Dramaqueen
Rango7 Nivel 31 (1757 ptos) | Autor novel
#1

Eran las doce de la noche, ella estaba acostada en su cama con las luces apagadas, mirando al techo en medio de un debate entre vivir o morir, no era la primera vez y tampoco la última.
Necesitaba amor, un café, un abrazo, un baño, un amigo y buen sexo. Lo quería a él, tanto como quería a su amiga de vuelta, al mismo tiempo lo detestaba, tanto como aborrecía los amaneceres, porque le gustaban los inicios, pero le emocionaban los finales. Por eso se debatía, entre lo que debía y lo que quería, entre las cosas por las que vivía y también por las cuales moría...

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AngelMagat
Rango18 Nivel 85
hace casi 4 años

Un relato muy poético, te dejo mi like, pasa si quieres por mis micros


#2

Ya había hecho la lista de los pros y los contras de acabar con su, según ella, patética vida. También había idealizado como sería su funeral y quienes asistirían, aún le parecían muy pocos...
Se levantó de su cama y caminó por su cuarto en la oscuridad, olvidó lo que iba a hacer y regresó a tumbarse, para volver a mirar el techo, como era ya su costumbre, era un ser tan reflexivo de sí que todas sus acciones tenían una razón y un propósito, aunque sólo lo importante estaba organizado y planificado, se veía como una hoja que vuela con la brisa, o como un alma rebelde.
El muchacho ya estaba dormido, no le gustaba dormir pero tampoco desvelarse, estaba soñando que conocía a una mujer, una que pasaba por su vida con la fuerza de un huracán, que si se quedaba en su vida causaría una destrucción cual tornado, con la belleza justa para deleitarlo, de ojos cafés y esbelta figura, cabello marrón y pecas en la espalda, despertó sobresaltado, nunca había visto a esa chica, pero él sabía que lo haría pronto y se sintió asustado, porque él no sabía lidiar con tormentas ni tormentos, no sabía lidiar con locura sino con cordura, no le interesaba el caos, se sentía cómodo con el orden... Revisó el reloj en su buró, eran las doce y media, se convenció a si mismo de volver a dormir, se cubrió el rostro y volvió a hacer el ritual de sueño, en algún momento volvió a dormirse, esperando no cruzarse con ella mientras soñaba.
Del otro lado del parque, agotada por la vida que tenía, una chica, con un debate entre vivir y morir se tomaba un café en la oscuridad de su habitación, desordenada a excepción de su librero y su estante de discos, se preparaba para dormir, su mente era un caos, no estaba loca, sólo deprimida y con baja autoestima, necesitada de afecto y un abrazo; contaba los días sin uno de estos, ya había pasado un mes, miró hacia la ventana, vio la luna y suspiró y deseó conocer a alguien, alguien que le hiciera sentir todo de nuevo, alguien que la rete y la venere.
Pero al mismo tiempo no quería a nadie más que no fuera el que la había dejado tiempo atrás, a aquel que la devastó, aquel que quería olvidar, al mismo tiempo lo quería con ella y todas esas cosas le quitaban el sueño y poco a poco el gusto por sobrevivir...

#3

Cuando él despertó tenía la sensación de que algo pasaría, eso le asustaba, estaba acostumbrado al orden y a los planes, aún con esa sensación de incomodidad se levanto e hizo su rutina de los sábados, se vistió con un pants, sudadera y unos tenis deportivos, era un día nublado, de esos que aborrecía, el viento de otoño soplaba y levantaba las hojas que los árboles habían soltado, comenzó a trotar hacia el parque, extrañamente las calles estaban desiertas, sólo quedaban los autos estacionados cubiertos de rocío...
Ella despertó sobresaltada, se levantó de la cama y se dirigió a la ventana, miró al cielo y no había señal del sol, estaba nublado, eran de esos días que tanto le gustaban, decidió que lo mejor sería tomar un café en la cafetería que estaba frente al parque, a unas cuatro cuadras de su departamento, en un barrio tranquilo de la ciudad, animada y con sonrisa en el rostro, se cepilló el cabello y con la ropa del día anterior, que según ella no estaba tan sucia, tomó sus llaves y se encaminó hacia ese café. No fue hasta que llegó al lugar que se dio cuenta de la hora, eran las 6:00 de la mañana y pocas personas estaban ahí a esa hora, sólo los dueños del lugar; el viejo señor Peters, un viejo canoso y sabio, con un gran sentido del humor y la señora Louis, una mujer entre sus cincuenta y muchos y sesenta y pocos, tenía el cabello rizado de color negro y unos lentes rojos de forma rectangular. La muchacha se sentó en su mesa favorita, esa que estaba en la esquina y le daba la vista perfecta del lugar y de la calle, a esperar a que la señora Louis, encendiera las cafeteras y las luces. Nuestra joven protagonista, cuyo nombre ahora no quiero mencionar, se dispuso a colocar el cartel de "abierto" en la puerta del local, y así fue como todo comenzó...

#4

Era una mañana lluviosa, el cielo lloraba y la cafetería poco a poco se iba llenando, ella tenía en sus manos un libro de cuentos de Edgar Allan Poe, ya era viejo y las páginas estaban desgastadas, se sabía "El corazón delator" de principio a fin y antes de leer la siguiente hoja, ya sabía que leería, aún así seguía emocionándose cada vez que leía la oscura confesión y volvía a empezar.
-Disculpa- alguien le interrumpió, ella no alzó la vista, sólo señaló su libro y una silla vacía frente a ella.
-Puedes llevártela o usarla, no la ocupo- dijo sin dejar de leer, no hubo contestación, luego de cinco minutos sintió una mirada y bajó el libro, ¿en qué momento se sentó ahí enfrente?
-Abres mucho los ojos y levantas mucho las cejas cuando lees- le dijo el joven ella se quedó sin palabras, él se presentó, ella también lo hizo y se quedaron sentados en el mismo lugar a ver la lluvia caer y dejando el tiempo volar...