RaquelBeck
Rango11 Nivel 52 (7726 ptos) | Artista reconocido
#1

Es escritor. Busca historias en el abrir y cerrar de puertas de cada tren.
Observa al señor que concentrado resuelve un sudoku y se sonríe al ver a ancianas con móviles mucho más modernos que el suyo. Ve pasar a esa chica guapa de piernas largas e intenta ignorar la música hortera que alguien tiene puesta a todo volumen inundando sus oídos. Y luego están esas medias negras, que parecen haber tenido la misma guerra mundial en ellas, de esa chica que enfurruñada mira por la ventanilla del tren como si odiara cada rincón verde que le sonríe. Le dan ganas de reír mientras observa como frunce el ceño. Quizás escriba sobre ella, piensa.
Estación final, solo quiere preguntarle su nombre. Se gira hacia ella y se choca, se estampa con su mirada . Y es que nunca, en ningún viaje de tren, había encontrado una mirada que con tan solo mirar te hiciera sentir frío. Era como si todo el invierno que ella tenía dentro, congelase su alrededor y le congelase también a él.

Y entonces supo su nombre, Hielo.

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CondeNadie
Rango6 Nivel 26
hace casi 5 años

Muy buena sintaxis, los ojos vuelan por tus palabras.

susan
Rango4 Nivel 17
hace casi 5 años

¡Muy chulo!!


#2

Otra vez el mismo tren. Los mismos aburridos pasajeros. Sube los pies al sillón y se recuesta contra la ventanilla del tren. Lleva en la cara el maquillaje del día de ayer y el pelo, despeinado, cae en todas direcciones. Se ha puesto unos tejanos viejos, una camisa ancha negra y anda ensimismada en sus pensamientos, o eso parece.
Cuando se apea, anda deprisa hacia un edificio verde. Como detesta aquel lugar. Hay muchos pasillos pero parece que ella no se pierde en ellos. Puerta número 11.

-¿Cómo estás?-pregunta al hombre con pelo canoso, que aparentemente dormido yace en aquella cama blanca. Que mayor parece, cuantas arrugas de más tiene en su cara. El señor abre un ojo lentamente y de inmediato sonríe. Sonríe todo lo que puede con esos labios secos que parecen a punto de romperse.
-Que eterna se me hace tu llegada, esto de hacerme el dormido siempre que escucho el chirrido de la puerta...-suelta un suspiro exageradamente fuerte y hace una mueca.
-Sabes que no me gusta tu manía de hacerte el dormido-su voz suena a reproche y miedo, y se convierte en un hilo de voz cuando dice- quizás un día...un día cuando llegue nunca más abras un ojo para ver si he sido yo la que...
Su voz se apaga mientras en silencio tiene una batalla contra las lágrimas que se quieren escapar de entre sus ojos. Nota la mano arrugada de su padre apoyándose en su hombro diciendo "Hija mía, no te preocupes, saldré de esta. Saldremos de esta como siempre lo hemos hecho".
¿Y si no lo haces, Papá? Pero no pregunta, trata de evadir esos pensamientos tristes de su cabeza y empieza a contar alguna historia inventada para dar pinceladas de alegría a los ojos de aquel hombre que tiene a su vera. Por su cabeza pasa aquella canción que su padre canturreaba y aquel verso "Recuerda que los robles más fuertes crecen con el viento en contra" que le gustaba repetir una y otra vez con su voz profunda.

Papá, vaya roble debes de ser, porque el viento siempre ha remetido con odio hacia ti.

#3

Cuando caminaba por la calle solía preguntarme si las sonrisas venían en tarros, si dependía de la suerte que tamaño tenía tu tarro y la cantidad de sonrisas que tendrías en él. Solía imaginar que las sonrisas eran como calcetines que, con el uso, van gastándose, y claro, que al venir metidas en botes, un día se acaban. Se esfuman. Quizás soy una chica con mala suerte y me tocó el tarrito pequeño. Quizás mis sonrisas vinieron pintadas en tonos grisáceos. O quizás se olvidaron de darme las instrucciones para saber cuando y donde debería usarlas. Hay tantos 'quizás' y solo son intentos de saber por qué no encuentro una sonrisa sincera que ponerme este viernes. Al menos ropa no me falta. Desaparezco en mi sudadera ancha gris y camino con paso tranquilo hacia aquella colección de arboles, como a mí me gusta llamarlo. No era la primera vez que iba a allí, es más, me encantaba subir casi a la cima y escuchar el canto de los árboles meciéndose al viento, imaginándome que en él cuentan sus historias más tristes. Me reconfortaba pensar que no solo yo no era feliz.

Llamadme tonta por no saber más que escribir mis estupideces en un papel, pero decidme a quién tengo que le importe lo que pasa por esta cabecita. ¿Al viento, quizás?

Dejó de escribir para hacer una bola con el papel y después de arrugarlo entre su mano quiso lanzarlo. Su cabeza cambió de idea y volvió a alisarlo, "Por lo menos tú podrás recorrer mundo", y construyó un pequeño avión que sería enviado a encontrarse con el viento. Quién le hubiera dicho a aquel papel que llegaría a volar inerte entre aquellos árboles de los que formó parte él, una vez.
Se colocó el bolígrafo en la oreja y tocó delicadamente las flores que se mecían a su lado. "Quizás las flores tiemblan cuando se acercan humanos a tocarlas porque piensan que van a morir." Quiso hablarle a las flores para que no tuvieran miedo de ella, pero se sintió tan absurda que solo se levantó y volvió a andar el trayecto recorrido de forma inversa. Miró el reloj, las 10 y media, empezó a correr.

#4

El tren justo acababa de irse silbando. Mierda. Media hora de espera en ese andén tan frío. Su estómago empieza rugir, así que decide acercarse a una panadería que lucía deliciosos pastelillos muy cerca de la estación. Mientras duda sobre cual elegir, escucha un sorbido de mocos y levanta la vista para encontrarse con un niño llorando enfrente de una dependienta que no sabe qué hacer con él.
Se acerca y se agacha para encontrarse a la altura del pequeño.
-¿Qué te pasa, chiquitajo? -el niño le miró como si ella fuera un hada madrina que mágicamente ha aparecido enfrente de sus ojitos. Mira que piensan que ella es fría, pero ante los ojos llorosos de un niño, se derrite.
Con tartamudeos y su voz aguda el niño procede a contarle que hace unos días le dijeron en esa panadería que cambiarían el nombre de su pastelito favorito. Él les pidió que le pusieran de nombre Nube, pero al pasar por la panadería se acordó, miró si lo habían cambiado y resulta que el pastelito seguía teniendo su nombre de siempre.
-¿Sabes qué es lo que pasa? -le mira prestando mucha atención- Si el pastelito le quita el nombre a las nubes, el cielo se pondrá triste y empezará a llover.
-Pe-pe-pero ¿Muchos días? -le pregunta con los ojos grandes.
-Hasta que le devuelvan el nombre.
-Entonceees...¿Cuándo mami está triste también le han quitado el nombre? -le pregunta con la frente arrugada.
Le dice que no con una media sonrisa y tras mirar el reloj vuelve al andén de tren corriendo, sin haber comido ningún pastelillo, para esta vez no perder el tren otra vez. Le da vueltas a la pregunta del niño. Quizás tiene razón. A veces perdemos el nombre y es por ello por lo que estamos tristes. Quizás a veces hay que recordar quién eres, porque ya no lo sabes, porque hace tiempo ya que dejaste de ser la persona que eras.

#5

Por fin escucha el sonido del tren y se introduce en él. Normalmente inmediatamente se pone los cascos, sin música alguna, para evitar que algún desconocido se acerque a ella y le hable, es su escudo frente a la gente. Pero hoy se le han olvidado, por lo menos todas las caras son nuevas y puede escuchar a la gente hablar. Un hombre cuenta lo mucho que le gustan las mujeres que se tiñen el pelo, una anciana hace punto y un par de niños intercambian cromos. Un joven entra corriendo y de alguna forma se tropieza con sus propios pies. El primero en caer es él, pero sus archivadores también acaban abiertos y desparramados por el suelo, y el café que llevaba en un vaso también ha terminado bailando por el tren. Ella se ríe, y sin querer, demasiado fuerte. Mientras el chico de rodillas recoge su desastre alza la vista y se encuentra con la mirada de ella, que deja de reír de inmediato, se le ha cortado la respiración.
-Hielo, ¿Me ayudas o qué?
No sabe ni cómo ni por qué pero se encontró reaccionando a un nombre que no era el suyo y ayudando a poner orden en aquel tren junto a alguien que no conocía.

#6

Los papeles parecen no terminarse, y todos, están llenos de palabras y tachones con una letra que parece de médico, ininteligible.
- ¿Qué es todo esto?
- ¿Acaso no tienes ojos? Papel, papel y letras.
- Ah, pensaba que eran aviones. - responde ella con sorna.
- Ese trabajo se lo dejo a otras personas. - murmura.
- ¿Cómo sabes...? - deja la pregunta en el aire y se forman arrugas en su frente - ¿Quién eres?
- Perdona, he llegado a mi parada.

Y se bajó sin más, dejándole con los bolsillos llenos de preguntas. Le hubiera seguido, pero tenía a alguien esperando abrir un ojo al escuchar su voz. Parada de tren Los Álamos, dos paradas antes que la suya. Le observa perderse entre la distancia que el tren va creando. Que chico más extraño, piensa.

oikosBsAs
Rango12 Nivel 58
hace más de 4 años

En los dos relatos que leí de ti, en ambos asoma "la sonrisa" como tema. Y luego, viendo tu foto, comprendí. Ambas bellas!!!!

RaquelBeck
Rango11 Nivel 52
hace más de 4 años

Realmente las sonrisas son unas de las cosas más bonitas que existen en la vida. Me gusta escribir sobre ellas y sobre la ausencia que se siente al no tenerla.
¡Gracias por leerme!