AndruDim
Rango6 Nivel 25 (790 ptos) | Novelista en prácticas
#1
    Partes:
  • #2

El reloj sonaba sin avanzar. Alcanzaba a ver las manecillas congeladas frente a mí. Pero ese sonido… era eterno.
Por cada tic, por cada tac, podía sentir cómo se escapaba la vida de mi cuerpo, como agua entre los dedos. La muerte me tendía la mano para partir, y no me juzguen por querer acompañarla, pues tenía la necesidad de estrechar su fría mano.
Sabía desde el principio que no debía doblar la dosis. Pero no soportaba estar un segundo más en esta porquería de realidad; donde todo se juzga antes de conocer, donde es preferible matar para ganar alianzas y dinero que salvar y dar esperanza, donde el terror es un estilo de vida que se debe aprender a controlar, donde humillar es mejor visto que ayudar, donde las máscaras son más importantes que el sentimiento, donde se tiene que vivir para gozar en vez de gozar para vivir.
¡Oh, cómo anhelaba ir con ella y dejar todo atrás! Pero tenía miedo… Le temía a lo desconocido.

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#2

A pesar de la crueldad humana, me encariñé un poco de la vida. Esos pequeños placeres que pasamos desapercibidos, esos momento que reímos hasta las lágrimas en compañía de aquellos que ya se consideraba familia, de las cosas que hacemos y nos hacen sentir vivos.
Sentirse vivo…
Recuerdo estar en el campo con el balón en mis manos y correr hasta la anotación. Muchos me dijeron que me haría daño, pero no entendían que eso era vida para mí. Cómo extraño esos días. Cómo lamento el accidente. Ojalá hubiera sido yo.
De ahí todo se derrumbó. Me perdí en la desesperación y la culpa, arruinando todo lo bueno que me quedaba sin darme cuenta. Perdí a mi única familia. Y después de todo, ahora me doy cuenta que quiero seguir aquí.
Como desearía que alguien detuviera a la fiel compañera del último viaje. Pero nunca pasará tal cosa. Lo sé con certeza. Ya no hay marcha atrás.
¡Oh, querida amiga, dime que todo estará bien una vez que parta contigo!
Respiro mi último aliento aceptando mi decisión, y me marcho… ¿A dónde? No sé. Pero tengo fe que tú, certera amiga, me llevarás a un lugar mejor. Sólo tú fuiste mi única esperanza.
Antes de partir escucho la puerta abrirse. Después de todo sí tenía familia.

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