MissAmnesia
Rango3 Nivel 11 (114 ptos) | Cuentacuentos freelance
#1

Nos gusta lo prohibido, no hay duda de ello. Mientras más complejo e inaccesible sea, más nos seduce.
Mi placer culpable siempre han sido los chicos menores que yo, me seducen por completo. Si bien, en varias ocasiones he estado con algunos, la diferencia de edad no ha sido mucha. Ahora es distinto, creo que esta vez se me escapa de las manos. Hago clases a adolescentes...
«Sí, ya lo sé, los profesores no deben mirar a los alumnos»
Pero en mi entorno, pese a que siempre se oculte, todos sabemos, y es más que claro, que han sido muchas relaciones profesor- alumno.
Nunca había estado con un alumno, aunque había más de alguno que me llamaba la atención. Había uno en particular, que siempre estaba cerca de mí. Eso no era extraño, me llevaba bien con todos mis alumnos, pero el problema comenzó cuando empezó a hacerme escenas de celos porque otro compañero no le permitía acercase a mí en los recreos y en los almuerzos. A mí me encantaban todas sus escenitas de celos.
Él tiene 16, yo 26.

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Demer
Rango6 Nivel 29
hace más de 4 años

Parece interesante, a ver como sigue ;)


#2

Físicamente resaltaba del resto, pues es alto, delgado, piel blanca y suave, (más de alguna vez tuve oportunidad de tocarla), pelo castaño, liso, ojos color miel, sin mayores beneficios físicos que los ya mencionados, sin embargo, había algo en el que me cautivaba, que me seducía, más allá de lo físico.
Estar cerca de él e inventarle motivos para que estuviera cerca de mí era mi placer culpable. Podría decir que tal vez me aprovechaba de mi condición de profesora. Pero él también aprovechaba su condición de alumno para mantener esta cercanía dentro de la sala de clases.
Al principio era uno más, lindo, pero uno más al fin y al cabo. Hasta que comencé a darme cuenta que él se interesaba en mi vida privada, sentimental y además se ponía celoso porque yo hablaba con otro compañero en particular. Yo moría de risa, pero él cada vez me hacía notar que realmente le molestaba.
Por mi parte, mientras me hablaba y hacía típicas escenas de celos, yo disfrutaba imaginando cómo serían sus besos. Imaginaba que tras esa escena chiquillo celoso, el mundo se apartaba por completo, estábamos solos él y yo.
No sé cuándo ni cómo comenzaron esas fantasías. Buscaba la forma de hacer que no notara lo que pensaba, creo que en su inconsciente, ambos manteníamos un secreto "desear el fruto prohibido".
Esperaba cada clase para estar con él un rato, sentir su aroma, que me encantaba, y luego imaginar cómo sería acariciarlo.
En mis sueños más de alguna vez apareció, quitándome la ropa y yo en la pugna de seguir sintiendo que estoy haciendo algo incorrecto, pero que me encanta.
Límites, reglas... difícil lidiar con ellas.
Él siempre buscaba la forma de llamar mi atención sin que el resto se diera cuenta. Para mi cumpleaños no llegó con un regalo, ni tampoco me dio un abrazo como el resto de sus compañeros. Me mostró una tarea en su cuaderno y al final decía “feliz cumpleaños”.
Tal vez yo estoy mal interpretando sus gestos, sus detalles. Tal vez sea sólo un pendejo cargante que busca subir sus notas. A la mierda. No me interesa. Sólo son fantasías.
El deseo de estar cerca de él se hacía cada vez más fuerte, pero mi dilema era más potente aún.
¿Hasta dónde podría llegar? ¿Qué estaba dispuesta a hacer con tal de cumplir la fantasía? ¿Será que mis pensamientos le ganan a mi razón?
Tenía tantas dudas, pero lo único claro es que pensar en una posible relación, estaba prohibido para ambos.
Tuve un sueño. En mi sueño estaba él. Me había ido a ver a la casa para saber porque estaba faltando al trabajo. Lo dejaba en el living, le ofrecía un trago para intentar que se soltara y luego intentaba llevar la situación al límite. Partía todo como un juego, seguíamos bebiendo.
Se hacía de noche, teníamos música, reíamos y bebíamos. Él rápidamente se puso ebrio y yo aprovechaba la circunstancia. Me comencé a acercar, provocándolo. Bajo mi blusa casi transparente se evidenciaba más de lo que él debía ver siendo mi alumno. Su mirada se desviaba a mis senos. Mis manos tomaban las de él. Le daba un beso en la mejilla, él no reaccionó. Intenté probar ir más lejos y le di un beso muy cerca de los labios. Me quedé cerca de él.
Era evidente su nerviosismo, aun así decidí seguir. Lo comencé a acariciar y lo besé. Él respondió.
Sus besos eran dulces, tal vez algo tiernos, una mezcla de nerviosismo y deseo. Sentía que se estremecía al contacto de mis labios. No se atrevía a nada más. Tomé sus manos y las llevé a mis senos. Comenzó a tocarlos sobre la ropa, cada vez más seguro de lo que hacía. Comencé a quitarme la blusa. Luego el sostén. Sus ojos brillaban. Se notaba algo confundido, pero no dejaría pasar la oportunidad. Ahora desnuda, comenzó a besar y morder mis pezones. Él hacía todo lo que yo le pedía. Luego le decía que esto no estaba bien, sintiendo tal vez cargo de consciencia por el pobre adolescente. Sin embargo, pasaba luego.
Nos besábamos nuevamente, él se dejaba guiar por mí, comencé a desnudarlo y a sentir que necesitaba tocarlo y entregarme a él. Abro los ojos y veo que todo es un sueño.
¿Qué mierda me pasa? No puedo estar soñando con él, no puedo.

Hace más de 4 años

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#3

El sueño era reiterativo. Mientras estábamos en clases no paraba de pensar en él, en sus manos recorriendo mi cuerpo.
Me alejaba. No quería que nadie de sus compañeros notara este deseo instalado en mi subconsciente y que cada vez estaba siendo más visible. ¿Cómo terminaba el sueño? ¿Lo habría hecho con él?
Sabía que nunca pasaría, pero el deseo prohibido aumentaba la lujuria de anhelarlo en mi cama, recorriendo cada parte de mi cuerpo.
No sé cuántas veces se repitió el sueño, pero nunca concluía. No podía llegar a concluirlo, el sentimiento de culpa me invadía cada vez que quería hacerlo con él.
Los días seguían pasando. Intentaba ignorarlo, sin poder conseguirlo. Un día lo miré directo a los ojos y le dije que podía leer sus pensamientos. Él se rio y me dijo "¿Qué estoy pensando ahora? Sólo puse cara de asombro y me reí.
En realidad no leía sus pensamientos, sólo quería que los pensamientos de él fueran igual que los míos. Que llegara a su casa y pensara en mí, que se tocara pensando en mí, imaginándome desnuda, tal vez al terminar la clase quedarse hasta el final y provocarme hasta hacerlo como en una película porno, o como en los sueños que tantas veces tuve con él.
Pero no, nada de eso. No leería su mente, pero él me demostraba el deseo de estar conmigo, o al menos eso yo creía.
Los alumnos siempre tienen fantasías con sus profesoras más jóvenes, me ha tocado vivirlo un montón de veces. Tal vez esta no sería la excepción.
Me metía en su mente y trataba de pensar como él.
Pienso cómo es ella, cómo son sus besos, cada vez que muerde sus labios, por cualquier motivo, imagino que son mis dientes los que la muerden. No dejo de pensar en sus grandes senos, ¡mierda! que deseos de tocarlos, todo lo que su escote deja entrever es grandioso. Lo haría con ella, muchas veces. Me da miedo... Estupideces. Pero no, debe ser muy caliente. Me gustaría verla desnuda. Sentir sus manos acariciándome el pene, su boca...
Tal vez sea más un pensamiento de un adulto. Pero ¿Por qué no podía ser el de él?
Algo dentro de mí me dice que me desea, que quiere que lo haga con él, que le enseñe lo que no sabe. Que lo lleve a la perdición de comer el fruto prohibido de quien no debe tenerlo, de quien quiere condenar su alma al infierno eterno de la lujuria en manos de quien no le corresponde. Sería la envidia de todos. Pero no podría decir nada.
Los días pasan, él insiste en que mi favorito es otro alumno. Yo dejo que lo crea, quiero ver su reacción. Él por su parte trata de hacerme enojar, busca la forma de que me moleste. Tal vez lo hace como forma de llamar mi atención.
«Pendejo hueón, no sabe todo lo que lo deseo, es lejos mi favorito, me calienta estar cerca de él»
Un día casi quedo en evidencia. Sus amigos no fueron y se sentó sólo. Como siempre fue el primero en terminar la actividad. Me llamó y me dijo que me sentara con él, que lo entretuviera. Mi mente voló, pensó en muchas cosas.
«Te entretendría, si no hubiera tanta gente, no sabes todo lo que te haría.»
—Acá no— Le dije.
Luego pensé en lo que dije y fue un error. Él se dio cuenta...
—¿Por qué? ¿Usted dice que hay mucha gente acá?
Mi respuesta fue más pendeja de lo normal. Le dije que me sentía como alumna sentada ahí.
—De porte parece alumna— Dijo tratando de retenerme.
Me Arranqué, no podía decirle nada más. Me fui a ver el trabajo de los demás. Sin embargo, moría por estar con él.
Llegué a mi casa, cansada. Comencé a pensar en lo estúpida que fui al decir eso. Era obvio que había mucha gente, era obvio que lo entretendría enseñándole más que lo que puede aprender en una clase.
A dormir nuevamente.
Estaba sentado frente a mí, en el sillón de mi departamento. Llevábamos un rato bebiendo. No pasaba nada. Yo estaba ardiendo en deseo. No podía seguir estando frente a él sin hacer nada. Mi corazón latía fuertemente y los nervios se apoderaban de mí. No sabía cómo reaccionaría, pero debía hacer algo, era mi oportunidad de descubrir lo que él quería de mí.
Me paré frente a él y le dije que cerrara los ojos. Me senté con las piernas abiertas sobre él, mirándolo de frente. Abrió los ojos. Comencé a sentir que su pene se endurecía. Más me excitaba.
Temblaba levemente, no era capaz de decir una sola palabra, no rechazaba nada de lo que yo hacía. Comencé a buscar sus labios, muy despacio, para dar pie a la provocación.
—Dime qué piensas. —No podía contestar— ¿Quieres que siga? —Asintió con la cabeza.
Sabía que estaba nervioso, como cuando haces travesuras y tienes miedo a que te descubran.
Lo besé.
Estaba extasiada por el deseo. Moría de ganas por sentir que me penetrara. Seguí besándolo y moviéndome lentamente sobre él.
— ¿Quieres más?
—Sí.
Le quité la camisa y pude ver su abdomen levemente marcado (le gustaba hacer deporte).
—Sácame la ropa—Lo hizo con cierto miedo.
Lo dejé que me mirara por un par de segundos. Luego me lancé sobre él y lo besé. Nos fuimos a mi pieza. Me coloqué sobre él y comencé a besarlo por completo. Quería hacerle sentir mucho placer, que sintiera que me necesitaba, que me necesitaría una y otra vez. Mi boca bajó a su pene, pasé mi lengua suavemente alrededor de él. Mientras le hacía sexo oral, observaba cómo se dejaba entregar al placer que le estaba dando, podía sentir que su pene estaba a punto de estallar y ahora yo necesitaba de él, sentirme tan suya como él de mí. Tocaba mis pezones, tiraba mi pelo y llevaba mi cabeza a su pene una y otra vez. Me encantaba saber que disfrutaba.
El sueño acabó ahí, esta vez había sido más intenso. Necesitaba hacer algo, estaba mal todo esto. Fantasear con un alumno. Quería sentir placer, no sólo en sueños. Mis manos se fueron a mi vagina, que estaba húmeda por el erotismo del sueño. Mis dedos en mi clítoris y mi mente imaginado estar con él. Sentir esa piel suave, su pene completamente duro y a punto de estallar en éxtasis.
Era una locura.

Hace más de 4 años

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