PabloSBG1991
Rango7 Nivel 32 (1853 ptos) | Autor novel
#1

La vida se compone de luces y sombras. Ahora te toca volver a la luz.

Vas cabalgando lentamente por el camino hasta que en el horizonte consigues verlo.

Es tu hogar.

Después de tantos años reconoces la silueta del pueblo que te vio crecer. A pesar de la dura marcha espoleas a tu montura para llegar cuanto antes, para poder ver a los amigos que dejaste, a tu familia... Sobre todo a ella.

Ambos eráis jóvenes pero en cuanto cruzasteis las miradas en aquel festival de primavera ambos supisteis que estabais destinados a estar juntos. Después vino lo que sería la mejor época de toda tu vida.

A medida que te acercas recuerdas aquellas tardes con ella perdidos en el bosque, donde la enseñaste tu lugar especial: aquella pradera recóndita dominada por un gran sauce, donde pasabais las tardes junto a su tronco escondidos por las largas y caídas ramas del árbol, lejos de miradas indiscretas. Allí conociste todo acerca de ella: su vida, sus anhelos e ideas a la vez que ella aprendió todo de ti. Poco a poco se forjaba un lazo indisoluble, una atracción magnética. El deseo empezaba a descontrolarse.

Hace casi 3 años Compartir:

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PurpleBees_21
Rango1 Nivel 4
hace casi 3 años

Me resulta curioso el tiempo verbal en el que está escrito, no es usual. Me gusta!

IndigoGoats_46
Rango1 Nivel 0
hace casi 3 años

Interesante
quién lo narra? Q ocurrió en la mejor época de su vida? Q secretos esconde el sauce???
Espero impaciente su continuación.

WhiteHorses_76
Rango1 Nivel 4
hace casi 3 años

Emocionante, quiero seguir leyendo...
Espero el siguiente!!


#2

Al final, mientras pasabais una tarde en vuestro lugar especial y la contabas una de esas historias que te inventabas solo para poder entretenerla sucedió lo que llevaba durante tantos meses forjándose.

Allí estaba ella, mirándote fijamente con aquellos luminosos ojos, quieta, expectante, con la boca semiabierta y jugando nerviosamente con las briznas de hierba. El sol iluminaba su pelo y no pudiste evitar fijar la mirada en su pecho, que subía y bajaba rápidamente por la agitada respiración. Te percataste de que había llegado el momento.

Se te quedó la boca seca y empezaste a notar como tu corazón se desbocaba, haciendo que la sangre se bombeara tan fuerte que notabas el martilleo en tu cabeza. Poco a poco, te acercaste a ella, la acariciaste suavemente el rostro y rozaste sus labios con los tuyos, dando besos tímidos y suaves al principio. A medida que vuestros cuerpos respondían a los besos estos se hicieron mas fieros y apasionados. Vuestras bocas se abrieron por completo explorando cada recoveco con vuestras lenguas y allí, en vuestro lugar especial, hicisteis el amor de una manera tierna y apasionada a la vez.

Todavía lo consideras el mejor momento de tu vida.

Después de aquella tarde parecía que la vida te sonreía. Sería cuestión de tiempo que después de ahorrar dinero con el duro trabajo y armándote de valor, obtendrías su mano en matrimonio, formarías con ella una familia y pasarías la vida a su lado hasta que te llegase la hora. Marcharías feliz al Cielo o lo que quiera que haya porque dejarías atrás un montón de hijos y nietos. Vuestros hijos, vuestros nietos.

Sin embargo el destino tenía pensado algo totalmente contrario cuando estalló la guerra.

Era una mañana gris que no auguraba nada bueno cuando apareció el reclutador y un grupo de soldados. Reclamaron que todo hombre en condiciones de luchar debía acompañarlos para formar parte del glorioso ejército que debía defender la patria.

Te quedaste con cara de idiota cuando escuchaste aquello sin poder creértelo.

Tu madre y hermana comenzaron a llorar desconsoladamente. Tu padre se quedó mirando absorto al vacío sin saber que decirte. Apenas tenías tiempo de preparar lo necesario para la larga marcha hacia los cuarteles. Aún así tenías que ir a verla.

Ella fue mas rápida y entró en tu casa como una exhalación. Con lágrimas en los ojos te abrazó y te besó reprimiendo los sollozos. Después te cogió la cara y, mirándote fijamente te propuso que huyerais los dos, fuera a donde fuera. Con tal de que estuvierais juntos lo demás daría igual. Al principio estuviste seriamente tentado a hacerlo, al fin y al cabo tener una vida junto a ella era lo único que deseabas pero... ¿De que ibais a vivir?¿Cómo conseguirías proporcionarla techo y comida? Al final os veríais obligados a volver habiendo causado un escándalo en el pueblo, dañando a vuestras familias y tú habiendo quedado como un cobarde, para colmo siendo ejecutado por desertor.

Desertor, cobarde, esas palabras empezaron a resonar fuerte en tu cabeza ¿Acaso eras esas cosas? No creías en ideas como La Patria, pues tu verdadera patria era ella.

Pero había estallado una guerra. ¿Qué clase de hombre serías si huías? Cuando cientos de jóvenes como tú marchaban hacia los cruentos combates para defender a sus familias y amigos. Familias y amigos como los tuyos. Sus casas y campos podían arder, sus vidas ser arrebatadas. ¿Ibas a abandonarlos?

La miraste con toda la ternura y amor que se puede sentir hacía una persona. Con el corazón atravesado por mil cristales pronunciaste las palabras que dolorosas de toda tu vida:

-Lo siento, tengo que marchar a ese infierno. Por mi familia, por mis amigos, sobretodo por ti. Huir sería algo que jamás me perdonaría. No quiero ser esa clase de hombre. Es algo que he de hacer. Me encantaría hacerte el amor lentamente bajo nuestro árbol una vez más, pero debo irme. No soy idiota y no voy a prometerte que volveré porque no puedo saberlo. Creo que lo mejor que podrías hacer es olvidarme lo más pronto posible y buscar la felicidad en brazos de otro. No obstante quiero que sepas, que pase lo que pase, serás la razón que me impulse a sobrevivir a esta condenada guerra, porque querré volver a verte, ya que siempre te voy a querer.

Sin dejarla decir palabra alguna te diste la vuelta y saliste corriendo de tu casa cargando con tus pertrechos. A tu espalda te llegaban los gritos de tu familia y los de ella pronunciando tu nombre. Ya no podías soportar más. Esa despedida te había matado un poco por dentro y si hubieras vuelto la vista atrás habrías cometido una locura.

Veloz como alma que lleva el diablo llegaste al lugar que había concretado el reclutador para reunirse y te subiste al gran carromato que te llevaría a los cuarteles. Mantuviste la intención de no asomar tu mirada hacia el exterior. Esperaste una eternidad escuchando voces que te llamaban.

Los soldados no dejaron acercarse a ninguno de tus seres queridos y al final cuando el carromato empezó a moverse el fatalismo se apoderó de ti.

Habías actuado con honor, aunque todo tu cuerpo sintiese lo contrario.

No sabías que te esperaba, pero fuera lo que fuera te hiciste la promesa que no pudiste hacer a ella.

Volverías, sobrevivirías a cualquier miseria que el destino pudiera arrojarte solo para poder tenerla entre tus brazos una vez más.

Y aquí estás ahora, cumpliendo con la promesa. Revientas a tu pobre montura para llegar lo más rápido posible.

Has sido un héroe habiendo sobrevivido con valor a las más horribles experiencias que puede experimentar una persona, conservando la cordura intacta. Mereces tu recompensa.

La gente del pueblo se echa a los lados de las calle principal increpándote cuando pasas entre ellos a todo galope. Apenas los oyes. Pasas de largo de la casa donde naciste, donde aguarda tu familia, para llegar hasta la casa de ella.

Es el momento.

Tu corazón late tan fuerte como aquella vez que la besaste y amaste por primera vez. Bajas de tu montura de un ágil y veloz movimiento, te quedas un segundo parado ante la puerta y llamas, esperando que se cumpla la razón de tu existencia.

Alguien abre la puerta.

Es su madre, que abre mucho los ojos y se queda con la boca abierta cuando te ve. La última vez que la viste tenía menos canas y menos arrugas surcando su rostro, aun así todavía preserva algo de la belleza que en su día tuvo, belleza como la de su hija.

-¿Dónde está?- preguntas.

La mujer se queda un rato quieta y callada, todavía impactada por tu presencia, al rato responde:

-Ya no vive aquí, la casa de la colina es su hogar ahora.
-¿Qué?- Respondes alzando la voz mas de lo necesario.
-Por favor, no vayas, no te acerques a ella, el pueblo se alegrará de tu vuelta pero no...

Dejas de escucharla mientras montas en tu caballo, poco a poco notas un ardor que te nace desde lo más profundo del estómago y se extiende por cada fibra de tu ser.

SEXYLOVER122
Rango13 Nivel 60
hace casi 3 años

! Una historia de gran arrojo y atractivo literario !.


#3

La casa de la colina, la residencia de los terratenientes del pueblo. Sabes que es lo que vas a encontrarte cuando llegues allí pero aún así te niegas a aceptarlo. Todavía queda un rescoldo de esperanza hasta que no lo veas con tus propios ojos.

-Por favor que no sea verdad, por favor que no sea verdad, oh por favor- empiezas a suplicar entre dientes mientras te acercas a las casa.

Quieres llegar más deprisa, pero tu caballo ya no puede más. Como le fuerces acabará muerto a mitad del camino, lo que te obliga a llevarlo al paso. Mientras tanto empiezas a pensar sobre los habitantes de la casa adonde te diriges.

La familia de terratenientes era la poseedora de la gran mayor parte de los campos de alrededor del pueblo. Eran los habitantes más prósperos de la zona. La familia tenía varios hijos. El mayor de ellos era un joven de tu misma edad, pero al contrario que la mayoría de los jóvenes que fueron obligados a luchar, el dinero de la familia tuvo que influir a la hora de que el heredero quedará exento de la milicia.

-Ese cabrón, siempre mirando por encima del hombro a los demás por ser de esa familia. El muy cobarde se quedó aquí disfrutando de la buena vida gracias al dinero de su papá mientras yo me harté de mierda y miseria en el campo de batalla. ¡¡Joder!!

Ahora solo eres furia. Al irte acercando a la casa tus pensamientos se tornan más oscuros.

Finalmente te plantas ante la gran fachada de piedra. Empiezas a gritar su nombre como un poseso hasta que al final alguien abre la puerta.

Es él, armado con un anticuado y oxidado fusil con bayoneta.

-Ella no va a salir, no se que tuvisteis años atrás pero ahora es mi mujer y no voy a permitir que la veas.

Ni siquiera piensas cuando poseído por la más pura y absoluta rabia desmontas. Acercándote sin vacilar esquivas el torpe golpe que intenta asestarte con la culata del arma y le derribas de un puñetazo en toda la cara.

-¿He sobrevivido a una guerra y crees que vas a detenerme con esta antigualla? Estúpido cabrón.

Por un momento pasa por tu cabeza coger el fusil y reducir la cabeza de ese malnacido a pedazos. En el fondo este patético ser te da igual, has venido a por ella. Vuelves a gritar su nombre.

-Tranquilo, ya estoy aquí.

Te quedas sin palabras.

"Madre mía, ¿cómo puede ser tan bonita?".

Los dos os quedáis allí plantados uno frente al otro, sin saber que decir.

De pronto ella despega sus labios y habla:

-Has vuelto.
-He vuelto a por ti- dices sin apartar tus ojos de los suyos.
-Lo siento, pero ahora no es tan fácil.
-Hagamos lo que me dijiste la última vez. Te debí haber hecho caso en aquel momento pero ahora puedo remediarlo, huyamos juntos. Ya me da igual lo que pueda pensar la gente. He cumplido con mi deber y tengo el dinero que no tenía cuando marché. Ahora si podría darte la vida que te mere...

El mundo estalla bajo tus pies.

-¡Mami! ¡Mami!

Atravesando la puerta aparece una niñita, de unos tres o cuatro años. Está muy asustada. Atravesando el umbral se agarra a las faldas de su madre y la pregunta:

-¿Por qué papá está en el suelo?

Ella sin responder coge a la niña y la acurruca entre sus brazos mientras no deja de mirarte, sin duda debes estar blanco como la cera, casi en estado catatónico ¿Acaso no te esperabas algo así? Ingenuo.

-Como puedes ver ya no es algo tan sencillo. Por favor vete de aquí y no vuelvas a molestarme. Ahora tengo una familia. Me dijiste que no te esperara, que encontrara la felicidad en otro sitio. Lo he conseguido. Espero que tu puedas encontrar lo mismo que yo. Lo siento.

Intenta parecer lo más inexpresiva posible, pero percibes el dolor en su voz. Notas que empiezas a marearte y las náuseas hacen que quieras vomitar.

La única idea que te viene a la mente es la de correr. Ni siquiera coges tu montura. Te vas corriendo como alma que lleva el diablo sin ser consciente de adónde te diriges, mientras un dolor sordo se empieza a instalar en tu pecho acabas tropezando con una raíz de árbol en tu frenética carrera y ves que has ido a parar al bosque. Sigues corriendo hasta que te das cuenta que conoces bien el lugar en el que te encuentras. Así es, has llegado hasta vuestro lugar.

Te quedas mirando al sauce donde viviste los mejores momentos de tu vida. Te vas acercando a él mientras piensas en lo ocurrido.

-Está casada y además tiene una hija. ¿De cuántos años? ¿De cuatro? No fue capaz de esperarme ni un año la muy pu... Debería haber cogido ese fusil y... ¡Basta! Deja de pensar así joder, estás pensando como si fueras un maldito salvaje.

Quizás no has regresado tan cuerdo como pensabas, jamás habrías tenido semejantes pensamientos antes de la guerra.

Ranacien
Rango9 Nivel 41
hace casi 3 años

Original tu forma de escritura!!! Sigue adelante.

Moon_99
Rango7 Nivel 33
hace casi 3 años

Tu historia tiene emoción, me encanta. Se siente como un lugar al que siempre quisiera volver. Te felicito.

Aferjim
Rango7 Nivel 31
hace casi 3 años

Menudo dramón, es un gran relato y la forma de relatar muy original,enhorabuena.


#4

-Jodida y espantosa guerra...

Te remontas a 5 años atrás, cuando todo esto comenzó.

Después de ese viaje en ese deprimente carromato junto a tus paisanos, todos callados, sin dirigir palabra alguna, incluso alguno derramando lágrimas que no podían contener. Llegasteis a los cuarteles de formación. Allí, os situaron en filas y tuvisteis que aguantar como un payaso os decía lo importante que era vuestra misión, que estabais allí para defender vuestro sagrado hogar, que ibais a ser entrenados y curtidos para la guerra, y que sin duda haríais sentirse orgullosos a toda la nación cuando alcanzarais la gloria en el combate venciendo a los despreciables enemigos.

Sin duda esas palabras habrán sido repetidas hasta la saciedad en todas las épocas y lugares del mundo. Aunque tú sospechabas que detrás de ese “noble” discurso se encontraba la ambición y los más viles sentimientos de unos gobernantes que poco les importaba el sufrimiento y males que iban a desencadenar, algún ingenuo, por no decir muchos, se creían esas palabras, por lo que durante el duro entrenamiento muchos no paraban de hablar de como iban a alcanzar los laureles de la victoria y saborear las mieles del éxito, regresando a casa como héroes conquistadores enriquecidos por los botines tomados.

Claro, eso pensaban hasta que vivían la primera batalla.

Sucedió un día soleado y sin ninguna nube en el cielo. Sin duda habría sido un día perfecto para hacer una comida al aire libre, pero los miles de hombres allí reunidos no tenían precisamente la idea de hacer un picnic en el césped.
Te encontrabas en el flanco derecho de tu ejército, a la izquierda de un camino y a la derecha de una serie de arboledas dispersas. Junto a ti, tus compañeros de regimiento, todos expectantes, con las armas y pertrechos relucientes y en perfectas condiciones. Observabais maravillados a los dos ejércitos, ambos en perfecto orden, con sus pendones y estandartes ondeando al viento, era una imagen bonita a pesar de lo que aquello significaba, de lo que en breves se iba a desencadenar.

Al final, alguien dió las órdenes pertinentes y se desató la tormenta.

Cuando intentas recordar con detalle lo que ocurrió solo puedes vislumbrar ciertos momentos: el avance en bloque con tu regimiento hasta encararos a un regimiento rival. Cuando el sangriento combate avanzó hasta que te encontraste en la primera línea, que parecía el mismísimo infierno en la tierra. Como el enemigo estaba a punto de pasar por encima de vosotros hasta que aquel oficial, recogiendo la bandera del regimiento se lanzó a una carga suicida con toda la fe que una persona puede tener, y como tú y tus compañeros, habiendo perdido toda capacidad de razonamiento le seguisteis gritando y aullando como bestias, arrasando todo lo que os encontrasteis por delante, sobrepasando el flanco izquierdo del enemigo y destrozando el mismísimo centro de batalla, consiguiendo una victoria que había parecido imposible hasta ese movimiento heroico.

Cuando recuperaste la humanidad de nuevo, te encontraste cubierto por la sangre, aunque afortunadamente no de la propia. Viste como tus compañeros se encontraban igual, con la mirada perdida y sin ser completamente conscientes de lo que habían hecho. Eso los compañeros que no estaban despedazados por el suelo, los agonizantes o los tumbados en posición fetal llorando desconsolados.

"¿Esto es la gloria de la batalla?-pensaste- ¿Esta es la nobleza de la guerra?"

No pudiste soportar lo que veías y vomitaste en el césped, preso de terribles arcadas.

Aún así, habías superado tu prueba de fuego y habías sobrevivido. Los compañeros que seguían vivos se olvidaron de las ideas fastuosas que habían tenido antes de la batalla y todos os disteis cuenta de una cosa. El tiempo que ibais a estar allí no iba a ser para luchar por la patria, para luchar por vuestros hogares, vuestras familias o vuestros amigos. Toda la situación se resumía a una lucha por vuestra supervivencia, por vivir un día más, por poder llegar al fin de la guerra y retomar la vida donde la habíais dejado, conservando todos los miembros a ser posible. Os disteis cuenta de una cosa más. Si actuabais juntos, si os protegíais los unos a los otros, tendríais mas posibilidades de conseguir vuestro objetivo.

Así estableciste fuertes lazos de lealtad con tus camaradas, ahora convertidos en hermanos de batalla. Siempre atentos, siempre vigilantes. Muchos conseguisteis llegar al fin del conflicto gracias a esa unión. Durante cinco años de infierno eso fue lo único bueno que experimentaste, porque el resto de esos cinco años fueron barro, mierda, sangre, penurias, atrocidades que viste y en algunos casos atrocidades que cometiste.

Cinco años de tormento, experimentando algunas cosas que te han mantenido durante muchas noches en vela por culpa de terribles pesadillas, para llegar a donde te encuentras ahora: junto a ese árbol, sin ningún aliciente para vivir, pensando que si realmente existe un dios, este se está riendo en tu cara.

Vuelves a mirar el sauce.

-Este es un buen sitio para morir- dices en susurros.

Te levantas lentamente y te diriges al pueblo a buscar unos metros de cuerda.

Patsy
Rango7 Nivel 31
hace casi 3 años

Impresionante! no te había leído pero ahora que lo hago veo lo buena que es tu historia, muy prometedora

PurpleBees_21
Rango1 Nivel 4
hace casi 3 años

Esta es la parte que más me gusta de todas!me gusta muchísimo como cambia el lenguaje cuando hablas de la parte bélica, y la evolución del personaje en a penas 3 textos, mis felicitaciones!

CyanElephants_69
Rango1 Nivel 0
hace casi 3 años

Muy interesante, bien escrita ,lenguaje cuidado y correcto. Por favor, continúa.

GusJara
Rango9 Nivel 44
hace casi 3 años

Muy buena historia, muy bien narrada, no es frecuente el estilo en segunda persona en un texto de esta magnitud. En ciertas partes me recordó mi historia, aunque yo no desarrollé así los personajes y opté por algo más breve. Mucho éxito!!

SEXYLOVER122
Rango13 Nivel 60
hace casi 3 años

! Inspirador y cautivante relato de amor y drama !...

DrFernandoGarces
Rango9 Nivel 42
hace casi 3 años

Muy buena en verdad, mantienes la atención todo el tiempo, espero mi voto sea de ayuda para que continúes en el concurso.

aliadadelavida
Rango11 Nivel 50
hace casi 3 años

Te hago una recomendación, ve al relato que se encuentra en segundo lugar, última caja y leas los comentarios, no hace falta que leas el texto. Lo que allí opiné, lo opino de éste.

to_roto
Rango4 Nivel 18
hace casi 3 años

Es curioso ver relatos como este tan alto, no lo merece, invita a una birra cada uno que te dio su voto, o te verás a dos velas o con la vejiga llena

Aferjim
Rango7 Nivel 31
hace casi 3 años

Sin duda una reflexión interesante sobre la sinrazón de las guerras. Bien escrita. Saludos.

G_Rurba
Rango15 Nivel 73
hace casi 3 años

Me encanta la valentía de los personajes y más aún la de autor@s que se atreven a narrar en 2ª persona. Suerte!

GreySpirits_25
Rango1 Nivel 0
hace casi 3 años

Muy buena .con ganas de que siga a mas .suerte

Aferjim
Rango7 Nivel 31
hace casi 3 años

Supongo que se quiere suicidar, espero que alguien lo salve. ¿Te gustó mi relato?, no te decepcionará, es divertido.

Louis
Rango13 Nivel 64
hace casi 3 años

Me ha gustado el relato, sobretodo por el estilo tan ágil que utilizas


#5

Después de una caminata sumido en los más negros pensamientos estás de nuevo allí, frente al árbol. Con una larga soga enrollada entre tus manos.

Ya ha anochecido. Sigues adelante con la idea de acabar con todo y empiezas a realizar en el extremo de la cuerda el nudo que se ajustará en torno a tu cuello. Trepas con agilidad por el tronco del sauce hasta encaramarte a una gruesa rama. Apenas ves nada puesto que en la frondosa copa deja pasar escasa luz. “Afortunadamente” la noche está despejada. Los rayos de una luna casi llena se cuelan en los resquicios que dejan las caídas ramas al ser movidas por la brisa, eso te facilita fijar el otro extremo de la soga al árbol, silencioso testigo del macabro acto que te dispones a realizar.

Te ajustas el nudo al pescuezo, y te preparas para lanzarte desde la rama. Si tienes suerte la fuerza de la caída será suficiente para que te parta el cuello y mueras al instante. Si no ocurre eso pasarás unos minutos ahogándote y pataleando en busca de aire hasta que tu cuerpo no aguante mas, muriendo con la cara amoratada, junto con la lengua hinchada y ennegrecida fuera de la boca.

Aunque no te importa mucho el aspecto que presentes después de morir, obviamente prefieres la primera opción para evitarte mas sufrimiento, de eso ya vas servido.
Respiras hondo. Evocas su rostro. Susurras su nombre mientras cierras los ojos y te dispones para saltar.

“¡¡Espera!!”

“No, no es alguien que justamente en el último momento te venga a salvar”

“Soy Yo, si, efectivamente. Soy Yo. Soy la voz de tu esperanza, soy tu instinto de supervivencia. La parte de tu mente que te ha hecho luchar y superar todas las adversidades que se han cruzado en tu camino. He visto como los más despreciables sentimientos y la desesperación se han apoderado de ti desde que has llegado aquí, como todos tus sueños e ilusiones se han vuelto ceniza en apenas un abrir y cerrar de ojos. No voy a permitir que esto acabe así.”

”Si, la quieres, mas que tu propia vida como has estado a punto de demostrar cual imbécil rematado. ¿Pero qué sentido tiene acabar con todo de manera tan dramática? Lo vas a pasar mal, tardarás en recuperarte de este golpe pero tienes cosas por las que merece la pena vivir un día mas, aunque sea sin ella. Ahora esta idea te parecerá imposible de asimilar, pero ya has pasado por pruebas terribles. Superarás esta también. No vas a deshonrarte de semejante manera.”

“¡No te rindas!!”

“Estoy aquí vigilante, siguiendo esta historia desde lo mas profundo de tu ser.”

“Sigamos escribiendo más páginas...”

Bajas rápidamente del árbol. Al llegar al suelo notas como te tiemblan las piernas, que ya no son capaces de sostenerte. Te desplomas sobre la hierba y te quedas así durante un buen rato.

Poco a poco vas recuperando el sentido común y te das cuenta de la enorme estupidez que has estado a punto de cometer.

-Sabía que te encontraría aquí-escuchas a tus espaldas.

Te levantas sobresaltado, la ves allí plantada en medio del claro, radiante bajo la luz de la Luna.

Todo lo que estabas razonando momentos antes se reduce a polvo y se desvanece con una sola mirada de sus ojos.

-¿Qué haces aquí?¿No tienes una familia de la que ocuparte?-preguntas con veneno en la voz, apenas capaz de controlarlo. Sientes como el rencor, la ira, el desprecio y otra infinidad de no muy agradables sentimientos vuelven a aflorar en tu mente.
-Lo siento-susurra con una voz apenas audible.

Cuando te dispones a recriminar si ese “lo siento” es lo único que te va a decir te fijas con atención en su rostro. Notas como ha bajado la mirada, incapaz de sostener la tuya. Percibes la tensión de su cara y su cuerpo, que a duras penas contiene los sollozos que pugnan por salir.

Toda tu ardiente ira se apaga como la llama de una vela ante una súbita ráfaga de viento.
Incluso después de como se ha torcido todo, de la situación que te has encontrado, eres incapaz de causarla voluntariamente algo que le haga daño.

Rápidamente una infinita ternura se apodera de ti, te impulsa a acercarte a su lado, estrecharla entre tu brazos y decirle que eres tú el que lo siente por hacerla sentir la tristeza que parece irradiar desde su cuerpo. No obstante te quedas allí plantado, sin saber que decir o hacer, pensando que esta trágica situación está llegando al borde de un patetismo absoluto. Te debates entre lanzar a una maníaca risa nerviosa o caer en el llanto debido a la tremenda impotencia y tensión que experimentas.

Afortunadamente ella decide tomar la iniciativa.

-Habría dado lo que fuera por ahorrarte lo que te has encontrado al volver. Ya no me imaginaba que regresarías, quizás perdí la esperanza demasiado pronto. Pero las cosas que nos llegaban de la guerra...pensé que...no podía parar de imaginarte muerto, destrozado en un campo de batalla. Eso me superaba. Me quedé vacía de tanto llorar por ti, de pensar que nunca volverías. Además, además yo...
Ya no puede contenerse mas y comienza a llorar, llena de rabia y amargura mientras se deja caer de rodillas al suelo y se tapa la cara con las manos mientras niega enérgica.
Por fin reaccionas, sufriendo al verla en ese estado. Te arrodillas junto a ella y la abrazas fuertemente, quizás con mas fuerza de la que deberías, aunque ella no emite queja alguna. Su llanto cesa momentos después y apoya la cabeza en tu hombro.
Al estar tan cerca la fragancia de su pelo llega a tu nariz y te embriaga, haciéndote evocar todos los momentos que viviste junto a ella. Tu corazón vuelve a tronar con fuerza en tu pecho, de nuevo como aquella vez en la que toda la pasión que sentíais se desató en ese mismo lugar, unos cinco años atrás. A ti te de la sensación de que han pasado cincuenta. Te dejas llevar por la cálida y benigna sensación que invade tu cuerpo. Te sumerges mas y mas en ella hasta que te sientes lleno y completo.

De repente la luz vuelve a ti.

Abres los ojos. Una extraña y poderosa calma comienza a inundarte, tus latidos empiezan a recuperar el ritmo normal poco a poco. La cabeza se aclara mientras recuperas la sensatez que creíste perdida en el alocado torbellino de tus emociones. Dejas escapar una leve sonrisa, aflojas el abrazo poco a poco y separas tu cuerpo del suyo.
Has tomado una decisión y vas a actuar conforme a ella.

Después de mirarla fijamente y secar las lagrimas de sus ojos con el dorso de tu mano comienzas a hablar:

-Desde luego no me he encontrado la situación que esperaba, de hecho me ha sobrepasado y he estado a punto de cometer una soberana estupidez-dices mientras piensas en la fúnebre soga atada en el árbol, oculta entre las hojas.

Ella te mira extrañada, con los ojos vidriosos, sabes que se dispone a preguntar pero tu no le das tiempo.

-No te preocupes,lo importante es lo que te quiero decir ahora.

-Se que he sido muy ingenuo al imaginar que al volver las cosas seguirían igual después de estos años, que todo iba a a estar exactamente donde lo dejé aquel maldito día en el que me subí al carromato que me llevó a aquel infierno. Te dije que aunque iba a intentar hacer todo lo posible por volver lo más sensato sería que me olvidaras y continuases con tu vida, eso es exactamente lo que has hecho y no puedo reprocharte nada-ves que intenta interrumpirte pero sigues-.Te quiero, y por eso me alegro de poder haberte vuelto a ver, de saber que estás bien y de que tienes una buena vida, la vida que a mi me habría gustado darte de no haber tenido el destino otros planes. Jamás podré olvidarme de ti y por eso no puedo permanecer aquí.

-No soporto la idea de que a poca distancia de mi hogar te encontrarás en esa casa viviendo tus días junto a otro hombre, padre de la criatura que he visto, con el que compartirás el lecho cada noche.

Un estallido de celos, dolor e instinto asesino acapara tu conciencia unos breves instantes, por ello debes cerrar los ojos y respirar hondo para poder continuar.

-He decidido marcharme para no volver, con la esperanza de encontrar la felicidad que se me ha negado en este lugar. No te guardo ningún rencor, eramos jóvenes y nos dejamos llevar. Luego la realidad te hizo abrir los ojos y seguiste con tu vida. Ahora me toca a mi seguir con la mía. Adiós.

Te das media vuelta con la intención de no mirar atrás intentando creer con toda tu voluntad todo lo que acabas de decir. Apenas lo consigues, pero si quieres a esta mujer de verdad debes permitirla que sea feliz.

No puedes cargarla con la culpa, así que no la hagas ver tu desdicha.

Antes vas a ir a ver a tu familia, debes hacer saber a tus padres y hermana que estás vivo aunque casi seguro que ya se habrán enterado dada la irrupción que has tenido en el pueblo. Ya son lo único que te ata a este lugar y deseas verles una última vez para llevarles la alegría y el consuelo que trae el saber que sigues vivo, que has vuelto como un hombre capaz labrarse un buen porvenir, porvenir que te conducirá lejos, cosa que serán capaces de comprender.
Mientras sigues cavilando en estos aspectos una mano te agarra fuertemente del brazo, obligándote a parar y girarte.

Obviamente es ella, mirándote con unos ojos ya libres de cualquier rastro de lágrimas, fijos en los tuyos. Su expresión es una mezcla de confusión con un leve toque de irritación, como si se hubiera enfadado por la reacción que acabas de tener con ella momentos antes.

Esa es la misma cara que ponía cuando hacías o decías algo especialmente inmaduro para a continuación explicarte con toda la paciencia del mundo las razones del por qué tu reacción era un auténtico sinsentido a su entender, que por lo general era mas fiable que el tuyo.

-¿Es que no entiendes absolutamente nada?-te dice sin despegar sus ojos de los tuyos, con la convicción de estar hablándole a un completo ignorante.

Luminar
Rango7 Nivel 32
hace casi 3 años

“Estoy aquí vigilante, siguiendo esta historia desde lo más profundo de tu ser.” Así me siento: vigilante de tu relato hasta verlo culminado. Aunque al principio me pareció una historia bastante cliché: la guerra que separa a los amantes y los vuelve a reencontrar, para darse cuenta que la mujer ya ha hecho una vida luego de varios años de espera; debo admitir que tu soltura a la hora de narrar hizo que la leyera con fluidez total sin causarme ningún tipo de aburrimiento. Muchas felicidades por haber llegado hasta aquí.

RedFishes_61
Rango1 Nivel 0
hace casi 3 años

Ánimo Pablo!!!,el relato engancha,espero que tengas suerte.


#6

La miras fijamente, observas la decisión y fortaleza que de pronto se han apoderado de su rostro. La incertidumbre y una extraña expectación que comienzas a sentir se hacen casi insoportables. La esperanza de oír aquello que anhelas posee tu alma por completo.

-Antes de irte hay una cosa que debes saber. Al poco de que marcharas...

Aunque estuvieras captando con toda tu atención sus palabras, tu instinto de veterano de guerra hace que tu cuerpo se ponga en alerta. En un acto reflejo tu mano extendida se posa sobre sus labios para demandar silencio de una manera muy ruda, mientras oteas los alrededores girando la cabeza de un lado a otro.

Se dispone increparte algo furiosa este comportamiento apartando la mano de su boca. Tú la detienes en seco y la adviertes.

-Shhh, creo que he escuchado algo-dices en susurros.

Ella te mira como si no te entendiera, algo indignada.

-Estamos en el bosque-dice mirándote con extrañeza-.Sabes de sobra que es un lugar ruidoso, especialmente por la noche.

Al instante de decirte esto se da cuenta de lo que sucede. Impera un absoluto silencio. Algo extraño sucede.

Os quedáis quietos, tensos, intentando encontrar algo sospechoso en la quietud que os rodea.

Finalmente oyes lo que ha perturbado la paz del lugar.

Muchos pasos a través de la maleza, voces. Un numeroso grupo de personas se dirige hacía vosotros.

Esta situación es muy extraña, amenazadora incluso. Sabes de sobra que nadie viene por aquí, especialmente grupos de gente. Debéis esconderos.
-Ven, sígueme.

Tu tono de voz no admite discusión. Ella comienza a caminar detrás de ti.

Estáis en medio del claro, la cabeza del grupo va a atravesar la última línea de árboles en breve. Sólo hay un único sitio donde esconderse.

Os internáis de nuevo entre las ramas del sauce. Esta vez es el miedo en vez de la pasión lo que os impulsa a hacerlo.

Parece que pasa una eternidad hasta que los escuchas cerca de ti.

Por lo que oyes, calculas una veintena. Solo voces de hombres. También escuchas el resoplido de un caballo.

Agazapado junto al tronco, intentas aguzar el oído. Ella está a tu lado, inmóvil, escuchas su agitada respiración, apenas vislumbras su silueta. Pones lentamente la mano sobre su hombro y lo aprietas suavemente. Notas como se tranquiliza, su cuerpo ya no se agita tanto, el aire que entra y sale de ella hace menos ruido. Mucho mejor, ahora puedes concentrarte en lo que sucede fuera de las ramas.

-¿A cuánto estamos del maldito pueblucho?-dice una voz cargada de desprecio.

-A un par de leguas como mucho. En cuanto atravesemos la zona de bosque que tenemos delante veremos las casas bien cerca.-contesta otro hombre.

-Bien, lleguemos allí cuanto antes, quiero darme un festín y hacer que un par de campesinas me calienten la cama-interviene una tercera voz, que despierta respuestas de aprobación y risas socarronas por parte del grupo.

-¡Silencio escoria! -ordena la primera voz. Todas las voces cesan al instante- Estamos cerca, basta de idioteces. No quiero que un grupo de putos granjeros nos oponga resistencia. Los cogeremos totalmente por sorpresa y los degollaremos mientras duermen. Adelante, moveos.

Escuchas avanzar las pasos de hombres y caballos amortiguados por la hierba.

Notas el cuerpo helado, como si toda toda la sangre lo hubiera abandonado. Un súbito terror te atenaza de golpe. Ella se tapa fuertemente la boca para no dejar escapar un grito de desesperación.

“¿Cómo es esto posible?”

Necesitas saber con claridad lo que está ocurriendo. El soldado que hay en ti empieza a tomar el control y mantiene el miedo a raya.

Con cautela te acercas a la cortina de ramas que te oculta del exterior. Ahora que los hombres se alejan de ti y le dan la espalda al árbol te atreves a asomar ligeramente la cabeza y observar con detenimiento.

Son quince hombres, armados con fusiles. Alguno lleva vaina con sable en el cinturón. Lo siguiente que ves son sus ropas. Uniformes militares con los colores del enemigo que has combatido sin parar hasta hace un par de semanas.

Tu mente empieza a funcionar a toda velocidad.

La guerra acabó un mes atrás. Los dirigentes de las naciones combatientes se percataron de que el conflicto estaba estancado. Cuando un bando ganaba una batalla importante y ocupaba una posición clave la perdía en otro lugar, haciendo que los contendientes quedaran en tablas constantemente. Al final se produjo una negociación y hubo acuerdo de paz. Los despreciables tiranos que habían desatado la locura de repente consideraron que no podían hacer sufrir mas a los pueblos que tenían bajo su cargo. Por ello, ordenaron que los soldados (aquellos que seguían vivos claro está) volvieran a su hogar.
No obstante había partes de ambos ejércitos que se habían internado mas lejos que el grueso de las fuerzas. Las noticias les llegaron mas tarde y su vuelta se retrasó.

Sospechas que este grupo de salvajes pertenece a esa vanguardia del enemigo. Por alguna razón se han separado en el camino de vuelta han decidido dar rienda suelta a toda su crueldad y avaricia, saqueando y destruyendo lo que puedan. Total ¿A quién va a importarle que un pequeño pueblo sea borrado del mapa?Si todos sus habitantes son pasados a cuchillo ¿Quién sabrá que la barbarie se cometió después del tratado de paz? Un suceso mas acontecido en un lustro de atrocidades. “Acciones de guerra” lo llaman.
Se están aprovechando de la indiferencia que sienten aquellos con poder sobre la gente humilde. Quieren cometer una atrocidad contra personas que en esencia son de su misma condición.

Ser capaz de hacer algo así demuestra que son alguien que no merece piedad ni compasión alguna.

Vuelve la furia, el ánimo vengativo, la emoción que antecede a la batalla.

Te dispones a pararles los pies, mandando a todos al infierno si es necesario.

Un plan va tomando forma, aunque lo primero que debes hacer es ponerla a salvo.

-Vamos, tu casa está algo alejada del pueblo. Debes avisar a tu familia y alejarte con ellos hasta que pase el peligro ¡Deprisa!-dices mientras la tiendes la mano.

Percibes como el miedo en su cuerpo cede ante un firme coraje. Su mirada se endurece y asiente con aplomo. Imaginas que al percatarse de la niña que aguarda en su hogar el instinto de protección llena cada fibra de su ser. No te dice nada, tan solo te coge la mano y se levanta rápidamente.

Los dos os internáis corriendo hacia la oscuridad del bosque.

Con unos cuantos desgarrones en vuestras ropas y algún que otro arañazo en el rostro por las ramas llegáis a la casa de la colina. Os paráis a una decena de metros de la puerta mientras resolláis por la frenética carrera. Tus ojos se encuentran con los suyos y se quedan fijos. Intentas capturar esa imagen para poder atesorarla por siempre.
Sin decir palabra te das la vuelta y te alejas. No te detiene ni te dice nada. No tienen sentido mas escenas de despedida. No hay tiempo que perder.

Tienes que encontrar tu caballo. Fue una completa irresponsabilidad dejarlo cuando huiste como loco. Lo que guardas en las alforjas es muy valioso.

Por primera vez la suerte acude a ti tras tanto tiempo ignorándote.

Oyes un resoplido no muy lejos de donde te encuentras. La montura está pastando tranquilamente, en cuanto te acercas levanta su cabeza y gira las orejas hacia ti. Al reconocerte se acerca al trote, pasa el hocico por tu rostro y emite un suave relincho. Se alegra de verte. Le pegas un par de palmadas en el cuello y sin perder tiempo alguno revisas los arreos.

Abres las alforjas. Todo está en orden. Una importante cantidad de monedas y alguna joya se amontonan en su interior. Puede que no te sientas especialmente orgulloso de como conseguiste alguno de estos tesoros. No obstante grandes esfuerzos y penurias te costaron obtenerlos. Piensas invertirlos en poder dejar todo el horror vivido bien atrás. Si sobrevives a lo que te dispones a hacer.

Al otro lado de la silla de montar se encuentra lo que necesitas en este momento.

La vaina de un sable con reluciente guarda dorada y un par de pistolas descansan amarrados en correajes de cuero. Recuerdas en un par de segundos como las obtuviste: la primero al abatir de un certero disparo en el pecho a un coracero que cargaba directo hacia ti, con ese mismo sable alzado para trazar un letal arco que te hubiese partido la cabeza y parte del torso por la mitad. Las pistolas fueron arrancadas de las frías y muertas manos de un capitán de tu ejército. Consideraste que él ya no las ibas a necesitar. Prometiste hacer un buen uso de ellas mientras retirabas con esfuerzo aquellos dedos petrificados de sus lujosas empuñaduras.

Cargas las pistolas, atas el sable y una cartuchera llena de municiones a ambos lados del cinturón.

Ya estás preparado. Montas en tu caballo, picas espuela hasta que el animal corre al limite de sus posibilidades,dejando una gran estela de polvo detrás. Las lindes del camino iluminadas por la luna se ven borrosas por la velocidad.

Ha llegado la hora.

Cabalgas hacia tu última batalla.

PurpleBees_21
Rango1 Nivel 4
hace casi 3 años

He de reconocer que no me esperaba este giro...a ver cómo acabas esto!


#7

Llegas a la linde del bosque por donde el grupo de soldados tiene que venir. Tu montura está exhausta, con los ollares abiertos al máximo y resoplando ruidosamente. Te ha llevado casi volando hasta allí, merece un descanso. Atas las riendas en un tronco. El animal se tumba y apoya su cabeza en el suelo. Ha cumplido con su parte. Ahora te toca a ti.

No deben tardar mucho en llegar, debes buscar un buen lugar para esperarlos.

Te internas un poco más entre la frondosidad con la esperanza de captar una señal que te indique por donde se encuentran. Te apoyas de cuclillas entre las raíces de un gran roble y contienes las respiración mientras aguzas el oído.

Captas el sonido de pisadas en la maleza. No hablan pero son poco cautelosos, no se mueven en sigilo. Van confiados, vas a hacer que paguen el error.

Están a una docena de metros, si tu percepción es correcta pasarán a un lado del lugar en el que estás. Si permaneces allí sin moverte no se darán cuenta de tu presencia. Es el lugar adecuado para una emboscada.

Ya los oyes claramente. La cabeza del grupo ya pasa por la altura del roble, a unos metros de él como predijiste. Permaneces inmóvil y en silencio. Tu corazón comienza a latir con fuerza. Por un momento piensas que ese estruendoso bombeo te va a delatar. No obstante el enemigo sigue su camino sin percatarse de la desagradable sorpresa que se van a llevar.

Todos los hombres sobrepasan tu escondrijo. Asomas la cabeza por el tronco y ves tu objetivo.

De la forma más silenciosa que puedes te levantas, das un par de pasos y se sitúas justo detrás de la columna de soldados. Subes lentamente las manos, empuñando una pistola en cada una. Mientras los cañones ascienden buscando su objetivo sientes un ligero remordimiento. Atacar de esta manera por la espalda no es honorable. Al instante recuerdas lo que estos desalmados quieren hacer y la culpa se desvanece.

Apuntas, cada bala tiene asignado su blanco ya. Aprietas los gatillos. Desencadenas la locura.

A los fogonazos de las armas les sigue un estruendo y una humareda. Instantes después siguen gritos y relinchos de puro pánico.

No te puedes permitir ver si has acertado con tus disparos, aunque un alarido de dolor atestigua que al menos una de las balas se ha hundido en la carne de uno de esos miserables.

En cuanto disparas corres hacia el lado contrario de tu escondite y te ocultas entre unos arbustos. Gritos de miedo y furia inundan la atmósfera.

Tenías la esperanza de que al ser pilladas completamente por sorpresa, las sabandijas huyeran despavoridas en todas las direcciones. Ganando la batalla con un par de tiros. Por supuesto no eres tan afortunado. Esos hombres deben de ser veteranos. Consiguen dominar su miedo y se agrupan en un círculo con los fusiles apuntando en todas las direcciones.

Sin embargo aún conservas cierta ventaja. El enemigo no tiene ni idea de quién es el atacante y dónde se encuentra. Seguramente piensen de momento que hay varios hombres acechando y eso los hace mantenerse en posición defensiva. Su duda te concede otra descarga de disparos.

Mientras se agrupaban y calmaban a su caballo has podido recargar las pistolas. La operación no es sencilla, mucho menos casi a oscuras. A pesar de eso los años de práctica en situaciones de similar tensión hacen efecto. Cuando el enemigo comienza a sospechar que el responsable del ataque es un único loco y comienzan a dispersarse para buscarlo, te alzas de entre los arbustos.

Un desgraciado que se movía hacia tu dirección recibe una bala que entra casi a bocajarro en el pecho y sale por el otro lado atravesando su espalda. Queda de pie unos instantes y después cae seco en el suelo. Mientras sucede todo esto encañonas con la otra pistola a un soldado más alejado, que ya te ha localizado y mueve su fusil para apuntar hacia ti.

Las dos armas disparan a la vez. Las dos aciertan.

El oponente cae de espaldas al suelo tras tambalearse, con una bola de plomo alojada en su cabeza. Un ardiente dolor acude a tu brazo izquierdo.

Instintivamente, mientras llevas la mano a la zona herida te agachas con rapidez. Este movimiento posiblemente te salve la vida. Ya que el resto de hombres descarga sus armas hacía el espacio que ocupabas segundos antes.

Trozos de corteza y hojas llueven a tu alrededor. Oyes pasos a la carrera hacia ti. Al vaciar la carga de sus armas no pueden permitirse el tiempo de preparar otra ronda de fuego, ya que así podrías prepararla igualmente. Quieren acabar contigo apuñalando con sus bayonetas.

El tiempo parece que comienza a pasar lentamente. Te das cuenta de que llega el asalto donde se decidirá todo. La herida del brazo comienza a sangrar profusamente y comienza a doler de manera intensa. Con todo parece que puedes usar la extremidad. Es suficiente.

Piensas en los bastardos que se dirigen vociferantes para coserte a puñaladas y esbozas una sonrisa feroz.

“Pensaban que iban a asaltar un pueblo de pocos habitantes, con apenas hombres que pudieran oponerse a ellos y se encuentran con esto. Ahora pongamos la guinda del pastel”

Tu cuerpo salta como un resorte. Tiras la pistola de tu mano derecha y desenvainas el sable, la mano izquierda agarra la pistola restante del cañón. Todo esto mientras corres unos pasos hacia la carga dirigida hacia ti.

El hombre que encabezaba la carrera no imaginaba esa reacción por tu parte. Por ello acaba con varios palmos de acero en las entrañas a causa de su impulso mientras pega un aullido de agonía.

Extraes la hoja con rapidez del cuerpo en el momento justo para pegar un barrido defensivo y desviar una puñalada dirigida al pecho. El fusil se abre hacia un lado, lo que permite que te metas en la guardia del contrincante y gires sobre tus talones extendiendo el brazo con el sable, pegando un tajo sin elegancia alguna que abre un surco de sangre y hace que una cabeza ruede por el suelo separada de su cuerpo.

Notas un líquido caliente en tu rostro, comienzas a perder la consciencia mientras el frenesí de violencia asalta tu mente.

Una culata se dirige a tu sien a toda velocidad. Interpones el sable en su trayectoria mientras golpeas con la culata de tu pistola en la mandíbula del cabrón que intenta matarte. Oyes un crujido de hueso terrible y poco después el crujido de hojas secas al caer desplomado un cuerpo sobre ellas.

Tu mente se interna en una neblina de pura rabia mientras corres con el sable oscurecido en sangre y un grito de desafío.
Pierdes la noción del tiempo y del espacio justo antes de abalanzarte sobre un grupo de hombres con la mirada llena de horror.

Cuando recuperas la lucidez te encuentras sentado, con la espalda apoyada en una roca. Al momento un intenso dolor te recorre por todas partes.
Está amaneciendo y la claridad que se extiende por el lugar te permite ver tu cuerpo empapado en sangre.

Tu grito de dolor, ira, e impotencia hace que bandadas de pájaros huyan de las verdes copas dando rápidos aleteos.

Sabes que estas heridas están más allá de cualquier reparación. Vas a morir sin remedio.
La desesperación acude a ti, mientras un gemido sale de tu garganta. Las lágrimas comienzan a surcar tu rostro.

Echando una mirada alrededor con la cortina de agua a través de los ojos distingues varios cuerpos tendidos.

Recuerdos de una feroz lucha afloran. Debiste matar más o menos a la mitad del grupo. El resto huyó al pensar que un espíritu infernal los atacaba.

Has salvado el pueblo. El precio a pagar por ello no te permite disfrutar de la victoria.

Son momentos de infinita agonía, pensando en todo aquello que el destino te va a negar.

Ha habido mucho sufrimiento en tu vida y ni siquiera puedes irte en paz.

Un griterío y pasos apresurados se acercan hasta a ti. Algunas voces te resultan familiares. Deben de ser tus paisanos. Cuando ven la carnicería acontecida emiten exclamaciones de horror y una mujer grita.

Tu visión se nubla, todos los sonidos se amortiguan como si llegasen a través de una gruesa pared. Notas unas manos que te palpan justo antes de sumergirte en la negrura.

#8

Cuando recobras la consciencia estás en otro sitio, dentro de una casa. Tras un rato mirando el techo reconoces tu habitación. Estás tumbado en tu catre.

“Por fin en casa” piensas de una manera irónica.

Levantas a duras penas la cabeza para ver tu estado. Te encuentras desnudo de cintura para arriba, cubierto de vendajes manchados de sangre. Han intentado curarte. Esos cuidados solo van a retrasar lo inevitable. Sientes a cada momento que pasa que la vida va escapando de tu cuerpo.

Al moverte escuchas una exclamación. Es ella.

La sorpresa te acelera el pulso.

Por el aspecto de su cara ha debido estar contigo mucho tiempo. La sombra de unas ojeras se distingue en su rostro. También puedes aventurarte a pensar que ha estado llorando, porque tiene los ojos enrojecidos. Aun así te parece que está preciosa.

Estás perdidamente enamorado de esta mujer. Incluso ahora. Mientras te mueres.

-Los detuve, el pueblo puede estar tranquilo-dices mientras sonríes, a pesar del dolor que comienza a fluir de nuevo y tu corazón empieza a reducir el ritmo de sus latidos.

-Si, nos has salvado, la gente de aquí te estará eternamente agradecida. Saben que eres un héroe, yo me he encargado de ello-dice con mirada solemne y mirándote fijamente.

-¿Menuda historia verdad? Sin duda será un cuento interesante con el que entretener a tu hija.

Ella detecta la amargura y la ironía de tus palabras. Permanece un rato callada mirándote fijamente como si estuviera reflexionando que debe contestarte hasta que por fin habla.

-Sí, la historia de cómo su padre salvó al pueblo será algo digno de contarla antes de ir a dormir.

Por un momento no te percatas del significado de lo que acaba de decirte, hasta que de repente, las implicaciones de lo que acaba de decirte se desatan y encienden tu alma.

No eres capaz de decir nada. La miras con los ojos bien abiertos, reflejando extrañeza e ilusión a partes Iguales.

-¿Cómo es eso posible?-Consigues finalmente preguntar.

Ella sonríe a la par que los ojos comienzan a humedecerse.

-¿Acaso ni lo habías imaginado? ¿De verdad pensaste que mi situación actual se debe a que te había olvidado? A veces no te enteras de nada-te reprocha con un insondable cariño.

Tu permaneces callado, mientras una agradable y cálida sensación te va envolviendo. Ella comienza a hablar:

-A la semana de que te marcharas me levantaba todas las mañanas con náuseas y vomitando. Al principio pensaba que tu partida me había afectado tanto que mi cuerpo había enfermado. Me llevó otra semana darme cuenta de que estaba embarazada.

Al darme cuenta de lo que pasaba casi me vuelvo loca. ¿Qué podía hacer? Llevaba en las entrañas de un hombre que muy probablemente no volviese a ver. Si mi familia y la gente de aquí se enteraba de lo sucedido podría acabar denostada por todos, tratada como si fuese una leprosa. La puta que se dejó desflorar por ese desgraciado que mataron en la guerra y que parió a un bastardo. Un hijo del pecado, siendo niña peor aún.

Yo podría haber aguantado eso. Lo sé, pero no iba a soportar que la inocente criatura que tenía dentro de mi tuviese un trato semejante. Así que decidí garantizarla una buena vida.

Tú jamás te diste cuenta, pero el hombre que ahora es mi marido siempre estuvo interesado en mi. Cuando tu no estabas cerca me lanzaba feroces miradas e intentaba cortejarme. Nunca supo sacarme una sonrisa si quiera. Pero pareció totalmente razonable para él que tres semanas después de tu partida comenzase a mirarle con interés, que me riera de su gracias y que permitiera robarme unos besos.

Yo me sentía sucia y asqueada conmigo misma. Lo que contigo era pasión y placer, con él era desagrado y repulsión.

Tuve que pararle cuando intentó penetrarme, le dije que si quería eso de mi se tendría que casar conmigo. Cuando me contestó que para eso podía faltar mucho yo le respondí que no tenía porqué ser así. Eran tiempos de guerra, en épocas así los usos y costumbres podían alterarse un poco.

Ese razonamiento le convenció. Al poco pidió mi mano a mi padre, este aceptó encantado. Su hija iba a emparentar con la familia mas próspera del pueblo a la par que se desprendía de una boca menos que alimentar. Incluso le pareció bien que la boda se celebrase lo antes posible. El pueblo sumido en la tristeza por la marcha de casi todos los hombres jóvenes necesitaba algo que celebrar.

Un mes después de aquel miserable día en el que te arrebataron de mí me estaba casando.

No derrame lágrimas durante la ceremonia, mostré una forzada sonrisa todo el tiempo hasta el punto de que comenzó a dolerme la cara. No podía permitirme levantar sospechas, bastante inusual era ya la situación.

Más tarde llegó la noche de bodas...- En este momento para de hablar y su rostro se torna de piedra.

-Fue horrible, la peor experiencia que he vivido jamás, justo lo contrario a aquella tarde bajo las ramas del sauce. Sentí mucho dolor, pensaba que me iba a morir, era tan salvaje que me hizo sangrar a pesar de haber perdido mi virgo contigo, pero así pudo convencerse de que él era el primero que entraba en mí. Tuve la suerte de que llegara al clímax rápido. Lloré en silencio casi toda la noche mientras él dormía plácidamente en el lecho nupcial.

A pesar del sufrimiento, de la vejación, había cumplido mi objetivo. El fruto de nuestro amor iba a poder vivir con dignidad. A los ocho meses nacía una preciosa niña en perfectas condiciones pese a lo “adelantado” del parto. Muy parecida a su madre. Y fue bautizada con el nombre de su abuela materna.

-Siempre me gustó ese nombre-dices con la voz rota por la emoción.

Ha crecido feliz, nunca la ha faltado de nada. Su “padre” no la presta apenas atención. Mucho mejor así. Él sigue esperando un hijo y trata de engendrarlo cada cierto tiempo. Nunca lo conseguirá, tomo regularmente una infusión de una hierba que compro a la herborista que viene con su puesto al pueblo el primer domingo del mes. Hace que mi cuerpo no pueda albergar vida alguna mientras duran sus efectos.

Anoche, cuando fui a buscarte al sauce. Te quería contar todo esto para así poder huir los dos junto con nuestra pequeña. No importaba adónde, lo esencial era estar juntos y ya no separarnos hasta que la muerte nos llevase siendo ancianos achacosos y surcados de arrugas.

Veo que no va poder ser- Pasa la mirada por tu destrozado cuerpo y niega en silencio con la cara contraída por el dolor.

-No me engaño ni albergo esperanzas. Solamente quiero que sepas que te amo, siempre lo he hecho y siempre lo haré. Que cuidaré de nuestra hija como llevo haciéndolo desde antes de su nacimiento. Que tarde o temprano descubrirá la verdad sobre quién fue su padre.

El orgullo, el amor, una alegría que no habías experimentado jamás incendian tu ser.

-Te quiero- consigues decir a duras penas.

Es la hora de irte de este mundo y contra todo pronóstico, te vas feliz. Feliz como aquella época que pasaste a su lado antes de que una serie de desdichas interminables tomara el control de tu vida.

Visualizas a la niña que viste agarrada a las faldas de su madre. En ese momento pensaste lo peor, ahora sientes la pena de no poder volverla a ver.

"Al menos podrá aspirar a la felicidad que su madre y yo no hemos podido tener"

Eso te basta.

Expiras, y llegas hasta la luz.
.
.
.

Vas caminando lentamente por el bosque, hasta llegar al sauce.

Allí reposa su lápida, de un mármol blanco como la nieve con una bella inscripción que refleja su nombre, su nacimiento y la fecha de su muerte.

Tú fuiste la que convenció al sacerdote que consagrase el lugar para poder darle sepultura allí. En sus últimos instantes no te dijo que quería que hiciesen con su cuerpo. Creíste que esto era lo apropiado y mentiste acerca de que esa era su última voluntad.

El sepulcro fue pagado con parte de la riqueza que encontraron en las alforjas de su caballo. El restante fue para su familia, que de pronto se convirtió en la más rica de la zona. Se lo merecían, ellos también lo pasaron mal cuando se marchó. El oro y las joyas no lo traerian de vuelta, pero aseguraría que no tuvieran que partirse las espaldas en el campo para poder comer.

Tuviste que dar muchas explicaciones acerca de cómo sabías que esos hombres iban a atacar y que él había ido a interceptarlos. De cómo siendo una mujer casada velaste su cuerpo envuelto en vendajes toda la noche en su casa desatendiendo la tuya. Llevas mucho tiempo siendo una mentirosa y no te costó seguir siéndolo para dar unos argumentos convincentes que explicaran tu conducta.

Merecieron la pena las mentiras. A él pudiste contarle la verdad.

Tu hija camina contigo dándote la mano, emocionada por poder pasar la tarde junto a su madre en su lugar especial, para escuchar la historia del héroe que salvó el pueblo y otras más que te inventas sólo para poder entretenerla.

Ella es lo único que da valor a tu vida. Te envuelve con su luz y te hace muy feliz por momentos.

Hace que seas capaz de soportar las desgracias que has padecido y padecerás viviendo con el ser despreciable que es tu marido. Pero ya no te importa, porque te has prometido que la niña que se agarra a tu mano no tendrá que pasar por algo así nunca.

¿Qué o quién te hace estar tan segura de ello?

“Efectivamente soy Yo”

“Soy la voz de tu esperanza”

“La historia de esta niña acaba de comenzar, pero será una historia feliz, te lo garantizo”

“Sigamos escribiendo más páginas...”

PurpleBees_21
Rango1 Nivel 4
hace casi 3 años

No tenía ni idea de como lo ibas a acabar, pero me ha gustado mucho!quizá esto me anime a escribir a mi...Me encanta la "voz de la esperanza" :)

Sttorybox
Rango4 Nivel 18
hace casi 3 años

¡Hola @PabloSBG1991! Un relato sin duda diferente al resto. La narración escrita en segunda persona resulta original, sin embargo confunde al lector y hace que se sienta invadido al obligarle a ser el protagonista. Tienes buenas ideas y eres muy creativo, sigue practicando y alcanzarás la perfección :)