escritor_MariaLarralde
Rango7 Nivel 30 (1557 ptos) | Autor novel
#1

Llegamos en muy poco tiempo. Poco era para un traslado hasta una comunidad tan alejada de cualquier lugar conocido. Mi padre era un señor muy atareado y mi madre una buena persona, pero algo triste.
Mi anterior vivienda era un apartamento en una urbe completamente asfixiada por el tráfico y el humo de los vehículos a motor. Y ahora repentinamente me encontraba en un paraje bucólico, en una casa muy agradable en el centro de un paraje natural. Pero estábamos solos.
Y lo digo como advertencia a aquellos de vosotros que deseáis relajaros en la vida campestre pensando que la naturaleza es todo paz y armonía ¡Nada más lejos de la realidad!
Pero no fue el aislamiento el verdadero problema sino el número cinco. Y solamente pudimos comprender qué cosa era esa, tan sumamente depravada, hasta que el mal se había cernido sobre nuestras vidas de manera irremediable y sórdida.

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ruddenskjrik
Rango5 Nivel 21
hace más de 4 años

No sé de qué va esto, pero es tan intrigante como... bueno, como esta propia web.

Curtis73
Rango5 Nivel 21
hace más de 4 años

Buena prosa e intriga asegurada para empezar. La cosa marcha bien!!!

the_one_eyed
Rango15 Nivel 70
hace más de 4 años

Muy buen comienzo para una historia. Me está gustando, a ver cómo la sigues en el tercero, y espero que cuarto, y quinto...


#2

Parece mentira que queráis, que deseéis saber algo más, que me instiguéis a seguir escribiendo o relatando aquellos atroces acontecimientos. Dice mucho de ti, lector enfermizo, incapaz de seguir con tu propia existencia, inútil hasta la náusea. Dice que no tienes nada mejor que hacer que empeñarte en conocer qué es lo que me pasó en aquel apartado, remoto y oscuro lugar. Y por este motivo, debo seguir, por ti... Y si ahora dejas de leer, por sentirte insultado, porque en realidad reconoces que lo que te digo es cierto hasta la vergüenza, caerá sobre ti el peso del mismo número, el cinco. ¡Espera un momento! No puede ser que te adelantes y me digas que esto no tiene sentido, porque sí, sí lo tiene.
Eramos cinco. Cinco miembros en mi familia. No tiene mucha importancia, para ti, pero sí para mi familia. Mis padres, mi abuela Águeda, mi hermano y yo. Y si solamente te doy el nombre de mi abuela, es porque es el único digno de mención.

Hace más de 4 años

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ruddenskjrik
Rango5 Nivel 21
hace más de 4 años

Joder, genial que el narrador se dirija directamente a quienes leemos, como retándonos a seguir el hilo y a la vez haciéndonos cómplices de que esta historia pueda continuar. Una manera inteligente de aprovechar el extraño formato de esta web...


#3

Cuando en el coche familiar, un seat altea blanco, que mi padre había adquirido hacia menos de un año, comenzamos a adentrarnos en la región sinuosamente poblada de malezas donde habían trasladado a mi viejo, todos quedamos afectados de un sentimiento de extrañeza unido a una sensación desagradable de aprehensión emocional. Algo parecía observarnos desde la vera del camino. Uno no podía saber si eran miles de ojos acechantes unidos, formando un solo individuo sin forma, pero que invadía toda la espesura de aquellos bosques, o si era una mera aberración mental provocada por el aspecto deforme de los seres vegetales que retorcidamente formaban hileras cuasi militares a lo largo de aquella calzada. Y allí, en aquel lóbrego lugar, cerca de aquella Central Nuclear, íbamos a pasar buena parte de nuestras vidas sin tan siquiera poder llegar a imaginar lo que se cernía sobre nuestra maldita familia.

Hace más de 4 años

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ruddenskjrik
Rango5 Nivel 21
hace más de 4 años

Un pedacito de lo más atmosférico... Avanza, por favor!!


#4

La casa, podríais pensar que la casa era bizarra, oscura, vieja, apolillada, lúgubre y fantasmal, de esas casas que están creadas para encerrar personas, engullirlas, quitarles la vida sin que nadie se percate de ello. Pero no, no era la casa. Aquella vivienda era de ensueño realmente y, aunque rodeada de bosques excesivamente enmarañados y decrépitos aunque bucólicos, estaba equipada a la última. Era una especie de casona reformada, era agradable, con un porche amplio donde sentarse en verano a sestear, con un hall lleno de luz y abierto con grandes ventanales al mundo exterior. Incluso el sótano era un lugar donde dejar a un niño solo, sin que éste apercibiera la más leve señal de terror a su alrededor. Sin embargo había algo en ella, no era algo perceptible por los sentidos. Os cuento: creo que hay cosas en el mundo, cosas extrañas, cosas que existen pero para las que no estamos preparados físicamente. Simplemente nos faltan los sentidos adecuados. Sin ojos, no hay luz.

Hace más de 4 años

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the_one_eyed
Rango15 Nivel 70
hace más de 4 años

Una casa encantada como en La Casa Infernal de Matheson. :)

escritor_MariaLarralde
Rango7 Nivel 30
hace más de 4 años

Hahahah bueno ya veras como es un tanto distinto. Jo gracias por los comentarios y los votos, aunque hahahha me d igual pero bueno parece que te engancha en plan voy a seguir.

ruddenskjrik
Rango5 Nivel 21
hace más de 4 años

Una casa acogedora pero de propiedades sobrenaturales? A ver, a ver...


#5

¡Dios mio, qué cosas se escuchaban por las noches abajo, no en el sótano sino más abajo, dentro de la tierra que daba sostén a la estructura de la casa! Diríase que miles de criaturas se arrastraban, reptaban, gemían, aullaban y gruñían en un sin fin de orgía siniestra que impedía dormir. Sin embargo no era constante el crujir de las uñas y dentelladas sino que, más bien, se producía en oleadas parecidas a las peleas de perros con una cadencia de unos minutos de silencio entre ellas. Mi abuela Águeda bajó la primera noche a ese sótano infecto, aunque pulcro, para cerciorarse de que las alimañas no habían entrado por alguna ventanuca. Ella tenía el sueño más ligero que los demás y dormía en la habitación enfrente del salón y la cocina, en la planta baja. Yo me percaté de sus movimientos, así como de los extraños sonidos de más allá de la tierra. Cuando bajó furtivamente las escaleras de madera, que se dirigen siempre de manera extrañamente irregular a los sótanos de todas las casas del mundo, la seguí con gran recelo y curiosidad pues en ese momento no se escuchaba nada allí abajo. Ella desapareció en la oscuridad, yo la seguí a unos metros de distancia, dí al interruptor de la luz y al bajar temerosamente con miedo a perder el equilibrio y el control mental, me topé con una puerta entreabierta al fondo que nunca antes había visto ningún miembro de nuestra familia: una gran pintura en la pared simulaba la escena de un fresco de bodegón, con puerta al fondo...la puerta era real.
Allí, adentro de aquel lugar detrás de la puerta pintada en la pared, la luz no existía. Una densa oscuridad absorbía la luz del propio sótano y parecía que de un momento a otro me quedaría yo mismo a oscuras, pues aquello era como un agujero negro atrayendo hacia sí mismo todo cuanto había en el sótano, incluida la propia luz.
Al instante comenzaron a escucharse aquellos ruidos animalescos, aquel incesante devorar de carnes y tendones, aquel crujir de dientes contra huesos... pero ningún gemido, ninguna voz humana que me indicara que mi abuelita estuviera allí metida, de que estuviera siendo devorada por absurdas alimañas.
Aún así me preguntaba si estaría allí, tras la puerta de la pared. Pero el terror a lo desconocido me paralizó. Y aunque no me atrevía a acercarme, no pude tampoco retroceder. En el pomo de la puerta, de color negro como la boca de un lobo se distinguía claramente un número de color dorado, oro brillante. El número cinco.
No di importancia al detalle. El horror de los sonidos bajo mis pies, me distrajo de aquella irrelevante visión. Algo se movía bajo el suelo. Algo grande y pesado. Las agrietadas baldosas parecían moverse al paso de aquella "cosa", y un leve temblor de tierra sacudió la casa entera.
Ahí sí, mis reflejos o instintos de supervivencia me llevaron a una huida desenfrenada hacia el piso superior, y no fue cosa mía, toda la familia había despertado por el temblor profundo de la tierra. Mis padres nos sacaron al exterior. La casa seguía moviéndose desde los cimientos pero no era un terremoto, nada más se movía, ni siquiera un árbol de los alrededores de la vivienda. Todo estaba en calma menos las entrañas de la tierra que sustentaban la casa. En el pomo de la puerta de entrada a la misma, negro como el carbón, habían pintado de dorado y en latín el número cinco: V.

Hace más de 4 años

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the_one_eyed
Rango15 Nivel 70
hace más de 4 años

¿Se comerá a la familia entera? No cambie de canal y permanezca en sintonia. :-)

ruddenskjrik
Rango5 Nivel 21
hace más de 4 años

Esta parte ha sido mi favorita, hasta ahora. Lo del sótano me ha resultado familiar y placentero.


#6

Tras quedarnos completamente petrificados ante la entrada de la puerta, mi padre armándose de valor, un valor casi desconocido en él, -al menos por parte de nuestra familia-, y en un arrebato de furor heroico por salvar a su madre Águeda, se adentró en una carrera desenfrenada hacia el sótano de la casa, no sin antes gritarle a mi madre que se marchara con nosotros de allí. Por supuesto, mi madre no le hizo caso alguno, nunca obedecía sus órdenes. Mi madre era una mujer de las de armas tomar, nadie podía mandarle nada, ella lo mandaba todo.
Pero repentinamente la puerta de la entrada se cerró tras la figura casi fantasmagórica de mi padre entrando apresurado por ella. El número inscrito en el pomo negro comenzó a brillar aureamente de forma intensa hasta el punto de que todos, incluida mi madre, nos percatamos del fenómeno lumínico que se producía arbitrariamente ante nuestras pasmadas vistas. Tras ese fulgor, parecido a un flash de una cámara fotográfica-, apareció un nuevo símbolo en números romanos: III
Yo, no sabia muy bien cómo, intuía que aquello significaba que dos de los miembros de nuestra familia habían muerto engullidos en aquel sótano por los seres intraterrestres que habitaban debajo de la casona desde no sabíamos ciertamente cuando. Mi abuela Águeda y mi padre. Ambos debían estar muertos y destrozados a dentelladas.
¿Qué queréis que os diga? ¡¿no hubierais pensado esto mismo?!
Todo indicaba que así era. Mi madre no hizo ni caso a mis advertencias e intentó abrir la puerta. La casa comenzó a rugir de nuevo. Entonces, verdaderamente asustada, retrocedió y nos montó en el coche. Salimos escopetados hacia el pueblo cercano. Un pueblo al que yo ni siquiera me había acercado todavía, y del que me había informado por Internet incluso antes de ir a vivir allí. Su nombre es Quinario. Los naturales de aquel lugar son "quinarianos".
¿Que qué significa? Piensa por ti mismo lector...
La policía nos recibió en estado de shock. No ellos, no, nosotros estábamos en estado de shock.
La pobre de mi madre, no podía articular palabras congruentes y tuve que ponerme a explicar o traducirles a aquellos policías con cara de pocos amigos lo que nos acababa de ocurrir. Cuando uno mira a un quinariano, en realidad, cree que ve a una persona mal formada. Es generalizada en ellos la forma contrahecha, aunque no exagerada, de sus cuerpos, su delgadez extrema, sus rostros pálidos y expresivamente lúgubres, sus pelos claros casi albinos...siempre se dijo que era una comunidad con poco transito genético, es decir, muy endogámica y que este fenotipo, tan habitual en ellos, era cosa de familias ancestrales muy poco dadas a emparentarse con foráneos. Pero cuando uno se relaciona con ellos de manera cercana, así como nos tocó a nosotros, se da cuenta de que algo morboso y demoníaco está presente en sus rasgos casi vampíricos. No es que su forma de hablar tenga una marcada pronunciación de la "s", o que sus labios sean finos y casi de color morado en hombres y mujeres por igual y de manera generalizada sino que, además de todo esto, su mirada parece estar perdida, exceptuando cuando hablas con ellos al anochecer. Entonces sus miradas dejan la languidez inicial, aparcada en el recuerdo del día, para pasar a mostrar una ferocidad casi lobuna, aunque en nada parecen lobos, nada de licántropos, no flipeis.

Aquellos polis, parecían recibirnos extasiados por nuestras palabras incoherentes. Una señorita que tenía un aspecto algo más horrible que el resto por presentar esos mismos rasgos típicos de su estirpe quineriana pero de forma más grotesca que los demás, se nos acercó de manera conciliadoramente extraña. Nos levantó de las sillas en las que los policías de admisión nos habían acomodado inicialmente para llevarnos a una sala mal iluminada, con una mesa en el centro, un cristal típico de sala de interrogatorio,-de las que salen en todas las pelis de policías del mundo-,y tres sillas preparadas para nosotros.
Ella y otro tipo, más delgado si cabe, se sentaron enfrente nuestra y nos pidieron que explicáramos lo ocurrido.
Mi madre, nerviosa perdida, les intentó explicar cada detalle. Ambos se echaban miradas furtivas y sonreían levemente, de manera casi imperceptible si uno no estaba atento a la sutilidad de sus comisuras labiales. ¡¿Disfrutaban de nuestro sufrimiento?!
Cuando me di cuenta de ello, paré en seco el relato aterrador de mi madre y le dije que nos marcháramos a casa a ver qué había pasado con mi padre y mi abuela Águeda. Aquella gente no nos ayudaría.
Mi madre los miró de arriba abajo y se percató de lo mismo que yo. Aquella gente era rara y seguramente sabían lo que vivía en la casona del bosque. Nada les pillaba por sorpresa.
La "extraña" policía me miró seria, casi se diría que asqueada de mi presencia, de mi actitud hostil, de mi desafiante mirada y de mi desconfianza total.
Entonces supe que nunca saldríamos de allí con vida.

Hace más de 4 años

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#7

Entonces supe que nunca saldríamos de allí con vida.
¿Eran aquellos policías criaturas humanas? Mi madre me miró asustada, como despertando de un sueño. El nivel de excitación del momento había superado la racionalidad necesaria para darse cuenta de que nos habíamos metido en la mismísima boca del lobo. No, yo había determinado en mi interior que aquellas gentes eran de todo menos humanos. ¿Cabía esperar, entonces, alguna posibilidad de salir de aquel pueblucho con vida?
Lo supimos enseguida,(y tú querido amigo lo vas a saber también al mismo tiempo que lo desvelo al mundo de los vivos...no desesperes), el horror de aquel lugar podría compararse con el infierno, pero no, sería injusto para el infierno el compararlo con aquello ya que en él, no seria nada de extrañar ver horripilantes criaturas malformadas, decrépitas, macabras y hediondas. Lo perverso era estar en un lugar corriente, en un día cualquiera, con supuestas personas que mostraban en sus cuerpos y sus rostros las aberraciones propias de los hijos de hombres y animales.
La pestilente "mujer" policía ordenó que nos separaran. Mi hermano pequeño se resistía a ello. Mi madre comenzó a gritar enloquecida que nos soltaran. Yo me quedé observando la situación...Sabia que en una o dos horas, estriamos todos muertos.
No supe a donde se llevaron a mi madre ni a mi hermano. A mi me bajaron a una especie de sótano. En él, una gran puerta dibujada en la pared que se asemejaba a aquella por la que había desaparecido mi abuela Águeda, se encontraba a entornada a propósito, pero no se escuchaba nada del otro lado, al menos de momento. Mi madre a otro lugar, mi hermano menor a otro distinto. ¿Querían darnos como carnaza para la cena de alguna criatura sin nombre conocido, que bajo la tierra de aquel pueblo habitaba desde tiempos inmemoriales? ¿O quizá no eran criaturas extrañas sino simplemente animales que cohabitaban con los supuestos humanos deformes de arriba para dar lugar a una nueva raza de pobladores del mundo? En estas conjeturas me debatía, en silencio, sin decir ni una sola palabra cuando repentinamente escucho un sonido detrás de la puerta entreabierta. Algo reptaba por el suelo. Algo de un volumen considerable, no un pequeño animal, algo más grande que un perro. No puedo evitar tener curiosidad a pesar de que debería estar aterrorizada. Varios pasos sigilosos me acercan al hueco oscuro, asomo un pelín mi cabeza, para que mis ojos puedan mirar hacia dentro sin tocar siquiera aquella puerta. Sé que debo mirar hacia abajo, pues el sonido viene del suelo. Pero no veo, todo está excesivamente oscuro. Se escucha algo que corretea hacia la derecha, algo a cuatro patas acaba de cruzar delante de mis narices en aquella estancia lóbrega. Hay un olor fétido, pero no es más que moho de humedad acumulada durante años, el ambiente es opresivo. No por el olor, es porque ahí dentro hay una multitud de seres juntos, revueltos, habitando hacinadamente en las catacumbas. ¡¿Que cómo lo sé?!
Fácil, al no ver nada, decido abrir la puerta de un solo golpe y mirar directamente al suelo. La luz fluorescente del sótano contrasta con la oscuridad del interior de la gruta como si la realidad se hubiera transformado al blanco y negro de la antigua televisión.
Lo que veo a continuación jamás se eliminará de mi cabeza, será imposible que nada, ni el tiempo ni quizá la muerte, eliminen esa imagen de mi cerebro...
En el suelo hay, como dormitando, una gran cantidad de seres parecidos a hombres y mujeres pero deformes, al estilo fisionomico de los moradores de aquel lugar, aunque estravagantemente exagerados: mandíbulas desencajadas y enormes, brazos y piernas pequeños en cuerpos gigantescos, que no pueden soportar el peso y que hacen imposible la bipedestación obligando a los engendros a moverse en pequeños y zigzagueantes movimientos aberrantes; otros mejor formados corporalmente carecen de ojos, de nariz, de boca o de todos los componentes necesarios para construir una cara humana y aún animal; algunos peludos como monos, otros lampiños como la piel del delfín, los hay llagados por todo el cuerpo, otros se encuentran comiéndose a dentelladas algún trozo de carne o mejor dicho, a algún resto de lo que parece una pierna humana.
Es una escena dantesca. Es el mal en estado puro.
Y al entrar la luz, todos, hasta los sin ojos, se vuelven hacia mi emitiendo sonidos de bestias con hambre extrema o rabia desmedida. Y lo peor es que cuando miro de nuevo al suelo veo que uno de esos seres tiene el aspecto de mi abuela Águeda, pero no parece ella. Repta por el suelo agarrándose a la muchedumbre de seres que, en su misma situación, se van amontonando en el suelo y que buscan salir hacia donde yo me encuentro para, seguramente, meterme tantos mordiscos, bocados, desgarros y despedazamientos, que quedara irreconocible a los ojos del mundo. Pero sé que es ella, por su pelo que sigue recogido en un moño a la altura de la coronilla, aunque se encuentra despeinado, desgreñado y lleno de sangre y suciedad.
Ahora en un relámpago cerebral recuerdo que mi madre y mi hermano deben estar encerrados en otras catacumbas como estas, solos, aislados del mundo. No hay escapatoria.
Miro a mi alrededor. Sin salida. No hay ningún acceso al mundo exterior en aquel sótano. Y la puerta por la que me introdujeron es blindada, no puedo salir.
Entonces decido introducirme en la oscuridad para dejarme comer por los engendros. Ellos gritan y aúllan produciéndome autentico miedo, un profundo terror se apodera de mi, y salgo corriendo hacia la gruta del interior, al fondo de la estancia. Mis ojos se han acostumbrado un poco a la oscuridad. pero para mi asombro las criaturas se apartan como asustadas de mi...

Hace más de 4 años

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the_one_eyed
Rango15 Nivel 70
hace más de 4 años

Interesante cambio argumental, a ver cómo termina. :-)