuentren como ese pequeño andamio que los ayudó a subir un poco.

Karen quedó sin habla, sólo escuchaba tranquila, tratando de entender en su totalidad lo que Roberth decía, y lo que tenía que ver con ella.

—Siempre trato de buscar lo especial en todas las personas — siguió Roberth. — y trato también de hacérselos saber. Tú eres especial, Karen, y creeme que daré lo mejor de mí para hacerte sentir lo que especial que eres.

Eso la conmovió e hizo una mueca de dolor y odió sentir de nuevo aquella molestia en su estómago.

—¿Estás bien? — preguntó Roberth.

—Me vuelve a doler... — y se agudizaba el dolor a cada segundo.

—Y para eso estoy yo aquí. — dijo la enfermera que Roberth no supo en qué momento entró. —dormirás un poco más, Karen. Te sentirás mejor.

Karen asintió y la enfermera aplicó una dosis en las vías que Karen tenía en su mano derecha. Roberth seguía sosteniendo su mano izquierda mientras Karen volvía a sumirse en un profundo sueño.

—El doctor quiere verte — le dijo la enfermera mientras hacia ademán de que lo esperaba afuera.

—Gracias — y salió enseguida.

Mientras se acercaba al doctor se percató de su rostro, no tenía buena cara y eso lo preocupó. Pero guardó la calma.

—Doctor, ¿Ya tiene los resultados de los exámenes?

—Si...

—¿Y entonces?

—No son buenas noticias, Roberth. — dijo mientras le señalaba un asiento para sentarse.

—No, gracias. ¿Qué tiene?

—Los exámenes arrojaron una gastritis crónica. Las paredes estomacales están bastante obstruidas y necesita tratamiento cuanto antes.

El corazón de Roberth se aceleró y su preocupación creció. No entendía cómo podía tener una gastritis tan avanzada.

—¿Y cuáles podrían ser las causas doctor?

—Normalmente la causa principal es la mala alimentación y el desorden en los horarios al comer. Pero es más común en personas de más edad, a la edad de Karen no es muy frecuente. Por eso creemos que la gastritis sea consecuencia de otra enfermedad que al observar otros indicios pensamos que Karen puede sufrir...

—¿Cuál? — preguntó Roberth al instante.

—Son características muy propias de una persona anoréxica o bulímica. Pero Karen no padece desnutrición y eso descarta la anorexia. En cambio su esófago también esta un poco instruido y han aumentado considerablemente sus glándulas salivales y ha perdido levemente su esmalte dental. Todo ello consecuencia del vómito autoinducido, aunque no recurría mucho a ello ya que normalmente esos déficit están a la par de la obstrucción del estómago. Podría ser que recurría a otras técnicas como los laxantes o el ejercicio.

—Ella hace mucho ejercicio — dijo Roberth, consternado. Le costaba digerir todo aquello.

—Quizás eso la ayudaba. Sin embargo aún no podemos afirmar que padezca de bulimia. Tendríamos que hacer un estudio neurológico para confirmar las sospechas. Para eso necesitamos que sus personas allegadas nos ayuden a identificar ciertos comportamientos que nos ayuden a dar diagnóstico veraz.

—Gracias doctor, eso haré.

—Bien, comunicate con sus familiares y amigos para hablar con ellos. Karen dormirá un poco más mientras tratamos de controlar sus dolores constantes de estómago. Necesitamos estar seguros de su posición para darle un trato idóneo a Karen.

—Esta bien...

—Bueno, me buscas en cuanto lleguen los familiares de Karen.

«Bulimia nerviosa...» a Roberth le costaba creerlo, «¿cómo no pude darme cuenta?» pensó y se reprochó aquello. Trató de concentrarse, tenía una tarea difícil, encontrar los familiares de Karen, poco conocía de ellos, pero pensó que algo tenía que encontrar en el móvil de Karen, así que fue a buscarlo.

Hace más de 3 años

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Louis
Rango13 Nivel 64
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