Miyumi36
Rango4 Nivel 18 (354 ptos) | Promesa literaria
#1
    Partes:
  • #2

Desde que era pequeño supo que era especial. No podía ser una casualidad. Barone había decidido que era lo mejor. Ahora debía volverme más fuerte. Tal vez, necesitaba comenzar todo de nuevo.
La vida que estaba llevando había dejado de ser normal hasta que lo conocí. Y cuando me di cuenta, ya estaba involucrada en sus locuras. Me salteaba las clases y podía ver toda clase de alienígenas. Sí, eso mismo. Lo peor de todo era que nuestro deber era: cazar extraterrestres. Yo me había convertido en su nueva "arma". Orión, el gato, se fusionaba conmigo y usaba una bazuca para poder derrotarlos y absorberlos con la ayuda del espejo. Todo seguía su curso y hasta me había acostumbrado, así hasta que Barone desapareció de mi vida de un día para el otro.
Ahora, mis nuevas aventuras debían comenzar. Quizás, Barone estaba en lo correcto: debía volverme fuerte sin él. Lo único que realmente me molestó fue que comencé a sentir un aprecio hacia él.
Barone, ¿dónde estarás?

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Lobodeaqueronte
Rango9 Nivel 41
hace más de 3 años

Esta historia está genial, tienes material para algo grande, suerte.

Miyumi36
Rango4 Nivel 18
hace más de 3 años

Muchas gracias! Me esforzaré!

Neyreth_delaRosa
Rango6 Nivel 26
hace más de 3 años

>w< muy buena historia, tiene su toque de misterio


#2

Capítulo 1
Estaba mirándome como si estuviera esperando algo de mí. Sus orejas eran blancas y sus manchas cubrían su espalda: parecía el país de Japón. Me acerqué a ella con cuidado pero huyó. Me resigné. Decidí que la próxima vez que la vea le dejaría un tazón con leche. Me fui.
Era mi primer día de clases. Me mudé a Argentina hace unas semanas y el aire era diferente. Mi hermano se adelantó. Él era dos años menor que yo. Tenía trece años. Y todavía no se acostumbraba ni yo. Me tocaba presentarme, después de todo, era nueva.
— Kinomoto Mikuru, una estudiante de intercambio. Por favor, sean amables con ella. Puedes acomodarte en el asiento vacío de allí—me indicó el tutor.
Sin decir nada me acomodé a la par de mi nuevo compañero. Al sentarme, me di cuenta de que estaba durmiendo. Llevaba puesto una boina de color negro y sus flequillos largos le tapaban el rostro. ¿Me pregunto por qué estará durmiendo? ¿Habrá trabajado anoche?
—¡¡Barone!!—Gritó el profesor—. ¡Levántate y deja de dormir!
El chico dio un respingo y noté que un hilo de baba rodeaba su labio. Sus ojos eran negros. ¿Un apellido italiano? Yo también me sobresalté.
—Disculpe profesor, anoche no pude abandonar el laburo— ¡Lo sabía! ¡Trabaja por la noche!
—Eso es mentira profesor, él se la pasa yendo de joda en joda todo el día—acusó uno de mis compañeros; Matías.
— ¡Cállate boludo! ¿Qué te metés vos?—le contestó molesto Barone.
—Como sea—dijo el profesor y se acomodó las gafas—. Solo prestá atención a mi clase por favor.
La última hora era la más aburrida: matemáticas. Suspiré. Al menos, era buena en álgebra. Eché un vistazo hacia mi compañero. Otra vez se había quedado dormido. ¿Tan cansado estaba? Creí que sería bueno dejarlo dormir. Al finalizar la clase, intenté levantarlo. Ya todos se habían ido y quedábamos nosotros dos. Lo zarandeé pero no se inmutó. Me resigné. Tenía miedo. Su cuerpo era el doble más grande que el mío. ¡¿Y si se molestaba por haberlo despertado de su siesta?! Tragué saliva con fuerza.
—Barone…ya terminó la clase—llamé en vano.
Volví a suspirar. Sería mejor no molestarlo. Junté mis cosas y enfilé en dirección a la puerta pero, antes de intentarlo, él jaló de mi buzo. Me sobresalté.
—No te vayas…quiero hablar con vos.
— ¿Eh?
Mi expresión lo decía todo: estaba asustada. ¿Por qué querrá hablar conmigo? ¡¿Acaso querrá matarme por haberlo despertado?! ¡Estoy muerta! Por un instante sentí que la distancia que existía entre nosotros se hizo más cercana. Sus ojos eran negros, mucho más que la oscuridad. Su mirada era fría. Me sonrojé.
—Tengo que irme, Barone—excusé rápidamente y traté de zafarme. Pero fue inútil, él forcejeó con más fuerza y entonces me caí al suelo.
—Torpe.
¿Torpe? Pero si tú me has hecho caer. ¿Qué es lo que quieres de mí? ¿Matarme? ¿Eso quieres? Estoy segura de que eres un matón delincuente y de eso trabaja por la noche. Suéltame. Realmente tengo cosas que hacer, por ejemplo; darle de comer a la pequeña gatita.
— ¿De verdad sos japonesa?—aquello fue una pregunta extraña.
Levanté la mirada y lo miré desconcertada. ¿Eh? ¿Hablas en serio? ¡Es obvio! Tragué saliva. Y me puse de pie un poco nerviosa.
—Si soy japonesa, ¿por qué lo preguntas?
—Sos rara.
¿EH? Me pregunta solo para insultarme. ¿Qué clase de chico es éste? ¿Solo me pidió que me quedara para insultarme? Después de eso, me retiré del lugar. Estaba molesta. ¿Cómo se atrevía?
Al llegar a casa, noté que la pequeña gatita se encontraba en el tapial de mi ventana. Sorprendida corrí hasta mi habitación y le coloqué un tazón de leche. Primero, me ignoró pero cuando decidí ducharme y, a salir del baño, la gatita estaba tomando del tazón. Le sonreí.
—Te llamaré Rumi.
El cielo estaba nublado. Pronto llovería. Mi madre me envió a juntar la ropa del tendedero y así, como lo predijo, la lluvia comenzó a caer frenéticamente. Había dejado la ventana abierta y, sin darme, cuenta Rumi había entrado. Mi madre me mataría pero, no tenía opción. Los gatos eran mi debilidad. Minutos después, mi madre me llamó a la puerta. Alguien me buscaba.
Bajé las escaleras pero me detuve en cuanto pisé el último peldaño. Era él. ¡No puede ser! ¡¿Me siguió?! ¿Qué hacía aquí? ¿Qué quería?
—¿Qué haces...?
—Devuélveme a Orión.

SEXYLOVER122
Rango13 Nivel 60
hace más de 3 años

! Muy buena redacción, el texto lleva tu sello propio !.

WhiteGeese_98
Rango1 Nivel 0
hace más de 3 años

no me dejes con la intriga... quiero seguir leyendo :33333333