SamuCC
Rango8 Nivel 35 (2400 ptos) | Poeta maldito
#1

En 1969 los seres humanos dijeron llegar a la Luna, lo que no dijeron es que había descubierto algo más importante, Haumea.

Es un planeta del sistema solar. En el se encontraron con los Arnark, seres creados con una pequeña parte física y pura energía.

Durante cientos de años la relación entre ambos planetas fue secreta y amigable, pero ahora los seres humanos han decidido poner fin a esta amistad, excepto uno de ellos.

Charles Miller, es el único que no puede cortar tal relación, ya que comparte una hija con un Arnarka. Esa hija soy yo.

Y soy la ultima superviviente de Arnark. Soy Daya.

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Sariet
Rango10 Nivel 45
hace alrededor de 3 años

Bienvenida al mundo, Daya.


#2

Estábamos meditando en nuestro templo en Arnark, cuando un mensajero vino a buscar a mi madre.

- Señora, alguien de la Tierra intenta comunicarse con usted.

- ¿Es el?

- Así es, pero parecía nervioso.

Mi madre se fue a la sala de comunicaciones y yo seguí con mis ejercicios. Mis habilidades era cada vez mayores a pesar de ser solo medio Arnarka. Mientras los cuerpos de los demás durarán miles de años, el mio se morirá a los cien seguramente. Mis capacidades mentales sin embargo son muy superiores a las de un humano son las de un Arnarka.

Cuando terminé los ejercicios fui a mi casa, era un edificio de hielo, rodeado de otros muchos del mismo estilo. Mi madre me esperaba dentro.

- Tienes que irte Daya. Coge la primera nave que encuentres en el puerto y vete de Haumea.

- ¿Que pasa mama?

- Tu padre me ha enviado un aviso, los seres humanos vienen dirección Haumea.

- No es la primera vez, ya son casi de la casa.

- Vienen a matarnos Daya, quieren nuestra tecnología y habilidades.

- ¿Que dices?

- Hazme caso vete ahora mismo a ti no te buscan, no saben que existes.

- Ven conmigo mama.

- No puedo, sabes que soy su Arnarka de referencia, la primera a la que buscaran es a mi.

Me dio un beso y me abrazó. Era cálido y quizás, el ultimo que recibía de mi madre. Cogí el equipaje que pude y fui al puerto.

Subí a una nave de exploración, son más pequeñas y difíciles de rastrear. Cuando ya estaba en órbita llame a mi madre. Solo pudo establecer contacto, lo siguiente que vi fue como dos humanos con trajes de guerra espaciales le disparaban por la espalda. Intentó pararlas con un campo telequinético pero lo cruzaron sin dificultad.

Corté la comunicación. Ya no me quedaba nada, solo esperar a que se fueran para poder intentar salvar lo que quedase.

Tras unas horas vuelvo a Haumea, no se lo que me voy a encontrar. Acabo de aterrizar, solo veo cadáveres. Las lagrimas brotan de mis ojos, todos mis amigos, la gente que conocía, todos... muertos.

Corro dirección a casa. Entro por la puerta y veo el cadáver de mi madre en el suelo. Aun respira, siempre ha sido una mujer fuerte.

- Mama, resiste, seguro que puedo curarte de alguna manera.

- Escúchame Daya, voy a morir y no podemos hacer nada por solucionarlo. Los humanos se llevaron todos nuestros estudios tecnológicos y a los niños. No se lo que quieren hacer pero tienes que salvarlos, hazlo por mí por favor, no merecen ser torturados por nadie. Te quiero hija y a tu padre. Sois los únicos a los que...

- Mamá, mamá, dime algo mamá.

No pude hacer nada.

Hace alrededor de 3 años

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#3

Enterré el cuerpo de mi madre y me dispongo a cumplir su ultima voluntad.

Subo a la nave y me dirijo a la Tierra. Cuando entro en la atmósfera del planeta recibo una llamada entrante.

- Daya, soy tu padre, no vayas a ninguna pista de aterrizaje. Te envío las coordenadas de casa para que vengas aquí directamente.

- Entendido.

Aterricé en la parte de atrás de una granja aislada de la ciudad.

Llegué a casa de mi padre, a pesar de ser la primera vez que pisaba la tierra, tenía más conocimientos sobre ella que la mayoría de sus habitantes. Allí me esperaba mi padre, un hombre de pelo canoso y barba blanca con sus ojos azules clavados en mi. No cabe duda, me parezco a el, solo que a mis 26 años, humanos, mi pelo es castaño y mi figura atlética.

Vino corriendo y me abrazó, era la primera vez que abrazaba a mi padre y sin embargo solo podía pensar en los niños que habían secuestrado ¿Me convertía eso en una mala persona?

Guardamos la nave en el granero, no queremos atraer a los curiosos. Después me llevó al interior de la casa.

- ¿Que le paso a tu madre?

- Murió, al igual que todos los demás - De sus ojos empezaron a brotar las lagrimas, entiendo parte de sus sufrimientos pero, podría haber estado con mi madre en sus últimos momentos si se hubiese mudado a Haumea.

- No pude hacer nada, los de la Asociación Espacial, me informaron poco antes de ponerse en marcha, querían una misión secreta. Sabes que habría dado mi vida por tu madre.

- Ahora lo único que quiero es que me digas que van a hacer con los niños y donde los puedo encontrar.

- Me han dicho que seguramente se queden un edificio ajeno a la AE (asociación espacial). Escucha Daya no puedes ir tu sola a por ellos. ¿Que piensas hacer?

- Los voy a matar uno a uno, recuperaré a los niños, volveré a Haumea y los criaré.

- Y los humanos volverán a por vosotros, si todos vuestros habitantes no pudieron hacer nada ¿que harás tú?

Vuelvo a la nave. No pienso quedarme mirando como acaban con la vida de mis hermanos. Abro el compartimento de armas y recojo todos los cuchillos arrojadizos, los coloco en los cuchilleros y me los engancho a las piernas, brazos y pecho. Dentro de la nave hay otra unidad más pequeña, los humanos la compararían con una moto pero esta flota.

Es el momento, no pienso volver a Haumea sin mis seres queridos.

- Daya, no vayas, crees que tus entrenamientos te hacen invencible pero no eres inmortal, mira tu madre.

- Por lo que le ocurrió a mi madre estamos así.

- Una noche, solo quiero que pases una noche tranquila. Mañana si sigues pensando igual te dejaré ir. Acabo de perder a la mujer que amaba no quiero perder también a mi hija el mismo día.

No puedo negar eso, aparqué el vehículo y me fui a sentar cerca de la hierba seca, era hora de meditar según el horario de Haumea.

- Gracias hija.

Se hace de noche, mi padre se ha quedado dormido viendo como medito, es mi oportunidad. Tengo las coordenadas del lugar y la noche me ampara. Me voy a por mis hermanos.

Hace alrededor de 3 años

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#4

Tengo que reconocer que el planeta natal de mi padre es hermoso. Los vivos colores que me rodean, los olores, todo hace que parezca un paraíso. Haumea pasa los días cubierta de nieve, es hermoso a su manera pero repetitivo. El aire aquí sin embargo es menos puro.

Me estoy acercando a mi objetivo. Es curioso no veo ningún edificio, solo una explanada verde. Mi padre no me mintió lo notaría.

Apago mi vehículo y me siento en el suelo, algo está escapando a mis sentidos. Cierro los ojos. Hay algo, una corriente de aire que no es igual de fía que las demás. Pero ¿de donde viene?

Lo noto, del suelo emana el calor, es una base subterránea. La entrada está poco más adelante.

No puedo intentar abrir la puerta principal, sería un suicidio. Si están bajo tierra tiene que haber un sistema de ventilación, sino ya estarían muertos.

Tras una corta búsqueda me encuentro con varias rocas amontonadas. Al tocarlas me doy cuenta de que son esponjas imitando rocas, vaya las usan como filtros para no levantar sospechas. Las arranco y abro la escotilla. Es hora de infiltrarse.

El sistema de ventilación estaba impoluto, la instalación no es antigua. Una rejilla de ventilación ¿que hay al otro lado?

Un guardia armado estaba apoyado contra la pared. Está tan cerca que solo tengo que empujar la escotilla, lanzar un cuchillo y está muerto... Mi madre no me entrenó para ser una asesina, seguiré buscando a mis hermanos.

Llevo media hora en esta base y no veo rastro de mis hermanos. Los guardias parecen estar de decoración ninguno hace nada. Un momento, he llegado al laboratorio, seguro que están aquí.

Golpeo la rejilla de ventilación con mi telequinesis, cojo un cuchillo de la pierna y salgo a reconocer el territorio.

Es una habitación blanca bien iluminada, hay muchas capsulas natales de mi planeta pero no hay nadie dentro de ellas. En el suelo me encuentro con varios soldados. Me acerco a ellos pero al concentrarme veo que no tienen pulso ¿Que ha pasado aquí? Salgo al pasillo y los guardias que me encontré anteriormente estaban muertos, es como si se hubiesen quedado dormidos mientras vigilaban.

Sigo buscando indicios en la sala pero no hay nada, se han desvanecido. Un momento en la pared hay capsulas de emergencia.

Empiezo a abrirlas una por una, todas vacías. Una ultima y se acabarán mis esperanzas de volver a encontrarlos. Abro la ultima capsula, un hombre, mas o menos de mi edad humana, lleva bata blanca y gafas, su pelo es castaño y alborotado pero, lo más importante, está vivo.

Uso mis habilidades y lo saco flotando de la capsula hasta colocarlo en una mesa vacía. Su ritmo cardíaco es bajo. No puedo perderle ni tengo todo el tiempo del mundo. Uso mis habilidades para hacer un mapa mental de donde están las cosas. Perfecto, el tercer cajón. Saco una jeringuilla de epinefrina, se la clavo e inyecto el contenido.

Se levanta.

- Vaya parece que sigues vivo. Dime ahora mismo donde están los pequeños Arnarkas.

- ¿Quien eres? ¿ Y los soldados?- Vaya, está nervioso y desorientado en estas condiciones no me sirve.

Le golpeo la cara y se cae hacia atrás.

- Dime lo que sepas de Haumea y sus habitantes ahora mismo.

- Haumea es un planeta enano del sistema solar que...

- Los niños, ahora.

- No se nada de unos niños. A mi me trajeron unas esferas energéticas solidas y cuando estaba a punto de irme a mi casa empezó todo esto del gas y los soldados empezaban a caer como moscas.

- ¿Que gas?

- Un gas empezó a entrar por los sistemas de ventilación, los soldados pensaban que era un desinfectante y se quedaron tan tranquilos yo no me fié y me metí en una de las capsulas.

- Lo que tenías aquí no era energía solida, son crías de Arnarks. Son mis hermanos.

Saco el cuchillo y se lo pongo en el cuello, está suplicando por su vida y sin embargo solo puedo pensar en acabar con el. Pero, no es culpa suya, lo sé. Sus ojos verdes suplican piedad.

Hace alrededor de 3 años

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#5

- Quítate esa bata, te llevo conmigo. Tenemos que hablar de muchas cosas. Coge toda la información que tengas de este laboratorio.

- No puedo, los soldados acabarán conmigo si saco algo de aquí.

- Ya intentaron matarte por si no te acuerdas, además si no lo haces seré yo la que te mate.

Parece que por fin empieza a entender la situación, está recogiendo todo lo que tiene. Yo sigo buscando información no puedo perder el rastro aquí. Recojo una capsula natal para poder analizarla en busca de pistas.

- Ya lo tengo todo, vayámonos de aquí.

Salimos al pasillo y nos vamos a la entrada principal, no hay nadie que pueda pararnos, no pienso perder el tiempo por el sistema de respiración. Llegamos a la entrada.

- Abre la puerta... ¿como te llamas?

- Soy Steve.

Inserta el código de apertura pero la puerta no se abre, no me sorprende, si lo querían matar para que darle una clave autentica.

- No entiendo esta era la clave.

- Aparta.

Me siento en el suelo, me concentro y me centro en mover todo el portón metálico que cierra la salida, pesa muchísimo, es difícil mover algo tan grande.

- Estas moviendo todo ese metal, ¿como lo haces?

- Quieres callarte, intento sacarnos de aquí.

El tono no fue agradable pero necesito concentrarme. Vuelvo a intentarlo, esta vez funciona, el portón se mueve hasta hacer un hueco lo suficientemente grande para salir.

Subimos al vehículo y volvemos a toda velocidad al granero. No puedo concentrarme, los recién nacidos tienen que tratarse con mucho cuidado sino se mueren. Sacarlos de sus capsulas no es seguro.

Por fin llego a casa, mi padre me está esperando en la entrada, no parece muy contento.

- Te dije que no te fueras hasta mañana. Dijiste que no te irías.

- No pienso perder el tiempo mientras mis hermanos y los últimos de mi especie desaparecen por culpa de unos humanos.

- Te recuerdo que tu eres medio humana así que no nos trates como si fuésemos todos iguales.

- Yo no pedí tener tus genes. Lo respeto pero no pienses ni por un minuto que me alegro de ser medio humana.

La respuesta no debió de gustarle se va directo al interior de la casa sin preguntar siquiera por mi acompañante. Es hora de investigar.

- Steve empieza a buscar pistas de a donde pueden haber ido los niños, o para que los quieren usar.

- Entendido ahora mismo me pongo.

Yo por mi parte me pondré a investigar la capsula natal. En ella se suele pasar el primer año para crecer fuerte y sano. Vaya, un año, tanto tiempo para mi y sin embargo para los de mi especie podría pasar como un simple segundo. Nunca duraré lo mismo que ellos por mis genes humanos.

Llevamos varias horas mirándolo todo, Steve hasta se ha quedado dormido mirando lo que tenía. La capsula no aporta nada nuevo, solo queda meditar. Me siento en la hierba otra vez y me concentro.

Veo la lucha en Haumea, mi madre intentando dialogar, un soldado pasa al lado de la puerta de casa con un capsula natal, es curioso el traje tiene un símbolo, es una rata blanca con una pastilla en las patas. Ese símbolo lo he visto antes pero ¿Donde?

Hace alrededor de 3 años

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#6

Esperé a que se despertasen los dos para poder hablar con ellos.

- Escuchad tengo que preguntaros algo ¿os suena un símbolo de una rata con una pastilla en las patas delanteras?

- ¿Tu no duermes? Claro que si es la empresa para la que trabajo. Nos dedicamos a la creación de fármacos para mejorar y alargar la vida de los seres humanos.

- Mi raza no duerme. Steve tengo que preguntarlo ¿Que estudiabas en el laboratorio?

- Se supone que tus hermanos iban a ayudarnos a alargar la vida de los seres humanos. Yo era el encargado de comprobar la compatibilidad de sus células con las humanas.

Van a matarlos para estirar la vida de unos pocos seres destinados a morir. No pienso permitirlo. Tengo que encontrar a los pequeños y devolverlos a Haumea.

- ¿Donde está el edificio principal de tu empresa?

- A unos doscientos kilómetros de aquí, con tu vehículo puedes llegar rápidamente.

Preparo mi equipo, esta vez alguien pagará por lo sucedido. Introduzco las coordenadas en el GPS.

- Escucha Daya, no sabía nada de tus hermanos, de ser así habría rechazado la oferta.

- ¿Como sabes mi nombre?

- Tu padre me lo dijo. Está preocupado. Teme perderte ahora que por fin estás con el. Deberías machacarlo menos.

Otro que se quiere meter en mi vida. Estaba muy bien en Haumea, hasta que los terrícolas vinieron a perturbar nuestra paz. Siempre fuimos pacíficos, lo que sabemos de guerras solo lo usábamos para defendernos. No somos una raza hostil.

- No soy dura con él. Simplemente no le tengo el aprecio que el se espera que le tenga. A efectos legales soy su hija pero ni el actuó como padre ni yo como hija.

- Entiéndeme, no entiendo nada de lo que está pasando, así que con lo poco que me decís me cuesta asimilarlo todo.

- Yo vengo de Haumea, allí vivimos... vivíamos los Arnarks. Los humanos nos descubrieron y tuvimos una relación pacifica siempre, pero ayer mismo vinieron y acabaron con toda mi especie y se llevaron a los niños. Ahora solo quedamos ellos y yo. Mi padre, fue uno de los exploradores que vinieron a Haumea. Conoció a mi madre y se enamoraron. Gracias a nuestra tecnología pudieron mantener el contacto en secreto. Los humanos no le permitían mantener ningún tipo de contacto con notros. Ahora entiendo el porqué.

- Lo siento mucho Daya. ¿Nunca pensaste en venirte a la Tierra?

- Perdona que te lo diga así pero, os llevamos siglos de ventaja. Trabajáis para poder pagaros la comida y vuestros caprichos, allí todo era para todos, se hacia lo que fuera para que todo el mundo tuviese los mismo beneficios.

- ¿Es bonito Haumea?

- En eso tengo que reconocer que la Tierra le gana. Haumea es como un invierno perpetuo, creo que el blanco nuclear de mi piel lo demuestra.- No pude contener la risa por mi mal chiste.

- ¡Vaya! Pero si sabes sonreír y todo. Pensé que los Arnarks no sabíais hacerlo. La verdad estás más guapa que cuando me golpeaste en la base.

- No me culpes a mí, estabas nervioso y no me dabas lo que necesitaba, tenía que calmarte. Me voy ya, volveré antes de esta noche.

Hace alrededor de 3 años

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#7

Estoy a medio camino del laboratorio. Me ha sentado bien la charla con Steve, es un chico majo.

La ciudad esta llena de tráfico, es curioso mi vehículo pasa desapercibido. Normal, su tecnología esta basada en la nuestra. Llevan años apropiándose de nuestras ideas.

Por fin llego. Es un rascacielos enorme. ¿Como voy a descubrir yo sola donde encontrar a la directora? Creo que ya lo tengo.

Bajo de mi vehículo y rodeo el edificio. Una verja corta el paso a la parte trasera del rascacielos, parece que es el aparcamiento. Me acerco a la parte móvil de la verja. Puedo esperar a que alguien la abra o puedo abrirla yo. Creo que la respuesta es clara.

Un momento, no puedo abrirla como si nada, habrán cámaras de vigilancia. Mejor buscar el panel de apertura. Esta tras unos setos dentro de una caja metálica, esta si puedo romperla con mis habilidades. La tapa se abre como si la estuviese golpeando desde el interior. Los circuitos interiores son de lo más simple, un simple ajuste y listo, la verja se abre.

Me concentro, tengo que volver a hacer un mapa del espacio que voy a cruzar, veo las cámaras, son fáciles de engañar excepto una de ellas.

Voy corriendo pegada a la pared, esquivo las dos primeras cámaras, pero una apunta directa a la puerta que tengo que cruzar. Puedo romperla pero eso llamará la atención de los guardas. Me cuesta pensar con tanto pájaro piando.

Pájaros es es, intento meterme en la mente del pájaro, es un cerebro tan simple y fácil de confundir, solo tengo que proyectar la imagen de un gusano en el y listo. El pájaro va volando a la cámara y empieza a picotear el cable que transmite la imagen a la base. Nadie sospechará.

Entro a la habitación de seguridad, el guardia está preparándose un café, es mi oportunidad. Lo agarro por el cuello y lo aprieto para dejarlo inconsciente, el café se va a caer, pero mi habilidades lo sostienen en el aire. Coloco el cuerpo en la silla, le bajo la gorra y le coloco el café en las manos. Compruebo el mapa de pisos, las cámaras de vigilancia, ya lo tengo todo memorizado. Mi objetivo está en la sexta planta, la directora Morán. Sin embargo no hay ni rastro de los niños. Quizás esa vigilancia no la lleve la misma empresa.

Hay un ascensor que para empleado que lleva a todas las plantas.

- Lo siento señor guardia pero me llevo su pase. Y si no le importa una chaqueta de vigilante, estos cuchillos colgados al pecho no son fáciles de disimular.

Subo al ascensor, pulso el botón y paso la tarjeta.

(SEXTA PLANTA)

Ya estoy dentro, el despacho de la directora es el vigilado por los dos guardias, si acabo con ellos hará saltar todas las alarmas. Noto su presencia dentro la habitación aunque tenga las persianas que dan al pasillo bajadas. Tengo que buscar otra forma de entrar ahí.

Voy al baño, me asomo a la ventana, no hay superficie suficiente para agarrarme y cruzar tranquilamente, ante cualquier golpe estaría perdida. Un momento, un limpia cristales con una mochila de levitación, ese puede ser mi pasaporte para entrar.

Solo tengo que bajarlo, me concentro en el, solo tiene que bajar. La fuerza de la mochila hace muy complicado bajarla. Además le está subiendo la potencia para dejar de descender, no sabe lo que pasa. Al final cede y cae hasta la ventana del baño. Agarro al joven y lo meto dentro, lo ahogo y lo dejo dentro del baño. Me pongo la mochila y salgo. Por fin estoy llegando.

Ya la veo, la directora está sentada en su silla. Esta mirando algo... maldita hija de perra es un hermano.

Uso mis habilidades y abro la ventana si tener que romperla. Le tapo la boca a Morán. Está nerviosa, intenta gritar pero no puede, está a mi merced.

- ¿Pensaste acaso que tus actos no iban a tener consecuencias?

Hace alrededor de 3 años

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#8

Por fin la tengo donde quería, solo tengo que conseguir que hable y podré recuperar a mis hermanos.

Saco uno de los cuchillos del cuchillero del pecho y se lo acerco al cuello, noto como sus pulsaciones aumentan.

- Escuche solo necesito información y nada más. No voy a tomar represalias, solo necesito que me diga donde están los niños de Haumea.

Le saco la mano de la boca poco a poco para que pueda hablar.

- ¿Quien eres?

- Una habitante de Haumea.

- Eres humana no puedes ser de Hauema.

- No necesito que me crea, ¿Donde están los niños?

- Es posible. La mezcla de razas es posible. Duraremos cientos de años gracias a vosotros entonces.

- Deje de hablar de otros temas donde están los niños.

- Da igual lo que hagas, ya no quedará nada para que te lleves. Ahora mismo están insertando células de esos niños en seres humanos para alargarles las vidas.

- ¿Donde están? Contesta

Presiono con el cuchillo el cuello, una gota de sangre recorre su garganta.

- No tienes porque amenazarme, están en la planta -1. Pero en cuanto me sueltes estarás muerta.

- No si yo te mato primero.

- No me hagas reír, eres de Haumea, sois pacíficos. No matáis, solo os defendéis.

Maldita perra, se sabe el código. Ella ha acabado con toda nuestra raza y yo no puedo ni siquiera vengarme ¿Que hago? Si la mato, fallaré al código y si no lo hago no podré ir a por mi familia.

- Estás dudando joven. Quieres que te ayude. Mátame, pero recuerda que si lo haces ya no serás una Arnak, solo serás una asesina más, como nosotros. No entiendo como puedes interponerte a que aumentemos la probabilidad de vida de la gente.

- Lo hacéis a cuesta de otras vidas.

- Igual que nos alimentamos de otras vidas, esto no deja de ser lo mismo pero con recursos de otros planetas.

- ¿Somos ganado para ti?

- Sois la cura a la enfermedad que es el paso del tiempo.

- No mereces vivir.

- Mátame entonces.

Le hago una llave y la estrangulo, noto como el aire para de llenar sus pulmones... no puedo matarla. La dejo inconsciente en su silla. Y vuelvo al ascensor, menos mal que tengo la identificación de la directora, el piso -1 está restringido.

He llegado, la habitación está poco iluminada pero se puede ver todo lo que hay. Hay unas veinte capsulas con humanos dentro. Son personas de unos cincuenta años menos uno de ellos que debe de tener unos ochenta. Cada capsula tiene acoplada un tanque con...

Los he perdido, los han alterado tanto como pudieron y se los están inyectando a los humanos. Lo he perdido todo.

Hace alrededor de 3 años

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#9

Un momento, es un hermano vivo. Al fondo de la sala veo una capsula natal con uno vivo. Tengo que salvarlo es mi hermano, tiene que volver a Haumea.

Cojo la capsula y salgo corriendo hasta el ascensor. Subo a la planta baja y vuelvo a salir por donde entré, el guardia sigue dormido. Engancho la capsula al vehículo y salgo a toda velocidad hacia la casa de mi padre.

Por fin llego. Steve me está esperando, sus ojos verdes parecen dos faros que se pueden ver a kilómetros.

- Daya, has recuperado a tus hermanos.

- No, solo a uno, los demás...

- Lo siento.

Antes de que pueda hacer nada me abraza. No sé como reaccionar, es la primera vez que alguien me abraza así ¿Que? ¿Porque lloro? Inconscientemente lo estoy abrazando y llorando como una niña... como una humana.

Noté como mi padre entraba en el granero y se volvía a ir. Me da igual, lo único que quiero es seguir abrazando a Steve. Me separo de su pecho, veo sus ojos tan cerca, como me miran tan cálidamente... Acerco mi cara a la suya, mientras le agarro la cara.

- Daya, Steve hay que prepararse, los soldados se acercan.

Nos separamos rápidamente. Subí a la nave y comprobé el radar. Es cierto varios tanques rodeaban el granero y los soldados apuntaban a la salida.

- Vale, escuchadme, mis poderes aquí son inútiles.

- ¿Como van a ser inútiles? Te he visto abrir una enorme puerta metálica.

- Las balas humanas pueden cruzar cualquier escudo telepático que haga. Por eso mi raza ha muerto. Subid a la nave los dos, llevad la capsula.

Salgo al exterior. Como no, la directora estaba fuera.

- Vaya joven, pensé que eras más lista. Te doy todo lo que quieres y crees que no voy a perseguirte.

Cometí un error de novata, no comprobé la capsula y me rastrearon.

- ¿Que quieres Morán?

- Para empezar, tu nombre y después que me devuelvas lo que es mio.

- No es tuyo, es mi hermano y me llamo Daya.

- Dime Daya ¿Porqué te opones a la medicina?

- Porque eso ha implicado que acabes con toda una raza.

- ¿Acaso nos habríais dado a vuestras crías si las hubiésemos pedido?

- ¿Daría usted a su hijo?

- No tengo hijos.

- Eso cree usted, pero está embarazada, de una semana.

- No me hagas reír.

- No necesito que me crea solo que deje irme con mi hermano.

- ¿Los demás me los dejas?

- No puedo resucitar a los muertos. Ahora si no te importa me voy.

- No lo creo Daya, devuélveme la capsula y ven tu también. Eres digna de estudiar.

Entro al granero, cierro la puerta y me meto en la nave.

- Papá ¿sabes pilotar esto?

- Sin problema.

- Steve, estás a tiempo de bajar si quieres.

- Iré contigo a donde quiera que vayas Daya.

- Entonces vámonos. Papá, dirección Haumea.

- Nos abatirán en cuanto salgamos del granero.

- Crearé un escudo.

Steve se sorprendió.

- Dijiste que no podías parar las balas.

- Tampoco soy del todo Arnark, quizás tenga otras habilidades. Es eso o morir sin luchar.

Steve cogió la capsula y se sentó a mi lado.

Mi padre arrancó la nave, empezó a elevarse mientras el techo se caía. Los tanque nos apuntan.

Me concentro, creo el escudo. Tengo que esforzarme, no puedo fallar. Escucho un disparo, nos han dado.

Hace alrededor de 3 años

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#10

El daño que nos hicieron no ha sido grave, la nave sigue funcionando. No consigo parar las balas y la munición del tanque menos aun. Mi padre está intentando controlar la nave lo mejor posible, pero si yo fallo esto termina.

Steve está a mi lado, no lo veo preocupado.

- ¿Steve como puedes estar tan tranquilo?

- Dijiste que no podías parar las balas, pero te he visto mover todo ese metal. Igual los de Haumea no pueden hacerlo, pero una Arnarka medio humana creo que puede hacer muchas más cosas.

- No puedo Steve, soy la primera en querer hacerlo pero no puedo.

- Inténtalo, por mi.

Me concentro, noto todas las presencias, noto como mi hermano vive en la capsula, noto los latidos de Steve, son de lo más relajantes. ¿Que me pasa? Cada vez que pienso en Steve mi mente se aclara.

Tengo que hacerlo, tengo que salvarlos a ellos, a mi, tengo que vivir.

Otra ráfaga ha sido disparada. Parecen ir a cámara lenta, puedo ver todos y cada uno de los disparos, parece ir a cámara lenta. En lugar de crear un escudo gigante tengo que centrarme en cada uno de los disparos por separado. Parece una locura pero creo que es lo que tengo que hacer.

Funciona estoy parando cada disparo por separado, explotan antes de tocar la nave. Solo queda un disparo de tanque. Lo he podido parar sin explotarlo. Apunto a la directora y lo devuelvo. El disparo ha dado donde yo quería, justo delante de ella, solo la he despeinado.

Ahora estamos fuera del alcance de las balas. Vayámonos de aquí.

Estoy despertando, parece que me he desmallado. Lo primero que veo son los ojos de Steve. Sigue ahí a mi lado.

- Daya dime algo por favor.

- Creo que te quiero.

- ¿Solo lo crees?

Nos reímos mientras nos abrazamos.

- Papá, no quiero ir a Haumea y está claro que no podemos volver a la Tierra. Creo que no pensasteis muy bien lo de veniros conmigo.

- Por mi no hay problema y Steve creo que tampoco se opondrá a un cambio de aires.

- Entonces introduce las coordenadas de Gliese667, es como la tierra pero más grande. Este pequeño crecerá rodeado de colores.

- ¿Lo vas a criar tu?

- Si, lo que creo que va a necesitar es un padre y un abuelo ¿Se os ocurre algún candidato?

Steve me besó mientras mi padre ponía rumbo a Gliese667.

Hace alrededor de 3 años

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#11

Epilogo:

Llevamos ya unos años en Gliese. El pequeño Charly ya ha salido de la capsula y aprende a pasos agigantados, tanto de su rama humana como de la Arnarka.

Steve estudia todo lo que encuentra en este planeta y los habitantes le proporcionan todo el material que necesita. La verdad se llevan tan bien que parece que haya nacido en este planeta.

Yo sigo entrenándome como mi madre me enseñó, pero sin descuidar a mi familia.

En cuanto a mi padre, nos dejo cinco años después de llegar a Gliese, pero antes de irse disfrutó de su nieto como si se le fuese la vida en ello. A Steve le afectó más, no vio su muerte como algo natural sino como una perdida, supongo que es la forma humana de pensar.

Me hubiese gustado que mi madre viese todo esto, aunque según ella, sigue viéndonos en todas las formas de vida que nos rodean.

Hace alrededor de 3 años

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