sara_ishtar
Rango7 Nivel 30 (1534 ptos) | Autor novel
#1

La vida se compone de luces y sombras. Yo soy una sombra, que recorre los callejones de cualquier ciudad cuando ni los gatos están despiertos.

Soy la sombra que jamás verás venir. Te quitaré tus objetos más precidados, tus recuerdos encerrados en ellos. Otros se valen de mí para obtener lo que desean: riqueza, poder, secretos e incluso las vidas de aquellos que les estorban.

Como las sombras yo no dejo huella ninguna. La policía no ha estado cerca de atraparme o de saber quién soy. Pero siguen buscándome. Ilusos.

Ellos tampoco me verán venir. Tengo una misión y me llevaré conmigo la vida de alguien muy importante. Uno de los suyos. Y después volveré a desaparecer. Pero mientras tanto tengo que seguir el plan al milímetro.

Abro la puerta con calma. Miro a mi alrededor. El ritmo de la comisaría es frenético. Me paro delante del mostrador y una chica de uniforme me mira en silencio durante un par de segundos. Sus ojos se detienen en la placa que sujeto en la mano.

- ¿Eres Natalia Figueroa?

Me esperaba la pregunta. Asiento con la cabeza.

- Bienvenida. ¡Chicos! ¡Ha llegado la nueva!

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sara_ishtar
Rango7 Nivel 30
hace casi 4 años

¡He tenido que resubir la historia porque hubo un problema al presentarla al concurso!

the_one_eyed
Rango15 Nivel 70
hace casi 4 años

Un buen comienzo, espero saber más de este relato. Te seguiré atentamente. Un saludo, @sara_ishtar, y suerte :)

the_one_eyed
Rango15 Nivel 70
hace casi 4 años

Un buen comienzo, espero saber más de este relato. Te seguiré atentamente. Un saludo, @sara_ishtar, y suerte :)

Natalia815
Rango1 Nivel 0
hace casi 4 años

¡Queremos más! Buen comienzo ;)

Carrillog
Rango1 Nivel 0
hace casi 4 años

Que buena pinta, ¡más más!

Mona_Lisa
Rango6 Nivel 25
hace casi 4 años

interesante, espero la segunda parte :)

AngelMagat
Rango18 Nivel 85
hace casi 4 años

Interesante, ¿quién será esa sombra?


#2

Llevo una semana en la comisaría y ya estoy que me subo por las paredes. Odio sonreír, odio tener que recordar la historia de quien pretendo ser, odio tener que fingir que me encanta estar rodeada de gente. Y lo odio más aún cuando esa gente son policías. Pero no puedo evitarlo, mi objetivo es acabar con uno de ellos y no sólo hay en juego una gran suma de dinero. Hay gente muy poderosa detrás de esta peculiar partida de ajedrez y yo no puedo ser sólo un peón. Tengo que ser la reina y dar jaque mate al comisario en el menor tiempo posible. Si no... Bueno. Estoy segura de que acabarían conmigo sin pestañear y me gusta esto de estar viva.

Se me da muy bien pasar desapercibida. He estado años entrenando y mientras finjo hacer el trabajo aburrido y rutinario de una policía novata me dedico a memorizarlo todo. Cada papel que cae en mis manos, cada expediente de cada uno de los que ahora son mis compañeros, cada rincón de la comisaría. Voy conociendo mucho sobre ellos, incluidas sus rutinas, sus gustos, sus preferencias. No muestro especial interés en mi objetivo, pero mis compañeros están felices de hablar de todo conmigo y tratan de que me integre. Me cuentan cosas de todos. Y entre cotilleos sobre la guardería a la que va la hija de uno o el piso nuevo que se ha comprado otro me entero, por ejemplo, de que el comisario no sigue horarios fijos. Se queda hasta tarde trabajando y es bastante inflexible cuando se trata de las normas. Pero sonríe a todo el mundo y cada vez que me sonríe y me pregunta qué tal mis primeros días sólo puedo pensar en cómo borrarle esa sonrisa. Si le odio todo es mucho más fácil.

Voy trazando poco a poco mi plan. Tengo que ser muy discreta y matar a un policía es intentar idear el crimen perfecto. Me encantan los retos y esta misión es el más grande con el que me he encontrado hasta ahora. No puedo dejar ningún rastro que conduzca hasta a mí. Quiero volver a ser una sombra, a ser invisible, no a tener a toda la policía nacional buscándome.

Al final me decido por el veneno. Sutil, fácil de camuflar en bebida o alimentos si usas el adecuado. Y hará más fácil ocultar mi papel en la historia. Tengo que encontrar uno que se vuelva indetectable en la sangre en cuanto pasen algunas horas. Aunque el mayor problema no va a ser elegirlo si no conseguirlo. Voy a tener que tirar de muchos hilos. Esto no te lo consigue cualquier camello.

Tras seis días que se me han hecho eternos por fin tengo unos pequeños frascos bien guardados en mi bolso. Van a ser cuatro dosis y la última será la definitiva. También será la más abundante y por tanto la más difícil de disimular. He elegido ponerla en una tarta. Dentro de dos semanas se celebra una fiesta en honor de uno de mis nuevos compañeros, que se casa, y va a ir toda la comisaría. La tarta va a ser el recipiente perfecto. Qué ganas tengo de que termine todo y de abandonar el papel de Natalia Figueroa. Me oprime y me agobia como ningún otro hasta ahora. Pero la función es larga, y todavía quedan catorce días hasta conseguir mi objetivo. Después, unos cuantos días más en el papel de policía y podré desaparecer.

Mañana se tomará la primera dosis. No puedo esperar más, no puedo estar quieta sin hacer nada. Tengo que hacer mis movimientos perfectamente para poder ganar una partida que ya ha comenzado. Estoy ansiosa. Me encanta sentir la adrenalina inundando mi cuerpo y la siento a raudales mientras manipulo el edulcorante líquido que usará mañana el comisario. No puedo esperar a ver cómo se toma el café mañana por la mañana.

Godoycar_88
Rango4 Nivel 19
hace casi 4 años

De nuevo nos vemos. Cautivas con tu narración. Esperemos la continuidad de la historia, muy bien lograda.

SEXYLOVER122
Rango13 Nivel 60
hace casi 4 años

! Apasionante y atractiva narración, me encantó !.

MilaRojas
Rango7 Nivel 30
hace casi 4 años

Me encantaría seguir leyendo *-* Espero ayudarte a continuar, sí gustas puedes pasarte por la mía y darme tu opinión la valorare mucho :D


#3

La noche anterior a la primera dosis me costó conciliar el sueño. Solía pasarme antes de los momentos culminantes de cada trabajo que me encargaban. Dormir, comer... todo se me antojaba innecesario y sólo tenía ojos y cerebro para lo que tenía que hacer. Sin embargo esta vez tendría que esforzarme por seguir pareciendo una persona normal. Como si yo hubiera sido normal alguna vez.

Cuando llego a la comisaría lo hago con una calma fingida y un café en la mano. Había preferido pasar por la cafetería más cercana y así demorar un poco el momento de entrar de nuevo en aquel infierno. Mi intención era tratar de socializar con mis compañeros y ver si el comisario se comportaba de forma anormal pero en cuanto atravesé la puerta y ví el barullo que había supe que no iba a ser una mañana tranquila. Y efectivamente no lo fue. Me dediqué toda la mañana a hacer papeleos de denuncias y cuando por fin pude tener unos minutos libres fui a la máquina de café, centro de todos los cotilleos, como en todas las oficinas. Pero antes de llegar a ella oí la voz de uno de mis compañeros.

- ¡Martínez! ¡Figueroa! Acaba de aparecer un cuerpo a las afueras y necesitan refuerzos.

A la mierda mi intento por enterarme de algo. No tuve más remedio que dar la vuelta y poner rumbo a uno de los barrios más deprimentes de la ciudad. Hace muchos años era un barrio de gente humilde, pescadores la mayoría, pero ahora había robos y peleas cada dos por tres y las familias humildes se las habían apañado para macharse a otras zonas menos castigadas.

El cadáver de un borracho nos mantuvo allí toda la tarde. Cuando por fin llegamos a la comisaría casi todos los del turno de tarde se habían ido, incluido el comisario. Como nadie mencionó que hubiera pasado nada extraño (o más extraño de lo habitual en un sitio así) supuse que la primera dosis del veneno se había camuflado bien en el edulcorante líquido del café y no había efectos secundarios. Mucho mejor. Prefería que no se me viese llegar. Me encantaba ser invisible.

Tardé cuatro días en poder encontrar otro momento idóneo para deslizar la segunda dosis en una infusión que el comisario se dejó en la máquina unos minutos mientras iba al baño. Y, al igual que la primera vez, no pareció que él notase nada. Esta vez pude observar como, al salir del baño, daba los primeros sorbos a la infusión y me saludaba con la cabeza al pasar. Esta vez sí le devolví la sonrisa. Estaba contenta de ver cómo iba resultando mi plan y cómo se acercaba por fin el final.

Ya había empezado a hacer planes para cuando pudiese deshacerme de mi identidad de policía, unas semanas después de la muerte del comisario. Cirugía estética, nuevos documentos de identidad, nuevo contrato de alquiler y a empezar de cero en otra ciudad. Alguna del sur, a ser posible, porque estaba empezando a odiar el clima de la zona norte de España. Tanta lluvia no podía gustar a nadie.

Cuando quedaba solamente una semana para el final estaba más nerviosa que con cualquiera de mis trabajos anteriores. Tuve que contarles a mis compañeros que me había dejado hacía unas semanas mi novio de toda la vida y que por eso había decidido empezar de cero en otra ciudad. Y todos achacaron mi comportamiento a la ruptura. Claro que igual fue contraproducente porque los tuve revoloteando alrededor de mí a todas horas, preguntándome qué tal estaba, si quería conocer a su primo que era muy guapo y casualmente estaba soltero... No sé de dónde saqué la paciencia. Aproveché el goteo de policías que iban a comer o regresaban de hacerlo y preparé la tercera dosis. Me faltaba encontrar el recipiente adecuado para que no se notase nada. Y en ello estaba cuando una voz casi me hace pegar un bote.

- ¡Figueroa! - me dí la vuelta, distraída, y ví a la chica que me había recibido el primer día -. El comisario quiere verte en su despacho.

MagentaOwls_65
Rango1 Nivel 0
hace casi 4 años

Que intriga!!! que ganas de leer la historia completa

PedroSuarez_80
Rango12 Nivel 55
hace casi 4 años

Has terminado de tal manera que he quedado enganchado para la próxima caja.

Lectora62
Rango2 Nivel 8
hace casi 4 años

Estoy deseando ver como sigue

Zero_Ize
Rango1 Nivel 0
hace casi 4 años

Joer se pone interesante la cosa.

SEXYLOVER122
Rango13 Nivel 60
hace casi 4 años

! Esta historia tiene mucho " enganche ". Bastante buena.

SDA_love50
Rango19 Nivel 94
hace casi 4 años

Espero seguir leyéndola mucha suerte.

GusJara
Rango9 Nivel 44
hace casi 4 años

Muy buena historia! Espero que puedas continuar este relato para saber qué pasa con este personaje

AngelMagat
Rango18 Nivel 85
hace casi 4 años

No ha perdido ni un ápice de interés, al contrario,
gana en ello con cada caja publicada.


#4

Notaba mi corazón más acelerado según me iba acercando al despacho del comisario. Traté de mantener la cara lo más inexpresiva posible, pero no pude evitar que cada músculo estuviese en tensión, preparado para hacer algún movimiento si me habían descubierto.

Por fin llegué a la puerta y llamé, aunque estaba entreabierta.

- ¿Quería verme, comisario?
- Ah, Figueroa. Sí, sí, pasa.

Cerré la puerta tras de mí y me senté en una de las sillas, quedando frente a frente con mi actual objetivo. Él me miró y no logré descifrar nada en su cara.

- Ya lleva aquí bastantes días, Figueroa. ¿Se está adaptando bien a la comisaría?
- Pues... sí, creo que sí.
- Me alegra oírlo. Sé que su traslado fue un poco precipitado y que debe estar usted un poco desubicada todavía, después de venir de una ciudad tan grande como Barcelona, pero confío en que se encuentre cómoda entre sus nuevos compañeros.
- Todavía los estoy conociendo, pero me voy encontrando a gusto aquí. Espero que en los próximos meses pueda decir que he hecho algún amigo - puse mi mejor sonrisa tímida.
- Excelente. Somos una comisaría pequeña, pero con muy buen personal. Ah, antes de que se retire, me gustaría pedirle un favor, Figueroa. ¿Le importaría echar una mano en la preparación de la fiesta de la semana que viene para el agente Sepúlveda? Como sabrá usted, se casa en breve y daremos una fiesta para celebrarlo.
- Claro, sin ningún problema. Estaré encantada.

Cuando salí del despacho del comisario estaba encantada de verdad. Las cosas iban mejor que bien y acababa de entrar a formar parte del equipo que organizaba la fiesta. Eso me facilitaría mucho la labor de poner la última dosis del veneno en la tarta del comisario. Al final tendría que darle las gracias por lo fácil que me iba a resultar matarle.

Los siguientes días apenas pude dedicar unas pocas horas sueltas a ultimar los detalles de mi plan. Con algunos agentes cogiendo breves bajas por un virus de gripe que había en la zona, el trabajo en la comisaría ocupaba casi todo mi tiempo. Además, tenía que hacer el papel de novata encantada de participar en la organización de una fiesta para conocer a sus nuevos compañeros. Eso era lo que más me costaba, sonreír y ser siempre amable con todo el mundo, mentir diciendo lo contenta que estaba de estar allí y lo bien que me caía todo el mundo. No veía la hora de que llegase el día de la fiesta.

Menos mal que, cuando por fin llegó, ya tenía todo preparado. La fiesta era por la noche pero yo ya llevaba el vial con el veneno dentro de mi bolso, además de la ropa que me pondría esa noche. Entré en la comisaría con mi mejor sonrisa, menos fingida esta vez. Me dirigí a la máquina a por un café y pregunté por mis compañeros de baja. Uno de los máximos cotillas me comentó que el comisario también se encontraba regular, aunque no se cogería ninguna baja. Él siempre estaba al pie del cañón.

Mi plan estaba funcionando a la perfección. No había ningún cabo suelto y ya no había espacio para errores, ni los más mínimos. Estaba a punto de dar el último y más peligroso paso. En unas horas le administraría la última dosis y comenzaría la cuenta atrás.

Yuki_Rose
Rango12 Nivel 55
hace más de 1 año

Que buena histario, espero que la continues


#5

No podía dejar de darle vueltas a todos los detalles del plan, a todo lo que vendría después. Después de la muerte del comisario esperaría unas semanas, un mes y medio a lo sumo, y les diría a mis compañeros que pedía el traslado a otra provincia, que había vuelto a reconciliarme con mi novio y que queríamos reanudar nuestra relación en otro sitio. Pero antes de eso tendría que terminar con el comisario esa misma noche.

La hora de la fiesta se iba acercando y la comisaría era un hervidero de felicidad y ganas de que llegase el momento. Cuando llegasen las nueve, hora del cambio de turno, todos los agentes que no estuviesen de servicio se dirigirían a una sala de fiestas situada a sólo unas calles de distancia. Mientras los invitados (y Sepúlveda, que se supone que ignoraba su fiesta sorpresa) iban llegando los encargados de la fiesta procuraríamos que todo estuviese preparado: la música, los asientos, la decoración, la bebida… y la tarta. Yo me encargaba de la música. Si en algún momento descubrían que la muerte del comisario tenía algo que ver con la fiesta mirarían con lupa toda la comida y la bebida, y no pensaba dejar que me pillasen por un cabo suelto como ese. Cuanto menos se me relacionase con la tarta, mejor. Tenía que pasar lo más desapercibida posible y seguir acercándome poco al comisario.

Al final la hora de la fiesta llegó y pronto la sala estuvo llena de gente. Sepúlveda, que me había proporcionado el momento perfecto para la última dosis, llegó y soltó el discursito de turno sobre lo feliz que le hacía la fiesta. Pronto todos estaban bebiendo, comiendo y divirtiéndose. Y yo fingía hacerlo mientras no perdía detalle de lo que pasaba a mi alrededor. Al fin llegó el momento de partir la tarta y con todo el jaleo pude echar la última dosis en mi plato. El plan era cambiar el plato del comisario por el mío, ya que no podía echar el veneno al cortar o repartir la tarta. Y llegó el mejor momento posible para dar el cambiazo. Antes de que la gente empezase a comer tarta sin moderación, uno de los que debían de ser amigos del agente Sepúlveda quiso dedicarle unas palabras y al terminar el comisario fue a abrazarlos a ambos, dejando su plato en la mesa. Acercarme y dar el cambiazo fue pan comido. Después me retiré lentamente, buscando a alguno de mis compañeros para charlar un rato y no levantar sospechas.

Con el rabillo del ojo ví cómo el comisario se comía toda la tarta desde sólo unos metros de distancia. Fue, sin duda, el mejor momento de toda la noche y de todos los meses anteriores. Y que la fiesta siguiese como si nada fue otro gran puntazo. Todos reían y se divertían, ajenos al pez más gordo de la fiesta le quedaban apenas unos días de vida.

Todo el jaleo me había dejado exhausta, así que agradecí que apenas una hora más tarde la gente empezase a marcharse. Yo seguí una de aquellas oleadas, un rato después de que el comisario se hubiese marchado.

Aquella noche me volvió a costar conciliar el sueño.

Hace más de 1 año

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