Miguel_Otxoa
Rango11 Nivel 53 (8295 ptos) | Artista reconocido
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Y allí estábamos, uno frente al otro.
El día había amanecido algo oscuro, pese a que sólo unas escasas nubes ocultaban el sol. Por lo visto, la noche se había desvelado levemente, en su duermevela intranquila.
Aún así, multitud de gente se agolpaba en las gradas, exigiendo el espectáculo por el que habían pagado, ansiosa de que la sangre regara la arena. Los criados se movían aquí y allá, sirviendo manjares exquisitos, mientras que, separados por un grueso muro, una multitud de famélicos mendigos vitoreaba alabando la suerte que los dioses les habían confiado al permitirles asistir a aquél juego que jamás habían contemplado.
Observé mi mano derecha, que portaba una espada corta, de hoja plana. Levanté mi mano izquierda, que sujetaba una escudo redondo, apenas lo suficientemente grande como para cubrirme el antebrazo.
Atisbé a mi enemigo. Su mirada iracunda, que albergaba miedo. Su posición desafiante. Sus labios, que proferían insultos y desafíos, teñidos del odio que sentía, como si yo fuese el causante de su desgracia.

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Y entonces, en ese cruel momento, cuando el hombre lanzó un poderoso grito de guerra, comprendí que el destino se burlaba de nosotros. Porque eran esas personas que se afanaban en volcar su odio contra nosotros, esas que nos habían llevado a nuestra condición de esclavos, esos que nos despreciaban, que nos habían despojado de nuestra dignidad, que se enriquecían a nuestra costa, que creaban escisiones entre nosotros, los que merecían estar donde yo me hallaba ahora, a escasos minutos de ser un cadáver más, uno de tantos otros. Y, sin embargo, la rabia de aquél que era como yo, un siervo más, estaba inclinada hacia mí.
Y entendí que, quizá, esa era la naturaleza injusta del ser humano. Combatir entre nosotros, cuando el verdadero enemigo se sienta en cojines de seda y, a cambio de las sobras de sus suculentos manjares, de su fingida gratitud, con absurdas y vacías promesas de libertad, adquiría nuestra total y absoluta devoción y lealtad.
Miré en derredor.
Una ingente multitud que clamaba sangre, que ansiaba nuestro sufrimiento. Nadie parecía presto a ayudar, porque a sus ojos no éramos nada.
Con esa certeza, juré que eso cambiaría, que llegaría el día en que todos los humanos tuviesen la dignidad de humanos, que corresponde por nacimiento.
Me coloqué en posición defensiva. El sol había vuelto a brillar, venciendo su pugna constante con la luna que, derrotada, había desaparecido.
No era un buen día para morir.

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MartaGuinart17
Rango11 Nivel 54
hace casi 4 años

¿Pero cómo no me he encontrado con esta obra maestra antes?
Nunca me había parado a pensar en cómo los gladiadores se sentirían al salir a luchar... y la verdad es que leyéndote he tenido oportunidad de aproximarme muchísimo más a ellos, con tan solo dos cajas.
Eres un maestro, y no lo digo por cumplir: ¡qué suerte la mía que seas autor de tantos relatos! Los apreciaré todos a su debido tiempo, no te quepa duda.
Felicidades por la historia. Ojalá pudiera saber más.

Miguel_Otxoa
Rango11 Nivel 53
hace casi 4 años

Perdóname, @MartaGuinart17. No había visto tu generoso comentario antes.
Francamente, comencé a escribir esto en clase. Cada vez me da por un sitio diferente, y esta vez fueron los gladiadores, ese grupo de gente explotada, maltratada y de los que nadie se acuerda. Tuvo que ser difícil ser gladiador, y es duro ver cómo la gente olvida el sufrimiento ajeno, y pasado, en este caso. Muy pasado, por fortuna.
Disto mucho de ser un maestro, amiga, pero gracias por tus palabras. Sé que las dices sinceramente, y eso me anima. Quizá algún día siga escribiendo sobre este hombre sin nombre. Aún no lo tengo claro.
Mil gracias por tu visita, y millones de gracias más por dejar tu impronta. Lo valoro mucho.
Un abrazo, amiga.

Miguel_Otxoa
Rango11 Nivel 53
hace casi 4 años

Muchísimas gracias, @Atico, por tu tiempo y tus comentarios. Francamente, hago lo que puedo con mi escueta imaginación y mi, no tan escueta, pasión por escribir. Como me exijo mucho, nunca estoy del todo satisfecho con lo que escribo, pero, si tuviese que estarlo, nunca publicaría nada jajaja
De nuevo, muchas gracias por el inmerecido halago, y me alegro de que te haya gustado :)

Miguel_Otxoa
Rango11 Nivel 53
hace casi 4 años

Jajajaja pues muchas gracias, @Atico. Me sonrojas.
Y sí, el único antibiótico es releerlo muchas veces y, al final, preso de la desesperación por no poder/querer/saber cambiarlo, dejarlo cómo está y a otra cosa, mariposa.