Nicoldinorah
Rango8 Nivel 35 (2436 ptos) | Poeta maldito
#1
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  • #2

Los cuentos siempre inician con” había una vez… ”, Lamentablemente los cuentos son cuentos, sin importar quiénes lo escriban. Si lo comparamos con la realidad nos encontramos con verdaderos cuentos de hadas y este es uno de ellos…

La definición de monstruo es diferente para todos, los niños imaginan una criatura horrorosa, los adultos ven a un asesino, violador o algo por el estilo.

Si cualquier persona normal me conociera, dirían que soy un monstruo pero... por favor escuchen la historia de un monstruo que no sabia que lo era.

Mi nombre es Nicolas y este es mi propio cuento de hadas.

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Sixto_GS
Rango10 Nivel 48
hace casi 4 años

"...sin importar quiénes lo escriban." Una ayudita muy pequeña. Ánimo @Amairani15


#2

La definición de monstruo es diferente para todos, yo no tengo una, en mi familia los monstruos somos nosotros.

Soy un habitante del inframundo, no, soy quien gobierna el infierno y mi tarea es ser sinónimo de sufrimiento, dolor y miedo. No es un puesto por el que luche o por el cual llegue de casualidad – si eso es posible – me fue otorgado por mi familia desde que tengo memoria.

Mi primera víctima fue una perra que trataba de proteger a sus cachorros, fue un día horrible; mis ojos eran un cielo triste que mojaba todo al pestañeo. Mamá nos estaba enseñando – éramos tres hermanos, yo era el menor - como matar a criaturas inocentes “para fortalecer el carácter” decía ella, Papá mato al papa-perro…

En mis primeros años en el negocio fue un sueño recurrente, no fue sangriento, no hubo sonidos guturales, el perro fue un digno padre de familia – eso dijo mi padre - pero había algo tan frívolo en el asunto que recuerdo que silenciosamente llore hasta que fue mi turno, ellos, todos ellos dijeron que por ser el menor tenía que matar al más grande.

Que cosa tan horrible.

Padre y Madre no me dijeron nada, solo me entregaron un cuchillo y empujaron mi cuerpo a la manada, no quería, de verdad no quería y eso era reflejado en mis ojos que no paraban de llorar, trate de protestar – fue más un chillido – pero los ojos de mi madre eran tan fríos y amenazadores que hicieron que mojara los pantalones. Todos me miraban expectante a cada uno de mis movimientos, me acerque con el cuerpo tembloroso y el rostro empapado, la mama-perra no me ataco – ella protegía a sus cachorros – cuando llegue a ella no sabía qué hacer, la perrita me miro con sus negros ojos y lamió mi cara… Sonreí.

Fue un error hacerlo.

Cuando vi que mis padres se acercaban con una cara que daba miedo empuje a la perra y enterré el cuchillo en alguna parte de su cuerpo, una y otra vez, no sé cuántas veces fueron ni como se sintió, mi único recuerdo es que después me tire sobre su cuerpo y llore “lo siento, perdóname” se escapaban con cada aliento.

Mis padres sonreían con felicidad genuina.

Mi primer asesinato fue a los cinco, a una perra blanca que solo protegía a sus cachorros – muertos a mano de mis hermanos – no la mate por placer, fue miedo, miedo a mis padres, a sus ojos fríos y sus manos despiadadas, a su felicidad por la sangre en mis manos. Aun hoy tengo miedo de ellos pero no es como antes, después de todo ellos me convirtieron en el monstruo sin sangre, el monstruo que no quiere ser monstruo, el monstruo que solo sabe ser monstruo.

Mi primera víctima fue cuando tenía cinco y espero que sea la última.